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El Toque del Desierto (Libre)

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El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Arwen Undomiel el Dom Ago 07, 2011 10:21 pm

De nuevo la monotonía verde del bosque de Physis me comenzaba a resultar un tanto agobiante. La rutina que tenía establecida se iba volviendo tediosa con el paso de las jornadas, como si no hiciera más que releer la misma página de un libro una y otra vez. Los códices que poseía ya los había leído hasta la saciedad, y ya deseaba buscar nuevas adquisiciones para mi biblioteca, además de recopilar más datos sobre el mundo en el que habitaba.

Por eso, una noche, mudé mis ropajes livianos por mis prendas de viaje y mochila al hombro y carcaj colgado, abandoné mi recoleto y tranquilo hogar para lanzarme a esos mundos inexplorados que tanto ansiaba visitar.
¿Hacia donde iría? No lo sabía, pero comencé a caminar sin detenerme, y sin rumbo fijo, tomando este o aquel camino, según decidiese en ese momento.

Los días pasaron y yo seguía mi camino, sin decidirme del todo por un lugar en concreto. Poco a poco, las regiones por las que transitaba se iban haciendo más agrestes y con una vegetación cada vez más escasa, lo que me dio una ligera idea de que me estaba acercando al desierto.
Y en efecto, a los dos días de aquella deducción, me encontré en unas desoladas regiones, bajo el tacto abrasador del sol, y contemplando un mundo casi carente de vida.

No me amilané por aquella visión y proseguí mi camino, pero a los pocos días mi horientación se había echado a perder: no reconocía las estrellas que había sobre mi cabeza, pues eran distintas a las que habitualmente veía en los territorios que ya había visitado; eso sin contar con los pocos puntos de referencia que había en ese yermo lugar.

-¿Por qué habré sido tan idiota como para seguir?-musité para mí misma mientras me dejaba caer a la sombra de una roca y masajeba mis sienes con los dedos, intentando concentrarme para invocar un hechizo acuático. Estaba tan desesperada por salir de aquel lugar, y tan enfadada por ser tan incauta que no alcanzaba la concentración necesaria para invocar mis poderes.
Agotada por el calor y el camino, me recosté mejor en la pequeña sombra del monolito de piedra y cerré los ojos.


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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Kalathor el Dom Ago 07, 2011 11:25 pm

Recién salido de una pequeña población del desierto, yo ,Kalathor, corría delante de un montón de guardias. Mi lobo me acompañaba, un poco adelantado sobre mi posición.
Sonreía satisfecho mientras corría. La estancia en el asentamiento había sido fructífera. Había vaciado las arcas del jefe del poblado.
Un par de guardias se me acercaron. Eran dos incautos que tenían poco apego a la vida. Yo seguí corriendo, bajando el ritmo un poco para que se acercasen a mi altura. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca me volví hacia ellos.
Eran demasiado flacuchos para mi. El desierto no les daba suficiente comida.

-!Dejadme escapar, bastardos!- Grité con una voz totalmente gutural, y medio en frenesí.
Acto seguido uno me atacó, bloqueé su estocada y describí un arco que rajó las tripas de ambos enemigos.

-Eso es lo que os pasa por seguirme.- Me reí y observé que los guardias cesaban la persecución. Perfecto, así podría dejar de correr.
El calor era insoportable.
Seguí caminando lentamente. Mi lobo tenía la lengua fuera después de recorrer tantas leguas de distancia. No había más que arena, serpientes y escorpiones. En todo el recorrido vi un único arbusto, y estaba seco. Lo único que no me gustaba del desierto era el maldito calor, me hacía sudar demasiado, y los líquidos en el desierto son escasos. Por el resto es perfecto; la visivilidad es buena, no hay demasiados animales peligrosos...
A lo lejos logré divisar una figura humana, o al menos de forma humana. Me acerqué caminando lentamente. Parecía una dama, pero a esta distancia aun no estaba seguro de su raza. Cuando llegué a su lado supe que era una elfa.
Puse mi espada a la espalda, al darme cuenta de que la tenía en la mano. No quería resultar amenazador, además esta estaba llena de sangre. Lo que yo no sabía era que mi cuerpo también lo estaba.

-¿Qué hace una elfa en medio del desierto?- Usé un tono amistoso, al mismo tiempo que extrañado.
Alcé la mano a modo de saludo.


Última edición por Kalathor el Lun Ago 08, 2011 4:38 pm, editado 1 vez
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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Ray Wuzuo el Lun Ago 08, 2011 3:54 pm

Fyerristalum. El metal más duro que existe en todo Noreth, según el anciano Phill le había contado. Conseguirlo era en este instante el principal cometido del mago y el pequeño grifo. Como nadie se lo iba a regalar por su cara bonita, había dado comienzo una búsqueda de trabajos bien pagados. Eso sí, nada de matar, robar o alguna cosa de esta índole. Ray no era un mercenario de tres al cuarto. Buscaba algún trabajo cuyo objetivo fuese matar a algún dragón y rescatar a alguna princesa, su especialidad. Seguro que en ese preciso instante había más de una aldea acongojada por la presencia de alguna criatura extraña en los alrededores. Ray simplemente tenía que leer el anuncio, acabar con el problema y recibir el dinero. Hecho esto unas tres o cuatro veces, sería suficiente para encargar la forja de una Katana de Fyerristalum.

Según le había informado el tabernero de un diminuto pueblo, en una ciudad que estaba un poco más al Oeste últimamente había aumentado la oferta de trabajos bien pagados, sin que su demanda siguiese un camino paralelo. Guiados por su brújula, el humano y el grifo se dirigieron hacia allí después de comer unas tiesas y chamuscadas chuletas de cerdo que el tabernero les había servido.

A los pocos kilómetros de caminata, el paisaje empezó a adquirir un tono más seco y árido. Los verdes árboles y arbustos empezaron a desaparecer para convertirse en secos matorrales de un color amarillento que delataba su sequía. El suelo empezó a perder color y la temperatura inició una carrera en solitario para ver quién llega más alto. El calor sofocante, que se había hecho protagonista en la instancia, aceleraba el cansancio de nuestros viajeros y atacaba su piel sin remordimientos.

Maldita sea…Beed, creo que nos estamos metiendo en un desierto –señaló el mago, con la mirada fija en el monótono horizonte mientras no paraban de nacerle pequeños ríos de agua en la frente. La flora y la fauna hacía rato que ya se habían esfumado. En su lugar, arena y unas rocas, del mismo color rojizo que emana del sol al atardecer, eran lo único que completaba el paisaje. –¿Has estado alguna vez en un desierto, Beed? –preguntó el mago, jadeando, mientras su andar se hundía en la arena.- Pues, como descubrirás, es una verdadera putada. Prepárate para no ver nada excepto rocas y esta asquerosa y ardiente arena en los siguiente kilómetros, compañero –Ray realmente odiaba la arena. Tan áspera, tan incómoda. Se mete por cualquier insospechado lugar del cuerpo y luego deshacerse de ella es una obra propia de un profesional. Incluso después de lavarse seguía quedándole arenilla en las orejas y el pelo. –Pero eso no es lo peor. Lo peor es la escasez de comida y el calor, que va a estar un rato acompañándonos en nuestro viaje –poco habían animado estas palabras al pequeño grifo, que estaba ahora cabizbajo, con dificultad para mover sus pequeñas patas entre la arena. –Pero no te pongas así, nosotros tenemos mucha suerte, soy un mago de agua. ¡Tenemos todo el agua que queramos! –gritó con alegría, arrojando un chorro de agua hacia arriba que acabó cayendo y bañándoles a los dos. –¿Tienes calor? Pues prepárate –el mago lanzó un nuevo chorro de agua, pero esta vez dirigido directamente contra el grifo, que intentaba correr y evitar que le diese en la cara. –No huyas, no huyas –gritaba Ray a la vez que reía y seguía jugando con el chorro de agua y su grifo –El agua es buena. No tienes que deshidratarte.

Tras aquél pequeño momento de diversión, siempre necesario para levantar el ánimo, Ray y Beed prosiguieron con su camino en el desolado desierto, siguiendo el Oeste en su brújula, tal y como les había indicado el tabernero. De pronto, unas sombras comenzaron a divisarse en el horizonte. No sabía exactamente qué eran, aún estaban demasiado lejos, pero parecían romper con la monotonía del lugar. Quizás eran personas. O mejor, animales. No les vendría nada mal un poco de comida buena después de aquellas chuletas rancias que habían ingerido como comida. Intentando utilizarlas como cobertura y evitar ser visto, fueron salteando entre roca y roca mientras se acercaban a la zona en cuestión, intentando ser lo más sigilo posible.


Última edición por Ray Wuzuo el Jue Ago 18, 2011 6:13 pm, editado 2 veces
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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Necros el Miér Ago 10, 2011 11:38 pm

Un día más de cacerías interminables en mi viaje hacia Zheroker. No quería admitirlo por orgullo, pero… sí, desde que había salido de Eirinimar me había perdido por algunos lugares, recorriendo Noreth a lo ancho y largo en busca de un maldito lugar donde encontrar información sobre el dragón de escamas de plata que había arrasado mi poblado hacía tan solo unos años. Todavía podía sentir el calor de su fuego en la brisa del desierto, podía sentir su rugido con el viento que azotaba las arenas y odiaba recordar su mirada de ojos plateados como su cuerpo, impregnada de ira y de rabia hacia todo lo que había delante de él. ¿Por qué? ¿Por qué mi poblado y por qué mi familia? Apreté con fuerzas las riendas de Trosdit y lo insté a ir más rápido con una suave patada en el lomo, no quería pasar ni un minuto más perdiendo el tiempo en cavilaciones que no me devolverían ni a Arial ni a mi tío. Suspiré con aire de derrota mientras el caballo galopaba y miré al horizonte mientras la arena golpeaba con fuerza mi armadura e intentaba colarse por el visor que, por suerte, tenía los dos cristales transparentes que evitaban que las partículas sólidas de arena entrasen.

Era más o menos mediodía y apenas estaba en el linde del desierto, todavía podía ver detrás de mí el pueblo que hasta hacía poco había dejado atrás, aunque no me había ido con las manos vacías, pues había sacado de allí unas flechas mágicas y un carcaj que hacían que estas pesaran la mitad, o menos. El sol azotaba con fuerza mi espalda bajo la armadura y todavía con más fuerza fustigaba las crines negras de mi caballo oscuro que galopaba con la lengua fuera, esperando encontrar un oasis o algo parecido pronto. Escuché un rugido bajo y miré hacia el cielo, desde donde alcancé a ver una pequeña sombra de más o menos un metro con las alas entendidas. Una larga cola de serpiente ondeaba tras la figura y sus escamas de color arenoso se iluminaban con el sol dando la sensación de que solo era una nube de arena con la forma de un pequeño dragón, más concretamente un Wyvern. Mi Wyvern. El “pequeño” reptil alado volaba libremente por el cielo avistando con su increíble vista los peligros desde las alturas y bajando para avisarme. Desde hacía unas horas que no alertaba de nada. Eso era bueno, o tal vez no, quien sabe. Tras varias horas de cabalgar a galope tendido por fin logré dar con un lugar más relajado, un oasis de palmeras en el cual poder sentarme a tomar un descanso y algo de vino dulce para refrescar el gaznate. Mis dos mascotas se acercaron sin dudarlo al agua y comenzaron a beber del agua fresca mientras que yo me recostaba bajo uno de los árboles, quitándome el yelmo y suspirando cansado por el viaje.

-Ariadna… - dije en un tono bajo que sólo alcancé a escuchar. Era cierto que ya había pasado unos cuantos años de su pérdida, pero la seguía notando tan cercana, tan añorada. Sus labios, sus besos y sus caricias. Todo perdido por un puto dragón que había tenido la feliz idea de ir a putearme la primera noche que pasábamos juntos, pero si esa sabandija con complejo de gigante pensaba que iba a escapar airosa de la situación… Tal vez no ese día, ni al otro ni tampoco el de después, pero algún día, algún día le hundiría mis flechas en su asqueroso pecho y me haría que su sangre se desparramase por el suelo como él hizo con los elfos de Qualinost. Algún día…Noté que algo se movía por debajo de la arena, era imposible no notarlo para un elfo, pues causaba un sonido audible para nosotros, algo que un humano no hubiera notado y que seguramente le hubiera costado la vida. Sin tomarme el tiempo que no tenía para sorprenderme eché mano a mi carcaj y a mi arco viendo como la arena se elevaba poco a poco a unos veinte metros de mí. Mierda, ya lo tenía demasiado cerca.

De la arena surgió en ese momento una especie de cabeza aplastada y alargada hacia los lados. La aleta dorsal del monstruo fue surgiendo de la tierra como si de un tiburón se tratara, bueno, se trataba de un tiburón, uno de arena. Cuando abrió la boca disparé sin dudarlo una flecha en esta que lo hizo cerrar la mandíbula de golpe y tragar un poco de su propia sangre, pero no había sido ni por casualidad suficiente para matarlo - ¡Joder! – dije mientras corría hacia mi caballo con intención de largarme del lugar ¿La flecha? Que le dieran por culo a la flecha, se la podía quedar el bicho como recuerdo. Pero creo que no le hizo mucha gracia y tenía pensamiento de devolvérmela junto con algo de arena. Una enorme bola de barro me pasó cerca mientras iba a galopo tendido por mitad de la arena, suficiente para desequilibrarme y hacer que por poco diera con los huesos en el suelo. Me agarré con fuerza a las riendas de mi montura y cerré los ojos con una media sonrisa por la persecución – Espera… Espera… - me repetí un par de veces. Cerré los ojos para centrarme solo en el oído y escuché como su cuerpo rompía la arena al salir de esta como si se tratar del agua. Su sombra me cubrió y palió un poco el calor y sin pensármelo dos veces disparé un nuevo proyectil, emponzoñado en este caso, desde el caballo. Le dio justo donde quería, en el pecho, atravesando la blanda piel de este e hincándose en su corazón extendiendo el veneno paralizante desde este a todo su cuerpo con los latidos parándolo al momento. Caí del caballo soltando el arco para no romperlo con el cuerpo y aproveché los escasos dos segundos que tardé en hacer contacto con el suelo para ponerme en postura fetal, con la cabeza entre las rodillas para evitar partirme algún hueso. Rodé como una pelota entre el polvo unos cuatro metros y finalmente me paró el cadáver semienterrado del propio animal. Me quedé unos segundos quejándome del dolor y acabé por ponerme en pie, sacudiendo la armadura y corriendo hacia donde Trosdit había parado para recoger el arco y un par de flechas que habían caído mientras rodaba. Puta hostia de desierto toca huevos, ni en él me libraba de los monstruos.

Monté de nuevo en el caballo y tras arrancar las flechas del pecho y la boca de la criatura y devolverlas a mi carcaj me saqué la daga de la alforja de Trosdit y corté unos pedazos de su carne que luego envolví en la manta de piel de oso para mantenerlos más o menos comestibles. Había cortado más o menos tres kilos de carne poco grasienta, algo que junto a mis provisiones debería de servirme para el viaje, al menos para la primera parte. Luego con suerte cazaría algo más… o acabaría cazado. Por ahora solo me quedaba cabalgar en solitario, o eso pensaba yo hasta que escuché una voz no muy distante, a una sola duna de distancia. Espoleé al caballo y la subimos con algo de dificultad por el peso extra de la carne y de Pyros, que ahora se había metido en una alforja para dormir un rato después del susto. Desde la cresta de la duna alcancé a ver con mi vista bastante mejor que la de un humano, incluso que la de un elfo común, a una mujer de mi raza y a lo que parecía un hombre, un bárbaro humano. Me acerqué a ellos con el yelmo puesto para evitar la discriminación típica de ese tipo de humanos, haciendo imposible que me reconociera como elfo y apeándome del caballo a poca distancia de ellos - ¿También perdidos? – pregunté sin más, mirándolos a los dos.

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Tiburón de arena:
Bueno, espero que no haya nada mal xD lo del combate lo consulté con otro admin y medijo que era posible, cualquier cosa mal avisar por MP a Dr. House






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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Arwen Undomiel el Lun Ago 15, 2011 8:13 pm

Me concentré en relajar mi mente, agobiada tanto por el fuerte calor como por mi angustia, mientras pensaba con lógica que podría hacer a continuación. Obviamente no podía quedarme allí mucho tiempo, pues a pesar de ser una maga del agua y poder conseguir que apareciese el tan preciado líquido cuando me hallase lo suficientemente concentrada, tenía la seguridad de que aquel desolado lugar no estaba tan deshabitado como parecía, y no estaba dispuesta a tener algún encontronazo desagradable.

Pese a todo, no me puse en pie, pues estaba agotada de caminar y caminar bajo el abrasador sol, y de arrastrarme por la arena bajo la gélida mirada de la Luna. Necesitaba descansar, y aquella sombra que había hallado me parecía tan acogedora después de los cegadores rayos del astro Rey que se me hacía casi imposible abandonarla de momento.

Mantuve los ojos cerrados, relajándome y concienciándome al mismo tiempo que la marcha debía continuar, cuando unos sonidos me hicieron ponerme en tensión. Alguien se acercaba hacia donde yo me encontraba; lo cual no era plato de mi gusto.
Alerta, abrí los ojos, para acto seguido taparme la boca con mis manos, sorprendida y al mismo tiempo aterrada ante la visión que se me ofrecía: un humano cubierto de sangre desde los pies a la cabeza, empuñando una espada sanguinolenta y un lobo siguiendo sus pasos. Pese a todo, cuando me preguntó que hacía alguien de mi raza en esos lugares, su tono era amistoso.

-Me he perdido-musité, mientras involuntariamente retrocedía un poco-Buscaba nuevas tierras para recorrer y me extravié por el camino. Recorro el mundo para ampliar mi sabiduría-añadí, aunque no comprendía bien el por que. ¿Qué motivos tenía yo para decirle las razones de mi viaje a ese ser con aspecto tan... bárbaro? No lo sabía, pero tal vez si me mostraba pacífica me ayudase a salir de aquel lugar, pues no creía que estuviera deambulando por el desierto si no lo conociese.

Al poco tiempo de pronunciar aquellas palabras, llegó una nueva persona hasta donde nos encontrábamos nosotros, el cual descendió de su montura para aproximarse hasta nuestra posición, para luego preguntarnos si estábamos extraviados.
-Creo que eso se nota-repuse con la voz algo ronca, debido a que sentía la garganta cerrada por la sed.


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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Yorinka el Mar Ago 16, 2011 5:15 am

Yorinka esperó que aquel herbolario no la había mentido. Había estado ya algunos días aprendiendo y ayudándolo en sus tareas, y había aprendido a confiar en otra gente que no sean los silfos y su propia abuela. Eso sí, trataba de alejarse de las personas que tuvieran alas como ella, y aunque a primera vista se alegraban e intentaban acercarse a ella, pronto se alejaban y la miraban como si fuera un bicho raro, por ver como sus alas, en vez de un color blanco e inmaculado, mostraban uno oscuro y negro. Yorinka siempre se preguntaba que pasaba con sus alas, su abuela nunca se había quejado de su color, aunque las de ella también eran blancas, antes de que todas sus plumas empezaran a caer.

Yorinka le preguntó al herbolario, un hombre con barba, de piel morena de estar siempre expuesta. Al hombre le había sorprendido sobremanera la belleza de Yorinka, y se había preguntado varias veces si pudiera venderla como esclava, pero sus oscuros pensamientos se desvanecieron cuando la muchacha pudo demostrar sus habilidades con las hierbas. Poseía un conocimiento que incluso iba más allá que el suyo propio.

- No conozco ese remedio del que me hablas. Pues nunca tuve que curar a un Diviums de sus males. Creía que estos no sufrían de enfermedades hasta que escuché ciertos rumores... - le dijo el hombre - He oído de un curandero que una vez curó a un Divium de ese mal que dices, que vive como un ermitaño en medio de Woestyn Ölüm.

Yorinka se preguntó que sería ese lugar y si le podría dar explicaciones acerca de dónde podía encontrar su hogar, pero no pudo ayudarle. Abandonó el herbolario del hombre y antes de nada fue a hacer unas cuantas compras en el mercado de la pequeña ciudad.

Fue así como se adentró en el lugar, que resultó ser un páramo desolado resaltado con algunas rocas rojizas y alargadas que Yorinka no había visto nunca. Lo más sorprendente de todo es que, volando millas y millas, no encontraba nada que se le pareciese a un poblado pequeño, la información había sido poca, por no decir nula, y volar dando vueltas por el desierto la cansaría demasiado.

Tras medio día de búsqueda, Yorinka se dio por vencida. Tenía los labios agrietados por el calor, había sudado mucho pero ahora su piel se encontraba seca, además, se había perdido y no sabía exactamente dónde se encontraba. Aquel lugar era más grande de lo que se había imaginado. Fue así, entonces, cuando decidió despegar un momento y se guareció detrás de una de esas rocas que adornaban el páramo. De su mochila pudo coger una de sus pociones reconstituyentes para al menos quitarle la sed, luego un pequeño ungüento suavizante que había hecho en la casa del herbolario, para untarselo por la comisura de sus labios.

Mientras estaba en su menester, Yorinka oyó voces. Tras casi un día entero sin encontrar ninguna figura humana por el desierto, Yorinka creyó que era su imaginación. Pero aún así su curiosidad pudo más y se asomó por la izquierda de la roca para divisar a unas siluetas que se reunían, cuyos detalles no alcanzó a distinguir.

"¿Es real, o se trata de un espejismo" - pensó la Divium - "Creo que la mejor manera de averiguarlo es volar hasta ellos"

Probablemente esa sea la decisión más sensata. Pero un escalofrío de miedo recorrió la espina dorsal de Yorinka ¿Y si se trataba de monstruos humanoides... o ladrones? De todos modos estaba perdida, así que no perdía nada intentando ver de quienes se trataban, a lo mejor eran gente amable.

- "Tú te has metido en este lio, Yorinka" - pensó para si misma - "No irás a echarte atrás ahora ¿no?"

Se asió la mochila a la espalda, y remontó el vuelo hacia esas personas. A medida que se acercaba, fue distinguiendo mayores detalles. Se trataba de personas, dos de ellos parecían esos guerreros/mercenarios que Yorinka solía ver en las ciudades y en las tabernas pidiendo algún trabajo. El otro estaba casi desnudo, su musculatura mostraba horribles cicatrices y llevaba una espada ensangrentada, fue el que casi hace a la Divium volver sobre sus pasos, pero la elfa que se encontraba allí no tenía pinta de ser mala. Para lo que había aprendido en sus viajes, ninguno de ellos le había parecido hostil.

La herbóloga se dejó caer sobre la arena y se acercó a la elfa. Debía de ser una sorpresa para ellos encontrarse a una Divium en medio del desierto.

- Perdo... perdonen, estimados viajeros del desierto... ¿Me podrían ayudar?

Spoiler:
off rol: siento muchísimo la tardanza
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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Kalathor el Mar Ago 16, 2011 9:49 am

Contesté a la elfa con tono simpático

-Ya me parecía raro, a los elfos os gustan demasiado los bosques.- mirando a la elfa.

Un poco despues, mientras los dos charlábamos, oí el ruído de unos cascos de caballo. Aun en el desierto se podían escuchar chocando con algunas piedras.
El hombre que allí apareció, iva embutido en una armadura, y con el yelmo puesto.
Era demasiado alto y esbelto para ser un humano, aunque yo no podía jurar nada ya que no podía ver su cara, tapada por el yelmo.

-No, yo no estoy perdido-solté una carcajada- Vengo de un pueblo, bueno si intento entrar de nuevo tendría que matarlos a todos....

Allí estubieron un buen rato. Yo notaba que no encajaba demasiado bien con esta gente, pero el ambiente era el mío. Mi lobo parecía tranquilo, y cuando él lo estaba, yo podía estarlo tambien.

Poco despues apareció la figura de un ser volador. Según se fue acercando, me percaté de que era una Divium. Aunque había algo raro en sus alas, no eran como las del resto de Diviums que yo había visto. Gracilmente posó el vuelo a nuestro lado.
La divium tampoco parecía que estubiese muy situada en medio del desierto, de hecho, pidió ayuda.

-Por unas cuantas monedas vendo mi espada- sonreí bromeando- Eso solo en la ciudad, en medio de esto, ayudo a todo aquel que me ayude a mi. ¿Qué es lo que necesitas?- mis modales, evidentemente no eran los más adecuados. Pero eso sería siempre así.

Había algo extraño en aquella situación. Demasiada gente que se encontró en el basto desierto por casualidad. Aunque me todos parecían de fiar y podía confiar en ellos, al menos a primera vista.
¿A caso los dioses querían que estubiesemos juntos por algo en concreto...?

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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Necros el Jue Ago 18, 2011 12:00 pm

Suspiré mirando al humano bajo el yelmo, con una media sonrisa por su respuesta y todavía con el arco a la espalda. ¿Se creería tal vez que la pregunta iba dirigida a él? Me quedé entonces examinándolos mejor y viendo como contrastaban en mitad de un desierto ambos, pero más que nada la elfa, vestida con ropas que tanto diferían con el mundo desértico en el que estábamos. Luego desvié la mirada al que parecía ser un bárbaro acompañado por un lobo de color negro intenso, animalito, debía estar cociéndose por dentro entre el pelaje y el ser un animal de clima frío o como mucho templado. Sin embargo el dueño parecía estar más “preparado” para soportar el calor infernal del lugar, vestido con poco más que un taparrabos y unas botas de piel de animal, tampoco es que fuera una indumentaria fresca pero al menos el hecho de ser poca compensaba. De cabello oscuro, algo más bajito que yo y armado con una espada de aspecto fiero, al igual que el portador ¿Sabría manejarla? Era la pregunta que rondaba por mi cabeza, su cara, pese a estar curtida por los años, no parecía precisamente la de un tipo astuto.

Al cabo de unos minutos llegó una segunda mujer, esta vez una chica alada con el cabello corto y de color blanco, lo cual paliaba un poco el calor del lugar para ella. Su rostro denotaba su juventud, con suerte alcanzaría la veintena, aunque no le pondría más de dieciséis, con un cuerpo sensual y curvas irremediablemente atrayentes para cualquier hombre, más bien para casi cualquiera, a mí no me llamaba la atención por culpa de, la todavía, fresca imagen de Arial en mi cabeza. Llegó como todos pidiendo ayuda. El bárbaro humano fue el primero en contestar, haciendo gala de los pocos, más bien nulos, modales de su gente. Intenté ignorar sus palabras mientras metía una mano en mi alforja y acariciaba a Pyros, que ya había despertado y ahora desplegaba sus alas desde la alforja para sacar lentamente la cabeza como hacía siempre. Dio un par de rugidos leves como sólo él podía hacer y luego emprendió el vuelo. Bueno, tampoco me importaba que se marchara, no era la primera vez que volaba lejos para alimentarse y volvía al cabo de unas horas, con suerte luego podría indicarme el camino.

-Al igual que tú yo también estoy perdido. – le dije a la divium, ignorando la patética respuesta del humano y quitándome el yelmo en señal de respeto, haciendo una leve reverencia ante ella a modo de presentación – Pero tranquila, no me sería ningún problema ayudar una señorita como tú a encontrar el camino a casa. – añadí luego mientras me levantaba para recolocarme el yelmo, sin dejar que ni el bárbaro ni la elfa vieran mi rostro gracias a estar un poco más adelantado. Aseguré las alforjas de mi caballo y saqué la cantimplora de agua ofreciéndole a la mujer más joven y que parecía menos adaptada al lugar – No te haría mal beber un poco, tranquila, sólo es agua. – le dije mientras cerraba de nuevo la alforja con su correa, girándome después hacia los otros dos tipos aunque sin dar la espalda por completo a la muchacha – Mi nombre es Necros, y creo que como todos estoy perdido o al menos no sé cómo salir de este mar de arena, así que creo que todos deberíamos presentarnos para saber con quienes tendremos que colaborar para salir de aquí. – acaricié las crines de mi caballo lentamente y se dediqué a esperar sus respuestas – Por cierto, lo que habéis visto antes es mi mascota. No hace daño, así que no se lo hagáis. – comenté luego, dedicando una pequeña mirada al bárbaro como si fuera una advertencia, aunque dudaba seriamente de que lograra alcanzar a Pyros si este bajaba, era bastante rápido gracias a su tamaño.





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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Ray Wuzuo el Jue Ago 18, 2011 6:14 pm

Ray y Beed seguían moviéndose de roca en roca, intentando ocultar su presencia, sólo por si acaso. Aquellas sombras, distorsionadas por el intenso calor, poco a poco fueron tomando forma. Parecían ser personas a las que el azar había reunido. Las razas diferían entre ellos y no tenían un uniforme o cualquier ropaje en común, lo que parecía señalar que no se trataba de algún tipo de clan de bandidos de las arenas.

Intentando seguir pasando desapercibidos, el mago y el grifo se acercaron más para examinar con detalle la situación. Lo que menos necesitaban ahora era tener un encontronazo con alguien poco deseable y acabar luchando en la maldita arena, pero como no había manera de examinarles más cerca y seguir manteniéndose ocultos, decidieron descubrirse ellos mismos, saliendo de las rocas y apareciéndose. Además, no les habría hecho nada de gracia si hubiesen visto a un extraño espiándoles, y eso sí que podía acabar generando un conflicto aunque se tratara de personas honrosas.

Estando más próximos a los desconocidos, los ojos del mago consiguieron esclarecer las figuras. Había un hombre medio desnudo, con facciones imponentes y músculos marcados. Otro, armado con una bella armadura, hacía gala de su caballerosidad ofreciéndole agua (previsiblemente) a una divum, cuyo extraño estilo de vestir acompañaba a unas alas negras que le daban cierto toque siniestro. Otra mujer, elfa si los ojos del mago no le engañaban, parecía no sentirse muy cómoda con el desarrollo de su día. Un caballo, un lobo y una pequeña criatura alada completaban el grupo. Curioso, pero lo más problemático parecían ser los animales, al menos para el grifo, que no tardó en colocarse a espaldas de Ray tras divisarlos.

Por su aspecto, las dos hembras parecían estar allí por error, a priori no parecían evocar un espíritu luchador que pudiese ser un problema. Los hombres, sin embargo, sí que tenían cierto aire peligroso. Aparentemente eran guerreros, seguro que sabían defenderse con algún arma, aunque esperaba no tener que averiguarlo.

Con el grifo temblando, sujeto en su cabeza para protegerse de los otros animales, Ray terminó de aproximarse a la zona donde estaban los extraños. Cuando faltaban unos diez metros, se paró en seco y, con el cuerpo tenso, preparado para algún ataque sorpresa, se pronunció.

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Re: El Toque del Desierto (Libre)

Mensaje por Shezis el Sáb Oct 01, 2011 7:46 pm

El intenso calor que sentía en todo su cuerpo fue lo que despertó a Shezis y no la voz de Cheshire a su lado. ¿Dónde estaba? ¿Qué había ocurrido? Su visión estaba borrosa, tanto por la fuerte luz que la azotaba como por el dolor de cabeza que la afligía. Un hilo de sangre seca recorría el lateral de su cabeza desde la frente, y tardó unos segundos en asimilar todo lo que había sucedido.

Había viajado junto a Cheshire hacia más allá de los verdes bosques, adentrándose en tierras más accidentadas guiada por su curiosidad por saber cómo vivían las gentes de esos lugares y cómo eran estos pues jamás había visto el desierto con sus propios ojos. ¿Qué era el desierto? Shezis no lo sabía. Decían que era como el mar, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, pero en lugar de agua tenía arena dorada. No tenía pensado adentrarse mucho, solo verlo de lejos, tal vez buscar un guía.

Sí, un guía la pareció una gran idea, y así, batiendo sus alas a través del cielo nocturno, llegó en un par de días a un pequeño poblado en los márgenes del desierto. Aquellas gentes parecían decaídas, con la mirada vacía, como si alguna desgracia hubiera acontecido hace poco. Estas gentes no la recibieron con los brazos abiertos, pero al ver que ofrecía su ayuda se mostraron más abiertos y respondieron a sus preguntas. Al parecer, un bárbaro había llegado al pueblo y había vaciado sus arcas, llevándose todo lo que tanto trabajo les costaba conseguir en un ambiente tan hostil. Pese a las advertencias de Cheshire, que se había vuelto invisible a su lado para no ser visto por los aldeanos, Shezis anunció que encontraría al culpable y traería de vuelta lo que había robado.

Efectivamente, no sabía donde se metía. No conocía la zona y, en su ignorancia, emprendió el vuelo hacia el interior del desierto, pues no podía permitir que sucediera una injusticia así. El sol del día la sorprendió por su fuerza, golpeando sus ojos sin piedad. Shez se precipitó al suelo sin remedio, aunque su caída fue amortiguada por la arena. Se había dado un buen golpe en la cabeza, pero no era nada grave, solo estaba algo mareada y dolorida.

Ahora no sabía dónde estaba. Sola, en mitad del desierto, haciendo de parasol con una de sus alas mientras caminaba en busca de un lugar donde esperar al anochecer, momento que aprovecharía para seguir el rastro del bárbaro.

-Menuda justiciera.-rió Cheshire, flotando divertido a su alrededor.- ¿Cómo vas a recuperar lo que robó el bárbaro?

-Pues…-la verdad, no había pensado mucho en ello.- Intentaré razonar con él.

Cheshire rió con ganas.

-Razonar con un bárbaro es como decirle a un ciego que mire a la pared.

-Puede que tuviese un buen motivo para hacer lo que hizo.-supuso.- ¿Por qué sino iba a robar todo lo que esas gentes tenían?

-Ambición, Shez.-dijo Cheshire simplemente.- Todos los humanos son iguales.

-No, no lo creo.-negó con la cabeza.

Zanjada la conversación, Shezis siguió caminando por las dunas. Su boca estaba ya seca, pero por suerte tenía su cantimplora a mano. Aún así, el agua no duraría más de dos días así que tendría que encontrar a ese hombre pronto.

Sus pasos cansados la guiaron a través de las arenas durante algunas horas, sin más visión que la de más y más arena. No veía por ningún lado un lugar donde ocultarse del agobiante sol y su luz, ahora más fuerte que nunca, lo que indicaba que sería más o menos el mediodía. Agotada, lo único que pudo hacer fue sentarse a la escasa sombra que proporcionaban unas rocas, con sus alas membranosas protegiendo sus ojos. La voz de Cheshire llamó su atención minutos después.

-Parece que no somos los únicos en este desierto…-canturreó desvaneciendo su cuerpo poco a poco.

Apartando un poco una de sus alas, Shez descubrió en la distancia lo que parecía ser un grupo de gente. Había oído sobre “espejismos” y pensó que quizás se trataba de uno, pues la resultaba muy extraño toparse con un grupo en mitad de un lugar así. ¿Y si eran bandidos? Aunque así fuera, no había ningún lugar donde ocultarse y huir no era una opción en ese momento. Así pues, decidió esperar pacientemente a que el grupo llegase a su posición. Tal vez supieran algo sobre el bárbaro al que buscaba…

-¡¿Hola?!-exclamó todo lo fuerte que pudo para intentar llamar su atención, poniéndose en pie.


Última edición por Shezis el Dom Oct 02, 2011 1:25 am, editado 1 vez


No soy española, así que por favor avisadme si veis alguna falta en mi escritura =)



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