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Encuentro (Partida privada)

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Re: Encuentro (Partida privada)

Mensaje por Zephyrae el Jue Ago 18, 2011 12:59 am

[Post como Zephyrae]

Alei descansaba tras el viaje y la lucha con las tormentas que rodeaban este. Aun no dormiría, no hasta hallarse convencida de que Zephyrae se encontraba a salvo en aquél lugar. Aun así todo indicaba de que el sueño tendría pronta ocasión de llegar pues por suerte o por designio habían llegado a la morado de aliados en vez de enemigos.

Alei podía reconocer el nombre de Vangelis de Enlya en los recuerdos de Alora, la madre de Zephyrae. No hace mucho tiempo que Alei había nacido en este mundo pero su mente se veía en parte formada por las memorias y sentimientos que tuviera la madre del joven Silfo al verlo crecer. Entre estos recordaba con cariño el entusiasmo con que su pequeño le hablaba de la joven Divium y los gratos momentos que compartieran en su viaje.

Podía recordar a un Zephyrae aun más joven que le platicaba con entusiasmo y cariño de las travesuras que había cometido con la pequeña ángel y la tristeza por la que había pasado al saber que pasaría mucho tempo para que su padre volviera a poder realizar un viaje como ese. No sería pronto que la volviera a ver.

Pero la suerte los había reunido una vez más y si las risas que salían de la cabaña eran claro indicio de ello el cariño entre ambos renacía con mayores fuerzas. Esta noche Alei podría dormir tranquila sabiendo que su pequeño se encontraba entre amigos.

************************************

Mis relatos fueron seguidos de las palabras de Vangelis. Su anhelo por contar su propia historia y compartirme cuanto había ocurrido con ella en estos años se mostraba claramente en la alegría de sus miradas y la fluidez de sus palabras. Estas poseían su propio encanto en ritmo y cadencia, sonando en su voz cada palabra diferente de la que le seguía y de cada una que habría de surgir para mi deleite.

A la melodía que se creaba con su voz en la plática se aunaba la belleza que en ella contemplaba pues era su atractivo nacido tanto de la femenina forma que poseía junto a todos los detalles que en esta podían apreciarse, desde el vestido a las joyas toda ella era una visión de armonía, aun entre las hadas de la corte de donde provenía sin duda alguna su encanto se volvería legendario.

Y así como ella se entretuviera con los relatos de mis viajes, de la misma manera me vi yo ensimismado en disfrutar cuanto de ella me contaba. El gusto de la historia complementado por la visión de sus sonrisas y del brillo de sus ojos cuando los nuestros se cruzaban.

La plática nos unía, así como lo hacían las miradas y nuestras risas que en cada ocasión que hallaban encontraban como escapar de nosotros para jugar entre ellas a nuestro alrededor.

Su cuerpo nuevamente se acerco al mío mientras su mente se entretenía en convocar a sus recuerdos e hilvanarlos en cuanto me relataba. Su mano sobre la mía me producía enorme entusiasmo y si por algo no devolvía las caricias que a esta inadvertidamente brindaba era porque mi atención entera se hallaba en cuanto me decía y en perderme en sus ojos y bello rostro a un tiempo llenos del entusiasmo de la pequeña niña a la que me recordaba, a otro tiempo temerosamente evitando mi mirada mas dejando ver en ella interés como la joven que ante mí se hallaba.

Sus historias continuaron y la soledad llego con nosotros cuando Nala decidió abandonarnos, al parecer convencida de que Vangelis se encontraba a salvo conmigo. No fue mucho después que Vangelis se percatara de la manera en que sus manos jugaban traviesamente con la mía sin contar aun con el permiso de su dueña.

Fue un movimiento repentino suyo el que derribo vino sobre mis ropas, seguido inmediatamente por sus disculpas y su invitación a pasar la noche en aquel bello lugar. Mas sin dar espacio a que la invitación fuera interpretada por algo más que hospitalidad esta vino con la aclaración de que se me brindaría un cuarto propio diferente al de ella.

[color = violet]-Si guardo silencio es porque tus encantos se han vuelto dueños de mi atención hermosa Vangelis y gustoso aceptaré tu invitación sabiendo que con esta amaneceré cerca de ti, bajo el mismo techo.- mis palabras finalmente volvían tras su invitación, y el haber sido guiado al mencionado balcón.[/color]

Vangelis dirigió sus ojos a la vista que en aquel lugar se contemplaba, por unos momentos también lo hice mas mis ojos buscaban una y otra vez la figura de la Divium, la forma como contemplaba el cielo, como si en compañía lo estuviera volviendo a conocer me inspiraba ternura. Lo esquiva de sus miradas despertaban en mí el deseo de capturarlas y de tener su rostro frente al mío sin permitirles escape alguno.

Esa noche contemplamos juntos las estrellas acompañados del suave canto de la fuente, en algún momento sin que de ello me percatara mi brazo había hallado lugar sobre sus hombros, justo encima de sus alas abrazándole a mi lado. El silencio y al belleza del momento permitiéndonos sentirnos cercanos hasta que el cansancio del viaje y lo avanzada de la noche me llevaron a descansar en mis aposentos aun con pensamientos de ese hermoso ángel en mi mente.

*************************************************

Los siguientes días estuvieron llenos de felicidad y de alegría para ambos, puedo recordar con claridad el haberme puesto a recolectar pétalos de flores en el valle, solo aquellos que una suave risa les diera libertad de volar por los aires sin que en ello su dueña se viera dañada. Fue una mañana laboriosa mas por mucho recompensada al ver las sonrisas de Vangelis mientras volábamos en un cielo de colores rodeados de la infinidad de pequeños y suaves pétalos.

Un anochecer que bajo la luz de la luna y acompañados por la música que era capaz de conjurar con mi magia bailamos hasta que el cansancio se hizo de nosotros y abrazados dormimos bajo las estrellas.

Le acompañé de cacería en el valle donde mi ineptitud con el arco fue motivo de risas y de invitaciones por su parte a probar mejor suerte con la espada, su mirada llena de competencia y alegría mientras una y otra vez me derrotaba en el manejo de esta valían la pena las derrotas que por ello pasaba. Recordé en esos encuentros cuanto le gustaba ganar en cuanto se propusiera y su inquebrantable espíritu para conseguir sus victorias.

Hablamos, danzamos, luchamos y reímos cuanto es posible reír, si algo me extraña de esos días fue como el beso que podía sentirse como ambos anhelábamos se mantenía esquivo, el roce de sus labios me despertaba tentación cada vez mayor y aun así ni yo perseguía el encuentro de nuestros cuerpos o ella lo hacía, como si nos regaláramos esos momentos para ser los pequeños que se habían conocido hace años y contuviéramos por instantes la fuerza de nuestros nuevos deseos. Dejándoles acumular la fuerza necesario para aumentar la magia de su encuentro.
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Zephyrae

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Re: Encuentro (Partida privada)

Mensaje por Vangelis el Vie Ago 19, 2011 4:10 am

Desde que Zephyrae llego al valle, cada noche me iba a dormir llena de vida, contenta; el último pensamiento que tenía en mi mente era él y su encantadora sonrisa, y lo primero que pensaba al despertar era en sus grandes y expresivos ojos azules, y en su cabello enmarañado. Cada mañana, cuando los primeros rayos de luz atravesaban los cristales biselados del ventanal frontal de mi habitación y llegaban a mi rostro, me levantaba sin pensarlo dos veces; corría hacia el vestidor, procurando elegir mis atuendos más bellos, poniendo especial esmero en mi cabello, y en mi arreglo en general, pero siempre buscando verme femenina; Nala sorprendida por estas acciones solo levantaba la ceja moviendo la cabeza hacia ambos costados, diciendo – En todo el tiempo que has vivido aquí nunca te habías levantado tan apresuradamente – frunciendo ligeramente los labios – pero me da gusto verte así, tus ojos no brillaban así desde que eras una niña y pasabas largas temporadas aquí con tu bisabuelo, y así es como deberías estar siempre mi niña, llena de felicidad. – Siempre que ella me hablaba de esa forma, le sonreía y la abrazaba tiernamente, no era común que Nala expresara sus sentimientos tan abiertamente, siempre se mostraba reservada y en control de la situación.

Cada uno de los momentos que pasamos juntos en el valle, fueron maravillosos, él se encargaba de que cada detalle, fuera único, compartiendo juntos entre risas, juegos, largas pláticas, y hasta momentos de silencio; como cuando nuestras miradas se entrelazaban, logrando que mis mejillas sonrojaran frecuentemente; sensación que llegue a disfrutar aprendiendo a sacarle provecho, porque cada vez que sucedía, él me tomaba del mentón o acariciaba mis mejillas tiernamente; también llegue a gozar de los momentos en los que ambos, conducidos por los sentimientos y la alegría, ocasionaban que nuestros labios se rozaran sutilmente, causándome un calosfrío generalizado y un toque eléctrico que recorría mi espina dorsal, llegando a causar un leve espasmo en mis alas. Hecho que el notaba con alegría y le robaba una gentil sonrisa de los labios.

Hubo una noche, que mi mente jamás podrá borrar de mi memoria, platicando de nuestras aventuras, nos sentamos frente a las cristalinas aguas del manantial, ya era costumbre que rodeara mis hombros con su gentil brazo y jalara mi cuerpo hacía el suyo, platicamos largas horas, Nala, ocasionalmente se asomaba por uno de los ventanales de la cabaña, en una forma un tanto maternal. La noche fue engalanada con un hermoso telón de tono azul marino aterciopelado, en el cual aparecían una a una las estrellas, en forma de tintineantes chispas de luz; la luna brillando en el cenit del valle, llena, brillante y plena, iluminando tenuemente cada uno de los arbustos y árboles a nuestro alrededor, recostándonos lentamente en el fresco césped, ofreció su pecho para mi cabeza, rodeándome con uno de sus brazos mientras llevaba su otra mano debajo de su cabeza. Al recostarme de lado y apoyar mi cabeza en su pecho coloque mi mano izquierda sobre su pecho y abdomen, mi oído quedo a la altura de su corazón permitiéndome escuchar su latido, que me permitió percibir la rítmica melodía de su existir, transmitiéndome que ese era un lugar que podía reclamar como mío, y que él me había ofrecido; instantes que transcurrieron sin notar el momento en que la dulce charla terminó porque ambos nos quedamos dormidos, hasta la mañana siguiente, cuando el trinar de los pajarillos que se acercaban hacia el manantial, activaron nuestros sentidos, percatándonos de que el despertar juntos reforzaba la conexión que se había forjado esa noche.

A pesar de la tranquilidad de esos días, un tema constante en nuestras pláticas, era su amor por la magia, y mi interés por aprender cómo manejar el elemento de mi afinidad. Uno de los sitios favoritos en la cabaña, era la inmensa biblioteca, tapizada de pared a pared y de piso a suelo con grandes estantes de libros, que igual podían ser de aventuras, como de magia. La gran parte del tiempo lo habíamos compartido en los jardines tanto exteriores como interiores de la cabaña, así es que Zephyrae no había tenido la oportunidad de admirar y disfrutar de ese espacio en particular de mi hogar. Ese día tras disfrutar de los manjares matutinos preparados por Nala, miré a Zephy, como ya lo llamaba en señal de cariño, directamente a los ojos, sonreí de una forma pícara, me acerque a su costado, llevando su mano hacia mi regazo, susurrando en su oído. – Hay algo que desde hace unos días he querido mostrarte – noté como su rostro se iluminaba, despertando ese lado aventurero que ardía por sus venas. Sin dudarlo me puse de pie, era el efecto que habían buscado mis palabras, apreté fuertemente su mano con la mía, y lo conduje hacia fuera del comedor, recorriendo nuevamente el corredor de begonias, impregnadas con la brizna matinal.

Esta vez lo lleve hasta el costado derecho de la escalera, desde su entrada, era una habitación especial. La puerta de cedro color rojizo se encontraba tallada, con un paisaje de montaña, con detalles pequeños, Zephy, maravillado con la finura del tallado, abrió sus ojos en expresión de sorpresa – Jaja – reí suavemente – Si miras detenidamente reconocerás que se trata del paisaje de este valle, inclusive hasta puedes ver la cabaña con su manantial, y el follaje de los árboles frutales de la parte trasera de la casa – orgullosa comente – mi padre la tallo para mi bisabuelo como regalo y demostración del respeto que le tiene.- Empuje la puerta con mi mano izquierda, permitiendo ver el interior al cual entramos sigilosamente. La habitación era enorme, en el fondo se encontraba un ventanal que cubría la totalidad de la pared, enfrente de él se encontraba un escritorio de madera, también hecho de cedro, que tenía un pequeño atril calado, con detalles élficos, la silla se encontraba tapizada de una brillante piel rojiza, al costado izquierdo de nosotros, se encontraba una pequeña escalera de caracol elaborada al estilo filigrana de metal negro, que conducían a un tapanco en el que se encontraba una pequeña sala de estar tapizada a juego con la silla del escritorio, con mesitas cuya función era la sostener los candelabros para iluminar la pequeña estancia.

Lo más impresionante eran los libreros, los cuales tapizaban la totalidad de las paredes, en ellos se encontraban cientos y cientos de libros, de tamaños y colores distintos, acomodados de una forma rigurosa, La admiración fluía a través de los ojos de Zephy. – Te dije que era un lugar especial – mientras asentía con su cabeza observando cada detalle de la habitación, esta vez él era quien me jalaba de la mano, apresurándose a explorar cada rincón, recorriendo con la mirada cada uno de las subdivisiones de los libreros, como si tratara de devorar cada título en el dorso de los libros. Deje que recorriera cada uno los espacios, mientras tiraba fuertemente de mi mano, de pronto un grupo de libreros llamó particularmente mi atención., se trataba de una colección empastada con piel de color rojizo, con letras y detalles pintados en tonos dorados, encima de ellos, enrollados se encontraban papiros de amate, que estaban amarrados con un listón y sellados con el escudo de mi bisabuelo.

Solté la mano de Zephy y levante mi vuelo para llegar al alto lugar en donde se encontraban los objetos de mi atención, procedí a quitar el sello de uno de ellos y con cuidado lo desenrolle, el papel era frágil, estaba escrito con la letra de mi bisabuelo su encabezado era: “Pergamino piromántico básico: Conjuro básico de la piroqauinesia bola de fuego” mientras lo leía, descendía al suelo, con el resto de los pergaminos bajo el brazo. Describía la forma de convocar una esfera llameante del tamaño de una pelota. Nuevamente de forma introspectiva recordé las veces que cuando era niña, mi bisabuelo había tratado de que dominara ese hechizo, sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no lo había logrado. Mientras me encontraba leyéndolo, se cayó de mi brazo otro de los papiros, Zephy se agacho a levantarlo, al parecer se trataba de un conjuro de la escuela del aire, el cual yo no pude entender, pero que acaparó la atención del silfo por completo. Al recordar los fallidos intentos de mi querido bisabuelo, y la frustración que llegue a sentir en esos momentos, sin darme cuenta rodo una lágrima por mi mejilla, a pesar de lo ensimismado que él se encontraba en la lectura de aquél papel, se acercó hacia mí, y dulcemente limpio la humedad de mis ojos, y sus labios besaron mis parpados, dándome tranquilidad. – Necesito que me ayudes, tengo que practicar este conjuro, no puedo decepcionar a mi familia – él asintió con su cabeza, y me rodeo con ambos brazos, apretándome fuertemente hacia su pecho, permitiéndome percibir nuevamente los latidos de su corazón, llevándome a la tranquilidad que tanto anhelaba.

Los siguientes días los dedicamos a estudiar arduamente los conjuros, y practicar, sin dejar a un lado los momentos de esparcimiento que tanto nos alegraban.
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