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El Gran Ilusionista

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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Lun Sep 12, 2011 8:10 pm

Sonreí de medio lado ante la respuesta del chico más alto de los dos, Saito, y le quité importancia al hecho de que ninguno supiera tocar la flauta, después de todo era raro que los hombres supieran hacer algo relacionado con el arte, al menos en su inmensa mayoría. Casi todos se dedicaban a las espadas, la guerra, la magia de combate o deportes agresivos, que salvajes. Me guardé de nuevo la flauta y me quedé pensando unos instantes a ver que se me ocurría. Bailando sin música iba a parecer un tanto loca además de que no daría el mismo espectáculo, luego también podía cantar, pero no se me daba demasiado bien eso de marcarme a mí misma el ritmo. El joven Neizan parecía un tanto distraído, así que tampoco sabía si pedirle ayuda a él, después de todo en su voz se notaba que por mucha que fuera su altura, no era más que un niño, tal vez un par de años más joven que yo y Saito. Negué con la cabeza y me puse a pensar de nuevo… Alguien que supiera tocar la flauta… Si al menos tuviera cerca de mí a mi madre podría haberle pedido ayuda pero… -¡¡Eso es!! – exclamé de golpe mientras sonreía, entre lo que me había quitado al cambiar el traje también estaba el bastón de invocadora, que ahora estaba apoyado contra la pared que tenía al lado.

-Dejadme espacio, chicos. – dije mientras los apartaba un poco con el brazo. Lentamente comencé a recitar las palabras en élfico que debían traer a Shiva a ese plano de existencia en el que me encontraba. Lentamente, como si danzara recordando los pasos antes de la función, comencé a moverme de uno a otro lado dibujando el hexágono en el suelo con chispas de magia azul, algo innecesario pero que seguramente atraería a la gente por la curiosidad. Los símbolos mágicos y las runas que debía inscribir con la preciada energía mágica no me resultaban para nada difícil de recordar incluso con los ojos cerrados. Una vez cerrado el primer hexágono, el principal además, comencé a dibujar el segundo que rápidamente completé para trazar luego el resto de símbolos. Cerré la fin la última línea y el círculo de color azul cobró vida, iluminándose como si el agua lo recorriera de uno a otro lado para quedar finalmente encerrada en el símbolo. De este círculo comenzó a surgir una mujer de piel azulada con cabello más o menos del mismo tono, sus sensuales curvas seguramente llamarían la atención de más de uno, pero no era eso ni mucho menos lo que quería.

-¡¡Shiva!! – exclamé contenta mientras la abrazaba. Ella me correspondió el abrazo haciendo levitar su círculo de invocación como si fueran sus pies, los cuales permanecían todavía en la otra dimensión. Con una sonrisa me miró y luego miró a Neizan y Saito, cualquiera que hubiera visto la mirada de la Diosa de hielo hubiera sentido cuanto menos, respeto, una mirada glacial por estar tan cerca de mí - ¡Eh! No, no, ellos no me están haciendo nada, no vayas a congelarlos por favor. – le comenté en tono amable – Son mis amigos, Neizan y Saito. – ella frunció un poco el ceño mirándolos a los dos - ¿Amigos? Más les vale no intentar pasar de ahí. – comentó con tono frío hacia ellos, devolviéndome luego una mirada cálida - ¿Para qué me has llamado, corazón? – acarició mi mejilla y yo le tendí la flauta - ¿Puedes tocar una canción? Es que no tengo dinero para pagar la posada, se lo había pedido a ellos – haciendo alusión a Saito y Neizan – Pero por lo visto ninguno sabe. – comenté mientras todavía le tendía la flauta. Ella tomó el instrumento musical y sabiendo ya a que canción me refería comenzó a interpretar las notas una a una con magistral talento mientras yo empezaba a moverme lentamente siguiendo el compás de la música, calmada en un principio para luego dar paso a un ritmo mucho más rápido que me permitía mover de uno a otro lado las caderas. La última vez que había abierto los ojos, puesto que acostumbraba a bailar con los ojos cerrados, había bastante gente, ahora sólo faltaba que fueran algo generosos y decidieran ayudarme, aunque sólo fuera un poco y sino… Al menos había bailado, tenía ganas de bailar, así que era algo.
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Off: Dejo la imagen del símbolo de invocación de Shiva Wink
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Mar Sep 13, 2011 11:51 pm

Off: Bueno, Neizan no postea, vi su post en ausencias (Aunque lo colgó hoy, que es el mastereo, y pudo hacerlo antes, pero bueno...) Le saltaré un poco unos turnos, si no postea en varios turnos... No puedo manejarlo de pnj todo el rato, vería que hacer con el, pero la partida no la dejo tirada, tranquila, Hikari.

---------------------

Neizan por su semblante, también pareció anunciar que el tampoco sabía, pero repentinamente, la chica saltó, como si una idea le hubiese surgido en el interior de su cabeza, y se hubiese puesto en marcha. Rápidamente recogió su bastón, y empezó a trazar unos extraños símbolos en el suelo, algo que el joven miró con extrañeza, no sabía que estaba haciendo, parecía una runa o algo similar, y hasta que no estuvo terminado, no comprendió lo que hacía.-¡Una mujer!-Dijo sorprendido al ver el medio cuerpo de mujer azul que emergía del símbolo de invocación, comprendiendo más o menos, aquello, Hikari era una maga, una invocadora.-Vaya... ¡Es azul! ... Que rara...-Dijo el hurón asomándose para ver mejor a la invocación, que parecía llamarse Shiva.-Blitz, calla, no eres el más adecuado para decir que alguien es raro...-Respondió Saito, acallando instantáneamente al animal, que buscaba una forma de rebatir las palabras del joven, pero no la encontró.

La mujer les miró de mala manera, y el muchacho retrocedió ante la imponente mirada de Shiva, pero Hikaria rápidamente la calmó... Aunque no del todo, pues volvió a lanzar una helada mirada acompañada de una advertencia que hizo que el muchacho sintiese un escalofrío. No pudo evitar sentirse como un inútil... Mientras, la mujer tocaba una dulce música, e Hikari la acompañaba con un baile, moviendo sus caderas y manos. El truco le había salido bien a la chica, al realizar la invocación de aquella manera, la gente había sido atraída, creyéndolo un espectáculo de magia, que fue complementado con un baile con música.

La gente no tardó en rodear a la chica, sumiendo a Neizan y Saito en la muchedumbre, en la que muchos empezaron a lanzar monedas alrededor de la muchacha.
Saito estaba algo confuso, se sentía sorprendido por el bello baile de la chica, pero a la vez, avergonzado por no haberla podido ayudar. Y acabó sonrojándose y mirando al suelo, siguiendo solo los pies de la chica en su baile cuando iba ya por la mitad. No se sentía capaz de alzar su mirada y ver el baile... Si, bueno, puede parecer que no es mucho, pero para un hombre, sentirse inútil es de las peores cosas que le puede pasar...-¡Hey! ¿No quieres verlo, Saito?-Preguntó el hurón, ahora de un tono rosado que destacaba con el moreno de su piel, aunque estaba envuelto entre la muchedumbre.-Oh... si... claro...-Dijo volviendo a mirar a Hikari, pero con la mirada perdida...

Entonces reaccionó, y se sacudió la cabeza, recobrando la compostura ¡No podía ponerse así solo por eso!
Al terminar, Saito se agachó y ayudó a recoger las monedas a la chica, entregándoselas al final, la verdad, es que había conseguido mucho dinero... Tenía más que Saito... Bastante más.-Has estado genial, Hikari... ¿Donde aprendiste a bailar así?-Dirigió una mirada a la mujer azul, y retrocedió un paso tras entregarle las monedas, sintiendo un escalofrío, la mirada y el aviso de antes aparecieron de nuevo en su mente, y temía que la mujer se lanzase contra el, a pesar de que solo se intentaba mostrar amable, parecía muy seria y sus instintos le aconsejaron que era mejor no tentar a la suerte y mantener una distancia de seguridad.-Eh... yo... esto... bueno...-Cerró los ojos relajándose e intentando no mirar a la mujer que le ponía nervioso.-Creo que ya... Conseguiste algo de dinero... Y... ¿Vamos a algún tomar algo ya?-Preguntó el muchacho con una sonrisa de medio lado algo forzada, pues aun sentía la mirada...-Te esta mirandooooo...-Dijo el hurón, de nuevo de un tono marrón claro, riéndose y huyendo a la bolsa de su amo antes de que este decidiese vengarse.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Mar Sep 20, 2011 9:15 pm

Mientras bailaba escuchaba a la gente arremolinarse a mi alrededor, no era difícil gracias a mi oído tan fino y receptivo a los sonidos. El tintineo de las monedas al golpear una y otra vez le suelo a mi alrededor era agradable, significaba que lo estaba haciendo bien, aunque más que por el oro ya lo hacía por el gusto de bailar, de contentar a la gente y de hacer aplaudir a los más pequeños, cuyas palmas distinguía entre las demás, me encantaba ese sonido, era casi como si me alimentara. Durante unos cinco minutos –poco más poco menos- estuve bailando para llamar la atención del público. La melodía que Shiva tocaba era la misma que había tocado muchas noches para ayudarme a dormir a mis hermanos, ella tocaba y yo cantaba con voz suave, y no tardaban demasiado en caerse dormidos, me traída muchos recuerdos. Cuando volví a abrir los ojos lo primero que vi fue que Saito estaba enfrente de mí, algo embobado, por lo cual no pude evitar una sonrisa hasta que noté la mirada que Shiva le estaba lanzando mientras yo también recogía las monedas: - No te preocupes, es así con todo el mundo, pero no le caes mal… - dije en un susurro muy flojo, cerca del oído de él, no quería que se enterase, pero no por miedo o algo así, sino por el simple hecho de fastidiarla un poco, un pequeño tira y afloja que me gustaba tener con ella… me iba helar el agua de la mochila, ya lo veía venir.

-¿Necesitas algo más, Hikari? – me preguntó Shiva con gran amabilidad, devolviéndome la flauta y luego mirando de manera furtiva a Saito. Reí un poco, me divertía aquella actitud siempre tan protectora, aunque no era difícil saber quién se la había inculcado: -No, no necesito nada más, muchas gracias, Shiva. – dije mientras la abrazaba para luego invertir el conjuro con un simple movimiento de bastón. Ahora tenía bastante dinero, suficiente como para pagar una comida y esperaba que la habitación, así que sólo quedaba ir a la posada. Neizan parecía un tanto perdido, así que me acerqué a él para ver si seguía bien, pasándole la mano por delante, pero su mirada seguía perdida – Eh… ¿Le ha pasado algo? – pregunté al rubio mientras chasqueaba los dedos delante del chico más joven, parecía que se había quedado dormido con los ojos abiertos o algo así – Vaya… Bueno, al menos espero que nos siga. – dije con un pequeño matiz de preocupación en la voz, lo cierto es que sí que me preocupaba, pero no sólo por él, sino también por Saito, que antes también se había quedado embobado ¿Estaría bien? Algo en mi cabeza me decía que no debía preocuparme por ellos, eran mayores y sabían cuidarse, yo tenía que cuidar de mí misma, pero… no podía, no podía no escuchar otra voz que me decía que tenía que tener cuidado de todos los que me rodeaban. Suspiré y me dirigí a la taberna, esperando que ambos chicos me siguieran. Una vez cerca de la puerta la abrí, pasando yo primero para tomar asiento en una de las mesas que había. Era un lugar bastante agradable, acogedor incluso, con las paredes y el suelo relucientes hechos de madera. Cinco o seis mesas adornaban el local separadas sólo por una columna en el centro que tenía varios cuadros y diplomas colgados, no había mucha gente a esa hora, y por lo que pude ver el tablón de anuncio de misiones que había, como en casi cualquier taberna, estaba casi desierto, así que: O bien era un lugar tranquilo, o todos estaban en misiones.

Me fijé en que detrás de la barra, lejos de estar el típico hombre horondo y sudoroso con mostacho y piel grasienta, había un joven bastante apuesto, de unos dieciocho o diecinueve años. Tenía una pequeña perilla de color rojizo a juego con su pelo y del mismo color y un rostro afilado, no tanto como los elfos pero le faltaba redondez a su cara, no era como la de los humanos. No tardó en venir a atenderme, pero negué con la cabeza cuando me dijo que si iba tomar algo: -Espero a alguien. – respondí mientras me peinaba bien, no me parecía educado comenzar a comer o beber sin que estuvieran mis compañeros delante, aunque sólo los conociera de un día y me habían caído bien, así que prefería esperarlos.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Wrathowar el Jue Sep 22, 2011 8:52 pm

La idea de ir a beber a la posada al menos fue bien recibida, si bien con algunas objeciones estas nos servirían para pasar algo el rato antes de ir a beber. No era un mal grupo, al menos nos llevábamos bien y no había surgido ninguna pelea entre nosotros de momento. Comprendía bastante bien la postura de Hikari ante recibir algo de extraños, de hecho tampoco me pareció una muy buena idea de comienzo, pero como no había nada más que hacer no veía otra opción. Ante la pregunta de Hikari sobre tocar música, tuve que negar con la cabeza como respuesta. Al igual que Saito la música definitivamente no era lo mío. Jamás en mi vida había tomado un instrumento y la verdad era que no estaba entre mis planes llegar alguna vez a hacerlo.

Tras unos segundos de silencio Hikari saltó con una nueva idea. Mencionó un nombre raro y luego comenzó a recitar unas palabras que supuse debían ser élfico aunque no podía estar seguro. Tras hacer eso comenzó a moverse de un lado a otro. Trate de memorizar cada movimiento de la joven elfa, si quería aprender algo de ella luego lo mínimo que podía hacer era prestar atención a lo que hacía y claro que había accedido ante su petición de darle algo de espacio.

Después de que hubiese realizado los preparativos para el conjuro, Hikari logró convocar a una mujer bastante más madura, aunque solo parte de esta, de la cintura para arriba. Era algo que me dejo nuevamente sorprendido. Como lo había dicho antes, la convocación era una de las ramas más difíciles de la magia y siendo que apenas dominaba una parte de la magia elemental aquello sin duda además de magnifico era digno de respeto. Hikari luego de convocar a Shiva pasó a hacer las presentaciones a lo que me limite a asentir con la cabeza. Me parecía aún mucho más sublime el hecho de que la convocación pudiese defender al hechicero, seguramente el entrenamiento de Hikari había sido bastante tedioso y forzado, aunque por su raza algo me decía que no había sido del todo como lo creía.

Luego de haber pasado la flauta a Shiva esta comenzó a tocar una melodía bastante placentera y digna de ser escuchada mientras que la élfa comenzaba a danzar al son de la melodía. Ambas presentaban una sincronización y armonía increíble a cada movimiento. Casi podía decirse que Shiva manejaba los movimientos de Hikari como si fuese su titiritera.

No bastaron muchos segundos para que la gente comenzara a arremolinarse al rededor de Hikari y Shiva para presenciar el espectáculo que estaban ofreciendo. Con todas las monedas lanzadas no era de extrañarme que tanto Saito como yo acabásemos siendo invitados por ella. Supuse además que no era el único que lamentaba no tener talento alguno para sumarme al escenario. Debía admitir que era una buena manera de ganar dinero y lejos de ser mal visto la gente pagaba sin prejuicios.

Pude observar como Saito miraba algo embobado a Hikari mientras intercambiaba algunas palabras con su Hurón. Yo en mi parte además de mirar de vez en cuanto a la bailarina y su convocación, fijaba mi atención en el publico. Seguramente aquel espectáculo atraería la atención de varios importantes espectadores, entre uno de ellos esperaba encontrar al hechicero, aunque dudaba que este fuese a dar la cara tan pronto y seguramente ya me habría visto entre medio del público.

Sonreí una vez el acto hubiese terminado y luego de ver como la gente comenzaba a esparcirse por los alrededores, aunque claro seguían habiendo los cuales querían presenciar más actos por parte de la joven. Saito comenzó luego a recoger las monedas de Hikari para pasarselas y mientras intercambiaban palabras decidí nuevamente acercarme a ellos. Bueno, en realidad no había estado del todo atento ya que no me di cuenta en cuanto Hikari se acercó a mi preguntando por mi estado.

Sacudí mi cabeza y tras eso decidí seguirla hasta la posada a paso algo apurado intentando alcanzarla. Hikari logró entrar primero en la taberna, vaya si que se movían rápido los elfos. No me costó mucho encontrarla sentada en la barra ya que el cumulo de gente no era tanto como el que había sido allá afuera durante el acto.

Entonces me senté a un lado de ella. – Fue genial, Hikari. Seguro que has entrenado bastante, ¿cómo lograste para hacer que Shiva pueda tocar cosas? Seguramente has de estar agotada, ¿dejarás que te invite algo? – Pregunté mientras el tabernero volvía a acercarse ahora para atenderme a mi, pero no le preste atención de momento, ya que estaba más preocupado por la respuesta de la elfa y de esperar a Saito.

__

Off: Lamento no haber avisado antes >.< Fue una desición bien rápida, literalmente apenas tuve tiempo para empacar mis cosas ._. Pero ya estoy de vuelta ^^
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Vie Sep 23, 2011 10:57 pm

Off: Disculpad la tardanza, al ver el post de ausencias de Neizan decidí esperar un poco más para que postease y esto no se convirtiese en una partida únicamente entre Hikari y yo, no sería lo mismo. En fin, ya nos queda poco tiempo de relajación, en el próximo turno comienza la historia principal, y empezamos bien, se nos acaba el epilogo, no puede ser eterno. Ya sabéis, una semana.
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Cuando la chica le comentó aquello sobre la mujer de hielo, sintió que se encontraba mejor, era alentador saber que trataba así a todos y no solo a él. Era algo al menos. Sin duda le incomodaba aquella fría mirada, atravesando su cuerpo como si pudiese ver su alma a través de su piel, a ojos de la mujer, transparente como el cristal, O el hielo le habría pegado más, pero el muchacho no sabía en ese momento los poderes helados de la mujer. Era más, no sabía nada de Hikari, mucho menos de aquella mujer que era capaz de invocar. Decidió que era mejor preguntarle para conocerse algo más, era inocente curiosidad, esa chica era agradable, quería conocerla más, al igual que a Neizan, pero no tanto. El rubio era curioso, cualquiera diría que a veces, en exceso, pero, era una propiedad suya. Sin embargo, la chica fue a la taberna antes que ellos, y Neizan no tardó en ir tras ella, dejando ambos al joven, solo. Bueno, solo medio solo, aun tenía la compañía de su hurón. con el cual, se veía a la legua, que no se llevaban del todo bien en un principio.

Saito había decidido comprarlo por que... Sintió algo, lo vio, y le gustó, pensó que sería buena mascota, pero las sorpresas que llevaba incorporadas no eran lo que más le gustaba al muchacho. Y el hurón que solo quería divertirse, aprovechaba cualquier oportunidad para picar a su amo. No parecía que se llevasen nada bien, pero, con el tiempo aprenderían a convivir. El uno posiblemente no pudiese vivir sin el otro.
Al percatarse de que se había quedado solo, Saito corrió hacia la taberna, mientras el hurón reía a pierna suelta en su bolsa, burlándose de la lentitud de pensamiento que parecía demostrar Saito por el momento. ¡Pensar nunca había sido lo suyo! Bueno, no siempre, como todos, tenía sus momentos de lucidez, como el anterior con el muchacho, pero no era lo normal. Y además, ese día su mente parecía más embotada que de costumbre. Algo que si el hurón leyese, seguramente respondiese con un "¿Más? ¿Eso es posible?" Seguido de aquella aguda risita.

Entró en la taberna, localizando con rapidez a los dos, y sentandose a su lado. La elfa parecía un imán para los hombres. Era sorprendente que costase tan poco que uno más se le pegase. ¡Aún no había visto una mujer cerca de ella! Primero el niño y Neizan, despues, él mismo, y ahora, un tabernero parecía estar con ella y Neizan, un chico joven que tampoco tenía nada que envidiar al físico del jugador.
Llegó a tiempo de escuchar las palabras de Neizan, y por la cara que puso hikari al escucharlas, no parecieron gustarle demasiado. En un principio, el muchacho no supo identificar que le había disgustado de sus palabras, pero decidió poner algo de tierra de por medio antes de que se enfadasen. Acababan de conocerse, no era cuestión de que empezasen a enfadarse dos... Quedaría solo, y lo peor, solo con Blitz, y eso no lo quería por el momento.

-Heeeeey...-Dijo interrumpiendo un poco, colocándose al otro lado de Hikari y mirando al pelirrojo tabernero, desde luego, no era precisamente feo...-Pongame un vaso de zumo, gracias. Y... Hikari ¿Quien eres? Me refiero, conozcamonos un poco todos, tengo curiosidad por vosotros...-Dijo tranquilamente, intentando transmitir esa paz. Pero de poco le duró, pues el hurón asomó, retomando la posición en el hombro del muchacho.-Oh oh... Vaya hombre que estás hecho, tomando zumo como toda una señora... jejeje-Saito no le dio importancia a las palabras del animal, empezaba a acostumbrarse de sus palabras con intenciones de molestar al muchacho, pero entonces sucedió algo que molestó a amo y a dueño... El que intentaba poner paz se alteró un poco.- Aquí tienes, hombretón... Un zumito. Que hombre estás hecho...-Dijo el tabernero dejando una jarra con zumo al lado de Saito con una pequeña burla. En sí, no del todo malintencionada, solo que le sorprendió que alguien de aquella edad no tomase cerveza. Mientras que el mismo tabernero se sirvió una copa, mirando al joven.-¡Oye! ¡Me ha robado la broma! ¡Hey! ¡Tu! Ehm... Demasiado grande... ¡Saito! ¡Defiende mi broma! ¡La dije yo primero, es mía!-Dijo el hurón, claramente molesto por aquel "robo". Pero el hurón empezó a tornarse de una tonalidad azul oscura, que hizo que el animal empezase a mirarse las patas sorprendido por aquel color, representaba bastante rabia, incluso el hurón, que estaba ahora vinculado al humano, sentía la rabia del muchacho. No le molestaba que el animal se burlase de el, nadie le entendía, pero que aquel tabernero lo hiciese... Era distinto.

-... ... Bah... No perderé siquiera el tiempo contestándote, zanahorio...-Dijo el muchacho reprimiendo su rabia, aunque aún el hurón tenía aquel color, recordando así que aun estaba presente. Aunque adivinar que significaban aquellos colores del hurón, era algo difícil.
El tabernero pareció ofenderse por el ultimo adjetivo del chico, que fingiendo tranquilidad, miraba a Hikari con una ligera sonrisa, mientras el hurón de color oscuro se mantenía pegado al hombro del chico, que bebía su zumo sin, aparentemente, darle importancia.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Mar Sep 27, 2011 9:15 pm

El siguiente en entrar después de mí fue Neizan, aquel chico que llevaba dos espadas pese a que parecía joven ¿Qué clase de educación había recibido? Me daba pena, mucha pena que un chico que parecía tan joven ya cargara con espadas para luchar. Tomó asiento a mi lado y sonreí mientras lo escuchaba, de nuevo me preguntaba por las invocaciones, así que alargué un suspiro por su insistencia y me dispuse a contestarle hasta que escuché, y no fui la única, una frase bastante crispante “¿Cómo lograste para hacer que Shiva pueda tocar cosas?” ¿la estaba tomando acaso por idiota? ¿Cómo que “lograr que tocara cosas”? Shiva también lo había oído, y ahora se removía en su plano furiosa, escuchaba cristalizarse las cosas, el viento helado que soplaba en ese mundo y como algunos animales se abrían apartaban al paso de su furiosa diosa, y así era, Shiva era una diosa en su mundo, aunque en el mío sólo tuviera una pequeña porción de su poder, ojala hubiera podido en ese momento arrastrar al joven humano al plano del hielo, no era una persona violenta, pero… me dolió, aquello verdaderamente me dolió y me dieron ganas de darle un tortazo y girarle por completo la cabeza -¡No es idiota! – le grité, apretando las manos mientras lo miraba con rabia. Por suerte intervino Saito, apareciendo casi de golpe y sentándose entremedias de los dos y haciendo de mediador parando la discusión que estaba por iniciarse. Al verlo traté de sonreír mientras dejaba escapar un nuevo suspiro y trataba de dejar de escuchar el mundo de Shiva, que ahora sufría su cabreo, menos mal que allí no había más que criaturas de hielo como golems y cosas parecidas, pena de me daría un ser de un plano más cálido suelto en esos momentos en aquel glacial mundo. Una vez dejé de escuchar las ventiscas y los conos de hielo surcar el aire de uno y otro lado pude escuchar la conversación de Saito con el camarero. Como yo esperaba de un chico que parecía tan deportista y sanó pidió un zumo – A mí otro pero de frutas dulces. – le dije sonriendo al que parecía ser un agradable mesero, maldita luz, que es más rápida que el sonido.

Todo lo agradable del chico pelirrojo que parecía ser el joven regente del lugar o al menos el hijo de este por el descaro con que trataba a los clientes, le sirvió el zumo a Saito y a mí –Provecho. – escuché de sus labios hacia mí, ante lo cual no evité sonreír de una manera un tanto leve para agradecer su educación. Pero las palabras que le dirigió al chico fueron mucho más agrias, con un tono de burla y sátira que no pude soportar. Tal vez porque se juntó con la rabia contenida por Neizan, tal vez porque sus palabras habían sido tan injustas y machistas que me dieron ganas de hacer aparecer a Shiva con todo su poder aunque me costara la vida y que le diera una lección que nunca olvidara, pero reprimí todas esas ganas de apalizar al chico y las comprimí en un solo acto. Lentamente retiré mi silla de la mesa mientras él todavía reía mandíbula batiente y tomé mi vaso de jugo de la mesa, tranquilamente me acerqué al camarero que pareció cortar casi de golpe sus risas -¿Qué prefieres, morena, un micho bebe zumos o un hombre de verdad? – dijo con tono altivo. Torcí una sonrisa y antes de contestar le vertí el zumo helado sobre los pantalones para que pareciera que había orinado -¿Y qué tal un "Micho" que no se mee en los pantalones? - acto seguido le crucé la cara con un bofetón en que el que usé todas mis fuerzas, que si bien eran pocas sobraban para hacer que un esmirriado como aquel se lamentara de su palabras. Sus mejillas repletas de pecas adoptaron rápidamente un tono rojo, sobretodo la que yo había golpeado, que alcancé a ver sólo unos instantes antes de que se lo tapara con sus manos. La posada estalló en risas hacia el chico, algunas voces se escuchaban “Sí sí, todo un hombre” “¡Toma! ¡Galleta y leche para el mocoso! ¡Ale a dormir crío!” y demás comentarios que por lo general hubiera acallado o al menos intentado, pero la verdad es que se lo merecía. Me senté de nuevo dejando el vaso sobre la mesa con suavidad y miré a Saito con una sonrisa mientras le acariciaba la mano para calmarlo - ¡Ey! ¡Vamos, anímate! No pasa nada porque bebas zumo, mejor que destrozarte con la cerveza. – suspiré y miré mi vaso, ahora vacío –Jo… y yo me quedé sin zumo por culpa de ese idiota. – dije al final mientras me recostaba en mi silla, la verdad es que no tenía ganas de pedirle otro zumo al mismo mesonero, y por ahora era el único que parecía atender la posada, así que me tendría que aguantar las ganas de beber un rato más. Todavía recordaba la pregunta de Saito, y pensé que sería un buen tema para desviar la conversación - ¿Qué quién soy? Pues Hikari no Yami. Salí hace poco de ciudad esmeralda, y busco ser una gran invocadora, como mi madre, pero para ello debo reunir a todas sus invocaciones. Por eso viajo, para encontrarlas a todas y poder devolverlas a la vida, puesto que ahora duermen un largo sueño. Y por favor, Neizan, no vuelvas a tratar a Shiva o a Rubí como a idiotas, o puede que no me contenga la próxima vez ¿Vale? Es... algo que me molesta mucho, son mis amigos y tú has menospreciado a una, a mi mejor amiga además.– no era mucho, pero era todo lo que podía decir de mí para el poco tiempo que llevaba fuera de casa.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Vie Sep 30, 2011 8:09 pm

Saito quedó asombrado al ver a Hikari levantarse, al contemplar la reacción que la chica había tomado, se sentía... No sabía como se sentía, era una mezcla entre vergüenza y asombro. Hikari le estaba defendiendo, y eso era un poco embarazosa. Sin embargo, ver como le defendía, una preocupación por el. En lo más profundo de su ser se sentía bien. Sonrió un poco al ver como Hikari vertía su zumo sobre el posadero, que se enfadó considerablemente, poniéndose a fregar el estropicio casi de inmediato, con un rubor en sus mejillas mientras intentaba ignorar las miradas de sorna que aún recaían sobre el. Entre las cuales, no se encontraba la de Saito, que decidió darle más importancia a la chica.-Cierto, perdiste tu zumo... Toma el mío, tranquila, no tengo mucha sed-Contestó el rubo tendiéndole aquel zumo a la joven con una sonrisa.-Mm... Creo que sería educado presentarme ahora yo más en profundidad. Soy Saito como dije, y nací en Zheroker, no hice muchas cosas interesantes allí, me pasaba el día en mi casa solo porque mi padre se pasaba el día en la forja, pero poco a poco empecé a jugar al Blitzball, un deporte que se juega con esta pelota.-Continuó el muchacho tranquilamente, mostrando la pelota y dejándola entre sus piernas para tener las manos libres.

-Hasta que al final me hice jugador profesional, no era mucho, pero de algo tenía que trabajar, y que mejor que aquello que me gustaba. Pero hace un tiempo decidí que sería buena idea salirme del equipo, viajar un poco para tener alguna aventura, y jugar contra otros para hacerme mejor.-comentó con una sonrisa en sus labios, y el hurón se quedó sentado con su tono rosado, más blanco que rosa. Omitió un detalle, y era el que era uno de los mejores jugadores. No quería pecar de egocéntrico, más aun, después de haberle visto en una gran falla de calculo, no quería que se burlase de el, o algo similar, y prefirió la modestia. Algo verdaderamente raro.
Entonces Neizan comenzó a hablar.-Oh no pensé que te molestase tanto, tranquila, no volveré a hacerlo-Contestó el chico ante las palabras que Hikari le había lanzado antes, como pequeña reprimenda, pero entonces sucedió algo que nadie se esperó en la taberna.

El muchacho se quedó parado, y de pronto su cuerpo comenzó a deshacerse como si se tratase de arena, hasta desaparecer desintegrado. Todo el local quedó en completo silencio tras la desaparición espontánea del muchacho. Saito no daba crédito a sus ojos, abriéndolos como si fuesen platos y con la boca entreabierta, al igual que su hurón, el cual le miró y le dedicó unas palabras, que a oídos de los demás, fueron unos chillidos que rompieron el silencio.-... Ehm... ¿Que pasó?...-Saito fue el siguiente, que a la vez que daba su respuesta, la hacía en alto para todos, disimulando que hablaba con el hurón.-¿Que... Que demonios ha pasado?
El silencio iba menguando cada vez, volviendo un poco la tranquilidad a la taberna, pensando que sería algún truco o algo así, pero sin duda había sido extraño.

Lo que había sucedido era... Un acontecimiento extraño. Había muerto, a causa de una desintegración total sin aparente explicación alguna. Saito se levantó y dio un paso hacia la puerta, invitando a Hikari a que le acompañase, prefería alejarse de aquel lugar. Al salir a la calle, vieron a un par de personas agregadas, hablaban de una desaparición repentina. Justamente como la que había tenido Neizan, y al momento, otra persona desapareció ante sus ojos, y otra más, y otra... Un total de cinco personas habían desaparecido de la misma forma, la gente se alteró, allí pasaba algo raro.
Entonces llegó una mujer, parecía desquiciada, pero Saito escuchó sus palabras con atención, le llamaba la curiosidad, había visto desaparecer a cuatro personas ante sus narices. Pero por suerte, tras la ultima nadie más había desaparecido.

-¡Mi hijo! ¿Visteis? ¡No estaba loca! ¡Mi hijo no se fugó! ¡Desapareció como han hecho ahora!-Dijo aquella mujer, que parecía histérica, había perdido a su hijo, el cual había desaparecido hacía poco en el bosque al salir a pasear. Y ahora sus palabras parecían cobrar fuerza.-Tranquila Grina, no pueden haber desaparecido por las buenas, tiene que haber una explicación lógica ¡Algo no puede pasar porque si!-Respondió un hombre, un panadero que intentaba calmarla.-¡No me calmaré! ¡Toda la culpa la tiene esa casa infernal! ¡Seguro!-Respondió enfurecida, marchándose llena de rabia por las calles, mientras la gente se apartaba a su paso.
La gente empezó a hablar, algunos coincidiendo con la mujer que había perdido a su hijo, otros, intentando buscarle lógica, y otros llorando por la desaparición de las personas que habían dejado de existir en las calles.
Saito se acercó a una de esas personas, intentando averiguar algo.

-¿Oiga? ¿Señora? ¿Quien era esa mujer que se ha marchado? ¿Y a que se refería?-Comentó el muchacho a una mujer algo anciana que estaba hablando con el panadero.-Era Grina Grodwing, perdió a su hijo hace poco, salió a dar un paseo y nunca regresó, solo se sabe que dio un grito antes de desaparecer, y ahora que han desaparecido más personas... No se que pensar.

El muchacho frunció el ceño y miró a Hikari.-Oye ¿Y si vamos a buscar a Neizan por ahí? Quizás veamos algo...

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Off: Bueno... Posteo, es viernes, y es algo tarde incluso, dejé algo de tiempo para ver si posteaba Neizan, pero dado que falta, le hecho de la partida. Después de desaparecer este tiempo vuelve a faltar al mastereo, cuando lo vi en el tag, y ni siquiera me mandó un mp avisándome. Lo siento, pero no soporto que hagan eso. Queda muerto con el apoyo de un admin.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Jue Oct 06, 2011 6:15 pm

-Oh… Muchas gracias. – dije mientras daba un sorbo de su zumo, dejando parte del carmín de mis labios en el filo del recipiente. La situación en la taberna parecía haberse calmado. El camarero pelirrojo todavía recogía el zumo del suelo con la cara casi tan roja como su cabello, y la gente ya no reía a horcajadas como hacía unos segundos, mucho mejor. Suspiré y me quedé mirando al chico, realmente no quería haber hecho eso, pero es que se lo había buscado y bien. Mientras que veía como el mozo se retiraba a una parte oculta dela taberna para no volver a aparecer más en un rato escuchaba las palabras de Saito, que decía ser un deportista allí donde había nacido. Era interesante su historia, pero lo hubiera sido más si en lugar de deportista hubiera sido… Explorador o simplemente un aventurero, el deporte jamás me había atraído demasiado, con toda esa violencia que incluso los jugadores profesaban hacia sus rivales, la afición de un equipo luchando contra la del otro como si de dos potencias nobiliarias se tratase y mientras tanto, los que más buscaban disfrutar del deporte que no eran otros si no que los niños condenados a tener que conformarse con lo que contaban los más rico, porque no les alcanzaba el dinero para que los soldados que guardaban el estadio les dejaran pasar, al menos así era en la Ciudad Esmeralda – Vaya… - dije cuando terminó, construyendo una pequeña sonrisa en mis labios por los que todavía goteaba algo de zumo - ¿Entonces eres jugador profesional? – reí un poco y me recosté en la silla, mirando a Neizan, tal vez también me había pasado con él – Bueno… Cualquiera lo hubiera dicho con la caída de antes ¿Seguro que no me engañas? – negué con la cabeza para hacer ver la broma y ante lo que dijo el otro chico asentí – Tranquilo, no pasa nad… - antes de poder terminar la frase Neizan quedó de nuevo estático, como le había pasado en la plaza - ¿Oye… estás bien? – pregunté mientras pasaba mi mano ante sus ojos, pero esta vez no bastó con eso para sacarlo de su ensoñación, sino que encima comenzó a… ¡Desaparecer! Como si fuera un simple montón de arena a la orilla de la costa un día de viento y fuerte oleaje. No quedaron de él ni las cenizas.

Al igual que el resto de la taberna callé, más por respeto que por otra cosa, jamás había visto nada así, no sabía si había muerto, si simplemente era un truco o si algún mago había estado manejando en todo momento. Vi como el chico deportista se levantaba y le seguí sin dudarlo ni un momento, no atreviéndome a romper el casi mortecino silencio que habíamos dejado en la taberna. Estaba un poco asustada, la verdad, era la primera vez que veía desaparecer a alguien tan… de repente. Al salir a la calle pude observar como un grupo de personas se reunían alrededor de una que también desaparecía de golpe, y otra y hasta dos más haciendo un total de cinco desaparecidos. Tragué saliva con fuerza y me quedé mirando a todos los lados ¿Es que alguien se estaba llevando a las personas? ¿Y si… la siguiente era yo? Observaba hacia todos los lugares una y otra vez, no, no era una persona desconfiada, pero ahora no me lograba fiar de nadie, ni tan siquiera del chico que tenía a mi lado, no había hecho nada, pero a veces bastaba con el simple poder de una persona para causar muchos estragos, aunque esta la desconociera. Al momento llegó gritando otra mujer de aspecto algo mayor, sobre los cuarenta años humanos. Los ojos los tenía enrojecidos de llorar y el cabello sucio de no habérselo lavado en días. Parecía bastante histérica, sofocada más bien, gritando como una loca que su hijo también había desaparecido y que ella no se lo había inventado ni imaginado. Iba a intentar calmarla cuando un hombre también entrado en años se me adelantó, vestido con una cofia típica en el gremio de cocineros con la que había visto a mi madre en más de una ocasión. Su delantal tenía numerosas zonas mucho más blancas que el resto, aunque más que blancas eran de un tono grisáceo, unas manchas que ya había visto muchas veces en mi propia ropa cuando era pequeña y cuidaba de mis hermanos; Harina.

Intentó calmarla el repostero, pero sin efecto alguno, pues la mujer seguía vociferando, alegando que era una casa maldita la que se había llevado a su hija. Poco después Saito avanzó hasta otra mujer y la interrogó de manera amistosa para saber quién era y qué había pasado, resultaba que el hijo de la mujer había desaparecido al igual que Neizan y las otras personas, empezaba a tener bastante miedo ante la situación, y aunque la oferta del rubio se me hacía tentadora no sabía que decir, tenía miedo pero a la vez intriga, esa chispa de curiosidad que otras veces me había empujado a hacer locuras, como por ejemplo, irme de casa. –Eh… yo… - empecé a decir nerviosa, no sabía cómo decirle que tenía miedo, porque después de todo había hecho una demostración de valor soberbia al oponerme al camarero de la taberna y humillarlo públicamente. Tal vez me estuviera bien empleado por bruta. – N… No es que tenga miedo pero… - cuando ya iba a negar una voz en mi cabeza terció algo, una voz cálida y maternal que era imposible de no reconocer – Debes entrar, pequeña, allí dentro reside una de las esferas que buscas. – sentenció la voz de Shiva en mi cabeza. No lo tenía muy claro, era cierto que buscaba las esferas, y por el momento era ella la que, siguiendo la esencia de estas, me había guiado a por ellas, además de que la dama de hielo jamás permitiría que me ocurriese nada malo, pero aun así seguía asustada, aunque… una esfera de invocación, una de esas que llevaba buscando tanto tiempo… no podía dejar escapar esta oportunidad – Bueno… supongo… que deberé ir. – dije mientras aferraba mi bastón de hechicera – Pero… ¿Antes puedo ir a cambiarme la ropa? No me gustaría entrar en una casa tan ostentosa como esa con mi ropa de baile… nunca se sabe qué clase de anfitrión podríamos tener. – añadí finalmente para romper el hielo tras la tensión que había creado al no dar una respuesta directa desde un primer momento, pero es que, después de todo, no era una guerrera como muchas otras, aunque yo no lo quisiera aceptar… seguía siendo una cría.
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Off: Dos cositas.

1) Perdón por el retraso >.<

2) La esfera... Bueno, lo que te comenté por MP, que sino no tengo motivo para ir a la casita Razz



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Sáb Oct 08, 2011 12:38 am

Saito miró a Hikari algo temeroso, parecía que la chica no quería ir a buscar a Neizan, sorpresivo, pensó que ella querría encontrar al niño, pero no podía obligarla a acompañarle si no quería. Se disponía a marcharse sin ella, pues no quería irse sin encontrarle, o al menos sin encontrar un rastro de el. Algo, no se sentía capaz de abandonarle. Le acababa de conocer, pero era su carácter, aquella inocencia...
Pero de pronto aceptó, por alguna razón había cambiado de opinión. Asintió sonriente ante la nueva respuesta y esperó a que volviese de nuevo con sus ropas para empezar a caminar hacia las afueras de la ciudad. Dudaba encontrar mucho con tanta gente por allí, se darían cuenta. Había que buscar algo más alejado.-Oye Hikari ¿Que otras cosas sabes hacer? Hablemos de algo mientras buscamos por donde ir. Yo... No se de que hablarte... No tengo mucho que contar... jeje...-Comentó Saito intentando entablar algo de conversación.-¡Eso eso! ¡No hables de mi! Que no soy nada...-Comentó el hurón, quejándose de que el joven se hubiese olvidado de él. Sin embargo, Saito le ignoró como ya empezaba a aprender a hacer.

Pasaron un poco, hablando algo de ellos mientras se alejaban de la ciudad, para adentrarse en aquel bosque, donde no había persona alguna, todo estaba en una calma sorprendente comparada con la del mercado que acababan de dejar. Solo los pájaros con su piar rompían aquel silencio. Avanzaban con algo de dificultad. Aunque el deportista con menor, acostumbrado a hacer ejercicio, el suelo blando que se hundía un poco bajo sus pies por la tierra húmeda no le parecía mucho. También se torcía mucho el camino, encontrándose altibajos y árboles que les hacían tomar otros caminos, pero tras un buen rato de caminata se encontraron ante la puerta de una enorme mansión.

Sus paredes eran negras, y sus ventanas completamente cerradas, estaban tapadas por unas cortinas que no dejaban ver el interior. La mansión era enorme, sin embargo más tarde comprobarían que era aún más grande de lo que habían pensado en un primer lugar. Habían varias gárgolas decorando toda la fachada de la casa, sus rostros de piedra eran bastante aterradores, y el muchacho sintió un escalofrío, que su mascota también sintió, refugiándose en la bolsa de su dueño, y sacando un poco la cabeza con desconfianza. Aquel lugar parecía estar rodeado de un aura de misterio sorprendente, que se mezclaba con su aspecto lúgubre, confiriéndole así un aspecto aún peor.
El aullido de un lobo resonó en la lejanía, y es que empezaba a anochecer. El cielo se volvía naranja pero aún parecía quedar un poco para el anochecer. Tal vez unas dos horas, tiempo suficiente, o al menos eso creían, para entrar en la mansión y salir.
-Oye... Hikari ¿Tu crees que es buena idea entrar?-Comentó algo inquiero e inseguro.-Cobaaaaaaaardeeeeeee...-Interrumpió el hurón.-... No he dicho nada... ¿Pasamos?

Podrían subir las pequeñas escaleras hasta el rellano, y tomar una decisión. Podían tocar a la puerta, y nadie les respondería, nada más que el silencio más absoluto y abismal... Y tras unos segundos, la puerta se abriría sola, con un quejido siniestro que mostraría la primera habitación. Un pasillo corto con una escalera a un lado, sin nada, aparentemente sospechoso. Si por el contrario, intentaban abrir la puerta, se encontrarían con que cedía a la mínima presión, abriéndose y mostrandoles aquella primera sala.

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Off: No importa Hikari, posteaste dentro del plazo. Lo de la esfera ya lo se, tal y como dijimos, la conseguirías aunque no te la dejase en la partida xD. Sigue siendo una semana ^^
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Miér Oct 12, 2011 4:02 am

Rápidamente desaparecí de la vista del chico para meterme en la posada, en los baños más concretamente de señoras para poder cambiarme allí de ropa. Lo más rápido que pude me quité la camisa para luego sacarme los pantalones, primero me quedaría en ropa interior y luego podría ya ponerme el kimono, o al menos ese era el plan, pues antes de que terminase de sacarme el pantalón escuché unos sonidos en la parte de fuera del baño, más bien de la pequeña caja de madera donde estaba metida, que constaba de una tabla que hacía de puerta colgada de un par de roñosos y oxidados goznes y una chapa mugrienta y más bien enclenque del ya mencionado material. Dentro sólo un plato de cerámica grande y cuadrado, como el de una ducha de esas que se veían sólo en las casas de los más ricos o en las posadas lujosas ¿Qué hacía aquello allí? Me fijé entonces en que no estaba fijada al suelo, sino que simplemente estaba allí, por las buenas y punto, obviamente era robado. Suspiré mientras fijaba más mi atención en los sonidos que en lo demás y en ese momento escuché gritos, unos gritos muy fuertes que reclamaban dinero por… ¡Por un asesinato! Como pude me tapé los oídos todavía en ropa interior y sin querer se me escapó un gemido de terror, no quería estar de nuevo entre criminales, no después de lo del bosque cerca de Ciudad Esmeralda -¡¿Quién anda ahí?! – gritó una voz al oír mi sollozo, ante el cual no pude hacer más que taparme la boca para no soltar otro por puro temor –P…Polvo… de diamante… - dije casi en un susurro, provocando que el suelo se iluminara con el símbolo de base hexagonal que antes había usado en la plaza. No lo tenía que dibujar siempre, pero en esa ocasión había sido decoración, ahora aparecía solo. De él emergió con rapidez y elegancia la dama de hielo que siempre me salvaba de todo o al menos de la gran mayoría de cosas, como no; Shiva. La piel azul de la mujer debió de bastar para helar al sicario, que pronto perdió el interés por su víctima y trató de recobrar el conocimiento de la situación, pero no le dio tiempo a ello antes de que la diosa de hielo le tomara la cabeza y en sorpresivo acto incluso para mí le arrancara de sus rosados labios un beso ¿Qué… quería decir aquello? ¿Por qué ahora Shiva exhalaba su aliento dentro de la boca del hombre? Cuando este cayó hacia atrás dejando ver un pelo de color marrón oscuro bajo una capucha a blanca a juego con el traje del mismo color lo entendí todo. Los labios del asesino estaban recubiertos por cristales de hielo visibles, recubiertos del frío de la muerte y ahora morados por el helador toque de la mujer -¿Estás bien? – preguntó, como cada vez que su cuerpo hacía aparición en mi mismo plano de existencia – S… sí… sólo… un poco asustada… - dije mientras tomaba mi ropa para terminar de vestirme, quería salir de allí, hacer como el hombre con el que casi habían acabado en ese mismo instante y no volver a aparecer por aquella posada nunca, nunca más.

Tras salir del rudimentario baño corriendo como alma que lleva detrás el diablo y suspirando para, una vez fuera, tomar aire mucho más tranquila –Ya… estoy… - le dije a Saito para ponernos en marcha, ya está, por fin me marcha de aquel lugar aunque con un no muy buen recuerdo. Vaya mala suerte, mi primera aventura fuera de casa y se estaba convirtiendo en una verdadera pesadilla que no parecía tener fin ¿No se supone que a las personas buenas les ocurren cosas buenas? ¿Entonces? Bueno… dejando de lado esas cosas. Una vez al lado del rubio y alto deportista de ojos azules avancé por el mercado junto con él, evitando las calles más concurridas y evadiendo como si de un animal salvaje se tratara los problemas. Pronto alcanzamos la arboleda de sauces llorones. No era difícil reconocer aquellos árboles, con sus troncos cortos y ramas lánguidas y caídas como los brazos de un cansado guerrero. Las hojas debían ser los dedos, pues como los brazos y la manos caían en cascada hasta rozar el suelo creando una verde cortina que impedía ver su interior, el cual tampoco tardamos mucho en alcanzar, pisando pronto el empantanado terreno que era aquello. Mis pasos, obviamente, no eran tan ágiles o precisos como los del chico de la pelota, que parecía avanzar sin más complicación que levantar un pie y luego otro, ignorando el peso de la enorme capa de barro que se estaba formando en sus zapatos, e inevitablemente también en los míos, más finos y claros que sus botas de deporte. Tal vez no hubiera sido tan buena idea quitarme el traje de baile, que seguramente me hubiera permitido avanzar con mayor facilidad por aquel agreste terreno. El rumor del agua de un río caudaloso llegaba a mis oídos relajándome como pocas cosas lo hacían, el agua, el fresco líquido transparente que servía para tantas cosa, era de lo que más me relajaba, escuchar el rumor de un río como en esos momentos, en los cuales se me olvidó mi oído de elfa y casi sin querer lancé una pregunta a Saito: -¿No es relajante esto? – Dije sin percatarme de que tal vez él no escuchase el dulce sonido de la caricia acuática sobre la tierra en erosión, dándole a entender otra cosa que podía o no gustarle, pero de todos modos, en esos momentos no me di cuenta.

Aunque el camino fue agradable, incluso con una charla amena sobre las aventuras que el chico había vivido hasta llegar a conocernos en ese pueblo por la más absoluta casualidad acabó por verse truncado gracias a la visión de una enorme mansión tan negra como el corazón del asesino que de seguro todavía yacía en el interior de aquel apestoso escusado. Los motivos góticos adornaban la verja de entrada y también las marquesinas de las paredes. De los alfeizares de las ventanas colgaban gárgolas de rostro aguileño, boca enorme y repleta de colmillos pétreos que según contaban las leyendas esperaban a la caída del sol para salir a cazar carne humana o de cualquier otro tipo con la cual abastecerse y así sobrevivir un día más con su diurna condición de malditas estatuas. Lentamente avancé junto con Saito, quepareció contradecirse a sí mismo un momento, para observar entonces algo más helador todavía que todo lo anterior, que combinado con el fuerte reclamo lobuno a la caza y a la reunión de la manada para la caza, me dejó completamente helada. Aquellas cortinas de negro algodón que impedían ver nada dentro ¿Qué me aseguraba que no era una trampa? ¿Qué me permitía dar un paso sin temer por mi vida? ¿Qué? Sólo… una esfera, una de las diez piedras de invocación que debía buscar para traer de nuevo al mundo a todos los seres de otros planos que una vez usó mi madre para demostrar su poder. Ahora yo tenía que enseñar al mundo el mío, aunque fuera por algo tan egoísta como el orgullo o tan noble como querer devolverles la libertad a estos, pero aun así, quería hacerlo. Con una valentía que desconocía tener avancé con el paso más firme que el temor me permitía tener, dando un corto paso tras otro como si evitara terminar algún día el recorrido. Final e inevitablemente llegué frente a la puerta. A mi derecha el humano, en mi zurda sólo el frío emanado por la madera del bastón añil, que se confundía con los tonos completamente negros de la mansión, siendo la única diferencia la flor de tres puntas de color oro y bañada en ese mismo metal. Miré la puerta y tragué saliva, ignorando casi por completo el resto del entorno, menos al humano, al cual mantenía en todo momento en mi mente para recordarme a mí misma que no estaba sola. Con cuidado tomé la argolla azabache de pesado hierro que sostenía la boca del dragón que pendía de la puerta y con pesadez tiré de ella dejándola luego caer sin más dando lugar a un sonido reverberante que se escuchaba en lo lejos perdiéndose dentro de la casa –Y… y… no cabe la posibilidad de que te equivocaras… - le pregunté Shiva, temblorosa, viendo que nadie atendía a nuestra llamada –P… puede… que la casa esté en medio…. Puede que la esfera esté en el patio trasero… ¿No? – la risa de la dama de hielo se escuchó por toda mi cabeza ante mi terror por la casa –No, no estoy equivocada, es aquí donde él yace. – Antes de poder preguntarle nada desapareció también de mi conciencia para volver de nuevo a su mundo helado, esperando de nuevo ser llamada por la magia que dominaba. Mientras tanto, sin que yo me hubiera dado cuenta por la pequeña charla interna, la puerta de la mansión se había abierto. Ahora ya sólo quedaba un paso hasta ahí… Entrar. –Vamos… ¿No? Después de todo… ya estamos aquí… - añadí finalmente en un intento por reactivar algún tipo de conversación, algo que me mantuviera alejada de la realidad.



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Re: El Gran Ilusionista

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