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El Gran Ilusionista

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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Jue Oct 13, 2011 10:19 pm

La chica tocó a la puerta, pero nadie se escuchaba al otro lado, únicamente el eco resonando por toda la casa, recorriéndola. Imposible no oírlo. Pero la madera de la puerta no se abrió mostrando a una persona. Tras los golpes todo quedó en silencio, una quietud siniestra y capaz de alterar los nervios con total facilidad. Hasta que lentamente, ella sola, la puerta se abrió, con aquel típico chirrido de las puertas de maderas. Aquel chirrido que tan mala espina daba siempre.

Se mostró el interior de la casa a través de la puerta. Oscura como la boca de un lobo. En un principio, el joven deportista creyó ver unos ojos al fondo, mirándole desde la oscuridad, grandes ojos rojos y unos dientes enormes, horribles, puntiagudos... Como el rostro de un horrible monstruo contemplándole desde el interior de la mansión, oculto en las sombras, acechándole... Sintió el impulso de sacar su espada y arremeter con todo, pero según sus ojos se adaptaban a la oscuridad del interior, vio que solo se trataba de su imaginación, que allí no había nada... Suspiró, casi sin percatarse de que estaba algo tembloroso, no por frío, pues hacía un buen calor, si no por el miedo... Esa casa era horrible...

El hurón también temblaba, pero mucho más que Saito, agarrándose con fuerza a él. Y finalmente entraron. La primera habitación era al parecer solo una pequeña entrada, se dividía en cuatro salidas, a la derecha, llevando a un más oscuro y tenebroso salón. No podía ver que había exactamente, pues la puerta estaba medio cerrada y solo podía ver una leve franja. A la izquierda un pasillo que torcía hacia delante, impidiéndole ver que había más allá hasta que se asomase por la esquina. Adelante, donde podía ver una puerta entreabierta, se notaba que estaba abierta, pero al estar delante no podía ver que había en el interior, deberían asomarse para descubrirlo. Y la cuarta y ultima, unas escaleras que subían al piso superior. Estaban pegadas a la pared de la izquierda, con una barandilla de madera rota en algunas partes que aportaban mas inseguridad que seguridad. Arriba solo se podía ver la oscuridad... ¿Que habría allí arriba? Era desconocido... Si querían saberlo, habría que subir. En resumen... Todas las habitaciones estaban dispuestas para no saber que había hasta acercarse... Tal vez demasiado.

Las paredes estaban decoradas con papel de pintura, que estaba desconchado, dejando grandes huecos sin cobertura, y revelando la pared de madera que había detrás, hecha por laminas de dicho material dispuestas en horizontal. El suelo estaba lleno de escombros, posiblemente caídos del techo de yeso, que tampoco estaba en perfecto estado, zonas que habían perdido una buena parte de la cobertura, revelando el verdadero techo de madera. Y en otras una gran marca de humedad.-Esto... Da escalofríos...-Comentó Saito.-No... N-No... Me seas c-cobarde... Saito...-Respondió el hurón que estaba asusado horriblemente.-Que... ¿Que camino tomamos?

En el suelo también habían algunos trozos de madera y cristal, así como papel, posiblemente cuadros que habían oído al suelo haciéndose añicos. Aun así, en las paredes, seguían habiendo una multitud de cuadros, que representaban a mucha gente. Hombres y mujeres, todos pequeños y en su mayoría ovalados. De unos veinte centímetros de altos. Pero habían algunos más grandes, que duplicaban a los otros. Todos daban un aspecto lúgubre al lugar, pues muchos tenían el cristal roto, fragmentando el rostro de quien había tras el. Otros, casi por completo destrozados, mantenían en un equilibrio imposible a la foto, que colgaba de manera siniestra de la madera. Y para colmo, tenían aquel endemoniado efecto visual que hacía parecer que las imágenes te mirasen, que te siguiesen con la vista... Si miraban con atención las imágenes, verían que todas representaban un semblante serio, sin sentimiento... Pero en cuanto eligiesen un camino y avanzasen por el, misteriosamente, su rostro se tornaría una mueca de dolor y tristeza, con la boca abierta y los ojos cerrados y una faz que parecía mostrar a un alma torturada que deseaba la muerte... Todos y cada uno de los cuadros... Que en un parpadeo retornarían a su primera forma, como si aquello no hubiese sido más que una ilusión...

Pero antes de que les diese tiempo a discutir si esos cuadros se habían movido o no, antes de que se les ocurriese ir a otro sitio y alejarse del lugar, una ráfaga de frío aire recorrería el lugar y la puerta se cerraría con fuerza... Podían intentar abrirla, pero no cedería. Las ventanas, cerradas con fuerza tampoco responderían, y por más que intentasen romperlas sería inútil. Habrían quedado atrapados.

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Off: De nuevo una semana ^^ Uf... esto ya se pone más tenebroso xD elije tu que camino tomar, pero recuerda que debe suceder lo de los cuadros (Otra cosa es que Hikari se percate o no, eso ya a tu gusto) y lo de la puerta.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Lun Oct 17, 2011 11:47 pm

Cuando la puerta se abrí no dejó ver… nada, pero absolutamente nada, sólo la más densa oscuridad dentro de esta misma, como si una y otra vez en un bucle infinito se tragara a sí misma –Eh… - tragué saliva con fuerza y sentí como mi pecho se comprimía al no querer mi corazón soltar la sangre con la que se había hecho en el último latido, el que a mí me parecía que iba a ser el último de mi vida. Oscuridad… monstruos terribles acechando en ella y ojos, miles de ojos escrutadores sólo esperando a los incautos que se adentraran en su dominio de las sombras para devorarlos empezando por la piel mientras todavía estaban vivos, esa era mi concepción de oscuridad. Poco a poco, y creo que un tanto más lenta que el humano a causa del horrible miedo hacia la densa tiniebla, mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad de la morada mostrando que todos esos ojos que me había parecido ver no eran más que un subproducto de mi imaginación. No me atrevía a entrar, pero sino ¿Para qué había ido? Para ver la puerta y nada más… No… debía cambiar, debía hacerlo ya no por mí, sino por las invocaciones todavía selladas que necesitaban salir, por la necesidad de demostrarle a Shiva que ya no era sólo su niña, sino una poderosa invocadora y ante todo una mujer, no una niña. Con el paso más firme que pude puse el primer pie en el lugar dejando que un intenso escalofrío recorriera mi espalda como un trueno que me hubiera golpeado encima, pasando desde el centro de mi cabeza hasta el último de los dedos de mis pies –Y… yo… - en ese momento sí tenía la necesidad de alguien a mi lado, pero no el deportista, cuyo cuerpo, aunque trabajado con deporte y esfuerzo, no era lo que yo requería, quería… a mi padre, sí, él sabría qué hacer en ese momento, o tal vez alguno de los trillizos, que aunque pequeños eran bastante astutos y rápidos de ideas, sobre todo cuando estaban juntos, pues parecían una máquina bien engrasada de fabricar ideas. Giré mi cabeza hacia la derecha y únicamente vi sombras y oscuridad, ni una miserable vela que iluminara aquello, tampoco ninguna antorcha o magia de algún tipo ¡Lo que fuese! Negué con la cabeza y al momento descarté esa opción, mirando luego hacia el frente y percatándome de los cuadros colgados de las paredes, arrancados, destruidos y de muchos de ellos sólo quedaban ya esquinas del marco clavadas a la pared, pues tanto retrato como marco estaban en el suelo en un montón de basura acumulada durante años. A la izquierda había, por contrapartida a tanta oscuridad, un pasillo que si bien no parecía tampoco iluminado por nada no estaba como el que le quedaba enfrente, sumido en una total y densa oscuridad que ni siquiera podía saber si era mágica o natural.

Cuando me acerqué al pasillo pude comprobar algo cuanto menos aterrador, y es que los cuadros cambiaron el semblante serio y sin expresión alguna en sus lánguidos rostros por uno macabro y propio de un relato de terror del autor más esquizofrénico. Muchos de los óleos se agarraron los pómulos haciéndolos sangrar con abundancia mientras en sus rostros se mostraba una mueca de eterno dolor y sufrimiento, una agonía que quería que terminase. Di un paso hacia atrás y los cuadros recuperaron su aspecto normal, como si nada hubiera pasado la sangre volví hasta sus mofletes y los ojos que hasta el momento habían derramado doradas lágrimas ahora miraban con su penetrante mirada todos mis pasos, fijándose en cada uno de ellos y pendientes de lo que hacía para castigarme de nuevo con terrorífica mirada. Quería adentrarme en aquel lugar, bueno, no, no quería, pero debía hacerlo, y los cuadros no lo ponían nada fácil. Fue entonces cuando paseé más mi mirada por el lugar: El mobiliario destrozado y las paredes rasgadas, el reloj de pared con péndulo detenido en el tiempo como si el flujo del mismo hubiera dejado de transcurrir para él, aunque no para los cuadros o el resto de la mansión. Las paredes desconchadas de pintura y con marcas de garras me hicieron estremecerme ¿Serían reales o sólo un juego de mi asustada mente? Finalmente llegué con la visual hasta unas escaleras que subían a un segundo piso del cual no se escuchaba nada, ni las ratas que en hall hacían resonar su agudo grito para hacer acto de presencia se atrevían a perturbar la calma de la segunda planta ¿Habría más? Serían sólo dos pisos o serían más. Por un lado la curiosidad me carcomía, y por otro el miedo me refrenaba, sentía la necesidad de explorar pero las piernas me temblaban demasiado para ello, en esos momentos era como un limo o una persona desnuda en mitad de la nieve, no podía dejar de flaquear y sentía que en el momento en el cual el bastón de invocadora que llevaba entre las manos perdiera su punto de apoyo al deslizar por la mohosa alfombra también lo haría yo, dando de bruces contra esta y siendo engullida por algún monstruo oculto, o tal vez la propia tela cosida entre sí fuera ya una criatura a punto de despertar.

Retrocedí unos pasos hasta dar con algo, ante lo cual solté un agudo chillido sin contenerme por el estado de las vigas o por nada parecido, sólo tenía miedo, un horrible miedo que derivó en un mareo del cual me pude recomponer gracias a un poco de frío emanado desde mi propio cuerpo por la mujer de hielo, que aun en mi mente seguro que estaba escrutando cada imagen que le llegaba a su gélido palacio, para saber así como ayudarme cuando saliera. Rápidamente me giré empuñando el báculo cual arma contundente dispuesta a arrearle al menos un golpe a mi atacante desconocido, que no resultó ser otro sino que Saito, y más que atacarme era yo la que había golpeado contra él, además de en ese mismo instante estar haciendo un ridículo espantosa, con las holgadas mangas del kimono temblando al igual que el resto de mi vestido, y de mi cuerpo, todo sea dicho. La madera del báculo también se veía afectada por ese tembleque me que invadía todo el cuerpo, el incluso mis labios, de los que me costó arrancar una simple frase: -Y…y… y… yo… t…te…t…tengo… f…o…bia… a… la oscuridad… - dije con un fino hilo de voz, lanzándome luego a por él como si se tratara de una especie de guardián. Sí, me dio un poco de vergüenza abrazarme casi llorando del miedo a un desconocido, porque aunque me había caído bien en poco tiempo y hasta el momento había demostrado ser una buena persona, pero lo conocía desde hacía sólo unas horas, apenas un día, así que, lamentablemente todavía era un desconocido, pero a parte de mí misma… era el único ser vivo presente en esa casa, así que a la porra la vergüenza, la prefería al miedo intenso que incluso hacía que me doliera el pecho. Su calor me recordaba que no estaba sola, y su musculado torso me daban una sensación de seguridad bastante grande, era como esconderse en un fortín contra un bombardeo.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Miér Oct 19, 2011 10:09 pm

Saito quedó petrificado a apenas unos pasos de la puerta, mirando todo a su alrededor ¿Que había? De todo... La casa estaba en un estado tan penoso que se podía encontrar cualquier cosa. Pero había una cosa que le espantaba sobre todas las demás... Habían telarañas en las paredes. Sintió un escalofrío al verlas e intentó alejarse lo máximo posible de ellas. No se veían a sus dueñas, y eso le espantaba aún más.
Hikari intentó avanzar hacia el pasillo de la derecha, sin embargo, al hacerlo descubrió los rostros.

Saito también lo vio, los rostros, en un parpadeo parecían haber tornado su faz en una siniestra mueca de terror que parecía haber sido sacada cuando le condenaban a la peor de las torturas. Rostros que deberían haber estado quietos, estáticos, parecían haberse convertido en unos horribles guardianes. Casi gritó al verlo, pero, antes de eso el cuerpo de la chica chocó contra el suyo, pues esta retrocedió, golpeandole con su espalda sin querer. Y ella con su grito fue quien sacó a Saito del trance, el cual, por poco es apaleado por la chica.-¡Espera! ¡Soy yo! ¡Saito!-Dijo intentando que no le golpease. Pero no pasó mucho hasta que la chica se abrezó a el, como si fuese su guardián. Aquello dejó sin palabras al chico, que sin duda no se esperaba ese abrazo. Sentía como casi rompía a llorar sobre el, desde luego estaba muy asustada.

-Y... Yo...-No sabía que decir, pero finalmente cerró los ojos y abrazó a la chica entre sus brazos, colocando su rostro sobre su cabeza, rodeándola por todos lados, intentando traspasarle la confianza que tenía. Blitz estaba escondido en su bolsa, algo asustado, con un color rojo brillante, que denotaba la vergüenza que sentía el muchacho.-Tran... Tranquila... No pasa nada... ¿Ves? ¡Es una casa abandonada! No hay nada malo aquí, es solo... Solo... ¡Solo apariencias!-Comentó inseguramente, pero, como si la casa quisiese quitarle credibilidad, repentinamente la puerta se cerró con un golpe, creando un ambiente tenso. El chico sonrió de medio lado de esa forma que nunca se agradece, con aquel temblor de labio que muestra inseguridad. Y se giró hacia la puerta, para intentar abrirla y mostrarle que no pasaba nada.

Sin embargo si pasaba, intentó girar el pomo, pero este no respondía. Algo sorprendido, decidió probar con ambas manos, pero nada... Finalmente usó toda su fuerza, y vió como el pomo giraba... Pero la puerta no se abría. Frustrado empezó a agitar la puerta, pero no cedía. Se acercó a una ventana, y apartó las cortinas, para revelar la ventana, que intentó abrir, inutilmente. Se apartó un paso y miró enfurecido el cristal, para despues propinarle un enorme puñetazo... Que no tuvo resultados.-¿¡Que demonios pasa aquí!?-Preguntó Saito mirando su mano y al intacto cristal. Empezaba a tener miedo, mucho miedo...

El silbido del aire resonó en la asa, aquel sonido agudo que daba escalofríos... La madera de la casa empezó a crujir, como si se quejase de la entrada de dos intrusos que ahora serían castigados. El chico retrocedió, tragando saliva hasta posicionarse al lado de la chica. Se fijó de nuevo en los cuadros... Habían vuelto a cambiar, ahora se pegaban a la imagen, como si intentasen atravesar el cristal, sus rostros parecían podridos, y sus ojos perdidos. Pero esta vez no recuperarían su forma anterior, permanecerían así, intentando salir, mientras les parecían observar con esos ojos negros perdidos en la nada...-Por favor... Vamonos de aquí, cualquier habitación, pero no nos quedemos en esta... No... Esos cuadros... ¡Por favor! ... Hay que encontrar la forma de salir...-Dijo finalmente Saito, revelando su incomodidad hacia aquella sala, llena de cuadros horribles que parecían cambiar... Tal vez si que fuese una casa encantada.

-Shhhhh... Dejaaaad... Dormir... A los huessssssosssssss-Dijo una voz, flotando en el aire... Venía de todos lados y a la vez de ninguno. Similar a la voz que tendría una serpiente si hablase... Una voz fantasmagórica...-Shhhh... Dadnossssss... De comer... Aunque ssssssea... ¡Vuessssstro cuerpo!-Volvió a hablar, y al momento, uno de aquellos cuadros se cayó al suelo, partiendose en mil pedazos.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Miér Oct 26, 2011 4:03 pm

Sentí sus brazos en mi espalda, acariciándola de manera lenta y relajante, como solían hacer mis hermanos, mucho más altos que yo, cuando me asustaba, consolándome con cariño y con un calor que nunca antes había sentido un nadie, era como el calor de su piel pero un poco más intenso, agradable incluso y sobre todo en aquella casa oscura e infernal, donde los ruidos de madera crujiendo no cejaban y el viento soplaba con fuerza. Sus palabras poco a poco me devolvieron a la realidad; era cierto, no era más que una casa abandonada… sí, eso una vieja mansión a la cual los años de desuso le habían dado mala fama. Seguramente muchas pelotas se hubieran perdido en su jardín por culpa de lo espeso de la hierba, muchas flechas y virotes hubieran sido engullidas por las enredaderas y el tiempo y otras tantas arrancadas por el viento de altura, haciendo así que los más jóvenes arqueros que usaban el bosque como campo de tiro y también los niños que en él jugaban formasen la leyenda de que estaba encantada… sólo una leyenda. Lentamente me separé de él con una sonrisa forzada, ligeramente turbada por la vergüenza de haberme abrazado al chico pero más que nada con el labio inferior temblando, a punto de romper a llorar. Aunque fuera una casa abandonada… estaba metida en ella, y estaba muy oscura, demasiado para mi gusto y desgracia, ya que le tenía fobia a las tinieblas: -Gracias… - dije con un fino hilo de voz que ni pude saber si le había llegado a los oídos, pues antes de que él pudiera añadir nada más la puerta se cerró de golpe. El sonido seco de la madera contra su tope me sacó un grito de espanto que durante unos segundos me dejó sin aire alguno, aunque no tuve demasiado problema para recuperarlo, respirando de aquella gélida corriente que ahora recorría todo el lugar, como si Shiva hubiera usado uno de sus hechizos, pero… No… No lo había hecho.

Mientras Saito intentaba con su fuerza, que no parecía ser poca, abrir la puerta yo miraba a uno y otro lado constantemente, viendo por las puertas entreabiertas se formaban sombras, alargadas y con filosas garras, otras eran gordas con horribles sonrisas que mostraban dientes imperfectos y manos sin dedos, y otras simplemente eran la negrura total y tranquila, como la bestia que espera a que sus presas se acerquen para saltarles encima y partiles el espinazo, devorando la carne poco después, cuando todavía están vivas y siente el dolor y el miedo recorrer sus venas. Escuchaba los golpes de los puños de Saito contra el cristal que permanecía allí, impasible ante tales puñetazos y patadas, y ese mismo sonido se mezclaba con el aullido del viento helado que discurría como un río por los pasillos hasta dar en el mar, que era ese espacioso recibidor donde estábamos. También se empezó a escuchar la madera crujir por todos los sitios, como si la misma casa estuviera siendo aplastada desde fuera por un enorme peso, hielo, agua o tal vez el pie de uno de los gigantes, como fuere, era algo aterrador. Mi corazón latía a mil y sin poder evitarlo busqué cuando pude la mano de Saito con la mía estrechándola con fuerza, con más fuerza de la que yo misma sabía que tenía. Si lo soportaría o no me era imposible de saber, pero es que no podía hacer otra cosa, y mucho menos cuando vi como los cuadros de nuevo recuperaban aquella deforme expresión donde su piel caía a tiras como si en lugar de ser retratos de inmortalidad y gloria sufrieran de golpe todo el peso de los años. Los cabellos que se les caían junto con la piel y la tinta que hacía de sangre se agolpaban contra el cristal en un caótico coctel que ellos mismo agitaban y removían al arañar la superficie del mismo buscando salir. Y lo peor de todo… la voz, aquella maldita voz que me heló, más si se podía, la sangre, haciendo que durante unos momentos sintiera que iba a perder el conomiento.

-¡No! – grité al escuchar el segundo pedido de la voz. Una cosa era dejarlos descansar, y otra darles de comer con mi propia carne, con mi alma. En esos momentos tenía ganas de abrazar a Shiva y de sentir su maternal calor, irónicamente para la mujer de hielo, sus brazos bajo cero que reconfortaran con cariñosas caricias mi piel y con suaves besos mis mejillas, como sólo ella sabía hacer. Pero pese a esto me contuve, puesto que haberla invocado en ese momento hubiera significado un cansancio mágico que no podía asumir; Mi madre me había enseñado una de las lecciones más importantes, y es que cuando un mago, sobre todo un invocador, hace uso de su don bajo presión corre el riesgo de que esta se descontrole. A veces, eso es bueno, puesto que otorga más poder a los aliados, o un hechizo más poderoso, pero otras muchas veces, me decía ella, esto convierte al conjurador en un montón de cenizas del que nada se vuelve a saber. Tragué saliva con fuerza y observé de nuevo el “paisaje”, buscando una manera de salir. Si no se podía escapar por las puertas o ventanas entonces tendríamos que buscar cobijo en algún lugar, donde fuera. Sin dejar tiempo a que mi mente tomase una decisión mis reflejos actuaron por mí, y todavía con la mano del chico aferrada corrí hacia el primer lugar donde había posado la vista al llegar, la diestra, la puerta que daba a las tinieblas, y que medio abierta invitaba a alojarse en ellas, no sabía lo que podía haber allí ni tampoco si sería peor o mejor que lo que había en el recibidor, pero no era yo la que actuaba, era el miedo, el temor y la fobia a algo desconocido. Presta, abrí la puerta de un solo tirón y cerrando los ojos para no tener que enfrentar mi miedo a la oscuridad me metí en esa misma sala con Saito de mi mano, o al menos la última vez que había tenido los ojos abiertos había sido el rubio, pues en esa casa ya casi me lo esperaba todo. Si teníamos suerte al menos tendríamos un descanso… y sino… tendría que seguir chillando como una niña asustada ¿Pero no era para cambiar para lo que me había metido en eso?
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Off: ^^U Espero que no me mates por meterme tras una puerta, sólo sigo la lógica de Hikari, la pobre no sabe donde meterse xDU Yyyyyyyyyy... Perdón por postear hoy mismo >.<



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Sáb Oct 29, 2011 9:04 pm

Off: No pasa nada ^^ continuemos. Y lo del camino, no te preocupes, por algo dejé que escogieses tu el camino, por cualquiera habríamos avanzado. De diferente forma, pero todos los caminos llevan a roma xD
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La chica pegó un grito tras aquella perturbadora voz, y salió corriendo, tirando de Saito, que fue arrastrado por sorpresa hacia la habitación oscura. De un tirón, la elfa abrió la puerta y se internaron en la oscuridad...

Todo quedó en silencio... Al entrar, seguían sin ver absolutamente nada, pero había un cambio... No escuchaban nada... Ni el crujido de la casa, ni aquella voz de antes. Nada en absoluto. Un silencio sepulcral que ponía los pelos de punta al deportista. Daba la sensación de que a sus espaldas, aparecería un diabólico ser que les intentaría devorar, pero que si se giraban, no verían nada... O tal vez si, pero nada más dejar de mirarlo lo olvidarían... Como si en el mismo momento que los dejasen de ver, todo recuerdo de ellos se borrase. Sin embargo, aquello no era más que una sensación, producida por la inseguridad. Por la más completa oscuridad y el silencio que solo se podía comparar al de los muertos. Solo cuatro sonidos se escuchaban por encima de ese silencio... El latido de sus dos corazones... Ambos acelerados, amenazando con escapar del pecho por el mismo miedo... Y las respiraciones de ambos...

Poco a poco su vista se iría acostumbrando a la oscuridad de la sala, permitiendoles percibir las siluetas de lo que allí se encontraba y que intuyesen donde estaban. Parecía un salón. Habían dos butacas , colocadas una en frente de otra. Y una chimenea al final de la sala. Las paredes estaban desconchadas, igual que en la habitación anterior, y una alfombra destrozada y en la parte más cercana a la chimenea quemada almohadillaba el suelo. Amortiguando sus pasos... En las paredes habían lámparas de aceite, y en la de la chimenea, justo sobre esta, reposaba un único cuadro. Representaba a un hombre sin cabello, que con su mirada severa dirigida a la puerta les contemplaba desde la altura de su marco, en un cierto gesto de superioridad.
Una mesa en el centro de la sala, rodeada con dos únicas sillas de madera, que parecían estar en buen estado - A diferencia del resto de la casa - y con un tablero de madera con letras escritas. A, B, C, D, E, F... Todo el abecedario, escrito con tinta roja, y un triangulo de madera con un círculo en el centro rellenado con cristal. A la derecha de ellos, había un espejo y un reloj de madera a la izquierda. Ambos pegados a la pared.

-Hikari... Esto... ¿Y ahora que hacemos?-Dijo el muchacho bastante inseguro.
Se diñó la vuelta para mirar la salida, y descubrió la puerta cerrada... Extraño, no recordaba que la hubiesen cerrado, ni tampoco haber escuchado como se encajaba en el marco. Se acercó a ella, y colocó su mano en el pomo, ya temiendo que esta no se abriese, al igual que había pasado con la de la entrada, pero en lugar de eso, se abrió sin alguna dificultad... Lo que sorprendió fue lo de después... Al abrir la puerta, en vez de ver la sala por la que habían llegado, descubrió...
Un muro, un muro de ladrillos. Sorprendido, y creyendo que debía ser un truco, la golpeó. Puñetazos y patadas, hasta que se dio por vencido... Era sólida, completamente sólida.-Cre... Creo que no podemos salir de esta habitación...
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Vie Nov 04, 2011 6:49 pm

Cuando volví a abrir los ojos la oscuridad me había tragado, o más bien yo me había dejado tragar al meterme de golpe en aquella sala oscura, negra como la boca de un lobo y fría como el resto de la casa. Con fuerza tragué saliva y me atreví a avanzar un único paso, notando como el sonido de la madera al crujir rompía con el sepulcral silencio durante unos segundos para luego sumir de nuevo la estancia en el mismo, mortal, como si algo nos acechase por la espalda y en cuanto nos diéramos la vuelta dejáramos de verlo para finalmente ser engullidos por lo mismo. Las tinieblas me hacían temblar, notaba como las piernas me flaqueaban y los brazos me temblaban, amenazando las manos con dejar caer mi bastón de madera y romper de nuevo el horrendo silencio, si al menos fuera uno de esos silencios incómodos. Cuando por fin logré que mi vista se acostumbrase a la densa sombra de la habitación pude distinguir el mobiliario, en su mayoría destrozado como en casi toda la casa. Como mi vista era mucho mejor que la de un humano común pude ver claramente las dos butacas de la habitación, situadas junto a una chimenea algo destartalada y casi en su totalidad negra, recubierta seguramente de hollín al haber ardido durante mucho tiempo. El cuero de los respaldos de los asientos estaba arañado, destrozado según podía ver, como si una bestia hubiera decidido entretenerse con él y luego dejarlo allí en el mismo lugar de donde antes lo había arrancado. Lentamente subí al vista para observar un cuadro que había allí; el óleo tenía grabado en él una imagen inquietante cuanto poco, mostrando a un hombre mayor, sin pelo canoso como todos solían tener, pues este era calvo, y de mirada fulminante como quien mira a las personas desde encima de una montaña muy alta, que sólo ve moverse filas y filas de miserables hormigas que puede aplastar en cualquier momento. Era lo que en mejor estado estaba, por el momento, de todo lo que había visto, pues en comparación con la desconchada pared parecía estar recién colgada. La ya mencionada pared estaba cubierta de desconchones por todos los lugares, recubierta de limo en las esquinas por culpa de la oscuridad y recorrida por una asquerosa capa de polvo y telarañas cuyas dueñas, por el momento, no se mostraban en las sombras.

-N… No me gusta la oscuridad… - Seguí balbuceando, más para mí que para Saito, tratando de que al menos mi voz rompiera el condenado silencio del lugar. –E… espero que… no pase nada… - Añadí mientras que con el bastón, sostenido entre mis dos trémulas manos, comenzaba a trazar las líneas de un nuevo círculo de invocación: en parte lo hacía porque si lo invocaba con el círculo sería más poderoso, pero también porque necesitaba distraerme, olvidarme de aquel horrendo espectáculo que tan sólo hacía unos minutos había acaecido en la sala contigua a la que nos hallábamos. Después de terminar de trazar una especie de flor de loto roja como la sangre pronuncié en voz muy baja las palabras de invocación que debían traer a mi otro amigo a mi mismo plano de existencia. Por suerte no ocurrió nada – al menos a primera vista- cuando mi amigo de color verde esmeralda apareció: -¡Rubí! – exclamé contenta, abrazándolo mientras dejaba que sus grandes orejas hicieran lo mismo con mi cabeza. Su tacto, esponjoso y cálido, me alegró, y la luz de su frente me calmaba mucho al no estar ya completamente sumidos en las tinieblas. Bajo esa misma fuente de iluminación terminé de otear la sala mientras que el pequeño ser revoloteaba de un lado a otro jugando en el aire ¿Con qué estaba jugando? Dejando de lado esa pregunta que por ahora prefería que no tuviera respuesta: La alfombra del lugar estaba, como también pasaba en el resto de la casa, destrozada, arañada y arrancada casi en su totalidad. Alcé la vista para terminar de contemplar lo que antes no había podido ver y observé con total pavor la mesa que había justo encima de la estancia, por delante de un reloj que no hacía el típico sonido que debiera hacer, sino que estaba como… congelado en una hora, incluso su péndulo estaba estacionado en el espacio y el tiempo, colgando de derecha a izquierda, esperando que alguien rompiera el embrujo para poder caer con todo su peso. En el espejo apenas me fije – puede que después me arrepintiera de eso, quien sabe- pues estaba más atenta a la mesa, a la cual le acababa de devolver la mirada. Bajo la luz de Rubí pude apreciar las letras grabadas en rojo sobre una tabla de madera, y encima de esta misma descansaba un triángulo del mismo material con un gran agujero en el centro, rellenado con un cristal abombado hacia fuera que hacía las veces de lupa. Sabía lo que era aquello, cualquier mago lo sabía y más uno que tuviera que trabajar con planos de existencia ajenos: La Ouija… Lo que muchos llamaban el juego de los espíritus, pero yo sabía que no era un juego, sí existían los fantasmas y no estaba dispuesta a jugar con ellos.

-M… me da igual… No pienso jugar a eso… - dije, como si el rubio me hubiera preguntado si íbamos a tocar aquel tablero, aunque tan sólo había informado de que no podíamos salir de allí. Las sillas que había alrededor de la mesa parecían en buen estado, una enfrente la otra y exactamente a la misma distancia de la dichosa tabla de madera con letras ¿Qué loco querría jugar allí? No parecíamos tener otra opción, a menos que buscáramos una nueva salida o algo parecido… ¿Pero por dónde? Bueno, eso ya daba igual, pues cuando devolví la mirada a Rubí pude ver como el conejo verde se acercaba flotando hacia la tabla, su curiosidad le podía, era demasiado… curioso y también inconsciente: -¡No! – grité con fuerza al mismo tiempo que corría hacia la invocación, debía de detenerlo antes de que tocase nada, podía hacerse daño maldita sea. Quería salir de aquella casa, salir y no volver a entrar, ya habría otro momento para poder coger la dichosa piedra de invocación.

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Off: Espero no haberme tomado demasiadas libertades ^^U, y de ser así tocará acatar el castigo xD. Rubí es muy curioso, así que intentará tocar la tabla, el espejo o puede que el cuadro si lo llega a ver, pero eso ya es cosa tuya, como también es cosa tuya si llego o no a pararlo xDU *Se huele ya un porrazo contra la mesa*



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Hikari no Yami

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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Sáb Nov 05, 2011 10:38 pm

Hikari invocó a un pequeño ser, parecía un conejo verde con una piedra roja en la frente, parecía llamarse Rubí, al menos eso le decía al joven aquel grito de saludo que dio la chica al ver aparecer a aquel ser. Saito quedó perplejo, mirándolo, a el y a la luz que salía de aquella gema roja como la misma sangre. Blitz, el hurón quedó mirando a aquel conejo, y tras ponerse en su hombro alzó una pata a modo de saludo.-¡Hey hey! ¡Hola!-Dijo la pequeña criatura. Mientras, Saito se dedicaba a mirar la sala, pues con la ayuda de la luz de aquel bichito era muchísimo más fácil apreciar los detalles.-¿Jugar? ¿Jugar a que?-Dijo Saito mirando por toda la habitación, el no conocía la ouija, no sabía que era aquello, pero tampoco le importaba demasiado.

Tras unos instantes, aquel conejo verde volador salió disparado hacia la mesa donde se encontraba aquella tabla de madera, mientras la invocadora corría tras él intentando pararle. Pero el conejo llegó antes, y se sentó sobre aquel tablero, y justo cuando Hikari estaba a punto de cogerle saltó hacia atrás riéndose y flotando hacia el reloj, para darle un golpecito con la pata. Pero al ver que no reaccionaba, salió volando hacia el cuadro, encarandolo directamente, como si viera tras de los ojos de aquel hombre. Y tras unos instantes le dio la espalda y saltó hacia el joven rubio, flotando ante su cara, ante lo cual no puedo evitar si no echarse un poco hacia atrás mientras era analizado por el conejo, que tras unos instantes asintió como si diese su aprobación para algo e hizo lo mismo con el hurón mascota del muchacho, pero en vez de marcharse, lo que hizo fue cogerlo entre sus patas y volar con el por la habitación.-¡Ahhhhhh! ¡Saitoooooo! ¡Ayudaaaaa! ¡Me secuestra un conejo verde volador! ... Extraño, cualquier persona creería que estoy loco por esas palabras

El rubio rió ante el comentario del hurón, y se dio la vuelta.-Jeje... Venga, juega un poco con él, Blitz...-Una pequeña venganza por parte del muchacho, y se volvió hacia Hikari con una sonrisa.-Bueno... Y... ¿Como vamos a salir de aquí? ¿Sabes invocar a algo que nos pueda abrir un agujero? Aunque... En la sala anterior también nos quedamos atrapados, y creo que ni un orco podría haber partido esos cristales...-Iba a continuar hablando, pero de pronto, todos quedaron callados, al escuchar un ruido, como de fricción. Algo que se frota contra otra cosa... En un principio creyó que era algo arañando la puerta por la que habían entrado, pero recordó que estaba una pared de ladrillos... Tras unos instantes, todos se fijaron en la procedencia del sonido... Era la tabla de Ouija, y su triangulo de madera que se deslizaba solo sobre la superficie de madera.

Con cuidado, y, por que no decirlo, con miedo, se acercó a aquel tablón, y siguió con la mirada aquel triángulo, que iba de un lado a otro, deteniéndose unos instantes en algunas letras.-V...A...I...S... A... M...O...R...I...R...Al recitar aquellas palabras, el muchacho sintió un escalofrío recorrer su torse desnudo, y se alejó un paso, mientras el triangulo seguía su recorrido, trazando una nueva frase...-M...I...R...A...D... T...R...A...S... V...O...S...O...T...R...O...S

Tragó saliva, y fue girándose lentamente... Para descubrir la superficie del espejo, apuntándole directamente a el... Reflejado en él, estaba... Él mismo... Pero diferente, no, no era su reflejo. Saito estaba parcialmente girado, mientras el otro Saito estaba totalmente de frente, sonriendo sádicamente, y con un cuchillo ensangrentado en su mano. Saito temió por su vida, pero lo que pasó, le dejó todavía peor... Su mirada se giró, deteniéndose en otra cosa, y los ojos de Saito la siguieron, para descubrir a Hikari... Dio un paso, acercanose al cristal, y alzando el cuchillo como si fuese a apuñalar a Hikari, que sin embargo estaba a varios metros.-¡Hikari! ¡Cuidado!

Un terror sobrenatural parecía apoderarse de la joven, como si estuviese viendo el mayor de los horrores. Veía a Saito y el cuchillo, veía lo mismo que el otro veía, pero... Era como si a su alrededor un aura de miedo lo envolviese por completo, paralizando sus piernas, atando sus manos y atenazando sus cuerdas vocales... Era como si se hubiese congelado, solo veía al muchacho amenazándola con el cuchillo. Sabía que eso era un reflejo, pero... El miedo... Era inevitable.

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Off: Bueno... ^^ una situación más alarmante, pongamos algo de acción. Espero que estés disfrutando de la partida =)
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Vie Nov 11, 2011 8:11 pm

Maldije por lo bajo lo lenta que era ¿Por qué tenía que ser tan torpe?, esa era la pregunta que tenía en todo momento en mi cabeza. Finalmente no había logrado alcanzar a Rubí, y este se había posado tranquilamente sobre el tablero de la ouija haciendo que el corazón se me cerrara en el momento ¿Qué podía pasar ahora? Prácticamente cualquier cosa. Con rapidez, estiré la mano para intentar atraparlo mientras todavía estuviera posado sobre la madera pintada de rojo sangre con el abecedario grabado, pero de nuevo fui demasiado lenta, y el pequeño conejo de color esmeralda retrocedió con rapidez con una pequeña sonrisa burlona en su rostro, tal vez no hubiera sido tan buena idea invocarlo. Tras escapar de mi intento de agarre, siguió flotando hasta llegar frente al reloj y patearlo, haciendo que de nuevo mi corazón se apretara tanto que el pecho me dolía con pinchazos muy seguidos, no me gustaba aquello para nada. Después de casi provocarme dos infartos, no contento con eso, mi invocación voló hasta quedar enfrente del cuadro, mirándolo desde muy cerca y contemplando en todo momento sus ojos, como si hubiera algo detrás de los fríos e inmortales ojos del óleo que sólo él pudiera percibir: -¡¡Rubí!! – grité mientras que intentaba cogerlo, en vano obviamente, dando patéticos saltos hacia su posición. Mi altura era poca, y la fuerza de mis piernas todavía menos, pero aun así tenía que intentarlo, aunque finalmente – y como se veía venir- desistí de intentarlo, dejando que hiciera lo que quisiera, al fin y al cabo no había pasado nada, al menos por el momento, así que puede que todo estuviera en nuestra cabeza.

Después de eso se puso a flotar frente a Saito, asintiendo al poco tiempo y agarrando a su hurón para llevárselo a volar por la habitación -¡Par… - iba a gritarle que parase a la pequeña invocación, pero no fui capaz de continuar, no por miedo a despertar algo o a alguien durmiente en esa habitación, sino porque obviamente ya había despertado. El sonido de fricción se hizo patente en el aire, arañando mis oídos de manera horrible y haciendo que me los tuviera que cubrir hasta que logré acostumbrarme a este. Rápidamente empecé a buscar el origen de dicho ruido, tan molesto y a la vez aterrador. Sentía mi sangre helarse cada vez que oía como la madera frotaba contra la madera, pero no fue nada, en comparación con lo que sentí al oír las palabras que salían de los labios del joven, que no eran sino la traducción de lo que la maldita tabla iba dictando. Tras oírle, y de forma instintiva, llevé ambas manos a mi bastón de invocación, y con rapidez desactivé el conjuro que mantenía a Rubí en el mismo mundo que yo y me aparté unos pasos de la mesa para tener más espacio y poder usar el conjuro para invocar a Shiva. Era peligroso, mucho, dado que hacía muy poco que había invocado a Rubí y posiblemente mi magia todavía no se hubiera recuperado del todo, es más, tal vez ni tan siquiera surtiera efecto lo que pretendía hacer, pero si salía bien al menos tendría a quien abrazarme y quien me consolara. A la porra… no era una mujer, era una niña, una muy tonta además, que había decidido meterse en una casa embrujada cuando apenas sabía hacer unos trucos con una de las escuelas de magia más complicadas: cada día pensaba más en lo que mi padre me había dicho “La magia nunca me ha atraído… porque puede darle la vuelta a la tortilla muy rápido” ¿Por qué demonios no le había hecho caso? Después de todo… él siempre tenía razón.

Una vez hube retrocedido un par de pasos me dispuse a invocar a Shiva, quería hacerlo como en la plaza, con el círculo de invocación en el suelo, pues así lograría distraerme un poco y dejar de pensar en la maldita casa, pero no pude hacer nada, pues en ese momento el rubio gritó mi nombre, haciendo que me girase hacia él viéndolo con un cuchillo entre las manos, bueno, no a él, a su reflejo, lo cual hacía la situación todavía más terrorífica. En ese mismo momento noté como mis manos aflojaban su presión sobre la madera del bastón y este caía poco a poco hacia el suelo, a cámara lenta ante mis ojos, como si el tiempo mismo detuviera su flujo para dejar que me regodeara en ese momento de terror intenso que sentía. Mi pecho subía y bajaba continuamente de una manera increíblemente rápida, incluso, cuando bajé la vista para encontrarme con el bastón de madera en el suelo, noté que me molestaba para ver, era como si de golpe me hubiera crecido mucho, y todo por el maldito susto, que me había respirar tan rápido que me estaba mareando. Busqué apoyo en la pared, pero no logré sostenerme en pie; el corazón me dolía, demasiado como para sostenerme en pie, y finalmente pasó lo inevitable. Mis piernas me fallaron, demasiado débiles como para aguantar tantas emociones de golpe, la vista se me nubló y noté como caía hacia el suelo con un gran dolor en el pecho, entrecerrando los ojos al sentir como mis pobres costillas golpeaban el duro suelo de la estancia. La sucia moqueta de color rojo dejó mella en mi kimono de color blanco, pero eso no me importaba, no más que lo que mis ojos seguían viendo. De mis labios escaparon unas últimas palabras: “Shi…va”. No tenía modo de saber si mi invocación acudiría para ayudarme o no, pero tampoco me quedaban fuerzas para estar despierta.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Mar Nov 15, 2011 7:31 pm

Saito vio como Hikari se desplomaba en el suelo, su temor era terrible. El reflejo de Saito llegó ante el cristal... Y dio un paso más, atravesándolo como si el rígido cristal no fuese más que una pared de gelatina que cedió en cuanto la carne de su clon tocó la superficie, para rasgarse y volver a unirse en cuanto pasó. como si aquel cristal solo fuese una lámina de agua. Y su pie derecho acabó pisando la alfombra, seguido del resto del cuerpo.
El muchacho inmediatamente corrió y se colocó ante Hikari, con la espada ante él, girándola entre sus manos mientras desplazaba el peso de su cuerpo de una pierna a otra, agachándose un poco, preparándose así para cualquier extraño movimiento.
Su reflejo permaneció impasible, avanzando como si no le importase nada, pero el chico real no parecía dispuesto a dejarle pasar.

Pero un fogonazo de luz débilmente azulada invadió la sala, y apareció la mujer de azul, mirando seriamente al frente, viendo al chico, y a su clon con el cuchillo.
El segundo quedó sorprendido al ver la aparición de la mujer, momento que el real aprovechó. Sin perder un segundo lanzó su pelota al aire, y saltó girando en el aire para patearla con todas sus fuerzas en dirección a su clon. El efecto fue inmediato. La pelota cruzó el aire velozmente tras aquel fuerte sonido de impacto que se produjo cuando la bota del muchacho colisionó con la pelota en el aire, y al momento una replica le siguió. La que se creó cuando el proyectil impactó contra el estómago del clon con el cuchillo, que inmediatamente salió despedido hacia atrás , chocando contra el espejo, y lanzando un alarido que casi fue tapado por el sonido del cristal hacerse añicos.

Nada más caer, Saito avanzó, seguido de Shiva, hacia el espejo, preparados para reducirlo... Pero no encontraron nada. Se había esfumado, como si fuese simple niebla. Ahora, tras el espejo se veía un camino, un pasillo de ladrillos que estaba inundado con una ligera humareda. O más bien niebla, ya que se podía notar que era similar al vapor de agua.
Al comprobar que no había peligro alguno, como si estuviesen sincronizados, ambos se dieron la vuelta y volvieron con Hikari, preparados para ayudarla.
-¿Estás bien?-Preguntó Saito cuando se arrodilló ante el cuerpo de la chica, intentando llamar su atención, pues parecía al borde del desmao si no lo estaba ya. En opinión del muchacho, era algo asustadiza, pero aun así la comprendía.-... Eso... Preocúpate de ella y no de mi...-Replicó Blitz, que aparecía de detrás de la mesa, lugar donde se había escondido al anularse la invocación del conejo verde volador y el caer al suelo inesperadamente.

(...)

Tras un rato, después de que Hikari se hubiese recuperado, Saito quedó mirando el pasillo aun humeante del espejo. No había sucedido nada raro en ese tiempo. Aunque el pasadizo del espejo ya era raro en si. Era sólido... Pero aquella cosa lo atravesó como si no existiese... Y luego se rompió, mostrando el pasillo. Era muy misterioso.-Creo... Que solo podemos continuar por allí...-Comentó el rubio, para después mirar la puerta, aun enladrillada... Era eso o quedarse emparedado... O lo más parecido a estar así.- Fíjate, hay antorchas. Creo que podremos seguir el camino y no estar a oscuras.
El pasillo se dividía tras una bifurcación que podían ver claramente, y a raíz de eso tenia algunas bifurcaciones más. No hacía imposible su exploración, dado que el numero no era demasiado elevado, pero si la complicaban bastante, y cada camino les llevaría a un lugar diferente. Esa casa tenía más misterios de los que creían... Y era mucho mayor de lo que parecía.

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Off: Bueno, vamos a complicar las cosas, en el turno que viene pondré más acción ^^ algún combate tal vez (adaptado a hikari, que se que no es muy dada a pelear)
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Miér Nov 23, 2011 7:26 pm

Veía una fina luz de tono azulado al final de un largo túnel de color negro mate, sin reflejos, sin vida, sólo el frío de la oscuridad y la negrura de un lugar falto de vida. Algo me hacía avanzar hacia delante, tal vez el miedo a girarme, tal vez que esa luz era la única que parecía existir y no me apetecía estar más en la más absoluta negrura, no sabía porque, pero sentía que debía avanzar hacia delante. Tras unos minutos caminando sin aparente resultado, llegué al final del largo túnel y la luz me cegó, pero no de una manera violenta como por ejemplo la de una antorcha demasiado cerca del rostro, o un ataque mágico directo a los ojos, sino con la calidez de unos brazos que me rodearon cariñosamente y me apegaron a un torso musculado, fornido y atractivo que me hizo sonrojar. Quise levantar la cabeza, pero no lograba hacerlo, pues una mano la retenía contra ese torso bien formado y moreno, de porte atlético. La tranquilidad de una respiración relajada y pacífica me hizo calmar la mía, en un principio agitada y revuelta, al igual que mi corazón, que latía con fuerza por el tierno abrazo que me hizo sonrojar ¿Por qué? ¿Quién era aquella persona? ¿Por qué no podía resistirme a sus brazos? No tenía ni idea, pero aquel era un lugar agradable, bastante además. No demasiado lejos del jardín de hierba corta donde nos encontrábamos discurría un río del cual me llegaba el rumor a los oídos, tranquilizándome aún más y levantando en el aire una leve capa de humedad que arrastraba con ella el olor impregnado de las flores del campo: Amapolas, rosas, margaritas e infinidad de fragancias más que, puede que para un humano no demasiado, pero para un elfo formaban una sinfonía de olores digna de apreciar, algo que ni el mejor de los perfumes podía superar. Todo eso sumado a las cálidas caricias que se empezaron a suceder por mi cabello me hicieron bajar la guardia, cerrar lentamente los ojos y relajarme en esa agradable compañía. No sé cuánto tiempo pude estar así, puesto que en ese lugar el tiempo no avanzaba o retrocedía, sino que parecía estático, detenido en ese abrazo que cada vez me agradaba más hasta que, finalmente, lo correspondí con mis brazos. Sentí su espalda, curtida por el sol y el tiempo, sus músculos y su columna vertebral que al recorrerla me llevó hasta un fino cabello liso y sin ningún nudo por la nuca, donde acariciaba suavemente. Las sensaciones, los olores… ¿Quién era él? ¿Por qué me retenía ahí? No lo sabía, y para cuando quise preguntárselo fue demasiado tarde.

-¡No! – Grité al mismo tiempo que me incorporaba de golpe, dándole, o más bien dándome, un fuerte golpe en la frente a Saito, lo cual me hizo caer de nuevo con la cabeza sobre mi mochila, que había sido usada de almohada. Tras el fuerte golpe lo primero que hice fue volver a incorporarme, esta vez despacio, mirando a mí alrededor intentando recordar donde estaba. Era un lugar casi destruido, lleno de marcas de arañazos y garras allí donde mirase. La alfombra, sobre la cual me encontraba todavía sentada, estaba desgarrada y hecha jirones en su mayoría, bastante sucia como el resto de la habitación. Al mirar hacia mi derecha pude ver un cristal roto cubriendo el suelo con sus cristalinos restos y haciendo de ese un lugar peligroso para caminar con zapatos finos como los míos, de los cuales la suela no era especialmente grande. Según movía mi cabeza hacia el centro también observé un viejo reloj y una chimenea apagada sobre la cual descansaba el retrato de un hombre serio, entrado en años y sin apenas pelo más que por las sienes, donde le crecía de un color blanco talco. Esa mirada sin otra expresión que la ira y las arrugas de su rostro fueron lo que me devolvieron la conciencia de donde me encontraba, en aquella maldita casa, oscura y encantada, de la cual quería salir como fuera. Ya no me importaba que fuera a ese mundo de ensueño o hasta el siguiente pueblo, pero la cosa era alejarse de aquel lugar maldito que, dijera lo que dijera Saito, sí estaba encantado, pues no se explicaba sino aquella horrible visión que había tenido momentos antes de perder el conocimiento. Al tocar el suelo, que tenía una ligera capa de hielo por encima, deduje que allí había estado Shiva, pues en la casa no hacía tanto frío como para eso. De nuevo la mujer de hielo me había vuelto a salvar ¿O esta vez había sido el joven rubio y deportista? No tenía modo de saberlo, puesto que había estado desmayada, pero por el momento me agradaba creer que había sido entre ambos, dado que el chico parecía querer salir de allí tanto o más que yo, tal vez tuviera alguien especial al otro lado de los pétreos muros de la casa.

Me indicó con la mano un pasadizo abierto tras el espejo roto del cual destilaba un humo blanco que rápidamente ascendía hacia el negro techo de la habitación. Dijo que era la única salida, de nuevo un callejón oscuro y sin aparente salida más que una triple bifurcación, oscura y que no me inspiraba precisamente una gran confianza, pero no parecía quedar otra. Me puse en pie y me sacudí el vestido, recogiendo después mi bastón y mi mochila y mirando al rubio mientras esperaba que él también se dispusiera a caminar. Una vez se hubo colocado a mi lado me pegué a él lo más posible y tomé su mano con un poco de fuerza, como haría una niña pequeña con la mano de su padre para evadir los miedos: - E… Espero que no te importe… - dije con la voz titubeante: - P… pero no me… agrada caminar a oscuras sola… - añadí después, como excusa para que no me soltara. En parte eso era verdad, ya había pasado antes que había quedado completamente bloqueada al encontrarme en solitario en mitad de la oscuridad, pero ahora también era un parte una excusa para poder estar un poco más cerca de él, dado que me agradaba su contacto de una forma extraña, me daba calor y seguridad como un padre y un amigo a la vez. Sentía que no tenía que temer a las tinieblas con él a mi lado… Era… Extraño, pero al fin y al cabo nada en esa casa era normal. Puede que fuera producto de otro de los encantamientos de la mansión, o sólo de mi imaginación. Al llegar al cruce de caminos me decidí por la opción más simple, que no era otra que continuar rectos ¿Por qué? No lo sabía, sólo tenía metido en mi cabecita que era el mejor camino, que las curvas y las desviaciones nos retrasaría y nos meterían en líos, así que era mejor el camino recto y lineal… Aunque… Puede que me equivocase, pero sino me equivocaba jamás crecería.



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