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Strike of the ninja (I)

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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Kreos el Mar Sep 06, 2011 10:25 pm

Rikimaru se encontraba encima del árbol que tenía en frente mío, así que debía subir cuanto antes. Puse un pie contra el tronco, y mire hacia arriba, Rikimaru estaba en una rama a unos tres metros del suelo. En el tronco había, en orden, una parte hueca, dos ramas y la rama donde se encontraba Rikimaru...

Quité el pie del tronco y me dispuse a subir por este. Me agarre al hueco que hacía el árbol y me impulse con la mano diestra para llegar a la rama más cerca, usando las dos manos, me puse de pie en la rama; esta era no muy gruesa, y crujió cuando me puse en pie. La siguiente rama estaba a unos treinta centímetros en una diagonal hacia arriba, flexione las piernas, y la rama en la que estaba volvió a crujir cuando salté y me quede colgando de la siguiente rama, que me daba más juego, al ser más gruesa y resistir mejor mi peso. Subí y me quede de pie, esta a unos cincuenta centímetros del ninja, cuando lo vi caminar por la rama, y en uno de sus pasos el gato que tenía a su lado salto al borde de la muralla de oro.
– Sólo es un gato. –Entendí, y para cuando me di cuenta Rikimaru ya no estaba en la rama. Salte a una rama que estaba encima mío, similar a la que ya estaba, quizás un poco menos gruesa, y desde allí se podían apreciar tres cuerpos,dos de ellos sin vida.Salté a la rama en la que antes había estado Rikimaru, quedaban dos guardias menos, los había eliminado en cuestión de segundos.

A la señal del ninja, salte al borde de la muralla,y rápidamente me precipite hacía el césped del jardín, amortiguando la caída con una voltereta. Me puse en pie y observé como el hombre-gato asesinaba a dos guardias situados enfrente de un puente de madera;mire a mi izquierda, no vi nada, pero a la derecha, conté, al menos, cuatro reflejos de unas lanzas, me dirigí, pegado a la pared de oro, que estaba fría, en contraste a mis brazos, hasta el seto más próximo, allí había dos guardias, a una distancia de un metro y medio.-Nah-Pensé, y cuando el reflejo de las lanzas no apuntaban a la pared de la muralla, avancé hasta una especie de claro en el que la luz de la luna daba mejor, y pude ver a mi derecha a los dos guardias que iban a ser mi objetivo, y a la izquierda, a los otros dos.Seguí cerca de la pared, donde estaba el primer soldado, entre dos setos por donde cabía perfectamente.Me concentre en no hacer ruido en los siguientes pasos que me acercaba a él. Ya estaba justo detrás suyo. El elfo, lo supe gracias a unas orejas largas y puntiagudas que salían de su casco, estaba bostezando, era ahora cuando debía actuar. Rodeé su cuello con mi brazo derecho y le tapé la boca con el izquierdo. No era mucho más alto que yo, a lo mejor me sacaría unos centímetros, así que lo arrastre para atrás, hasta que choque con el muro, y allí ejercí fuerza con mi brazo derecho. El elfo me dejó el codo lleno de saliva antes de perecer... Arrastre el cadáver de los brazos hasta el seto que estaba pegando a la muralla, y lo introduje allí.

Le sobresalían las piernas; intente que no se viesen, pero el elfo muerto no estaba por la labor. Al final, lo tuve que sacar, hacerlo una bola, como si fuese un niño pequeño y, ahora sí, cabía en el arbusto.

Me dirigí al punto en el que había cogido al otro guardia, y cogí su lanza. Saqué una de mis dagas y le quite la punta, con el fin de que no hubiesen destellos que revelasen mi posición. Deje la punta en el arbusto izquierdo. Los dos guardias del puente habían caído, y el elfo que me quedaba estaba mirando, con la lanza apoyada en el suelo, la corriente del río. Ahora había algo más de ruido, pero seguí atento. Tenía el palo que me había echo a partir de la lanza del elfo. Con el mismo modus operandi, me dirigí a hacía la espalda del elfo, apoyado el la lanza, casi dormido. Fue fácil sorprenderle con la lanza en el cuello y estrangularlo al romperle varios huesos de la nuez.La lanza iba a caer al suelo, pero puse me pie derecho en su trayectoria hacia atrás y conseguí que no cayera. Deje de hacer presión con el palo, y agarré por los sobacos al guardia. Lo arrastre hacía el arbusto que quedaba a mí suroeste, tomando como referencia del norte el puente de madera y el río, el primero ahora no podía ver. Una vez escondido, me limpié la frente con uno de mis guantes y me acerqué a por la lanza. La recogí del suelo y le quite la punta con una de mis dagas. Escondí el metal en el mismo arbusto que el guardia. cogí el palo y lo rompí en varios trozos, luego los esparcí por el suelo; eso ya no era un lanza.

Con el otro palo en la mano, me dirigí al borde del río y observé el puente desde un arbusto, esperando órdenes del ninja...


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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Aoash el Miér Sep 07, 2011 9:28 pm

El shinobi se quedó mirando las acciones de los que eran sus compañeros de misión. El primero en avanzar fue el que más pinta de saber de sigilo tenía, el transformista mayordomo que con letal eficacia lanzó tres de sus filos plateados hacia los cuellos de los dos centinelas que había guardando el puente. Primero cayó el del lado diestro y antes de que su compañero pudiera proferir un grito de ayuda su cabeza se encontró perforada por la cuchilla del hombre de porte señorial, aunque también algo siniestro. Rápidamente Rikimaru avanzó hasta su posición y se colocó a su lado, ayudándole a esconder los cadáveres debajo de uno de los setos mientras el joven ladrón de nombre Kreos se movía entre los arbustos, buscando la mejor posición para acabar con sus objetivos, rápidamente su mano se ciñó al primer cuello que partir, el cual no opuso demasiada resistencia. Luego el segundo, que cayó también con velocidad mientras que los ojos de los otros dos hombres se posaban sobre la espalda del chico, viendo como los soldados de los cuales Desmond, por ahora desaparecido, no se había ocupado. Lentamente se acercaban a él mientras este forcejeaba con el segundo soldado, al cual también le quebró el cuello. Todo hubiera acabado ahí de no ser por el acto de estupidez extrema que hizo luego el chico, partiendo uno de los palos de las lanzas en tres pedazos.

-¡Idiota! – maulló la mascota del ninja mientras veía atónita la situación. El sonido de la madera gruesa de la lanza al quebrarse había sido captada incluso por el oído del shinobi, el cual miró a ambos lados, al chico, ahora rodeado por dos soldados elfos que ponían las lanzas en su cuello, y el puente, despejado. Seguramente si no avanzaban ahora no tendrían otra oportunidad –Nos vamos. – dijo el ninja, indicando al mayordomo que los siguiera, el destino que corriese el muchacho ahora no era cosa suya, tenía una misión y esa misión no era encargarse de un ladrón irresponsable e impulsivo. Sin más, lo dejó atrás, sin girarse para ver si el otro humano lo seguía o no. Una vez cruzado el puente se encontró con una nueva sección del jardín, en esta había una especie de pasillo de roca pobremente iluminado por una única vela que iba y venía al final, donde se separaban dos caminos, uno a la derecha y otro a la izquierda. A unos dos metros de la entrada del ya mencionado pasillo se extendía un nuevo jardín también de setos y bajo los rayos de las lunas se podían ver brillar hasta cuatro puntas de lanzas, imposible que con ellas acabara un solo hombre.

Rápidamente el paladín de las sombras avanzó como una de estas, mimetizándose con el ambiente gracias a su traje negro y recorriendo en total sigilo la distancia que lo separaba de la entrada del tosco túnel formado por rocas de casi cuatro metros. El mayordomo tenía la opción de ir a por los soldados o seguir al ninja por si este requería de su ayuda, fuera cual fuera su empresa, seguramente demostraría que era más útil que los otros dos, como había hecho hasta ahora. La vela se apagó y la piedra quedó manchada por un salpicón de sangre que permanecería allí durante algún tiempo, el guardia había caído y el primer camino estaba despejado. Si decidía seguirlo se encontraría con que el rastro del ninja ya no se podía seguir, no era posible saber si había ido a izquierda o a derecha.

Volviendo al primer escenario. Las lanzas ahora se ceñían al cuello del chico de tal modo que un sólo movimiento implicaría su muerte. Uno de los elfos extendió la mano hacia él y en ese momento, como por acto de magia, Kreos caería de rodillas, sintiendo sus manos atadas por una fuerza invisible que impedía que se moviera de cualquier modo. El primero de los dos guardias se acercó y demostrando tener más fuerza de la que su cuerpo demostraba tomó la espada con una sola mano, sosteniéndola unos minutos antes de que la hoja se evaporase de sus manos – Acero de humanos, pesado y tosco. – comentó mientras tomaba al chico de un brazo y lo alzaba con fuerza – Duérmelo, no quiero que vea el camino. – ordenó el otro, ante lo cual el primero le asestaría un golpe en la nuca al muchacho que lo dejaría en la inconsciencia por completo.

Para cuando despertara el jardín ya quedaría muy lejos. Se encontraba en una sala pequeña y oscura. Estaba sentado y sin cadenas aparentes, pero si intentaba moverse notaría que algo le oprimía tanto los pies como las manos, haciendo imposible que pudiera hacer algo más que pedir ayuda o gritar. Los minutos pasaron de manera lenta mientras sus compañeros avanzaba, hasta que finalmente la puerta de la sala se abrió, dejando pasar a una figura no demasiado alta y que caminaba encorvaba. Se le notaba lo viejo, puesto que caminaba ayudado de un bastón de nudosa madera de roble. Lentamente avanzó hasta una silla frente al chico y separó sus labios lentamente – Buenas, chico. – dijo tranquilamente mientras recorría la madera de la mesa con las manos – Mi nombre es… - lo pensó unos instantes, como si le costara acordarse de su propio nombre: - Narïm – con una sonrisa apacible miró de nuevo al ladrón mientras seguía tomándose su tiempo para hablar: - Dime… ¿Qué te ha traído a mi casa? Pareces joven… Tal vez sólo se te perdió un juguete. – abriría entonces la palma de su mano y en esta se vería su espada, aunque mucho más pequeña, tanto que podía caber en un bolsillo o incluso servir de colgante - ¿Qué estarías dispuesto a hacer por tu juguete? – preguntó entonces la pequeña figura, de la cual sólo podía verse la silueta dada la orientación de la luz.

---
off:
Bueno, Desmond me ha avisado de que no podrá postear, así que por ahora se le da por desaparecido, si sigue sin poder simplemente lo sacaré de la partida. Sebastian, bien hecho, ahora tienes la opción de seguir a Rikimaru o tomar tu propio camino, si sigues a rikimaru verás una mancha de sangre dispersa hacia la derecha, tú eliges. Kreos... Partir la lanzas no fue muy inteligente la verdad, ahora mismo estás preso y sin armas, tú verás ocmo respondes al hombrecillo.





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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Kreos el Vie Sep 09, 2011 9:47 pm

Noté el frío tacto de dos metales en mi cuello. Me empecé a girar lentamente, pero el aumento de presión de una de las lanzas me obligó a quedarme en el sitio, si no quería ser degollado, claro está; un sudor frío recorrió mi espalda y la frente. ¿Como se habían percatado los elfos de que estaba allí? Cuando noté como una lanza se quitaba de mi cuello, una especie de sensación extraña me recorrió el cuerpo en forma de escalofrío. Caí de rodillas en el suelo, y cuando quise mover las manos al ver que me caía, noté como una extraña fuerza que me impidió moverlas. Uno de los guardias puso su mano en mi hombro, para evitar que me cayese. Entonces me fijé en un trozo de la lanza que había roto, estaba astillado, y se podía ver que era un palo resistente, entonces caí en la cuenta; el sonido de la lanza al quebrar la madera había sido tan fuerte que había delatado mi posición...Solté una blasfemia para mí, ahora sin duda estaba perdido, aún que, tonto de mí, esperaba ver al ninja atravesar a esos dos guardias elfos. Las lanzas seguían en mi cuello, y me obligaron a mirar para arriba, con el fin de no clavármelas. A través de un claro en el cielo nublado pude ver el reflejo blanco de una de las lunas; eso me hizo pensar en que algunas personas creían que allí en el cielo, en las lunas, el Sol, las estrellas...vivían dioses, seres supremos creadores de esta tierra, yo, personalmente, no creía en cosas de esas, pero a lo mejor, tener a alguien o algo en lo que creer ayudaría, para mí, bueno, no creía en nadie, así que confié en mí mismo, vivir o morir,esa era mi decisión...

-Joder...-Dije por lo bajo, cuando la presión de una lanza desapareció de mi cuellos y una mano cogió el mandoble de mi espada. Bajé la cabeza, note como la otra lanza me rozó; no podía intentar nada o moriría, entonces lo acepte, estaba jodido y sin armas; resoplé y no dije nada cuando descubrieron las armas de mis botas. Después de eso comprendí la gravedad de la situación; no debí haber partido la lanza. El soldado que sujetaba mi arma la hizo desaparecer[color=blue]-¿!Magia!?-/color] Pensé, aunque el asombro en mi cara me delataba. Desaparecieron las tres armas. Uno de los guardias dio una orden, y note el duro tacto de un golpe en me nuca.No noté nada más...


(...)


Para cuando abrí los ojos estaba de cara al suelo, un suelo frío, de color gris. Miré para arriba y lo vi todo borroso,pude distinguir una mesa de acero y dos sillas, también de acero, enfrente mío había una puerta de algún metal, de color negro. El golpeé del guardia me dio un pinchazo de dolor, y por acto reflejo intenté llevarme las manos a la nunca, pero una especie sensación, como la del jardín me impedía moverlas, al igual que comprobé con los pies. Agité la cabeza un par de veces, y cuando pude ver bien otra vez me fijé en la estancia en la que estaba; olía a humedad, y las paredes, todas de piedra, no tenían ninguna ventana por la que salir, o simplemente un triste agujero por el que entrase oxígeno. Me puse de rodillas, y apoyando los codos sobre la mesa me senté en la silla que había enfrente de la puerta, me costo un tiempo acostumbrarme a la luz de la antorcha, hasta que pude vislumbrar la habitación. Era un cuarto no más grande que unos veinte metros cuadrados, suficiente, pensé para los intrusos como yo. Pasarían horas en los que eran minutos ahí fueras, pero una sensación en el estómago, como si se comprimiera, no me transmitía ninguna tranquilidad, esta desarmado, maniatado, y seguramente, aunque no lo supiese; en una habitación del sótano de la casa que veía en la lejanía hacía unos minutos. -Malditas lanzas....- Me dije, enojado por mi estupidez, el ninja tenía razón, no iba a dejar que esto saliese mal...

Tras una larga espera, que no fueron más de cinco minutos en realidad, por la puerta entro una pequeña figura, apoyada en un bastón de madera, con unos remaches en oro, que lo hacía bastante lujos, fue lo único que supe de aquella persona, ya que el oro brilló en contacto con la luz de la antorcha; aún así la figura iba tapada con una túnica color beis y una capucha lila, que me impidieron distinguir quien era.Se sentó en la silla de enfrente, y yo puse la mía a dos aptas, ahora empezaban los problemas, dije, y sabía. Se presentó, tardo un segundo exacto en recorrer una gota de sudor la distancia de mi nuca al final de la espalda. Un sudor frío se volvió a apoderar de mí al saber que aquel tipo era mi objetivo, sí, lo era, ahora estaba delante mío con una réplica de mi espada, o quizás era la espada de verdad transformada por la magia...Mi cabeza estaba echa un lío, ya no sabía que pensar,que hacer, o que decir, solo sabía que quería salir de allí, pero...¿Cómo?

-¿Qué estarías dispuesto a hacer por tu juguete?- Cada vez que decía juguete se refería a mi espada. Estaba confuso, no sabía que hacer, no sabía que era lo correcto, ni si quiera sabía que decirle a aquella figura encorvada que sabía que me observaba con unos ojos brillantes y una sonrisa maléfica en la boca, aún que no pudiese verlo...

- Vamos Narïm, sabes bastante bien que tengo que hacer-Dije con una sonrisa de medio lado, mi habilidad esta en juego, ser ladrón a veces implicaba soltar un discurso cuando te pillaban.-Quiero trabajar para ti, me colé aquí con ese propósito, pero la infiltración se me resiste, pero soy tu hombre para cualquier robo,...además... los tipos como tú queréis información, yo tengo alguna que otra bastante interesante...siempre y cuando no me mates, tortures...Además...me infiltré también por que quiero dejar de ser un crío, y a tu lado se que lo conseguiré.-Mi cara era seria, yo mismo me creí lo que dije.


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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Desmond Morgan el Sáb Sep 10, 2011 12:57 pm

Me lo pensé mucho quizá demasiado, pero aquellos guardias no entraban ni siquiera en mi código, por lo que yo sabia eran inocentes aun no estaba seguro si aquel mercader era tan malo como el tal Rikimaru lo pintaba. Y si, posiblemente me hubiera contratado para matarle con alguna mentira, no creo que nadie se atreviera a conspirar contra el rey. Eso era lo que yo creia, vi a Kreos adelantarse y le seguí de cerca escondido este sin escrúpulos, ¿estoy hablando de escrúpulos? Bueno, el caso es que mató a sus dos soldados, bien quedaban dos por lo que creia vislumbrar se estaban acercando a Kreos y lo rodearon. ¡Mierda! Había sido mi culpa, no es que me importase, pero si yo hubiera acabado con aquellos dos soldados ahora Kreos no hubiera estado en problemas pero eso no importaba.

-Desmond-dijo una voz a mi oreja.

-¿Que mierda quieres Quinn?-estaba enfadado conmigo mismo, no por que hubieran cogido al joven, si no por mi extrema ineptitud. Estaba claro que le debía una al joven.

-¿Estas pensando en arriesgarte y seguir a aquellos hombres?-

-Sabes bien que si Quinn, le debo una al chico-

-¿En que demonios piensas, Desmond? Que hay de la tercera regla.-yo sonreí y le dije: Mi vida, mis reglas, Quinn.

Dude pero salí de mi escondite Quinn aun me seguía y cerré los ojos para que desapareciera, los abrí aun estaba, lo iba a hacer Quinn, da igual lo que pensaras. Un inocente hasta donde yo sabia estaba en peligro, y mi código decía que había que salvar a estos mismos. Así que seguí con extrema precaución a los dos guardias que arrastraban por el suelo al joven. ¿Por que sentía como si hubiera traicionado a alguien? Le estaba restando mas importancia de la que verdad le daba, o eso parecia. Al final se pararon y yo hice lo propio agazapandome en un rincón oscuro pero con buenas vistas lo metieron por una trampilla que daba a un sótano y los dos soldados tras dejarlo subieron a vigilar la trampilla. Estaba bien Desmond tranquilo estos eran de los que te tenias que ocupar, así que ahora lo harás bien, no se por que jamás me había pasado empece a sentir nervios, quizás era por una vida estaba en mi mano, y por primera vez sentía que no quería arrebatarla. La distancia era mas o menos unos veinte metros tenia que jugar con el combate a distancia al menos por un segundo, si no ambos me cogerian a mi tambien me miré a mi pie, iba a quebrantar una regla esencial de mi ritual, la unica que lo hacia algo especial la daga, solo usada para este proposito pero ahora habia que hacerlo.

Me preparé, me atuse los ropajes, coloqué bien el pañuelo y la capucha, cogí la daga en una mano y con otra una de mis espadas y corrí todo lo rápido que pude hacia los guardias cuando estaba a casos metros comenzaron a verme así que tiré la daga a uno de los guardias que le atravesó la garganta y con el impulso que me daba la velocidad pegué un salto y caí sobre el elfo y le puse la espada en el cuello. Le rebané el cuello con esta le desclave la daga al elfo y pegué oreja en la trampilla para escuchar la conversacion.

Spoiler:
Bueno ante todo lo siento por no poder postear, pero se me hecho el tiempo encima mea culpa. Y lo que he comentao a Veluzi tambien en mi post a priori solo podre conectarme a Noreth los findes asi que solo podre postear en esos dias supongo que algun dia entre semana tendre tiempo pero a priori eso, solo los findes.


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Sebastian Michaelis el Mar Sep 13, 2011 4:56 am

Todo había salido perfecto, o por lo menos, por mi parte; pero al terminar de ocultar los cuerpos junto al líder y amo temporario mío, un ruido fuerte, provisto por el ruido de un madera resquebrajándose y trozándose, anulando toda perfección. La fuente de este sonido era el joven del grupo, que en un estúpido movimiento, había partido la lanza, cometiendo no solo un estúpido error, sino también posiblemente, mortal. Un leve maullido de enojo fue percibido por mis oídos seguido de una orden de mi actual amo, avanzando y dejando al chico a su merced y la de los guardias-sí, mi señor-dije siguiendo sus pasos, notoriamente más lentos que los de él. Lo seguí a donde pude, pasando por un extenso pasillo lo perdí de vista unos segundos. Su velocidad era impresionante y me agradaba estar de subordinado de alguien que demostraba que era mejor que yo y no un patético mequetrefe, aunque imposible que fuera perfecto en todo como yo, en velocidad me superaba sin lugar a dudas; tras terminar el pasillo, el cual traspase silenciosamente, puesto el brillo de 4 lanzas no me gustaba ni agradaba para nada, un movimiento en falso podría convertirme en cebo de guardias, llegue a una bifurcación de dos caminos. No pude ver casi nada, una débil iluminación provista por una vela, solo resaltaba el brillo de un manchón rojo a mi derecha, el cual seguí de rastro. Era sangre y estaba fresca; así que decidí seguir por ese camino silenciosamente, no quería cometer un error ni quedar como un inútil, después de todo, soy perfecto.
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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Aoash el Miér Sep 14, 2011 3:25 am

Habían elegido ya sus caminos, cada uno guiado por algo: El objetivo de la misión, las órdenes de un amo, la estupidez de la juventud y el noble deseo de salvar a alguien en apuros. Ahora sólo faltaba ver cuál había sido el camino correcto. Las manchas de sangre que el mayordomo transformista había seguido lo guiaban ahora hacia un pasillo iluminado por varias velas, un total de doce repartidas por lugares estratégicos para no dejar amparo a la sombra. A la izquierda se escuchaban pasos y por la derecha pronto vería como un fino hilo de sangre se colaba entre las grietas de la madera para desparecer esponjando esta un poco, insuficiente como para dañarla pero suficiente como para que la mancha perdurase durante más tiempo. El sonido de una armadura al golpear el suelo rompió el tétrico silencio que se formaba entre los pasillos, y el sonido de suaves pasos sobre la madera, que crujía de vez en cuando, inundaba la estancia. Mientras que el hombre de refinados modales y excéntrica manía por ser perfecto elegía un camino el ninja avanzaba en completo silencio, dejando tras de sí sólo un reguero carmesí que era la sangre de aquellos con quienes se encontraba.

El ninja, que había creado a sus espaldas un sendero marcado con cuerpos inertes tirados contra la pared, sujetando sus armas con el rigor que la muerte les concedía, apoyados contra los muros de piedra pareciendo dormir, al menos, descansaban en paz, caminaba despacio sobre el traicionero suelo, viendo entonces su salvación, las vigas del techo, unas vigas decorativas en ese tipo de casa que comunicaban unas habitaciones con otras, si lograba subir ahí ya no tendría por qué preocuparse más de los soldados, aunque eso no implicaba dejarlos vivos, pues después de todos protegían y servían a un hombre del mal, un agente del caos. Con un ágil pero sigiloso movimiento rebotó entre dos paredes cercanas un par de veces y alcanzó la madera, a la que se subió como si de un gato se tratara, esperando precisamente a que su mascota lo siguiera. Si Sebastian lo había seguido y subía con él observaría lo mismo. Desde esa posición tan privilegiada, a unos dos metros y medio del suelo, se podía ver los biombos que servían de paredes, hechos de bambú y otras plantas similares que separaban el enorme salón donde ahora estaba el ninja – y tal vez el mayordomo – en una veintena de pequeñas salas de uno o dos metros cuadrados. Al final de estas se veía una enorme puerta con un Oni, un terrible demonio de horrible rostro, nariz ancha y colmillos que sobresalían de su rojo rostro.

-Aquella debe ser una de las ocho puertas. – comentó el gato mientras se aseaba como si nada - ¿Sabes lo que te espera tras ella, no? – añadió con un suave maullido el animal, terminando de limpiarse y saltando de una viga a otra con magistral talento que había sido entrenado durante años. El shinobi seguía al animal como si este le guiara, con un ojo en cada lado como quien dice, uno puesto en las vigas y otro mirando hacia abajo, procurando no ver enemigos. Desde arriba, una vez el ninja hubiera avanzado unos dos metros más en línea recta, sería ya casi invisible, distinguiéndose únicamente el brillo del plateado filo de sus kusarigamas.

Sin embargo, si Sebastian tomaba el camino de la izquierda recorrería un pasillo largo y que parecía encogerse a medida que avanzaba. Las puertas a sus laterales estaban a medio abrir y el suelo era totalmente negro, sin más fuente de luz que una lejana vela que se movía. Si el mayordomo adoptaba su felina forma usando sus poderes los ojos noctívagos de este podrían ver cómo era un gárgola de piedra la que sostenía el cirio, cuya oscilación no era más que una ilusión para las personas, a la cual, cualquier otro ser no humanoide era inmune. Una vez avanzara hasta ella, la gárgola abriría los ojos, pero para saber más de este camino, el hombre de aspecto refinado debería escogerlo.

Mientras tanto y por el otro camino, Desmond tendría la habilidad suficiente como para matar a los guardias, pero cuando pegara su cabeza a la trampilla para escuchar algo no tendría resultado, no había nada que escuchar, sólo el sepulcral silencio dentro de un pasillo oscuro. Si se adentraba no habría no habría nada a izquierda o derecha, sólo otra puerta frente a él. Una vez abierta de esta puerta surgiría una mujer más bien escasa de ropas, con un escote abultado de enormes pechos que portaba con ella una bandeja. Si se daba prisa le podría tapar la boca con la mano e interrogarla en la sala que tenía delante, sino, la mujer gritaría, atrayendo a más guardias que sólo serían la pérdida del encapuchado. También podía acabar con ella, aunque esto último seguramente provocara algunos inconvenientes.

Por su parte, Kreos era tal vez el que peor lo tenía, encadenado como estaba a una mesa y una silla con el viejo y pequeño elfo riendo de sus palabras como si el ladrón fuera un cómico. Con un chasquido de sus dedos el joven empezaría a notar que su sangre se tornaba espesa, como si fuera plomo que poco a poco atascaba sus venas. La sensación de asfixia, el corazón acelerado al intentar bombear el líquido carmesí. Las extremidades poco a poco se le irían agarrotando y la cabeza le dolería hasta el punto que parecía que iba a explotar y mancharlo todo con sus sesos. La sensación no duraría más de cinco segundos, pero sería suficiente como para que el chico, que no tenía una resistencia a la magia mayor a la de un humano común, tras acabar el intenso dolor que de milagro no lo había matado las palabras del elfo resonarían, perdiendo esta vez su tono amigable que había mantenido hasta el momento, tornándose sus sugerencias duras órdenes que de no acatar le costaría muy caro.

-Quiero que acabes con el encapuchado. – dijo con un tono que haría que la sangre de Kreos, todavía recuperándose del brutal conjuro, se helara – Te voy a dar tu “juguete” – añadió mientras mostraba de nuevo la espada gigante que el ladrón solía portar – Pero como se te ocurra revelarle algo…morirás de una manera horrible. – sin más los grilletes de Kreos se rompieron como si fueran simples tiras de papel, ahora podía tomar la miniatura de su espada, la cual se haría grande con su contacto, y salir a la habitación que tenía enfrente, amplia y lujosa, se le había encomendado una nueva misión, pero sin duda alguna, esa misión era demasiado, a menos que no le importara acabar con quien se estaba jugando la vida por él. También tenía la opción de atacar a la pequeña figura de orejas picudas, pero ¿Quién estaría tan loco?
off:
Perdón si este mastereo queda un tanto confuso, como veis, todos tenéis dos caminos. Sebastian, puedes seguir el reguero de soldados muertos de Rikimaru, o ir por el otro camino. Si sigues a Rikiamru llegará un momento que le pierdas la pista, puesto que él va por arriba. Dado que tu agilidad y tu destreza son inferiores a las de Rikimaru, no puedes subir a las vigas, así que si te adentras en el laberinto de biombos... Suerte yao ming Sino la gárgola es esta, por ahora no dice nada, sólo abre los ojos, pero en el siguiente turno formulará un acertijo, puedes aprovechar para descansar si tomas el camino de la gárgola.

Desmond: Tal y como dice, al entrar dentro del castillo ves otra puerta entreabierta, y cuando abras esta verás una mujer más bien escasa de ropas, como una geisha, que lleva una bandeja con cuencos de arroz. Sino te das prisa en taparle la boca gritará. Una vez le tapes la boca puedes entrar al cuarto (Descripción a tu antojo) e interrogarla como te venga, o sencillamente también puedes matarla, como veas xD.

Kreos: Tras el brutal conjuro el elfo te devuelve la espada, únicamente la Buster Sword, y te deja marchar. Puedes intentar atacarle, o simplemente salir del lugar, tu camino ahora es descendente, al contrario que el nuestro es ascendente, estás en un octavo piso, así que nada de saltar por la ventana xD. Te recomendaría cautela, los guardias no saben que eres un infiltrado.

Gárgola:





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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Desmond Morgan el Jue Sep 15, 2011 1:51 pm

En aquel lugar solo se escuchaba mi respiración entrecortada, y mi única compañía eran los cuerpos de los dos guardias inertes. La trampilla no me dio ninguna pista de donde pudiera estar el joven ladrón, pues en ella no se escuchaba absolutamente nada, pude comprobar que estaba abierta así que
sin dudarlo un segundo me escabullí por ella. Hasta donde habías llegado Desmond Morgan, ¿Era este el camino correcto? O ¿Estabas apunto de caer en una trampa? El tiempo lo diría pero lo seguro fue que por aquellos pasillos fui todo lo cauteloso que pude hasta llegar a una habitación agudicé oído y oí el ruido de la valiosa porcelana eche una mirada y vi a una mujer semidesnuda y volví a esconderme apoye la cabeza contra la pared, mi pasajero oscuro necesitaba una victima necesitaba un ritual, y aquella chica … era inocente hasta donde yo sabia, pero, si estaba aquí seria por algo no creo que fuera una hermanita de la caridad, así que salí de mi escondite, corrí los pocos metros que había, le tapé la boca y le noquee con el cestus,

Y aquí estamos otra vez, y va a pasar una y otra y otra vez. La habitación de matanza ante mi una inocente chica, con unas improvisadas ataduras y una improvisada mesa de aquella habitación, le puse una mordaza en la boca y me prepare para la función. Mi cara se reflejaba en mi mancillada daga, aun así, esta parecía tan impoluta y dispuesta a quitar vidas como siempre mediante mi ritual la joven se despertó e intento gritar.

-Yo no me molestaría, aquí ya nadie puede oírte.-dije y me dirigió una mirada de pavor, eso hacia mas fuerte a mi alter ego. -Bien, bien, bien. Ahora te voy a quitar la mordaza, necesito que respondas a algunas preguntas.- cogí la tela que hacia de mordaza me la guarde y la deje hablar.

-¿Quien eres?-preguntó ella.

-Recibo muchos apelativos, monstruo por ejemplo es uno pero tu me puedes llamar Desmond.- dije pasando la daga por la mesa y rayando esta la chica no parecia tan asustada como me imaginé.-Bien, entonces, si no tienes nada que decir vayamos al grano. ¿Donde teneis al chico?-

-¿De que chico me hablas?-dijo la joven, no tenia tiempo, Kreos estaba en peligro y posiblemente muriera antes de que yo llegara, asi que saque mi pasajero mas oscuro y con mis propias manos le presione el cuello.

-Dime, ramera, donde lo teneis.-¿Que estaba pasando, Desmond? Desde cuando te comportas asi, impulsivo, no me reconocia, pero a la vez me gustaba. Reflejé mi rostro en la daga que sostenia frente a mi la chica permanecio impasile aunque aun se notaba que se habia asustado con mi reaccion.

-Bueno, ¿me lo vas a decir?-la chica no abrió la boca y a mi se me estaba agotando la paciencia- no tengo tiempo para estos juegos- como me imaginaba la chica estaba usando la inutil tactica de preservar su vida unos breves instantes mas al precio de no hablar ni decir nada asi que, cuando levante la daga por encima de cabeza y me dispuse a clavarsela en el centro del pecho para dar una estocada mortal, habló.

-Esta bien-dijo, y cuando lo hizo, le temblo la voz- esta subiendo las escaleras no se en que piso-

-Bien, ¿algo mas que deba saber?-

-No, no se nada mas, por favor no me mate.-yo sonreí y con toda la tranquilidad le puse otra vez la mordaza y le hice una incision en la mejilla y empezó a salir sangre saqué mi cajita donde tenia los frascos vacios y con sangre de otras victimas y cogí la muestra de aquella joven, era una victima mas, tenia que quedar registrada como tal. Tras esto me dispuse a acabar con mi ritual:

-Ojala hubiera otra manera, pero te aseguro que no la hay, que encuentres paz allá donde vayas, requiescat in pace- y tras esto clavé la daga en el centro de su pecho lo que le dio muerte al instante. Vale me la tenia que jugar subir aquellas escaleras no sabia lo que me esperaba y tampoco si habia rivales a batir, pero iba a salvar al joven.




Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Sebastian Michaelis el Mar Sep 20, 2011 4:37 am

Llevaba muchas manchas de sangre recorridas, cada una mas profunda que la anterior, cada una mas esparcida que la anterior, algo que me perturbaba, de solo pensar en el pobre alma que limpiaría esos simples pisos , impregnados de sangre; ya me costaba horrores quitar las de la vestimenta de mi amo, y mas con aquella vampiresa hermosa alertándose ante el primer olor a sangre que impregne la casa, algo severamente molesto; tras avanzar lo suficiente, me vi en una habitación rodeada de velas, algo bastante molesto, el simple hecho de estar bien iluminada le quitaba el sigilo. Sin embargo pude apreciar gracias a esto un filo rojo ala derecha y pasos ala izquierda, seguido de un sonido intenso y seco, como el de una pesada armadura caer al suelo. Avance silenciosamente hacia adelante y me encontré en una encrucijada…- dos caminos…-dije mirando a ambos lados, concentrándome en no ver a nadie- será mejor que me transforme para pasar desapercibido- murmure tras colarme detrás de una columna, transformándome en gato, sonreí de lado y comencé a correr por el pasillo de la izquierda. El pasillo, oscuro y frio, parecía encogerse a cada paso tanto que me pareció una eternidad que se encogía, como caer en un embudo sin fin. Avance por el interminable pasillo hasta llegar una puerta a medio abrir, casi en oscuridad total; pase por la comisura de la puerta en mi forma de gato, sin siquiera mover la puerta y me acerque a la única luz que se emitía, resultando esta, ser un gárgola. Me acerque lentamente a ella, y la misma abrió los ojos, sorprendiéndome, haciéndome quedar en pose de gato a la defensiva.
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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Aoash el Mar Sep 20, 2011 6:21 pm

El shinobi avanzó pasando por encima de las cabezas de sus enemigos hasta la enorme puerta con el dibujo del demonio de cara rojiza y colmillos de oro. Sus ojos chisporroteaban con magia y su gesto estaba torcido en una mueca de desagrado, como si supiera que el felino guerrero de sombras estaba enfrente. La figura estilizada y negra del hombre de cabello blanco y ojos morados se puso lentamente en pie sobre una de las vigas trasversales que cruzaban el laberinto de biombos. Su mirada se cruzó con la de la puerta demoníaca sobre la cual había inscrito un nombre: “Rashomon” El ninja conocía perfectamente aquel nombre, el nombre de los dos gemelos demoníacos que antaño ya había encarado, nunca había sido capaz de vencerles, pero tampoco ellos a él. Juntos eran letales, pero por separado no eran más que burdas sombras que su auténtico yo. Sin que su rostro mostrara miedo o emoción alguna la mano del corredor de polvo se estiró hacia la boca del demonio y rozó sin miedo uno de sus colmillos: -Apertura del primer sello: Kage. – dijo con un tono serio. La puerta respondió con un sordo crujir a sus palabras, abriéndose las dos hojas y dejando que se adentrara en la completa oscuridad que había tras sus hojas. Tras estas Rikimaru pudo observar la magnificencia de la sala, la cual se extendía más de veinte metros hacia un lado y hacia otro. En el centro un tatami que lo aguardaba, la única iluminación eran las velas de pura cera que ardían con fuerza.

Los pasos del ninja recorrieron sin miedo alguno el espacio que separaba la puerta del lugar de combate, sabía que allí debería enfrentarlos a los dos, y sus sospechas fueron confirmadas cuando al poner un pie sobre el duro tatami de pura piedra negra dos figuras saltaron desde las manos de un buda tallado en roca –Las sombras… - dijo una voz joven, no superaría por mucho la quincena: -…te esperan. – terminó otra voz de similar tono pero ligeramente diferente. Ante el ninja se presentaban ahora dos figuras de piel roja, cada una con un cuerno en la cabeza, pero en posiciones contrarias. Sus manos parecían garras afiladas y sus vestimentas elegantes se contraponían al aspecto de demonios que tenían –Os aguardan a vosotros. – fue la única respuesta que salió de los cubiertos labios del ninja, haciendo que se moviera su pañuelo negro. Como si aquello fuera más un ritual que un enfrentamiento a vida o muerte como lo era el hombre de cabellos canosos sacó de su vaina la katana junto con la kusarigama de la derecha. Su primer movimiento fue un claro intento de inmovilizar al gemelo derecho, tenía que lograr por cualquier método que los dos demonios quedaran separados el uno del otro, así que rápidamente lanzó la guadaña atada a la férrea cadena hacia su primer rival, el gemelo de la derecha, pero fue inútil, dado que sus garra rápidamente rechazaron el acero de dicha arma, desviándola con uno de sus múltiples pinchos. Una brutal patada golpeó la espalda del hombre de negro, que por suerte resistía mucho más que un humano normal, pero aun así notó aquella patada, la pierna hincándose en su espalda y haciendo que fuera derecho al borde del tatami, donde se frenó en seco como si contra una pared hubiera dado, y es que en ese particular ring una vez se entraba sólo se podía salir de dos formas: Victorioso o con los pies por delante. ¿Cómo saldría el paladín de sombras?

Mientras tanto en las otras salas cada cual tenía su problema, aunque los de algunos se terminarían antes que los de otros. Como por ejemplo es caso de Kreos, el joven ladrón, que actuando guiado por su bravuconería e irresponsabilidad natural, mezcladas además con el rencor hacia ese pequeño ser de orejas puntiagudas, se lanzó contra este, intentando embestirlo con su mortal y gigantesca espada –Necio… - fue lo único que alcanzó a decir el mercader corrupto mientras extendía sus manos hacia el chico. De estas salieron rápidamente las falanges disparadas como balas de una pistola, hincándose en su pecho arrancándole un terrible gemido de dolor mientras la sangre bañaba su pecho. Cayó de rodillas esputando un poco de líquido carmesí, pero no sabía el chico que no terminaba ahí su sufrimiento, sólo comenzaba en ese punto, pues rápidamente los proyectiles óseos se hundirían más en su piel, guiados por la oscura magia del nigromante que haría que recorrieran sus venas, el dolor era temible, suficiente como para que el propio Kreos quisiera arrancarse la piel del pecho para alcanzar el corazón, mas no lo haría, ¿Por honor? ¿Por orgullo? Ojala fuera por eso que el mozo no se suicidaba, pero ahora tenía dentro de él los poderes de la magia negra y estos lo dominaba, o más bien lo dominaron, hasta que tras diez minutos de la más pura agonía, de sufrir un infierno en vida, esta le sería arrancada de entre sus manos. Su alma simplemente se despediría de su cuerpo y el último grito que el joven pudo dar bastó para que en el resto del castillo, siendo la única excepción la sala del tatami negro, se escuchara el estremecedor alarido de dolor, lo último que saldría de la boca del joven ladrón. Un alma más que caía a manos del mercader corrupto.

Al menos él ya había dejado de tener problemas, no como el encapuchado, que tras matar a la geisha de pocas ropas y menos vergüenza acababa de mandar al traste gran parte de una misión que pasaba por manos de cargos mucho más altos que el propio rey de la ciudad elfina. Al menos ahora podía redimirse, no podía salvar al joven ladrón, no podría enmendar su error, pero al menos podía hacer por llevar a cabo la misión que debía cumplir la mujer ninja. Al morir esta había abierto las manos, dejando ver un frasco que ponía “veneno”, viendo que cargaba con una botella de alcohol no había que ser un genio para ver cuál era el plan. El problema ahora era que Desmond no podría entrar como lo hubiera hecho la kunoichi en sus aposentos, sin duda, lo mejor que podía hacer ahora el asesino encapuchado era intentar salir bajo la luz de la luna para seguir los pasos de los otros dos, ¿Pero lo haría?

---
La gárgola lanzó una petrificante mirada al hombre gatuno, destransformándolo al momento con su poderosa magia. Sus manos se movieron haciendo que el cirio que tenía entre ellas iluminara un poco más, dejando ver su macabro gesto sombrío:

Así cayó el intrépido explorador
Su persona quedó prendada de dolor
La muerte era segura, inminente
Sinónimo de que la vida no perdura
Y el prejuicio de lo indigente

¡Si salvarte quieres, entrometido,
deberás luchar por todo lo vivido,
una lucha mental,
un reto poco convencional.

Deberás pronunciar una frase;
Envenenado morirás si esta sólo goza de verdad
En la hoguera morirás si se recrea en la falsedad
¿Cómo alcanzó pues la divina libertad?

dijo la gárgola como si fuera un autómata preparada para preguntar eso a quienes se acercaran. Si Sebastian se creía capaz de responder con acierto a la pregunta y era capaz de responder bien al acertijo una puerta tras la gárgola se abriría para dejarle paso a un piso superior tras subir por un angosto pasillo. Sino, la mirada de pétreos de la gárgola se tornaría roja como la sangre y lo mandaría a un mundo de sueños para que luego despertara dentro del tatami con el ninja ¿Qué elegiría? Tenía dos opciones, ambas igual de peligrosas, ambas igual de traidoras, faltaba ver cual elegía.
---
Off: Abriré un tema en el off-rol para poner mejor las cosas xD





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Re: Strike of the ninja (I)

Mensaje por Desmond Morgan el Dom Sep 25, 2011 12:19 am

Estaba preparando la sala para que allí pareciera que no había pasado ni una sombra pero cuando lo estaba haciendo la mano de la chica se abrió y se dejo entrever una botella de veneno y en la otra una de alcohol. ¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA! Lo comprendí todo al instante aquella chica iba a envenenar al mercader y todo se iba a acabar, era una inocente, es mas era un aliada y yo sin escrúpulos había acabado con su vida convenciéndome de lo contrario, mi código, lo siento Quinn, mi código estaba roto, había roto la parte mas esencial de este, jamás me perdonaría una cosa así, Quinn tu me enseñaste todo, y yo lo he mandado al traste. Me apoye en al pared con la botella de alcohol y la de veneno en mis dos manos, miraba a la chica con un poco de esperanza de que se moviera, Pero sabia que no había ninguna esperanza, Quinn me enseñó donde esta cada parte del cuerpo, y como bien hacia en todos mis rituales le había seccionado la aorta sin dejarle ninguna posibilidad de vivir y causándole casi una muerte inmediata.

-Ves Desmond, te dije que no hicieras las cosas por tu cuenta-dijo un hombre sentado a mi lado.

-Que hago Quinn, que hago con esta sensacion de...-dije sin saber como describirla.

-¿Culpa?.-dijo mirándome sorprendido.-Eso es bueno, Desmond.-dijo golpeándome en el pecho.-Es bueno significa que aun valoras el código, jamás renuncies a el. Este, solo a sido un hecho aislado.-la habitación quedó un rato en silencio y Quinn me seguía mirando.-Desmond, ¿Crees que yo nunca me equivoque? ¿Que nunca maté a un inocente?. Esta cosas pasan, solo tienes que vivir con ello, y si tienes sentimiento de culpa, quizás no seas tan monstruo como creías.-

-No, Quinn, ahora soy uno peor.-dije-Y voy a tener que vivir con e...-un grito desgarrador hizo desaparecer a mi difunto padre al instante y recupere la alerta.-¡Kreos!-exclamé había fracasado, había matado a un inocente y, no podía arriesgarme tanto como para buscarlo por a saber cuantos pisos tenia esto así que, había dejado que muriera otro pero esto no se iba a quedar así iba a acabar con aquel mercader fuera con fuese, ese mercader iba a acabar sobre mi mesa y yo personalmente me iba a encargar de ello. Ahora quedaba buscar otro camino, salí de la habitación y vi las escaleras, apreté el puño, no podía dejar a un niño, al fin y al cabo es lo que era, solo contra todo tipo de tortura, no lo podía hacer. Me guardé la botella de veneno y la de alcohol en la bolsa y subí, solo esperaba que Kreos aun estuviera con vida donde quiera que estuviese. Y solo esperaba encontrarme con aquel mercader y acabar con su vida, por que esto pasaba a formar parte de mi codigo: venganza.


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1) No matarás inocentes.
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3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Re: Strike of the ninja (I)

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