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Pecados en soledad

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Pecados en soledad

Mensaje por Inuwel el Jue Jul 28, 2011 7:11 am

¿Por qué siempre ve peligroso soñar?, ¿por qué duele volver la vista de la neblina de tus deseos hacia el claro de tu realidad?, ¿por qué sientes arder tu garganta cuando reprimes aquel gemido que se desarrolla en lágrimas bajo tu mirada?

Es dulce tu pena, es dulce tu soledad.


Llega el momento en que el día pasajero, inconcluso en terminar mas de obvia continuación se suspende en la nada, se detiene en tus pensares... y cavilas, y deseas y sueñas, ¡y gritas que lo quieres todo!, ¡y gritas que se vaya la luz, y gritas que vuelva la oscuridad!, y se te ahoga la garganta que arde como volcán en erupción, tus propios arañazos producto de tu desenfreno no hacen daño, son nimios comparados con el peso de tu dolor, con la búsqueda de algo entre medio de la neblina, y te levantas, y caminas, y corres y buscas, pero no lo encuentras, entonces odias la luz que te muestra que no hay nada, entonces odias la oscuridad que te oculta lo que quieres ver. Entonces odias todo y vuelves a tus pensares, que te sumergen en fantasías agradables pero que se disipan y lastiman cuando se comparan con la realidad.

Oh, como quisieras tener los ojos cerrados eternamente, envolverte en abrazos del amado olvidado, de los deseos quemados, serás capaz de humillarte al rodar sobre las cenizas con tal de poder recordar las vivencias de las llamas encendidas.

Hoy es tu cumpleaños querida mía, y con una mirada desganada me demuestras que no te importa, que no es relevante. Un año más, ¿cuál sería la diferencia del anterior? ¿y del qué vendrá?. Sabes que ninguna y eso duele, y duele además saber el peso del tiempo sobre la carne mortal, alzas tus propias manos, y las miras, observas tus dedos tersos, finos y delgados como un artista pero que jamás han tenido el placer de desarrollarse como tal, te llevas las manos hacia tus mejillas, tus dedos siempre son cálidos y suaves, ideales para acariciar, bajas las yemas de los dedos hacia tus labios, los humedeces con tu propia lengua pero al tocarlos los sientes secos porque no es tu propia saliva quienes los alimenta. Te levantas y caminas, hacia el espejo tus pasos te conducen con tranquilidad aunque tu alma se estremezca como la marea furiosa de la tempestad, tus ojos, de un brillo nuevo, un brillo maduro, el brillo que indica el nacimiento de una mujer comienzan a tornarse opacos, te asustas y sacudes levemente las pestañas para disimular la pérdida con el brillo de tus lágrimas, pero no es esa luz la que buscas, tu quieres el brillo de la pasión, de los celos y el desvelo, no el de la congoja de la mujer olvidada.

Subes las manos hacia tu cabello, oscuro ébano, pero firmes y escondidos tras aquella trenza redonda y gruesa tras tu nuca, ves tu frente demasiado grande por el efecto tu cabello tirado hacia atrás, sientes ridícula la flor fresca que adorna tu cabello y la desarmas pétalo por pétalo, está viva y hermosa, tu estas muerta y desgraciada, ¿cómo iban a combinar?, entonces gritas y te acuclillas, temerosa de lo que ves, de lo que queda de ti, pero entonces tus manos acarician tus hombros, hombros que alguna vez manos más gruesas y salvajes tironearon con fuerza, observas tus caderas y aún recuerdas el tirón rudo de ese guía experto, y te sometes al recuerdo, y es así, solo soñando, como logras sonreír.

Los preparativos para tu cumpleaños te parecieron vagos, tu marido te saluda, cual cínico que disfruta de ti, pero tu siendo igual de embustera agradeces sus palabras y también su regalo, viene después aquella niña cuya voz te asusta, cuya mirada te estremece porque esos ojos, pardos y salvajes son los ojos de ese hombre, te mareas al sostenerla en brazos y te alejas de ella de inmediato dejándola al cuidado de tu criada, la bebé llora al sentirse desplazada por su madre, pero a ti no te importa, sus llantos no superan a los tuyos que repercuten en tu cabeza continuamente.

Miras a la ventana, te embelesas al ver el bosque de palmeras y sueñas que corres lejos, hasta perderte en la inmensidad de tus deseos y anhelos, luego la voz de ese sujeto te empuja a la realidad y miras de soslayo a tu marido hablar con aquel eunuco, miras al hombre despojado de sus partes con odio, porque él vive continuamente las caricias de tu marido, él oculta los secretos de sus verdaderos deseos, entonces compartes el odio con tu propio hombre y afirmas, no, él no te pertenece ni él a ti, porque no fueron sus manos los primeros que despojaron tu pudor, asientes, afirmas al recordar, al comparar, la diferencia de ambos, el primero que te encendió y desprendió de tus labios un canto, un sollozo que no querías dejar de proferir, un dolor que te sacudió entera, que te hizo estremecer de placer, que te encontró hermosa, que le gustó tu cabello, que admiró tus ojos, ¡al menos existió alguien que pudo apreciar tu juventud!, porque como toda mujer, tienes tu necesidad de sentirte especial, admirada, deseada... pero este hombre, aquel con quién te debiste casar jamás admiraría tu cabello, jamás desearía tu mirada y se perdería en tu cuerpo, la primera vez que te tocó fue bruto pero carente de la atractiva masculinidad que te enloquecía del otro, sus manos eran frías y buscaban otro cuerpo. Te humilló y te despreció, pero se aseguró de dejar su descendencia, que era lo que importaba, ¡pero que cínica y ruin fuiste!, porque todos estos años le mentiste, aquella niña, hija, no tiene nada de ese hombre desviado, y lo sabes, y te encanta saberlo, y te encanta imaginar como sería la desdicha, vergüenza y desesperación de tu macho al enterarse que el fruto de sus cuidados no le pertenencia.

Pero tampoco querías a la niña, no podías, su mirada extraña, sus sentidos alertados, te atemorizaban, te enloquecían, te desesperabas y la odiabas, porque con solo mirar sus ojos recordabas el destino carente de locuras y deseos, el destino encarcelado de lo cotidiano que estabas obligada a vivir.

Ese es el castigo de los pecadores, el destino que impera en quienes sueñan demasiado.





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Re: Pecados en soledad

Mensaje por Inuwel el Miér Ago 10, 2011 4:41 am

¿Recuerdas mujer por qué te dije que fueras prudente? Porque tan ingenua que eres, obedeces a cualquiera de mis demandas sin siquiera preguntar, que tu propia prudencia sea entonces vuestro castigo por obedecer y confiar ciegamente de aquellos que solamente te quieren causar mal.

Para cualquier extranjero en Akham haría calor, para ti es un clima temperado, normal y cotidiano, ¿cotidiano?, no, hoy no lo es tanto. Tu padre entra en escena, inclinas la cabeza ceremoniosamente acompañada de tu madre, y luego ambas saludan al gran Innalí de la casta Ningal que es tu progenitor. Felicidades, hoy has cumplido mayoría de edad, es momento que contraigas matrimonio con un hombre que no conoces, pero que su gran fortuna hace válido cualquier sacrificio, o al menos, ese es el pensamiento de tu familia, de tus antepasados, de todos, es algo tan normal que no te atreves a rechistar, y es que no conoces otra forma de vida, además siempre fuiste una muchacha consentida, taimada y demasiado tímida, te enseñaron a ser respetuosa de las tradiciones y prudente en lo que a sexualidad respecta, y tu belleza y dote son dignas de desear, has de sentirte feliz, ¿no?

Todas soñamos alguna vez en la vida, a ti nadie te ha autorizado a hacerlo, pero igual lo haces, a fin de cuentas todo pasa en tu mente, nadie se entera, no es real… no es pecado.

-Señor Dubando, ha llegado la caravana –Musitó una voz tímida y sumisa, había llegado una de las tantas esclavas narahí que pululan en el palacio que todavía es tu hogar. Te despides de tus padres, llevan tus cosas y con elegancia te subes a la caravana.

Jamás te habían permitido salir del hogar, solo asistías distintas ceremonias para conocer a varios nobles de tu sociedad, rituales propias de tu religión, rezos y purificación del alma. Pero ahora tu vista se encontraba con asombro con el gigantesco bosque de palmeras que se extendía más adelante, miraste las pequeñas casas de adobe y te costó comprender como las personas podían vivir en aquellos espacios tan reducidos, sentiste deseos de saludar a todo el mundo, pero luego caíste en la cuenta que no conocías a nadie, ni nadie a ti, la caravana marchaba bastante rápido, pero no lo suficiente para impedir que tu vista alimentara tu curiosidad, siempre quisiste saber qué había detrás de las gigantescas paredes de tu palacio. Ahora lo veías, escuchaban el grito de los feriantes, el cántico de los artistas, las risas de la gente, nunca habías sentido tanto ruido… entonces te surgió un deseo extraño, quisiste bajarte, pedir permiso para pasear, conocer y aventurarte, pero enseguida llevaste las manos a tus labios a pesar de no haber dicho nada, ¿cómo osarías a cometer semejante imprudencia?, ¡que desacato hacia tu padre!, oh me sorprende mujer, que tan bien educada fuiste todos estos años y ahora tentada querías actuar como una burda mujer de campesinado, ¿no serías capaz cierto?

La caravana abandonó el pueblo y marchó por un camino entre medio del bosque de palmeras, escuchaste a las aves cantar, te maravillaste al descubrir los lagartos mimetizados entre los árboles, te sobresaltó el sonido de algunas bestias,todo era nuevo, fascinante y seductor, si supieras escribir lo anotarías todo para no olvidarlo, si supieras dibujar harías un grabado de cada escena, pero no te educaron jamás la lectura ni las artes, como mujer podía prescindir de eso, pero tu delicadeza innata te dejó apreciar de los más pequeños detalles, como si pequeñas obras de arte se trataran, disfrutaste los aromas, el sol directo sobre el rostro, alcanzaste a agarrar una ramita que aunque nada de particular tenía te entretuviste al observarla, tocar y hasta oler, todos tus sentidos participando en un mismo instante, ¿cuándo habías tenido semejante oportunidad?, jamás, ¿verdad?, aprovecha que será tú última vez. Sí, recordaste entonces porque estabas de viaje, seguramente tu marido fuera igual o más estricto que tu padre y tampoco te dejaría salir, nunca te habías sentido triste, siempre lo habías tenido todo, pero por primera vez en tu vida te sientes profundamente vacía y sola, miras tus manos, tus vestidos, tus joyas, ¿realmente lo habías tenido todo?, te preguntas mirando por última vez las palmeras que se extinguen para dar paso al desierto más extenso.




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Re: Pecados en soledad

Mensaje por Inuwel el Lun Sep 26, 2011 7:50 pm

Todas tenemos el derecho y el anhelo de recibir alguna vez en la vida una flor de quién se ama. Una flor puede significar un regalo amoroso, una forma de cubrir una mentira, para pedir perdón, algo que dar cuando no se sabe que obsequiar o simplemente para conseguir una sonrisa o un suspiro. Da igual su significado, a veces nos cegamos y miramos solo la flor, es hermosa, y pensamos entonces que eso nos quieren dar a entender, entonces sonreímos, algunas como tontas, otras secamente como si realmente no les importara mientras que algunas no evitan reírse tanto de emoción como de gracia, “que lindo, me han dado una flor”.

Que envidia tendrían todas las mujeres al ver estos canastos cubiertos de las flores más exóticas que pueden ser halladas en el desierto de Akham, un regalo de cumpleaños que ninguno de aquellos hombres de poco sueldo pudiesen costear, cualquiera rodeada de tantos aromas y colores se sentiría una reina, la mujer más feliz del mundo.

Por lógica debiera entonces Jazmín estar feliz.

Pero no lo estaba.

Su sonrisa era tan falsa como la intención de su marido al darle esas flores, el sultán ni siquiera se dio la molestia de mirarlas, de encontrar la ideal para su mujer, de reflejar sus ojos en alguna de estas, sus deseos, su cariño… No, simplemente pensó en un regalo para una mujer y punto final. Tenía mucho dinero, podía comprarle todo, eso debería bastar para hacerla feliz. Que idiota son algunos y luego tienen el descaro además de llamarnos superficiales a nosotras. Jazmín se puso a tomar algunas, aspiró su aroma, las acaricio, analizó sus colores, y así pasó toda la tarde, contemplando cada una de ellas, eran demasiadas pero la mujer no tenía nada más que hacer, la crianza de su hija no era parte de su menester como tampoco atender a su marido porque este no hacía disfrute del cuerpo de una mujer. Vivía una vida simple, sin preocupaciones, sin problemas, entonces, ¿por qué no era feliz?

Una sonrisa débil se asomó en sus labios, era cínica, mucho. De todas las flores que revisó, cada una más hermosa que la otra, ninguna le gusto, “que caprichosa” habrían de comentar sus esclavos si leyeran sus pensamientos, pero su tuvieran al menos la intención de leer más allá de estos, de encontrarse con los sentimientos de esa mujer sabrían el por qué, y lo comprenderían, pero a nadie le importa tratar de averiguar los pensamientos más profundos de una mujer, son complicados, y a veces no tienen razón de ser, por eso es más fácil ignorarles y darles algo que les guste a ver si con eso al menos despejan sus preocupaciones.

Ella no se reflejaba con ninguna flor, ninguna de esas iba realmente destinada a ella, para ella no había recibido regalo alguno para su cumpleaños, estaba decepcionada aunque era algo que debió esperarse, miró de reojo a algunas de sus esclavas, entre estas había un lazo invisible que las unía aparte de su obligación de servir, vio de vez en cuando que algunas de estas, notablemente cansadas de mantenerse de pie todo el día se miraban entre ellas, notó sonrisas, notó comprensión, pero solo entre ellas, entonces sintió un golpe frío contra su pecho, ella nunca en su vida había tenido amigas, ¡cómo envidió entonces la amistad de sus esclavas!, mujeres destinadas al sufrimiento, al no tener nada, ¡pero tenían algo que ella jamás tuvo! ¿Cómo tenían esa desfachatez?

Ese mismo día las mandó a ejecutar y después se dirigió por un baño caliente de tina, tenía un espacio gigantesco solo para ella, figuras de leones labradas en mármol, inciensos aromáticos, una tibia tina amplia y cálida aguardándole, se introdujo en esta, sintiendo el agua crear ondas alrededor de su cuerpo, se observó desnuda bajo la límpida agua, esta misma creaba formas irreales sobre su cuerpo, ampliando aún más sus curvas, dejando más tersa su piel, la mujer se sumergió por completo, para semi nadar un poco, sacó después su cara a la superficie soltando un gemido de placer por la relajación que le concedía aquel baño, sus manos bajaron hacia su sexo, palpitante pero seco, abrió las piernas dejando que el agua acariciara de mejor forma su vagina, sus dedos se asomaron alrededor de sus labios vaginales, jugaron con su clítoris logrando que se lubricara, que gimiera pero que no lograse encontrar su punto máximo de placer, porque aquel camino ya tenía dueño, y solo la llave de aquel macho podría abrir las puertas al placer inmediato, entonces la mujer observa, con su respiración latente y sus ojos entrecerrados la ventana que da hacia afuera y se imagina a un hombre entrando por ella a hurtadillas, un asesino o quizás un ladrón, daba igual, se imaginaba a un macho salvaje arremeter contra ella como pasó en otrora, tratar de tomarla a la fuerza, este taparía su boca con una de sus manos, gruesas, callosas pero realmente masculinas, sentiría la barba mal cortada raspar sus suaves mejillas, la lengua ardiente del hombre recorrer su cuello, amasar sus senos, jadear implacable, empujarla contra el costado de la tina, desvestirse rápidamente abrirle de piernas e introducir su pene erecto dentro de ella para asediarla de placer toda esa noche mientras la gritaba groserías al oído y quizás le golpeaba…

Abrió lentamente los ojos frustrada al serle imposible llegar al clímax ni siquiera con la intensidad de sus fantasías y salió de la tina para descansar y esperar otro día como los otros.




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Re: Pecados en soledad

Mensaje por Inuwel el Lun Oct 10, 2011 11:59 pm

La mujer no puede permanecer en soledad, alimentarse de esperanzas vacías, vivir de sueños malditos, contentarse con los saludos lejanos de su alma en el pasado, la mujer se siente sola cuando rodeada de mucha gente está, se siente como si fuera un punto de color distinto. Hay mucha gente, todos se conocen, se miran, se entienden. Ella está sola. Y eso no lo soporta. Quisiera entonces retroceder, correr, escapar, ¿pero dónde podría refugiarse?, oh, ella sabe dónde, pero no tiene idea de cómo llegar, la criaron ignorante de los pasos, ella está acostumbrada a que la tengan que guiar, y no habrá nadie que la conduzca nuevamente a dicho lugar.

Viste ahora un hermoso saree blanco, su rostro oculto tras un velo de supuesta pureza intacta, sus padres le acompañan en la espera del marido para dar paso a la ceremonia de compromiso, ahí en el recinto sagrado la han de comprometer para toda la eternidad con alguien que no ama. Y luego de casarse se vería envuelta para empezar en un conflicto marital, un desahogo de secretos que la dejan estupefacta, el hombre la sometería, pero ambos estarían en contra de su voluntad, su marido solo querría dejar descendencia en ella, nada más, jamás estuvo en sus objetivos hacerla mujer, porque sus gustos trastocados le impedían mirar con pasión la feminidad de su esposa, sus gustos le obligaban solo a mirar la virilidad de sus esclavos. Ella olvidada, sintiéndose despreciada rememoró entonces esa noche de bodas lo ocurrido antes de su fatal destino.

Iba marchando en la caravana, encantada por lo que el bosque de palmeras presentaba en bandeja para sus ojos, se sorprendió por la amplitud del desierto, siempre lo vio pequeño desde su casa, ahora se dio cuenta que toda su vida navegó en un vaso de agua, se llevó una mano a los labios y exclamó sorprendida cuando un ave multicolor planeó sobre su cabeza para depositarse suavemente en otra palmera, observa la varita que tiene entre sus manos, sonríe y disfruta tranquilamente de la única oportunidad de libertad que ha de tener de por vida.

Entonces un ruido seco detiene la caravana, varias criaturas de extenso pelaje, peligrosos colmillos, salvajes ojos aullaron a su paso embistiendo la caravana para jugar un rato con los desafortunados que estaban sobre estas, el guía sin esperar nada saltó de la caravana y corrió como quién le lleva el viento entre la espesura del bosque, y todos le siguieron dejando sola a Jazmín, sus propios esclavos les habían traicionado, ¿cómo era eso posible?, se preguntó desconcertada sin entender que era lo que había pasado, Jazmín jamás estuvo bajo peligro por lo tanto lo que sucedía ahora con ella era completamente nuevo e incomprensible, de pronto entonces como si fuera algo innato alzó la mano y gritó desesperada en dirección a sus acompañantes que corrían tratando de escapar de aquella manada de lobos, varias lágrimas resbalaban por sus ojos, temblaba desesperada sin comprender qué ocurría, vio horrorizada como fácilmente los lobos alcanzaron al grupo y los tumbaron contra la superficie, hincaron sus dientes, desgarraron, destazaron, la sangre cayó a borbotones de sus cuerpos, los gritos de agonía hicieron un compás musical con los gruñidos y aullidos, la muchacha sin saber qué hacer trató de bajarse también de la caravana pero uno de los lobos la alcanzó, aquel lobo era de un intenso color azabache, estaba sucio y sus ojos brillaban de un tono carmesí salvaje, miró atemorizada como aquel lobo le iba a destrozar y cerró los ojos con fuerza ajena al pene erecto que presentaba el animal mientras rompía las prendas de la virgen muchacha con sus propias garras, logrando sacar quejidos de dolor de parte de Jazmín en vista que algunas de sus zarzas raspaban su piel, pero de pronto, se sintió levantada de las caderas hacia arriba por un torrente brusco y constante que traspasaba su entrepierna y parecía querer quebrar su estrecha vagina, gimoteó entre gritos abriendo los ojos ampliamente con la espalda semi inclinada, notando entonces como el lobo pasó a convertirse en un hombre de edad media, cabello negro, largo y enmarcado, barba de días pero los mismos ojos brillantes que ahora entendió como lascivos.

La mujer fue sacudida entre lágrimas y gritos una y otra vez por el pene erecto y salvaje de aquel macho de sangre lupina, el hombre saboreó la piel semi atezada de la mujer, moldeó su figura con las manos, como si buscara con desesperación algo que perdió entre medio de aquel cuerpo, un salado sabor de sudor excitante envolvió ambos cuerpos, la mujer poco a poco comenzó a mirar al hombre que la sometía luego de ser desvirginada, y pasado un tramo de tiempo el hombre al percibir la sangre del himen roto de la mujer se dispuso a lamerlo como elixir del triunfo de domar la pureza de una humana virgen.

Pasado aquel tormento la mujer fue llevada por este para hacerla mujer todas las noches, pero sería una de esas noches en que su familia preocupada por lo que podía ocurrir con su boda mandaron a buscar con sus soldados a ese grupo de salvajes licanos. Hubo mucho fuego, sangre y pelea, pero cuando los soldados encontraron a Jazmín detuvieron la contienda y solo se la llevaron lejos de ahí. Roterk, nombre de aquel licantropo fue enviado a asesinar por unos mercenarios pagados como venganza por lo hecho a Jazmín, más la mujer no se sintió triunfal por su muerte, tanta emoción, peligro y desvelo habían logrado crear una extraña pero excitante fascinación en ella.

Se convenció a si misma de que él seguía con vida, de que volvería...

Pero a veces venía el tormento de la realidad y era demasiado pesado para cargarlo como si nada, debía afrontar entonces con dolor que probablemente no vendrían días iguales. Jamás.




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Re: Pecados en soledad

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