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Coleccion de cuentos infantiles: La caperucita roja

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Coleccion de cuentos infantiles: La caperucita roja

Mensaje por Bastian el Jue Sep 08, 2011 4:52 am

“Habia una vez, una joven muchacha, que por su alegría y su belleza, era muy conocida en el pueblo donde ella vivía, y por ser de pequeña estatura y siempre llevar una capa roja, todo le decían: La caperucita roja"

NO muy lejos de la capital de los cazadores: Zheroker, se encuentra un poblado de gente de campo, demasiado grande para ser llamado pueblo, pero demasiado pequeño para ser llamado una ciudad, sus edificios armados con estructuras de ladrillos de barro y la madera obtenida del bosque que lentamente fue talado para dar lugar a los hogares y granjas que ahora se repartían por el lugar de forma uniforme alrededor de un ayuntamiento señalado por una torre en cuya asta ondeaba una bandera de color rojo carmesí.
El pueblo, habitado por gentes humildes, educados para solo ser campesinos, y quienes amablemente recibían bien al que era forastero a sus tierras.
Las torres, era el nombre de la pequeña ciudad de la que hablamos, nombrado de esa forma por la familia que la había fundado hace ya casi un siglo, y la que por estos momentos, era la mayor propietaria de las tierras alrededor de estas, y cuyo latifundio era la mayor, y mejor de las granjas de la zona, conocida por los viñedos que la rodeaban, y el vino que guardaban las bodegas en el sotano de la Hacienda que les servia como hogar.
La familia que regentaba este pueblo, Los Torres, quienes además de ser los mayores propietarios, eran los alcaldes y encargados cívicos del lugar, haciendo corta su historia, habían visto mejores épocas en el pasado, antes de que hace menos de un año, una neumonía cobrara la vida de Juan Torres, Padre de la familia, y el genio detrás de la administración del Viñedo “Vicio del diablo”, dejando a su viuda, Doña Ismaela y a su hija única: Catrina, a cargo de la mantención del viñedo.
Cabe mencionar, que Ismaela Torres, pese a rondar los 60 años de edad, es una muy hábil mujer de negocios, y aunque no muchos se atreven a compararle con su fallecido esposo, reconocen que bajo su dirección el pueblo que lleva su apellida ha tomado nuevos rumbos… Siendo uno de ellos, el comercio con pueblos mucho mas lejanos a lo que se habituaba antaño, pero, el cruel paso de los años han dejado su efecto en el cuerpo de la millonaria anciana, y a su pesar no es ella capas de realizar los viajes necesarios para conversar con la variopinta clientela de los negocios del viñedo, mas su hija, siempre se había voluntariado para realizar estos asuntos de vital importancia, y era esta, una de esas ocasiones…
Desde hacia ya varios días se había empezado a reclutar gente que sirviera de guardaespaldas para la joven Catrina Torres, el destino, era un pueblo minero a 4 dias de viaje del lugar, la paga era alta, considerando que solo se tendría que defender de bandidos o de peligros menores.


Mientras tanto… en un poblado a 4 dias de distancia de ahí…



De por si ya era silencioso el pueblo, pero ahora el “silencio” era absoluto, ya que aun a varios kilómetros a la redonda del pueblo era imposible sentir ningún sonido, era un pueblo que estaba pasand por un capitulo tan oscuro en su historia como lo seria para la vida de cualquiera lo suficientemente valiente o tonto como para acercarse demasiado, en las profundidas del bosque de Zheroker, el pueblo minero de Einbroch, aprovechaba las vetas subterranes de hierro como fuente de trabajo, como resultado, a la distancia se podía ver siempre las columnas de humo negro azabache que dejaban las multiples herrerías que trabajaban dentro del poblado, este dia no era la excepción, y estas simbolizaban lo poco que faltaba para llegar hasta el lugar.
Lo primero que notaras apenas te acerques a la pequeña muralla de rocas, no mayor a medio metro de alto, que rodeaba el pueblo, es que no existen ningún sonido… no hay aves, ni animales, hasta el viento parece haberse silenciado.
Pero lo peor estaba por descubrirse apenas cualquiera se adentrara entre los edificios del lugar, las calles estaban completamente vacias, y ninguna casa tenia la impresion de tener vida en su interior... aun a pesar de eso, parecia haber ojos observandote desde angulos imposibles.



Una jovencita de no mas de 20 años se paraba junto a mi, su complexión delgada y poca estatura hacían que fuera difícil saber su edad sin preguntarle, o sin que alguien te lo dijera, aparentaba con suerte catorce años, aunque en actitudes, no podía ser mas distinta de una chiquilla de esa edad, su maquillaje, finamente retocado y perfectamente afinado para combinarse con toda su vestimenta, en especial, con la larga capucha roja que le cubria de pies a cabeza.
Era educada, tranquila, y de lo poco que conocía, y necesitaba conocer, que era Catrina Torres, hija de Ismaela de torres, entiéndase por ello, la que me estaba pagando por escoltar a esta jovencita por un camino que supuestamente, estaba teniendo problemas de ladrones en los últimos días, y siendo el salario relativamente alto, apenas pasar por el pueblo el dia anterior y enterarme de la empresa, no tarde ni dos segundos en desear apuntarme.
Habia llegado por la mañana, en la carroza que usaba para deambular por el mundo en busca de conocimientos o oportunidades de ganar algún dinero, además de haciéndole favores a mi eterno a migo: Hagartern.
Esta vez, impulsado por el deseo propio de incrementar un poco mi fortuna… mi muy reducida fortuna, me había apuntado el dia anterior para participar en esta pequeña misión, lo único que tuve que hacer, en cuanto supe por medio de los carteles en la calle, fue dirigirme al Edificio del ayuntamiento de Las torres, y pedir audiencia con el Sheriff, un hombre ya entrado en años, con aire de marinero que, alejado del mar, solo pudo satisfacer su espíritu aventurero trabajando como oficial de seguridad de un pequeño pueblo.
Algo era seguro… aun teníamos que esperar al resto de los compañeros que se nos unirían, si estos llegaban después de las 1 de la tarde, la caravana empezaría sin ellos.
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Bastian

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Re: Coleccion de cuentos infantiles: La caperucita roja

Mensaje por Drake el Miér Sep 14, 2011 1:15 am

Zheroker, el ''pueblo de los cazadores'', así lo conocía Drake, en su enseñanza de niño, esa tierra le apasionaba, al igual que la caza, por eso de mayor quería visitarla; y allí estaba, por fin, en la tierra de la caza. Se encontraba frente a la puerta de la gran ciudad,que admiraba por las grandes leyendas de esta; estaba deseando encontrar alguien con quien cazar, desde su exilio no había cazado aún, y se moría de ganas por hacerlo. Se dirigó con una gran sonrisa en la cara a la puerta, custodiada por dos guardias, ambos con unos grandes perros negros de caza, llevaban una ballesta de madera, perfecta para para la caza, y un carcaj con los pernos para estas que asomaba a la izquierda de ambos. Saludo y se dispuso a entrar en la ciudad, cuando uno de los guardias detuvo al mercenario.

-Hola; que se ofrece para pasar, si acepta recomendación; necesitamos pieles de conejo y de toro; Unas tres estarían bien, a cambio de la estancIa en la ciudad y una comida;¿que le parece?-El guardia de la derecha se adelantó al hablar, haciendo negocios con él.

-¿Cómo, tengo que pagar un tributo o algo así para pasar?-Dijo Drake, anonadado, él no sabía de eso, y si lo hubiese sabido sin duda hubiese echo algo por entrar.

-Si así es , si no tiene nada, le ruego que se vaya de aquí, no queremos problemas, hay un poblado, al este de aquí, se llama Las Torres, quizás ahí encuentre cobijo.-Dijo, y volvió a su posición.

-Vaya...-Pensó el humano al verse en tal situación, nunca le habían dicho que debía de hacer un trueque para entrar en la ciudad...

Decepcionado, se dirigió a Las torres, donde el guardia le había indicado.

(...)

El sol se posaba en lo alto del cielo, sería mediodía cuando Drake llegó a Las Torres; la primera impresión que se llevó fue satisfactoria, ya que esperaba una aldea pequeña y discreta, pero en realidad estaba delante de una pequeña ciudad, En el centro de esta se encontraba una gran torre, con una bandera de color rojo izada en lo alto; no hacía mucho aire así que esta esperaba impaciente una buena racha para mostrarse. El forastero, ahora en ese poblado, camino en busca de una posada, o una taberna, pero no tenía nada con lo que pagar, a excepción de sus sudor, no sería la primera vez que trabajaba para comer, y la verdad, era una forma bastante buena de llegar con hambre. Había numerosas granjas en la linde con el bosque, probablemente; el bosque se había ido cortando para dar lugar al poblado, por eso había crecido tanto. Estaba en las afueras de la ciudad, cuando escucho el grito de una niña, Drake, no lo pensó dos veces y salió disparado a donde procedía el grito. Saltó una vaya de madera que daba a un gran campo de panochas. Salió por un camino en el que encontró a una niña, de unos diez años, tirada en el suelo, y a su lado un lobo gris estaba amenazante. Drake recogió una piedra del suelo y se dirigió hacia el lobo, llamando su atención. El lobo tenía una mirada asesina, probablemente no había comido nada en mucho tiempo, al igual que el mercenario. Drake le lanzó la piedra al lobo, dándole en el costado, este retrocedió aunque no fue suficiente para espantarlo, lo primero que aprendió el antiguo soldado de los animales salvajes es que huelen el miedo, y si lo mostrabas, estos se hacía fuertes. Se interpuso entre el lobo y la niña, mirando al primero de una forma salvaje, achantandolo cada vez que este hacía un intento de recuperar su postura.


Finalmente el lobo se marchó. Con un suspiro de alivio Drake se dio la vuelta para ayudar a la niña a levantarse.

-¡Hola!¿Te encuentras bien?-Dijo, con una sonrisa en la cara,ayudando a la niña a ponerse de pie y a sacudir sus ropas.
-Grr...acias...--Dijo la niña, estaba claro que le daba miedo aquel tipo, y para no, con esas cicatrices en la cara, a cualquier niño le daría miedo encontrárselo.

-Vamos, no tienes que tener miedo, el lobo ya se ha ido, me llamo Drake,¿y tú?-

-Soy...Mee...Melinda...-

-Melinda eh,no tengas miedo pequeña, el lobo ya se a ido-Dijo a la vez que ponía su mano en la cabeza y acariciaba su pelo.Unos pasos se oían desde el camino, Drake miro hacía allí, temiendo que hubiesen más problemas. Desde los matorrales de las panochas salieron dos personas, el que iba delante era un adulto e mediana edad, con camisa de lino de cuadrados marrones y unos pantalones de color azul, llevaba un sombrero de paja para cubrirse del sol.

-¡Melinda cariño!-Profirió con una cara de alegría, al ver que, a la niña no le había pasado nada. La abrazó y la tomó en brazos, para subirla a sus hombros.-¿Usted es el que la salvó?-Se dirigía al hombre que tenía enfrente,el cual asintió, el mercenario no se esperaba esto que acabada de vivir, y no pensaba que ambos individuos iban a pensar que él no había sido.

-!Muchas gracias!-


-Ves Esteban; a tu hija no le iba a pasar nada- El hombre que estaba con el campesino era más mayo que él, Drake no era bueno poniéndole años a la gente, pero aquel hombre había vivido bastante; su pelo era blanco, al igual que el bigote que lucía. Vestía de azul, con una capa, que antaño, sería de alto grado en la marina por los bordones de la misma.-Dime joven, ¿quién eres, y cómo has llegado hasta aquí?-

-Vamos Sheriff, vayamos a mi casa a acabarnos el té, así nos podrás contar que ha pasado, y además comer un poco.-Estaban se dirigió a Drake con una amplia sonrisa, y este se la devolvió al escuchar lo de la comida.

(...)

La casa, que estaba a unos 200 metros de su antigua localización era bastante amplia, desde fuera se podían contar dos pisos, además de un gran almacén al lado de esta; se olía el té y el café molido desde antes de entrar en la casa.Dentro, la mujer de Esteban estaba en la cocina, preocupada por el grito de su hija. Le encanto saber que un forastero le había ayudado.

-Así que eso paso, no ¿Drake, te llamabas?-

-Así es señor-

-Bien, la verdad es que fue un fastidió que no pudieses entrar en Zheroker, quizás algún día te podría llevar...pero, me gustaría pedirte un favor.- El Sheriff, Esteban y Drake estaban solos en la cocina, la Lilith, la madre de Melinda se la había llevado al baño para curarle una herida que se había echo en la rodilla al caerse.

Drake acabó con el café que le quedaba y respondió al viejo-¿Cúal?-

-Ven mañana al ayuntamiento, no tiene pérdida, es la torre del centro del pueblo.-

El tono con el que lo dijo el viejo Sheriff inspiraba curiosidad por saber que era, pero está se desvaneció cuando la mujer de Esteban y su hija llevaron a la mesa los platos para la cena.

-¿Te quedas jefe?-

-Lo haría de verdad, huele delicioso, pero tengo cosas que hacer, en otra ocasión será-

-Vaya...bueno como veas en otra ocasión será, no trabajes mucho- Dijo esteban al ver que el Sheriff se levantaba y se ponía la chaqueta.-No te preocupes, no lo haré.-Dijo con una sonrisa y después miró a Drake y asistió.

(...)

-Estaba buenísimo señora-Dijo Drake mientras ayudaba a quitar la mesa.

-Dejaló muchacho,tu vete a descansar, mañana te espera un día duro-

Drake miró sin saber muy bien lo que decía Esteban, pero le hizo caso, estaba cansado del viaje.

-Mi mujer te a preparado una habitación, está arriba, primera puerta a la derecha-Dijo con una sonrisa.

-Muchas gracias-El mercenarió se despidio de Melinda y de la mujer de Esteban, y subió a su habitación.

La habitación no era amplia, pero si que era confortable, únicamente había una ventana, más que suficiente para la habitación; esta echa en su totalidad de madera, había una cama a los pies de la ventana, y al lado de esta una palangana llena de agua con una esponja dentro. Drake se quitó la chaqueta y la camiseta y se lavó el torso, tras sentirse un poco más limpio,ya que el agua había adquirido un tono marrón, se tumbó sobre la cama, era de paja, lógico al estar en una granja, y se durmió profundamente...


A la mañana siguente:

Drake bajó por las escaleras abrochándose el cinturón en el que iba su espada de cobre, Esteban estaba desayunando, empezaba su día en la granja tomando unas gachas.
-¿Quieres?-Le dijo al ver como miraba el desayuno.

-Que va, quiero darme prisa en ver que pasa con el Sheriff, ayer estaba muy misterioso,¡ bueno nos vemos!Dijo el humano al salir por la puerta despidíendose del granjero con una amplia sonrisa, lo habían tratado bastante bien.

Tal y como le había explicado el viejo Sheriff llegó a la torre, hoy hacía algo más de viento y la bandera ondeaba algo más. Se adentró enseguida a la torre, estaba impaciente por saber que es lo que el jefe quería.No tardó en dar con él, ya que andaba por ahí rascándose el gran bigote blanco, seguramente el pobre estaría recordando batallitas.

-Hombre Drake, aquí estas, ¡sabía que vendrías!-Dijo con una gran sonrisa, estaba demasiado amable, ya que justo después de eso Drake se vio en su despacho, decorado con motivos marinos, y un gran cuadro de un barco en medio del mar. El Sheriff habló largo y tendido sobre la situación de Los Torres, quienes eran, como había llegado hasta ahí, hasta que Drake se canso de tanta palabrería.

-Jefe, sea lo que sea lo voy a aceptar, y si es difícil aún mejor, así que al grano, no tenga miedo de que lo rechace, por que no es así como yo trabajo.-Dijo el mercenario con los ojos brillantes ante la idea de un gran reto.

-Bien muchacho...la verdad es que estábamos cortos de personal para la misión, ya que ultimamente los caminos están plagados de bandidos y criaturas...

-Jefe...-Dijo, insistiendo en que le dijese que hacer cuanto antes.

-Si, vale, ya no me ando más por las ramas; bien, tu misión será la de escolta, tienes que escoltar a la pequeña de las torres, su nombre es Catrina, la reconocerás por que siempre lleva una túnica larga y roja, como la bandera de esta torre, y una capucha del mismo color puesta.

Sacó un mapa de uno de los cajones del escritorio y lo puso sobre la mesa, donde me indico por donde ir.

-Verás, esté es el pueblo de los cazadores,- -Señalo en el mapa una masa de un color gris--y nosotros, al este, estamos aquí, en Las Torres,-A unos dos centímetros del mapa, otra mancha, esta más pequeña--Tu objetivo es el pueblo minero de Einbroch, a unos cuatro días de camino desde aquí, no tiene pérdidad, hay un camino que sale hacía el norte, hacía las minas, allí, cuando veas unas grandes columnas de humo, sabrás que es ese pueblo; allí Catrina tiene que acordar los negocios que su madre a estado haciendo.-La mancha que señalaba estaba ahora más alejada, a unos cinco centímetros o seis, claro, que eso era un mapa, a escala real serían más que un puñado de centímetros y metros, Drake solo esperaba no aburrirse mucho por el camino.

Salió solo del ayuntamiento y el sol en lo alto le molestó hasta que sus ojos se acostumbraron a él. Al cabo de cinco minutos llegó por un camino de tierra a la salida del pueblo, y donde había ya dos personas,claro, el jefe le había dicho que la escolta salía hoy en unas horas. Drake se acercó y pudo observar que había un hombre , y a su lado una chica con una capucha rojo, sería Catrina, era bastante joven para ir por ahí sola, no tendría ni los quince, predijo Drake, aún que eso no era lo suyo.

-Hola, soy Drake, y voy a ser parte de la escolta de Catrina,¿eres tú, verdad?-La chica asintió-¿Tú también estas en esta empresa?-Acabó el mercenario con una sonrisa en la cara, dirigiéndose amablemente al hombre que estaba con la joven encapuchada.
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Re: Coleccion de cuentos infantiles: La caperucita roja

Mensaje por Varian Wrynn el Dom Sep 18, 2011 12:15 pm

El camino había sido largo aunque tranquilo, continuaba sin rumbo tras el sendero de fina arena amarillenta se levantaba un montículo de grandes piedras, sobre ella clavado en medio un cartel señalaba dos direcciones, por un lado indicaba Zheroker, ciudad de los cazadores ponía en unas letras mas pequeñas, justo al lado contrario Las Torres, tomé el camino más recto, no me llamaba la atención aquella ciudad de cazadores, continué vagando, aunque la noche amenazaba con caer pronto aun los pájaros cantaban y volaban de un lado a otro.

Tras un largo camino llegue hasta lo que parecía ser la entrada a aquella ciudad, aunque no parecía muy grande, si parecía tranquila, la gente aun cuando el cielo empezaba a oscurecer seguían paseando por las calles, las cuales empezaban a ser iluminadas por unas pequeñas antorchas, una gran torre adornada por fuertes piedras se erguía orgullosa en medio de las humildes casas, las cuales rodeaban aquella torre, sobre ella una bandera carmesí ondeaba con la suave brisa, debía de encontrar pronto algún lugar donde pasar la noche.

-De nuevo parece que Melinda se ha metido en líos, a esa niña le encanta salir a recoger flores aun sabiendo que no es seguro. –dijo una mujer que conversaba en la puerta entreabierta de su casa, en su cabello ya empezaban a surcar las primeras canas, mientras debajo de sus grandes ojos marrones se dibujaban pequeñas arrugas.

-¿La hija de Lilith? –dijo otra mujer algo más joven, de la que solo podía observar su rubio cabello recogido en una coleta.

-Si, por lo visto alguien la ayudó, salvándola de un enorme lobo, dicen que aquel hombre ahuyentó a la bestia.

-Pues tuvo suerte esta vez, a ver si al fin aprende a no salir de los límites del poblado, no tenemos apenas guardias ahora, incluso el Sheriff está intentando encontrar a gente, mi marido quería ir, pero no lo vi claro…

Continué mi camino, debía de encontrar a aquel Sheriff, quizás así tendría al menos algún sitio donde pasar las noches y ganar algo de dinero, caminé hasta la puerta de una taberna, la cual parecía tranquila, tras abrir un poco la puerta y entrar pude ver por qué parecía tan tranquila, apenas unos 3 hombres bebían al lado del tabernero, el cual tenía su blanco mandil completamente sucio, su gran barrila acentuaba aquellas manchas, poseía un enorme bigote debajo de su pequeña y redonda nariz colorada, al igual que sus mejillas, su pelo corto estaba alborotado, me miraba amablemente y con una amplia sonrisa.

-¿Qué desea el caballero? –dijo frotándose las manos y mirándome, los otros tres hombres continuaban bebiendo, aunque parecía que más bien dormían, estaban sentados aunque recostados en la mesa.

-Me gustaría una habitación donde pasar la noche.

-Oh… pues esta noche estas de suerte, nadie más la va a pasar aquí hoy, parece que no llegan muchos forasteros, será barato, unas 5 monedas de oro.

-No tengo dinero en estos momentos… sin embargo te pagaré en cuanto consiga hablar con el Sheriff.

-Ah el viejo Sheriff, supongo que vas a unirte a la escolta. –resopló sacando un cartel en el que se pedía la ayuda de mercenarios para ayudar a una joven, llamada Catrina Torres, a llegar a un pueblo cercano.

-¿Sabes dónde puedo encontrarle? –le dije tomando aquel cartel.

-Claro, en la torre con aquella bandera roja, no tiene perdida, está bien, quédate esta noche… pero a cambio… ayúdame a llevar a aquellos tres a fuera, no pueden ya ni moverse.

Tras agarrar a dos de ellos por la camiseta y lanzarlos fuera el hombre comenzó a lavarse las manos, tomé al tercero colocándolo fuera de la taberna, tras volver a entrar en la taberna el hombre cerró la puerta y me indicó una puerta.

-Allí está tu habitación, que descanses.

Tras entrar en la habitación y ponerme cómodo me tumbe en aquella cama, no era del todo cómoda pero al fin podía dormir tranquilo una noche, me dormí viendo aquel cartel, la recompensa era alta.
A la mañana siguiente me despedí del tabernero, dándole las gracias por su amabilidad, el sol estaba ya iluminando el poblado, caminé hacia la gran Torre, allí se encontraba lo que parecía ser el Sheriff, era de avanzada edad, a su lado una joven, cubierta por una gran caperuza roja, otros dos hombres en los que apenas me fije estaban allí también.

-¿Usted es el Sheriff? – dije mirando al hombre que poseía un cabello blanco, al igual que su bigote, su ropa estaba cuidada y limpia, su rostro era serio y severo. –Me gustaría unirme a la escolta- indiqué mostrándole aquel cartel que me había dado aquel tabernero.
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Re: Coleccion de cuentos infantiles: La caperucita roja

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