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De viejos amigos, espadas y elixires.

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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Miér Ago 24, 2011 1:28 am

El hechicero dió un suspiro prolongado con los ojos cerrados.
-Ni se os ocurra acercaros a este desgraciado- aseveró - Yo me encargo de él, pero sus perros andarán por todas partes, no creo que venga solamente a atacar mi torre, todo el pueblo corre peligro- Vilkarian tomó el sable y lo ondeó suavemente para acostumbrarse a su peso. Alzó la vista para encontrarse con la sombría expresión del mago mientras daba un emotivo abrazo a su hermana, Rirhane.
- Vayan a la capitanía a avisar el ataque inminente, es probable que no les crean un carajo, pero tu, Rirhi eres experta en manipulación.- la mujer, con el cabello ocultando los ojos asintió energéticamente, por su mejilla rodó una perla plateada, la lágrima fue a estrellarse contra el alfombrado piso, pero ninguna más le acompañó.

-Esto es para ti alquimista- el mago le entregó a Vilkarian una mochila.- Puedes intentar colocarlas en los muelles y hacer volar a los desgraciados cuando toquen puerto- sin duda contenía mas explosivos y químicos peligrosos.
Un rayo brilló e iluminó la sala, la monotonía de la lluvia desatada golpeteaba incesante contra los vidrios empapados de la torre negra, el silencio entre la tempestad resultaba fantasmagórico.
Vilkarian ciñó su espada al cinto y dio su aprobación con una sonrisa a media boca.
El hechicero miró al nórdico con un gesto desafiante.

- ¿La capitanía la comanda la guardia blanca?- la lluvia chocaba contra el cabello dorado del alquimista mientras se alejaban de la torre por el sendero adoquinado rodeado de árboles.
- A veces, esperemos que esta vez sí- le respondió Rirhane al llegar al rio de inmundicia.
-Entre caballeros y piratas, por lo menos en Tarón no hay mucha diferencia...son todos unos ratas- añadió la mujer al entrar en el puerto que brillaba, relucía y salpicaba en la noche lluviosa.


Última edición por Vilkarian Dar-Lómech el Lun Ago 29, 2011 6:11 pm, editado 1 vez


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Lun Ago 29, 2011 2:49 am

-¡¿La guardia blanca?!- dije algo alterado, mientras la lluvia empapaba mi capa y escurría por mis blancos cabellos, -¿algún problema con eso?- dijo Rirhane, -no- replique mientras mis botas se desliaban por el embarrado sendero, al llegar al cruzar el puente, me percate de que el hedor a desechos humanos y a pescado podrido había sido disminuido por la tormenta, nos dirigimos rápidamente a la capitanía de la guardia blanca, no esperaba aparecerme por ahí.

la luz se filtraba por la rendija de las persianas de los edificios, entre viento y truenos, el pequeño puerto se veía impotente, la furia del oleaje golpeaba ferozmente el puerto, nos detuvimos al acercarnos a un edificio con una arquitectura un tanto defectuosa, aunque para ser sincero, la gran mayoría de los edificios del puerto eran defectuosos, -esta es la capitanía-, dijo la rubia, -debemos alertar del inminente peligro, alquimista, nórdico, ustedes guarden silencio, yo hablare-, dijo segura, sin perder aquel misterioso tono, que seduce y provoca desconfianza, -no puedo entrar ahí- dije mientras ajustaba la capucha para que cubriera mi rostro casi en su totalidad, -¿por que?- dijo algo disgustado Vilkarian, -hace tiempo, en un trabajo, tuve que deshacerme de un grupo de soldados de la guardia blanca, y creo que entre ellos, había alguien importante, y si estoy en lo cierto, aun me buscan, por favor, entrad ustedes, yo puedo esperar, prefiero la tormenta-, pude notar una mirada extraña, proveniente de ambos rubios, -¿que esperan?, el pueblo peligra-, dije mientras me fundía con las sombras en una pared cercana, la rubia y el alquimista se desvanecieron por la puerta, dejando entrever un rayo de luz, que se apago lentamente tras ellos.

-Valla día mas jodido-, susurre entre el sonido del viento azotando con fuerza el puerto y los rayos destrozando el firmamento, -marineros maricas, hechiceros cabreados, hombres-pez, y ahora la puta guardia blanca, espero que esos orgullosos hijos de puta presten ayuda antes de que sea demasiado tarde-.

A la distancia, en dirección a la torre, pude ver un rayo de energía azul, golpeando la imponente estructura, al desvanecerse este, pude apreciar que una aurora rodeaba la negra torre, quizá, podría apreciar a la distancia, la batalla entre los dos magos mas poderosos que había conocido.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Lun Ago 29, 2011 9:23 pm

-Van Merlitz..- habló un hombrecillo que estaba a la sombra de una gran repisa en el fondo de la habitación, estaba sentado en un gran escritorio de madera. - ¿A que vienes esta vez? ¿a llorar denuevo por tu hermanito el brujo?- el hombrecillo puso un gesto enfurruñado, sin poder determinar si era una expresión burlesca o una mueca de disgusto, la nariz respingona y los dientes al aire hacian recordar la forma de una rata, un hombre rata.

-Es urgente Lord Ghirek, y como sé que la guardia blanca...-
-La guardia blanca no se mete en asuntos de magos- cortó el ratón, Vilkarian no pensaba que su apodo de "ratas" que dio Rirhane fuese tan literal, el hombrecillo era sin duda un humano, pero sus facciones y movimientos recordaban al roedor de una manera impresionante.
- ...La guardia blanca tiene el deber de velar por la integridad de sus aliados, y Tarón está bajo su tutelaje ahora mismo- El hombrecillo carraspeó, su cara se giró en una mueca silenciosa, los pequeños y negros ojos analizaron a la mujer y al alquimista.
-Si se trata de piratas y bandoleros no puedo manchar el nombre de la hermandad con esa clase de basurajes- Rirhane dio un paso amenazante hacia el escritorio de Lord Ghirek, el hombrecillo se encongió de hombros y bajó la mirada, sólo para encontrarse con las caderas de la mujer que daban otro paso hacia adelante.
-¡Mira rata asquerosa!- esa sí es ella, pensó Vilkarian, la mujer tomó del ropaje blanco del hombrerata y lo levantó a la luz de las velas, el rostro de la mujer a contraluz era sin duda amenazante y escalofriante.
Ghirek gimió intentando soltarse, pero la analogía con las ratas era tal que no parecía más que una criatura de laboratorio tratando de doblegar la voluntad del cientifico desquiciado.
- ¡Manda a tus hombres al puerto, da la alarma y avisa a la guardia de la ciudad, Girdavor, uno de los hechiceros del consejo ha enloquecido y atacará el puerto esta noche, no demuestres que eres una rata y comportate como un hombre, roedor asqueroso!- Ghirek asintió mientras varias gotas de sudor le recorrian en rostro, que estaba contraido en una mueca de miedo y rabia, Vilkarian miraba todo con ojos atónitos, esta mujer realmente asustaba.
Rirhane soltó al hombrecillo y lo fulminó con la mirada.
-Ve, ¡ahora!- Ghirek salió de su escritorio y se escabulló por entre una puertecilla que daba a una habitación aledaña, al poco rato y entre la tormenta que no amainaba se comenzó a escuchar una campana, más campanas en diferentes sitios, se habia soltado la alarma.

Vilkarian cerró la puerta tras de sí, el nórdico apoyado aun en la pared sombría parecía haber escuchado la conversación y mostraba una sonrisa aterradora, su cicatriz inquietante.
-No hay rata que pueda contigo- comentó Vilkarian a la mujer - Nadie puede en realidad- la mujer sonrió desafiante, Vilkarian algo molesto por el doble sentido de su comentario frunció el ceño e intentó cambiar el tema- ¿Porqué ese sujeto parecía un ratón?- intento alejar el nerviosismo previo de la batalla con preguntas triviales. -Se dice que Lord Ghirek, que es lord sólo porque es nieto de un terrateniente de Thonomer, es hijo de un hombre rata, de esas criaturas que viven en las alcantarillas de las ciudades, pero no sé que tan cierto es el rumor, pero sé, que Lady Hadirm, la madre de este desgraciado es una puta loca, y quizás que gustos tendrá para acostarse con hombres de ese tipo, a este rata, a Ghirek, lo enviaron lo mas lejos posible de Tirian en representación de la guardia blanca, creyendo que se ganaría un nombre noble o alguna de esas porquerías.-
-ah..- exclamó Vilkarian, y un revoltijo de estomago casi lo hizo vomitar, conocía a la perfección a Lady Hadirm, cliente de su tienda, amante ocasional, y pensar en que esa mujer se acostó con un antropomorfo rata y parió al hombrecillo del escritorio, le dieron ganas de no haber nacido.


------------------------------------------------------------

Un rayo destrozó una de las paredes de la torre en el tercer nivel, la lluvia caía torrencial y rapidamente mojó y se llevó varios artilugios de la sala que quedó expuesta a la interperie, la ilusión que cubría a las paredes desapareció gradualmente, haciendo creer a simple vista que una alfombra roja estaba suspendida en el vacio, asi como varios objetos de decoración flotaban inmutables entre la torre y el acantilado con el que colindaba.
Rakindavah, la ola negra, de pie junto a la pared destrozada miró a lo lejos, en el oscuro mar que se sacudía con violencia Girdavor caminaba con un paso maquiavélico sobre las olas que se reventaban sobre él.
Un rayo iluminó nuevamente la bahia.
Rakindavah dio la espalda al acantilado y subió por las escaleras mientras el impacto explosivo destrozaba al piso inferior arrojando destellos azulados y restos de tablas, vidrios y hojas de papel.

La noche es conmigo, el rayo mi siervo, la torre mi abrigo.
El hechicero hizo a un lado el cabello oscuro y se pinchó un dedo con un estilete, una gota de sangre cayó a una parte del piso donde no habia alfombra ilusoria, dibujó un simbolo arcano y recitó algunas palabras en la vieja lengua.

Otra explosión hizo volar algunas ventanas y sacudió la torre.
Los gemidos y gritos de los siervos del hechicero maldito se hacían mas cercanos.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Miér Ago 31, 2011 8:53 am

Un chirrido metálico podía distinguirse entre la tormenta, la rubia y Vilkarian estaban a mi lado, la lluvia me tenia empapado, pero ciertamente no me preocupaba, esta vez estaba descansado, a si que no tendría mayor problema eliminando a estas fastidiosas criaturas, -¿que ha dicho la guardia?, ¿nos ayudaran esos hijos de puta?-, dije sarcásticamente, encontraba cierta macabra satisfacción al insultar a una orden de tal categoría, -si, dentro de poco la guarnición entera debería estar enfrentando la amenaza-, dijo Rirhane, con aquel característico tono seductor, mis ojos dieron un vistazo rápido a la cara fastidiada de Vilkarian por algún comentario anterior de la rubia, -tengo ganas de ver a ese famoso hombre rata del que hablaban-, -lo veras pronto, escondido tras un barril seguramente-, dijo burlonamente la provocadora mujer.

-Se acercan, he amigo, deberías tener listas esas bombas o lo que sea que te haya dado el hechicero, no seria buena idea hacerlo mientras nos atacan-, dije tranquilo, mientras un gesto de aprobación se dibujaba en el rostro de Vilkarian.

El metálico sonido se hacia mas potente, me acerque rápidamente a la costa, corrí sobre un muelle de tablas podridas y algo inestables, sin duda se acercaban, el viento, la lluvia y los rayos, hacían de aquella maravillosa vista un paisaje único.

Desenfunde rápidamente, de pronto, una mano escamosa se aferro a la orilla del muelle, era de un color indefinido, la tormenta no permitía distinguir colores en gran medida, pude apreciar una segunda mano aferrarse, el éxtasis de la batalla hizo su segunda aparición de la noche, -no dejare a ningún hijo de puta con vida- susurre al viento, las olas reventaban tras aquellas repugnantes extremidades, al momento de aflorar la cabeza del extraño ser, lance una puñalada directo al cerebro, se desplomo como un saco de arena de vuelta al mar, al momento de su caída, muchas manos se aferraban en las orillas del muelle, el sonido metálico retumbante crecía, sin duda era un gran numero de hombres-pez, a medida que se aparecían, rebanaba despiadadamente sus extremidades, me retire del muelle, al volver la vista, pude aprecia una hilera de soldados de la guardia blanca, sin duda su numero no era extremadamente numeroso, pero eran claramente distinguibles por sus brillantes armaduras, al tocar nuevamente la calle, grite fuertemente: -¡Destajad a esos desgraciados por las extremidades, inhabilitenlos, su fuerza es superior a la de un humano corriente, no os dejéis que los golpeen, si os rasguña o muerde, os arriesgáis a sufrir como condenados!-, al ver el rostro de los hombres, pude apreciar el terror en su estado mas puro, me gire rápidamente, al comprobar que el muelle ya estaba repleto de engendros.

Mi corazón latía aceleradamente, un giro de espadas basto para que mi cuerpo se moviera casi automáticamente, me clave entre los escamosos, los primeros dos oponentes no opusieron resistencia, no me detuve a contar la cantidad de bestias en una situación así, pude notar que algunos poseían armas y corazas de hierro oxidado, muchos ojos amarillos se posaban sobre mi, la sangre era barrida por la violenta lluvia, mis espadas danzaban al son de la tormenta, cortaban, destajaban, despellejaban, como si no existiese el mañana, un ligero juego de pies me permitía esquivar fácilmente los lentos pero poderoso golpes provenientes de diferentes ángulos, pude divisar entre la oscuridad reinante luego del destello de un trueno, un par de ojos amarillos viéndome directamente, mi espada salto automáticamente a calvarse entre ellos, sentí con satisfacción como su cráneo era destrozado, destrabe la espada jalando fuertemente hacia abajo, un baño de sangre me cubrió, solo basto un pequeño giro, mas criaturas, un ataque vertical, un tronar metálico destaco entre los golpes, sin duda un bloqueo, me gire hacia la derecha, escapando de un sablazo, levante la espada cortando alguna asquerosa extremidad, retrocedí hasta salir del muelle, un a cantidad considerable de cadáveres bloqueaba el paso, agilmente me deslice entre los jabonosos maderos del muelle, pude comprobar un montón de armaduras blancas moviéndose histéricamente por el paisaje, la playa estaba saturada de mutantes, sin duda Girdavor se tomo la molestia de enviar el grueso de sus tropas, no pude divisar a Vilkarian o Rirhane, supuse que estarían en algún lugar combatiendo, sin dudarlo, me lance al combate nuevamente, un monstruo intento destajarme las costillas con un movimiento poco elaborado, detuve el golpe con un bloqueo cruzado de espadas, al liberarlo, rebane sus dedos y parte del brazo, propine una gran patada en su asquerosa cara, destrozándola completamente, otro enemigo, y otro mas, parecían de una provisión inagotable, el muelle estaba repleto, el cansancio se apoderaban de mi, el correr destajando de un lado a otro, sin duda era un trabajo agotado, aun mas teniendo en cuenta la fuerza brutal de los mutantes, entre sablazo y estocada, pude sentir una hoja deslizándose entre mi armadura, un dolor agudo me hizo retorcerme, lance un contraataque, destrozando al responsable, una embestida me lanzo un par de metros en la arena adyacente al muelle, me levante, accidentalmente había soltado una espada.

La desesperación en combinación con una descarga de adrenalina hicieron que moliera el cráneo de un hombre-pez con el puño izquierdo, al terminar, levante su cabeza de un puñetazo y rebane su cuello con la espada derecha, al girarme el dolor punzo, sin duda no era una herida mortal pero molesta, una patada logro quebrantar la pierna de una abominación marina, un rayo rebelo un brillo cercano, la segunda espada estaba a mi alcance, me lance a recogerla, pero al tomarla, la desesperación y el temor me invadieron como nunca antes, una afilada garra destrozo de un zarpazo a dos mutantes frente a mi, la débil estructura del podrido muelle se desplomo fácilmente, un segundo relámpago revelo ante mi, una criatura extraña, similar a una salamandra, compuesta por partes de cuerpos, al parecer humanos y de especies marinas, poseía una envergadura cercana a los cuatro metros, y una altura cercana a los dos, unos profundos ojos amarillos recorrieron la costa, un gemido agonizante se clavo en mis oídos, el aroma a muerte u pudrición eran extremadamente fuertes retrocedí a toda velocidad, mientras la criatura se dirigía tras de mi, pude sentir como la larga mandíbula chasqueaba tras de mi, de pronto me lance al suelo, una potente ráfaga paso sobre mi cabeza, al girarme golpee fuertemente dos veces, estaba de espalda al suelo, un lluvia de sangre me cubrió, pude escapar afortunadamente, el monstruo se dirigía nuevamente en mi dirección, mis pies se enredaban entre la arena completamente empapada, los músculos me dolían, un nuevo chillido se expandió por el aire, una luz segadora cubrió todo terreno, acto seguido, el monstruo exploto en una incontable cantidad de trozos, regando el lugar de desperdicios, la onda de choque de la bomba me mando a volar y me dejo algo aturdido, al levantarme pude apreciar unos rubios cabellos, ondeando húmedos entre la lluvia, sin duda era el alquimista, que llegaba en el momento exacto para salvar mi culo otra vez.

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Ira y desprecio desprendía la parecencia del corrupto hechicero Girdavor, que con paso firme se acercaba caminando entre las olas, -¡Rakindavah!-, un grito aumentado mágicamente resonó entre la tormenta, -¡es hora de terminar con esto!-, una luz azulada envolvió al mago, la luz se transformo en una armadura de relámpagos, que cubría su majestuosa figura de una manera aterradora, un tercer rayo se desprendió del cuerpo de Girdavor, impactando la majestuosa estructura, a medida que avanzaba, la tormenta crecía, la lluvia arreciaba, coronando la devastación, la figura, que se acercaba paso a paso, estaba adornado por una túnica empapada que ondeaba ferozmente en la tormenta, unas botas largas que se sostenían firmes sobre el agua, unos cabellos rubios oscuros, también ondeantes entre la lluvia, en en la mano derecha, un bastón elemental que poseía incrustaciones rúnicas de alto nivel, con afinidad para manipular el relámpago.

Con los brazos en alto, un gran trueno impacto nuevamente la torre, destrozando la fina arquitectura, la armadura de relámpagos comenzó a destellar fuertemente, entre el viento y la lluvia el hechicero se alzo amenazante por los aires, frente a el, una poderosa energía, equivalente a la suya, se alzaba amenazante, -¡pagaras por esto Girdavor!-, resonó una severa voz, dispuesta a dar castigo al pecador.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Jue Sep 01, 2011 2:35 am

-Se acercan, he amigo, deberías tener listas esas bombas o lo que sea que te haya dado el hechicero, no seria buena idea hacerlo mientras nos atacan- habló el nórdico dirigiendose a Vilkarian, quien asintió rápidamente con la cabeza, Dumah emprendió una carrera hacia los muelles mientras los otros dos le seguían de lejos.
Un marchar apresurado acompañaba el campaneo de la alarma, eran los guardias del ayuntamiento por un lado, con uniformes grises y empapados, y por otro lado un contingente mucho menor de soldados de la guardia blanca, con sus ropajes niveos y armaduras relucientes, que en la práctica eran el mismo tipo de persona, jovenzuelos asustadizos mojados hasta los huesos.
A lo lejos se alcanzaron a escuchar los gritos de batalla del hasta ahora único guerrero que habia en los muelles, los pasos resonaron en una carrera apresurada por las podridas tablas del muelle que se tambaleaba.
-¡Destajad a esos desgraciados por las extremidades, inhabilitenlos...- logró escuchar Vilkarian, con seguridad esas palabras eran de nórdico, Rirhane se coló entre las filas de atemorizados soldados y desapareció con el sable en su mano.
El alquimista rebuscó en su mochila, aun lejos del fragor de la batalla y se agachó para preparar las bombas, aunque en realidad no tuvo mucho trabajo que hacer, no había peligro de que la pólvora negra se mojara esta vez, sacó el pedernal de su bolsillo y en una acción muy delicada prendió la mecha de la primera bomba, no tenia mucho tiempo antes de que le explotara encima.
Avanzó entre la muchedumbre como un gato asustado, evitando las espadas y las embestidas de las bestias, corrió hacia la playa pues lanzar la bomba cerca de los aliados resultaba poco efectivo y terrible.
No pudo evitar soltar un chillido cuando vio a una inmesa criatura arrastrarse por la arena persiguiendo a su amigo, el nórdico, la criatura, que era gigantesca en comparacion a cualquier animal que haya visto, se movia con velocidad por la arena mojada, Vilkarian sin pensarselo demasiado lanzó la granada humeante contra la bestia, pero falló. Una explosión seca detonó a algunos metros de la criatura, sin lograr hacerle mayor daño que el de algun trozo de hierro incrustado en la piel fria y reptiliana, algunos de los hombrespez que corrian persiguiendo al nórdico aprovecharon la oportunidad para huir y escabullirse en las aguas tormentosas.
Tan raudamente como pudo, y sin descuidar su retaguardia, prendió la mecha de otra bomba metálica y la soltó, esta vez asegurandose de lanzarla contra el lomo de la bestia, y el resultado fue como el que esperó, la explosión abrió una brecha en la espalda de la criatura dejando salir un volcan de sangre, agua y visceras, la bestia se desplomó con un gemido de dolor.
Los cabellos empapados le ocultaban en gran medida la cara, pero se permitió ofrecerle una sonrisa a su amigo que estaba botado en el suelo de la playa, cubierto de arena, a menos de dos metros del final de la criatura salamandresca. Un rugido sonó a las espaldas del alquimista, desenvainó con velocidad el sable que el hechicero le habia obsequiado y dio un ataque ciego hacia atrás... por un momento habia olvidado que se encontraba en una batalla, le volvió el nerviosismo, las ganas de salir corriendo y mandarlo todo al carajo, extrañó su tienda y maldijo haber salido de ahi ese estupido dia. La espada se clavó en algún lugar del bicho que le atacaba.
Una gran figura negra se alzó desde el mar, como una inmensa prolongación de las aguas, demasiado cerca de la torre, pensó Vilkarian.
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El simbolo arcano brilló con intensidad.
Levantate, levantate.
El mar colindante al precipicio comenzó a burbujear y a elevarse, la tormenta se volvia ensordecedora, como una ballena gigantesca de agua el oceano alrededor de la torre empezó a levantarse en una masa de agua controlada.
La ola negra.
Rakindavah alzó los brazos hacia el cielo (o lo que quedaba de techo). La ballena de agua se elevó arrasando con todo a su paso, los hombrespez que escalaban el precipicio fueron devorados por las turbias y negras aguas que todo aplastaban y como un remolino gigantesco molian en su interior.
El hechicero logró divisar a su enemigo cuando la gigantesca masa de agua llegó a la altura de la torre, elevandose aun mas, el hombre de cabellos oscuros estaba aferrado a una de las "aletas" de la "ballena" en su carrera hacia los cielos.
Girdavor chasqueó los dedos y apuntó con su bastón hacia la figura del mago, y un rayo se formó y avanzó recto hacia delante, golpeando a Rakindavah de frente, quien por su resistencia mágica no fue hecho trocitos con el hechizo.
Perdió la continuidad del hechizo de la ballena, y la gigantesca masa de agua se desplomó en caida libre por los mas de mil metros de acantilado, causando una especie de ola celestial que mas recordaba a un desmoronamiento rocoso que a una masa acuosa.
La gigantesca ola cayendo se convirtió en un maremoto devastador que inundó desde el acantilado de la torre del mago hasta los muelles, el agua negra y espumosa se movia a una velocidad abismal, arrasando con casas, muelles y personas.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Vie Nov 04, 2011 7:21 am

Mis dientes rechinaban por la arena ingerida durante el combate, el tronar de las espadas y los relámpagos aun estremecían mi conciencia, por un momento olvide la batalla , disfrazada de tormenta, en contra de horrendos mutantes.

Me puse rápidamente de pie, asegure mis espadas, mi corazón latía fuertemente, mis oídos retumbaban por la cercanía de la explosión provocada por la bomba del alquimista, avance a una velocidad mediocre, consecuencia del previo aturdimiento, mis pies se atoraban con la arena húmeda del piso, las bestias aun abundaban, la batalla la llevaba tiempo desarrollándose, no parecía que estuviésemos ganando, salvo por la gran cantidad de cadáveres de mutantes regados sobre la playa.

Viscosos pasos aceleraron su ritmo a mis espaldas, me gire desenvainando rápidamente y propinando un golpe cruzado de ambas espadas, el monstruo, cuya mirada amarillenta se desvancia, tuvo el placer de ser lacerado por mis espadas, inmediatamente proseguí con mi camino, el acero de la guardia blanca resonaba por todos lados, oí un grito de desesperación, corrí en auxilio, una armadura blanca estaba retrocediendo, ensuciada completamente de arena, mientras un monstruo lanzaba interminables sablazos a su objetivo y rugía asquerosamente, con velocidad empine hacia el, me di un pequeño impulso y salte sobre los hombros del mutante, cercenando su cabeza.

Dentro de la armadura, un muchacho de no mas de 16 años, estaba aterrorizado y empapado en sangre, la macabra vista de mi rostro no pude ser mas alentadora que el panorama circundante, muerte esparcida indiscriminadamente, -esta batalla no es lugar para niños-, dije con una voz profunda, -escapa mientras puedas, la muerte aun no toca tu puerta -, el infante emprendió una veloz carrera hasta desaparecer entre los edificios mal construidos y decadentes del puerto, la batalla se extendía, uno tras otro, los mutantes se abalanzaban sobre mi, sin encontrar uno mejor suerte que el otro, mis músculos ardían de una manera increíble, los raspones de mi cuerpo ya no se sentían, solo la adrenalina mantenía a mi fatigado cuerpo en pie, de pronto, un fuerte estruendo capto mi atención, una ola negra, desplomándose desde el acantilado aledaño a la torre, dispuesta a arrasar con todo.

-------------------------------------------------------

El rayo deshizo el hechizo de Rakindavah, desplomando la gran ballena negra por los acantilados, causando estragos a su camino, el bastón de Girdavor comenzó a brillar, extrañas palabras fueron pronunciadas de sus labios, un relámpago estallo sobre su bastón, el cual, reluciente de energía, comenzó a tomar una extraña forma, un relámpago centelleante comenzó a nacer de la vara rúnica del hechicero, un pequeño relámpago, con forma de dragón, comenzó a revolotear alrededor de su malvado invocador, solo basto un chasquido de dedos, para que una silueta draconiana bajara desde los cielos y golpeara lo que quedaba de la gloriosa torre de la ola negra, -¡jajaja, levántate Rakindavah, destruiré todo por lo que has luchado!- dijo con una maléfica voz, a lo que respondió un potente rugido, naciente de entre las aguas turbias, aguas impredesiblemente agitadas, que esperaban el momento para consumir y arrasar.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Vie Nov 04, 2011 2:24 pm

La batalla ensordecía.
Vilkarian daba sablazos a diestra y siniestra pero aun así no lograba ganar alguna ventaja entre los especimenes revoltosos. Un caballero de la guardia blanca que luchaba junto a él, en medio de la lluvia torrencial, fue abatido por un sable desde la espalda, el sujeto cayó estrepitosamente sobre las tablas podridas del muelle y decenas de manos bulbosas lo arrastraron desde el lugar hasta abajo en las aguas. La expresión de desesperación muda en la cara del desgraciado, helaron la sangre del alquimista.
Sintió un punzazo en el brazo derecho, trató de ver desde donde provenía el ataque, pero el dolor repentino le hizo botar el sable, apenas giró la cabeza vió los ojos amarillentos de un hombrepez y una inminente patada en el pecho, el poderoso aventón lo tiró de espalda contra las espumosas aguas, abajo del muelle, se hundió irremediablemente, sin aire en los pulmones comenzó a bajar y bajar, aturdido, adolorido y desarmado.
Contra sus deseos, algunas manos viscosas intentaron retenerlo bajo las aguas, nadó tan rápido como pudo e intentó esconderse entre los pilares herrumbrosos del muelle, a pesar de las aguas frías, la herida del hombro le ardía como infierno.
Afuera los hombrespez eran torpes y lentos, lamentablemente en el agua la historia era diferente; como una saeta dirigida, un hombrepez en particular, de tonos amarillentos y cara ridicula (si Vilkarian hubiera estado en otra situación se habría reido de la cara de la criatura, pero no era el caso) le tapó el camino al alquimista, la bestia portaba un sable roñoso y oxidado, de un rapido tajo el sable voló apenas unos centimetros por sobre la cabeza de Vilkarian, cortando una generosa porción de cabello. Ante la idea de perder el pelo, Vilkarian dio un inútil grito bajo el agua, miles de burbujas ascendieron hasta la superficie y el alquimista se quedó definitivamente sin aire, con una patada penosa sobre el enemigo logró respirar unos segundos arriba, hasta que sintió un corte en el muslo, seguido de un tirón igual de fuerte.
Lo hundieron nuevamente, esta vez con aire en los pulmones.
Quedó frente a frente del renacuajo gracioso, sus patéticos ojos amarillos miraban con una expresión irrisoria a la cara del alquimista, por motivos desconocidos para Vilkarian, el bicho mandó un nuevo tajo, pero no con intenciones de matarlo, eso fue lo que le sorprendió; la bestia agarró del cabello a Vilkarian y cortó otro mechón de pelo con el sable oxidado. peinado arruinado totalmente, pensó, aunque aquel pensamiento fue inevitable, de ninguna manera era su preocupación primordial en ese momento.
Vilkarian logró torcer el brazo del hombrepez y a duras penas quitó el sable, al darse cuenta de la imposibilidad de hacer un tajo abierto bajo el agua, usó el sable como puñal, apuntando a la caja toráxica de la bestia, todo esto ocurrió en cuestión de segundos, el hombrepez, con su cara de broma se hundió con una mueca aun mas ridicula hasta desaparecer en el fondo negro de las aguas.
El alquimista sofocado por la falta de oxigeno ascendió nuevamente y dio una larga bocanada de aire, pero tal fue su sorpresa que la batalla se había desplazado desde los muelles a las orillas de la ciudad, la causa era mas que visible; Una gigantesca ola negra avanzaba lenta, pero poderosamente por toda la playa, demoliendo palafitos y casetas, derribando a los hombrespez o a los desprevenidos soldados moribundos.
La ola destruyó el muelle con rapidez y Vilkarian, en medio del torbellino fue arrancado de su tranquilidad momentanea para mezclarse con palos podridos, miembros cercenados, peces y arena, mucha arena y fango.
Nadie mas que algunos hombrespeces alcanzaron a ver al alquimista siendo arrastrado por el torbellino de olas, pasaría un buen tiempo antes de que lo encontraran en alguna parte.

---------------------------------------------------------------
El dragón eléctrico mordió el techo de la torre, donde la antena de pararayos explosionó por la cantidad de energía utilizada, la maquinaria que escuchara Vilkarian anteriormente comenzó a funcionar impresionablemente rápido, y como consecuencia, los faroles en el pueblo se prendieron con mayor fuerza.
El pararayos, las antenas y los faroles, eran artilugios del mago, una maquinaria compleja transformaba la energia y la llevaba por cables y antenas hasta las casas, claramente esto no importaba para nada en medio del fragor de la batalla.
Rakindavah conjuró algo rápidamente, una bola de llamas golpeó a su contrincante y lo alejó de su vista por unos segundos, estaba seguro de que no lo había asesinado, inmediatamente comenzó a conjurar algo más premeditado, mas dañino.
Una batalla de grandes magos era un espectáculo tenebroso y escalofriante.










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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Sáb Nov 05, 2011 7:01 am

La gran ola comenzó a arrasar todo lo circundante al puerto, corrí desesperado hacia la ciudad, que estaba a unos metros de altura con respecto al mar, la batalla se había suspendido debido al terror de ser tragado por el océano.

Pase de un salto las inútiles contenciones del puerto, corriendo en dirección a la ciudad, podía sentir la fuerza del agua tras mis pasos, algunos mutantes, y unos cuantos soldados de la guardia blanca y de la milicia local corrían despavoridos, busque entre miradas a Rirhane y Vilkarian, ninguno estaba a la vista, sin duda debían haberse refugiado ya, con velocidad me impulse sobre una pared de concreto, intentando escalarla, di 2 pasos sobre ella y me aferre al borde, trepe con temor, desde arriba pude apreciar un panorama único bajo las luces artificiales de los faroles, que titilaban con la tormenta, un gran relámpago golpeo la oscura torre, los cuerpos se arremolinaban en el agua, hombres peces y humanos, arrastrados por igual, al chocar la ola contra la pared de concreto, hizo que temblara, resbale, me aferre con fuerza a una pequeña saliente, el mar arrasaba con todo, y en pocos segundos, se incluyeron algunas viviendas, la vieja taberna, con aquel oxidado letrero en la que me encontré con mi amigo, la pared de concreto de la que me encontraba aferrado, y otras estructuras.

Al desplomarse la pared, caí directo al torrente de agua, que si bien era poco profunda, poseía una monstruosa corriente, la desesperación me invadió nuevamente, el agua me hacia girar, de pronto, se detuvo, comenzó a contraerse, y a llevar todo nuevamente al mar, intente aferrarme a algo solido, no hubo caso, estaba extenuado por el combate, no podía respirar, el agua entraba por mi boca y nariz, la oscuridad lo empeoraba todo, mi cuerpo era golpeado por objetos indistinguibles, de pronto, el agua paso de regreso la pequeña barrera rompeolas, casi milagrosamente, me aferre a una saliente con todas mis fuerzas, un cajón de madera paso a una velocidad vertiginosa junto a mi, golpeando mi brazo derecho, un dolor punzante me invadió, haciendo que me soltara, afortunadamente, el agua cedía potencia, el mar me absorbió, pero luche fuertemente, con miedo y desesperación, el agua me llegaba hasta las rodillas, mi hombro dolía como los mil demonios la corriente me succionaba, caí, volví a levantarme, hasta que sentí un pequeño impulso desde la espalda, una pequeña ola me derribo, ingerí la arena y me golpee el hombro nuevamente, -!mierda, hijos de la grandisima puta, los destrozare a todos, te maldigo océano de tu putamandre¡-, grite con furia, me había dislocado el brazo, y eventualmente, estuve luchando con una inexistente corriente de agua, hace unos minutos que había cesado la destrucción por parte del agua, me sentí ridículo, afortunadamente no había ningún mutante cerca, tome mi hombro con la mano derecha, palpe cuidadosamente, el dolor era abundante, el musculo estaba ardiendo, mordí el borde de mi salada camisa, y coloque la extremidad en su lugar, un dolor inigualable me ataco por segundos, todo se nublo, y me desplome sobre la arena.

-----------------------------------------------------------------

El fuego cubría la vista de Girdavor, un susurro místico, disipo las llamas de sus empapadas ropas, consumidas por fuego mágico, palabras rúnicas se dibujaron con relámpagos frente al maligno hechicero, el tronar de los artefactos tecnológicos de Rakindavah se podía oír claramente entre la tormenta, la energía desviada por los pararrayos fue casi totalmente absorbida, una pared de relámpagos envolvió al maligno artífice del atentado, sus manos se doblaron en extraños gestos, un nuevo rayo cayo de los cielos, con dirección a Rakindavah, el relámpago fue dispersado mágicamente, furioso, Girdavor conjuro un nuevo hechizo, un nuevo dragón relampagueante asomo de entre los cielos, un escudo mágico no seria capaz de detenerlo, de pronto, el mar retumbo, una gran sombra emergió desde las profundidades, iluminada por el brillante dragón, absorbió al maligno hechicero, mientras el relámpago golpeaba a su contrincante.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Vilkarian Dar-Lómech el Jue Ene 19, 2012 10:03 pm

Cuando abrió los ojos no sabía dónde estaba, o que había pasado, su cuerpo inmóvil y húmedo estaba tirado sobre un lecho fangoso para nada agradable.
Un pez-cangrejo salpicaba a su lado, un espécimen sin duda repugnante, con unas patitas ridículas y unas fauces purulentas, sus ojos amarillos y vacios miraban al alquimista con duda, con la filosofía propia de un pez-cangrejo molestado por una terrible ola negra.
Había una luz demasiado tenue para ser de día, y muy clara para estar atardeciendo.
El alquimista levantó la cabeza, sobresaltado, pero todo se volvió turbio y negro, un blackout sin precedentes, y todo fue negro otra vez.
Se sumió en un sopor febril y violento, donde era arrastrado cómicamente por una gigantesca ola negra, mientras cientos y miles de objetos punzantes y viscosos le arañaban el cuerpo de la manera más molesta posible. Sus ojos le ardieron por la sal y la arena, y su boca se llenó de fango y algas apestosas, todo daba vueltas y vueltas.
Todo lo anterior había ido un sueño, o un recuerdo, lo cierto es que estaba tumbado en el mismo lugar. El pez-cangrejo ya no chapoteaba, estaba siendo embestido por el pico curvado de un ave marina de aspecto malsano.
Una luz más clara anunciaba, ya sin tantos problemas, que había llegado el día, arriba las lunas se recortaban lentamente en el cielo azul profundo.
Vilkarian tuvo más cuidado esta vez al levantar la cabeza, intentó voltearse lentamente para poder levantarse, pero los sonidos circundantes le parecieron estruendos insoportables: el pico del ave marina quebrando el espinazo del pez-cangrejo, los alaridos de las gaviotas allá en el cielo, el terrible chapoteo de las olas reventando allá no sabe dónde.
Vació el fango, la arena y las algas casualmente ingeridas de su estomago maltrecho, quedó una generosa mancha grisácea sobre la arena descolorida con olor a pescado. Miró hacia los lados, como no queriendo creer qué era lo que estaba pasando. ¿Por qué siempre le tocaba el culo del mundo mágico? ¿No había algunas ciudades completamente mágicas donde puedes acostarte con élfas ninfómanas mientras árboles antiguos te curan las heridas? ¿En alguna parte? Al parecer no, solo hombres-rata, hombres-pez y peces-cangrejo, magos dementes y seres en podredumbre.
Estaba sólo, a kilómetros del Tarón, en la desembocadura de un rio lejano, botado en medio de un fangal insano, rodeado de cientos de restos y escombros, habían pasado horas desde la batalla, y ya empezaba a oler a podrido.
Como pudo se levantó, y un dolor punzante le recorrió la pierna izquierda hasta el glúteo, con la mano tanteó temeroso una gigantesca herida, seguramente hecha por el hombre-pez antes de la oleada.
Miró en dirección hacia el Tarón, respiró hondo y comenzó a caminar, cojeando y hambriento, no atreviéndose a llevar su mano hasta su cabeza, temía lo peor, y no era una herida infectable, sino el desastre de su cabello. Prefirió dejar sus ideas metrosexuales una vez terminado el problema, y le tomaría horas llegar al puerto en ese estado.


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Re: De viejos amigos, espadas y elixires.

Mensaje por Dumah el Miér Mar 14, 2012 12:35 am

Una apestosa brisa marina azoto mi rostro, que estaba cubierto por una gruesa capa de arena, como un puñetazo de fetidez, intente recobrar la conciencia, el mundo giraba a mi alrededor, de pronto me encontré de espaldas, mirando a un sol radiante, mi nublada visión tomo forma, pude distinguir las gaviotas chillando en la altura, algunas nubes, y la molesta luz centelleante que apuntaba con todo su odio directamente a mis ojos, me sostuve sobre la arena u momento, tratando de asimilar lo sucedido, de pronto un malestar físico me invadió, ese malestar, propio de una resaca de las peores, quizá, por culpa de toda el agua tragada, terminaría vomitando y con una diarrea de los mil demonios, justo lo que necesitaba, me levante tambaleante, con innumerables rasguños y el hombro adolorido por el ajuste que había realizado, sacudí mis vestimentas, empapadas de algo mas que apestosa agua de mar, dirigí la mirada hacia el destrozado puerto, algunas estructuras estaban en buen estado, ya que las paredes no estaban mar a dentro, paso tras paso, los escombros y cadáveres de criaturas que no se había tragado el océano se combinaban retratando un singular paisaje costero, cuya hermosura era solo superada por su asquerosidad, el esfuerzo de avanzar unos metros me dejo agotado, con un cuerpo maltrecho, no tenia muchas oportunidades si un enemigo se presentaba, había perdido la mochila, mi ropa estaba completamente rasgada, y con una suerte de las mil putas, el cinto, al cual sujetaba infaliblemente mis espadas, ya no estaba.

Me deshice de la camisa de lino, dejando mi torso desnudo, a juzgar por la posición del sol, debía ser cerca de medio día, mis brazos y parte de mi rostro estaban algo quemados por los rayos solares, por un momento me dedique a apreciar las innumerables cicatrices que cubrían mi cuerpo, y alguna que otra para la colección, seguí caminando, la angustia que me provocaba estar separado de mis fieles compañeras era sofocante, subí al ya casi inexistente muro de contención que separaba la playa de la calzada, había movimiento, algunos soldados, pescadores, mujeres y niños se dedicaban a recorrer la bahía, buscando inútilmente a sus familiares, o quizá solo esperaban poder conseguir algo de valor de los cuerpos regados.

A lo lejos, se podía apreciar la destrozada torre del hechicero Rakindavah, en el puerto, luego de vagar por algunas horas, sin noticias del rubio y de Rirhane, me dispuse a caminar hacia las ruinas de la negra edificación, si podía encontrarlos en algún lugar, de seguro seria ahí.

El suave deslizar de un peculiar acero llamo mi atención, me acerque cuidadosamente a un soldado de la guarida blanca, que jugueteaba con la hoja de una espada, -¡he!, ¡mierda!-, dije con rabia al reconocer la peculiar arma, -¡si no me entregas la puta hoja te la clavo en la garganta ladrón de tu puta madre!-, el hombre, con terror en el rostro, dio un descuidado salto hacia atrás, tropezando con algunos escombros, cayo de espaldas, lo tome de su oxidada cota de mallas, al tiempo que soltaba unas casi ininteligibles palabras, -¡señior os lo juro, estaba meo muerto en la playa, yo solo quero ganarme la via, piedad!-, rogaba con su rostro, cubierto de basura, el apestoso soldado, lo solté, hastiado de la basura, tome el cinto con las espadas, y me largué.

Las rocas de la calzada se clavaban en la suela de mis botas, el mar, con su serena melodía, parecía bello, incluso tranquilizador, sentimiento que me inundo de sorpresa, ya que el gran charco me parecía una mierda. El camino se acortaba, estaba frente al puente, que cruzaba el río de desechos, el desagradable aroma había sido reemplazado por una menos desagradable brisa, sin duda obra del tsunami, las tablas crujían bajo mis pies, el sol quemaba cada vez mas en lo alto, la torre, despojada de su antigua grandeza, yacía en escombros ante mis ojos, la antigua puerta de hierro, con el mecanismo de voz, estaba a veinte metros de la entrada, entre los retazos de la edificación, al centro de la antigua sala, dentro de una zona circular casi intacta, divise una silueta, envuelta en sollozos, los dorados cabellos de la mujer cubrían su rostro, y parte de un rostizado cuerpo, inmediatamente lo supe, era Rirhane, sosteniendo el cuerpo de su hermano, el hechicero, la vista del mago era aterradora, despojado de su antiguo lujo, salvo por retazos de vestimenta, se veía ahora desprotegido, casi impotente, como cualquier vida al borde del abismo. Me aventé rápidamente a su lado, ella no pareció notar mi presencia, -!Rirhane¡- grite fuertemente, la rubia dirigió su mirada, aquella mirada, responsable de innumerables escalofríos, estaba ahora inundada en lagrimas, en sus brazos, Rakindavah balbuceaba: -No lloréis hermanita, estas pequeñas quemaduras no son dignas de herir este ancestral cuerpo, las runas mágicas, inscritas en mi piel, han absorbido la mayoría del daño, sin embargo, no podré reconstruir esta pierna, por lo menos hasta que repare mi gloriosa torre.- Pronunciaba con dificultad aquellas palabras, -han evitado una masacre en el puerto, os estoy agradecido, has de recibir una retribución justa nórdico, pero no puedo dárosla en ausencia del alquimista.- Con estas palabras, un abrumador sentimiento me invadió, en la batalla, luego de la marejada, había perdido completamente de vista a Vilkarian, quien pensé podría estar en la torre.

Un fuerte sentimiento de perdida recorría mis venas, el alquimista era mi mejor, es decir, mi único amigo, el único que se me puede permitir en la vida de mercenario, la sola ida de su perdida me hacia perder la cordura, pero a pesar de ser un jodido amanerado, contrario a su apariencia, era un hueso duro de roer, y con algo de valor, no podía morir sin encontrar primero a aquel jodido padre del que me había hablado entre tragos tantos años antes, no podía morir, sin que le hiciera morder el polvo una vez mas en algún combate casual, no podía morir sin brindar por lo menos, una ultima vez con una buena cerveza.


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