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¡Mercenarios a la fuerza!

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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Zyrxog el Mar Nov 15, 2011 1:45 pm

A veces el odio puede llegar a ser tal, que ni siquiera los dioses pueden hacer algo con ello, que pueden saber los miserables humanos, los patéticos elfos o imbéciles enanos cuando un corazón marchito vuelve a latir, mas no por amor, no por respeto ni por anhelos, si no por un odio que como hiel gotea lentamente entre carne negra y putrefacta… si aquellos conocieran los pensamientos de la aberración, si alguno de ellos hubiera intuido lo que sucedería…. La carnicería que se produciría tan solo porque la aberración se había sentido herida … la humana ya lo sabía, ya conocía lo que podía criar ese ser, sabía lo que podía llegar a lograr tan solo proponiéndoselo … pobres y “patéticos inferiores” … así era como les llamaba, inferiores, por sus sentimientos, por sus creencias y anhelos … ¿paz?... ¿amor? … ¿honor?, simples palabras de muchos que se rompían con el deseo de solo uno … el camino de la muerte es muy peligroso, ya que exige todo de quien desea recorrerlo … su carne … su espíritu … su mente … incluso sus más profundos anhelos, marchitándolos lentamente entre miseria y podredumbre …

Era una bella tarde … el sol iluminaba aun los frondosos bosques, la tierra era suave y cálida, la hierba se movía con el paso del viento como si una danza fuera, incluso las flores, bellos tesoros naturales miraban el firmamento , como anhelando el día en que sus semillas volarían por el cielo, llegando a los lugares más recónditos de un mundo verde y azul … mas allá de las montañas la arena se agitaba … mas allá del océano las islas ebullían entre mercaderes y comerciantes … pero no era un mundo pacifico … era la época del acero, de la sangre y como tal esta mancho la tierra, mancho la hierba y las flores, salto por el aire con cada corte, con cada herida, acompañada por la orquesta de gritos, de gemidos que el último aliento podía dar, antes de que el cuerpo se desplomara, sin vida, sin sueños o futuro sobre el suelo, decorándolo con una existencia que como una vela al viento desaparecía para no volver.

Dos orcos caídos, ahora la sangre se deslizaba por los surcos de la tierra, la abominación cansada pero aun firme … había algo que no eran deseos de vivir en su ser, algo mucho más fuerte que le impulsaba a conservar su existencia lo mas intacta posible … aquel sentimiento de desprecio ante la vida, ante los demás y especialmente … hacia todo ser vivo, dos cadáveres de utilidad … mas lamentablemente estos ya no le serian útiles, entre las llamas y el calor sus ojos pudieron ver tres figuras … la primera era un claro mago pirómano … ya que su túnica estaba decorada con motivos de llamas y fuego .. las los otros dos adquirieron toda la furia de la aberración, sus túnicas negras, sus manos blancas y delgadas, sus rostros ocultos bajo la capucha y el aura de muerte que se mostraba a su alrededor, nigromantes sin duda … mas a abominación no debió de prestarles atención a ellos si no a los dos cadáveres que ahora se levantaban y lo atacaban, un golpe y otro más en su cuerpo, el no era de lucha, el no era de batalla solo de control, aun así su cuerpo resistía los golpes mejor que antes … quizás tanto castigo físico que había sufrido en el pasado ahora se mostraba como algo más resistente, aun así los orcos lo tenían a su merced, uno de ellos tomo los tentáculos de su ser y los estiro, mientras de reojo veía como el otro tomaba su arma y la levantaba para cortar su cabeza, ¿la abominación estaría dispuesta a sacrificar sus tentáculos? La respuesta iba a ser un sí, mas antes de que el mismo tuviera que cortar sus apéndices, uno de los inferiores apareció, cortando de cuajo el brazo del orco y con ello evitando la decapitación, la espada de otro orco surco el cielo, para rozar apenas el rostro del hörige y clavarse en el suelo, una bola de fuego apareció desde las llamas del circulo impactando contra el inferior el cual cayo inconsciente al suelo, muy cerca de las flamas que lentamente se acercaban.

Aun tenía que lidiar con un orco manco, con uno que intentaba infructuosamente sacar su espada de la tierra y contra los magos … la abominación levanto su mano, contra quien era el mayor de sus problemas … no eran los orcos, no eran los nigromantes, si no el mago de fuego que pronto vio como dos manos esqueléticas salían del suelo, antiguos viajeros que habían perdido sus vidas por ladrones, sus huesos llenos de tierra comenzaron a tirar de la única carmesí, hasta que este sin poderlo evitar cayó al suelo, el conjuro se había roto y ahora se revertía como era natural en la magia, los gritos inhumanos comenzaron a escucharse cuando las ropas del conjurador comenzaban a arder, y este tratando de liberarse del agarre de ambos esqueletos, que lentamente surgían del suelo, comenzó a correr con desesperación, con lentitud el circulo de llamas comenzó a disminuir, al igual que el calor … pero con todo ello la aberración había usado casi toda su magia … ahora estaba débil, y con suerte nomas pudo evitar un nuevo ataque de uno de los orcos, el mando parecía haber descargado toda su ira contra el inferior el cual aun estaba tirado en el suelo, y el orco-zombi estaba por machacarlo hasta terminar con su vida, la abominación miro a los demás y con una sonrisa, si es que se podría llamar así hablo con gutural voz.

-Patéticos seres… aprovechan la situación si no desean que yo mismo les arranque las entrañas… creo que les he dejado en situación bastante ventajosa ahora-




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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Garrick el Mar Nov 15, 2011 9:35 pm

El fuego no es un enemigo nuevo, antes me he enfrentado a él y es precisamente por este motivo que mi rostro tiene la apariencia que tiene, una mezcla extraña entre un ataque y una maldición, pero por todos los dioses que este no seria el final, no pensaba rebajarme a ser asesinado por un mago, no después de todo lo que me debían; sin embargo, las cosas son distintas en medio de los ataques, por lo que no hubo tiempo de pensar, las piernas buscaban salir de aquella situación mientras los brazos deseaban defenderse, pero el instinto permeo sobre la estrategia y la capa que cubría mi cuerpo fue utilizada como fútil escudo contra la esfera ígnea que se aproximaba a gran velocidad; mientras tanto, las espadas guardaban la carne posicionándose en una formación cruzada con el corte y el cuerpo se movía en dirección contraria de aquel fatídico corte.

Escuche entonces el llamado de la pequeña Aliara, no estaba seguro de lo que ella estaba haciendo, pero los segundos fueron preciosos, aquel desvío de mi mirada me había costado el tiempo justo de que todo fuera mal.

Ninguna de las dos acciones fue suficiente; la capa, levantad por mi hombro izquierdo pronto se vio envuelta en llamas mientras que el resto de la llamarada golpeaba contra mi pecho haciendo que el ardor de las quemaduras invadiera mi cuerpo; por su parte, si bien las espadas habían recibido el hachazo de lleno, la fuerza del oponente había logrado que mi cuerpo rodara por el suelo. Aquello me había ayudado, pues las ropas que habían sido incendiadas se habían apagado con tierra y polvo, sin embargo el pecho y parte del hombro ardían fuertemente y un olor a quemado invadía mis sentidos; probablemente estaba aun más herido, pero el fragor de la batalla me impedía observar el mundo de forma objetiva; mis músculos resentían el potente golpe y mis ojos destilaban odio en contra de aquellas creaturas.

Un mago me había maldecido, uno me había robado la vida de un ser hermoso, uno trataba de tomar la mía, aquello había ido demasiado lejos, el orco debía morir.

Justamente aquellos pensamientos cruzaban raudos mi mente cuando un nuevo ataque de la poderosa hacha fue realizado en mi contra, mi cuerpo logró esquivarlo, pero ahora que la inercia del golpe había alejado el hacha de mi camino, era momento de actuar, mi mano izquierda era inservible en ese momento, por lo que solté una de mis armas para dejar de preocuparme de aquel brazo.

Con el hacha fuera de mi camino, corrí en dirección de mi oponente y me arroje por entre sus piernas apuntando a cortar los tendones de sus poderosos pies; aquel acto suicida era la forma desesperada de tratar de salvar mi propia vida, después seguiría el mago, sin importar lo que sucediera, si lograba salir con vida de aquella embestida, aquel mago pagaría con sangre mi dolor, mi espada buscaba venganza y solamente se atravesaba entre ella y yo una torpe pero terrible mole de músculos y rabia.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Aliara el Mar Dic 13, 2011 9:46 pm

Aliara corría rauda en dirección al mago encapuchado mientras en contraparte Drake veía como sortear aquellas llamas infernales que les rodeaban y separaban de los demás, Aliara le había ordenado a Drake de ir a ayudar a esa otra humana que él aunque no conocerla previamente no tardó en reconocer sin embargo no imaginó que nuevamente el hechizo del contrincante de Aliara haría efecto nuevamente en su persona viéndose la invocación de nuevo suspendido entra la realidad y la distorsión, de pronto su cuerpo comenzó a desaparecer lentamente como si su propia ama le hubiera ordenado volver, se giró ansioso en dirección a Aliara para advertirle de aquello pero la pequeña que estaba de espaldas y corría agitada hacia su oponente no le prestó atención, solo, hasta que Drake desapareció completamente y como toda invocadora Aliara fue consciente de ello.

-¡Deja de hacer eso!-Exclamó la pequeña divium viendo al mago de la capucha oscura abrigarse en la misma sin bajar su mano diestra la cual al parecer era la que lograba mantener sus invocaciones a raya.

Aliara no era guerrera, ni siquiera se consideraba así misma como una maga de gran talante y ni hablar de sus características raciales, siendo que sus alas malformadas le impedían emprender el vuelo como a un divium común y corriente, y sin embargo, a pesar de carecer de todas esas cualidades que sobreponen a los nacidos para el combate, ella corría en pos de su enemigo cargando únicamente una daga entre sus manos como si se tratara de una espada gigante y legendaria. Pero no era nada de eso. Tenía valor, osadía... ¿o estupidez?, aunque más bien se consideraba una muchacha con mucha suerte, y un gran talento para familiarizarse con diversas criaturas debido a su gran carisma, la pequeña luciérnaga que había encontrado al principio del viaje se mantenía oculta en su bolsito el cual no dejaba de agitarse frente a todos los movimientos de Aliara realizaba, sin embargo la luciérnaga no era una criatura común y corriente, y aunque temerosa no evitó hacer amago de ayudar a su ama de alguna forma.

La pequeña divium se lanzó, literalmente, contra el mago, el cual sin dificultad la esquivó dando un salto hacia atrás pero sin soltar su mano derecha que detenía a su invocación pero elevó también la izquierda contra Aliara, seguramente un conjuro mortal haría mella en la pequeña, y sería ahí cuando su luciérnaga saldría de su morral para volar raudamente y meterse dentro de la capucha del hechicero en la parte de la cabeza, específicamente en su oído derecho, el mago detendría su hechizo llevándose ambas manos a la cabeza al no soportar lo incómodo que resultaba tener ese bicho metido en su oído, la pequeña se incorporó lentamente, arrastrando sus manos sobre la dura superficie de tierra y alzando una de sus rodillas para mirar fijamente a su enemigo, el cual de pronto se quedó impertérrito al sentir algo chocar contra su espalda. Drake había vuelto a ser invocado en vista de que el hechizo de aquel hechicero se vio interrumpido gracias a la luciérnaga que Aliara bautizó como Nana. Drake atravesó por la espalda con su hoz al hechicero logrando detener parcialmente el fuego que rodeaba el área donde estaba Aliara.

El hechicero cayó muerto de bruces contra el suelo con su espalda partida en dos por la hoz, se retorció levemente frente a un espasmo póstumo pero no volvió a levantarse. Aliara sonrió ampliamente cuando de su capucha oscura surgió su pequeña luciérnaga la cual se depositó tranquilamente entre sus manos, suspiró aliviada para mirar luego a sus compañeros y pensar en cómo poder ayudarles.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Zyrxog el Miér Dic 14, 2011 1:21 am

La sangre goteara del cristal
Manchándolo como macula
Dejando una estela de dolor y desesperación
Donde esta se opaque con aquel
Carmesí elixir
Alimento de monstruos
Alimento de vampiros
Pero por sobre todo
Agonía de los vivos.

Christian Chacana 13 de diciembre de 2011

Desde un inicio aquello se había convertido en una molestia, no solo tener que aguantar las pusilánimes palabras de los silfos y hadas, si no también tener que soportar su presencia y ahora al de otros inferiores, que como alimañas se enfrentaban a enemigos poderosos, la abominación veía a sus sirvientes atacar los restos de aquel patético ser que se le había enfrentado, mas no olvidaba que tras de sí dos orcos estaban listos no solo para consumir su vida, sino también su muerte, dos nigromantes, dos rastreros inferiores que jugaban con la muerte como si esta fuera una herramienta tan ínfima …. ¿Acaso los inferiores no saben que no deben meterse donde no deben? El aire traía aroma a sangre y a fuego, mientras las cuencas vacías miraban a su amo, sus mandíbulas manchadas de carmín parecían reír silenciosamente, mientras que sus esqueléticos dedos se incrustaban en la carne carbonizada de su enemigo, la abominación debió de sacar una de sus cuchillas, herramientas que no habían sido creadas para la batalla, si no para la disección, la delicada operación a la cual sometía tanto a los vivos como a los muertos.

Las dos figuras sombrías movieron sus dedos, como si tocaran un instrumento invisible excepto para ellos, tras de sí la abominación escucho las guturales voces de esos dos orcos, incluso como cadáveres no eran más inteligentes que en vida, seres únicamente de musculo y con una inteligencia tan minúscula, que podían matarse entre ellos por una simple opinión, la abominación blandió aquel reluciente metal, pálido como la luna, frio como un cadáver uno de los orcos, desarmado se le lanzo a la abominación, con ambos brazos por delante, como una bestia sanguinaria e idiota, mas la abominación tenía otros planes, en cualquier momento hubiera ordenado a sus esqueletos luchar contra esa mole cadavérica, mas ahora no era recomendable, ya que su magia no duraría mucho tiempo y los esqueletos en su estado no serian capaces contra aquel zombi, sus tentáculos se movieron violentamente, mientras la hierba era pisoteada por esos pesados pasos, mas el orco era lento y poco diestro, la abominación logro evitarle, no sin dificultades ya que su propio cuerpo no está hecho para luchar, si no para manipular, quizás nadie vio aquel gracioso movimiento con la mano, aquel fino deslizar del filo por la carne, mas cuando el orco se giro hacia la abominación, vio la cuchilla … manchada con sangre, la cual goteaba y contaminaba el suelo, un grito se escucho, un grito gutural, mas no era de dolor, ya que sus pobres mentes no lo sentían ya, su vientre había sido cortado de lado a lado, y antes de que pudiera dar un paso, la gran herida se abrió, dejando escapar los órganos y la sangre a raudales, los intestinos cayeron al piso, mientras el hígado y el estomago eran fácilmente visibles, mas no era esa la razón de que la abominación se mantuviera tan pasible … no … ya que cualquiera se hubiera olvidado de los dos esqueletos.

Los nigromantes estaban tan pendientes de manejar a los orcos que la visión de aquellos dos esqueletos corriendo fue algo que les helo la medula, ambos esqueletos tenían órdenes muy claras, detener a los nigromantes como fuera necesario, y estos sin tener mucho que pensar, ya que los esqueletos no pensaban , solamente seguían ordenes, con fuerza inusual embistieron a los nigromantes, y con ello el control e magia se rompió, los orcos dejaron dar un último gruñido antes de desplomarse, aquel que había sido abierto cayó frente al nigromante, manchando su túnica de su sangre, mientras que el otro cayó sobre el inferior que estaba aun inconsciente en el suelo, mas los esqueletos habían vuelto a ser lo que eran, seres sin vida, la magia de la bestia había sido cortada igualmente y ahora en el interior de su cuerpo comenzaba a ebullir lentamente, aumentando por su sangre, los pasos fueron silenciosos, viendo como aquellos dos inferiores intentaban quitarse los esqueletos de encima de ellos, mas la abominación les tenía guardado un pequeño secreto.

-¿Creen que merecen manejar esas fuerzas? … que deprimente e infra desarrollado son sus vidas … sus mentes no dejan más que anhelos de acabar con sus miserables existencias … estoy harto de que se inmiscuyan en mi trabajo y principalmente mi cometido … por lo que en estos momentos, inferiores … recen a sus dioses, a sus madres … porque les abriré en canal mientras aun están vivos-




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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Garrick el Miér Dic 14, 2011 11:56 pm

En ese momento se escucho un golpe fuerte seguido del grito de dolor de la creatura, la embestida había resultado ser mucho más efectiva de lo que esperaba pues por algún motivo, mis músculos actuaban de forma rauda y precisa, quizás fueran los conjuros de la Divium, tal vez se trataba simplemente del dolor y la frustración que se habían ido acumulando durante la batalla, pero lo cierto era que ahora me encontraba dispuesto a todo y mi cuerpo seguía aquella consigna de manera formidable.

no obstante, el engendro aun no moría, aun faltaba que expiara su último aliento en honor a la batalla que se había cernido sobre nosotros, pronto la espada atravesó su cuello y rompió su espalda, aquello fue lo último que el asqueroso ser pudo hacer con su patética existencia, pero no era él, no se trataba de un orco bruto y torpe lo que me llenaba el corazón de odio, era el mago, el sucio ser que conjuraba elementos de otros mundos en su ayuda.

- Y es así señor de arcanas ciencias, es de esta forma como vuestra vida llega a su fin, búsquedas detenidas, sombras que aun siguen sus pasos en busca de la culminación de sus anhelos.


Las palabras salían lentas de mi boca mientras mi marchito cuerpo avanzaba con cautela en dirección del hechicero; la macabra danza de la muerte que se cernía sobre sus compañeros y sobre él mismo lograba hacer estragos en su concentración; pronto una bola de fuego fue lanzada en mi contra pero de manera tan precaria y débil que no fue necesario ni siquiera esquivarla.

- ¿Quién os ha mandado?, decídmelo y perdonare vuestra existencia.

Mis paso me habían llevado hasta su presencia, mi cuerpo se encontraba junto al de él y nuestros ojos buscaban en el profundo lago de la mirada del oponente; en su alma solo existía el miedo, en la mía el odio, él lo sabía, sin importar lo que dijera, aquella era su tumba.

No lo hice esperar más, con un tajo atravesé su carne a la altura del pecho, con un segundo golpe le arranque la vida, era una ley natural, una consigna divina, pero en ese momento, aquella muerte no se trataba de la naturaleza o el espíritu, era algo mucho más simple, tan primitivo como el humano mismo, antiguo y poderoso, la venganza de un hombre que ha sido derrotado, que ha sufrido y que ha encontrado el camino de su revancha, la ira contenida que estalla en nuestras manos y quema todo, destruye el mundo y libera nuestra alma.

Pude observarlo, su vida escapando por entre sus cuencas, la sangre brotando de su boca y su el último aliento de su pecho siendo exhalado en búsqueda desesperada del siguiente bocado de vida, como una súplica silente que se construye con la esperanza de sobrevivir lo suficiente para ver de nuevo salir el sol, para escuchar de nuevo el sonido del viento entre los árboles.

Con aquel último aliento, la cortina de fuego que rodeaba el campo de batalla sobre el que había luchado por mi vida se cortaba, primero de forma lenta y tranquila pero al final extinguiéndose de forma abrupta y total, la tierra quedaba quemada bajo el yugo de las llamas, los cuerpos abandonados por la chispa divina que otrora los animara; en silencio levanté mi arma, aparentemente el golpe no había sido tan devastador como creyera en un principio, pues poco a poco el dolo iba remitiendo y la sensación de alivio se apoderaba de mi ser; aun no podía poner nada sobre la herida, pero la movilidad había regresado; algunos moretones, nuevas quemaduras, una insistente molestia en el hombro mientras lo movía, pero fuera de eso, me encontraba en condiciones de continuar combatiendo y con cada momento que transcurría aun con mayores posibilidades, pero no me engañaba, sabía perfectamente que mis acompañantes aun se encontraban en peligro, o tal vez muertos, fuera como fuese, aun podía haber enemigos ocultos en los alrededores esperando un descuido de mi parte así que una vez me hube limpiado, me dirigí sigilosamente por aquel extraño bosque en búsqueda de mis acompañantes.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Aliara el Vie Dic 16, 2011 11:30 pm

Si bien Nana, la luciérnaga, estaba incapacitada de hablar no le costaba moverse circularmente en torno a Aliara como quien quiere hacer gestos para llamar la atención de alguien, puesto que la luciérnaga no era una criatura estúpida, para nada, pero tampoco era poderosa ni muy resistente, solo había sentido un tremendo afecto a Aliara la primera vez que se encontraron, la dulzura de la pequeña le cautivó para querer convertirse en su mascota y acompañar a Aliara hasta el resto de su corta existencia, agitaba sus alitas frenéticamente mientras exhalaba de su propio cuerpo una gran luminosidad a causa de su naturaleza especial, y si bien no se sentía cómoda refugiada en el morral que la pequeña divium cargaba en su cintura era mejor que estar expuesta al fuego y los continuos peligros a los que estaban inmiscuidos.

Drake en tanto limpiaba la punta de su hoz sobre la ropa de su anterior oponente fijándose en Aliara atentamente, esperando alguna explicación de su parte, ella simplemente suspiró, tanto por cansancio que sentía en todo su cuerpo como por la resignación de que siempre era un imán atrae problemas y que seguramente si no fuera por ella no habrían tenido tanta mala suerte de verse rodeados de tantos oponentes, pero había que buscar la manera de enmendar tal suceso, como fuese.

-Bueno…-Le fue explicando a Drake algo apresurada y ansiosa- En cortas palabras… Me invitaron a un evento especial correspondiente a la ceremonia de las hadas pero un invitado desconocido incendió el lugar donde estábamos y se robó al hada reina y el árbol grandote se enojó con nosotros y me exiliaron de ese lugar a menos que la encuentre y la traiga de vuelta…- Dijo todo muy rápidamente como si las palabras escaparan de ella y aunque no se le entendió mucho su invocación por costumbre captó sin problemas lo que había pasado y solo se limitó a asentir y sacudir después la cabeza levemente.

Aliara confirmó que su luciérnaga estuviera bien en su bolsito y su vista luego recorrió el escenario de fuegos perpetuos, algunos disminuyéndose igual que el suyo, viendo a los vencedores de cada contienda, se alegró de divisar que Garrick se encontraba bien lo que le hizo recordar de súbito a la señorita Elena que seguramente debiera de estar en una situación muy complicada con su oponente.

-Drake después te cuento más detalles, ¡ahora tenemos que ayudar a Elena!, es probable que no logre recuperar al hada reina pero no puedo permitir que a mi amiga le pase algo, ¡vamos, vamos!-Le instó echándose a correr rápidamente acompañada de su invocación viendo aquella cortina de fuego que la separaba de Elena y su oponente pero necesitaba de alguna forma lograr ingresar para ayudarla

-¡Dispara Drake, rápido, rápido, que no hay tiempo, no lo hay!-Insistió Aliara agitando constantemente a su invocación la cual alejándose de ella de un tirón extendió su diestra de la cual surgió un ligero brillo que se fue acentuando a medida que se concentraba, entonces varios hilos luminosos y eléctricos envolvieron su diestra la cual volvió en puño para concentrar bien su poder y luego, extendiendo la mano alzada, disparó aquel hechizo en dirección al orco de Elena para luego pasar a través de una abertura de aquella cortina de fuego ya que gracias a sus compañeros las llamas comenzaron a extinguirse cada vez más, así que blandiendo su hoz aprovechando la inmovilidad del orco a causa de aquel impacto de trueno logró la invocación hacer un tajo en la parte de atrás del cuello para de esa forma darle una muerte limpia y precisa al orco salvando así a Elena de aquel posible funesto final, pero ahora la invocación estaba completamente extenuada, no solo había dado todo de si para ese hechizo si no que no había dejado de agitar su arma ni un solo minuto, razón por la cual Aliara le hizo desaparecer para que descansase un poco, la pequeña se llevó las manos a las rodillas respirando algo agitada puesto que aunque fuese Drake quien luchó ella era la invocadora y por ende su fuente de energía y con tanto ataque había quedado muy cansada, pero, de todos modos, no fue razón para que luego de respirar y tomar aire inmovilizara se pusiera de pronto a correr en dirección a Elena para saber si estaba bien o no.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Garrick el Sáb Dic 17, 2011 12:22 am

El combate poco a poco iba llegando a su fin, los gritos se apaciguaban, el fuego desaparecía de forma lenta pero constante, uno a uno los combatientes victoriosos habían logrado salir de sus trampas personales, aunque no lograba divisar a todos, por lo menos podía observar a la pequeña Divium y no pude evitar preguntarme la forma en la que aquella niña había luchado contra sus oponentes, sin duda se trataba de una maga, era una lástima, no me agradaban demasiado los magos, pero por lo menos este aun no había intentado asesinarlo.

no me preocupaba demasiado lo que pudiera haber ocurrido a los demás después de todo, sus enemigos yacían muertos y el sonido de batallas había terminado su incesante marcha, era evidente que algunos habían ganado, otros tantos huido, pero justo en ese momento nos encontrábamos solos en aquel extraño bosque, sin pista alguna de nuestro guía y por supuesto, sin ideas acerca de nuestra misión, pues si bien se nos había informado de manera superficial nuestro destino, muchos de los detalles más importantes habían escapado de la atención de nuestro ahora ausente dirigente.

¿Qué se suponía que hiciéramos en aquellas circunstancias?, ¿acaso alguno de ellos estaría dispuesto a continuar con la misión?, no podía definirlo de sus miradas, aun no los conocía lo suficiente, sabía que el hombre con tentáculos en el rostro se abstendría de ir, después de todo, la idea no le había parecido excelente desde un principio, pero ¿acaso su ansia de muerte superaría su reticencia? no podía saberlo, en aquel corto tiempo no había logrado comprender lo que movía a aquel ser, era todo un misterio, sin duda se regocijaba en causar dolor y sufrimiento, pero, ¿Por qué?, sus palabras reflejaban un desprecio inmenso hacia la vida, un corazón de hielo perenne, ¿Qué le había sucedido para convertirse en algo así?, ¿Dónde había perdido su alma?

Pero aquel ser no era el único, la pequeña Aliara parecía dispuesta a enfrentar los peligros que nos deparaba aquella aventura y sin duda se trataba de una muchacha apta, después de todo, ella había vencido ahí donde otros habían fallado, era claro que era confiable, pero ¿hasta qué punto?, ella no era mi responsabilidad, pero había visto demasiada muerte hasta ahora, mis manos estaban de nuevo llenas de sangre y escocían de manera frenética; por un instante, pude observar toda la sangre que habían derramado, pude ver el rostro de todos los que habían muerto bajo su yugo, llamándome, esperando mi llegada con ellos, gritando por su venganza, no podía permitir que Aliara se uniera a esas voces.

Me acerque lentamente hasta su posición, era claro que estaba tratando de ayudar a una mujer que yacía en el suelo, por lo que no quise interrumpir, parecían cercanas, probablemente fueran amigas y ahora no era el momento propicio para interrumpirla por lo que me limite a caminar hasta ella y observar la escena, no obstante, no disponíamos de demasiado tiempo, así que, contra mis deseos, me vi presionado a apresurar la situación.

- Pequeña, ¿está bien tu amiga?


Trate de poner en aquella pregunta toda la capacidad social que poseía, pero no era algo fácil en aquellas circunstancias.

- Debemos movernos de aquí, no sabemos si nos estén esperando más enemigos, si quieres te ayudare a cargarla hasta un lugar más tranquilo donde puedas revisar sus heridas.

No me había acercado lo suficiente para saber si seguía consiente o siquiera con vida, desde donde yo estaba solo podía observar el cuerpo tendido de la mujer y a la pequeña Divium postrada a su lado, por lo que tuve que esperar una respuesta por parte de aquella pequeña maga.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Zyrxog el Dom Dic 18, 2011 6:54 am

Incluso entre los vivos
Se encuentras herramientas
Para que los muertos puedan
Ser útiles en mil maneras distintas
Ya que… qué valor tiene una vida
Cuando su tasador no siente ningún
Aprecio por esta y no la considera
Más que una simple herramienta
Que puede ser desechada cuando
Su utilidad ya ha pasado.

Christian Chacana 18 de diciembre de 2011

Había mucho que decir, mucho que contar, ya que aquel lugar se había convertido en una carnicería, la sangre había manchado la hierba y la tierra y las almas se elevaban torturadas con gimoteos y gritos de dolor, lentamente la abominación miro a aquellos seres, tan patéticos, tan miserables, seres de lo más despreciables que jugaban con magia y esencias que desconocían, como darle una cuchilla a un bebe, esperando que se corten el cuello sin darse cuenta, mas aquí era un poco diferente, ya que hasta el más poderoso de los nigromantes terminaba consumido por la propia magia que intentaba dominar, el desprecio que mostraba la criatura era idéntico al que los humanos demostraban con él, especialmente después de demostrar su dominio en esa arte tan arcana y prohibida, lentamente la abominación avanzo, con una de sus cuchillas en mano, en aquel minuto los hombres intentaban desprenderse de esos huesos que los mantenían atrapados, mas la abominación se detuvo un instante y recordó … recordó.

De reojo vio como aquella hembra se levantaba y guardando su daga le dio la espalda a los hombres, los cuales intentaban con todas sus fuerzas levantarse, mas era imposible, mas cuando aquellos esqueletos se mantenían firmemente sujetos a la tierra, mas la abominación tenía otros planes, hasta ahora había eliminado al mocoso, aquel chico que le había tratado como basura y que había terminado destrozado en un agujero en la tierra, aun recordaba esa mirada en sus ojos, al destriparle, al rebanar su cuerpo, las pisadas del nigromante pasaron por sangre y tierra, mientras llevaba frente a la chica, su claro rostro demostraba desprecio y a la vez miedo, ella conocía lo que sucedería si alguien permanecía cerca de la criatura, mas antes de que pudiera hacer algo la mano fría y asquerosa de la abominación le agarro por el cabello y sin cuidado la arrastro por la tierra, con sus gritos y pataleos, con ínfimo cuidado la arrojo hacia los dos nigromantes, los cuales se quejaron del nuevo peso encima de ellos, la abominación miro como la chica intentaba levantarse.

-Hace un tiempo decidí que demostrar piedad y misericordia estaba de más…. La vida está sobrevalorada e incluso ustedes patéticos seres pueden ser de utilidad en su momento… supongo que este era tu destino al final miserable inferior… primero fue el mocoso, después la divium… solo quedas tu… ¿que divertido no crees?-

De reojo miro a la pequeña, la cual le miraba con temor, no hubo necesidad de mirar al encapuchado no era de utilidad, aquella “misión” de rescate había perdido sentido, ya que no tenía ningún aprecio por los faericos, y cualquier criatura…. Al final eran solo especímenes, y considerarlos más que eso, era una pérdida de tiempo, espacio y clara visión de investigación, seres miserables…. Tan miserables que la muerte de uno, no afectaría a los demás, sin temor, sin piedad o compasión levanto su mano delgada hacia la chica…. “Elena” creía recordar su nombre…. Tan insignificante, más útil al final, casi se podía ver la esencia cuando esta dio directamente al pecho de la muchacha, un grito de dolor salió de sus labios, mientras comenzaba a convulsionar, en aquel momento se pudo ver la cara de miedo y la palidez que gobernaba su rostro mientras que el nigromante condensaba mas y mas sangre, había llegado al punto preciso y cerrando su mano se escucho como si un cántaro se rompiera y dejara fluir su contenido , el cuerpo de la chica se puso pálido, a excepción de un punto en su pecho, mas no fue demasiado ya que como si se tratara de un balón demasiado inflado su cuerpo estallo, esparciendo sus órganos por todos lados, carne y hueso y de paso arrebatándole la vida a los dos nigromantes, la abominación había quedado cubierta de sangre esta goteaba por sus tentáculos, mientras esta manchaba sus ropas y se juntaban con las ya secas.




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Zyrxog
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Aliara el Dom Dic 18, 2011 6:46 pm

“Tapate los ojos niña,
hay cosas que son de adultos
y por eso no tienes que mirar”
Pero los niños somos curiosos, y si nos dicen que no más nos tentamos a desobedecer.
Y es entonces...
cuando las indicaciones de nuestros padres...
cobran significado.


La pequeña divium no conocía mucho a Elena, pero le había caído muy bien desde el principio principalmente porque fue la única de todo aquel grupo que le inspiró confianza además que resultó ser muy amable con ella, dejó que Aliara hablase aunque eso pudiese marear a cualquiera pero lo más importante de todo es que no la dejó sola. Elena no la abandonó. Se quedó con ella, y quizás más adelante viajasen juntas, ¿cómo saberlo si el mundo da tantas vueltas?, y es entonces que las propias vueltas del destino, el ir y venir del tiempo, no siempre es algo bueno, puede dejar una marca sombría en quienes se confían demasiado en ella… Aliara ya había planificado muchas cosas, planeó muchas cosas, se imaginaba viajando con el mundo de la mano de Elena o al menos cumpliendo esta misión junto a ella, lo más que durase, sin embargo el destino les tenía preparado otra cosa, y ahora Aliara sería testigo del verdadero color de la realidad, no era rosa, amarillo ni blanco, era oscuro, ruin y visceral, así era la vida, y como una mariposa que habitó siempre en su capullo ahora le tocaba emprender el vuelo, tener cuidado con quienes quisieran atraparla con una red y con las corrientes tormentosas del viento. Su mundo era muy grato, le gustaba, mucho, y no quería quitarse la venda de los ojos, no quería despertar de su realidad de juegos y alegrías para ver la degradación de la humanidad, pero tal cruel que era el destino dejó que Aliara observase lo efímera que era la existencia humana, y no por la edad o por enfermedad, si no porque estábamos rodeados de seres bañados de malicia que solo quieren causarle mal a los demás, y lo peor, es que suelen lograrlo…siempre.

Aliara detuvo sus pasos para fijarse en Garrick, su pequeño corazón acelerado por la carrera le hizo tomar aire hondamente para poderle responder bien.

-No lo sé… Logré quitarle al orco aquel de encima, pero me imagino que ha de estar algo asustada – Ella también lo estaba un poco. - ¿En serio me ayudará a cargarla?, gracias, se lo agradezco mucho, vamos, vamos –Instó para volver a emprender la corta carrera hacia su amiga Elena la cual se incorporaba lentamente, una sonrisa se curvó en sus delgados labios mientras sus ojos brillaban de alegría frente a la proximidad de estar frente a la humana, no obstante se había olvidado de aquella temible criatura que con su sola presencia le ponía los pelos de punta por la maldad que su cruel alma emanaba. Aliara se detuvo en seco con la respiración ahogada, vio como aquel ser tomaba del cabello de Elena y la arrastraba como si fuera un saco de papas, lo normal hubiese sido que Aliara extendiera el brazo y gritara que dejase en paz a su amiga… pero no lo hizo, por primera vez en su vida sintió miedo, mucho, pero mucho miedo, sintió que sus piernas se quebraban, que eran como dos hilos delgados que no podrían seguir resistiendo su peso por mucho tiempo, la pequeña divium tenía los ojos expectantes sobre Zyrxog el cual arrojó a Elena contra los dos nigromantes y luego vio como Elena se volvía lívida y quieta como una roca.

-E…ele…na-Fue lo único que salió de sus labios como un hilito de voz para luego llevarse ambas manos contra la boca, con los ojos ardiendo en lágrimas pero sin atinar a pestañear frente a la expectación que le causaba aquella obra macabra de muerte. Su amiga, a la que llamó Martina en un momento, Elena, aquella humana que gustaba escribir en su diario, ella… ella terminó de pronto convulsionándose para explotar y desparramar todas las partes de su cuerpo que se encontraban debajo de su piel, sus órganos fluyeron fuera de ella, sangre, sangre, mucha sangre, acompañada de carne, cabello y huesos. Aliara no evitó encogerse sobre sí misma, flexionar sus rodillas llevándose ambos brazos cruzados sobre su estomago y comenzar a devolver todo cuanto hubo consumido ese mismo día, vomitaba por las nauseas que le había causado aquella escena mientras todo su cuerpo temblaba y no paraba de llorar.

Negaba interiormente frente a lo que sus ojos veían, no podía concebir lo que sus ojos veían, Elena había muerto y de una forma atroz, y por más que tratase de borrarse de la cabeza como Elena se consumía en pedazos no podía, esa imagen había quedado y quedaría por siempre gravada en su cabeza, la atormentaría por las noches y la perseguiría como un trauma nocturno en la oscuridad. Zyrxog dejado su marca personal en su mente.

Luego de que Aliara dejase de vomitar se enervaría mirando con un miedo indescriptible a Zyrxog para luego darle la espalda y comenzar a correr lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían, corría como nunca antes en su vida lo había hecho, se movía como si el mundo se destruyera a sus espaldas. Se internó entre los árboles, corriendo matorrales, tropezando a ratos por las raíces traviesas que sobresalían desde los árboles, pero se volvía a levantar para seguir corriendo, internándose en la inmensa oscuridad de aquella fortaleza vegetal.

Sus lágrimas caían lentamente de su rostro, y sus ojos tenían gravado un miedo indescriptible, su luciérnaga salió de su morral para guiarle en el camino compartiendo su pena.

Jamás se le pasó por la mente que alguien pudiese morir de esa forma, y ahora lo había presenciado, a carne viva, seria…. Sería algo que jamás olvidaría.

Ya no le importaba cumplir esa misión, ya no le importaba nada, solo su vida, que quería preservar a toda costa.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

Mensaje por Garrick el Miér Dic 21, 2011 12:27 am

Aquella escena, era… ¿cruel?, ¿acaso lo era?, había pasado demasiado tiempo desde que me hiciera aquella pregunta, habían transcurrido demasiados días desde que había tenido la capacidad de distinguir los niveles de maldad del mundo; sabia con precisión el nivel de bondad, la mirada tranquila y serena de aquellos que no conocían la crueldad de mundo, pero el otro extremo, estaba tan difuminado como un camino en el desierto, como si solo algunas rocas marcaran los lindes de la locura y el sadismo, pero ahora era normal para mi, natural, aquello me lleno de asco, no por la muerte de aquella mujer que era para mi nada más que una desconocida, ni siquiera por la evidente marca que se había producido en el alma de Aliara, la cual era acompasada por la estruendosa carrera que emprendía por su vida, sino porque en la búsqueda de al salvación de otros, aparentemente había perdido mi propia alma, ahora ni siquiera sabía la razón de que la niña hubiera huido, pero el caso es que ahora todo se había convertido en un sueño inútil, la absurda idea de completar aquella misión ahora no tenia ningún sentido, seguramente la reina moriría y mi entrada a la ciudad faérica estaría vedada permanentemente, pero ahora nada de ello tenia ningún sentido.

Camine lentamente por aquel paraje lleno de cadáveres y sangre, observe con cuidado los rostros que me perseguirían por el resto de mi camino, solamente nuevos rostros para aumentar a la colección que ya arrastraba a mis espaldas, nuevas caras y voces gritando desesperadas, el sonido de los pasos de la Divium por el bosque y la cruel mirada de aquel hombre que se regocijaba con el sufrimiento, seguía sin entenderlo, no podía discernir el motivo de su fascinación, la forma en que tomaba la vida sin remordimiento o causa, sin duda un desperdicio de energía a mi forma de ver las cosas, pues yo encontraba mucho más interesante la transmutación del espíritu; aquella mujer, bien podía haber sido la excepción a mis ideas sobre el mundo, tal vez la niña, pero era evidente que jamás encontraría aquella extraña joya que en algún lado brillaba, era obvio, que no encontraría un ser incorruptible.

Aquellos pensamientos se arremolinaban en mi mente mientras continuaba caminando por el campo de destrucción prestando casi tanta atención al último acompañante como él me la prestaba a mi, sin duda yo no le interesaba en lo más mínimo, el para mi era casi inexistente, no porque no encontrara en su mirada el odio y la muerte, sino porque aquellas eran cosas a las que ya no le temía, que me tenían sin ningún cuidado, por lo que me dispuse a descansar un momento para poder poner en orden mis ideas; me deshice de la capa que me cubría y la arroje al suelo cerca de un árbol, la sangre no había llegado tan lejos, pero me gustaba mucho más el roce de la capa que el de la tierra infectada de muerte; mi piel ardía de nuevo, la reminiscencia de las perennes quemaduras que surcaban mi rostro me atacaba con la sensación de las nuevas, ambas se confundían en un dolor intenso, uno de ellos real, el otro eterno, pero mi alma dolía aun más, extraje una piedra de afilar y me di a la tarea monótona y automática que siempre ocupaba mis manos en los momentos en los que mi mente prefería encontrarse en otro sitio.

El sonido del afilador cruzó el mundo, para mi llegaba lejos, a lugares en los que la marca de mi presencia había mancillado la tierra y el cielo, a los sitios donde me había convertido en lo que era, a la noche fatídica que cambiaria mi existencia, pero también a otros lugares, al recuerdo de personas que se habían alejado, al rostro de aquellos que habían muerto bajo su filo y a un futuro que era lejano y aterrador, inhóspito e indiferente a mi sufrimiento.

Continuaba en silencio, cavilando con todo ello sin prestar aun atención a la creatura, pero aquello no podía permanecer así, nuestra mutua presencia resultaría incomoda después de un tiempo.

- Linda matanza creatura, linda matanza.

Las palabras volaron sin sentimiento o sentido, simplemente volaban hacia los oídos que quisieran escucharlas, esperando, aguardando el momento de respuesta para traer consigo de vuelta la decisión final de aquella cacería sin sentido. Uno de los dos emprendería de nuevo el camino, solo unos momentos de contemplación de aquella matanza sin sentido, sin razón y por algún extraño motivo, sin sentimiento, absolutamente ningún sentimiento era arrancado de mi pecho con la contemplación de aquel campo de muerte, tenia problemas, lo sabia, ahora era evidente para mi que el camino elegido no podía ser el correcto, pero aun no sabía hacia donde debían dirigirse mis pasos, así que una vez más, me deje llevar por el cálido y reconfortante sonido de filo de un arma siendo perfeccionado.
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Re: ¡Mercenarios a la fuerza!

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