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Reforzando el Linaje [Privada]

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Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Ago 17, 2011 2:42 am

Mis pasos sonaban pesados y rítmicos al estar acompañados del pisar de un centenar de botas más. El camino estaba enfangado, y nosotros exhaustos. Habíamos logrado ganar la batalla, sí, y a juzgar por el número de muertos podría considerarse que la habíamos ganado por masacre, pues habíamos perdido bastantes soldados menos de los que el enemigo había perdido. Benditas emboscadas.

El combate por desgracia se había prolongado bastante, lo que hizo que si bien no perdiéramos muchas tropas, sí acabáramos agotados. Muchos arrastrábamos los pies por el lodazal en el que se había convertido el camino hacia la capital de nuestro reino, mientras los carros avanzaban trabajosamente por aquél acceso, cargando heridos o muertos. Los rostros de todos nosotros denotaban el cansancio. Tal vez una victoria fuera digna de celebrar pero... ¿Qué había por celebrar?

Día tras día se sucedían las escaramuzas entre imperiales y zhakheshianos. Nosotros conocíamos el terreno y poseíamos una gran disciplina militar, pero ellos eran muchos más, y su odio hacia nosotros rivalizaba con el que nosotros les teníamos. Constantemente perdíamos hombres y mujeres ambos bandos... La diferencia es que, a pesar de que murieran más de los suyos, por cada hombre que perdían, tenían tres. Nosotros, no tenemos a nadie para reemplazar las bajas.

Avanzaba a la cabeza de la columna, pensativo y deseando más que nada el llegar a casa y encontrar a mi hija. Aunque ella me odiara y despreciara, el simple hecho de verla ya me hacía feliz. Tal vez me hundían sus palabras, pero... El simple hecho de ver que aún sobrevivía algo de mi sangre... El único recuerdo de mi difunta esposa... La persona por la que mi querida Atharea y yo juramos dar la vida sin importar la situación... Sólo por eso ya valía la pena seguir viéndola cada día. Quiero mucho a mi hija aunque ella no parezca darse cuenta...

Tras cerca de dos horas andando monótonamente, cansados pero felices de volver a casa finalmente, llegamos a las puertas ocultas de Zhak'Thrugond. Ahí, tras ser recibidos por los guardias, nos adentramos en la enorme ciudad que se hallaba dentro de la montaña. Ya era de noche, así que la mayor parte de la gente dormía. Me dirigí sin dar muchos rodeos al barrio noble, queriendo descansar un rato, pues me hallaba demasiado exhausto como para nada más.

Finalmente llegué a la mansión Kohlheim. No era ni mucho menos la más grande ni la más vistosa del lugar, pues nosotros éramos gente austera en ese sentido. ¿Para qué gastar en cosas más vistosas, si con menos ya tenemos lo que necesitamos para vivir cómodamente? Siempre fuimos gente práctica. Los dos soldados de la entrada se cuadraron y me abrieron la puerta metálica, mientras yo les saludaba con voz cansada. Me detuve a hablar unos instantes con ellos cuando uno de los soldados me habló:

-¿Cómo ha ido, señor?-

Yo me apoyé contra la reja y, con tono cansado, le contesté:

-Bastante bien, los masacramos y apenas perdimos soldados. Aunque ha sido considerablemente agotador... ¿Quienes hay en casa?-

-Sólo vuestra hija, milord... Los criados se han encargado de hacerle la comida, pero por lo demás, sigue tan ermitaña como siempre. Creo que no le iría mal que algún día le trajerais algún día algún regalo... No sé, un asqueroso imperial, tal vez. Tiene pinta de ser como vos. Amante de las torturas.-

-No es una mala idea, Akhron, no es una mala idea...-

Soltamos los tres una carcajada y le di unos golpes amistosos en la espalda. Aquél chaval había estado con nosotros los últimos tres años y se había convertido en uno de los guardias más leales de la familia. Tras cruzar esas palabras y dejar a los dos guardias hablando entre sí sonrientes, me dirigí al interior de la casa. Un par de criados me recibieron, con un porte digno, servicial sin llegar a sumiso. Les pedí que me ayudaran a quitarme la armadura, y tras eso, me puse un chaleco de cuero negro que dejé sin atar y me cambié los pantalones y las botas. Pedí que me hicieran la cena, y mientras la hacían, subí a la habitación de Kariope. Tras darle unos golpes suaves a la puerta, dije, sonriendo ampliamente, contento de volver a estar en casa:

-Adivina quién ha llegado, pequeña.-
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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por La Madre Condena el Miér Ago 31, 2011 11:42 pm

A veces vagar sola en casa era divertido, otras veces estresante y la mayor parte del tiempo demasiado intranquilo. Si bien papá jamás se negaría en caso de que yo quisiera acompañarle a algún batallón ayudando en... vaya a saber qué, lo cierto es que los campos de batalla no me gustaban, primero, porque tendría que estar todo el día con papá al cual sinceramente no quería ver ni en pintura, motivos no me faltaban para tratar siempre de evitarle, y es que todavía no podía perdonar lo sucedido esa noche donde mi mamá... Hice un puño con las manos para luego distender los dedos sobre la pared y comenzar a rasguñarla, bajando la cabeza con los ojos fijos sobre mis zapatos.
Segundo, aquel escenario cubierto de muertes y sangre me recordaban a ese día fatídico en que nos atacaron...y donde mamá... Ahora mi otra mano se unía para arañar la pared, continuando con la vista sobre el suelo.
Y ter...

-Señorita Kariope queda poco para la cen...-

Una criada había aparecido de súbito a mis espaldas y me avisaba de la cena, lo único que hice antes de que terminara fue mover las piernas comenzando a correr por el pasillo.

-¡No corra por el pasillo!, es...-

¿Es peligroso?, ¿eso quería decirme acaso?, ¿por qué se detenía entonces y no tenía la sinceridad de decirmelo en voz alta?, ¡adelante! ¡que lo diga!, soy débil... me puedo hacer daño, me puedo hacer daño con facilidad... ¡si soy débil como un cristal! Apreté los dientes arañando mi cara con frustración luego de ingresar a un pasillo vacío y lóbrego, empujar una puerta cualquiera e ingresar. Quería estar sola.

¿Y todavía se preguntan por mi tercer motivo?. Es sencillo, no puedo alzar un arma pesada sin que esta me lleve contra el suelo, no puedo blandir una espada con destreza sin hacer un corte en falso o incluso dañarme yo misma, mis reflejos son lentos, mi concentración casi nula, creo que para lo único que sirvo es...

Oculté una sonrisa mientras mi rostro sobre la ventana se bajaba de golpe para esconderme de la vista de los que estaban afuera, y es que justamente por debajo pasaba una persona que trabajaba en la casa, le había tirado una piedra de la ventana y le había llegado en la cabeza. Sí, para lo único que sirvo es para fastidiar a los demás.

Pero en ese momento escucho que golpean la puerta, y una voz... esa voz que... ¡No quería escuchar!

-¡No sé y no me importa!-Exclamé corriendo hacia la punta de mi habitación, abriendo el ropero y encerrandome dentro de él, lo malo es que como ya no tenía la estatura de antes me resultaba sumamente incómodo, aparte que sentí algo caminar por mi espalda, me sobresalté pensando que trataba de una araña, no era que me asustaran pero... ¿qué tal si era venenosa?, golpeé entonces el ropero con deseos de empujar las puertas y salir de él, pero este... se cerraba por dentro.



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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Oct 03, 2011 12:49 am

Estaba sonriendo hasta que escuché la exclamación de mi hija. En ese momento solté un suspiro, y la alegría de estar de vuelta se esfumó. Como siempre que volvía y mi hija me recibía de aquella manera. Suspiré pesadamente, mientras escuchaba el sonido del ropero de la habitación de mi hija. Giré el pomo de la puerta, y di gracias de que el constructor de la casa no le pusiera pestillo a las habitaciones. No quería tener que reventarla de una patada. Abrí, viendo justo en ese momento cómo se cerraba el ropero, y le dije a mi hija, entrando en la habitación:

-Pues lo siento hija, pero es tu padre el que ha llegado. ¿Otra vez estamos con lo mismo?-

Me acerqué a la puerta del ropero, mientras mi hija lo golpeaba desde dentro. Parecía que se había quedado encerrada con algo que no le agradaba. Empecé a preocuparme seriamente. Intenté abrir el armario, y haciendo fuerza finalmente lo abrí. Saqué a mi hija del armario, con firmeza pero sin brusquedad, y entonces abrí mucho los ojos al ver lo que tenía en la espalda.

Sin perder tiempo agarré a aquella araña del tamaño de una cría de rata, que era de colores verdosos, y la aplasté frente a los ojos de mi hija. La miré y le sonreí de medio lado:

-Menos mal que abrí la puerta a tiempo… Este bicho te iba a picar. Es una araña de hoja. Estas cabronas tienen un veneno que mata en cuestión de minutos. He perdido a algunos hombres por culpa de estas. Menos mal que te la saqué de encima a tiempo… Aunque sé que tú no me echaste de menos, yo a ti sí, pequeña… Y hoy te enseñaré algo… Ven a cenar, y te lo explicaré.-

Tanto si ella me hacía caso como si no, una vez me limpié los restos de la araña que habían quedado en la palma de mi mano, y entonces la cargué sobre mi hombro, como hacía cuando ella era una niña y jugábamos junto a Atharea. Finalmente, la llevé a la mesa, que ya estaba servida, y me senté con ella. La miré, y tras suspirar, le dije, mientras empezábamos a comer el plato favorito de Kariope:

-Hija… Sabes que como nigromante, devuelvo a la vida a los muertos, ¿no? Bien… Tras muchos años de estudiar en mis ratos libres, concretamente desde que Atharea murió… Creo que he encontrado la manera de devolverla a la vida.-

La miré unos instantes antes de proseguir, y le dije, con el mismo tono neutro que estaba usando, sonriéndole de medio lado:

-¿Querrás acompañarme en el viaje que debe hacerse para devolverla entre los vivos? Esto no podré hacerlo solo, ¿y quién mejor que tú, Kariope? ¿Qué me dices?-
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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por La Madre Condena el Dom Oct 16, 2011 5:25 pm

Sí, otra vez estaba con lo mismo y más vale que papá se fuera acostumbrando, jamás volvería a dirigirle la palabra ni mucho menos la mirada, ¡nunca!, ni aunque eso significara que me tuviera que quedar encerrada en este incomodo ropero por siempre… ¡Que así fuera! Pero fue entonces que sentí algo en mi espalda, tenía varias patas y caminaba… no, no… Y traicionando entonces  mis propios pensamientos comencé a golpear con ímpetu la puerta como si pudiera volcarla, estuve incluso tentada a gritar “papá abre la puerta”, pero por suerte no fue necesario, este se adelantó solo a hacerlo.  Y quién diría que lo que tenía en mi espalda era una araña tan peligrosa, un escalofrío recorrió mi espalda frente a las palabras de mi papá, ¿araña mortal?, si a algo le temía con profundidad era a la muerte misma, y no tanto por interés propio a la vida, si no porque era parte del trato con aquel demonio para poder salvar a mi madre.

-Debería limpiar mi cuarto más seguido –Musité tratando de mostrarme neutra frente a este suceso aunque por dentro temblaba de miedo frente a lo que puso haber pasado, miré de reojo a mi papá y me encogí de hombros frente a sus palabras de haberme extrañado.

-Si me vas a enseñar a matar arañas paso –Murmuré aceptando de mala gana de ir con él a cenar. De todos modos tenía hambre. Aunque…

-Esto no era necesario –Me quejé para luego suspirar con mirada desganada al ver que me tomaba en brazos para llevarme tras su espalda, como cuando era pequeña, aunque mucho tiempo no había pasado desde entonces ya que mi “estirón” artificial me hacía aparentar de mucho más años, pero yo seguía siendo una niña. No evité recordar momentos alegres con mamá, de cuando jugábamos juntos, los tres… Odié el doble a mi padre por haberme hecho traer esos recuerdos. Tragué saliva para aliviar el nudo que comenzaba a formarme en mi garganta y traté de pensar en otra cosa, en la comida.

Nos sentamos a la mesa a comer, me habían servido un plato con mucha carne y salsa tal y como me gustaba, no me extrañaría que después me estuviera aguardando un postre apetitoso, comí con avidez tratando de ignorar cualquier palabra de mi papá, seguramente contaría lo exitoso que había sido su batalla, a cuantos imperiales había asesinado, algún suceso de nuestros familiares… yo no quería oírlo, pero lo cierto es que no dijo nada de lo que pude haber imaginado. El tenedor se resbaló de mis manos para ir a chocar contra el suelo y emitir un ruido metálico que hizo eco en el silencio, mis ojos rodaron lentamente en dirección a mi papá, como tratando de sopesar la veracidad de sus palabras, mis ojos querían salirse de las órbitas por lo abierto que los tenía, me giré en mi propia silla para ponerme de lado, depositar los pies en el suelo y levantarme.

-Si lo que dices es cierto… ¿¡por qué me tienes perdiendo el tiempo aquí!? –Chillé llegando incluso a temblar levemente, no sabía si de la emoción o de lo intenso que había sido el impacto de la noticia, pero de golpe recordé el pacto, el alma de mi madre en manos de aquel demonio y mis esperanzas se derrumbaron.

-¿Cómo iba a traerla a la vida sin su alma?...-Murmuré ida, como si fuera un pensamiento pero formulado en voz alta.


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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Nov 01, 2011 5:17 am

Reí ligeramente ante lo que dijo acerca de la limpieza y se encogió de hombros, sonriéndole con ternura:

-Eso pasa por no dejar a los criados entrar a limpiar tu cuarto, hija.-

Ante lo que dijo de matar arañas, decidí no responder, pues aquella no era la sorpresa que iba a darle. Sería una mucho más impactante para ella, y estaba seguro de eso. Cuando la cogí en brazos, ella me dijo que no era necesario, pero yo no hice caso. Me hacía feliz poder llevarla en brazos. Noté que tragaba saliva. Recuerdos dolorosos… Ella no era la única que los padecía, por suerte. Al menos compartíamos el dolor. No quería que ella cargara sola con eso.

Finalmente, llegamos a la mesa, la cual ya tenía toda la cena servida. Las criadas habían obedecido a las indicaciones que les di, sirviéndole el plato con mucha carne y salsa, como a ella le gustaba. Y como a mí me gustaba, pues mi plato estaba igual.

Por postres, tenía preparada una tarta de chocolate para ella. Sabía que el chocolate la vuelve loca, así como los dulces, por lo que no se me ocurría mejor postre. Así de paso, podría digerir mejor la noticia que llegaría después. No sé si pudo digerirlo.

Su reacción fue dejar caer el tenedor, mirándome como si le hubiera explicado que ahora mismo iba a matarla, o que yo iba a matarme. Finalmente, se levantó, y aún en silencio, siguió mirándome. La mirada que yo le dediqué demostraba que no estaba mintiendo en ningún momento. Seguí esperando a su reacción, y no se hizo esperar.

Chilló, preguntándome porqué la tenía ahí esperando, mientras temblaba, y me levanté para abrazarla, hasta que la vi que se derrumbó ante lo que me dijo. La abracé y suspiré profundamente, buscando cómo decirle lo que iba a decirle. Finalmente, decidí decírselo de forma directa y sin rodeos. Con voz cariñosa para reconfortarla, empecé a hablarle:

-Es sencillo… Al menos, sencillo de explicar, hija. Básicamente, debemos ir al Inframundo a recuperar su alma de manos de Razgriz. Resulta que cada año, en una cueva a varios kilómetros de aquí, se abre una brecha que comunica hasta el reino de los muertos. Una vez abierta, lo está durante una semana. Si tardamos más de ese tiempo, quedamos encerrados en el mundo de los muertos. Y resulta que la puerta… Se abrirá pasado mañana.-

Me levanté y le acaricié la cabeza, sentándome otra vez y mirándola:

-Si quieres venir conmigo a éste viaje, bien, pero ten presente que aunque no te guste, deberás obedecerme. Para empezar, acaba de cenar. Necesitaremos ir con las fuerzas a punto para ese viaje. Si queremos traerla a la vida, nosotros también debemos mantenernos con vida. Así pues, acabamos de cenar, te ayudo a preparar el equipaje, y mañana a primera hora de la mañana empezamos el viaje, ¿de acuerdo? Pero antes de ir a dormir, te enseñaré algo más… Te advierto hija mía que será fuerte, pero sé que tú también eres fuerte. Tal vez entonces me comprendas, y de paso, irás más animada conmigo a este viaje. O al menos irás con más determinación. Si sale bien… La volveremos a tener con nosotros, y ella podrá volver a contarte cuentos antes de ir a dormir y podremos hacer como antes. Si sale mal… Al menos nos reuniremos con ella en el otro mundo. Pero ya te digo, Kariope, si quieres que salga bien, tendrás que confiar en papá, ¿de acuerdo?-

Esperé a su respuesta, acariciándole la mejilla con el pulgar y sonriéndole tiernamente. Mi hija es la persona a la que más quiero en esta vida, y gustosamente daría mi vida si con eso pudiera hacerla feliz. Esperé a su respuesta, sin dejar de acariciarle la mejilla.
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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por La Madre Condena el Lun Nov 07, 2011 12:55 am

Estaba absorta entre pensamientos de respuestas inconclusas, veía que mi padre me hablaba, pero no atinaba a hacer nada, mi rostro alicaído miraba desorientado en su dirección, como si estuviera en shock, en tan estado de perplejidad me encontraba que me fue imposible impedir que mi padre me abrazara, aunque tampoco atiné a responderle de la misma forma. Lo cierto es que no sabía que decir. Y es que no nos estábamos refiriendo a cualquier tema, estábamos hablando de mi madre, de la posibilidad de traerla nuevamente a la vida, de que volviera a sentir sus brazos, su cariño, escuchar su voz… ¿pero era aquello realmente posible?, ¿hasta qué límites alcanzaba la nigromancia para vencer el limbo entre la vida y la muerte?. Mi padre era hábil en la magia, pero bien debía admitir que no el mejor, aunque tenía sus contactos y varios libros ancestrales en su poder, sí, quizás si fuera capaz de revivir a alguien de la muerte, ¿pero qué hay del pacto que hizo mi madre con Kronoft?, ¿aquel pacto que la obliga en caso de morir antes de tiempo entregarle su alma impidiéndole descansar en paz?, ¿cómo mi padre traería de vuelta a mi madre si el alma de ella ya estaba en manos de otro?, aquel demonio poderoso como el mismo, también dueño de mi alma en caso de que yo fallase en vida, ¿cómo íbamos a poder con él?, era imposible revivir a mi madre mientras Kronoft la tuviera en su poder.

Debía informarle de aquello a mi padre, él debía saber que el alma de mi madre estaba capturada por aquel demonio, abrí la boca, aún temblando, tratando de sacar palabras de mis labios, mas Khaelos seguía hablando, tratando de explicarme la forma en que la traeríamos de vuelta, y fue en un punto de sus palabras, cuando nombró a Razgriz que me vi obligada a pestañear y mirarle con fijeza.

Y es que aquello fue suficiente para que yo atinara a decir algo, me separé un poco de él, aún en sus brazos, me froté los ojos con ansias de quién quiere impedir a toda costa el llanto, para añadir – Pero… ¿Cómo es que sabes acerca de Razgriz y el pacto que mi madre tenía con él?, era un secreto de ella… ¿o te lo contó también?...-Inquirí algo nerviosa, sin dejar de escucharle con mucha atención, sentí su mano sobre mi cabeza pero no hice amago de retirarla, tenía cosas más importantes que hacer que obedecer a reacciones típicas de los adolescentes –Ella me dijo que si moría antes de tiempo él se quedaría con su alma, tal y como decía en el contrato, y él es muy poderoso y temible, yo lo se…-Me mordí el labio inferior para cortar mis palabras, no estaba segura si confesarle a mi padre que yo también tenía un pacto con Kronoft, cavilé por un largo periodo si decirle o no, hasta que finalmente decidí que no, y es que seguramente si le decía aquello el se negaría rotundamente de llevarme al inframundo, y yo no podía perderme aquel viaje, por nada en el mundo.

-¡Claro que pienso ir aunque eso signifique hacerte caso!-Exclamé exasperada -¡Pero me niego a comer! –Tomé aire, retirando la mano suya que tocaba mi mejilla pero no con afán de que se alejara si no para sostenerla con firmeza, para que notara mi determinación frente a aquella empresa –Pero necesito que me cuentes lo que sabes, cómo lo sabes y lo que hay que hacer, no quiero saber de los peligros, si se trata de mi madre estos no me importan de lo más mínimo, pero necesito información, dime, ¿qué es eso qué me vas a enseñar?, por favor, no retrases nada si se trata de mi madre, ¿¡qué no entiendes lo importante qué es para mi!? no perdamos más tiempo, vamos... vamos ya-

Y sin saber como no evité estallar en lágrimas, llevarme las manos hacia las mejillas y comenzar a arañarlas, temblando levemente -¿cómo quieres que coma después de esta noticia?-Negué incansablemente con la cabeza para volver a enfrentarle con la mirada –No perdamos más tiempo, vamos ya, ya, ¡por favor!…-Exijí tal y como cuando un niño quiere que le compren un regalo, pero en este casos e trataba de una vida humana... de mi madre.


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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Nov 16, 2011 1:55 am

Seguí hablándole a mi hija, aunque su rostro demostraba que mis palabras le habían supuesto un shock muy duro, y no la culpaba, decirle que podríamos revivir a Atharea me emocionaba y me ponía nervioso a la vez. Quería devolverla ya a la vida, pero debía ser meticuloso si no quería meter la pata. Cuando le di el abrazo a Kariope, ella estaba tan paralizada que ni siquiera reaccionó.

Finalmente me quedé observándola cuando acabé de hablar, y ella seguía mirándome perpleja. Cuando le dije lo de recuperar su alma, ella me dijo lo del pacto, cosa que yo ya sabía. Cuando acabó de hablar, sonreí de medio lado con tristeza y le dije, negando con la cabeza:

-No era con Razgriz con quien tenía el pacto. A Razgriz le pertenecen casi todas las almas de los muertos. Supongo que cuando lleguemos allí nos pedirá algo a cambio para devolver a la vida a tu madre. Tu madre con quien tiene el pacto es con uno de los grandes príncipes demoníacos. A lo mejor con uno del mismo sitio que tus invocaciones. Deberemos ofrecerle algo a cambio una vez Atharea vuelva a la vida, y yo sé qué le ofreceré.-

Esperé a que ella respondiera o dijera algo, y finalmente me habló, exasperada, nerviosa, ansiosa por empezar aquella misión, cosa que ciertamente yo también lo estaba, pero a diferencia de ella, yo pensaba más con la cabeza en esos momentos. Me retiró la mano de su cabeza, pero para mi sorpresa la sostuvo con una fuerza que jamás creí que volvería a ver en ella, un brillo en su mirada que creía ya extinto.

Ante sus palabras no pude evitar observarla con orgullo. La sangre Kohlheim afloraba en ella en esa ocasión. La determinación y fuerza de nuestro linaje. Con sus palabras, asentí cuando me preguntó acerca de lo que debíamos hacer, orgulloso de verla tan firme, tan impetuosa. Sin embargo, al final estalló en lágrimas, y me insistía que fuéramos ya. Le puse las manos en las mejillas y la miré a los ojos fijamente. Hombres grandes y fornidos se habían quedado paralizados ante esa mirada, e incluso Dalahak, cuando vivía, se quedaba tenso y callado cuando mis ojos se clavaban de aquella manera. Suspirando, le dije a mi hija:

-Hija, cuando dije que debes hacerme caso, debes hacerme caso en todo lo que te diga. No te pido que comas para que no tires la comida o lo que sea. Te pido que comas para que cojas energías. Si queremos llegar pronto, nada más salir mañana por la mañana debemos hacer al menos 5 kilómetros al día, y debemos hacerlos andando. Ningún animal quiere permanecer a menos de un kilómetro de la gruta, y sabes que hay varias patrullas de imperiales rondando por la zona. Lo último que quiero es que tus fuerzas desfallezcan mientras vamos a la misión. ¡Entiéndelo! ¡Te necesito en plenas condiciones para poder llegar ahí! ¡De lo contrario te agotarás antes, deberemos parar más seguido, y tardaremos más en llegar! A lo de contártelo, te lo contaré después de cenar, hija… Para cuando vayas a dormir, no te quedarán dudas. Te daré toda la información que desees. Te lo prometo. Pero primero acaba de cenar, y en cuanto acabes, te lo revelaré todo. ¿Entendido?-

Yo no tardé mucho en acabarme la cena. Mi hija podía ver que ella no era la única impaciente por empezar aquello, y eso se reflejaba en mi forma de comer. Cogía grandes pedazos de carne y me los metía en la boca, masticándolos lo justo y necesario para seguidamente tragarlos con la ayuda de un poco de cerveza. En unos pocos minutos ya había acabado. No miré si ella había hecho lo mismo. Sencillamente me levanté, y sin mirarla, le dije:

-Ven. Hoy conocerás toda la verdad, hija mía.-

Empecé a andar a pasos largos y tensos. Aquello era duro hasta para mí, a pesar de que en muchas ocasiones lo había visto… No miraba a nada en concreto, sólo al frente. Me dirigí hasta mi habitación. Estaba llena de mapas, libros y otras cosas que se podrían ver en la habitación de todo capitán en plena campaña militar. Era un desorden, pero poco me importaba que lo viera ella. Yo nunca le había pedido que ordenara, tan sólo que dejara que de tanto en tanto las sirvientas hicieran limpieza. Me agaché al borde de la alfombra de piel de lobo que se hallaba justo delante de la chimenea, y levanté el tejido que decoraba el suelo.

Ahí se podía ver una especie de losa con un grabado rúnico, rodeada de otras losas más. Sin perder tiempo, puse una mano en ese grabado, y con voz neutra, dije, lo suficiente alto para que Kariope me escuchara si me había seguido:

-Shazâm.-

Inmediatamente, la chimenea y algunas de las losas fueron reconvirtiéndose hasta adoptar la forma de una gran arcada descendente. Las antorchas que colgaban a ambos lados del camino se iban encendiendo, iluminando con una llama mágica del mismo color de la sangre aquella arcada con varias telarañas dispuestas de forma caótica. Afortunadamente, no había ninguna obstruyendo el camino principal. Empecé a bajar, sin mediar palabra.

Tras unos cinco minutos aproximadamente de descenso, llegamos a una sala abovedada totalmente circular, con montones de grabados rúnicos a lo largo de las paredes, que estaban iluminadas también con antorchas de fuego mágico. Por el suelo había varias líneas y trazados mágicos que formaban un intrincado dibujo, y en el centro, se hallaba una especie de cristal diamantino totalmente opaco, sobre una especie de altar. En lo que sería el extremo norte de aquél cristal, había una estatua de un ángel con las manos extendidas. Sus ojos estaban vendados, sus alas rotas, sus ropas desgarradas y sus manos estaban extendidas con un cuenco en ellas. Parecía un ángel apaleado al que le hubieran arrancado los ojos.

Me quedé a unos pasos del altar, el cual estaba rodeado por algo que tanto mi hija como yo, al poseer el don de la magia, percibíamos. Era una especie de campo mágico. Miré a mi hija y le dije:

-Si quieres entrar aquí y poder ver lo que hay en el diamante de éxtasis, debes repetir las siguientes palabras. Ash nar gadhûr, ak nar shahûr, az dur tulûk.-

Extendí las manos y un par de hebras de color negro salieron de mis manos para tocar la barrera. La lengua en la que había recitado el conjuro era la lengua oscura. El idioma que todos los hechiceros zhakheshianos usábamos para nuestros conjuros y mensajes secretos. La misma que cada vez que era hablada, producía escalofríos para toda aquella persona que se hallara cerca. Era un idioma arcano, poderoso, y contenía una dosis de maldad.

La barrera pareció desvanecerse, aunque cuando la atravesé pareció que entrara en una burbuja de agua. Tras eso, la barrera osciló y volvió a fortalecerse. Para salir no hacía falta decir nada. El problema era entrar. Miré a mi hija, esperando a que dijera las palabras, mientras yo cogía la daga ritual que había en un lado del altar y hacía un corte en mi antebrazo, el cual Kariope podría ver que estaba lleno de cortes ya cicatrizados. Algunos eran rituales… Otros, eran por episodios depresivos que había padecido. Mientras la sangre caía sobre el cristal, susurré:

-Muéstrame lo que escondes, cristal. Revela a nuestra vista tu contenido, y acepta esta ofrenda en sangre a cambio de esa visión.-

Si Kariope entraba en la burbuja y se ponía a mi lado, podría ver que el diamante se había vuelto transparente. Y dentro de él se hallaba Atharea.
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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por La Madre Condena el Dom Ene 22, 2012 4:14 am

Esa mirada… hace mucho que no me miraba de esa forma, y si bien en múltiples oportunidades me había portado muy mal con él, siendo de lo más insoportable e insensible posible nunca me había dedicado esa mirada, y es que esa mirada estaba reservada a sus enemigos o compañeros cuando lo que decía era algo extremadamente serio. De todos modos la angustia que me consumía en estos momentos menguaba cualquier otra emoción que pudiera asaltarme, incluso el miedo de ser castigada, pero no por eso pase desapercibida su mirada, me quedé quieta, no relajada, solo quieta, atendiendo y escuchando sus palabras cargadas de razón pero que mi mente tozuda e insistente era incapaz de concebir al menos que me lo explicaran más de una vez.
Comer. Algo tan sencillo como echarse alimento sobre la boca e ingerirlo se me hacía sumamente complicado, y no es porque la comida no me gustase (e incluso era una de mis favoritas), si no porque sentía un nudo en el estómago causado por los nervios y la tensión propia de este momento. Pero de todos modos terminé por asentir lentamente mirándole a los ojos en absoluto silencio. –“Todo sea por tener fuerzas para realizar la empresa exitosamente, todo sea por eso… solo por eso…”- Era lo único que me importaba.

Cuando comencé a comer noté que papá lo hacía con gran aceleración como si no lo hubiera hecho hace días lo cual me hizo comprender que aunque no lo demostrara estaba tan tensionado como yo… bueno, quizás no tanto, de todos modos él… ¿valía la pena seguir culpándolo por lo qué pasó? ¿Realmente valía la pena?, no lo sé, yo estaba molesta por el hecho de que no hiciera nada para salvar a mamá, ¿pero habría podido hacer algo? ¿yo hice algo acaso?... en fin, lo mejor no era seguir dándole vueltas a ese asunto y concentrarme en lo que ahora pasaba y pasaría después.

Suspiré y traté de pensar en otra cosa, descendí la vista hacia mi plato de comida y no evité formar una mueca frente a lo gigantesco que me pareció en ese momento, cada vez que metía el tenedor y me echaba el alimento a la boca tenía la impresión que este mismo se multiplicaba varias veces en el plato, miré de reojo a mi padre el cual ya estaba próximo a terminar, tragué saliva dando varios bocados más, no obstante no podía continuar… no tenía hambre, pero tampoco quería desobedecerle, si él me veía hacerlo quizás no me llevara a salvar a mi madre y eso no podía permitirlo, así que mientras le veía de reojo comer, atenta a que solo prestara atención a su comida, comencé a echar restos de la comida sobre una servilleta para envolverla y esconderla a los costados del plato para luego con el tenedor ponerme a esparcir la comida en el mismo para que diera la impresión que estaba parcialmente vacío. Y habiendo terminado mi faena papá se levantó de golpe y yo no evité sobresaltarme desde mi asiento como si se hubiera enterado de lo que yo estaba haciendo, mas, tenía la vista pegada al frente, en algo más importante, y sus pasos firmes y seguros iban en una dirección en concreta. Su habitación.

-Voy papá-Dije en voz baja levantándome de mi asiento para ir tras él y tratar de seguir el ritmo de sus pasos, me parecía que avanzaba muy rápido lo cual solo provocó que me pusiera más nerviosa. No sabía muy bien que pasaría, pero como si mi instinto frente a las sorpresas se hubiera activado sentí mi corazón latir con gran velocidad mientras me sudaban las manos y tragaba saliva notoriamente tensa y ansiosa.

No dije palabra alguna hasta que entramos a su desordenado pero completo cuarto, papá retiró una alfombra de piel de lobo del piso para mostrar un dibujo rúnico que relucía en el suelo, pero antes de preguntarle de qué se trataba mi papá se adelantó y pronunció una palabra de significado desconocido para mí, pero que sonaba a conjuro… y cuál fue mi sorpresa al comprobar cómo se divisó frente a mis ojos un pasaje secreto bañado en telarañas y visible gracias al fuego fatuo de algunas antorchas, pestañeé algo desconcertada (¿cuántos lugares escondía esta casa?) mientras mis pies automáticamente comenzaron a seguir a Khaelos, descendiendo por aquel sombrío pasaje por varios minutos para descubrir finalmente un cuarto gravado en runas donde una estatua y un espejo en costados separados nos recibieron, el espejo parecía estar suspendido en una especie de altar mientras que la estatua parecía un divium maltratado y hostigado hasta el punto de quedar ciego y malherido aunque también podía ser aquellas criaturas conocidas como “ángeles” seres que se invocan de los mundos divinos… pero solo eso sabía puesto que mi materia eran los demonios, de todos modos la magia se sentía en el aire, incluso me atrevería a decir que era muy intensa.

-¿A dónde vamos?-Inquirí en voz alta sin dejar de mirar al ángel angustiado aunque notaba que la procedencia de la magia venía desde aquel espejo, escuché a mi papá entonces decir lo que debíamos hacer y asentí volviendo la vista en su dirección dispuesta a no perder el tiempo.

-Ash... nar... gadhûr, ak nar... shahûr, az dur... tulûk-Repetí sin tantas complicaciones, como tenebre que era me resultaba indispensable aprender a pronunciar correctamente ciertas lenguas fundamentales en nuestra cultura, y no era que las practicara, sino que sencillamente había aprendido a pronunciarlas para casos especiales. De todos modos aquellas palabras me helaron la espalda solo al pronunciarlas, parecían estar cargadas de poder, de una magia muy antigua y por ende profundamente maligna. Ingresamos al portal en silencio, no sentía deseos de decir nada, pero mi corazón marchando a mil por horas revelaba mi estado de ánimo actual, y fue entonces, luego de que papá se hiciera un corte de sangre frente a aquel cristal que mis pasos se cortaron, mis ojos se distendieron por la sorpresa y mi boca se abrió de un sopetón.

-¡Mamá!-Chillé sin poderlo creer corriendo desesperada hacia aquel diamante que protegía a mi mamá como en un mausoleo -¡Mamá! ¡Mamá!-Comencé a gritar como si ella fuera capaz de escucharme mientras mis ojos se inundaban de lágrimas y la voz se me cortaba aunque no dejaba de llamarla, ¡era ella!, ahí estaba, frente a mis ojos, tan hermosa como siempre, con el rostro semi pálido y sus ojitos cerrados como si estuviera suspendida en un eterno sopor… y en efecto así era. Mis manos comenzaron a golpear el cristal llamándola constantemente con la ingenua esperanza que estaba viva, que podría volver, que sus ojos se volverían a abrir, que me abrazaría y juntas volveríamos a estar juntas, hija y mamá, así… así como siempre debió de ser

-Mamá… responde… ¡mamá!, soy yo Kariope, tu hija… mamá… mamá…-Gritaba sin cesar golpeando una y otra vez aquel mágico cristal que la tenía alejada de mí, me encontraba cegada de razón, viviendo puro sentimiento, y me mantuve así, por unos cuantos minutos hasta que mi propia mente dejó de mentirme, hasta que mi consciencia me obligó a despertar, a caer en cuenta a la realidad, lo que estaba frente a mis ojos era su cuerpo, conservado, pero solo su cuerpo, no me escuchaba, no me respondería, nunca lo haría… -¡No!-Grité queriendo seguir mintiéndome a mí misma, no quería conformarme con la verdad, la verdad era muy cruda y visceral, dolía, dolía mucho saber que no estaba viva, que no me abrazaría ahora mismo… me retorcí sobre mi misma como si me hubieran golpeado en varias partes de mi cuerpo, estaba muy afectada, mis manos arañaron la pared de vidrio mientras yo me derrumbaba sintiendo mis rodillas flaquear y mi espíritu agonizar, fui cayendo de rodillas lentamente sobre el suelo pero con las manos pegadas contra el vidrio mientras mis hombros subían y bajaban y mi cabeza boca abajo oculta por mi cabello albino solo dejaba ver pequeñas perlas brillantes que caían sobre el suelo en forma lágrimas.


-¿Por qué te has ido?... ¿por qué?...-


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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Ene 22, 2012 7:36 am

Aquella sala me producía escalofríos cada vez que entraba en ella... Tantos recuerdos... Tantas lágrimas derramadas en esa misma sala... Tantos cortes en mi antebrazo para tratar de liberar mi dolor mediante mi propia sangre... No entendía cómo aún no había llorado, o al menos, cómo aún había logrado acercarme hasta ahí con firmeza... Tal vez era por Kariope. Ella no debe ver que me derrumbo. Nunca. Eso la derrumbaría a ella también...

Mi hija demostró un buen dominio de las magias oscuras y de las lenguas arcanas, pero tal vez fue en ese momento que me di cuenta de que yo no quería esa vida para ella, aunque tuvo que verse empujada por todo lo que pasó. No me alegra mucho el saber que ella también deberá luchar a muerte, arrebatar vidas, usar poderes oscuros para cumplir sus metas… ¿Qué le esperaría con eso? Una vida llena de sangre, alimentada por el odio, la rabia… Olvidar la verdadera felicidad y sonreír sólo cuando la sangre de sus enemigos cubriera su cuerpo… Estar en un maldito círculo vicioso de muerte y furia del que nunca podría salir… Y difícilmente lograría evitar que ella tuviera que verse involucrada en todo eso. Malditos imperiales…

Ella ya estaba en el círculo cuando yo estaba acabando de invocar el hechizo de desenmascaramiento, y sabía con seguridad que el ver aquello la derrumbaría. Pero debía hacerlo. Debía comprender qué era lo que yo quería hacer. Comprender cómo me sentía. Yo sabía muy bien cómo se sentía, al menos, y eso me rompía el corazón, aunque aún más se me rompió cuando ella se derrumbó de aquella manera.

Me crucé de brazos y agaché la cabeza, sin poder contener más las lágrimas, que caían silenciosamente de mis ojos, dejando un par de riachuelos húmedos en mis mejillas, los cuales finalmente caían por mi mandíbula y estrellaban esas gotas perladas en un dolor atroz contra el suelo.

Dejé que mi hija fuera hablando, que desahogara ese dolor intenso, y decidí empezar a hablar en el momento en el que ella preguntaba el por qué. Yo me agaché y abracé por la espalda a mi hija, como cuando se hacía daño de pequeña y se ponía a llorar y yo la reconfortaba. Empecé a hablar, con un evidente tono de dolor en la voz:

-Por qué… Esa pregunta me la hacía casi cada noche desde que murió… Me preguntaba… ¿Por qué le dispararon a ella, y no a mí? ¿Por qué ella salió cinco segundos después del aviso de que habían entrado en el palacio, y no había salido antes, cuando aún estaban atravesando la muralla? ¿Por qué nos atacaron? ¿Por qué fuimos traicionados? Pero hija mía… Uno acaba dándose cuenta de que preguntarse el por qué no va a devolvernos a esa persona.-

No pude evitar llorar más intensamente, aunque intentaba no traspasar ese dolor a mi voz, y afortunadamente lograba contener los sollozos, aunque mi hija podía notar que algunas lágrimas caían sobre su hombro, o caían al lado de las suyas en el suelo. Proseguí tras sacar fuerzas de flaqueza, y con voz triste, continué:

-Muchas personas decidirían darse por vencidas… Pensar que sí, que esa persona ya nunca más volverá. E iniciar una nueva vida. Si murió de forma natural, pensar que bueno, le llegó la hora y ya está. Si murió en manos de otros, tal vez tratar de vengar a esa persona. Y yo me negué a sencillamente a aceptar eso. Me preguntaba… Si soy capaz de usar cadáveres como marionetas sin esfuerzo… ¿Habría alguna manera de devolverle la vida de forma libre y completa a mi amada? La descubrí. Y precisamente con la ayuda de quien menos me esperaba… ¿Recuerdas el pacto que tenía tu madre? No lo llevaba voluntariamente. Fue su hermano. Él quería más poder… Quería ser el mejor… Me envidiaba…-

Abracé algo más fuerte a mi hija, sin darme cuenta de que le estaba manchando la ropa un poco con la sangre de mi antebrazo, que aún no había cicatrizado, y agaché la cabeza, mientras ella podía escuchar que mi silencioso llanto empezaba a tener un poco de rabia que iba en aumento:

-Él, en una ocasión ya había intentado algo, y casi mata a tu madre. De no haber estado yo allí… Sin embargo, ya sabes cómo era mamá… Era demasiado buena… Demasiado compasiva… Demasiado piadosa… Era demasiado hermosa para un mundo tan horrible… Y le perdonó la vida a su hermano. Ese error le costó el alma. Un día, en secreto, logró usar el alma de Atharea como moneda de cambio con un demonio, y el demonio aceptó. Quise perseguirle y darle muerte, pero aún entonces, tu madre me detuvo, y cuando supimos las condiciones para que el demonio se quedara con su alma, ella me dijo que no me preocupara... Que viviendo en el castillo estaba a salvo… Craso error…-

Dejé de abrazarla y me moví para recostarme en el diamante que contenía a mi difunta amada. Miré a mi hija y le tomé la mano. Negué con la cabeza y no pude evitar llorar más intensamente mientras recordaba hasta qué punto había llegado la traición de su hermano. Cuando pude continuar, le dije:

-Él nos traicionó. Él nos vendió. Él fue quien hizo que nos atacaran los imperiales. Logré acarrear hasta aquí el cadáver de tu madre y conservarlo, aunque si no hallaba otro método para conservarla, no lograría evitar que su cuerpo se pudriera, y eso retrasaría o imposibilitaría su vuelta a la vida. Fue entonces cuando poco después, tu tío llegó a mí. Estaba arrepentido, demacrado, apalizado. No le até ni le torturé hasta la muerte porque él me ofreció algo para pagar, ni que fuera un poco, sus pecados. Me dio algunos libros útiles para mi investigación. Y me dio el método para conservar a tu madre. Él mismo, arrepentido, pues nunca había deseado su muerte de aquella forma, se arrebató la vida frente a mí con un conjuro. ¿Ves este diamante que conserva a tu madre como si no hubiera pasado ni un segundo desde que la primera flecha se clavó en su espalda? Antes de ser un diamante de éxtasis, era tu tío. Entregó su vida para poder conservar a tu madre mientras yo buscaba la manera.-

Eché la cabeza hacia atrás y miré al techo, mientras le apretaba la mano a Kariope, sin hacer daño pero demostrándole que en aquél momento estaba más unido que nunca a ella, y ya entonces no evité ningún llanto ni ninguna lágrima. En ese momento sentí que debía explicarle el por qué yo era como era, que entendiera el por qué hacía lo que hacía en todo:

-¿Ves estos cortes en mi antebrazo, Kariope? Algunos han sido para revelar el cristal… La mayoría… Me los hice para tratar de aliviar el dolor de mi corazón. Y… ¿Sabes por qué motivo estoy tan obsesionado por la venganza, por la muerte de los imperiales y todo eso…? Es porque esa obsesión es lo único que mantiene la poca cordura que puede quedar en mí… Hija… Cuando perdí a Atharea y a mis padres… Perdí muchas razones para vivir… Y si te soy sincero… Tan sólo tres motivos evitaban que cogiera un día y me atravesara a mí mismo con la espada. La venganza… Mi hermana y mi mejor amigo… Y el más importante… Tú, hija mía. Ya ibas a crecer sin madre… No podía dejar que también crecieras sin padre. Y sí… Tal vez nuestra relación no haya sido la mejor… Tal vez no haya tenido estas charlas contigo antes… Pero hija mía… Te quiero mucho. Eres el único recuerdo que me queda de tu madre… Cuando te miro… Me siento orgulloso… Porque eres lo que nació del amor entre Atharea y yo… Recuerdo cuando eras pequeña y te veía jugar y reír… Creo que eso fue realmente lo que hizo que desde joven luchara de forma tan encarnizada contra el Imperio… El querer que tú tuvieras un futuro mejor que el presente que tenían nuestros compatriotas… Evitar que cuando yo muriera, tú tuvieras que seguir manchándote de sangre las manos… Pero me arrebataron la posibilidad… Por su culpa, no he podido darte un futuro feliz. Nos arrebataron a lo que más queríamos ambos en el mundo… Y todo por la codicia y la envidia de un miserable… Dioses…-

En ese momento ya no pude evitar agachar la cabeza y llorar a lágrima viva. No me importaba que mi hija me viera llorando. Sería bueno que ambos nos desfogáramos, que ambos nos habláramos, que ambos nos reconfortáramos. Ella había perdido a su madre, yo había perdido a mi esposa. Esa pérdida, lejos de distanciarnos, debía unirnos más que nunca. Sólo esperaba que en ese momento mi hija lo entendiera…
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Re: Reforzando el Linaje [Privada]

Mensaje por La Madre Condena el Mar Ene 31, 2012 3:10 am

¿Por qué te fuiste?
Siempre que me hacía yo misma esa pregunta los preciosos recuerdos de mi madre acudían a mi mente de forma inmediata como una preciosa secuencia de imágenes y palabras que constituían la base de mi infancia, pero eran recuerdos que no volverían a repetirse, eran recuerdos que dividían el pasado con la realidad, puesto que desde que llegaron a su fin mi mundo se difuminó hasta desaparecer y deformarse a lo que es la realidad, mi pequeña burbuja explotó en pedazos para así yo caer desde una tierra de ensueños, lleno de juegos y seres de fantasía, de cuentos infantiles para sonreír, hacia una tierra malsana y fría, una tierra que tuve que visitar a pies descalzos y sentir las espinas punzantes de su superficie, dolía, la verdad dolía mucho, siempre cargada de sangre, dolor y desesperanza… así que quise convencerme de que nada pasaba, de que todo marchaba bien… pero no era así y nunca volvería a serlo de ese modo, entonces, al saber que nada sería como antes una gran ira y un profundo rencor se apoderó de mi ser, centré mi odio en mi padre, en él quien en otrora fue la figura de fuerza y valentía que tenía del mundo, ahora la deformé en la figura de la guerra y el interés familiar por sobre todo lo demás, lo culpé constantemente de la muerte de mi madre creando de ese modo una herida entre ambos que sería difícil de volver a curar, yo misma fui partícipe de causarle mucho dolor y hacer aún más disfuncional a la familia luego de la muerte de mamá… Fui muy egoísta, no era la única que sufría, y ahora, con las palabras de mi padre comenzaba a comprender mejor las cosas.

Y mientras me retorcía de dolor frente a la figura de mi madre que se suspendía en aquel cristal como una deidad sentí los brazos de mi padre tras mi espalda como si quisiera protegerme de algo, de la misma forma que lo hacía cuando yo era pequeña y necesitaba un abrazo que me inspirara valor, me abrazó fuerte, pero más fuerte me parecieron sus palabras cargadas de razón que ahora que no cerraba mi mente a mi rencor y mi tozudez pude comprender mejor ciertas cosas, y me conmoví profundamente al sentir algo frío rodar hacia mis hombros, acaso… ¿acaso papá estaba llorando? La fortaleza no se mide por quién esconde sus emociones, pero generalmente los hombres no lloran, no suelen hacerlo y si lo hacen es que realmente están destrozados, y papá era un hombre que siempre trataba de mantenerse firme y fuerte, no dejarse vencer por sus emociones y no lo hacía para alardear si no para enfundar valor y dar confianza a los demás.

Me mantuve quieta, boca abajo, atendiendo a cada cosa que decía… Era el momento de las revelaciones.

Atharea, mi querida madre, desde que la conocía que era invocadora, le gustaba traer a sus criaturas para entretenerme y aunque tuvieran apariencias grotescas me encanta ver sus trucos que me hacían reír junto con mamá, pero lo que más me gustaban eran sus historias antes de dormir, a veces me contaba de guerras lejanas o reinos encantados pero también hablábamos de nosotras y cuando yo le preguntaba cómo es que era invocadora ella terminó por revelarme que lo era debido a un pacto con un demonio donde, si ella moría antes de tiempo, este tendría su alma, más que yo nunca debiera de preocuparme porque eso no pasaría nunca. Ella confiaba mucho en mi padre y en sí misma para mantenerse segura a través del tiempo, y en parte, esa fue una de las razones que me hizo odiar a papá luego de su muerte porque ella confiaba realmente en él, en que él la cuidaría, sin embargo no lo hizo, no pudo, y yo… me enojé mucho e incluso me sentí traicionada. Pero mamá nunca me habló de que lo era a causa de su hermano… Eso lo desconocía completamente, aunque no hubiera cambiado mucho el hecho de haberlo sabido… solo que quizás desde el principio ya habría manifestado mi odio hacia él también…

-Se que no va a volver si me lo pregunto, pero la insensatez humana siempre nos hace cuestionar las cosas que no entendemos aunque la respuesta sea realmente tan obvia…yo...-Me pasé el dorso de la mano sobre mis párpados para secar mis lágrimas que no dejaban de caer mientras mi voz sonaba algo ahogada como si una mano apretara mi garganta, todo a causa de mis llantos-Me siento muy sola, papá-Comencé a decir mirando a la nada, con la vista pegada al suelo para luego volverme un poco y mirar de reojo e interrogante la sangre que hacía un buen rato manchaba el antebrazo de mi padre junto con mi ropa producto del contacto, y cuando él se volvió para apoyar su espalda contra el diamante que refugiaba el cuerpo de mamá, sujeté con fuerza su mano cuando él la sostuvo aunque la mía temblaba demasiado o más bien, todo mi cuerpo temblaba producto del nerviosismo y los espasmos que me asaltaban producto del llanto que traté de ahogar.

Ahora papá me explicó aquello que yo siempre había cuestionado y echado en cara para agraviarle, todo este tiempo yo me había comportado como una insensible frente al dolor ajeno, como si mi sufrimiento fuera el único y todos fueran los culpables de padecerlo. Papá me confesó que aquellos cortes (aunque instintivamente lo comencé a sospechar) fueron en mayoría hechos por él mismo para menguar el dolor de la culpa, algo que nadie que no fuera de nuestra cultura lo comprendería… aquello me conmovió demasiado, mas, lo que lograría hacer vibrar mi corazón sería sentir a papá llorar, verlo manifestar su pena sin pudor alguno.

-Papá…-Murmuré volviéndome hacia él, con el rostro demacrado, frotándome los ojos como si de esa forma pudiera yo dejar de llorar, pero verlo así fue demasiado, no supe que decir, no supe que hacer, y lo único que se me ocurrió en ese momento, fue hacer lo que mamá hacía conmigo cuando yo lloraba a mares y me era imposible modular los porqués, me acerqué a papá arrastrando las rodillas sobre aquella superficie helada y cargada de magia para rodear mis brazos sobre sus hombros y darle un fuerte abrazo mientras recostaba mi rostro sobre su hombro y con los ojos cerrados comencé a llorar yo también en silencio.

Estuvimos un buen rato así, derramando lágrimas, cosa que era habitual en mí, porque siempre lloraba, siempre me lamentaba, pero esta vez fue distinto, se sintió distinto ya que no desaté mi angustia en soledad, no, lo hice en compañía, en los brazos de mi progenitor, ambos nos lamentamos pero nos apoyamos. Por primera vez en mucho tiempo no me sentí sola. Y pasado un rato, me volví a frotar los ojos con mis nudillos, los ojos se me habían empequeñecido de tanto llorar, y con la cabeza baja, aún sumida en el abrazo, comencé a hablar, con un hilo de voz al principio pero tratando que no fuera ininteligible

-Siempre... –Dije pausadamente- me he sentido muy sola, papá, siempre fui tan diferente y extraña, nunca hice amigos, nunca quise hacer amigos, mi introspección llegó al punto de consumirme en la fantasía de mis sueños y hacerme olvidarme del aquí y el ahora, tampoco me gustaba saber de la familia, porque siempre se hablaba de guerra, de hacer caer a los imperiales, del título y nuestro apellido, tan así que por eso los evitaba a todos, porque siempre que me veían hablaban de que cuanto yo tomara una espada y luchara, de que cuando yo hiciera prevalecer el apellido en la guerra, a veces me comparaban contigo, a veces con mamá e incluso con mi tía Eressea, decían que cuando yo fuera grande y fuera como tal y tal persona… y eso no me gustaba, yo, yo era yo solamente… y nada más, no soy muy fuerte, tampoco soy una maga talentosa… solo soy yo, y sabía que a la larga solo sería una decepción para todos ustedes, así que me iba, me refugiaba en mis pensamientos y me perdía en ellos, en ellos estaba segura. Pero seguía estando sola, tan sola que hasta los espíritus más tacaños me hablaban a través de las paredes para hacerme compañía, además que tu casi nunca estabas, siempre te ibas a luchar y aunque siempre volvías, pasaba algo nuevo y volvías a desaparecer… y a mí que no me gustan las guerras, nunca lo entendí muy bien, y si no fuera por mamá, la que siempre me narraba de grandes batallas, de tu valentía, gracias a ella comprendía mejor tus ausencias, pero eso no quitaba el hecho de que me hicieras falta. Mucha falta. Así que mamá se convirtió en la única compañía permanente que tuve, me sacaba risas con los show de sus invocaciones, criaturas que… que en un principio desconocía el verdadero significado que tenía en mamá, pero después ella me contó todo, lo de su pacto, aunque claro, lo de su hermano lo omitió completamente. También me habló de una cajita, un cofre dorado donde tenía escrito el contrato de su alma, eso debió entonces haber usado su hermano para… para atraparle…-Murmuré pensativa bajando la cabeza, todavía no dispuesta a revelar que yo había abierto ese cofre para rescatar su alma el día que ella falleció, donde vi a aquel demonio que la tenía atrapada e ingenuamente hice un trato con él para salvar el espíritu de mi madre, me dijo que si yo lograba fallecer de forma natural, o sea, sin ninguna muerte temprana, él dejaría su alma libre para que descansara en paz, mas, mi alma, le pertenecería perpetuamente… quizás debiera omitir esa parte, ya que si papá lo sabía seguramente se negara rotundamente a que le acompañase a este viaje. Por lo demás, el demonio también me sumó años, o más bien, me robó juventud y me entregó dos de sus siervos para que me acompañasen, criaturas que hasta ahora se han vuelto seres muy especiales para mí a pesar de sus procedencias.

-Pero fui muy egoísta papá, no fui capaz de ver tu sufrimiento, no fui capaz de ver más allá de mi misma, y no quise, y no pude... Discúlpame, discúlpame por todo papá, yo a pesar de todo lo que te he dicho, de como te he tratado, yo te quiero, te quiero mucho papá y no soportaría perderte también, así que... deja esos cortes, mejor usa tu voluntad para salvar a mamá... aún hay esperanza, siento haber sido una hija tan mala, no servir para nada, pero ya no hagas más eso... por favor-


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