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La ruina de su estirpe [PRIVADO]

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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Mar Ago 23, 2011 2:39 pm

Los ojos se le abrieron, tenía legañas y veía un poco borroso por ellas. Se frotó los ojos con la mano y se las quitó, luego, aún agazapado se desperezó, estirándose como un felino y soltando un leve gruñido. Se puso en pie, suspiró, agarró tres flechas y se acercó al pedrusco donde había hecho la mezcla de Bárteno. Pasó la punta de las flechas por el líquido verdoso y tan espeso que había sobre la roca. Aún, casi dormido, apenas oía el bufar de su caballo, Amanecer. El sol le daba en la cara con fuerza, cosa que le obligaba a entrecerrar los ojos mientras gemía de sueño.
Sordahon ya había montado en su caballo y le esperaba con cierta ansía, Taurnil, no tardó en desatar al caballo y montar sobre él de un salto. Los ojos se le cerraban, pero consiguio mantener el ritmo de su compañero humano. Tuvo que echarse un poco de agua en la cara, de su zurrón-cantimplora. Entonces se despejo, más o menos bien.

- Si conseguimos captar la atención discretamente, Vymmezaar enviara la mayoria de sus tropas a ¿Lisbonea?, entonces la fortaleza será resguardada por tres o cuatro veteranos demasiado viejos como para salir de ella, no sería díficil llegar hasta Varin y Lambert si lo conseguimos - Comentó, con un tono de voz algo rasposo. - Una revuelta o unos saqueos serían idóneos, aunque no se me acaba de ocurrir como llegar a conseguirlo - Musitó, Taurnil con aire pensativo.

Espoleó a Amanecer, pera acelerar el paso y llegar a Lobisenda cuanto antes, hoy, hoy era el día en el que Lambert probaría el acero en sus pútridas carnes y Varin sentiría una flecha empadada en Bárteno. Lobisenda no estaba muy lejos de aquel camino, y con el salvoconducto de Sordahon podrían entrar sin llamar la atención y sin pasar controles, si los guardas eran de Lambert o Varin, Taurnil pasaría casi sin problemas pero Sordahon... Tendría que ponerse una capucha o algo. En un caso extremo, Taurnil le dejaría la suya.
Alzó la vista, era un precioso día, soleado y azul, los pájaros piaban y no había maleantes en el camino... ¿Por qué siempre trabaja en estos días?

Algún día... Susurró Taurnil para si mismo, regañándose, en cierta manera.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Mar Ago 23, 2011 4:26 pm

Lobisenda. -Corrigió Sordahon, trotando a un ritmo medio, suficiente para llegar al poblado antes del mediodía pero cómodo y que le permitiese conversar con Taurnil.- Nunca lo he visitado, pero he oído cosas sobre él. Fundado por licántropos... algunos dicen que por lobos normales y corrientes, de los que te atacan en el bosque. -Sordahon recordó su fantasmal encuentro con aquella manada de lobos infernales, y lo que ocurrió con Rylar, uno de sus primeros hombres contratados.- Ardo en deseos de ver esa feria. Esperemos que sea grande y bulliciosa. -Comentó riendo. Ya era claramente de día y la luz bañaba la tierra de Noreth con toda la fuerza que el gran astro podía permitirse. Ciertamente en los lejanos caminos y prados caravanas y jinetes cargados de mercancía viajaban todos al mismo punto, y pasada media hora en la lejanía se podía advertir la presencia de humo, enormes carpas y la silueta de casas y puestos de comercio.

Sordahon y su compañero pasaron pronto cerca de un pequeño asentamiento en el camino, ya tan cerca de Lobisenda que se escuchaba claramente el alboroto. Frente la puerta de una casa se aglomeraban hombres y mujeres cargados de rastrillos y martillos. Una mujer, rechoncha y mayor lloraba en el hombro de un hombre fornido, con cabellos grises en las sienes y una perilla blanca como la nieve. Advirtió la presencia del caballero exiliado y el elfo, así como Sordahon la suya.- ¡Eh! -Calmó a la mujer y se acercó a los caballos.- Necesitamos armas y arcos, y hombres que sepan manejar ambas cosas. Ese bastardo hechicero nos roba nuestro señor, nos roba a nuestros hijos e hijas para ponerlos trabajar en su castillo vanidoso y encima proclama un día de feria para reírse en nuestras narices, recordarnos lo pobres en que nos ha convertido... -Sordahon dejó el camino y se acercó a la aglomeración. Aquel tipo hablaba demasiado bien como para ser un paleto normal y corriente. Se dirigió a él concretamente.- Deberías tranquilizarte buen hombre. No sois los únicos que buscan la cabeza del hechicero de la mano podrida. -Hizo referencia al símbolo personal de Lambert.- Soy caballero y mi compañero un eficaz arquero. A cambio de dinero podríamos traeros su cabeza. -Aquello era fenomenal, si el poblado les pagaba podría quedar en paz con Taurnil por su ayuda en la caza de Lambert. El hombre lo miró incrédulo.- No somos el único asentamiento dispuesto a atacar. -Comentó un joven vivaz portador de una espada oxidada.- Casarauda, Meseta de Plata, incluso los Lándalos al sur tienen a todos sus habitantes preparados para la revuelta. -Sordahon miró sonriente a Taurnil. Lambert no viviría mucho tiempo más. Cambió su semblante para mostrar frialdad.- Mucha gente, desde luego. Y muchos muertos como os atreváis a levantar las armas contra Lambert y las milicias vendidas de Varin. -Miró hacia Lobisenda, mucho más al norte se podía apreciar sutilmente las lejanas murallas de Vimmezaar.- No diré a media comarca que confíe en un amargado caballero en exilio y en un elfo malamente humanizado, pero es lo que más os conviene. -Se dirigió a todos los hombres, mujeres y niños que le observaba con armas y barro en la cara.- Y así os recomiendo; sabotead la feria de Lobisenda. Actuad todos juntos y llamad la atención de las milicias. -Escupió al suelo.- Lambert morirá esta misma tarde. Acercaos a su castillo, juntos y armados con palos, y caeréis; despejadnos el camino y os traeré su cabeza envuelta en mierda de cabra.

Se escucharon susurros, murmullos, gritos, insultos y alabanzas en aquel momento. Al final, el anciano de perilla blanca movilizó a sus hermanos y vecinos. Eran muchos más de los que aparentaban.- ¿A dónde vais? -Preguntó Sordahon incómodo.- Toca a reunión con los otros asentamientos, en el Claro Lobolunar, al sureste. -Miró al barbudo caballero de arriba abajo. Luego a Taurnil y escupió en la hierba.- ¡Me cago en Matre! Si convencemos a los demás poblados correrá la sangre en Lobisenda. Y entonces más os vale cumplir vuestra palabra. -Se dio un golpe en el pecho.- Evidentemente no confío en vosotros. En cuanto no quede enemigo en pie marcharemos a Vimmezaar. Si Lambert no está muerto cuando lleguemos arriesgaré la vida de mi gente. Y más os vale que no os encuentre por allí. -Sordahon sonrió al ver marchar a aquel hombre con todos sus seguidores, entre los que había algún elfo nacido entre humanos, enanos rabiosos de sangre, orcos; dos o tres e incluso un divium de alas rotas. Observó a Taurnil y le habló, aguardando también a su opinión acerca de aquellos hombres dispuestos a luchar tan inesperadamente.- Son gente ignorante, y por mucho que digan creen que somos infalibles. Al igual que creen eso de ellos mismos. Por el bien de esta gente, será mejor degollar al escupehechizos antes de que quieran tomarse la justicia por su mano; por la mano del pueblo. -Comenzó a trotar, desviándose del camino.- Será mejor alejarse de Lobisenda, dadas las circunstancias. Esperaremos en la lejanía a que empiecen las luchas, y entonces partiremos a Vimmezaar evitando las patrullas y los posibles refuerzos. -El fulgor del sol le azotó en la cara, y sintió un calor hogareño y afable. Se sintió más relajado que nunca. Ojalá acabara así el día.



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Mar Ago 23, 2011 8:58 pm

¿Un pueblo fundado por licántropos? Los reinos humanos parecían mucho más salvajes que las espesas junglas de Uzuri, donde allí, por lo menos había cierta paz entre toda su fauna y su civilización. No había guerras ni este tipo de asesinatos, no había revoluciones, ni contiendas que fuesen más allá de la cacería. Taurnil, observó como Sordahon se tocaba el hombro lastimado, no era la primera vez que lo hacía y mostraba aunque, mínimamente, algo de dolor en su rostro. Aquellos pequeños detalles eran los que formaban a las personas, ¿Qué le pasaba en su hombro? ¿Cuál era su pasado? Secretos, en eso se basaba la raza humana.

- ¿Qué te pasó en el hombro? - Inquirió el elfo, dudoso aunque formulando teorias en su cabeza, ¿Quizás en un combate? ¿O una simple pero tonta caída? Esperó su respuesta, si es que la había.

Y entonces, llegaron a Lobisenda, el reconocido pueblo, según Sordahon, formado por licántropos. La gente lloraba, gritaba euforica y se encontraba tirada por la entrada de la aldea, oía un rumor incesante más allá, aunque oía ciertas palabras sueltas; "Lambert lo pagará caro" ,"¡Vendetta, vendetta por mio pappa!" o incluso gruñidos guturales. Éstos últimos le dieron un poco de miedo al elfo, que se abstrajó del mundo exterior, hasta que su compañero, alcanzó un buen cúmulo de gente reunida.
Empezó a hablar sobre Lambert y Varin. Aquellas personas querían la guerra contra el tirano y su consejero, pero Sordahon explicó su sitación.

El desgraciado de Sordahon tenía una labia envidiable, había infundido en aquellas una euforía, que los hacía capaces de arrasar ejércitos. Taurnil no confiaba en ellos para hacer su trabajo, tanto él como Sordahon, sólo querían aprovecharse de que Lambert intentaría sofocar a la multitud, seguramente, enviando a un destacamento de relativas proporciones. Toda ayuda era necesaria para acabar con el pútrido tirano.
Observó atentamente como Sordahon hablaba con un anciano de largos cabellos plateados, parecía que el liderara la revuelta, pero últitamente, era raro ver a los ancianos liderar, aquello eran cuentos del pasado, ahora, sólo reinaba la ley del más fuerte. Cuando Sordahon se acercó a Taurnil y le habló personalmente, el elfo arqueó una ceja. Cabalgó junto al humano por los pedregosos caminos secundarios hasta Vymmezaar.
El sol, estaba en lo alto de su recorrido, iluminando con más fuerza que nunca los trotes de Taurnil y Sordahon.

- Muchos inocentes morirán hoy, quieras o no - Comentó, con voz seca y tajante Taurnil. - No podremos evitar que envien soldados contra la multitud alterada, habrá contienda y con ello, un derramiento innecesario de sangre. ¿Necesario? - Preguntó retoricamente Tuarnil, cabalgando junto a Sordahon. - Dudo de ello - Finalizó, bajando un poco la cabeza. Su mirada se perdió entre una pequeña bruma que se levantaba entre los árboles que rodeaban a ambos jinetes, Taurnil observó sombras de dudosa existencia en ella y finalmente, las ignoró, mirando de nuevo a su compañero. - ¿Cómo piensas penetrar la fortaleza? - Preguntó, finalemente, refiriéndose a Vymmezaar.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Miér Ago 24, 2011 8:27 am

Sordahon detuvo a Invierno. Permaneció en silencio, ignorando las palabras del elfo Taurnil. A su derecha, a una cierta distancia, se levantaba el castillo de Vimmezaar. Frente del elfo y el humano, se encontraba Lobisenda. A la izquierda, el bosque que habían dejado atrás, junto a la encrucijada y la taberna. No pasaba nada, seguía el bullicio de la feria y nada más que esto se podía escuchar.- No tengo ni la más mínima idea. -Admitió.- Lo sabremos cuando nos acerquemos al castillo y lo exploremos más tranquila y detalladamente. -Seguían llegando mercaderes. Lobisenda no era tan grande como aparentaba, e incluso desde aquella posición se podía ver la plaza del poblado, donde se habían levantado la mayoría de carpas y puestos de mercado. Invierno, inquieto, comenzó a tantear el terreno dando pequeños pasos encima de rocas. Sordahon lo tranquilizó, y maniobró para colocarlo en la posición inicial.- Acerca del hombro. -Recordó la pregunta del elfo.- Me atacó una bestia, nada más. -Movió el brazo con cuidado.- Ya se me está curando pero el dolor sigue ahí. Y seguirá durante mucho tiempo. -Se lamentó. Miró al cielo azul y tomó aire profundamente.- No he sido justo contigo. -Observó a Taurnil.- ¿Sabes? Yo goberné un castillo como este. -Echó un vistazo a Vimmezaar. Estuvo un tiempo en silencio.- Y una ciudad como esta. -Comentó mirando Lobisenda. Recordó las murallas de Irae; la ciudad que él mismo levantó sobre las cenizas de Lys.- Sufrí una traición y lo perdí todo. -Comenzó a trotar levemente, sin alejarse mucho de Taurnil. Entonces se empezaron a escuchar los gritos.-

Parece que nuestros amigos se han decidido. -Sordahon abrió mucho los ojos.- No han tardado en prender una carpa. -Rió.- Bien, nos toca a nosotros. -Miró a Taurnil, su enigmático e inesperado compañero y asintió con la cabeza. Entonces espoleó a Invierno y comenzó a acortar la distancia entre ellos y la fortaleza de Vimmezaar. A simple vista el castillo no eran más que un par de murallas rotas y pedregosas, carentes de vigilancia, y un único edificio. El resto, dentro de las susodichas murallas, no era más que establos, tierras de cultivo privadas y casuchas de madera. Las destrozadas murallas permitían observar todos estos detalles. Sordahon comenzó a cabalgar alrededor del castillo, captando todos los detalles. No tardó en escuchar una voz profunda y cavernosa. Se dio la vuelta y vio a dos jinetes, vistiendo la característica coraza de la milicia local. Sus ojos eran profundamente negros, como los de los perseguidores en el puente del cruce. Detrás de ellos, en la lejanía, una gran multitud de soldados y caballeros partían a Lobisenda para combatir las revueltas. Serían menos de cincuenta, y aun así conformaban el grueso de las fuerzas de la comarca.- ¿Quiénes sois y por qué merodeáis Vimmezaar? -Preguntó, altivo.-

Sordahon levantó la voz.- Tenemos un salvoconducto. -Metió la mano en uno de sus sacos de cuero cogiendo el pergamino. En un movimiento casi imperceptible tomó una de sus dagas de acero blanco. El jinete se acercó y levantó el brazo para recibir el salvoconducto. Sordahon se levantó levemente de la silla de su caballo, y se irguió. Deslizó el papel de su mano y cayó al suelo. El jinete, incrédulo, volvió a hablar con su sobrenatural voz.- ¡Cógelo! -Sordahon saltó de su caballo hacia el corrompido jinete, blandiendo la daga y hundiéndola en su cuello. Ambos cayeron al suelo y forcejearon. Sordahon volvió a acuchillarle, finalizando así con su vida. Confió en que Taurnil se ocupara del otro. Y a lo lejos, los gritos de la matanza en Lobisenda eran cada vez más intensos.


Mapa de la situación:



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Miér Ago 24, 2011 4:59 pm

Taurnil giró la vista, observando Lobisenda. Una de las carpas ardía, y se podían oír los gritos de los inocentes y incluso el sonido que hacían las espadas, al rasgar la carne. Al elfo se le pusieron los pelos de punta, y intentó ignorarlo, mirando otra vez hacia delante. Poco después, llegaron a las murallas de Vymmezaar, cuando una voz ronca sonó detrás de ellos, tanto Sordahon como él, se giraron y vieron a dos guardias, embutidos en la cota de malla del regimiento de Varin. Sordahon se le adelantó, acercándose a ellos y empezando a hablar.
La tensión se palpaba en el ambiente, especialmente en Taurnil, que apenas conservó muy bien la calma, sudando como un cerdo y con una respiración agitada. Y por ello, apenas se dió cuenta de lo que hizo el humano para acabar con la vida del jinete, Taurnil esbozó una falsisíma sonrisa al otro jinete, que le miraba mientras desenfundaba la espada, dispuesto para hundirla en Sordahon.

- Yo no lo conozco de nada - Comentó, intentando esbozar una cara sin expresión alguna, mientras, que con la mano desenfundaba la daga de uno de los brazaletes, entonces, con un ágil movimiento y fuerza extraordinaria, la lanzó hacia el Jinete.
Pudo ver como el cuchillo daba vueltas en su trayectoria, hasta que al fin, rasgó la carne desprotegida del jinete. Se hundió en su cuello, donde ningún casco o cota de malla lo protegía. Después su cadavér cayó al suelo. Taurnil suspiró y renegó con la cabeza, ODIABA matar, ¿Por qué tenía que hacerlo tan a menudo?

Bajó de un salto del caballo y se acercó al cuerpo inerte del jinete, recogió su cuchillo, lo limpió en sus pantalones y lo volvió a meter en su funda, en el brazalete, entonces echó una mirada a Sordahon. - No hará falta esconder los cuerpos, para cuando se enteren de que están aquí, Lambert habrá muerto y nosotros, estaremos a mucha distancia de esta fortaleza - Musitó, casi imperceptible. Luego, mientras esperaba una posible respuesta de Sordahon, empezó a examinar la muralla, pasando su mano por su pedregosa pared, buscando puntos débiles. Entonces, palpó una zona bastante más endeble que el resto, y su tamaño era considerable.
Con ambas manos, empujo una roca, que se desprendió hacia el otro lado de la muralla, permitiendo a Taurnil observar su interior, aunque no en un amplio grado de visibilidad. Sacó el cristal que usaba para estos casos y lo metió por el hueco de la muralla. Gracias a él, pudo ver que no había guardias alrededor, y que además, había unas cuadras y unas tierras donde la gente, trabajaba.
Se alejó unos pasos y volvió a guardar el cristal en el bolsillo que lo albergaba. Con un gesto, indicó a Sordahon que se acercara.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Taurnil lanzó una patada a la muralla, que provocó una entrada no muy grande, pero suficiente para que ambos pudiesen entrar sin provocar mucho bullicio. Taurnil encabezó la incursión, y una vez ambos entraron, recolocó las piedras en su respectivo lugar, para que no alertase a los guardias.
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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Sordahon el Miér Ago 24, 2011 8:22 pm

Sordahon admiró desde el suelo cómo el elfo acababa con la vida de aquel jinete. Retiró con dificultad la daga del cuello del que había caído por acción suya, y la enfundó en su cinturón.- ¿Bromeas? Tenemos Vimmezaar delante, a dos pasos. No voy a ponerme a enterrar cadáveres. -Pronto serían festín de cuervos, si es que los encontraban habiendo tanta comida jugosa como habrá en Lobisenda dentro de unas escasas horas. Sordahon siguió al astuto elfo hacia las murallas pedregosas y estropeadas del castillo. Vigiló los alrededores mientras Taurnil abría un pequeño hueco que les permitiera pasar dentro. Sordahon desenvainó su espada larga y lo siguió con cuidado de no tropezar entre los pedruscos agrietados.

Frente ellos el único edificio de piedra del castillo se alzaba imponente. Al otro lado, las cuadras, cuarteles y los pequeños campos privados donde trabajaban vigilados todos los niños, niñas, hombres y mujeres retenidos por Lambert. La cabeza de Sordahon daba vueltas. Pensaba sus futuros movimientos mientras se acercaba a una gran columna, que daba entrada al principal edificio, y se agazapaba tras ella, siempre vigilando todos los ángulos.- Taurnil, mira. -Se asomó levemente y los últimos soldados de la milicia partían a Lobisenda.- Aun quedan algunos en el castillo; tenemos que ocuparnos de ellos también. -Sordahon se acercó a una media pared que separaba la entrada al edificio principal con el resto del patio. Cogió la espada con las dos manos y se preparó.- Voy a liberar a los trabajadores. Ellos se ocuparán de los soldados que les vigilan. Tu podrías librarme de quienes vayan a investigar o aquellos que me descubran... -Se asomó rápidamente y echó un vistazo al patio y las murallas que lo rodeaban.- Cuanto antes acabes con los vigías en las torres mejor.

Respiró profundamente y miró a Taurnil a los ojos. Acto seguido emprendió una carrera sin dudar un solo segundo, aunque aun dolorido por el brazo. No tardó en cruzar todo el patio hasta que alcanzó los campos de trabajo, rodeado de las murallas norte y noroeste. Se agachó y ocultó entre las plantas, mientras cuatro trabajadores, dos mujeres, un adolescente fornido y un niño se le acercaban.- Escuchad. -Susurró, confiando en que Taurnil silenciara a todos los enemigos que le hubieran visto con aquel movimiento.- Escuchadme, acercaos maldita sea. -Obedecieron. Sordahon advirtió que sus grilletes oxidados no tenían muy buen estado. Blandió su espada y se irguió lo suficente. Golpeó la cadena y la rompió tras dos sablazos intensos. Lo repitió una vez más para abarcar las suficientes cadenas y liberarlos a los cuatro.- En Lobisenda hay combates. Vuestros padres, hermanos... están luchando contra el hechicero. ¿Sabéis a quién me refiero? El consejero de lord Varin. -Intentó hacérselo entender.- Necesito que hagáis lo mismo aquí. -Miró al fuerte muchacho y le dio una de sus dagas.- Toma, úsala. -La otra se la dio a una chica de cabello rojizo y largo, pecas y ojos verdes como los de Sordahon. Parecía fuerte y con determinación.- Id a las cuadras y causad caos. Es lo único que os pido. -El niño pareció estar apunto de llorar, pero la silenciosa chica pelirroja le tranquilizó. No preguntaron, simplemente obedecieron. Sin duda estaban acostumbrados a ello.

Se acercó a otro pequeño grupo, ocultos tras un carro donde cargaban verduras. Les explicó la situación: estos parecían más mayores que los anteriores. Los liberó. Hizo lo mismo con la gran mayoría de los que allí trabajaban. Su espada ganó una muesca con cada persona que liberaba. Ello le permitiría recordárlos, y recordar la sangre vertida en Lobisenda. De las cuadras y los barracones de los pocos soldados que quedaban empezaron a escucharse gritos y golpes. Varios muchachos salieron victoriosos llevando armas brillantes y corazas valiosas en sus manos. A pesar de ello, seguía escuchándose muerte y sangre en el edificio. Sordahon se dispuso a entrar en los barracones para asegurarlos, mientras Taurnil seguramente limpiaría el patio de la basura de Lambert.



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Re: La ruina de su estirpe [PRIVADO]

Mensaje por Taurnil el Lun Ago 29, 2011 12:24 am

Taurnil bufó. Escudriñó su alrededor en busca de un buen sitio para comenzar la escalada, a algún punto estrategico, como un torreón o una almena. Vio unas cuadras con algunos maderos más salidos de lo normal, casi colocados al caso para una perfecta escalada. Taurnil se echó el arco a la espada, esbozó media sonrisa, restregó ambas manos en su pantalón y comenzó a escalar por las maderas. Cada peldaño de madera nógaleña, le permitía estar veinte centímetros más cerca del cielo.
Una vez llegó al tejado de madera de las cuadras, se agachó al pie de una cornisa y envainó su arco. Vió como Sordahon avanzaba por la fortaleza. Cada flecha que tensaba y disparaba, iba dirigida a un guardia que lo avistaba en la distancia y se acercaba a él lentamente por la espalda.
Se sentía como un francotirador, pues cada flecha parecía encajar en cada punto débil de sus objetivos, a uno le dió en el cuello, a otro le atravesó el cráneo, otro, en la pierna y después en el pecho. Los demás, huyeron al ver que sus compañeros caían muertos por un tirador desconocido. Sordahon andaba tranquilamente, y tras él, un extenso reguero de cadáveres.

Sordahon entró en unas barracas, donde Taurnil era incapaz de protegerlo en la distancia.
Del edificio principal salio un buen grupo de soldados, que empezó a desahogar a la multitud enfurecida, que había empezado a incendiar algunos edificios de madera, pero alejandose de la cuadra, sabiendo de que un arquero aliado se había apostado en ella. Mientras los guardias sofocaban a sus esclavos, Taurnil notó como, desgraciadamente, se había quedado sin flechas.
Maldijo en voz alta a los dioses y entonces, bajó de las cuadras por donde había subido. Agachado y escondiendose de los guardias, se acercó a los cuerpos que había abatido antes, les arrancó la flecha que los mató y las guardó en su carcaj. Una vez acabó, se escondió rapidamente al darse cuenta de que venían unos cuantos soldados a comprobar los cuerpos. Eran tres, según había oído.

Se escondió detras de un fardo de paja, mientras empuñaba su arco. En su cuerda, tensó dos flechas, preparadas para impactar a dos objetivos. Era la primera vez que lo intentaba, así que, ¿Qué mejor que hacerlo la primera vez con tres guardias?. Taurnil soltó una sonora carcajada, mientras se mostraba al trio de guerreros, disparó su arco y vió como, una de las flechas atravesaba la cota de malla de uno de ellos, tirándolo al suelo, mientras que la otra, sólo rasgo la carne de una de las piernas de otro de ellos, haciendo que hincara la rodilla en el barro.
El tercero de ellos, se lanzó como un cabrito enfadado a por Taurnil, que incapaz de retener el golpe, se le cayó el arco al suelo. Primero, le propinó un golpe en el mentón, que lo dejó algo atontado. Después, otro más arriba, en la mejilla. Taurnil empezaba a sangrar, pero se revolvió y le dio un rodillazo en el estómago, que provocó que bajara las defensas, luego, le agarró y hizo que rodaran por el suelo, manchandose de barro húmedo.
Taurnil acabó sobre el guardia, y cuando iba a darle un puñetazo en la cara, alguien le dió una patada en el costado que lo lanzó metro y medio más allá. Soltó un gemido de dolor y, con un rápido movimiento, consiguió agarrar un cuchillo y lanzarselo a aquel que le dió la patada. Era el segundo guardia, cuya flecha había atravesado su pierna. Aún no se la había quitado cuando, el cuchillo que le lanzó el elfo, le atravesó la garganta, haciendo que su nuez y un buen montón de sangre empaparan el barro y al tercer guardia. Taurnil gateó, en busca de un sitio seguro. Pero entonces, el guardia lo agarró del jubón de cuero y lo levantó en el aire, después, con todas sus fuerzas, lo lanzó.
Cayó en un montón de cajas de madera, que precisamente, no hizo de la caída, más suave.
Antes de que pudiese recomponerse, el guardia lo volvió a agarrar y lo levantó por el cuello, alzandólo un par de centímetros, pero impediendole respirar. Taurnil forcejeo con él, golpeandole los brazos en busca de un poco de aire, pero comprendió que era no era la manera. Tanteó con su mano su cinturón, hasta que agarró un cuchillo y se lo clavó en el brazo, dándole un respiro. Taurnil, volvió a clavarle el cuchillo, esta vez en el estomágo, una y otra vez, hasta que clavó ambas rodillas en el suelo, entonces, le atravesó la cuenca del ojo con el cuchillo.
El guardia cayó muerto al suelo, mientras que Taurnil soltó su arma y vomitó en el barro. Un sudor frío recorria todo su cuerpo, al igual que la sangre toda su cara.

Se recompuso, arrancó ambas flechas de ambos guardias y también, ambos cuchillos. No los limpio, pero si los guardó en sus fundas. Cojeando, buscó a mas guardias. Tenía que limpiar la zona, para que después, los inocentes pudieran marcharse.
Pero, por los siete, aquella pelea lo había dejado casi inútil.
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