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Misterios y recompensas

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Misterios y recompensas

Mensaje por Arwen & Pasifae el Jue Jul 21, 2011 6:23 pm


Una amplia estancia, suelo lustroso de mármol, una bóveda de cristal multicolor que reflejaba haces de luz de diferentes colores y en el centro de la estancia una pequeña elevación del mismo mármol en el que reposaba un cojín con una esfera de cristal. Junto a ella descansaba un menudo hombrecillo de entrada edad con el escaso pelo blanquecino y una barba mas espesa que el pelo de su cabeza, su ropajes mas inusuales aun que el propia hombrecillo en sí, una larga túnica de terciopelo de llamativos colores que parecía estarle grande. El anciano miraba fijamente la bola sin pestañear ni moverse, como si de una estatua se tratase.

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En la taberna todos parecían mirarla, seguramente pensarían que estaba loca, pero ella ya estaba acostumbrada a que la mirasen así. En un apartado rincón con una jarra de un amargo licor, que había pedido sin preocuparse por saber lo que tomaba, se encontraba la joven elfa manteniendo un animada charla con su amiga, a la que nadie podía ver.

-¿que quieres que le haga?- Dijo la elfa elevando la voz más de lo normal y llamando la atención de los individuos que se encontraban sentados cerca de ella, y que la miraban como pensando ¿que hace esta? Por lo que la joven bajo el tono de la voz para no llamar la atención más de lo que lo había hecho ya- No es mi culpa que compartamos ahora cuerpo.

La otra joven que se encontraba de pie cerca de ella y que nadie más podía ver, parecía frustrada y casi enojada. No paraba de cambiar el peso de los pies, aunque eso no sirviese de nada ya que era inmaterial.

-Estoy harta de quedarnos de brazos cruzados- Se acercó más a la joven y la dedicó una sonrisa maquiavelica- Si me dejases un ratito a mí el cuerpo nos divertiríamos más- Casi la suplico de forma encantadora.

-¡No! Y no se hable más.

Se levanto de improviso sin apartar siquiera la silla que estuvo a punto de caerse y como alma que lleva el diablo salió de la taberna. El aire choco contra su rostro al salir y disipo el calor que había padecido en aquella apestada taberna. Se acercó al poste donde había dejado atado a Grull, el caballo parecía ansioso por moverse de allí, y llevando de las riendas al animal comenzó a caminar por las desiertas calles de aquel pueblucho.

-¿A donde vamos?-Pregunto la bruja que la seguía todavía en su forma inmaterial.

La elfa no contesto y siguió caminando distraída mientras Grull la mordisqueaba el pelo. Torcieron por una calle que conducía a una mucho mas grande, seguramente un calle principal, y llegaron a un esplendida plaza con una fuente y una estatua de un guerrero sosteniendo por encima de su cabeza la espada. Nadie más había por allí, las casas a su alrededor parecían vacías y de ninguna de ellas salía la luz que indicase que alguien continuaba despierto a esas horas. Iba de camino a sentarse en la fuente cuando sintió un leve mareo, aquella sensación la recordaba a cuando Pasifae luchaba por tomar el control, como si algo tirase de ella, no algo físico, algo mucho mas fuerte.

-¡Arwen! ¿Estas bien?-La voz de su compañera la llegaba muy lejana, los visión se le volvió borrosa y su cuerpo ahora tambaleante parecía poco real- te dije que tenía que haber tomado yo el cuerpo...

Ya no pudo escuchar más, todo se volvió oscuro, por un momento no hubo nada, no podía sentir y ninguno de sus sentidos funcionaban, solo algo la parecía real la confortante sensación de que Pasifae estaba con ella. De repente la oscuridad fue cobrando formas, al principio difusas pero poco a poco fueron volviéndose más nítidas hasta mostrar una amplia sala. Lo primero que capto su atención fue el hombre de pie ante el pedestal moviendo las manos alrededor de una esfera que brillaba y después la gente, había más personas como ella, eran proyecciones de ellos mismo, casi transparentes como si se tratase de la proyección astral pero mucho mas débil. El anciano entonces levanto la vista y los miro deteniéndose en cara uno de ellos para inspeccionarlos mejor. Alguien iba a hablar pero el anciano le interrumpió para hacerlo antes él.

-Os preguntareis porqué estáis aquí- El anciano hablaba con lentitud, una lentitud que por la cara de muchos estaba resultando exasperarte- Tranquilos entre mi intenciones no esta la de haceros daño, os echo llamar porqué habéis sido elegidos para una sencilla misión- Pronunciaba cada palabra con cierta prudencia pero a la vez parecía divertido como si aquello fuese un juego que solo el comprendiese- Os invito a pasar dos noches en mi maravillosa mansión, aquellos que decidan venir serán recompensados a su salida y uno, solo uno, recibirá un magnifico premio.

Los presentes que eran de los mas variopinto parecían sopesar las palabras del anciano, las reacciones variaban, algunos tenían miedo, otro en cambio rabia por ser llevados hasta allí de aquella forma, aunque la mayoría tenían curiosidad por las palabras del anciano.

-Se que tenéis preguntas pero este no es el momento ni el lugar. Si decidís aceptar mi oferta se os descubrirá el camino hasta mi mansión, de no ser así no volveréis a saber de mí.- El hombre volvió a colocar las manos alrededor de la brillante esfera- Por último tenéis tres días para llegar, al amanecer del tercer día quedaran selladas las puertas de mi mansión, tanto para entrar como para salir- Y rompió en una carcajada mientras su manos se movían por la esfera.

Y de nuevo aquella sensación de que tiraban de ella, pero esta vez fue mucho más rápido, y en apenas unos segundos ya estaba de nuevo en su cuerpo. Se levantó sintiendo un fuerte punzada de dolor en la cabeza donde debía haberse golpeado al caer. Grull estaba a su lado y Pasifae acababa de mostrarse y la miraba de una forma que no sabría como interpretar.

-¿Que crees que deberíamos hacer?

Se acercó a la fuente para sentarse porqué se sentía todavía algo mareada. Pasifae parecía estar sumida en sus pensamientos, era extraño que lo hiciera, ya que cuando se les proponía una aventura era la primera en querer realizarla, pero aquella vez parecía preocupada.

-¿que es lo que ocurre? Es extraño, pero ya le has oído si aguantamos dos días en la mansión seremos recompensados, y algunas monedas no nos vendrían mal.

Pasifae levanto la mirada y suspiro con resignación.

-Vamos a ir, pero no me fió de ese hombre, se ha callado mucho más de lo que nos ha dicho.

Decididas a ir se pusieron a discutir la forma de llegar a la mansión, la que no sabían ni donde estaba y la que solo tenían tres días para llegar. No sabían por donde empezar ni a buscar cuando una brillante esfera de luz paso revoloteando alrededor de ellas, se dirigió hacía una de las calles donde se esperó parada.

-Quiere que la sigamos- Sonrió la bruja- Me parece que ya sabemos como llegar.

La esfera las condujo hasta el final del pueblo, donde Arwen montó a Grull y Pasifae decidió dejar la proyección astral durante un rato. Cabalgaron a una velocidad tranquila siempre siguiendo a la esfera, durante casi dos días, hasta que por fin llegaron a un bosque y al final de este con las montañas a su espalda se extendía una llanura y una impresionante mansión. Cuando llegaron la elfa pudo ver bien que la mansión tenía más parecido a un templo que a una propia mansión. Había una pequeña escalinata que conducía a unas inmensas puertas de maderas ambas como dos hombres de altas y una fila de columnas. Pasifae volvió a proyectarse a su lado pero no dijo nada y la siguió mientras esta subía la escalinata. La puertas tenía un pomo de oro en forma de la cabeza de un león y la aldaba tenía una forma parecida, un león sosteniendo entre sus fauces la anilla para llamar. Golpeo con esta varias veces hasta que la puerta se abrió y de su interior salió un hombrecillo, mediría menos de un metro pero parecía tener la fuerza suficiente para mover aquella descomunal puerta.

-Mi señor estará muy complacido de que haya llegado su primer invitado- La sonrió mostrando dos hileras de dientes podridos- Yo me encargare de su caballo, usted pase y espere a que lleguen los demás.

El hombrecillo salió y la cogió las riendas de Grull, al que no pareció gustarle el hombrecillo y la elfa lo acarició como despedida. Cuando el hombrecillo desapareció con el caballo ella se atrevió a entrar por la puerta entreabierta. El interior era una pequeña sala con tres puertas y en su centro un mesa con seis sillas, en la mesa había una jarra de un liquido humeante y galletas. Se sentó en una de las sillas pero no cogió nada, se limitó a esperar. Paso casi una hora y no apareció nadie, ni el hombrecillo, ni ninguno de los otros invitados.

Spoiler:
Off.rol: Tenéis hasta el lunes para postear y por ser el primer post tenéis toda la libertad que queráis, si alguien cuando llegue a la mansión quiere presentarse y postear varias veces en un mismo turno también puede.
P.D. Que no lo he aclarado en mi post, cuando llegueis sera de noche y al amanecer del día siguiente las puertas quedaran cerradas




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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Vanator el Vie Jul 22, 2011 7:39 pm

El bosque de Physis era uno de mis lugares preferidos y solía pasear largo rato durante mis días ociosos, que eran los más del año. La tranquilidad siempre congeniaba conmigo, aunque por obra del destino siempre me encontraba con problemas a mi paso. ¿Sería yo? ¿O simplemente acudía a lugares peligrosos? Con todo, una nueva incursión a ese lugar tan refrescante siempre era una grata experiencia.

Estuve algunos días paseando entre la taberna de la ciudad, más en busca de conversación y compañía que de alcohol, y el bosque, que siempre lograba cautivarme. Podía pasar largas horas simplemente observando la forma en que las hojas caían o escuchando el revolotear de los pájaros entre las ramas. "Mi vida puede pasar lentamente, pero la paz es la dicha del alma", solía repetirme con una sonrisa en el rostro y el aroma de la naturaleza en la nariz.

No obstante, no podía pasarme toda la vida como un animal salvaje, por lo que en ocasiones simplemente incursionaba en los mercados o me sentaba en las plazas a observar a los viajeros o a entablar conversaciones con quien deseara mi compañía. Nunca me he sentido muy a gusto entre las personas —o quizás se deba a mi condición—, pero de vez en cuando una palabra humana o el relucir de unos ojos humanos era reconfortante.

No se puede pasar la vida en completa soledad —me había dicho un hombre ya entrado en años, que bebía profusamente de su jarra de cerveza—. Uno siempre termina por añorar la compañía de otro, aunque sea tan ruin como las de estos rufianes. —Y rió gravemente, salpicando un poco la espuma de su bebida.

"Y tiene razón". Mi corazón tarde o temprano buscaba del calor de otro como yo, aunque fuera aparentemente. Porque los animales eran mis aliados naturales, mi consuelo durante las noches de insomnio, pero yo era un hombre. Un marginado, sí, pero un hombre al fin y al cabo. "Debo dejar de reflexionar sobre lo mismo una y otra vez", solía decirme, pero mis pensamientos siempre me traicionaban.

En uno de mis ocasionales paseos por la ciudad, pasé por la plaza principal, con la curiosa estatua que siempre servía de inspiración para mis discusiones mentales. Parecía bastante desierto todo y consideré durante algunos segundos el simplemente retirarme a dormir. Sin embargo, no alcancé a tomar una decisión cuando de pronto una negrura infinita me tragó. Intenté gritar —rugir, en realidad—, pero mi cuerpo no respondía y tuve el presentimiento de haber sido atacado.

"¿Cómo? No había nadie cerca" No obstante, no alcanzaba a comprender el significado de mis propios pensamientos, como si estos se disolvieran en una bruma imposible de definir. Inútilmente, procuré moverme, asir una flecha o sacar mi espada, ¡incluso tocar el morral a mi costado! Pero no había caso, todo era niebla y vapor.

Cuando empezaba a resignarme al hecho de haber sido drogado de alguna manera o inmovilizado, la oscuridad comenzó a tomar forma alrededor de mis ojos, que parecieron recuperar su habilidad para ver. Eran sombras, espectros, fantasmas que parecían observar el escenario con la misma confusión que sentía. "¿Qué es eso?" Había alguien en el centro de aquella penumbra, un viejo. Con una esfera. Antes de poder pensar otra cosa, el anciano habló durante algunos minutos, para acabar con una carcajada.

Antes de poder parpadear de nuevo, me encontraba nuevamente en la plaza desierta, confundido, con todas mis pertenencias donde debían estar e indudablemente libre y entero. "¿Qué fue eso?" El viejo había hablado de una invitación, de premios, de recompensas. Nada de eso me interesaba. No obstante, me había llamado. ¿Por qué?

Nada de esto tiene sentido —murmuré, casi por el simple placer de oír mi propia voz resonando en el lugar. Me levanté con lentitud, con la mano en la empuñadura de mi espada y mirando alrededor con cierta preocupación. Luego de unos instantes, volví a relajarme. Siempre podía marcharme de ahí e ignorar la invitación. No obstante, algo en mi interior deseaba acudir. "¿Por qué? ¿Por qué no puedo simplemente mantenerme al margen de los problemas?"

Era bastante obvio que el viejo no era completamente de confianza, su tono de voz había sido elocuente al respecto. Y, sin embargo... "No puedo estar eternamente al margen".

Está bien, estoy seguro de que me arrepentiré de esto —volví a decirme y eché a andar hacia una dirección azarosa, seguro de que pronto encontraría el camino. Sabía guiarme y sabía cómo funcionaban esos trucos. Siempre había algo que indicaba por dónde ir. En efecto, luego de algunos pasos una esfera de luz apareció como indicada por mi pensamiento.

Tú me llevarás donde deseo ir ¿no? —pregunté a la luz, sintiéndome un poco tonto, pero con voz tranquila. "Siempre tengo a mano mis armas", aunque contra la magia no me serían muy útiles. Pero peor era nada y, después de todo, yo me estaba metiendo voluntariamente en aquello. "Simplemente un tonto".

El viaje duró dos días, tiempo durante el cual debí parar en varias ocasiones para descansar, beber o comer algo de mis provisiones. Incluso me detuve a escribir un poco en mi diario, lo que siempre me relajaba y a inspeccionar los frutos del lugar, las hierbas y animales, llevándome algunos víveres naturales de los alrededores por donde caminaba. "Uno nunca sabe cuándo pondrán resultar de ayuda", me decía casi canturreándolo.

Finalmente, luego de tropiezos, frustraciones, entradas de mi diario y recriminaciones por estar siguiendo a una lucecita voladora, llegué a lo que parecía ser mi destino. "Una mansión". Era francamente extraña, lujosa y amplia, como un monasterio. No veía a nadie y las luces estaban apagadas, pese a ser ya de noche, pero mis ojos escrutando la oscuridad lograron guiarse sin dificultades y mi olfato me puso sobreaviso sobre la presencia de más gente, no muy aseada gente, a decir verdad. Me reí.

Avancé con cautela por las grandes escalinatas y, al ver que nadie parecía salir a mi encuentro, toqué la puerta con decisión, esperando a lo que pudiera suceder. No pasaron más que unos pocos segundos, cuando una criatura con forma de hombre, pero muy pequeña en estatura me recibió. Mi nariz se ariscó por costumbre y lo observé con ojos brillantes y desconfiados. Había hecho bien en vestirme algo adecuadamente —con mi camiseta sobre mi torso desnudo—, ya que parecía que la ocasión ameritaba algo de formalidad.

¡Un nuevo invitado!—exclamó con una queda reverencia y una desagradable sonrisa—. Excelente, mi señor comenzará a regocijarse. Sea bienvenido, puede pasar y aguardar a que los demás lleguen.

Le di las gracias, inclinando la cabeza con respeto, pero no le devolví la desdentada sonrisa que me ofrecía. "Ya es tarde para arrepentirse", me dije, procurando no pensar en nada más que el presente. Quizás fuera provechoso. Al entrar al lugar, se encontró con una sala de estar con sillas repartidas, bebida y galletas. No obstante, lo más destacable era la presencia de una mujer que se hallaba sentada en una de las sillas. "¿Amiga, enemiga? ¿Invitada o anfitriona?"

Buenas noches —murmuré, procurando sonar educado, pero como siempre salió una retahíla de palabras arrastradas y hoscas. Decidí arriesgarme un poco más—: Mi nombre es Vanator. ¿Es usted también... —carraspeé— una invitada?

"Aceptable para un aprendiz de salvaje". No pude evitar una sonrisa, que esperaba se interpretara como amabilidad. Me acerqué a una de las sillas e inspeccioné las galletas, pero no me apetecía tentar mi destino, además que ya había comido. Consideré el sentarme como la joven, pero prefería estar de pie y al sentirme incómodo paseándome sin discreción por el lugar, me recargué contra una pared.
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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Zyrxog el Dom Jul 24, 2011 2:05 am

Entre las sombras de dos altas montañas, alejado de los verdes prados y suaves brisas, donde la tierra era gris y el sol solo podía verse cuando durante instantes luchaba contra las altas cumbres, en ese lúgubre lugar se alzaba un pequeño pueblo, quizás un lugar demasiado inhóspito para vivir, pero no para morir, quienes habitaban ese lugar conocían la muerte, la conocían porque era su amante, su compañera y su verdugo, todos estaban ahí para morir … habían niños y mujeres, hombres y ancianos, todos condenados a morir lentamente.

¿Por qué? Uno se preguntara, mas las razones son obvias… la enfermedad… la enfermedad que lentamente consumía sus cuerpos, los convertía en muertos en vida sin serlo, su carne podía ser arrancada de sus cuerpos sin dolor, sus ojos lentamente perdían el brillo y perdían vida, sus mentes eran consumidas con la velocidad de un caracol, mientras caminaban sin rumbo entre calles cubiertas de huesos y cadáveres.

Mas una sombra se movía entre toda esa muerte … entre todos esos cadáveres en vida, estos lo miraban, ya no con miedo como al principio, si no como uno más de los que cultivaban la muerte en el mundo, sus ojos fríos recorrían los rostros de esos seres, hombres y elfos, enanos y orcos por igual, no había diferencia, ante la muerte todos eran iguales, inferiores y rastreros, alimañas que recorrían el mundo hasta el día que debían de ser tocados por la dama de huesos, la segadora de almas, pero aquel ser … aquel único ser que caminaba sobres las negras piedras no era uno de sus seguidores, no era alguien que sirviera a la muerte, si no solamente alguien que terminaría por quitarle la propia vida a la misma muerte.

La abominación camino hasta una de las casas que aun se mantenían en pie, mientras giraba la argolla que servía para mantener la puerta cerrada, con el abrir el aroma a muerte y degradación fue aun más fuerte, con el abrir una nube oscura salió volando desde el interior, su aletear no ocultaba su origen … moscas… el ser entro al lugar y de la misma forma que había abierto la puerta la cerro … con tranquilidad encendió una de las velas cercana a la puerta y con ella ilumino lo que podría llamarse un laboratorio … aunque en realidad parecía simplemente una carnicería, colgado desde las paredes por ganchos trozos de cuerpos de lo más variados, racimos de manos que parecían una flor nauseabunda, lenguas y pulmones, corazones e hígados, muchos en frascos otros simplemente apilados sobre algún estante tan viejo que por su mismo peso caería.

Sobre la mesa una mujer, con su vientre abierto, a su lado instrumentos de tortura o mejor dicho de experimentación, la sierra y la cuchilla la pinza y el gancho, la garras y martillos, todos creados por manos sin humanidad, ni piedad, la abominación acaricio el cuerpo de esa mujer, como si se tratara de una obra de arte, mas sus manos solo buscaron sus instrumentos, cortar y cortar, desgarrar y arrancar, quitar los ojos, quitar el corazón, extirpar los pulmones y riñones, cada uno era dejado con cuidado en un frasco, cada uno era un valioso objeto, para estudiar y aprender, para divertirse y gozar, la muerte era el instrumento y el él artesano que la blandía con maestría, pero sus manos temblaron, el metal cayo con frio tacto al suelo de roca, mientras sus ojos se oscurecían lentamente, hasta que todo fue oscuridad, la misma que hacía mucho tiempo que no sentía, pronto figuras y formas se presentaron, primero borrosas y luego más nítidas, hasta que frente a él un anciano los miraba, y decía los ya que aparte de él otros estaban, el anciano comenzó a hablar, el inferior se dirigía hacia él, pronto explico su situación y más aun explico su cometido o parte de él, mas sus palabras solo tenían ese veneno que sirve de engaño y trampa.

Mas todo volvió a la normalidad aun más rápido de lo que había sido esa visión, la abominación miro a su alrededor, estaba en el mismo lugar que conocía, su “laboratorio” miro hacia el suelo, en el piso yacía su cuchilla, pero esta estaba partida a la mitad, un extraño gruñido salió de la “boca” de la abominación , junto con un movimiento violento de sus tentáculos, rápidamente tomo cada una de esas herramientas y como si fueran tesoros los guardo uno a uno en su estuche de cuero, mas faltaba uno …. Y durante unos instantes miro el agujero vario en el estuche, con lentitud lo guardo en su bolso, cerrándolo y saliendo de esa ruinosa casa.

Camino por las negras calles, sin rumbo aparentes, mas solo en su mente había una cosa, experimentar con el cuerpo de ese inferior, reducirlo a pequeños trozos y seguir experimentando con este, porque lo haría, por dos razones, un conjuro tan fuerte como para llevar su mente hasta otro punto sin afectar su cuerpo no era fácil de manipular, pero principalmente le haría pagar esa cuchilla, una de las únicas posesiones que el apreciaba por el trabajo que hacían en sus…. “placeres” , mas no sería fácil llegar hasta un lugar que desconocía, sus dudas se disiparon cuando de entre los cadáveres una extraña esfera verde surgió, esta parecía gotear y a la vez brillar con malsano fulgor, ahora tenía quien guiarlo, pero no llegaría antes de los dos días … miro hacia uno de sus costados y vio algo que le podía ser útil, una pila de cadáveres ya en estado completo de descomposición, los gusanos y las moscas se daban un festín con ellos, la abominación estiro su mano y de entre los cuerpos algo se movió, sus cascos resonaron por las calles, mientras que sobre su lomo ya carne no había, un cadáver se levanto entre muchos, un cadáver que no era humano, un corcel, un caballo, un medio de transporte útil y a la vez afín a su maestro, el caballo dio sus pasos hasta su amo, su cuerpo estaba podrido y corrupto, su boca no daba ya aliento si no que un simple veneno en descomposición, su lomo solo piel pegada a sus huesos quedaba, con tranquilidad la abominación monto y como si el corcel nueva vida tuviera siguió las ordenes del amo.

Durante día y noche el caballo llevo a su amo siguiendo al esfera, el corcel no descansó ni se agoto y por donde recorriera muerte dejaba con cada trozo de carne que caía de su cuerpo, casi con el tiempo límite llegaron hasta los terrenos de ese inferior, el corcel aminoro la marcha hasta llegar a las altas escaleras de esa construcción, sin detenerse casco con casco subió peldaño a peldaño, pronto la puerta quedo a su alcance y bajando del corcel toco la puerta, el pequeño individuo que la abrió era menos que un inferior, un simple lacayo que podría utilizarse para cualquier trabajo, este le sonrió con sus dientes podridos, y sin invitación Zyrxog entro por las puertas, no sin antes ver de reojo como el lacayo intentaba tomar las riendas del corcel y este se desmoronaba frente a sus ojos, manchando la entrada con sus restos nauseabundos, después de eso tan solo falto un paso para que la puerta se cerrara, frente a él una gran estancia, pero al parecer no estaba solo, dos inferiores mas se encontraban, un macho y una hembra, sin cruzar palabras con esos seres Zyrxog solo avanzo hasta quedar entre las sombras de una alta columna.




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Invitado el Lun Jul 25, 2011 5:37 am

-Ciertamente ha escogido una extraña época para recorrer el mundo, los agrarios y mercantes se vuelven tan severos como las estaciones ameriten... ¡Muy costosos son sus viajes! En dinero y en vida. -decía un hombre montado en una carreta halada por un obediente bovino que abría paso entre altos pastizales amarillos. -Pero ha tenido suerte de toparse conmigo, sí, mucha suerte. -agregó, observando sonriente hacia atrás donde, luego de un montón de pasto amontonado yacía sentada en un borde de la carreta una delgada y pequeña joven de cabellos castaños y tez alba, clavando su mirada en el diario que yacía abierto entre sus manos y fastidiada al parecer por la alargada charla que aquel campesino no había cesado desde su primer encuentro. -¿Bosque de Physis? -cuestionó finalmente.

-En efecto, Milord… -contestó ella con fingido buen humor.

-Oh, qué oscuro lugar me parece aquel. He visto árboles más brillantes en los límites del Este, arboledas frescas y verdes como vuestros ojos. -y fue tras breve observación que el hombre entonó una canción que a ratos lograba entenderse y que al entenderse podía reconocerse lo ridícula que era, provocando que la concentración de la joven se viera totalmente alterada, obligándola a cerrar su diario y esperar que su viaje terminara pronto.

No obstante, todo instante molesto se volvió menor ante el raro estremecimiento que se apropiaba de su mente... prontamente, entre el canto del hombre y entre las tergiversadas imágenes que creaba su cabeza, cayó desmayada hacia delante, entre los altos pastos de aquel lugar, olvidada entonces por el hombre que plácidamente se fue cantando, sin que Elena pudiera enterarse de ello por el momento. En su extraña inconsciencia, un excepcional espejismo reemplazó el espacio frente a sus ojos, mas no se trataba de la vana ilusión que inventan los anhelos, y es que se un mensaje sorprendente le brindaba la esperanza de que alguien en algún lugar la esperaba para una importante tarea. Y no hubo tiempo para preguntas ni respuestas.

Tras la sorpresiva imagen en su mente, la mortal volvió al horizonte de pastizales secos y ambarinos, provocando que todas las circunstancias se tornaran aún más confusas. Ladeó su cabeza para escudriñar en el paisaje, asombrándose únicamente ante el hecho de encontrarse sola en medio de un prado desconocido y sin rastros de la carreta ni de la ‘maravillosa mansión’ que hablaba la ‘maravillosa voz’ a la cual ultimó calificándola de un fugaz y poco templado sueño. Se llevó las manos a la frente, quejándose de pronto a causa de una repentina molestia sobre la ceja izquierda, sin embargo, nada tuvo tanta importancia como el resplandor flotante que se posó frente a sus ojos y que rápidamente se fue alejando en dirección Norte. Percibía que aún estaba a tiempo para recapacitar sus posibilidades, sin embargo, la ‘luz mágica’ -como la había nombrado desde su aparición- volvía a revolotear destellante para captar su atención, seduciendo a la muchacha hasta que esta por fin ésta decidió incorporarse. La siguió con la vista en todo su vuelo, hasta que por fin se hizo pequeña a la distancia, mas pocos segundos fueron necesarios para seguirla, sometiéndose Elena a la promesa que en sí misma había dejado de seguir el camino... cualquiera que este fuera.

Y fue tras su decisión que de pronto se encontró con árboles diferentes y pudo saber entonces que los bosques que había cruzado jamás desteñían la oscuridad de sus raíces y hojarascas, desinteresados de aquellos corazones viajeros a los cuales seguramente dejaban a su suerte entre los susurros de abedules negros y el cantar de las bestias que los coronaban... Tan dramático había sido ese pensamiento en ella, que por varios minutos permaneció en las afueras de aquel que nombraban Bosque de Physis, haciendo caso a sus dudas y a la temible sombra que no le dejaba aguardar nada irrefutable al otro lado del horizonte. Frente a sus orbes esmeraldas se adelantaba un camino extraño; húmedo como todos los senderos que viven en la sombra y que rara vez sienten el calor, también frondoso por la vida que le ha acompañado durante el profundo tiempo, no obstante, y guiada aún por su estrella acompañante, Elena emprendió su viaje de inesperado desenlace... mas nunca sospechó que en su andar de un día y más, el destino la abandonara más allá de una visión. Todo ocurrió al anochecer... el horizonte yacía oscuro ante su llegada, sin embargo, la mansión se alzaba real frente a sus sorprendidos ojos, comenzando a subir entonces pausadamente por las escaleras, quejándose unos momentos por el nauseabundo aroma que rondaba el aire.

-Buena noche. -afirmó aquel hombre carismático y de voz afable que Elena no pudo advertir en un principio... no hasta bajar su mirada. “Buena... ¿Noche?” pensó ella con toda la intención de objetar tan buenos deseos, haciendo aún más evidente su arruinado estado emocional, sin embargo, su frustración bien se vio aliviada ante el pensamiento de que esa ‘simpática personita’ no era la culpable -al menos en gran parte- de su infortunado día. -¡Oh, Milady! ¿Ha sufrido accidente en vuestra travesía? ¿O es acaso que la... ‘ferviente’ marca de vuestra frente es huella de nacimiento? -sin duda para la joven, nada podía resultar más sincero en aquel momento que esa inquietada -e inquietante- sonrisa; aquel servidor esperaba una curiosa historia que escuchar y es que a pesar de lo mucho que le avergonzaba su historia, deseó contarle en breves frases la desdichada suerte de su cabeza.

-He caído de una carreta (...) Ha dolido mucho, creo (...) Pero estoy bien. -fue entonces que decidió brindarle la primera sonrisa de su extraño encuentro y tras un típico intercambio de palabras entre vigilante e invitado, se dispuso a entrar tímidamente a lo que correspondía un salón principal. Como siempre sus ojos persistían en contemplar todo lo que fuera posible, frenando finalmente sus curiosos impulsos al atisbar su nueva compañía. Hizo ademán con la cabeza, teniendo suerte de cubrir algo de su marca, no obstante, insólita fue su sorpresa al encontrar a un ser que ya había conocido lo suficiente y desgraciadamente más de la cuenta en su pasado. Retrocedió un paso ante el temor que la invadía, volteándose entonces para salir de la estancia de una manera tan decidida que bien pasaba por instinto de supervivencia.

-¡No, no! -exclamó el servidor, agitando sus brazos y tomando posteriormente la mano diestra de la asustada muchacha, conduciéndola otra vez hacia el centro del lugar aún en contra de los deseos de ella. -Por favor, no debe comportarse tan retraída, ¡Acomódese aquí! -dijo señalando una silla y casi sentándola en esta. -¡Aguarde!

El hombre salió por un momento del lugar mientras Elena, avergonzada y espantada, permaneció rígida sobre el asiento dirigiendo rápidas miradas en dirección al pilar donde yacía cercano el ser de la túnica color violeta, arrugando la nariz ante los amargos recuerdos y la desagradable presencia en la cual se había convertido esa ‘bestia’ que una vez, deseó nunca volver a encontrar en los próximos paisajes del mundo que ella alcanzara vislumbrar. Mas cuando las sensaciones eran lo suficientemente insoportables para su corazón, aquel diminuto servidor apareció nuevamente frente a sus ojos, posando sobre la hinchazón de su frente una simple cuchara, plateada y refulgente, la cual brindó a la joven con una amable sonrisa que bien hablaba de su cordialidad. Elena, sin refutar la idea y resignándose ante la indiscreta imagen que proyectaba, tomó el objeto, manteniéndolo sobre su enrojecida piel, observando cómo el celador volvía a sus andanzas tras una pausada reverencia.
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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Invitado el Dom Jul 31, 2011 7:38 pm

Nace la noche, con ella nazco yo.

Mi eterno deambular por las calles un busca de una presa no presagiaban que aquella noche fuera diferente. Mis pasos habían dado a un mugriento lugar, pues si bien gusto de descansar en mi velada diurna entre los mejores algodones y los colchones más gruesos, debo admitir, que la sangre de los malhechores me tienta más.

¿Sería tal vez porque me recuerdan a aquellos que me sumieron en un lamentable estado y cada vez que arrebato una vida siento como un pedazo de mi regresa a mi cuerpo? Es cierto que es una sensación efímera, demasiado fugaz como para resultar del todo satisfactorio, pues cuando la sangre ingerida abandona mi sistema, es nuevamente la salvaje criatura la que toma el control y la que necesita un remando se paz a través de la muerte.

Pero esa soy yo, conducida por los pasos erróneos que diera mi hermana cuando aún era humana, llevada a mi esencia gracias a quien de mí se compadeció y quien logró dar un pequeño sentido a una vida perdida para recuperarla cada noche cuando mis pestañas tienen a bien separarse para dejar los pozos oscuros de mis iris observas las estrellas.

Aquel olor me atraía como las moscas a la miel, olor a sudor, a cerveza barata, a sangre y tabaco, y cuando abrí la puerta de la ruidosa posada, sé que todos los ojos se posaron en mí, pues no era habitual ver a alguien con un elegante traje negro en un lugar como aquel. Me acerqué a la barra con tranquilidad, pidiendo un trago que no bebería, lanzando el anzuelo esperando a que el pez picara.

No tardó en suceder, un hombre se acercó. Su camisa, otrora blanca, amarilleaba ahí donde el alcohol se había secado, su cabello rubio y sucio, se le pegaba al cráneo con cada pasada de sus manos nerviosas, le faltaba un diente, un colmillo de echo y sus ojos, vivaces y vidriosos debido al licor, me observaban con avidez.

No hace falta decir, que no necesité demasiado esfuerzo para convencerle de que me acompañara afuera, donde pudiéramos estar tranquilos y poder “conocernos” con algo más de intimidad. Seguro que pensó que era el hombre más afortunado de aquel lugar, de varios lugares como aquel de hecho.

No tardé en sacarle de su error, podría haber jugado un rato, ser suave, no hacerle sentir dolor, pero aquella noche tenía hambre y seguramente él tampoco se lo merecía, así que lo empujé entre las sombras, contra una pared y agarrando su barbilla dejé expuesta su arteria, donde me clavé ávidamente. La palma de mi mano, sofocó el grito de pánico del hombre, pareciendo un gemido expelido por alguien quien recibe placer. Bien, así nadie nos molestaría. Nadie me molestaría mejor dicho.

Y bebí, ávidamente, atrayendo su vida hacia la mía, sintiendo su energía, como esta me colmaba y me hacía más fuerte y cuando el clímax de la experiencia estaba cerca, me desvanecí, pues todo se tornó negro.

Recuerdo que abrí los ojos para encontrarme en un enmoquetado suelo, frente a mí un anciano con una esférica bola de cristal y varios sujetos más, traslucidos que parecían tan atónitos como yo me encontraba.

Palabras, palabras, palabras, por fin una respuesta y un comentario jocoso. Decía no pretender hacernos daño, bien, pues tal vez sería yo la que se lo causara por separarme de mi presa en tal crucial momento, pensé malhumorada.

Pero antes de poder expresarlo verbalmente, me encontré de nuevo en el callejón, junto al cuerpo desangrado del hombre, que en medio de un charco de sangre, había expirado.

-Que desperdicio.- Susurré mirando el rojo liquido esparcido por el suelo.

Y bien, que haría, ¿acudiría a la cita que me había propuesto el viejo? Prometía dinero, o simplemente una recompensa no lo recordaba, ni lo uno ni lo otro eran de mi interés, sin embargo, acudiría, tenía curiosidad de saber que me estaba si permanecía con él durante el tiempo que quisiera y si me regalaría alguna presa por la perdida aquella noche.

Una pequeña lucecita, cual hada resplandeciente se materializó frente a mí, y revoloteó a mí alrededor para captar mi atención.

-Lucecita, lucecita, ya te he visto, aparta de mi cara.- Manoteé para quitármela de encima, pero seguía molestando.- Vale, ya te sigo pero vuela lejos o me cegarás, soy animal nocturno.

Durante tres noches me guió y juro que pensé que nunca llegaríamos, pero una fortaleza se erigió de pronto, construida en medio de la nada y un pomposo mayordomo me dio la bienvenida guiándome al interior donde ya esperaban otros, a los cuales había visto ya frente al anciano.

-Bueno, parece que no soy la única que tiene curiosidad aquí. En fin ¿Qué nos deparara la noche?
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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Kalathor el Mar Ago 09, 2011 2:04 pm

Necesitaba descansar de mi última aventura así que decidí ir a mi posada favorita de Bak'Thagor. Era la posada más cutre de la ciudad pero me gustaba aquel ambiente. Era raro la noche que no había una buena trifulca.
Esa noche yo estaba solo, en una mesa redonda con varias jarras de hidromiel y de cerveza sobre ella. Tenía los codos apoyados en la mesa, pensativo. No tenía nada que hacer así que mañana tendría que salir a buscar un nuevo trabajo. El lobo estaba acostado a mi lado, en aquella posada ya sabían que debían dejarlo entrar.

Pasados unos cuantos minutos, la penumbra se hizo mayor. Se me acercó un hombre, con pinta de aventurero y entabló una larga conversación conmigo sobre los tipos de criaturas con las que se había topado. El hombre miraba a mi lobo de reojo. Le dije que no le haría nada. Luego seguimos hablando de más aventuras. Me contó que había estado en una ciudad flotante, me parece que la llamó Anemos. Me pareció curioso así que le seguí preguntado sobre ella.
Pasadas algunas horas de charla, el hombre se marchó. Yo volvía a estar solo.

Más tarde una hermosa damisela se me acercó, y me preguntó que a que me dedicaba. Yo no supe responder con precisión exacta a que era a lo que me dedicaba.

-Verás... Soy a ratos mercenario, ladrón,buscador de tesoros.... Si me pagan bien sería hasta cobrador de deudas- Solté una carcajada y bebí un sorbo.

Seguimos entablando conversación durante largo tiempo hasta que un hombre vino y nos interrumpió. Traía cara de muy enfadado. Por lo que parecía era cierto lo que yo pensaba, no hay una noche en la posada " La Jarra Llena" en la que no haya trifulca. Se acercó a mi, envalentonado y me agarró. Yo sonreía sin darle demasiada importancia a aquel pobre tendero o cual fuese su oficio.

-¡Esa muchacha con la que hablabas tan de cerca es mi hija!-El hombre gritaba e intentaba zarandearme, inútilmente.-Y tú aun encima te ríes de mi.
-Señor... Creo que su hija es lo suficientemente mayor como para decidir con quien habla por si misma. Ahora, si lo que quieres es pelea, no te la voy a rechazar. Todo el mundo tiene derecho a una buena pelea. Así que si no buscas problemas... ¡Suéltame!- Esperé a que el hombre me soltase, no tenia muchas ganas de golpear al padre de aquella chica.

El hombre me soltó. Luego desenvainó su pequeña espada. Iba a tener que hacerle daño aunque no quisiese, estaba armado. Lo que sabía es que no era muy diestro con el acero, un pobre hombre de ciudad que nunca tuvo necesidad de usarlo.
Con la espada en ristre arremetió contra mí. Yo me giré levemente, agarré su brazo y se lo rompí por el codo. Saqué una de mis dagas y se la puse en el cuello a modo de amenaza, no tenía pensado hacerle nada.

-Ahora vete de aquí si no quieres que te raje ese cuello de "Hombre Civilizado"
- Al pronunciar estas palabras tanto el padre como la hija se fueron. Mala suerte para mi, podría haber dormido con una dama esta noche pero parece que el destino no ha querido.

Me encaminé al aposento. Subiendo las escaleras todo estaba en penumbra. De repente perdí la fuerza en las piernas y me caí. Se me comenzó a nublar la vista hasta el punto de no ver nada. ¿Qué demonios pasaba? La cantidad de alcohol no fue la suficiente como para tumbarme. Uno segundos después me quedé inconsciente.
En los pocos momentos de consciencia escuchaba voces que hablaban de una recompensa y de no se que mas.... !Me habían embrujado seguro!Recuerdo que dijo algo del bosque de Physis.

Al despertar me encaminé raudo a aquel bosque, necesitaba averiguar que demonios me había pasado. Pregunté a la gente por el extraño viejo y una niña me dijo haber visto a un personaje parecido al de mi descripción en una gran mansión. Me dirigí allí.
Al abrir la puerta exterior desenvainé mi espada. Caminé hasta el gran portón. Lo abrí y seguí el sonido de las voces que se podían escuchar en una habitación cercana.

Entré el recibidor rodeado de extrañas figuras. Con la espada en la mano y seguido por mi fiel lobo rugí en medio de la sala. La sala y la situación me resultaban familiares, como si ya hubiese estado allí antes.

-¡Busco a quien me ha dejado inconsciente y traído aquí! Se las verá con mi acero- Agarré la espada con las dos manos, poniéndome en guardia. Si era lo suficientemente valiente y estaba presente lucharía conmigo

Nadie apareció. El brujo me la había jugado. Quería algo de mi.Guardé la espada emitiendo un gruñido. Alcé la mano a modo de saludo y me senté contra una de aquellas grandes columnas. No me fiaba de nadie. Todos tan.... "civilizados" y aun encima me había traído un brujo...

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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Arwen & Pasifae el Jue Ago 11, 2011 1:31 am

Pasado un rato aburrida de seguir esperando sin que no llegase nadie decidió probar suerte con una de las galletas que había sobre la mesa, la cogió y la miro muy de cerca, tenía una aspecto poco apetecible pero no podía saber como sabían sin antes probarlas.

-Yo que tú no lo haría-Le dijo la bruja proyectándose detrás de ella.

Arwen se sobresalto y dejo caer la galleta al suelo, se giró y miro a su amiga con mala cara.

-No me asustes así, sabes que no me gusta que te presentes repentinamente.

La bruja se echo a reír y se acerco a la mesa alargando la mano hasta posarla en las galletas, pero como de esperar su mano paso a través de estas.

-No estoy muy segura pero yo diría que tanto las galletas como la leche llevan algún tipo de poción para el sueño.

Se quedo boquiabierta, de no haber sido por su amiga ahora estaría sumida un profundo sueño, y a saber que la habrían hecho en aquel lugar. Tenía que estar más atenta de ahora en adelante, parecía que aquel lugar iba a estar plagadito de sorpresas, y no precisamente de las agradables.

La puerta se abrió de nuevo y se giro expectante con la curiosidad de saber quien sería. El joven la saludó, incluso se presento pero ella permaneció callada mirándole como una tonta.

-Es un hijo de la luna- La susurró la bruja al oído.

-¿Crees que te puede ver?- La susurró ella a su vez tapándose la boca con la mano para disimular.

-Ni idea, pero pronto lo sabremos.

De nuevo la puerta se abrió y entro otro ¿ser? La verdad es que no tenía nombre para llamar a aquella extraña cosa que la recordaba demasiado a un pulpo. El ser feo les miraba tanto al joven como a ella de una forma extraña, una mirada cargada de despreció, sí, la conocía muy bien había visto esa mirada muchas veces en los ojos de Pasifae.

-Buenas a ambos- Comento alegremente mientras se levanta. Les dedicó una fugaz reverencia como acostumbraban sus modales y les sonrió- Mi nombre es Arwen.

La puerta por tercera vez se abrió y entro una joven con un chichón que era guiada o mas bien empujada por el sirviente que había visto antes, la obligo a sentarse en una silla, desapareció a los pocos minutos apareció con algo que la tendió para que se pusiese sobre el chichón.

Luego apareció una Vampira y por último un extraño hombre, blandió la espada, la guardo y saludó. Intercambiaron pocas palabras entre ellos, Arwen permaneció todo el rato sentada intercambiando palabras disimuladamente con Pasifae. Pronto empezó a amanecer, el criado entró en la habitación y sin decir mucho empezó a correr llas cortinas para cubrir las ventanas y a encender velas repartidas por toda la sala. Cuando terminó se acercó lo que pareció demasiado a la Vampira y con una de sus desagradables sonrisas la dijo:

-Cortesía del señor de la casa

Todos querían hacerle preguntas, había tanto por responder, pero no hubo ocasión, el hombrecillo se marchó antes de darles la oportunidad de hacerlo. El sonido surgió de pronto, como si algo de una tonelada cayese sobre la entrada y luego un leve chasquido. Y después de eso otra vez el mareó, la sensación de que tiraban de ella, antes de proyectarse a la sala de mármol pudo percibir como su cuerpo se caía de la silla.

La misma sala de hace 3 días, nada había cambiado de sitio, y el anciano tampoco se había movido. Seguía mirando a la esfera fijamente como si no se hubiese dado cuenta de la presencia del grupo, algo imposible teniendo en cuenta que el los había invocado. Algunos de los presentes dijo algo pero el anciano no se inmutó, finalmente la bola empezó a brillar y el anciano levantó la vista hacía ellos.

-Ha llegado el momento de las preguntas- La bola brillaba con fuerza parecía como si millones espirales brillantes girasen dentro de ella, a veces parecía que se veían escenas en ella- Solo tendréis esta oportunidad para resolver vuestras dudas, pensar atentamente que es lo que de verdad os interesa saber y si esta en mi mano contároslo lo haré.

La sala donde se encontraban sus cuerpos apareció sobre la esfera de cristal, sus cuerpos vacíos seguían allí

-La puerta principal esta cerrada y todas las demás, no hay ninguna manera de salir, solo yo os puedo abrir la mansión para que os vayáis.- una pequeña y fugaz sonrisa se pudo apreciar a través de la espesa barba- Hay tres puertas en la sala, la del frente lleva a un largo corredor donde se encuentran la mayoría de las salas de la mansión, la biblioteca, el comedor, la sala de música, todo esta a vuestra disposición. Al final del corredor hay una escalera que sube a las habitaciones si deseáis descansar solo tenéis que elegir una. La de la izquierda lleva a un pasillo y al final se encuentra la cocina y la despensa, podéis comer todo lo que querías y encontrareis una exquisita colección de vinos que os prometo que no os dejara indiferentes.- Aunque brevemente captó un sutil cambio en su expresión pero no supo el que-La de la derecha lleva al sótano, no creo que encontréis nada allí que os pueda resultar interesante.- Parecía casi que los estaba invitando a que lo hicieran, algo había en ese sótano.

Spoiler:
Off rol: Bueno primero siento la demora, espero que a partir de ahora podamos ir mas rápidos.
Bueno podéis preguntar lo que queráis al anciano o hablar entre vosotros y poco más hay que decir en este turno.




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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Kalathor el Mar Ago 16, 2011 12:42 am

Cuando entré, vi que había gente de todo tipo. Una mujer, una elfa, un licantropo, una vampiresa y una extraña forma que se ocultaba en las sombras. Nadíe en quien pudiese confiar, al menos por ahora.

Me sente allí con mi lobo esperando a que apareciese aquel maldito brujo. Ya se vería quien acababa con un palmo de acero en las entrañad.
Saqué un pedazo de carne y lo compartí con el animal, acompañado por una sabrosa cerveza.

Mis pensamientos estaban aturullados, igual que mis recuerdos sobre esa extraña aparición. Es como si me emborrachase.

Allí esperé, comiendo y bebiendo. Pero siempre sin despegar una mano de mi espada. El lobo también estaba alerta, y siendo así es que algo extraño había allí.

De repente sintí otra vez aquella falta de consciencia hasta quedar fuera de combate.
Aparecí en una extraña sala de que tenía un vago recuerdo, como si hubiese estado allí antes. Miré alrededor, allí en medio estaba aquel maldito brujo, pero en esta... Dimensón por nombrarll de alguna manera, no podía eliminarlo así que me decidí a hacerle preguntas.
El habló un rato sobre cosas de las que no me acuerdo y explico vagamente la disposición de las habitaciones de la casa, cosa que no me interesaba mucho porque eso ya lo investigaría. Si podía andar por la selva,bosque o desierto sin mapa, aqui tambien podría. Luego nos dio tiempo para preguntas.

-Mis preguntas son las siguientes-use un tono cargado de ira- ¿Por que demonios nos has elegido a nosotros, y sobre todo... Por que a mí?-sin dejarle tiempo para responder formulé las siguientes preguntas-¿Cual es la recompensa?-cada vez estaba más cabreado- Y...¿Que demonios hay en el jodido sotano? Si no me lo dices lo tendré que averiguar.... Ahh y por último... Si pasa algo raro... Te buscare hasta darte caza...- reccionaba así ante la brujería porque la temía.

Esperé a que el viejo respondiese y tambien a las preguntas de mis... ¿Compañeros podría llamarlos?



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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Arwen & Pasifae el Mar Ago 16, 2011 4:52 am

El brujo se tomo un breve instante para pensar en lo que le respondería al bárbaro, entrelazó las manos entre sí y soltó un cansado suspiro.

-Era de esperar. Le das a un perro callejero un trozo de carne e incluso después de eso sigue mostrándote los dientes-Su sonora carcajada retumbo por toda la estancia, sus ojos clavados en los Kalathor mostraban un brillo malévolo- ¿Porqué cualquier otro y no tú? En ningún momento os he obligado a venir, estáis aquí porque vosotros lo habéis querido así, por lo que deberías mostrar un poquito más de respeto por tu anfitrión.

Se separó de la bola y comenzó a caminar hasta la proyección de Kalathor, su caminar era lento, no usaba bastón pero parecía necesitarlo pues arrastraba el pie izquierdo.

-Mi querido amigo ¿Que es lo que deseáis? ¿Riquezas? Os lo puedo dar- Hizo un amplio abanico con los brazos para señalar la estancia- ¿Fuerza? ¿Poder? Si sois digno de ello os daré lo que deseéis, bueno, siempre que este en estas humildes manos hacerlo.

Se volvió para acercase de nuevo a su bola de cristal- Solo un necio se atrevé a hacer lo que le han dicho que no haga.-Y con aquello finalizó las preguntas del bárbaro, la imagen de este se evaporo mientras retornaba a su cuerpo.




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Re: Misterios y recompensas

Mensaje por Zyrxog el Miér Ago 17, 2011 3:49 am

Al parecer, aquel lugar aun no terminaba de ver a los invitados, desde las sombras los ojos de la abominación divisaron una figura conocida, sus pasos lentos, su figura casi como un animal herido y al cual hay que retorcerle el cuello para que deje de sufrir, sus ojos entre las sombras tan solo dieron una mirada fugaz a esa inferior, la conocía y aun así aun se preguntaba cual era la razón para no abrirla en dos y ver sus órganos, su corazón y pulmones, hígado y riñones incluso su útero y ovarios, en fin … aun se preguntaba la razón de no diseccionarla en vida, mas sus pensamientos fueron quebrados por el sonido de un bárbaro y no estaba equivocado, ante todos un inferior pobremente vestido y blandiendo una espada como loco, a su lado una bestia rastrera, un lobo, por lo menos este estaba más calmado que el bárbaro, no habría otra forma de llamarlo más que un inferior con mas instintos que materia gris, su masa encefálica seria desechada y lo único útil en el sería un buen cadáver que le sirviera como guerrero o alimento para su mascota, ese pequeño pero de mal gusto espectáculo habían hecho que la atención no se entrara en la inferior que había entrado, el aroma a magia llego tenuemente, pero a una magia corrupta y descompuesta, una magia que no era útil en lo absoluto, como si esta se consumiera a sí misma, podría estar equivocado …. Pero ese mismo aroma a magia ya lo había sentido en el pasado, aunque no recordaba completamente en donde había sido.

El sonido de las puertas cerrándose junto con los pesados cortinajes mostro la culminación de todos los presentes, seis seres habían sido llamados a ese lugar, las mismas seis figuras que habían aparecido en ese instante de magia frente al anciano, a primera hembra que había a su llegada se presento, el nombre era algo importante, siempre era bueno catalogar los especímenes, el pequeño hombre después de cerrar cada una de las cortinas y prender las velas se retiro, mas la desagradable sensación de paz y quietud junto con la asquerosa presencia de los presentes no duro demasiado, nuevamente debió de afirmarse en un pilar para no caer.

Por segunda vez notaba su cuerpo más ligero, sus fuerzas dejaban su carcasa, mientras que la visión se nublaba nuevamente, unos instantes de oscuridad para aparecer como una figura traslucida frente al anciano, los seis se encontraban ahí, el anciano comenzó a hablar sobre las estancias, ninguna de real interés, el alimento que los inferiores consumían solo le provocaba nauseas, mas puso un extraño hincapié en el sótano, debería de haber algo en el, aunque también podría ser que tratara de apartar su interés de otro punto, después de una pausa el anciano se dispuso a saciar la curiosidad de los presentes … era de esperar que se hicieran las preguntas adecuadas, aunque el primero que hablo fue literalmente aquel que debía de pensar antes de hablar, el bárbaro haciendo alardes de su propia fuerza y su falta de tacto increpo al anciano, el cual con una risa burlona le contesto, con cada palabra la abominación meditaba de lo que debía de preguntar, no era difícil saberlo, pero debía de saber preguntarlo o quizás terminaría muy pronto el juego en el que estaba involucrado.

-Yo solo tengo dos preguntas inferior… ¿Acaso la magia que existe en este lugar posee un origen viviente o es originado por algo aun más antiguo que la propia magia?-

La abominación esperaba una respuesta, y debido a ella guardo silencio, a diferencia de el bárbaro no tenía intención en preguntar las razones de su búsqueda, como el inferior había dicho, el había llegado por voluntad propia, buscando la magia que el anciano poseía y de una u otra forma la obtendría aunque debiera destilar al vida de ese decrepito cuerpo gota a gota, entre gritos y suplicas, después de oír la respuesta que esperaba sus tentáculos se movieron lentamente, si aquella abominación poseyera labios estos tendrían una sonrisa sádica e inhumana, pero al carecer de estos sus tentáculos simplemente se movían lentamente.

-Esta es mi última pregunta… inferior… ¿te diviertes con este juego que has comenzado?-

Sabía que como con el bárbaro su espíritu volvería a su cuerpo simplemente por un movimiento del anciano, más antes de desaparecer decidió darle un obsequio al mago, algo para que pensara en ese lugar.

-Inferior… no todas las fichas caen de la forma que uno desea… algunas tienden a revelarse-




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Re: Misterios y recompensas

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