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¡Mercenarios a la fuerza!

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¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Egates el Mar Ago 02, 2011 12:29 am

Un evento especial se llevaría acabo en la ciudad de las hadas, aunque para que este se pudiese llevar a cabo era necesario elegir a sus invitados. Cinco personajes serían invitados a la celebración y no serían solo espectadores sino que también participes y protagonistas del evento. Durante la previa del festejo, en la ciudad todo sería gratis para quienes no fuesen hadas o silfos ni residentes de la ciudad. Los residentes estaban obligados a vestir una prenda en común con la cual se hiciese fácil el reconocimiento de los turistas. Era sabido que durante este día todo era gratis para los extranjeros, mas solo quienes participaban del evento eran conocedores del motivo...

(…)

Después de tanto viajar por fin había llegado a una ciudad, no sabía si era casualidad o no, pero ahí me encontraba; en Tek-nur. Hasta cierto punto me encontraba asqueado por los habitantes de esta ciudad, todos alegres, revoloteando por ahí como si nada, saludándome como si fuesen mis amigos. No quería causar alboroto por lo que no me quedaba de otra que forjar una sonrisa amigable y responder el saludo a las hadas y silfos que se pasaban a mi al rededor. Como siguiese más días ahí no me quedaba duda alguna que el rostro se me terminaría cansando de tanta fingida alegría.

Mientras caminaba por la ciudad principal en busca de un lugar donde pasar la noche, cinco hadas se acercaron a mi agitando sus alas bastante rápido con una sonrisa que no se les borraba ni porque matasen a sus madres. No pude evitar el ceño molesto aunque claro esto paso inadvertido para las pequeñas. Se quedaron unos segundos volando a mi alrededor, las cinco vestían un vestido verde, al igual que todas las demás cosa que mis ojos no podían apreciar, y unos zapatos del mismo color que a simple vista parecían bastante cómodos. Entonces una se transformó para quedar unas tres cabezas más baja que yo mientras me tomaba de la mano y se apegaba a mi brazo como si fuese mi novia. Luego otra hizo lo mismo por mi otro brazo mientras las tres restantes seguían volando al frente.

– Por favor mi buen señor, deje que le guiemos a nuestra posada, lo atenderemos como el rey que debería ser, le aseguro que en ningún otro lugar lo atenderán mejor ¡gratis! – Dijo en un tono agudo y emocionado el hada que me agarró por el brazo derecho mientras comenzaban a guiarme por el camino que indicaban las hadas que aún volaban.

– ¿Cómo que gratis? ¿Qué clase de truco sucio es este? Más les vale no intentar nada o me enojaré enserio – Estalle por fin provocando que las dos comenzaran a llorar cubriendo su rostro aún más con mi brazo. Entonces una me miro con una tristeza tremenda en su rostro, la misma que me había hablado. – No, mi señor. Ningún truco, no podríamos engañarle. Solo queremos complacerlo, por favor venga con nosotras – Diría el hada ahora entre llanto y sollozo. Miré hacía el cielo como queriendo hacerle saber a Dios que me debía una y luego abrace a ambas por la cintura mientras intentaba calmarme un poco. – Esta bien, pero no quiero más lágrimas y hablo enserio – Dije en un tono más calmado y entonces las dos dejarían de llorar continuando con el camino después de haberse sacado las lágrimas de sus ojos frotándose contra mi chaqueta. – Que bueno es usted, señor. Le atenderemos muy bien, por favor, siganos, no se arrepentirá – Volvió a decir la entusiasmada hada, claro que yo ya me había arrepentido con esa misera frase. Siempre que decían no se arrepentirán era todo lo contrario...

Y durante el resto del día deje que las cinco hadas me atendiesen en la reconfortante posada, como si se hubiesen convertido en mis esclavas voluntariamente. No entendía lo que ocurría y en consecuencia no apartaba mi vista de ellas ni un solo momento.

Off:

Bien, para el primer post me interesa solo como llegaron. Si los atienden las hadas los será del mismo modo que a Egates, también pueden haber más razas atendiendo. Eso es todo para esta ronda. Suerte!
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Invitado el Miér Ago 03, 2011 6:28 pm

Allí, detrás del perturbador recuerdo que la había perseguido desde Efrinder, yacía una llanura, esta vez en las tierras de Djoskn. La estepa se descubría verde y un sol invisible avivaba el amanecer que comenzaba detrás de las montañas, alejadas aún del paso de la joven rastreadora. Ese día Elena caminaba rápido y una frialdad diferente ensombrecía su rostro; estaba cansada y triste por dentro, sin embargo, ninguna lágrima se escapó de sus ojos, ni el ritmo de su andar se calmó más adelante. Antes, cuando abrió los ojos en la oscuridad del reino que aún descansaba, olfateó el aire, y supo que nacía en el Oeste, alzó la vista, y encontró masas de aire blanco y gris que se movían veloces en el cielo, dispuestas a desaparecer en menos de una hora, esparciendo humedad sobre los pastizales, obligando a la muchacha a levantarse y recorrer el día bajo el agradable tiempo que se anunciaba.

Ahora y por primera vez desde la madrugada, sus pies habían frenado el agitado avance que decidida marcaba sobre la llanada, atisbándose de entre la sombra de su capa, una mueca de sus labios sedientos. Se arrodilló entonces frente a una estirpe de rocas, apoyando suavemente en una de estas el costado diestro de su rostro, mientras sus dedos palpaban suavemente el mojado pastizal hasta hundirlos prontamente en la tierra. De la piedra se libraba una tenue vibración; varias pisadas al mismo tiempo, enérgicos trotes. La tierra era sana y de vitalidad admirable. Tenía la esperanza de encontrar un asentamiento o algo mayor que la acogiera.

Fue así que se movió hasta el paso que lleva a Tek-Nur. No obstante, ella no lo sabía.

Y no logró saberlo hasta encontrarse con el gran árbol que sostenía el hogar de las Hadas. Al hallarse en los dominios de las raíces y plazas de Tek-Nur, Elena descubrió que todo era muy verde y bueno, las espesuras y sonrisas por igual; lo juzgaba como un espectáculo excepcional, como aquellos que acontecen una vez al año, no obstante, algo había escuchado alguna vez en el pasado sobre las tradiciones de la Gente Pequeña: Radiantes y extrovertidas, despreocupadas y dispersas, viajan con la ilusión de encontrar grata compañía y ‘algos’ que logren impresionarlas excesivamente, sin que ello implique comprometer su propia vida. Era una idea lo bastante simple como para no convencerla, mas ese día fácilmente resultaba creíble.

No se esforzó en pasar desapercibida -simplemente no lograba hacerlo- y poco tiempo logró caminar sola por los puentes y pequeñas torres antes de ser atrapada por un par de seres de brillantes atuendos y rostros iguales, obligando a la Humana descubrir su cara, apartando la capa que cubría toda su cabeza (...) La conversación entre los tres fue larga y tediosa para Elena, y provechosa y encantadora para los Silfos quienes, cautivando finalmente su alma, celebraron la aceptación de la joven guiándola hasta la posada e incluso dentro de ella, tironeándola insistentes hacia una mesa limpia y lustrada. Allí los Silfos pidieron agua por ella, siguiendo después un alargado intercambio de palabras que la muchacha concluyó con el implícito recado de querer estar sola, encargo que sus acompañantes consintieron inmediatamente.

Expresó su alivio en un largo suspiro, rebuscando en su morral el diario que siempre se detenía a leer y al no ser ese un momento excepcional comenzó a hojearlo repetidas veces, hasta mantenerse quieta, curiosamente, en un capítulo que el destino le obligó a encontrar.


“De las tierras que no he visitado, ninguna causa mayor delirio en mis pensamientos que la hechizada Djoskn. A mi padre resulta inconsecuente confrontar ese horizonte frente al dominio inmenso al que pertenecen sus bosques, pues se haya extraviado entre el encanto de las islas y la perfección de la Casa de los Elfos Lunares; él pregunta demasiado por la faz de los bosques de Erithrnem y demasiado responde Joya de Luna a sus inquietudes, mas en sus respuestas jamás encuentro una palabra que calme a mi padre finalmente, a menos que estén obligados a despedir su encuentro. Noticias me ha dado Joya de Luna tras su última visita y es que espera me quede con ella en la primavera de Erithrnem para conocer sus días cálidos y sus noches frías pero indistintamente bellas, pues no asemejan a las de Thalis Nertheliam...”

Y no leyó más, pues sintió un gran peso en el corazón y un gran arrepentimiento. Se sorprendió de la inocencia de sus palabras y del profundo deseo que una vez le invadió con alegría el alma al imaginarse en lugares extraños y hermosos. Pero ahora había visto y soportado mucho en esos horizontes que un día quiso tener en sus más preciadas memorias y esperaba abandonarlos lo más rápido posible. Fue entonces que un golpe inesperado de una imagen le invadió el pensamiento y vio a su padre, de pie junto a la entrada de la que un día fue su casa; estaba furioso y decepcionado, resignado al saber que mientras más se alejaba ella, más se sumía él en una sombra inexplicable y nueva. Así alcanzó Elena el sentimiento de la culpa y tomando la pluma entre sus dedos, selló con una última frase el capítulo de las tierras de Djoskn.

“He de decirte ahora, libro, que hice mal en abandonar mi morada, al Alquimista y sus sueños; él no está perturbado, pues mi causa desbordó su miedo de perderme. He fallado entonces como hija y aprendiz. Vuelvo a casa y allí permaneceré siempre.”
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Zyrxog el Miér Ago 03, 2011 11:19 pm

“El dolor no se mide por el tamaño de la criatura que lo sufre, si no por quien lo inflige sobre la carne y los huesos”

Sobre uno de los estantes en esa sala, media docena de pequeños frascos se mantenían en línea, estos brillaban tenuemente, algunos verdes, otros azules, algunos rojos o blancos, no importaba de qué color fuera, todos estaban ahí, dentro de cada frasco habían pequeñas criaturas, todas luchando por salir de sus prisiones de cristal, mas su pequeño tamaño no podían hacer nada contra el frio vidrio, que criaturas eran esas … la mayoría habían sido capturadas por cazadores y vendidos al mejor postor, quien no quiere tener una de esas bellas criaturas como mascota personal o quizás tenga un paladar delicado y un poco de su carne estaría bien para el guiso, miles de opciones y pocas de ellas.

La puerta se abrió y deslizándose una asquerosa criatura se arrastro por el suelo, dejando una estela de baba brillante y fluorescente por donde pasaba, con lentitud y reptando se deslizo por una de las patas de la estantería, y subiendo con tranquilidad llego hasta donde los frascos, la criatura que no seria más que una alimaña para cualquiera para esos pequeños seres en los frascos era un monstruo, este miro a los pequeños seres abriendo su boca y lamiendo una de los frascos, con miedo el diminuto ser se aferro en el otro lado del frasco, con miedo y pavor, mientras la babosa seguía lamiendo el frasco y llenándolo de esa baba que escurría por cada uno de sus poros, la puerta se abrió y una abominación más grande cruzo la estancia caminando.

No había sido un buen día para la abominación, los espécimen que había obtenido no servían y durante todo un mes los había diseccionado sin parar, no era novedad no eran más que humanos inferiores, los sobrevivientes habían sido lanzados al foso, algunos mutilados otros con suturas, había de todo en ese oscuro lugar, pero ahora otros negocios lo llamaban, levanto su rostro y vio a la babosa que lamia uno de los frascos, no le importaba que comiera de los cadáveres pero no le era conveniente que devorara a los especímenes sin que le hubiera terminado con ellos, con tranquilidad avanzo hasta el estante y tomando a la babosa la aparto del frasco, durante unos instantes miro a la criatura que dejaba que la baba escurriera hasta el piso, había sido una de las pocas criaturas que le eran de utilidad y no le daban deseos de abrir, como si fuera un simple objeto la dejo caer al piso donde está literalmente reboto en el suelo, pero unos instantes después y como si estuviera acostumbrada se deslizo hasta una pequeña lipa de cuerpos en descomposición que había en el cuarto, por su parte la abominación llevo el pequeño frasco hasta la mesa donde ya tenía preparado todo, incluso varias afiladas agujas clavadas en la madera, miro un instante el frasco antes de moverlo violentamente, la criatura en su interior se golpeo salvajemente contra las paredes del frasco, cuando se detuvo de mover estaba inconsciente por los golpes y la abominación se dispuso a trabajar, saco a la pequeña criatura y mirándola con detención saco una de las agujas, estas atravesaron las pequeñas manos de esta y quedo clavada a la mesa, los demás diminutos seres miraban con horror lo que pasaba en la mesa, Zyrxog estaba extrañamente no siempre podía diseccionar un faerico.

La babosa por su parte estaba devorando uno de los dedos a medio podrir de un elfo, mientras miraba como su amo trabajaba, en la mesa la pequeña faerica había despertado por el dolor y desesperadamente trataba de liberarse, cosa que le era imposible, la abominación extrajo una de sus cuchillas, mientras comenzaba a cortar de su espécimen vivo y especialmente consciente, los gritos eran desgarradores y todos sus congéneres en los demás frascos miraban con horror el espectáculo, la criatura corto sin problema los brazos, después siguió con las piernas, la faerica gritaba y gritaba, con chillidos agudos mientras la sangre corría por los cortes, la abominación no deseaba que muriera y acercando una vela calentó un trozo de metal, cuando este estuvo listo cauterizo los cortes, la carne literalmente se coció y quemo contra el metal, mientas la diminuta criatura quedaba inconsciente, sin cuidado devolvió a la faerica a su frasco, mientras lo devolvía y tomaba otro, durante todo el día estuvo diseccionando faericos, a algunos los dejaba vivos, pero totalmente mutilados, cuando ya caía la noche había terminado, dos de los faericos estaban en sus frascos, mientras que los cuatro restantes estaban abiertos en canal y clavados con agujas a la mesa, la curiosidad sobre esos seres le había hecho tener apetito de conocimiento a la abominación, en su mente se preguntaba como esos pequeños seres podían vivir con tan pequeños y débiles cuerpos, las preguntas eran muchas y el tiempo poco, dejo la habitación para descansar.

Cuando volvió a despertar de su descanso Zyrxog miro como los cuatro espécimen ya no estaban y los rastros de baba estaban por todos lados, debía de haber previsto esto, pero en vez de molestarse vio la oportunidad de tener muestras frescas, se dirigió hacia el estante y vio como los dos faericos lloraban amargamente por su estado, jamás volvería a posarse sobre una flor, jamás podrían entonar música, ahora parecían larvas, pronto un sonido rítmico se escucho, mientras la abominación veía como uno de los faericos golpeaba con fuerza su cabeza contra el cristal, pocos instantes después el otro comenzó a hacer lo mismo, golpe tras golpe hasta que el silencio reino, dentro de los frascos los faericos habían acabado con su vida de la única forma que podían, se habían reventado las cabezas contra el cristal, dos especímenes inútiles ya, Zyrxog acerco su mano al suelo y desde abajo del estante la babosa apareció, deslizándose hasta la mano de su amo y ocultándose en sus ropas, la abominación se retiro de ese lugar que le había servido de laboratorio.

Durante varios días recorrió las tierras de noreth hasta llegar a Tek-Nur, tan solo al llegar sintió desagrado, aparte de el habían varios seres más, al parecer estaba en medio de un festival y la concurrencia era alta, por donde fuera habían faericos, todos sonriendo, especímenes por montones, mas entre tanta cantidad debía de ser sabio al escoger y no terminar siendo perseguido por esas diminutas alimañas, camino hasta lo que sería una posada pero varias faericas se le aproximaron y volaron a su alrededor, hacían peguntas inocentes y molestas “¿Por hueles a cadáver?”,”¿Por qué tienes tentáculos en la cara?”, “¿Te ayudamos en algo?”, Zyrxog tomo con su mano a una de esas pequeñas molestias y moviendo los tentáculos dejo que viera su boca, debió de ser un espectáculo aterrador porque de golpe las faericas desaparecieron como llegaron y la atrapada lloraba amargamente, ese sonido le molestaba y rápidamente uno de los tentáculos se enrollo en el cuello de la faerica y de un tirón le quebró el cuello de forma que la cabeza quedara colgando solo de la piel, la abominación miro a su alrededor, al parecer nadie había visto o escuchado nada, de sus tentáculos salió un extraño sonido gutural, mientras la babosa salía de su manga y vorazmente devoraba a la faerica para volver a su refugio, como lo había pensado en un principio camino hasta la posada y entro en ella, en su interior vio a un inferior uno de los cientos de miles que había tenido el desagrado de encontrarse, y más alejada, sentada una inferior a la que ya había tenido el desagrado de encontrarse con anterioridad … a la mente se le vino el mundano nombre con el cual se identificaba “Elena”.




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Aliara el Jue Ago 04, 2011 12:52 am

Una vacilante lucecilla daba vueltas alrededor de los árboles, ascendiendo para luego descender y seguir de largo hasta perderse en la frondosidad de los árboles, las hojas eran mecidas con cariño por la brisa tierna de la tarde mientras una pequeña mano se apoyaba contra un tronco húmedo, un pequeño pie daba un paso al frente y una curiosa carita se asomaba entre los árboles siguiendo el paso de aquella lucecilla que tan graciosa le parecía, la niña sonrío y adelantó sus pasos para atrapar aquel insecto.

A su lado una criatura de un metro cincuenta de pasos pesados, sosteniendo una afilada hoz de aparente material de hueso, su cuerpo cubierto por una capucha azul para ocultar su verdadera naturaleza se mostraba hastiado. Un resoplido salió de lo que debían ser sus labios al tiempo que seguía a quien era su dueña y señora, ¿cómo había terminado en manos de una niñita cuando fue el fiel servidor de una de las hechiceras más poderosas conocidas en el continente?, sacudió la cabeza frustrado siguiendo a Aliara que solo se preocupaba de jugar, si su antigua señora Naya le había dejado en manos de aquella niña con la promesa de cuidarla y protegerla nada tenía que debatir, pero le costaba comprender el por qué, no evitó sentirse ofendido al bajar de esa manera su categoría, porque estando bajo el poder de Aliara sus capacidades disminuían notablemente incluso su tamaño era menor, en cambio antes cuando estaba bajo el poder de Naya se manifestaba fuerte y grande, tal y como debía ser, pero ahora ni siquiera podía aparecer en el mundo de los vivos si no le llamaban, ni mucho menos alejarse demasiado de quién ahora era su maese.

La niña se detuvo de golpe y Drake sin caer en la cuenta de ello chocó tras su espalda, mas sin hacerse daño, ¿qué era lo que sucedía ahora?, se preguntó en silencio al ver que la pequeña sostenía algo brillante entre sus manos…

-Te llamaré Nana –Dijo Aliara haciendo referencia a la pequeña luciérnaga que quiso detenerse entre sus manos.


Había llegado a la Ciudad de Esmeralda hace tres días, todos habían sido muy amables y hospitalarios pero mucho más este día, ¿por qué digo más hospitalarios este día?, ¡porque todo era gratis!, gratis completamente.
Luego del paseo por la arboleda Aliara se vio cantando junto con varias hadas y silfos que entonaban melodías con sus instrumentos, le ofrecieron golosinas y le recordaban de no faltar al festejo cosa que ella con gusto obedeció, había visto antes en casa de Naya a los feéricos pero siempre se sorprendía de ver uno, su vista se concentraba en sus brillantes alas, en su grácil vuelo y no evitó sentir un poco de envidia por ello, incluso cuando le preguntaron por qué ella no volaba simplemente bajó la cabeza cohibida por tal pregunta y se puse a jugar con sus dedos tratando de cambiar el tema cosa que no fue difícil porque los feéricos siempre preguntaban una cosa tras otra, Drake iba a sus espaldas, ignorando a todo bichito mágico que se le acercara, de él solo podía verse su enorme hoz, sus garras blancas y afiliadas y un brillo suave proveniente de los dos pozos negros que tenía por ojos, era todo un contraste con la niña que no dejaba de sonreír y apuntar con el dedo todo lo que merecía su admiración.

Le hicieron ingresar a una posada porque Aliara afirmó tener sed, la niña entró casi corriendo y se detuvo frente a la barra, parándose de puntillas porque le resultaba un tanto alta, asomó los ojos y trató de visualizar al que atendía allí -Quiero...-Meditó pensante -Un jugo de manzana... no, de naranja... a no, espere no, uno de manzana, si manzana...-La niña calló y esperó a que le prestaran atención, ignorando todo a su alrededor por el momento mientras su criatura se encontraba a sus espaldas sosteniendo su arma en silencio.

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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Garrick el Lun Ago 08, 2011 6:41 am

Llevaba poco tiempo de nuevo en el camino cuando aquella ciudad se presentó ante mí; al principio no podía discernir que se tratara de un lugar demasiado especial, para mi cualquier árbol es un árbol y lo único que podía decir de aquel, es que era extremadamente grande, pero poco a poco mi percepción del lugar fue cambiando, no podría decir que para bien, aquel sitio resultaba falso, de alguna manera no podía quitarme de la cabeza la idea de que estaba lleno de magia y aquello me ponía el cabello de punta, nunca me ha gustado la magia, las personas que la manejan son engañosas y entre todas ellas, las hadas son las creaturas más engañosas que podría haber conocido nunca, llenas de secretos, con la mirada demasiado entretenida siempre en algo y con aquella sonrisa imposible de eliminar de sus rostros.

No obstante, debo admitir que la ciudad me intrigaba y la posibilidad de encontrar a alguien que me ayudara a cambiar mi apariencia, no parecía demasiado lejana tomando en cuenta la cantidad de visitantes que ese poder tenía en aquel momento, pues las calles atestadas de gente sonriente bien podrían contener alguien capaz de ayudar, sin embargo no terminaba de agradar la situación y no podía evitar el pasar de largo cuando la gente me sonreía, debo admitir que había sido una pésima idea el asistir a la ciudad, incluso confieso que para el momento en el que todo dio un giro, yo ya me encontraba dispuesto a abandonar la ciudad, pues solo me dedicaba a buscar el camino de salida en vista de que me había perdido por completo entre tanta gente.

- ¿Quién eres tu viajero?

La pregunta sonaba sincera, la voz aguda pero bella, en una escala de sonido que podría decirse, solo unos pocos podrían entender, pero todos podrían apreciar, fue un momento extraño, pues por un momento, todos desaparecieron y solo nos encontrábamos aquella hada y yo.

- Mi nombre es Garrick mi señora, ¿Qué puedo hacer por usted?

- Al contrario señor Garrick, soy yo la que puede hacer algo por usted, ¿Por qué no viene a nuestra posada?, le aseguro que nadie lo atenderá mejor que nosotros en esta ciudad y todo será completamente gratis.

- No se engañe mi señora, no soy tan ingenuo, he aprendido que nada es gratis en este mundo, absolutamente nada y no creo que mi visita a esta ciudad vaya a cambiar mi idea sobre ello, lo lamento, pero tengo que irme de este lugar, me encuentro algo incomodo en el.

En ese momento todo el mundo regresó de golpe, el olor, el calor corporal, el roce de las personas contra mí, el embriagante aroma de un mercado lleno de productos que yo jamás había visto. El hada por supuesto volvió a hablar, pero en esta ocasión, la voz se perdía un poco entre las incontables notas sonoras que llenaban el ambiente.

- Es una lástima que se sienta así en nuestra ciudad, seguramente yo puedo hacer que se sienta mejor, por favor acompáñeme, sería un honor poder atenderle.

- Mi señora, digamos simplemente que no quiero importunarla a usted o a sus invitados.

En ese momento no veía otra opción y simplemente me descubrí el rostro mientras sonreía al hada; la reacción no tardó demasiado, los turistas del lugar se alejaron instintivamente de mi, después continuaron pasando a mi alrededor sin voltear a verme, no era de extrañarse, después de la impresión inicial, no soy otra cosa que un simple hombre algo deforme, pero el hada no se inmutó, parecía que esperara aquella escena para seguir hablando.

- Pues entonces, acompáñeme para que descanse antes de irse, en vista de que no puedo convencerle de quedarse.


El camino fue algo lento, pues aquella hada no paraba de preguntar mi procedencia, lo que me había pasado, los lugares que había visto y yo, omitiendo algunos detalles que estaba seguro que no le gustaría escuchar, me limitaba a responder a sus preguntas mientras la seguía, sin mostrar sentimiento alguno, simplemente deseando descansar, sin embargo, fueron varias las vueltas que dimos por la ciudad antes de que encontráramos la posada, era evidente que habían alargado el trayecto para seguir conversando, sin embargo, no era algo que me molestara, en realidad me sentía agradecido de poder platicar con alguien, hacía tiempo que no sucedía y por supuesto, hacía tiempo que no encontraba alguien que soportara la visión de aquel ser sin sentirse amenazado, por lo tanto, ahora era seguro que algo estaba mal, pero dejando que aquella hada hablara y preguntara, que se encargara de que el hombre encapuchado fuera atendido, esperar el cierre de la trampa era lo único que podía hacerse de momento, algunos otros eran atendidos en la posada por varias de aquellas creaturas y por otras razas, pero yo no sentía envidia alguna, la gente nunca me había agradado demasiado y aquella pequeña mujer era inteligente, agradable y al ser solo una, por lo menos se podía mantener una conversación con ella.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Egates el Sáb Ago 13, 2011 10:33 pm

Uno a uno comenzaron a llegar los invitados sin tener una mínima idea de lo que el destino les tenía preparado. Cada uno siendo atendido amablemente por las criaturas pequeñas con alas y un gran carisma, una alegría casi irrompible y una inocencia inquebrantable. Algunos recibían de mejor manera que otros los servicios de las pequeñas criaturas. Casi como si hubiese sido predestinado todos fueron llegando a la misma posada, algunos se conocían de antes mientras que otros no tenían ni la menor idea de quienes serían sus compañeros de aventura. Cada uno de ellos fue atendido entonces del modo que querían mientras la tarde comenzaba a llegar a su fin para dar paso a la celebración.

Lo que ellos no podían ver eran los preparativos que las hadas hacían al rededor del gran árbol que servía como cimiento a su ciudad.

Así como la noche comenzaba a caer poco a poco, luces mágicas comenzaban a aparecer como luciérnagas. Pequeñas bolas de luz doradas, rojas, azules, blancas y de varios colores comenzaban a seguir a los viajeros para guiarles el camino a aquellos que no tuviesen buena vista nocturna. Las casas en su interior estaban completamente a oscuras, solo las madres con los pequeños más revoltosos se habían quedado en casa para vigilar que todo marchase bien y que no jugasen bromas a los invitados. Sobre estas casas una esfera de luz blanca había sido dispuesta para que los guardias supieran donde no era tan necesario poner vigilancia.

Los silfos guardias eran los únicos que vestían de forma distinta, acompañados por algún que otro elfo silvestre. Estos vestían prendas rojas e iban armados, transformados en su forma humana para hacer notar su presencia. Haciendo vigilancia en aquellas casas que sus familias habían decidido presenciar la celebración. Muy poca era la gente que se encontraba caminando por las calles, más que nada viajeros que recién habían llegado o hadas que recién habían abandonado sus casas para dirigirse al lugar de la celebración. Los únicos que aún pertenecían bajo techo eran los viajeros de la posada que aún estaban siendo atendidos, aunque la cantidad de hadas se vio reducida cuando comenzó a caer la noche y más cuando aquel ser de aspecto abominable acabó casi pasando desapercibido con la vida de una de las pequeñas criaturas.

Cuando los últimos rayos de sol dejasen de iluminar la ciudad sería cuando toda la posada se debería dirigir hacía el lugar de la celebración. Frente a la puerta de la posada encontrarían el río de la ciudad. Este también estaría iluminado para que aquellos viajeros algo torpes y descuidados no tropezaran ni cayeran a este. Los bordes tenían antorchas alineadas y cubiertas perfectamente en dos líneas a cada costado del caudal. Comenzaban desde la entrada de la ciudad hasta las raíces del gran árbol. No era un camino tan largo como parecía, pero a la vista de las pequeñas criaturas habitantes de la ciudad si podía decirse que el camino de principio a fin era algo tedioso.

La joven y dulce Elena por su parte no fue más molestada por las hadas y silfos que la atendieron en un comienzo, le sirvieron el vaso de agua que pidió y la dejaron escribir tranquilamente en su diario siendo molestada muy de vez en cuanto y amablemente por si requería algún otro servicio.

Por otro lado la joven divium, Aliara recibió el vaso de jugo de manzana que tanto le costo decidir y no fue dejada en solitario hasta que ella lo pidiese, siendo servido todo lo que ella quisiese absolutamente gratis y de muy buena gana.

Garrick el joven viajero de la capa roja por su parte no pidió nada, pero no fue dejado solo por la hada que lo había invitado a la posada. Ambos siguieron conversando de lo que querían tranquilamente.

Zyrxog el höriges por su parte no fue más molestado después del horrible espectáculo que había realizado nada más al entrar. Ninguna de las hadas se atrevía a acercarse poniendo más atención en los otros viajeros y dedicando de vez en cuanto alguna que otra mirada asustadiza desde la lejanía. Algunas con bandeja de plata se cubrían la cara mientras posaban sus ojos sobre esta y luego volvían a cubrir su visual con la bandeja. Otras permanecían escondidas detrás de los pilares que sostenían el techo mirando de vez en cuanto para saber que más atrocidades hacía la criatura.

(…)

Me estaba aburriendo como nunca, tanta amabilidad, cordialidad, servicios gratis... No, ese estilo de vida definitivamente no iba conmigo, era como si en cualquier momento alguna de las pequeñas criaturas iría a sacar a sus perros para que tuviéramos un enfrentamiento. Como si esperasen a que diese un paso en falso para atacar de un momento a otro. Tanta calma, me desesperaba. Necesitaba salir de esa ciudad lo más pronto posible. Si negaba algo de lo que ellas me ofrecían entonces se largaban a llorar inmediatamente y me hacían indirectamente sentir culpable por aquello. No sería exagerado decir que aumente unos cinco kilos de peso con tanta carne que me ofrecían. Tenía que levantarme constantemente al baño, no dejaban que mi vaso se vaciara, apenas quedaba el último trago y miraba hacía otros viajeros que llegaban cuando volvía mi vista al vaso este estaba nuevamente lleno y lo único que podía hacer era suspirar resignadamente para que luego una de las pequeñas criaturas me preguntasen si estaba molesto por algo.

¿Cómo era que esas criaturas pudieran ser tan así y sobre todo con alguien como yo? Decidí no seguir pensando así y seguir dejando que me atendiesen resignadamente mientras observaba por la ventana como las hadas y silfos, más unos cuantos viajeros comenzaban a caminar río arriba mientras prendían esferas de luz por todas partes. Tanta magia comenzaba a resultar de mal augurio. Como la calma antes de la tormenta y lo único que podía hacer era ser atendido como definitivamente no lo merecía.

Mientras meditaba todo lo que estaba sucediendo comencé a poner atención en los viajeros que habían llegado después que yo. Primero una humana se sentó unas cuantas mesas frente a la mía, algo alejada de la barra. A simple vista parecía humana y su olor era lo que me decía qué era. Se veía unos cuantos años más joven aunque a simple vista cualquiera diría que la diferencia de edad entre ambos era considerable.

Después de la humana llegó una criatura un tanto repugnante. Jamas había visto algo así y eso que de criaturas había visto demasiadas, especialmente en mi lugar de origen. No me sorprendió lo que hizo con la pequeña criatura aunque si debo admitir fue un espectáculo desagradable pero digno de una criatura como aquella. Las hadas que me atendían se aferraron a mis brazos en cuanto vieron llegar a la criatura, como si algo les había dicho que no debían molestarla. No baje mi guardia, pero no le di más importancia, si hacía algo más lo notaría inmediatamente.

Unos segundos después otra joven llegó. A simple vista humana, pero cuando se acercó casi saltando hasta la barra pude ver las pequeñas alas que salían de su espalda; una divium. No le di mucha importancia, era joven e inocente como las hadas, ya tenía mucho con las mujeres pequeñas como para que otra niña inocente comenzara a molestarme. Luego otro humano, al menos la esencia de este era casi la misma que la de la primera. Conversaba tranquilamente con una hada, nada relevante que mencionar del sujeto a excepción de que a diferencia de los otros si parecía un viajero con algo de experiencia.

Entonces me di cuenta de que había otro sujeto que pasaba desapercibido a la vista de todos menos de unas cuantas hadas, sentado en uno de los rincones más alejados de la barra, cubierto completamente con una capa negra que no dejaba nada a la vista más qué las botas de cuero negro sobre la mesa. Me dio mala espina por algo, pero como pasaba desapercibido a la mayoría decidí seguir sin molestar a nadie.

– Señor Egates, ya ha caído la noche. Por favor acompañenos al gran árbol, tenemos una celebración obligatoria para los viajeros – Dijo la primera hada que me había atendido desde que llegué a la ciudad. Asentí curiosamente de buena gana, necesitaba mover mis píes y aquello por el momento era lo único que se me venía a la mente además de salir corriendo de la ciudad. También era lo único que podía hacer para pagar los servicios que me habían dado las criaturas.

(…)

Uno a uno acompañados por las hadas y silfos que lo atendían nuestros viajeros comenzaron a salir de la posada comenzando a caminar río arriba hasta llegar al gran árbol donde un grupo de hadas esperaban la llegada de los últimos espectadores. Las esferas de luces mágicas serían las únicas guías que estos tendrían además de las hadas en su camino.

Una vez llegarán al árbol encontrarían un grupo de hadas y silfos reunidas en un circulo frente al gigante de madera y hojas. Un Ent grande y anciano – casi tan grande como el árbol – se encontraría detrás de estos mientras la gente pequeña cantaba emocionada un cántico en un idioma que solo ellas podían entender...

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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Aliara el Miér Ago 17, 2011 7:06 pm

Cuando Aliara recibió el jugo de manzana entre sus manos, tanteó el vaso observándolo con una expresión de suma curiosidad y sorpresa, y no, no es que nunca hubiese visto un jugo de manzana en su vida, pero es que este era bastante particular, tenía varias manzanitas pequeñas de distintos colores flotando en su interior incluso algunas levitando, mas cuando lo sacudía se daba cuenta que solo era un simple efecto mágico que le habían puesto para adornarlo, pero aunque fuesen manzanitas falsas no le quitaba lo genial.

-Señor huesitos, miiiira –Dijo acercándolo frente a él e incluso sacudiéndolo para que viera como las manzanitas desaparecían cuando chocaban frente al vidrio del vaso, pero este como siempre no hizo más que encogerse de hombros ausente en comparación a la efusividad de su dueña para luego asentir como si hubiese sido una orden mirar aquello.

-Antes eras más divertido –Masculló la niña para colocar una pajilla rosada dentro del vaso y comenzar a beber el jugo de manzana con avidez, mas dio tres sorbos y se quedó mirando fijamente el contenido del vaso ahora con expresión sombría al tiempo que murmuraba –Que decepción… sabe como cualquier jugo de manzana…-

-¿Y no era un jugo de manzana lo que querías?-Preguntó su criatura con su particular voz neutra.

-Sí, pero después de esta presentación me esperaba… no sé, algo distinto-

-¿No le gusta señorita Aliara? –Preguntó de súbito una vocecita que apareció de la nada, dando la chica un respingo y negando rápidamente con la cabeza se fijó en el hada que la miraba expectante, entonces curvo una amplia sonrisa y volvió a beber del jugo.

-¿Gustarme?, no, más que eso, me encanta, ¡está delicioso!- Fue su rápida pero convincente respuesta. Y es que realmente lo estaba, pero las grandes expectativas son siempre difíciles de complacer.

Y viendo que el hada se ponía a dar vueltas contenta por tal simple respuesta al tiempo que varios feéricos iban por pasteles o frutas la niña perdiendo la atención en ellos, porque no era de tener una concentración demasiado fija se dedicó a observar a los presentes, los miró sin disimulo centrando la vista en uno de estos, parecía… un hombre pulpo, retrocedió un poco asustándole un poco, bien le habían enseñado que no era correcto juzgar a las personas por las apariencias pero… seguramente aquel que le dijo eso jamás vio eso. Aliara desvió la vista un tanto cohibida para centrarla en dos hombres, uno que estaba sentado y otro que recién llegaba, pero sus ojos se detuvieron finalmente frente a una muchacha que parecía escribir algo, ignoró a los silfos que le ofrecían pastelitos y avanzó hacia ella a pasos silenciosos.

Un sorbo, y todo quedó al descubierto.
Aliara se había situado a hurtadillas a espaldas de aquella humana que parecía escribir algo, la niña pensó al principio que se trataba de algún dibujo y le hubiese gustado contemplarlo, pero al darse cuenta que eran palabras tuvo que alargar más la cara tras el hombro de la muchacha con el objeto de poder leer algo al tiempo que se paraba de puntillas, todo con tal de mirar su contenido, pero sin darse cuenta sus labios le traicionaron y dio un sorbo sobre la pajilla al jugo que todavía sostenía en su mano. La chica dio un traspiés hacia atrás por la sorpresa de su propio delato a punto de caer de espaldas pero con un rápido movimiento como si fuese un salto hacia adelante se mantuvo de pie sin problemas, alzó ambas manos al tiempo que negaba con la cabeza –¡Juro que no alcancé a ver nada!, ach, digo,¡ no quería ver nada!…-Trató de corregirse para luego volver a fijar su curiosa mirada en la mesa -¿Qué escribes? ¿una novela? ¿una carta?, ¡ah ya se!, ¿es tu diario de vida?, yo también tuve un diario de vida, pero se me quedó en la casa y no me dejan devolverme así que no lo puedo ir a buscar, pero no importa, ya conseguiré algo para escribir… aunque prefiero dibujar, ¿tu dibujas?, yo alternaba dibujo y palabras, porque hay cosas que me cuestan mucho describir, como por ejemplo…-Se llevó una mano estirada al lado de su boca al tiempo que bajaba la voz y miraba de reojo al horigue – Él. Es tan extraño y se ve terrorífico, y si bien podría escribir “hombre pulpo” no sería lo mismo, incluso si lo leo así y lo imagino me parecería gracioso, pero lo veo a él, y no, no es nada gracioso, ¿crees que sea malo?, mi maese me decía que no debía desconfiar en la gente por su apariencia a menos que sea una criatura de más de 3 metros con garras y las fauces abiertas directas hacia mí para atenazarme la cabeza… quizás yo este equivocada, pero me causa desconfianza, ah, por cierto, me llamo Aliara, ¿cómo te llamas tú?, ¿Martina?, tienes cara de Martina… aunque también podría ser Marina, es que me gustan los nombres con M, lástima que el mío comience con A… -Y guardando un poco de silencio para que al menos ella pudiese responder a algo si es que no trató de hacerlo antes -¿No dejarás que ese señor pulpo se me acerque? ¿verdad?, prometo ser obediente y no separarme de ti–Suplicó mirándole a los ojos, para luego perder de nuevo la atención frente a un silfo que le hacía varías señas, por lo visto algo sucedía afuera y tan curiosa que era se dio vuelta olvidándose de la muchacha e incluso de su criatura invocada para salir de la posada con rapidez.

Drake, su criatura invocada, se quedó en su sitio por lo cual pasado un tiempo un círculo azulado con una estrella surgió de sus pies y desapareció volviendo a su mundo, y es que cuando la criatura invocada se aleja demasiado de su dueño desaparece, y si bien pudo haberle seguido no lo encontró necesario, todo aquí era endomoniadamente apacible, imposible que sucediera ahora algo diferente, y de todos modos, si Aliara le necesitaba solo sería cosa de invocarle, el único problema es que por aquella desaparición fortuita había llamado demasiado la atención.

Aliara avanzó acompañada de los alegres feéricos, anonadada por las luces de colores que le rodeaban y la incitaban a no detenerse, no fue la única en llegar hacia allá pero su vista estaba clavada en un enorme y centenario árbol acompañado de música de ambiente.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Zyrxog el Dom Ago 21, 2011 4:44 pm

Entre tantos brillos, entre tantas sonrisas la abominación sentía tan solo un deseo de arrancarles las alas esas pequeñas alimañas, y ver como se reventaban la cabeza contra las paredes o el piso desesperadas, de cualquier forma estaba ahí para llevarse algunas muestras, aunque extrañamente su propósito había tomado más tiempo del que hubiera deseado, al final de cuentas ese pequeño lugar se había llenado de inferiores, estaban los anteriores aquella humana y un cazador, mas después llego una cría y con su voz la abominación sentía un extraño zumbido en sus oídos, quizás cuando la abriera en dos sabría al razón, después llego otro sujeto, cubierto de una capucha oscura y acompañado por una de esas alimañas, con tranquilidad se sentaron a conversar, mientras la abominación sentía que algo se movía entre sus ropas y la “cabeza” de su propia criatura sobresalía de la manga, continuamente repetía la misma palabra “Hambre … hambre” sin cuidado la abominación la dejo caer al suelo donde la babosa desapareció de la vista dejando esa estela verde luminosa.

No habría pasado demasiado tiempo cuando un cambio significativo sucedió afuera de la taberna, los inferiores se retiraban, y pronto solo quedaban uno o dos perdidos entre las luces de las calles, los pocos insectos que revoloteaban se dirigían hacia un punto en especifico, no tardo en suceder algo parecido en ese lugar, las alimañas comenzaron a hablar con cada uno de los presentes, a excepción de la abominación por obvias razones, el primero en salir a regañadientes fue el cazador, mas la niña no demoro mucho , la pequeña criatura en al que no se había fijado sus ojos grises denotaba una invocación y más cuando esta desapareció abruptamente por la falta de su ama.

Un silfo o quizás hada… daba lo mismo los dos eran iguales por dentro, se le acerco a la abominación, mirándolo tembloroso, con un miedo visceral, comenzó a hablar tartamudeando, ¿acaso le infundía tanto temor sus actos o era el aroma a cadáver que su cuerpo exudaba? … de cualquier forma no demoro mucho en hablar, aun con el tartamudeo solo decía las cosas necesarias, mas algo cambios, algo cayó desde el techo sobre la pequeña criatura, era la babosa que deslizándose por el muro había esperado como cazador a que una presa apareciera, la pequeña criatura chillaba aterraba medio ahogándose entre la baba que exudaba la babosa, mas la abominación tenía interés en sus palabras, estirando su mano levanto a su criatura la cual no deseaba soltar a su presa, mas las fría mano de su amo hizo que esto quedara a segundo lugar y solo acatara ordenes, uno de los tentáculos se extendió hasta enroscarse en la pequeña alimaña, mientras la desprendía del cuerpo de la babosa, entre la cara de horror y el intentar quitarse esa baba de encima la pequeña apenas podía decir palabra, mas la voz de la abominación la hizo entrar en razón.

-Guía… o tendré que devolverte a dónde estabas-


La pequeña alimaña asintió, mientras apuntaba con su mano hacia la puerta, la babosa al haber perdido su alimento tan solo repto hasta las ropas de su amo donde se oculto como siempre lo hacía, esperando la oportunidad de comer y saciar ese hambre que no paraba, la abominación se levanto y sin prestar atención a los demás se retiro de ese lugar, dejando ese aroma a muerte y descomposición donde había estado sentado, el amino hacia donde apuntaba el aterrado ser no fue demasiado larga, aunque con cada minuto que demoraban este sentía como los tentáculos comenzaban a apretar su pequeño cuerpo y a sofocarlo, mas al final llegaron a el lugar donde debía … para alegría de la alimaña que fue liberada con violencia al mismo tiempo que desparecía llorando, como para la abominación al cual sentía unas nauseas solo comparadas con la alegría que muchos de los presentes demostraban al estar alrededor de ese lugar, la música suave y cálida, las luces que tintineaban lentamente, las sonrisas y canticos … era como sentir una aguja atravesar un ojo … mas el gran árbol en el centro llamo su atención, ya que extrañamente algo de magia fluía por sus venas, quizás fuera el tiempo con los silfos …. Aunque lo dudaba…




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Invitado el Dom Ago 21, 2011 6:33 pm

Sus ojos permanecieron inexpresivos, cubriendo ese enigmático color esmeralda con un velo gélido e inquebrantable. Atada a un vacío extraño.
Nada le había quedado tras el fracaso de su escape…

Suspiró amargamente, sintiéndose sola y libre de hacerlo sin tomar la compasión de nadie, cerrando sus orbes para extraviarse en la sombra de sus propios pensamientos; Pocas veces la había seducido tanto el deseo de permanecer en medio de ese horizonte negro e invernal, sin embargo, confiaba en que era su propia sombra la única que lograba escuchar los susurros de su mente y ante este conflicto alentador se permitió reflexionar despreocupada, olvidando la Ciudad y todo lo que había en ella... No obstante, no todo fue penumbra para Elena en ese instante, pues el futuro le había reservado un nuevo encuentro al cual enfrentarse. Quizás más de uno y con más de una emoción atravesándole el alma

Al principio percibió un aire a sus espaldas, seguido de unos ligeros pasos que se sintieron tan precisos como el caer de pausadas gotas de agua, obligándose a abrir de golpe su ojo izquierdo. Se atrevió entonces a olfatear su alrededor, sin percatarse de nada repulsivo ni venenoso que pudiera invadirla en miedo; al contrario, el aroma era tan agradable y suave que decidió confundirlo inconscientemente con el de las Hadas y Silfos que permanecían en la taberna. No obstante, al sentir el estrepitoso y poco común sonido, la postura rígida de su cuerpo se volvió en un giro rápido de su cintura, ansiosa por saber a cuál de los vasos culpar por ello. Arqueó una ceja con gran extrañeza, bajando la mirada ligeramente para contemplar mejor a su acechadora, la cual sabía muy bien que no había cruzado un espacio personal en buen momento. Aún así, el evidente hecho no parecía ser suficiente para callarle. Y fue lo que Elena más lamentó a pesar de su alivio al no tropezarse con nada terrible.

-
Yo (…), Escribo (…), Es un (…), Sí dibujo, pero (…), Lo que digo es que (…)

Brillante cascada azul, alas pomposas que acompañaban el excepcional color de su cabello, ojos grandes y de encantador color castaño. Una pequeña dama.

No alcanzó a decir demasiado y menos algo con sentido, pues al momento de querer responder a cada curiosidad de la joven, ésta cambiaba el tema, frustrando un poco a la joven Mortal, obligándole a callar finalmente, con los hombros encogidos y los brazos cruzados sobre el pecho. Así todo el momento con ella. Sin embargo, uno de sus comentarios llamó especialmente su atención, pues le parecía estúpidamente familiar.

Alzó la mirada por encima de la pequeña Divium, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos en señal de búsqueda. Y claro que encontró. Algo inesperado y espantoso, que respondía al nombre de Zyrxog; nombre que apenas logró murmurar en la taberna y que poca tranquilidad daba a sus recuerdos. Sus manos, posadas sobre la madera yacían temblorosas, alzando entonces el vaso de agua con su mano diestra frente a su propio rostro, aterrorizada y nerviosa, ignorando por un momento todo lo demás, incluyendo la conversación de su acompañante. La abominación había llegado a la Ciudad Esmeralda y como siempre su llegada traería la muerte y la tortura. Traería el deseo inminente y desesperado de Elena de querer partir lo más rápido posible.

Entonces despertó de golpe de su temor.

Pestañeó una vez y alzó las cejas ante la repentina huída de la pequeña alada, alcanzándole con la mirada hasta perderla tras la puerta que daba hacia el pueblo feérico. Entreabrió sus labios con el deseo de advertirla sobre el mal que la presencia de Zyrxog siempre lograba augurar, sin embargo, temía que la exclamación de sus palabras le constara una mirada del perverso abominable, e incluso una tortura que la llevara a la peor de sus muertes. Tomó el diario con su mano diestra, guardándolo veloz en el morral como también hizo con la pluma y la tinta, y tras levantarse con gran suavidad, caminó rápido hasta la puerta de entrada, clavando su última mirada en el sádico ser, para luego escapar de sus ojos y maldad.

Avanzó desconfiada y veloz por los luminosos pasajes, salvándose de las hostigosas pláticas y ofrecimientos de los moradores, llegando por fin hasta el círculo de Hadas que se hallaba ante la presencia del Gran Árbol de la Ciudad. Estaban sobre la oscuridad de la noche y al mismo tiempo entre los destellos flotantes que fabricaba el propio pueblo mágico, no obstante, el miedo y la angustia de la muchacha le golpeaban el corazón con fuerza, escuchando su latir frenético dentro de los oídos. Ante tal alarma instintiva, escudriñó nuevamente en el zurrón, tomando una funda y empuñando sigilosamente su daga. Atisbó a su alrededor y rondó también con esmero, encontrando entonces una presencia pequeña y entusiasta. La joven Divium estaba aún a salvo.

Caminó hacia ella con semblante discreto, hasta que una distancia precaria le permitió retener impulsivamente su antebrazo derecho, buscando la atención de la joven Aliara.

-
Permanecerás cerca de mí. -murmuró inmediata a ella, curvando ligeramente su espalda hacia delante para luego posar su dedo índice zurdo sobre la boca de la muchacha, sin tocarle. -Pero esta vez… Menos palabras. Soy Elena, pero hoy me llamarás Martina. ¿Está bien?

Y con media sonrisa en los labios esperó su respuesta.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Egates el Vie Ago 26, 2011 11:28 pm

Todos salieron uno por uno de la taberna acompañados por hadas y silfos siendo Garlick el último en salir después del viajero apartado de todos...

(…)

El hada que me acompañaba tomo nuevamente su estatura humana y guió mi camino tomando mi brazo como si fuésemos novios. Evité pensar más en eso y dejarle hacer lo que quisiera después de todo no quería que volviese a hacerme el espectáculo que hizo a la entrada.

– ¿No es hermoso, señor Egates? Todos cantando frente al Gran Árbol, una vez al año siempre lo hacemos para brindarle nuestra magia y que siga creciendo. Hay una historia bastante interesante que cuenta que Noreth viene de un árbol como el nuestro, ¿no le parece interesante? A que también le dan ganas de cantar con nosotros – Dijo el hada con tono soñador mientras comenzaba a guiarme al circulo de feéricos y tararear el canto, pero negué con la cabeza al ver esto. Jamás había cantado en mi vida y no me interesaba comenzar ahora nada más porque todos lo hacían. – No gracias y sino te molesta, prefiero mantener mi distancia del resto... – Dije con tono cortante mientras me separaba de ella y me alejaba a un borde del río el cual solo en esa zona poseía barandas lo suficientemente altas para que los viajeros no tropezasen.

Como había sucedido en el resto del camino, las bolas de luz me siguieron hasta que apoye un píe sobre la baranda y me cruce de brazos observando todo lo que ocurría. Empero el hada a pesar de mis deseos de no participar de la ceremonia volvió a mi apoyando su cabeza en mi pecho mientras continuaba tarareando. – Es un ser muy solitario, debería aceptar compañía de vez en cuanto, ¿no cree? – Volvió a decir con el mismo tono para comenzar a tararear nuevamente. – Por ahora me sobra con aceptar la tuya. Por cierto, ¿cuál es tu nombre? Y por favor deja de tratarme de usted – Respondí algo serio mientras el hada sin detener su tarareo me sonreía y volvía a acomodarse en mi pecho. Suspiré y la abrace para al menos hacer la compañía más agradable para ella, aunque la verdad lo único que quería era largarme lo más pronto de ahí. – Esta bien, Egates. Puedes llamarme Molestia o Leya si prefieres – Respondió en tono burlesco. – Leya me parece más adecuado a estas alturas – Respondí a su burla con algo de humor...

La noche seguía avanzando mientras que los silfos seguían cantando y yo comenzaba a cansarme de estar ahí parado. Pero seguí así un tiempo más para observar a mi alrededor. El Ent por el momento no hacía más que dormitar así que me fije nuevamente en los viajeros que habían estado en la posada. La humana se había acercado a la divium y aparentemente se habían hecho amigas. La criatura parecía estar casi tan molesta como yo por el ambiente mientras uno de los otros humanos acompañado aún por su ama habían decidido hacer lo mismo que yo. El último humano permanecía aún con su capa sin compañía alguna, mirando hacía el gran árbol, pero aunque no podía observar su mirada algo de mal augurio me traía aquel sujeto.

Después de hacer mi observación decidí preguntar a Leya si prefería sentarse y accedió sentándose a un lado mío siendo lo último lo único que habría cambiado entre ambos.

(…)

¡Guardias! Los quiero formados frente al Gran Árbol. ¡Ahora! – Gritaría de pronto un silfo que voló por sobre los demás que estaban cantando. Entonces varios guardias comenzarían a volar ordenadamente cumpliendo con la orden que se les había dado mientras que el gran Ent bostezaría estirando varias ramas despertando de su trance.

– Bien bien, mis pequeños seres, veo que ya es momento de comenzar. Han hecho bien al brindarle parte de su magia al Gran Árbol, como todos los años. Y por ende, ya saben lo que viene ahora – Dijo el anciano árbol con voz áspera y aparentemente cansada por el paso de los años. Comenzó a caminar frente al Gran Árbol, parándose frente a este mientras observaba con una sonrisa de abuelo a los presentes. – Veo que el grupo de viajeros se pone más interesante cada año y crece más también. Me alegra que hayan venido a tan importante ceremonia para mis queridos seres quienes una vez me salvaron la vida de un gran incendio cuando tenía a penas cincuenta años. Desde entonces he vivido con ellos siendo parte de su gran y verdoso bosque. El respeto que muestran estos seres por la naturaleza... Ah si tan solo las demás razas de Noreth pudiesen aprender de ello. Los humanos hace mucho dejaron de respetar a los bosques, utilizan su magia para propósitos inútiles y dañarlo. Nuestra raza se ha visto reducida en gran número desde entonces. Pero la inocencia de estos seres junto a algunos elfos nos mantiene con vida y es por esto queridos amigos que celebramos los años de nuestro querido Gran Árbol – Diría entonces el Ent mezclando emociones en su tono de voz con sentimientos encontrados en parte de su discurso.

– Veo gente bastante interesante entre ustedes queridos viajeros, pero me temo que la ceremonia indica que solo debo elegir a seis de ustedes. Guardias, por favor, vayan a la sala preparada, aquellas hadas y silfos que acompañen a los viajeros elegidos también podrán entrar. Solo un feérico por viajero, por favor. Ahora, bien... Me temo que será una difícil elección... – Volvería a decir el Ent mientras observaba al publico. No solo se encontraban los viajeros que habían en la posada, sino que al llegar al circulo aquellos pudieron observar que habían muchos más de todas partes de Noreth.

Uno a uno fue siendo señalado. – La joven humana de cabello castaño oscuro junto a la divium de cabello azul. El tenebroso antropomorfo con tentáculos. El humano de túnica roja con el hada. El otro humano de capa oscuro que anda solo. Y finalmente el licántropo de cabello oscuro y chaqueta con el hada – Dijo dando una descripción física a la rápida para que no se prestasen confusiones.

(...)


- ¡Egates, fuimos elegidos por el Ent! ¡Qué alegría! – Dijo segundos después Leya tras haber sido ambos elegidos, abrazándome con gran fuerza. Suspire tratando de no molestarme y decidir no marcharme faltando el respeto a aquel pueblo. No me importaban sus tradiciones, pero habían sido demasiado amables conmigo cuando no lo merecía y lo menos que podía hacer era pagar el favor. No sabía de que se trataba la ceremonia pero tampoco era algo que me importase. Me levanté entonces tomando la mano de Leya – Si que bien... Bueno Leya, ¿te molestaría seguir guiándome? – Le pregunté y esta negó repetidamente con la cabeza volviendo a abrazarme. - ¡Será un honor! – Exclamaría luego para comenzar a hacerse paso entre el público para llegar bastante cerca de las raíces del gran árbol mientras esperábamos a los otros elegidos. Lo único que me seguía dando mala espina era el encapuchado y la abominación. No sabía que criterio había utilizado el Ent, pero si hubiese sido uno bueno ni yo mismo me hubiese elegido. Suspiré una vez ahí y tome la mano de Leya tratando de concentrarme en ella para evitar las miles de miradas que se centraban en cada uno de los elegidos. Solo hasta ese entonces pude observar un camino algo estrecho por debajo de las raíces del Gran Árbol, aparentemente el camino que habían tomado los guardias y que pronto comenzamos a tomar nosotros guiado por nuestras hadas. Al haber sido los primeros en llegar, Leya y yo eramos los primeros en atravesar el estrecho y oscuro túnel apenas iluminado por dos esferas mágicas de luz y guiados por dos elfos que usaban la misma vestimenta que los guardias feéricos.

Al llegar al final del pasillo nos encontramos en una sala bastante estrecha, donde los guardias debían permanecer en su forma de silfos para que los viajeros pudiésemos entrar sin mucho problema. Y ahí nos quedamos esperando. – Ahora veo porque solo seis. ¿Sabes lo que viene ahora Leya? – Le pregunté curioso al hada, pero esta negó con la cabeza y se abrazó más a mi. – No Egates, es la primera vez que me toca acompañar a un viajero, espera a que se lo cuente a mis amigas – Dijo el hada emocionada, pero la verdad es que era un sentamiento no mutuo por lo que fui con ella hasta una de las paredes para esperar lo que seguía.

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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

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