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El Gran Ilusionista

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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Sáb Nov 26, 2011 5:07 pm

Off: Bien, nos vamos acercando al final Hikari ^^ vamos a ir dándole sentido a esta trama ^^
-----------------------------

La chica parecía irse despertando, pues comenzaba a moverse. Saito sonrió al ver que se encontraba bien, pero de repente, la joven abrió los ojos, y al ver el rostro del muchacho lanzó una exclamación e incorporándose, golpeándose con la cabeza del joven al hacerlo. Ambos cayeron hacia atrás tras el impacto, y Saito se reincorporó llevándose la mano a la cara, donde había recibido el cabezazo.-Au... que extraño despertar tienes...-Comentó frotándose la zona afectada, pero de pronto cayó en sus palabras y decidió rectificar.-Esto... Perdona, no es tu culpa, seguramente pensases que era el reflejo. No pasa nada, ya nos libramos de él.-Y con su ultima frase miró a Shiva. O más bien donde había estado, pues había desaparecido.
El hurón del muchacho correteó por la alfombra y se lanzó hacia su espalda, escalandola sin cuidado alguno de no clavar sus garras en su piel morena, para acabar sentándose en su hombro y mirando a la chica desde allí arriba. Y ambos esperaron a que estuviese lista.

(...)

Finalmente se acercaron al espejo roto y al pasillo que en su interior discurría. Pero antes, la muchacha le dio otra sorpresa al joven rubio, tomándole de la mano. Inmediatamente el rostro de Saito se volvió hacia ella, mirándola un poco confundido, pero pronto recibió una explicación, ante la cual sonrió de medio lado y asintió.-Tranquila, no me molesta...
Continuaron su avance por aquel pasillo de denso humo que empañaba un poco la vista, pero a través del cual se podía ver y respirar, para pronto llegar a la elección de caminos. La chica decidió primero, alegando que era mejor no torcerse. Ante lo cual el joven asintió, pero durante un segundo permaneció pensativo.-Mm... Es extraño...-Comentó tras unos segundos.-Seguramente te hayas dado cuenta ya pero... Entramos a la casa, encontrándonos en el recibidor... Después fuimos a la derecha, a la sala que tenemos detrás... Y ahora volvimos a ir a la derecha... Se supone que deberíamos haber salido de la casa... Hemos dado la vuelta... Y en la fachada no había tanto espacio, es imposible que existan unos pasillos así, estamos en el primer piso... ¡ Deberíamos estar en el bosque! Sin embargo, este pasillo existe, y no estamos en el bosque. Entonces... ¿Como puede ser?

Miró a los lados a los que se bifurcaba, no se diferenciaban en nada, solo que el que tenían a la derecha, debería de llevarles de nuevo a la entrada, y el de la izquierda más lejos de esta, mientras que el de enfrente, debería... ¿Que? Ya deberían haber atravesado el muro de la entrada, pero seguía hasta donde alcanzaba la vista. Aunque pareciese ilógico, lo más sensato parecía tomar ese camino. Al fin y al cabo, allí nada era normal, y ese camino era el más anormal de todos.
Continuaron por el camino principal, y a pesar de encontrar más bifurcaciones, siguieron aquello y continuaron avanzando, hasta que pronto, una puerta de madera se alzaba ante ellos. El muchacho la miró con desconfianza ¿Que habría tras ella? ¿La salida? Lo dudaba, según la lógica deberían haberla dejado atrás hacía mucho... Pero no había más opción, volver atrás parecía una estupidez, si habían tomado ese camino era para encontrar algo. Con la mano que tenía libre giró el pomo de la puerta, abriéndola con un quejido típico de las puertas sin engrasar, y ante ellos vieron una enorme sala circular, llena de un montón de estanterías repletas de libros. Llenas de mesas con distintas sustancias y artefactos. No parecía, del todo, un laboratorio alquímico, dad que había maquinaria misma allí. En el centro, un enorme telescopio se alzaba enfocando con su cañón hacia le bóveda de cristal que coronaba el techo a varios metros de altura de la sala, que constaba de dos pisos.

Pero pronto, aquella calma y sorpresa por encontrar aquello, e desvaneció al escuchar un grito. Saito corrió alarmado se escuchaba justo detrás del telescopio. Y al rodearlo, vio a un joven encadenado. Estaba dentro de una especie de caja de metal,. que se iba cerrando poco a poco. En sus paredes interiores habían grandes estacas de hierro, y el joven intentaba liberarse de las cadenas de hierro que le mantenían preso en aquella jaula menguante. Sus cabellos eran rubios como los de Saito, pero al ver al joven, quedó sorprendido.-¡Yo te ayudo!-Gritó el muchacho, corriendo hacia la jaula, y tirando de una palanca que había en un lado de estas, atrancando el mecanismo y parándola. Las cadenas se soltaron solas, y el joven salió de la jaula sin ninguna dificultad ni prisas, y se colocó ante Saito.-¿Se puede saber que haces? ¿Por que la paraste?-Preguntó algo enfadado al muchacho, que quedó sin palabras al ver la reacción del otro joven.-¿Que? ¿Eres tonto o que te pasa? ¡Te he salvado!-Respondió confuso el deportista.-¿¡Que!? ¡No! Solo me has interrumpido...

-¡Hey! ¿Que pasa aquí?-Preguntó una vos, que de pronto apareció en el balcón del segundo piso. Poseía la misma apariencia que el joven Saito, pero al ver quienes estaban allí abajo, abrió los ojos, y se llevó una mano al pelo, arrancándose... ¡Una máscara! Mostrando el rostro de un adulto que los miraba con sorpresa.-Vaya... Nuestros invitados...-Dijo descendiendo por unas escaleras mientras se retiraba la ropa del joven, dejando ver un traje negro y blanco, y sonriendo al colocarse al lado del muchacho.-Bienvenidos a la mansión Weisz-Dijo amablemente, colocando una mano en el hombro del otro joven. Saito retrocedió, desde luego no entendía nada.-¡E.W.! Vaya, si que te tardaste... ¿Que estabas haciendo?
Saito tenía una mueca de confusión en su rostro, no entendía absolutamente nada de lo que sucedía.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Dom Nov 27, 2011 6:55 pm

Los pasos, lentos y sin compás alguno, que dábamos yo y Saito hacían eco en el largo pasillo así como en sus bifurcaciones al mismo tiempo que la voz del rubio inundaba el aire con una explicación sobre la arquitectura y los planos generales de la casa que, sinceramente, prefería no escuchar. Yo ya sabía que debíamos estar fuera, que hacía ya largo rato que deberíamos haber atravesado el muro exterior de la casa y habernos encontrado de nuevo entre los sauces llorones y los altos robles del bosque, pero no era así, sino que seguíamos en aquella casa, ahora metidos en un pasillo largo y oscuro sin otra salida que seguir caminando casi a oscuras de no ser por la poca luz que se filtraba por la entrada. El silencio, sólo roto por los ya descritos sonidos, no era roto por nada ni por nadie, una vez el deportista terminó de hablar yo no me atreví a hacerlo por miedo a despertar otra de las tantas sorpresas de la casa, más que miedo, terror, ¿Todo eso por una esfera de invocación? Estaba empezando a pensar que no valía tanto la pena, aunque, claro, como cada vez que esas ideas acudían a mi mente, Shiva me dejó bien claro que sí la valía. Al cabo de unos minutos de caminar sin cesar por el neblinoso pasillo repleto de un denso humo de color blanquecino que apenas podía percibir con mis ojos o cualquier otro de mis sentidos, llegamos ante una puerta de madera. Habíamos dejado atrás muchas bifurcaciones, tantas que se me hacía imposible pensar que aquello fuera la salida, no después de todo lo que había visto en la casa. Cuadros que cobraban vida, retratos que gritaban y pedían nuestra carne y reflejos asesinos… No, no me creía capaz de encontrar en ese lugar la salida de una manera tan “sencilla”. Saito puso la mano en el tirador de la puerta, y yo, de manera instintiva, apreté su mano con fuerza por el miedo ¿Y si lo que había detrás era peor que lo que teníamos ahora delante? Un pasillo oscuro no era tan malo en comparación con el terrible monstruo que podíamos encontrar ahí.

El quejumbroso sonido de la madera al ser empujada por unos goznes oxidados alimentó todavía más mi imaginación, creando ya por ella misma un monstruo de sombras con las fauces del lobo, los cuernos del toro y el cuerpo de un temible dragón con alas y sin escamas al estar formado por sombras… ¡¿Qué estaba diciendo?! Parecía estúpida, y estaba haciendo justo lo que quería evitar, actuar durante más tiempo como una niña siendo ya una mujer. Tras la puerta, lejos de encontrarnos a esa quimera imaginaria hacia la que, sin querer, había desarrollado un tremendo miedo, lo que vi me dejó impresionada. Era una enorme sala de construcción circular. Sus padres, notablemente más arregladas que las del resto de la casa, o más bien, cuidadas, estaban tapadas en su mayoría por altas estanterías repletas de tomos de todos los colores y grosores; algunos con el nombre grabado en letras metálicas, otros sobre su dorso, y algunos sin título. Pero aun así, esos enormes armatostes de madera podía compararse con el tamaño del enorme objeto que había situado en el centro de la sala –más o menos- hecho de duro metal y con algunas piezas de madera; Se trataba de un enorme cono colocado en diagonal que apuntaba al cielo, hacia donde no pude evitar que se desviase mi vista para ver el altísimo techo coronado por una bóveda de cristal que dejaba pasar algo de luz, aunque no me fijé si era de día todavía y ya había oscurecido, prefería no pensar en que estaría toda una noche en esa casa. Los gritos de un chico se escuchaban, y cuando me moví junto con el rubio pude ver que, al lado del enorme aparejo para ver las estrellas y junto a una mesa llena de recipientes con líquidos de todos los colores, había una jaula repleta de pinchos, muchos pinchos por dentro, y dentro de ella un chico de cabellos rubios como Saito, aunque con el rostro algo más joven y una mirada que mezclaba algunas emociones, pero no miedo. Férreas cadenas sostenían su cuerpo atado a la jaula, una en cada extremidad y otra argolla más al cuello. Era horrible, no podía ver aquello, pero por suerte el otro rubio, Saito, le ayudó a escapar. Lejos de recibir un agradecimiento o tan siquiera una sonrisa que demostrase que estaba en deuda con él lo que hizo el chico fue cabrearse y decir que le había interrumpido ¿Cómo podía decir eso? En ese momento apareció una tercera figura, el reflejo de Saito, o al menos así lo parecía, pues pronto se retiró una máscara y dejó ver el rostro de un hombre algo más mayor, de cabellos canosos y barba cuidada, rasurada para hacer que en su rostro se formarse una perilla de chivo algo graciosa.

En ese momento todo pareció encajarme un poco mejor, no estaba segura, pero tenía que hacer ver mi idea, tal vez fuera eso lo que nos sacase por fin de allí: -¿Sois escapistas, verdad? – dije con un deje de duda en mi voz: -Esos magos que se atan en jaulas o se lanzan al agua en celdas de cristal y luego intentan escapar… Por eso se ha molestado el chico cuando lo ha sacado Saito ¿No es así? – apretaba mi bastón contra mí con cada palabra, puesto que a lo mejor me equivocaba y eran más de esos fantasmas como los que había por toda la casa, pero si no lo hacía tal vez obtuviese algo… no lo sabía, no lo podía saber, estaba nerviosa y confusa al mismo tiempo, sentía algo de miedo y también de alegría al ver que había más personas en aquel lugar… pero ¿Realmente eran personas?



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Dom Nov 27, 2011 8:39 pm

Tras la pregunta del chico al que supuestamente, Saito había salvado la vida, Hikari habló, dando a conocer su versión de lo sucedido, bastante bien encaminada. El hombre, que parecía llamarse E.W. dio unos pequeños aplausos, mirando a la joven con una sonrisa.-¡Muy bien, pequeña... Pero hay un fallo en tus palabras, no somos escapistas. Yo soy E.W. el gran Ilusionista, y este es mi joven aprendiz, Flar Grodwing-Dijo tranquilamente el hombre, y después frunció el ceño mirando a Hikari.-Muchacha... Tu cara me suena... Aunque no consigo recordar de que... Me eres familiar... Bueno, no importa... Disculpad mis modales, es que muy rara vez recibimos visita en mi casa, la gente dice que está embrujada, y... Decidí divertirme. Dado que dicen tanto que está maldita, me gusta simularlo.

Saito quedó mirando al chico rubio, Flar... Su apellido le sonaba, y tras unos segundos consiguió recordarlo. Aquella mujer en el pueblo que se había quejado de la desaparición de su hijo se llamaba Grodwing, Grina Grodwing.-¡Grodwing! Entonces... Tu eres el hijo desaparecido de esa mujer... ¡Tu madre está muy preocupada por ti!-Le dijo el muchacho, ante lo que Flar quedó asombrado, mirándole con los ojos abiertos.-¿Conoces a mi madre?-Preguntó algo alarmado, no sabía que había ocurrido, puesto que llevaba dos días desaparecido.-Si,bueno, no... Nos la encontramos en el mercado, cuando la gente empezó a desaparecer, decía que todo era culpa de esta mansión.

Repentinamente, E.W. carraspeó un poco y miró al techo, intentando esquivar el tema, pero finalmente suspiró y habló.-Pues... Tienen algo de razón, veréis, os contaré lo que pasó...
Hace dos días, Flar y yo habíamos quedado en el bosque, nos conocíamos desde hacía varios meses, y el decía querer conocer mas a fondo el arte del ilusionismo, así que acepté convertirlo en mi aprendiz. Dábamos clases en el bosque, enseñándole trucos, pero decidimos hace poco que sería buena idea que viniese a la mansión para enseñarle más a fondo. Claro está, yo le mantendría, le alimentaría y le cuidaría, no voy a dejar tirado a mi aprendiz. Pero cuando nos fuimos a reunir, pillé desprevenido al chico, el cual dio un grito al sorprenderle. Pero al parecer, creyeron que algo lo había raptado... Luego, tuvimos unos problemitas... Se suponía que hoy debería haber vuelto con su familia, no deberíamos habernos demorado tanto, pero... Mientras el muchacho practicaba un truco de prestidigitación... Sus poderes se descontrolaron, y acabó haciendo desaparecer a unas pocas personas del pueblo. Están en el sótano, durmiendo, las íbamos a devolver en cuanto se hubiesen recuperado, dado que el conjuro las había dejado agotadas... Por eso nos demoramos tanto en devolverlas. Y entonces llegasteis vosotros... Y decidí practicar un poco mis trucos. Aunque no me esperé que hubiese una invocadora tan cerca, ni que invocase a la propia Shiva... Tampoco me esperé que el muchacho fuese capaz de dar esos balonazos... Demonios, no había visto un disparo así en mi vida, mi mas sinceras felicitaciones, un expendido golpe... Aun me duele un poco el estómago, pero no te culpo, solo querías proteger a la joven, es culpa mía por haceros eso...


Saito quedó boquiabierto con la explicación... Parecía que todo cobraba sentido en ese momento.-Esto... Vaya... Es sorprendente... Pero una pregunta... ¿Como hizo todo eso? Los trucos, me refiero-Inquirió el muchacho aun algo confundido. Era mucha información.-¿Que? ¿No le vas a decir nada? ¡Casi nos mata del susto, Saito!-Le reprendió el hurón, pero pronto un golpecito en la cabeza del animal lo cayó. Ya había tomado esa costumbre, parecía que sin esos toques de atención no era capaz de guardar silencio. Por suerte, no le dañaba en absoluto, solo le molestaba un poco.-Oh, como dije, soy ilusionista, mi poder se basa en confundir los sentidos, hacer ver cosas que no hay, engañar a la vista. Posiblemente ya os fijaseis en que el pasillo que atravesasteis debería haber salido de la casa, es solo un truco. Recordareis, que la puerta quedó tapiada cuando se cerró tras vosotros al entrar en esa habitación, eso es por que la propia habitación giró. De esa forma, en realidad no disteis la vuelta, si no todo lo contrario. Además, aunque no lo notaseis, esos largos pasillos están levemente inclinados... Ahora os encontráis en el segundo piso. Pero seguro que ni lo notasteis... Los otros trucos me guardo sus secretos. Un buen mago jamás revela sus trucos...-Explicó el hombre, para un momento después acercarse a Hikari.-Oye, pequeña... ¿Conoces a alguien más que supiese invocar a Shiva? Una vez conocí a una mujer, elfa, que era capaz de invocarla, aunque completamente. Me recuerdas mucho a ella... Tal vez Shiva me recuerde a mí...

Finalmente, todo parecía tener sentido en aquel lugar, y Saito pudo relajarse, lanzando un suspiro de alivio, parecía ser que no encontraría muchos más problemas. La verdad, es que si lo pensaba bien, no había tenido muchos problemas. No había tenido que combatir ni una sola vez, lo mas cercano, fue espantar a E.W. con uno de sus tiros. Lo demás... Ahora comprendía que había sido toda una ilusión. Al parecer aquel día si iba a ser tranquilo.
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Mar Nov 29, 2011 4:53 pm

Su rápido y eufórico asentimiento hizo que de mí escapase un grito, algo mínimo y que se ahogó casi por completo en mi garganta, dejando salir sólo un leve suspiro de lo que habría sido un estridente y agudo chillido. Con sus manos, comenzó a gesticular a la par que hablaba, explicando que no eran escapistas, sino ilusionistas, y que todo había sido un montaje a la par que un fallo: -Eso no está bien… - musité, todavía algo asustada, ante la afirmación del hombre que se hacía llamar E.W. Según él, había conocido a una mujer que lograba invocar por completo a Shiva ¿Mi madre? No cabía otra posibilidad, se parecía a mí, sabía invocar a Shiva… Bueno, era sobre todo el detalle de la invocación, pues se decía que sólo algunos elegidos entre todos los invocadores lograban contener por completo el poder de la diosa ártica cuando esta era traída por completo al plano terrenal. Según las leyendas e historias de los libros de invocación, ella no sabía controlarse, y su naturaleza cálida –irónicamente- y maternal quedaba absorbida por una destructiva y arrasadora que no buscaba sino hacerse con el control de todo cuanto tocaba. Sabía que mi madre había logrado domarla, por decirlo de algún modo, que había conseguido anclar su poder en un punto en el cual, si bien no era ni mucho menos peligrosa, sí era una criatura poderosa, rebosante de magia y de vida y capaz de poner fin a conflictos importantes, pero claro, eso sólo estaba en los libros y en mi cabeza, no sabía si era verdad o una mera farándula inventada para hacerme estudiar de pequeña soñando que de mayor sería una gran invocadora capaz de llevar la paz al mundo. Tras su breve presentación hizo nombrar el nombre de su aprendiz y acompañante en esos momentos; Flar Grodwing. Durante unos instantes me quedé, al igual que Saito, pensativa, ese apellido me sonaba bastante, y además de ser reciente, así que no podía hacer más de unos días que la había escuchado. Cuando el deportista estalló en un grito de sorpresa por descubrir quién era aquel muchacho, chasqueé los dedos y sonreí mirando al chico: -¡Es verdad! ¡Tu madre está muy preocupada! – dije, dando un paso adelante sin casi darme cuenta, alargando una mano dispuesta a agarrarlo de la oreja y llevarlo hasta la puerta de su casa. En esos momentos no pensé que todavía estaba en aquella casa, sino más bien en lo que la pobre mujer estaría pasando, desesperada y pensando que su hijo estaba desaparecido, o peor, muerto en cualquier lugar, pero sin embargo me detuve un momento para escuchar la historia del ilusionista.

Fue un relato interesante, algo desconcertante, pero sin duda interesante, dado que explicaba el porqué de las constantes desapariciones en el pueblo, y eso, por supuesto, también incluía la de Neizan, por el cual no dudé en preguntar: -Eh… Y disculpe, E.W., ¿Nuestro amigo Neizan no ha aparecido por aquí? Era… - rápidamente me corregí: -Digo; es un chico de pelo moreno, alto y joven y que lleva un par de espadas a la espalda ¿Está bien, cierto? – añadí después. No me había encariñado en exceso con el chico y, para que mentir, todavía estaba un poco resentida con él por el comentario de la taberna, pero eso no era motivo para no preocuparse por el muchacho, al fin y al cabo era sólo un niño, un par de años más joven que yo y Saito, no se le podía pedir tampoco mucho. Mientras aguardaba la respuesta recordé el por qué estaba allí, el motivo real de mi “valentía” para entrar en aquella casa. Por egoísta que pudiera parecer no, no fue por mi afán de devolver a todos a sus casas, al menos esta no fue la causa principal, sino que había sido la esfera de invocación, la cual sentía cada vez más cerca y a la par más lejos. Apenas presté atención a las palabras y explicaciones del prestidigitador hacia el rubio del balón mientras que el primero relataba las trampas y engaños de la casa al segundo, no era de mi interés aprender a hacer ilusionismo, después de todo, no podía. De nuevo, me asaltó con la petición de que invocase a Shiva mientras que mis ojos buscaban por la estancia la esfera con el espíritu de invocación dentro: -Está bien, la invocaré. ¿Pero podría hacerme un favor? – pregunté con tono amable al mismo tiempo que comenzaba a trazar los símbolos mágicos que correspondían a la mujer de hielo: - Entré en esta casa porque dentro de ella hay una esfera de invocación, al menos eso dice Shiva ¿Sabe dónde está, señor E.W.? – inquirí finalmente mientras daba los últimos trazos a la serie poligonal que formaba el círculo de invocación de la dama helada.

Tras cerrar el último hexágono y terminar de conformar dicha red mágica unas suaves palabras escaparon de mis labios: -Polvo de diamante… - y poco a poco, tras la conjuración verbal, las líneas se fueron iluminando como recorridas por el agua celestial, inundándose hasta casi desbordarse de un brillante líquido tan transparente como el hielo más puro de todos. Pronto ese mismo hielo se quebró cuando una cabeza de tonos cian y azul oscuro rompió la superficie del suelo como si simplemente fuera agua. Su figura, bella pese a ser relativamente pequeña, en comparación con las personas del resto de la sala, brilló débilmente unos instantes mientras pequeños copos de hielo y nieve caían a su alrededor constantemente al mismo tiempo que ella separaba poco a poco las manos de su cuerpo, aparentemente desnudo, pero que en realidad estaba cubierto por una capa de hielo opaco que impedía que se viera nada indeseado, algo así como su ropa, pegada a su piel. Cuando por fin hubo completado el ancla al plano terrenal el círculo dejó de brillar, y lo primero que hizo fue girarse hacia mí, ignorando prácticamente a todos, y lanzarme un fuerte abrazo que correspondí doblándome un poco al notar sus brazos apretar mi cuerpo contra ella: -Eh, eh… Estoy bien, no me ha pasado nada. – dije con tono amigable al mismo tiempo que alisaba su gélido cabello azul marino: -Ha sido mi culpa, Hikari, nunca debí traerte a esta casa y mucho menos consentirte que anduvieras sola por ella yo… yo… Perdón, de verdad que lo siento, te he… - corté sus palabras poniendo una mano entera en sus labios y negué con la cabeza: -No has hecho nada de eso, nada ha sido tu culpa. Me has ayudado a madurar, que es lo que quería, lo que más deseaba incluso por encima de ser una buena invocadora. No hay nada de qué disculparse, así que… gírate, aquí hay alguien que dice que te conoce. – entonces la giré todavía acariciando su cabeza y sintiéndome por primera vez, en años, como algo más que su hija, como su propia madre, y le señalé a E.W. En cierto modo tenía un interés personal en que hablasen entre ellos, pues me picaba la curiosidad por saber de qué se conocían.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Mar Nov 29, 2011 6:46 pm

En esa parte de la historia, Saito no era más que un mero espectador, viendo como E.W. hablaba con Hikari, y con Shiva. Mientras ella hablaba con el ilusionista, Flar, su aprendiz se acercó a Saito y le tendió la mano, con una sonrisa.-Perdona por como te respondí. Agradezco el gesto de que me ayudases. Pareces un buen tipo.-Dijo con amabilidad. Saito le estrechó la mano con una sonrisa de medio lado, contento de que no continuase con su enfado, no le gustaba ganarse enemigos.-No tienes por que pedir disculpas, al fin y al cabo te arruiné la practica.
Pero ambos rubios se callaron al escuchar que Hikari hablaba de una esfera de invocación, ninguno había escuchado hablar de ello, no obstante, E.W. sonrió abiertamente y asintió, el si parecía saberlo.-¿Una esfera de invocación? Interesante... Por supuesto.

La chica comenzó a invocar a Shiva, un espectáculo que los tres hombres contemplaron en silencio, hasta que la mujer salió del circulo, abrazando a la elfa - Irónicamente - con calidez. Parecía arrepentirse de haberla hecho entrar, pero Hikari negó que fuese algo malo, si no que le había hecho madurar, y al poco, la hizo volverse hacia el ilusionista. Cuando la dama de hielo lo vio, quedó asombrada, como si hubiese visto a un fantasma.-Weisz... Han pasado muchos años, no creí que siguieses vivo...-Dijo Shiva tranquilamente, efectivamente, parecían conocerse.-Por supuesto, Shiva, dime si me equivoco... ¿Esta jovencita es hija de Hikari...?-Preguntó con tranquilidad el ilusionista.-Si... ha pasado mucho, Weisz.-Contestó finalmente la invocación. E.W. asintió y sonrió.-Así que tuvo una hija... Lo supuse... Se parecían mucho... Bueno, hablaría contigo más, Shiva, pero hay cosas que hacer, la noche cae, y debo devolver al joven Flar con su familia, además, creo que la pequeña debería dormir, es bastante tarde, fijaos, las lunas están brillando en el cielo.-Dijo señalando la cúpula, tras la que se veía un bellisimo cielo estrellado acompañado de las tres lunas.-Por cierto... Hablasteis de un amigo vuestro... Pero no recuerdo a nadie que encaje con esa descripción en nuestro sótano... No se que pasaría... Tal vez fue a otro lugar, sinceramente, no lo se, fue algo raro. Pero no os preocupéis, seguro que está bien

Se disponía a marcharse, cuando repentinamente recordó el trato con Hikari, y se dio la vuelta.-Oh... Cierto, se me olvidaba. Una esfera de invocación ¿Eh? Bueno, tómala-Con cuidado, extendió su mano hacia el cielo, como si intentase coger las lunas... Y lo consiguió. Al bajar la mano, entre sus dedos había una esfera roja, que ya no estaba en el cielo.-Tu madre me pidió que la guardase, aquí habita otra de sus criaturas... Seguro que Shiva la recuerda... Es más... Cálido que ella...
En cuanto E.W. hizo aquella insinuación, Shiva lanzó un suspiro, como si se quejase.
Hizo de nuevo ademán de marcharse, pero entonces volvió a darse la vuelta, y de sus bolsillos sacó dos llaves de curiosa forma.-Oh, por cierto, tomad esto, es por las molestias causadas, una llave maestra... ¿Que es? ¿Para que sirve? Descubrirlo vosotros, en eso consiste la vida, solo os daré una pista... Todo escapista debe tener siempre un plan B... Si queréis salir, tomad la puerta que hay al fondo de la sala. Flar, ven conmigo, hay que liberar a la gente. ¡Ya durmieron mucho!
Una última cosa, Hikari, una pista... La siguiente esfera de invocación está en una cueva en Silvide...


Saito quedó mirando la llave, era algo raro, sin duda, igual que el propio E.W. Pero finalmente sonrió, guardándola en su bolsa, mientras Blitz se subía a su cabeza, de un color blanco por su alegría.-Bueno... ya tienes lo que querías... Y resolvimos el misterio... Podemos salir-Dijo caminando lentamente hacia esa puerta, que habría jurado que minutos antes no estaba allí.
Mientras ellos salían, E.W. y Flar descendían al sótano, demasiado lejos para que los jóvenes les escuchasen.-Oye... No creerás que ese chico del que hablaban... ¿Podría ser ese montón de cenizas que encontramos? Fue el único que pareció pasar por aquello...-Dijo el muchacho algo pensativo.-No lo creo... estoy seguro...-Respondió muy serio, más de lo normal.-¿Y por que no se lo dijiste?-Preguntó algo sorprendido el muchacho.-No era necesario que lo supiesen... Y creí mejor ahorrarles un mal trago...

Poco después, Saito e Hikari iban en dirección al pueblo, cuando apareció a su lado Flar, sonriendo alegremente.-¿Os importa que vaya con vosotros? Al menos así mi madre me dará el capón más tarde... jeje... Por cierto... Esa mujer azul... Llamó a E.W. Weisz...-Comentó rápidamente.-Si ¿Que sucede? ¿Pasa algo con ese nombre?-Preguntó Saito algo extrañado.-No... Es solo que es muy curioso... Esa mansión es la antigua mansión Weisz... Perteneció hace cientos de años a la familia Weisz, que se acabó con su último hijo, Erik Weisz, desde entonces está abandonada, hasta que hace poco E.W. La ocupó. Creí casualidad que se llamase igual que el propietario... Pero ahora creo que no es así.-Les contó el muchacho. Saito abrió los ojos sorprendido.-¿Estás diciendo que ese hombre tiene más de cien años? ¡Es humano!-Respondió confuso.-No es eso lo que me sorprende. Seguramente no os suene el nombre de Erik Weisz, se le conocía más por su apodo. Houdini... Seguro que ahora os suena más... El gran escapista, mago de magos, y gran ilusionista... Ahora lo entiendo todo... Eh.. ¡Oh! ¡El pueblo! ¡Nos vemos otro día!-Dijo Flar, para salir corriendo con la última frase.

Saito se paró en seco, y miró a Hikari, para después mirar a la mansión. Conocía ese nombre... ¿¡Y quien no!? ¡El gran Houdini! Pero... Se supone que había muerto hacía mucho tiempo... Era interesante...

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Off: Hikari, ya vamos acabando =D
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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Hikari no Yami el Miér Nov 30, 2011 5:02 pm

Cuando se giró, me pareció ver una mueca de sorpresa en el rostro de Shiva, como si viera un fantasma o alguien a quien hacía mucho que no veía, pero pronto se le pasó y entre ellos se saludaron como dos viejos amigos. Escuchaba atentamente cada palabra que decía uno y otro, pues ambos parecían saber bastante de mi madre, cosas que nunca me había contado, como por ejemplo que conocía a aquel hombre, pero no fue aquello lo que más me importó, sino el hecho de que Weisz, como había llamado a E.W. Shiva, mencionara a mi madre, pero no en cualquier momento de su vida, sino cuando había sido invocadora, ahora caía en eso y es que… mi madre había dejado la invocación años antes de conocer a mi padre, un elfo con casi cuatrocientos años, dado que ella no envejecía al estar sometida a un conjuro que ella misma había creado… entonces… ¿Cuántos años tenía ese hombre? Me disponía a preguntarlo, pero justo entonces de nuevo el ilusionista hizo algo que me dejó con la boca abierta. Se disponía a marcharse, pero entonces dio la vuelta y extendió su mano hacia el cielo como si tratase de agarrar las lunas. No evité reír un poco, pues me hacía gracia el hecho de que alguien bucase tomar uno de esos orbes celestiales en sus manos, pero dejé de reír justo en el momento el cual la luz rojiza de Sanctra, la luna carmesí, dejó de iluminar junto con sus hermanas el cielo y bajó de la mano del mago ¿Otra ilusión? ¿Magia real? No lo sabía, estaba demasiado impactada como para poder pensar con claridad. La esfera, de tono rojo fuego y con una llama intensa ardiendo en su interior, me fue entregada en mano, y en ese momento mi bastón comenzó a brillar con intensidad, mucha intensidad, hasta el punto de que tuve que cerrar los ojos para que mi vista, demasiado agudizada para esa luz, no resultase dañada. El calor comenzó a inundar el aire, y escuché un nuevo rebufo de desaprobación por parte de Shiva, la cual, sin pedirme tan siquiera ayuda, desapareció de nuevo de nuestro plano y cerró el portal a su mundo. Pero no por la desaparición de la dama de hielo desapareció también el intenso fuego que parecía arder en la estancia, sino que permaneció allí unos minutos más y finalmente se disipó al mismo tiempo que escuchaba una voz por toda la sala: “Allí donde camine el señor de la llama todo será ceniza…”

Y finalmente, tras esto, el calor dejó de existir, de nuevo el frío de las rocas y de la noche bañó el aire como si nada hubiera ocurrido. Volví a abrir los ojos muy despacio, asegurándome de que no había luz más fuerte que la de las propias lunas, a las cuales no volví a mirar por temor a encontrarme con que faltaba una, prefería pensar que todo aquello había sido sólo un truco. Weisz nos entregó unas llaves, y nos indicó por donde salir, cosa que hicimos casi al momento. Poco después, tras atravesar otro de esos pasillos largos y oscuros que nos llevó frente a una nueva puerta de madera, salimos al bosque, ese inmenso prado de sauces y robles donde todo parecía transcurrir con normalidad. El viento frío de la noche me reconfortó las mejillas, subidas de tono por culpa del fuego que hacía poco había sentido ¿Había sido real? No lo sabía, pero tenía que intentar invocar a esa nueva invocación, aunque no en ese momento, estaba demasiado cansada, ni tan siquiera hablé con los dos chicos, que parecían inmersos en su conversación sobre el ilusionista. El camino del bosque era como la otra vez, de tierra blanda, humedecida por el vaho helado de la noche y que sonaba a cada paso como si liberasen a una rana de aire. Los árboles apenas dejaban ver la luz de las lunas, a diferencia de la cúpula de cristal del observatorio de la mansión, que quedaba oculto desde fuera, así que el camino era oscuro, sólo iluminado por el brillo de las antorchas de la entrada del pueblo, que todavía podía distinguir en la distancia, no faltaría demasiado para llegar, pero eso no quitaba lo agradable de la situación. Los búhos cantaban sus serenatas al mismo tiempo que cazaban a los ratones, que con un último chillido dejaban la vida. Cualquiera hubiera pensado que el hecho de que esos sonidos me resultaran tan armónicos como la propia música era signo de que era una mala persona, un monstruo descorazonado, ¿Pero por qué? No era nada malo, pues tan sólo eran los sonidos de la naturaleza, esa donde los animales se nutren por sí solos y no alimentados por humanos u otras razas, era la melodía del bosque, y quien no supiera apreciarla, es que no apreciaba la naturaleza. Finalmente, tras un rato de camino, llegamos al pueblo, donde pasamos la noche, ya tenía mi siguiente destino, Silvide, donde según el viejo, muy viejo, ilusionista había otra esfera de invocación.

(…)

A la mañana siguiente desperté temprano, mucho, el sol apenas salía de entre las montañas y los árboles y su luz carmesí bañaba sólo las cumbres más alejadas de mi vista, donde apenas se podía distinguir entre el cielo y la tierra. En toda la noche apenas había podido dormir pensando en quién o qué sería esa nueva invocación, ese calor tan intenso, esa voz profunda y gutural… nunca había escuchado al semejante, ni tampoco había sentido jamás el calor de la noche anterior, el fuego quemando mis venas y ardiendo en mi pecho… Había sido horrible, pero también gratificante, pues ese mismo fuego lo sentía ahora apaciguado en mi corazón… ardiendo como una llama constante. Estuve sentada en la cama durante horas, mirando fijamente la esfera carmesí que destilaba un leve calor cada vez que acercaba las manos, era extraño, pues el poder de ese orbe era igual al de Shiva, eso quería decir que… Los fuertes golpes contra la puerta me sacaron de mis pensamientos, en los cuales estaba tan inmersa que incluso di un leve suspiro, asustada, al escuchar la madera resonar. Lentamente me acerqué a la puerta y la abrí, viendo de nuevo el rostro del rubio deportista: - Buenos días, Saito. – dije con voz un tanto cantarina, como alegre, intentando ocultar mi preocupación real. Tras unos minutos de charla entré de nuevo en mi habitación y me cambié de ropa para luego tomar mi bastón y el orbe de invocación y salir de nuevo, por última vez, de aquella posada junto con el rubio: -¿A dónde irás ahora? – le pregunté con una sonrisa: - Yo me dirigiré al bosque de Silvide, a por la próxima esfera… - me callé un momento y sonreí de medio lado mirando la plaza, donde el día anterior había invocado a Shiva: -¡Ah! ¡Ya sé lo que haré ahora mismo! – exclamé esbozando una gran sonrisa y dirigiéndome al centro del mercado, cuyos comerciantes ya recogían para salir hacia el siguiente pueblo.

Dejé la esfera de invocación en el suelo y puse el bastón sobre ella para liberar una marca circular, parecida a la de Shiva pero de color rojo intenso, tanto que de nuevo tuve que cerrar los ojos, de todos modos no me hacían falta abiertos, pues no era yo la que se movía, sino la magia que fluía por mi cuerpo para conjurar un nuevo amigo, un compañero y un defensor. Pronto, sin separar mis párpados, hube dibujado una enorme estrellada en el suelo, al menos eso había imaginado por los pasos que una y otra vez había ido dando, y dentro de esa misma figura un círculo cuyo destello era tan intenso que incluso traspasaba mis párpados si no los mantenía bien cerrados. Pronto, pude notar de nuevo el calor en el aire, pero esta vez concentrado alrededor de la estrella, o supuesta estrella. Partículas de ceniza se adhirieron a mi piel, sobre todo en las manos y los hombros, donde incluso pude notar un peso levemente mayor al natural. Hubo gritos y también aplausos, incluso el sonido de monedas golpeando el suelo como recompensa por el espectáculo, pero la verdad es que esa vez no lo hacía por ganar dinero, sino por ganar conocimiento. Cuando volvía a abrir los ojos contemplé sorprendida como, justo delante de mí, había una criatura un poco más alta que yo, no demasiado, de pelaje marrón oscuro, como la madera de los árboles viejos..Sus dos brazos, anchos y fuertes, tenían enormes garras que parecían afiladas como espadas. Y su rostro, lo que alcanzaba a ver de él, mostraba un ojo sin iris, rojo como el fuego más intenso que jamás hubiera visto. La cabeza de semejante bestia estaba coronada por un par de cuernos que medía casi lo que él, pero a diferencia de los típicos cuernos de los animales estos no ascendían, sino que, a unos veinte centímetros de su cabeza, se recorvaban hacia atrás legándole casi a rozar los gemelos, una visión terrorífica, pero no acabó ahí. Rápidamente, sin que yo pudiera hacer nada, se giró y me miró directamente a los ojos, mostrando una boca semiabierta y poblada de afilados colmillos como los de los lobos, o más grandes. Sabía lo que intentaba hacer, conocía aquello porque lo había pasado también con Rubí, aunque con este fuera más sencillo; Intentaba romper el ancla de espíritu que lo condenaba a servirme a mí, trataba de intimidarme, de hacer mella en mi espíritu para poder liberarse por completo y no responder ante nada ni nadie. Fueron apenas unos instantes lo que tuve que mantener mis ojos de diferente color posados en los suyos, pero eso no quitaba que hubieran sido intensos, agónicos para mí, que sentía mi poder menguar con cada segundo… Por suerte, momentos más tarde, en su mano derecha se forjó un aro de oro puro cubierto de runas, enteramente formado por magia, mi magia. No pudo evitar gritar un par de veces, gruñir como un animal al que intentan encadenar, al mismo tiempo que intentaba quitárselo con feroces zarpazos con los que, incluso, llegaba a autolesionarse: -¡Detente! – grité con tono confiado, debía de hacerlo así, pues un deje de duda en la voz podría debilitar la argolla.

La bestia obedeció mi orden, y en unos segundos más se arrodilló ante mí hincando una de sus musculosas piernas en tierra: - Sí… ama… - gruñó entre dientes con esa voz gutural que lo caracterizaba: -¿Quién eres? – pregunté, de nuevo con tono autoritario, intentando parecer en todo momento “Más grande” que él: -Ifrit… Señor de la llama infernal. – respondió él. Sí que me sonaba su nombre, sabía que era una de las invocaciones que más se había corrompido con los años, y que a mi madre le había llevado un largo tiempo domarlo por completo, pero yo lo lograría, claro está, no a la primera… por desgracia. Como un animal enfurecido, se giró y clavó su vista en la gente al mismo tiempo que de su boca y su nariz escapan finas lenguas de fuego como si se tratara de un dragón o algo similar, expulsándolas a pocos centímetros de su cara con cada exhalación. Todos se habían apartado, al menos eso creía, puesto que su figura me tapaba una parte de la visión: -¡Detente! – grité, pero esta vez fue inútil, y las garras de sus pies agrietaron el suelo con todo su peso al mismo tiempo que caminaba furioso hacia algo o alguien. Se disponía a atacar ¿Pero a quién? Desde luego no había sido una buena idea traerlo a nuestro plano en mitad de un lugar tan concurrido, pero ahora debía de intentar controlarlo de nuevo: - ¡Detente! ¡No oses… - no terminé la frase, pues en ese momento giró su cuerpo con fuerza y me golpeó en el vientre haciendo que volase algunos metros hasta terminar cerca de un puesto de fruta, sobre el cual aterricé. Estaba dolorida, mucho, sentía mi vista nublarse y mi consciencia perderse en la nada… ¡No! ¡No podía! ¡No en ese momento! Debía… debía controlar a… Ifrit…
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Off importante:


Spoiler:
-Primer punto: La esfera se disipa en cuanto que Ifrit es invocado, dado que no es una habilidad de por sí, es tan solo la representación de la habilidad de nivel 2 de Hikari, es decir, si sube de nivel con esta aventura (Que espero que sí) ella obtendría como habilidad invocar a Ifrit, es decir, no se obtiene ningún premio especial que dé tal habilidad (Como se podría pensar de la esfera)

-Segundo punto: El hecho por el cual Ifrit escapa del control de Hikari es simple; Ifrit es un señor demoníaco, un demonio de alta clase subyugado por una elfa joven y además atado a un plano donde pierde casi el 100% de su poder… No le hace demasiada gracia eso, así que intenta liberarse, cosa que no consigue dado que Hikari logra formar el “ancla de espíritu” sobre su cuerpo, que son los grilletes.

-Tercer punto: Ifrit es más grande que Hikari tan solo esta vez, rondando el metro setenta o setenta y algo, pero únicamente por una razón. A Hikari se le ha descontrolado, así que él ha absorbido parte de su poder para crecer, en caso de ganarlo como habilidad con mi nivel 2, mediría lo estipulado para invocaciones de nivel 2, que si no mal recuerdo era 1’55 o 1’60, no recuerdo.



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Re: El Gran Ilusionista

Mensaje por Saito el Jue Dic 01, 2011 8:43 pm

Ambos jóvenes entraron en el pueblo, y a los pocos minutos de llegar, cuando iban hacia la posada, vieron que toda la gente corría hacia el lugar del que habían llegado, a la entrada. Los dos volvieron allí, para ver lo que sucedía. Allí estaba la gente que había desaparecido, y Flar, al cual su madre parecía amenazar con golpear, pero que finalmente abrazó, olvidandolo todo por la preocupación.
El joven deportista sonrió de medio lado, cuando de pronto, el aprendiz de ilusionista les señaló, y toda la gente les miró incrédula. No supo que les dijo, pero tampoco importaba mucho. Después de que todo se calmase, ahora que el pueblo había vuelto a la normalidad y no había nadie preocupado por las desapariciones, volvieron a la posada para descansar, no sin antes prometerse que al día siguiente se llamarían para despedirse. No se conocían desde hacía mucho, pero a ambos les pareció de mala educación marcharse sin decir nada después de lo pasado. Que fuesen amigos desde hacía poco no quería decir que no se tuviese educación.

El joven subió a su habitación, y dejó la espada y la pelota a un lado de la cama, quitándose la ropa y dejándola junto al resto de cosas. Para tumbarse finalmente en la cama e intentar descansar un poco. Aunque pronto fue interrumpido. El pequeño repiqueteo de las guarras de Blitz en el suelo de madera, y como se subía a la cama para agazaparse al lado de Saito, buscando dormir caliente, como si fuese un pero. Un perro con más mala leche, pero un perro al fin y al cabo.
El joven sonrió y le acarició el lomo. Se molestaban continuamente, pero tenían una cierta amistad.
Pronto el sueño acabó por hacer sus párpados demasiado pesados, y cerrándolos, su mente empezó a viajar por todo el mundo de los sueños.


La mañana llegó, y con ello el sol del amanecer, rojizo en un principio, para en un par de horas volverse blanco. Los rayos carmesí golpearon el rostro del muchacho, que se removió en su lecho, incomodado por aquella luz, y despertándose finalmente, incorporándose y bostezando a la vez que estiraba sus brazos y piernas. Con tranquilidad se lavó la cara, y estiró un poco los músculos. No demasiado, simplemente para no pasar agarrotado el resto del día. Su ventaja era su agilidad, y no quería perderla por no querer relajar los músculos bien desde el principio, nunca se sabía cuando se necesitaría.
Finalmente, se colocó ropa limpia y salió de la habitación, con el hurón aún dormitando en medio de sus cabellos. Parecía que él no estaba acostumbrado a un temprano despertar como lo estaba el muchacho.
Se apoyó en el marco de la puerta y tocó a la habitación de la joven, que pronto abrió. Parecía despierta, le alegraba, al menos no la había despertado. Aunque si parecía haberse levantado hace poco, pues aún no estaba vestida para salir.

El rubio esperó, apoyando su espalda contra la pared y esperó tranquilamente, mirando los adornos, escasos, que habían en las paredes para entretenerse. No tuvo que esperar demasiado, y pronto, ambos bajaron al mercado, donde los comerciantes empezaban a recoger sus cosas para marcharse. Pero Hikari decidió hacer una ultima actuación, quería invocar esa nueva criatura, y poco a poco lo iba consiguiendo, trazando aquellos símbolos con su báculo, para que luego saliese de aquel portal trazado, un extraño ser, de pelaje rojizo y piel oscura, con dos largos cuernos hacia atrás de un intenso azul oscuro casi negro. Sus ojos eran rojos como la sangre, y unas garras a juego con sus cuernos sobresalían de sus fuertes manos.
Hikari y él parecieron mantener una corta conversación, hasta que en aquella bestia apareció un extraño brazalete dorado

Saito quedó atónito ante aquello, y pronto Ifrit, así se llamaba, se giró hacia él. Hikari intentó dominarle, pero pronto fue lanzada a un lado como si fuese un muñeco de trapo. El deportista, alarmado, sacó su espada que colgaba a su espalda, mientras el hurón descendió por su cuerpo para ocultarse en su bolsa. Aquello le daba miedo. Y no era de extrañar...
El ser cargó contra Saito, pero este inmediatamente se echó a un lado, evitando a la invocación como si de un toro se tratase. Parecía furioso. Si no lo controlaba, lo más seguro es que acabase haciendo daño a la gente del pueblo.
Ifrit se alzó sobre sus cuartos traseros, mirando al joven con furia, y este se lanzó a correr hacia el, pero justo cuando iba a llegar a su cuerpo, y su oponente iba a lanzar un corte con su potentes garras, el chico se agachó, rodando por el suelo para pasar entre las piernas del ser, y de cuclillas, giró a otro lado, haciendo un corte en la parte superior de los gemelos del ser, justo tras la rodilla, haciendo que su cuerpo se desequilibrase al perder estabilidad.

Sin esperar un momento, se alejó unos pasos, observando al ser. Parecía desesperado, como si intentase liberarse de unas cadenas que no existían... ¿O tal vez si? Esos brazaletes dorados...
Con pensar un poco más, lo habría descubierto, pero el joven no era un experto en magia, y no creyó que fuese el mejor momento para pensar en eso.
Con una fuerza sobrehumana, aquella invocación empezó a cargar de nuevo contra Saito, a pesar del corte, que debería haberle dejado muy maltrecha la pierna. El chico esperó, hasta el último momento, a que Ifrit se acercase, para lanzarse a un lado y hacia delante a la vez, trazando un corte con su espada y consiguiendo así abrir un buen corte en su lateral.
Era fuerte, pero carecía de velocidad, algo que el rubio tenía bastante. Y con su poder menguado por los grilletes mágicos de la elfa, no era un rival extremadamente complicado... No obstante...

El chico miró a uno de sus lados. Su torso desnudo dejaba ver una herida, producida por las garras de su oponente, en su costado derecho. Al parecer, Ifrit había pensado como él, aunque su acción no hubiese sido tan eficaz como la del rubio. Miró la sangre que brotaba poco a poco de la herida, y sonrió de medio lado. No era nada a lo que no se hubiese enfrentado. Sacó la pelota, y la lanzó al aire, para pegarle una patada en cuanto cayó a la altura optima. El balón golpeó el rostro del extraño ser, que rugió por el impacto de la esfera, que tras colisionar, rebotó de nuevo contra el muchacho, que esta vez la bateó con su espada, golpeando en esta ocasión el pecho la de rugiente bestia, y con aquel último rebote, dio un salto en el aire, y la golpeó con todas sus fuerzas, en plena frente, haciendo que el rostro de la criatura golpease el suelo con fuerza, quedando muy debilitada.

Saito avanzó con cuidado hacia ella, empuñando su espada con fuerza, quedó ante el moribundo ser, y dio un suspiro de resignación mientras decía unas palabras.-No me gusta hacer esto pero...-Con fuerza hundió su espada en su frente al acabar esa frase, haciendo que el ser lanzase un bramido agónico.-... No puedo dejar que hagas daño.
El cuerpo de la bestia fue desvaneciéndose lentamente. Como si no fuese más que una de las ilusiones de E.W. para en apenas unos segundos, desvanecerse por completo, sin dejar más que una extraña marca en una de las manos de la invocadora.
Ahora, libre de peligros. El joven corrió hacia la chica, y empezó a despertarla, tal y como hizo anteriormente en la mansión. Con resultados bastante similares.
Finalmente, hablaron un poco, contándose lo sucedido, el descontrol de Ifrit, y que se había visto obligado a combatirlo, pero que no había dañado a nadie, más que una herida que recordó mientras hablaba con la chica, y que intentó ocultar con pésimos resultados. Finalmente, la elfa le ofreció viajar con ellas, ir juntos en su viaje. El chico frunció el ceño pensativo. Él no buscaba ningún sitio en particular, y no le gustaba dejar tirados a los amigos. Sobre todo teniendo en cuenta que no era algo que soliese hacer. Y ante tal invitación... La chica parecía algo... No sabía que adjetivo ponerle, pero en resumen, finalmente aceptó.

-¡Claro! No voy a ningún lado, supongo que puedo acompañarte... A Silvide ¿No? Bonito lugar... Me recuerda a casa, con tantos árboles por todos lados... Jeje...-Comentó dándole la mano para ayudarla a levantarse y marcharse del pueblo. Emprendiendo su viaje juntos.

El inicio de una gran amistad.

Fin

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Off: =D Gracias por continuar esta partida Hikari ^^ me ha encantado mucho rolear contigo, y más aún la petición de que Saito la acompañase. Mando la partida a calificar. ¡Gracias por todo! ^^
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Saito

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Re: El Gran Ilusionista

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