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De viejos amigos, espadas y elixires.

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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Sáb Ago 13, 2011 3:27 am

-Comida o mujer, no puedes tener ambos- comentó con cierto desgano, las embarradas botas chocaban contra el empedrado de adoquines de las calles del puerto, las casas que parecían desplomarse sobre la estrecha calleja tenían techos picudos y ventanas redondas y por alguna razón desconocida, la gran mayoría de las casas tenía antenas de hierro, intentando picar los cielos.
Vilkarian estaba alerta, sin duda no quería ser timado nuevamente, se echó para atrás los cabellos con las manos, la prominente melena blonda se ondeó al aire, era el orgullo del alquimista.
Mientras caminaba por la calle, en dirección ascendente, mostraba su lustrosa sonrisa de dientes blancos y perfectos a las mozuelas que aparecían, quienes se tapaban la boca con pañuelos de batista, o giraban la mirada indignada.
-El nombre del hechicero es Rakindavah, como sabes, a estos vejetes les gusta que los traten de doctor, o de lord, o de alguno de esos títulos de mierda- carraspeó - ¿Te has cogido a una hechicera?- mostró una sonrisa de relucientes dientes - Yo nunca, pero las que he visto...dios, ¡que te cagas!, dicen que son falsas, con hechizos y conjuros de carne, pero...en realidad a quien le importa- el alquimista hizo un gesto obsceno con las manos, ante el cual unas mozas que pasaban miraron indignadas, susurrando palabras de noble magullado.
La ciudad, expandida, alborotada, llena de vida, aún de noche, cacareos, gritos, botellazos, cristales rotos, más cacareos, el traquetear de un carro, el sisear de las ratas entre los pies, escupitajos marineros.
Ambos hombres, el albino y el rubio, llegaron a una especie de puente de madera que separaba al bajo pueblo con la hacienda del mago, bajo el puente corría un insano canal de desperdicios, que de aromas varios inundaba el ambiente, principalmente con el hedor de las heces de las cloacas, Vilkarian alcanzó a ver a un rata retorciendose entre los islotes de mierda que fluian.



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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Sáb Ago 13, 2011 6:01 am

-En este momento prefiero una pierna de cerdo bien sazonada-, dije mientras sentía un leve retorcijón en mi estomago a causa del hambre, una sonrisa se dibujo en mi rostro al ver a aquellas mozuelas que miraban con cierta desgana a aquel galán en harapos con aroma a pescado y mariscos podridos que caminaba a mi lado, después de todo, no me había llevado la peor parte en la trifulca.

La temperatura decaía cada vez mas, ciertamente las bajas temperaturas me eran mas agradables, -ho, recuerdo que una vez, una nigromante me contrato para conseguir el corazón de 5 hombres, sin duda era hermosa, uff... tenia unas caderas que ni te imaginas, como recompensa me dio unas cuantas monedas de oro, y bueno... me pidió de favor, poder examinar mi cicatriz durante una noche, fue inolvidable, lo único inquietante era que tenia cierta afición por coleccionar falos humanos en frascos, y adornar con ellos su... por decirlo así, humilde morada-, paso tras paso, llegamos a un puente, que separaba un río de excrementos humanos, el hedor era nauseabundo, la vista... nada agradable, note gran incomodidad en el rostro de mi compañero, seguramente no le agradaba nada pasar por sobre un canal de desechos humanos, -que susede Vilkarian, ¿tu delicado sentido del olfato te juega una mala pasada?, jaja, no te preocupes, debe ser momentaneo, el viento va en nuestra contra, al cursar al río, no debería oler mas-, al llegar al otro lado, seguimos un sendero que rodeaba un tupido bosque al borde del acantilado, luego de caminar por un tiempo, dimos con la imponente torre, un escalofrió recorrió mi espalda, repase con la vista las cercanías, estaba oscuro, pero la triada de lunas en el despejado cielo permitía apreciar la belleza del océano desde ahí, se podía apreciar también un cielo brillante e iluminado por maravillosas estrellas, -por fin, la guarida del hechicero Rakindavah, espero no sea un vejete egocéntrico como la mayoría-, le dije a mi compañero.

Me acerque a la imponente puerta de hierro, no habían manijas, tampoco alguna campanillas, sin embargo, había una extraña placa de metal tallada con una cabeza de león, me acerque, mientras el alquimista admiraba boquiabierto la magnificencia de aquella imponente estructura, toque suavemente la placa, apreciando el detalle, un extraño sonido salio de ella, y de pronto una voz.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Sáb Ago 13, 2011 6:21 am

Tras recorrer el bosquecillo, que hacía las veces de jardín y de patio delantero, apareció la torre de ébano, coronada con su techo picudo en la cima, las antenas se recortaban en el contorno de las lunas, que brillaban en un campo de estrellas de leche.
Vilkarian pensaba acerca de hechiceras y nigrománticas, y de falos en frascos, la imagen mental le causó un fruncimiento de cejas y una mueca de incomprensión y discusto apenas perceptible.
Por lo menos el rio de mierda habia quedado bien lejos.
La inmensa torre negra lo dejó boquiabierto, las tejuelas de madera, pintadas de negro se alternaban en zonas con grandes bloques de piedra también del color de la noche. Las redondas ventanas estaban completamente oscurecidas, seguramente con algún hechizo de camuflaje, de esos que los magos saben usar tan bien.

El nórdico se acercó a la puerta, llamó a través de la extraña y poco común placa metálica, el alquimista echó un vistazo, y dedujo que se trataba de un artefacto mágico, se lo confirmó la voz metálica que escuchó a continuación:

-¿Quien va?- sonó la plaquilla de metal, la voz se escuchaba artificial y distorsionada
- Dar-Lómech, el alquimista...- se apresuró a contestar Vilkarian, dejando con las palabras en la boca al norteño - ...y Dumah, el nórdico- las cagué no le dije doctor.
- Pasen señores, los estaba esperando desde la mañana- la voz metálica se detuvo, pero continuó: -Sois bienvenidos, tranquilos, no hay trampas mágicas, podeis encontrarme en el tercer piso...- No podia distinguirse absolutamente ninguna emoción en las palabras.
La plaquilla metálica hizo un "click", y se escondió en la puerta, que con un pesado y grave sonido, gruñó, se abrió de par en par y dejó a la vista un amplio zaguán, ensombrecido y abarrotado de todo tipo de cosas.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Sáb Ago 13, 2011 7:55 am

Mire a Vilkarian con un gesto algo serio, no soy un hombre de muchas palabras, pero cuando las tengo, no es de mi gusto que me sean arrebatadas.

La cruda e inexpresiva voz del hechicero, resonó a través de la placa metálica con cabeza de león, - Pasen señores, los estaba esperando desde la mañana-, me pareció sorprendente, aquel artefacto mágico, debía ser realmente útil algo así, la puerta carraspeo, un sonido metálico causo eco entre lo que parecía un gran salón, dimos unos pasos junto al alquimista, entramos sigilosa y cuidadosamente, a pesar de que el hechicero nos había dado su bendición.

Al entrar, me quede boquiabierto, las puertas a pesar de su peso, se cerraron velozmente a mis espaldas, una ráfaga de aire desordeno mis cabellos, a pesar de que la noche estuviese naciendo en el exterior, a través de las ventanas se filtraba una vivida luz solar, contra todo pronostico, el interior de la torre, aunque lóbrego, estaba bien iluminado, forrado en ébano, poseía estanterías del mismo material, con infinidad de libros, la sala era circular, la construcción nacía desde el suelo en perfecta armonía, las escaleras, que aparecían desde la mitad del salón, rodeando las paredes en semicírculo, eran de ébano, no podía apreciar en que lugar terminaba el piso y comenzaban estas, estaban forradas por una alfombra carmesí, sobre los pasamanos, nacían elegantes adornos, por el techo podía apreciar pequeñas bolas de energía, que desprendían diversos colores, el aroma de la torre esa fresco, me recordaba al de las montañas, no podía creer que existiese algo como esto, tan maravilloso y vivo, pero a la vez imponente y aterrador, di un paso al frente, -¡he! Vilkarian, deberías ajustar tu mandíbula, la saliva te resbala por la boca- dije en un tono burlesco, intentando ocultar mi asombro, me acerque a una estantería, que colindaba con una mesa, extraños artefactos ornamentaban la gran sala, estire la mano para recoger un libro, una corriente de energía atravesó mi brazo, de inmediato supe que al hechicero no me gustaba que tocaran sus pertenencias, avance unos cuantos pasos, de pronto el lugar cambio, por un momento me pareció estar en campo abierto, rodeado de arboles y animales, sin duda era una ilusión, y muy poderosa, en mi vida había conocido a algunos magos, siempre mediocres, incluso acabe con algunos, pero nunca alguien como este, sentí un poco de miedo, ¿que podía necesitar un hechicero con semejantes poderes, de un alquimista y un mercenario?, seguí avanzando hasta la base de las escaleras, a mi lado caminaba excitado Vilkarian, pude notar la fascinación con la que apreciaba cada ínfimo detalle de la torre.

Puse un pie en el primer escalón, podía sentir el gran poder del hechicero, al llegar al segundo piso, pude divisar una gran cantidad de puertas, desde ahí podía apreciar en plenitud el primer piso, pero en ves de eso, desde el otro lado del pasamanos, se veía el mar, bañado por la potente luz solar, en un día despejado,nuevamente me sorprendí, era una ilusión casi real, incluso podía sentir la fresca brisa marina acariciando mi rostro, intente no distraerme con la hermosura del paisaje ni con los pequeños detalles ornamentales, que de seguro tenían su utilidad para el mago, al llegar a la base de las escaleras que daban al tercer piso, sentí la misma sensación anterior, no podía divisar en donde terminaba el piso ni comenzaban estas, era algo confuso, pero maravilloso, por un momento olvide a Vilkarian, quien al darme cuenta iba ya terminando de subir las mágicas escaleras de ébano bañadas por una sublime alfombra roja, me apresure a seguirlo, al llegar arriba, pude distinguir una majestuosa figura, que dio un cordial y cálido saludo -saludos- con un gesto en extremo refinado, no estaba acostumbrado a la etiqueta, por lo que tome su mano y le di un apretón, por lo menos esa era mi manera de mostrar mis respetos.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Sáb Ago 13, 2011 8:35 am

El paseo por los tres pisos, evidentemente hechizados dejó a Vilkarian, fascinado, sorprendido, casi estallaba de júbilo, todo estaba tan atiborrado, pero en tan perfecto orden de etiquetamiento que su pulcra tienda en Tirian, parecía una choza de orco, su asombro era tal, que olvidó limpiar sus botas en el felpudo de la entrada.
-Saludos- habló el hechicero y estrechó la mano del nórdico, quien parecía algo confundido.
El majestuoso sujeto que tenía en frente, era sin duda el maestre Rakindavah, hechicero de la torre negra, tambien conocido como la ola negra, aunque claro está, ni el albino ni el rubio lo sabían, ambos se limitaron a estrechar su poderosa mano con elegancia.

Como una nube dispersa de humo, desapareció una mesa con cientos de frascos sobre la superficie, algo muerto estaba sobre ella, pero el hechizo de ofuscación la ocultó por completo.

El rostro del mago poseía unos rasgos característicos, imposibilitaban calcular su edad, por otro lado, su voz no deformada por el aparato mágico ya no era metálica, sino grave y calmada, parecía demostrar infinita simpatía.
El cabello ondulado, negro, surcado de canas, hacía juego con la poco poblada barba, también canosa, un caftán ricamente ornamentado de color negro y detalles en oro cubría el vigoroso cuerpo del mago, las botas altas, también negras, rebosaban de hebillas y decoraciones, en el desbocado cuello que dejaba entrever la camisa monocromática, colgaba un dije de crisoprasa color verdeagua, parecía brillar levemente.
-Tomad asiento señores, colgad vuestros abrigos en la percha- dijo sin disimular el hechicero que se refirió al joven alquimista con su maltratado harapo.
De nadie sabe donde unos sillones de cuero, acomodados con cojines tejidos de carmesí intenso poblaron la sala, sin ruido, sin desplazar nada, aparecieron de pronto, el mago parecía tener control total sobre la torre.
-Parece que ya os conociais, eso me facilita las cosas, un trabajo en equipo siempre resulta mejor- El hechizero se sentó en un sillón idéntico, que de idéntica forma apareció de la nada.
-Somos viejos amigos, me encontré a este vagabundo en una posada y...- el alquimista dudó un poco - ...y recordamos viejos tiempos.- Rakindavah sonrió levemente, casi por cortesía. Vilkarian tenía una sonajera de tripas que le costaba disimular, pero su orgullo le impedía pedir por algo de comida, su compañero estaba en las mismas.
El mago se incorporó: - ¿Quereis algo para beber?- se dirigió a Dumah, con la mano alzada, el codo apoyado a los brazos del sillon de cuero, la muñeca girada y preparada para chasquear los dedos, Vilkarian, al ver los dedos en posición de lanzar un hechizo se estremeció; de curiosidad malsana y de miedo: contaban los pueblerinos que los embrujadores chisqueaban los dedos y volaban rayos, chispas y fuegos del infierno.
Se tranquilizó en pensar que esta vez aparecería algún licor exótico, y que no habría que limpiar a nadie del piso.
-Puedo conjuraros lo que sea- terminó el conjurador aún con la mano en posicion.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Sáb Ago 13, 2011 11:38 pm

-Puedo conjuraros lo que sea- dijo el hechicero, quien vestía incontables y lujosas chucherías de buen gusto, pero de ninguna utilidad particular, por lo menos para mi, -gracias-, dije con voz placida, -una cerveza para mi esta bien-, mentí, tenia un hambre de los mil demonios, y deseaba un torso de carne bien sazonada, -¡groarhh!- rugió mi estomago, -pues bien, una cerveza de alta calidad invocada especialmente del norte para nuestro humilde nórdico-, dijo con tono burlesco, -y un pequeño aperitivo, se ven hambrientos, así que sírvanse lo que deseen, sentíos como en casa-, de inmediato apareció aledaño al sillón mágico con tapizado carmesí, una vasta mesa, vestida con un hermoso mantel rojo de seda, cubierta de elegantes y exóticas comidas, cerdo asado, costillas de vacuno, patatas cocidas, ensaladas frutales y verduras, jarras de fina cerveza, y un barril de esta, sin duda era el festín de un rey, mire a Vilkarian en busca de aprobación, sin duda el era mejor conocedor de las formales etiquetas, pero lo que divise no fue mas que un sorprendido y hambriento alquimista, mirando la comida, con mas deseo que a una jovenzuela de diecisiete años bien formadita.

Me levante del cómodo sillón, y me acerque a la mesa, me gire hacia el hechicero, e hice el gesto de una reverencia, -muchísimas gracias hech... doctor Rakindavah, sin duda su hospitalidad supera con creces a todo hechicero conocido por mi hasta el día de hoy-, tome asiento en una de las negras sillas, que poseían cojines de terciopelo carmesí, a juego con los sillones y el mantel, mi compañero también, con un gesto de agradecimiento paso a la mesa, -os acompañare con un trago, de seguro queréis oír para que os he llamado, pero primero, saciad vuestros apetitos, se tanto como ustedes, que no es agradable hablar con el estomago vació y deseo complacer a mis huéspedes-.

Al observar la mesa, pude divisar una gran cantidad de cubiertos de plata, algo me llamo la atención, en el elegante plato plateado, se podía apreciar mi reflejo, tenia un pequeño rasguño cerca de mi ceja derecha, sin duda obra de la trifulca, inmediatamente tome uno de los tantos tenedores y rebane cuidadosamente e intentando guardar las apariencias, un trozo de la pierna de cerdo asado, lo aliñe con diversas especias, sin duda no tenia idea sobre cocina ni aliños, pero al probarlo mi impresión fue notable, nunca había comido algo tan delicioso en mi vida, ojala existieran mas trabajos que involucraran un hospitalario hechicero, mire a mi acompañante, sin duda se servia correctamente con la gran gama de servicios disponibles, intente imitar sus acciones, afortunadamente, el tenedor y el cuchillo con los que rebane la pierna, era correcto, tome la jarra de cerveza, al probarla, me lleve una nueva impresión, era pura y original cerveza nórdica, no pude evitar recordar aquella noche que pase hace ya mucho, con la hija de un cervecero, en el pequeño poblado de thwinhall, sin duda un pobre poblado pero de excelentes cerveceras.

Después de comer y beber, el hechicero nos miro satisfecho, mi demostración de modales, quizá no había sido la mejor, pero sin duda lo convenció, algo que por supuesto no le sucedía a mi amigo, quien poseía un gran conocimiento sobre estas cosas, -creo que es hora de ir al asunto-, dijo un poco mas serio pero sin perder el amable e imponente tono de voz, -por favor os pediría que pasarais a tomar asiento a los sillones y pongáis especial atención en lo que voy a deciros- nos levantamos de la mesa, inmediatamente, todo aquel maravilloso festín se desvaneció hacia la nada, nuevamente volvía a esta como en un principio, con elegantes sillones de tapizado carmesí, tomamos asiento y el hechicero comenzó a hablar.



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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Dom Ago 14, 2011 7:45 am

- Bien señores, para empezar, os llamé por algo importante, no es algo que un matón cualquiera pueda lograr.- el mago hizo una pausa, se lamió los labios, su tono era totalmente serio - La situación es la siguiente- continuó - a dos kilometros de aqui, se encuentra el arrecife de los Trasrejos, naturalmente debeis llegar hasta alli por medio de barco, no te preocupes Dumah, la mar está calma, en los arrecifes hay un escondrijo de bandidos de mar, pero os preguntareis, ¿porqué no voy yo y me los cargo?, simple, un magister como yo, metido en el bancal de la política de este pueblo, no puede mancharse las manos con estos asuntos, sabreis que aquellos bándalos tienen familias, y que muchos de ellos son precisamente de aqui del puerto de Tarón, imaginaos que se corre la voz que Rakindavah, el noble y fiel hechicero se cargó a medio poblado en una misión secreta...me linchan la torre, además perdería poder político, me pondrían motes, me echan del consejo, me... en fin, ¿lo captan?- al ver que ambos asentían, continuó con el discurso- No son piratas comunes y corrientes, aunque algunos normalillos ya darían problemas, son, según mis informantes me dicen, los velas negra de Ratim, unos de la peor calaña, aunque claro, como todos, mueren por la espada.- El mago tomó una copa de nadie sabe donde y se la llevó a los labios - el problema es que estos filibusteros saben algo de las artes oscuras- Vilkarian, que estaba escuchando atentamente, se preguntó a si mismo porqué el hechicero había dicho "artes oscuras" y no simplemente "magia", en un rato confirmaría sus sospechas.
- Los piratas, llevan a cabo, además del contrabando, el tráfico de esclavos y el pillaje, experimentos ilegales con sus propios camaradas, aunque asegurar este punto puede ser estirar la información.- tomó la copa nuevamente, titubeó, la dejó en una mesita. -Ahora, ¿porqué los llamé a ustedes y no a matones cualquiera?, Vilkarian Dar-Lómech, Dumah... el solitario nórdico, no muchos conocen vuestros nombres, ese es un punto a mi favor, El alquimista es escencial, porque para entrar a la cueva se necesitan explosivos, tranquilo, yo te daré los materiales, no quiero mutilar a un inexperto, si no lo consigues por lo menos yo no tendé la culpa- rió amargamente, el alquimista y el nórdico no rieron, aquella broma había sido de mal gusto, el hechicero lo comprendió.- Por otro lado -prosiguió- el nórdico es especialmente útil a la hora del combate, tu especialidad con las espadas cortas te hace el mejor soldado para luchar en los apretados pasillos de la cueva, Dar-Lómech, necesito que me traigas algunas muestras y si te dan asco algunas cosas puedes pedirle a Dumah que consiga algunos órganos que preciso- El hechicero extendió la mano hacia Dumah, con ella un rollo pequeño de papel que seguramente contenía la lista de las cosas que se precisaban.
-hay algunas otras cosas mas, pero esas se las dejaré a mi agente, que está esperando en los muelles, con el barco presto-
El hechicero se levantó de la silla y caminó hacia una habitación que estaba al costado, la cual apareció de entre una niebla, recordando que la torre estaba hechizada casi en su totalidad, rebuscó entre viales y frascos, y tomó un par de ellos, fué hacia un cajón de madera, grueso y barnizado de donde cogió un par de bolas metálicas ahuecadas y algunas mechas de algodón, volvió a la sala común y se las entregó al alquimista, que sorprendido pero atento, las guardó en sus faltriqueras con algo de vacilación.
- ¿Hay alguna pregunta?- concluyó el mago, aun de pie.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Lun Ago 15, 2011 4:07 am

-Yo tengo una-, dije con voz un tanto excitada, el solo hecho de embarcarme y viajar por mar me revolvía el estomago, -¿hay alguna forma de llegar que no incluya un viaje por mar?-, el hechicero me miro con un gesto un tanto burlón. -si fueses un Divium, llegarías con facilidad-, soltó una ligera carcajada, sin duda no me gustaba la idea, pero al fin y al cabo, es un trabajo.

-si no hay más preguntas-, dijo el hechicero, -deberíais partir en este momento, la noche aun es joven, y os permitirá pasar desapercibidos hasta cierto punto, pero antes de partir, por favor bebed de este cáliz, os quitara el cansancio y repondrá su valiosa energía-. en ese momento, de la nada, saco un cáliz plateado, decorado con finos tallados en el metal, en su interior se encontraba un extraño liquido de color rojizo, de similar contextura a la sangre, por un momento dude, busque inseguro la mirada de mi amigo, quien asintió con la cabeza, lleve el cáliz a mis labios, y bebí un sorbo, ciertamente no era sangre, tenia un agradable sabor a frutas, cedí la copa al alquimista, quien observaba mi reacción, por un momento, un punzante dolor atravesó mi cabeza, vacile, sujete mi frente con ambas manos, el dolor se desvaneció, examine mi cuerpo, me sentía como nuevo, -joder, ¡impresionante!- exclame sin darme cuenta, el cansancio se desvaneció por completo de mi cuerpo, e incluso apaciguó mi nerviosismo, sin duda estaba listo para la batalla, Vilkarian tomo un sorbo rápidamente, mientras tanto, estire un poco el cuerpo, registre mis brazos, palpe mi cicatriz, desafortunadamente aun estaba ahí, el pequeño rasguño en la frente y los dolores musculares por la trifulca también se desvanecieron.

-Es hora de que os pongáis en marcha-, dijo el hechicero, sin duda su hospitalidad le permitió ganar mi respeto, pero no mi confianza, -gracias maestre Rakindavah, el trabajo será hecho con la mayor rapidez y sutilidad posible-, -no os apresuréis, todo debe salir como esta planeado-, recalco con cierto énfasis el hechicero, -y no dudéis de aquellos- conteste con una voz segura, dirigí la vista hacia mi compañero, quien estaba maravillado por aquel elixir, sin duda debía estar adivinando de que estaba hecho, en el fondo deseaba que consiguiera adivinar, a ver si podía así prepararme un poco.

Comenzamos la partida, al bajar por la aterciopelada escalera, pude notar nuevamente aquella extraña sensación, de no saber en donde comienza ni termina esta, camine con Vilkarian junto a mi hasta la puerta, desde la conjunción de aquellas escaleras siamesas, el hechicero se despidió con un jovial gesto, respondimos con una reverencia, y la imponente puerta de hierro se abrió de par en par, al salir, pude apreciar nuevamente la fresca noche, a pesar del viaje en barco, me sentía animado, -¡he! Vilkarian-. dije con cierta curiosidad, -¿también estas emocionado?, desde hace mucho que no luchamos juntos, sin duda hoy tendremos que hacerlo, espero que no hallas olvidado como empuñar la espada-, dije con un tono humorístico, el alquimista me contesto con una poco natural sonrisa.

Desde el sendero, se podía apreciar el mar, bañado por la dulce luz de tan hermosas lunas, sin duda la noche me hacia sentir como en casa, caminamos vivamente, dejando la colosal y majestuosa torre a nuestras espaldas, podía sentir la tierra y las piedras bajo mis botas, el sonido de los pasos era acompañado de un rítmico golpetear de las olas, el viento movía mis plateados cabellos, a la distancia, podía apreciarse el puerto de Tarón, con vivas luces, deduje que el puerto no dormía, pues aun se podía apreciar el ruido de las tabernas lejanas, después de todo, los marineros, que pasan gran parte de su vida en el mar, deben regocijarse con algo. Mire a Vilkarian, quien caminaba silencioso a mi lado, sus dorados cabellos reflejaban una leve palidez, efecto de la luz lunar, mientras nos acercábamos al puente, le pedí a mi compañero que se detuviera. -Detente un momento-, dije, el alquimista dirigió hacia mi una mirada de interrogación, desate la pequeña mochila que llevaba a mis espaldas, de ella extraje una capa, ciertamente roñosa, pero que cumplía con su propósito, asegure nuevamente la mochila, y coloque la capa sobre mis hombros, me coloque la dañada capucha y registre mis espadas, desenvaine, observe cuidadosamente cada hoja, el brillante metal reflejaba la viva luz, gire ambas espadas con un leve movimiento de muñecas y envaine rápidamente, -todo en orden- dije con una sonrisa en el rostro, por un momento pude percibir cierta mirada de temor por parte del alquimista, seguramente la noche, que filtraba pequeños rayos de luz sobre mi pálido rostro, le había jugado una mala pasada junto a mi cicatriz.

Al cruzar el puente, pude sentir nuevamente el desagradable olor a mierda y mariscos podridos, una tenue luz brillaba desde un farol, que curiosamente no estaba alumbrado por velas, sino por una burbuja de cristal conectada a una especie de pequeño pedestal, caminamos, el alquimista y yo, por las adoquinadas calles aledañas al mar, pude apreciar algunos barcos anclados, me preguntaba cual seria nuestro transporte, el malestar regreso a mi, el miedo atravesó mi corazón, si bien sabia nadar, temía a las aguas profundas, sobre todo a las marinas, había escuchado leyendas de terribles monstruos que podían incluso devorar un galeón de batalla de un bocado, sentí una mano en mi hombro, gire, era la mano de mi amigo, que sin duda buscaba tranquilizarme, -gracias- le dije, de pronto una dulce y seductora voz dijo: -Vilkarian Dar-Lómech, el alquimista, Dumah, el mercenario nórdico, por fin habéis llegado-.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Lun Ago 15, 2011 7:35 am

-Vilkarian Dar-Lómech, el alquimista, Dumah, el mercenario nórdico, por fin habéis llegado-. Vilkarian se estremeció, no, no, no, no puede ser, esa voz le era conocida, se volteó lentamente, unos blancos y cuidados dientes le mostraban una sensual sonrisa, unos cabellos rizados dorado oscuro caían en cascada a través de la capa marrón, y sus ojos color miel, lo pusieron nervioso nuevamente, era ella. La timadora. Vilkarian durante todo este tiempo habia sufrido a causa de ella, sin embargo no entró en pánico, aunque en su rostro mostró una expresión trémula, su orgullo y altanería lo obligaron a callar, estrechó la mano de la mujer.

No le había contado a su amigo que había sido timado, por una mujer, estando completamente desnudo, que le había puesto un cuchillo en el cuello y que luego lo había amarrado a la cama, la acción no duró mas de cinco minutos, y pasó toda la noche sujeto, congelado...su orgullo lo obligó a no gritar, la asustada mujer del posadero lo encontró, el alquimista la convenció de soltarlo. Le resultó desagradable recordar su anécdota con todo lujo y detalle.
La mujer del posadero seguramente habia echado a correr la historia a los cuatro vientos.

No, no le diré nada...todavía.

-Rirhane Van Merlitz- susurró la mujer, -ya se sus nombres, asi que no es necesario que los repitan, ¿que pasa eh rubito? parece que viste al coco mismo- Rirhane guiñó un ojo al nórdico, Dumah soltó una risilla - De la recompensa hablaremos solo en presencia de Raki, él nos dará los beneficios, siganme- caminaron por las maltratadas tablas podridas del muelle, al final del cual un velero de pequeño tamaño estaba atracado, la vela por cierto estaba recogida. - remarán hasta los Trasrejos- la mujer frunció las delgadas cejas al ver las sonrisas descreídas de los hombres, los fulminó con la mirada, conmigo no se juega.

El hechicero estaba en lo cierto, las aguas ligeras y espejadas permitían oir hasta el mas mínimo ruido de los alrededores, la barcaza impulsada por los mercenarios se deslizaba elegante y felina por la mar en calma, la noche estaba clara, pero la oscuridad era evidente. Los remeros dejaron dentro del bote los pesados palos, no era necesario seguir con el trabajo, la discreción era absolutamente necesaria.

Vilkarian abrió una de sus faltriqueras y extrajo un pequeño frasquillo, con un líquido que a la luz de las lunas se veia medio amarillo y espeso, nada agradable, destapó el minúsculo corcho y se tomó menos de la mitad, dio una repentino espasmo contenido y cerró los párpados de golpe con una expresión de molestia, al abrirlos sus ojos, antes celestes estaban de un color innatural, blancuzco, la pupila estaba muy dilatada, parecía manejar sus ojos a voluntad.

No les daré ni una pizca, pensaba al momento que decia entre susurros casi inaudibles: -A ustedes no les serviría...-
-Lo sé, supongo que la dama también lo sabe- le cortó el nórdico.
-Un hechizo bastante útil- continuó la mujer, las tres voces no eran mas que susurros- aumenta la visión, podría salvarte la vida (o la bolsa ) pillar un cuchillo en las faldas de un marinero- la mujer entornó los ojos aguantando la risa, Vilkarian le dió una mirada de desprecio, el nórdico empezaría a sospechar, pero las indirectas eran insoportables.

- Ya llegamos- susurró Rirhane, con la cautela felina la barcaza se movía apenas surcando las aguas, en un chapoteo de hormiga, al frente estaba la disfrazada cueva. una inmensa roca tapizada de pastos, todas las luces apuntaban que el escondrijo estaba bajo las aguas, tras la gigantesca roca, en una puerta igual de invisible al ojo humano normal, el alquimista, dopado con su elixir la pilló de inmediato.
-Ahi está la entrada- dijo en voz baja apuntando al extremo derecho, sus ojos sensibles la habian encontrado.
La barcaza habia tocado al arrecife, que se alternaba con bancos de arena blanca y reluciente.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Miér Ago 17, 2011 7:14 am

-Ahí está la entrada- dijo Vilkarian, sin duda sus sentidos aumentados por aquella extraña pócima la divisaron sin mayor problema, el barco sin duda ya no estaba en aguas profundas, podía sentir su fondo rozar con la blanca arena, y diversos corales, en cierta medida mi miedo a las profundidades se había calmado un poco, por el hecho de estar ya cerca del desembarco, pasee mi vista por el pequeño bote, Vilkarian revisaba sus pertenencias, por un momento pude sentir la mirada de Rirhane, la peculiar rubia que había conocido en mi búsqueda por Vilkarian luego de la pelea en la taberna, -Hora de desembarcar caballeros- dijo Rirhane, la oscuridad de la noche, cubría la entrada a la cueva, tenia un mal presentimiento, me acerque a la borda del bote, remamos suavemente hasta una roca cerca de la orilla, en el arrecife se podía apreciar claramente, bajo la luz de las lunas, una serie de estructuras coraliferas, era hermoso, lleno de brillantes y pequeños destellos, el fondo del agua cristalina era de arena blanca, pequeñas algas, peces y cangrejos, rocas brillantes e incluso una que otra moneda de oro producto del bandidaje, el la suave brisa marina silbaba en mis oídos y acariciaba mis cabellos, a mis espaldas, dos cabelleras rubias liberaban una pequeña pero notable tensión, -Vilkarian, Rirhane, antes de llegar, he notado cierta tensión entre ustedes, desconozco el motivo, pero puede llevarnos a la muerte- dije en tono serio, -así que por favor intentad no distraerse-, pude notar una incomoda pero orgullosa mirada viniendo de mi amigo, mientras una provocadora pero peligrosa mirada provenía de aquella misteriosa rubia.

-Ya nos acercamos a la orilla-, dijo Rirhane, -nórdico, tu ve y examina la entrada, alquimista, tu quédate aquí junto a mi y puedes comenzar a anclar el bote y armar las bombas-, ordeno la rubia guiñándole un ojo a mi compañero, pude notar una rabia ciega en el rostro de Vilkarian, no me gustaba para nada, fuese lo que fuese, luego de esta misión tendría que decírmelo, de un salto llegue al agua cercana a la orilla, estaba sumergido hasta los tobillos, sentí el agua, estaba cálida, sentía la suave arena blanca bajo mis botas, comencé mi caminata hacia la entrada intentando hacer el menor ruido posible, revise mis espadas, ambas estaban listas para el combate, el sitio estaba lleno de peligrosos corales, sin el cuidado necesario podría resbalar y caer, lo que por lo menos me costaría unos cuantos huesos quebrados, afortunadamente agilidad me sobraba, me deslice hábilmente por sobre rocas y corales, saltando algunas pequeñas quebradas, unos metros antes de llegar a la cueva, se levantaba una piedra de cerca de 3 metros de altura, intentar rodearla seria inconveniente, corrí rápidamente hacia ella, un poco antes de llegar, apoye la punta de mi pie en ella, y con la fuerza de la carrera me impulse, di otro paso en la roca, me afirme de la saliente en la orilla y escale sin mayor problemas el obstáculo, la entrada se veía despejada, una roca cubría el acceso, la sombra de la noche no me permitía tener una prodigiosa vista del refugio, pero pude hacerme una idea de como poder ocultarnos luego de la explosión.

al regresar agilmente al bote, pude notar una pequeña alsa de voz, sin duda Vilkarian estaba discutiendo algo con la rubia, me acerque y dije, todo despejado, podemos proceder, rápidamente el alquimista abandono el navío, al momento de bajar Rirhane, se afirmo levemente sobre el alquimista, susurrando algo a su oído, un pequeño rubor afloro en sus mejillas, la rubia avanzo unos pasos hasta mi, una provocativa mirada se clavo en mis ojos, deslizo su suave mano por mis desnudo brazo izquierdo, en ese momento un escalofrío recorrió mi espalda, rápidamente me acerque al alquimista, que parecía confundido, -¿listo viejo amigo?-, le dije, -listo- confirmo Vilkarian, rápida y cuidadosamente llegamos frente a la roca que cubría la cueva, por un momento, el suave manto nocturno cubrió por completo mi vista, pude sentir, por un segundo, que algo oscuro se encerraba en aquel lugar, el miedo luchaba por entrar en mi cabeza, por el bien del alquimista y la chica, no lo podía permitir.


Spoiler:

Autoria de la imagen: Ravzendilkov, mejor conocido como Vilkarian Dar-Lómech. (Gracias)


http://www.cuentosdenoreth.com/t1264-ficha-de-dumah
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