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La Torre de lo Arcano

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La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Lun Ago 22, 2011 9:07 pm


Los archipiélagos de Thonomer son una serie de islas rodeadas de aguas traicioneras y tormentas impredecibles. Pocos marineros surcan estas aguas por el peligro constante de las olas y la gran cantidad de remolinos generados por las corrientes polares descendentes que convergen en los islotes como si se tratara de embudos naturales que concentraran los vientos y las corrientes marinas para formar peligrosos vórtices de agua arremolinada, eso sin contar a la cantidad de bestias marinas y monstruosidades que habitan en las profundidades del mar y que ascienden a aguas superficiales con el único propósito de destruir navíos o conseguir alimento en aguas más cálidas.

Sin embargo, a pesar de los peligros que implica el navegar a través del archipiélago, aún existen algunos navíos que surcan estas aguas con el fin de transportar a aventureros y turistas hasta las ciudades costeras de Carlinshore y Kall'Yndrell las cuales son consideradas como dos de las ciudades más atractivas para los aventureros y turistas adinerados que deseen disfrutar de los paisajes paradisíacos y del sin fin de ruinas, templos y calabozos abandonados y sus secretos sin descubrir.


[Carlinshore]



El círculo de Carlin, algunas millas al norte de Thaimoshi Ki Nao, es conocido así por ser un conjunto de pequeñas islas que rodean a una isla central de gran tamaño, lugar donde se estableció la gran ciudad costera de Carlinshore. Esta ciudad se destaca por ser un lugar donde converge la mayoría de las rutas navales de estas aguas, siendo así el mayor puerto mercante público de todo Thonomer. En Carlinshore se pueden encontrar todas las atracciones turísticas de una isla tropical como hoteles de lujo, cruceros exclusivos y eventos culturales de gran colorido. Así también, la ciudad de Carlinshore es considerada un paraíso mercante. Al ser una ciudad independiente del gobierno de alguna ciudad estado, nadie está obligado a pagar impuestos sobre los productos o servicios que ofrecen. Por esta razón, Carlinshore se considera un puerto libre gobernado por sus propios ciudadanos y alimentado con las riquezas de los propios empresarios y mercaderes que desean hacer de este puerto un lugar de residencia y comercio.

Para poder llegar a la ciudad de Carlinshore, los navíos deben dar un rodeo entre las muchas islas e islotes cercanos que forman el círculo debido a la gran cantidad de arrecifes rocosos y a los remolinos que rodean muchos de los accesos más angostos que separan a las islas más pequeñas de la isla principal. Razón por la cual, el viaje aéreo o los servicios de tele-transportación mágica son muy solicitados pero muy costosos.

------


[Torsten Flinn]

El navío mercante llamado "El azote del mar", comandado por el capitán Torsten Flinn, es uno de los pocos navíos que surcan las traicioneras aguas de los archipiélagos. Se trata de un galeón mercante de gran reputación el cual transporta una gran cantidad de mercancías y viajeros en busca de los retos que estas islas pueden ofrecer y uno que otro turista con suficientes agallas. El azote del mar ganó su reputación de buque invencible gracias a su intrépido capitán, el cual era tachado de insensato al querer viajar sin importar los impedimentos del clima o de las turbulentas aguas. Torsten Flinn nunca había llegado tarde a una entrega y eso le hacía el capitán más reconocido de los Archipiélagos.


[El azote del mar]

Durante su última parada, en la isla de Thaimoshi Ki Nao, un grupo de más de quince personas abordaron el navío con el objetivo de arribar al puerto mercante de Carlinshore, la última parada en el recorrido del capitán Flinn. El grupo era conformado, en su mayoría, de aventureros y mercenarios con la esperanza de encontrar fama, fortuna o poder en esta parte del mundo. Pero poco preparados estaban para la tormenta que se cernía sobe ellos.

Una tormenta que más allá de probar su resistencia al mar, probaría su voluntad y su fortaleza ante los horrores que se esconden mas allá de las aguas exploradas...

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Como uno de los aventureros abordo del gran navío conocido como "El azote del mar", tomarás parte en una campaña llena de misterios, intrigas y situaciones de alto riesgo, donde tu propio razonamiento y tu buen manejo de personaje te darán las llaves para el éxito. Recuerda pensar antes de actuar y así evitar convertirse en alimento para los peces.

La aventura los espera en las islas indomables del círculo de Carlin.

¡Todos a bordo!
¡El azote del mar a comenzado su viaje!


Spoiler:

Saludos valientes aventureros.

A partir de ahora comienza nuestra aventura y antes que nada quisiera agradecer su interés en la historia y les deseo lo mejor. ^-^

Me gustaría dejar en claro algunas instrucciones para que tengan en mente:

*Durante mi mastereo incluiré Spoilers como este con el fin de brindar mayor información con respecto a cualquier situación o lugar en el que estén. Por tal motivo, eviten agregar elementos o describir lugares que no hallan sido mencionados por mí durante el post. Con esto pretendo mantener cierto control sobre el ambiente que nos rodea.

*En ciertas ocaciones participaré como personaje o incluiré diálogos que mi personaje dirá hacia los presentes. Podrán identificar los diálogos de mi personaje "on rol" cuando vean texto de este color.

*No hay orden de posteo. Por lo que pueden poner sus respuestas en cualquier orden a menos que yo les diga lo contrario.

*Tienen una semana a partir de hoy [Lunes] para postear su turno. Una vez que todos hallan posteado procederé a publicar mi mastereo con nuevos detalles e instrucciones a seguir. Esto puede ser antes de haber pasado la semana entera si es que todos ustedes postéan antes del límite establecido.

*Cualquier jugador que no postee dentro del plazo de una semana será meritorio de una amonestación, habiendo perdido de esta manera su turno durante esa ronda y pudiendo quedar en una situación de riesgo gracias a su inactividad. Dos amonestaciones implicarían la muerte de su personaje, por lo que les pido sean constantes.

*Si alguien considera que no podrá postear dentro del límite de tiempo, les pido me manden un mensaje privado con mucha anticipación explicando sus motivos. La decisión de amonestarles o perdonarles la ausencia dependerá de la situación en la que esté su personaje.

Eso es todo por ahora. Cualquier duda o comentario que tengan pueden mandarme un mensaje privado. Incluso pueden preguntar algún detalle que requieran saber sobre los lugares que visiten en pro de aumentar la calidad de su posteo.

Mucha suerte y disfruten del viaje ^-^




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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Zevran el Mar Ago 23, 2011 12:04 am

Había pasado una semana después de lo sucedido en Thalis y con aquel viejo mago. Me volvía a encontrar en el Thalaria, el galeón mercante que anteriormente me había transportado aquella isla. Tuve suerte de que siguiesen en el muelle, aunque seguían acordándose de mi incidente con aquella mujer y con sus hermanos. Parecía que tendría que aguantar sus burlas durante todo el viaje, cosa que no me alegraba mucho. Cada vez que fregaba los suelos, un graciosillo me daba un susto por detrás gritando: ‘’ ¿Qué le has dicho a mi hermana?’’ Y yo tengo que reírle la gracia, si no se pasarían horas recordándolo.

¿Es que nadie había cometido un error? Como siempre, era el bufón de la corte. Pero he de admitir que prefiero eso, antes que estar rodeado de serios y con palos metidos por el culo. Vale que a veces cansaran, pero su encanto residía en eso. Una de las cosas buenas que tenía aquella situación, era que me invitaban más veces a cerveza y a juegos que antes. Me había ganado la confianza de la tripulación y eso me alegraba.

Habíamos vuelto a la mar, esta vez el viaje duraría bastante más puesto que nuestros siguientes encargos se encontraban en islas lejanas y con riesgo de ataques piratas. Por eso el capitán había decidido tomar la ruta más segura, que suponía tener que dar un gran rodeo y tener que parar en una isla que no teníamos al principio previsto; pero al ver que nos íbamos a quedar sin provisiones si no hacíamos esa parada, el viaje se retrasaría aún más. No me importaba mucho este aspecto, me estaba acostumbrando a limpiar la cubierta y fregar los platos e incluso estaba considerando la idea de quedarme.

Vale que no fuera la vida más emocionante, pero me gustaba la idea de poder sentir el vaivén constante de las olas sobre el barco mientras dormía en la hamaca. También me podía acostumbrar al olor de la sal y la compañía constante de hombres, con los cuales me podía echar unas partidas o unas risas. Pero lo mejor de todo era… ¡No más templarios! Claramente eso era lo mejor de todo, saber que nadie vendrá por la espalda y te obligará a volver a la Torre. Cada día que pasaba los odiaba más y también sentía más pena por mis compañeros magos. Esto era lo único que hacía mi nueva vida imperfecta, me daba igual que la gente me persiguiera y me considerase un apostata pero lo que me dolía era que había gente como yo que no había tenido tanta suerte y aún se encontraban atrapados en aquella jaula de oro.

Aunque también había magos a los que los templarios dejaban salir pero bajo constante supervisión, eran pocas excepciones. Por eso no podía quedarme en aquel barco, tenía que cumplir mi promesa de liberar a todos los magos y acabar con los templarios y su yugo de represión. La magia no era tan peligrosa como la gente quería verlo; tienen miedo a lo desconocido, a lo que no pueden explicar y por eso lo temen. Nos encierran en Torres para contenernos y solo usarnos en caso de emergencia. Esta no es la mejor forma de progresar, de hacer frente a lo desconocido y poder sacarle máximo provecho. Por eso me gustaban las demás razas y culturas que estaba estudiando, porque no temen a la magia y sacan el mayor partido.

Mi nueva vida tendría que esperar, tendría que cumplir antes mis metas.

Ya había pagado mi deuda con el capitán y la tripulación, pero estos creían que me quedaría y trabajaría con ellos. Me veían como un pobre ratero de ciudad y desafortunado patán; no sabían que era en realidad un mago puesto que si lo supiesen podrían tirarme por la borda o llamar a los templarios, no quería arriesgarme a correr ese riesgo y causar más molestias de las ya echas. Por eso jamás se esperaron que bajase en aquella isla, que les dejase abandonados y con ganas de gastarme más bromas de las suyas. Debía admitirlo, les había cogido cariño pero no podía quedarme allí sabiendo el deber que tenía que hacer.

Con una triste sonrisa, cogí mi saco de pertenencias y me adentré en la marea de gente que circulaba por los alrededores del muelle. Pude escuchar al fondo gritos de despedida y de suerte, los cuales me reconfortaron bastante.

No sabía cuál iba a ser mi nuevo paso, por lo que decidí hacer como siempre que desembarcaba con el Thalaria en una ciudad portuaria… Ir a la biblioteca más cercana y estudiar un poco las costumbres y culturas de la isla; y tal vez después, buscaría algún trabajillo que hacer para poder ganarme un poco más de dinero o ir en busca de alguna caverna interesante o criaturas extrañas. Tenía que recuperar todo el tiempo perdido y no sabía cómo empezar, eso era lo peor de todo. Odiaba esa sensación de no saber qué hacer y después no acabando haciendo nada.

Saqué mi cuaderno de viaje y anoté el nombre de aquella isla ‘’Thaimoshi Ki Nao’’, la cual coloqué unas páginas después de la isla que anteriormente acababa de partir ‘’Thalis Nertheliam’’. La cual ahora que me acordaba, no tenía Torres del Círculo pero sí que pude notar como había algunos templarios en la isla. Poco tardarían en convertir las academias en Torres y colocar a templarios por doquier. Lamentaba el poco tiempo que tuve para poder aprender más de ellos, pero mi barco tenía que partir y si no lo cogía no podría permitirme otro en bastantes días.

A la vez que iba anotando cosas, me iba abriendo paso entre la gente mientras intentaba escribir bien y sin mala letra; quería conservar aquel cuaderno en perfectas condiciones y cuando fuese famoso venderlo como una biografía. Ya tenía hasta título: ‘’Hijo del destino’’. Bueno, era provisional hasta que encontrase uno mejor.

A lo que iba, mientras caminaba por aquellas angostas calles pude escuchar cómo la gente empezaba a hablar sobre un barco que había llegado y que su próximo destino iba a ser una isla paradisíaca. No les hice mucho caso, tenía cosas más importantes en las que pensar y escribir. Pero poco a poco, más y más conversaciones sobre aquel barco llegaban a mis oídos. Se trataba de un galeón también mercante y se llamaba ‘’El azote del mar’’ y su capitán se llamaba Torsten Flinn. Cada vez que escuchaba algo sobre aquel tema, negaba para mí la cabeza. No podía subirme de nuevo a un barco, después de haber tenido que despedirme del Thalaria… Sería hipócrita por mi parte y no quedaría nada bien.

Pero, siempre podría volver a aquella isla y documentarme un poco. Era más importante anotar mis aventuras, que datos estúpidos de una isla a la que visitaba. Sin pensarlo dos veces seguidas, giré de nuevo sobre mí mismo en dirección al muelle para ver si encontraba a aquel famoso galeón. No sabía cuánto me pedirían de viaje, pero había conseguido bastante dinero con las apuestas y juegos; pero si tampoco tenía suficiente, podría recurrir a pagar lo que faltaba con mis servicios.

Tuve suerte de que aún no hubiese partido, por lo que mi siguiente destino ya estaba decidido. Mientras subía por la pasarela, observé la gente que subía. Muchos no tenían la apariencia que esperaba de gente que buscaba placer y relax, me parecían más bien mercenarios y guerreros. Al llegar a la cubierta, uno de los tripulantes me pidió que le entregara el importe, por suerte tenía lo justo para pagarle. Acto seguido, me entregó una tela de hamaca junto con unas cuerdas para poder usarla como cama puesto que solo tenía dinero para eso. Ya me había acostumbrado a dormir en una de estas, así que le respondí con una sonrisa mientras guardaba todo en mi cartera de viaje. Más tarde la colocaría, pero ahora quería sentarme un poco y observar el barco en el cual me iba a alojar durante los próximos días.

Saqué de nuevo mi cuaderno y para no molestar a los que cargaban con mercancías o los marineros que pasaban de un lado a otro del galeón, decidí irme a la proa. No me senté, porque quería poder ver con detenimiento a la gente que iba o venía y así poder anotar todo lo que sucedía.

No sabría explicarlo, pero tenía el sentimiento de que estaba a punto de depararme una gran aventura.



''Esto... Yo no lo hice'':

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Wrathowar el Mar Ago 23, 2011 8:31 pm

Ya llevaba un buen tiempo en los archipiélagos del continente Geanonstrum, aún no tenía mucho que decir respecto de mi última aventura en uno de los tantos islotes que hay en esa zona. Solo me cabe mencionar el nombre de mi último paradero; Jisengard si mal no recuerdo. Ahora me encontraba caminando por las calles de Thaimoshi Ki Nao.

Desde el comienzo de mi última aventura, como siempre, el mago que decía haber sido amigo de mis padres me había hecho buscarlo, pero como se presentó una aventura de por medio a penas si me había dado tiempo. Después de aquella aventura decidí que ya podía mantenerme por mi mismo, al menos mientras me mantuviese entre el territorio de los archipiélagos. Habían muchas leyendas que escuchar y muchas aventuras que vivir. La búsqueda de Greyland podía seguir esperando, era demasiado bueno escondiéndose así que podía pasar meses buscándolo. En vez de eso prefería vivir más aventuras y dejar que se muestre solo, también podía encontrarlo en una de estas o bien podía encontrar otro maestro que hiciese bien su trabajo. Lo último me parecía la mejor opción, pero bueno... Conocer un poco más de esos islotes tampoco parecía una mala.

Mi padre había sido un gran mercenario, es por esto que conocía el lugar donde la gente como él se juntaban a conseguir trabajo, a descansar o a festejar. Una taberna. Hasta ese entonces nunca había estado en una. Normalmente solo frecuentaba posadas donde los viajeros pasaban a dormir, había sido un camino largo hasta Geanostrum, pero por alguna razón Greyland vio innecesario llevarme a una taberna. Así que decidí descubrir ese motivo por mi mismo.

Era ya casi medio día cuando vi a un grupo de marineros dirigirse a una casa bastante grande. A simple vista parecía casa, pero además una algo poco mantenida. Me dio curiosidad ya que había escuchado a mi padre decir que las tabernas más viejas y de mala apariencia eran donde solían juntarse los mercenarios más peligrosos además de bandidos y toda clase de hombres de baja reputación, perseguidos por la ley o armados hasta los dientes. No esperaba encontrar hechiceros ahí, pero deseaba conocer al tipo que mi padre alguna vez hubiera podido haber considerado compañeros de equipo.

Una vez en la puerta pude confirmar que era una posada, pues había un letrero sobre el marco de la puerta que no solo anunciaba el tipo de comercio sino que su nombre; ¨La taberna del ojo de loco¨ No era un nombre muy original ni llamativo, pero después de haber visto las condiciones del edificio no era de esperarse mucha originalidad por parte de los dueños.

Apenas abrí la puerta el pasillo comenzó a iluminarse poco a poco con lo que varios sujetos que se encontraban a la entrada lanzaron una mirada de disgusto al verme entrar por ella. Evité tragar saliva al ver el aspecto de estos. Varios tenían más de alguna cicatriz en el rostro, se veían imponentes. Un cuerpo formado por miles de batallas y un rostro de ultratumba más diversos tipos de vestimentas siendo el negro el color dominante. Cerré la puerta inmediatamente y tratando de no dirigir por mucho tiempo mi mirada a los sujetos me dirigí hacía la barra.

– Hey, lindas espadas muchacho. ¿Qué haces jugando con las armas de tu padre? Seguro se enojará cuando llegues a casa – Dijo el sujeto que tenía entonces sentado a mi derecha. Mi mirada cambió rápidamente de nerviosa a mostrar un odio profundo. El sujeto vestía harapos sucios y negros, era bastante gordo y medía al menos el doble que yo, además estaba tan borracho que su aliento a alcohol podía sentirse a kilómetros sin necesidad de poseer olfato de licántropo. – Al menos no me gano la vida robándole el dinero a los niños y me hago pasar por un hombre, además uno borracho – Respondí realmente enojado al borracho en cuanto este se disponía a tomar una botella vacía para usarla como arma y yo llevaba mis manos al mango de mi espada, pero entonces algo sostuvo nuestras manos con gran fuerza para impedir que cometiéramos alguna estupidez.

– ¡Pero qué! – Gritamos ambos al unisono mientras nos dábamos vuelta para ver quien nos había detenido antes de comenzar la pelea. Aunque quien se llevo la mayor sorpresa fui yo al ver que se trataba de Greyland, con su capa descubierta y por la ocasión mostrando su rostro.

– Es cierto lo que dicen, Neizan. Sacaste las agallas de tu padre, por eso no te había traído aún a una taberna. En cambio tu pedazo de grasa debería avergonzarte buscar pelear con un niño que podría ser tu hijo – Dijo bastante molesto para luego soltar con fuerza nuestras manos. Aún no sabía como responder pero el borracho si. Él aún sujetando la botella la iba a usar como un martillo, mas su ataque fue detenido por una fuerte patada en el estómago por parte de Greyland.

– Arreglaremos esto como los hombres, entre ustedes dos – Dijo en tono y mirada burlesca mientras miraba al borracho y sacaba dos boletos de uno de sus bolsillos. – Ambos embarcaran en “el azote del mar” que zarpara hoy. No hay reglas una vez a bordo, quien vuelva con vida será el ganador – Dijo para luego poner los boletos en la mano de cada uno de nosotros. – ¡Bah! Seguro que el niño vuelve llorando con sus padres. Yo me largo de aquí – Dijo el borracho saliendo de la taberna y para cuando esto sucedió y quise volver a fijar mi vista en Greyland este ya había desaparecido.

(…)


Y ahí estaba ya en cubierta esperando porque me pidiesen el boleto, sin señal alguna ni del borracho ni de Greyland. Aparentemente lo único que tendría que hacer sería volver con vida sin preocuparme del borracho para ganar el desafío.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Dom Ago 28, 2011 11:44 am

Un par de semanas, quizás un mes; el tiempo que llevaba vagando a través de los diferentes islotes, en los archipiélagos de Thonomer. Y la verdad era que, no eran absolutamente de su agrado, pues ella y el agua nunca se habían llevado del todo bien, y mucho menos Loba y el agua. Sin embargo, aquellas tierras no estaban para nada mal, y si alguna de ellas era capaz de devolverle lo que estaba buscando, se vería agradecida por lo que quedase de los tiempos. La verdad era, que desconocía por completo las posibilidades que tuviese de dar con el paradero de su hermana, tampoco estaba conforme con su elección respecto a búsqueda, pero de a poco debía agotar las posibilidades. A pesar de que el planeta fuese extenso y de que, a medida que ella avanzara, su hermana podía alejarse, una y otra vez, más y más.

Actualmente se encontraba en Thaimoshi Ki Nao, en una ciudad que la cautivaba completamente y hacía que se olvidara del agua que la rodeaba y se preocupara incluso más de no perder a su compañera Loba en medio de toda la multitud y del comercio. Por las noches era un lugar encantador, que quizás en otros tiempos podría haberle recordado algo como un hogar, con tantas luces que se presentaban de manera cálida a través de papeles de tonos abrasadores. Sin duda alguna, lo que más llenaba su alma de aquella sensación de pertenencia, eran los numerosos cerezos. Cierto era que el tono de los pétalos le causaban cariño, una especie de ternura que no acostumbraba a mostrar por inseguridad, y por aquella misma razón, disfrutaba de escapar hacia los templos que se hallaban fuera de la ciudad, a refugiarse bajo alguno de los gloriosos árboles con Loba en sus brazos, tratando de deshacerse a través de ella de toda esa emoción que podían llegar a generar esos hijos de la naturaleza. Había extraviado muchas tardes de aquella manera, regresando a la ciudad por las noches para descansar y escapando al amanecer, para evitar las aglomeraciones de gente, y salvarse un poco a sí misma. Seguía siendo tan insegura como siempre respecto a las cosas que podía o no podía sentir, antes que eso, sobre las que podía decir que sentía y las que no.

Al escaparse olvidaba lo que realmente buscaba, lo que realmente deseaba hacer. Había tardes en que se decidía por completo, y consideraba la elección de asentarse en la ciudad, pues vivía bien, el dinero que entregaba no era excesivo, y disfrutaba de la paz diaria de quedarse bajo un cerezo, una paz que sólo encontraba allí, de momento, y el ronroneo de Loba, bajo esa calidez, parecía mucho más amable. Y aquella paz por sí misma le entregaba el sentimiento de culpa, y las palabras las comentaba en voz alta:

-Estás sentada disfrutando de la brisa y los pétalos que se desprenden, mientras que tu hermana podría estar sufriendo, esperando por ti.

Aquel sentimiento crecía cada día un poco más, a medida que avanzaban las semanas, hasta tal punto en el cual la paz dejó de llegar, y sólo se encogía su pecho y suspiraba, sin saber bien qué hacer, pues estaba cansada de vagar, sin encontrar nada, pero sobre todo estaba cansada de vagar en tanta soledad, porque aunque bien, Loba era su compañía desde el principio de su tiempo, a veces deseaba sentirse un poco más humana.

Se hizo presente una tarde en la que sus sentimientos ganaron a su razón, y emprendió el paso hacia la ciudad, hacia el establecimiento en el cual se había estado hospedando todo ese tiempo. Necesitaba encontrar a la mujer que le daba asilo, hablar con ella, preguntarle si había algún modo de salir de allí, a un sitio diferente, un modo que la llevase mucho más lejos, donde no hubiese buscado antes.

-Ahora que lo mencionas,- comenzó la anciana, mientras revolvía uno de los cajones de su escritorio.- hace un par de días que vengo oyendo a los marineros hablar de Torsten Flinn.- hizo una pausa.- Es el capitán de "El azote del mar", un galeón mercante.- agregó luego de ver que Clare fruncía el entrecejo.- No puedo asegurarte a dónde se dirige esta vez porque siempre toma rutas distintas, pero sí puedo asegurarte que si te embarcas, puede que te encuentres con grandes aventuras. Al menos así cuentan los que regresan...

Probablemente ésa era la oportunidad que se estaba presentando en su destino para marcharse, para encontrar a su hermana, así que iba a tomarla. No estaba muy tranquila respecto a qué hacer con Loba, pues al desconocer las normas y carecer de casi todo tipo de información respecto al navío, no sabía si podría llevarla consigo. Pero tendría que hacerlo, pues no iba a separarse de ella. Se dirigió al puerto luego de haber cancelado todo lo que debía a la anciana, y de darle las gracias. Allí, de algún modo, reconoció inmediatamente el barco del que formaría parte un par de horas después, contando conque para su sorpresa, el animal no había sido problema, al menos no mientras no ocasionase algún tipo de inconveniente o desorden abordo.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Kenwood Kyrst el Lun Ago 29, 2011 3:49 am

El viento de la costa hacía que el acuciante dolor que el muchacho sentía remitiese un poco, el joven, con un aspecto que daba a entender su corta edad, comprendida entre los 16 y 20 años se encontraba sentado encima de un gran tonel repleto de algún líquido. Se acariciaba con una de sus manos su dolorida mandíbula inferior, enrojecida en su mayor parte; su fuerte mano envuelta en un guante metálico algo vistoso palpaba con cuidado aquella zona, buscando algún punto en el que el dolor fuera distinto, aunque tras unos segundos, comprobó que su preocupación era infundada.

No era para menos, aquel hombre tenía un gancho de izquierda capaz de partir en dos un bloque de hierro, o así le pareció al joven monje cuando, a raíz de un comentario totalmente inocente, sufrió en sus carnes aquel golpe.

En realidad aquel comentario no fue demasiado inocente, pero es que si no hubiera dicho aquello, ese hombre no habría accedido a pelear con Kenwood, y claro, él no iba a perder la oportunidad de fregar el suelo del puerto con la deforme cara de ese tipo, aunque al parecer a los presentes no les agradó ver la pelea...pfff, a Kenwood no le importaba quien hubiera delante, una pelea solo concierne a los que se involucran en ella, los demás no tenían vela en ese entierro.

Él no era dado a frecuentas puertos, ni zonas en donde el agua abundara tanto, pues al haberse criado en una zona de alta montaña aquellos lugares le eran desconocidos y un tanto extraños, no sabría describir el porqué, pero estaba claro que la gente de costa era diferente a la de montaña; él prefería las montañas a los barcos, al menos ellas no se mueven como si fueran un trozo de madera a la deriva.

Enfrascado en sus triviales pensamientos, pudo observar como un nutrido grupo de gente se agrupaba alrededor de un par de hombres, uno bastante alto y otro algo mas bajito, dado que las personas que se agolpaban a verlo no eran excesivamente altas, y que el joven kenwood se encontraba en una posición algo elevada, pudo ver con claridad que era un concurso de pulsos.

-¡Señores!, ¿cual de vosotros, apacibles pescadores, se atreve a probar su fuerza contra el poderoso Kaleb?, !Hagan sus apuestas señores, él nunca a perdido nunca pero...siempre hay una primera vez para todo¡.

El hombre mas alto gritaba eso con mucha fuerza mientras el otro, hacia grandes aspavientos enseñando, gracias a su ausencia de camisa, unos poderosos músculos, haciendo las delicias del público, los cuales cuchicheaban sobre quien se atrevería a luchar contra él.

Sin mediar palabra, Kenwood bajó de su tonel de un salto, se acercó con grandes pasos al gentío y los fue apartando poco a poco para quedarse frente a frente con el “Poderoso Kaleb”, en absoluto silencio, se sentó en el improvisado asiento que habían habilitado para el duelo, se quitó los guantes de su mano derecha y la colocó en posición.

Todo el mundo se quedó callado por un momento, cosa que no impidió que el resto del puerto fuera igualmente ruidoso; el hombre mas bajo se sentó frene a él y agarró su mano en posición contraria, haciendo una mueca al contactar con la piel del muchacho.

-Tienes unas manos fuertes, muchacho-Comentó con un acento bastante exótico.
En respuesta, Kenwood solamente profirió un fuerte bufido y una agradable sonrisa, a la vez que apretó con potencia la mano de aquel hombretón, notando como sus fibras musculares no estaban excesivamente duras, simplemente estaban muy hinchadas, así que, con un halo de tristeza en su rostro, dijo unas pocas palabras.

-Me decepcionas...-Un tono de tristeza surgió de su garganta a la vez que, con un poderoso movimiento del brazo, logró estampar la mano de su oponente en la madera de la mesa.
El silencio solo se rompió por unos cuantos aplausos por parte del público mas joven, también por los suspiros de alivio por parte de muchos, ya que todo sucedió tan deprisa que ni siquiera tuvieron tiempo de apostar en contra de aquel joven, por suerte.

El poderoso Kaleb admitió su derrota con una sorprendente facilidad, en realidad parecía ser un buen hombre arrastrado por los chanchullos de su hermano mayor, el cual era un avaricioso; comentó a Kenwood que conocía un lugar cerca de allí en donde se reunía mucha gente poderosa para buscar fortuna, y que sería un buen sitio para buscar a un oponente digno, a lo que Kenwood respondió con un gran grito de júbilo.

“Ese es el barco de Torsten Flinn, el Azote del mar”, le dijo, “En él podrás encontrar todo lo que buscas y que, por desgracia, no te he podido ofrecer...pero ten cuidado, a pesar de todo...aún eres un niño, y puede que sea un método demasiado arriesgado solo por un par de peleas...”.

Una persona normal se lo habría pensado dos veces, pero Kenwood era demasiado impulsivo, su espíritu no podía rechazar la idea de una buena pelea, y todo su ser vibraba de emoción en el momento en que por fin supo que iba a poder viajar con gente tan poderosa capaz de arriesgar su vida por fortuna y tesoros, ciertamente estaba muy excitado, pues el salitre del ambiente traía aroma de lucha, una lucha que estaría dispuesto no solo a pelear, sino a ganar para así alcanzar su sueño.

Y eso era en lo único que podía pensar conforme observaba el barco en el que iba a correr tal emocionante aventura.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Lun Ago 29, 2011 10:35 pm

La luz de la ventana dió de lleno en mi rostro, por lo que me giré en la otra dirección en mi lecho y me tapé con la manta completamente para intentar dormir un poco más. Dos minutos despues lo di por imposible y con un suspiro de resignación me levanté, la manta era demasaido fina y no bloqueaba la luz, asi que independientemente de si me gustaba o no había llegado la hora de levantarse.

Me asomé a la ventana y miré hacia el cielo, vaya, ya era mediodía, ¿ya era tan tarde? pues si que había dormido, sería mejor que me pusiese en marcha pronto o perdería el barco, bueno, lo cierto esque no estaba seguro de si partía al mediodía pero por si acaso era mejor que fuese pronto que ya había pagado. Me vestí y ajusté mis armas a mi espalda, me coloqué mi bolsa con la correa de forma diagonal y abandoné la habitación donde había dormido esta noche. Nada más salir al pasillo un delicioso olor me impactó de lleno, ummm, se me había hecho la boca agua, los dueños de la posada debían estar cocinando, claro, en una o dos horas era la hora de comer, pero en esta posada la comida se pagaba aparte y yo tenía que coger el barco antes.

Bajé las escaleras y vi al dueño del local atendiendo a unos cuantos clientes, a estas horas tampoco había demasiada gente, pero cuando hiciesen pausa para comer se llenaría de hambrientos obreros pidiendo a gritos el rancho y una jarra de cerveza o ron.
-¡Eh! - llamé al dueño de la posada - jefe, ten las llaves.
Dicho esto le lancé las llaves de la habitación para que las cogiera al vuelo. Un repiqueteo metálico y una maldición por parte del hombre me rebelaron que no lo había conseguido, pero ni siquiera me di la vuelta para comprobarlo, si no que salí de la posada adentrándome en las calles de la ciudad portuaria. Una corriente de gente circulaba en ambos sentidos de la calle, pero yo seguí recto, atravesando ambas circulaciones causando la protesta de más de uno. No sé porque se quejaban tanto, si no querían verse entorpecidos por alguien que camina perpendicularmente a ellos deberían caminar como una multitud y no como un rebaño.

Bien, veamos, si no recordaba mal el puerto debía estar por ahí....,si, era por ahí. Caminé durante bastante tiempo hasta que dí con el mar, y por defecto con el puerto, bueno, ¿cual sería mi barco? ¡Mierda! ¿Como se llamaba? El Albor de.., no, no era eso..... El amor de..... ¡tampoco! ,a ver, eran 3 palabras, la primera empezaba por "A", la segunda era un "de" y la última no me acordaba, tendría que prestar más atención a estas cosas.... ¡El azote del mar! vaya. me había costado lo mío pero finalmente había recordado el nombrecito. Sonreí para mi mismo, "Azote del Mar", seguro que le habían puesto aquel nombre para impresionar y no era más que un cascarón de nuez.

Contento y silbando una canción seguí caminando por el puerto observando los barcos y sus nombres. Finalmente lo encontré, era el duodécimo que ví y vaya..... no se podía decir que fuese una cáscara de nuez precisamente, menudo monstruo. Entré en el barco entregando el pasaje que indicaba que ya había pagado por la estancia en la nave y se me entregó.... ¿una hamaca? bueno, era cierto que no había pagado precisamente el billete de primera clase, en fin, la guardé doblada en la bolsa, ya la colgaría a la noche. Me apoyé en la barandilla y me dediqué a ver a la gente entrar y pasar.

¿Cuando zarparía?
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Miér Ago 31, 2011 7:43 am


Había sido un día tranquilo para la comunidad de Thaimoshi Ki Nao. El comercio y las atracciones de aquella paradisíaca isla de gran colorido eran tan amenas como de costumbre. Sus calles repletas de viajeros de todas las clases sociales en busca de diversión o relajación así como también había gente en busca de aventuras y nuevos horizontes.

El puerto de Thaimoshi Ki Nao estaba repleto de barcos mercantiles y cruceros de gran calidad. Todos anclados y a la espera de una tormenta presagiada, la cual solo los marineros más experimentados podían sentir en su piel. Nadie zarparía a mar abierto por lo menos en los siguientes tres días. Nadie a excepción de Torsten Flinn y su gran galeón, "El azote del mar".

El capitán Flinn tenía la reputación de ser un viejo lobo de mar a pesar de su edad por debajo de los cuarenta. había sobrevivido a incontables amenazas en el mar. Desde los enormes huracanes de aguas cálidas hasta los ataques de las inmensas criaturas de las profundidades del océano. Ningún capitán podía presumir una gama de logros y aventuras tan amplia como las del capitán Flinn. Además, contaba con un récord intachable de entregas cumplidas en tiempo y forma, lo cual garantizaba la seguridad y la rapidez de todas las mercancías que fuesen transportadas bajo su responsabilidad.

A pesar de esto, el capitán Flinn rara vez aceptaba viajeros en su navío. El no toleraba a las personas que no se podían valer por sí mismas en mar abierto, pero solo de vez en cuando unas monedas extra sonaban muy bien para el carismático capitán.

¡Biggs! - gritó el capitán a su segundo de abordo - El aíre es perfecto. Retira las amarras y quita el puente. Partimos a Carlinshore en diez minutos.

¡Aye, aye mi capitán! - contestó un joven marinero sin pensárselo dos veces y repitió las ordenes del capitán a toda la tripulación, incluyendo a los pocos viajeros que lograron abordar a tiempo.


En poco tiempo, el azote del mar se encontraba navegando por las aguas traicioneras de los archipiélagos. El paisaje era hermoso. Las islas cercanas lucían con gran orgullo sus verdes campos vírgenes y su increíble vida, tanto vegetal como animal. Las aguas cristalinas reflejaban y dispersaban la luz del Sol como si de brillos diamantinos se trataran. El horizonte, ahora con un conjunto de tonos anaranjados y rojizos, se mostraba plácido y artístico, casi como si hubiese sido pintado a mano por un artista de renombre. El viento a favor del barco llevaba consigo los últimos restos del colorido de la isla que acababan de abandonar junto con las voces de los entusiastas mercaderes locales que despedían a la embarcación deseándole un buen viaje y un regreso seguro a sus costas.



~~~~~~~~~~~~~~~~~~


Uno de los pocos camarotes de buena calidad con los que contaba el navío, sin contar el camarote del capitán, había sido ocupado muy temprano ese día por una hechicera divium de gran atractivo. La mujer había pagado su boleto con antelación deseando poder arribar a las costas de la isla de Carlin lo más pronto posible para llevar a cabo una expedición a unas ruinas mágicas de las que había leído en viejos libros durante su estancia en la abadía de Hurnilst, al oeste de Train-Le-Rain hacía ya algunos meses. Contaba con que la poca información que le había brindado aquel libro arcano le serviría para encontrar algún indicio de dichas ruinas o al menos le sirviera para conseguir que otros mercenarios brindaran su ayuda, previendo el peligro que significaría adentrarse sola en un lugar desconocido y perdido en las páginas del tiempo.

Supongo que es hora de conocer a la tripulación - Se dijo a sí misma mientras terminaba de alistar su cabello y ajustaba el elegante vestido rojo.

La bruja del tiempo, título con el que la conocía su gente, se encaminó hacia la cubierta del barco con la esperanza de que sus ojos vieran a un gran grupo de mercenarios dispuestos a vender sus espadas a cambio de la promesa de tesoros inimaginables y peligros sin precedentes. Confiaba que la avaricia de Flinn le hubiese permitido seleccionar a los viajeros adecuados para una misión peligrosa, como le había indicado la Divium. Y no se llevó una desilusión tan grande. Reunidos en la cubierta se encontraba un grupo de cinco humanos, de los cuales solo cuatro parecían capaces de valerse por sí mismos mientras que uno era un simple chiquillo. Además había un enano de imponente armadura el cual había abandonado la cubierta rápidamente. Como si el movimiento del barco le afectase de gran manera. Algo no tan inusual para aquellos sin experiencia en el mar. Y por último, logró ver a un orco que portaba una gran hacha enrojecida el cual yacía en el suelo de madera descansando pacíficamente.

Has conseguido un grupo interesante - dijo la mujer alada presintiendo al capitán a sus espaldas - Te lo agradezco humano, haz sido de gran utilidad - sus palabras sonaban con un ligero desprecio, pero su tono mostraba una gran educación y sobriedad.

Cualquier cosa por una dama de su jerarquía - dijo el capitán Flinn mientras hacía una elaborada reverencia. El capitán haría cualquier cosa por una cara bonita, y el precio adecuado.

Recibirás la segunda parte de tu paga una vez lleguemos a Carlinshore - fulminó al capitán con su mirada haciendo que éste desviara el rostro a otro lado y se retirara a sus aposentos. Sabía bien que el interés de Torsten Flinn estaba en su bolso y, de momento, prefería mantener los servicios del capitán un poco más.

Habiendo examinado a los presentes con mayor detalle, Ultimecia decidió descender las escaleras que le separaban de la cubierta para conocer más de cerca a sus posibles colaboradores. O como ella prefería pensar... instrumentos para el éxito.

Los marineros, quienes siempre viajaban bajo las órdenes del capitán Flinn, tenían la instrucción de no dirigir la palabra a la bruja del tiempo. Lo cual resultaba especialmente difícil para los hombres en ayunas. Pues si bien, habían recibido atenciones durante su corta estadía en Taimoshi Ki Nao, rara vez podían contemplar a una mujer de las características de la hechicera. Y su atuendo la hacía aún más irresistible, siendo este el inicio de muchas riñas secretas y discusiones machistas entre la misma tripulación. Pero para Ultimecia, las necesidades de estos hombres inferiores le tenían sin cuidado. Respetaba a los humanos, pero poco podía hacer cuando eran ellos mismos quienes no podían respetarse entre sí.

Tratando de disfrutar lo más posible el paisaje próximo a ser cubierto por la oscuridad de la noche, la hechicera alada alzó la voz para llamar la atención de los viajeros y tratar de a traerles con una propuesta de negocios.

Saludos señores - dijo dirigiéndose a todos los presentes - Todos ustedes están aquí gracias a mí, pues convencí al capitán Torsten Flinn de que solo dejase abordar a aquellos que él considerara aptos como para valerse ante cualquier peligro - dichas frases parecían no tener tanto sentido al ver que entre los presentes había una mujer de delicada apariencia y un niño de dudosas capacidades.

Mi nombre es Ultimecia, la bruja del tiempo - se presentó mientras extendía sus brazos y flexionaba una pierna en modo de reverencia - y vengo a estas costas indómitas en busca de los conocimientos perdidos de una antigua abadía que servía de refugio a magos de todo Noreth en los primeros años después de la desaparición del gran árbol ...- esperaba que dichas palabras impresionaran y llamaran la atención de los ahí presentes. Siempre era muy selectiva con los mercenarios que escogía.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~

La noche amenazaba con llegar más pronto ese sereno día de viaje. El recorrido hasta Carlinshore sería de al menos tres días, si los vientos no aminoraban su velocidad y si el mar no agitaba sus aguas. Los tripulantes del azote del mar poco sabían sobre las historias de los antiguos magos y de las ruinas que colmaban los archipiélagos que navegaban actualmente, pero había algo que ningún marinero de estas aguas podía negar: las aventuras siempre están a la orden del día si se navega a bordo del Azote del mar...



Spoiler:

Saludos ^^

Este es el preludio de la aventura. Son libres de describir lo que quieran durante la tarde de este mismo día [pero no se adelanten, la noche no cae hasta que yo termine de hablar Razz ]

Pueden, o no, sentirse interesados en lo que tengo que decirles. así que no se sientan obligados a quedarse a escucharme [la historia continúa igual]

Un par de cosas extras:
- El orco del hacha es un orco de piel verde olivo, calvo y con barba. Musculoso y con apariencia de ser peligroso.
- El enano con problemas digestivos porta una armadura pesada, un gran escudo con bordes dorados y un enorme martillo de guerra enano con escritos tallados en el metal.

Edge, quien no se ha comunicado conmigo para justificar su ausencia, también abordó al barco pero decidió permanecer en la zona de carga para estar apartado de los demás tripulantes. Como se había acordado, tiene una amonestación. Pero es libre de postear durante este turno teniendo en cuenta lo que acabo de mencionar.

Mi próximo mastereo será el Martes 6. Son libres de postear en cualquier orden que deseen.

Suerte Wink


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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Wrathowar el Miér Ago 31, 2011 6:05 pm

Y en solo cuestión de algunos minutos en que me había apoyado tras una de las barandas de la cubierta mirando hacía el horizonte por donde el sol se estaba ocultando, el capitán comenzó a dar la orden a uno de sus marineros para que los últimos preparativos antes de comenzar estuviesen listos. De nuevo en el mar... De nuevo ese aire nostálgico y salado me golpeaba la cara y lo único que hacía era cerrar los ojos cuando estos comenzaban a secarse gracias al frío viento de la brisa marina que a pesar del olor salado de las aguas me mantenía sereno, tranquilo y bastante cómodo. No iría a mi habitación sino hasta que el sol se escondiese por completo. Ya era mi tercer viaje en barco, el primero de Thalis-Nertheliam hasta los archipiélagos y nuevamente desde ahí hasta nuestro nuevo paradero. Ignoraba por completo la clase de aventuras que me preparaba el destino, pero si Greyland había puesto aquel desafío seguramente había sido por algo más que por la simple pelea con aquel borracho. No era mi primera aventura, así que podía estar algo más confiado con algo de experiencia ganada, pero claramente no debía subestimar ni el más mínimo detalle de esta.

Me di la vuelta entonces para dar otra mirada al resto de la tripulación, eramos pocos los viajeros y se diferenciaban claramente de los marineros. ¡Ahí estaba! Intentando abordar el barco y mostrando sus pasajes a los marineros, pero estos se negaron rotundamente a dejarlo abordar. El borracho probablemente era conocido por varios y lo último que hizo antes de que los marineros lo bajasen a patadas fue fulminarme con su mirada. Al ver que lo bajaban por la fuerza no pude evitar hacer más que despedirle con un gesto de mi mano, no ofensivo a simple vista, aunque entre nos si podía decirse que más que ofensivo había sido humillante. Aquello me había dejado de buen humor, un enemigo menos a bordo y el viaje gracias a eso sería más fácil. Al menos en el sentido de que no debería preocuparme por un borracho que se aseguraría a toda costa de acabar conmigo.

Suspire y entonces observe al resto de los viajeros. La primera que observe fue la joven de cabellos blancos, era hermosa sin duda aunque me sorprendió bastante encontrar a alguien joven en esta aventura además de mi. En mi aventura anterior los tres participantes fuimos jóvenes, pero... Bueno, supongo que no vendría mal alguien de mi edad o tal vez algo menor que yo. Sonreí al ver que venía con su mascota, aquello me recordó al hurón de Saito y me hizo pensar que aquel gato también sabía hablar, aunque no estaba seguro, tal vez fuese uno común y corriente. Luego un hombre calvo... No tenía mucho que decir de este, era algo inusual a lo que había visto. Probablemente un monje, aunque poco sabía de estos. Seguidamente un hombre sentado en un rincón escribiendo y observando. Tampoco mucho que decir más que parecía el mayor entre los aventureros. El último mas me hizo cambiar de opinión respecto al mayor del grupo, había un poco más que decir de este, podría ser hermano de la joven siendo que ambos tenían cabellos blancos aunque había llegado después, pero bueno, preferí no seguir juzgando. Entonces uno de los marineros se me acercó ya que no había mostrado mi boleto.

– Primera clase, ¿eh muchacho? Seguramente tus padres han de tener una fortuna, es raro que te hayan enviado aquí, dejame revisar... – Dijo el marinero con aire pedante ignorando que llevaba espadas mientras lo fulminaba con una mirada de odio. Me molestaba profundamente que hablasen de mis padres cuando estos habían muerto hace unos años. – No, es el correcto. Vaya... Bueno, cuando quieras te muestro tu cuarto, chico – Volvió a decir mientras me devolvía el boleto y me seguía el juego de miradas pensando que se podía entretener conmigo. – Para tu información, mis padres murieron hace tres años. Así que no vuelvas a mencionarlos. Y ya veré luego como llegar a mi cuarto. Gracias – Respondí cortante. Sabía muy bien que entre marineros debía hacerme respetar si no quería ser objeto de burlas. Así que luego de eso le di la espalda volviendo a ver el horizonte. – Vaya... Lo siento, chico. Bueno, ya hablaremos luego, que tengas buen viaje – Dijo por último para seguir buscando boletos o qué se yo. Ya me daba igual, ahora lo que me interesaba era volver a calmarme y olvidar a mis padres por unos minutos.

No me costo mucho trabajo calmarme, la brisa marina siempre hacía un esplendido trabajo. Es más en solo cuestión de segundos ya me encontraba nuevamente de buen humor. Así que decidí socializar un poco con quienes serían mis compañeros de viaje. Aunque no estaba seguro con quien comenzar, los que me parecían más interesantes por algún motivo era la joven y el hombre que estaba escribiendo en su rincón. Se me hacían a simple vista los más tranquilos y como no era de muchas palabras me gustaba socializar con gente de costumbres similares.

Aunque antes de comenzar a caminar no pude evitar soltar una leve carcajada al ver como un enano escapaba del barco como si el mismo demonio lo estuviera persiguiendo. Suspire intentando volver a calmarme con una leve sonrisa dibujada en el rostro. Tratando de no hacer más escandalo por aquello.

Fui entonces a Proa, volviendo a apoyarme contra una de las barandas del barco. Había mucho transito de marineros gracias a las preparaciones para zarpar, así que decidí que no sería conveniente causar problemas tan prematuramente. – Al menos el viaje parece que será tranquilo. ¿Qué crees? Soy Neizan, por cierto – Dije calmado mientras miraba al horizonte y dejaba al hombre escribir tranquilo. Si decidía responder pues sería cosa de él, sabía que la conversación duraría poco o al menos lo suponía así que prefería no presionar con respuestas.

Entonces escuché como una voz femenina intentaba llamar la atención de los viajeros. Lo menos que pude hacer fue darme vuelta apoyando ahora mi espalda contra la baranda.

¿Una abadía? ¿Una hechicera? ¿Trabajaríamos para ella?... Sus palabras parecieron precisas y si mal no entendía entonces nosotros seríamos sus mercenarios o algo por el estilo. No me parecía mala idea. Si Ultimecia había podido conseguir aquel barco para ella y además sus hombres seguramente debía ser una mujer de reputación, además si lograba hacer bien el trabajo probablemente podría seguir trabajando para ella. Mi padre me había enseñado que para un mercenario siempre era bueno quedar bien con el jefe y cumplir bien con su misión puesto que no se sabía cuando se podría encontrar otro trabajo. Podrían pasar meses sin trabajo y lo mejor era asegurarse una buena paga y un jefe que perdure. Definitivamente no sería mala idea tener a aquella mujer como jefa por un buen tiempo, además era hechicera, tal vez podría aprender algo de ella ah no ser que su titulo lo hubiese ganado por su carácter más que por su magia. Al menos su apariencia hablaba más por lo segundo que lo primero.

– Entonces y sino entendí mal, nuestro trabajo será conseguirle aquel conocimiento, ¿cierto? ¿Qué ganamos a cambio? – Pregunté a los pocos segundos de que Ultimecia hubiese terminado de hablarnos. No había sido una pregunta muy inteligente o al menos eso me pareció a mi, pero si quería que se me respetase al menos debía dejar en claro que estaba consciente de la aventura que nos esperaba.

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Lun Sep 05, 2011 4:05 am

Decidí quedarme en la cubierta del barco, pues sinceramente me llamaba la atención todo lo que podía ver desde allí. El puerto alejándose de a poco, o más bien nosotros alejándonos, todas las construcciones que se elevaban desde las tierras de Thaimoshi Kin Nao. Desde allí, me parecía poco el tiempo que había pasado desde que había puesto por primera vez un pie en aquellas tierras, y me envolvía un dejo de inquietud, pensando que ya era otra ciudad en la que buscaba, donde no encontraba a mi hermana. Y me volvía a preguntar, si realmente iba a encontrarla alguna vez, o si me estaba aferrando a un simple deseo, con muchas más probabilidades de fallar que de acertar. Sin duda, lo que más extrañaría, serían los cerezos.

Mis ojos se encariñaron con los barcos que yacían en el puerto, hasta que no fueron más que simples manchas oscuras, y entonces los olvidé. Y al olvidarlos permití que el resto del paisaje se apoderara ahora de mi vista. El mar era demasiado tentador para ser real, hacía mucho que no lo veía de aquella manera, y el cielo al reflejarse, lo convertía en un espectáculo que deseé no acabara jamás. Me costó un poco de trabajo escaparme de la hipnosis que producía el paisaje en mí, y darme cuenta de que aquel cosquilleo no se debía al mar, sino que a un muchacho que me observaba a varios metros de distancia. Clave mis ojos en él, los cuales probablemente se hallaban azules verdosos por la exposición al sol. Con el rostro en alto y la mirada orgullosa, tratando de escudriñar en él, podía sentirme fría y distante, y por ende, protegida. ¿Por qué estaría mirándome? No podía culparlo, de todas formas, quizás su intención sólo era la de conocer a quienes viajarían en el barco, y era probable que fuese mí error el no hacerlo, no el suyo.
Su cabello era castaño oscuro, y por alguna razón sus ojos me llamaban la atención; eran grises, o al menos eso parecían desde donde me hallaba. Fruncí el entrecejo al darme cuenta de que en estatura, se me asimilaba, aunque no podía asegurar nada.

El roce de Loba en mi pierna izquierda hizo que mi semblante se relaja. Inmediatamente dirigí mi mirada hacia abajo, y olvidándome del joven, me agaché al lado de mi compañera. Comencé a acariciarla mientras ella maullaba de vez en cuando, algo inquieta y con las orejas un tanto inclinadas hacia atrás.

-¿Qué te inquieta, pequeña?- susurré mientras tomaba su rostro entre mis manos, con delicadeza.

Ella empujó su cabeza hacia una de mis manos y posó sus ojos amarillos en los míos, exigiéndome explicaciones. La tomé en mis brazos y me erguí, para luego comenzar a pasear a través de la cubierta, acariciándole el lomo. Sentía su impaciencia, y estaba consciente de que no se hallaba cómoda entre mis brazos en ese momento, pero me aterraba la idea de bajarla y perderle. Si bien sabía que siempre volvía a encontrarla, o ella a mí, nunca era grato verla correr, y cómo iba a serlo. Suspiré con delicadeza y me detuve, apoyándome de lado en una de las barandas del barco, teniendo cuidado de no poner en peligro de caer ni a Loba, ni a mí.

-Verás, ya sé que estás cansada... de ir de un lado a otro.- Loba maulló y me miró con desaprobación.- ¿No es eso?- sostuvo su mirada con la mía, haciendo que la inquietud también la sintiera yo. A mi mente vino el momento en que la mujer de la posada en la que me había hospedado, me había hablado del "Azote del Mar". Ahora que lo recordaba, podía también descubrir un tono de burla en sus palabras.- Así que eso. Así que, ¿no te parece seguro este barco? Bueno, puede que no lo sea, y puede que sea por los tripulantes, o bien por los lugares que visita. Pero eso es bueno...- Loba gruñó por lo bajo.- Dentro de lo posible, por supuesto. Dudo que muchos barcos vayan a los lugares a los que va este, y, ¿sabes lo bueno de eso? Que llegaremos a algún lugar al que no hemos ido antes, y tenemos más oportunidades...- mi mirada se volvió hacia el horizonte, extrañamente inexpresiva.- de encontrarla.

Entonces, la voz sugerente de una mujer llamó la atención de ambas. Era bellísima, tanto que me hizo sentir envidia, sobretodo por cierta aura que la hacía saberse distinta, especial, ¿superior? Escuché con atención sus palabras, incluso su tono de voz era particular y encantador, a pesar de que, lo que pronunciaba, no era del todo lo que esperaba. Cuando acabó, una leve sonrisa se dibujó en mi rostro al comprender y confirmar, un poco más. las inquietudes que compartíamos Loba y yo.

-Mi nombre es Clare,- hice una leve pausa, e inclinando un poco la cabeza, proseguí.- a sus órdenes, si en algo puedo servirle.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2011 12:16 am

Terminé por sentarme en una esquina viendo pasar a la gente, sin prestar demasiada atención a los demas. Los marineros corrían de un lado a otro de la cubierta, haciendo cosas de marineros con cabos y cuerdas hasta que por fin el barco zarpó hacia el ancho mar. No obstante yo no me moví, contemplé a las demas personas que no parecían trabajar en el barco: una mujer con un gato, un crio, un empollón...¿un orco?...y hasta un enano, madre mía, tambien había un tipo con... ¿guantes de hierro? la primera vez que veía algo asi, esperaba que fuesen efectivos.

Vi la evolución de los que parecían ser mis compañeros de viaje desde mi rincón, prestándoles más bien poca atención, ya tendrían tiempo de hartarse de mis encantos personales, pero antes prefería que se aclimatasen al barco y a la gente de por alli. Suspiré y miré las nubes, el suave balanceo del barco ni siquiera me molestaba, al criarme en los archipiélagos estaba más que acostumbrado a las embarcaciones marítimas y a los viajes por mar, el olor a brisa marina, los pies corriendo por la superficie de madera... todo esto me traía lejanos recuerdos perdidos en mi pasado, de cuando mi familia y yo viajavamos a reinos vecinos, principalmente por cuestiones diplomáticas.

Luego salio una tia cach... una mujer muy atractiva, una hechicera a decirnos el porque estábamos alli, asi que buscaba algo alli, pero ese algo no me sonaba:
-Oye, yo me he criado en este archipielago y nunca.... nunca he oido hablar de esa abadía, ¿estás segura de que no persigues un cuento infantil?

Todo esto lo dije sin molestarme en incorporarme, desde mi posición tumbado en el suelo, contemplando todo y a todos con una expresión levemente burlona, tenía que decirlo, no podía reprimirlo más:
-Ademas, explicame en que clase de expedición son necesarios un niño, una mujer que habla con gatos, un empollón que.... francamente, ¿como planeas pelear tú? ¿lanzando libros a tus enemigos? - eso último se lo dije directamente al hombre del libro y luego volvi a lo mio - un orco que probablemente se clave su propia arma y un enano que se marea con un poco de meneito. Cojonudo, ¿porque no conquistamos un reino o dos ya que vamos de paso? seguro que con semejante equipo lo conseguiriamos. a esto último esperaba haberle puesto una alta dosis de ironía.

Dicho esto me levanté y los contemplé a todos antes de añadir lo siguiente:
- Y que conste que no quiero ofender a nadie, pero francamente no sé hasta que punto puede ser eficaz este equipo

Bueno, estaba hecho, había dicho lo que pensaba y me había desahogado, ahora probablemente vendrían las replicas de los ofendidos aludidos y blablabla, lo cierto esque aun estaba pensando si les contestaría de forma mordaz y sarcástica o simplemente les ignoraría, si esque había gente que no soportaba las verdades..
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Re: La Torre de lo Arcano

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