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Crónica de Jack Sharkson

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Crónica de Jack Sharkson

Mensaje por Jack Sharkson el Vie Jul 29, 2011 4:52 pm

1ª NOCHE

Era el camarote de Jack, la estancia más grande del Sandre y la más lujosa. Era cuadrada y tenía una cama de matrimonio a un lado, cubierta con mantas rojas, sin duda de una tela muy cara, seguramente robada de algún barco de nobles. Al fondo había una ventana enorme cubierta por una bandera pirata partida por la mitad. En frente de esta había un escritorio lleno de papeles, mapas, plumas, tinteros y utensilios de cartografía.

Caía la noche, las cortinas estaban abiertas y Deoír bañaba con su luz plateada la habitación. El suave vaivén de las olas mecía el barco de forma calmada y hacía que algunos de los tinteros encima del escritorio tintinearan y que la madera crujiese de vez en cuando. En la cama podían verse dos figuras, ambas desnudas y tapadas con la manta. En un lado dormía una mujer dando la espalda al hombre. La mujer de tez pálida y cabellos de un rubio oscuro, de un tono ocre, dormía plácidamente mientras que el chico, de cabellos igualmente rubios pero más dorados y con un parche en su ojo derecho escribía en un libro con una pluma. Sus labios estaban fruncidos en una fina línea, su expresión era seria y serena. Su esmeralda estaba fija en el papel. Escribía con gran concentración. Por un momento levantó la vista y miró a la mujer que lo acompañaba. Pasó sus dedos entre sus sedosos cabellos y reveló unas branquias en el lado de su cuello. Sus labios se despegaron y formaron el nombre de “Loreley” mientras sonreían. Luego fijó de nuevo la vista en el papel y continuó escribiendo apartando la mano de ella. El texto rezaba:

Crónica del Capitán Sharkson

Mi nombre quizá sea importante o no… al largo de mi corta vida me han llamado de tantas formas y hay otras de las que no me han llamado pero podrían haberlo hecho… Me han llamado Truhán, Pirata, Borracho, Corsario, Capitán, Hereje, El Hijo de Puta que Violó a mi Hija, El Cabrón que Robó la Fortuna de mi Madre, Encanto, El Tuerto, El Chico, El Delincuente, Putita (sería mejor que no conocierais esa parte de mi historia en que cierto personaje me llamó así… pero como cronista es mi deber contarlo… más adelante), Tiburón, Jack… y dentro de Jack, Jack Harrow, Jack Valurian y el más famoso, Jack Sharkson… o Capitán Jack Sharkson… aunque quizá mi favorito y el que merece más devoción y respeto sea Amor… mencionado por los labios más perfectos y bellos de toda la historia de Noreth. Es posible que hayas oído hablar de mí en alguna taberna.

Dejando de lado las presentaciones… sería mejor comenzar con el tema del escrito. Escribo esta crónica para dejar constancia de la existencia del famoso Capitán del
Sandre , Jack Sharkson... Últimamente las generaciones tienden a olvidar las grandes figuras de la historia y yo en los últimos años me he convertido en una... en este relato tendréis la oportunidad de conocer el punto de vista de mis aventuras, pocas veces ha sido conocido y se ha hecho caso a la versión explicada por los escuadrones de la Marina, que siempre tienden a exagerarlo todo. Intentaré ser lo más franco y realista posible… pero como en toda buena crónica empezaré por el principio…

Como siempre todo comienza en el mar. Fue por culpa del mar que acabé siendo pirata, fue en el mar donde recibí mi primer beso de amor verdadero, fue el mar el que devoró mi primera tripulación y será en el mar donde moriré. Pero hasta donde sé no fue en el mar donde nací. Es el mar el principio de mis aventuras y de mi profesión… pero no el principio de mi vida, aunque quizá sí… porque a pesar de estar vivo antes de conocer el mar en términos científicos, no podía considerar eso mi vida… y por lo tanto quizá no comencé a vivir hasta que el mar entró en mi vida. Es algo vergonzoso reconocerlo, pero antes de convertirme en pirata fui un educado muchacho de pueblo de marineros…

Mi verdadera familia era de ascendencia noble, las generaciones se remontaban tantos años atrás que nadie sabía de dónde habían sacado tanta fortuna, ni siquiera en escritos antiguos de donde he recogido toda esta información sobre mis antepasados se explica cómo consiguieron ser tan ricos. Se llamaban Harrow y tenían un castillo cerca del pueblo donde me crié. Mi madre biológica, Laura Harrow, era la hija menor del matrimonio entre Tomas y Wendy Harrow. El joven matrimonio tan solo había tenido hijos y deseaban tener una hija. Finalmente al cuarto intento lo consiguieron. Mi madre tenía el cuerpo de mi abuela, esbelto y bello, con un cabello rubio y largo hasta la cintura y los ojos verdes de mi abuelo. Su carácter era egocéntrico y ambicioso, adquirido por parte de su padre… pero también tenía un lado más humano que pocas veces salía a relucir, este lado venía de la rama de mi abuela. Ahora que escribo esto me doy cuenta de lo parecidos que somos mi madre y yo.

Como todas las familias de nobles, o al menos así lo dicen las escrituras, los Harrow eran una familia modélica.

Thomas y Wendy se amaban con pasión y sus hijos habían salido bellos, ambiciosos e inteligentes. Mi madre, Laura, también seguía el modelo de la familia, pero su atracción por las fiestas en tabernas a horas intempestivas sería su perdición. Era de esperar que una chica rica con aquel físico tan impresionante y que frecuenta las tabernas a esas horas de la noche pronto fuera el objeto de una violación de alguien que había bebido unas pocas copas de más.

La pequeña de los Harrow quedó embarazada y cuando sus padres recibieron la noticia de que su hija había sufrido el abuso de un borracho e iba a tener un bebé por él la repudiaron. La echaron del castillo y la abandonaron a su suerte en el pueblo de marineros dónde más tarde me criaría. Laura tuvo que aprender a sobrevivir en las calles como podía… con el agravante de su embarazo.

Crecí en el estómago de mi madre como un parásito, en contra de su voluntad, arrebatándole lo poco que conseguía. En esos nueve meses su aspecto físico degeneró y su belleza que antes la caracterizaba la abandonó dejándola como una rosa marchita. El día de mi nacimiento ella murió y yo tuve la suerte de ser recogido por una amable pareja de herreros que llevaban mucho tiempo intentando tener hijos. Eran Mark y Esther Valurian. Ahora me arrepiento de haberlos tratado como los traté en su momento… si no fuera por ellos ahora no estaría escribiendo esta crónica. Les debo la vida. También son los responsables de muchas de mis desgracias… Por su culpa viví engañado toda mi infancia y mi adolescencia, sin conocer mi verdadera identidad, sin saber que mi madre murió por mi culpa, sin saber que era rico, que era un Harrow y que tenía mucho más poder del que tan solo uno de ellos podía imaginar. Y si años más tarde no se hubieran arrepentido de su error de no contarme la verdad habría muerto en aquel mediocre puerto como un don nadie, sin haber visitado mundo… sin haberme embarcado jamás. Pero tampoco les puedo culpar… cuando me lo contaron perdieron a su único hijo.

Fue en aquel pueblo de marineros donde me enamoré del mar y donde se forjó mi pasión por los dioses y mis creencias. En aquel pueblo se rendía rito a Belthalas, el dios del mar, nacido de la luna y el oscuro desierto de olas saladas, pero también se creía en Sandre, la esposa de Belthalas que en pocos lugares se conocía o se tenía en cuenta. Desarrollé una increíble pasión por las historias relacionadas con esta diosa, sin duda mi favorita entre todos y más tarde la que cambiaría mi vida por siempre. Se decía que Sandre era una diosa que al igual que Belthalas había nacido del mar y la luna y tenía muchos más poderes que él sobre la marea. Era una diosa de esperanza, de belleza y de marineros. Los padres sacrificaban ganado ante sus estatuas por tal de que sus hijos nacieran hermosos, los matrimonios se consagraban en nombre de Sandre y los marineros siempre llevaban algún símbolo relacionado con ella a bordo para tener suerte en sus viajes. Se decía que además era la más sociable de todos los divinos, la única que de vez en cuando bajaba a la tierra de los mortales vestida de merrow humanoide e incluso en ocasiones flirteaba con algún marinero.

Pero no nos desviemos del tema, el culto a Sandre, la madre de mi barco y de mi vida, es interesante, pero no soy ningún capellán ni ningún monje como para difundir sus hazañas. Pasaba las horas alejado de mi familia postiza, observando las olas, viendo el ir y venir de los marineros del puerto, ayudando en lo que me dejaban.

Pero mis padres adoptivos me obligaban a trabajar en la herrería de la familia. Gracias a este trabajo físico conseguí una resistencia mayor y algo de conocimiento sobre espadas. Mi actual espada fue forjada por mí en aquella herrería. Pero también fue el horno donde todo mi odio comenzó a prepararse, a acumularse hasta el momento en que finalmente explotaría y vería mi verdadero futuro como hombre de mar. Durante esta adolescencia mi mirada antes tierna y llena de amor pasó a ser una mirada fría, dura como un pedernal y afilada como una botella de cristal rota. Me parecía que nadie merecía mi amor y que pocos podían comprenderme (mentalidad heredada de mi verdadera familia, gracias a los Harrow aún conservo este carácter egocéntrico y ambicioso que más adelante me causaría graves problemas). Quizás fue por esta actitud que no tuve amigos en aquel pueblo.

Pero demos un salto. Mi vida como hijo de herreros no es para nada interesante y el propósito de esta crónica es que el mundo me conozca como el tirano que gobernó el
Sandre en sus malos y buenos momentos, como el excelente cartógrafo que dibujó los mapas de los mares que ahora conocéis, como el aventurero que ha viajado por todos los rincones del mundo, que ha vencido enormes bestias marinas y que ha matado a sangre fría a importantes líderes de la Marina… que me recuerden como el humano que enamoró a la hija de una diosa.

Vayamos al momento que cambió mi vida por completo. A mi decimosexto cumpleaños. El matrimonio Valurian decidió hacerme un regalo que creían que no me tomaría tan mal y que ya tenía edad para conocer. Me revelaron el verdadero nombre de mi familia, me explicaron en qué condiciones encontraron a mi madre aquel día de invierno. Ese regalo tuvo una función inesperada para mis padres. Actuó de chispa que quemaría todo el odio almacenado en mi interior. Esos últimos meses me habían obligado a trabajar más en la herrería, por lo tanto pasaba menos tiempo en el puerto, llevaba una época en que todo me parecía mal y siempre me enfadaba por cualquier tontería, sin duda un comportamiento derivado por los cambios que conlleva la adolescencia. Aquella explosión de ira me hizo insultar fríamente al pobre matrimonio. En ese momento dejé de considerarlos mis padres, ese día abandoné mi identidad, dejé de ser Jack Valurian, no tenía intención de ser Jack Harrow ya que no tenía la más mínima conexión con esta acomodada familia… así que fui Jack, Jack a secas. Más tarde adoptaría el nombre de Jack Sharkson, pero eso fue mucho más adelante, a raíz de las historias que escuché contar sobre mí. Esa noche me embarqué en uno de los barcos de marineros que habían anclado en el puerto. Durante aquella semana, el poco tiempo por el que podía pasar por el puerto, había hablado con uno de los capitanes. Su barco se llamaba
Gato Marino y según me había contado el capitán estaban desesperados por partir y solo les faltaban dos o tres marineros para poder tener la tripulación completa. Me dijo que aceptarían a cualquier persona fuese de la edad que fuese mientras tuviera capacidad de hacer algo en el barco.

Lo primero que pensé al escapar de casa fue embarcarme. Y el único barco que se me pasó por la cabeza fue ese. Sin duda yo podía ayudar en el barco, pues en mis años de observación en el puerto había aprendido a hacer algunas cosillas… y sin duda las cosas que no sabía podía aprenderlas del capitán o de algún marinero ganándome su confianza. Subí al barco con discreción y esperé al amanecer. Al día siguiente, justo cuando empezaba a salir el sol, los marineros ya se preparaban para trabajar. Dieron conmigo, durmiendo en medio de la cubierta y me llevaron de malas maneras frente al capitán. Cuando le dije que quería embarcarme se rió de mí junto a sus hombres, algo que hirió mi orgullo… al principio parecía que no iba a contratarme, pero por motivos que aun desconozco y seguramente inducidos por Sandre, mi querida Diosa, acabó por dejarme subir a su navío.

Los años me pasaron rápidamente en el
Gato Marino , mucho más rápidamente que mis dieciséis años en la herrería. El capitán me enseñaba todo tipo de cosas que hasta el momento desconocía y si bien no guardaba una relación cordial con los marineros (que más bien me odiaban por las atenciones que me dedicaba su capitán) con mi maestro tenía una agradable relación de amistad. No podía pedir más, era la vida que siempre había deseado: viajábamos de puerto en puerto vendiendo mercaderías y de vez en cuando peces, cuando pescábamos; aprendía rápidamente todo sobre los diferentes rangos de un barco, historia, cartografía, navegación… con Johnny Four-pieces-of-Gold, el capitán del barco.

Pero como todo, lo bueno no puede durar siempre. Estos fueron los pilares que ahora sostienen el hombre que soy. Todos mis conocimientos los debo al capitán Gold (como lo llamábamos para abreviar) y mi carácter, aparte de deberlo a mi familia biológica también lo debo al suceso que me hizo abandonar al barco, si esto que ahora contaré no hubiese pasado seguramente no me habría dado a conocer al mundo, no habría llegado jamás a ser pirata y habría sido un marinero durante toda mi vida. Dad gracias o maldecid la muerte del capitán, pues fue ésta la que me obligó a abandonar el
Gato Marino y la que, indirectamente, me impulsó a ser pirata.


El joven alzó la vista del papel frunciendo el ceño una fina línea de preocupación cruzó su entrecejo al recordar esa etapa de su vida. Su esmeralda se clavó en la ventana del navío y un leve suspiró escapó de sus labios. Era tarde y necesitaba descansar. La próxima noche continuaría escribiendo para dar a conocer sus aventuras al mundo… además anhelaba abrazar a la figura que respiraba plácidamente a su lado. El Capitán dejó todo el material a los pies de la cama, en el suelo de madera. Luego se estiró en la cama e hizo crujir sus articulaciones estirándolas al máximo. Una mano recorrió la desnuda figura de la merrow y reposó en su cadera. El chico se pegó a ella y reposó la barbilla en su hombro blanquecino. Su piel era suave y delicada, sin ningún tipo de accidente, simplemente perfecta. Los labios del pirata buscaron esa piel que desprendía el aroma del mar, cubierta con el gusto dulce del amor mezclado con el salado del buen marisco. Con los ojos cerrados los labios de Jack recorrieron la espalda de aquella mujer, la digna hija de Sandre, Loreley, hasta posarse en sus branquias y depositar un largo beso en ellas. Entre los brazos del Capitán la sirena se estremeció y se apegó a su pecho. Finalmente el pirata se dejó caer en el colchón y se quedó mirando el techo. Segundos después Loreley cambiaba de posición para abrazar al delincuente y reposar sus cabellos dorados en el pecho desnudo del hijo de Laura Harrow. Éste envolvió sus hombros con un brazo y depositó un beso en su frente, sintiendo como los generosos pechos desnudos de aquel magnífico ser se movían acorde con su respiración, rozando su piel en un cálido y suave tacto. Envuelto con estas sensaciones e hipnotizado por el vaivén del barco y el sonido de la acompasada respiración de la merrow, el bucanero no se dio cuenta de que su único ojo se cerraba, privando la vista de su esmeralda, sumiéndose en el Mundo de los Sueños, un lugar en el que jamás podría ser tan feliz como lo era en ese momento.
________________________________

ANEXO:

Laura Harrow:
Spoiler:

Jack Valurian/Harrow
Spoiler:

Jack Sharkson
Spoiler:

Loreley Ondina
Spoiler:



Ficha del Capitán Jack Sharkson, Leyenda Pirata:


SE BUSCA:


El Sandre:

"Tan solo espero que se me recuerde como el excelente cartógrafo que dibujó los mapas de los mares que ahora conocéis, como el aventurero que ha viajado por todos los rincones del mundo, que ha vencido enormes bestias marinas y que ha matado a sangre fría a importantes líderes de la Marina, que ha vuelto a la vida después de morir, que ha desvelado el secreto de una civilización perdida… que me recuerden como el humano que enamoró a la hija de una diosa.”
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