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De viejos amigos, espadas y elixires.

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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Miér Ago 17, 2011 8:08 am

-Nórdico, tu ve y examina la entrada, alquimista, tu quédate aquí junto a mí y puedes comenzar a anclar el bote y armar las bombas- sentenció la rubia y le guiñó el ojo a Vilkarian, quien intentando disimular un poco bajó la cabeza y apretó fuerte los dientes, su orgullo jamás había sido herido tanto y tan frecuentemente, la mujer que le robó ahora le daba órdenes.
Un ligero chapoteo hizo Dumah al bajar del bote y de inmediato se encaminó a reconocer.

Vilkarian bajó al agua y tirando del ancla logró fondear al bote en un montículo de arena que lo ocultaba a la vista.
Subió otra vez, apoyó una de sus faltriqueras en los asientos (que eran tablas) y comenzó a remover las cosas, levantaba un frasco, vaciaba su contenido en otro, tomaba las bolillas de metal y las ponía a la luz de las lunas, todo en completo silencio, totalmente absorto en su tarea.

En el fondo del bote, junto con una ligera capa de agua nadaban crustáceos podridos y mariscos adheridos.

-Asi que estás enojado aún- rompió el silencio Rirhane con un gesto burlón en sus labios, Vilkarian no respondió. La rubia, que estaba abajo del bote dio un paso hacia el alquimista.
- Que infantil de tu parte... ¿sabes?- el alquimista contuvo una explosión de rabia. -Ese hombre, el nórdico, no sabe lo que pasó verdad, ¿a que no le has contado a nadie? mami, mami jajaja- a pesar del tono, la conversación estaba en susurros casi inaudibles, pero perfectamente escuchables para el irritado alquimista. - No sé para que necesitamos una ladrona asquerosa.- dijo secamente Vilkarian, sin levantar la vista. - Y para colmo una mujer parlanchina- su cara se ensombreció. -Preferiría trabajar con un orco- Rirhane, puso una expresión de compasión en su cara, no sabia si reirse o compadecer al alquimista y sus terriblemente malas comparaciones, no ofendían ni al elfo mas amanerado.

- Me subestimas de nuevo, Vilko, ¿te acuerdas de la última vez...?- Vilkarian se levantó de golpe con la cara roja de rabia - ¡Calla!- subió el tono de su voz, pero no lo suficiente, la rabia lo habia cegado, pero no olvidaba del todo lo delicado de la situación.

Dumah se veia a lo lejos, por el banco de arena y corales.

Rirhane se acercó felinamente al lado del alquimista. -Me encanta cabrearte, no tomes a la ligera a una chica que te vio desnudo, señor delicioso- Vilkarian se ruborizó, no sabiendo si por la provocación implícita o el recordar de la situación, ese sentimiento de desventaja, la mujer estaba muy por arriba de él, por un momento canalizó su rabia en admiración, esa mujer... ella.... Su ida de olla aterrizó con la llegada del nórdico, la mujer le hizo un gesto igual provocador en el brazo a su amigo y Vilkarian sintió otra vez su orgullo herido y una especie de proto-celos, Rirhane significaba el caos en persona.

El alquimista mezcló los componentes, los metió en las bolillas de hierro, cortó las mechas y las untó en un líquido inflamable, alistó todas las cosas. Había usado explosivos de granada en un par de ocasiones, y todas las veces habían sido de igual forma, bastaban tres para derribar una maciza puerta de roca.

-¿listo viejo amigo?- le habló Dumah, Vilkarian evitó contacto con los ojos del nórdico y se apresuró a contestar.-listo- y bajó la cara, tapandose los ojos blancos bajo las doradas mechas de pelo.

Caminaron con sigilo por las poco profundas aguas, sorteando a los resblosos corales y a las ruidosas ramas secas, Llegaron al rato frente a la gigantesca puerta, el alquimista dudó un rato sobre su método, y otra vez se le vinieron a la cabeza las analogías con orcos, sin saber porqué.
Con una seña les comunicó a sus acompañantes que se retiraran hacia la roca que estaba atras, para evitar las esquirlas y el fuego. Colocó las tres bombas en la base de la puerta de macizo y prendió una por una las mechas con un cerillo tan largo como sus dedos, lanzó un insulto al aire cuando se consumió la mecha mas rápido de lo que esperaba.
Se levantó con velocidad caricaturezca y corrió a refugiarse contra la roca con las manos en los oidos.

Se escuchó el trueno.

El sonido sordo retumbó hasta los dientes, el agua saltó en todas direcciones y una lluvia de arena le siguió, una especie de fuego azul desmoronó la roca y la desperdigó en miles de fragmentos que se clavaban en los bancos y en las paredes rocosas, la explosión fue mas fuerte de lo que habia planificado, sin duda el hechicero habia utilizado una fórmula mágica en la composición de la pólvora.

Se levantó una nube de humo grisacea, a lo lejos se escuchó el graznido de unas asustadas gaviotas.
Vilkarian se asomó por el borde de la roca y pudo ver el inmenso cráter en donde antes estaba la puerta, por lo visto había un guardia, si, había, ahora no era mas que paños, sangre, arenas y esquirlas, todo esparcido por las paredes.
El factor sorpresa se habia desvanecido.

Vilkarian dio una rápida mirada a su amigo quien desenvainaba ambas espadas, Rirhane desnudó su sable, él no quería quedarse atrás asi que también se puso en guardia. El nórdico avanzó corriendo agilmente hacia la entrada de la gruta.

El olor a carne quemada y pólvora.







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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Jue Ago 18, 2011 6:03 am

Pude apreciar aquellas pequeñas bolas metálicas que Vilkarian encendía, nos refugiamos tras una roca junto a Rirhane, me oculte tras de ella en un gesto protector, asumí esa posición casi inconscientemente, sentí el cercano aliento de la rubia rosando mi nuca, causo una extraña reacción en mi cuerpo, no tuve momento de analizarla, Vilkarian se ocultaba a toda velocidad, al instante un fuerte rugido derribo entre acero y llamas, la colosal pared de roca que ocultaba la entrada, en un instante, desenfunde ambas espadas y corrí en dirección a la entrada, pude captar un olor a carne quemada, había un hombre destrozado, al entrar, contra mis predicciones, no se encontraba un ejercito de hombres encaminándose hacia nosotros, los pasillos de piedra estaban iluminados con antorchas, blanca arena cubría el piso junto a algunos corales y unas cuantas joyas, al tiempo que me acercaba por los pasillos de la estrecha cueva pude apreciar la sombra de dos figuras acercándose tras una bifurcación del camino, gritaban algo ininteligible, acelere, un hombre apareció, al girar solo le di tiempo de poner una extraña mueca, salte sobre el, apoyando mi pie derecho sobre su pecho, al caer, sin tocar todavía el suelo, apuñale su garganta con una estocada izquierda, fije mi vista en el siguiente hombre que corría a toda velocidad hacia mi, entre las estrechas paredes de la cueva, intento lanzar un sablazo con un largo y oxidado trozo de metal al que seguramente llamaba espada, retrocedí de un salto, al momento en que esquivaba el sablazo y colocaba ambas espadas en posición, desde abajo, apuñale a aquel musculoso pero torpe hombre con la espada izquierda, mientras que con la derecha me tomaba la molestia de abrirle el vientre horizontalmente, la sangre emanada de la mortal herida mancho mis cabellos y parte de mi rostro, mientras el marinero caía, sentí que a mi lado llegaban rápidamente Rirhane y el alquimista, -no hay tiempo, pronto vendrán mas-, dije tranquilo, sin duda la sangre vertida en aquel momento me daba ánimos, la adrenalina de la batalla, borraba de mi los temores, aunque fuese por un momento, sin prestar atención a mis compañeros, totalmente inmerso en una dimensión adyacente de mi mentalidad, retome la carera, siguiendo aquella bifurcación del camino.

Mientras me desliaba suavemente entre las rocosas paredes, pisando arena blanca, saltando pequeñas salientes y riachuelos se acercaron de frente cinco hombres, el angosto pasillo permitía a duras penas la movilización constriccionada de los piratas, asquerosos rostros me miraban con odio, -¡intrusos!- al acercarme velozmente, levante la vista, mi rostro, que tenia las tonalidades de la nieve ensangrentada, profanado por una aberrante cicatriz, inspiro miedo en el primer pirata, quien dudo al desenvainar, agilmente lance un golpe ascendente que dividió su mandíbula en dos, mientras este caía, un segundo intentaba apuñalarme, afortunadamente las paredes lo evitaron, su codo choco contra la rocosa y firme pared, mientas incrustaba sutilmente mi espada desde su muslo y la retiraba por su cadera, el taco de ambos hombres adoloridos hizo tropezar a los siguientes tres piratas, cayendo. No me hubiese gustado caer sobre aquellos rocosos corales, sin duda era peligroso, "gentilmente" abrí la espalda de un tercer hombre, desde el piso, un peligroso sablazo rozo mi rostro, lance un feroz rugido, con rabia apuñale al apestoso ladrón seis veces, la sangre brotaba como una fuente, bañando mis vestiduras, el delicioso olor a batalla, opacaba el aroma a ron que se desprendía de aquellos cuerpos, mis blancos cabellos estaban empapados, sabia que no era sudor, salte sobre los caídos hombres y seguí mi camino, dejando para la mujer y el alquimista a los moribundos, mis sentidos estaban alertas, sin duda la adrenalina me tenia en ese estado, avanzaba rápidamente por los intrincados pasillos de la cueva, pude sentir acercarse a dos piratas mas por una bifurcación del camino, al aparecer el primer hombre, lance un ataque relámpago, estrellando mi espada contra su delicado sable, al retroceso levanto su brazo dejando una abertura para mi segunda amiga, quien se clavo en sus costillas, penetrando como si fuese mantequilla, el segundo hombre ataco desde arriba, no me dio tiempo para quitar la espada de las costillas del primero, retrocedí en una rodada inversa, esquive un segundo ataque lateral, divise un puño acercándose a mi rostro, en un giro de 360º tome su brazo y lo deslice hacia adelante, con la fuerza del golpe el marinero siguió su camino hasta la pared sin poder detenerse, lo golpee con el pomo de la espada en la nuca, al caer de rodillas tome sus largos y grasoso cabellos, levante su cabeza y abrí su garganta de par en par, manchando la pared de rojo, la escasa luz de las antorchas rebelaban la brutal carnicería, camine y retire la espada de las mantecosas costillas del primer bandido mientras aun se retorcía, desprendió un gemido, antes de que pudiese hacer otro ruido aplaste su mandíbula con el talón de mi bota, sentí los huesos crujir a través de la suela, el pirata dejo de moverse, seguí por el camino de la derecha, manchando la pared con una flecha dibujada en sangre, aun no podía sentir a mis compañeros a mis espaldas, -supongo que me apresure un poco-,dije con tono burlón, mis palabras fueron tragadas por la cueva, muda testigo de la masacre, producida por un nórdico de las montañas, en una caverna marina.

Llegue sin mayor dificultad al final del pasillo, pude divisar una amplia cueva, alumbrada nada menos que por la luz de la triada lunar, se veía la luz aumentada por las brillantes paredes de la caverna, emulando casi a la perfección la luz diurna, pero con la diferencia de que los rayos eran plateados como mis cabellos, ni un alma bajaba por allí, en la base de la cueva, pude apreciar diversos tipos de mesas, espejos, y chcherías varias similares a las que había visto con anterioridad en el castillo, la sala estaba vacía, desde la entrada había un camino que rodeaba la cueva bajando cerca de 3 metros hasta el piso de esta, envaine las armas, de un salto baje hacia el interior de esta misteriosa sala, aterrice con una rodada anulando la totalidad del impacto, curioso, me acerque la las mesas, estaban manchadas de sangre, en ellas habían navajas, agujas, diversas pociones y un jodido olor a pescado podrido, en las cercanías habían cajas de madera cuyo contenido no me debute a registrar, sin duda el hechicero quería algo de aquí, por un momento recordé sus palabras, -magia negra, experimentos con humanos, joder esto pinta mal-, dije mientras un sentimiento de horror me atravesaba, -Vilkarian-. de pronto recordé a los jodidos rubios, corrí hacia la entrada, impulsándome hábilmente sobre la pared, a la altura de 2,5 metros, me sujete de la orilla y me impulse sobre el camino, corrí de regreso, hasta que divise un rostro con una expresión casi incomprensible, era mi amigo, detrás de el, la rubia, mi corazón se tranquilizo.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Jue Ago 18, 2011 7:15 am

El nórdico se alejó, la oscuridad se lo tragó.

Vilkarian caminó por delante de Rirhane con un paso inseguro, bajo sus botas estaban esparcidos trocitos del guardia, resbalosos y rostizados, una imagen realmente repugnante, el olor picante de la pólvora se le metía por la nariz y le rascaba la garganta, que dejó seca con el puro hedor, el alquimista sintió como sus jugos gástricos intentaban emprender una fuga a través de su esofago, un empujón de la rubia lo detuvo de vomitar cerca de los restos del cadaver.

Se escuchaban gritos aislados de fondo, Vilkarian y la mujer interceptaron sus miradas.
-Que pedazo de hombre- comentó en susurros Rirhane - Se lanza a la batalla sin pensárselo dos veces- Valiente o idiota, la mujer adelantó al alquimista con el sable aun en su mano, caminaron a un paso precavido, Vilkarian estaba emocionado y alerta.

El iris de Vilkarian se contrajo, la pupila se convirtió en un gran agujero negro dentro de sus ojos blancos, no tardó en ver los cadaveres (o no tan cadaveres) de los salteadores regados por el suelo, y al imponente norteño bañado en una sustancia carmesí y viscosa.
-no hay tiempo, pronto vendrán mas- habló Dumah al tiempo que se lanzaba al combate nuevamente, Vilkarian removió algo en su faltriquera más grande y alistó una cuarta granada.

Los ruidos volvian al fondo.
La mujer avanzó y sin piedad alguna remató a los marineros, un sonido crujiente envolvió a su sable desnudo cuando se incrustó en los magullados cráneos de los piratas, otra vez el alquimista sentía a sus entrañas rogar, rogar que se marchara de ese apestoso lugar.

El sonido de metales chocando, los hierros cortando la carne, la sangre que chorrea. Otra vez, mas cadáveres.
A la tenue luz de las antorchas se vislumbraba lo acontecido, los hombres heridos y muertos en la húmeda arena, uno aún se movía, un ataque de espasmos rítmicos sacudían su cuerpo al tiempo que de su boca salía una espuma roja, la misma historia, Rirhane clavó el filoso sable en el cráneo del moribundo, sin ritual, sin palabras ni muecas, el acero desnudo y frio.
La mujer se volteó para mirar al alquimista quien la miraba con un gesto dificil de determinar, aunque su mirar blanco le daba un aspecto cadavérico y fantasmal.
-No seas cobarde- sentenció Rirhane, y limpió de sangre el sable con su capa que quedó con una mancha oscura, Vilkarian no tuvo tiempo de enojarse, con un chillido para sus adentros alzó su espada y con una embestida atacó al marinero que se levantaba en el fondo, a las espaldas de Rirhane. La mujer abrió los ojos desmesuradamente y como no queriendo creer giró lentamente para ver al pirata clavado en la espada de Vilkarian.
Ninguno dijo nada.
Ambos caminaron por el estrecho sendero regado de muertos, hasta llegar a donde estaba el nórdico, ninguno habia dudado de la capacidad de aquel hombre asi que no se sorprendieron cuando lo vieron empapado en sangre y con la respiración pesada por el cansancio. Todos se permitieron una sonrisa despreocupada, Dumah le mostró a los otros dos el amplio salón de piedra, Vilkarian no aguantó las ganas de espiar, abrió cajas, levantó manteles, sacudio botellas, elevó frascos a la luz de las lunas, hojeó los cuadernetes, recogió muestras con pinzas, se abarrotó de bolsas, manuales tejidos y utencilios. La mujer hacia lo mismo mientras el nórdico cuidaba sus espaldas, estaban en un lugar muy expuesto, pues habian dos salidas, una arriba de la pared de piedra, por donde habian venido y otra al mismo nivel, un pasillo tenebroso que se hundia en el mar.

-¡Oh dios mio!-
Rirhane levantó uno de los manteles que cubrían una camilla y se horrorizó de la vista, gritó muy fuerte y dio un paso atrás, llevó su mano libre hasta su boca, absorta en lo que había en la mesilla, Vilkarian se acercó de inmediato y por tercera vez sus jugos gástricos quisieron jugarle una mala pasada.

Un rostro a todas luces humano, pero de un color malsano, verdoso, escamoso y aparentemente frio, los ojos hinchados y saltones tenian un tono amarillesco, su iris y pupila se fundian en uno solo bajo una telilla azul marino salpicada de tonos claros, el cuerpo también hinchado estaba abierto de par en par, desde el esternón hasta la ingle, pero no era un cuerpo del todo humano; apéndices como tentáculos parecidos a los de estrellas marinas recorrían sus extremidades, el cuerpo tenía conchas de mariscos jóvenes pegados y algas secas, montonera de salientes bulbosos y poros tan grandes como granos de arroz poblaban al magullado cadáver que seguramente fue experimento de un atrevido taumaturgo, dentro del estomago viviseccionado de la pobre criatura había una especie de pancora a medio morir y restos de pescado podrido. Al lado del cuerpo habia un librillo abierto, que especificaba alguna parte del organismo, Rirhane, aterrizada de su estado de shock, se apresuró en recogerlo y guardarlo entre sus faldas, Vilkarian dio una mirada curiosa pero no se atrevió a comentar nada.

-El que hizo esta mierda está chalado- comentó el nórdico, al tiempo que limpiaba las espadas en un trozo de tela suelto por ahi.
-Espero que el Maestre Rakindavah no intente repetir esto- añadió el alquimista, quien tapó a la criatura y continuó buscando por la sala. Rápidamente recordó las palabras del hechicero, y se encaminó nuevamente donde la criatura abierta en canal, ayudado con un improvisado guante de paños hurgó dentro de las entrañas del pobre ser hasta encontrar algo que llamó su atención, también recordó su condición de estomago de hierro, apretó su vientre y desaparecieron las ganas de soltar la tripa.
-Dumah, el hechicero dijo que me ayudaras a remover estas mierdas, toma este cuchillo y rebana un órgano que está en el pecho del bicho, tiene una curiosa forma de estrella redonda, cuidado que apesta- el alquimista le entregó el cuchillo al nórdico, sin alcanzar a verle la cara.

Desde la salida al mismo nivel, empezó a oirse un sonido metálico, ahogado, definitivamente venía de debajo de las aguas, antes de alcanzar a decir pio, hubo un chapoteo repentino, una figura empapada, con similares características al especimen de la mesa apareció blandiendo un alfanje marinero, una armadura de bronce oxidado cubría su bulboso cuerpo que poseía apendices, bulbos y caracteristicas de monstruos marinos de sobra.

- ¡Nadie se va de aqui!-gritó el monstruo humanoide mientras mas chapoteos y crujidos se escuchaban, saliendo más y más criaturas de similar forma.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Jue Ago 18, 2011 8:26 am

Tome el cuchillo de la mano del notablemente perturbado alquimista, el apestoso monstruo me observaba con unos ojos amarillos, hice una mueca de asco, me disponía a arrancar el órgano y de pronto, acompañado de un metálico sonido y un chapoteo, - ¡Nadie se va de aquí!-, dijo una voz algo ahogada y gorgoreante, un escalofrío recorrió mi cuerpo, me voltee rápidamente, un ser viscoso, con aspecto humano, de piel escamosa y viscosa, ojos de iris amarilla, con un alfanje marinero y una armadura de bronce salia desde un segundo acceso a la cueva, quede asombrado, -¿¡primero unos putos marineros, y ahora penetrados monstruos marinos!?, ¡a la mierda contigo bestia!- grite enfurecido y algo desconcertado, de el emanaba una oscura presencia, me prepare listo para atacar, pero me detuvo la sorpresa, cerca de cuatro monstruos mas de similares características aparecían a espaldas del primero, se movían algo torpes, pero sin duda eran una colosal amenaza.

Desenvaine rápidamente y esprinte contra las bestias, avanzaban con sutileza, pero ya eran diez, intente atacar al primero, un veloz golpe se alzo contra mi, lo esquive con una rodada hacia la derecha, en donde me encontré de frente con otra bestia quien también blandía una oxidada espada, la detuve, el sable se quebró en pedazos, sin duda el oxido y la corrosión de las saladas aguas marinas eran perjudiciales para las armas y armaduras, la bestia no se detuvo y arremetió, me agache e intente clavar la espada entre la coraza, perfore la axila del monstruo, un chorro de pútrida sangre baño mi espada, afortunadamente no mi rostro, un grito desgarrador dejo a la vista una hilera de podridos dientes en forma de agujas, desclave la espada y corte su cabeza, sentí un golpe en la espalda, un empujón me mando a volar cerca de tres metros, aterrice en la blanca arena, me retorcí del dolor, palpe la zona, afortunadamente no tenia ni un hueso roto, el numero de las criaturas había crecido dramáticamente, eran aproximadamente 20, algunas armadas, otras con las manos desnudas, lo mismo con las armaduras, a paso firme se acercaron 4 en mi dirección, el resto se dirigía hacia Vilkarian y Rirhane, la sola idea de que pudiesen asesinarlos me aterraba.

Me levante, intentando ignorar el dolor de mi cuerpo, corrí hacia los monstruos, mientras el primero atacaba por arriba, me deslice por la arena húmeda y le propine un corte a la altura del muslo, a través de la espada sentí como rosaba el hueso de la criatura, que se desplomo con un grito ensordecedor, me levante rápidamente evitando los golpes de un segundo enemigo, lance un golpe desde la derecha y al tiempo que lo bloqueaba una puñalada hacia la boca del estomago, la espada no pudo perforar la coraza de bronce, pero la abollo notablemente, retrocedí dos pasos, los 3 enemigos que estaban delante mio se abalanzaron sobre mi con una rapidez que de la que no se podía estar orgulloso, sin embargo una cuarta bestia salto sobre estos y aterrizo a unos pasos de mi, era rápida, pero estaba desarmada y desprotegida, sobre la cabeza azulada poseía una notable aleta, -¡carne!-, gruño la criatura, salto nuevamente sobre mi, lo esquive agachándome, sus carras rasgaron mi querida armadura de cuero, enfurecí, me voltee y lo golpee en un brazo, mientras la bestia perdía el equilibrio, alce la espada y perfore su cráneo, un maravilloso crujir de huesos interpreto una sublime melodía, al girar evite un golpe ascendente de una bestia, lance un golpe horizontal, que fue detenido por un segundo hombre-pez, el choque de aceros produjo un fuerte eco en la cueva, que estaba cubierta de gruñidos, propine una patada en los filosos dientes a la tercera bestia, mientras intentaba atacar a las otras dos, sin duda la batalla era desigual, no podía darme el lujo de demorarme mas, el cansancio me consumía, los golpes volaban, poseían rapidez en los brazos, y mucha potencia, con cada choque de aceros, mis huesos retumbaban, de pronto un golpe descendente en 90º fue lanzado contra mi, lo detuve con ambas espadas, la potencia me hizo caer de rodillas, retire una y apuñale a aquella asquerosa bestia desde la ingle hasta no se donde, otro monstruo se abalanzo sobre mi, me gire y caí al suelo, rodé como pude lejos de la amenaza, solo para darme cuenta que sobre mi estaba el quejumbroso monstruo al cual rebane la pierna, me sujeto de los brazos e intento morder mi rostro con una afilada hilera de dientes, -¡como si no me bastara ya con una puta cicatriz!- grite enfurecido, le propine un cabezazo, la bestia se arrastro de dolor, me gire y levante, perfore la columna del monstruo, con una rodilla en el suelo y una espada clavada en la bestia, sentí pasos con un húmedo sonido a mis espaldas, gire mi cabeza, extendí mi brazo derecho y atravesé la garganta del enemigo, quien se preparaba para atacar, estaba en una hermosa posición, digna de un retrato, cuando de pronto escuche un grito, sin duda humano, -¡Rirhane!- grite al tiempo en que miraba hacia el lugar de donde provenía aquel aullido de una dama en peligro, pero en ese momento, lo único que vi, fue una bola de fuego y humo, acompañada de un terrible sonido, la onda de choque me desconcertó, un monstruo me sujeto por la espalda y clavo sus asquerosos dientes en mi hombro derecho,-¡haaaa!- grite por el dolor, y lo apuñale en el cráneo con la espada izquierda, al retirar sus dientes la sangre broto de mi herida, un intenso dolor se extendió en mi, eso no era normal en una herida de este tipo, sin duda el monstruo tenia algún tipo de toxina en su mandíbula, otro ataque de intenso dolor me invadió, me desplomé.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Jue Ago 18, 2011 9:03 am

Las bestias se acercaron salpicando oxido y agua salada, con una agilidad premeditada que evitaban voltear las mesas o tocar los artilugios, a Vilkarian se le infló el pecho, quería demostrarle a Rirhane que sabía defenderse solo y que de paso podría defenderla a ella, pero sus esperanzas diezmaron, un peso menos, pensó al ver a la mujer abatir a un hombre-pez de un sablazo y dejando espacio para el siguiente, peleaba mejor que él.
Mientras al fondo estaba el nórdico luchando a garras y dientes, Vilkarian se dio el tiempo de preparar la cuarta granada, sin duda sería efectivo y peligroso. Rirhane, peleando a tres bandas con las criaturas incrustó su sable entre las placas de bronce de uno de los contrincantes quedando atorada, Vilkarian que se dio cuenta corrió a ayudarla, pero contra todo pronóstico, no mató al bicho, sino que lo derribo de una arremetida, cayeron los tres al piso.

Habia soltado la granada.

Una explosión hizo retumbar y levantar una nube de arena y sangre, el hombrepez abatido les sirvió de escudo de carne y en él se incrustaron las metrallas de la bomba, de los cinco a seis atacantes quedaban sólo dos enteros, algo aturdidos, pero enteros, los otros estaban repartidos a partes desiguales por toda la sala y el cráter, de entre los restos salpicaban y se movian pedazos que recordaban vagamente a peces o a criaturas marinas.

Vilkarian soltó de su abrazo a Rirhane, sólo para ponerse de pie y como un títere colgado desde arriba desplomarse contra el suelo, un dolor agudo le zumbó en las orejas, un ligero hilillo de sangre le recorrió el oido derecho y caminó por su barbilla hasta el cuello, además sintió un punzazo en su pierna derecha, revisó su muslo y ahí vio un trozo bien grande de metralla metálica, no parecía nada grave, pero dolía como infierno, una multitud de puntitos blancos aparecieron frente a él; como no había cerrado los ojos, la luz de la explosión le había cegado temporalmente, y sumándole a su adaptación en la oscuridad, el golpe fue mayor.
La mujer se levantó a prisa para rebanar a las criaturas que se tambaleaban, dio un corte limpio ascendente y cercenó un brazo-aleta del que estaba más cercano y aturdido, el otro, al percatarse de la suerte que le esperaba, corrió en dirección a la salida, hacia el agua, pero una espada ancha le atravezó la cabezota en su carrera, el nórdico, tambaleandose recogió su espada y se dirigió donde los otros dos.

Rirhane, con el rostro enfurruñado, se arqueó contra el suelo y vomitó generosamente por el efecto de la onda expansiva, el alquimista se limitó a escupir un gajo de sangre.

En la enorme cueva se escucharon unos aplausos, primero lentos luego mas frecuentes y fuertes. Una figura apareció de la nada, aplaudiendo sarcásticamente, era un hombre de edad indeterminable, de cabellos rubios oscuros, y ojos perlados y afilados, vestía una túnica de colores tierra, una capucha, botas largas, cinturones y un bastón de madera con incrustaciones rúnicas.
- Bravo, bravo, jamás habia tenido la posibilidad de ver a mis esbirros en acción, y este espectáculo fue realmente maravilloso, una pena que lo que venga ahora no lo podreis ver, porque estaréis esparcidos contra las paredes en un momento- sin duda alguna era un hechicero, Vilkarian entendió todo de golpe, los experimentos, la magia negra, porqué Rakindavah no lo había hecho él mismo, la competencia tenía también poder político, quería acusarlo ante la cámara del consejo, o al menos eso quería pensar él.

-Este tipo es Girdavor, es un magister en la cámara...- susurró Rirhane, quien como los otros dos, miraba hacia la salida más próxima.
¿Pelear contra un hechicero? es que acaso Rakindavah esta fallado del mate, este tio me pulveriza, se viola a todo el pueblo si quiere el cabrón, si ellos lo distraen quizás pueda saltar por la pared y salir de este hoyo de mierda...no, no puedo dejarlos, pero no quiero morir por culpa de estos magos de mierda. Vilkarian revisó con cautela algo en su faltriquera, le quedaba algo de pólvora y un cerillo, era una opción, aunque en realidad no tenía muchas.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Vie Ago 19, 2011 8:08 am

Me levante, mi hombro sangraba, sentía la presión de la explosión en mis oídos, la toxina de los dientes de la criatura causaba un agudo dolor, intente resistirlo lo mejor que pude, me acerque hacia Vilkarian y Rirhane, pude apreciar una hilera de sangre brotando por el oído de mi amigo, de pronto, unos aplausos y una voz resonaron en la cueva, - Bravo, bravo, jamás había tenido la posibilidad de ver a mis esbirros en acción, y este espectáculo fue realmente maravilloso, una pena que lo que venga ahora no lo podréis ver, porque estaréis esparcidos contra las paredes en un momento-, -Este tipo es Girdavor, es un magister en la cámara...- dijo Rirhane, -joder, ¿marineros, monstruos, y ahora hechiceros?- dije con desdén, -¡hey tu, maldito hechicero!, ¿a quien mierda pretendes volar en pedazos?- grite con furia, -¡mejor métete tus putos hechizos por el culo y ve a chuparle las bolas a tu mierda de cámara de hechiceros!- remate desafiante, Vilkarian parecía asustado, al igual que Rirhane, el dolor me invadía, y una angustia casi desesperante se liberaba con cada agonizante aliento que salia de mi cuerpo, el miedo comenzó a invadirme, pero no podría morir en aquel jodido lugar, y si lo hacia, por lo menos el alquimista y la rubia debían sobrevivir, pude divisar la furiosa mirada en el hechicero, sin duda lo había mosqueado, de pronto, una luz se formo en la palma de su mano.

Con un chasquido, un rayo azul envolvió el cuerpo del hechicero, de pronto el viento comenzó a agitarse, pude sentir la desesperación de mis compañeros, no debía hacerlo, no debía desesperar, aunque estuviese al borde de la muerte, el viento se hacia cada vez mas fuerte, el mago recito unas palabras en algún extraño idioma, y un rayo golpeo la arena a metros de nosotros, pude sentir la energía explayándose por el lugar, el impacto me hizo retroceder, sin duda un choque de algo así, nos mataría a todos, tome de la ropa a Vilkarian y a la rubia, entre dolor y angustia intente llevarlos a la entrada cubierta de agua por donde habían salido aquellas bestias, no pudimos dar ni cinco pasos cuando un feroz rayo se estrello nuevamente contra la arena, sin duda estaba jugando con nosotros, -jajajajaja moriran bastardos de Rakindavah- la malvada riza quedo grabada en mi cabeza, -puedo hacer que escapemos-, susurro Rirhane, me gire y la vi con ojos asombrados, -solo dadme tiempo-, dijo con una voz tiritona, evidentemente nerviosa por la situación, de entre sus ropas saco un pequeño rollo de papel, al desenrollarlo pude aprecia extrañas escrituras, la rubia deslizo su dedo por una de mis espadas, la sangre de la herida fue rápidamente esparcida por el pergamino.

-¡No escaparan de aquí- grito furioso Girdavor, a la vez que se preparaba a lanzar un nuevo rayo, esta vez no eran juegos, pretendía hacernos desaparecer, un rayo se desprendió del hechicero, cubrí a Vilkarian y Rirhane con mi cuerpo, -mi muerte-, susurre, sin embargo pude ver como Vilkarian, arrojaba con velocidad su sable, al cual iba atada una bolsita, me gire, siguiendo el trayecto de la espada, el rayo, inevitablemente atraído hacia el metal, incinero la pequeña bolsita, que había resultado ser la pólvora sobrante de las bombas, una nueva y terrible explosión detono, al tiempo en que la onda expansiva nos golpeaba, Rirhane nos sujeto fuertemente, sentí una gran presión en el cráneo y en mi hombro herido, al abrir los ojos, pude distinguir una sala circular de ébano, que me resultaba familiar, mis oídos sangraron, un fuerte dolor invadió mi cuerpo, no pude soportarlo y me desmalle.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Sáb Ago 20, 2011 5:19 am

Haber cerrado los ojos hubiera sido una buena idea, pero no lo hizo.
Un óvalo de llamas tragó a los tres aventureros que estaban sujetos en un abrazo fuerte, Vilkarian vio con horror como eran transportados a una velocidad inquietante a través de un tunel demasiado iluminado para su gusto, todo fue cuestión de segundos, sino menos. El alquimista cayó de rodillas sobre un piso alfombrado de color rojo, la gran habitación de ébano era sin duda la de Rakindavah, miró con sorpresa, Rirhane había utilizado un portal asistido. Vilkarian sintió como si le dieran un palo en la cabeza e inebitablemente vomitó sobre la alfombra carmesí, el abrupto cambio de presión y temperatura le jugó una mala pasada, ese efecto solia pasar con los portales mágicos.
La mujer intentó soltar la tripa pero no tenía nada que botar, hizo arcadas a ras de suelo.
El nórdico se habia desplomado inconsciente.

-¡Rirhi!- gritó el hechicero mientras caminaba hacia los tres recién llegados a su torre, la mujer se levantó al escuchar la voz del mago y corrió hacia él, se dieron un abrazo desesperado. -pensé que moriría allá hermano, ¡tuve tanto miedo!- Vilkarian no pudo evitar su sorpresa, ¡¿hermano?!, se aseguró de que el viaje mágico no le hubiera afectado nada más, no, escuché bien, estos dos son hermanos.
-Es Girdavor, es él quien está tras esto- dijo Rirhane al tiempo que le entregaba el librito que había escondido con anterioridad, el hechicero mostró un gesto de sorpresa. -¿Girdavor? no puede ser... ese...traidor, jamás lo esperé de él-el mago torció el gesto -¿Supo que eras tu?-
-Por algún motivo sabía que tu nos enviaste- añadió la rubia, quien luego se sentó en uno de los sillones negros.

Vilkarian se levantó, algo avergonzado de sus jugos gástricos en el piso alfombrado.
-Aqui estan los objetos que me pediste- el alquimista le entregó los frascos, algunos estaban ilesos, otros rotos por la onda expansiva, pero su contenido estaba intacto, el hechicero con un gesto despreocupado tomó las muestras y las dejó sobre una mesilla, giró el rostro y al ver la suciedad del alquimista en el piso, chasqueó los dedos y la poza de vómito desapareció en una nube de vapor.

Vilkarian notó que el nórdico no se levantaba, se arrodilló para constatar sus signos vitales, todos lo habían pasado por alto, que mierda de amigo soy, pensó, rebuscó entre sus viales y usó una mesilla de apoyo para dejarlos, molió un par de componentes con el mortero, los mezcló con un frasquillo de agua purificada y los batió por unos segundos, la pócima en realidad no era un elixir mágico, sinó un trago con un sabor horrible y algo de narcótico que te hacen despertar del puro sabor a mierda, aunque el narcótico hacía las veces de analgésico.
Vilkarian puso el recipiente de vidrio en los labios semiabiertos del nórdico, de cerca su cicatriz era realmente horripilante, lamentaba la suerte de las mujeres que se le habian acercado lo suficiente como para besarlo.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Lun Ago 22, 2011 7:21 am

Un asqueroso sabor vinagroso me despertó, estaba algo mareado y me dolía la cabeza, al abrir los ojos, tuve una contracción estomacal que casi me hace vomitar, afortunadamente no lo hice, sacudí mi cabeza me levante rápidamente, algo asustado, desenvaine las espadas, solo para sentir la voz de Vilkarian calmándome, -¿que ha sucedido?- dije algo agitado, envainando las espadas, mire a mi alrededor, estaba e la sala principal de Rakindavah, el ébano y la alfombra rojiza eran inconfundibles, pero aun así notaba algo diferente en el ambiente.

-¿Estas bien nórdico?- dijo Rirhane, -si estoy bien- conteste, -tu hombro sangra-, dijo algo preocupada, tocandome suavemente cerca de la herida, sin perder esa mirada de misterio, aunque se notaba nerviosa, -ho, lo había olvidado, sin duda ese asqueroso elixir de Vilkarian me ha hecho olvidar por completo el dolor-, dije algo inseguro, -hermano, si no es mucha molestia te pediría que curaras su herida...-, dijo la rubia, basto un chasquido de los dedos del hechicero para que el dolor desapareciera, palpe sorprendido mi hombro, las finas perforaciones de los dientes del hombre-pez ya no estaban, -gracias-, dije, mire algo desconcertado a Rirhane, -¿hermano?-, dije mirándola algo confundido, -joder, nunca pensé que pudieses ser su hermana-, en su rostro se dibujo una sonoriza algo provocadora, me voltee y repase la sala con la mirada, estaba todo igual que la primera vez que entre, sin embargo, el ambiente era diferente, tenia un mal presentimiento,seria mejor cobrar la recompensa y largarme de ahí.

-Vilkarian-, dije,-¿que ha sucedido?, lo ultimo que recuerdo...-, -Rirhane nos ha salvado con un hechizo de portal asistido-, dijo el alquimista, notaba un malestar en su rostro, -bueno, ¿supongo entonces que te has ganado ya el favor del hechicero?- dije con un tono burlón, estaba feliz de haber salido de aquella odisea, toque mi cabello, estaba lleno de sangre seca, -gracias amigo, si no fuese por ti, hubiésemos muerto en ese lugar, gracias...-, pude notar una leve sonrisa en el rostro del alquimista, creo que no esta acostumbrado a que un mercenario nórdico le de las gracias por salvarlo, hasta suena gracioso.

-Maestre Rakindavah-, dije, -ya hemos cumplido con nuestra misión, y ciertamente el aire marino me esta cansando, agradezco su hospitalidad, pero como mercenario, al cumplir la misión, debo retirarme...-, -¿retirarte?, ¿quien os ha dicho que vuestra misión termina aquí?, esto ha sido solo el comienzo-, interrumpió el hechicero, que estaba envuelto en una capa negra como el ébano de las paredes, bordada por un extraño símbolo rojizo, -sin duda, es solo el comienzo, Girdavor, ese traidor hijo de puta...- dijo aquel majestuoso hombre, ciertamente molesto, sin duda no quería provocarlo, dos magos encolerizados en una noche, que mierda...

La torre estaba perfectamente iluminada, paisajes de cielos celestes se proyectaban a través de los negros marcos de aquellos majestuosos ventanales, de pronto, el sonido de un trueno resonó a lo lejos, de alguna manera, el sonido indicaba que la noche apenas comenzaba.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Lun Ago 22, 2011 4:17 pm

Vilkarian miraba a través de una de las ventanitas octogonales de la torre, a contraluz se recortaba la silueta de la roca de los trasrejos, iluminada a ratos por un poderoso rayo mudo, que estallaba a lo lejos, tenía el rostro trémulo e inseguro, por lo general cuando tenía esa sensación bajaba la mano por el cinturón hasta pillar el mango de la espada, pero no había ninguna espada que tocar, la suya había explosionado en miles de pedazos allá abajo en la cueva.

El alquimista caminó hacia otra ventana que daba hacia la ciudad, las casas picudas con antenas de metal se elevaban imponentes, el mismo juego de luces mudas iluminaban el puerto a ratos.

Una luz poderosa y un estruendo ensordecedor se escucharon no muy lejos.
Vilkarian apoyó la cara en la ventana para ver como un enorme rayo caia sobre uno de los tejados del puerto, pero contrario a lo que creyó, no se inflamó ni encendió en llamas, sino que el rayo fue a dar directamente contra la antena metálica que estaba en el techo picudo, la antena fulguró con la energía y se fue apagando lentamente, como una brasa en una fogata, el alquimista sabía de metales conductores, el poder del rayo y la potencia del fuego, pero el artilugio se le escapó de los pensamientos, seguro que debía ser un invento del hechicero.

En la torre empezó a escucharse un mecanismo, de sonidos metálicos, al alquimista se le vinieron a la cabeza engranajes, ruedas, correas y poleas, y la ciencia de los enanos, que por cierto, jamás había visto.

Los cuatro se habían mantenido en silencio durante mucho rato, el nórdico, sentado en uno de los sillones negros mordisqueaba un pedazo de algo y bebía un trago de color negro, sacado de quizás donde, la rubia y su hermano, el hechicero, hablaban sobre detalles de la misión, mientras bebían el mismo trago extraño de Dumah, para Vilkarian había un vaso de porcelana con el mismo líquido, pero prefirió pasarlo por alto, no tenía intenciones de beber demasiado y mearse por el miedo, esa siempre era una posibilidad.

Un nuevo rayo estalló a lo lejos, otra antena se encendió, la máquina misteriosa comenzó a funcionar. Vilkarian comenzó a relacionarlo, pero el asunto era otro, prefirió esperar y preguntar cuando las aguas se calmaran, aunque literalmente eso estaba lejos de ocurrir, afuera, una tormenta envolvia el clima.

Lo que nadie sabía era que Girdavor, el hechicero maldito caminaba por entre las olas, con paso decidido, nadie lo sabía salvo él mismo y su tropa de hombres pez, que se movilizaban nadando y gorgoreando bajo las tempestuosas aguas en dirección hacia el puerto y la torre de Rakindavah, la ola negra.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Mar Ago 23, 2011 8:56 am

el sonido de los rayos estremecían el ambiente, masticaba un trozo de conejo seco y bebía de una lujosa copa de plata con grabados, el oscuro liquido estaba delicioso, aunque su sabor era similar al de un whisky, savia a la perfección que no podía serlo, mis energías se recuperaban notoriamente, sin duda era obra de Rakindavah, estaba preocupado por lo que pudiese significar una tormenta luego de una noche tan tranquila, y sobretodo por la tormenta luego de enfrentarnos y salvarnos casi milagrosamente de un hechicero enfurecido.

Mordisqueaba suavemente la carne salada, estaba deliciosa, Vilkarian no bebía de su copa, Rirhane afinaba detalles de la misión junto al hechicero, la tormenta resonaba fuera de las negras paredes, me sentía bastante cómodo en aquel sillón de tapizado carmesí, mis espadas estaban afirmadas sobre los blandos cojines, pose mis manos sobre ellas, mis fieles compañera, siempre a mi lado, desde aquel ominoso día, somos inseparables, hmmm... no es momento de ponerme melancólico, pero no puedo evitarlo, estas situaciones, ciertamente intranquilas hacen recordar mi pasado...

Un rayo impacto la torre, me levante rapidamente, estaba algo agitado, aquel fuerte ruido me había sacado de mis pensamientos, Rakindavah se levanto de su elegante asiento también, seguido de Rirhane y Vilkarian, -esta comenzando-, dijo el hechicero, -¿que esta comenzando?- dije algo nervioso, -ese no fue un relámpago normal, fue un relámpago infundido de magia, ¡ese hijo de puta de Girdavor se ha atrevido a manchar mi gloriosa torre con su sucia magia!, ¡nórdico, es momento de que mostréis tu valía, Rirhi, alquimista os necesitare a vosotros también- dijo imperativo el hechicero, -Vilkarian podéis tomar la espada que se encuentra a tu lado, es momento de acabar con esto-, me sorprendí un poco al ver un reluciente sable sobre un pedestal aparecido de la nada, el alquimista estaba aun mas sorprendido, pude sentir la suavidad de la alfombra bajo mis botas, el calor de la batalla se avecinaba, estaba cada vez mas cerca, esta vez, mataría todo lo que se me cruzara.


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