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Alimañas

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Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Sáb Ago 06, 2011 6:38 am

“En un principio la tierra estaba vacía … las rocas eran sus únicos habitantes y con cada amanecer el fuego del sol arrasaba sus cuerpos, estas gritaban de agonía y dolor cada amanecer mientras morían con cada noche por el frio que helaba sus corazones … era un paraíso, era el delicioso placer del dolor … con cada ráfaga de viento el polvo rojizo se levantaba hasta los cielos cubriéndolo todo de color carmesí y cada vez que el cielo lloraba sangre todo se bañaba de esta, desde los mares que ebullían incansablemente hasta las montañas que se derrumbaban bajo su propio peso … pero nuestro paraíso no duro demasiado, la luz llego … la luz que quemaba más que el sol, que helaba más que la noche y algo nuevo surgió, lo verde, lo azul, el cielo se despejo y por primera vez vimos horrorizados esos infinitos ojos que nos veían de las alturas, nos ocultamos, cada vez más profundo en la tierra, cada vez más hondo en el corazón de esa roca, construimos nuestros hogares en dolor, en sufrimiento mientras nuestras manos sangraban día y noche, aun añoramos volver a ver el ardiente sol cubrir todo, escuchar el grito del viento y los gemidos de las rocas … pero esta la luz … la odiosa luz … un día desaparecerá y con ella todas las criaturas sufrirán para nuestro deleite, para nuestro gozo y placer, porque nosotros somos eternos, somos los que reptan en la noche, los que gimen en el desierto y que lloran sangre sobre el mar”

Así estaba escrito sobre esa placa de piedra, una placa oscurecida por los años, y por el paso de las eras que había visto, usada como mesa por aquellos ricos humanos, manchaban las palabras que grabadas contaban el terrible pasado, mas todo era risas y brindis, mientras la carne era cortada y servida, los vegetales calientes eran devorados, incluso los animales, siempre al lado de sus amos se relamían los labios cuando le eran arrojado algo de comer, ¿por qué tanta algarabía? Uno podría preguntarse, quizás un casamiento, quizás una boda, quizás algo mas mundano como el simple hecho de mostrar las riquezas que una familia podía gastar en una sola noche, las risas de los jóvenes, la risa de los ancianos, el vino siendo vertido en sus copas, nada fuera de lo común … nada fuera de lo común en una ciudad como aquella, en una mansión como aquella, una mansión que relucía de noche por las velas y de día por el sol, mas tanto deleite, tanta falsa felicidad puede desencadenar los más nefastos hechos, una copa que se derrama sobre la roca, mientras el vino fluía recorriendo cada una de esas letras, grabadas con garras y dientes, con odio y desesperación…

Lejano de esas risas y esa luz, la abominación recorría los pasillos de esos drenajes, aun en las ciudades más ricas habían lugares donde la podredumbre reinaba, ratas y alimañas eran sus acompañantes, una criatura rastrera y nauseabunda en la palma de su mano que brillaba con malsano fulgor, una criatura que constantemente pedía comida a un amo que poco o nada le importaba, los pasos por entre pasillos labrados en la propia roca, cubiertos por limo y restos de quien sabe que seres… un lugar que le recordaba donde había nacido, un lugar que le daba todo lo necesario para su tan desagradable fin, paso a paso hasta detenerse frente a unas escaleras, escaleras de roca y madera, un ascenso lento mientras en su rostro los tentáculos permanecían quietos, no había alegría en sus ojos, no había razón de tenerla … solamente cuando podía trabajar era feliz, pero su felicidad radicaba en el dolor de los demás, en la miseria de los otros, su mano libre se estiro y con lentitud el pomo se giro, tras la robusta puerta un abismo negro solamente se podía contemplar, mientras que el olor a muerte y descomposición lograba que la criatura en su mano se agitara de emoción, un paso … dos pasos , la puerta cerrándose tras él.

Las risas se silenciaron, los ojos contemplaron, las bocas se abrieron, la piedra se agrietaba ante los ojos de los hombre y mujeres, ante el horror de su dueño y la risa burlona de su mujer, la piedra se agrietaba y se partía, el suelo se agito cuando dos bloques de roca cayeron sobre él, dos bloques que estaban vacios en su interior, mas algo se agitaba en su interior algo que miraba desde el interior y se agitaba violentamente… el horror.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Sáb Ago 06, 2011 7:19 am

El abismo no dejaba que la luz lo cubriera, era el refugio de la oscuridad y las frías sombras, la desagradable criatura se arrojo al vacio, dejando la estela de baba en la mano de su amo, con un golpe seco y amortiguado llego al piso, mientras su cuerpo se movía lentamente internándose en la oscuridad, siendo atraída por ese olor, mescla de carne y muerte, de gusanos y sangre seca, entre las sombras y oscuridad el camino de baba podía notarse, hasta que este desaparecía en la nada, la abominación miro en silencio esa oscuridad, mientras sus tentáculos se movían al unisonó de un gateo, un goteo rítmico, un goteo que provenía de esa oscuridad, la delgada mano se movió en la oscuridad, mientras palpaba el estante, una pequeña caja lo aguardaba y a su lado una vela, la única luz que iluminaria esa estancia, con tranquilidad el cerillo se encendió en una pequeña chispa, la vela lo siguió, la frágil llama luchaba por mantenerse viva en tan malsano ambiente, a medida que la luz iluminaba ese lugar los rostros lo vieron, rostros con ojos abiertos , rostros pálidos que lo observaban en silencio desde la oscuridad, el goteo seguía, mientras a la lejanía las gotas de ese elixir ámbar goteaba sin detenerse.

Los pasos rompieron el silencio, pasos pequeños, diminutos, ojos que no habían visto la luz en incontables milenios, parpados que cerraban y abrían mientras las velas iluminaban con destellos dorados las estatuas, una tras otra salieron de ese oscuro lugar ante la mirada de esos hombres, un paso, un valiente, un simple muchachito de clase baja, un joven que deseaba ser valiente e impresionar a una bella dama, un paso más, un paso hacia aquellos, sin miedo, sin desesperación, quedo frente a esa diminuta criatura, el ser lo miraba con ojos grandes y brillantes, ojos inocentes y dulces, con suavidad el joven estiro su mano casi rosando el piso, acercando su mano a ese ser, la boca se abrió y los finos dientes se clavaron en la suave piel, los ojos ce cerraron la boca se abrió para dejar escapar un grito, un grito que se ahogo cuando los dientes comenzaban a morder su cuerpo, roer su carne, desgarrar … desgarrar … comer después de tanto tiempo, saborear la carne una vez más, escuchar los gritos que añoraban desde esos días que solo las rocas lo hacían.

Ojos que miraban opacos, ojos que ya habían perdido el brillo, la llama danzaba en la oscuridad mientras el abismo lentamente desaparecía, la baba dejaba de brillar, la pila de muerte se movía mientras al criatura devoraba y comía con gula, era lo único que sabía hacer, comer y comer, para eso vivía, para eso estaba a su lado, porque su amo siempre tenía cadáveres, siempre tenía comida, y le dejaba comer todo lo que quisiera, los pasos de aquel, en silencio, se acercaron a los rostros, rostros sin cuerpo, rostros con los labios oscuros, rostros de cadáveres, el goteo seguía mientras la botella se llenaba, alimento, alimento para la abominación, la mesa lo esperaba, la carne lo llamaba, los instrumentos esperaban sus ordenes, cortar la carne cercenar los miembros, diseccionar órganos y muerte, mas no había cadáver esta vez, no había vida sobre la mesa, estaba vacía, desde hacía ya mucho tiempo, su mano se estiro hacia los rostros, habían jóvenes y viejos, hombres y mujeres, rostros curtidos por el mar, curtidos por la arena y la nieve, rostros suaves como la porcelana y ásperos como las rocas, sus dedos recorrieron las mejillas frías, los ojos que se negaban a cerrarse y que lentamente perdían todo el color y brillo.

Gritos … sangre y dientes, desesperación y agonía, colmillos que desgarraban y comían, ojos dulces y suaves, risas que eran ahogadas cuando el aire se agotaba, cuerpos sin vida sobre el brillante suelo, las criaturas comían con desesperación, saciando un hambre que les ordenaba seguir … ¿pero de que se alimentaban? … ¿acaso de la carne o de la desesperación que les rodeaba?




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Sáb Ago 06, 2011 9:15 pm

Lúgubres sombras danzaban contra las paredes, mientras que a su ritmo la llama luchaba por existir, los rostros miraban sin vida, sin esperanzas, cada uno empotrado en la fría roca, la abominación permanecía en silencio, la mesa vacía con manchas de su trabajo, manchas carmesí que no se borrarían por nada, las manos se posaron robre la robusta madera, mucho tiempo vacía, mucho tiempo sin ver los ojos suplicantes mientras cortaba, mientras abrir y diseccionaba, en esa estancia solo había muerte, no le molestaba … era cómoda, la criatura comía y comía en la pila de despojos, comía carne, comía gusanos y huesos, tendones y nervios, un festín de muerte, de restos de vidas y sueños.

Los gritos no cesaban, las piernas no respondían, los ojos eran disputados como deliciosos trofeos, hombre y mujer por igual, joven y viejo al unisonó, tan solo reinaba el hambre entre candelabros de oro y estatuas de mármol, los blancos pisos lentamente se tiñeron de rojo, mientras que no se detenían, no paraban de comer, los hombres intentaron huir, pero cada uno fue alcanzado por esos ojos dulces y tiernos, cada uno fue alcanzado por esos dientes en fila que mordían carne y bebían sangre, la piedra era testigo mudo de esos actos, había sido el contenedor, el arca que salvo a el horror del sol, de esa alegría de esos colores que repudiaban, sus alas no eran como en el pasado, las majestuosas alas ahora solo eran restos de ellas, no volaban … no planeaban, tan solo las movían mientras comían, ojos carmesí seguían los pasos del humano, mientras este corría y corría, más de lo que en su vida hubiera hecho, su cuerpo no le pertenecía, solo buscaba vivir, escapar de ese temor y ese ho9rror, bajo las escaleras, bajo sin detenerse, mientras tras de sí miles de ojos lo seguían, miles de dientes lo añoraban, pasos pequeños y diminutos sobre las rocas, sobre paredes y techos, como un gran gusano que solo roía y roía su alimento, bajo hasta donde no había luz, corrió entre la oscuridad y tropezó, las risas no paraban, los dientes no se detenían, corrió sobre el agua nauseabunda, corrió en túneles hechos en rocas, corrió mientras sentía los mordiscos en su cuerpo, los dedos no existían, las piernas no dejaban de sangrar … pero no había dolor, no había agonía, solo miedo, solo temor, horror fluyendo por sus venas, la sangre se agotaba, los ojos se cerraban, pero buscaba luz, buscaba la vida que se le arrebataba mordisco a mordisco, lengua con lengua.

La abominación camino alrededor de la mesa, la vela danzaba y se agitaba, las sombras parecían largas bestias que asechaban entre las sombras, pero no había nada, no había vida, se giro sobre sus pies, y miro la maciza puerta, los barrotes de hierro oxidado que la mantenían, el pomo que en un pasado había sido brillante, camino hacia el, camino para buscar otro lugar, otros especímenes, algo con que llenar su mesa, algo a lo que poder cortar, mas sus pasos se detuvo, tras la puerta se escuchaba algo, pasos agitados, piernas que corrían en temor, gritos que sin entender lo que decían denotaban horror, los pasos se acercaron y más lejos aun cientos de miles de risas, risas que castañeaban los dientes, que desgarraban el aire malsano de esos túneles … de esos canales.

Correr y correr tan solo eso necesitaba, todos estaban muertos en su mente, todos eran comidos como el por esos dientes blancos y en línea, una puerta, una puerta en un túnel oscuro, entrar tan solo eso pensaba, tan solo escapar de los dientes y los ojos que lo seguían, la puerta no se resistió se abrió tan rápido como se cerro, no había oscuridad para sus ojos, solo una tenue luz, una vela que se mantenía en la mesa, frente a él la alta abominación, mientras sus ojos no reflejaban más que miedo, pero no miedo por ese ser … si no por los miles que olían su sangre, que se relamían los labios y con hambre le gritaban que se acercara, que se dejara besar y saborear.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Sáb Ago 06, 2011 10:57 pm

¿Acaso eso estaba vivo? Mordiscos en su carne, huesos al aire, miedo en sus ojos, agonía en su cuerpo, humano o inferior, para la abominación eso era solo despojos, pero los despojos estaban vivos aun, aun fluía por sus heridas el elixir carmesí que por las venas corría, la mano se levanto entre suplica y dolor, entre agonía y cansancio, tras la puerta las risas se escuchaban, los pies sobre la roca, las alas batiéndose sin volar, tras la madera estaban los ojos, que contemplaban ese lugar, esa bodega, ese lugar donde comida y alimento habían, el roer de la puerta, el roer de la roca, comer y comer, beber y beber, entrar y devorar lo que había dentro, comer la creación y volver a un mundo rojo por la sangre, garras que arañaban la madera que movían el pomo sin mover la puerta, golpes contra la madera, y un cuerpo ya sin vida que la mantenía cerrada.

Heridas y sangre, ojos que miraban sin miedo a la puerta y a aquello que había tras de ella, mas aunque la abominación no lo sintiera la babosa si, el aroma del horror, del miedo y dolor, de los eones sin dejar de roer la roca y esperando, aunque no era inteligente, aunque no era sabia la criatura sabía que era eso, con temor se deslizo por el suelo, buscando refugio entre las ropas de su amo, repetía con esa boca llena de dientes una nueva palabra, algo que la abominación jamás le había escuchado pronunciar ”Miedo” por primera vez un paso hacia atrás, los dientes arrancaban madera, comían metal y roca, solo buscaban llenar el estomago sin fondo, ¿acaso el mismo fin que ese inferior haba tenido lo tendría al abominación?, su vida no acabaría ahí, levantó su mano y sus tentáculos se agitaron, los gemidos y chillidos de agudas voces se escucharon, mas el roer no se detuvo, siguió y siguió, no importaba cuantos chillaran sus dientes no dejaban de roer, carne y carne pedían, por primera vez sintió aquello que producía su presencia, por primera vez sintió aquella palabra que la criatura había pronunciado ”miedo”, se giro nuevamente, y mirando el pesado estante lo empujo, sus fuerzas lentamente movieron el pesado objeto, tras el una puerta de metal, una puerta que no daba a ningún lado, con tranquilidad giro la manilla, una corriente de frio aire movió su túnica, mientras que escaleras sin fin bajaban hasta las entrañas de la tierra, un paso y tras de el otro, la puerta se cerró tras de el, la única luz la producía la criatura que con miedo se asomaba por la manda de la túnica.

La puerta cayo, los ojos miraron la única luz que iluminaba esa estancia, como si fueran agua inundaron ese lugar, dejando tras de si los cuerpos de aquellos que habían muerto a manos de la abominación, los rostros los miraban sin expresión, mientras la piel era arrancada y comida, madera y carne, los restos del humano no duraron mucho, la pila de cadáveres tuvieron el mismo destino, los rostros seguían mirando mientras sus ojos eran arrancados y disputados entre tientes y garras, sus huesos eran engullidos y de ellos no quedaba nada, tan solo manchas en los muros que con ansias eran lamidos desesperadamente, la botella ámbar fue rota y su contenido regado por el suelo, como si fuera ambrosia fue lamida, hasta la última gota que escondida entre las rocas se resistía a esos seres, mas nada podía resistirse a un hambre que se consumía desde hacía ya tantos eones .

Las escaleras se internaban en las entrañas de la tierra, piedras desprovistas de vida, grises y blancas, escalones partidos por el tiempo, siempre bajando, siempre siguiendo las escaleras, la puerta de hierro rechinaba mientras los dientes mordían su superficie, manos hábiles recorrían su superficie, arañando y arañando sin detenerse, buscando el alimento, la abominación paso a paso se internaba más en ese lugar, desconocido para el y perdido hacia ya tanto tiempo de la luz del sol, las paredes gritaban con la luz, pero se mantenían en silencio mientras que lo único que se oía eran pasos sobre los escalones, bajar y nada mas, no acercarse a lo que trataba de abrir la puerta, con cada paso el aire era más frio, con cada paso el aroma a muerte desaparecía y tan solo quedaba el aroma a vacio, a viejo y antiguo… un último sonido se escucho, el golpe de la puerta cayendo contra la escalera y el millar de murmullos que rápidamente bajaban por las escaleras, por las paredes, mirando la oscuridad con ojos dulces y sonrisas hambrientas.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Dom Ago 07, 2011 11:21 pm

Y el silencio se hizo, el silencio del vacío, los murmullos callaron, solo estaban los tenues pasos de la abominación sobre la roca, siempre bajando a las entrañas de la tierra, dentro de la roca y la oscuridad, sus pasos descendían por los escalones, hasta que estos se perdían en las sombras, los miles de ojos se habían cerrado, los dientes habían dejado de castañear, solo se escuchaban sus corazones, diminutos y acelerando, ¿acaso seria una tortura o esperaban que el hambre aumentaba para comer y devorar?

La tenue luz iluminaba las frías paredes, mientras que el aliento de la abominación dejaba escapar el vapor de su calor, como era que bajo la gran ciudad un frio así existiera, mas esa pregunta se desvaneció al llegar al final de la escalera, frente a él un puente, un único puente de piedra y roca, quizás tan viejo como la misma ciudad, quizás incluso aun más antiguo, un puente que sobre un abismo sin fin se levantaba como una lengua blanca hacia las sombras, no demoro en volver a escuchar ese murmullo, los minúsculos pies sobre las paredes, en el techo, las risas y carcajadas de dientes blancos como la roca, nuevamente se interno en las sombras, no le temía a la oscuridad ni a lo que en ella habitaba, pero sus entrañas se agitaban con ese castañear de dientes, mas se detuvo a mitad de ese puente, entre la oscuridad, la bestia en su mano se agitaba, temblando con miedo, con pavor, no paraba de repetir esa palabra hasta el cansancio “Miedo”, la abominación la miro con desagrado, no le importaba si devoraban a ese rastrero ser, pero mientras le fuera útil trataría de mantenerlo con vida, siguió avanzando, cada vez internándose más en esa oscuridad, el puente aprecia no tener fin, mientras las voces tras de sí no dejaban de sonar, pronto el camino termino, frente a él otra puerta, aun más grande, el metal al cubría creando extraños patrones, palabras grabadas en el metal con garras.

Bajos ricos vestidos de seda, entre joyas y gemas, entre cubiertos y copas, se escuchaba el carcomer incesante, el sonido de los dientes contra el hueso, de cuerpos ya no había más que restos, sobre ellos pequeñas criaturas de pálida piel y alas desgarradas, ya no había felicidad y las sonrisas se habían borrado de los pálidos cráneos, la risa y felicidad había desaparecido de esas paredes, las velas danzaban en el silencio, mientras la roca permanecía solemne sobre el suelo, pero los ojos no estaban mirando hacia la sala, tampoco hacia las ricas estatuas, los valiosos cuadros o exquisitos tapetes, miraban por una ventana, miraban como la luna en lo alto, como dama celestial iluminaba la ciudad que dormía, que soñaba sin saber los horrores que los hombres habían despertados, las manecillas del reloj intentaban alcanzarse entre ellas, para cuando lo lograron no quedaba ser vivo en ese lugar, solo restos, pisos limpios de sangre lamida, huesos que no siendo más que polvo eran arrastrados por el viento, la mesa desierta, los platos vacios, no quedaba alimento, no quedaba nada que devorar … pero tras esas paredes, tras esos ventanales una ciudad esperaba, una ciudad lleno de alimento de comida para saciar el apetito.

El fuego ardía lentamente, consumiendo la leña, el padre sonreía a su mujer, mientras los niños jugaban frente a ellos, el pequeño miraba su caballo de madera, imaginando que luchaba contra dragones y monstruos, la niña miraba a su madre tejer, contemplaba como los dedos se movían con agilidad, convirtiendo esa lana en una bufanda, había risas, había alegría y tranquilidad, el niño bostezo, la niña se fregó sus ojos, al noche había caído y sus lechos esperaban, el padre tomo a su hijo en brazos y la hija se sujetaba de la ropa del adulto, el camino hasta su habitación no fue largo, mientras los arropaba con amor y besaba sus frentes deseándoles dulces sueños, la niña no demoro en dormir, cubriendo su cuerpo con esas mantas tejidas por su madre, el niño miraba el techo, aun imaginándose que cabalgaba sobre su corcel, recorriendo valles y montañas, siempre con amigos, con una espada y armadura, un sonido se escucho en la ventana mientras el niño curioso miraba desde la cama, una pequeña criatura apareció tras el cristal, sus ojos dulces lo miraban curioso, el niño se levanto y caminando hasta la ventana le sonrió a la criatura, no era muy grande cabria en la palma de su mano, esta simplemente tocaba el cristal con sus diminutas manos, el niño le sonrió infantilmente, y levantando su mano tomo la cerradura abriendo la ventana …




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Lun Ago 08, 2011 6:01 am

Los cultivos habían dado sus frutos y por ende los bolsillos de esos hombres estaban llenos de monedas, no era malo gastar un poco en algún burdel, mas no antes de servirse unas copas, las risas y canticos entre hombres borrachos y otros inconscientes se podían escuchar mas allá de las paredes de ladrillo, la cerveza corría como manantial mientras el taberneros e llenaba los bolsillos con el esfuerzo de esos hombres, pero era un servicio por otro, viendo desde la barandilla varias mujeres sonreían atrayentes hacia los hombres, una jarra de cerveza pedían, una mujer algunos otros, hombres de familia que con el alcohol olvidaban el mundo, olvidaban responsabilidades y preocupaciones, la mujer enferma, los hijos hambrientos, que importaba , la cerveza … eso si importaba, compartir unas horas de pasión, desahogar esa frustración en alguien, uno de los hombres quizás más borracho que sobrio subió las escaleras, las mujeres se le acercaron como buitres a un cadáver, no era una mala descripción, al final dos fueron las escogidas, mientras lo llevaban hasta la habitación, besos desenfrenados, mordiscos suaves, las caricias sobre la ropa, el robo del dinero, no importaba, solo quería placer, solo eso buscaba, la puerta se cerro y de su interior las risas se escucharon los gemidos del hombre.

El vagabundo recorría las negras calles, buscando entre la basura algo que comer, un trozo de pan viejo, alguna fruta no demasiado podrida, quizás con suerte un trozo de carne a medio comer, su vida no era fácil, para nadie lo era, sus manos ya no podían cultivar, su mirada ahora solo dejaba ver sombras y con la caída de la noche no podía distinguir demasiado, el viento soplaba helando sus huesos, sus pies descalzos sobre los charcos sucios, tan solo una moneda de cobre en sus bolsillos, el fruto de la caridad de ricos que lo miraban con desprecio y desagrado, pero oh tesoro, entre tanta desdicha, entre tanta miseria algo para su estomago encontraba, quizás no era un manjar, quizás no era carne, pero para su hambriento estomago aquel pan mohoso era todo un festín, lo llevaba a su boca cuando algo se escucho, ¿quizás risas en la oscuridad?... negó con su cabeza, invenciones de su mente fatigada y hambrienta, miro hacia el callejón, ¿desde cuándo habían estrellas pegadas a los muros? … ¿desde cuándo están sonreían? … soltó el pan cuando vio esos dientes, todos blancos todos sonrientes, abriéndose para dejar que el hambre los controlara…

Las grandes puertas estaban tan solo juntas, son dificultad sus pasos lo llevaron hasta el interior, la criatura en su mano iluminaba aun mas, mientras los sonidos de risas a la lejanía se acercaban cada vez más, la luz podía iluminar algo, las sombras se retiraban dejando ver los bandos de roca y el pasillo entre ellos, paso a paso, mientras atento escuchaba cualquier sonido, el polvo sobre la roca, el aire rancio y viciado, bancos para hombres y mujeres que habían visto el pasado, sus pasos se detuvieron, frente a él un altar, y sobre este una cruz de madera con un hombre crucificado o por lo menos lo aprecia, su rostro había sido arrancado mientras que el tiempo la madera había podrido junto con la estatua, estaba en un templo, un templo antiguo de eras pasadas, hombres y mujeres se habían ocultado para adorar a su dios … un dios pagano y profano, era la única razón para que aquel lugar existiera oculto en la oscuridad de la tierra, volvió a ponerse en marcha, miro el altar miro las paredes, no había salida … era el final del camino, el tenue aletear rompió el silencio, los diminutos pies sobre el polvo, la abominación miro a la oscuridad para ver como uno a uno, siempre en par, las estrellas brillaban, estrellas que sonreían con dientes blancos.

Por primera vez en su existencia saboreaba ese amargo sabor, sus entrañas se agitaban, su mente solo pensaba en huir … huir … ¿por qué lo hacía? había visto el miedo en los ojos tantas veces, odio y desesperación mesclados, había cortado la carne entre gritos y lagrimas, esa sensación … ese sentimiento que tanto le agradaba ver … era inferior, las emociones de un inferior en su cuerpo, su cuerpo tembló, mas no de miedo, ni te temor, si no de desagrado de asco y repugnancia, en qué momento había actuado como un inferior, en qué momento había sucumbido a las emociones de los especímenes que examinaba en su mesa… lo recordaba, era desde ese roer incesante … desde esa palabra gritada por la criatura, esa miserable palabra, dio un paso hacia las sonrisas, con esa mirada fría, con esos ojos carentes de vida y compasión, carentes de alegrías … y de miedo.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Mar Ago 09, 2011 2:13 am

Había un silencio en ese lugar, un silencio agradable, la calma antes de la tormenta quizás, mientras el padre le sonreía a la madre, cada uno en lo suyo, el hombre con un libro, la mujer con su tejido, las llamas danzaban entre los leños, mientras ajenos a la verdad vivían en su mundo de felicidad, en su habitación al niña dormía, el niño había abierto la ventana y mirado a la pequeña criatura, estiro su infantil mano y la criatura como siendo llamada se poso en su palma, era pequeña es verdad … pero sus dientes eran grandes, la criatura olfateaba la mano del pequeño, tocándola con sus diminutas manos y mirándolo con ojos dulces y tiernos, el pequeño volvió a su cama depositando a la criatura sobre la cama, la miraba fascinado, y se le ocurrió en su mente que podría tener hambre … nada más lejos de la realidad, en silencio dejo la habitación, y por el pequeño pasillo se escabullo, lejos de la mirada de sus padres hacia la despensa, siempre había algo de comer ahí, aunque cuando abrió las puertas había poco, su familia no tenia tanto dinero como en el asado, busco entre estantes vacios hasta encontrarlo, un trozo de pan, quizás duro, quizás rancio, pero llenaría un estomago hambriento, volvió a su habitación , siempre en puntillas, cuando atravesó la puerta ahí estaba la criatura, sonriendo con sus blancos dientes, en el mismo lugar, su hermana estaba de espaldas, y el tomando a la criatura se cobijo bajo las mantas, acercándole el pequeño trozo de pan al hambriento ser, que sin suplica lo tomo y comenzó a roer … el niño lo miro sonriendo viéndolo comer, mas su mirada fue hacia la ventana, había olvidado cerrarla y el frio se colaba lentamente, cuando se disponía a levantarse de la cama miro hacia el techo, muchas pequeñas luces estaban pegadas a el techo, luciérnagas que debieron de haber buscado el calor de ese lugar … pero momento … porque esas luciérnagas estaban en par … y aun más importante, ¿por qué le sonreían con dientes blancos?

Los puños golpearon la pesada puerta, los hombres de espada y armadura estaban fuera de la mansión, los gritos no habían caído en oídos sordos y la guardia … la gran guardia que poseía esa ciudad había ido a investigar, los golpes resonaban con eco en el interior de la mansión, vacía hacia ya mucho tiempo, sin dificultad las puertas se abrieron, y los guardias entraron, no había sangre, no habían cuerpos, la comida en los platos ya no existía, no había ropa ni macula en el blanco piso, los guardias recorrieron ese lugar sin encontrar nada, la fiesta había llegado a su fin y con ella se había llevado a todos los presentes, las armaduras resonaban con cada paso, las manos estaban preparadas para desenvainar, la mansión vacía … no era un lugar para investigar, de seguro habrían salido, recorrido en barco o quien sabe que gustos de los ricos, más un goteo … un goteo lento rompió ese silencio, ¿de dónde provenía? Las escaleras relucían por la luna, mientras que los guardias buscaban, sobre la mesa una mancha roja había, una mancha que goteaba desde el techo, a través de una grieta en este, los guardias sin demora subieron esos peldaños de mármol, la puerta estaba trancada, golpearon con sus hombros, hasta que esta cedió, la luna iluminaba un cuerpo a medio comer, un cuerpo aun con algo de vida en sus ojos … pero sin anda mas, sus labios se movieron erráticamente, balbuceando algo, sus últimas palabras “Ojos … y di…dientes”, sus orbes se opacaron, su pecho dejo de moverse, la muerte había llegado para reclamar esa oveja perdida.

En el callejón nadie hizo casos de los gritos del vagabundo, por que prestarles atención, de seguro estaría borracho y gritando porque nadie le daba dinero … mas la realidad era otra, sus ojos miraban con horror como esos dientes se le acercaban y como sin piedad mordían su cuerpo, arañaban su piel y desgarraban los harapos que tenia por ropa, sus ojos tan solo veían hambre en los contrarios mientras la sangre manchaba el suelo, los gritos lentamente fueron sofocados, los ojos arrancados y devorados, la piel arañada y lamida, carne tras hueso, carne tras entrañas, comida en abundancia, comida que estaba caliente, que estaba fresca y jugosa, del vagabundo no quedo restos, la sangre en el piso fue lamida, las ropas manchadas de carmesí comidas,¿ por qué no hacerlo? Al fin de cuentas todo era comida para esos ojos tiernos, para esas alas rotas y diminutas manos.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Mar Ago 09, 2011 3:36 am

Las risas resonaban contra las paredes, mientras el aire rancio se mantenía quieto, la criatura lanzaba su tenue luz, víctima del miedo, víctima de un pavor antiguo, los ojos de la abominación escrutaron la oscuridad, los ojos lo miraban, mientras sus diminutos pasos se escuchaban, las risas … las malditas risas, sus tentáculos se mantenían quietos, mientras apretaba su puño impaciente, ese lugar no sería su tumba, no caería a los pies de un dios pagano, no pediría piedad a una imagen crucificada, las bancas vacías y cubiertas de polvo, la roca muerta y fría, frente a él un horror antiguo, algo que debía de temerse por su pasado, por ese pasado que antaño era el presente, la abominación estiro su mano al vacio, y bajo sus tentáculos una palabra se escucho “Levántate”, no era de importancia, o tal vez si lo era … el sonido de la roca caer, el sonido de huesos sobre la piedra, sombras que se movían en la oscuridad, el traquetear de los huesos que volvían a tener vida, era hora de demostrar que no era un ser inferior … de que no sentía como esos especímenes en la mesa, de que no le temía a nada ni a nadie … todos eran seres inferiores, seres que podía abrir a placer, seres con los cuales podía experimentar e investigar … la luz se apago, la criatura se oculto y solo los brillantes ojos se podían ver en las sombras.

Risas y felicidad, la guitarra sonaba, la cerveza fluía, besos hacia las mujeres, el juego de cartas sobre la mesa, los dos amigos que conversaban de el dinero, el muchacho que por primera vez probaba la cerveza entre hombres, olor a sudor y trabajo, sobre las escaleras, en la habitación el hombre disfrutaba de esas dos bellas mujeres, sus cuerpos , sus curvas, su fragancia y suavidad, su mujer no tenia eso, su mujer no tenia esos bellos pechos, ni esas caderas que incitaban, el sudor deslizándose por su espalda, la respiración que se agitaba con cada embestida, era placer, era felicidad, la mujer se retorcía de placer con cada movimiento, y el hombre en el paraíso deseaba gozar eternamente, pero el dinero solo compra una noche y como un negocio el tiempo se acabo, en una cama estaban esos tres cuerpos agitados, el hombre acariciando los pechos de la mujer con una sonrisa en sus labios, las mujeres sonriendo entre ellas por el dinero obtenido, como si fuera cotidiano esperaron que el hombre durmiera para separarse de su lado, sin preocuparse se ayudaron a vestirse mutuamente, mientras una de ellas guardaba el dinero escondiéndolo bajo una tabla, no sería bueno que el tabernero se enterara de esas monedas de mas, el aire estaba viciado, olor entre sexo y sudor, y con serenidad una de ellas abrió la ventana, la noche era bella la luna en lo alto coronaba todo, bajó la mirada, en la callejuela vio algo curioso, unas polillas revoloteaban sobre un hombre, polillas blancas y grandes, no le dio demasiado curiosidad, mas algo al hizo palidecer, una de esas polillas levanto la mirada y le miro con esos ojos dulces e inocentes, mas eso no fue lo que la hizo palidecer… si no que fueron esos blancos y alineados dientes que le sonreía, se llevo las manos a la boca callando un grito, mientras las polillas mordían a ese hombre, sus piernas se movían erráticamente mientras todo se volvía rojo.

Los soldados corrieron a ver el hombre, pero este ya había muerto, el comandante ordeno que dos soldados fueran al cuartes y avisaran a los vigías que estuvieran atentos ante cualquier suceso extraño, los soldados fueron raudamente bajando las escaleras de frio mármol, el comandante se acerco al cadáver y lo vio unos instantes, estaba horriblemente mutilado y que hubiera podido vivir esos minutos en ese estado había sido un milagro y una tortura, su cuerpo estaba desgarrado, mientras que la carne había sido arrancada a mordiscos, al igual que trozos de huesos, en las cuencas de los ojos estos no estaban, tan solo dos agujeros sangrantes, lo que hubiera hecho eso no había tenido piedad, ni tampoco misericordia, el comandante se volvió hacia sus soldados para darle nuevas instrucciones cuando el sonido de un aletear llamo su atención, empuño su espada e hizo callar a los demás, mientras que el aleteo nuevamente se escuchaba, con pasos de gato se acerco a una mesa, bajo ella estaba ese sonido, cuando no estaba a mas de unos pocos pasos algo salió disparado hacia el techo, tan solo por inercia el comandante desenvaino y el metal surco el aire golpeando algo con fuerza.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Mar Ago 09, 2011 5:14 am

Los gritos de desesperación y dolor desgarraron el silencio en ese hogar, el padre como si fuera mucho más veloz salto de el asiento y corriendo se dirigió hasta la habitación de los niños, la puerta estaba cerrada y en su interior se escuchaban los gritos de ambos llamando con sufrimiento a sus padres, la madre no sabía qué hacer más que llevarse las manos a la boca y llorar, el padre desesperado golpeaba la puerta con su hombro, por fin termino de ceder y cuando la puerta se abrió pudo contemplar el horror, sobre la cama el cuerpo de la niña estaba todo ensangrentado, mientras docenas de pequeñas criaturas devoraban su cuerpo, sin perder el tiempo sus dientes desgarraban la carne, manchando sus cuerpos de rojo carmesí, el niño en una esquina ensangrentado aun golpeaba a las criaturas que lo rodeaban y mordían, el padre sin dudarlo se lanzo a salvarlo, con sus brazos desnudos golpeaba a las criaturas que aturdidas caían al piso pero se recobraban rápidamente para lanzarse sobre el nuevo bocado que había llegado, el padre sintió los primeros mordiscos pero no le importo, con fuerza tomo a su hijo en brazos, mientras la mujer miraba aterrorizada desde la puerta, la visión de su hija siendo devorada, a su hijo ensangrentado, sentía que sus piernas pronto perderían las fuerzas, pero todo cambio cuando su esposo le entrego a su hijo en brazos y le ordeno llevarla donde el médico, ella simplemente corrió por la puerta, rezando a sus dioses para que su hijo pudiera ser salvado.

La mujer rápidamente cerro la ventana, instantes antes de que una de esas polillas chocara violentamente contra el cristal, tras el vidrio podía mirar como el ser se posaba sobre el cristal, mirándola con esos ojos y sonriéndole con esos dientes tan blancos, las diminutas manos se apoyaban contra el cristal, dejando sus marcas ensangrentadas sobre este, la mujer retrocedió, mientras la otra se le acercaba algo asustada por la actitud de su compañera, esta apenas podía articular palabra y solo indicaba el vidrio, la mujer se acerco al vidrio tan solo para ver que una cosa blanca se lanzaba contra este, la mujer trato de retroceder era muy tarde, el cristal se quebró en mil pedazos los cuales fueron disparados contra la mujer, un grito escapo de su garganta cuando una nube blanca de ojos y bocas entro por la ventana cubriéndola completamente, el hombre en la cama despertó y viendo el espectáculo intento huir pero simplemente tropezó y cayó al suelo, la mujer veía a su compañero mientras entre gritos y risas veía como la devoraban rápidamente, sin pensarlo mucho corrió hasta la puerta abriéndola de golpe y gritando por ayuda a los hombres que bebían, estos demoraron en reaccionar, algunos más que otros, los más sobrios subieron las escaleras empuñando sus armas, cuando entraron a la habitación encontraron al hombre medio comido, tan solo quedaba su pecho un brazo y su cabeza, mientras que de la mujer solo quedaban las pocas ropas que usaba ensangrentadas, los hombres intentaron hacer que la mujer hablara pero solo repetía una y otra vez “Me sonreía con dientes blancos”.

En las entrañas de la tierra la abominación había despertado a uno de sus sirvientes, era natural que en ese lugar hubiera cadáveres en las paredes, al final era una iglesia y ser sepultado dentro de sus paredes era una de las ilusiones mundanas de los locos fanáticos, el esqueleto caminaba en la oscuridad, sus pasos resonaban entre los muros vacios y muertos, tan solo tendría una oportunidad, la abominación movió ligeramente uno de sus tentáculos y el esqueleto obedeció, como si fuera para lo único que existía arremetió contra la oscuridad, se pudo escuchar el aleteo de esos seres golpear contra los huesos, el roer no demoro mucho, mientras sucedía eso la abominación estiro su mano y pronuncio una palabra, su conjuro preferido con el cual el dolor recorría las venas, pudo entre el ajetreo como varios de esos seres caían al piso, no muertos sino simplemente sufriendo dolor, rápidamente cruzo la estancia, pero los mordiscos llegaros, sobre sus hombros, sobre sus tentáculos, estos se movieron como látigos separando a las criaturas que intentaban comerlo, las puertas estaban a pocos pasos, solo debía de llegar hasta ellas.




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Re: Alimañas

Mensaje por Zyrxog el Mar Ago 09, 2011 8:19 pm

El capitán hizo que todos se mantuvieran pendientes, lo que hubiera atacado a los de esa mansión aun podía estar rondando, sin enfundar su espada camino hasta donde aquel objeto había caído, gracias a que uno de los soldados acerco una vela el capitán pudo contemplar el animal, a simple vista parecía un silfo, sus alas desquebrajadas daban esa impresión, mas cuando lo volteo con el acero su mirada se oscureció, la criatura aun estaba vida, aunque respiraba con dificultad, había sido partido en dos, y aun así luchaba por existir, sus ojos mostraban inocencia, pero el resto de su cuerpo era una abominación, muy parecido a cualquier antropomorfo, poseía una gran boca con dientes muy similares a los humanos, de un blanco sepulcral, su cuerpo era blanco igualmente y escuálido, las diminutas manos estaban manchadas de carmesí, de seguro era sangre, en ese momento recordó las palabras de ese moribundo “Ojos y Dientes” de seguro de había referido a ese ser … pero con su tamaño hubiera sido imposible que hiciera ese tipo de daño a menos que … el rostro del superior palideció unos instantes, levantándose lo más rápido que podía y miro a sus hombres, con voz autoritaria ordeno dirigirse al cuartel, y sonar la alarma, si habían mas de esas cosas toda la ciudad podría terminar como los moradores de este lugar, con una seña todos los soldados corrieron bajo escalera, mientras el teniente murmuraba tan solo “Que los dioses se apiaden si hay más de esas cosas”, enfundando su espada y bajando las escaleras como el resto.

La situación era desesperada en aquella casa, sus paredes manchadas de sangre no dejaban a dudas… el hombre luchaba por su vida, con puños desnudos golpeaba esos dientes y diminutos rostros, y aun con desesperación por intentar vivir y vengarse sentía esas dentaduras incrustarse en su carne, la sangre brotaba de su cabeza, una de sus manos no era más que un muñón carmesí, mientras buscaba cualquier cosa a mano para luchar, las pequeñas criaturas caían al suelo aturdidas, para volver a levantarse y atacar cualquier punto ciego, el cansancio comenzaba a sentirse, las manos ya no golpeaban con la misma fuerza y las criaturas ola tras ola no cesaban su roer, no demoro en que el hombre cayera de rodillas, luchando con las últimas de sus fuerzas, mas estas ya eran inútiles, tan solo sentía ese dolor, ese agudo dolor en todo su cuerpo, cayo de lado y sintió la calidez de su propia sangre en el piso, no le temía a su muerte aun cuando la lamentaba, tan solo le pedía a sus dioses que protegieran a su mujer y que salvara a su hijo, el hombre contemplaba como varios de esos seres se le acercaban, no logro luchar más, cuando los dientes le quitaron la vida, y como lo habían hecho tantas veces, comieron y comieron, trataron de llenar ese estomago sin fondo, la sangre fue lamida, los huesos roídos, incluso el cabello fue degustado.

La mujer corría como si no hubiera mañana, en sus brazos su hijo lentamente se desangraba, estaba consciente, era buena señal, repetía una y otra vez “Las estrellas me sonreían mamá”, las calles pasaron en segundos, para detenerse frente a una casa blanca, no muy diferente a las demás si no fuera por ese pequeño cartel que decía “Herbolaria” con fuerza la mujer golpeo al puerta con sus puños y pies, rasgando el silencio con su voz suplicando por la vida de su hijo, unos instantes pasaron, para que el anciano abriera la puerta, salir de la cama le costaba con sus años aun cuando su mente estaba completamente lucida, abriendo la puerta tan solo vio una figura ensangrentada, rápidamente hizo entrar a la mujer y dejar al niño sobre una camilla cercana, sin perder tiempo el hombre vio al muchacho y tomando vendas comenzó a hacer torniquetes en sus extremidades, las heridas eran profundas, los mordiscos habían desgarrado músculos y tendones, el anciano había visto ataques de ratas, pero jamás algo así, los minutos pasaban y el anciano hacia lo que podía por tratar de salvarle la vida al niño, en una esquina apoyada la mujer no paraba de llorar y pedir un milagro a sus dioses.




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