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Vida y muerte, Derechos Divinos.

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Vida y muerte, Derechos Divinos.

Mensaje por Zephyrae el Vie Jul 22, 2011 3:07 am

[Off: Esta historia es continuación de la presentada en la partida Secretos de Familia Capítulo 1 con link en:

http://www.cuentosdenoreth.com/t730-secretos-de-familia#6355

El grupo de la partida original ha sido dividido en tres, siendo esta historia una de tres diferentes partidas para darle continuación a la anterior.]

Kadar dormía y al hacerlo soñaba, sus sueños como pequeños mundos a su alrededor llevaban mucho de ser la totalidad de su propio universo. Su inmenso poder daba forma y creaba realidades enteras que eran tras esto destruidas por capricho.

Algo repentinamente llamo la atención del hechicero de los sueños, por un breve instante la presencia de alguien que ya habría olvidado pero por alguna razón lograba reconocer, otro dueño de los sueños en sus dominios o acaso serían cinco de ellos.

Nada en la realidad había llamado su atención en siglos, no desde la caída de parte de la gran cueva y la muerte de algunos cuantos de sus juguetes. Kadar había olvidado lo que era que su atención fuera llamada por algo que no hubiera creado el, una dicha infantil se apodero de el por unos instantes al saber que tenía invitados, su poder extendiéndose a ellos y atrapándolos. Llevaba tiempo sin tener nuevos juguetes, esto sería sin duda divertido.

***********************************************************

En la oculta y profunda cueva de las montañas Drakenfang los cinco emisarios de Arkael habían caído ante los poderosos conjuros de Kadar, tan solo entrando en las ruinas de Andeiras, sede física del antiguo gran imperio de los sueños los compañeros habían sido atrapados por profundos sueños ante los que nada pudieron hacer para defenderse, los conjuros que Arkael hubiera preparado por tanto tiempo para ellos activándose y empezando su labor, extraños vínculos solo visibles para quien conoce de la magia de los sueños uniéndolos de manera tal que su misión apenas empezara.

***********************************************************

La luz del Sol se extendía con el amanecer en el valle, la forma en que las montañas de las cercanías se mezclaban poco a poco con el valle y la rígida roca daba lugar al bosque y este a su vez al lago creaban una vista impresionante y hermosa, más aun por que aquel que la contemplaba lo hacía en pleno vuelo en las alturas.

No se suponía Wilcox estuviera aquí, los vientos de estas alturas podían derribar a muchos Diviums y por lo tanto los jóvenes lo tenían prohibido pero la fuerza del viento era como siempre un desafío recibido con agrado por las poderosas alas blancas de Wilcox.

La dicha de disfrutar estos vientos y la vista del amanecer desde estas alturas era suficiente para arriesgarse a las leves reprimendas de su madre, esto acompañado de la risa de su padre y su mirada de orgullo ante cada una de sus locuras y cada desafío que superaba hacía que el regaño fuera incluso deseado.

Su vista se desvió al bastón que portaba en la mano derecha mientras volaba, no tenía sentido que llevara un bastón al vuelo donde solo le estorbaría, no parecía recordar haberlo tomado en ningún momento pero al detener la vista en este podía reconocerlo hasta el punto de la certeza, este era su bastón y era normal que lo tuviera.

Era momento de regresar al hogar, donde sus padres y hermano le aguardarían para los primeros alimentos del día. Por un momento le extraño la imagen que su mente conjurara de su hermano Cenos, con un cuerpo mucho más frágil y delicado que el de su padre y el, adecuado para muchos Diviums menores pero no propio de la herencia de los Demauj, sus negras alas un tema de plática entre otras familias. La imagen de el mismo en tales condiciones vino a su mente y aun cuando esto le extraño, pues nunca había imaginado algo así, empezó a reír ante la absurda idea y a acercarse a su hogar en las montañas.

*************************************

La luz de las flores en la cueva poco a poco fue cambiando, los cerrados ojos de Phoenix al caer en el abrazo del sueño. Su cuerpo cayendo sin fuerzas en el sopor mágicamente inducido, perdiendo fuerzas constantemente hasta el momento en que el sueño se desvaneció.

El cansancio había desaparecido en un solo instante y al abrir los ojos la escena que ante ella se extendía era la de un inmenso valle con bosques y lagos, la luz que viera aun con los ojos cerrados era la del amanecer, el Sol saliendo a la distancia llenando de matices el paisaje ante ella.

Al ver sus alrededores logro notar como se hallaba ahora en una elevada montaña, el frío del amanecer sintiéndose plenamente real en su piel, haciéndole difícil el recordar que seguramente sería todo un sueño creado por aquel que había venido a buscar junto a sus compañeros. Con este pensamiento la realización de hallarse sola, incluso su hermosa serpiente y eterna compañera dejaba de estar en su lugar habitual.

Tras ella se hallaba una casa trabajada en la blanca piedra de esta parte de la montaña, las puertas enormes y diversos ventanales de gran tamaño que se encontraban abiertos, como invitándole a pasar.
En la abierta puerta frente a ella Phoenix alcanzaba a ver salir un hombre alado, sus blancas y enormes alas , capaces de transportarle por los cielos le hacían parecer de mucho mayor tamaño al propio de la raza de los Diviums, su andar mostraba la gracia natural de tales criaturas y su rostro una inmensa sonrisa. Esas facciones le parecían conocidas a Phoenix, algo había familiar en ellas pero era difícil el estar segura de que se trataría.

-Sed bienvenida a la casa Demauj portadora de la luz- Le dijo el Divium con reverencia y calidez en su voz. – Que esta te brinde abrigo en las tormentas y descanso en tus viajes. - Concluyo con total formalidad. Su vista desviándose de ella por un momento hacia el firmamento, su sonrisa aumentando aun más pues en esos momentos Wilcox, su hijo llegaba a casa, al verlo Phoenix lograría reconocerlo completamente aun cuando su cuerpo hubiera cambiado de una manera tan atlética, y una sonrisa adornara su rostro, cosa que la gitana hubiera sentido imposible hace unos momentos. Sin duda era elquien llegaba, cambiado pero reconocible y con el ahí la semejanza entre sus rasgos y los de su padre aun mayor. El mayor cambio más allá de su cuerpo eran las radiantes alas que lo transportaban por los aires hacia ella.

******************************************

[Off: Como podrán leer nos hemos transportado ya al mundod e los sueños, uno que en este caso se ajusta ala historia de Wilcox. Las reglas para interactuar en este mundo serán diferentes para ambos.]

Phoenix
Spoiler:

Por tu parte mantienes la lucidez total de haber estado en la cueva y quedado dormida. No te es difícil el saber que esto se trata de un sueño pero puedes notar gran realidad en el mismo. Todas tus estadísticas están aumentadas en dos puntos (además del aumento proporcionado por tus brazaletes. Haciéndote sentir con más fuerza y energía que nunca antes. La voz en tu interior no provee en estos momentos información adicional.

Wilcox

Spoiler:
El sueño ha alterado del todo tus recuerdos, no puedes darte cuenta de que se trata de un sueño, en este siempre has gozado de este fuerte y atlético cuerpo y es tu hermano Cenos con sus oscuras alas el que juega tu papel, tanto en su debilidad como en su secreto interés por las artes oscuras. Te corresponde el complementar aun más la historia por estas líneas así como dar el motivo de la visita de una humana hechicera de la luz a tu casa. Ella te parecerá familiar como si la hubieras visto en sueños antes pero no estarás seguro de en donde. El bastón que llevas habrá de permanecer a tu lado todo el tiempo.

[Off: Les corresponde ahora el rolear su llegada a la casa de los Demauj, así como su encuentro en este reino de sueños. Disfruten y recuerden que los posteos se han vuelto semanales. Empezando a contar a partir del momento de este post pero no tengo problema con que participen múltiples veces entre ustedes en la semana para aumentar el roleo entre los personajes.]
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Re: Vida y muerte, Derechos Divinos.

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2011 5:24 pm

Me desperté temprano como siempre, más que mis padres o mi hermano. Era un día más en el verano de las montañas pertenecientes a los Divium, donde casi ninguna otra raza podía acceder a menos que fuera con ayuda de los dos soldados que había a pie de montaña, custodiando la entrada a la cueva que ascendía luego hasta donde se encontraba mi hogar. Lentamente avancé hasta el armario y saqué de allí poco más que unos pantalones de color blanco radiante junto con mi bastón. Era raro ver a un joven como yo con un arma así. Un porte atlético y unos buenos abdominales que lucían parejos con mis dos fuertes brazos y mis cuatro blancas alas de ángel, todo un seraphi lumini. Sin embargo al girarme una vez vestido vi en la otra cama un frágil cuerpo que parecía poder romperse con el mínimo roce de mis enormes manos, siendo yo mucho mayor a un divium normal, como mi padre. Su respiración acompasada era lo único que me indicaba que mi hermano seguía vivo, pues por el color de su piel, blanco como la nieve, y el pelo en contraste de un tono negro carbón. Sus finas manos reposaban cerca de su cabeza y sus alas transparentes de tonos oscuros, membranosas cual murciélago. A veces me costaba creer que aquel era mi hermano, mi hermano además mayor por unos segundos, pero llevaba mi sangre y había aprendido a quererlo, pese a desprecio y el rechazo que él mostraba tanto hacia mí como hacia todos los de la familia.

Salí de la habitación a hurtadilla y saludé a mi padre, ya despierto y afilando su espada en el jardín delantero. Me devolvió el saludo con una sonrisa y se dedicó a mirar hacia donde iba con aquel bastón del que nunca me separaba, aunque él ya lo sabía. Iba a la cima de la montaña, un lugar vedado a los jóvenes de mi edad por los vientos huracanados que soplaban. Allí solo debían ir los guerreros a entrenar sus cuerpos y sus mentes para la batalla, incluso a los magos les estaba prohibido el paso, pues sus frágiles cuerpos no aguantarían las ráfagas de salvaje viento helado, pero yo sí, yo podía aguantar mucho más que algunos de los guerreros adultos con mis dos inmensas alas blancas y mi tamaño anormal para un divium. Carecía de la magia de otros diviums, eso es cierto, pues así como mi hermano era capaz de convocar poderes que me ponían los pelos de punta yo ni tan siquiera hacía que la esencia fluyera por mi cuerpo. Ascendí rápidamente aprovechando una pequeña corriente de aire caliente que me empujó y una vez arriba logré estabilizarme con el viento gélido que soplaba, haciendo guiñadas con las alas para poder girar en el aire entre las corrientes que se formaban y evitar una estrepitosa caída. No sabía cuánto tiempo discurría entre vuelo y vuelo, pero mi madre se encargó de recordármelo con un potente grito que, ignorando los vientos, llegó a mis oídos haciéndome perder por un momento la concentración y bajar a tierra de manera un poco precipitada, frenando con los pies justo al borde del acantilado -¡Sí, madre! – grité en respuesta. No era la primera vez que me escapaba para volar a esas alturas, y aunque a mi padre sí le enorgullecía que fuera capaz de soportar los vientos a mi madre parecía no agradarle que me jugara la vida a cada instante.

Finalmente bajé de las alturas para desayunar junto con mi familia, pero cuando me disponía a entrar por la puerta de madera blanca dela casa vi a una humana, joven, de cabellos dorados y ojos muy familiares para mí. ¿Dónde la había visto? Sonreí como saludo y rápidamente tomé su mano en un acto de cortesía para besarla suavemente – Mi nombre es Wilcox, bella dama. Supongo que es la sacerdotisa que ha venido para acabar con el mal de esta casa ¿Cierto? – mi padre sonrió al ver mi gesto y asintió como queriendo responder él a mi pregunta sin abrir la boca. Después de esto me limité a quedarme al lado de la puerta para que ella pasara primero, levemente recostado sobre la vara terminada en una bola de cristal agarrada por tres zarpas doradas que refulgían bajo el sol. La vara de dragón.
--------

Off: Perdón si el post no es todo lo deseado, obviamente manejar al hermano de Wilcox no es mi fuerte x'D.
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Re: Vida y muerte, Derechos Divinos.

Mensaje por Zephyrae el Vie Ago 12, 2011 6:00 am

[Off: Nota sobre la salida de Phoenix]
Spoiler:

[Off: Doy aviso de que por razones de falta de posteo retiraré a Phoenix de la historia actual por este capítulo. En el cual aun no ha participado. Le daré aviso por mensaje privado previo a colocar este post por lo cual el único personaje de la partida es ahora Wilcox hasta el siguiente capítulo en el que se reunirá con el resto del grupo. SI en ese entonces Phoenix se encuentra con más disponibilidad la aceptaré gustoso en el capítulo 3, el siguiente texto es para permitir tal ocurrencia sin afectar de más la historia]

Antes de que Phoenix fuera capaz de responder algo, antes incluso de que su asombro pudiera registrarse sintió una oscura fuerza envolverla. La esencia de esta muerte y degradación su vista nublándose ante esta y tras un gran dolor pudo sentir como su espíritu era arrancado del onírico cuerpo creado en los sueños de Kadar.

Todo a su alrededor se veía oscurecido como por una densa neblina la caual era aun más irreal en su color negro cual si a la vez fuera mezcla de oscuridad y niebla. El negro humo volviéndose cada vez más denso y aun cuando su espíritu no requería el respirar de este una sensación de fetidez le llegaba de este.

-NO HABRÁ LUZ PARA MI NIGROMANTE. – Le parecía entender en esta oscuridad, no eran palabras sino una simple idea que pulsaba en la misma mientras su espíritu resguardándose empezaba a dormir, una parte de ella contemplaría cuanto ocurría en este sueño mas solo sería capaz de recordar cuanto había ocurrido en este.

En el sueño solo paso un latido de corazón para los que observaban a la sacerdotisa, en este el único cambio que era posible percibirse era el color de los ojos de la sacerdotisa, ambos ojos cada uno en su color único se habían oscurecido hasta tornarse de un oscuro negro. Tras esto la sacerdotisa sonrió, su rostro asumiendo la seguridad y solemnidad esperado por su cargo.

******************************************

El saludo de Wilcox había interrumpido el de su padre y a tal interrupción fue a lo que dio primera respuesta la sacerdotisa. – Es mi labor que la luz y la vida fluyan por el mundo joven Demauj, existe acaso algún mal en tu hogar que la luz debiera erradicar.

Desde que se girara a contemplar la llegada del apuesto Divium su mirada le había recorrido, apreciando su fornido cuerpo y deteniéndose en el oscuro bastón que con él llevaba, su oscuridad en constante contraste con las claras alas del Divium. La mirada de la sacerdotisa portaba clara apreciación de cuanto veía. Aun cuando Wilcox era incapaz de comprender la realidad del punto hasta el cual tal mirada alcanzaba a ver en sus adentros.

-Habrá de perdonar la impetuosidad de mi hijo, dama de la luz. – Dijo el padre de Wilcox, interrumpiendo el minucioso examen que la sacerdotisa realizaba en este e interviniendo antes de que fuera capaz de dar respuesta alguna. –No existe mal alguno en esta casa noble dama pues todos bajo su techo extendemos nuestras alas en la luz. Permítame conducirla con mi esposa, señora de la casa e impaciente mujer que sin duda me recriminaría cualquier retraso pues arde en deseos de conocerla. Es sin duda un honor que haya elegido nuestro hogar para hospedarse.

Tras esto extendió la mano para tomar la de la sacerdotisa y conducirla a la casa no sin antes dirigir una drástica mirada a su hijo en cuanto estaba seguro de que la sacerdotisa no le veía. –Wilcox atiende a tu hermano y asegúrate de que se mantenga en sus aposentos, deseamos que se recupere pronto, con suerte a tiempo para el festival.

El festival de la luz se acercaba, en este las inmensas corrientes de fuerza vital que brotaban de las montañas mismas surgirían a los cielos, cada diez años se daba tal suceso que de acuerdo a las iglesias de la luz brindaba vida a toda la región. Solo aquellos Diviums que habían salido de la niñez podían ser partícipes en este por lo cual sería esta la primera ocasión en que Wilcox y su hermano tendrían edad para asistir al mismo.

La resolución de sus padres había sido el que Cenos no asistiría al mismo, sus oscuras alas a la vista de toda la sociedad traerían sin duda malos rumores a su familia. Pocos en las montañas sabían de ese hecho, la taciturna y solitaria manera de vivir del primogénito de la casa facilitaba mucho esto, así como su gusto en el volar principalmente en las noches.

Quizás esta hubiera sido la razón por la que le habían permitido continuar sus estudios en la magia, aun después de encontrar a algunos de los animales que fueron víctimas de estos. Quizás para sus padres simplemente fuera más sencillo darle la espalda a su hijo que aceptarlo como tal.

Sea cual fuere el caso se había decidido el alegar que sus hijos se habían enfermado juntos, la enfermedad elegida contagiosa e impredecible en su duración. Wilcox habría sanado rápido de esta pero Cenos se mantenía aun en cama, solo pudiendo ser visitado por su hermano que ya no podría enfermarse. Con tal mentira conseguirían mantenerlo oculto durante el festival, Cenos había aceptado tal sabiendo que evitaría que tuviera que abandonar sus estudios y soportar a su familia por un largo tiempo-

La severidad en la mirada de su padre había sido a la vez reclamo por cuanto había dicho así como clara instrucción de que visitara a su hermano, Wilcox podría librar muchas de sus desobediencias sin problemas pero nunca en estos asuntos. El honor de su casa era muy importante para sus padres.
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Re: Vida y muerte, Derechos Divinos.

Mensaje por Invitado el Vie Ago 12, 2011 7:01 am

Tragué saliva con las palabras de la sacerdotisa, mirando a mi padre esperando algún tipo de orden para responder. Había metido la pata al decir eso, pues yo mismo creía que ella venía para acabar con… Con mi hermano. Sí, con mi propio hermano, que pese a tener mi sangre corriendo por sus venas había demostrado en más de una ocasión que no le importaba la vida nadie más que la suya, por la que tampoco demostraba un aprecio demasiado grande. Rápidamente me retiré con las palabras de padre, mirando a los ojos por un momento antes de turbarme levemente para desaparecer de la escena con el bastón todavía en la mano. Sin mirar ni tan siquiera a la mesa donde estaba servido el desayuno para no hacerme la boca agua avancé hasta la habitación donde se encontraba mi hermano, ya despierto y “jugando” como de costumbre con los cientos de objetos mágicos que coleccionaba y que prefería no saber de dónde. Suspiré antes de tirar del pomo de la puerta para abrirla y entrar, con una sonrisa pero sin estar de buen humor, al menos no con él. La habitación la encontré destrozada, toda sumida en unas sombras impropias de la hora del día. Rápidamente me dirigí a la ventana para ver qué pasaba, pisando sin querer un pentagrama dibujado en el suelo formado con sal y sangre.

Arranqué las cortinas y dejé que la luz entrara en la estancia y me permitiera ver que pasaba. Miré entonces hacia mis espaldas para ver que sería y me encontré con mi hermano sentado en el centro del pentagrama con un libro delante del cual comenzó a emanar una sustancia negruzca que se extendía desde las hojas del tomo de brujería hasta la sal y la sangre, recorriéndola rápidamente, pero para su desgracia la magia oscura encontró una falla, la que yo había abierto con el pie, algo que hizo que el hechizo perdiera estabilidad y el libro comenzara a temblar hasta el punto que estalló, dividiéndose en tres partes. Una desapareció en el momento, otra atravesó la ventana para desaparecer bajo la luz del sol y la tercera se mantuvo en el aire unos instantes mientras que mi gemelo pronunciaba todavía las palabras que había escritas en él, ausente del mundo por el poder de la magia. Cuando terminó cayó al suelo, agotado y dormido, y el pedazo oscuro de libro me impactó directamente en el pecho, produciendo un sonido seco como una madera al caer desde gran altura. Caí al suelo y quedé inconsciente, sumiéndome en mi propio mundo.

Cabeza de Wilcox:
-¡Sácame de aquí condenado hechicero! – dijo un figura mucho más pequeña que yo, con alas negras como la noche y de aspecto de murciélago. Me acerqué a él con cuidado para apreciarlo mejor y su mano se extendió hacia mí – ¡Da un paso más y juro que suplicarás una muerte más rápida! – dijo mientras en su mano se condensaban las sombras como solían hacerlo en las manos de Cenos - ¿Qué es este mundo, Cenos? ¿Dónde nos has traído? – pregunté, sin acercarme, aunque notoriamente asustado, con la única iluminación de mi preciado bastón que sostenía entre las manos. Una risa fría y propia de mi hermano cruzó el aire antes de que la figura dejase de maldecir al cielo, o lo que fuera que había en ese sitio, y me dirigiera una mirada heladora como el hielo - ¿Cenos? ¿Traerte? – Inquirió con una marcada ira en sus puños apretados. Se acercó un paso a mí y me dejó ver algo que me horrorizó. Su rostro era el mío pero ¿Cómo? Rápidamente cogí el bastón y lo usé a modo de espejo ¿Quién era ese tipo? ¿Y por qué tenía la misma cara que yo?

Tras un rato de miradas obsoletas por mi parte sus pasos resonaron de nuevo con el eco de aquel lugar –No soy Cenos, pedazo de músculo descerebrado. – me dijo mientras me ponía una mano en el pecho, haciéndome notar un poder que nunca antes había tenido oportunidad de sentir. Su mano era cálida, y esa calidez se diluía en mis venas templándolas rápidamente con cada latido – Soy tú… - dijo antes de desaparecer junto con aquel mundo tan confuso y caótico formado por sombras.

Al despertar seguía en mi habitación, tirado a un lado de la cama de mi hermano mientras este buscaba como un loco desordenándolo todo con sus huesudas manos recubiertas de sangre de animal. Sin pudor alguno él rebuscaba en mi baúl algo que parecía necesitar encontrar con mucha necesidad. –¡Eso no es tuyo! – le bramé mientras lo tomaba de su capucha de mago para ponerlo contra la pared y mirarlo directamente a los ojos, notando todavía la calidez del ser que me había tocado en el sueño y como algo fluía por mis venas - ¿Qué estabas haciendo? – pregunté mientras que él mantenía su mirada de ojos negros en la mía de puro color azul cielo, pero era una mirada diferente, en lugar su típica mirada fría y desinteresada hacia todo lo que llevaba su nombre esta vez era un mirada llena de miedo a mis ojos. Su voz sonó entrecortada con una sola pregunta – ¿Don… Dónde has obtenido ese poder? – preguntó mientras su mano señalaba a la mía, que lentamente se recubría de sombras como había hecho la suya tantas veces. Lo solté rápidamente viendo como el avance de las penumbras no cesaba pese a haber cortado el contacto con él: -Recupera lo que es tuyo… - dijo una voz en mi cabeza, una voz seseante que juraría haber escuchado en otro lugar – Recupera lo que es tuyo… - repitió de nuevo mientras me giraba hacia Cenos, con la mano todavía envuelta en sombras y apuntándolo con un solo dedo, notando como su poder era ahora mío, poco a poco nutriéndome de su magia. Era una sensación agradable, el calor, la fluidez, notar como él moría y yo obtenía su poder. El ruido de pasos sobre la madera me hizo cortar el flujo de magia, dejando de apuntarle y cubriendo velozmente mi mano con un guantelete de guerrero que tapaba hasta el hombro, impidiendo que se viera el estado en que había quedado el miembro tras aquel misterioso embiste de poder.
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