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Un nuevo rumbo

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Re: Un nuevo rumbo

Mensaje por Lizbeth el Sáb Nov 24, 2012 6:18 am

Había girado la perilla del la puerta, a punto de abrirla y bajar, con aquel nudo en la garganta y el recuerdo fiero y cruel en su mente, cuando aquel murmullo apenas perceptible le detuvo. Se quedo quieta durante un segundo, apoyando la frente sobre la fría madera. Aquel grito y puñetazo le asustaron de forma que se sujeto con más fuerza a la salida. Cerró los ojos, sabía que él se había maltratado y no se atrevió a girarse, porque si lo hacía, ella misma se desnudaría ante él.

Lo sintió levantarse y andar con dificultad. No pudo evitar girarse a mirarle, preocupada. De pronto hablo, dándole la espalda por un momento… cayó de rodillas y ella se llevo el dorso de la mano a la boca, mordiéndose el labio inferior. Gong se levanto y fue hacia su armadura. Pensaba marcharse… ¡detenlo! Dijo una voz en su interior. Pensar en que el podría simplemente desaparecer abría algo en su pecho, algo doloroso y terrible. Antes de que pudiera tomar siquiera el casco o peto, Gong sentiría un toque cálido sobre su brazo. Al girarse, vería a Lizbeth con los ojos llenos de lágrimas sin derramar. Llevaba aun la ropa interior, pero a Liz pareció no importarle. En silencio, tiro del hacia ella… bien se podía resistir, pero no lo hizo. Lucia tan derrotado… halo de él hasta llegar a la cama, dándole la espalda por unos momentos, en plena señal de confianza. La joven se sentó en la orilla y le insto a que él se recostara y pusiera su cabeza sobre su regazo. Aun sin mediar palabra. Con una dulzura que sobrepasaba la tensión del momento, Lizbeth acaricio la mejilla de Gong, antes de tomar el edredón y cubrirlo con él. –No estoy aquí contigo por pena Gong. – Intento una sonrisa, pero no salió más que una mueca. –es… difícil pensar que alguien se interesaría por mi genuinamente. –Agachando la cabeza, beso su frente, quitando un mechón de pelo que le estorbaba. –la bebida te hace decir cosas raras. –Esta vez, Liz pudo sonreír mejor –duerme ¿Quieres? Si crees que te libraras de mi tan fácil, estás loco. – siguió acariciando su cabello con dulzura, pensando en lo que él había dicho, sin saber si creerle o no. De cualquier modo, aquellas palabras habían calado y llegado hondo en su mente y corazón. ¿Seria posible que el deseara de verdad…? No. No podía ser, ella no tenía nada que ofrecerle a él. No era más que una pobretona, plebeya, alguien que escapaba de su triste destino.

Las velas iluminaban aquella habitación. Fuera, las nubes se cerraban en el cielo, mientras gruesas gotas chocaban contra el cristal. La temperatura comenzó a bajar producto del clima, por lo que Liz procuro cubrirse ella también, apoyándose un poco en el respaldo de la cama.-Aquí estaré al despertar… no quiero que uses esa fea armadura mientras estés aquí –y decía fea, porque Liz entendía lo que hacía al cuerpo de Gong –además, hace frio. ¿Cómo voy a dormir tibia si no tengo un compañero de cama?- sonriéndole, beso su mejilla, susurrando a su oído –no te dejare en las noches mas frías Gong…-

Ahí, en las noches mas frias de mi alma, estas tu.
En los oscuros paramos desolados de mi vida, eres mi luz.
No me dejes ni te apartes de mi pues, solo entonces...
estare perdida.
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Re: Un nuevo rumbo

Mensaje por Gong el Dom Nov 25, 2012 1:09 am

¿Qué era aquello que se veía en sus ojos? ella le estaba acariciando lenta y suavemente la cabeza, no sabía que pensar, estaba encantado sintiendo por primera vez una serie de sensaciones calidad y agradables, quizás fruto de la bebida, gracias a que sin ella no había llegado a esa situación, el solo estaba tumbado, con la cabeza sobre su cálido regazo sin atreverse siquiera a pensar, se limitaba a sentir, tenía miedo de que al moverse, o decir algo se rompiese aquella encantadora atmosfera, mañana no se acordaría de nada, pero aquella noche no le importaba, no era él, no del todo, era él como si hubiese conocido a Liz mucho antes, antes de condenarse…quitando la parte de querer acostarse con ella tan rápido.

Se dejo hacer, no se movió ni hablo, se quedo respirando tranquilamente, mirando al vacio prácticamente sin parpadear, escuchándola atentamente, en su mente en esos momentos no sabía si debía de dar crédito a las palabras de la joven o solo debían de reforzar más su teoría de que era simplemente demasiado buena persona y estaba por pena, sea cual fuera por la cual al final se decidió, cuando comento lo de las noches frías no pudo resistirlo más, mientras unas tímidas lagrimas salían de sus ojos y se deslizaban por su cuerpo hasta caer sobre las sabanas y desaparecer absorbidas por estas, con el rastro de este triste paso sobre su piel, se empezó a mover, lentamente como si le costase flexionar cada músculo, apago las escasas velas de la estancia, dejándolo todo sumido en una tenue penumbra levemente iluminada por las pocas luces de la calle o los relámpagos ocasionales que se abatían sobre las nubes, apenas podía ver a la joven, pero aun se distinguía su contorno apoyada en el respaldo de la cama, se podían ver en algunos momentos sus ojos brillar espontáneamente.

Volvió y se recostó en la cama, justo en el lugar que había ocupado antes de apagar las velas y lámparas, se tapo con las sábanas y se giro hacia Liz, moviendo una de sus manos tímida y temblorosa sobre el abdomen de la joven hasta alcanzar su costado, que agarro con ternura, empezando un tierno abrazo, mientras le decía, -tranquila…yo…yo ya no quiero hacerte nada…- afirmándolo con un hilillo de voz, tan débil que es posible que incluso, ella solo lo escuchase como un murmullo con un esbozo de significado, se quedo así un rato, sin atreverse a moverse ni lo más mínimo, solo reposando su cuerpo sobre la cama y disfrutando en silencio del intimo y suave calor del cuerpo de ella, acariciando levemente el costado con reducidos movimientos de pulgar.
Pero no tardo en cansarse de eso, finalmente se movió, en un segundo, contractando mucho con su aparente debilidad y cansancio de antes, y la abrazó por completo, rodeándole el torso con sus brazos, y acariciando con cautela la espalda con sus manos, llevándola él a que se recostase y se metiese bien dentro de las sábanas, colocando la cabeza sobre la almohada, hubo vez hubo estado así, miro para abajo, algo avergonzado por lo que hacía, pero no lo suficiente para detenerse, y no sé si por desgracia o fortuna tampoco estaba lo suficientemente desintoxicado como para volver a ser normal.
Miro otra vez hacia delante, hacia su rostro, de un súbito empujón la trajo hasta si, pudiendo tocar su cuerpo con el suyo, sintiendo como su corazón latía a través de su piel encajando la cabeza de la joven sobre su cuello, dejándose inundar por aquella tormenta de sensaciones amplificadas y ligeramente distorsionadas y mutadas por el alcohol, antes de hablar, sus últimas palabras en la negra noche, aunque no se podía estar muy seguro de si era de noche pues allí dentro no había mucho sentido del tiempo, dirigiéndose a ella con tono amable y cariñoso, mientras caía en un profundo sueño, -Liz…lo siento mucho…mi comportamiento antes fue inaceptable, no hay escusa para eso…y sinceramente estoy confuso, ni siquiera sé muy bien lo que estoy diciendo, espero no estar metiendo la pata…pequeña…mañana dudo recordar nada de lo que he dicho o hecho, volveré a ser normal otra vez, y antes de dormir, quería que supieses que te doy las gracias, hace mucho que nadie me muestra un mínimo de sentimiento o que no dice que me merezco mi castigo por lo que hice, es algo tan inesperado y maravilloso que no se si creerlo, pero lo que si me creo es que, con tus palabras tus gestos…me has llegado al alma Liz...- aquí interrumpió su discurso un gran bostezo, que presagiaba su inminente sueño, el cual se acercaba a pasos enormes, -Muchas gracias por todo y, aunque no reconozca estas cosas mañana, me gustaría que supieses que yo…- y en ese punto casi al final de todo los acontecimientos le hicieron mella y empezó a soñar, a recrear en su mente un mundo feliz que más tarde, recordase o no ese sueño y aquel día, lucharía hasta su último aliento por hacerlo realidad, su mundo perfecto, con Liz.
Y precisamente con eso, su amiga no se quedaría con la intriga, puede que el sueño le reclamase, pero aun así, esos sentimientos que empezaban a dominarle lentamente eran demasiado fuertes, cuando la figura de liz se hizo presente en sus sueños, no pudo evitar decir, tanto en los sueños como en la cama, dijo, te amo, resolviendo las posibles preguntas que ella se pudo plantear minutos antes.

Unas horas más tarde, se despertó, confuso y dolorido, la cabeza de daba vueltas, el pecho le dolía y cuando se percato de la situación, enrojeció a velocidades alarmantes, sin saber que decir si despertarla ya, vestirse o que hacer, solo se le ocurrió cerrar los ojos, respiran hondo, fingir que dormía, y abrazarla más fuerte.
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