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La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

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La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 4:55 am

Fragmento del Diario de Zephyrae ed Selenyad

“Dinero. Para muchas razas una de las fuerzas más poderosas y viendo el efecto que llega a tener en la vida diaria de muchos sin dudarlo es algo de importancia.

Muchos poetas lo tachan de corromper el alma misma de la humanidad, haciendo verso tras verso que enumera su maldad solo para prontamente y al primer postor vender sus propios versos. Iglesias de muchos dioses hablan del terrible efecto que este tiene en el espíritu humano antes de ayudar a sus feligreses liberándoles de parte de su carga de este terrible mal.

No considero haya maldad inherente a la moneda o sean los diamantes causa directa del sufrimiento que se le atribuye. Pareciera más que su fuerza, similar a muchas de la naturaleza, ha crecido de una manera impresionante y lleva consigo vida y muerte a su paso.

Una vida plena merece gozar de cuanto el mundo tiene para ofrecer, la generosidad se encuentra en el tener para otorgarles a otros y la sociedad humana esta ordenada a manera tal que el símbolo de haberse hecho merecedor a tales gozos de la vida recae en la moneda.

Me parece a mí que el trabajo tiene su recompensa clara en esta libertad, muchos le llaman una esclavitud mas hallar aquello en que tus esfuerzos brinden mayor belleza al mundo y al hacerlo ser recompensado por este con mayor belleza en la propia vida me parece a mí una manera de hallar la verdadera libertad del espíritu.”


Phonterek, ciudad de maravillosos palacios que parecen abarcar cuanto mi vista desde los cielos era capaz de contemplar. En momentos como ese mi envidia por la poderosa vista de Alei se volvía enorme. Pues lo que a mi mirada es una enorme ciudad, a estas alturas similar a un enorme juguete lleno de diversos colores y todo tipo de construcciones a los suyos es un lugar lleno de vida, los humanos de la ciudad recorriéndola de un lugar a otro, las historias que se crean a cada instante teniendo lugar en sus calles y dando atisbos de estas en las ventanas de sus casas.

No esperaba los vientos me condujeran tan prontamente a este sitio mas sin duda su vista era razón de alegría para mi corazón.

Llegar a la ciudad no fue difícil, montado en Alei pocas cosas hay que intenten bloquear el acceso a un halcón peregrino, muchas menos las hay que sean capaces de conseguirlo.

Ya en el interior de la ciudad me alegré de estar en uno de los pocos lugares en los que era posible transitar con mis ropas de la corte de Selenyad pues en otros reinos humanos tales vestimentas son vistas de extravagantes o me identifican de inmediato como un forastero, en Phonterek por el contrario me permiten simplemente mezclarme con la vida de la ciudad.

Alei partió poco después tras de su extraña manera desearme suerte en mis amoríos y aventuras,, logró alejarse antes de que yo a su vez le deseara suerte en ello mismo pues sabía que entre algunos de los halcones cetreros de la ciudad había encontrado maneras de entretenerse y amigos con quienes convivir. Al parecer había averiguado del gusto de los humanos nobles por la cetrería y como en honor a esta los halcones eran libres de moverse en la ciudad pues nunca se sabía a quién podría ofenderse al dañar o capturar a uno de estos.

Sabiéndola segura era cuestión de empezar a encaminar mis propios pasos y precisamente eso fue lo que hice, el recorrer las calles de tal ciudad, bellamente decoradas era sin duda un gusto, era sorprendente como en cada visita los estilos de vestimenta de los nobles habían cambiado apegándose a alguna nueva moda del lugar. En este caso para los caballeros motivos oscuros y simples, con verticales líneas destinadas a estilizar la figura, para las damas era más una cuestión de colores florales y cortes para resaltar su femineidad y encantos de una manera más inocente a los pronunciados escotes que recordará de mi última visita.

El vuelo y mis pasos trajeron finalmente hambre a mi estómago y sed a mi garganta. Mis pasos finalmente encaminándose a uno de los bellos restaurantes y posadas de la ciudad. En esos momentos desconocía que por designios del Destino mucho de mi curiosa estadía en la ciudad empezaría a definirse.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 4:58 am

Al entrar al lugar poca atención puse en el cartel que nombraba el establecimiento como ‘La Sonrisa de la Fortuna’, el nombre escrito acompañado de la imagen tallada de una hermosa mujer sonriendo y guiñando un ojo. Tendría ocasión en los siguientes días de ver el letrero con más atención e incluso de reírme de mi situación y de su sonrisa.

En el interior el restaurante mostraba una elegante fachada, todo los alrededores limpios y la cantidad de clientes le mostraba como un lugar próspero. El aroma de los alimentos que se permitía flotar desde las diversas mesas e incluso la cocina aumentaba el apetito y hacía la espera de la comida un curioso placer.

Mis anteriores viajes por esta ciudad me habían llevado a conocer ya de los exóticos gustos de muchos nobles, recuerdo aun como hace pocos años mi curiosidad me había llevado a probar un platillo sumamente picante que además del ridículo del momento dejaron mi lengua en sufrimiento por un largo tiempo.

En esa ocasión a mi llegada al restaurante dejé fuera mi hambre y no mi curiosidad lo que guiara mi elección. Una amplia copa de vino acompañado de uno de los estofados del lugar y algo de frutas para complementar el sabor.

-Bienvenido a nuestro establecimiento mi señor y espero pueda disculpar la demora. Si le place decirme que puedo traerle.- La portadora de la voz que había llevado a mí tales palabras en un tono dulce mas lleno de respeto era una hermosa y joven dama. Le había visto antes desde que tomara asiento como la mesera del lugar, sus pasos constantes y rápidos le llevaban a atender a todos los comensales con esa misma cortesía y gracia.

-Si tan solo el cuerpo pudiera alimentarse con bellas sonrisas no requeriría más sustento que cuanto ya me has brindado mas mi hambre y sed me llevan a solicitarte en esta ocasión aun más.- Mis palabras al parecer le sorprendieron, en esos momentos no sabía yo como no todos los meseros recibían cortesía a cambio de la que ellos brindaban. Mas pronto de manera profesional se recupero de la sorpresa y el efecto de mi halago y mis alimentos fueron solicitados.

Fuera de entretenerme durante mi comida derivando con mis vientos el ridículo peluquín de un noble que se negaba a comprender que se vería mejor sin ese cabello muerto sobre su cabeza la comida no tuvo nada más extraordinario que lo sorprendentemente bien preparado que estaba la comida o lo bien seleccionado del vino y las frutas. Una excelente comida acompañada de buen ambiente y todo hubiera concluido como tantas otras comidas de no haber sido por lo ocurrido al final de la misma cuando la mesera acudía por última ocasión para cobrar el servicio y despedir al cliente.

-Espero todo haya sido de su agrado mi señor. ¿Algo más que pueda ofrecerle?–Su sonrisa si algo aun más hermosa al notarse más sincera y relajada después de nuestras muy cortas diatribias durante su servicio. Ante mi negativa a su pregunta prosiguió con solicitarme el monto de los alimentos que ascendía a siete diamantes, una gran suma para una comida en muchas partes pero sabía ya de los precios de Phonterek.

Cuando saque de la mochila la pequeña bolsa donde resguardaba mis diamantes en mi mochila me sorprendí al sacar de esta solo dos de las pequeñas gemas que servían como moneda entre las naciones de Noreth. En muchas otras regiones existían monedas de menor valor para el pago de servicios o bienes de poco valor, en Phonterek poco había que tuviera poco valor y los diamantes eran la forma de cambio más usada.

Ya en pasadas ocasiones me había ocurrido el terminarme mi provisión de diamantes, para esos momentos recurría a otra pequeña bolsa de cuero, escondida entre los pliegues de la misma mochila, en esta se habían mantenido a salvo las gemas que mis padres me proporcionaron al inicio de mis viajes, provenientes de la corte de Selenyad estos objetos no guardaban tanto valor en mi hogar mas e habían servido como mi propia fortuna en mis viajes. Por lo que habría sido solo cosa de acudir a un usurero para conseguir el cambio de una de estas por los diamantes que valía para guardarlos en la primera bolsa y despreocuparme nuevamente.

La sorpresa fue amplía al encontrar la segunda bolsa vacía. Recordaba cómo había empezado a vaciarse poco a poco en mis viajes supongo sería posible haber gastado más de lo que mis constantes aventuras me proporcionaban en tesoros. Nunca antes de ese viaje a Phonterek mis acciones se habían dedicado a aumentar mi fortuna, la cual me daba cuenta en esos momentos era precariamente reducida.

‘La sonrisa de la Fortuna’ parecía repentinamente mucho menos amigable para mí en esos instantes.


Última edición por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:04 am, editado 1 vez
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:03 am

Mi expresión de sorpresa ante mis vacías bolsas no paso desapercibida para mi anfitriona. Que sin que yo lo notara había aprovechado los momentos en que rebuscaba en mi mochila por la segunda bolsa para solicitar por medio de señas apoyo a la cocina mas mi atención estaba tan envuelta en la búsqueda de alguna de las preciadas gemas entre mis posesiones como para percatarme de la llegada de un sujeto que a falta de mejor término definiré como impresionante.

Digo impresionante puesto que si uno se topara con Marao en pleno Phonterek, teniéndolo de frente y elegantemente vestido como un Chef la mente de uno no podría sino quedar impresionada. Más adelante me enteraría que Marao era un militar jubilado, con cerca de dos metros en estatura aun a su avanzada edad parecía una pequeña montaña andante. Su traje de cocinero elegante e incluyendo un estilizado mandil contrastaban drásticamente con sus musculosos brazos llenos de cicatrices y aun más con su cara, deformada enormemente por una cicatriz que no solo atravesaba verticalmente su rostro del lado izquierdo sino que deformaba su boca dándole una apariencia por demás extraña.

-Algún problema Esmerelda- Le pregunto a mi mesera con una voz que claramente pertenecía a alguien que estaba tan acostumbrado a dar órdenes como a tomarlas. Seca y concisa.

-Al parecer el caballero tiene problemas con el pagar de su cuenta Marao. – Quizás puedas conducirlo a la cocina para resolver esto.

Me alegré al escuchar sus palabras, viendo que como yo querían resolver la situación, no entendía por que las palabras de la mesera sonaban por primera vez frías al ofrecerme su ayuda mas habría tiempo de averiguarlo una vez solucionáramos la cuestión de la deuda. Por lo que tras agradecer a la mesera me conduje con Marao a la cocina.

En esta la siguiente sorpresa no se dio a esperar, en cuanto la puerta se había cerrado mi sonrisa al entrar desapareció a la vez que mi cuello era sujetado por una de las enormes manos del particular Chef.

-Así que piensas que puedes simplemente llegar a mi restaurante comer y después de eso irte sin pagar por qué no tienes dinero estúpido noble quebrado, me dan asco la gente como tú que no tiene ni idea de lo que es trabajar por lo que reciben. Un vagabundo de las calles tiene más honor que una docena de ustedes.- La furia en su voz era claramente distinguible, aun en mi situación. Más adelante descubriría que esta era la razón por la que ningún noble sin dinero se atrevía a venir a La Sonrisa de la Fortuna. Aun así su enojo era del todo sincero y algo hubo en este que realmente llego a mí, despertó una parte que desconocía se escondía en mi interior.

Marao me soltó tras solo unos momentos, dándome la espalda y caminando a una de las puertas cercanas, tras abrirla el viento de la calle entro al lugar.-LARGO.- Me gritó señalando a la salida.

Pude haberme simplemente levantado y retirado, unos minutos antes lo hubiera hecho culpando de mi situación a la fortuna y decidido a buscar nuevamente recursos para seguir disfrutando de la vida mas algo había cambiado en esos instantes. Las palabras y la furia de Marao tenían el sonido de la verdad. Siempre me había considerado honorable en mis acciones y las palabras de este humano claramente mellaban ese honor. La puerta me permitiría huir, mas nunca lograría llegar a ser como mi propio padre, nunca lograría quitar esa mella de mi propio espíritu si daba la espalda a esta batalla.

-Estoy en deuda contigo y no me iré hasta haberla pagado.- Logre decirle apenas murmurándolo tras el fuerte apretón que sufriera mi cuello. Su rostro mostraba sorpresa ante el hecho de que pudiera hablar, mis viajes y aventuras habiendo reforzado mi cuerpo a más de lo que el esperaría de un noble inútil.

-¿Qué has dicho inútil?- fue lo que me preguntó, a la fecha desconozco si fue porque no escucho mis balbuceos o no creyó lo que había oído.

-Estoy en deuda contigo y no me iré hasta haberla pagado.- Logré repetirle tras menos esfuerzo, mi voz más firme así como mi postura, nuestros ojos encontrándose y mi decisión de no retroceder ni huir más clara que nunca.

El enorme humano me observo por unos momentos, su mirada parecía ver en mi algo que no había percibido antes mas su rostro reflejaba duda. Su expresión cambio a una de firmeza nuevamente antes de cerrar la puerta con fuerza, girar el rostro a una pila de sucios trastes producto constante del servicio en el restaurante y simplemente decirme.

-Comienza a lavar inútil. – Antes de ignorarme por completo y continuar preparando los platillos que se le habían acumulado en esos momentos.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:07 am

Mi amor por lo legendario y lo dramático hacen que quisiera relatar mis primeras labores en La Sonrisa de la Fortuna como glamorosas y llenas de emoción mas he de admitir, en nombre de la belleza que existe en la verdad, que no fue tal el caso.

El lavado de los trastes, por ejemplo, no incluye escena de gloria alguna y siendo honesto no puedo siquiera describir la tarea como monumental, ciertamente al tratarse de un restaurante la cantidad era basta mas no tal como para describir las pilas de los mismos llegando al techo o mucho mayor a la que alguna vez hubiera visto.

De pequeño llegue a ayudar a mi padre en su propio laboratorio con el lavado de cuanto instrumento ocupara para realizar sus estudios, en esos momentos siquiera contaba con la emocionante idea de que cuanto tenía en mis manos podría explotar de un momento a otro,, el riesgo en este caso se remontaba a lo sumo a que alguno de aquellos platos se rompiera durante el lavado. Emoción que tampoco ocurrió.

Como sea la falta de emociones no hizo la tarea menos digna de mis recuerdos. El repetitivo lavado tenía la propiedad de calmar mi mente y de poco a poco hacer que mi inquieto espíritu tras las palabras de Marao se fuera calmando, como si esta labor sanara de alguna manera la herida que mi honor había sufrido.

Los trastes continuamente seguían llegando traídos por Esmerelda que en cada ocasión me veía con mayor extrañeza. Más adelante en pláticas con ella tendría la ocasión de enterarme de la razón de su curiosidad puesto que entiendo era desde su forma de verlo el primer noble sin dinero que se había quedado a pagar su deuda tras las amenazas de Marao, con el paso de las horas su asombro ante mi continuada labor continuaba creciendo. Poco a poco esta curiosidad fue acompañada con el regreso de su sonrisa hacia mí. Suceso que levanto aun más mi espíritu creando una curiosa armonía entre mi labor y su aprobación.

Con el paso de un par de horas los trastes acumulados se habían desvanecido, aun llegaba alguna copa o plato ocasional mas el ritmo con el que llegaban hacía que careciera de sentido que siguiera de pie ante el lavadero. Mi mirada busco a Marao que por única respuesta camino a abrir nuevamente la puerta y quedarse ante esta. Mi respuesta fue el quedarme de pie a la espera del siguiente traste que necesitara lavado. Tras unos momentos cerró la puerta y apunto a una de las esquinas de la cocina.

En dicha esquina se veían claramente algunos baldes, escobas, trapos y trapeadores. El significado de su gesto bastante obvio y la nueva labor ante mí dispuesta.

Marao era sin duda un excelente Chef del que más adelante conocería su historia, además de su buena sazón y su grandiosos platillos era eficiente en la cocina, manteniendo en orden cuanto ocupaba para preparar la comida y procurando ensuciar lo menos posible. Aun así la labor de atender los pedidos de todo el restaurante hacían imposible que la limpieza ne esto fuera absoluta, Algunas sopas llegaban a salpicar sus alrededores al hervir o la sangre de las carnes preparadas manchaba el lugar donde fuera cortada. El picado de verduras y frutas siempre dejaba pequeños remanentes que invariablemente terminaban llegando a los suelos. Yo mismo he de confesar en el lavado de los trastes había hecho de mi área de lavado un lugar salpicado de jabón y agua.

La labor de limpieza de la cocina me sorprendió con la misma sensación de paz y armonía que hubiera vivido en el lavado de los trastes. Pasar trapos limpios en cuanto mueble se usara para cocinar, el barrido y trapeado de los pisos así como la disposición de la basura que surgía de cuanto se preparaba.

Ya había avanzado la noche cuando Esmerelda finalmente nos anunció que el último cliente había partido. La cantidad de horas que habían transcurrido me habían pasado desapercibidas ante las labores hechas.

La limpieza ya había terminado. Y sin labores pude notar como Marao terminaba de preparar los últimos platillos del día a la vez que Esmerelda llevaba los platos con estos a una mesa del restaurante. Una vez Marao había terminado de levantar cuanto usara al final se dirigió con ella dejándome en la cocina.

Al asomarme al área de las mesas pude ver que en la mesa había dispuestos no dos sino tres platos y copas servidas, Esmerelda se hallaba ya sentada en esta, curiosamente sus zapatos a un lado dejando sus pies descalzos. Marao llego a sentarse al tiempo que contemplaba todo esto desde la puerta que daba acceso a la cocina sin saber cómo proceder.

Marao como de costumbre con pocas palabras resolvió la situación diciendo en una voz moderada y seria. – Siéntate y come inútil.

Tras tan clara autoridad llegue aun un tanto indeciso a comer con ellos, mi primera de muchas cenas al lado de la bella Esmerelda y el gran Marao.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:10 am

-Papá no hace falta que seas tan grosero.- Le dijo Esmerelda en mi defensa. Regalándome otra de sus sonrisas. –Siempre es de lo peor con los nobles que no pagan, te sorprendería la cantidad de idiotas que creen que por sus títulos pueden comer gratis. Pero en verdad hoy nos has ayudado mucho, Gracias.

Sus palabras relajaron por mucho la situación, aun cuando la mirada que me dirigiera su padre después de esta dejara muy en claro que no pretendía disculparse de nada.

La comida era como lo había sido en la tarde deliciosa y muy bien recibida tras las largas horas de trabajo. El vino ayudando a relajarme un poco ante el no saber que proceder sería el adecuado en una situación como esta.

-La gratitud es mía bella Esmerelda, me brindan la oportunidad de pagar mi deuda y admito es mucho más de lo que merezco al haber llegado aquí sin diamantes en mi posesión.- Fue mi respuesta, seguida por el momento del silencio traído al recordar lo poco grato del inicio de nuestra relación.

Fue la bella Esmerelda con su maravilloso entusiasmo quien hizo mucho más grata la velada, creando plática continuamente. Su curiosidad me recordaba en mucho la mía propia, deseaba saber a que familia pertenecía y como es que había llegado al restaurante, mis respuestas dejándole saber que no era oriundo de Phonterek y era en esta etapa de mi vida un viajero fueron recibidas por un resoplido de parte de su padre y una gran sonrisa y mucha más curiosidad por mis viajes.

Hoy puedo comprender los motivos por los que en esos momentos no mencioné nada de mi magia o mi raza aun cuando esa misma noche me había sorprendido ante tal proceder. No mentía al respecto sino que simplemente desviaba la plática o dejaba de hacer mención de una cosa o la otra en momentos cuando pude haberlo hecho.

El escenario mismo que la fortuna nos había deparado en esa cena pertenecía no a un hechicero ni a un miembro de la nobleza entre las hadas, esa noche era yo solamente un joven aprendiendo de la vida de una manera que nunca lo había hecho antes. En esa cena yo no era Zephyrae ed Selenyad, hechicero de vientos, sino simplemente Zeph como con cariño aprendió a llamarme Esmerelda.

La plática se dio de muchos temas, logré hablar de bellezas del mundo que había visto. Mientras que aprendía por las palabras de Esmerelda como su deseo era el de viajar y conocer el mundo.

-Sabes que no irás a ninguna parte hasta que hayas cumplido tu promesa Esme. – Fue la respuesta seca y concreta de Marao ante los comentarios de su hija. – Es tiempo de que partamos.

Más adelante en futuras pláticas con la bella Esmerelda sabría de la naturaleza de dicha promesa. Pues desde pequeña, cuando sus anhelos por viajar se habían hecho claros, Marao le había hecho prometerle que antes de partir de la ciudad estudiaría en alguna de sus prestigiosas escuelas. Promesa que por la falta de noble cuna no había a la fecha podido cumplirse.

Esa noche por otra parte mis dudas al respecto quedarían sin respuesta, Marao se levanto tras lo dicho y se llevo los platos y copas ya vacíos. –Bien es hora de que partas Zephyrae, en verdad gracias.- Me dijo Esmerelda acompañando sus palabras de un beso en mi mejilla y abriéndome la puerta del restaurante. Antes de dirigirse corriendo a la cocina con su padre. Sin darme más opción que salir del lugar.

Cerrando la puerta tras de mí y con mis sentimientos aun sin definirse. Había aun algo en esto, no era cuestión del dinero de la comida sino algo más, algo que mi espíritu anhelaba de este lugar, Esmerelda por bella que fuera no era la respuesta a mi duda mas una parte de mí sabía que el simplemente irme no me liberaría de ese anhelo.

Esa noche, bajo el cartél de La sonrisa de la Fortuna tomé la decisión de que habría de averiguar que era aquello que debía de aprender de Esmerelda y su padre. Había un secreto encerrado en mí que deseaba ser liberado y la llave de este se podía sentir como residía claramente tras la cerrada puerta del restaurante.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:11 am


La noche se encontraba levemente avanzada y faltaba aun para que la Luna se encontrara en lo más alto, las luces del interior del restaurante empezaban a apagarse mientras desconocía que hacer.

No fue difícil el hallar un lugar donde no se me observara para recuperar mi natural tamaño, midiendo en este poco más de un palmo era sencillo el pasar desapercibido y convocar mis alas.

Con el vuelo a mi disposición no era difícil el observar el interior del restaurante desde las ventanas. Esmerelda y Marao se hallaban en la cocina recolectando varios alimentos y sobras en una particular caja que ese mismo día ya había visto y de la que no había podido deducir su función. Cargando esta a su espalda Marao partió del lugar con Esmerelda a su lado, mi curiosidad me hizo seguirles a algo de distancia oculto por la altura y mi tamaño.

Pude aprender de esto que cada noche Marao y su hija llevaban a un asilo de veteranos cuanto quedaba en buen estado de la comida del día. Algunos ahí recibiendo con abrazos y grandes sonrisas a Marao y por supuesto a la comida. Por primera vez vi sonreír al particular Chef. Platicar con sus amigos aun cuando las ventanas y distancia me impedían escuchar la naturaleza de esas pláticas.

Esmerelda a su vez platicaba con ellos y era bien recibida entre conocidos y amigos, la manera en que su juventud y la fragilidad de su forma contrastaban con los cuerpos de los ya viejos soldados, resaltando su belleza como lo hace el desierto a la flor.

No fue mucho el tiempo de su visita pues esa misma noche el curioso par tenía aun otra visita que realizar, recuerdo mi curiosidad al recibir Marao un ramo de flores, de uno de los veteranos y salir con este del lugar acompañado por su hija.

El siguiente caminar no fue largo, el cementerio de Phonterek no era lejano al asilo y este era el destino al que los seguía. El guardia en la entrada saludando a Marao con militar gesto, el tiempo me haría saber que era apreciado por muchos en la guardia tras todos sus años de servicio y no eran muchos los años de su retiro. Por lo que aun muchos jóvenes habían entrenado bajo su rígida tutela.

En este sitio logré contemplar una escena hermosa como pocas en su tristeza, sus pasos los conducían a una pequeña tumba en el cementerio, su loza limpia y libre de la corrupción del tiempo hablaba de lo reciente de la pérdida. Las macetas de roca a ambos lados de la tumba contenían flores que se veían aun bastantes frescas en su mayoría.

Marao en su eterna firmeza solo contemplaba la tumba, impávido e inamovible ante esta me recordaba aun más a una montaña firme ante la tempestad.

Esmerelda con su propia gracia y dedicación tomaba de las manos de Marao el ramo de flores y poco a poco las repartía en las macetas, retirando aquellas que se hubiesen ya marchitado. La luz de la luna suficiente en lo alto para permitirme el ver el brillo que en sus ojos se reflejaba de esta a causa de las lágrimas. Por un tiempo ella también contemplo la tumba, su cuerpo a diferencia del de su padre temblaba ocasionalmente hasta que fue incapaz de seguir contemplando la física representación de su pérdida y dándole la espalda a la tumba se perdía en el pecho de Marao, rodeada por sus brazos.

No necesitaba saber más esa noche para sentir el dolor y tristeza que de la situación emanaba. No mucho después logré saber que el propietario de aquella tumba era el hermano de Esmerelda, Vincent, quien no hace mucho muriera en las calles de esta misma ciudad. Los asaltantes habían sido encontrados y llevados a la justicia por el mismo Marao mas su ejecución poco podía hacer para llenar el vacío causado por su pérdida.

Entre las hadas la muerte pocas veces es seguida por ritos, simples despedidas son suficientes entre nosotros que es nuestro creer cada uno regresa al mundo, a su propio elemento y si es el Destino quien lo desea nuevamente seremos entretejidos en la historia del mundo.

Existe la tristeza ante las pérdidas mas pocas hadas suelen permitirle permanecer en sus corazones por demasiado tiempo, aun así en ese sitio, ante la tristeza que Marao y su hija forjaban y sentían a causa de la falta de uno de los suyos mi corazón no podía sino cantar en tristeza con ellos.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:12 am

Mientras mi atención se encontraba en observar la escena ante mí. Alei, mi compañera llego a mi lado. Posándose suavemente en la misma rama desde la que observaba cuanto pasaba en el cementerio.

Claramente viendo la solemnidad de la situación guardo silencio a mi lado, su presencia reconfortando mi tristeza, mis pasos acercándome a ella sin dejar de ver la escena hasta que mi mano pudo tocar una de sus alas. El temor de la soledad, de la pérdida de los que uno ama haciendo eco en mi corazón me hacían buscar su presencia, la reafirmación de que ella estaba a mi lado como una luz que mantenía la oscuridad de la soledad a raya.

Finalmente tras un rato de ese silencio Marao y su hija partieron, ella aun en brazos de él que con su inmenso cuerpo pareciera resguardara a una pequeña niña del mundo entero. De muchas maneras eso es lo que hacía.

Habían partido finalmente cuando me di cuenta de las lágrimas que habían brotado de mis propios ojos. Lágrimas por un joven que no había conocido mas que era posible conocer a través del inmenso vacío que dejaba tras de si.

Alei mantuvo solo unos momentos más el silencio antes de dirigirse a mí. –Por lo que puedo ver cariño, nos quedaremos en Phonterek otra vez por un tiempo.

-He encontrado algo aquí Alei, puedo sentir como el Destino guarda en este sitio algo que le pertenece a mi corazón. No hay en mi palabras que pueda usar para describir de que se trata mas sé bien que no está en mi ser partir dejando esa parte de mí abandonada.- Fue mi respuesta o más bien la de mi propio corazón.

Por varios momentos Alei me observo de esa peculiar manera que tienen los halcones que te hace sentir un pequeño pájaro que es evaluado antes de decidir si merece o no la pena ser perseguido.-Bien, supongo en tal caso que lo mejor será hacer saber a los otros halcones que estaré por aquí un tiempo. Descansa querido, te ves cansado.

Sus palabras me hicieron darme cuenta por primera vez del cansancio que mi cuerpo presentaba, el viaje a Phonterek mezclado con la larga tarde de trabajo le exigían a mi cuerpo descanso.

Alei alzó el vuelo dejándome en aquel lugar. Mi vuelo ya en la soledad me condujo a la tumba que habría de visitar muchas veces más. El nombre Vincent cuidadosamente tallado en la loza y los años en esta marcados dejando saber al mundo que poco más de 17 años poseía el día que fue arrebatado del mundo. No había en esta tumba epitafio alguno, que palabras pueden decirse cuando ocurre una tragedia como está.

Estuve ahí contemplando la tumba tratando de encontrar sentido alguno en esta pérdida, tratando de comprender los designios del Destino y la gran madre al llevarse a alguien tan joven y claramente tan amado de este mundo.

Ninguna respuesta llego a mí esa noche, ninguna lo ha hecho en estos tiempos. Sé pues es nuestra creencia que la muerte es quien habré las puertas a nueva vida. Sé porque eso se me ha enseñado que el gran plan y la gran obra es maravillosa en su totalidad y el tiempo que cada ser ocupa en este plan es el que a cada quien le corresponde.

Todas esas creencias parecían desvanecerse ante esa lápida. Una parte de mi pidiéndome alejarme de aquel sitio, no lo hice.

El sueño me hallo recostándome junto a una de las macetas, durmiendo en aquel santo lugar hasta ser despertado por la luz del amanecer trayendo nueva vida al mundo con su cálido beso.

La lápida seguía ahí, mas ante el naciente Sol su presencia parecía más un monumento que el símbolo de una pérdida, las flores en las macetas habían florecido y las pocas que empezaban a perder su juventud habían recuperado en mucho su belleza.

Si simplemente lo contemplo el don natural de mi gente con la naturaleza es en muchas ocasiones suficiente para brindarles vida a las flores en nuestra presencia, supongo esa habría sido la explicación mas simple de tal evento, esa mañana para mí ese florecer era el claro mensaje de la gran madre. Muchas flores morirían con el tiempo mas la vida y su belleza de alguna manera se abrirían paso.

Sigo sin poder comprender el porque tras la partida de Vincent mas esa mañana el mundo mismo se aseguro de recordarme la razón por la que yo aun seguía en él. Tenía trabajo por delante.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:13 am

Al medio día de ese mismo día me encontraba ya de pie en mi tamaño humano ante la puerta que daba a la cocina del restaurante desde afuera de este. Tocando en la misma con fuerza para asegurarme de ser escuchado.

Portando en su mano uno de los cuchillos Marao entreabrió la misma. Su expresión de sorpresa fue seguida de la clara y concisa pregunta. –¿Qué demonios crees que haces aquí?- A la vez que terminaba de abrir la puerta. Detrás de el Esmerelda sonreía al verme.

-He dicho que no me iría hasta haber pagado mi deuda.- fue por mi parte respuesta y saludo.

Marao me examino cuidadosamente. El ojo que conservaba en perfecto estado tratando de ver en mi interior, de comprender cuanto mis palabras conllevaban. Había entrenado soldados para la ciudad por años y en ese tiempo había aprendido que mucho era lo que algunos jóvenes buscaban bajo su tutela.

-Zeph sin duda con lo que trabajaste ayer ya pagaste lo que deb….- Empezó a decirme Esmerelda antes de ser interrumpida por su padre con el simple gesto de levantar un poco su mano.-Muéstrale como se pican las verduras.- Fue lo único que dijo al respecto en dirección a su hija mientras me daba la espalda y continuaba sus preparativos para las comidas del día.

Así empecé a trabajar todos los días en La Sonrisa de la Fortuna, Esmerelda mostrándome cuanto podía hacer para ayudarles. Al principio eran tareas sencillas como el picar las verduras, lavar los trastes y limpiar el lugar, conforme las semanas pasaron me encontraba ayudando a Marao con la preparación de los alimentos y aprendiendo algunos de sus secretos de cocina.

Fue grato ver como poco a poco Marao empezó a dirigirme la palabra, de él descubrí había aprendido a cocinar en el ejército durante todos sus años de campaña. Poco a poco empezó a compartirme secretos de su manera de cocinar, incluso a confiarme el preparar platillos completos de lo encargado en el restaurante.

Habían pasado dos meses y aun cuando mis habilidades culinarias distaban por mucho de las del legítimo Chef del restaurante Esmerelda logró convencer a su Padre de tomarse un par de días libres a la semana para estar con sus amigos del Asilo. Solo había logrado convencerle de ello si ella misma aceptaba tomar dos días diferentes para ella misma mientras yo atendía las mesas. Siendo los tres era posible el descansar de esta manera un poco todas las semanas. Por mi parte dedicaba mi propio día libre, había insistido en solo tener uno, en viajar por los alrededores con Alei y practicar con mi magia que me negaba a descuidar.

Mi magia llego a surgir como tema a la pocas semanas, Esmerelda fascinada por esta y Marao tachándola de simples trucos. Ante la insistencia de Esmerelda llegue a demostrar algo de mi poder que fue como sea recibido con la aprobación de Marao, como sea recuerdo al día siguiente como me despertó, pues habían hecho un lugar para que durmiera en el restaurante, con dos largas varas en sus manos. Aun con sueño conduciéndome al patio de la casa y tras darme una de las varas empezando a atacarme.

Eso había ocurrido a las pocas semanas de empezar a trabajar y de ahí en adelante Marao se aseguro de mantener mi ‘entrenamiento en cosas que sí valen la pena’ todos los días.

Quisiera en honor a él como maestro decir que me he convertido en un gran guerrero mas nunca alcanzaré a compararme con otros verdaderos guerreros, fue como sea una sorpresa que no se rindiera conmigo desde el principio.

Por su parte Esmerelda fue siempre una muy grata compañía, recordándome de muchas maneras a mis propias hermanas. Me alegro saber que en ella encontré una gran amiga y su propia historia es una de las que guardo cercanas a mi corazón.

Mi tiempo en La Sonrisa de la Fortuna fue feliz y hermoso, las palabras de Marao y su ira al principio, cuando me considero un inútil que nunca había trabajado podía verla justificada ahora que comprendía la verdad tras este esfuerzo diario. La satisfacción al final de cada día habiendo cumplido con cuanto me correspondía hacer era algo que antes hubiera sido incapaz de comprender, una forma de belleza ante la que me hallaba ciego antes de ese día.

Fueron apenas tres meses de mi vida en ello, tres meses que siempre recordaré y sentiré como una vida completa en si misma, al final de los cuales los vientos del Destino habían decidido cambiar y traer a mi vida los sucesos que me harían terminar mi estadía en tan bello lugar.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:15 am

-Espero siquiera te hayas dado cuenta de que esa niña no deja de venir al restaurante para verte a ti.- Me dijo una mañana en el techo del Restaurante Alei.

Sabía bien a quien se refería, Cristina de Eraez, una joven noble de la ciudad que había empezado a frecuentar el restaurante con sus guardaespaldas.

Aun no era capaz de calcular siempre con precisión las edades humanas conforme a aquellos que veía, sus vidas parecían transcurrir tan rápido a comparación de las de mi gente que unas cuantas primaveras eran a veces suficientes para que los cambios en ellos fueran considerables. No creo como sea que Cristina superara por mucho la docena de primaveras, uno o dos pares más a lo mucho por lo que dejaba ver la suavidad de sus rasgos y la manera en que la juventud y la niñez aun danzaban en cada faceta de su ser.

Llevaba cerca de un mes acudiendo a comer al restaurante, sus llegadas siempre coincidiendo con los días en que era mi turno atender las mesas durante el descanso de Esmerelda. No era ella la única que habíamos notado venía tan solo en esos días. Para constante risa de Alei lograba ver como mis días entre las mesas mostraban un claro incremento de mujeres en nuestra clientela.

Aun así era en ella en quien se centraba nuestra plática pues Alei acababa de decirme que le había visto rondar el restaurante, encapuchada para ocultarse aunque eso de poco le servía ante la vista de un halcón. Sin guardaespaldas con ella y obviamente escondiéndose de sus padres. Tal situación podía ser por demás riesgosa no solo para ella sino para La Sonrisa de La Fortuna pues no era poco el mal que podrían hacerle al establecimiento sus padres si sospechaban que era culpa nuestra.

Fue la resolución de esa plática el que hablaría con ella al respecto, buscando hallar una solución antes de que el problema llegara a presentarse y tal hubiera sido mi acción si la caprichosa mano de la fortuna no hubiera decidido jugar una nueva carta en mi camino.

Esa misma noche Cristina regresó al restaurante, esta vez sin ninguno de sus guardaespaldas y encapuchada a la manera que Alei había descrito. De esto me enteré por palabras de Esmerelda pues siendo uno de los días de descanso de Marao mis labores en la cocina me mantenían ocupado. Al enterarme apreste el paso para conseguirme algo de tiempo para lidiar con la situación.

Me encontraba aun cocinando cuando escuché un grito de mujer proveniente de las mesas, el hueco en la pared donde los pedidos de la cocina eran colocados me permitió ver a varios hombres encapuchados y de rostro cubierto que armados habían entrado al lugar.

-¡Solamente queremos a este crío, así que cállense y no mataremos a nadie!- Dijo en fuerte voz aquel que sujetaba a Cristina por uno de sus brazos. Con la espada de fuera. Sus otros tres compañeros también habían sacado sus armas.

No usaba mi espada en la cocina pues había descubierto lo estorbosa que podía ser, salí de la cocina por lo tanto armado con lo mejor que pude encontrar en aquel lugar, una de las largas y gruesas escobas que a diario usara para limpiar.

Para el momento en que había salido los pocos comensales que quedaban en el lugar ya estaban reunidos en la opuesta pared a la entrada, manteniéndose a distancia de los hombres armados.

-Déjenla ir.-Dije con clara y firme voz a los secuestradores. Al parecer mi pacífica existencia en esta vida no habiendo dejado de lado mis galantes sueños de volverme un héroe de leyendas.

El efecto como sea no llego a ser ni remotamente el esperado, dos de los criminales empezando a reír. Mientras el líder de los bandidos entregaba a uno de sus compinches el brazo de Cristina para que la sujetara y me dirigía la palabra.

-Lo dicen tu terrible escoba y tú cocinerillo. Yo creo que no, el rescate de esta pequeña nos hará hombres muy ricos más en cuanto le dejen claro a sus padres cuanto sufrirá en nuestras manos hasta que nos paguen.- Su última frase dicha mientras sujetaba bruscamente la cara de Cristina.

-¿O acaso pretendes hacer algo al respecto?- Me pregunto el líder burlonamente, fue entonces que todo empezó.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:16 am

He de admitir en retrospectiva que se trataba de un buen líder de bandidos, sus palabras no las dirigía burlonamente hacia mí, su verdadero objetivo siendo sin duda el mantener en alto la moral de sus hombres durante el secuestro y evitar alguno se acobardara en este. Las risas de sus compañeros clara muestra de su éxito en ello.

No podía tener idea de a lo que se enfrentaba cuando soltando el rostro de Cristina dio un par de pasos hacia mí con la espada en alto, seguramente buscando el acobardarme, quizás que me escondiera en la cocina y partir de ahí con total control del ánimo de sus hombres.

No había manera de que supiera que en el momento en que había soltado el rostro de Cristina me otorgaba una oportunidad única para rescatarla. Pues la primera indicación que pudiera tener de eso llego hasta que había caminado en mi sonrisa.

La magia de mis vientos se encontraba a la espera de mi llamado y fue con esta que alcé rápidamente al criminal que sujetaba el brazo de Cristina y con fuerza le arroje contra sus otros dos compañeros. La sorpresa suficiente para que soltara el brazo de Cristina tras el tirón que este tuvo del Criminal que a él trato de aferrarse.

Era mi intención el aprisionar a los tres secuaces contra la pared, por desgracia la agilidad de uno de ellos logro librarlo del golpe que su propio compañero le habría dado mientras volaba por los aires.

Aun así mi objetivo principal se había cumplido, Cristina había sido liberada del agarre de su captor y de conseguirle el tiempo necesario podría haber escapado del lugar.

El líder sin duda era bastante hábil, no dejando que la sorpresa durara mucho empezó a girarse para sujetar a la niña, su intención frenada por mi subsecuente ataque.

La escoba no era un arma ideal por mucho, mas su forma y largo me permitía el atacar a mi objetivo con los mismos movimientos que Marao había insistido que aprendiera, el primero de los embistes con esta esquivado por centímetros solamente obligaba al bribon a defenderse.

Mi rival era hábil y sin duda estaba entrenado en el manejo de la espada logrando mantener mis golpes alejados de su cuerpo y rostro mientras lo atacaba, quizás si la batalla hubiera continuado como un duelo entre los dos las enseñanzas de Marao me hubieran dado la victoria como sea mi objetivo no era otro que el de asegurar el escape de la pequeña noble.

De reojo pude ver como Cristina no había aprovechado su oportunidad para escapar, en vez de esto la niña se quedaba observando la lucha sin poner atención más que a mi batalla con mi hábil rival.

Junto a estos problemas el bandido que en primer lugar había logrado esquivar se unía a su dirigente contra mí, la llegada de un segundo adversario que también se mostraba sumamente capaz con su espada cambiando por completo el ritmo de nuestra danza, obligándome a defenderme de ambos al tiempo.
Esperaba sus ataques me obligaran a retroceder, pero para mi sorpresa no fue ese el caso, hoy puedo ver que el entrenamiento de Marao pocas veces me había hecho atacarlo siendo él quien siempre llevaba la ofensiva, los movimientos que me había enseñado y la curiosa manera de manejar esos bastones en el combate me permitían mantener mi lugar ante los dos adversarios.

La gran habilidad de Marao no me había permitido el ver hasta ese momento lo impresionante que podía resultar el báculo como defensa. Su alcance y versatilidad claramente superiores a mi propia espada.

Aun así no tenía tiempo de maravillarme de eso, sería cuestión de momentos que sus compañeros se levantaran, o peor aun que uno de sus ataques lograra coordinarse entre mis defensas. Sin poder contraatacar estaba destinado a perder esa batalla.

Para sorpresa del líder que esperaba ese resultado su compañero en batalla cayó derribado tras el fuerte impacto de una de las sillas del restaurante en su espalda, Esmerelda tras este sujetaba aun la silla que mostraba una de sus patas rotas.

Ignoro si el bandido vio en Esmerelda una presa fácil y un posible rehén para salir de esa situación o fue la confusión ante la caída de su compañero. Cualquiera que fuera su razón dejo de atacarme por unos momentos dando paso hacia mi querida Esmerelda. Solo un momento dejo de atacarme mas eso era todo lo que necesitaba para volver a conjurar mis vientos, arrojándolo primero contra el techo del lugar con gran fuerza y acto seguido lanzándolo contra los otros dos compañeros que empezaban a levantarse.

En realidad ese fue el final de la batalla, uno de los comensales había aprovechado la confusión para huir del lugar y buscar a la guardia de la ciudad. Ninguno de los bandidos estaba mortalmente herido pero si aturdidos los suficiente como para poder mantenerlos controlados con mi magia en lo que los refuerzos llegaban.

El capitán que evaluó la situación mando de inmediato reporte a sus superiores asegurándose de que nadie dejara el lugar, estos a su vez hicieron llamar a los padres de Cristina Eraez.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

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