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Alei, hija del viento

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Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Dom Jul 24, 2011 5:47 pm

[Post como Narrador]

Silenciosamente la hechicera se levanto de la cama, sus largos cabellos castaños descendiendo a lo largo de su espalda que a su vez se veía decorada por un par de alas , largas y de tonos dorados que descendían por su espalda a la par del cabello, su brilo y transparencia dándoles el aspecto de brillantes alas de insecto.

Sus movimientos eran lentos y cuidadosos, su esposo no habría de despertar a causa de estos si sus deseos de que sus planes permanecieran secretos habrían de realizarse.

Caminando suavemente abandono la habitación que compartiera con su pareja, sabía de los expresos deseos de esta contra cuanto planeaba realizar mas aun así en ella el deseo de llevarlo a cabo rebasaba por mucho su capacidad de controlarlo.

Una vez sus ligeros pasos lea habían conducido a una prudente distancia, lejos de los oídos de su amado, emprendió el vuelo, su forma resaltada por la suave y semitransparente tela blanca del ligero atuendo que llevar a la cama, sabiendo el efecto que este suele tener en su amado esposo. Un poco de culpa llego a ella al pensar en el amor que le tenía y como él esperaba respeto y consideración a sus palabras, mas ya era demasiado tarde y su decisión había sido tomada por su corazón mucho antes de esta noche.

El lugar que recorría, su hogar y palacio era un sitio de belleza y armonía, la blanca y cristalina piedra que creaba las bellas plataformas que rodeaban los árboles que se habían conformado para crear este hogar, en su madera tallada la forma de las leyendas de su gente y en la roca motivos mágicos y rúnicos, algunos sin más fin que el de embellecer el sitio, otros con intenciones menos pacíficas resguardaban el lugar.

El espacio entre las columnas de cristalina roca que se entremezclaban con los árboles era amplio dando libertad de entrada o salida a cuantos desearan al sitio y gozaran de los permisos necesarios para atravesar las mágicas barreras.

La fuerza de sus alas conduciéndole rápidamente a las alturas de aquel sitio, el inmenso cristal que coronaba aquel árbol, uno de los más grandes del bosque de Phusis y en su brillo una clara señal para todos aquellos que compartieran el don del vuelo y se hallaran sobre el inmenso y bello bosque.

Varias orbes de luz flotaban alrededor del cristal, reflejándose una y mil veces en su irregular y transparente superficie. La imagen de la hechicera reflejada a ella, sonreía pues sabía que lo que deseaba estaba totalmente a su alcance y que una vez pasada esta noche nada podría invertir cuanto había preparado.

La hechicera separo sus labios y abrió la boca sacando de esta una pequeña gema, su tamaño no mayor al de la punta de su propia nariz. Parte de los preparativos para su conjuro habían incluido el mantener dicha gema en constante contacto con ella durante todo un ciclo de la luna, esta era magia antigua, magia del alma y el espíritu que se entremezclaba con el propio ser. No había sido el mantener la gema oculta de su marido durante todo el

mes, mas los años de matrimonio le habían servido para aprender bien muchos trucos para eludir estos pequeños detalles del constante y agradable escrutinio de su amado.

A través de su propio poder la hechicera examino la gema, inmaculada en cada aspecto emitía finalmente su propio poder y en respuesta a su propia magia podía sentir un suave latido de vida contenido en el interior de esta, vida a la espera de despertar, del recipiente y el poder que le darían un nuevo origen a su espíritu.

La hermosa hechicera regreso la gema a sus labios, extendiendo su alas a los vientos y sus manos a tocar el inmenso cristal. Este por lo menos era un ritual que conocía plenamente y llevaba a cabo todos los días al amanecer, su gran multitud de reflejos en el cristal cambiando de forma lentamente, tomando la de diversos animales, hadas y silfos en el bosque mientras la mente de la hechicera se extendía a cada una de las criaturas, su manera de vigilar su reino cada mañana de cualquier amenaza serviría en esta ocasión para un propósito más personal. Poco a poco las imágenes en el cristal fueron mezclándose y uniéndose en la forma de una hermosa criatura, un halcón de los cielos en pleno vuelo, el majestuoso plumaje de sus alas extendido a los vientos en veloz vuelo.

El destino había elegido sabiamente a la portadora de esta gema pues esta misma noche ya había logrado hallar a su objetivo en los cielos, en pleno vuelo aun lejos, la pequeña figura de un Silfo alado y danzando en los vientos, la distancia abarcada por la impresionante vista de la criatura le mostraba a la hechicera su objetivo de esta noche, Zephyrae ed Selenyad. Su amado Zephyrae finalmente al alcance de su conjuro.


Última edición por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:42 pm, editado 1 vez
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Dom Jul 24, 2011 7:27 pm

[Post como Zephyrae]

Fragmento del Diario de Zephyrae ed Selenyad.

“Es difícil saber de cuanto nos une a otros en este mundo. Los cuatro grandes elementos por ejemplo que sirven como filosofía para nuestra gente parecieran ser entidades separadas, mas se encuentran constantemente relacionados entre si, los grandes vientos provenientes de los océanos, son hijos del fuego y el agua en el Sol y los mares. Las olas hijas de los vientos y la tierra misma nos rodea y da forma a todo sujetándonos en su abrazo.

De igual manera pareciera cuanto ser vive esta relacionado con quienes llegan a tener contacto en su vida, muchas de estas relaciones más complicadas que la danza de los elementos. Muchas, más poderosas.

Me encuentro conectado a muchos, esa unión y manera de danzar de nuestros Destinos y Fortunas constituyen mi mayor tesoro. El amor de mis padres y hermanos, de los amigos y compañeros que he hallado en mis caminos, de los amores que alumbran y llenan de mayor belleza mi vida. Todos estos tesoros, tan libres como mi propio corazón, incapaces de ser resguardados en bóvedas. Tesoros andantes que en ocasiones cruzan su camino con el mío y en otros momentos aun más extraños el Destino une nuestro andar.”

El viento de las alturas me regresaba a la vida, llenando mi espíritu de fuerzas e incluso haciéndome olvidar el dolor de mis heridas. Los golpes sufridos en batalla no hace mucho aun recorrían mi cuerpo y sabía que pasaría tiempo para que este se encontrara plenamente recuperado. Aun así mis alas como la de todos en la corte de Selenyad son más una parte de mi propio espíritu que de mi cuerpo y ante el placer del vuelo y la sensación de libertad se hallaban plenas en sus fuerzas y yo feliz en mi vuelo.

El volar de esta manera, carente de dirección más que por aquella que los vientos decidieran darme es una sensación totalmente liberadora. Entregando mi vida al destino y las fuerzas del mundo mientras mis alas me llevan más allá de cualquier problema o preocupación, las heridas en mi corazón a causa de cuántas muertes viera en el campo de batalla quedando tras de mí y pudiendo reír nuevamente en el viento.

Muchos entre los humanos acusan a los feéricos de caprichosos y cambiantes, pues no es normal para ellos dejar atrás sus penas en tan poco tiempo. Ni de tal manera, ante ello solo puedo sentir pena pues el no conocer la dicha de perderse en la inmensidad que es el mundo y recordar como todo lo que nos conforma, incluyendo nuestras penas y dolores, no es más que una minúscula parte ante la belleza y magnitud del mundo.

Los giros de los vientos llevándome a girar en el momento oportuno. Para ver tras de mí en vuelo un pequeño punto de oscuridad en la claridad del azul y blanco que se creaba entre las nubes y los cielos. Alguna alada criatura en vuelo en mi dirección. Pocos seres vuelan a estas alturas. Aun entre mi gente es necesario el amor y los dones de los vientos para lidiar con las corrientes.

Para mi sorpresa la criatura no solamente se mantenía al vuelo a estas alturas sino que claramente se acercaba a mí. Sus poderosas alas mucho mayores a la mía y a esta distancia pudiendo ver claramente que se trataba de un ave, sus alas llena de gracias dirigiendo los vientos bajo ella para ganar velocidad y acercarse poco a pocoa mí, a esta distancia permitiéndome contemplar claramente que se trataba de un halcón. Reyes de los cielos por excelencia y claramente una de las pocas criaturas que se elevaran hasta estas alturas.

Extraño me resultaba sin duda que tal criatura se encontrar aquí y acercándose a mí.Como sea una parte de mí estaba más qeu dispuesta a tomar el desafío levantado en su presencia. Mi magia permitiéndome guiar los vientos debajo de mis propias alas con mucha mayor habilidad de lo que estas podrían hacerlo por si mismas, acelerando mi vuelo y procurando mantenerme cerca de tal criatura sin dejarle atraparme. Ya en otras ocasiones de jovén le había dado práctica a esto, la hermosa ave se encontraba cada vez más cerca, aun indistinguible fuera de la belleza de su silueta y la gracia de su vuelo. Veríamos en momentos si este ser podría equipararse a mi maestra, aquella que hace años junto a mí se dedicara a surcar los cielos y mostrarme la gracia de volar como un hermano del viento.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Dom Jul 24, 2011 10:32 pm

[Post como narrador]

A la vista de la hechicera, la vista del halcón, el Silfo empezó a cambiar su manera de volar, su velocidad equiparándose a la del ave y sus movimientos obteniendo gracia y poder, pasando de dejarse llevar por los vientos a tomar control de estos, al parecer Zephyrae en nada había cambiado en estos años, por lo menos en nada que afectara sus deseos de jugar.

La hermosa dama sonrió, y si el rostro del halcón no estaba formado de manera tal que pudiera mostrar la sonrisa, esto no afecto en lo más mínimo el brillo de su mirada ante el prospecto de la cacería. Cuatro fuertes movimientos dieron sus poderosas alas y con estos pronto su velocidad había aumentado . La corriente de aire que compartía con el Silfo era poderosa y el ave extendió sus alas para llenarlas aun más del poder que los cielos conferían a sus movimientos. El silfo podría contar con su magia para darle poder a sus alas mas las alas del depredador de los cielos eran ya en si poderosas, todo su cuerpo y alma una máquina de cacería aérea.

Finalmente a momentos de su alcance el halcón dejo escapar su natural grito de guerra, un sonido a la vez agudo y fuerte que en más de una ocasión había paralizado a su presa y dado mayor gracia a su momento de cacería final. El instante que le daba sentido a toda la persecución.

Momentos antes de lograr hacerse del pequeño Silfo su magia le dio a sus alas una dirección muy diferente a la que las corrientes debían haberle permitido, aparentemente a la espera de la captura listo se hallaba el pequeño surcador de los cielos para evadirle.

La hechicera sonrió ante el cristal, su alegría compartida por el grácil depredador con quien compartía la caza. Aparentemente el pequeño hechicero había aprendido en este tiempo algunos nuevos trucos.

Zephyrae se hallaba ahora por encima del halcón, su maniobra apenas habiéndole permitido evadirle mas en estas circunstancias con el cazador tan expuesto al haber pasado sobre el bastaría con un conjuro de los vientos para apresarlo y permitir que las mismas corrientes acabaran con su perseguidor, quizás tal hubiera sido su proceder de no haber reconocido en el sonoro ataque de la criatura y en el diseño formado por los hermosos colores de su plumaje a una amiga.

La sorpresa fue mucha para el joven Silfo que perdió su oportunidad indeciso de si atacar o no a quien antaño fuera su compañera. Akinei, pues ese era el nombre de la bella halcón no desaprovecho por su parte la oportunidad, con un drástico cambio de ángulo en sus alas cambio su dirección tras el embate, su cuerpo entero alzándose entre las corrientes, la resistencia que sus alas creaban en el viento haciéndose elevarse y a la vez retroceder, rápidamente pasando junto a Zephyrae de nuevo, esta vez en ascenso y retroceso. Todo había ocurrido en tan solo instantes mientras el Silfo aun movido por la corriente de aire se encontraba nuevamente por debajo y por delante de la poderosa ave.

Todo pasaba muy rápido para Zephyrae, Akinei no solo le había atacado sino que nuevamente se encontraba fuera del alcance de su visión, si se decidía a girar simplemente perdería la velocidad que le mantenía a salvo del halcón y sabía que no podía simplemente vencerle en velocidad en estas poderosas corrientes. Sabiendo que se trataba de Akinei el corazón no le permitía defenderse con un conjuro que pudiera dañarla.

Las dudas del pequeño hehcicero le hicieron perder el poco tiempo del que disponía, esta vez silenciosamente Akinei cambió toda la forma de su vuelo, con un poderoso movimiento que la envió al frente con una impresionante velocidad sus alas quedaron tras de ella, todo su cuerpo convertido en una poderosa flecha , su pico cortando el viento frente a ella mientras su cuerpo y alas daban más sentido y poder a su movimiento. En un fluído movimiento Akinei llego hasta Zephyrae y en pleno vuelo lo atrapo en su pico. Tomándolo con ella en una impresionante caída, pronto las nubes habían sido atravesadas y la tierra bajo ellos, un inmenso bosque, se les acercaba a gran velocidad.

Finalmente el halcón abrió sus alas, El Silfo sujeto en su pico fue lanzado y atrapado en sus garras y el descenso empezó a frenarse hasta llegar a una de las altas copas, liberando a Zephyrae en una amplia rama y deteniéndose junto a este.

-Al parecer has aprendido algunos trucos nuevos pequeño pero aun te falta mucho para ganarle a mis alas Zephyrae. Saludos querido.

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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:49 pm

[Post como Zephyrae]

Era difícil creer que se tratara de Akinei quien me había atrapado en el aire y se encontrara en estos momentos frente a mí. Aunque al pensar en ello la hermosa criatura que tenía ante mí siempre había logrado atraparme sin importar cuantas veces intentara superarla de pequeño.

Hace ya muchos años, cuando empezaba a volar mi cuidado fue encargado a su madre, los halcones siendo los seres que entre todos gozan de un mayor dominio del vuelo en muchas ocasiones terminan siendo maestros entre las cortes Feéricas. Mis primeros vuelos coincidieron con los suyos, y fueron seguidos constantemente de juegos y competencias mutuas. Nunca pude derrotarle en nada que incluyera el vuelo mas mi padre y muchos feéricos más me nombraban entre los mejores voladores de mi edad ante toda la práctica que en mis fallidos intentos obtenía.

En solo unos pocos años Akinei había crecido y obtenido la belleza y el porte propio de su raza. Nuestra amistad manteniéndose fuerte y nuestros vuelos cada vez más osados y atrevidos, fue con ella que descubrí los vuelos a las grandes alturas y en su compañía que termine volviéndoles uno de mis mayores placeres en esta vida.

Recuerdo esos tiempos, la tristeza que me invadió cuando nuestras edades se distanciaron y la manera en que de pequeño no logré comprender su partida, cuando finalmente hallo el amor en Andreos, un poderoso halcón que había venido al bosque de Phusis en sus viajes y rápidamente había hallado el camino al corazón de mi amiga. Regresa a mi mente también el recordar de mi llanto ante sus cada vez más constantes partidas para encontrarse con el objeto de sus afectos.

Con los cuidados de sus padres y el constante apoyo de sus amigos Zephyrae poco a poco comprendió su abandono y aprendió a atesorar cuantos recuerdos había acumulado de Akinei, de las pocas cosas que había traído en sus viajes con él, se encontraba resguardado en su pequeño cofre de recuerdos, uno de los dibujos que de ella hiciera tras su partida. El trabajo no era muy hábil perteneciendo aun a alguien muy joven mas siempre que lo contemplaba lograba ver en este a su amiga, lo había traído con el pues albergaba aun la esperanza de encontrarla y volver a volar juntos.

No había lugar para dudas en Zephyrae de que la majestuosa ave que ante el se encontraba era Akinei, su plumaje más claro y los rasgos de la edad haciéndole recordar a la madre de esta. Tras quince años sin verla poco tiempo habría de quedarle de vida natural, aun así aquí se encontraba frente a el y la felicidad de volver a verla era inmensa en el pequeño Silfo que se acerco a abrazar a su amiga como había deseado poder hacer hace tantos años.

Akinei poseía más del doble de la altura del Silfo que aun extendiendo alo alto sus brazos solo llegaba a abrazarle del torso, y disfruto plenamente del abrazo de su viejo amigo y el tiempo parece deslizarse y abandonarles mientras ambos compañeros de vuelos se reencuentran.

Concluido el primer abrazo Zephyrae se alza en vuelo alrededor del halcón, su amiga observándolo mientras ambos comparten el júbilo de su reencuentro, la pose de Akinei como siempre llena de gracia y ese hábito que a Zephyrae siempre le pareció curioso de su raza de mantenerse erguidos en un solo pie, el otro desapareciendo en su plumaje y in perder en ello en absoluto el equilibrio, sin duda se trata de su amiga y su saludo al soltarlo en la rama le recuerda a sus palabras siempre que jugaban, lo cual trae aun más dudas a la mente del joven hechicero, pues lejos de la magia del bosque de Phusis temía que las palabras entre ellos no pudieran ser entendidas, sabía que esto no impediría se hallaran y disfrutaran su reencuentro mas sus palabras significaban claramente que había algo más que ocurría además de una coincidencia en el haberse vuelto a hallar.

-Akinei la inmensidad de mi felicidad en nuestro encuentro escapa de cuanto pudiera expresarte mi hermosa amiga. Dime bella ave de cuanto ha jugado el Destino y cuanto nos ha regalado la fortuna para permitirnos reencontrarnos.- Empezó finalmente a decir Zephyrae aún preso de la emoción en el encuentro que ya por década y media había deseado.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:50 pm

[Post como narrador]

Cual siempre la rebuscada manera de expresarse de los miembros de la familia de Zephyrae causo gracia en la bella halcón. El don de la palabra no era propio de los suyos y sabía solo era la magia de estos lo que se lo concedía.

Había crecido entre ellos y podía notar los pequeños detalles que a mucho le pasaban desapercibidos, no preguntaba las cosas sino que solicitaba respuestas. Era rápido en el halago y aun sin exigir respuesta a este bien sabía Akinei que estaría presto a recibirlo a cambio.

-Mi vida ha recorrido ya un gran camino Zephy, he venido a buscarte para morir y para hacer entrega de un regalo.- Akinei dejo que la noticia llegara a Zephyrae, esta era la parte que temía de su encuentro, tras tanto tiempo separados llegar y decirle adiós por segunda ocasión no le era fácil. Pocas cosas le habían resultado fáciles en los últimos tiempos.

La tristeza en el rostro del Silfo con la noticia pareció cambiar casi de inmediato a una expresión de resolución seguida de su sonrisa, esto para sorpresa de Akinei que a pesar de verle físicamente idéntico a como le abandonara hace ya 15 años podía notar en ello un cambio en su carácter y una agradable madurez que le sorprendía.

-En tal caso no retengas tus palabras Akinei, si el tiempo es corto quiero saber cuanto pueda de tu vida, del milagro que has sido para el mundo y tener más de ti para atesorar conmigo. – Le respondió al halcón el Silfo, a su amiga dispuesto como estaba a aprovechar cuanto pudiera el regalo del tiempo que tuvieran juntos.

Y así lo hizo Akinei, con calma y cariño contándole de su amor por Andreos, de los maravillosos sitios que juntos habían visitado en el mundo, de cómo había tenido con el tres hermosos halcones y como en familia habían viajado y recorrido el mundo. Su tono cambiando a uno de tristeza al narrar de su familia pues poco después le hablo a su amigo de la pérdida de estos. De cómo hace un año un terrible incendio les había encerrado y solo ella había sobrevivido, perdiendo a su amado ya sus hijos a la vez y con ellos perdiendo todo lo que en esos días era su vida.

Ante el gran cristal, desde el bosque de Phusis, Alora pues tal era el nombre de la hechicera, sintió tristeza al recordar la historia de Akinei. Recordando su propia participación en tal relato mientras el halcón describía como Herida y sola había regresado al lugar que en su juventud llamara hogar.

Akinei había llegado presa de una enorme pena tras su pérdida y en busca de Zephyrae a las cortes de Selenyad, esto había ocurrido años tras su partida y fue recibida en su lugar por Alora, la reina del lugar y madre del mismo.

Meses estuvo en el lugar, sus fuerzas perdiéndose y su vida abandonándola. Compartía con Alora la preocupación por el Silfo y fue esta y su magia espiritual la que logró ver que su corazón apagaba lentamente su deseo de vida.

Fue a causa de todo esto que Alora decidió acercarse a ella con su propuesta. Una propuesta que le brindaría un poco más de tiempo de vida, una propuesta que le permitiría despedirse de su viejo amigo. Una propuesta que le daría oportunidad a su vez de hacerle un gran servicio a Alora como madre de Zephyrae.

Una vez los conjuros hubieran tenido lugar Akinei partió en busca de su amigo, Zephyrae enterándose hasta que esto se le hubo contado que su madre observaba y escuchaba esta plática. Y que había preparado un ritual para permitirle en parte quedarse a su lado.

El ritual habría de mezclar tres espíritus para dar nacimiento a un nuevo ser. Lo restante del corazón de Akinei, el amor maternal de Alora e incluso una prte del espíritu del Silfo, para mantenerse a este unido.

-Tales eventos me han traído a tu lado querido Zephyrae, a despedirme y pedirte si en algo aprecias mi amistad y cuanto la atesoras, accedas a esta, mi única manera de permanecer a tu lado ahora.

Su historia relatada, era momento de esperar la respuesta de Zephyrae y tras esto se daría el Ritual. Largas horas habían pasado en las que Akinei también había oído de las aventuras y vida de su amigo. Era momento ya de obtener su respuesta.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:55 pm

[Post como Zephyrae]

Tras la alegría del encuentro, la tristeza de la despedida y sabiendo que el tiempo que tendríamos sería corto no eran sino mis deseos de saber cuánto me fuera posible de la vida que Akinei había tenido lejos de mí lo que me permitió mantener la tristeza a raya.

Mis padres se habían esforzado mucho en explicarme que cuanto vivía tenía un final, el regalo de nuestras largas vidas volviéndonos testigos de gran cantidad de estos. Y mi corazón habría de volverse un sitio donde guardaría toda belleza que quienes hubieran cruzado su camino conmigo llegaran a brindarme. Este día la tarea de dejar partir a mi amiga hacía aun más importante que nuestra despedida fuera un momento de hermosura.

Había escuchado del ritual que Akinei me describía, era cosa de leyenda entre mi gente, pues conllevaba el nacimiento de una nueva vida a través de una que terminaba. Una vida que estaría conformada en gran parte por aquellos que entregaran un poco de si para crearla. Sabía además que i madre nos observaba y podía sentir en el relato de Akinei como su preocupación la había llevado a esto. Sus anhelos de saberme bien, de estar conmigo aun tras mi partida de la casa.

Aproveche la ocasión para mandar saludos a mi madre, en mi lejano hogar. Deseaba saber de ellos, de mis hermanos y amigos, De mi madre que aun ala distancia no dejaba en momento alguno de desear mi bienestar, de mi padre que era mi ejemplo, mi inspiración y mi propio héroe. Buscaba en mis palabras hacerle saber que me encontraba bien, que el mundo era tan maravilloso como había soñado, dejar ver que podía sentir en todo mi corazón que mis viajes era el lugar correcto para mí.

-Alora, señora de mi casa. Alora, madre mía. Mamá. Te extraño con todo mi ser, extraño a mi padre, extraño a mis hermanos y a mis compañeros y compañeras en nuestras tierras. Mas en estos años he logrado hallarme a mi mismo en el mundo que recorro. Los humanos y otras razas con tanto que ofrecer, tanta diversidad en su belleza. – Sabía que mi mensaje debía ser corto, a tal distancia su magia no le permitiría acompañarnos mucho tiempo más, las horas que ya lo habían hecho debían resultarle agotadoras. – Pronto cuando sea el tiempo correcto volveré a mi hogar, mi corazón nunca los ha abandonado y nunca lo hará.

Le regalé la mejor de mis sonrisas a mi madre, recordando como de pequeño estas lograban abrirme el paso a cuanto mi corazón llegara a desear, lo que he de admitir en muchas ocasiones se trataba directamente de mi anhelo de una sonrisa suya. En otras el deseo de ser perdonado de alguna travesura. Que hubiera cometido.

Pensar en ellos traía nueva vida a mi corazón, recordar a mis hermanas y mi hermano, cada uno de nosotros una representación de un poder elemental. Nacidos todos del poder de nuestro padre y su amor a nuestra madre.

Mis deseos de verles pronto creciendo en las palabras que les dirigía. Terminando con un gran abrazo a Akinei y preguntándole que le había dicho mi madre del ritual. No soportaba la idea de que este le resultara doloroso o peor aun arriesgara en algo su radiante espíritu.

-Me ha dicho tu madre que el ritual será tan suave como el quedarme dormida en pleno vuelo Zephyrae y que la paz que mi corazón anhela y los míos me esperan tras este.- Me respondió Akinei para darle alivio a mis dudas. – Puedo sentir como el tiempo ha llegado para realizar el ritual y nuestro último adiós mi pequeño amigo. Siempre hubo en mi corazón el deseo de que siguieras a mi lado Zephyrae. Creo que este es le momento de que ese deseo tenga alas propias.

-Akinei, será mi honor, mi gusto y mi privilegio el ser guardián y compañero de cuanto sentimiento tu corazón tenga para mí. Te quiero Akinei y en mi vuelo y en los cielos siempre te recordaré.

Mis palabras una despedida y mi deseo de tenerla a mi lado cuanto necesitaba el ritual para dar inicio. Era hora de la partida de mi amiga, habría lugar para la tristeza una vez se hubiera ido. Este era momento de algo hermoso y de una nueva felicidad tomando forma en el mundo.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:56 pm

[Post como Narrador]

Alora dejaba correr las lágrimas que corrían por su rostro, al ver con vida a su hijo. Tan pequeño y a la vez habiendo crecido tanto. Su rostro mostraba golpe de combates mientras su cuerpo parecía herido mas no gravemente. Los deseos de abrazarlo y resguardarlo entre sus alas.

Podía reconocer cuanto había aprendido a amar en Erenberd, su amado esposo ahora presente en su pequeño Zephyrae. Sus ojos habían adquirido un nuevo brillo lleno de vida y a la vez un atractivo propio de un joven hombre y no ya de un niño. En cuantas palabras dirigía a su amiga se empezaba a ver la madurez que sus viajes le brindaban.

Muchas veces a lo largo de los años Alora había considerado el mandar emisarios con órdenes de que su hijo volviera a casa. Habían sido momentos difíciles llenos de nostalgia cuando cercana estuvo a cumplir con sus deseos. Contando con el apoyo de su esposo siempre a su lado. Nunca antes pudo comprender plenamente sus palabras de que estos viajes eran parte de lo que su hijo necesitaba para vivir. Nunca antes había logrado ver la verdad tras tales palabras hasta este día en el que a través de los ojos de halcón de Akinei podía contemplar a su hijo, ya no un pequeño a su resguardo sino lentamente desenvolviéndose a su verdadera forma, a su verdadera belleza.

Las lágrimas de Alora fluyendo por su rostro, el cristal aun en sus labios invocándolas hacia él, hacia la vida que estaría a la espera de nacer y mientras esto ocurría la reina hehcicera permitía que sus sentimientos maternales, sus anhelos de cuidar y resguardar a su pequeño Zephyrae fluyeran al cristal. Este era el momento que el Destino había elegido para darle nacimiento a una nueva vida desde su espíritu.

Alora lloraba sabiendo que nunca volvería a ser a su pequeño, por primera vez lo veía como el hombre en el que se estaba convirtiendo y aun cuando su corazón se llenaba de felicidad ante ello sabía que eso significaba que jamás volvería a ser aquel que requería de sus cuidados. Era el momento de darle salida a todo ese anhelo de protección y resguardo. Su hijo había partido y en su lugar el mundo empezaba a obtener a este hombre, este Silfo que encontraba en los caminos la manera de hallarse a si mismo.

La gema entre sus labios empezó a resplandecer, su tenue latido tomando más fuerza mientras Alora utilizaba su magia para crear un puente entre Akinei, Zephyrae y ella misma. Sus sentimientos fluyendo con fuerza en la gema y tras esto a través del inmenso cristal que utilizaba como foco para llegar hasta el halcón, extendiéndose hasta Zephyrae.

Por unos momentos Alora pudo sentirlo en sus brazos, pequeño como cuando había nacido. Necesitándola y su propio corazón de hada, de reina, de madre anhelando con todo su ser el protegerlo y resguardarlo. En esos momentos el cuidarle había sido su único deseo. Reconocía ese anhelo de resguardarlo de todo mal y guiarlo a una vida plena latiendo en la gema, tomando una nueva forma y liberando a su corazón en el proceso. Los últimos años, desde su partida, cada qeu sentía el viento llegar del Oeste ese sentimiento le hacía querer desplegar sus alas y volar al encuentro de su hijo. De protegerlo de todo mal. Tal era un hermoso sentimiento mas encerrado como estaba en su corazón le brindaba tristeza y pena al tener que someterlo y encerrarlo.

Ese sentimiento y anhelo de cuidados volaba ahora libremente desde ella. Encerrado tras tanto tiempo gozaba de la libertad que el ritual le concedía y finalmente cumplía su anhelo de viajar hacia el dueño de tal deseo, de estar cerca de el para resguardarle y protegerlo.

Con la llegada de este nuevo espíritu a Akinei y Zephyrae el ritual tomaba inicio, la gema en labios de Alora empezándo a desvanecerse, convirtiéndose solamente en espíritu y magia. Poco a poco en un alma buscando nacer. Liberando a la madre de su dolor en la ausencia de su hijo y dejando tras de si la satisfacción y certeza de haber visto a Zephyrae creciendo y viviendo plenamente como la gran madre desearía. Un lugar en el corazón de Alora siempre seguro para Zephyrae, siempre le estaría aguardando y le amaría mas ahora sabía que le había brindado en esto cuanta protección y cuidado aun podía darle.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:57 pm

[Post como Zephyrae]

El ritual de trascendencia había iniciado. su madre le había explicado sbre este ya hace algunas décadas. Más como un relato que como magia secreta que ella conociera. Magia antigua ya solo hablada en leyendas que habla de un tiempo en el que los primeros entre los feéricos no existían aun. Su forma aun no soñada y sus cuerpos innexistentes a la espera de la mágica esencia qeu les daría origen.

Cuentan esas historias que cuando el espíritu de los primeros seres se vió alterado, algunos dicen por una gran alegría, otros que conmovido por una gran tristeza. Fueron sus lágrimas la fuente de nuestra vida. Siendo su esencia la nuestra y nuestro espíritu el suyo. Nacidos de las más fuertes emociones que estos seres eran capaces de sentir y el mundo otorgándonos formas tan variadas como los sueños de aquellos seres.

Dicen algunos que ellos eran los primeros dioses, seres de elemental poder que empezaban a llenar de vida el mundo entero. Cada uno de estos cuatro seres, primogénitos de la gran madre que a toda la creación da vida, diferentes en espíritu y emociones, es de ellos de quienes los Feéricos obtenemos nuestras distinciones, algunos hijos del a veces cálido y a veces explosivo fuego, otros de la siempre cambiante ague, los innamovibles y constatnes hijos de la roca y los inquietos hijos del viento. Cada uno de nosotros diferentes en cuanto al orgien de nuestra propia alma y cada uno hijos de uno de estos seres primordiales.

Ignoro cuanta verdad pueda haber detras de estas leyendas. ignoro si son algo màs que un intento de los viejos sabios por ilustrar nuestro mágico origen. Estas historias han sido transmitidas por tantas generaciones que su origen mismo se ha perdido en el tiempo. El ritual al que hacen mención una manera de recrear este origen, diciéndose que antiguos reyes y reinas entre mi gente eran capaz de llevarlo a cabo en honor de uno de sus campeones o incluso de alguien en necesidad de partir y aun así dejar parte suya tras de si.

El ritual de trascendencia usaba este primer poder de la vida y primer poder de la creación. Tomando del espíritu de uno o más seres cuanto fuera necesario para que una nueva vida surgiera, una nueva alma hija de almas ya existentes y a su vez liberando el espíritu de uno de los creadores cual la muerte lo hace. La vida ha dado y creado este mismo milagro una y mil veces en cada rincón del mundo mas este ritual creaba seres qeu no empezaban su existencia cual lo hacen las almas, en un punto blanco y listas para que el mundo les creara. El ritual de trascendencia dando origen a un nuevo ser que era parte de quienes le habían creado en mente y espíritu.

Todo esto me habían contado las leyendas, todo esto había oído en los relatos de mi gente imaginandod e pequeño lo sublime que habría de ser formar parte de la creación de un nuevo ser. Ahora que el ritual empezaba a envolverme me daba cuenta qeu pude dedicar años a imaginar cuanto ocurriría y jamás hubiera estado preparado para ello. Mi ser entero se vio envuelto en una impresioante energía. Nuestra magia surgiendo de nuestros espíritus, en este momento el mío, el de mi madre y el de Akinei liberados. Danzando entre ellos y abarcando todo a mi alrededor, mi ser repentinamente sintiéndose enorme y en total unión al de ellas.

Pude en esos instantes sentir claramente el amor de mi madre, la intensidad de sus sentimientos por mí dejándome asombrado, jamás había presenciado de esta manera sentimientos de tal maginitud, llevándome a las lágrimas de agradecimiento, de alegría y de felicidad. Una plenitud intensa ante el poder qeu en estos sentimientos la vida misma había colocado en el alma de mi madre. No tenía idea como había sido capaz de dejarme partir o que fuerza me hiciera capaz de alejarme de tal amor. La tristeza por mi partida se encontraba entre todos sus sentimientos mas no les agredía mas bien como alas que le impulsaban a buscarme y volverme a hallar. No tengo idea como fue capaz de contener tal sentimiento que pareciera aquí en nuestras almas un inmenso dragón de gran poder en aras de buscarme.

Akinei me sorprendió a su vez, su alma llena de cariño hacia mí se sentía preparada para partir, el peso de su tristeza al haber perdido a su propia familia comparándose incluso al amor de mi propia madre. Su espíritu fuerte y poderoso había sobrevivido esta herida como nunca imagine algo pudiera hacerlo mas se hallaba herido. mi alma buscando reconfortarla, la de mi madre haciéndolo a su vez mas la herida no era algo que pudiéramos sanar. Su vida partiendo ante nosotros, dejando la herida atras como la serpiente abandojna la piel o la oruga el capullo. Y partiendo ala vez que podìa sentir claramente su despedida llena de cariño y alegría.

Antes de su partida el ritual llegaba a su punto principal, repentinamente pude sentir a alguien más entre nosotros, un cuarto ser que no había estado aquí antes y empezaba a crecer entre nosotros, uniéndose a los tres y empezando a vivir en cuanto unìa al Silfo con su madre y su amiga. Su presencia no era una invasora. sino por el contrario la razón que había reunido a los tres en el ritual.
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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 2:59 pm

[Post como narrador]

Finalmente el ritual hab{ia comenzado y Akinei se concentraba en enviar su agradecimiento a la Reina Alora. Este ritual era un honor del que Akinei no se consideraba merecedora. Su vida había sido hermosa mas carecía de las grandes obras de héroes que se habìan hecho con el paso de las eras acreedores a este tipo de conjuro. Bien conocía Akinei de las intenciones de la reina, dejar a alguien que pudiera cuidar a su hijo y como no estar de acuerdo con tales motivos. Ella misma había sido madre y bien sabía que hubiera perdido ambas alas con tal de proteger a una sola de sus bellas crías. De muchas maneras en esta última y triste época de su vida sentía como había perdido mucho más que eso en aquel incendio.

Pocos en el bosque de Phusis habían logrado entenderle tras su regreso. Sus hermanos halcones rara vez vivían tal pérdida, los poderosos depredadores capaces de sobrevivir a casi todo desde que inician el vuelo.

Las hadas y los silfos habían sido en lo general aun más incomprensivos, pocos son los feéricos qeu mueren tan jóvenes y casi ninguno abandona el hogar o deja a sus padres. El amor reina entre todos ellos como comunidad y la idea de la soledad, una soledad como la que sentía en su corazón Akinei les era ajena a todos. Solo Alora logró comprenderla. Sólo ella portaba en su corazón una pena similar a la propia, el seguir viviendo sin saber qeu había ocurrido con tu propia sangre, a falta de un pedazo de tu propio corazón. Cuando la propuesta de llevar a cabo este ritual llego a los oídos de Akinei pudo comprender perfectamente las fuerzas que movían en sus actos a la reina.

Zephyrae no había sido sencillo de encontrar, por meses en vuelo Akinei había buscado su particular silueta en los cielos de todo Noreth. En estos momentos alegrándose de haberse mantenido firme en su tarea de encontrarlo. Su cuerpo y alma no habrían podido soportar mucho más. y aun así la búsqueda había sido su propia recompensa pues habría sido mejor morir a la caza de este final que simplemente haberse marchado a las montañas a permitir que el hambre acabase con su vida.

La búsqueda había valido la pena, pues no solo había logrado encontrar a su amigo, el primero de todos, sino que en su esfuerzo se encontraba la manera de agradecerle a Alora y lso suyos cuanto habían procurado hacer por ella y en su último acto rectificar el mal que le había hecho a Zephyrae al abandonarle tantos años atrás. No había arrepentimiento alguno de lo que había hecho, su vida con Andreos había sido plena en todo momento y llena de felicidad. Su partida junto a su amado estaba ordenada por la gran madre y el orden natural así como ahora lo estaba su muerte, solo quedaba estar agradecida por haber tenido la oportunidad de hacer esta última obra. un legado de su propia vida, de la vida que con Andreos había vivido y gozado.

Una inmensa paz invadió finalmente a Akinei. Paz que no había logrado sentir en tal plenitud desde el terrible día de su pérdida. Podía sentir aun su dolor mas era una sensación distante y ajena a ella. Similar a la tristeza causada por un relato de alguien desconocido.

A la distancia lograba oír el llamado de su familia, sus perdidos hijos y su amada mitad. Los ecos de sus padres y los padres de estos también resonaban llamándole a la distancia, todo su ser luchando ante el llamado para lograr ir a ellos, para finalmente estar al lado de su familia. Mas no era todo su ser quien buscaba tal partida. Pues una parte de este, una bella parte que había crecido queriendo estar al lado del joven silfo, una parte que había sufrido al tener que partir y dejarlo atrás. Esa parte no deseaba partir y esta vez el ritual le daría la opción de quedarse junto a Zephyrae.

El alma de Akinei, su hermoso espíritu finalmente abandono su cuerpo. Dejando tras de si cuanto habría de quedarse, no requeriría sus instintos ni cuanto había aprendido del vuelo a donde iba. Solamente lo que era más puramente ella misma continuaría el camino. Tras de ella podía sentir como la magia cambiaba lo que no hace mucho había sido su cuerpo. Ya no más. A donde iba incluso el más ligero de los cuerpos sería un peso innecesario. La paz que el llamaba a volar más lejos que nunca antes le aguardaba solamente a lo más puro de su ser. Sus heridas quedándose atrás y desvaneciéndose y su grito de júbilo, una declaración de su felicidad a sus amigos. Finalmente para Akinei había llegado el tiempo de reunirse con los suyos. Una última mirada a sus alrededores contemplando el milagro del ritual. El nuevo ser que se había creado nacido de ella, de alora yd e Zephyrae empezaba a existir.

Cuanto se sentía como una de sus propias hijas. Tanto que sabía que un día sería ella quien le llamara a la paz, a reunirse finalmente más allá del cielo más lejano. Por ahora su hija sería su legado. Un legado que confiaba al joven Silfo que nuevamente dejaba atrás. No había espacio para la tristeza en esta despedida pues claramente sabía que un día su amigo y su nueva hija serían llamados a la paz, nuevamente juntos y sería una hermosa espera la de su llegada.

Akinei emprendió el vuelo. un nuevo tipo de vuelo carente de alas o viento. De resistencia alguna y solo la sensación de esa paz y la certeza de haber encontrado nuevamente su camino. No podía saber que le esperaba al final del trayecto mas eso nunca había sido importante para ella en sus vuelos. Era el camino y la paz del viaje lo único que ahora importaban.

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Re: Alei, hija del viento

Mensaje por Zephyrae el Mar Jul 26, 2011 10:52 pm

[Post como Zephyrae]

Inmersos como se hallaban en el ritual ni Akinei ni Zephyrae pudieron percatarse del viento que se manifestaba a su alrededor. Fuertes corrientes que se arremolinaron en sus cuerpos elevándoles por los aires.

La figura de depredador de Akinei, su cuerpo de halcón comenzando a llenarse de un impresionante brillo. Mientras el pequeño cuerpo de Zephyrae flotaba lado. Ambos elevándose por los cielos en designio del viento mismo.

Cuando sus cuerpos habían rebasado las nueves las corrientes del cielo los buscaron, llenando con su poder el cuerpo de Zephyrae y una vez habiendo atravesado este buscando el contacto con el cuerpo de halcón junto a este. El cuerpo que hubiera sido de Akinei empezando a cambiar. Llenándose de magia y de mucho más.

Los sentimientos de Alora y cuanto estos requerían saber de la hechicera fluían a la nueva criatura. Haciéndole saber cuánto necesitaba saber de su hijo. Compartiéndole todos los bellos momentos que en su infancia juntos habían tenido. Incluso cosas que había mantenido en secreto para su pequeño llegaban a la mente de este nuevo ser creado a través de la magia.

El cuerpo de Akinei, abandonado ya por su espíritu era inundado por la magia, el halcón dejando tras de si sus instintos de cazadora. Sus experiencias y viajes a lo largo de Noreth y sus deseos de permanecer al lado del Silfo. La maestría en vuelo de su raza, desarrollada a lo largo de su vida formando parte de este nuevo cuerpo. Sus alas y cada parte de este renovándose y volviendo a nacer, entremezclado con la magia. El poder de los vientos creándole un cuerpo no solo joven sino lleno de su energía y magia. El cuerpo propio de un ser creado para dominar los cielos mismos.

De Zephyrae el nuevo ser empezó también a drenar de su magia, de sus recuerdos y su propia fuerza de vida. Los anhelos del corazón de Zephyrae mezclándose con los sentimientos y recuerdos de su madre, con cuanto Akinei dejaba como un regalo para él y con el poder que los mismos vientos les regalaban para el ritual que se llevaba a cabo.

El cuerpo que ya no pertenecía a Akinei empezó a vivir. El resplandor de la magia a su alrededor empezando a ceder mientras el ritual concluía. En el mundo existía ahora un nuevo halcón que aunque similar en mucho a Akinei era totalmente diferente. Inundado de la juventud y magia del Silfo nació y extendió sus alas elevándose aun más en el cielo.

El ritual había sido agotador para Zephyrae su cuerpo y mente cayendo en un sopor mucho mayor al que pudiera soportar. A las alturas comenzó a caer , miles de metros separándolo del suelo y a cada instante esa distancia acortándose.

El halcón grito jubiloso tras su nacimiento, el extender por primera vez sus alas, al probar por primera vez el roce de los vientos. Se habría perdido en esta sensación si en su nuevo corazón cada latido no le insistiera en el cuidado de Zephyrae, su dueño y razón de vida. No requería de sus poderosos ojos para hallarle pues podía sentir la fuerza de su vida latiendo a un tiempo con la propia. Sentía como se alejaba hacia el suelo y se dejo caer en su búsqueda. Sus alas compactándose contra su cuerpo y siendo usadas solo para guiar su trayectoria, todo su cuerpo convertido en una flecha en búsqueda de interceptar la causa de su vuelo.

En el aire y a enorme velocidad se apreciaba la belleza de sus movimientos, la grácil criatura no solo alcanzando a Zephyrae en velo sino que acoplándose a su velocidad, tomándole cuidadosamente en sus garras y poco a poco inclinando su caída hasta extender las alas y volverla un planear sobre el bosque. Buscando en este un sitio donde el joven hechicero pudiera descansar. Recuperarse bajos sus cuidados y nuevamente emprender el vuelo a su lado.

************************************************

Zephyrae perdió el conocimiento tras el finalizado del ritual. Solo para sentirlo regresar a él cuando el halcón le había atrapado en pleno caída. La calidez de su roce parecía regresarle las fuerzas y se dejo perderse en esta sensación, finalmente cuando habían descendido a buscar asilo en los árboles cercanos pudo levantarse y observar claramente a su nueva compañera. La majestuosa criatura se veía fuerte y radiante en energía. Sus azules ojos destacando su mágica naturaleza. Zephyrae podía sentir una impresionante unión con esta criatura. Aun con los ojos cerrados su presencia en el era tan grande que claramente podía sentirle.

La hermosa ave extendió entonces una de sus alas en dirección a Zephyrae, al contacto de esta el Silfo podía sentir una cálida magia fluyendo en su interior. Sus fuerzas aumentando y restaurándose e incluso mucho más que eso sus heridas, obtenidas en las batallas de Drakenfang empezaban a desvanecerse, su cuerpo renovándose con la magia de su compañera.

-Ya que nos hemos desecho de esos horribles moretones va siendo hora de que me nombres querido. No tienes idea de lo que es no saber cómo referirme a mí misma.

Esas palabras y la manera de decirlas. Incluso el porte de la criatura lograban recordarle claramente a su madre. De una forma más impetuosa o informal mas sin duda alguna la voz le pertenecía a ella. Zephyrae no podía estar del todo seguro en lo que se había involucrado o a lo que había accedido mas sin duda el halcón y el se encontraban ahora unidos, su nueva compañera aguardaba su palabra, saber el nombre que al mundo hablaría de este milagro. Zephyrae contemplo a la maravillosa criatura ante el antes de dejar fluír de sus labios.

-Alei.
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Re: Alei, hija del viento

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