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La Torre de lo Arcano

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Lun Sep 26, 2011 9:51 pm

Los alaridos histéricos de las viles criaturas provenientes del bosque más cercano a la costa hicieron eco con el diluvio huracanado que azotaba impasible a los náufragos. No parecía que las bienvenidas amables fuesen costumbre en aquel lugar perdido entre las aguas de los archipiélagos de Thonomer. Habían quienes preferían buscar una salida pacífica. habían aquellos que no rehusaban un combate por más peligroso que pareciese. Lo cierto era que ahora nada eso importaba. Estaban en aguas hostiles y sus vidas solo podían depender de uno mismo y de nadie más.

Los goblins habían comenzado una desenfrenada ofensiva. Atacaban desordenados y sin sentido. Gritaban, aullaban, chillaban y hacían otros ruidos imposibles de realizar por un humano ordinario. Sus tácticas eran predecibles, pero no por eso eran menos peligrosas. Eran criaturas sin cordura las cuales podrían sacrificarse a sí mismos si eso aseguraba la muerte de uno o dos enemigos en manos de sus compañeros. Saltaban y rodeaban a los marineros y a los mercenarios tratando de intimidarles y flanquear sus guardias. Tenían la ventaja de estar en terreno conocido y que sus oponentes estaban claramente heridos y debilitados.


Uno a uno, los goblins fueron terminando con la vida de algunos marineros mientras estos acababan con uno o dos goblins a su vez. Era una fiesta desquiciada orquestada por el sonido del viento huracanado, el agua de lluvia golpeteando incansablemente los sables y las armaduras y por el intenso oleaje que aumentaba como si fuese impulsado por el poder destructivo de los rayos y los truenos.

Los movimientos erráticos de los goblins volvían impredecibles sus ataques bajo las inclemencias de aquel clima tan tormentoso. Neizan, quien trataba de acercarse a Clare en un principio, terminó enfrascado en un combate a muerte contra dos de estas criaturas. Haciendo uso de su juventud y su manejo de espadas logró desviar el primer ataque de uno de los goblins y asestó un golpe crítico directo al corazón del segundo enemigo. Sin embargo, el traidor goblin de la espada corta había logrado mantener su compostura para realizar un corte en la pierna derecha del joven guerrero. Instintivamente lanzó un segundo ataque mientras caía al suelo producto del ataque a traición y milagrosamente logró cortar la garganta del goblin que reía descuidadamente, mandándolo al infierno donde pertenecía.

Kenwood parecía entusiasmado, como era típico de él. Tres goblins habían decidido tomarlo como víctima, pero aprenderían que un monje desarmado era igual de peligroso con o sin armas. La confianza abundaba del lado de las criaturas, por lo que su intención inicial de atacar juntos se había desvanecido en el aire. El primero de los goblins corrió hacia el enfrentamiento pero recibió una fuerte patada que le saco el aliento dejándolo semi inconsciente al instante. El poderoso movimiento no pasó desapercibido para los otros dos goblins, pero su confianza solo aumentó al ver como su enemigo se tocaba la espalda claramente adolorido. Sería muy dificil para él asestar un segundo golpe igual de potente.

Clare parecía más preocupada por su hermana que por su actual situación. Si bien había sido extremadamente perturbador para ella haber sido testigo de tales visiones, sabía bien que no podría hacer nada por su hermana si moría en esta playa sin nombre bajo los filos de unas criaturas tan desagradables. Tomó valor de su propia desgracia y combatió la embestida de su enemigo con un veloz movimiento de piernas. Logró su cometido, de alguna manera el goblin había fallado en su intento dejando su espalda a merced de la humana quien no dudó en acabar con la existencia de su enemigo con una puñalada en la espalda. Pero el segundo goblin parecía más decidido, y con un salto desenfrenado saltó sobre la mujer tirándola al suelo de espalda. Clare había sido superada en fuerza y repentinamente había sido mordida por aquella criatura en su antebrazo derecho. Pero Loba, su fiel amiga felina, saltó agresivamente sobre la cara del goblin, haciéndolo retroceder con un alarido de dolor dejando su pecho abierto para el ataque mortal de la daga de Clare, quién aprovecho la oportunidad sin dudarlo.

Las cosas no fueron tan bien para el hombre de la máscara misteriosa y el extraño libro. Dos goblins habían corrido en su encuentro, haciendo poca importancia a sus armas empuñadas. Pues, a pesar de que uno tenía un arco corto y el otro una espada malgastada, ambos goblins decidieron hacer caso omiso de dicho armamento saltando bruscamente sobre el humano. Azathot sabía que eran criaturas impredecibles y descabezadas, pero por lo menos esperaba que tuviesen cierta coherencia con sus ataques. Cosa que no parecía ser así. Estaba abrumado por la presencia de ambos goblins. El que traía arco en mano lo había perdido durante su salto y ahora sujetaba por los hombros al hombre, mientras que el dolor punzante de una espada cortando su pierna izquierda a la altura de la pantorrilla le hizo entender que el segundo goblin aún poseía su espada. Y estaba muy dispuesto a usarla.

Por otra parte, Bargho hacía uso de su intimidante y poderosa presencia en contra de sus pequeños enemigos. Había eliminado fácilmente a dos Goblins con un mínimo uso de la fuerza y ahora portaba imponente su gran escudo y lanza que tan perfectamente manejaba. Los goblins dudaron por un momento. Sabían que el enorme minotauro era su enemigo, pero también sabían que no podrían contra tal masa de músculos. Se miraron mutuamente manteniéndose a la distancia del peligroso antropomorfo y optaron por la solución más viable. Huir de vuelta al oscuro bosque de donde habían salido. El gran minotauro consideró la opción de darles caza y eliminarlos, pero entendió que aquellas criaturas eran una pérdida de tiempo y sfuerzo. Además, dicha opción perdió más sentido al ver los problemas en el que se encontraba la mayoría de la tripulación del barco. Debía brindar ayuda si quería que sobrevivieran suficientes hombres para el asalto que planeaba.

Su miraba se fijaba en los goblins que sometían al humano del libro y a los ue tenía enfrente el hombre desarmado con apariencia de peleador. Pero dicha ayuda no fue necesaria. De improvisto, una lluvia de rayos azotó con furia la playa. La gran mayoría golpearon el suelo arenoso lanzando por los aires a los goblins cercanos a la zona del impacto. Otros cuantos rayos fueron a hacer blanco directamente a algunos goblins, entre ellos los que atacaban a Kenwood, Azathot y Neizan, eliminando dichas amenazas casi al instante a causa de la combinación mortal de la electricidad, el metal y el agua.

Todos buscaron el responsable de tal ataque. Aunque era un poco previsible. El capitán Torsten Flinn había sido el causante de tal demostración de poder mágico. O mejor dicho, rúnico. El capitán sujetaba firmemente una runa similar a las utilizadas contra el Kraken, pero sus manos estaban claramente quemadas por tal acción. Parecía como si tal poder fuese demasiado peligroso de utilizar, y más aún, controlar - Hombre-toro - Gritó con autoridad - Muéstranos el camino a tu escondite antes de que retomen sus agallas - Las palabras del capitán eran sabias. Si bien, los goblins habían retrocedido ante tales poderes, no podría asegurar que no fueran atacados por una segunda horda. Y si ese fuese el caso, sería la muerte para todos.

Bargho no gustaba de que le dijeran que hacer, pero admitió que era la mejor opción teniendo en cuenta las bajas y sus pasadas semanas habitando esta isla. Rápidamente ayudó a algunos que no podían ponerse en pie y guió al ahora reducido grupo hacia las rocosas costas de los desfiladeros contiguos a la zona de impacto, hasta una grieta natural la cual era la entrada a su escondite. Las hordas de goblins y orcos que patrullaban constantemente esas costas siempre evitaban pasar por este estrecho paso, principalmente por su odio al agua.

El camino había sido relativamente tranquilo. Logrando ignorar la tormenta, los truenos y las heridas aquel paseo por las rocas azotadas por el mar no parecía tan malo. La cueva de Bargho era muy grande, elevándose casi veinte metros hasta el techo de la caverna y se adentraba en la isla a través de un sendero oscuro de un kilómetro de largo el cual terminaba en una salida posterior a la cueva oculta a la vista.

Sería en este lugar donde tratarían de atender sus heridas y tomar sus siguientes decisiones. No sabían en que se habían metido ni donde estaban, y necesitaban respuestas cuanto antes.


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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Kenwood Kyrst el Mar Sep 27, 2011 12:29 am

No había sido un gran esfuerzo el efectuado por Kenwood, sin embargo la repentina patada había logrado recordar a su cuerpo que hacía poco había estado desmayado y con algunos golpes.
No obstante la imperiosa necesidad de poner en orden todo lo que ocurría a su alrededor logró vencer sobre las ansias de lucha que embargaban su cuerpo y que, de ninguna manera, eran satisfechas con un golpe o dos.

La nueva muestra del gran poder que poseía el Capitán Flinn fue asombrosa. Kenwood nunca había leido ni visto nunca aquella clase de poder y las runas de aquellas tablas no parecían ser escritura común.
Los misterios de la magia no le eran del todo desconocidos, incluso demostró algo de talento al respecto, pero su interés ante los misterios de la magia eran pequeño en comparación al amor que profesaba a las artes marciales.

Siguió al minotauro junto con los demás, notando como la tormenta parecía calmar algo su furia ante los afortunados supervivientes de la emboscada, entre los que se contaban el propio minotauro, el capitán Flinn y algunos de sus compañeros.

Aunque se lamentaba profundamente de la desaparición de los dos hombres a manos de los goblins no iba a poder hacer nada en su estado, ya que las bestias son rápidas, y llegado el caso no podría pelear contra todas ellas dada su actual condición física.

-Espero que esos dos aguanten vivos hasta que podamos ir a por ellos-. Dijo frotándose las manos debido al frío y a la extraña sensación que le producía el no tener sus guantes puestos tras una pelea.

*En el monasterio me van a arrancar la cabeza...tsk*.Pensó mientras caminaba entre las rocas para poder llegar a un lugar donde al fin poder descansar durante un rato.

Observó durante unos segundos a los compañeros que aún continuaban con ellos. La chica tenía un mordisco bastante feo en uno de sus brazos, lo que provocó en el joven un sentimiento de culpa al no haberla ayudado. El otro joven, el que usaba dos espadas, había sido herido en esta ocasión en una de sus piernas, y con una de esas espadas ruinosas y sucias.

Se hubiera estado menos dolorido se habría ofrecido a cargar a Neizan o a Clare, pero el pero su espalda estaba bastante dolorida y le era imposible cargar nada demasiado pesado...por un momento lamentó el no tener cerca su bolsa de piel, ya que las píldoras medicinales que contenía podrían no solo ayudarle a él, sino a todos los afectados de aquella desventura.

-Espero que al menos podamos encontrar a la hechicera Ultimecia,a alguno de nuestros otros compañeros desaparecidos o a más marineros desaparecidos-. Dijo en voz alta a la vez que echaba un vistazo a las olas que rompían en las rocas.

Todo lo acontecido recientemente había logrado hacer que su mente olvidara la comida y la bebida que su estómago y su garganta demandaban en aquel momento, sin embargo al sentirse más o menos protegido dentro del refugio temporal o permanente del minotauro (aún no lo tenía suficientemente claro) esas necesidades vitales volvieron a su ser, las cuales se tradujeron en un pequeño sonido parecido a un gruñido que vino de su estómago y que se vió ligeramente amplificado y repetido por las pétreas paredes de la gruta.

-Señor Hombre-Toro, además de querer escuchar tu historia junto a un buen fuego, a ser posible, me preguntaría si nos podría ofrecer algún tipo de comida o bebida-. Sus palabras salieron con un tono seco, atestiguando la sequedad de su garganta, en ese momento dejó a un lado los deseos que tenía de luchar contra aquella gran mole de músculos para intentar calmar sus deseos más elementales.

Quizás resultaba algo descortés por preguntar algo así, pero la recuperación de fuerzas y el planeamiento de acciones futuras primaba más en aquel momento que sus ganas de lucha. Eso en él era algo inusual, pero habían muerto muchos hombres y otros se encontraban desaparecidos, o lo que es peor, capturados por un grupo de trasgos capaces de todo.

Finalmente, echó un vistazo al oscuro fondo de la cueva, mas sus ojos no pudieron penetrar en la densa oscuridad de la misma, por lo que desistió en sus intentos por vislumbrar algún tipo de movimiento en la oscuridad, de todas formas resultaba difícil pensar que alguna bestia se ocultase entre la oscuridad. Ya que desconocía el lugar y las criaturas que podían habitar la isla, pero dudaba que existiera criatura viviente capaz de enfrentar al gran hombre con cabeza de toro, mas tenía la esperanza de ser esa misma persona.

Aunque en aquel momento trató de enterrar muy hondo aquel pensamiento para poder concentrarse en lo que realmente era importante, su bienestar y el de sus compañeros de viaje.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Miér Sep 28, 2011 3:46 am

Aqui venían y allí estaba dispuesto, mi túnica mojada pesaba más de lo normal, las gotas de agua resbalaban por el acero de mi máscara con naturalidad, mis manos acabarían con la vida de esas criaturas del infierno, sin embargo, pronto comprendí que mi idea no iba a llegar a buen puerto, el destino que me había otorgado Elhías tal vez sería el de la muerte, me sorprendió ver como el goblin que poseía un arco se había despojado de él, como si de pronto una lucidez brillante dotará de una inteligencia poco común en los de su especie y entendiera que bajo dichas inclemencias meteorológicas las flechas volarían en una dirección más que orientada, aleatoria, debía pensar y rápido, pues ya era demasiado tarde, se abalanzaron sobre mi, pude notar como sus sucias zarpas sujetaban mis hombros con ferocidad, como era empujado, como si tratara de tirarme al suelo.

Rápidamente comenzé a caminar hacia atrás, mientras trataba de agarrar con mis manos al alocado monstruito que parecía gozar de euforia al tenerme atrapado en sus manos, de pronto sentí el frio acero deslizándose por mi pierna, un dolor, un escozor pronto hizo efecto en mi pierna izquierda, miré al maldito goblin, y su hoja carcomida ensangrentada, diablos...ahora me costaba apoyar mis pies sobre la arena, me revolví lleno de furia, estos diablillos debían respetarme como señor oscuro, no atacarme, que presunción, que deshonor, maldeciré esta raza torpe y tonta hasta el fin de mi existencia, antes de que pudiera realizar más acciones o pensar en la manera de librarme de estos goblins, casi pensé que la tormenta se había incrementado, pero entonces caí en la cuenta de que aquel poder de rayos volvía a resurgir de los cielos, concretamente de esas runas exóticas, agraciadamente, un rayo rotundo impactó majestuoso sobre el goblin de la espada haciendo que su cabeza explotara en pedacitos, calcinando su cuerpo, cayó desplomado sobre la arena, pude lanzar a la arena al goblin que se enorgullecía por haberme sujetado ese tiempo, salió corriendo, su miedo se podía respirar, otro selecto rayo acabó con su vida, dejándolo frito al instante, electrocutado y chamuscado, su cuerpecillo se mezclaría con la arena.

Flinn, otra de sus maniobras me había salvado la vida, aquellas runas eran tan misteriosas como efectivas, me pregunto de que lugar las había hayado, de que material estaban constituídas y que embrujos de hechicería lograban crear un efecto tan devastador y afortunado para poder neutralizar a un Kraken, contener a un grupo de sucios pestilentes goblins, aquel individuo era más que un simple capitán, era una especie de héroe de los mares, su cadáver sería un homenaje al arte de la nigromancia, ¿Qué mejor manera de agradecerle sus acciones? aunque dar las gracias era un gesto muy impropio de mí.

Comencé a desplazarme, con dificultades, cojo, el tajo de aquel tedioso goblin no se podía tomar a la ligera, cada vez que apoyaba el pie, el dolor se hacia más fuerte, agarré un puñado de arena mojada, con la ventaja de que tambien estaba mojada por agua de mar, la posé sobre la herida, mi respiración se tornó tosca, la sal quemaba, como si me arrancara la piel, asi pues, a continuación de aquella acción, seguí moviéndome cojeando.

Todos los presentes parecían seguir a la bestia con cuernos, como si del mismo diablo se tratara arrastrando las almas humanas a su abismo donde culminaría su incuestionable supremacía, ¿Y si no eramos más que comida para el?¿Y si cientos de su especie tienen preparado una ceremonía con un caldero lo suficientemente amplio como para cocinarnos en pareja? por otro lado...¿Que criaturas son más inteligentes, los goblins o los minotauros?, resignándome, no tuve más remedio que seguir los pasos del minotauro, a la par que caminaban varios grumetes junto al capitán Flinn, había un joven que parecía rendir culto al minotauro, tambien se preguntaba sobre la bruja del tiempo, mas me aventuré a contestar, una vez traspasamos el sendero, llegando a la cueva.

- Esperáis muchas cosas muchacho, dudo que volvamos a encontrarnos con la extravagante bruja del tiempo, ¿No creéis que nos esta poniendo a prueba, incluso si en el camino se nos son arrebatadas nuestras propias vidas, que dicha bestia con cuernos no es más que un títere para sus arcaicos propósitos y nosotros le seguimos como cual rebaño a su pastor? Que sería de nosotros si no llega a ser por el capitán Flinn, oh si, el y sus runas, runas poco comunes para un hombre de mar, pero podéis estar tranquilo, si deseáis un buen cometido y honrar al dios Elhías, permitidme usurpar vuestro cadáver, tal vez asi tengáis una muerte honorable hahahaha
- mi voz metálica se mezclaba con el sonido de las olas muriendo en las rocas, mi mirada fue a parar a los ojos del minotauro, pues no confiaba en el, ni en ninguno de los presentes.





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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Miér Oct 05, 2011 12:34 pm

El furor de la batalla empezaba a encenderse en el corazón de Bargho como cada vez que empuñaba su lanza, el frío azote de la lluvia sobre su lomo poco hacía para aliviar el ardor de su espíritu… al parecer había ciertos aspectos de su naturaleza que eran demasiado difíciles de vencer.

-Hay mucho furor dentro de ti, Bargho hijo de Baragorn- Dejo Éannathair desde su refugio en el espíritu del minotauro-

-No, aún puedo controlarme-

Bargho resoplaba, pero tenía razón: aún estaba lejos muy lejos de caer en el bérserker.

Un chisporroteo y un resplandor azul parpadeante lo interrumpió en sus meditaciones y lo trajo de vuelta a la realidad, el capitán Flinn valiéndose de una poderosa runa invocaba las fuerzas del elemento aire en forma de rayos que azotaron y achicharraron a varios goblins, al parecer ayudar a aquellos desconocidos había sido una decisión muy sabia, seguramente serían de mucha utilidad para su campaña de rescate.

Los goblins huyeron aterrorizados y el capitán conminó a Bargho para que les guíe al refugio prometido, cosa que el estaba bien dispuesto a hacer, había visto pelear a los humanos y a pesar de que ninguno había salido ileso del combate con aquellos pequeños seres verdes, al parecer habían potencialidades interesantes entre ellos.

El minotauro se puso su escudo a su espalda y dos marineros humanos al hombro izquierdo y uno al hombro derecho, donde se sostenía en su lanza a modo de bastón, la pequeña punta de metal del anverso del arma era sumamente útil para avanzar por el terreno pedregoso de la costa donde se hallaba su escondite, el aire frío de la noche era mas oscuro que nunca aquella noche sin luna, apenas podía verse el suelo por donde se pisaba y el continuo romper de las olas sobre las rocas hacía muy difícil el distinguir claramente ningún sonido. En algún momento, entre los gritos que el daba para guiar a los náufragos en medio de la oscuridad, creyó oír algo así como un grito y un chapoteo, sin embargo al no estar seguro continuó con el peligroso camino entre las rocas y el agua. Al poco tiempo la negra boca de una gruta se abría de improviso entre las rocas y por ella ingresó seguido del resto de los aventureros.

Avanzaron en medio de una oscuridad total, pero el Uro estaba ya bastante acostumbrado al recorrido e iba avanzando sin la necesidad de luz, dieron un giro en un recodo y luego en otro y de golpe se toparon con un espacio iluminado: la bóveda de una gran cueva de aproximadamente veinte metros de altura apareció ante ellos y en medio una fogata ardía chisporroteante, por aquí y por allá en los rincones se veían trozos de carne roja y de pescados envolviendo vigas de madera luego de haber sido previamente ahumados y puestos para su conservación. Bargho no había permanecido ocioso en su estancia en la isla y había logrado acopiar provisiones suficientes para vivir un mes, de una grieta en la roca se podía oír el sonido de un pequeño chorro de agua dulce que caía día y noche, aquel era un refugio ideal… lástima que a la mañana siguiente tuvieran que abandonarla, la proximidad del combate al refugio lo había convertido en un lugar poco seguro, y con solo dos entradas podía bien convertirse en una trampa mortal, tenían que moverse: Es mucho mas fácil esconderse cuando nadie te está buscando.

-Espero que al menos podamos encontrar a la hechicera Ultimecia,a alguno de nuestros otros compañeros desaparecidos o a más marineros desaparecidos-

Dijo el humano que había caminado cerca de el y de golpe Bargho reflexionó: los dos muchachos no estaban: ni la niña del gato ni el joven espadachín, recordó el grito y el chapoteo que había oído llegando a la cueva pero dudó ya que no estaba demasiado seguro de haberlo oído, de todas maneras había poco que hacer ya: si esos dos habían caído en el mar como estaba seguramente estarían muertos.

Antes de que pudiera contestar nada se le adelantó el enmascarado quien soltó un breve y desagradable discurso:

-Esperáis muchas cosas muchacho, dudo que volvamos a encontrarnos con la extravagante bruja del tiempo, ¿No creéis que nos esta poniendo a prueba, incluso si en el camino se nos son arrebatadas nuestras propias vidas, que dicha bestia con cuernos no es más que un títere para sus arcaicos propósitos y nosotros le seguimos como cual rebaño a su pastor? Que sería de nosotros si no llega a ser por el capitán Flinn, oh si, el y sus runas, runas poco comunes para un hombre de mar, pero podéis estar tranquilo, si deseáis un buen cometido y honrar al dios Elhías, permitidme usurpar vuestro cadáver, tal vez asi tengáis una muerte honorable hahahaha-

Bargho contó mentalmente hasta diez, no solamente se habían perdido dos elementos interesantes del grupo, si no que ahora debía afrontar las amenazas e intrigas te aquel hombrecillo de negro. Una vez terminó de contar respondió pausadamente al monje:

-Tienes razón humano, pero cualquier cosa que hagamos tendremos que hacerla mañana por la madrugada, a estas horas es demasiado peligroso ir saltando por las rocas mojadas en plena oscuridad buscándolos.- Una vez dicho esto en el tono mas amable que pudo se volteo hacia Azhatot:

-Tengo que decirte dos cosas: Primero, que el título de bestia con cuernos puedes reservarlo para cualquiera de tus amos, yo ya he dado mi nombre y si no te place dar el tuyo no es razón para que me llames como se te antoje; y segundo: no tengo la mas remota idea de sobre que bruja están hablando, lo único que se es que no la conozco y que no soy títere de nadie. Acabo de salvarte de ser convertido estofado para goblins –dijo mirando significativamente a la pierna herida del nigromante- Así que no estás en posición de echar mano al cadáver de nadie, deja de ser tan arrogante por tu bien ¿De acuerdo?

El minotauro sostuvo la mirada de Azathot el tiempo suficiente para darle a entender que el tampoco confiaba en el, pero era suficiente, el ambiente se estaba tensando demasiado y era conveniente distensarlo, así que cambió rápidamente de tema y se concentró en Kenwood y en el capitán Flinn.

-Por el momento les narraré la historia de cómo llegué a esta isla, es vital para comprender un par de cosas-

-Señor Hombre-Toro [/b]–le interrumpió el humano que al parecer tampoco recordaba su nombre pero que era mucho mas respetuoso que el otro- [b]además de querer escuchar tu historia junto a un buen fuego, a ser posible, me preguntaría si nos podría ofrecer algún tipo de comida o bebida-

Bargho dio una carcajada con ganas, recordaba lo que es ser joven, a pesar de ser náufrago con un destino incierto y una muerte o peor destino sobre la cabeza, el apetito es el apetito. Invitó a todos a reunirse en torno a la fogata y cedió a cada uno un trozo de carne ahumada de manera pródiga, de todas maneras no podrían cargar con todas las reservas que había acumulado.

Les contó la historia de su viaje en el “Perla de Makaresh”, de su naufragio pero evitando dar demasiados detalles sobre Natalie, resumiéndose a describirla sencillamente como una chica que había sobrevivido para luego ser capturada por los moradores de la torre, y cuyo padre (un noble) y su prometido (el hijo de un próspero mercader) podrían recompensar con una cuantiosa riqueza y favores a aquellos que le ayudaran a salvar a su hija, por supuesto que Bargho sabía que el noble estaba arruinado y que el suegro de Natalie era un tacaño consumado, pero esta información era prescindible para el resto.

-En la torre está el único medio, si es que existe, para salir de aquí pues el resto de la isla está desierta y no hay puerto ni poblado alguno- les dijo dirigiéndose especialmente a Flinn a quien veía como el líder natural de aquel grupo de náufragos- La isla está fuertemente custodiada y grupos de al menos cinco goblins y cinco orcos la patrullan diariamente separados por lapsos de una hora. Para llegar hasta la torre hay un sendero sin embargo es peligroso ir por este, yo recomendaría atravezar el bosque y evitar así las patrullas. Hay dos vías de acceso a la fortaleza, una pequeña en la parte posterior y una principal. La principal está fuertemente custodiada por orcos y goblins aunque un par de veces la he visto despejada, la posterior está despejada de guardias casi todo el tiempo aunque es probable que existan varias trampas por allí. Durante el día la noche está quieta… pero por las noches magia maligna brota de ella y bulle en actividad-

Bargho miró alternativamente a los rostros de los presentes y concluyó:

-Mi plan es avanzar mañana temprano por el bosque protegidos en la floresta y alcanzar la puerta posterior (atacar la principal solo daría la alarma de inmediato) trataré de rastrear lo mejor posible si existe alguna trampa pero tengan cuidado. Mas allá de los custodios externos y de la apariencia y los ciclos de actividad de la torre tengo poco que decir, no se quien será el Señor de ella pero si se que el troll con quien peleé es el que comanda sus tropas.

Bargho se perdió un instante en sus pensamientos, recordando su humillante derrota por un instante y prosiguió.

-De todas maneras mañana en la madrugada tenemos que abandonar la cueva, es riesgoso quedarnos en esta ratonera si nos están buscando-






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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Vie Oct 07, 2011 8:02 pm

La noche tormentosa en aquella isla había cobrado más vidas de las que nadie hubiese sospechado al inicio de su viaje. Pocos hubiesen creído las palabras de un adivino si este les hubiese dicho que más de uno moriría en una expedición al mar. Pero ahora todo eso parecía irrelevante.


El gran minotauro había guiado a los pocos sobrevivientes de aquel naufragio hasta su guarida, la cual se encontraba al borde del mar y rodeado por un peligroso camino de rocas filosas azotadas por las olas huracanadas y el vendaval que ahí tenía lugar. El caos del ambiente y la preocupación por sobrevivir a la horda de criaturas del infierno imperaba en las mentes de los marinos y los aventureros que huían despavoridos tratando de sortear las rocas y las rabiosas aguas.


La guarida de Bargho era una zanja en el acantilado. Grandes formaciones de estalactitas y estalagmitas adornaban la rupestre formación mientras que el mar mojaba incansablemente los rostros de los que aún permanecían al borde de la cueva. Los rayos y centellas alumbraban la caverna creando un espectáculo natural de luces y sombras al interior de la enorme cueva. No era un lugar en el que cualquiera sin la resistencia del enorme antropomorfo pudiese descansar, pero sin duda era mejor que la opción de quedarse a la intemperie con la tormenta que les azotaba sin piedad. Cual trueno, la sensación de pérdida se volvió a hacer presente. Habían perdido a otros dos miembros de la tripulación. Se trataban de Neizan y Clare, quienes habían recorrido juntos aquel peligroso arrecife de rocas mortales y que ahora no se encontraban por ningún lado. Un marinero robusto, quien había mostrado cierta atracción hacia la mujer quiso salir en su busca, pero fue súbitamente detenido por el capitán Flinn con un tono de voz autoritario - ¡Quieto marino! - Un trueno adornó la orden del capitán aumentando su impacto - Salir de aquí es un suicidio y nadie llorará por ti - Miro la herida que tenía el hombre musculoso en su pierna derecha. Con esa herida hacía mas daño que bien al grupo y a cualquier intento de rescate - Los jóvenes han caído en esas aguas y por los dioses que cualquiera que pueda sobrevivir a esa enrabiada corriente debería ser inmortalizado en leyenda... olvídalos, y reza por que su suerte no halla sido tan terrible... - La mirada del capitán busco a todos sus hombres y los pocos aventureros que habían comenzado su viaje en Taimoshi Ni Kao. Pero solo pudo encontrar a seis marineros y uno solo de los aventureros, Kenwood. Además estaba el humano con la máscara rara del cual no sabía nada más que también se encontraba en su barco. Un polizonte quizá, pero eso ahora no tenía relevancia - He perdido a muchos hombres maese Bargho - Dijo el capitán después de escuchar las palabras de estos dos humanos con ideas claramente diferentes y la forma en que el minotauro había calmado sus dudas y prejuicios - Dime todo lo que sepas sobre esta roca maldita y las criaturas que nos atacaron... necesito saber más...

Bargho les contó todo lo que en tres semanas había prendido de la isla y la torre, así como los que moran ahí. Relatos sobre patrullas continuas de goblins y orcos, una torre custodiada por más que orcos y trampas sin precedente, gritos de las almas aprisionadas en el interior de los calabozos de la torre y una continua actividad arcana que hacía presencia por las noches e inundaba la isla entera de rayos y energía oscura. La suerte no estaba de lado de los viajeros y dudaban que aquellos que habían caído prisioneros anteriormente sobreviviesen a las torturas que solo podían imaginar. Sin embargo, el capitán estuvo de acuerdo con dos cosas que dijo el minotauro. Salvar a aquellos que sufrían en el interior de la torre sin duda era primordial, pero encontrar una salida de aquel tormentoso lugar era más importante, por lo que retomó la conversación una vez que Bargho terminó su relato y el joven Kenwood encontraba algo que comer - Tal como esperaba... - Las palabras del capitán daban a entender que sabía mas de lo que cualquiera hubiese sospechado - ¡Maldita sea! ¡Si me hubieses dado más detalles hubiera podido salvar mas hombres bruja! - Gritaba como si estuviese reclamándole a alguien que no estaba presente, pero todos sabían de quien se trataba - Quizá no esté enterado señor Bargho, pero nuestro viaje fue patrocinado por una bruja del tiempo llamada Ultimecia - Bargho ya había escuchado ese nombre repetidas veces y no dudó n prestar atención a lo que tendría que decir el capitán - La verdad, es que ella no se encontraba en el barco desde un principio. Me contactó mentalmente y haciendo uso de la pres-digitación, de la que solo he leído algunas historias, tomó forma repentinamente en mi barco para darme instrucciones sobre una expedición que debería llevar a cabo en estas aguas - Las preguntas surgían en la mente de los presentes, pero decidieron permanecer en silencio para terminar de escuchar sus palabras - No es necesario que os diga los detalles que me hicieron aceptar su petición. Sepan que tengo cierta... "convivencia" con ella, es todo. - ¿Un romance? No parecía demasiado absurdo teniendo en cuenta la personalidad de Flinn - Me dijo que estaba atrapada en el interior de una torre, en una isla del círculo de Carlin. Razón por la cual decidí que armar un grupo de mercenarios capaces sería lo más adecuado. Pero olvidó el detalle de decirme que enfrentaríamos tantos peligros. Sin mencionar el hecho de que perdería mi nave en el intento... o al menos parte de ella.

El disgusto apareció en los rostros de los ahí presentes. Los que vieron a la bruja en el navío no podrían dar credibilidad a las palabras del capitán. La mujer estuvo presente en cuerpo y forma ¿Como podría aquello haber sido una simple ilusión? Por otro lado Bargho comprendió mejor la situación. No conocía a la mujer de la que hablaban, pero sin duda poseía un poder lo bastante amplio como para convencer a una tripulación entera de su presencia. Además, iniciar un viaje para rescatar a alguien en problemas no era una mala razón para arriesgar la vida. Eso mismo era lo que intentaba hacer con su amiga Natalie, por lo que no podría culpar al capitán de sus razones personales.

La noche pasó así. Pocos pudieron conciliar el sueño con aquellas inclemencias del clima. Aquellos que lograron dormir un par de horas lo hicieron por el puro cansancio y la abrumadora sensación de agua marina en la boca y resplandores cegadores causados por los rayos que abrumaban a los residentes de la morada rocosa. El nivel del mar aumentaba peligrosamente, llegando a cubrir más de los dos metros durante la madrugada del siguiente día. No había tiempo que perder, pero no todos estaban en condiciones de pelear - Debemos comenzar nuestra búsqueda - Dijo el capitán tratando de levantar el ánimo de sus hombres - Abandonaremos la cueva por la salida que mencionó el maese Bargho y viajaremos hasta la torre del acantilado con tres objetivos claros... Rescatar a los prisioneros, encontrar un modo de abandonar este lugar infernal y patear el culo sarnoso del amo de las malditas criaturas que nos atacaron - Palabras que hubiesen logrado iniciar un combate en cualquier otra situación. Pero sus hombres estaban demasiado heridos y agotados. Necesitaban descansar más o sus cuerpos solo aumentarían la pila de cadáveres que ahora reposaban sobre los hombros del valiente capitán - ... Pensándolo bien, solo aquellos que puedan pelear deberán seguirme. Aquellos que no puedan cojan los víveres y penetren la cueva con nosotros hasta la salida, donde montarán un campamento y esperarán nuestro regreso - Los marineros se sintieron ofendidos por tal orden e intentaron coger sus armas aunque con dolor - ¡No les pregunté! ¡Es una orden y deben cumplirla o los haré azotar cuando salgamos de esta maldita isla! - Pocos discutirían con el capitán. sabían que era amable, pero siempre cumplía sus amenazas. Y tenía razón, aquella expedición sería la muerte para lo que restaba de la tripulación, y aún hacía falta reparar el barco una vez que el huracán disminuyera su poder.


A travesaron los oscuros corredores de la cueva hasta llegar a la salida al interior del bosque que rodeaba la isla de lado a lado. Una formación de rocas mostraba la entrada aquella cueva que había servido de refugio al gran minotauro, el cual sabía que estaban a apenas un par de horas a pie de la torre. Pero no podrían avanzar sin precauciones. La tormenta no había aminorado y hacía que los árboles y las plantas se azotaran con fuerza contra el suelo y contra sí mismos. Las patrullas seguían siendo un peligro, pero tomando en cuenta el clima que les acosaba, quizá sería menos probable que patrullaran la isla. Aún así no podrían bajar la guardia.

Así abandonaron la cueva un pequeño grupo de guerreros decididos. El joven Kenwood ansiaba devolver el favor a las criaturas de la noche anterior y aplicar algunos buenos ganchos al que fuese su líder. El humano amante de la necromancia tenía motivos más siniestros en mente. Quizá tomar control de cualquier poder que yaciera en el interior de la torre y ¿porque no? tomar el dominio de ella y sus habitantes. Solo él sabía que le impulsaba a seguir al grupo. Por otra parte, Bargho y Flinn compartían dos razones en común. Rescatar a una mujer y encontrar una forma de abandonar la isla que tanto les había quitado ya. No sabían que esperar una vez dentro de la torre, o si es que lograrían llegar a ella. Lo único que sabían es que entrar ahí era la única respuesta lógica para sus preguntas sin resolver.


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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Kenwood Kyrst el Miér Oct 12, 2011 5:01 am

Los cortos mordiscos que el joven daba a las raíces semi dulces que logró encontrar no lograban que su mente se ofuscara en la tarea, más bien, el sonido de sus dientes triturando aquellas delicias encontradas por casualidad retumbaba en sus oídos, lo que le hizo ignorar, por unos segundos, el acto temerario de un marinero. Pretendía salir a buscar a la hechicera....vaya, pues si que le había afectado la falta de ropa de aquella mujer...a veces un marino experimentado puede dejarse llevar por sus bajas pasiones, por lo visto, pensaba el joven mientras lograba dar unos cuantos tragos de fresca agua de lluvia formando un tazón con sus manos y colocandolas debajo del inmenso torrente de agua que caía fuera.

Escuchó con paciencia las sabias palabras de Flinn, resultaba ser un hombre con un liderazgo fuera de lo común, así que no era raro que fuese el líder de aquella, por otra parte desafortunada, expedición.

La visión del joven Kenwood se había acostumbrado a la oscuridad, por lo que los intermitentes fogonazos de luz que iluminaban la cueva otorgaban una cantidad respetable de luminosidad. A pesar de todo lo acontecido se sintió con ganas de dormitar durante un breve lapso de tiempo, aquel hiatus en la aventura le permitió ordenar definitivamente sus pensamientos, además de tomar conciencia de la situación en la que estaban.

Un largo bostezo salió de su garganta, no había conseguido dormir como lo esperaba, pues la humedad de la cueva combinada con las desventuras y las preocupaciones que invadían su mente le impidieron un descanso pleno....pero ahí se hallaba, caminando junto al Capitán Flinn, avanzando de forma lenta pero segura a través de aquella cueva. Podía escuchar pasos a su alrededor, pero la acustica de la cueva le dificultaba saber los dueños de aquellos pasos, ni su posición exacta, ni tampoco quería averiguarlo, ya que su sentido de la vista y del oído estaban más encaminados a detectar posibles peligros y accidentes en el terreno. Caminar por aquella cueva se podía tornar algo complicado si no se estaba alerta de lo que pudiese ocurrir.

A pesar de la falta de un descanso de calidad, en el monasterio donde se crió a veces la disciplina a la hora del descanso era demasiado estricta para el gusto de Kenwood, pero gracias a eso logró aprovechar bastante bien el descanso que le brindó la cueva. Al menos su cuerpo ya no protestaba con punzadas de dolor al hacer algún movimiento algo brusco, pero aun así sería mejor actuar con cautela, o al menos esa era la teoría, pensó el monje esbozando una sonrisa de complicidad consigo mismo.

Por un momento le pareció distinguir un par de ojos saltones y grandes durante los últimos destellos de luz que produjo un potente relámpago, pero no podía estar seguro de ello a consecuencia de que algunas de las rocas de aquella caverna podían tomar formas caprichosas y sus sentidos podían ser engañados. Sin embargo este pensamiento pronto abandonó la cabeza del joven luchador cuando, de improviso y como si fuera arrojado de las propias sombras, sintió como una masa irregular(o eso le pareció a él) se lanzó encima de él dando un gran salto junto con un potente alarido que parecía una mezcla de un gruñido y un grito gutural, el cual retumbó por la cueva con un gran estruendo casi mayor que el de un gran trueno.

El empuje de aquel ser, mezclado con la sorpresa de aquella situación, logró que el monje se cayera al suelo, rodando un poco por aquel húmedo lecho y ahogando un quejido debido a que se golpeó en el hombro dolorido. Notó como unos dedos huesudos tanteaban furiosamente buscando cerrarse sobre su cuello, y cómo un fétido y caliente aliento mezcla de almizcle y heces le provocaba unas arcadas. Con un potente golpe de sus nudillos izquierdos en lo que pensaba que era la cabeza de aquella criatura, logró aflojar la presa que ésta le hacia, apartándola fuertemente hacia un lado con la misma fuerza del golpe. Fue en ese momento cuando un nuevo relámpago iluminó de forma tenue la estancia de roca.

Se trataba de un goblin, un trasgo, como los que habían tenido que combatir unas horas antes en la playa, tenía un aspecto muy similar a los otros seres, un tanto asqueroso, según la opinión personal del joven, pero el simple echo de que ese goblin estuviera en la cueva podría implicar que hubiera más rondando por los alrededores. El trasgo se levantó trastabillando, pues era obvio que aquel golpe le había alterado levemente el sentido del equilibrio, aunque eso no le impidió para nada el dar un gran salto hacia atrás dando gala de una agilidad sorprendente y perderse en la oscuridad con la misma destreza con la que una anguila se desliza entre los dedos de las manos. Se podía escuchar cómo gritaba repetidamente algunas palabras mientras huía(no estaba seguro de si fueran palabras) en aquel idioma extraño(no podía estar seguro de si era un idioma o simples gruñidos sin sentido).

Kenwood respiró con profundidad para calmar su desbocado corazón debido a la sobredosis de adrenalina que recibió en tan poco tiempo, pero esta sensación no logró sino aumentar cuando, en la oscuridad, se pudo escuchar claramente un grito(un rugido más bien) profundo y seco, nada que ver con la vocecilla levemente chillona que tenían la mayoría de los trasgos.

-Por mi madre que eso no es un trasgo- Dijo el joven incorporándose de forma rápida y cuyos ojos brillaban por la emoción que caracterizaba su forma de ser.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Miér Oct 12, 2011 6:28 pm

Aquellas palabras parecieron importunar al minotauro, el cual sorpresivamente había reparado en el corte de mi pierna, Bargho se llamaba y asi me lo hizo saber nuevamente, las bestias no debían de estar en posesión del priviligeo de adornarse con una identidad, simplemente su única razon de existencia eran servir a sus amos, pude sentir su mirada salvaje atravesando las ranuras de mi máscara, aplastante y soberana, cargada de seguridad y decisión, pues el silencio seguido de un ademán con mi brazo dibujando circulos al aire a modo de reverencia fue mi única respuesta, aunque dudaba que lograra contemplar mi sonrisa burlona o se percatara de la exageración en mis movimientos, rindiendo una falsa pleitesía sobre un minotauro que parecia subestimar mi poder, el hecho de que me hiriera un goblín para un guerrero como el a juzgar por sus apariencias debía de causar mofa entro de los de su especie o en su poblado de olor a heces de troll, dudaba de que conocieran la magia, tal vez solo fuera un cuento de hadas para ellos, las bestias con cuernos.

Una vez en la cueva, la incomodidad del tiempo no hacia mella, aquella sensación pesada de la ropa mojada parecía suavizarse, sobre todo al encenderse aquella hoguera, el fuego lograba dar un toque acogedor a esta trepidante epopeya, los marineros parecían muy cansados, el humor lo puso aquel muchacho que parecía haber quedado prendado por la belleza de la joven que llevaba aquel gato como mascota, el amor.....una irrefrenable nostalgia se hizo cautiva de mis sentimientos, para despojarlos con una solitaria carcajada, mientras agarraba con ansia un trozo de carne que engulliría con rapidez, tras desenmascararme, lujo del que pocos podían presumir, de haber contemplado el rostro de Azathot, a fin de cuentas la guarida del minotauro tenía sus provisiones, lo cual explicaba que llevaba tiempo ocultándose en esta cueva, las gracias no entraban en mi vocabulario.

La conversación entre Flinn y Bargho resultó ser muy impresionante, por las descripciones de lo que parloteaba la bestia, la energía oscura, los calabozos y demás misterios de gran calibre anidaban en lo que a la torre respecta, muy interesante, como la ilusión de la susodicha Ultimecia, la bruja del tiempo, el capitán Flinn y Ultimecia ¿Juntos? eso si que no me lo esperaba, una maestra de la magia con un hombre con olor a pescado, valeroso y tenaz, juraria que su vida le pertenece al mar y sus marineros, antes que a una hechicera del tiempo, ahora comprendía tanto coraje, y esta aventura suicida, en cualquiera de los casos no me privaría de la ocasión de descubrir si la sabiduría de Ultimecia lograría instruirme para desenterrar los misterios del libro que ahora yacia en el suelo, inmóvil, como si estuviera conspirando con todas las vidas de los presentes y solo los espiritus fueran su público espectante, por ende, el hecho de encontrar y rescatar a la bruja esperaba que tuviera dicha recompensa, incluso si lograbámos descubrir y destruir al rey, señor oscuro, bestia, o cualquier tipo de dios con el respeto de Elhías, si pudiera emerger como nuevo dominante, este lugar sería un buen comienzo para mi investigación personal, los orcos, y goblins que apestan este lugar me obedecerían como amo y señor del lugar, si, de hecho no había nada que perder, quien sabe los tesoros arcaicos que ocultaría un lugar de dichas característicos, algún códice, pergaminos....

Inundado en un clima poco agradable, con aquellos pensamientos logré alcanzar varios momentos de sosiego y paz, de los cuales me permitieron descansar.

De pronto, me desperté alertado por un granido típico de los goblin, uno de los muchachos al parecía había sufrido un ataque de ellos, poco después un rugido aterrador resonó por el lugar, ¿Qué criatura sería capaz de emitir un sonido asi? agarré mi libro, sacudí mi túnica encharcada, me coloqué la máscara de nuevo y me puse en pie, me acerqué al muchacho lentamente, con la incertidumbre de saber de donde provenía dicho sonido y que clase de monstruos existían por los alrededores, ¿serían las patrullas?, las criaturas de las que hablaba el minotauro...



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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Jue Oct 13, 2011 6:08 pm

La historia de aquellos infortunados viajeros y de su arribo a la isla no dejó de sorprender a Bargho, si bien la suya propia era cuando menos particular, el hecho de que aquellos náufragos hayan sido guiados por el “fantasma” (no lo podía entender de otra manera) de una mujer prisionera en la torre, que hayan sido atacados por el kraken como el y que hayan podido darle pelea a semejante monstruo solo para ser transportados por algún portal eran demasiados hechos extraordinarios para un solo relato y por un momento dudó de su veracidad.

Por otra parte estaban los mercenarios que Flinn había contratado y que diferían bastante con el resto de la tripulación, uno de ellos, el llamado Kenwood. era un hombre desarmado que parecía no poder estarse quieto, Bargho temía por su juventud e imprudencia ya que a veces hasta el joven con las mejores intenciones puede convertirse en un peligro enorme para el y para los demás. El otro era harina de otro costal, un hombre de oscuras vestiduras bastante impertinente y burlón, sus túnicas, sus ademanes rebuscados, su arrogancia y el libro que apretaba permanentemente contra si le dieron pistas sobre su identidad: seguramente algún tipo de hechicero, era cierto que el minotauro no conocía a demasiados de ellos pero la mayoría de los que había visto en sus viajes por todo el mundo eran similares: confiados en sus poderes y creyendose superior al resto de los mortales solo por ser capaces de manejar fuerzas que no comprendían en su totalidad y que a menudo los rebasaba con trágicas consecuencias. La catástrofe de Thezeroth, cuyos bosques malditos Bargho tuvo la oportunidad de conocer, le recordaba permanentemente que los magos a pesar de ser seres de gran inteligencia, eran a veces irremediablemente estúpidos.

Poco a poco la confianza del minotauro iba disminuyendo pero no tenía ninguna otra opción, en breve se quedaría sin su refugio y la única posibilidad de salir con vida de aquella isla era penetrar en la torre acompañado de aquellos extraños, mal que bien eran la única ayuda con la que podía contar y el capitán Flinn parecía digno de confianza a pesar de la inverosimilitud de su relato.

Luego de la cena y de establecer las guardias, Bargho encargó en secreto a su hurón Mughi que permaneciera despierto por si alguno de sus nuevos aliados intentara cualquier cosa mientras esté descansando, el minotauro escogió un rincón seco y apartado de la caverna sobre el cual había dispuesto un par de cueros secos de sus cacerías anteriores y se recostó a dormir pesadamente, para un ser de su corpulencia y dura piel aquel lecho era tan bueno como cualquier otro. La noche transcurrió tranquila a pesar de la tormenta que arreciaba y de la que se encontraban abrigados, hasta que un chillido despertó al minotauro, que alcanzó a ver como una extraña criatura se escurría entre las rocas mientras el humano desarmado daba la alarma sobresaltado, Bargho observo con una media sonrisa como aquel sujeto de la túnica se acercaba lenta y disimuladamente al muchacho al menor viso de peligro.

-Tranquilos- Les dijo- Ese era solamente un múrloc solitario y manso que a veces viene por aquí, es totalmente inofensivo y vino por que un par de veces le arrojé trozos de carne. Seguramente no esperaba encontrarlos y se fue sobresaltado – Y añadió mirando al mago que apretaba su preciado libro contra sí- Relajate, no creo que ese bicho que pueda comerte a ti o a tu libro, puedes acunarlo en paz.-

Una vez todos se hubieron tranquilizado continuaron durmiendo hasta la mañana siguiente, el capitán Flinn dispuso de las órdenes a su tripulación, al minotauro no le atañían las instrucciones que aquel marinero diera a su gente, la disciplina de su gente era la mejor salvaguarda en esta situación, pero le preocupaba que sus hombres quedaran demasiado expuestos. Se acercó a Flinn y le dijo casi al oído.

-Capitán, sería mejor que el campamento lo instalen dentro de la cueva, cerca de la salida pero dentro de ella, las patrullas suelen ser frecuentes y si dan con un montón de heridos será una masacre.

Sin mas que decir respecto al capitán o a sus hombres (ese problema no era suyo en realidad) y tras pedir a todos que guardaran el mayor silencio posible, comenzó el cauteloso pero firme paso a través de la floresta con dirección a la torre, Flinn, sus subordinados y finalmente los mercenarios que había contratado lo seguían en silencio a través del bosque por el que los condujo evitando el sendero. Rastreando las distintas huellas que podían verse en el, esquivó un par de trampas instaladas por sus dueños entre la floresta, desactivándolas convenientemente y continuando el avance; por el camino escucharon el paso de una patrulla por el sendero que bordeaban, Bargho no podía decir con exactitud cuantos enemigos eran pero sin duda había un par de orcos corpulentos entre ellos, atacarlos ahora mientras no los habían detectado era totalmente inútil de manera que tras indicarles por medio de señas que permanecieran quietos continuó la marcha una vez pasaron hasta llegar a un claro que había en la parte posterior de la torre.

El espectáculo era por demás de dantesco, huellas de explosiones por doquier, cadáveres y lanzas con cavezas clavadas en ellas, los cincuenta metros de solar que separaban la floresta del bosque estaban sembrados de una miscelanea de horrores que exhibían mejor que nada la calidad del dueño de aquella fortaleza. Junto a la pequeña puerta, un viejo orco “custodiaba” el lugar sumido en un profundo sueño.

-Ahí está la entrada capitán Flinn, ahora solo nos toca escoger entre matar a ese bastardo desde aquí o aproximarnos en silencio y degollarlo, el resto será coser y cantar-

El minotauro dijo esto sonriendo y en tono burlón, pero para sus adentros aquel espectáculo había avivado sus temores, esperaba de todo corazón que Natalie permaneciera aún con vida.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Vie Oct 14, 2011 12:01 am

El grupo liderado por el gran minotauro Bargho y el valeroso capitán Torsten Flinn abandonó la relativa seguridad de la guarida del antropomorfo para adentrarse en la arboleda espesa de la isla. Los vientos huracanados aminoraron el paso de los aventureros. Los árboles se azotaban violentamente unos sobre otros. Incluso lograban escuchar el sonido de ramas gruesas y árboles débiles al caer en las cercanías. Sin embargo, escuchar algo a más de cinco metros a la redonda era prácticamente imposible por el sonido del agua cayendo sobre las hojas y la tierra, añadiendo los estruendosos truenos de la tormenta. Muchos de los presentes nunca habían presenciado una tormenta tan intensa e impredecible. Les parecía increíble que la naturaleza fuese tan temible. Kenwood se mostraba impaciente y desesperado ante tantos sonidos y tanta agua. No era algo a lo que estuviese acostumbrado. Así mismo, Azathot avanzaba muy a la retaguardia. Su cuerpo era débil en comparación con la gran constitución de los guerreros y por lo tanto debía esforzarse más en avanzar a través de tanta maleza y la tierra lodosa y suelta. Lentos pero a buen ritmo. El viaje hasta la torre les tomaría un par de horas según las estimaciones de Bargho.

En su recorrido lograron pasar desapercibidos para una patrulla que transitaba el sendero principal. Un par de orcos y tres goblins conformaban la expedición de guardia mientras mostraban gestos de angustia y desagrado. Si había algo que no les gustara a estas bestias era tomar baños. Más de uno quiso atacar al desprevenido grupo de engendros, pero tanto Bargho como Flinn negaron esa posibilidad, controlando a sus hombres. Era más efectivo acercarse con el mayor sigilo posible para evitar alertar a los moradores de la torre sombría.



Solo veinte minutos habían pasado desde su efímero encuentro con la patrulla cuando por fin llegaron a la parte trasera de la torre. Era un páramo muerto. Señales de explosiones, sangre, cuerpos y pedazos de estos mismos yacían esparcidos por doquier. Era un lugar de muerte, y la torre contrastaba con aquella visión de perversión - Quien sea el amo de esta torre debe tener una ente muy pervertida... - La frase de Flinn solo puso palabras a los pensamientos de la mayoría. La torre estaba montada sobre una elevación rocosa. Lo que parecía ser una entrada de almacén proponía ser una entrada potencial, cuidada solo por un viejo orco increíblemente dormido ante tales inclemencias del clima. El terreno irregular tenía un área de al menos ochenta metros - Señor, mire por allá - Uno de los tres marineros que acompañaba al capitán le señaló un área del campo donde habían estacas ensangrentadas con las cabezas decapitadas de una veintena de personas. Los rostros dejaban la impresión de que aquellas personas habían sufrido una tortura indescriptible antes de ser degollados por algún filo irregular que dejaba pedazos de piel desgarrada en vez de cercenada contundente-mente como lo haría un hacha o una espada. Las miradas de los exploradores no daban cabida lo que veían, pero mayor fue la sorpresa del capitán y los mercenarios al identificar dos de las veinte cabezas ensartadas en aquellas estacas de madera - Caurd... Zevran... - Dijo el capitán al recordar los nombres de quellos dos aventureros que habían confiado sus vidas al capitán. Claramente habían sufrido lo indecible desde que fueron capturados la noche anterior. Ahora sus muertes se unirían el gran peso que ya cargaba el capitán - Sus muertes serán vengadas... descansen en paz - No había nada que pudieran hacer más que encontrar la manera de entrar a la torre y obtener alguna forma de salir de esa isla maldita. Se preguntaban que hacer y planeaban con detenimiento la forma en que atravesarían aquel campo de muerte. No sabían a que peligro se enfrentarían al comenzar su avance cuando de pronto una rama de un árbol cercano fue arrancado y lanzado al suelo de forma violenta a causa de los vientos. La rama cayó fuertemente al suelo y fue arrastrada por los alrededores del terreno. La rama pesaría al menos los tres kilos y todos esperaban ver alguna presencia de trampas activadas a su paso. Pero no hubo tal - Bueno... mis hombres y yo iremos adelante - Comenzó a hablar el capitán el cual ya había planeado algo improvisado - Tenemos experiencia infiltrando en donde no nos llaman y sortearemos las trampas de mejor manera si vamos separados y en grupos pequeños. Después de llegar a la zanja ustedes tres seguirán el camino que pareciese más seguro. Pero sigan nuestras pisadas, no hay que tomar riesgos innecesarios - Los dos aventureros y el minotauro concordaron que aquello sería lo más práctico.

El grupo de marineros comenzó a avanzar lentamente a través de aquel peligroso campo. Cada uno separado por una distancia de diez metros cuanto menos. Parecía ser que las sospechas de Bargho con respecto al terreno estaban equivocadas, pero su fortuna no era tan buena. El grito de dolor de uno de sus marineros, al que le apodaban "Larry el visco", anunció la muerte que sufrió al ser empalado por tres estacas de metal oxidadas las cuales atravesaron al humano a la altura de los pulmones. Habían trampas. Y no sería nada gracioso caer en esta clase de sádicas técnicas.

Tanto el capitán como sus dos hombres llegaron a salvo a la gran zanja a unos treinta metros de la entrada trasera de la torre. Ahora sería el turno de los aventureros, quienes dudaban si aquella sería una buena idea después de todo.



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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Dom Oct 16, 2011 11:50 pm

Tras un descanso intermitente debido a los truenos que hacían que me sobresaltara con fugaces taquicardias, despues de ser molestado por un múrloc que atormentaba a uno de los muchachos, soportando el tono burlón de la bestia cornuda al comprobar nuestro estado de alerta, incluso tomando el privilegio de mencionar al libro maldito que poseía entre mis manos tenía que hacer frente de nuevo al temporal, pues no podiamos quedarnos en el mismo lugar por mucho más tiempo.

El capitán Flinn comenzó la travesía, junto con Bargho, un gran puñado de hombres los seguían, yo no iba a ser menos, abandonamos la guarida de la bestia, para enfrentarnos a una bestia más poderosa, la naturaleza y sus caprichos, el viento soplaba con mas vigor que antes, el agua volvía a encharcar la tierra por donde pisaba, mi cuerpo volvía a sentirse pesado de nuevo por la ropa, el sonido incesante del diluvio se tornaba espeluznante, como si los dioses en su mar de lágrimas quisieran hundirnos con ellos en su tristeza, las ramas se partían de los árboles con facilidad, los rayos azotaban la tierra alumbrando por un segundo el lugar, pronto descubriría que los mozos de mar estaban en muy buena forma, se movían como antílopes en la sabana, mientras yo hiperventilaba continuamente, este temporal era un castigo, me costaba llevar el ritmo de los presentes, pero mi voluntad férrea me impedía parar, otra alternativa era usar mi poder, desplegar mis alas, y volar, surcar los cielos hasta llegar al destino, eso sería menos costoso, pero sería una imprudencia debido a estos vientos que raramente asolan con tanta persistencia, normalmente en las islas abunda un clima tropical, misteriosamente aqui no. ¿Y quien soy yo para juzgar los designios del tiempo?

Sorteamos una patrulla de orcos y goblins, alimañas sin principios, útiles mascotas, pero ¿Desde cuándo poseían la inteligencia de formar patrullas? ¿De trabajar en equipo? eran criaturas vulgares, impetuosas, ¿Estaban embrujados? los orcos poseían algo más de inteligencia, pero no dudarían en matarse los unos a los otros porque uno le ha pisado el pie, no salía de mi asombro, hasta los orcos y goblins podían trabajar en equipo....el amo de este lugar ha debido adiestrarlos o poseerlos con una magia que supera mis limitaciones desdeluego, varios hombres hicieron el amago de intervenir, de manera agresiva, pero la prudencia de Flinn y Bargho los frenó, algo que me disgustó, seguramente habría más de un cadáver, y yo necesitaba un guardaespaldas.

Despues de una larga caminata, el olor a muerte se colaba entre las ranuras de mi máscara, me frené en seco cuando pude contemplar el festín de cadáveres que acontencía la zona, un páramo dónde la muerte reinaba en casi todas su formas, miembros despedazados, brazos, pies, rostros desfigurados, cadáveres en descomposición con sus respectivos parásitos, una malvada sonrisa se dibujaba en mi cara, el olor a muerte, el ambiente, esta sensación era majestuosa, una euforia recorría mis venas, incluso sentía como mis poderes se avivaban, arqueé mi cuerpo hacia atrás, extendiendo mis brazos, dejándome invadir por esta terrible sugestión que enardecía sin compasión mis sentidos.

- Discrepo capitán Flinn, Ha ha ha, Elhías nos premia con este soberano panorama, un festival de carne pútrida, saboread este regalo, fijaos en sus expresiones, ¿Cuales serían sus últimas palabras? ansio que viváis lo suficiente como para recordar este glorioso momento junto al fuego mientras el ron acompaña su memoria, la pregunta es ...¿Con la bruja del tiempo, esa mujer tan mística a la par que embaucadora? O ....por el contrario con el amparo de algunos de sus despechugados camaradas, con la criatura de los cuernos, con la tortuosa existencia de haber fracasado en el rescate de vuestra bruja, a sabiendas de que posibles criaturas hediondas pudieran estar toqueteando sin pudor a una hechicera esclava en un maravilloso lugar de ensueño, a sabiendas de que....ella pudiera estar disfrutando de ello....Hahaha - aquellas palabras salieron sin recato de mi boca, inundado en un mar de alegría por la visión que me otorgaba el lugar, si Flinn realmente sentía algo por esa bruja, su reacción sería muy predicible, aunque su temperamento puede ser otra de sus virtudes y no caer en las especulaciones de un nigromante emocionado.

Las cabezas de unos humanos sujetadas por unas estacas eran reconocibles, sobre todo para Flinn que se sabía hasta sus nombres, otra sacudida a su conciencia, que seguramente olvidaría a base de buen alcohol, aquellos muchachos jóvenes.....habían perdido la cabeza, entonces me pregunté que habría sido de la chica con el gato, pasto de goblins, o haría de sirvienta para los menesteres de la torre.

Seguimos caminando, reparando en el camino, debido a las trampas que había mencionado el minotauro, hasta que uno de los marineros de Flinn pereció, dos estacas lo atravesaron sin contemplaciones, aquello propinaba una buena dosis de adrenalina, un miedo se arremolinaba sobre mi vientre, que se tranquilizó cuando pensé en Elhías, pues la muerte era el principio de otro camino, sujete mi libro con fuerza, tanta como poseía mi ser, protegiéndome el costado, y parte del corazón, si caía en la desgracia de pisar una de esas trampas, debía protegerme de la mejor forma, pero siguiendo el rastro de huellas que había dejado Flinn, no debía resultar muy arriesgado, asi pues me propuse caminar hasta el final y llegar a la zanja.
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Azathot

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Re: La Torre de lo Arcano

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