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La ruina de su estirpe [PRIVADO]

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La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Sáb Ago 20, 2011 1:28 am

Llevaba todo un día caminando por el pedregoso camino, éste, tenía una belleza bastante curiosa, por que aún que fuesen muy comunes los caminos que atravesaban bosques, aquel en especial, estaba plagado de sonidos alegres y vivaces por el día, desde grillos hasta pájaros cantores, que parecían estar ahí para amenizar el camino a los viajeros. En cambio, por la noche quizás aquel camino no fuese el más indicado. Aunque, gracias a los de arriba, ahora era de día, el sol aún perezoso por esconderse, iluminaba mis pasos. La armadura de cuero era bastante cómoda, llevaba varios días caminando y aún no tenía agujetas ni rozaduras, ni siquiera me pesaba el arco ni el cárcaj.

A unos cien o ciento cincuenta metros divisé un cruce de caminos, que hasta hace unos instantes ni se había dado cuenta de que podría haber uno por ahí, podía ver una señal de madera con garabatos indicando varias direcciones, incluso podía ver, como cincuenta metros más hacia la derecha, una columna de humo bastante claro ascendía por el cielo. El humo tan claro no podía ser más que una taberna, ardiendo brasas o cocinando algo. La verdad es que ardía en deseos de probar un buen trozo de carne y beber algo, por que su suministro de agua, francamente estaba en las últimas.
Esbozé una sonrisa mientras en mis ojos, un brillo clariceleste se me iluminó. Estaba ansioso por poder dormir en una cama y sentarme un buen rato. Me pusé la capucha, antes de tener contacto con la civilización y aligeré el paso.

Una vez llegué, la puerta estaba cerrada, agarré el pomo y empujé hacia dentro, la puerta se abrió chirriando y un cálido panorama se me presentó; Una taberna, nada más entrar, bastante ancha y de madera, con algún que otro taburete. Media docena de mesas con tres o cuatro sillas por cada una se presentaban, en uno de los extremos, había unas escaleras que daban al segundo piso. El primero tenía unas dimensiones considerables, por lo que echó cuentas y podrían caber unas siete o ocho habitaciones de tamaño considerable.
Entré, mis pasos hacían crujir la madera, cosa que era perfectamente audible, debido a que actualmente no había nadie bebiendo o comiendo, estarían durmiendo. Me acerqué a la barra, no muy deprisa para no asustar al tabernero y su esposa, apoyé mis brazos sobre la barra y me senté en un taburete. No les miré directamente, esquivé su mirada.

- Quiero... una habitación y algo de cenar para luego - Musité, entre jadeos. De repente, un sudor frío me recorrió la espalda y empezé a tener un cansancio abismal. ¿Nervios? ¿Por qué iba a tenerlos?

El hombre, cogió una llave de hierro y la puso sobre la barra, sin apartar la mano de ella, miró con fulgor a Taurnil y suspiró.

- Entonces serán quince coronas, chico - Respondió, con un tono grave, muy caracteristico de los humanos, aunque Taurnil tenía uno ciertamente, parecido.

Metí la mano en mi bolsillo y saqué un puñado de monedas, después, las puse sobre la mesa, el tabernero las contó y cogió exactamente quince. Después, me cedió la llave.

- La tercera habitación a la derecha - Comentó, con las manos apoyadas sobre la barra.

Me levanté y con paso lento, ascendí por las escaleras, casi como un alma en pena que arrastra los pies, una vez llegué al segundo piso, entré en mi habitación y me tiré sobre la cama de un salto, con la cabeza hundida en la almohada, me dormí.
Un par de horas después, me levanté y bajé a la taberna, donde un gran cúmulo de gente bebía y comía, en una esquina había un plato con una copa de bebida y un trozo de carne, el tabernero cuando me vió, la señaló. Era mi mesa y esa, mi cena.
Me senté y empezé a comer, saboreando cada bocado de comida, y de poco en poco, bebiendo.

Cerré mis ojos, sólo unos segundos. A mi alrededor la gente reía y gritaba euforicas, todas las noches eran así en este mundo. Con los ojos aún cerrados, inhalé el aroma de la taberna, humedad y alcohol, sólo se podía distinguir eso en aquel lugar. Pero aún así, aquello le daba cierto encanto especial. Esbozé media sonrisa, dí un fuerte suspira y solté una pequeña carcajada mientras me acomodaba en mi asiento de madera, pero aún así bastante cómodo.
Y entonces abrí los ojos, la alegría entraron por sus ojos, podía ver como reían a carcajadas, ligaban con la tabernera o tenían sus leves riñas. Oía como contaban chistes en voz alta y el rumor que inundaba la taberna.

Aún así, yo no participaba en ello, estaba apartado, en una esquina mal iluminada, sentado en una mesa y con los pies sobre ella, con la capucha puesta y con la cabeza baja, escudriñaba a cada uno de los presentes y de vez en cuando, le daba un pequeñe trago a su hidromiel. Me gustaba aquella bebida, aunque sabía que en exceso no era tan buena, la gente se convertía en animales irracionales.
Era de noche, la luna iluminaba con tenue fulgor los campos de Thonomer, capital de la civilización humana, a un par de días se encontraba Phonterek, la gran polis, a otros tantos Erennios. La taberna se situaba en un cruce de caminos estrategico, en el cual muchos viajeros dormían una o dos noches, bebían y después, resacosos marchaban de nuevo. No había asaltadores por aquí cerca, pues la guardia real había hecho un buen trabajo a la hora de "limpiar" los caminos, eso era bueno para el comercio y para la reputacón en general de la provincia. Sólo que, los bandidos no asaltaban los caminos, eso era demasiado arriesgado por las constantes patrullas de guerreros, aunque, se aprovechaban de la debilidad de los pequeños poblados que había cerca, y normalmente éstos eran asaltados.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Sáb Ago 20, 2011 2:33 am

¿Cuánto tiempo habría pasado desde que salió de aquel bosque infernal? Quizás unos días, una semana, no tanto. Media semana. Unos tres días tediosos y cansados, en los que su actividad se limitó a vagar por los caminos y senderos, y buscar hombres y mujeres con los que reemplazar a su extinta compañía. Desgraciadamente no había dado con nadie capaz. De hecho, los únicos con potencial habían intentado asesinarle y robarle, quizás algo peor. No lo había permitido. Tampoco pedía una gran milicia: con tres o cuatro bastaría. Sería suficiente para seguir con la caza de los hechiceros. Y es que aquel día, en apariencia infausto, estaba de suerte: Su siguiente objetivo residía en Thonomer, y todos sabían que a lo largo y ancho de Geanostrum pululaban valerosos caballeros y ansiosos mercenarios dispuestos a morir por una causa. Justa o injusta, eso era algo que solía dar igual. Sordahon, el caballero exiliado de la muerta Lys, era consciente de ello. Si tenía suerte podría matar dos pajaros de un único tiro. Y tampoco estaba de más volver a visitar las tierras circundantes a su patria, y ver qué cosas habían cambiado, cómo habían cambiado... el avance del mundo era algo que le fascinaba, aunque en algunos sentidos era más tradicional de lo que le hubiera gustado.

Su viejo caballo había durado más tiempo a su lado que los otros. Decidió ponerle un nombre, e Invierno fue la palabra elegida. Aquel día trotaba con brío, la frescura de la noche los bañaba con suavidad conforme recorrían los caminos arenosos de Thonomer, bajo la atenta luz de Sanctra, la luna pasional. Sordahon estaba de buen humor, algo raro en él. Su capa ondeaba al viento noctívago que mecía los árboles cercanos. Espoleó a Invierno cuando advirtió la silueta de lo que parecía ser una caravana mercante. El caballo bufó y se encaminó a ella. Al llegar, un par de enanos se giraron y lo recibieron con sonrisas. Sordahon no hizo lo mismo. Detuvo el caballo y alzó la mirada a los árboles cercanos, siempre vigilante. Los dos enanos viajaban con grandes carros repletos de mercancía. Las cajas estaban ocultas bajo mantos gruesos.- ¿De dónde y a dónde? -Preguntó. Aquella no era situación para cortesías y protocolos. Uno de los enanos, el más anciano, se adelantó.- ¡Venimos de las montañas de Drakenfang, mi señor! ¡Y sin duda, nos dirigimos a comerciar allá donde el camino nos lleve! ¿Y vos, serah...? -Sordahon hizo una mueca. No le gustaba que aquel enano gritara en mitad de la noche; en mitad de la nada.- Roland. -Mintió. No sabía a dónde se dirigían aquellos, y no querría que nadie hablara más de la cuenta. Sin duda no le importaba a aquellos enanos, pero toda precaución es poca.- Busco una taberna donde encontrar refugio. ¿Sabeis si hay alguna cerca de aquí? -Los ojos del anciano enano se iluminaron. Definitivamente le gustaba agradar a los demás.- Oh, sencillamente busque el cruce de caminos y tome el de la derecha. Colóquese frente a Kring para ver la columna de humo con facilidad. -Sordahon alzó la vista.- ¿La luna? Es roja, no puede ser Kring. Pero no importa, agradezco la ayuda. -Espoleó a Invierno mientras el enano pateaba una piedrecita.- Sabrá disculparme, nunca he sido muy versado en esto de la astromopolog... astr... ¡Buen viaje mi señor, si algun día viaja a Bak'Thagor busque la tienda de mi primo Borfus. -Sordahon, girando, le sonrió y su caballo comenzó a trotar muy lentamente.- Lo haré.

Pocos minutos después, ya se encontraba en camino a la encrucijada. Se detuvo un momento, comió un trozo de pan duro mientras inquiría la lejanía con sus ojos verdes. Movió lentamente el brazo izquierdo. Ya se estaba recuperando, podía moverlo con facilidad, pero seguía sintiendo ese infernal dolor punzante con cada leve golpe que se pudiera llegar a dar. Lo detestaba. Sordahon viró hacia la derecha y salió un poco del camino hasta que captó la columna de humo gris frente la inmensidad de Sanctra. Cerró los ojos unos centímetros y captó la presencia de un edificio modesto. Gritó algo que hizo emocionar a Invierno, y el equino desplegó sus últimas fuerzas en una intensa carrera hacia la taberna. Incluso parecía disfrutar, y era consciente de que pronto recibiría agua y alimento. Al alcanzar la taberna, Sordahon aseguró que su espada seguía envainada en su cinturón, acomodó su capa revuelta y bajó del caballo, al que ató en un poste cercano junto a otros más. Les acercó un cubo de agua, dejando a un lado el vacío, y se limpió las manos de polvo con pequeños golpes en el peto. Se acercó a la entrada y empezó a escuchar el ruido de la gente y la típica actividad nocturna de las tabernas. Apoyó su mano en la empuñadura de la espada de acero y abrió la puerta con la izquierda. Tal despliegue de equipaje no parecía ser común para dos hombres que se voltearon y analizaron al caballero de arriba abajo. La inmensa mayoría no permitió que su presencia alterara la diversión. No tardó en dar con un tabernero orondo y su mujer, que servían todo tipo de cervezas. Sordahon permaneció unos segundos de pie, estudiando el interior. Apretó la mandíbula y se relamió los labios de una forma seca carente de todo tipo de vicio. Se acercó a la barra, relajando la postura y miró fijamente al tabernero.- Una pinta, porfavor. Sin nada raro. -Se giró mientras se la servían.-

Advirtió la presencia de un extraño hombre. Llevaba una capucha, pero la zona de las sienes estaba ligeramente abierta, muy levemente. Orejas punteagudas. Podría ser un elfo. Llevaba una barba castaña y su rostro, o al menos lo que dejaban ver las sombras, parecía tan afilado y mortal como la hoja de una daga. Sordahon dejó unas monedas sueltas en la barra de madera, y la mujer del tabernero, con su cara picada de viruelas las cogió con una velocidad pasmosa. El caballero exiliado tomó la jarra, marrón y sencilla, relativamente limpia, y dio un trago intenso. Obvió el sabor a meados y trató de encontrar placer en aquel trago: al fin y al cabo se había tirado semanas a base de beber agua templada con sabor a hierro oxidado y motas amarillas de aspecto poco saludable. Sin dejar de observar al encapuchado, al otro lado de la taberna, habló al tabernero cuando vio con el reojo que se acercó a su posición para limpiar la barra con un paño negruzco.- ¿Teneis habitaciones libres? -Preguntó. El tabernero se rascó la nuca.- Están todas ocupadas. Bueno, hay dos reservadas a un par de montaraces que fueron a cazar, pero... -Sordahon acarició su rubia oscura barba.- Te pagaré el doble. Necesito descansar sin falta. -No permitió que ni un ápice de expresividad se reflejara en su rostro.- ¿Hay trato? -Su tono de voz no estaba extento de cordialidad. El tabernero captó ambas cosas: especialmente la mención al dinero, y asintió con tanta fuerza que por poco se rompe el cuello.- Si, si, por supuesto ser. -Sordahon dejó la jarra en la barra.- Te pagaré cuando vaya a subir. -Dijo, refiriéndose a la habitación, mientras se acercaba al encapuchado.

Ignoró los pies del ser encima de la mesa y tomó asiento en una silla cercana, con una mueca de cansancio y maniobrando para no golpear la vaina de su espada. Volvió a sentir el dolor punzante en el brazo. Supo que aquel hombre podría ayudarle en su objetivo. Era hora de averiguarlo.- Busco a alguien. -Se limitó a revelar, dibujando media sonrisa en su boca.-



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Sáb Ago 20, 2011 3:25 am

OFF: Aquí cambio mi forma de rolear, de primera persona a tercera, por razones de comodidad, pues, no me acabo de desenvolver. Espero que los evaluadores lo comprendan.

La taberna estaba realmente populada, había bullicio y eso le gustaba a Taurnil, que una vez se acabó la cena, empezó a tantear la posibilidad de irse a dormir, aunque eso, después de acabarse el hidromiel. Observó como un viajero entraba en la taberna, no era un mercader a simple vista, de su cinto colgaba una espada y claramente portaba una armadura. Era un guerrero, o eso aparentaba. Iba solo.
Se acercó a la barra y tras una pequeña charla con el tabernero, él y su pinta se acercaron a Taurnil. El elfo se extrañó, no conocía de nada a aquel tipo, y ciertamente, parecía peligroso, aunque su cara radiaba seguridad y protección, algo en su interior se apretó y Taurnil se incomodó, revolviendose en su asiento y tragando saliva. Cuando el tipo se sentó y esas palabras salieron de su boca; "Busco a alguien", rapidamente pensó; "Parece que me he vuelto famoso". Se relamió y bajó los pies de la mesa, apoyó los codos sobre sus rodillas y sujetó su cabeza con las manos mientras miraba a el tipo descaradamente, analizandolo sin vergüenza alguna.
Después, se estiró y apoyó su cuerpo en el respaldo de la silla.

- ¿Para qué lo buscas? - Preguntó, Taurnil con cierta "curiosidad". Cruzó su mirada con la de él y después, añadió: - ¿Cuál es tú nombre? - Preguntando, de nuevo.

Agarró la jarra con hidromiel y le dió un leve, pero hondo trago. Después, saboreó el dulce líquido en su boca. Aquel hombre despertaba en Taurnil una curiosidad por la civilización humana algo, insólita. En sí, era prácticamente el héroe que las abuelas describían a sus nietos, lacia melena, barba cuidada y armadura resplandeciente. Aunque con unos cuantos años de más, era una versión realista del mundo, alguien que nunca salía sin su espada ni su armadura. También, tenía una mirada cansada y parecía tener hambre, ¿Cuántos días llevaba este pobre desgraciado a la intemperie?
El elfo tenía tantas preguntas para aquel hombre que apenas tendría toda la noche para responderlas, sólo una salió de su boca.

- ¿Quién se supone qué eres? -
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Sáb Ago 20, 2011 4:44 am

La noche avanzaba, y con ella la borrachera de aquellos hombres. Eran bastante variopintos: gordos, calvos, bigotudos, algún que otro mozo apuesto que calentaba la cabeza de la mujer del tabernero, y sobretodo ancianos que seguramente trabajaban en los campos cercanos para alimentar algún poblado alejado de la mano de los dioses. Gritaban insultos, acosaban a las muchachas que bajaban de las habitaciones a tomar aire fresco o hacer sus necesidades, y rompían mobiliario. Sordahon no los juzgaría, desde luego, eran pobres infelices que debían causar estragos para mantenerse despiertos en ese mundo horrible y monótono que era su día a día. El problema era cuando se sobrepasaban: las revueltas campesinas en aquella zona de Thonomer, aquella comarca zafia y naranja a la que llamaban Mesa Negra, eran muy abundantes y especialmente sangrientas. Según los heraldos, la zona aun no se ha recuperado económicamente de la última, ocurrida hará diez meses. Se habló mucho de ella a lo largo de Geanostrum, pero el tema no llegaba a las mesas de banquete de los nobles caprichosos y enfermizos que gobernaban las tierras menores.

Sordahon se acomodó en la mesa, algo bastante difícil con la espada y tanta ropa encima. Por suerte la armadura era fija, y aunque impedía mucha libertad de movimiento, también obligaba a mantener una cierta postura que a la larga hacía bien al cuerpo, especialmente a la espalda; difícilmente llegaría a ella, pero de hacerlo, a Sordahon le gustaría que su vejez fuese cómoda, y evitar los tan manidos dolores de columna, acompañados por blasfemias en cada pueblo, todas las mañanas en las que los ancianos salían a pasear. Observó el exterior a través de una ventana cercana: los árboles giraban, el viento era fuerte y orgulloso aquella noche curiosa y mágica. Mantuvo la mirada pegada en unas velas cercanas, cuya llama brotaba de medio cuerno encerado con pegotes de grasa y aceite en el blanco marfil.- Necesito a alguien interesado en limpiar la basura de esta tierra. -Acabó diciendo, girando la cabeza y ese cabello casi siempre limpio de puntas constantemente mojadas. Miró al elfo con una sonrisa más descarada que la anterior. Dio un largo trago a aquella horrible cerveza especiada y cogió un trozo de pan cercano al plato de aquel misterioso individuo. Cuando la masa se deslizó por su garganta sintió como su estómago gemía pidiendo más. ‘Por la roca de los enanos, no sé como he aguantado tanto sin comer bien’ -Pensó afligido.-

Segundos después, el caballero rió ante las preguntas del elfo. Eran las típicas que se hacen entre lejanos aventureros a los cuales nadie conoce. Aquellos extraños personajes propios de tascas y castillos que se ocultan en la sombra esperando un objetivo que perseguir, un monstruo que cazar; un viejo que asesinar. Y si preguntabas por ellos, absolutamente nadie te diría nada. Sordahon se acomodó mientras se lanzaba otro trozo de pan a la boca. Lo mordía lentamente, y bebió lo poco que le quedaba de cerveza para que pasara.- Soy Sordahon de Lys, orgulloso caballero al servicio de los círculos de magia de Noreth, en servicio activo por recomendación de príncipes y reyes. -El tono de seriedad con el que dijo todas aquellas tonterías resultaba espantosamente convincente, pero el elfo parecía demasiado astuto como para caer. En cierto modo no era ninguna mentira… solo había que sustituir orgulloso por obligado, caballero por paria exiliado y príncipes y reyes por la justicia más injusta que los dioses han sido capaces de concebir.

Apartó la jarra con el puño y cuidado, y se encaró al elfo, sentado al otro lado de la mesa. Bajó la cabeza un poco y se hizo la oscuridad entre ellos dos. Hizo un gesto rápido al tabernero para que le llenara la jarra de nuevo, y volvió a lo que tenía entre manos con Taurnil.- He oído que las cosas van mal en estas tierras. -Su voz mostraba un cierto tono de desinterés. Pretendía hablar de ello como si fueran habladurías de ancianas, cuando en realidad, sabía a ciencia cierta que todo era verdad; que la amenaza era real.- Se habla de un viejo y oscuro brujo ocioso que ha tomado parte de la comarca, y posee una influencia peligrosa sobre el señor de este lugar. Hablo de una influencia ponzoñosa que ya se ha cobrado vidas y recursos… -Esperó a la respuesta del elfo. Aunque no supiera nada, Sordahon pretendía interesarle en el tema. Era él o atacar al viejo escupehechizos en solitario: en la taberna no había mucho más donde escoger. Y aunque ignoraba las aptitudes de Taurnil, estaba seguro, serían impecables.-



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Sáb Ago 20, 2011 7:15 pm

La actitud de Sordahon le dejó aún más inquieto, sus movimientos de cabeza, incluso de manos reflejaban mucha parsimonía, quizás demasiada. Las voces del fondo se callaron para Taurnil, que se centró en escuchar a su nuevo "amigo". Su presentación fue de lo menos, para tomar aire.
Después, siguió hablando, sobre el caudillo que atormentaba estas zonas. Su nombre era Varin, un pequeño gobernante enviado desde Phonterek para administrar la zona en su nombre, en realidad, al principio, su mandato fue sin lugar a dudas, excepcional. No hubo pobreza ni hambre en esta comarca, hasta que un día, algo malo pasó. Las malas lenguas hablaban de corrupción y dinero, otras mas fiables sobre nigromantes y cadáveres. La verdad es que, nadie supo la verdad, ni Taurnil lo sabía con certeza, a veces lo pensó. Llevaba varias semanas viajando por Thonomer y había oido que muchos caballeros de armadura plateada habían intentado averiguar la verdad, ni uno había vuelto de esa gesta.

Taurnil echó una mirada por la ventana, que estaba cerca de su mesa. Al otro lado del cristal, se podía ver la espesura del bosque, un par de caballos amarrados a unos postes, todo ello levemente iluminado por dos antorchas emplazas en la fachada de la taberna. Luego, Taurnil cruzó su mirada con Sordahon y echó un breve trago a su hidromiel, éste se acabó dejando a Taurnil con apenas, el sabor de la miel en los labios y un escozor infame en la barriga.
Dió un leve suspiro. Y pensó en pedir otra bebida. Alzó la mano y el tabernero llegó al cabo de poco menos de un minuto. Taurnil pidió zumo de bayas, no quería emborracharse y menos con ese hombre delante. ¿Qué imagen daría? Una nefasta, desde luego.
El tabernero marchó casi perplejo y escudriñó todo su almacen en busca de zumo de bayas, en un rato volvió, con una pequeña jarra con un líquido morado y de aroma dulce. Taurnil lo probó, no era ciertamente zumo de bayas, pero estaba bueno.
Luego, volvió a mirar a Sordahon.

- He oído historias, historias que ni yo podría decir si son verdad o no. Ciertamente nunca he tenido la oportunidad la veracidad de estas y hasta esta misma noche, ni siquiera se me había pasado por la cabeza intentarlo. Muchos hombres como tú y con el mismo propósito ya marcharon en busca de la verdad, y, ninguno ha vuelto. - Su voz quería empezar con un tono serio, que dejase mella en el espirítu de los oyentes, pero luego se fue tornando más oscuro inclusive. - No sé si vas solo o acompañado, con suficientes armas o siquiera con ninguna más de la que llevas en el cinto, no sé si tienes alguna idea de la geografía de este lugar - Taurnil dió un descanso, tomando un poco de aire y continuó. - Pero aún así, si quieres contar conmigo en tu epopeya para derrocar a Varin - Masculló, totalmente serio. - Estaré dentro - Finalizó, con media sonrisa en su rostro, a la vez que se desencapuchaba, mostrando todos sus rasgos a la luz de las antorchas.

Dió otro trago a su bebida morada y le cedió la mano por encima de la mesa a Sordahon, a modo de "finalizar el trato".

- Por cierto, mi nombre es Taurnil -


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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Sáb Ago 20, 2011 11:02 pm

El tabernero no tardó en llegar a la mesa, cargando con varias garrafas medio destrozadas donde rebosaba la bebida. Sonrió y dio a mostrar sus dientes podridos y amarillos. Sus ojos ensangrentados estaban cansados, pero cuando olía el dinero aquel hombre se animaba de una forma curiosa. Parecía más bien un bufón de palacio que un tabernero, pero a los bufones no les pagaban, claro. Llenó la jarra de Sordahon y dio aquella otra bebida a Taurnil. Sordahon dio un respingo y se dirigió al posadero.- ¿Tenéis moras? -El tabernero se sorprendió por el pedido. Tartamudeó, pensando que podría ganarse el descontento de aquel hombre armado. Su rostro se iluminó al instante.- Sí, creo que sí, ser. Miraré en la bodega. -No tardó nada en dejar las garrafas en la barra y bajar las escaleras. Salpicó el suelo con distintos tipos de bebidas que al unirse en la madera dieron paso a un líquido espeso y amarillento. Sordahon había desarrollado una pequeña adicción a aquellas frutas lilas durante sus días en los bosques, pero no veía necesario ni relevante comentarlo.

La verdad… -Sordahon rió con desprecio.- No he sido muy amigo de la verdad. La verdad no me interesa lo más mínimo. En cambio, necesito la cabeza del consejero de Varin. La cabeza, el pellejo… -Echó un trago de su renovada cerveza. Parecía saber mejor, diferente incluso. El tabernero no tenía ni idea. Sordahon dejó la jarra de cerveza en la mesa mientras se extinguía una de las velas. Metió la mano en una bolsa de cuero que llevaba al costado derecho y sacó un pergamino mojado y sucio. Lo abrió lentamente.- Me alegra que estés conmigo en esto, si buscas dinero lo hablaremos al acabar con… -Lanzó el pergamino a la mesa.- Lambert. -Un muchacho de porte sospechosamente elegante para un lugar así giró la cabeza hacia la mesa de Taurnil. Sordahon se acomodó y respondió con una de sus más hirientes miradas. Mantuvieron la mirada durante varios segundos. La retiraron a la vez.- Llevo persiguiendo a Lambert desde que abandonó Phonterek en su colorido carromato para prestar ayuda inocente al ingenuo gobernador Varin de Mesa Negra. -Se hizo adelante. En el pergamino estaba escrito el nombre del objetivo y una escueta información sobre el mismo. Debajo del todo firmaba un sello que Sordahon desconocía, pero que sin duda pertenecía a uno de los muchos círculos de magos que pululaban por todo Noreth, ocultos en las sombras, gobernando y manipulando a reyes y generales. Aquel en concreto le había juzgado el día en el que fue traicionado, hacía tantos años ya. Muy seguramente Lambert había mostrado determinación propia, y por eso era su cabeza la que buscaban aquellos días. No era ningún secreto: En los últimos meses Sordahon había descubierto que además de cazar abominaciones oscuras, llevaba a cabo el trabajo sucio de sus nuevos y esqueléticos señores.

Una ventolera hizo temblar los cimientos de la posada. Repiquetearon las jarras y algunos cuencos cayeron al suelo al tiempo que regresaba el tabernero con unas moras en la mano sucia. Sordahon sonrió sin ganas y deslizó dos coronas por el ancho chaleco del orgulloso anfitrión. Tomó las moras y las limpió como pudo, para luego dejarlas caer de golpe dentro de su boca. En su lengua se dio una explosión de dulce sabor, y no pudo evitar que un poco del líquido lila brotara como un río por la comisura de sus labios. Se limpió con la mano desnuda. El caballero exiliado miró de nuevo al muchacho desafiante, que disimulaba y hacía como que nada le interesaba lo que se hablara en esa mesa.- Encantado Taurnil, pero baja la mano. -Susurró con seriedad. Fijo y cuadrado en la silla, se agachó muy lentamente y cogió una de sus dagas de acero blanco. La depositó encima de la mesa, apuntando con la hoja al extraño hombre de insolentes miradas.- Ya hemos hablado un buen rato, ¿no te parece? Como bien dices, hombres como yo vinieron a buscar la verdad, y llamaron la atención de los interesados espías de Lambert. Yo acabo de conseguir lo mismo. Si realmente quieres participar, dejarás claro tu negativa a ayudarme. En voz alta. -Matizó.- Luego saldré a afilar mi espada en las cuadras. Habría que acabar con la vida de aquellos que quieren silenciarme, y que te aseguro, se encuentran en esta misma sala. Tuya será la ocasión y la responsabilidad. -Terminó, entrelazando las manos en un único puño, apoyando los brazos en la madera.



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Sáb Ago 20, 2011 11:34 pm

Taurnil observó como un joven lanzaba furtivas miradas a la mesa donde Taurnil y Sordahon charlaban. El elfo dió un hondo trago a su bebida, acábandosela en el acto, no sin antes saborear aquel dulce líquido que bajaba por su gargante, refrescándola. La dejó en la mesa con un fuerte golpe y después negó con la cabeza, mientras decía: "No, no y no". En un fuerte tono de voz, remarcando cada negativa con más fuerza que la anterior. Asegurándose de que aquel tipo de la barra, que los miraba con descaro, se percataba de la escena.
Lo hizo, y Taurnil se dió cuenta. Después, el explorador se levantó, con estruendo al apartar la silla y se alejó de la mesa, cruzando la taberna, que estaba llena de borrachos. Y entonces, volvió a escuchar en todo su esplendor, el ruido que había en el ambiente. Los gritos y las risas de aquellos borrachos empezaban a ser insoportables. ¿De verdad él se parecía a aquellos borrachos? Se acarició la barba con galán.

Salió de la taberna por la puerta de madera, el chirrio del metal ya no se escuchaba tanto como por el día. Taurnil sonrió, "La magia de la noche", pensó. La puerta se cerró tras él, y el ruido parecía que se había acallado. Ahora, sus oídos sólo oían el rumor de las hojas mecidas por el viento de la noche Thonomeriana. Una brisa de aire fresco impactó en su cara, haciendo que su cresta se inclinase a favor de la racha.
Dió un amplio suspiro y comenzó a pasear, se acercó a los caballos, que estaban amarrados a un poste de madera. Acarició los lomos de uno plateado, que apenas se tenía en pie, despues, apoyó su cabeza en otro, oyendo su corazón palpitar. Esbozó media sonrisa.
Pasó de largo los caballos y comenzó a rodear la taberna, observando su interior a través de las ventanas. Las paredes eran de ladrillos grises, aunque el piso superior era de madera. Curiosa combinación, sin duda. A través de las ventanas, podía ver a Sordahon y al misterioso tipo de la barra, al igual que a los borrachos. Les dedicó una sonrisa a aquellos que les vieron pasar.
En la parte trasera de la taberna había unas pequeñas cuadras, con una piedra de afilar, unos baños y comida para caballos. Parecía que nadie de la taberna se había percatado de que había un sitio mejor para dejar los caballos. Pues no había ninguno.

Taurnil se acercó a este granero y entró a uno de los lavabos, era un pequeño cubículo de madera, con alfalfa en el suelo y un cuenco de hierro, para obviamente, hacer las necesidades en él. Dentro ya había un pequeño "regalito", Taurnil lo ignoró y meó en el cuenco, mientras silbaba una canción élfica. "Tiriri, tiririri, tararara, tiriririruruarararoro." Cuando acabó, dió una pequeña patada al cuenco y vió como el regalito se deshacía en el líquido. Le dieron nauseas y gracia a la vez.
Después, salió de las cuadras y se internó en el bosque, para tomar algo de aire fresco y descansar del ruido fiestero. Se sentó en una piedra, no muy lejana a la taberna pero sí escondida de esta. Podía ver con claridad la entrada a las cuadras.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Dom Ago 21, 2011 12:14 am

Fue sencillo aparentar decepción. Sordahon estaba acostumbrado a ella. Terminó la cerveza de un solo trago y tiró la jarra de mala manera. Se levantó golpeando la silla con el tacón y se ajustó el peto de cuero, así como la espada. Se acercó a la barra una última vez y pagó otro trozo de pan que llevarse a la barriga. Estaba demasiado hambriento. Se lo comió, masticando con esfuerzo y salivando como un perro. Se acercó al portal de salida que daba a las cuadras y vio un gato ronronear y restregarse por entre sus botas de hierro. Sordahon lo observó durante medio minuto, y su cabello mojado y rubio ocultó su cara dándole un aspecto sombrío a ojos de quienes caminaban fuera y pretendían entrar. El guerrero se quedó totalmente inmóvil, reflexionando en su mente, y analizando aquel gato anaranjado que jugueteaba con sus piernas, subiéndose encima de sus pies y estirando su menudo cuerpo. Hacía mucho que no veía un animal doméstico: estaba aburrido de los lobos, los ciervos y los halcones salvajes. Aquel gato le recordó al hogar, al bullicio de las ciudades, al calor de las personas, a su mujer y a su hija. Recordó por qué hacía lo que hacía. Y se sintió decepcionado al saber que ya carecía de sentido.

Se percató de que estaba bloqueando la puerta. Levantó la mirada bruscamente y vio a dos hermosas jóvenes con ropa fresca que caminaban con dos hombres barbudos. Una de las chicas le dedicó una sonrisa estúpida. Sordahon la apartó con brusquedad y comenzó a caminar hacia las cuadras. Por el camino se sintió sumamente observado. No sabía si se trataba de Taurnil o de los espías del escupehechizos. Posiblemente te tratara de ambos. No había manera de saberlo. Y aquello no le gustaba: confiaba demasiado en Taurnil. Si éste le traicionaba o abandonaba muy posiblemente acabaría herido, muerto, tendría que huir o causar una revuelta poco recomendable. El silencio y la sombra eran claves en aquel momento. Las claves para el éxito y la impunidad. Se encontraba cerca del camino de llegada. Tras unos árboles y unas vallas se levantaban las cuadras a las que se refirió en el interior de la tasca. Invierno se encabritó al verle llegar, pero Sordahon no se acercó lo suficiente. Caminó unos pocos metros, su cota de malla lanzaba un sonido característico propio de la infantería al correr y moverse. Rebuscaba entre la oscuridad de la noche, ayudado por la leve luz escarlata de las antorchas lejanas. Dio con el tocón de un árbol recientemente talado, seguramente para calentar la taberna. Retiró el hacha clavada en él con fuerza y la dejó apoyada en una de las vallas. Se sentó en la madera, tras desenvainar su espada larga, y sacó una piedra de afilar de los sacos de cuero enganchados a su cinturón. Comenzó el trabajo, firme y con una mueca de esfuerzo en el rostro.

A los pocos segundos, aquel extraño muchacho de la taberna haría acto de presencia. Parecía dudar; parecía joven e inexperto. Llevaba una daga de hierro en la mano izquierda, y con la típica pasión del novato se lanzó en relativo silencio hacia la espalda de Sordahon, quien escuchó el sonido de las botas de cuero hundirse en la tierra mojada. El momento había llegado… y el exiliado lyseno se encontraba tremendamente nervioso.



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Dom Ago 21, 2011 1:14 am

Taurnil avistó, primero a Sordahon, que se sentó en un tocón cercano a las cuadras. Sacó su espada y empezó a afilarla con una piedra especial para ello, según tenía entendido. Taurnil, nunca la había usado, sus cuchillos y dagas eran como se solía decir, de usar y tirar normalmente.
Aunque le provocaba cierto interés mimar un arma como se hacía cuando se afilaba, nunca había tenido ocasión ni buscaría hacerlo expresamente.
Dudó si salir de la sombra y saludarle, pero como antes había dicho que vigilara su espalda en la sombre mientras él disimulaba, no lo hizo. Empezó a ponerse nervioso, esperando el momento, y entonces llegó.
Desde las sombras, por detrás de Sordahon, el mismo hombre de la tasca caminaba lentamente, encurvado y con una pequeña daga en sus manos, parecía concentrado en su tarea, aunque era inexperto, ni siquiera se había percatado de la presencia de Taurnil, o de que el mismo Sordahon sabía que estaba ahí, pues había alzado la vista y había dejado de afilar su arma. Taurnil agarró su arco y una flecha, se puso en pie, y tensó el arco, luego colocó la flecha.
Estaba a unos diez o doce metros de distancia, había algunos árboles en su trayectoría, pero había una línea recta hasta el cuello del joven, Taurnil respiró, luego dejó de hacerlo y se concentró para no fallar. Pestañeó y el mundo parecía moverse a cámara lenta, luego, soltó la cuerda, la flecha salió disparada, surcando el aire, entre ramas y árboles, silenciosa pero implacable. Como un silbido, hasta que atravesó el cuello del asesino. Entonces un chorro de sangre salió disparado de su herida.
Trastabilleó y cayó de rodillas al suelo, se coloco ambas manos sobre el cuello, intentando parar la hemorragia, pero era demasiado tarde, luego, cayó de morros sobre el barro. En el mismo charco, tierra y sangre formaron una masa homogénea de color anaranjado.

Taurnil salió de la oscuridad y se acercó al cadáver, colocó dos dedos en su cuello para comprobar que su pulso había muerto. Y efectivamente lo hizo, después, se colocó el arco a la espalda y, de cuclillas lanzó una mirada a Sordahon.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Dom Ago 21, 2011 4:00 am

Sordahon, sentado, con la espada apoyada oblicuamente en la rodilla izquierda, cerró los ojos. Sintió el vuelo de la flecha. Sintió como se hundía a través de la nuca y perforaba el cuello a la altura de la garganta. Si agudizaba el oído también podía escuchar la sangre brotar desde el cuello hasta salpicar al suelo, o chorrear lenta y grácilmente por el pecho. Escuchó los pequeños y ligeros espasmos de un cuerpo al borde de la muerte. La caída en las rodillas, la caida del torso al suelo. El charco expandiéndose. La nada. El silencio más absoluto y gris. Y los pasos de Taurnil, acercándose lentamente al cadáver. Definitivamente aquella fue la respuesta ante la amenaza que Sordahon esperaba. El asesino enviado por Lambert estaba más que muerto. Sordahon caminó hacia él, a la vez que hablaba al elfo.- Buen disparo. ¿Dónde te entrenaste? ¿de dónde provienes? -Preguntó, y se dispuso a escuchar la respuesta, de haberla, mientras toqueteaba la ropa de aquel muchacho. Poco después formularía una nueva pregunta, una cuestión vital: ¿Cuento contigo? Puedo pagarte cualquier cosa, siempre que sea razonable. Si eres de esos que buscan sangre y emoción debo pedirte que te controles. Me juego más que un sueldo... -Menuda mentira. No había sueldo. No había nada. Nada mas en juego que la vida de su familia. No veía el momento de regresar con ellas. De acariciar el cabello de la pequeña Natalise...

Sordahon rompió el jubón del muchacho y en la camisa interior advirtió el blasón bordado.- El cuarzo negro sobre campo amarillo; servía a Varin. Pero la mano blanca dentro del cuarzo es el símbolo de Lambert. Ese bastardo vanidoso... -Sordahon cogió la daga del chaval y se la pasó a Taurnil. Arrancó un papel que la sangre había pegado a la camisa manchada de carmesí.- Un salvoconducto. Le permitía vagar libremente por la comarca. Firmado por Lambert. Definitivamente Varin no tiene ningún control sobre sus tierras... todo lo maneja su pérfido consejero... -Rompió con cuidado la parte manchada del salvoconducto y se lo guardó, enroscado, dentro de uno de sus sacos de cuero.- Lamentablemente... -Dijo, arrastrando el cuerpo al interior de un musgo frondoso.- ...no hay tiempo para descansar. Debemos dirigirnos ya mismo al castillo de Varin, Vimmezaar. -Sordahon se dirigió rápidamente al encuentro con Invierno, su montura, y lo desató del poste. Se subió encima y siguió hablando al elfo, una vez estuvieran listos para partir.

Por lo que se Vimmezaar es pasto de las tinieblas. La milicia local se ha vendido a Lambert, y Varin no se despega del trono ni para mear. -Sordahon estabilizó al caballo y echó un último vistazo a la taberna. Siguió con su perorata.- Soy yo quien sufrirá si esto sale mal, así que más vale que tengamos cuidado y no ataquemos directamente la integridad de Varin o su legítimo poder. Si podemos evitar asesinar a sus guardias, mejor. El objetivo es Lambert, y sus posibles secuaces o invocaciones. Aprovecha el viaje para metértelo en la cabeza -Espoleó a Invierno. Miró fijamente a Taurnil, aguardando a sus reacciones y respuestas.-



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