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Crónicas de Kefka

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Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:03 am

Ahhh… si…
El olor de la sangre recién derramada…
Los alaridos de pánico de las personas indefensas ante mí…
La mirada de terror de aquellos que osan cruzar sus débiles miradas con la mía…
…Me…
…¡ENCANTA!...
…¡MUEJEJEJEJEJE!...


Año 950.
Afueras de la ciudad negra, Malik-Thalish.



La ciudad dormía tranquila y serena después de una larga jornada. El día anterior se había realizado un gran mercado negro en el centro de la ciudad, aprovechando las buenas relaciones entre Malik-Thalish y Phonterek . El día había resultado bastante provechoso para los mercaderes ambulantes, y los ladrones que asaltaban a quienes compraban mercancías para volverlas a vender al vendedor original. Un negocio redondo dirían muchos. Solo faltaban un par de horas para el amanecer. La basura y los restos de alimentos consumidos decoraban las calles empedradas de la ciudad capital. El clima era fresco, con una neblina espesa que apenas dejaba atravesar las luces de las antorchas de la ciudad. Una mañana tranquila precedida por una noche silenciosa y los gemidos agonizantes de los ingenuos que se atrevían a viajar a través de los oscuros callejones sin nombre.

Las puertas traseras de una cantina rechinaban ante el sutil movimiento que generaba el aire matutino proveniente del mar. Se podía escuchar el constante golpeteo de las olas al chocar sobre las enormes murallas a cientos metros por debajo de las calles de la elevada ciudad. Voces ahogadas en el vacío de la noche eran silenciadas antes de poderlas considerar siquiera un grito leve. El lugar era una taberna de mala muerte. Como muchas en esta enorme ciudad llena de corrupción. Era un lugar al que no cualquiera se atrevía a ingresar, a no ser que no se tuviese otra opción o se buscara una muerte repentina entre aquellas paredes. “El tarro hundido”, ese era su nombre.

En el callejón trasero, de aquel establecimiento de perdición y vicios nocturnos, yacía inerte un cadáver. A simple vista parecía ser un simple sujeto al que se le había pasado la mano al beber. Una vista típica y hasta monótona para aquellos que han vivido más de una temporada en la ciudad negra. Pero la realidad era otra. La herida en su yugular contaba una historia diferente sobre lo que ese cuerpo hacía en ese lugar. Una historia igualmente común de ver en estos lugares, pero no así menos grave.

En el interior de la taberna se podía escuchar una voz. Era una voz perturbadoramente alegre y, a la vez, siniestra y maliciosa. Como si se tratase de la voz que utilizaría un mercader estafando a un niño ingenuo o la voz que usaría una madre con su crío para que éste dejase de llorar. Una voz amable y al mismo tiempo extremadamente amenazante.

La taberna parecía haber sido testigo de una batalla durante esa misma noche. Cerveza y sangre decoraban el piso y las paredes del lugar. Algunas de estas marcas eran antiguas, como la fama que a este lugar precedía, pero otras habían sido formadas esa misma noche. La sangre fresca aún escurría por las paredes y goteaba desde las mesas y los restos de sillas que antes amueblaban la cantina. Un festín de sangre para aquellos que gustaran de tan enferma visión.

En el lugar, los cuerpos sin vida de más de una docena de personas se veían dispersos por todo el lugar. Algunos sobre las mesas. Otros en la duela de madera. Y otros menos afortunados dispersos entre las mesas, la barra, las paredes y las escaleras. Solo tres con vida permanecían en la zona de muerte. Dos de pié y uno sentado en una postura incomoda sobre una silla maltrecha a punto de caer hecha trizas y en una situación poco favorable para su integridad física.
Las personas que se encontraban de pie parecían ser conocidos aunque eran completamente opuestos en su forma de vestir y hablar. Mientras uno mantenía su rostro oculto en un turbante negro y vestía ropas oscuras propias de un espía o un asesino el otro parecía querer llamar la atención lo más posible al llevar puesto un atuendo que solamente un arlequín muy sicodélico y fuera de sí se atrevería a portar en estos tiempos. En esta ciudad en particular. Y su voz era escandalosa, a tal grado que se podría escuchar a cientos de metros a la redonda si se pudiese eliminar el eco que producía el choque constante de las olas sobre las murallas de la ciudad.


Última edición por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:27 pm, editado 1 vez



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:09 am

Estos dos personajes mantenían sometido al tercer hombre, el cual parecía ser un simple cliente de la infame taberna, mientras le hacían preguntas que solamente unos cuantos podrían considerar coherentes, o incluso, con un sentido oculto.

Es por tu bien amigo… contesta las preguntas que te hará mi señor. No lo quieres ver enojado, créeme. – El sujeto miraba fijamente al hombre sometido mientras le susurraba aquellas palabras que intentaban persuadir a un aterrado prisionero. Sea quien fuese aquel sujeto estrafalario, según las palabras del hombre del turbante, no sería sabio hacerlo perder su buen humor, si es que aquella actitud fuese una señal de un humor positivo o alegre.

P… pero... yo no sé nada señores… – Logró articular unas cuantas palabras mientras trataba de no seguir mojando sus pantalones –

¿Aún no te preguntan nada y ya estas mintiendo?... ¿Qué acaso no valoras tu vida? – el sujeto jalaba por el pelo a su prisionero exponiendo la garganta al filo de su afilada katar.

Muejejeje, tranquilo Sombrazul. ¿No estarás pensando en matarlo después de no haber dejado a nadie más con vida, o si? – El arlequín mantuvo su postura prepotente y su tono amenazante y burlón.

No mi señor. Nunca me atrevería. – dijo el encapuchado mientras retiraba su filosa arma y la cruzaba sobre su pecho en forma de respeto o reverencia.

Haber, haber... Mira niño – El humano en la silla aparentaba al menos unos 68 años – no tengo mucha paciencia para estas cosas ¿ves? Tus amigos, están por toooodas partes muejejejeje – dijo esto mientras extendía sus brazos y giraba sobre su propio eje, haciendo referencia a la docena de cuerpos a su alrededor, y el sin fin de miembros cercenados – ya no hay nada puedas hacer más que decirme lo que quiero saber ¿cierto? Muejejejeje.

El hombre consideró las palabras de su trastornado interrogador. Era verdad que sus compañeros habían sido eliminados de una forma brutal esa misma noche, pero no tenía ninguna seguridad de que saldría de ese sitio con vida. De hecho ni siquiera consideró salir vivo de allá, más bien deseaba que por lo menos su cuerpo se mantuviera de una sola pieza. Aunque en realidad su destino ya no estaba en sus manos.

P… pregunta…

Bien, bien, muejejeje… solo tengo una pregunta pequeño… ¿Dónde está tu jefe? Tu sabes… ese tal “Rattles”… o era “Ractles”… ah no sé, pero tú me entiendes ¿cierto? Muejejejejeje…

No… no se dé quien o de que me hablas…

La gran y enmarcada sonrisa del arlequín cambió abruptamente, dejando en su lugar un gesto de disgusto y furia el cual no pasó desapercibido para Sombrazul, quien jaló con fuerza desmedida el cabello del sujeto que tenía sometido encajando el respaldo de la destartalada silla de madera en la parte posterior de su cuello.

MIRA PEDAZO DE PORQUERÍA INMUNDA, LLEVO DEMASIADO TIEMPO METIDO EN ESTE APESTOSO AHUJERO AL QUE LLAMAN TABERNA Y DE AQUÍ NO ME PIENSO IR SIN LA INFORMACIÓN QUE REQUIERO, ASÍ QUE EMPIEZAS A SERME ÚTIL O YA TE PUEDES DESPEDIR DE TU PATÉTICA Y MISERABLE EXISTENCIA. ESO SÍ, NO ESPERES QUE TU MUERTE SEA TAN RÁPIDA Y SENCILLA COMO LA QUE SUFRIERON TUS AMIGUITOS. – Tanto el volumen de su voz como el nivel de amenaza se habían aumentado en gran medida. Se tenía que ser un demonio de las profundidades sin miedo a la muerte o un Drow fanático dispuesto a morir como para no verse intimidado ante tales palabras y gestos que denotaban la locura interna del elfo maquillado.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:35 am

……… - el silencio del sujeto era sepulcral, pero parecía estar tomándose su tiempo para escoger correctamente sus siguientes palabras - …… Nasle….

Una sonrisa de satisfacción adornó el rostro del arlequín mientras le daba la espalda a su rehén, el cual sintió como la afilada y fría hoja de la katar de Sombrazul cortaba de un tajo su cuello dejando escapar a borbotones su sangre, junto con su vida.

Mi señor Kefka
– dijo el asesino enmascarado mientras mantenía su mirada baja a la espalda del arlequín – sus órdenes.

El arlequín detuvo su caminar. Se dirigía al portón principal del establecimiento mientras murmuraba cosas para sí mismo, como usualmente hacía, y trataba de disimular la risa que le había ocasionado ver la cara de esperanza del simplón al que había torturado el cual seguramente esperaba que le perdonase la vida tras su información. Si había algo que Kefka odiara más que a las tantas cosas que odiaba en el mundo son los boca floja.

Reúne a los demás… – Sin dar más indicaciones, Kefka continuó su camino a través de los caminos cubiertos por la densa neblina matutina de la ciudad negra, no sin antes agregar una segunda orden ,a cual pronunció por encima del hombro – … y trae a alguien que se encargue de este sitio muejejejeje…

Como usted mande.

Sombrazul estaba acostumbrado a esta clase de órdenes. Siendo el mejor asesino del grupo, y habiendo participado en la mayoría de las masacres ordenadas por su señor, Sombrazul sabía que cuando el arlequín hablaba de encontrar a alguien que se “encargara” de alguna masacre en realidad quería decir que buscara y amenazara a alguien para que aceptara voluntariamente la responsabilidad de cualquier cosa que el asesino y el amo hubiesen hecho. Sin importar cual descabellado pudiese parecer, la importancia de Kefka dentro del sistema de gobierno de Malik-Thalish y sus poderosas influencias le permitían acusar a un anciano como perpetrador de asesinatos como los de esa noche sin dejar sospechas o dudas al respecto.

Una vez que su perturbador comandante abandonó el establecimiento, Sombrazul subió al techo del local haciendo uso de una impresionante agilidad comparable con la de un danzarín sombrío. Una vez arriba se cercioró de que no hubiesen testigos a la vista que le vieran a través de la espesa niebla y sacó un pequeño silbato de roble tallado, el cual emitía un sonido ultrasónico que solo podría ser detectado por ciertos animales de caza como las aves, los grandes felinos y algunos caninos.

Inmediatamente después de hacer sonar su silbato de madera, un halcón descendió de entre las nubes y se posó sobre el brazal del asesino, el cual ya tenía preparado un pequeño pergamino con nada más que un símbolo extraño que caracterizaba a los miembros de su organización. Dicho pergamino solo era utilizado cuando era necesaria una reunión en algún lugar secreto acordado anteriormente. Colocó aquel pergamino dentro de un pequeño contenedor sujeto a una de las patas del halcón y lo envió con el mensaje hacia uno de los escondites secretos de su orden, a las afueras de la ciudad amurallada.

Viendo que su entrenada ave se alejaba con seguridad, Sombrazul abandonó la zona con la rapidez y el sigilo que le caracterizaba, dejando atrás la masacre efectuada por él mismo en busca de obedecer la orden que se le había encomendado. Encontrar un culpable ebrio o fuera de sí al cual imputarle la masacre de la taberna. Un trabajo sencillo si se tenía en cuenta que en esta ciudad sobraban sujetos con dichas características.


Última edición por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:10 pm, editado 1 vez



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 8:09 pm

Habían pasado más de trescientos años desde que el elfo dorado con el título de Mago del Caos, Kefka Palazzo, había fundado una sociedad secreta de espías y asesinos que funcionaba casi enteramente de forma independiente sin una cadena de mando directa. La organización Karnifex. Funcionaba desde las sombras, sin darse a conocer. Muchos rumores hablaban sobre una organización de miles de asesinos mientras que otros más decían que en realidad se trataba de una fuerza sobrenatural de las tinieblas. Lo cierto era que nadie sabía nada sobre la organización sombría, y los pocos que tenían la pena de toparse con un miembro no pudieron transmitir sus relatos.

La participación de Karnifex se concentra principalmente en las ciudades más importantes de Thonomer, siendo la ciudad de Malik-Thalish su principal centro de operación. Sus agentes laboraban en secreto en los distintos niveles laborales y aristocráticos de la sociedad, creando así la red de informantes más importante de la región. Objeto por el cual el gobernante de la ciudad negra, del cual pocos conocen su verdadera identidad, brindó a Kefka la total libertad para manejar los asuntos “diplomáticos” de mayor interés para Malik-Thalish a cambio de mantenerle informado de todas las actividades que, de no ser por Karnifex, serían imposibles de descubrir. Un trato bastante conveniente para el arlequín del caos, el cual ambiciona por sobre todas las cosas el poder y el control absoluto…



Almacén abandonado
Norte de la ciudad de Malik-Thalish

Habían pasado más de cinco horas desde que el señor y su esbirro enmascarado masacraran a más de veinte personas en aquella taberna de mala reputación. La versión oficial, una pelea entre bandas enemigas incitada por la ingesta de alcohol desmedida. El culpable, un hombre de cuarenta años el cual presuntamente era un asesino a sueldo durante su juventud y perdió el control de sus acciones durante la riña. Creando así la orgía de sangre que adornaba la taberna en su interior. Dicho hombre permanecía inmóvil en el centro de la habitación, como si su propio espíritu estuviese paralizado por el horror de lo que había hecho, o por algún otro sombrío motivo el cual nadie que no tuviese relación con la forma de laborar de Karnifex comprendería.

Kefka esperaba impaciente la llegada de su élite de espías dentro de aquella destartalada bodega que durante sus buenos días sirvió de almacén de granos y vegetales cultivados en las cercanías de la ciudad. El almacén tenía goteras por doquier. La mayoría de las ventanas estaban rotas y cubiertas de tablones de madera podridos por el constante flujo de agua salina en el ambiente. Los olores nauseabundos de los desperdicios de aves y murciélagos se acumulaban en su interior. Era un lugar al que detestaba acudir, pero era el único lugar seguro al que podía acudir en caso de necesitar hablar en persona con sus agentes. Era en este sitio abandonado donde Kefka tenía su escondite más importante. Un laboratorio subterráneo al que solo se podía acceder por tres lugares distintos. Uno era este, el segundo era a través de una cueva que desembocaba con el mar y el tercer punto de acceso se encontraba a unos quinientos metros hacia el oeste de las murallas exteriores de la ciudad, oculto entre las rocas y la vegetación abundante de la región.



El laboratorio contaba con una serie de túneles y habitaciones destinadas para distintos fines. Algunos para mantener conversaciones privadas poco ortodoxas, como le gustaba llamarle. Otras habitaciones estaban destinadas a mantener cómodos a sus inquilinos los cuales podrían describir a ese lugar como muchas cosas a excepción de cómodo. Y otras varias habitaciones estaban destinadas a la experimentación de químicos y toxinas, lo cual era una afición bastante importante dentro de la larga lista de aficiones del elfo maquillado.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 9:36 pm

El laboratorio era testigo de los experimentos inhumanos que el arlequín desquiciado realizaba con sus prisioneros y de muchas cosas más. Algunos inocentes llevados ahí en contra de su voluntad, como también habían bandidos y escoria sin valor para nadie llevados ahí también en contra de su voluntad. Kefka no discriminaba a nadie. Para él cualquier individuo era un valioso recurso de investigación y experimentación. Una diversión que pocos podrían considerar necesaria o incluso didáctica.

Nada de lo que ocurría entro de ese lugar era conocido por el Rey de Malik-Thalish, sin embargo el perturbado payaso lo mantenía contento con la infinidad de pócimas que creaba y los buenos resultados de las misiones que se le encomendaban. No era necesario para el Rey sombrío molestarse pensando con molestos detalles y nimiedades. Mientras el mago hiciera su trabajo no había necesidad de indagar en sus fetiches.

Nasle… Nasle…Hummm… Suena lógico… solamente las ratas tendrían su madriguera en tal basurero.
Ah si… Rattles… me serás de mucha utilidad… muejejejeje


Nasle era una ciudad minera, al norte de Malik-Thalish. Sus actividades eran controladas por la ciudad de Phonterek quienes son un valioso aliado de la ciudad negra y que habían venido generando muchas riquezas a partir de la joyería y la artesanía. Nasle se encargaba de extraer hierro y carbón el cual es la materia prima para las forjas de acero de Phonterek y a su vez extraían diversos minerales preciosos como cuarzo, esmeraldas, y rubíes utilizados en la joyería de la ciudad. Sin duda Nasle, siendo un pueblo minero con apenas unos cuantos cientos de habitantes era pieza fundamental en la economía del aliado de mármol.

A través de los corredores oscuros complejo subterráneo, tres sombras avanzaban veloces entre la oscuridad de los túneles que hacía mucho tiempo habían dejado de ser considerados atractivos para brindar una visita. El frío que se sentía en su interior era un sello característico de aquel lugar de muerte, donde la mera sensación de una briza helada con olor marino y drenaje causaba un escalofrío nauseabundo en cualquiera que no estuviese en la lista de acceso en aquel laboratorio. Las tres figuras sombrías dejaban una sutil estela de movimiento imperceptible a la vista sin entrenamiento. Se movían entre las sombras generadas por la luz de las antorchas sin dejar que su calido resplandor rozase siquiera sus ropas coloridas. Era la elite de Kefka. Sus asesinos de mayor confianza. Sus tres Karnifex principales.

Ya era hora muejejejeje – Dijo Kefka mientras volteaba lentamente para poder ver con claridad las siluetas de sus lacayos – Sombrazul, Sombragris y Sombraroja… tenemos trabajo por hacer, y cuando digo tenemos quiero decir que tienen mucho trabajo por hacer muejejeje. – Los tres individuos vestían de manera similar, solo diferenciados por el color de sus oscuros atuendos los cuales tenían que ver directamente con su nombre clave y habían sido escogidos personalmente por Kefka, para darle un poco de personalidad a su élite. Ridículos, si. Extravagantes, también. Inofensivos, nunca. Cada uno se especializaba en un estilo de combate diferente y en armas distintas, siendo un par de katares las armas de Sombrazul, un par de espadas cortas kodachi utilizadas por Sombragris y un kunai de tres filos dentados anexado a una larga cadena colgada a un costado de la cintura de Sombraroja. Nunca nadie, además de Kefka, conoce las identidades de los tres asesinos. Pero a simple vista se podría decir que Sombrazul y Sombragris son hombres siendo este último el más grande y musculoso de los dos, mientras que Sombraroja mantiene posiciones que sugieren a una mujer atlética, pero debido a que no pronuncia palabra alguna y sus rostros permanecían ocultos esto era una simple suposición.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Ago 13, 2011 10:15 pm

Debemos partir a Nasle… — dijo el mago mientras esbozaba un gesto de incomodidad ante la mera idea de viajar a un sitio tan sucio y con pocos atractivos para él – si, ya se, un fastidio… pero, según una fuente poco confiable, desesperada y al borde de la muerte, es ahí el lugar en donde se esconde este tal “Rattles”… y saben muy bien que una persona que tiene la muerte enfrente siempre es la más honesta muejejeje…

Señor… – Dijo el asesino de las espadas gemelas interrumpiendo a su comandante –… su nombre es Rangles, Rangles Snitch, señor…– Mantuvo su mirada baja en todo momento. Esperaba una especie de castigo gracias a su imprudencia, pero él no soportaba que alguien dijera un nombre incorrectamente. Corregir a su señor era un mal hábito que le había acarreado un sinfín de heridas como reprimenda a su imprudencia.

Hmmm… hmmmmm… bueno como sea. – No se dijo más – El caso es que hay que ir a este apestoso agujero y recuperar de su feo y maloliente cadáver el artefacto que me robó. – Dijo mientras su tono de voz se iba elevando en intensidad – ¡NADIE ME ROBA Y VIVE PARA COBRAR GANANCIAS! – Casi al instante la intensidad de sus gritos disminuyeron radicalmente hasta el punto de considerarse un llanto inconsolable – …quiero mis cosas de vuelta… sniff … sniff…

Hacía ya una semana desde que un grupo no identificado penetró en el laboratorio del arlequín. De aquella incursión solamente se extraviaron dos objetos, un artefacto antiguo en forma de vara metálica recién adquirida por unos agentes de Karnifex en las cercanías de Tirian-Le-Rain se realizaba una exploración a las ruinas de una antigua torre arcana y un viejo pergamino, el cual estaba escrito en un idioma desconocido u olvidado que tiempo ha llevaba perdido entre los documentos más viejos del elfo maquillado.

¿Necesita que hagamos el trabajo por usted? – Añadió el asesino de vestimentas azules oscuras.

Mmmmm… hmmmmmmmmmmmm… no… Tomaré una carroza y los veré allá esta misma noche. Para entonces, espero un informe completo de las actividades clandestinas recientes en aquella ciudad y la localización exacta de este tal Ralesgark o como se llame… – Kefka parecía haberlo pensado bien antes de comenzar aquella reunión. Nasle estaba a tan unas cuantas horas a caballo, por lo que no sería ningún problema para su elite el llegar antes y verificar la situación.

Sin aviso previo, los tres asesinos desaparecieron en las sombras de los túneles del laboratorio subterráneo, tan sigilosos y veloces como siempre.

Ah sí, y una cosa más… – dijo Kefka dirigiéndose a las sombras de su oscura instalación – mmmmm… los odio cuando me dejan hablando solo…

El día parecía augurar otro buen día de comercio en las calles de Malik-Thalish. Los puestos ambulantes colmaban las calles de la ciudad y el mercado negro estaba en su momento de mayor fluidez. El oro y la plata circulaban de bolcillo a bolcillo. Algunas monedas honestamente ganadas y otras muchas obtenidas no tan noblemente. Los viajeros se aseguraban de la calidad de las armas y los artefactos mágicos que adquirían en estos negocios clandestinos. Podían encontrar falsificaciones perfectamente laboradas e incluso armas que aún poseían la sangre fresca del desafortunado dueño anterior. Las tabernas no se daban abasto para la cantidad de personas deseosas de comprobar su fuerza contra otros aventureros. Una ciudad bastante activa y peligrosa. Que ocultaba oscuros secretos por debajo de sus pies.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Dom Ago 14, 2011 6:50 pm

Los asesinos de Kefka habían partido inmediatamente después de que su comandante les diera sus órdenes. Siempre adelantándose a los deseos y caprichos de su señor, los tres agentes sombríos sabían perfectamente que hacer y cómo llevar a cabo las misiones encomendadas de manera que pudieran complacer las expectativas de su insano líder. No tardarían más de dos horas en llegar a la ciudad minera de Nasle si partían de inmediato. El clima era perfecto. Algo frío debido a la época del año en la que se encontraban. Los inviernos en esas costas indómitas eran duros y sobrevivir siempre parecía ser más un lujo que una ley natural teniendo en cuenta todos los peligros que significaba entrar en la región. Pero no esto no era nada que sus entrenadas mentes y sus resistentes cuerpos no pudiesen soportar.

El camino a Nasle era un sendero empedrado que descendía hacía un pequeño bosque entre desfiladeros formados naturalmente y un sinfín de enredaderas secas que cubrían casi en su totalidad las rocas. El lugar se podría considerar una estepa. Animales como zorros, liebres, escorpiones y serpientes habitaban el lugar de temperatura variable. Los movimientos de los tres asesinos eran rápidos y precisos. Saltaban entre las ramas de los árboles y corrían a una velocidad por encima de las posibilidades de un humano bien ejercitado promedio. No cabía duda de que su vida se enfocaba en el entrenamiento diario y la disciplina de su arte marcial.

Apenas llegando a la mitad del sendero irregular, sobre el camino principal que llevaba a la ciudad a donde se dirigían, pasaron un grupo de cuatro carrozas de mercancías. Los caballos yacían en el suelo muertos a causa de un sinfín de saetas de ballesta las cuales hacían parecer un alfiletero ambulante a los carros de madera. No menos afortunados, los cuerpos de los mercaderes yacían inertes sobre los carros, asediados por la misma clase de arma que sus caballos pero con la peculiar diferencia de que solo tenían no más de dos saetas encajadas. Y algunos de ellos ni siquiera habían sido heridos en una zona crítica del cuerpo, cosa que no pasó desapercibida para Sombrazul. Era muy común encontrar carrozas asaltadas en esta clase de senderos expuestos a emboscadas, razón por la cual Sombragris y Sombraroja siguieron su camino dejando el asunto en manos de su otro compañero.

Había huellas por doquier. Se trataba de un grupo de veinte hombres cuando menos, pero la cantidad de virotes era abrumadora. Demasiados proyectiles como para veinte ballestas. Sin duda, el grupo que asaltó a los desafortunados mercaderes era más grande. Posiblemente varios más se mantuvieron escondidos en las sombras del bosque que rodeaba el sendero. Pero descubrir quién y por qué no le interesaba en lo más mínimo.

Dando un salto sutil, el agente de las vestimentas azules se posiciono a un costado del conductor del carro líder, el cual parecía haber muerto a causa de una saeta incrustada en su brazo. El cuerpo del hombre cincuentenario mostraba una serie de várices moradas alrededor de la herida y en distintas partes del cuerpo incluyendo el cuello, los ojos y el cráneo. Veneno. Sin duda algún agente tóxico era el causante de tan horrenda muerte. Pero el asesino no podía definir de qué clase de veneno se trataba. En sus más de trescientos años de vida, varios de ellos bajo el mandato de un maniaco depresivo con una adicción indescriptible a las toxinas y venenos potentes, jamás había sido testigo de una sustancia tan peculiar. Sin meditarlo más, extrajo el virote envenenado del cuerpo de su víctima y tomó un pedazo de la piel dañada. Todo esto con el fin de complacer a su amo con un juguete nuevo de investigación. Sombrazul se alegraba por el hallazgo y aceleró el paso para tratar de alcanzar a sus aliados. Sabía que si lograba echar mano de una muestra del veneno sería recompensado y, lo mejor de eso, podría echarlo en cara a los otros dos agentes lo cual era una competencia constante entre los tres con el fin de demostrar a quien estimaba más su amo.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Dom Ago 14, 2011 9:55 pm

Una vez llegaron a Nasle, lograron percatarse de que algo no estaba bien.

Sombragris y Sombraroja lograban divisar las montañas donde se encontraba, como abrazado por los brazos de sus padres, la ciudad minera de Nasle. Dicha ciudad parecía a simple vista una serie de andamios y tarimas de madera anexadas a la pared rocosa de la zanja de la montaña que le acobijaba. Sin embargo se trataban de soportes de madera y hierro, unidos entre sí por una serie de puentes colgantes, que mantenían en una posición elevada todas las viviendas y los establecimientos comerciales de poca manufactura como lo eran las posadas y algunos puestos de mercancías variadas. No había tabernas en la parte elevada de la ciudad principalmente porque resultaba muy peligroso para los clientes ebrios una vez que salían del establecimiento a diez metros de distancia del suelo.

En tierra se encontraban las dos principales tabernas de la ciudad. El charco lodoso, la cual tenía las mejores carnes rojas de la región y ofrecía un servicio de renta de habitaciones muy económico y agradable, y La jarra hundida la cual era la más grande y en donde se efectuaban juegos y peleas donde la gente podía apostar y generar algo de dinero extra. Además se podían encontrar las armerías y las tiendas artesanales donde se soplaba vidrio y algunos puestos de peletería donde se curaban las pieles de los animales cazados en la zona. La parte baja de la ciudad estaba destinada para toda la actividad mercantil importante y los almacenes de las compañías que exportaban los minerales extraídos a las ciudades cercanas, principalmente Phonterek.

Comúnmente se podían observar una cantidad considerable de obreros en la ciudad, cosa que no era visible al momento en que los dos agentes llegaran a las afueras de Nasle.

Algo no va bien – dijo el asesino gris a la vez que se detenía y hacía una señal para que su compañero hiciera lo mismo. Sombraroja, como era habitual, no emitió sonido alguno y simplemente detuvo su andar tras su compañero.

¿Ya lo notaste verdad? – El tono de las palabras de Sombragris daba a entender que él se había percatado de algo extraño hacía no mucho tiempo. Sombraroja simplemente asintió con la cabeza.

No nos hemos topado con ningún trabajador, por lo general siempre hay gente trabajando sobre el camino a estas horas de la tarde. – A su alrededor solo habían algunos árboles y pequeños arbustos. Varias rocas de buen tamaño adornaban el suelo junto con picos y palas utilizadas normalmente por los obreros – Esperemos a Sombrazul, no ha de tardar demasiado en alcanzarnos.

No pasaron más de cinco minutos hasta que la figura de Sombrazul se lograra divisar en el horizonte boscoso y se posara en medio de los dos.

¿Todo bien? – Preguntó Sombragris mientras examinaba al asesino azul.

Excelente diría yo – Respondió Sombrazul mientras dejaba ir una ligera risa al pensar en la posibilidad de ganar mayor estima con Kefka.

Algo parece estar mal en la ciudad. No hay obreros a la vista ni aldeanos. – Explicó el agente vestido de gris – debemos separarnos para reunir información antes de que llegue nuestro amo. Nos reuniremos en dos horas en la Jarra Hundida. Si alguno de los tres no asiste los demás consideraremos que la situación es peligrosa e informaremos al comandante dejando atrás a quien se rezague.

De acuerdo. – Dijo Sombrazul a la vez que Sombraroja asentía con la cabeza en señal de aprobación.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Mar Ago 16, 2011 7:51 pm

Malik-Thalish
Caballerizas de la puerta sur.

Estúpidos animales… Estúpidos, estúpidos, ¡ESTÚPIDOS!... ¡ODIO A LOS ANIMALES INCOMPETENTES Y DESPREOCUPADOS SIN INTERÉS EN LAS URGENTES NECESIDADES DE LA GENTE HONESTA!...

Kefka gritaba y pataleaba, como un niño berrinchudo al que sus padres le habían negado un juguete nuevo, al encontrarse solo en las caballerizas de la puerta sur de la ciudad. Solo y sin ningún encargado que le pudiera preparar una buena carroza para partir cuanto antes a Nasle. El arlequín había perdido el último transporte aéreo que saldría hacia Phonterek y no podía demorarse demasiado pues corría la posibilidad de que el sujeto que le había robado muriera a manos de sus agentes sin que el arlequín le torturara como es debido.

…discúlpenme caballitos… no les hablo a ustedes.


Ciudad minera de Nasle.
Centro urbano.

Cada uno tenía una especialidad diferente sin contar sus destrezas en el combate. Sombrazul era uno de los mejores espías a disposición de Kefka. Experto en infiltración y hostigamiento. Sus hazañas le habían logrado muchos logros a su amo durante más de doscientos años. Sombragris era un asesino desalmado y un poderoso combatiente. Sus tareas básicamente eran las de eliminar a los estorbos e intimidar a quienes no desearan cooperar. De los tres, él era el más diestro en el combate cuerpo a cuerpo y el más joven en el grupo teniendo solamente treinta años bajo las ordenes del arlequín. Por otro lado, Sombraroja se encargaba de reunir información y transmitirla a Kefka una vez que considerara que sus datos eran confiables. Nunca daba datos falsos o pistas sin fundamentos. La precisión de sus actos le caracterizaba. Además, tenía una amplia red de informantes que le mantenían al tanto de las actividades que afectaban de alguna manera a la clandestinidad de la organización y a Kefka en específico. Razón por la cual había recibido una reprimenda importante de parte de su amo el día en que se infiltraron en su laboratorio secreto para robar el artefacto que ahora está obligado a recuperar. Simplemente no podía comprender como algo tan importante se le había pasado por alto. Nunca antes, en los ciento cincuenta años que lleva a su lado le había fallado a su señor.

Barriles, contenedores metálicos y herramientas utilizadas para la minería adornan los pasillos empedrados de la ciudad minera. Los edificios, que más parecían casas o chozas de madera, sobresalían de las paredes de la montaña. Como si de la piedra brotaran las estructuras. Una gran fisura en la dura roca de la montaña era el camino que atravesaba la ciudad de principio a fin, siendo el final de aquel camino lúgubre, iluminado solamente por antorchas, la entrada a la gran mina de hierro de Nasle.

No le había tomado más de cinco minutos a Sombrazul para estar posicionado en la cima de una de las más altas estructuras de la ciudad. Una posada de viajeros de tres pisos elevada a diez metros del nivel del suelo. Su gran agilidad y sigilo le habían permitido escabullirse entre las sombras generadas por la montaña. Sin embargo, a pesar de su ventajosa posición, seguía sin detectar actividad alguna en la ciudad. Las corrientes de aire a esa altura eran más fuertes y ruidosas que en cualquier lugar del exterior pues el aire se arremolinaba al entrar en la zanja que conformaba a Nasle. Aquella parecía una ciudad fantasma.

Sombragris, por otro lado, era todo que se podía esperar de un asesino frio y sin paciencia para esconderse del peligro. Sin ética ni moral social, él nunca dudaría en pasar sus espadas por el cuello de quien le ordenaran. Una vida sencilla la del asesino en esta época de constante conflicto. Matar porque te lo dicen no estaba mal, siempre y cuando la paga o el motivo fuesen beneficiosos para él. Y su razón de matar era la de no ser víctima de las perversiones de su amo. Un fiel perro de caza.



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Re: Crónicas de Kefka

Mensaje por Kefka Palazzo el Miér Ago 17, 2011 9:05 pm

Él no dudaría en adentrarse de frente al peligro, a menos que se lo ordenaran. Siempre tan prepotente como despreocupado, Sombragris no era el típico espía que gustaba del sigilo. Todo lo contrario. Al experimentado guerrero le gustaba más la atención que su enorme musculatura generaba. Como si la fama fuese una adicción para él, a pesar del inconveniente que presentaba el hecho de pertenecer a una organización sumamente secreta. Razón por la cual no podía presumir sus hazañas. Simplemente presumía su fortaleza.

Entró en Nasle por el camino principal. El pueblo minero parecía haber sido abandonado por completo. Casi eran las cinco de la tarde y aún no sabían nada de su objetivo, Rangles Snitch. Impaciente, Sombragriz comenzó a tocar puertas y asomarse por ventanas descubiertas de las distintas casas de la ciudad. Pero sin éxito. Al menos había echado abajo cincuenta puertas y no había rastros de los ciudadanos ni indicios de haber sido sacados por la fuerza o eliminados. Una situación extremadamente sospechosa.

Mientras tanto, Sombraroja había sido más sutil. Su enorme sigilo y su habilidad de infiltración le habían permitido avanzar escondida entre las sombras de la montaña evitando cualquier testigo de su movimiento. Cosa que parecía ser innecesaria, teniendo en cuenta que no parecía haber una sola alma presente sin mencionar a sus dos compañeros. Aún así, lo hizo. Por mera costumbre quizá. No lo podría decir.
El agente de ropas rojas había decidido investigar la mina de hierro, la cual estaba situada al fondo de una gran caverna, en la parte más profunda de la zanja que conformaba a la ciudad. La caverna parecía tranquila. No parecía que alguien estuviese laborando dentro de ella, pero si habían rastros de cientos de pisadas en la tierra del exterior. Las pisadas parecían caóticas. Como si una gran cantidad de personas hubiesen huido de algún peligro de enorme relevancia, pero no existían indicios que sugirieran la presencia de alguna criatura maligna o un fenómeno natural que hubiese alarmado a la comunidad entera. Sombraroja debía investigar la cueva con más detalle.

Se adentró en la caverna exterior de la mina, haciendo uso de todo su sigilo y su agudizada vista. No podía arriesgarse a utilizar una antorcha para iluminar aquella oscura caverna, por lo que se le haría más complicado investigar en busca de pistas o detalles relevantes. Eso suponiendo que Sombraroja fuese perteneciente a una raza con una visión poco desarrollada. Recorrió apenas unos veinte metros cuando la primera pista fue descubierta. Una gran mancha de sangre humedecía la tierra suelta. La sangre correspondía posiblemente a una sola persona, la cual había sido herida mortalmente. La sangre parecía de no más de tres días de antigüedad. Lo cual era indicativo de que no sería la única que posiblemente encontraría en aquel oscuro lugar. Sin embargo ya había transcurrido el tiempo que acordaron para volverse a reunir. Y había que preparar un informe para su amo, quien seguramente no demoraría más en arribar. Pero, apenas había decidido retirarse de la habitación cuando una silueta en la oscuridad pobremente iluminada por los últimos destellos del día llamó la atención del espía. Al acercarse a la figura, Sombraroja no pudo evitar sentir nauseas al recibir el aroma putrefacción de un cadáver en plena descomposición. Se trataba del cuerpo de una mujer de unos treinta años, la cual había sido herida por una saeta de ballesta en la parte posterior de su espalda baja. Sin duda sería una herida que pudiese causar la muerte y un enorme sufrimiento. Pero algo estaba mal en esa escena, pues el estado de descomposición del cuerpo era extremadamente avanzado, posiblemente acelerado por los días que llevaba dentro de esta caliente caverna. Pero eso no era todo. Un detalle llamó su atención con mayor interés. Y es que, la mujer mostraba signos claros de un envenenamiento muy potente, lo cual sin duda había sido la causa principal de su muerte.

No podía demorarse más tiempo. Tomó el proyectil y salió de la caverna en busca de sus compañeros de combate.



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Re: Crónicas de Kefka

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