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Memorias Perdidas (+18)

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Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Mar Ago 16, 2011 6:42 pm

Spoiler:
Esta partida es un relato extenso de la historia de Ivar, contando en más detalle lo que sucedió en sus días de aprendiz con Matteus. Contiene escenas que podrían herir la sensibilidad de algunos usuarios (Sexuales). La partida está narrada en forma de diarios.

Día 1.

Empiezo este diario que me ha dado Matteus para que plasme en el los acontecimientos de mi vida, ya llevo cuatro años con él, en este tiempo me ha enseñado muchas cosas, entre ellas, ha perfeccionado mi lectura y escritura, que mi madre ya había empezado a enseñarme cuando pasó todo. Sin embargo, antes de comenzar a narrar este día, y los siguientes, considero más lógico narrar los primeros, el como llegue hasta donde ahora estoy...

Mi madre era una hechicera, conocía el don de la magia, y lo usaba como ella creía que ayudaba a las personas, sin embargo, un día cuando aun tenía solo seis años, unas personas echaron abajo la puerta, y mi madre me escondió con velocidad bajo la mesa, donde puse ver como mi padre se levantaba e intentaba evitar que aquellos hombres irrumpiesen en casa, eramos de la tribu Vikhar, grandes y fuertes guerreros, y mi padre no iba a permitir que alguien entrase así en casa, ni siquiera un guardia, pero no pudo hacer mucho antes de que le redujesen, y mi madre fuese capturada.

Yo debía de permanecer escondido bajo la mesa, pero no pude aguantar que hiciesen daño a mis padres, y cuando vi que los arrastraban afuera, salí intentando ayudarles, inútilmente, pues solo conseguí que me atrapasen a mi también.
Al parecer, según escuché, un vecino había acusado a mamá de ser una bruja que usaba la hechicería para matar a gente, algo que ni papá ni yo podíamos creer, eran mentiras, yo me pasaba el día con mamá, no me separaba de ella, era imposible que hiciese daño a nadie, pero no quisieron escucharnos a ninguno.

Subieron a mi padre a un enorme construcción de madera, con una soga, la cual le ataron al cuello, y un momento después, el suelo de madera se abrió a sus pies, cayendo, y siendo ahorcado, mi madre me abrazó, mientas ambos llorábamos por la perdida de mi padre, contemplé su cuerpo, colgando de aquella cuerda, cuando, de pronto, algo empezó a gotear de el, no era sangre, pues no tenía cortes ni era roja, si no de un tono más blanquecino, que en aquel momento no supe de que se trataba.

Unos guardias nos llevaron hasta unos troncos de madera, rodeado de leños, y nos ataron al gran madero, cada uno en uno, mi madre parecía resignarse, mientras las llamas empezaban a cubrirla, pero yo forcejeaba, intentando liberarme, jamás desistí, a pesar de ver el fuego avanzando hacia mí.
Pero entonces, un hombre salio de entre la multitud, lanzando su báculo a las llamas, que se apagaron de inmediato y con gran velocidad, subió hasta mi, y me desató, le pedí que ayudase a mi madre, pero... Era demasiado tarde... las llamas ya la estaban consumiendo.

Tras alejarnos del pueblo, me preguntó si quería ser su aprendiz, había perdido a mis padres, y me encontraba solo, aquel hombre me había salvado y ahora me proponía ser su aprendiz de hechicería, asentí, aceptando aprender de el, y le dí un gran abrazo en muestra de agradecimiento, aunque, en aquella época era algo bajito, y solo llegaba a sus caderas, por lo que, al abrazarle, mi cara quedó pegada a su entrepierna, donde noté una extraña dureza en contacto con mi rostro, algo que no entendía con aquella edad. Me trajo a donde vivo hoy en día, un enorme edificio de piedra hexagonal, el cual se llamaba "El Mercado De Las Brujas".

Se trataba de un gran edificio, varias plantas, y unas enormes puertas que abrió con una, en contraste, pequeña llave dorada. En su interior, había una enorme biblioteca, libros, libros hasta donde mi miraba alcanzaba, las paredes estaban casi del todo tapadas por estanterías, dejándose ver solamente la gran pared de roca, entre un mueble y otro, y sobre las altas estanterías, donde había un pequeño hueco antes de llegar al techo. Me mostró el lugar con una sonrisa, y me comentó algo sobre sus poderes.

-Ivar, mis poderes son muy variados, pero existen tres grandes ramas de la magia, la temporal, que altera el transcurso del tiempo, parandolo, acelerándolo, ralentizándolo, o incluso, haciéndolo ir hacia atrás, la magia espacial, la cual controla el movimiento, y los materiales, es lo que permite mover objetos, teletransportarse, y el resto de conjuros comunes, pues esta es la rama más usado, convocar una llama, mover corrientes de agua, o traer espíritus, entran en esta rama, y la ultima, y más poderosa de todas, es la rama de la vida y la muerta, la que permite crear vida con unas palabras, o arrebatarla con otras, y yo, mi joven aprendiz, controlo por completo las dos primeras... la tercera, es un don que ni los dioses pueden permitirse, pueden arrebatar la vida, pero jamás crearla de donde no existe... la biomancia es una magia que simula este poder, más, no es en verdad la gran rama de la vida, solo crea, artificialmente, algo que simula estar vivo, crear un fruto, o permitir moverse a un árbol, son solo pequeños trazos del poder, los frutos o el árbol, jamás estarán vivos como tal, lo único que hace, es manipular sus cuerpos... Si quieres demostrarlo, pídele a un biomante que cree una rata capaz de moverse y vivir libremente sin un tiempo limite...

Aquello fueron unas grandes palabras, palabras que me mostraron su sabiduría y poder... dominaba dos grandes ramas... tenia suerte de ser su aprendiz, más tarde, descubrí, que el don de controlar el tiempo había sido lo primero que había aprendido... Jamás me dijo su edad exacta, pero parecía que aquel no era su primer siglo de vida... Y sin embargo, estaba fresco como una rosa.


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Vie Ago 19, 2011 7:58 pm

Aquel día no hicimos mucho más, me mostró lo que hacía, sus trabajos, y me enseñó las plantas, en su mayoría, repletas de todo tipo de artículos mágicos, que con el tiempo y los años, iría creciendo.
Tras aclararlo todo, me llevó a la planta de arriba, la más alta, en la que, tras una estantería con libros, estando así oculta, había una habitación, bastante grande, con dos camas, una pequeña estantería (Comparada con las enormes estanterías de la biblioteca o la que tapaba la entrada) y una pesa con algunos papiros tinta, y pequeños objetos, o piezas de ellos.

Me enseñó un pequeño armario camuflado, donde habían unas túnicas, me venían bastante grandes, pero un conjuro de Matteus, y estas encogieron hasta mi tamaño, la túnica de aprendiz. Y así comenzó todo.
Matteus empezó a enseñarme cosas, empezando por la lectura y escritura, aunque esto más bien lo perfeccionó. Fui aprendiendo componentes mágicos, y aprendí las escuelas de magia existentes, era sorprendente que Matteus fuese capaz de usar casi todas.
Pero, aproximadamente, un año después, me enseñó algo, me contó sobre una de las plantas más importantes de un mago, la mandrágora, somnífera, alucinógena, un buen e importante ingrediente en la manipulación de pócimas, y muchos otros efectos, pero, lo que me llamó la atención, fue donde crecía, parecía ser que nacía allí donde los hombres eran decapitados, en aquel momento, no me dijo la razón, años después, me contó que cuando se ahorcaba a un hombre, este perdía su ultimo semen, en la horca, aquello fue lo que vi cuando ahorcaron a mi padre.

Fue algo que me impactó al saberlo, pero, en aquella edad, solo pude pensar en la mandrágora en si... Y, cuando más tarde me mandó a hacer un recado en el pueblo, como siempre, oculto con una capa para que no me reconociesen, me acerqué a la plaza, donde vi creciendo la flor de la mandrágora, era cierto, una planta que crecía muy rápido. Cavé a su alrededor, hasta que no quedó tierra sujetándola por ningún lado, y la oculté en mi capa, para regresar más tarde al mercado, no le conté, y aun no lo he hecho, que poseo la mandrágora, quería tener mi pequeño secreto.

Al regresar, subí a la habitación, y guardé la mandrágora en una caja, bajo la cama, donde aun espera a que le de un uso. Y la verdad, es que no hay mucho más que contar sobre mis primeros años con Matteus, todos los días eran más o menos iguales, aprendiendo, el enseñándome, ayudandole a atender a la poca gente que venía al mercado a comprar, muchas de ellas mujeres de avanzada edad, u hombres de mediana, pocas veces veía a alguien de mi edad, y las pocas veces, venía con su padre, madre, o maestro, por lo que no tenía mucha oportunidad de jugar con otros niños

No como ahora, que, a pesar de que aun no viene mucha gente, si llaga a nuestras puertas más que antes, y puedo hablar con gente más cercana a mi edad.
Creo que ha llegado el momento de que narre mi día a día, empezar a relatar que me ha pasado hoy, y así todos los días... O bueno, la mayoría de ellos, los que me acuerde de escribir y tenga algo interesante que contar, que espero que pase repetidamente.


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Jue Sep 01, 2011 10:23 pm

Hoy... Bueno, empecemos por el principio...

Todo comenzó como cada día, despertándome de mi cama, haría poco que el sol había salido, puesto que apenas entraba aquella luz roja amarillenta del amanecer, y Matteus ya no estaba en la cama, la cual estaba arreglada impecablemente, como siempre, nada nuevo. Arreglé yo la mis también, antes de bajar, nada parecía prometer que fuese un día especial, pero, claro, los días especiales no suelen dar avisos, o dejarían de ser especiales, una sorpresa ayuda mucho.
En la planta baja, con las puertas ya abiertas, se hallaba Matteus comiendo tranquilamente una hogaza de pan con unas salchichas del mercado, mientras algunos de los clientes más madrugadores revisaban los libros de las estanterías.

Me acerqué sonriendo a Matteus, el cual me tendió otro bocadillo devolviendome la sonrisa. Desayuné con tranquilidad, mientras Matteus me explicaba un par de cosas de la magia acuática, como siempre hacía, lo que daba una impresión de que el día sería irremediablemente normal. Pero, de pronto interrumpió su charla, y sacó de su túnica un libro, libro en el cual escribo ahora, puede parecer que no es nada especial, y aunque, el libro por sí solo significase mucho, este también desencadenó varias consecuencias. Después de terminar la explicación, se levantó ante la llamada de un cliente, y permanecí mirando el libro, cuando una mano suave y delicada me tocó el hombro, al girarme, vi a una chica de cabellos rubios sonriendo a mi espalda, mirándome.

-Ala... ¿Eres aprendiz de Matteus?

-Eh... Si... ¿Quien eres tú?

-Me llamo Melinda... Vengo aquí todos los días con mi padre, insiste en que aprenda magia, pero no lo consigo... ¡Tienes un libro de magia! ¿Me enseñarás tú? Mi padre está muy ocupado hablando con Matteus

-¿Libro de magia? Ah yo no...-Dije, intentando explicarle que eso era solo un diario en blanco...

-¡Porfaaaaaaaaaa! ¡Vamos! No hay mucho más que hacer-Me interrumpió ella poniéndome una cara que suplicaba ayuda.

-Yo... eh... Está bien... Pero creo que necesitaré preguntar a Matteus

-Puedes ir fuera, Ivar-Respondió el inmediatamente, olvidando que el muy puñetero tenia un oído finísimo.

La chica saltó de alegría y me arrastró prácticamente fuera, puesto que me cogió de la diestra y tiró, sacándome de mi cómoda silla al exterior.
Pasé varias horas ayudándola, y la verdad, es que parecía aprender rápido... Bueno, varias horas... Más bien todo el día, hasta la hora del cierre, en la cual me hizo una confesión...

-Muchas gracias por ayudarme, Ivar... Debo confesarte que... Bueno... Ya sabía hacer algo de magia... Solo te pedí que me enseñases por pasar tiempo contigo... Muchas gracias, eres muy divertido, y me has enseñado bastante

Su padre la llamó desde la distancia, y ella se giró haciéndole una seña, para un momento girarse hacía mí de nuevo, y... Durante un instante, que me pareció eterno, se quedó mirándome, antes de darme un leve beso en los labios, ella se giró de nuevo, pero esta vez para correr hacia su padre, y yo quedé paralizado, como una estatua, o como si una gorgona me hubiese lanzado una de sus tan temibles miradas... Pero era por aquel beso... aquel momento fugaz... Había sido mi primer beso... Y debo admitir, que no está mal... Y... Bueno, ahora estoy en la habitación, escribiendo esto antes de irme a dormir... Creo que no olvidaré nunca ese beso, pero... Por si acaso, quiero dejarlo escrito, para así recordarlo.


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Vie Sep 02, 2011 1:04 am

Día 5


Ya han pasado cuatro días desde que conocí a Melinda, desde entonces, nos vemos siempre, y salimos a los alrededores del mercado a jugar, claro, no puedo descuidar mis tareas de aprendiz, por eso ella viene después de la comida, mientras que por la mañana y después de cerrar hasta la hora de dormir me quedo estudiando con Matteus, pero son las tardes lo que más me divierten.
Podría decir que no es solo por Melinda, pero... Mentiría, es por ella por lo que son divertidas, no estoy solo, puedo hablar con alguien de mi edad, que me comprende, es una chica muy maja.

Y los besos... Los besos de despedida se han convertido en una costumbre... Cada día, antes de irse, me da un ligero beso en mis labios, pero, con una diferencia, y es que cada día, los besos son más largos... Solo un poco... Cualquiera diria que son iguales, pero... Yo noto la diferencia...
He pasado tres días sin escribir nada aquí, pero, principalmente, porque no me acuerdo, debo lamentarme... Después de pasarme la tarde en los bosques y enseñando a Melinda, y estudiando con Matteus, quedo bastante cansado, y no hago más que caer cual plomo en mi cama, y dormirme en el mismo acto.

Pero de hoy no pasa, y estoy dispuesto a escribir algo, por muy cansado que esté, u ocupado que me halle, tengo que narrar lo que ha sucedido hoy, es bastante importante, además de que llevo tiempo sin poner nada.

Estábamos Melinda y yo en el bosque, como siempre, la estaba ayudando con el hechizo de látigo de agua, es muy simple, y útil, puedes empujar cosas con el, o apagar el fuego, entre otras utilidades, como dice Matteus "El límite de la magia está donde termina tu imaginación". La cosa es... que le enseñaba el conjuro, cuando, de pronto, salió de entre los árboles un enorme lobo, gruñendonos, supongo, que estábamos en su territorio, y decidió echarnos, pero de manera agresiva en exceso, debo añadir...
Primero solo nos gruñía, haciéndonos retroceder, pero entonces, se abalanzó sobre Melinda, y yo... No se de donde saqué el valor, pero me interpuse en la mordida... Sangraba bastante por el hombro, pero conseguí espantar al lobo con el mismo conjuro que le enseñaba a Melinda, y luego ella, me sanó usando otro, por suerte decidí enseñárselo... Aunque no lo dominaba muy bien, y por eso, ahora tengo una cicatriz en el hombro...

Le agradecí la ayuda, pero ella solo me dio la bofetada de mi vida, y me dio un abrazo al momento, quedándome más confuso que nunca... En ese momento pensaba ¿Me pega y me abraza? ¿Tiene cambios hormonales o que?
Pero después me lo dijo, la ostia, era por haberme arriesgado, el abrazo, por haberlo hecho por ella... Sinceramente, sigo sin entenderlo... Que raras son las chicas...

Escuchamos entonces unos aullidos, que procedían de entre los árboles, y rápidamente subimos a un árbol, no tardaron en aparecer los lobos, al parecer, había llegado con el resto de la manada.
Estuvimos allí bastante rato, pero finalmente, los lobos decidieron irse, y nos dejaron, así pues, decidimos que lo mejor era volver... Pero antes de irnos, decidí besarla yo, tomar la iniciativa, pero, esta vez, un beso más largo, más duradero, no un simple contacto labial.
Poco después, nos separamos, y se fue a su casa, yo, volví al Mercado, y estudié con Matteus, no sabe nada de la cicatriz del hombre, he decidido que lo mejor es no mostrársela, al fin y al cabo, no es algo tan grave como para que tenga que enseñárselo, ya está curado ¿No?


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Vie Sep 02, 2011 9:42 pm

Día 6


Melinda y yo nos hallábamos en la rama, mientras, abajo, aquellos lobos esperaban a que bajásemos, algunos, intentaban escalar por la corteza del árbol con pocos resultados.
Entonces, ella, se lanzó contra mí, abrazándome con fuerza en lo alto de aquella rama, y besándome apasionadamente, el separarnos de aquel beso, empezó a retirarse la camisa, mostrando así su pecho, poco desarrollado, pero que aun así suponía una bellisima vista para mis ojos. Me miró con unos ojos traviesos, y sonriendo, me retiré la túnica, dejando al descubierto mi pecho, dado que llevaba pantalones, pero rápidamente, con ayuda mutua, nos despojamos de nuestras ultimas prendas, mostrando nuestras partes intimas, pero sin vergüenza ninguna, ambos nos hallábamos bastante excitados, era obvio lo que nos disponíamos a hacer...

Mientras nuestros labios entraban en un roce, cada vez más cálido, nuestros cuerpos se unían, a medida que mi miembro entraba en su vagina, lentamente, pero sin detenerme, mientras ella lanzó un leve gemido de dolor, yo penetré más, y lancé un gemido, indicando el placer que recorría mi cuerpo, aquel movimiento comenzó, ella estaba encima, de forma que yo quedaba pegado a la rama helada, en contraste con nuestros cálidos cuerpos, mientras ella comenzaba a moverse emitiendo leves gemidos, acompañados de los míos, hasta que finalmente decidí pasar a la acción, y me eché hacia delante, haciendo que cayese hacia atrás, aunque controladamente, de forma que quedé sobre ella, y empecé a ser yo quien se movía, enroscando y apretando mis piernas alrededor de la rama del árbol, a causa del placer, que hacía que se contrajesen todos mis músculos, mientras ella se aferraba a la misma con sus manos, ya, ni recordaba a los lobos de ahí abajo, eran algo menos interesante que lo que tenía ante mí, sin cesar aquel placentero movimiento, me acerqué a sus pechos, y empecé a besarlos, subiendo poco a poco hacia su barbilla, y uniendo nuestros labios, mientras entraba con más fuerza, haciéndonos gemir a ambos a la vez.

Pero tras unos instantes, la rama se quebró, y caímos al suelo, aun sin separarnos en la caída, pero, no nos sucedió nada, y antes de que pudiésemos darnos cuenta, los lobos estaban a nuestra espalda, más, lejos de mordernos, sentí sus húmedas patas posarse en mi hombro desnudo, y como se pegaba a mi piel, haciendo que sintiese algo rozando mis nalgas. No tardé mucho en comprenderlo, mientras sentía como aquello iba abriéndose paso y entrando por el ano con algo de dificultad, intenté moverme para evitar que hiciese nada, pero un gruñido, y unos dientes en mi cuello me advirtieron que no era buena idea, por lo cual, decidí dejarlo, y continuar con Melinda, la cual también tenía un lobo a la espalda, que parecía hacer lo mismo que el que estaba tras de mí.

Así pues, sin oponer resistencia, continué con aquel movimiento, entrando y saliendo de ella, mientras ambos gemíamos de placer, y sintiendo el miembro del lobo en mi interior, a la vez que entraba en Melinda, haciendo aún más placentero y deseable aquel momento, ya no tenía en mi cabeza la idea de resistirme a aquello, es más, me alegraba, y continué aquellas embestidas, mientras las bestias hacían lo propio con nosotros mismos. El pene de estas, y el bello que lo rodeaba, me hacía leves cosquillas cada vez que entraba en Melinda, o cuando el entraba en mí, pero, esas cosquillas, lejos de molestarme, no hacían más que provocar un mayor ardor de placer en mi cuerpo.

Nuestros cuerpos sudaban, a causa del esfuerzo físico, lubricando un poco el roce, haciéndolo más ligero, mientras notaba mi corazón y mi respiración más acelerada de lo normal, sintiendo también la de ella a través de su pecho, y casi se podría decir que sentía la del lobo que tras mí, también disfrutaba. Sentía como toda la sangre del cuerpo se desplazaba a aquella zona en concreto, a aquel lugar donde me unía con Melinda, y donde el lobo se unía a mi.

De pronto, una gota rozó mi hombro, deslizándose al pecho, y haciéndome sentir un extraño y curioso placer, cuando el frío agua tocó la calidez de mi piel, pronto, varias gotas más se sucedieron, comenzando una gran lluvia, que nos refrescaba y añadía aun más placer, gracias al contraste, a aquel cambo de temperatura, que además de enfriar algo el ambiente, más, no nuestros cuerpos, que parecían envueltos en llamas, inmunes a aquella lluvia, si no que también hizo un contacto más suave... Ver su cuerpo mojado, aquel fluido resbalando por su piel, por su rostro, por su busto, sus caderas... No era más que un extra de excitación, mientras, el cabello húmedo del lobo, rozaba mi espalda, suavemente y humedeciéndola, haciendo que sintiese como aquel liquido que desprendía, resbalaba por mi piel, una y otra vez... pegándose y despegándose, dejando a cada pasada en mi espalda, un poco más de agua, y sintiendo que se acercaba un momento especial...

Hasta que finalmente, gemí por ultima vez, uno más placentero que ninguno, uno, más potente, que coincidió con el de ella, y sentí como el calor que desprendía, nacido del corazón, se desplazaba con velocidad a mi miembro, donde tras un leve calambre que me produjo aquel gemido, dejé escapar esa tensión en su interior, mientras a la vez, sentía como un liquido entraba en mi interior desde mi espalda, nacido en el miembro del animal.


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Sáb Sep 03, 2011 10:22 pm

Y entonces desperté en mi cama... todo aquello había sido un sueño... Y vaya sueño... había sido el mejor que había tenido en mi vida hasta el momento... Ha sido un sueño tan... peculiar... que he decidido dejarlo aquí plasmado, es algo que me gustaría recordar, así como lo que pasó después.
Al despertar noté como entre mis piernas había algo, una especie de liquido, que había mojado mis pantalones, la túnica, y las mantas con estos. Estaba sorprendido y extrañado a la vez, sabía de biología, me había enseñado Matteus junto con la magia, y a pesar de que supuse que era aquel fluido, y lo que había hecho en mi sueño, no tenía ni idea en ese momento de la razón por la que había aparecido.
Así pues, tras cambiarme de ropas, y cambiar también las sabanas de la cama, bajé a la primera planta, donde como siempre, mi maestro se hallaba comiéndose su bocadillo de salchichas, mientras otro descansaba a su lado esperándome a mi.

Y, algo avergonzado, pero, ante todo curioso y guiado por mi espíritu de aprendizaje, le conté la situación preguntándole finalmente por aquel fluido. Eso sí, omití el detalle de los lobos y de Melinda en mi pregunta, solo diciéndole que había tenido un extraño sueño en el que aparecía una chica con la cual mantenía relaciones. Aunque supongo que supuso de quien se trataba.
Me contó entonces que aquello se trataba de un sueño húmedo, algo destinado a liberar tensiones sexuales mediante sueños subidos de tono. Aunque también añadió que era extraño que se diesen casos a mi edad, parecía ser que soy muy precoz.

Tras estudiar como todas las mañanas, y tras la comida, claro está, llegó Melinda de nuevo. Me sentía algo extraño cuando llegó, puesto que el haber soñado algo así me afectaba, y no estaba seguro de si decírselo o no... Podría tomárselo mal. Así pues, decidí mantener los labios sellados respecto a mis sueños con ella. Sobre todo, por aquello de los lobos, si se suponía que ese sueño mostraba cosas que me gustaban... Bueno, debo decir que tengo unos gustos un tanto curiosos...

Y sin decirle nada me quedé, simplemente salimos fuera a jugar y practicar más la magia, pero, desde entonces, me era imposible quitarle la mirada de encima, no podía pensar del todo bien, y en consecuencia, mis hechizos salieron mal continuamente. Era extraño, no era capaz de concentrarme del todo, era como si toda la sangre de mi cerebro bajase hasta mi pene, concentrándose allí y siéndome más difícil pensar, era una sensación algo molesta, dado que no podía pensar bien, pero... Era el deseo de manifestar aquello con lo que soñé...

Por suerte me reprimí, y conseguí no decirle nada, y volví después de todo al mercado, donde Matteus esperaba para darme más clases, aunque intercalamos las charlas de magia con charlas más orientadas al sueño y similares... Y tras un buen rato, subí a la habitación, donde ahora estoy escribiendo esto. Mas, antes de escribirlo, hice algo más...
Seguí el consejo que me dio Matteus en nuestra charla, una forma de evitar despertarme así... Bueno, básicamente, es imposible evitar liberar tensiones, por decirlo de algún modo, la diferencia, está en el como y en el cuando, dado que es más controlado de la otra manera...

Me hallaba tumbado en mi cama, mirando mi diario, solo. Matteus estaba aún abajo, como siempre, se acostaba tarde, suspiré, mirando mi túnica, y llevé mi mano al borde.
Durante un momento quedé quieto, pensando, pero finalmente la subí, quedando mi pantalón al descubierto, el cual deslicé hacia el lado contrario, desvelando mis calzones azules.
Con cuidado, empecé a rozar con mi diestra mi entrepierna con cuidado, y poco a poco fui bajando también mi ropa interior, revelando mi pene, que poco a poco comenzaba a endurecerse mientras lo masajeaba, hasta agarrarlo, rodeándolo con mi diestra, y suspiré un momento antes de comenzar a subir y bajar la piel que lo cubría. Primero comenzó a endurecerse más, mientras un placer iba recorriendo mi cuerpo. Matteus no me dio muchos detalles de como se hacía, así pues, me dediqué a improvisar, y debo admitir, que aquello no estaba nada mal.

Me mordí el labio inferior, dejándome escurrir en la cama, y quedando totalmente tumbado, mientras aceleraba un poco el ritmo de movimiento de mi mano, sintiendo como mi miembro palpitaba en mi mano, casi podía decirse que podía sentir mi corazón en el. Chispas de placer emergían del pene, introduciéndose en el interior de mi ingle, donde tomaban la ruta de mi espalda, produciéndome así escalofríos de placer, y haciéndome casi inconscientemente, acelerar aún más el ritmo.
Apreté los dedos del pié, así como cerré la mano sobre las sabanas de mi cama, a causa del placer que recorría mi cuerpo ante tal acto, que no llegué a imaginar antes tan agradable-

Poco a poco, iba sintiendo como una tensión, una presión creciente, iba acomulandose en la base de mis genitales, notando como el calor que desprendía iba haciéndome sudar un poco. Tras un rato, sentí algo, una sensación similar a cuando voy al baño, como si fuese a orinar, sin embargo, no era capaz de detenerme, aquel placer, era como si me hubiese poseído, y era incapaz de parar la mano para ir al baño, como si al intentar hacerlo, perdiese aquella sensación. Mi corazón latía rápido, como en el sueño, acompasado con mi respiración. Y lancé un gemido, tras el cual, llegó algo mejor, un calor mayor, un calambre, un escalofrío de placer, y me sentí incapaz de aguantar más aquella tensión que se acumulaba...

Pensé que me orinaría encima, y en un acto reflejo, me desvié a un lado, lanzando un gemido de placer, a la vez que de la punta de mi pene, salía un fluido, a gran velocidad, como si hubiese sido disparado. Sentí aquella presión bajo la base del pene, sin llegar a mi ano, recorrer el miembro hasta la punta de nuevo, para volver a salir con otro gemido, pero más débil, y una vez más, disminuyendo su intensidad. Finalmente suspiré, soltando mi miembro y respirando hondo, mirando aquel liquido que había caído sobre mis sabanas, un líquido blanco, que no tardé en identificar como semen.
Respiré hondo una vez más, guardando de nuevo mis genitales en mis calzones, y subiendo mis pantalones, para quedar de nuevo vestido, pero, más relajado. Cerré los ojos un instante, recordando el momento, y comencé a escribir lo que ahora leéis. Ahora solo queda, ir a dormir y esperar a otro día.


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Miér Sep 07, 2011 11:45 pm

14º Día - 6º Mes - 2º Año

Hoy me desperté más contento que de costumbre, es mi cumpleaños. Hoy se festeja la docena de años de vida que tengo ya... Bueno, se festejó.
Al levantarme de mi cama, me estiré un poco, como llevaba haciendo ya un año, como ya escribí paginas antes, a causa de aquellos tres días de dolor de espalda, ahora prefiero prevenir daños. Tras estirar un poco, bajé las primeras escaleras a toda velocidad, algo emocionado, no por ningún motivo en especial, solo por la sensación... Aquella emoción al saber que ese día es especial.

Pero después, empecé a bajarlas más lentamente, alargando ese momento, que durase más... esa emoción... Bueno, duraría un buen rato, el Mercado tenía muchas plantas, y aunque hubiese corrido, habría tardado un rato en llegar abajo y ver a Matteus donde siempre... Pero, aun así, saborear es importante.
Al llegar abajo, tal y como me esperaba, el hombre estaba donde siempre, haciendo lo de siempre, sin nada especial, pero eso no me desanimaba sabía que Matteus tenia muy buena memoria y no se olvidaría de mi cumpleaños... Piqué en ese truco el año pasado, pero, no volvería a hacerlo.

Le seguí el juego, sin comentar nada de mi cumpleaños, hasta llegar a la hora de comer, en la cual... Todo cambió radicalmente...
Matteus me pidió que trajese de su cuarto el libro de hechicería, y al bajar de nuevo... La planta baja estaba bellamente decorada con tonos dorados y plateados, y una tarta encima de la mesa, la cual, misteriosamente se había agrandado bastante. En la puerta estaban todos los que conocía. Clientes habituales que me habían tomado cariño desde pequeño, amigos de Matteus y algunos míos. Pero la que más me impactó, fue Melinda. Portaba un precioso vestido de color verde esmeralda, y el pelo largo, cayendo por uno de sus hombros. La chica me sonrió y me hizo una seña con la mano, gesto que le devolví con otra sonrisa. No era ningún secreto que nos llevavamos especialmente bien ella y yo. Estábamos desde hacía varios meses como novios como ya os conté... El día en el que me declaré... Bueno, ya os lo expliqué, no es necesario repetir eventos.

Sobre la mesa, una tarta de nata y limón, que mezclaba lo dulce con lo amargo, creando una deliciosa combinación que me encantaba. La fiesta fue genial. Mateus me regaló un reloj de plata, un reloj perfectamente engrasado y fabricado, preciso como ninguno, y que ahora mientras escribo, rozo con una sonrisa.
Libros, algún cristal o pócima complicada, así como amuletos. Cosas así se me fueron regaladas con buena intención, la cual agradecí. No es por el cumplir años, el madurar, o por los regalos en sí, por lo que me gustan estas fechas, si no, porque con esa cercanía, ese regalo, ese festejo, ves a toda la gente que te quiere, todos los que te aprecian y te tienen cariño...

Y, aunque el cariño es algo que me llena de satisfacción... Hay algo más satisfactorio y placentero, algo que Melinda me regaló... Fue su regalo, el último, y el que más me gustó, lo que marcó este cumpleaños...
Cuando la fiesta terminó, y la noche nos cubrió. Cuando las estrellas aparecieron, y las lunas se mostraron. Decidimos salir a dar un paseo y refrescarnos en la noche de verano.
No me lo esperé...

Pero ¿Quien me iba a decir a mi, que buscando un tranquilo y relajante paseo a la fresca brisa de la noche, acabaría gozando con el calor que el cuerpo de la joven me daría?
¿Quien diría, que su regalo de cumpleaños, sería un intercambio?

..¿Que le arrebataría su virginidad, como ella se llevaría la mía?...


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Jue Sep 08, 2011 1:02 am

Y eso no sería un sueño, aunque me lo pareció, como el que tuve en aquella noche a los diez años... Aunque la verdad, diferiría mucho del sueño la realidad...
Creo... Que solo coincidirían tres cosas...

El lugar...
... Con quien sucedería...
... Y que sería un momento... Especial...

Por decirlo de alguna forma. Nos pusimos a caminar por el bosque, recordando lo bien que nos lo habíamos pasado allí. Hasta llegar a la parte donde nos atacaron los lobos, donde permanecimos un rato hablando de aquel día, hasta avanzar un poco más, donde encontramos un río. Nos sentamos a la orilla, donde empezamos a charlar, metiendo los pies en el agua mientras mirábamos el cielo estrellado.
Y... Sin saber por que, ambos nos miramos, y la besé.

Pero, en vez de separarnos al poco como solíamos hacer, su beso se volvió más apasionado, sorprendiedome un poco, pero sin resistirme. Su mano pasó a mi pecho, apoyándose un poco, y bajando lentamente hacia mis piernas, pero deteniéndose bajo mis caderas, acariciando aquella zona con algo de cuidado. Estaba sorprendido, jamás habíamos llegado a más que abrazos o besos... Pero... Aquella noche sería distinto, llegaríamos al final.
Mientras iba acariciando allí abajo, yo que no sabía como reaccionar, simplemente continuaba el beso. Cuando, finalmente, empezó a empujar mi pecho, y me dejé caer hacia atrás, colocándose sobre mí sin perder demasiado tiempo, retirándome la camisa que llevaba puesta (Dado que había decidido ponerme ropa menos... "formal" para la fiesta) Al dejar parte de mi pecho al descubierto, empezó a acariciarme cerca del corazón, bastante acelerado, así como mi respiración, profundizando con sus manos en la camisa, para llegar al cuello, y fundirnos en un nuevo beso, pero más fugaz en esta ocasión.

Decidido, me quité la el resto de la camisa para dejar mi torso al aire libre, y empecé a retirar los tirantes de su vestido. En el tiempo que había pasado, Melinda había ido desarrollándose a gran velocidad, mostrando ya un pecho suficientemente desarrollado como para llevar sostén, el cual, tras retirarle los tirantes, fue lo único que aun ocultaba su torso, habiéndole dejado el vestido por la cadera. Ella me miró a los ojos, colocándose a un lado el pelo, y mirando mi pecho mientras se mordía el labio inferior.
Desabroché mis pantalones, y luego ayudándome torpemente con los pies, los retiré, quedando únicamente en ropa interior. Ella por su parte, se levantó, haciendo caer el resto del vestido y echándolo a un lado, mientras se ponía sobre mi, besándome, mientras con otra mano se colaba en mis calzones, empezando a juguetear con mi miembro, ya endurecido, pero que parecía tomar más densidad por momentos.

Finalmente, por comodidad y continuar, retiré aquella ultima prenda, mientras ella retiraba las suyas, quedando ambos completamente desnudos.
Ella sobre mi, se estiró hasta llegar a mis labios, uniéndonos una vez más, como tantas otras, pero nunca así... Y fue bajando, separó sus labios de los míos, para empezar a besar alrededor de mi entrepierna... Primero las caderas, y bajando poco a poco. Dando cortos besos en mi miembro y jugando con el entre sus manos, para finalmente intriducirselo en su boca, haciendo que cerrase los ojos mientras sentía un cosquilleo de placer al sentirlo allí dentro. Lo sacó de nuevo, pero para volver a introducirselo, y esta vez, mantenerlo más tiempo, mientras jugaba un poco con su lengua con el. Recreándose especialmente en la punta, donde producía mucho placer.

No sabía ya en ese momento, si mis sonidos eran gemidos, o suspiros, si el placer se agolpaba en mi, o iba liberando tensión al dejar escapar el aire, pero lo que se, es que fue un momento genial... Similar a mi sueño, pero a la vez distinto, y mucho mejor.
Pero eso solo es el comienzo de lo que hicimos...


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Jue Sep 08, 2011 7:07 pm

Labios y lengua, ambos servían para jugar con mi pene y producirme placer, la cuestión no era el con que lo hacía, si no el como... Y debo admitir, de manera fantástica...
Pero tras un rato de juego, la tomé de las manos, y fui tirando levemente de ella, para que subiese, y al hacerlo, me voltee con ella, colocandola debajo con ese movimiento, y dándole un fugaz beso, antes de deslizarme esta vez yo hacia abajo, y abrir sus piernas con cuidado, mostrándome su vagina.
Un beso bajo el ombligo, y otro cerca de los labios... Pero los de abajo, no los del rostro, y tras el, empecé a ser yo quien jugase con ella, lamiendo aquellos labios y besándolos, mientras usaba también la lengua para excitarla más, tanto introduciendola un poco allí, como lamiendo su clítoris, y escuchando como la chica daba gemidos de placer al sentir mi lengua y mis labios recorriendo la zona vaginal, recreándome en puntos donde notaba excitarla más.

Sin prestarle mucha atención a eso, pues más bien estaba pendiente de su entrepierna más que del resto, vi que entre los gemidos, se mordía el labio inferior y rozaba sus pechos, pero ignoré ese detalle durante aquel acto.
Tras un poco de probar aquella zona, como ella había probado la mía, pareció dispuesta a dar el siguiente paso, y tomó mi cabeza con cuidado, cerrando las piernas y abrazándose a mi cuello, para después incorporarse y darme un largo beso en los labios. Mientras lo hacía, se sentó en mis piernas, de frente a mi, y usando su mano, empezó a introducir la punta entre sus labios, entrando en ella lentamente.

No entró mucho, hasta que ella lanzó un quejido, sintiendo un obstáculo, como si algo me impidiese continuar, a pesar de que el juego general, y posteriormente, el de mis labios en si vagina, habían humedecido y dilatado aquella zona. Empecé un poco más, pero entonces se encogió, quejándose un poco. Me preocupé algo, pero le quitó importancia con un gesto, y me dio un fugaz beso en los labios, mientras volvía a bajar lentamente, sintiendo como el obstáculo cedía, y entraba poco a poco en ella.

Yo sentía como iba entrando poco a poco, sentía un poco de presión oprimiendo mi miembro mientras Melinda bajaba lentamente, una ligera presión que me era bastante placentera.
Subió de nuevo, pero esta vez sin salir, para volver a bajar de nuevo, comenzando aquel movimiento que cada vez iría más rápido y profundo, pero empezando lentamente.
Nuestros gemidos cuando volvió a entrar, sonaron al unísono, para tomar un poco de aire cuando volvía a salir, para entrar de nuevo acompañado de nuestras voces gimiendo por el placer, como una melodía que acompaña a un baile.

Tras un poco, cuando ya el dolor desaparecía, y solo quedaba sitio para el gozo, la tumbé en el suelo, tomando yo mismo la iniciativa.
Acerqué mis labios a su cuello, dando pequeños mordiscos, mientras mi cadera seguía aquel ritmo sin pausa, entrando y saliendo de ella. Mientras, mis manos buscaban sus caderas, rozándolas y con caricias que despertaban más calor en ella, un calor que posteriormente se me transmitía a partir de las yemas de los dedos. Como un cosquilleo, como una pequeña descarga eléctrica, que aparecía allí donde posaba mis dedos, los cuales parecían dejar una marca de calor a cada roce. Una seña de pasión.

No duró demasiado... Aquello fue rápido... Pero fue lo mejor que me había pasado...
Al igual que en mi sueño, sentí aquella presión en la base de mi miembro, acompañándoos, hasta no aguantar más y con un largo y potente gemido, liberarla en su interior, mientras ella gemía igualmente.

Tras acabar, la saqué de su interior, pero permanecimos juntos, abrazados, descansando, sin casi poder hablar, y contemplando las estrellas...

Ahora, escribiendo esto, tras unas pocas horas de lo ocurrido, al recordarlo no puedo evitar sonreír... Creo que esta noche, no necesitaré aliviarme yo mismo...


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Re: Memorias Perdidas (+18)

Mensaje por Ivar Egilson el Jue Sep 08, 2011 9:40 pm

17º Dia 6º Mes 2º Año


Hace solo un par de días que pasó lo de Melinda y yo, aun lo recuerdo, no se me borra de la cabeza, pero... Hoy algo más entró en mi mente, y no pude evitar hacer algo de lo que me arrepiento un poco...
Ayer mismo, ya tenía aquello rondándome la cabeza, recordando aquel sueño que tuve... No solo era Melinda, también estaban los lobos, algo bastante raro... Y... No pude evitar pensar, si es que también me sentía atraído hacia los hombres... Mas, no hay por que dudar... La respuesta es clara, ambos sexos me parecen atractivos, sin embargo... Solo he probado uno...

Y, hoy al despertarme, pensé que debería probar el otro, por curiosidad, y saber que sucedía... Quien me vino primero a la cabeza, fue Matteus... pero... temía que al preguntarle reaccionase mal... Era mi profesor... ¿Y si se enfadaba? Por varias razones, preferí desechar la idea de proponerselo a mi maestro, por lo que, rápidamente busqué a alguien que pudiese sustituirlo... Y no tardé en recordar a alguien.
Yagro, el hermano de Melinda... Si, bueno, es el hermano de mi novia, pero... No estaba mal... Y no creí que por probar pudiese suceder nada... Ahora me arrepiento un poco...

Matteus, esa mañana, me la había dado libre, dado que iba al pueblo a comprar algunas cosas. Melinda, había ido con su madre al monte... Y Yagro llegaría a la biblioteca en poco, por lo que, parecía el momento adecuado. Él tenía un par de años más que yo, apenas dos o tres.
Cuando llegó, yo estaba indeciso, dudoso, y me puse a leer un rato, pendiente del reloj para que no se pasase la hora. Aunque más que leer, lo fingía, mientras me debatía en que hacer...
Finalmente, llegó la hora de cerrar para la comida, ya se habían ido todos menos Yargo, y decidí que era el momento, acercándome a el con todo mi valor.

Le dije que era la hora del cierre, e inmediatamente dejó sus libros, encaminándose hacia la puerta... Y me acobardé al intentar proponerselo, en su lugar, me acerqué a el, y le propuse ir a dar una vuelta por el bosque y hablar un rato, una pequeña excusa para conseguir algo más de tiempo. Me sacudió un poco el pelo (Pues era también bastante más alto que yo) y aceptó. Tras cerrar con la llave que Matteus me dio, nos encaminamos al bosque donde días antes, su hermana me había hecho gozar, y donde esperaba que el también lo hiciese.
Sin embargo, no me atrevía a decírselo, y simplemente íbamos caminando entre los árboles, comentando y contándonos todo tipo de cosas.

Pero tras un rato, se adelantó un poco, acercándose a un árbol y comentándome que iba a orinar. Y allí me decidí, parecía el destino, tantas oportunidades... era la ocasión perfecta. Suspiré, volviendo a tomar mi valor, y avancé hasta donde estaba, colocándome a su lado. El me miró, y sonrió, antes de bajar su mirada a sus pantalones, y desabrocharselos un poco, para sacar su miembro al aire del bosque.
Yo hice lo propio, subiendo mi túnica y bajando mis pantalones, para liberar el mio, más pequeño. Empezamos a orinar, aunque yo miraba con disimulo el largo pene que emergía de entre sus piernas con deseo, e intentando que no se me endureciese el mío.

-Ehm... Vaya... Las chicas deben volverse locas con eso ¿No?-Dije mirando hacia delante, algo turbado.

-Jaja... Por supuesto-Me respondió el, revolviéndome el cabello con la zurda, mientras su diestra sujetaba aun su miembro.

-Y... los chicos también... ¿Podría... probarla...?

El me miró sorprendido, y dio un paso a un lado... Sin contestarme, volvió a guardársela en los pantalones y se fue del bosque, dejándome a mi allí, quieto, pensativo, sin saber que hacer.
Suspiré, volviendo al mercado, algo asustado, pues temía que se lo dijese a Melinda y ella se enfadase conmigo o algo similar...
Por suerte, cuando volvió más tarde, pareció que Yargo no le dijo nada, pues no mencionó nada, y es un alivio, al menos, no arruinó mi relación con ella...

Y aunque no me permitiese probarla... Nada me impide desfogare imaginando como habría sido tener aquello en mi boca... Algo que aseguro haré, en cuanto escriba este ultimo punto.


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