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Explorar y salir echando leches

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Explorar y salir echando leches

Mensaje por Kefka Palazzo el Lun Ago 15, 2011 9:10 am






Bienvenidos a las calles de Malik-Thalish. Lugar de tiranos y placeres carnales. La ciudad negra. Negra como las almas de los que aquí habitan y de los que han de morir por el simple deseo de riquezas y poder.
Es detrás de las majestuosas murallas custodiadas por dragones negros donde la escoria del mundo, y aquellos con el valor suficiente como para soportar las miradas de desprecio de los Mhare, se reúnen para aspirar a obtener un motivo que haga valer sus miserables existencias. Quizá no en pro de la ciudad. Tampoco en beneficio de su tirano gobernante. Pero si en beneficio de su propio bolsillo y su honor.




Malik-Thalish
Año 1000. d.S.Z .. Estación de Zuìè Susiro .. 5:00 pm

La ciudad negra vivía otro buen día de actividades cotidianas.

Por la mañana había tenido lugar un gran alboroto en el mercado ambulante del centro de la ciudad ocasionado por un par de asesinos que osaron mostrar sus caras en público, pensando que en esta ciudad estarían a salvo de ser entregados a la ley. Cosa por demás tonta, ya que sus cabezas tenían un precio razonable, y aquí las cabezas son un objeto muy bien cotizado.

Durante el medio día, cuando el gran y rojizo astro estaba en su punto más alto. Un grupo de mercenarios comenzaron una pelea dentro de una taberna de mala muerte la cual culminó casi tan rápido como había comenzado, ya que el rival de dichos aventureros pasados de jarras eran parte del gran ejercito naval de Malik-Thalish. Y si había algo que enorgullecía a esta gente era su poderío militar.

Si, un buen y cotidiano día en la ciudad negra; mientras la briza salina acariciaba las mejillas de sus habitantes y el inicio de la nueva temporada hacía que cayeran las primeras hojas muertas.

Solo una cosa podría mejorar este buen día. La promesa de sangre fresca. El incentivo monetario de una buena recompensa. Una aventura donde se arriesgara la integridad personal en pro de la fama o cualquier otra ambición banal. Y solo había un lugar donde encontrar las mejores propuestas... la Taberna del Dragón Negro.

El Dragón Negro era, sin duda alguna, una de las mejores atracciones de todo Malik-Thalish. Solo aquí se podía disfrutar de una buena comida mientras se golpeaba a algún enano ebrio. Un lugar violento pero con cierto encanto. Los juegos de azar y las apuestas en los torneos diarios de bebida eran una atracción importante también, pero no la mejor.

Aglomerados en la pared más amplia del local se encontraba un mural de eventos e información en el cual se podían conocer las noticias más actuales sobre la ciudad o los bandidos más buscados de la región. También era aquí donde los mercenarios peleaban por conseguir la copia de alguno de los cientos de pergaminos que brindaban trabajo a todos los que se consideraran capaces de lograr ciertos encargos a cambio de recompensas varias. Pero de entre todas las atractivas propuestas, una sola era la que llamaba la atención de la mayoría de los que ahí se encontraban. Un pergamino firmado con la letra K, el cual decía:



SE SOLICITAN MERCENARIOS CAPACES DE EFECTUAR UNA EXPLORACIÓN PELIGROSA Y SIN MIEDO A UNA MUERTE SEGURA

Antenoche un criminal conocido como Duncan Lorentz atracó una carroza de mercancías que se dirigía a esta ciudad. Dicha empresa traía consigo un encargo de valor incalculable para un noble local, que prefiere mantenerse en el anonimato, y que desea recuperar con desesperación. Se trata de un báculo de bronce con antiguas inscripciones rúnicas.

Duncan es el líder de una de las pocas bandas de piratas que aún surcan estas costas y se presume que se oculta en las cercanías de la ciudad, pero la exacta localización de su escondite sigue siendo un misterio.

Se le recompensará con un privilegio por encima de sus expectativas al/los individuo/s que logren traer de vuelta el objeto en cuestión. Cualquier otro botín encontrado en los dominios de Duncan son irrelevantes para el solicitante.

K









[= OFFGAME =]
**Este será el único Offgame a simple vista que verán en lo que resta de la aventura. Los demás estarán siempre escondidos debajo de un Spoiler por lo que será necesario que pongan atención cuando aparezca uno y lo léan, tendrá instrucciones y tips útiles.

**Su primer Post tendrá que relatar el porque de estar en esta ciudad y cual es el interés en la misión.
**No es obligación que trabajen en equipo. Esto bien podría ser una competencia entre ustedes.
**Como pueden observar, no hay datos sobre la localización del objetivo. Por lo que deberán investigar por su cuenta y esperar más detalles de mi parte. Las pistas necesarias para tomar un punto de partida están ahí.
**Teniendo en cuenta lo anterior, tengo que decir que quien no logre dar con el paradero del pirata se irá resagando mientras que los que si lo logren seguirán avanzando en la aventura. Todo depende de ustedes mismos y de hacer las preguntas correctas a la gente adecuada.

Suerte a todos y espero que disfruten de la aventura... Ah!, y no mueran muejejeje :lol:



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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Eva Nicodemeus el Mar Ago 16, 2011 3:51 pm

Hacia demasiado que había perdido la noción del tiempo días, meses, años, … todo había cambiado pero yo permanecía parada en ese segundo en que mi corazón dejo de latir, pero aunque ya no bombease sangre por mi cuerpo seguía sintiendo, sintiendo aquellos placeres de la vida que todavía podían hacer a este yermo cuerpo creyese oír un latido de esperanza.

-Tranquila, no te preocupes, esto no es más que el principio.

Esos dorados ojos se clavaron en mí, eso fue suficiente, aunque esa viperina lengua suya no fuese articular nunca palabra, lo prefería, ella me comprendía mejor que nadie y en ese intercambio de miradas nos decíamos más de lo que pudiese haber esperado de un mortal. La deje escapar de mis brazos y en su lugar quedo un vacío que nada más podría reparar. Hice frenar la carreta y contemple la ciudad que se erguía ante mí, por fin habíamos llegado.

-Deberíamos buscar un sitio donde pasar el día, pronto amanecerá.

Lo sabía, cuando el día estaba a punto de caer sobre mí sentía una asfixiantes sensación de que mi cuerpo ardía, como si cien kilos de ardiente grava cayesen sobre mí y por no mencionar que en el horizonte ya podía apreciar una fina linea anaranjada. Volví a poner en marcha la carreta. Tenía prisa por encontrar un sitio donde ocultarme antes de morir calcinada por el sol, no me pregunte si aquel sitio sería lo que andaba buscando pero no tenía más remedio que entrar para guarecerme. Mientras bajaba la carreta y ataba a un poste las riendas de mi corcel comprobé que sobre la puerta colgaba un cartel escrito con unas bastas letras “El dragón Negro”, era gracioso que se hubiesen molestado en ponerlo, seguro que ni la mitad de los que entraban en aquel lugar sabrían leer. Antes de entrar me encargue que la tela que cubría la carreta estuviese bien sujeta, no me apetecía pasar la noche buscando mi baúl por toda la ciudad, aunque visto de otra forma, si querían robarme aquella simple tela no iba a imperdible. Riga aprovechó entonces para subir por mi brazo y enroscarse alrededor de mi cuello, la acaricié con dulzura mientras me encaminaba a la puerta.

El lugar era tal como me lo esperaba, incluso había mas borrachos de lo que hubiese creído posible a estas horas de la mañana. Camine mirando por donde pisaba, no quería marcharme de sangre o de vomito mi vestido, y me acerqué hasta la barra. Me senté y busque vagamente al camarero, y cuando lo encontré me dí una grata sorpresa, era una mujer bastante guapa, no era una belleza delicada, sus facciones eran demasiado rudas, aunque su cuerpo se podía considerar lo mejor de todo, tenía una espalda demasiado ancha pero era alta y sus pechos dejarían en ridículo a los míos, en verdad se veía deliciosamente rica. Llamé su atención con la mano y se acerco vacilante hasta mí.

-¿que le puedo ofrecer?

Mi sonrisa se hizo amplía mientras mi mirada sin pudor alguno recorría toda las curvas de su cuerpo y terminaba posándose en su cuello, me controle para no terminar relamiendome de placer.

-No creo que quieras ofrecerme lo que ahora mismo me gustaría, o igual sí- Me eche a reír ante la cara descompuesta de la mujer- Me conformare con lo que quieras ponerme.

La mujer se dio la vuelta rápidamente, cogió una jarra y la sirvió de un liquido espumeante de uno de los barriles. Me la dejo en la barra y se marcho apresuradamente, sin antes no haber lanzado una mirada temerosa a mi serpiente. Agarré la jarra y comencé a caminar por la Taberna con cuidado de no acercarme mucho a las ventanas. No preste atención al resto de individuos, ninguno era de mi interés, pero un enorme tablón en una de las paredes llenó mi atención. Había noticias de lo más variopinto los carteles se aglomeraban uno encima de otro, pero mi atención solo fue captada por uno de ellos. Era interesante y parecía fácil, encontrar y recuperar, bueno y ya dicho matar unos cuantos piratas.

Me acerque de nuevo hasta mi querida amiga la camarera que puso una cara de lo más extraña que para mi resulto adorable.

-¿Sabes donde atracaron la carreta que comenta el cartel?- La joven negó con fuerza- ¿De verdad? Pero seguro que sabes quien me lo podría decir.

-Mi marido tiene que estar al llegar, puede que él pueda decírtelo.

Asentí conforme con un amplía sonrisa, si encontraba el lugar donde había ocurrido podría buscar un rastro desde allí y con un poco de suerte encontraría a los bandidos, pero para eso tenía que esperar hasta que se ocultase al sol.

-¿Dais alojamiento aquí?

-Sí- Señalo una puerta en uno de los extremos de la barra- Se paga por adelantado.

Saqué de un bolsillo unas cuantas monedas que serían suficientes para la bebida y la habitación.

-Al final del pasillo segunda puerta a la derecha- Me comentó la joven mientras se guardaba las monedas.

-Si eres tan amable de ir a buscar un baúl que hay en una carreta en la puerta te recompensare con unas monedas de más.

Me encamine hasta allí. La habitación no era gran cosa, una mesita de madera, la cama con unas sabanas un tanto roídas y un pequeño armario, por suerte las cortinas estaban echadas. Me quité el vestido y lo dejé sobre la mesita, me tumbé mientras que Riga se acomodaba a mi lado y espere hasta que la mujer trajese mis cosas, no tardo mucho. Me acerque como me encontraba en ropa interior y abrí la puerta, para mi decepción no fue a la mujer a quien me encontré, si no a un baboso borracho.

-¿Puede hacer algo más por usted?- Mientras hablaba escupía y su aliento era repulsivo.

-No, gracias

Cogí mi baúl y le cerré en las narices, después de aquello solo me tumbe y espera el pasar de las horas.
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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por B el Miér Ago 17, 2011 3:02 am

Ahí estaban, protegidas por la neblina, las enormes murallas que cubren la Ciudad Negra. Hacía tiempo que no la visitaba. En su infancia había acudido allí en numerosas ocasiones para hacer algún trabajo. Era una buena ciudad para un mercenario. Ese mismo motivo le había hecho cometer también algunos asesinatos, pero por cuenta propia. Dentro de aquellas murallas se reunía mucha mierda que debía ser limpiada, y el justiciero de fuego había sacado la basura en muchas ocasiones durante su infancia.

Posiblemente, allí le conocerían. O mejor dicho, conocerían a su antiguo yo. Aquél adolescente que disfrutaba quemando a criminales vivos sin ni siquiera procurar no ser descubierto. Eso le había costado la enemistad de mucha calaña dentro de la ciudad, por no hablar de la ley. Pero ya no era el mismo. Con su máscara, su estilo de combate totalmente distinto y su nuevo nombre, sería bastante extraño que le reconocieran. Era alguien completamente diferente.

Ahora, su “nuevo yo” debía volver allí como parte de su actual cometido: acabar con Knhel Minteror, el mago causante de la desaparición de su piroquinesis. Hasta donde alcanzaba el conocimiento de B, la única manera de recuperar su magia era matándole, y ni siquiera estaba seguro ello. Por eso mismo tenía que ir a la Ciudad Negra, para citarse con un viejo amigo suyo cuyo enciclopédico conocimiento de la magia era ahora oportuno. Su nombre era Elexis y vivía cerca de una taberna de gran renombre en la ciudad. Era conocida como la Taberna del Dragón Negro.

Una vez dentro de la ciudad, alejado del alcance de la inquieta mirada de los dragones de piedra, el enmascarado fue capaz de comprobar que las cosas seguían igual dentro de las imponentes murallas. La humedad y la neblina, que dotaban a la ciudad de un tono más tétrico aún si cabe, paseaban por las calles como si fueran un habitante más. Los incómodos ciudadanos seguían sin aceptar demasiado bien la mirada de los visitantes, sobre todo si llevan frías máscaras. La mierda seguía siendo gran parte de la densidad de población, aunque a la hora de comer no había tantos alborotos como la noche podía presentar.

Seguía recordando el camino de memoria, así que no tardó demasiado en legar a la casa de Elexis. La gente le miraba mal, como si fuera un deshecho. Eso no le gustaba. Se replantearían su movimiento si supieran que B sería capaz de otorgarles una desagradable jornada de sufrimiento.

Elexis, un viejo conocido te hace una visita –dijo mientras golpeaba tres veces con sus nudillos en la vieja puerta de madera de la casa. Tenía la esperanza de que reconociese su voz, no quería asustarle.
¿Elexis? ¿Estás ahí? –volvió a repetir mientras azotaba nuevamente la puerta. Habían pasado unos segundos desde la primera llamada y no se oía movimiento alguno en el interior. No estaría, o puede que hubiese cambiado de madriguera.

Unos pasos comenzaron a oírse, acompañados de un jaleo que delató que se aproximaban unas cuantas personas. Tanto desconocido junto podía ser peligroso hasta cierto punto. No quería encontrarse con un grupo de borrachos que originasen un alboroto, así que el enmascarado usó su agilidad para esconderse tras una esquina, antes de que sus nuevos amigos le descubriesen.

Aquí es donde os decía. Podemos jugar y apostar sin que nadie nos moleste –comentó una voz. Por lo que B pudo ver desde su escondite, eran seis personas.
Entremos pues –ordenó otro de los desconocidos, pegándole una patada a la puerta y haciendo que ésta se abriera y diera un golpetazo contra la pared. –Preparaos para perder todo vuestro dinero –seguidamente, los seis extraños se introdujeron en la casa y cerraron la puerta, ahora con la cerradura colgando.

B se acercó a la puerta y puso la oreja en la madera, intentando entender la situación, aunque fue en vano. Lo único que conseguía oír eran palabras distorsionadas y risas alocadas. Sacó el cuchillo de su antebrazo, lo escondió tras su mano y tocó la puerta. De nuevo el silencio se apoderó del interior de la casa y, a los pocos segundos, la puerta se abrió. Un hombre bajito, con barba de 2 días y una horrorosa camisa rojo chillón observaba al enmascarado con el ceño fruncido.

¿Quién eres? –preguntó. Los cinco extraños restantes también habían acudido a la puerta a curiosear, a espaldas del hombre de la camisa roja.
Eso es irrelevante. Lo que importa es cómo soy –respondió la fría voz de B, oculta en su blanquecina máscara.
¿Feo? –contestó el que había roto la cerradura de una patada, desatando una carcajada en los demás.
¿Dónde está Elexis? –interrogó B tras una pausa. Seguía estando impasible a pesar el desgraciado insulto, enfrente de la puerta.
Muerto –contestó el de la llamativa camiseta.
¿Muerto? –repitió el enmascarado, con tono apenado.
Si, muerto –dijo uno de los desconocidas, con un parche en el ojo que llamaba la atención.
Bien, diamantes fáciles. ¿Quién me ha facilitado el trabajo?
Yo lo maté –aclaró el tuerto, a la vez que reía e intercambiaba una mirada de complicidad con sus compañeros. –Tuvimos una trifulca en la que me deshonró. Como sabía que en su casa había objetos valiosos, no dudé en matarlo al día siguiente. Dos pájaros de un tiro.
Elexis era una buena persona –dijo el enmascarado, lanzando una tenebrosa mirada que atravesó a los demás.
Durante unos instantes, nadie dijo nada. B se limitó a observar seriamente a los extraños, mientras que éstos conducían sus ojos a otro lado para huir de la penetrante mirada del enmascarado. El silencio reinaba. Los desconocidos no entendían qué estaba pasando. Un ambiente de confusión e intranquilidad se había apoderado de la estancia.

De repente, con un veloz movimiento, la hoja del cuchillo que B tenía preparado provocó un largo corte en la barriga del extraño de la camisa rojo chillón, que era el que estaba más cercano a él. Unas tripas bañadas en rojo se desprendieron de la herida, encharcando la entrada de sangre. Uno de los allanadores reaccionó arremetiendo con su puño, pero B lo esquivó agachándose y clavó el cuchillo en su pecho con un movimiento seco. Los otros dieron un instintivo paso hacia atrás y, con nerviosismo, intentaron buscar algún arma que les fuese de utilidad. El enmascarado desenvainó su katana y cerró la puerta para que nadie los viera.

B corrió hacia uno de ellos, que estaba buscando algo encima de una mesa, y le clavó la espada en la nuca, sin darle tiempo ni siquiera a aceptar su muerte. Los otros tres que quedaban vivos, se replegaron y apuntaron con sus armas a su enemigo. El tuerto sujetaba una espada unos centímetros más grande que la katana de B, otro de ellos tenía un cuchillo bastante grande y el último portaba un hacha que acababa de sacar de su espalda. Los tres lanzaron un ataque compenetrado y dio inicio una jauría de golpes de acero. El primero en caer fue el que luchaba con el hacha, que al perder su brazo de cuajo tras un corte provocado por B, cayó al suelo y empezó a llorar. Luego llegó la hora del tuerto, que no pudo incorporarse después de que el enmascarado penetrase su katana en su pecho y la sacase velozmente con un movimiento limpio. Por último, el que tenía un cuchillo entró presa del pánico y realizó un ataque desesperado, que fue fácilmente esquivado por B y devuelto en forma de estocada en su abdomen. Su cuerpo, sin vida, cayó produciendo un golpe rotundo en el suelo.

La casa era ahora un lago de sangre, pero en lugar de peces, se completaba con cadáveres, algún miembro suelto y quejidos de los heridos, que se retorcían de dolor, revolcándose en el suelo. B limpió su katana con un trapo viejo que estaba en la cocina de la casa y la envainó. Tras eso, hizo lo debido con el cuchillo, clavado en uno de sus adversarios. Había tres muertos y tres vivos. Uno con algunas tripas fuera, el del parche con una profunda herida en el pecho y un último sin brazo, que no paraba de gritar. Estaba armando un gran jaleo.

Ibamos a divertirnos. Lástima que estéis armando tanto ruido que ahora tenga prisa –dijo pegándole una patada al desmembrado.
Sacó su cuchillo aserrado de quince centímetros, guardado en su túnica, y comenzó a decapitar al desmembrado que tanto jaleo estaba armando. Tras unas cuantas pasadas de cuchillo, agarró la cabeza decapitada de los pelos y empezó a pasearla por la cara de los dos restantes, haciendo que la sangre de su compañero se derramara a borbotones en sus rostros. El tuerto, que era el único en condiciones de hablar, estalló en gritos de socorro, pero lo único que consiguió fue que B tuviera que cortarle la lengua para enseñarle a respetar el silencio.
Así que tu acabaste con mi amigo… –sentenció fríamente, observando complacido a su víctima.
Con parsimonia, se acercó a él, se agachó e introdujo tres dedos en la cuenca ocular de su único ojo sano. Tiró y lo arrancó de cuajo. Era anecdótico ver a alguien que intentaba gritar, sin lengua, mientras cada vez se desangraba todavía más, como un hielo derritiéndose ante el sol.

El torturador enmascarado se acercó al extraño que tenía sus tripas colgando, que ya se había convertido en cadáver sin que B se diera cuenta, y le abrió la herida más con el cuchillo. Acto seguido, cogió al ciego de los hombros y lo arrastró hasta esa posición. Introdujo su cabeza en la herida de su compañero y presionó. Segundos después, el asesino de Elexis había muerto asfixiado con las tripas de su amigo.

Trabajo finalizado. Era hora de ahuecar el ala antes de que a alguien se le ocurriese acudir a los gritos de socorro. B limpió el cuchillo aserrado con el trapo que había usado anteriormente, cogió una capa enorme prestada de su amigo para ocultar la sangre de su ropa, y se marchó, dejando en la casa un escenario que no tardaría demasiado en producir una peste destacable.

Tenía hambre, hace rato que era la hora de comer pero con este último incidente no había tenido tiempo. El Dragón Negro. Un lugar cercano al escenario del delito, pero precisamente por eso era tan evidente que el asesino no estaría cerca que no pasaría nada si B pasase por allí a ingerir algo de comida en buen estado, mientras se replanteaba su próximo paso. Un buen filete de carne y una gran jarra de agua fría le sirvieron para aclarar sus ideas. Podía hacer dos cosas: seguir buscando a alguien con un gran conocimiento mágico que le dijera algún truco sobre cómo recuperar sus poderes y matar a Khnel Mninteror (no hacía falta que fuera en ese orden, aunque sería mejor así); o bien, conseguir artículos mágicos que le permitiesen a alguien con nula capacidad magia hacer frente a un poderoso hechicero. Una espada de fuego, una armadura mágica o un objeto que neutralizase hechizos.

Una vez que hubo pagado la comida, se acercó a algo que le había estado llamando la atención desde que había entrado en el Dragón Negro. Unas cuantas personas miraban con entusiasmo y sorpresa el panel de trabajos, en la pared. El enmascarado, recubierto con la capa de su amigo, se acercó y leyó una oferta que estaba acaparando toda la atención.

La suculenta proposición, en la que había que recuperar cierto objeto, terminaba con una firma que rezaba K. Curiosamente, el nombre en clave del que había escrito la nota tenía bastante en común con el del presente enmascarado. ¿Acaso alguien había adivinado que estaba en la ciudad y estaba enviándole una indirecta? Igualmente, mientras que no pudiera averiguar lo que necesitaba, debía de ganar dinero para comprarse posesiones mágicas. Puede que la única forma de acabar con Khnel fuese luchando mano a mano, y en ese caso las iba a necesitar.

La idea de un “privilegio por encima de sus expectativas” tampoco pintaba nada mal, y solamente había que rescatar un objeto en posesión de unos criminales, nada alejado de su cuidadosa ética. Una vez recuperado, podría matarlos.

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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Sirio de la Vega el Miér Ago 17, 2011 4:31 pm

Llevaba muchos días viajando a lomos de mi caballo, sombra y por fín había llegado a mi destino. La conocida como la ciudad negra se veía justo delante de mi.
Era una gran ciudad, de altos muros decorados con dragones de piedra. Era la ciudad perfecta para sacar a pasear a mi espada. De hecho a eso había venido.
Mi intención en aquella ciudad era poder sacar un poco de dinero en algún trabajillo y también, por supuesto, a batirme en duelo con los mejores guerreros del lugar, que supongo que abundarían.

Sobre lomos de mi caballo entré, a paso lento, en la ciudad.
Lo primero que hice fue buscar unas caballerizas para el animal. No me resultó difícil encontrarlas.
Entré en el lugar y le pagé al mozo por que cuidaran de mi caballo cinco días, no pretendía quedarme mucho más.
Luego continué mi paseo por la ciudad. Eché la capa por encima de las armas, aunque me habían dicho que esta era una ciudad sin ley,nunca sobra ser precavido.

Al caminar notaba como toda la gente me miraba con caras raras. No entiendo muy bien por que,mi fama de espadachín no había llegado allí, o eso me parecía.
La ciudad era un completo desastre. Me parece que no vi una cara inocente en toda mi caminata.
Pasaron las horas y ya había recorrido casi toda la ciudad. Estaba anocheciendo.

Me adentré en un estecho callejón. Un hombre me había indicado que por allí se llegaba mucho antes a la famosa taberna "El Dragón Negro". Decían que en aquella taberna se jugaba bien al poker, cosa de la que dudaba mucho, y que había mucho trabajo.
Aquel callejón era realmente estrecho y oscuro, pero largo y tortuoso. Caminé unos metros por aquel callejón ,que mas bien parecía un pasadizo, hasta toparme con dos hombres armados con cuchillos.
Los dos tipejos con pinta de lo que eran, se fueron acercando a mi, sonrientes. Yo continué caminando y sin mediar palabri ni detenerme desenfundé mis pistolas y ,después de un fogonazo, los dos se derrumbaron. Continué caminando como si aquello no fuese conmigo y cuidando de no pisar los cuerpos de los asaltantes.
Por culpa de esos dos inútiles tendría que limpiar mis pistolas y recargarlas.

Al salir del callejón, después del incidente, fui a dar a la puerta del Dragón Negro.
Entré en aquel lugar y miré alrededor. Había gente de toda clase.
Me encaminé a la barra y pedí una habitación, por suerte había libres.
Luego me dirigí a las mesas de cartas y dados. No me gustaba, el nivel era demasiado bajo y lo que me apetecía era una buena partida, no abusar. Como en el juego no hubo suerte, a ver si la tenía en los trabajos.
Me situé en frente del tablón de anuncios. Había varios intereseantes, pero uno picó mi curiosidad. Se trataba de un escrito firmado por un tal K, el nombre, como siempre, no me importaba. Lo que si que me importaba era el buscado, no el objeto, sino el pirata Duncan Lorentz.
Había oido hablar de ese hombre y si lo eliminaba, mi fama como esgrimista mejoraría considerablemente. Esta noche descansaría y mañana saldría a comenzar la busqueda.

Subí a mi alcoba. Me dispuse a limpiar y recargar las pistolas. Estos artefactos necesitaban muchos cuidadidos. Esta operación me llevó bastante tiempo.
Luego me desvestí y me propuse dormir. Esperaba no tener ningún incidente esta noche, hasta finalizar el trabajo no podría descansar mucho...




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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Zyrxog el Sáb Ago 20, 2011 8:56 pm

El goteo incesante sobre la roca, manchada de carmín y blanco, las paredes húmedas y negras, la estancia envuelta en sombras, sobre la mesa una criatura desprendía un lúgubre fulgor, mesclado con la llama que danzaba sobre la vela, luchando por sobrevivir en tan malsano ambiente, entre vapores de muertos y pilas de cadáveres, tras un foso que devoraba todo en su abisal profundidad , como si fuera una bestia que esperara su próximo alimento exhalando veneno desde su boca, ojos y rostros miraban desde las paredes, ojos sin vida opacos y amarillentos, bocas con labios abiertos y carcomidos por la descomposición, mas allá estaban sus cuerpos, como si fueran ganado, colgando desde el techo a través de ganchos, el hedor a muerte impregnaba cada piedra, cada grano de arena que se filtraba a través de las cañerías, las ratas correteaban por las paredes, consumiendo carne y huesos, alimentándose de ese festín que cada día se les presentaba a manos de la delgada figura, esta siempre envuelta en su túnica mancada de sangre, sangre negra ya por el tiempo, fresca por sus aberrantes actos, mas para el solo era su ciencia, su pasión, su forma de existir.

Los ojos aun con rastros de vida miraban el techo, sus cabellos dorados, su piel rosada, su cuerpo puro e inmaculado, todos los infantes eran así, todos los inferiores comenzaban así, hasta que el mundo los consumía y los volvía una carcasa que hervía en su interior, las manos de ese ser se deslizaban por la piel ensangrentada, mientras que cercano a él, siempre alineados estaban sus instrumentos, afilados hierros, agujas y sierras, cuchillas que podían rebanar los parpados con un solo movimiento o arrancar los tendones de un brazo sin dañarlos, eran instrumentos de tortura, instrumentos para profanar los cuerpos de aquellos que en su fortuna tenían la mancha de su nauseabunda persona, uno de sus tentáculos tomo la delicada cuchilla, un corte sobre la piel, y esta aun dejaba salir su elixir carmesí, tibio de las venas y arterias, otro corte … otro más, lentamente desprendiendo la piel de la carne, sin dañarla, piel que sería tratada una y otra vez hasta lograr un pergamino, un pergamino que tendría anotadas las atrocidades de otros seres, un corte mas y el vientre quedo al desnudo, la carne rosada aun, la grasa blanca por su juventud, un corte más que sangro, un corte mas para arrancar musculo tras musculo, un trozo de carne que terminaba entre sus tentáculos, la bestia abría su boca, la bestia tenía hambre, mas no era la abominación que sostenía el metal, sino aquella que con nauseabundo fulgor iluminaba la carnicería, su boca se abría y cerraba, pidiendo a su amo el alimento tan deseado, tan solo fue necesario acercarlo a su amorfo cuerpo, para que estirara su boca y devorara cada bocado que podía, carne para la bestia carne para su estomago.

Las motivaciones de esos actos eran variadas, mas tan sólo una importaba, no era el placer de doblegar a un inferior a sus pies, no era la pasión con la que podía hacer gritar a el más fuerte de los guerreros, ni tampoco ver la desesperación en los ojos de los padres cuando su cría era desollada viva, no … lo que realmente lo motivaba era el ser … el ser, que lo hacía funcionar, como la sangre recorría el cuerpo alimentándolo, como el corazón bombeaba la vida que podía serle arrancada en tan solo un instante, los ojos grises recorrieron la mesa, ahí estaba el cuerpo aun, un cuerpo mancillado, sin presura guardo uno a uno esos bellos utensilios, creados por sus propias manos, la funda se llenaba lentamente mas dejo dos en el exterior, una sierra y una pinza, después de guardar sus herramientas rodeo el cadáver, mirando su cabeza, sin dificultades y tomando la sierra corto piel, carne y huesos, la sierra sangraba con cada movimientos mientras aquella bóveda dejaba a la luz su tesoro, pequeño y terso, era aquel manjar, buscando en los estantes encontró lo que buscaba, dos pequeños recipientes hechos de cuero entre cocido, con la pinza comenzó a arrancar trozos y guardarlos en esos recipientes hasta que la bóveda quedo vacía y su alacena llena por un par de días, la criatura sobre la mesa se deslizo por la madera dejando un halo de verde luminosidad que lentamente se apagaba, con la lentitud que lo caracterizaba se deslizo por una de las manos de su amo perdiéndose entre las mangas y sus ropas.

La cerradura de la puerta se abrió, mientras que el negro abismo en su interior se mostraba iluminado tan solo por el tenue fulgor en el hombro de la abominación, el callejón era pequeño, y la puerta casi imperceptible, la delgada figura se deslizo entre las sombras para volver a cerrar ese lugar de aberrantes acontecimientos, en su cinto llevaba los instrumentos con los que aprendía de los especímenes, y al otro lado dos pequeños recipientes oscuros cargando su único alimento, los pasos entre decadencia y podredumbre no eran diferentes a lo que sucedía en su “hogar” aunque esa palabra estaría mal definida … simplemente en su “estudio”, mas una figura en solitario caminando en tan peligrosa ciudad no pasaba desapercibido y menos con una figura tan delgada, aquel suceso no demoro y pronto dos hombres se pararon frente a él, dos hombres armados con cuchillos, la sombra ocultaba el rostro de la abominación o aquellos dos desgraciados hubieran pensado mejor en su víctima, entre el alcohol las voces se escucharon, pidieron dinero y joyas, dos cosas que la abominación apenas usaba … no tenían utilidad, un paso y la luna ilumino su rostro, sus tentáculos se retorcían mientras que sus ojos grises miraban a los dos hombres, quizás fue la embriaguez, quizás fueron sus creencia, pero los cuchillos cayeron al suelo y estos corriendo en dirección contraria gritando “El demonio” uno de ellos callo retorciéndose en el suelo, mientras la abominación levantaba su mano hacia él, su compañero no se devolvió a ayudarlo si no simplemente a correr aun mas rápido, el hombre seguía retorciéndose cuando la abominación con paso solemne cruzo su mirada, siguiendo su camino, de ese hombre al amanecer solo lo encontrarían muerto, por su propia mano entre la desesperación y el dolor, pero por ahora la abominación buscaba un lugar del que había escuchado de uno de los especímenes.

La taberna ebullían entre el alcohol y los ritos, mas la figura apareció en la puerta y los que vislumbraron algo de el simplemente hablaron en voz baja, otros totalmente ebrios terminaban por dormir sobre las mesas de madera entre su vomito y eructos, los pies de la abominación lo llevaron hasta el tablón de anuncios, la mayoría era de cacerías y búsquedas, algunos de asesinatos, mas uno trajo su atención, no por la misión en sí , si no por una simple línea que aparecía “Se le recompensará con un privilegio por encima de sus expectativas” los tentáculos se extendieron y arrancaron el anuncio de ese lugar.




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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Kefka Palazzo el Dom Ago 21, 2011 12:35 am

La noche había caído sin demoras ese día. El bullicio de la ciudad negra había llegado a su fin para concentrarse nuevamente en los lugares de diversión nocturna dispersos por Malik-Thalish. El Dragon Negro, como normalmente sucedía, era la taberna de mayor conglomeración. Viajeros y ciudadanos reunían sus copas y entonaban canciones mundanas al unísono animando el ambiente en un lugar plagado de una frágil armonía.

La vampiresa había despertado de su sueño diurno. La noche aclamaba su presencia en la ciudad vil. Desde sus aposentos podía escuchar las voces de los clientes que habían decidido celebrar un día más de su miserable existencia. Un festín de sangre fresca que caería en sus manos de forma voluntariosa si así lo desidieran sus más bajos instintos. Pero por el momento, tenía algo que ocupaba cierta importancia en su mente. Quería dialogar con el tabernero sobre el anuncio que había llamado su atención temprano por la mañana. Y entre más rápido conociera su objetivo más rápido podría salir de aquel hoyo al que llamaban ciudad.

El humano enmascarado había sido llamado por la promesa del dinero. Sus motivos tenía para intentar hacerse de un armamento superior con el fin de alcanzar su propia venganza, pero necesitaba un buen trabajo que le financiara. Para su buena fortuna, el anuncio firmado con la letra "K" parecía adaptarse a sus expectativas. Sabía que encontrar información en una ciudad plagada de villanos y pandillas sería, hasta cierto punto, sencilla. Pero no deseaba llamar la atención más de lo necesario, y mucho menos echarse de enemigos a las bandas locales. No, lo más sencillo era recopilar información de fuentes más deseosas de hablar sin la necesidad de una tortura previa. ¿Y que mejor lugar para tal acto que el festival de ebrios y habladores que por la noche ocupaban la taberna?

Para Sirio de la Vega, la intriga de saber más sobre el bandido del anuncio y de comprobar si los rumores de su habilidad con el sable eran ciertos le habían mantenido pensativo durante el día entero. él había decidido descansar el día entero esperando el momento de salir en su búsqueda. La noche era el aliado de los bandidos pero, a su vez, era el mejor momento para cazarlos.

Pero no todos en el lugar de ocio se reunían en el Dragon Negro con ambiciones tan humanas como la fama y la fortuna. Siendo una criatura temida por su origen y aspecto abominable, Zyrxog el ilícido, no frecuentaba esta clase de establecimientos a menos que careciera de material de investigación o alimento. Rara vez se interesaba en las necesidades de las personas que acostumbraban poner peticiones y trabajos en tabernas y otros lugares de esparcimiento. Sin embargo, la nota firmada por un noble anónimo que prometía una recompensa fuera de las expectativas de la aberración no pasó desapercibida. Zyrxog sabía que dicha empresa requeriría el uso de sus capacidades para conseguir información ¿Y quién mejor que un devorador de cerebros para cumplir con dicho propósito?...

La noche despejada de Malik-Talish presagiaba una noche hostil donde solo los más aptos y los más ágiles de mente podrían aspirar la supervivencia. Las calles de la ciudad oscura, rociadas por la bruma nocturna del mar salino que le rodeaba, no eran un sitio al que cualquiera se adentraría. Tan solo los más valientes... o los más estúpidos.


Spoiler:

La taberna detallada:

** Ignoren los Números **

Godwinn Frost: Tabernero y dueño del Dragón Negro. Humano de 65 años. Musculoso y grande. Un veterano de guerra retirado.
Mirna Frost: Hija del tabernero. Cocinera y camarera. Humana de 27 años. Cuerpo atlético. Morena. Se dice que es muy buena con los cuchillos.

* No hay mesas disponibles, solo hay lugares vacíos en la barra.
* En algunas mesas del fondo se llevan acabo juegos de azar con apuestas altas y jugadores muy serios.
* La taberna esta llena.
* Las razas que se destacan en cantidad son Humanos, Enanos y Orcos. Todos armados.
* Orden de posteo: No hay orden. Tienen una semana como límite a partir de Hoy.

Recuerden que, en mi modo de juego, lo importante es prestar atención a los detalles y hacer los movimientos correctos para descubrir mayor información.

Aquellos que hagan un movimiento inteligente y se acerquen a las pistas necesarias para dar con su objetivo serán notificados por mensaje privado con datos relevantes y pistas necesarias para seguir avazando en la trama, respetando así la lógica de que solo ustedes mismos saben lo que averiguan.

Si nunca llegan a recibir un mensaje privado de mi parte es porque lo están haciendo mal.
Muejejejeje :lol:





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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Eva Nicodemeus el Mar Ago 23, 2011 7:04 am

Como había sabido del salir del sol fue su inminente desaparición lo que me despertó, no me llegue a incorporar en la cama, sencillamente me limite a contemplar las viejas tablas de madera del techo mientras Riga se movía por mi cuerpo. Fueron muchos los pensamientos que vinieron a mi cabeza en esos momentos, había tantas cosas dando vueltas en mi cabeza continuamente, tantas preguntas que me acompañaban ya casi un siglo y que todavía no habían alcanzado su respuesta, no estaba segura de si darle vueltas a todo ese murmullo interior sería bueno para mi cordura pero aunque intentase no hacerlo, para un ser que había visto tanto no dejaba de saber tan poco.

Pasado un rato terminé por levantarme, Riga repto hasta el suelo y se entretuvo dando vuelta por la agobiante habitación, yo por mi parte abrí mi baúl que se accionó al decir mi nombre y saque lo que me pondría aquella noche y guarde el vestido de la noche anterior. No baje inmediatamente a la taberna, me dedique mi tiempo a peinarme el cabello y colocarlo en un perfecto moño, tampoco me esmere mucho en el resto, aquella noche prometía demasiado para tirarme horas encerrada preocupándome por mi aspecto, cosa que era raro en mi.

Al poco termine por bajar, decidí que Riga se quedase en la habitación era demasiado llamativo llevar una serpiente enroscada a mi cuello, y aunque normalmente aquello me gusta prefería esta vez poder ser lo más discreta posible. La taberna estaba a rebosar, las voces llenaban toda la sala al igual que el olor a alcohol y muchedumbre, aquel lugar era demasiado vulgar para mí aunque había que reconocerle algo de encanto. Me acerqué a la barra y busque a la joven que había visto por la mañana, al principio no la encontré en su lugar vi a un hombre, mayor pero con aun un notable atractivo, robusto y con aspecto de haber sido todo un vividor.

-¿que le puedo ofrecer?-Me preguntó con una excitante voz ronca.

-Si es posible una copa de vino estaría bien

Se volvió para servirmelo, y yo aproveche ese momento para mirar con más atención a la taberna. Pude apreciar en un extremo de la misma que se hacían juegos, podía escuchar a los hombres apostar, los lamentos de los perdedores y los grititos de jubilo de los ganadores, todo un show digno de ver. Yo en verdad estaba más atenta intentando escuchar la menor mención de al tema que me interesaba, esperando descubrir algo interesante en todas aquellas conversaciones de parlanchines borrachos. Sin dejar de prestar atención me volví para mirar al tabernero que volvía con mi copa de vino.

-Gracias, buen hombre- Sonreí de forma cortes intentando ocultar mis verdaderas intenciones- Me he fijado en los interesantes anuncios que tenéis en el tablón, hay varios que me llaman la atención pero entre ellos hay uno en particular que me ha incitado mucha curiosidad.

El hombre parecía muy interesado por lo que su hermosa cliente quería decirle, se le notaba en el rostro que tenía una pequeña sospecha de lo que le iba a decir y parecía que no le iba a gustar.

-¿Me podría contar usted algo más del peculiar bandido? Umhhh...¿como se llamaba?-Aunque sabía el nombre preferí que el hombre fuese quien me lo dijese.

-Duncan Lorentz- Su tono fue muy seco.

-Interesante, veo que conoce de lo que le estoy hablando- Mi sonrisa fue triunfante- Y usted por casualidad no sabrías nada más a parte de lo que pone en el tablón ¿verdad?

El recelo del hombre era evidente, uno de los pensamientos que suponía que tenía que estar pasando por su mente era el de como una joven como yo la podía estar interesada en un trabajo como ese, pero debía conseguir que me contase lo que sabía porque seguro que algo sabía y por si acaso no era así seguía pendiente por si escuchaba algo en la taberna.
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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por B el Jue Ago 25, 2011 5:40 pm

Pronto comenzaría a investigar sobre su nueva misión, pero por ahora era mejor esperarse a que llegase la noche y, por ende, el alcohol, que haría más fácil que algún desconocido le otorgase información, aunque por otra parte también crearía un ambiente más hostil. Sin embargo, para ganar hay que arriesgar, así que B lo tenía claro.

Salió de la Taberna del Dragón Negro e inició un paseo por la neblinosa ciudad. Los habitantes seguían mirándole con horribles ojos de sospecha, pero un hombre que llevaba siempre una máscara puesta ya estaba acostumbrado a recibimientos como aquél, aunque seguían sin gustarle aquellos modales. La Ciudad negra le traía muchos recuerdos, casi todos relacionados con sangre y crímenes, pero también algunos de amistades y amores. Allí había hecho tanto enemigos, como amigos y algún amor que otro. Pero lo más probable es que la mayoría estuvieran fiambres o se hubieran marchado, la Ciudad Negra no era el mejor sitio para mantener una vida asentada y relajada, así que no contaba con tener ningún nostálgico encuentro, y menos después del desgraciado incidente de Elexis. Él le ayudó mucho cuando B llegó por primera vez a la ciudad, además de orientarle sabiamente acerca del uso de la magia y enseñarle algunas cosas de utilidad cuando el enmascarado era aún capaz de invocar el ardiente fuego.

Al menos esos cabrones culpables lo habían pagado, y con creces, aunque había algo enigmático en aquél asunto. Cuando tuviera tiempo y la masacre de la casa no estuviera tan reciente, trataría de rebuscar en el asunto. Pero no ahora, y es que en ese momento, otro asunto ocupaba su atención. Un delincuente, deseoso de ser torturado, le estaba esperando, al igual que un maravilloso objeto sorpresa que seguro no le decepcionaría.

Necesitaba descansar unas horas, hasta que llegase la noche, que además podía ser larga si todo iba bien. Dormir en algún rincón de aquella ciudad, aunque muy frecuente entre algunos desamparados, tampoco es que fuese del todo seguro. Nunca sabes quién se puede aprovechar de ti mientras cierras un rato los ojos. Definitivamente, lo mejor era un tejado. La gente no solía pasearse por los tejados de las casas, así que en teoría aquél debía ser un sitio seguro para echar una cabezada sin llamar la atención. Al cabo de unos minutos de búsqueda, B encontró uno bueno, sólido y de fácil accesibilidad. Cuando no tenía a nadie observándole, subió por unas cajas que le sirvieron de escalera improvisada y, una vez dentro, se acomodó y se echó a dormir.

En momentos como aquél, en los que sabía cuándo tenía que despertarse, el reloj de su cabeza le solía funcionar, y esta vez no iba a ser menos. Tras cuatro horas de intensivo y placentero descanso, los ojos tras la pálida máscara se abrieron de nuevo, observando el oscuro cielo que ya se había posado sobre la ciudad. Empleó unos minutos en estirarse, limpiarse la cara y espabilarse los ojos. Después, con paso relajado, se dirigió hacia la Taberna del Dragón Negro, que ya debía tener un ambiente bullicioso.

Antes de entrar, decidió echar una mirada a la casa de Elexis, que estaba a pocos metros. La puerta seguía cerrada. No había ningún fuerte olor propio de cadáver en descomposición que conquistara la maloliente fragancia humedad. Seguramente, los guardias ya se los habrían llevado.

Ya estaba listo para entrar en la taberna, por tanto recondujo sus pasos hacia allí y se adentró. Como cabía esperar, la taberna estaba bastante llena, en gran medida por humanos, orcos y enanos saciados de alcohol que entonaban desafinadas canciones. A partir de ahora había que andarse con pies de plomo. Cualquier movimiento podía ser malinterpretado por algún borracho con ganas de pelea, que seguramente también tendrá más embriagados amigos con ganas de disputa. Las mesas estaban llenas, así que B anduvo a la barra para coger asiento y planear su próximo movimiento.

En algunas mesas había gente jugando y apostando. Si participaba con ellos se ganaría algo de su confianza y puede que le dijeran algo del tal Duncan, pero demasiado arriesgado, si perdía se metería en problemas pues no le sobraba el dinero precisamente. Lo más seguro y astuto era intentar obtener la información por algún borracho solitario en la barra. Se giró y al primer sujeto que vio a su derecho le dirigió la palabra.

¡Vaya! ¡Eres tú! Cuanto tiempo sin verte, desde lo de Duncan –fingió –Dejame invitarte a una copa. Por cierto ¿sabes dónde está el cabrón de Duncan? Hace tiempo que le busco pero le he perdido el rastro. –la suerte estaba echada.

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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Sirio de la Vega el Sáb Ago 27, 2011 6:58 pm

Me levanté por la noche del día siguiente. Había una bañera con agua fría, me valía perfectamente. Me desvestí y me bañé en ella, me hacía falta un buen baño. El agua estaba fría, quizás demasiado, pero bueno... había que conformarse, no estaba en un lugar en el que pudiese pedir demasiados lujos. Al acabar de lavarme, salí de la pequeña bañera.
Cogí una navaja de afeitar y me repasé la barba y el bigote. No me gustaba andar desarreglado, a pesar de que mis vestiduras no estuviesen en el mejor estado. Acabé de afeitarme y me vestí, colocando las armas, la capa y por último cogí el sombrero en la mano. Abrí la puerta y miré hacia adentro de la habitación por si se me olvidaba algo, parecía que no.

Lentamente caminé por el pasillo de las habitaciones, no había demasiado movimiento. En todo el trayecto solo pude ver a un enano ebrio que caminaba junto a una chica por la que probablemente habría pagado unas pocas monedas de oro. Los saludé a ambos cortésmente y continué con mis pasos hacia la taberna, necesitaba preguntar a la gente sobre "el caso Duncan".

Una vez en la planta baja miré alrededor y lo primero que hice fue sentarme a jugar unas cuantas manos al poker, haber si ganaba algo. Después de jugar un corto período de tiempo me fui de la mesa con el mismo dinero que entré. Había perdido unas cuantas manos al principio y al final recuperé mi dinero. Como no había suerte decidí dejar el juego por esa noche.
Con largos pasos me encaminé a la barra del bar a pedir algo de beber y de cenar en la barra. Pedí un poco de carne y una jarra de hidromiel. La carne estaba buena, era asada y me pusieron un par de patatas de guarnición. El hidromiel tampoco estaba mal, lo bebía a cortos sorbos.
Allí en la barra, mientras comía, observé a un hombre que me llamó la atención sobre los de demás, una extraña mascara cubría su rostro. Decidí dejar de mirarlo, podría molestarle y no quería ofender a nadie del local, me podrían servir de ayuda en mi tarea.

Cuando acabé la carne me dí un pequeño paseo por el lugar. Caminaba con la jarra en la mano mirando a la gente. Buscando a alguna persona a la que preguntar. Una hermosa chica se paseaba por la taberna, no parecía prostituta. Decidí acercarme a ella, a lo mejor me podía hablar sobre el pirata, siempre y cuando le resultase atractivo claro está. Aunque yo solía tener éxito.
Caminé hacia ella con seguridad y con mi jarra en la mano. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me percaté de que era más bella de lo que parecía, aun. Decidí entablar conversación con la muchacha.

-Hola. Soy Sirio de la Vega, un humilde servidor... ¿Y vos sois? - Le cogí la mano y se la besé haciendo una reverencia. Ella sonrió timidamente.

-Yo soy Helenne, una simple chica que viene aquí a pasar el rato. - dijo riendo. Parecía que si que la podría camelar y con suerte no solo para lo de la misión.

-Encantado de conoceros Hellene. ¿Si venís por aquí a menudo habréis oído hablar de un tal Duncan Lorentz no?- hice una ligera pausa y le solté la mano. Llamé al camarero y le pedí una jarra de cerveza- Vamos a esta te invito yo. ¿Habéis oído alguna noticia sobre el paradero del tal Duncan, o de alguno de los de su banda?
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Re: Explorar y salir echando leches

Mensaje por Zyrxog el Dom Ago 28, 2011 2:31 am

Quizás no era el típico aventurero o el viajero cansado que pasaba por ese lugar, tampoco debía de ser el guardia o bebedor ebrio que dejaba monedas después de haberlas robado a alguien, de cualquier forma era un extraño entre humanos y orcos, enanos varios, todos seres miserables e inferiores, nada digno de comentar, mas era hora de buscar algo de información y claro … le era más fácil matar y examinar que lograr que alguien hablara por voluntad propia, la mayoría no estaba en condiciones siquiera de mantenerse demasiado en pie, cosa que dificultaría su hablar, aunque claro … con un “estimulo” adecuado, hasta los mudos contarían su historia, con paso lento camino por la taberna hasta la salida, si debía de buscar información la encontraría más fácil en el exterior, sus pasos eran silenciosos, aunque su apariencia atraía más de una mirada, no solo de los inferiores humanos, sino también de los enanos ebrios y los orcos carentes de inteligencia, tras salir de ese lugar con aroma a alcohol y seres vivos respiro algo de la fetidez de la propia ciudad, del aroma a cadáver en las esquinas, y del frio exterior.

Se puso en marcha, rodeando la taberna y viendo si había otra puerta, extrañamente la encontró, a medio podrir, no fue necesario forzarla ni anda, tan solo presionarla para que la madera cediera y la cerradura se abriera, dentro pudo ver la bodega, entre barriles de vino, carne colgada y algunos alimentos que le eran desconocidos y a la vez desagradables, no necesito más que sentarse sobre una caja y meditar lo que debía de hacer, había visto a una hembra junto a un vejo inferior, quizás podría sacar información útil de ella, mas debía de pensar su próximo paso con cuidado, el tiempo pasaba y tras la puerta que supuestamente llevaba a otra estancia podían oírse los gritos y risas de los que hasta hace poco lo rodeaban, después de unos minutos la puerta se abrió y una mujer joven entro, vestía como cualquier inferior, mas en su cinto traía un par de cuchillas, algo interesante, lo primero que hizo fue buscar una gran jarra, de seguro para vino, mas en vez de encontrar el barril vio una abominación que la estaba esperando.

El primer acto de la hembra fue sacar sus cuchillas y ponerse a la defensiva, mientras que la abominación ya intuía que eso pasaría y tenía dos caminos, mas sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la mujer.

-¡¡ ¿Que mierda eres… y que haces en mi bodega?!!... Habla o te cortare en pedazos-

La mujer no dejaba de blandir los cuchillos, prestos a rebanar a la abominación, la mujer no perdía un movimiento de lo que hacia la abominación, Zyrxog intuyo dos caminos los cuales ya había pensado.

-Simplemente… quería un lugar tranquilo para hacer negocios contigo hembra… quiero información sobre Duncan Lorentz… -

La mujer abrió un poco los ojos al escuchar ese nombre, pero no cambio posición en ningún momento, era de suponerse, la apariencia y el lugar no eran demasiados idóneos para un negocio, mas la abominación se llevo la mano a su cinto y saco una pequeña bolsa de cuero, mientras sus tentáculos como si fueran pequeños dedos desataban la tira que cerraba la bolsa y durante un instante los ojos de la abominación miraron el contenido de la bolsa.

-Existen tres caminos para obtener información… la primera es por voluntad propia… muy difícil que suceda, la segunda es comprándola*en ese instante dejo caer el contenido de la bolsa en su mano, de esta varias monedas de oro junto con gemas y pequeños objetos de oro cayeron en su mano*… y la última es la más fiable… la tortura… dime hembra, cual debo de usar para obtener lo que necesito… dime que sería lo que más te gustaría-

La mano de la abominación se movía lentamente, a la vez que las gemas y el oro tintineaban lentamente, los anillos eran engarzados con piedras preciosas… era verdad, una pequeña fortuna que la abominación mantenía, de donde la había sacado… era fácil, sus especímenes gustosos se los habían entregado, un cadáver no las necesitaba y aunque eran objetos sin valor para la abominación, al parecer los inferiores codiciaban esos objetos por sobre muchas veces su propia vida.

-Dime lo que quiero y me marchare… si no tendré que obtener lo que busco de formas un tanto… dolorosas-




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