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La Torre de lo Arcano

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Jue Oct 20, 2011 12:10 pm

El torrente de la lluvia se escurría entre las copas de los árboles del pequeño bosque, empapando rápidamente el cuerpo de los expedicionarios, el viento y la oscuridad de aquella tormenta se acentuaban mas en aquel lugar en tanto el primero agitaba violentamente las ramas y la segunda se hacía mas profunda por la floresta. Sin embargo las incomodidades de aquel breve camino que hicieron bien podrían ser consideradas insignificantes si se contrastan con la fiereza del páramo que se había abierto ante sus ojos.

El lodo pestilente y lleno de cadáveres, sangre y basura cubría el solar que se asentaba al pie de la torre, aquel lugar era con toda seguridad el tiradero a donde iban a parar los restos de las macabras ocupaciones de los habitantes de esta, donde restos de humanos y otros seres similares eran arrojados para comida de las aves del cielo cual si fueran la basura que se echa desde una cocina al patio o las flemas que corta y desecha el carnicero destinándolas a los perros callejeros. A los ojos de Bargho no hubo distinción alguna entre las cabezas de Caurd o de Zevran y cualquier otra de las que adornaban aquel macabro lugar, apenas y los había visto a lo lejos en la playa.

El nigromante monologó algunas palabras insensatas como siempre, pero Bargho no le prestó demasiada atención “Debe estar como el loro en su salsa con todo este panorama” pensó, pero no dijo nada por el momento.

Las órdenes del capitán fueron breves y la dirección clara: era necesario avanzar entre aquel cenagal hasta la torre, la lluvia no cesaba de caer sobre los charcos rellenos de agua pestilente y pútrida y ayudaba a aliviar la peste del lugar a la par que camuflaba cualquier sonido sospechoso. Todo iba bien hasta que un grito de dolor heló la sangre de Bargho, algunos metros mas adelante uno de los marineros caía en una trampa mortal, quedando completamente empalado, la vista del minotauro inmediatamente fue a parar al vigía que al parecer permanecía imperturbable en su sueño, se preguntaba como rayos pusieron a alguien de un sueño tan pesado como vigía.

Habían trampas, probablemente todo el lugar estaba repleto de ellas, Bargho miró al hombre de los trapos negros que empezaba a andar temerosamente entre los charcos y le dijo con sorna:

-Apuesto a que este solar repleto de cadáveres es un jardín para alguien como tú ¿Por qué no das un paseo y curioseas un rato por ahí?

A pesar del inesperado deceso, el avance continuó y ahora era el turno de los mercenarios, el agua fangosa, la presencia de trampas y la lluvia que borraba la mayor parte de los rastros que habrían sido bastante útiles para que el antropomorfo reconozca el terreno, eran circunstancias adversas que se iban sumando una a una, a la par que el tremendo peso del minotauro era una seria desventaja en un terreno pantanoso y lleno de trampas. Bargho metió la mano su morral y de ella extrajo un bulto peludo.

-Mughi, despierta- Dijo abriendo la palma de su mano y descubriendo al pequeño hurón que dormía su siesta- Necesito tu ayuda.

Las gotas empezaron a caer sobre el rostro del adormilado mustélido que despertó con un sobresalto; agua fría no es una buena manera de levantarse para nadie y para Mughi (que por sobre todas las cosas odia que le despierten) exponerlo de golpe a aquel cielo gris que derramaba gotas heladas sobre su cuerpo y lo sacaba de su placentero y cálido sueño, era poco menos que una provocación directa.

-¡Argh! ¡Vaca sobredesarrollada! ¿Por qué me despiertas así? ¡Resuelve tú solo tus propios problemas! Estaba soñando con aquella posadera tan linda que vimos en Artheis ¿La recuerdas?

-Mughi escucha…-

-Si, si, yo se que habían dos lindas posaderas en Artheis, pero me refiero a la pequeña Rosa… ¿O era Rossmery?

-Mughi cállate un segundo…-

-¡Ah no importa! ¡La del lunar sobre el seno derecho! lo recuerdo bien por que me acurrucaba tan cerca de él y a propósito sobre ella… -


Un pequeño chapoteo interrumpió la cháchara, Bargho no tenía tiempo para perder y decidió terminar con la conversación soltando a Mughi dentro del charco de agua sucia que tenía al lado, el pobre salió chorreando, tosiendo y con los pelos mojados.

-Maldita chuleta…-

-¿Vas a escucharme ahora?-

-¿Qué quieres?-

-Necesito que sigas las huellas frescas que atraviesan ese barrial y que me señales si hay alguna trampa oculta que mi peso pueda activar, ten cuidado, está todo plagado de ellas-

-Tsk, yo haciendo el trabajo sucio como siempre ¿No has considerado el ponerte a dieta?-

-Muevete o no habrán nueces para ti en seis meses-

-Vale, vaaale-


El resto del cruce no fue demasiado problema, el hurón con su pequeño, ligero y escurridizo cuerpo fue de avanzada señalando los posibles puntos peligrosos al minotauro, generalmente Mughi no hacía nada más que comer, dormir, babear por humanas y elfas y decir estupideces, pero Bargho tenía que reconocer que era extremadamente útil ahí donde su mole era un inconveniente.

En breves minutos pudo acercarse hasta la trinchera donde se hallaba el capitán Flinn, nada mas llegar Mughi corrió a meterse nuevamente en el morral.

-Es necesario encargarnos de ese vigía de una vez por todas- Dijo Bargho- Otro grito más u otro sonido y estaremos perdidos.

El minotauro extrajo una de sus franciscas del cesto, un arma barbárica cuyo propio peso hacía aún más terrible el corte de su golpe, esta sumada a la bizarra fuerza del minotauro, a su aguda vista y a sus destrezas como cazador era un recurso bastante eficiente para líos como este.

Los poderosos músculos y tendones del brazo del Uro se tensaron y el hacha fue llevada hasta la altura de la oreja, cual si fuera un arco alistando una poderosa flecha. Un mínimo gesto del capitán y el brazo dispararía el hacha contra la cabeza del orco que dormía estúpidamente junto a la puerta. Eran apenas treinta metros, un disparo seguro pero como Bargho sabía bien, cualquier cosa podía pasar…

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Vie Oct 21, 2011 7:07 pm

La tormenta no hizo más que arreciar. Para los aventureros, aquel huracán parecía presagiar el fin del mundo. Era como si el cielo se partiera en pedazos con cada rayo que golpeaba la superficie del mar y el estruendo generado por la intempestiva potencia de los elementos. La lluvia caía sobre aquel solar de muerte y desmembramientos como si quisiese impedir el paso de aquellos quienes osaba entrar en los territorios de la desesperación y el tormento. Las gotas de agua parecían navajas afiladas. Ninguno de los que por ahí transitaban podría definir si aquella lluvia caía desde el cielo o subía desde el suelo. Los vientos huracanados hacían imposible saberlo.

haciendo uso de toda la destreza de la que disponía, el hombre conocido como Azathot trataba de seguir las pisadas del viejo lobo de mar. Pero fue una tarea por demás complicada gracias a la irregularidad del terreno y a la tormenta que le azotaba con toda su fuerza y hacía que sus ropas largas se enlodaran y arrastraran mas peso de que estaba acostumbrado. Sin embargo logró llegar hasta su líder temporal junto con los otros dos marineros sobrevivientes. Por otra parte, Bargho había optado por dejar que un pequeño hurón increíblemente astuto le sirviera de guía. Lo hizo con muy pocas ganas pues no era un ambiente agradable para un pequeño animal, pero sin su ayuda el gran minotauro hubiese caído en al menos dos trampas que hubiesen sido mortales o como mínimo le hubiesen lisiado - ¿Todos aquí? - Dijo el capitán una vez vió llegar a Bargho - No todos mi capitán... - Comentó uno de los marineros. Un hombre fornido y alto con una gran barba negra pero sin cabello. Claramente se refería a su compañero recién finado - No hay que llorarlo pues murió en el mar, pero hay que vengarlo a toda costa - Entonces se hizo evidente. En aquella zanja solo estaban cuatro personas y un antropomorfo. De Kenwood no había rastro alguno. Ni siquiera se habían percatado si aquel joven monje había cruzado el camino junto con los otros dos aventureros. No había forma de saber si había sido capturado o caído en alguna trampa. Quizá simplemente decidió buscar otra entrada o se acobardó. No parecía que hubiese atravesado aquella línea de bosques, por lo que cualquier cosa pudo haber sido posible descontando que hubiese sufrido el infortunio de una de las trampas del solar - No hay nada que hacer. Si decidió no seguirnos tuvo que haber tenido una razón muy poderosa, o simplemente se acobardo - Flinn no parecía querer demorarse más tiempo del debido en aquella zanja. estaban demasiado descubiertos y el orco que dormitaba podría despertar y verlos, o incluso una patrulla cercana o algún goblin asomado por una de las ventanas superiores podría dar la alarma en la torre y ese sería el fin de sus acompañantes y de él mismo.

El capitán volteó a ver al minotauro, quien ya preparaba una postura de ataque con una poderosa francisca. Tendría que ser un ataque extremadamente fuerte aprovechando el peso del arma para que ni el viento ni el agua le desviaran del objetivo. Un ataque imposible para un humano, sin embargo él no era un humano - Use toda su fuerza maese Bargho - Con un poderoso rugido, bien cubierto por el estruendo de los truenos, el minotauro lanzó su francisca la cual surcó los aires sin perturbaciones ni impedimentos y fue a dar directamente en el tórax de aquel desafortunado ser. No hubo gritos ni alarmas. Una muerte perfecta cubierta por el manto de la lluvia y los rayos de tormenta - Un tiro impresionante. Desdichado será el ingenuo que ose enfrentarle en un duelo a muerte - Sin duda un halago. Flinn daba muchos halagos para mantener felices a sus marineros, pero rara vez alagaba a un extraño. Mucho menos a un cornudo ser.

No había tiempo que perder. Sin meditarlo demasiado, el grupo entero recorrió el último tramo del camino tratando de sortear cualquier peligro que el terreno dispusiera. Todo parecía ir bien. Sin embargo uno más de los marineros había caído. Se trataba de Yorrn, el cocinero de abordo. Era bastante fuerte pero la sutileza no era su mejor atribuyo. El pobre hombre había intentado pisar en un charco fangoso cubierto por agua y lodo pero nunca imagino que aquel pequeño charco sería en realidad una profunda fosa de fango. No hubo gritos. Simplemente las aguas y el lodo del charco se dejaron de mover.

Flinn maldecía la perdida de dos hombres tan fieles, pero en su mente solo había lugar para dos cosas. La venganza y el rescate de la bruja del tiempo - Que los dioses me permitan verte sana y salva Ultimecia, y que las almas de mis hombres descansen en paz tras la caída de quien gobierne estas tierras - Las palabras del capitán no intentaban ser una muestra de ánimo o debilidad. Simplemente pareció que habló con el corazón en la mano y no con la cabeza en la tierra.

La entrada trasera de la torre estaba al alcance. Sin embargo aún no decidían lo que harían de ahora en adelante. No podrían simplemente entrar ahí sin un buen plan. Ni siquiera estaban seguros de que les esperaba adentro. Solo sombras y muerte. El capitán reflexionaba sobre sus posibilidades. Sería indispensable pasar desapercibidos la mayor parte del trayecto. Era casi medio día, por lo que la actividad arcana de la que les había hablado Bargho aún no tendría lugar si no hasta adentrada la noche. Posiblemente durante el día tendrían más posibilidades de éxito. Además tenían el factor sorpresa de su lado, si trataban de no pensar demasiado en que lo que hubiese adentro de esa torre los podría sorprender a ellos - Somos pocos, por lo que avanzar en grupo no será un problema - Comenzó a hablar el capitán mientras los demás ponían atención a sus palabras - Según lo que nuestro compañero nos platicó sobre esta torre, los gritos de prisioneros se escuchan en mayor medida en la planta baja, por lo que quizá sería bueno comenzar por ese lugar. Quizá logremos encontrar a la joven amiga del señor Bargho e incluso a la bruja que nos metió en este embrollo - Parecía como si se estuviese lavando las manos, pero en realidad fue el capitán el que los había metido a todos en aquella situación. Sin embargo nadie se lo recriminaría - Si tenemos algo de suerte encontraremos personas deseosas de pelear a nuestro lado y con deseos de libertad. Quizá con ayuda extra esto no será tan complicado.

El capitán esperaba a conocer la decisión de los presentes. Si querían sobrevivir primero debían estar de acuerdo en querer entrar a esa estructura y debían estar seguros de poder cooperar como equipo. La unión sería lo único que les mantendría con vida. Además no tendrían otra opción. Todos estaban atrapados en aquella isla infernal.



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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Vie Oct 28, 2011 2:38 am

El clima no mejoraba, los dioses no lo permitirían, pisar esta tierra era enfurecer a los que nos custodian, pero Elhías me protegía frente a los dioses de la naturaleza, mi destino aún no había terminado, los designios macabros aún no habían sido completados, vivía, y me encontraba en unas condiciones de lo más catastróficas, había atravesado aquella zona fangosa procurando no caer en alguna trampa, dejandome llevar con dificultad sobre las huellas de Flinn, soportando la mofa de aquel minotauro, ¿Con quién se cree que esta hablando?¡Maldito insensato!, llegué bastante pringado y algo fatigado,y asi, siguiendo a un puñado de marineros capitaneados por un loco apasionado, junto a un minotauro tosco que brindaba de mi más humilde desprecio, las bestias habían nacido para servir a sus amos, sin embargo éste no me extrañaria que hubiera asesiando a su amo ¿Que pensamientos anidan en la cabeza de una bestia de su magnitud, amor a las vacas? ¿ Debilidad ante las elfas como yo? ¿Alguna especie de prueba de madurez de una tribu remota y olvidada?.

¡ Diablos ! Si permanecia mucho más tiempo aqui, acabaría conviertiendome en agua, agua y más, jamás había odiado tanto a un elemento como en estos momentos, ni siquiera nos daban un respiro, deseaba entrar en un lugar resguardado, de aqui en un tiempo, la pulmonía estaba garantizada, menos mal que conocía un par de amigos alquimistas que no tendrían problema en elaborar brebajes curativos.

Aún había más problemas el vigilante que yacía dormido, en el cual Bargho optó por resolver de la mejor forma que podría, me quedé impresionad por la vasta demostración de aquel dominio de armas, su fuerza y precisión eran más que notables, no todo iba a ser negativo en aquel cuerpo semejante a un ñu, el movimiento del minotauro fue victorioso, acabado con la vida de aquel orco dormilón, me acerque en cuanto pude a examinar el cadáver, los vigilantes solían llevar llaves que abrían las puertas de calabozos, quien sabe si abriría la celda de Ultimecia o de un magnifico zombie en cautividad ansioso por devorar carne, tras curiosear por su cinturon tribal, encontré un pergamino, al abrirlo pude constatar unas letras, al principio no sabía muy bien lo que significaban hasta que los dibujos y las lineas denotaban las rutas y horarios de las patrullas orcas que asolaban por este exótico lugar, tambien había escrita una nota "Simpre me quedo solo por las tardes....malditos, nunca me toca divertirme a mi" no pude más que soltar una fugaz carcajada cuando lo leí, al parecer no estabamos solos, y seguramente habría muchas más patrullas, bien, por suerte, contábamos con el bruto de Bargho, el cual sería un buen entretenimiento para estas patrullas, mientras que Flinn podía ayudarme poniendo a más de sus hombres como cabezas de turco y encontrando a la bruja Ultimecia, uno de ellos acababa de hundirse en el fango con su rostro volcado en un pánico indescriptible, sencillamente encantador, tan solo debería buscar al dueño de este lugar y matarlo como sea, o bien unirme a él, para algún día reclamar sus posesiones.

Aquellos pensamientos bajo la lluvia fueron interrumpidos por la visión de un baúl, en el cual seguramente habría un tesoro, irrresistiblemente tentador, en este lugar olvidado, bajo el encanto mágico de una torre mística, en un paraje rodeado de bestias peligrosas y alimañanas, sin duda debía de haber algo en ese maldito cofre, pero no entiendo muy bien que hacía a la vista de todos nosotros, y por que no era custodiado si posiblemente fuera tan valioso, tan solo un orco dormilón, ¿Asi cuidaba el amo de estas tierras sus bienes? En cualquier caso, no desaprovecharia esta oportunidad.

Antes de proceder, me volví en un elegante movimiento cuya túnica se revolvió majestuosa, pose mis ojos en la figura del minotauro.

- Será un placer devorar a vuestro conejito cuando todo esto haya terminado, el olor a muerte me da hambre, oh...esperad.. ¿Como decís que se llamaba vuestra amiga....Natalíe? Ansio por que sea una elfa delicada, no hay nada como degustar las orejas puntiagudas de las delicadas elfas de los bosques imperecederos...¡OBSERVA CRIATURA, ESTE SERÁ VUESTRO DESTINO!- dijé alzando la voz al final de mis palabras, mientras giré de nuevo, elevando un brazo al cielo, con el otro apuntando al cadáver del vigilante comencé a recitar unas palabras, anidando una gran fuente de inspiración mágica nigromántica.

- Aquel que conoce el emplazamiento de los caídos, aquel que conoce el secreto de los ténebres, aquel que guarda la llave al inframundo, con la estrella de cinco puntas, con el signo de Elhías, con su aprobación. ¡QUE REGRESE! ¡SERVID A VUESTRO AMO! - tras dicha funesta intervención, el cadáver del vigilante comenzó moverse lentamente, hasta que logró incorporse de una pieza, lleno de vida o de muerte, depende como se mirase, mis ordenes fueron claras y concisas, que avanzara en una dirección y golpeara el baul hasta abrirlo, sin duda el cadáver andante, mi fiel criatura cargaría con todas las trampas de estacas que se podía observar desde la lejania y las que no, ese sería mi plan, una vez abierto el cofre para ver y coger lo que hay en su interior, refugiándome siempre en el cuerpo del orco no muerto, una vez servido, regresaría por el mismo camino, con el cadáver andante delante mía, despues le quitaría su último aliento de vida a golpe de un chasquido.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Shuma Gorath el Sáb Oct 29, 2011 5:27 am

Nuevamente abría su ojo, aquellas paredes le parecían tan familiares, aquella suciedad húmeda que parecía gotear sin cesar desde los oxidados pero firmes barrotes de aquel lugar, no era más que una masa … una criatura encerrada como animal … ya se había cansado de gritar, cuantas veces había contado la misma historia “Shuma no ser monstruo, no querer estar encerrado, liberar a Shuma”, pero aquellas palabras solo habían traído torturas, cuánto tiempo … cuanto tiempo había desde que pudo sentir el calor del sol … una semana … no era más … quizás un mes … si era lo más probable, un mes en aquel oscuro y nauseabundo agujero, ya no podía ver el sol, no veía más que cuerpos torturados, cuerpos mutilados, seres que habían perdido la esperanza y solo deseaban morir … ya había perdido la noción del tiempo … veinte celdas, ni más ni menos, las había contado una y otra vez, sabia quienes estaban en cada una … o por lo menos antes de que se lo llevaran … no sabía por qué lo tenían ahí … no recordaba mucho, quizás la voz sabía algo, pero aparte de sus gritos e insultos no decía anda mas “Malditos y miserables inferiores … como se atreven a tocarnos … no merecen vivir” y cosas así … a él no le gustaban aquellos que llamaba inferiores, pero por lo menos la voz no le hablaba a Shuma … así Shuma podía pensar el mismo.

Las gotas caían desde los barrotes, como si fueran segundos, lo sabia … pronto harían el cambio … siempre lo hacían, llegaba uno y torturaba, llegaba otro y torturaba, parecía un juego y a la vez era la realidad, las marcas en los tentáculos de Shuma lo evidenciaba … recordaba cuando le habían quemado el tentáculo, solo para escuchar como gritaba … pero Shuma sin su cristal no podía hablar, solo se podía retorcer, recordaba como debió el mismo arrancarse la carne quemada, para que pudiera crecer nueva en su lugar … pero eso no quitaba el dolor, recordaba cuando había despertado, como aquella luz lo había envuelto, parecía que fuera de día y era media noche, sintió aquel frio en su carne y luego oscuridad y gritos … voces que hablaban en un idioma extraño, cuando abrió su ojo estaba en un circulo … lo habían llamado … pero no sabía para que … algo lo paralizo, magia o brujería después solo más oscuridad, para comenzar a vivir en una jaula … los pasos se escucharon contra la roca mientras una voz chillona pudo escucharse, no era el torturador de siempre, no era aquel que tanto temían, pronto una silueta se dibujo contra los barrotes, la sonrisa torcida, las orejas puntiagudas y la prominente nariz.

-Mira que bicho más feo… parece un pulpo… ¿si te saco el ojo te quedaras ciego no es cierto monstruo?–

Sin cuidado había apoyado sus asquerosas manos en los barrotes, mirando con desprecio a Shuma, era extraño, ningún otro torturador se había acercado tanto, porque sabían lo que Shuma podía hacer con sus tentáculos, ¿pero aquel ser no lo sabía? En aquel momento el gran ojo de la criatura se “clavo” en al del goblin, una voz que solo Shuma podía escuchar surgió desde las húmedas paredes – ¿Quieres salir? … mata a ese inferior y coge su llave … escapa … vuelve a vivir libre … vástago mío- en aquel momento sucedió, como si fuera movido por una fuerza extraña los tentáculos de Shuma se alzaron hacia el goblin, los barrotes no hicieron mucho ya que los tentáculos pasaron entre ellos atrapando al goblin y presionándolo contra estos, lentamente la presión aumento, mientras aquellos tentáculos se enrollaban, el goblin chillaba de desesperación, pero los torturados también, algunos expectantes, otros porque solo habían perdido la mente entre el dolor, de cualquier forma el pequeño cuerpo no resistió mucho tiempo antes de que sus huesos se quebraran contra el metal, y terminara con sus costillas atravesando sus pulmones y corazón, el cadáver había quedado goteando, mas Shuma rápidamente comenzó a buscar entre sus pliegues de ropa y bolsillos algo, por fin encontró lo que deseaba una simple llave, sin perder tiempo la metió en la cerradura, pudiendo salir de aquella cloaca que había sido su prisión durante tantos días, estiro sus músculos, su gran ojo vio a los que había ahí, ninguno estaba en condiciones siquiera de colocarse en pie … mas su mirada se poso en una simple humana, una mujer … recordaba como había llegado con dos hombres y como estos poco tiempo después habían muerto torturados … Shuma intento abrir la calda con la llave, extrañamente se abrió, al parecer era una misma llave para todas las celdas, rápidamente miro si había algo más de utilidad, lamentablemente no era así, la mujer miraba con temor a Shuma y no era extraño, ya que el propio Shuma parecía un monstruo.

Los minutos pasaban, y Shuma se puso en camino para salir de ese lugar, pero antes de salir vio algo extraño, era otra mujer, su gran ojo se poso en sus alas, no era humana, parecía una de esos diviums que había escuchado hablar, estaba atada, recordaba vagos fragmentos de conversaciones sobre drenar magia de ella… y de que si alguien la tocaba sería asesinado... habían dudas si salvarle… ¿Miraría a Shuma con desprecio por ser diferente? o ¿Le atacaría? … aquella voz que tan bien conocía le hablo “Déjala morir … es una inferior , déjala que se pudra” si la voz decía que debía dejarla morir, Shuma debía de hacer lo contrario … se acerco con cuidado a la mujer, estaba encadenada, Shuma intento con la llave pero esta no le hacía a los candados, su gran ojo miro hacia todos lados hasta encontrar algo de utilidad, uno de los martillos con los que quebraban los huesos de los prisioneros, tomándolo con su tentáculo comenzó a golpear los candados con fuerza, hasta que estos cedieron, totalmente rotos, había algo en su cabeza, parecía que le dolía, porque estaba firmemente incrustada en su frente, con algo de trabajo Shuma pudo quitársela, ahora había que salir … no sabía dónde se encontraba, pero tenía que subir a algún lugar … si estaban en un calabozo hacia arriba estaría la salida y la libertad … pero como podría decirles a aquellas dos mujeres que Shuma no era un monstruo y que solo deseaba salir … si no tenia su piedra no podría hablar … era mudo …




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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Miér Nov 02, 2011 2:14 pm

[justify]Habían llegado por fin y no sin varios tropiezos hasta el final de un camino que no era nada mas que el principio de otro mucho mas peligroso, el cielo gris que lloraba sin cesar sobre la isla no era un buen presagio y sobre la tierra un hombre enamorado, un minotauro atado por los lazos honor y la amistad y un loco desalmado pugnaban por entrar al centro de todos esos horrores. Todo era oscuridad en aquella isla maldita.

El minotauro escuchó las palabras de Flinn atentamente, su plan era bastante coherente: si lo que pretendían era realizar una misión de rescate, lo que había que priorizar por sobre todas las cosas era garantizar en primer término que las prisioneras estén a salvo y libre de sus carceleros, que como podía admirarse claramente en aquel patio, eran escoria peor que las ratas del submundo*.

Estuvo a punto de abrir su boca cuando escuchó las insolentes palabras del nigromante ¿Realmente estaba loco? ¿Acababa de amenazarlo? ¿Y a Natalie? Bargho por un momento pensó en aquellos desquiciados que sufren un trastorno en su personalidad y que son incapaces de medir los límites de sus verdaderas capacidades extendiéndolas al infinito como si fueran seres omnipotentes, regodeándose en los delirios de su propio narcisismo. Este sin duda era un serio caso, el posterior conjuro que levantó al orco que acababa de morir y empezó a avanzar entre la ciénaga era una muestra clara de su oscura determinación.

Poco importaban los esfuerzos para verlo de otra forma, acababa de amenazarlo de muerte y lo peor, a su protegida, muchas veces se había controlado ya para evitar que un acceso de furia lo lleve a dañar a sus aliados, pero esta vez había sido demasiado… Bargho apretó los puños en silencio, se juró a si mismo que aquel sería el último silencio guardaría.

Mientras el nigromante iba en su paseo acompañado de su macabro acompañante el Uro se acercó a Flinn y le dijo en voz baja.

-No confío en este bastardo, por respeto a usted no lo he matado en el acto pero esta vez ha ido demasiado lejos, es peligroso, además ¿Que es lo que era aquel papel que le quitó al guardia? Alcancé a ver un par de dibujos pero nada más- Bargho pasó su dedo por el filo del hacha que pendía de su cinto- Usted solo dígame capitán, y me encargaré de recuperarlo...-

La situación era más y mas crítica y mientras el minotauro veía los trajines del humano una sola cosa estaba segura: en ningún momento le daría la espalda.

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Vie Nov 04, 2011 3:41 am

La lluvia continuaba azotando la isla olvidada como si de un diluvio bíblico se tratara. Pocas cosas se mantenían de pie. Los árboles cedían sus hojas y sus ramas sin objeción. La tierra sucumbía ante la impetuosa caída de agua fusionándose con la misma y creando los grandes estanques y charcas lodosas que tanto impedían el paso de cualquier caminante. A lo lejos, el mar golpeaba las paredes del acantilado vertical al pie de la torre. Olas de más de diez metros de altura que fácilmente podrían arrasar con cualquier comunidad a la orilla del mar. Por suerte nadie habitaba ese lugar. Al menos nadie civilizado.

Tras la conjuración de su magia oscura, Azathot levantó a la no vida aquel viejo orco que había sucumbido ante la pesada arma del minotauro. El hechizo adelantó el proceso de putrefacción de aquel cadáver y brindó conciencia nuevamente. El olor que emanaba aquel orco zombificado era repugnante. Si antes de muerto olía mal, ahora su aroma era intolerante. Al humano no le interesaban los intereses de sus acompañantes provisionales. Su objetivo era conseguir cualquier poder que aumentara sus propias necesidades, además de tener una entrevista con la misteriosa bruja del tiempo o con cualquiera que fuese el amo de aquella torre retorcida.

Las órdenes del humano fueron claras, "avanza y golpea el baúl". El zombi no puso pretextos y comenzó a avanzar a través de aquella zona plagada de traicioneros obstáculos y un sin número de extremidades y pedazos de personas de distintas razas dispuestas en aquel solar que más parecía un vertedero de muerte. Sin duda, un páramo atractivo para un nigromante como Azathot.

Bargho observó con detenimiento al engreído humano. Este la había insultado de muchas maneras posibles, pero entendía que la raza humana era una raza demasiado complicada de entender e insensata, sobre todo insensata. De no haber sido por el capitán Flinn, el cual posó su mano sobre el grueso brazo del minotauro, Bargho hubiese podido estrujar el cuello del humano sin ningún problema. Entendía que estaban juntos en eso a pesar de tener visiones distintas de apreciar la vida o de ver a la muerte. Tolerancia. Fue lo único que logró decir el capitán. Y quien mejor que un capitán sabio y curtido para aconsejar a un joven minotauro según los cánones de su propia raza - Entiendo su molestia señor Bargho, sin embargo estos campos de muerte ya han reclamado la vida de dos de mis hombres y no sabemos que habrá pasado con el joven monje - La mirada de Flinn recorrió el campo hasta posarse sobre las cabezas empaladas de sus protegidos - Sin mencionar la escalofriante muerte que sufrieron aquellos dos aventureros y sin olvidar la desaparición de los demás, allá en las costas de su caverna - Las palabras de Flinn lograron apaciguar al minotauro, el cuál comprendió con mayor frialdad lo precaria de su situación - Necesitamos de toda la ayuda posible, así tengamos que lidiar con la soberbia del nigromante. A final de cuentas él también nos necesita, incluso si no lo quiere admitir - Los músculos del antropomorfo se relajaron nuevamente y sacudió su cuerpo instintivamente, como si de un escalofrío se tratara, salpicando el agua acumulada en su pelaje. Solo le quedaba mirar detenidamente al mago y esperar que su pequeño paseo no fuese a terminar en otro cadáver desmembrado.

El mago oscuro seguía lentamente los pasos de su sirviente. Había tenido la fortuna de que aquel torpe orco no hubiera activado ninguna de las posibles trampas del terreno. Sin embargo estaba completamente empapado y enlodado. Caminar a través de aquel fangoso terreno no le daba demasiada gracia al fastidiado mago. Miraba la espalda de su sirviente y detuvo su andar una vez que el orco había recorrido el trayecto hasta el baúl de gruesa madera de cedro con remaches de hierro. El orco elevó sus manos y, con los puños cerrados, golpeó con fuerza la tapa de aquel baúl. Una fuerte explosión cimbró los cimientos del terreno lanzando con fuerza al mago Azathot al suelo y propinando tremendo susto al capitán y su enorme guardián. La explosión fue similar a la ocasionada por la pólvora o una bola de fuego mágica. Del orco no quedó ni el recuerdo, solo su horrenda pestilencia.

¡¿Estas bien?! - Gritó preocupado el capitán. Aquella explosión había sido demasiado potente y el mago era demasiado enclenque. Sin embargo la preocupación del capitán rápidamente cambió de prioridad. El sonido de una ruidosa campana en lo alto de la torre empezó a sonar. Sonaba constantemente y sin pausas. Sonaba con la fuerza suficiente como para ser escuchada a un kilómetro de distancia a pesar de la estruendosa tormenta. La alarma orca estaba siendo tocada. Habían perdido el factor sorpresa, o al menos eso pensó el capitán - ¡No hay tiempo! ¡Vuelve acá, tenemos que entrar cuanto antes! - Azatot comprendió el problema que había ocasionado su inútil servidor, y lo peor es que ni siquiera había podido revisar el interior de aquel misterioso baúl pues había volado en mil pedazos.

El mago maldecía su mala suerte y a la tormenta que caía sobre su faz. Maldecía al orco que había tenido la torpeza de explotar su objetivo y maldecía al capitán por siempre hablar tan seguro de sus propias capacidades. Pero sobre todo, maldecía al minotauro, el cual esbozaba una fingida sonrisa de burla ante el fallo de cálculo por parte suya. Coriió sobre sus propios pasos intentando no activar trampas sin descubrir, pero sus ropas pesadas y empapadas impidieron el paso del mago tirándolo de cara al fango. Azathot maldecía, pero ahora sonreía ante su extraña fortuna. A escasos centímetros de su rostro, una daga de filo extrañamente forjado y con empuñadura negra yacía cubierta por el agua y el lodo. No estaba seguro del como ni el porqué. Quizá tras su caída esparció el lodo que la cubría, revelando el agradable secreto. El mago no regresaría a la torre con las manos vacías. Por lo que sin dudarlo un segundo cogió la daga y la guardó entre sus ropajes para continuar su retorno. Y acompañar al capitán y al minotauro al interior de la torre, donde ya le estaban esperando.

Mientras tanto, en el interior de la torre, el engendro de un solo ojo intentaba escapar de aquella lúgubre prisión. Había rescatado a una joven humana la cual aún no perdía la cordura al igual que el resto de los prisioneros. La joven no confiaba en él, pero no tenía opción. Aquella horrible bestia deforme le había sacado de su prisión y no había cometido algún intento en su contra. Además, ahora ayudaba a una hermosa mujer, la cual era extrañamente retenida por cadenas y una extraña tiara negra de gemas azules. La mujer no sabía como describir a Shuma. No parecía ser una criatura mala, pero eso no de meritaba su horrenda figura. Ambos miraban a la mujer, esperando que no estuviese muerta. La muejer abrió sus ojos repentinamente, sorprendiendo a la joven prisionera en mayor medida.

La mujer alada se incorporó tranquilamente. Parecía como si cualquier persona se levantara después de tener un placentero sueño. Esta mujer no se sorprendió al ver la extraña criatura que le había liberado ni a la desnutrida mujer temerosa a sus espaldas - ¿Y Flinn? - Ambos pusieron una mirada de extrañeza. No sabían de quien hablaba, pero seguramente estaba desorientada después de sabía dioses que tortura. Shuma no podía expresarse con palabras, cosa que comprendió rápidamente la joven a su lado - Descuida, estabas prisionera al igual que nosotros, pero ya todo estará bien. Saldremos de este lugar de una vez por todas - La tierna voz de la mujer sorprendió al antropomorfo. Hacía demasiado tiempo que no escuchaba una voz tan delicada. Demasiado tiempo había sido avasallado por los gritos de dolor y las voces rasposas de los orcos y goblins, sin olvidar a la siniestra voz en su interior.

La mujer alada se levantó débilmente. Hacia tiempo que no utilizaba sus piernas, pero después de un par de minutos logró ponerse de pie, con la ayuda de la joven mujer - Por cierto, me llamo Natalie. ¿Y tú? - Dijo la joven humana mirando a la mujer de esbelta y envidiable figura - Soy Ultimecia, la bruja del tiempo. Y mucho me temo que salir de aquí no será una empresa sencilla de concretar. - La voz de la bruja denotaba claramente su prepotencia y su refinada forma de modular su voz. Era como si un miembro importante de la aristocracia hablara ante dos de sus leales sirvientes. Sin embargo esta no era la intención de la mujer llamada Ultimecia, de hecho ni siquiera mantenía su atención puesta en sus rescatadores. Mantenía la mirada alta, viendo hacia el techo y hacia la salida de aquella prisión para volver a posar la vista sobre la tiara que le había sido retirada y que la mantenía en un estado de supresión - Si me permites, este artefacto es demasiado complejo para que alguien sin manos lo lleve con sigo - El antropomorfo no sabía si la mujer de vestido elegante sería o no de confianza, sin embargo no dudó en entregarle aquel artefacto pues ya antes había sufrido a causa de los artilugios extraños de los orcos de esa torre. Sería muy peligroso caer accidentalmente ante el mismo influjo que la mantenía a ella en una especie de éstasis mental. Fue en ese momento cuando el grupo escuchó una fuerte explosión sobre sus propias cabezas. Un potente temblor hizo vibrar las paredes dejando caer al suelo algunas rocas pertenecientes a la destartalada torre - Es hora de salir de aquí - Dijo la joven Natalie desesperada ante la posibilidad de volver a caer bajo las garras de sus terribles torturadores y carceleros. Sin embargo, fue Ultimecia quien la detuvo por el hombro antes de que decidiese salir por aquella puerta de madera - No. No debes ir por ahí - Las palabras de la bruja del tiempo fueron autoritarias. No les dio oportunidad a objetar nada. La bruja ya había empezado a moverse hacia una puerta trasera. Parecía como su la mujer conociera aquella prisión como la palma de su mano, pues hubiese sido imposible encontrar aquella puerta, oculta por cadenas y demás utensilios de tortura, para cualquier otra persona. Entre las cosas que colgaban cercanas a la puerta logró recuperar su bolso con cuarzos afilados. Además le indicó a Natalie que tomara una de las espadas oxidadas de la pared, cosa que la muchacha dudó por un segundo pues jamás había tenido que utilizar las armas para defender su vida - Este es un camino más seguro, pero me temo que no será un paseo placentero - El corredor era en realidad una escalera en forma de caracol la cual subía varios metros hasta muchos de los distintos niveles de la torre - Lo primero que hay que hacer es reunirse con Flinn. No se rezaguen.




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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Bargho el Vie Nov 04, 2011 5:58 pm

No terminaba de hablar con Flinn cuando el potente sonido de una explosión retumbó en los oídos de Bargho y lo dejó aturdido por un momento, en el lugar donde antes estaba el orco-zombie durante unos segundos se levantó una pequeña columna de barro mezclado con sangre, humo y unos cuantos trozos de carne, el nigromante había salido despedido hacia atrás y permanecía tendido en el suelo. A lo lejos podría confundirse la expresión del minotauro con una sonrisa, sin embargo su gesto era en realidad una mueca de furia.

-¡Ese idiota ha activado una trampa! ¡Con ese estruendo no tardarán en encontrarnos! Vamos adelante, no hay tiempo que perder.

Con una fuerte carga de su hombro abrió la puerta y una vaharada con olor a carne podrida casi lo echa para atrás, se encontró de repente en una oscura habitación mal iluminada, aquí y allá se veían rastros de sangre, huesos y por todas partes trozos de carne a medio comer, los ojos del minotauro tardaron un poco en acostumbrarse a la pobre iluminación hasta que confirmó con horror que muchos de los trozos de carne correspondían a elfos y humanos desmembrados, si bien durante sus aventuras había visto alguna vez casos de antropofagia nunca le habían dejado de parecer actos terribles y despreciables. Su odio hacia los habitantes de aquella isla no hacía más que aumentar.

En el interior de la torre se desató la alarma y podían escucharse los gritos y las carreras de sus guardianes por los pasillos de la misma, pronto un bullicio se hizo muy próximo, casi al otro lado de la puerta. Bargho tras dar una rápida mirada estratégica al que ya contaba como el campo de batalla inmediato se volcó a los dos únicos marineros que quedaban señalándoles la mesa que tenían mas próxima.

-¡Rápido! ¡Una barricada! ¡Ustedes a la derecha!-

El Uro se aproximó a una de las mesas que se encontraba mal colocada y levantándola por el borde la tiró al suelo formando instantáneamente una enorme pared de cinco metros de largo por dos y medio de alto.

-¡Con fuerza! ¡Empujen!-


Las venas del cuello brotaron, las fosas nasales se hincharon resoplando y metiendo todo el oxígeno necesario para el cuerpo, los músculos del minotauro se tensaron al máximo y la mesa empujada por la gigantesca mole empezó a arrastrarse rápidamente por la habitación al mismo tiempo que la puerta se habría con estruendo y una marea de orcos y goblins inundaba la habitación.

-¡Rápido no pueden desplegarse!-

Acompañada de un fuerte grito la mesa siguió avanzando y los orcos y goblins que penetraban en el comedor se vieron de repente sumidos en un cuello de botella entre la mesa-barricada y las otras dos mesas paralelas, empezando a empujar fuertemente contra este muro improvisado; Bargho tomó de su espalda una pequeña lanza, apoyó su punta inferior en una de las lozas de piedra que sobresalían y gritó “¡Udvider!” inmediatamente después la lanza de acero rojo se estiró violentamente triplicando su longitud y su larga punta se incrustó en la madera del borde del mueble formando una tranca perfecta y constituyendo de la improvisada defensa una sólida muralla de madera, forzando a los orcos y a los goblins a rodearla.

Spoiler:

-¡Yo iré a la izquierda! ¡Ustedes encárguense de los de la derecha!- Gritó el minotauro

En el estrecho pasillo (a escala de orcos y minotauros) de dos metros y poco más de ancho que se formó entre las altas mesas y la pared, la ventaja numérica de los orcos se vio rápidamente truncada al verse obligados a avanzar en fila india, Bargho avanzó con su terrible hoplón y dio una fuerte descarga de hombro al primero empujándolo hacia atrás al tiempo que levantaba su enorme hacha de dos filos en diagonal casi rozando el techo de la habitación.

-¡Mueran bastardos!- Fue el grito que resonó en toda la habitación al tiempo que el hacha descendía poderosamente contra el primer orco de la fila.

El sonido de un golpe seco y viscoso seguido por el acolchado ruido de una cabeza rondando siguieron inmediatamente al rugido del antropomorfo. La situación era tremendamente estorbosa para los orcos, quienes armados con armas largas (Uno con una maza, dos con hachas de dos manos, otro al final con un espadón y un infeliz armado con un martillo que acababa de caer decapitado) se encontraban con su diestra entorpecida por el muro de piedra de la cocina mientras el minotauro tenía a su diestra todo el espacio posible para atacar con golpes laterales de su hacha sobre la mesa. Las condiciones estaban dadas.

Spoiler:

El minotauro levantó por segunda vez su hacha teñida de sangre mientras los orcos pugnaban por hacer a un lado el cadáver decapitado de su compañero caído.

Un segundo golpe del hacha comenzó a caer dirigido al cráneo del segundo en la fila.

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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Azathot el Mar Nov 08, 2011 11:35 am

Al atravesar aquel camino engorroso, mis botas volvieron a entumecerse con el fango que pisaba una y otra vez, aquella sensación viscosa y agobiante entorpecía mi avance hacia el bául con desconocido contenido en su interior, pude cerciorarme de como los dientes del minotauro parecían apretarse más de lo normal cuando comencé a moverme, mis palabras habían enojado a la bestia, por fin salía la bestia a flote, aquel ser debía mostrar su verdadera naturaleza y que todos fueran testigo de su bruta e incontrolada brutalidad, como la mayoría de las bestias que no son domadas correctamente, pero tenía cosas mas trepidantes en la que fijar mi atención.

Mi gran amigo orco renacido de las tinieblas vagabundeaba en la dirección ordenada, emitiendo sonidos guturales que ni yo mismo había logrado imaginar, parecía que estaba vivo, quería comunicarse, si pudiera mediar palabra, seguramente estaría rindiendo culto a su nuevo creador, pronto el orco no muerto se acerco al baúl, para romperlo con su fuerza, fue entonces cuando sonó aquella explosión, una trampa mortal de la que salí despedido para caer estrepitosamente sobre el fango, manchando toda mi túnica y alrededor en un marrón oscuro que se limpiaba rapidamente debido a las gotas de agua que caían sin cesar, grité, farfullé, con mi peculiar voz metálica acolchada a causa de la máscara, incluso por poco sale despedido mi libro, el cual custodio como si fuera un hijo, al levantarme, solo quedaba unos tristes miembros destrozados por la explosión de la trampa, que apenas se seguían moviendo, que querían seguir sirviendo a su amo, pero que carecían de la vitalidad macabra necesaria, los ojos del orco zombie se movían en muchas direcciones, hasta que logró captar mis ojos, sus ojos se tornaron esperanzados, como si estuvieran contemplando el paraiso, mientras los mios le brindaban mi más profundo odio por haber fracasado en aquella misión, y no entregarme el objeto que anidaba en su interior, al final, el orco, cerro lentamente los ojos, como despidiéndose de aquella agonizante existencia, como abrazando un mundo nuevo y deseado.

Me levanté ansioso, perturbado por aquel error, no debí haber malgastado mi energía en un inútil monton de excrementos de tal calibre, al comenzar a moverme entre el fango, mi pie volcó el peso en una parte de la túnica que se camuflaba con el fango, haciendo que cayerta de frente, empapando el libro, la máscara parte del tronco, fue entonces, cuando mis ojos se veían reflejados en aquel metal punzante, de exótica forma, una daga, una curiosa daga que había salido despedida sin duda de aquel baúl, soportando aquella explosión y manteniendo una postura tan impoluta debía de tratarse de un artilugio singular, sin saber si mis queridos amigos habían visto la daga, absortos en sus risas volcánicas, agarré rapidamente el arma, para ponerla a buen recuado sobre mi ceñido cinturon, del cual colgaban dos bolsas pequeñas, una con dinero, y otra con ingredientes para ciertos conjuros.

Observé a mis compañeros alertados, aquel error, pensandolo mejor, aquel glorioso movimiento, había llamado la atención de manera notable, tanto que tuvimos que irrumpir de inmediato en la torre, me revolví en el fango, hasta que pude ponerme a la altura del minotauro, flinn y compañía, yo no tenía palabras para el momento, ¿Se me notaba demasiado que ocultaba algo? Vamos, Azathot no puedes ser tan estúpido, lo fuí, aquel secreto, aquella daga no debía ser desvelada, a menos que fuera estrictamente necesario.

Al entrar al interior, el olor a muerte reinaba de una manera más sofisticada, entre ellos las partes corporales de los elfos, aquellas elfas, que degustaría en un festín de sangre y lujuría, si no fuera por las presentes alimañas y orcos que nos rebanarían el pescuezo por invadir de este manera su territorio, Bargho tomaba la iniciativa, haciendo muestra de su valía, al fin y al cabo no solo era una masa de músculos, tambien podía plantear tácticas de combate, para disminuir el riesgo de heridas mortales, algo que me fastidiaba reconocer, asi pues me dejé llevar por su estrategia.

Al cabo de unos instantes, me ví sorprendido por dos abominables orcos, y tres asquerosos goblins, efectué un elegante movimiento de capa, posando y parando una de mis manos en una de las bolsas, la otra sujetaba el libro, entonces antes de que atacaran, solté aquel conjuro que tan buenos recuerdos me traía, en el interior de la bolsita había dientes de serpientes, pero me faltaba algo esencial, cabello, estiré la mano en una fracción de segundo, tocando el craneo de uno de los elfos muertos, cerre el puño amasando su cabello muerto, para arrancarlo con vigor, deposite los dientes en la palma de mi mano.

- ¡Os habéis equivocado de objetivo, mis grotescas criaturas, que se alze la verdadera naturaleza, yo os invoco, devorad, envenenad, reptad y daros vuestro festín pequeñas! - moví con soltura el brazo, hasta posar mi mano con la bolsa y los pelos, cuyo material de la bolsa parecía calcinarse a medida que sonaban mis palabras, los pelos como imanes se pegaron a los dientes y colmillos que ahora yacían en la palma de mi mano, se enroscaban, se abrazaban hasta que iban adquiriendo forma larga y verdosa, con cabezas de serpientes, pequeñas culebras, que al soplar, fueron desprendidas hacia los orcos y goblins, uno de los orcos se puso lo bastante nervioso como para soltar espadazos a lo loco, cortando por la mitad a uno de los goblins que iban a atacarme, el goblin ni siquiera pudo emitir un sonido de dolor, solo una expresion sorpresiva se reflejo en su rostro a la par que un reguero de sangre salpicaba los alrededores, mientras varias culebras mordisqueaban su insulso cuerpo, las otras tratarían de morder y envenenar a sus rivales, pues estaban hambrientas, yo mientras usaria mi libro como escudo para ciertos ataques, y mi mano ahora agarraba la empuñadura negra de aquella misteriosa daga, que no me atrevía a mostrar, pero que desenfundaría para soltar ataques desgarradores a mis atacantes.
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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Shuma Gorath el Jue Nov 10, 2011 12:11 am

Podría decirse que estar encerrados entre cadáveres vivientes, en las profundidades de la tierra o quizás en la altura, en aquel momento no se podría decir, seria suficientemente malo, aunque el hecho de no saber la razón por la cual estaba en ese lugar, o el por que había tenido que pasar por todo aquello con los goblins, trasgos y orcos que habitaban aquel pedazo de mundo, Shuma parpadeo un par de veces con su enorme ojo, mientras veía a la mujer recobrar lentamente la conciencia y a los pocos minutos poderse colocar en pie, o mejor dicho mantenerse en pie, el gran ojo de Shuma buscaba algo entre los muros y celdas, algo que para él era de infinita utilidad y aquello era su piedra, algo tan simple como una pequeña piedra agrietada y que a simple vista no tenía ninguna utilidad , pero era lo único que le permitía comunicarse con los demás, aunque al parecer no fue necesaria porque la mujer alada no le temía o por lo menos aquella apariencia tenia … cosa que a Shuma le pareció curioso, ya que incluso la otra mujer parecía temerle y sentir algo de repugnancia por mantenerse siempre alejada de Shuma de cualquier manera la mujer hablo, y con ello le dio a entender algunas cosas a Shuma, entre ellas, su nombre y el de otro que de seguro era un hombre … o quizás un animal, los bípedos tenían esa fascinación por nombrar todo incluso a los animales.

Shuma no sabía mucho y tampoco es que estuviera ocultando información, aquel oscuro agujero no le daba ninguna sensación más que de malestar y clara molestia, mientras oía a la mujer algo sacudió todo ese lugar, haciendo que algunas rocas se desprendieran de las murallas y una larga grieta surgiera en esta, el aroma a descomposición se hizo más latente, pareciera ser que alguna de esas piedras pudo haber movido algún cadáver o restos, la humana deseaba salir, mas la alada la detuvo antes de que intentara hacer algo por la única puerta visible, con tranquilidad aquella mujer se acerco a lo que parecía una puerta trasera, cosa que Shuma no había visto por estar oculta o cubierta por armas y carias cadenas, tanto las dos mujeres avanzaron por aquella puerta y Shuma las seguía, pero antes de cruzar hacia la oscuridad noto algo que le podía ser de utilidad, sobre una mesa había un trozo de cuero, este estaba manchado en sangre, pero le sería útil, rápidamente sus tentáculos se agarraron a uno de los bordes y se la coloco encima, no era demasiado grande, pero cubría la mayor parte de su ojo o mejor dicho en su totalidad, ya algo más cómodo se metió en aquella oscuridad, pudiendo ver las escaleras de caracol que subían y subían hasta cierto punto, las dos mujeres ya habían avanzado y Shuma las siguió en silencio, como era natural al no poder hablar, de cualquier manera pronto el grupo se detuvo, Shuma uso sus tentáculos para elevarse algo y poder ver que sucedía, frente al grupo había nada … mejor dicho la escalera terminaba abruptamente, al parecer rota y retorcida por la humedad, de todas formas una puerta se encontraba cerca y sin mucha dificultad pudo abrirse, mas antes de que cualquiera de las mujeres intentara cruzarla un tentáculo les bloqueo la entrada, ambas mujeres vieron con algo de asombro a la criatura, pero Shuma negó suavemente con la mayor parte de su cuerpo y se señalo a sí mismo, quizás no entenderían pero Shuma prefería ir delante, no por querer ser el primero, si no porque si había algo tras esa puerta Shuma era quien más resistente parecía ahí … como si fuera un pulpo el enorme cuerpo de Shuma paso por aquella puerta, caminando algunos pasas.

Ante la criatura un enorme salón se presento, mucho más grande de lo que alguna vez había visto, aunque el aroma a cadáver era más que notorio, en aquel momento se hizo presente aquel que no era bienvenido, su larga túnica manchada por la sangre seca se arrastro por el suelo, mientras que sus delgados dedos parecían moverse con cada uno de sus pasos, sus tentáculos seguían el mismo rito que su respiración, cuando se detuvo sobre la gran alfombra, como si fuera un lugar nuevo para el miro hacia todos lados, armas en las esquinas velas y antorchas en las paredes, el aroma a cadáver que inundaba lentamente ese lugar, la criatura con túnica se estiro hacia atrás encorvando su espalda hasta hacerla crujir de una forma horrenda, pero sin el menor signo de dolor se giro hacia Shuma estirando su mano, como señalando a las dos mujeres que salían de la puerta.

-Vástago… ¿acaso crees que la compañía de los malditos inferiores te traerá algo bueno? No seas idiota… destrúyelos, deja que su sangre manche el piso y tiña de carmesí las rocas, que el aroma de su sangre tibia inunde este lugar y el bello sonido de sus gritos adornen como cuadros las desnudas paredes de este lugar…-

Mas Shuma solo miro con atención aquel lugar, como los pilares se elevaban hasta el techo que se perdía en la oscuridad, la roída alfombra que cruzaba por todo lo largo de aquel lugar, el candelabro que iluminaba con su luz ese lugar gris, las rocas desnudas que parecían gritar por el frio a la que estaban sometidas, e incluso el aroma a humedad, sangre y dolor que se podía destilar de cada cm en aquel espacio.

-Shuma *comenzó hablándole a aquella figura, aunque solo ella lo escuchaba*… Shuma no querer ser monstruo, no querer matar a mujeres… Shuma querer defenderlas… Shuma no ser malo, tu ser el malo, tu querer que Shuma mate y asesine a inferiores… ellos no ser inferiores… ser solamente ellos como Shuma solo ser Shuma-

La criatura rio sonoramente mientras negaba con su cabeza y sus tentáculos se movían de un lado a otro, parecía estar divirtiéndose con aquellas palabras, como si de un espectáculo barato se refiriera, mas en vez de un insulto simplemente se hecho hacia un lado y apunto hacia una puerta, dejando salir su voz antes de desaparecer como lo había hecho, “Ahí tienes una puerta … ve si estás seguro vástago” aquella figura siempre era tan lóbrega, como si fuera la otra mitad de Shuma, pero tan solo eran recuerdos de la sangre que fluía por sus tentáculos y cuerpo, era tan solo eso … memorias pasadas.

Mas antes de poderse acercar a la puerta algo vino desde ella, la puerta se abrió de golpe, mientras aparecían algunas criaturas desde esta, o mejor dicho, orcos y goblins, sus armas era peligrosas, aunque no estaban muy armados, algunas placas de cuero y pieles, aunque sus armas … estaban oxidadas eran de temer, sus colmillos fueron más que notorios cuando un orco con furia asesina intento partir en dos a Shuma, este intento retroceder, pero el filo de la espada mellada se engancho con el cuero con que se cubría, haciéndolo azotar el piso con toda su existencia, nuevamente la espada fue levantada con un grito del orco que parecía en un frenesí sanguinario, pero en vez de golpear el blando musculo de Shuma, este choco contra la roca, Shuma había desaparecido de su vista o eso había parecido, más Shuma estaba acostumbrado a aquellos combates, la voz nuevamente se pudo escuchar en su mente con una simple palabra cargada de desprecio “MATALO” , esta vez Shuma no hizo “oídos” sordos a sus palabras, y el orco sin importar lo fuerte que fuera dio un grito ensordecedor, cuando su espalda fue repetidamente apuñalado por algo muy similar a una lanza, Shuma se había subido a la espalda de su enemigo y con cuatro de sus tentáculos comenzaba a apuñalar el cuerpo del orco, sus tentáculos entraban y salían sin piedad, perforando la espalda de ese ser, varios de sus tentáculos apuñalaron la parte baja de su espalda, perforando tanto hígado como riñones con cada intromisión a su cuerpo.

El orco estaba frentico golpeando por el dolor cualquier cosa que estuviera cerca, por suerte para Shuma el orco cayó de rodillas jadeando, estaba muriendo, pero aun no era suficiente, sujetándose de las rocas y de uno de los tobillos del orco y con toda su fuerza lo lanzo contra el pequeño grupo de goblins, si tenía suerte sería suficiente como para dejarlos de combate unos instantes, aunque el sin detenerse espero para los nuevos enemigos, las mujeres eran valiosas … ya que el no dejaría que las lastimaran, no dejaría que le llamaran monstruo si podía cambiar ello.




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Re: La Torre de lo Arcano

Mensaje por Ultimecia el Sáb Nov 12, 2011 7:41 pm

La campana de alarma sonaba incesantemente, adornada por los gritos histéricos de los orcos que acudían al llamado de las armas. Las paredes derruidas y húmedas resonaban el eco de los gemidos de histeria y el choque de las placas y las púas metálicas de las armaduras de las bestias que se avecinaban caótica mente a los aventureros. No podían perder tiempo y el espacio era reducido.

En una clara muestra de pericia y conocimiento de las tácticas de la guerra, Bargho logró volcar una pesada mesa para formar una barricada justo en la entrada de la macabra cocina a la que habían ingresado con la ayuda del capitán Flinn y compañía - Bien pensado Bargho - Dijo el capitán mientras retiraba de su cintura un par de trabucos cargados. La mesa sería un excelente rompe olas para cualquier grupo de asalto que entrara por aquella puerta, los cuales no se hicieron esperar.

Saltando, maldiciendo y agitando sus armas al aire, un grupo de orcos y goblins arrasó con la puerta de la cocina y entró en ella con una rabia cegadora en sus rostros y una sed de sangre insaciable. Sin contemplaciones, el grupo de guardias fue a estrellarse de frente contra la improvisada muralla deteniendo su avance por completo. Bargho exclamó su intención de acabar con los orcos que se desviaran hacia la izquierda dejando a Flinn encargado del lado opuesto. Era una buena estrategia, y dadas las circunstancias, la única que tenían. Por otra parte, Azathot se mantuvo a la retaguardia como todo buen mago. Esperaba paciente a que sus retorcidos talentos fuesen necesarios, pero sin duda sería mejor para él que sus diestros compañeros acabaran con la amenaza sin que se viese forzado a mancharse las manos.

Tal y como lo había previsto, el grupo de orcos y goblins se dividió. Mientras cinco orcos avanzaban hacia el intimidante minotauro, otros más irían tras Flinn y su acompañante y algunos goblins se quedarían en l centro forcejeando con la barricada.

Sin dudas en su mente, Bargho acertó el primer golpe empujando hacia atrás al primero de los orcos y propinando una mortal tajada con su pesada hacha y su musculatura, decapitando al desafortunado ser sin ningún problema. Los cuatro orcos restantes eran superados en estatura y armamento, razón por la cual dudaron un momento antes de empujar al siguiente en la fila. El pobre orco de la delantera tropezó con su compañero caído al ser empujado por los de la retaguardia y así culminaron sus días de perversión. El hacha del antropomorfo se posó directamente en su cráneo salpicando sangre oscura por doquier. De pronto, un par de detonaciones llamaron la atención del minotauro. Flinn había descargado ambos trabucos directamente en la cara de uno de los orcos y un goblin, matándoles al instante - ¡Ajá! ¡Mueran sabandijas repugnantes! - Rápidamente soltó sus pistolas y sacó su sable de filo curvo para encarar a sus oponentes mientras que el marinero que le seguía tenía un par de espadas cortas y ya se encaraba valientemente a uno de los dos orcos restantes.

Todo parecía ir viento en popa para Azathot, pero en un imprevisto movimiento de los goblins al interior de la barricada, estos saltaron por encima de la mesa y saltaron histéricamente hacia el mago. Rápidamente invocó su magia para crear lo que parecían serpientes a partir de colmillos y cabello de un cadáver cercano. Era grotesco, pero mostró su efectividad al caer sobre los cuerpos vagamente protegidos de sus enemigos siendo un orco, desesperado por la sensación de mordidas punzantes, el causante de la muerte de dos goblins que habían embestido al humano. Habían sido brutalmente cortados por la espalda con la gran espada del orco. Tanto el orco como el goblin restante chillaban y forcejeaban para quitarse de encima las culebras, pero había quedado libre uno de los orcos, el cual embistió con el hombro al mago como si de un carnero se hubiese tratado. Azathot no tuvo tiempo de hacerse a un lado por lo que simplemente interpuso su grueso libro entre él y su enemigo amortiguando el golpe pero siendo lanzado por los aires igualmente, hasta caer en el suelo a unos cuantos metros más atrás.

Lo que bien había comenzado ahora parecía complicarse. La barricada había dejado de ser efectiva pues los orcos y goblins bloqueados habían pasado encima de las mesas aledañas para atacar a Azathot. El grito de dolor del marinero de Flinn se logró escuchar tras la terrible mordida del orco directa a la yugular del hombre, que en su último suspiro logró clavar sus espadas en el pecho del engendro atravesando ambos pulmones de forma contundente. Se mataron mutuamente. Flinn, por otra parte, no tuvo tiempo de preocuparse por su fiel tripulante, pues encaraba solo las embestidas de un goblin y un orco armados con dagas y un hacha respectivamente. hábilmente había bloqueado el corte transversal del orco interponiendo su sable, pero el goblin aprovechó esta distracción para dar dos o tres cortes con sus dagas a la altura de la cadera del capitán. Solo pudo alejarlo con una fuerte patada mientras retrocedía de un salto y echaba una mirada al minotauro en busca de auxilio. Sin embargo, el Uro estaba ocupado. Le restaban tres orcos por eliminar, aunque para su fortuna parecían estar intimidados por su enorme presencia, cosa que pensó le facilitaría las cosas. Pero pronto comprendería que un orco acorralado y asustado era más peligroso de lo que aparentaba ser.

En un arranque de ira y desesperación, los dos orcos más adelantados corrieron uno detrás del otro. Su avance fue truncado fácilmente por el enorme escudo del minotauro y con otro contundente golpe de su hacha despedazó el cráneo de un orco más. Sin embargo el último de los orcos, el del gran espadón, había cogido su arma como si de una lanza se tratara y avanzó poco convencido de sí mismo esperando empalar a su contrincante. Acción que casi consigue de no haber sido por la rápida reacción de Bargho, quien alcanzó a alzar su brazo derecho para desviar el corte, pero recibiendo un gran tajo a la altura del codo el cual comenzó a sangrar de forma abundante. Ante el gesto de ira de Bargho ambos orcos soltaron sus armas y echaron a correr, dando la espalda al antropomorfo en un intento por desaparecer de ahí y no seguir alentando la furia del enorme engendro.

Pero el del comedor no era el único combate. Apenas a unos cuantos metros, al centro del vestíbulo principal, el grupo conformado por Shuma y las dos mujeres avanzaba esperando encontrar algún camino seguro fuera de aquel lugar siniestro. Pero rápidamente supieron que aquello no sería una empresa sencilla de conseguir. Una patrulla que había acudido al auxilio de la torre entraba al vestíbulo justo cuando el grupo de tres integrantes se encontraba al descubierto.

Los orcos y goblins que entraron en aquella derruida construcción no demoraron demasiado en cargar en contra de los invasores, por más feos que estos parecieran.

El más rápido del grupo, un orco armado con una temible espada oxidada y manchada de sangre ajena, embistió a Shuma esperando cortarlo de un tajo, pero tras un par de intentos fallidos el antropomorfo del gran globo ocular logró quedar sobre su enemigo ensartando en repetidas ocasiones la espalda del malnacido, perforando todos sus órganos interiores al punto de la muerte. Enfurecidos, los compañeros del orco caído embistieron al grupo de frente, cosa que logró sacar una sonrisa del inmaculado rostro de la mujer alada - Bestias estúpidas... - Shuma escuchó las frías palabras de la mujer mientras esta extendía sus abundantes alas negras y convocaba un hechizo mágico, algo que hizo a Shuma retroceder un par de metros para permanecer fuera de su rango de efecto. No la conocía, por lo que no había necesidad de ser más cuidadoso de lo normal.

La bruja Ultimecia estiró sus brazos cual largos eran y tras pronunciar unas palabras invocó una bola de energía translucida que fue a impactarse directamente al grupo de asalto y ocasionando una explosión insonora en el área de efecto. El grupo entero cayó al suelo tras el impacto, como si hubiesen sido víctimas de una fatiga indescriptible. Los dos goblins del grupo vomitaron casi al instante como si hubiesen estado mareados mientras que los cuatro orcos yacían en el suelo como si un pesado bulto les hubiese caído encima - Continúa con tu arte... bola ocular - Las frías palabras de Ultimecia eran dirigidas a Shuma, el cual tenía vía libre para atacarlos tal y como había hecho con el primero de sus enemigos, ahora que estaban indefensos.

El sonido de ambas batallas resonaba a lo largo y ancho de la torre. Los aventureros y los que escapaban de su prisión no tenían idea de si les esperaba un mayor número de enemigos después de esta oleada inicial, pero sabían que debían encontrar un lugar más seguro si deseaban mantenerse con vida el suficiente tiempo como para cumplir con sus objetivos particulares...



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Ultimecia

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Re: La Torre de lo Arcano

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