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La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:19 am

Fue alrededor de una hora de incertidumbre lo que esperamos en el restaurante, custodiados por los guardias. Una espera en la que logramos enviar con unos de los guardias que conocía a Marao mensaje a este para que acudiera, su llegada fue bien recibida por los guardias y Esmerelda se aseguró de exponerle con claridad la situación.

Poco después de finalizada esa hora llegaban al restaurante una mayor cantidad de guardias, escoltando un lujoso carruaje. De este la mujer que descendió era la clara imagen de Cristina Eraez con más años. Su rostro mostrando la seriedad y rigidez propia de quien sabe sus órdenes serán llevadas a cabo.

Fue llevada a Cristina y un emotivo abrazo dejo ver su cariño y preocupación por su propia hija. Con la habitación repleta no me era posible el escuchar de lo que hablaban, Cristina se veía a la vez feliz y temerosa de cuanto le decía a su madre. Cuando su conversación termino, con severas palabras de su madre por cuanto alcanzaba a ver. La niña fue retirada con cabeza baja del lugar y bien resguardada fue llevada al carruaje.

Todo pudo haber terminado ahí, mas pocas veces es la vida tan sencilla. Elizabeth Eraez bien resguardada caminó hacia nosotros con pasos lentos, la comitiva de guardias que seguían todos sus pasos haciendo su avance aun más impresionante.

-Entiendo que tu eres el joven que rescato a mi hija de esos canallas.- Nos dijo y en el momento que permitió entre esta y su siguiente frase el suspiro de alivio de Esmerelda se logró escuchar, alivio que duro solo el tiempo suficiente para que mi querida amiga volviera a tomar aire con las siguientes palabras de la mujer. –Así como claramente puedo ver fue culpa tuya que estuviera en peligro en primer lugar.

-No por mis obras, aunque me temo que sí por mi causa.- Sabía sus palabras habían espantado a Esmerelda, años en que vi a mi propia madre llevar la Corte me permitieron ver que sus palabras no eran una amenaza sino clara muestra de su autoridad. Con que fin la exponía era algo que aun no lograba entender.

-Sin duda eres una rareza y mi tiempo es corto para intercambiar protocolos, así que hablemos con claridad. Mi hija te tiene como objeto de sus infantiles amoríos. Tu existencia me es un problema por lo tanto con el que he de lidiar. – Nuevamente permitía con su pausa que sus palabras crearan los efectos que deseaba. Quizás buscando controlar ante el miedo que podían infundir tales comentarios, mas si sus intenciones fueran realmente las de acabar conmigo hubiera dado la orden de acabar conmigo en vez de buscar esta plática.

Esmerelda empezaba como sea a hablar solo para ser silenciada por Marao. La noble me examinaba, su mirada recordándome el escrutinio de los ojos de mi propia madre y de Alei, su experiencia en el tratar con las personas clara en la manera en que manejaba la situación.

Ante mi silencio por respuesta continuó. –Como sea después de esta noche carezco de maneras de detener los rumores de cómo rescataste a mi hija. Sin mencionar que si simplemente desaparecieras mi propia hija jamás me perdonaría el que su amado caballero que le rescatara de terribles enemigos armado solo de su amor y una escoba se hubiera ido. –Su sonrisa finalmente mostrándose con su último comentario dejaba que toda la situación se relajara por instantes. –Por lo que es obvio que no puedo simplemente deshacerme de ti por el momento. Así que no tengo más remedio que llevarte conmigo y dejemos muy claro que tú no tienes más remedio que venir.

Sus últimas palabras dejando clara la situación y no dejando alternativa alguna. Antes de que alguien pudiera reaccionar como sea concluyó. – Mas no es la casa de Eraez malagradecida ni amiga de la esclavitud. Hoy nos has hecho un gran servicio. Nombra tú precio.

Las últimas palabras habían sido pronunciadas con total formalidad, no como una madre solucionando una situación sino como legítima gobernante de su propia casa noble.

Sentía la mirada de Marao buscándome, así como la de Esmerelda, el silencio y la pregunta por primera vez permitiéndome voltear a verlos. Esa siendo la noche de nuestra despedida.

-Entiendo las razones y entiendo la situación mas no hay nada que puedas ofrecerme a mí su alteza. Por lo menos nada que sea de utilidad para mí. Aun así tengo una deuda que también le pertenece a usted hermosa dama. Pues si no hubiera sido por la ayuda de esta valiente joven y amiga mía yo habría perecido y los rufianes huído con su hija.- Mis gestos y palabras claramente haciendo referencia a Esmerelda. –Si en algo hay honor en la casa de Eraez para con aquellos con quienes está en deuda es mi petición que su casa le otorgue todo su apoyo para gozar de la mejor educación y preparación que esta ciudad puede darle.

Elizabeth Eraez llevaba tiempo sin ser confrontada. Su formal sonrisa cambiando a quien pareciera iniciar una batalla por un solo instante y rápidamente relajándose en una sonrisa que me dejaba saber que había obtenido cuanto quería.

-Has nombrado tu precio pues y gustosamente queda acordado. Despídete esta misma noche y que los guardias que dejo te conduzcan a mi palacio.

Tras decir esto Elizabeth Ezrae dio la vuelta, mi destino decidido en tan rápido intercambio de palabras y la verdad de estas llegando a mis amigos y a mí mientras la mayoría de los guardias salían siguiendo a su señora.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:22 am

El lugar se había vaciado con excepción de los guardias que se quedaban en las puertas del edificio a mi espera. No recuerdo que en toda la noche se materializara la idea de simplemente huír. Desde que el destino nos juntara a Marao y a mí por primera vez en la cocina de aquel restaurante no había huido. Ahora con el restaurante que tanto había aprendido a querer en la línea no podía simplemente irme y dejar a Marao y Esmerelda tras de mí sumergidos en problemas.

Desde el momento en que estuvimos solos sentí los brazos de Esmerelda rodearme, mucho más sorpresivamente sentí la enorme mano de Marao en mi hombro presionándolo firmemente, era el gesto más afectuoso que había visto le brindara a alguien que no fuera su hija.

Esmerelda tardo en aceptar que debía partir, mientras tanto yo como su padre callábamos ante lo inevitable de nuestra separación. Sus palabras perdiéndose en el silencio como el simple berrinche ante la fuerza del destino que eran. Marao simplemente se dirigió a la cocina y empezó a preparar la cena.

Le seguí en esta y por última vez cocinamos juntos. Sin cruzar palabra como había aprendido a hacer con él la cena fue condimentada por ambos y bien preparada. No hicieron falta palabras entre los dos hasta el momento que con todo preparado me dirigí por la botella del vino que correspondía a cuanto habíamos preparado.

-Deja eso.- Me dijo a la vez que me hacía seguirle. Al fondo de la bodega del restaurante. Con sus enormes brazos movió uno de los estantes y bajo este una enorme placa de piedra con una cadena forjada en esta. Con sus enormes fuerzas Marao arrastro la palca para dejar ver bajo esta un cofre de considerable tamaño enterrado junto a otro mucho más pequeño.

El cofre más grande se hallaba lleno de diamantes, las pequeñas gemas usadas en el mundo como dinero y otras gemas talladas que claramente tenían aun mayor valor. Tomando una de las bolsas de cuero que habían en el mismo cofre para guardar su contenido Marao empezó a llenarlo de diversas gemas y y una vez la bolsa estuvo llena relleno el espacio entre estas con los pequeños diamantes.

Cerró la bolsa tras haber extraído el contenido que llenara ahora la bolsa de cuero. Y luego con mucho mayor cuidado abrió el pequeño cofre, en esté, envueltos en pliegos de cuero había una infinidad de pequeños recuerdos que suavemente acariciaba mientras buscaba entre ellos.

Finalmente tras encontrar los objetos que buscaba los sacó y cerró el cofre que cuidadosamente coloco al lado del otro. Ante mi silencio volvió a colocar en su lugar la enorme lápida y sobre esta el estante.

Me arrojo la bolsa de gemas y diamantes. –Ahí tienes tu paga de estos meses niño, no te vuelvas a atrever a ir a un restaurante sin pagar.

-Marao no puedo aceptar esto, sigo en deuda contigo tras todo lo que aquí he apr…- Empecé a decirle antes de ser callado por su mano en el aire.

-Nunca podrás pagarme lo que me debes muchacho, así como yo nunca podré pagarle al que me lo enseñó. Ahora dame gusto y toma tu paga, sabes que yo pago lo que debo.

Solo pude asentir ante sus palabras. Nunca había dicho algo que hiciera a aquel hombre cambiar de parecer cuando estaba decidido.

Mi sorpresa fue mayor con lo siguiente al mostrarme en su enorme mano uno de los objetos que había sacado del cofre. Se trataba de una medalla mas no cualquier medalla, la reconocía claramente pues la había visto en el estudio de mi padre entre sus recuerdos, me había platicado siempre con una sonrisa cuando se la habían otorgado ya hace siglos en su juventud, la medalla del Soldado Preparado.

-Dijiste que venías de Efrinder.- Me dijo a la vez que colocaba la medalla en mi pecho. Observándola con cariño antes de regresar a mi su siempre seria mirada. Me era difícil el creer lo que ocurría, esta medalla era otorgada antiguamente en los ejércitos humanos, en mi propio continente de Efrinder sólo a los soldados que demostraban estar listos para enfrentarse a cuanto la vida lanzara contra ellos, era a la vez un honor y una responsabilidad ante el mundo. Dicen las leyendas que ese mismo deber les haría salir adelante ante cualquier cosa. Soportando cuanta adversidad la vida les lanzara.

-Este vino.- Me dijo mostrándome una botella tallada, el otro objeto que había sacado del cofre.- Lo he guardado para festejar cuando mis hijos finalmente lograran ingresar en la academia. Esta es esa noche así que festejemos.

Después de eso me dejo ahí todavía sorprendido tras cuanto había pasado. Al alcanzarle ya estaba sentado en la mesa, ella y Esmerelda esperándome para esa última cena juntos en La Sonrisa de la Fortuna. El sombrío ambiente poco a poco dejando lugar ala plática causada por Esmerelda como fue el caso en nuestra primera cena, las risas ante los recuerdos de todos nuestros bellos momentos haciendo retroceder la tristeza de la despedida aunque fuera por solo esa noche.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

Mensaje por Zephyrae el Sáb Ago 06, 2011 5:23 am

Epílogo.

Las vidas de Esmerelda, Marao y Zephyrae no concluyen en ese punto, esa fue una de varias despedidadas pues los tres tendríamos nuevamente ocasión de hallarnos, por desgracia esa fue la última vez que los tres estuvimos reunidos a la vez.

Esa misma noche, tras que Esmerelda finalmente cayera presa del sueño y Marao la subiera a acostar. Fui acompañado por mi maestro en muchas cosas con los guardias y partí a conocer lo que mi camino me deparaba en el Palacio Eraez. Los tiempos que seguirían a esto, al lado de Cristina y su madre habré de buscar ocasión para narrarlos pues tanto la una como la otra son dignas de historia.

Elizabeth Eraez cumplió con su palabra y sé que Esmerelda logró ingresar a la academia con el apoyo de su familia. Sé pues nuestros caminos se volvieron a encontrar años después de eso que se volvió una dama de renombre con amor por los viajes e incluso llegamos a recorrer senderos de Noreth uno al lado del otro. Siempre una amiga y siempre una nueva hermana para mí.

Supe para mi tristeza que La Sonrisa de la Fortuna había cerrado poco después de que Esmerelda partiera, la razón del constante trabajo de Marao para enviar a su hija a la academia ya no estaba ahí para darle vida y fuerzas al lugar, en vez de esto Marao invirtió su propia fortuna, acumulada con los años de trabajo en el asilo de veteranos, haciéndolo un lugar digno de él y sus amigos.

Sé que en este se encarga ahora de dirigir las cocinas, callado siempre que cocina pero en sus platillos expresándose mucho mejor que lo haría un orador. Estoy seguro de que en ese sitio jamás deberá de volver a enojarse por alimentar a quien no se lo ha ganado, rodeado como está ahora de tantos que han luchado y trabajado por cuanto merecen en esta vida.

En cuanto a mí. Los relatos que nacieron de mi llegada al palacio de la familia Eraez son dignos de su propia historia y en cuanto a Alei los reclamos que recibí de su parte al saber que estaríamos aun más tiempo en Phonterek esos sí son dignos de leyendas.
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Re: La Sonrisa de la Fortuna (Privada)

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