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La Torre de lo Arcano

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Sáb Sep 17, 2011 6:33 pm

El azul brillante que brilla bajo la luz del sol, miles de poetas, bardos y escritores han intentado plasmar en letras toda esa masa infinita de emociones que despierta en lo mas profundo del ser, pero realmente pocos lo han logrado. La salada brisa marina hincha los amplios pulmones de un minotauro que nunca antes había puesto sus pezuñas sobre un barco, su figura astada semejante a un tenebroso mascarón de proa se balanceaba mientras se apoyaba en el trinquete del “Perla de Makaresh”, un barco mercante que hacía ruta entre las islas de los archipiélagos de Geanostrum.

-¿No se marea Sr. Bargho?-

La cantarina voz de una joven sonó a sus espaldas, el minotauro se volteó y la vio, sus cabellos rojos como el sol que se pone entre las montañas Drakenfang se esparcían alborotados por el viento, apenas tendría diesciete años, viajaba a la ciudad costera de Belfius donde la esperaba su prometido que la doblaba en edad.

El enorme minotauro le sonrió.

-No, Natalie, por alguna razón el vaivén de estas cajas flotantes no me marea, mi enorme cabezota debe hacer contrapeso-

La joven rió con ganas y se acercó con toda naturalidad al minotauro, como si se acercara a un viejo amigo de toda la vida y no a una gigantesca mole de músculos recubierta de pelos a la que había conocido apenas cuatro días atrás y se sentó a su lado junto al trinquete. Siempre se estaba contenta, su padre era un viejo noble viudo que había caído en desgracia y que ahora la enviaba para casarse con el hijo de un próspero mercader con quien trató durante muchos años, su situación económica era tan mala que no pudo acompañarla en ese último viaje y apenas le alcanzo para comprarle ese boleto de segunda clase, casi llorando le encomendó al primer oficial del barco que velara por ella… el mismo ahora descansaba en su camarote con la quijada rota por haberse querido extralimitar en sus cuidados y quien le hizo el favor ahora hablaba con la joven amigablemente.

-…Y como le decía Sr. Bargho –le aconsejaba la muchacha mientras acariciaba la barriga de Mughi, que estaba extasiado- Tienes que venir a mi boda, una guirnalda de flores blancas quedará preciosa sobre esos grandes y bonitos cuernos tuyos.

-Preferiría arrancarme los intestinos yo mismo y envolverlos con ellos...–

-¡Ah! No seas malo, además el rojo no te quedaría bien.

Estallaron las risas otra vez, el sol comenzaba a declinar y el mar se teñía de rojo, ninguno sospechaba que aquel color sería un presagio.

Tormenta, rayos, gritos de terror, el estruendo de las maderas quebrándose y astillándose como ramitas y precipitándose a las olas de aquel mar negro y embravecido del que surgía una gigantesca bestia que abrazaba al “Perla de Makaresh” con sus tentáculos.

-¡¡¡Natalie!!!- Gritaba el minotauro mientras corría dando tumbos entre las tablas que rompían y los tentáculos pestilentes del kraken- ¡¡¿¿Natalie donde estás??!!

La respuesta a sus preguntas se balanceaba delante de el, la joven desmayada era zarandeada en el aire por un gigantesco tentáculo, Bargho dio un grito de furia y arremetió a hachazos contra la bestia cercenándole el miembro y recuperando a la muchacha, aún respiraba.

Un “¡crack!” resonó, el barco acababa de ser partido a la mitad y estaba próximo a hundirse rápidamente, el minotauro se lanzó por la borda con la pelirroja en brazos, por fortuna bastante cerca de allí un bote con dos pasajeros, un grumete rubio de quince años y un joven paliducho de veintiuno que inexplicablemente podía manejar el bote con facilidad, Bargho subió a la muchacha y a sus armas al bote y el se mantuvo sujeto a la borda, nadando con sus potentes músculos y empujándolos a todos hacia la playa mas cercana, que se perfilaba entre los relámpagos de la tormenta.

A la mañana siguiente despertó al lado de una fogata, el joven paliducho y delgado que resultó ser un hechicero de agua novato preparaba algo de comer ayudado por el grumete y Natalie, que a pesar de naufragar y de estar a punto de ser devorada por la criatura mas espantosa de los mares la noche anterior, ahora ayudaba a recoger provisiones de entre las cajas que fueron arrastradas a la costa, sin que se borre de su rostro la hermosa sonrisa que le caracterizaba, a Bargho no dejaba nunca de sorprenderle su fortaleza de carácter.

-¡Ah! ¡Ya despertaste! –Le saludó realmente contenta la chica- ¿Descansaste bien? No te molesté antes por que supuse que necesitabas dormir, me dijeron que nadaste como una nutria anoche, como una nutria valiente y peluda.-

-¿Y Mughi?- Preguntó Bargho apenas se dio cuenta de que no había escuchado ninguna impertinencia de su hurón

-Durmiendo como siempre, dicen que las mascotas se parecen a su dueño –rió-

El humo de la fogata sobre la que se asaban los pescados subía al cielo, y una vez más nadie vio los presagios entre las volutas negras que alzaban.

Al atardecer los cuatro se encaminaron hacia los acantilados, donde esperaban encontrar cerca un refugio, nadie se había acercado durante el día y Bargho quería observar los alrededores desde un punto alto, para encontrar puntos de fuego donde seguramente habitarían personas.

Apenas habían divisado a lo lejos las luces de una torre cuando fueron emboscados por una tropa de muertos vivientes comandados por un troll espadachín, el combate fue breve, el hechicero fue rápidamente reducido por los no-muertos y Bargho fue acorralado por los inmundos guerreros contra el precipicio, no quería usar su modo berserker, con Natalie y los otros dos tan cerca era demasiado peligroso, solo mantenía a raya a los no muertos dándoles certeros golpes con su lanza en la cabeza.

Ante la imposibilidad de sus lacayos de someter a la feroz bestia, el troll arremetió con fuerza dando un potente golpe con su espadón en el escudo de Bargho, el metal resonó y la inercia del golpe lo echó para atrás, una sensación de vertigo recorrió el cuerpo del Uro mientras sentía como su cuerpo iba precipitándose de espaldas al vacío. Solo alcanzó a ver a la joven Natalie dar un horrible grito mientras lo veía desaparecer en el borde del acantilado, al tiempo que era arrastrada por las manos muertas de los esbirros del troll hacia la torre.

El golpe fue duro y más considerando el tamaño del minotauro fue un milagro que no se estrellara contra las rocas a pesar de que la marea estaba alta y las cubría. Afortunadamente no quedó inconsciente y logró nadar dificultosamente hacia una caverna en la que se adentraba el mar, allí descansó el tiempo suficiente para reponer fuerzas y recuperar sus armas del fondo rocoso de la costa. No sabía donde se encontraba y como extranjero que era aunque supiera el nombre de la isla no serviría de mucho, se adentró en la caverna que penetraba en tierra firme y encontró una salida doscientos metros mas allá.

Durante tres semanas se mantuvo en los alrededores de la torre a donde suponía que habían conducido a Natalie y a los otros dos, no pudo acercarse demasiado pero pudo observar entrar y salir de ella y asomarse por sus ventanas y almenas distintos tipos de criaturas, como ser trolls, antropomorfos, orcos y goblins… todas esas razas que tan frecuentemente sirven a los Señores Oscuros. Aún se encontraba débil por sus heridas del combate, de manera que se mantuvo con la comida que pudo cazar en los alrededores y vigiló permanentemente las actividades de la extraña construcción que emanaba durante las noches magia maligna y de la que provenían gritos de tormento de centenares de prisioneros, angustiándolo.

Ya había curado sus heridas y decidió aproximarse más a la fortaleza tras conocer desde lejos todos sus ángulos aprovechando el refugio de la noche, cuando se desató una tormenta, “Tanto mejor” pensó “Así los rayos me proporcionarán luz” apenas se había acercado a unos centenares de metros cuando vio aparecer en un destello de luz un barco sobre la bahía al lado de cual se encontraba, y a unos extraños personajes precipitarse al mar desde el. La idea atravesó la mente de Bargho como uno de aquellos rayos el cielo, debía ir donde aquellos extraños antes que los habitantes de la isla, solo tendría muy pocas oportunidades de rescatar a Natalie pero con algo de ayuda, por poca que fuese, tendría mayores chances.

Bajó rápidamente por camino rodeado de árboles hasta la playa donde aquellos personajes se levantaban aún estando semiinconscientes, no había demasiado tiempo que perder, con el escudo y la lanza en mano por precaución, el minotauro se les acercó corriendo y les increpó rápidamente.

-Soy Bargho hijo de Baraghorn, no teman, los que puedan moverse síganme rápido y carguen a los que no puedan hacerlo, hay un gran peligro en la isla y lo mas probable es que se dirija hacia aquí.

El plan de Bargho era guiarlos hacia la caverna donde llevaba viviendo estas tres últimas semanas lo más rápido posible, no sabía cuanto tiempo podía quedarles antes de que los anfitriones de la isla pudieran venir a buscarlos.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Mar Sep 20, 2011 6:16 am

*Al escuchar las palabras del capitán Flinn era un poco más sencillo dejarse cubrir por el manto de la aventura, un poco más sencillo dejarme llevar. Por una parte, su compromiso con los marineros, y por otra, el valor no tan físico de su navío. Me permitía el sentirme como si estuviese dentro de uno de aquellos libros en los cuáles se relatan las historias que cuentan ciertos marineros, que por encomiendas de su destino van sobreviviendo a aquel tipo de catástrofes, viviendo aquella y mil otras aventuras. Me dediqué a obedecer las órdenes del capitán, pues a pesar de que se me era sencillo sumergirme en aquella atmósfera descontrolada, de desesperación colectiva, también me concentraba en no olvidar que no era ningún tipo de marinero experto, y que muy por el contrario, era uno de mis pocos viajes a través del mar, por lo que no me era conveniente dejarme llevar por el instinto, que se encontraba segado por la adrenalina. Era el capitán quien sabía lo que hacía, y yo no podía evitar sorprenderme frente a su desempeño incluso en tal situación.

Sin embargo, lo que sucedió momentos más tarde, fue demasiado rápido, demasiado como para incluso pensar en prevenirlo, y de todas formas, ¿cómo podía prevenir algo que estaba frente a mí, tan real?

Allí estaba ella; no como la recordaba, sino como realmente debía ser. La podía ver, con mis propios ojos, y mi cabeza y mi pecho estaban a punto de estallar de tanta euforia. Podía verla, podía tocar su aroma, podía sentir su esencia y... y ansiaba poder sostenerla en mis brazos, decirle cuánto la había buscado, cuánto había esperado por ese momento. Y ahora todo aquel tiempo parecía demasiado poco, como si quizás no hubiese hecho lo suficiente para encontrarla antes, una parte de mi se extinguía, esa sed de venganza, de obtener algo, abrían paso a la incertidumbre. ¿Me reconocería? ¿Querría incluso, tenerme cerca tanto como yo lo esperaba desde hacía años? Mi mente se llenaba de preguntas que no se habían generado antes. Las dudas, el miedo, todo florecía ahora que la tenía en frente. Su semblante no parecía el de quien se encuentra con quien anhela ver... Comencé a centrarme más en su rostro, sus ojos, sus facciones, el color de sus mejillas, ciertas cicatrices, ciertas heridas... Vi sus ojos de nuevo, unos ojos grandes y celestes, penetrantes, clavándose en mis pupilas, traspasándome un dolor incontrolable. Podía verlos, podía ver aquellas criaturas, aquellas fieras torturándola, podía oír sus gritos alejándose, sus lágrimas salpicadas en leves cantidades de sangre. Ella seguía frente a mí, y a pesar de que trataba de alcanzarla, seguía tan lejana, como siempre. Distante, fría. Apagada, tal vez muerta. Mas su ingrávida voz continuaba lamentando mi nombre...

Sentía las piernas frías y era incapaz de moverlas. Gotas de lluvia bastante prominentes caían sobre mí, desde algún lugar, desde arriba. El viento me hacía tiritar en el sitio en el que me hallaba, boca abajo, y mis labios ardían por la sal del mar. No me hallaba por completo consciente, y en mi cabeza aún resonaba mi propio nombre, la voz de mi hermana, no obstante, desde el lado frío, desde donde ardían mis labios, escuchaba los maullidos constantes e impacientes de Loba. Abrí los ojos levemente, y pude verla tratando de empujar mi brazo que yacía inmóvil sobre la arena, maullando aún. Quise hablarle, pero sólo logre que mis labios se separaran sin lograr que ningún sonido fuese emitido por mis cuerdas vocales. Cerré los ojos, me costaba respirar. Miré a Loba nuevamente, y moví un poco mi mano, tratando de acariciarla. Llevó su hocico cerca de mi mejilla y se acurrucó por un par de segundos en mi cuello; estaba empapada, pero se veía completamente sana, lo que dibujó una tenue sonrisa en mi boca. Levanté un poco mi cuerpo con mis codos, tratando de alejarme del mar para que el agua dejara de alcanzarme. Tomé una bocanada de aire, y una fuerte punzada se adueñó de mi costado derecho. Por reflejo llevé mi mano izquierda a aquella zona, traté de respirar nuevamente pero el dolor me lo impedía. Me di vuelta sobre la arena, quedando boca arriba, ahora la lluvia podía limpiar mi rostro y mis labios dejaban de doler. Podía escuchar desde allí a otros, no sabía en que estado se hallaban los demás, pero asumía que debía haberme golpeado contra las rocas y luego haber sido arrastrada por el mar hasta la orilla. Mi pecho ardía y mi respiración seguía siendo entrecortada; al menos el agua de la lluvia apaciguaba el dolor, yo aún no era capaz de distinguir bien si estaba herida o si sólo era el dolor del golpe.

Permanecí así por varios minutos, o al menos así podía sentirse. Me incorporé de a poco y con una mirada le expliqué a Loba que no podía cargarla esta vez. Caminé por la arena, tenía que encontrar a los demás. A lo lejos percibí una voz, lo único que pude entender que la palabra peligro, que en situaciones así tenía mucho sentido. Traté de apresurar mi paso hacia la dirección desde la cual la voz provenía, pero el dolor era todavía demasiado agudo. Mantuve el ritmo, con mi mano izquierda cubriendo mi costado derecho, y Loba a mi lado a pesar de que el viento seguía poniéndome la piel de gallina.*
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Kenwood Kyrst el Mar Sep 20, 2011 1:38 pm

Aunque la oscuridad rodeaba por completo su mente, Kenwood tenía la sensación de que su cuerpo daba miles de vueltas, llegando a sentir una molesta sensación en el estómago que se tradujo en un violento vómito; aún con la cabeza dándole mil vueltas, y reteniendo la horrible visión del Primer Puño en lo más recóndito y escondido de su cerebro, abrió los ojos, para verse tumbado encima de lo que parecía ser la arena de una playa, dio un fuerte quejido de sorpresa al sentir un incómodo dolor en el hombro y en la espalda.

Su primera acción fue totalmente instintiva; se llevó las manos a las zonas doloridas para poder dar una evaluación somera de los daños producidos...y aunque parecía no tener nada roto, apostaría una comida caliente a que debía de tener más de un moratón ahí, que era la zona donde más le dolía, aunque para ser honestos, su cuerpo en general no estaba para alegrarse...aunque por otra parte, estaba vivo, lo cual ya era un logro, teniendo en cuenta todo lo acontecido.

Intentó poner en orden sus pensamientos a la vez que se incorporaba, miró con desagrado la masa de agua salada y bilis que había vomitado, tuvo suerte de que eso le lograra devolver la consciencia y que no hubiera demasiados daños, aunque lo único en lo que podía pensar en aquellos momentos era en su visión...y en sus compañeros de desventuras.

-Espero que todos estén bien...-Dijo para sí mientras se limpiaba la comisura de los labios con el dorso de su mano desnuda...esa acción, aparentemente normal, hizo que sus ojos se abrieran como platos...¡Había perdido sus guantes de acero!, quizás eso le permitió sobrevivir al naufragio, al no verse impedido por el peso del acero...pero no era esa cuestión lo que le importaba al joven, ¿Como pudo perder esos guantes?...no solo eran un arma muy útil en batalla, también constituían un símbolo....el símbolo de que ese joven, el Décimo Puño, iba a ser el hombre más fuerte de todo el mundo.

Ni siquiera pudo mirar a su alrededor para ver si había alguien a quien poder pedir ayuda o socorrer, según sea el caso, tampoco pudo alegrarse de poder seguir con vida...la visión que aún perduraba en su mente, unido a la terrible pérdida que le aconteció arrancó de lo más profundo de su ser un grito, un lamento, por decirlo así, que retumbó por los alrededores de la playa.

Quizás fue un grito injustificado...sin embargo, la profunda decepción que aquello le supuso no era para menos; dio un par de pasos, comprobando que sus piernas respondían correctamente, aunque las sentía algo agarrotadas, ignoraba cuanto tiempo había estado inconsciente, aunque un vistazo rápido al tormentoso cielo le bastó para suponer que no había pasado demasiado tiempo, sin embargo ignoraba cuanto podían durar las tormentas en las zonas costeras, así que no tenía demasiada certeza al respecto.

La cortina de lluvia que caía sobre el logró mitigar por unos momentos el dolor mental que le atormentaba, su mente se despejó tras sentir el gélido abrazo de esas aguas, logrando pensar con algo más de claridad, así que tras unos segundos de bloqueo durante los cuales se limitó a quedarse quieto y mojarse logró respirar profundamente y mirar a su alrededor para poder ver si encontraba sus guantes del Décimo Puño.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Wrathowar el Jue Sep 22, 2011 2:01 am

Afortunadamente en aquella misión de la cual aún no sabíamos nada había comenzado con buen píe. Había adivinado bien o al menos de momento, el chico al que había saludado resulto ser agradable y respondió al poco que le hable, lamentablemente también poco antes de que Ultimecia comenzara a hablar...


Después de mi respuesta así como la de mis compañeros, mire a cada uno de estos estudiándolos nuevamente pero más ¨a la pasada¨, no había mucho más que decir de lo que ya había dicho o más bien pensado anteriormente. Todos parecían estar entusiasmados por el asunto de la misión, algunos en mayor grado que otros. La verdad no me importaba mucho quedarme con aquel conocimiento, sabía que si hacía un buen trabajo y le daba a la jefa lo que ella quería ella podría compartir algo conmigo luego. La magia si me interesaba, pero en esta ocasión estaba ahí más que nada por la experiencia que por el conocimiento mágico que buscaba Ultimecia. Aunque no iba a negar que me llamaba bastante la atención todo el asunto de la abadia. Que yo recordase no se me había mencionado una escuela de magia como aquella en donde yo había estudiado. Lo único que me dejo algo desilusionado fue que tanta palabrería había opacado mi respuesta o mejor dicho, la jefa la había pasado por alto.

(…)

Poco después de que terminaron las palabras un fuerte estremezón golpeó el barco o al menos las aguas comenzaron a moverlo de una forma más brusca que no habíamos sentido anteriormente. Por unos momentos llegué a pensar que se trataba de una tormenta, ya que había viajado anteriormente en viajes probablemente mucho más largos, sabía como solían moverse los barcos con estas. Empero, el grito de uno de los marineros me sorprendió bastante, de hecho, me dejo perplejo. ¡Kraken! Vale, sabía que la misión y el viaje irían a ser peligrosos pero ahora deseaba que el borracho estuviese en mi lugar, seguramente podría dar más pelea que yo, pero ya estaba ahí y no tenía nada que hacer, o al menos no se me ocurría algo.

En cuanto comenzó a moverse el agua lo primero que hice fue afirmarme a donde anteriormente había estado apoyándome. La baranda de la parte del barco en la que me encontraba mientras trataba de reaccionar luego del grito del marinero. Debía asegurarme de que no me cayese por la borda, no sabía si el barco iría a mantenerse a flote, pero al menos si este se destruía y me mantenía agarrado a algo podría asegurarme de salvarme luego de un naufragio.

Todos comenzaron a gritar y a decir palabras, algunas sin sentidos y otras eran ordenes sobre lo que era mejor o no hacer. De momento seguía pareciéndome lo más sensato mantenerme afirmado a algo. Estaba muy cerca de caerme por la borda si llegaba a soltarme, así que debía pensar demasiado bien mi actuar si no quería acabar siendo comida para tiburones, claro que los tiburones en esos momentos me parecían lo menos peligroso. ¿Cómo diablos era que me había metido en aquel embrollo? De haber sabido antes que iba a aparecer un Kraken... ¡Neizan eres un idiota! Era lo único que mi conciencia podía decirme en esos momentos...

Pude escuchar claramente la conversación entre el capitán y Zervan, definitivamente quien no había perdido la cordura era Zervan. ¿Qué mierda le importaba al Kraken cuál era el nombre del capitán? De hecho, en esos momentos era lo menos en lo que yo pensaba. Ya murieron los primeros hombres que afortunadamente no fue nadie del grupo, aunque realmente hubiese preferido alguien del grupo a un marinero que hubiese podido ser de mayor utilidad que unos inexpertos como nosotros. Claro que aquello tampoco impidió al capitán de seguir enfrentando a la criatura. El capitán daba ordenes demostrando con maestría porque era el capitán de aquel barco. Aunque para mi solo parecía que el hombre a cada segundo perdía algo más de cordura si es que aún no la había perdido en su totalidad.

Sin pensarlo dos veces y ya armado de valor, me solté de la baranda a la que estaba sujetado para seguir corriendo hasta la cual estaba sujetada la jefa. No me importaba de momento el resto de mis compañeros, apenas podía hacer algo para mi seguridad poco y nada era lo que podía hacer para velar por la de ellos.

Y justo unos segundos después de que hubiese llegado donde Ultimecia, una luz blanca se esparció por todo mi campo visual impidiéndome ver otra cosa hasta que llegué a un lugar que conocía bastante bien... ¡Era mi casa! El lugar donde me había criado con mis padres... ¡¿Cómo demonios?! ¡Había sido un sueño! ¡Ellos estaban vivos! ¿Cómo?... Pero, algo no marchaba bien, mi madre me había gritado que saliese corriendo de la casa solo, pero no quería soltar su falda. Estaba aterrado por un sujeto frente a los tres, mi padre estaba combatiendo contra este.... ¿Qué estaba sucediendo? Debía ser una alucinación, si... ¡Eso debía ser! ¡Yo había escapado de casa con mi madre! Ella no me habría dejado ir solo... El sujeto... Mato a mi padre y una impotencia terrible comenzó a hacerse presente... No había podido hacer nada y el sujeto comenzó a acercase hacía mi madre y yo... Mi madre gritaba aterrada, suplicaba porque no me hicera nada. Yo me aferraba cada vez más a ella y entonces ella calló obligándome a soltarla. Me agaché hacía ella para comprobar que no estuviese muerta, pero lo estaba. ¡Habían muerto de nuevo!... ¡Mis padres estaban muertos! Las lágrimas brotaban de mis ojos y finalmente cuando me di vuelta para ver al sujeto no pude ver nada más que un rayo de luz impactar contra mi con gran potencia. No pude recordar nada más...

(…)

Una voz no muy lejana entonces pude escuchar gritando explicaciones de algo que había sucedido. ¿Una alucinación?... No... Claramente había visto morir a mis padres, ¿pero yo también? ¿Dónde estaba entonces?... Sentí la arena contra mi mejilla en cuanto moví esta. Junto con la arena rozando mi piel varios raspones en los brazos y espalda comenzaron a dolerme. Estaba boca arriba. Escupí algo de agua, tenía la boca salada...

Me lleve una mano a la cabeza y me incorpore suavemente con una expresión de dolor en el rostro mientras intentaba tomar conciencia de lo que había pasado. Cuando abrí los ojos pude comprender que estábamos en una isla, pero que la tormenta aún no cesaba... Suspiré profundamente, mis padres seguían muertos y aquello si había sido una alucinación puesto que al poco rato pude divisar a todos los miembros del grupo en la misma orilla.

Entonces al ver como cada uno de los miembros del grupo se acercaban aunque heridos comencé a reír a carcajadas. ¡Había sobrevivido al ataque de un Kraken y aún no sabía como demonios lo había logrado! Apenas si recordaba todos los rayos producidos por las runas y mi rostro se encontraba lleno de lágrimas secas mezcladas con arena. Escupí un poco más de agua salada y me llevé el dorso del brazo a mi cara para limpiarme un poco, aunque la arena de playa era bastante difícil de limpiar y más cuando con lo que quería limpiar esta la tenía. Suspiré y me levante luego de haberme calmado un poco.

– Después de aquel Kraken que venga lo que sea, ¿eh? ¡Vaya que tuvimos suerte! – Grité algo entusiasmado para luego llevarme una mano a la espalda toda dolorida, cosa que no sirvió para nada como alivio para el dolor.

Sin decir nada más me acerqué hacía Clare preguntándome que era lo que había pasado con Zervan. – Clare, ¿cierto? Neizan... ¿Algún rastro de Zervan? Me parece que mejor lo buscamos antes de seguir al minotauro, ¿no? – Pregunté bastante a la rápida como si aquello no hubiese sido nada y estuviese a pasos de enloquecer tanto como el capitán y claro, no era menos después de aquel kraken y aquella visión... Lo único bueno de todo aquello era que la lluvia servía de algo para quitarme toda la arena que tenía en el cuerpo y camuflaba algo las lágrimas que había soltado por la reciente alucinación y claro que habíamos sobrevivido a algo que parecía imposible.

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Jue Sep 22, 2011 6:03 am

Parecía como si el mundo entero confabulara en contra del Azote del Mar y su tripulación entera. Un huracán en pleno apogeo, una bestia mítica, una visión por demás realista y ahora una isla en medio de la nada en la cual se destacaba una gran torre al borde de un precipicio y un sin número de cuerpos esparcidos por doquier, entre las afiladas rocas y los arbustos de la costa a la que habían ido a encallar.

El impacto había sido tan repentino como poderoso. Todo parecía indicar que el violento choque había lanzado por los aires a todo aquel que estuviese en cubierta y esparcido por los alrededores a los desafortunados que recibieron el impacto de las rocas en el quebrado casco del navío. La desorientación y el escepticismo era general. Habían sobrevivido al embiste de un Kraken gracias a la experiencia y la sobriedad del temerario capitán que les lideraba, pero las visiones de las que fueron testigos eran un evento por demás desconcertante aunado a la aparición de una isla que no estaba ahí en primer lugar ¿Existía la posibilidad de una tele-transportación a través de un portal invisible o una barrera mágica que mantuviese encubierta la enorme masa de tierra firme? Preguntas sin respuesta aparente pero que mas de uno se llegó a cuestionar.

¡Recuento de daños y bajas!... ¡Biggs! - La voz del capitán Flinn resonó en los oídos aún aturdidos de aquellos que reposaban en las arenas de la playa azotada por los vientos huracanados y la incesante lluvia. El capitán permanecía firma al lado de su timón y ahora urgía la voz de su segundo de a bordo - ¡Señor! Tenemos al menos 10 marinos heridos y más de una veintena muertos tras el impacto - Gritaba el segundo de a bordo mientras corría revisando cada uno de los cuerpos esparcidos por los alrededores - ¡De los viajeros, todos vivos pero no veo por ningún lado a la señora Ultimecia! ... ¡Tampoco logro ver al orco ni al enano! ... ¡Y dos más, el sujeto de las armas de fuego y el mago Zevran ! - El reporte de bajas y lesionados había terminado con demasiadas bajas y mucha gente extraviada, lo cual no se vería bien en el currículo del capitán - ¡La nave tiene un gran boquete en la parte frontal del casco! ¡La mercancía esta a salvo pero nos tomara algo de tiempo reparar el barco con esta tormenta! - Buenas noticias, su mercancía estaba segura y eso resultó ser tan tranquilizante como el silencio que precede a un infante llorón - Bien... ¡Todos los que estén en condiciones de caminar busquen sobrevivientes entre las rocas y los árboles cercanos! - Pocos acudieron al llamado de su capitán. La mayoría de su tripulación tenía heridas en todo su cuerpo. Huesos rotos o dislocados. Raspones y heridas ocasionadas por maderos puntiagudos y otros componentes originales del barco.

No había rastro de Ultimecia por ningún lado. Parecía como si simplemente hubiese desaparecido, o peor, devorada por el mar - ¡Encontré a alguien! - La voz aguardentosa de uno de los marineros anunció el encuentro con uno de los viajeros. Se trataba de Caurd, el cual mostraba severas heridas tras su impacto contra las rocas de la isla. El brazo izquierdo roto y una fuerte contusión en la cabeza era el saldo de sus heridas. Estaba inconsciente y muy mal herido, pero vivo - ¡Hey! ¡Acá alguien más! - Otro marinero, uno obeso y sin un ojo, divisó entre los árboles cercanos como colgaba de las ramas el mago Zevran. No tuvo que esforzarse demasiado en bajarle de ahí, pues al poco tiempo de ser descubierto las ramas que lo mantenían suspendido cedieron. También estaba inconsciente y mostraba heridas en cabeza y las piernas, sobre todo en la pierna derecha, la cual había sido perforada por una rama a la altura del muslo. Su vida no peligraba pero era una herida que dejaría una inolvidable cicatriz.

El grupo entero retomaba la postura y trataba de reunirse con el capitán para escuchar las acciones a seguir cuando una voz proveniente del bosque les alertó. Instintivamente muchos de los ahí presentes desenvainaron sus espadas al ver que se acercaba un gran antropomorfo con forma de toro humanoide. Un minotauro, el cual hablaba la lengua de los hombres de forma clara y audible - Quietos hombres, nunca amenacen a una bestia capaz de hablar - Advirtió el capitán Flinn para apaciguar el ímpetu e su tripulación. El gran minotauro habló con gran prudencia y respeto. Palabras como "sigan me" y "gran peligro" retumbaron en los espíritus mermados de la tripulación, quienes no podían encontrar descanso en aquella noche tormentosa. De pronto, todas las miradas se posaron en la humanidad de Torsten Flinn el cual, tras darse cuenta de la cantidad de hombres heridos con los que contaba, decidió aceptar la advertencia del minotauro - Bien muchachos, ya oyeron al señor Bargho. Carguen a los heridos que no puedan caminar y lleven solo lo que tengan a la mano por si la batalla nos alcanza - Rápidamente, todos tomaron armas y ayudaron a los más lastimados a incorporarse y seguir al extraño aliado. Pero su intento por salir de aquella costa fue abrupta mente interrumpido por el sonido de un hacha incrustándose en el pecho del gran hombre que llevaba a cuestas al mago conocido como Zevran y el grito de dolor que le procedió.

¡A las armas! ¡Defiendan sus vidas o mueran en estas desoladas aguas del mal! - Las fuertes palabras del capitán fueron seguidas por un grito al unísono de sus valientes y mal heridos hombres - ¡Minotauro! - Bargho escuchó claramente al hombre que parecía ser el líder de aquellas personas. Su escondite no estaba tan apartado de la costa, pero para llegar había que abrirse paso primero, y con tantos heridos a cuestas, una persecución sería prácticamente la muerte para muchos de los viajeros. Y sabía bien contra que se enfrentarían. Tenían mas posibilidades de sobrevivir si defendían esta costa y resistían el embate de la legión que se les venía encima.

Desde las sombras de los árboles que bordeaban la reducida costa a la que habían ido a encallar, un grupo de goblins de al menos 30 miembros salieron en busca de guerra y muerte. Armados con espadas malgastadas, hachas derruidas y arcos cortos con flechas mal talladas, el grupo parecía ser más un mar negro de caos y desorden que un verdadero grupo de combate. Pero las heridas dejaban en desventaja a los tripulantes del Azote del Mar y el viento empeoraba más y más. Tanto que vieron como un par de flechas se desviaban en pleno vuelo para caer al suelo varios metros fuera del objetivo original.

Spoiler:

De ahora en adelante pondré los detalles de la aventura en la sección Fuera del personaje con el tema "La torre de lo arcano". Búsquenlo y manténganse al tanto de las cosas antes de postear algo fuera de lugar.
**Lo siento, esta vez no tengo imágenes de ambientación .. no he tenido tiempo libre esta semana Razz**



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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Wrathowar el Jue Sep 22, 2011 9:27 pm

Clare a mi parecer estaba algo desorientada aún o al menos ese era mi parecer ya que no espere mucho a que me respondiese mientras comenzaba a observar lo acontecía al rededor. Pocos segundos pasaron para que el viejo lobo de mar que teníamos como capitán volviera a gritar dando ordenes a sus marineros y a todos en general. La tormenta seguía su curso y como era de esperarse se había llevado a varios marineros consigo, parte del barco y afortunadamente ninguno de los que habíamos sido contratados había fallecido. Aunque seguíamos dispersos y yo aún preocupado por la situación actual de Zervan. Algún marinero aparentemente lo había encontrado pero seguía sin poder verlo. Estire mis manos hacía adelante mientras dejaba que la lluvia limpiase algo mis manos, aunque la arena parecía no querer salir del todo. Eche además mi cabeza hacía atrás para poder limpiarla algo con la lluvia mientras el capitán seguía dando ordenes. Tras esto limpié algo más mis manos con parte de mi ropa que no tenía demasiada arena para luego intentar limpiarme algo la cara y algunos raspones que tenía en los brazos.

Tras haber hecho esto suspire y le hice una señal con la mano a Clare para disponernos a seguir a los marineros que habían decidido seguir al minotauro que se hacía llamar Bargho. Claro que poco pudimos avanzar hacía el escondite que nos había asegurado puesto que a los pocos segundos nos vimos rodeados por un grupo de goblins que intentaban atacarlos. La guerra se hizo presente y aparentemente cada uno tenía sus propias cosas por las que preocuparse.

Clare estaba cerca mío, por lo que después de haber sido embestido y enviado unos metros lejos por dos goblins pude observar como esta se enfrentaba a otros dos con espadas. Volví mi vista al frente para ver a mis oponentes, no sabía que tan buena era Clare con las armas, pero mejor me preocupaba de defenderme lo más rápido posible, limpiar algo el camino y luego ir en su ayuda o el resultado podría ser peor para ambos.

Me recompuse rápidamente aunque no pude evitar forjar una expresión de dolor en el rostro gracias a las heridas que había recibido por el impacto del barco y la misteriosa caída en la playa. Desenfunde mis espadas gemelas luego de haber visto que uno portaba un hacha y el otro una espada. El que me invistió por la fuerza supuse que fue el del hacha ya que el que se me acercaba más rápido era el de la espada como era de esperarse. El hacha es un arma pesada por lo que el manejo y el portar esta arma hace los movimientos más lentos pero considerablemente más fuertes que portar una espada.

Debía preocuparme más por el hachero, si combatía frente a frente con el espadachín tendría varios problemas y algo me decía que lo menos de esperarse era un combate justo. Pero bueno, ya había sobrevivido, aunque por suerte, a un kraken... ¿Qué eran dos goblins en comparación?

El espadachín logró acercarse bastante rápido lanzando una estocada vertical hacía mi hombro, nada muy difícil de bloquear aunque si requería algo de experiencia. Con mi píe izquierdo al frente use la espada que empuñaba en ese mismo costado para intentar bloquear el ataque desde abajo con la inercia de mi movimiento. Si el bloqueo funcionaba el goblin tardaría algo en volver a su postura original de ataque por lo que podría aprovechar ese momento preciso para atacar al otro goblin con el hacha quien fijaba mi mayor preocupación.

Si el bloqueo llegase a funcionar entonces volvería a mi posición original y aprovecharía que mi píe derecho estaba atrás para salir lo más rápido posible del alcance del espadachín. El ataque que realizaría luego contra el hachero sería simple, dejaría que una espada bloquee cualquier ataque con el hacha, de preferencia la espada derecha y con la izquierda intentaría cruzar su guardia para atacar con una estocada recta perpendicular y directa al pecho buscando su corazón para acabarlo lo más pronto posible. Claro, como dije antes, todo esto solo si funcionaba mi bloqueo.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Vie Sep 23, 2011 3:35 am

Un estimulante aroma a muerte se colaba entre las ranuras de mi máscara, paseando mis fosas nasales, aroma que se mezclaba con la arena mojada de la orilla en la que acontecían una serie de desprovistos infortunios, la lluvia no cesaba pues estaba rabiosa, como si aquel pulpo gigante que resultó herido hubiese sido una provocación a la mismísima madre naturaleza, el viento agresivo que propinaba vendavales incontrolables chocaba con fiereza sobre los cuerpos presentes, el sonido relajante de las olas se tornarían en sonidos desquiciantes por unas olas inmensas, a cada cual más devastadora, las aguas intranquilas, solo había algo que permanecía impasible y estoica, una torre, aquella misteriosa torre que emergía de las profundidades del lugar, la cual se podía divisar desde el horizonte si contemplabas los alrededores con la fortuna de que ayude a tu visión uno de los imprevisibles truenos que acariciaban el momento como una madre a su retoño.

Despues de pronunciar mis palabras sobre un grupo de marineros los cuales no supieron responder a tiempo debido a su desorientación, tras observar a varias personas de lo más rocambolescas cuando crees que ya has visto demasiado, siempre puedes ver mucho más desdeluego, un vasto minotauro hacia aparición con premura, me preguntaba a que se debía tanta prisa, de donde diablos había aparecido y caules eran sus intenciones, había leído sobre ellos, pero nunca tuve el honor o deshonor de toparme con una de estas bestias legendarias.

Las voces del capitán Flinn sonaron entre el arremolinado clima, volvía a hacer gala de su mandato con perspicacia y soberanía, su presencia sería de gran ayuda a la hora de partir, aunque dadas las circustancias, aquel hombre parecía un imán de problemas, en algo ya nos ibamos pareciendo, no hay nada de valor en no querer afrontar el destino encomendado por Elhías, si mi lugar era yacer en estas arenas bajo este temporal vertiginoso asi sería, solo esperaba que mi alma siguiera vagando con el permiso de mi Dios hasta encontrar los secretos prohibidos del libro y encontrar a mis padres, desleales perseguidos por los ténebres de Zakhesh, mancillando mi honor desde los principios de mi era.

El costado me dolía más de lo que creía, quien sabe si tendría alguna costilla rota después de aquella estrepitosa caída, habría que salir cuanto antes del campo abierto, o el tiempo acabaría por engullirnos, un lugar cerrado sería una buena opción, como el cobijo que podía albergar aquella desconocida torre, me gustaba pensar que dentro se estaría celebrando algun festín, donde bárbaros festejaban con hidromiel chocando sus jarras, entres mujeres hermosas que dejaban entrever sus senos en busca aventuras no aptas para monaguillos, a la par que bailoteaban, felices y a cubierto de este inestable huracán.

Aquellas imaginaciones desaparecieron mientras caminaba, al pararme en seco, no podía dar crédito a lo que veían mis ojos, un grupo ......un grupo de abominables goblins trotaban alzando sus armas,¡Sucios goblins! emitiendo sus asquerosos graznidos similares al grito de una rata pisada, alimañas sin conciencia, torpes criaturas, inmundicias de los dioses menores, pero peligrosos, sobre todo cuando atacaban en número era un enemigo que no se podía subestimar.

Dos de ellos parecieron fijarse en mi presencia, uno de ellos portaba una espada con su mano, con ese cuerpo menudo vestido por harapos andrajosos, mientras que el otro poseía un arco en el que debido al viento sus flechas serían más un designio del huracán que un deseo atroz del abominable, no poseía nada contundente a mano a excepción del libro cuyo material místico me serviría como escudo, dejaría que aquel goblin con espada en mano se aproximara a mi, para detener sus ataques, sin descuidar la linea de tiro del arquero, pues jugaría con el goblin de la espada, para que si el arquero lograra un disparo raudo y certero, impactase contra el goblin de la espada, una vez que dichas flechas aletorias impactaran en el, aprovecharía para propinarle una serie de golpes usando mis extremidads para lograr desarmarlo, obteniento su espada para acabar rebanando su gaznate verdoso, poco a poco me iría acercando al arquero, protegiendome con el libro parte de mi tronco y cabeza, cabizbajo y trotando rumbo al arquero goblin para asestarle un tajo horizontal en su vientre, si todo funcionaba bajo la voluntad de Elhías y asi lo desea, ese sería mi plan, aunque no siempre sale lo que uno planea.







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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Kenwood Kyrst el Dom Sep 25, 2011 12:31 am

Aunque su dolorido cuerpo le daba continuas muestras de su estado, la fría lluvia lograba mitigar la sensación de dolor de su cuerpo, aunque las gélidas aguas le golpeaban directamente en el cráneo pensó en ser afortunado por no tener cabello que le dificultase la visión y le resultase incómodo, pero también se lamentó por no tener su cabello azabache para aislar su cabeza del frío, a pesar de que no era muy dado a enfermar.

Al comprobar ya menos aturdido, que la mayoría de sus compañeros de viaje habían sobrevivido...en mayor o menor medida, y se sintió algo aliviado al saber que los que faltaban podían no haber muerto, ya que sus cuerpos sin vida no estaban por ahí.

Sin embargo una extraña alegría le invadió el cuerpo al ver al gigantesco cuerpo del minotauro aparecer en escena...¡Menuda...bestia!, tenia pinta de ser muy poderoso...la clase de oponente que debería derrotar para ser aún más fuerte. Dedicó unos minutos a contemplar al minotauro que se identificó como Bargho...un nombre muy curioso, aunque la verdad es que Kenwood no había conocido a ningún minotauro antes, así que no sabía si aquel nombre era común en ellos.

Su alegría se multiplicó al ver a la masa informe de goblins que les atacaban, si bien al principio su presencia le dio un buen susto, ya que no se lo esperaba en lo mas mínimo, pronto esa incredulidad se transformó en la anteriormente mencionada alegría, necesitaba algo de acción para dejar salir la furia del interior de su cuerpo por haber perdido sus queridos guantes, y ni su dolorido cuerpo ni su falta de armas iba a disuadirle el intentar darle una buena paliza a aquellas imitaciones de orcos, así que su habitual dinamismo le devolvió la fortaleza a su espíritu.

Cuando se vio atacado por un pequeño grupo de 3 goblins apenas tuvo tiempo de ponerse en guardia, levantando sus puños con cierta dificultad debido al pequeño entumecimiento que le recorría el cuerpo debido a la lluvia helada; estudió sus movimientos...parecían seres muy bárbaros, por lo que dedujo que sus ataques se limitarían a golpes rápidos sin ton ni son. No parecían demasiado fuertes, pero ellos estaban armados y él no, y esas espadas tenían pinta de dejar feas cicatrices si dan en su objetivo.

Sus piernas se separaron entre si ligeramente dejando su cuerpo en una posición algo baja y estable que le permitiría además una mejor respuesta a los envites del enemigo, sobre todo teniendo en cuenta la rapidez de esos goblins.

Las espadas de aquellos seres humanoides no parecían muy peligrosas, pues sus filos se hallaban gastados y tenían aspecto de poder quebrarse solo con el fuerte viento que les rodeaba, pero no por ello iba a subestimar a sus oponentes...no hay lucha fácil, decían habitualmente los monjes con los que se crió, aunque sobra decir que esa mentalidad no era muy acusada en Kenwood, solo lo suficiente como para no tomarse a la ligera a nadie.

Temía mucho menos al garrote del tercer goblin, dudaba de que aquella bestezuela pudiera dar golpes demasiado contundentes con aquel arma, mas no se confiaba demasiado, como era habitual en él.

Aunque su posición de combate era principalmente defensiva, el muchacho lo dudó en aprovechar su posición más baja para impulsarse con su pierna izquierda e intentar lanzar una fuerte patada directamente en el goblin más cercano a él, si lograba su objetivo quizás aquellos seres malignos y caóticos podrían darse cuenta de que no se trataba de un objetivo fácil, el dolor que sentía en la espalda se acusó gracias al brusco movimiento de su pierna, y aunque el monje intentó hacer caso omiso de ese dolor, impidió que la patada fuera todo lo potente que pudiera llegar a ser.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Invitado el Dom Sep 25, 2011 8:13 am

*A pesar de que en mi rostro no se denotaba ninguna inquietud, dentro de mi mente luchaba por apaciguar las aguas, mis propias aguas. Trataba de escuchar con atención los gritos del capitán, y también los de los marineros, sin despegarme de Loba, y aún así no había nada claro. Seguía bastante ensimismada, sin poder quitarme el sabor de la voz de mi hermana de los recuerdos, de las visiones, era todo lo que me preocupaba en el instante. Me inquietaba el no poder plantarme firme en aquella arena, el no poder centrarme en la punzada constante de mi costado y del dolor de todo mi cuerpo, el que ni siquiera la lluvia que hacía doler la piel pudiese llevarme con claridad a aquel momento.

Sacudí mi cabeza un par de veces, con la mirada perdida y la expresión nula. Loba maullaba nerviosa a mi lado, mirando a su alrededor e inclinando su cabeza hacia arriba constantemente para mirarme a mí. No podía parar de preguntarme a dónde la había traído, cuando una voz me sacó de un golpe de mis pensamientos. Mi semblante cambió por un par de segundos, dejando entrever una mirada llena de curiosidad, pero me apresuré en serenarme nuevamente. Era el muchacho que había visto en el barco, cuando aún todo parecía ir perfectamente bien. Se presentó como Neizan, y de manera inmediata planteó el buscar a Zevran. Y ahora que lo decía, me daba cuenta de que no se hallaba entre todos, o al menos no visiblemente. El tono del joven me había llamado la atención, como si no hubiese sucedido antes nada, como si nos hubiésemos encontrado en el medio de un carnaval. Había algo en él que me causaba curiosidad. Me limité a asentir con la cabeza.

Pocos minutos más tarde se alzaban los gritos del capitán, se nombraban a quienes aún no se hallaban. Me preocupé al escuchar el nombre de Zevran y aquél otro, quien me había parecido de tono burlón y hasta un poco ingenuo, aunque aquella preocupación no tuvo mucho lugar pues no mucho rato después, encontraron a ambos, aunque sí, heridos un poco más gravemente que la mayoría del grupo. Pronto apareció Bargho, aquél había dicho que era su nombre, un minotauro. Era maravilloso poder ver a una criatura así y no sólo leer sobre ella, a pesar de que Loba erizó su pelaje e incorporó por completo su cola. Me agaché para calmarla y de a poco volvió a su estado normal, todavía un poco malhumorada por toda la lluvia que le caía encima.

Ante la señal de Neizan iniciamos el camino hacia el escondite de Bargho, yo podía sentir un incremento al dolor del costado cada vez que daba un paso con el pie izquierdo, por lo que mi respiración seguía siendo entrecortada. Estaba a punto de caer en los pensamientos sobre mi hermana nuevamente, cuando una oleada de goblins -poco agraciados, a decir verdad.- nos amenazó. Me detuve en seco mientras avanzaban hacia nosotros, elevé mi rostro hacia el cielo y dejé que las gotas de lluvia me refrescaran más aún de todo lo empapada y congelada de lo que ya estaba... Cerré los ojos y desenvainé mi daga.

Dos, dos goblins, cada uno con su espada personal. Eché una última mirada a Loba, para que entendiese que pasara lo que pasara conmigo, debía alejarse de ellos. Ambos avanzaban hacia a mí con su espada en alto, aunque uno de le llevaba un poco más de ventaja al otro. Correría hacia el más cercano y enfrentaría directamente mi daga contra su espada, empujándola hacia arriba, para pasar por debajo del arco que se hiciese entre mi daga y su espada; así acabaría detrás de él y podría apuñalarlo por la espalda. Tendría que ser muy rápida, pues la distancia entre ambos goblins no era la suficiente como para salir completamente a salvo mientras hiciese aquello. Probablemente al momento de apuñalar al primer goblin, el segundo goblin tomaría ya la posición de ataque y podría hacerlo, pero si me apresuraba, tenía la oportunidad de sufrir sólo un par de cortes superficiales. No iba a tener tiempo para recoger la espada del primer goblin, por lo que habría de retroceder para poder defenderme de los golpes que podría tratar de llevar a cabo mientras yo me reincorpore. Si lograba alejarlo, correría, me alejaría al menos un par de metros de él y desde allí lanzaría la daga directamente a su pecho. Si no lograba alejarlo... iba a tener que confiar en que fuese más veloz que él, para poder, aparte de defenderme, herirlo.*
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Lun Sep 26, 2011 4:52 am

Por fortuna los humanos no habían intentado lanzarse contra él, mejor así… para ellos.

Bargho se sorprendió un poco por la rapidez con la que el capitán del barco había accedido a su solicitud, pero después lo meditó mejor: aquellos viejos lobos de mar estaban acostumbrados a tratar con todo tipo de criaturas inverosímiles, la apariencia de un humanoide mitad toro de tres metros de altura sencillamente no debía de impresionarle y se limitó a escuchar lo que decía. Como desearía que el resto de los humanos fueran así…

Sin embargo poco tiempo tuvieron para seguir las indicaciones del antropomorfo cuando desde la floresta una pequeña multitud de goblins surgió con sus rudimentarias armas, al minotauro casi le da una carcajada, en su vida se había enfrentado a ejércitos de goblins acompañados de ogros montañeses, aquella pequeña chusma definitivamente no lo impresionaba, pero no exteriorizó su jovialidad, ya que podía resultar ofensivo para aquellos guerreros que por una u otra razón, veían en los goblins unos adversarios de peso.

Bargho se preparó con su hoplón y su lanza, cuando advirtió que entre los cinco goblins que se dirigían hacia él uno portaba un arco y flechas, eso era peligroso, una saeta al fin y al cabo da lo mismo si la dispara un elfo o un asqueroso goblin, si impacta en un ojo o en una rodilla las consecuencias son devastadoras. De manera que enterró la lanza en la arena y cogió una de sus hachas, apuntó bien hacia uno de los goblins que se detenía para cargar su arco y con el potente impulso de su brazo arrojó una de sus franciscas en medio de un silbido terrible.

El pobre goblin no tuvo tiempo para hacer gran cosa, antes de que pudiera reaccionar el filo del hacha se incrustaba en medio de su rostro reventando su cráneo y esparciendo sus sesos por la playa como si fuera una sandía reventada con un palo, rápidamente Bargho recuperó su lanza y encaró al resto de los goblins que se aproximaban, quedaban cuatro y al parecer algo mas atemorizados por la velocidad con la que el minotauro se había despachado a uno de ellos.

Bargho conocía bien la psicología de aquellas sabandijas, con ellos había que atacar, no ser atacado, de manera que con su escudo firme en su siniestra se arrojó en una breve carrera contra ellos lanza en ristre, los goblins pararon en seco dubitativos y Bargho aprovechó aquella pausa para ensartar con su lanza al más próximo como un pollo, lo había atravezado por el estómago de manera que el pequeño empezó a chillar desesperado mientras el minotauro lo levantaba por los aires al tiempo que alzaba la punta de su lanza y lo catapultaba con fuerza arrojándolo contra otro de los desgraciados que miraba aterrorizado la escena, en una suerte de cometa gris con una cola de sangre regándose desde el boquete de su estómago.

Si impactaba de lleno en el otro infortunado… de seguro que le haría daño, mientras tanto Bargho volvió a ponerse en guardia con su escudo, parecería ridículo pero con esas alimañas tan tramposas nunca podía saberse...
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