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Mensaje por Sirio de la Vega el Jue Sep 08, 2011 10:39 pm

Yo había llegado a aquel lugar tras escapar de unos guardias. Me habían pagado para que matase a un noble de poca categoría y como el dinero no me sobraba había aceptado gustosamente. Pero el plan tenía trampa, lo unico que querían era pillarme para inculparme de crímenes que no había cometido y así tener al pueblo más agusto. Así que cuando entré en la habitación del noble señorito, no había nadie mas que un par de guardias. Me desice de ellos y escapé del resto de la guarnición a lomos de Sombra, mi fiel corcel. Después de varias horas de viaje, llegué a este tetrico lugar, era de noche.

El lugar estaba tranquilo, solo se oía el ruido de los grillos. A pesar de la tranquilidad que allí se respiraba, había algo que me daba mala espina. El paraje era tétrico, un pueblo fantasma no era el mejor sitio para pasar la noche, ¿o si? Los guardias nunca entrarían por sus supersticiones en aquel sitio. Con todos los edificios que había y no pensaba entrar ni en el primero, al menos no por ahora. Estaría fuera a no ser que fuese necesario ,y mucho, entrar en alguno.

Desmonté y até a sombra a un poste cercano. De las alforjas del animal saqué un poco de queso y cerveza. Me senté en el suelo y me dispuse a cenar. Una fresca brisa me golpeaba el rostro. Cosa que se agradecía para cenar. Una vez finalicé la comida caminé un poco por el lugar, a modo de reconocimiento. Despuéa de la pequeña inspección volví a mi sitio y me tumbé en el suelo a dormir, o al menos a esperar a que se hiciese de día en aquel sombrío paraje.

El caballo no dejaba de relinchar, cosa que no me dejaba dormir, creo que tampoco sería capaz aunque estubiese en silencio. Parecía como si tuviese miedo de algo, alguna presencia, y por eso no paraba de relinchar y de moverse de un lado a otro. Me decanté por no darle más importancia.
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Mensaje por Tira el Vie Sep 09, 2011 7:54 am

Los colmillos crecen y crecen hasta que el cuello del inocente muerde bajo la blanca luz de luna. Como un día, o mejor dicho una noche, más, me había levantado temprano tras alojarme en una posada en la que ahora, por meros azares del destino, no quedaba más que un grupo de diez o quince gohuls que ojala me pudieran servir, pero que por ahora y con mis todavía limitados poderes de vampiresa me tenía que conformar con soltar por el mundo para que causaran algo de caos y de terror, y obviamente de dolor. Aproveché la oscura noche para pasearme a gusto por las calles del nuevo pueblo donde me encontraba, Zheroker se llamaba el lugar. Pueblo de cazadores dicharacheros y locos que decían cazar dragones con espadas más grandes que sus mentiras sobre jinetes de escamosos. Mientras caminaba por la calle con paso alegre y supuestamente distraído observé como un par de tipos hacían el intento de seguirme de manera sigilosa, lástima que sea difícil seguir a un vampiro sin que este se entere. El sonido de cada paso sobre el asfalto de piedras sonaba con fuerza, mucha más de la que un humano se podía creer, además apestaban a sudor, seguramente vestidos con comisas viejas y ropas harapientas.

Seguí mi camino como si nada hasta que uno de ellos salió a asaltarme con una media sonrisa, traje de cuero desgastado y sudado y una daga a juego con su ropa, es decir, vieja y mellada, llena de golpes por todos los lados. Dos más me rodearon por cada lado y uno se puso detrás de mí, no era una mala idea para rodear a una humana, como yo aparentaba serlo con el maquillaje y demás, pero para su desgracia se habían equivocado de “chiquitita” a la que atracar – La bolsa o la vida. – dijo el primero apuntándome con su ruinosa navaja. Como si intentase ganar terreno retrocedí un paso haciéndome la asustada al notar al que estaba mis espaldas, un tipo que parecía fuerte y robusto – Eh… - suspiré algo “agitada”, fingiendo con magistral encanto cada cosa y dejé mi aro en el suelo para quitarme la mochila de la espalda - ¿Tu vida? – pregunté en ese instante, con un tono chillón que lo dejó sorprendido y atontado. Rápidamente aproveché su momentáneo desconcierto y con un ágil movimiento tomé su mano para empotrarla contra el bruto de su amigo justo en el estómago. Con toda la velocidad que pude usé mi fuerza, muy superior a la de un humano común como el resto de mis rasgos físicos, y le partí el cuello al tipo del cuchillo de un solo movimiento, pero no perdía por ello la sonrisa. Tomé el aro y usando como apoyo la espalda del ya muerto hombre de la navaja como apoyo giré el mortal disco de acero en mi muñeca para hacer rodar dos cabezas con sus cuchillas estratégicamente colocadas.

Tras la pequeña matanza me fijé en como todavía agonizaba el tipo que se me había puesto detrás, el más grande, ahora de rodillas con el cuchillo de su amigo muerto en el estómago. Con una sonrisa perversa, y pese a que ya estaba llena, me acerqué a él y clavé mis colmillos en su cuello con fuerza, bebiendo su sangre con ansias, como si no hubiera otra y disfrutando del cálido y dulce sabor de la sangre del tipo al recorrer mi garganta. Otra cosa no, pero la sangre la podía digerir y me encantaba su sabor, los humanos la notaban con un sabor metálico que los hacía en muchos casos vomitar, pero para un vampiro… Para un vampiro la sangre es el recuerdo de esa persona que muchas veces no se puede resistir a implorar por su vida. Es el sabor a miedo conjunto con las saldas gotas de sudor mientras lentamente su fuerza vita se escapa por el cuello, o la pierna o algún lugar parecido. Tras vaciarlo por completo y con una media sonrisa lo decapité al igual que a su amigo y dejé las cabezas sobre un puesto de fruta, algo que sin duda causaría un revuelo terrible en el pueblo, algo que también me gustaba, dejar el rastro de terror tras de mí. Sin más abandoné el pueblo en pos de algún lugar nuevo donde divertirme, la noche todavía era joven y las leyendas en el lugar muchas, suficientes como para querer explorar el sitio. Algunas de esas leyendas hablaban de una ciudad cementerio, situada a uno de los lados de un pueblo, tal vez me sirviera para poder esconderme un tiempo y quien sabe, a lo mejor hablar con algún fantasma ¿Por qué no? Mi vida era un juego entre la misma vida al muerte, haciendo de equilibrista entre la fina línea que separaba a ambos, así que tal vez pudiera ver fantasmas y otras cosas.

Tarareando una infantil pero siniestra canción me adentré en el bosque del lugar para perderme durante un rato hasta que al final salí a un pueblo fantasma donde me encontré, más bien vi en la más absoluta oscuridad, a un tipo algo desgarbado, de sombrero de ala ancha y chaqueta de cuero como los cuatro idiotas que había matado en el otro sitio ¿Por qué no jugar con él antes de matarlo? Su caballo ya se mostraba nervioso por mi presencia, pero él ni le echaba cuenta, que error tan grande. Con agilidad y destreza me subía un árbol empezando por una rama baja y llegando finalmente a una que estaba a unos cuatro metros del suelo, desde donde tenía una vista privilegiada del tipo y su caballo. Por lo que alcanzaba a ver llevaba un estoque, una daga y una pistola, bien armado sin duda, no lo quería matar, al menos no sin hacerlo sufrir un poco, no era cosa de divertirse tan poco. A lo lejos llegaba a escuchar el rumor del agua, o tal vez no tan lejos, a unos veinte o treinta metros de allí, antes de cruzar el bosque, un rumor fuerte que indicaba un paso de agua grande: ¡Un río! Perfecto, me venía genial para ahogarlo. Con una risa burlona me mantuve en mi posición ventajosa mientras jugaba con una de mis dagas arrojadizas, pensándome si lanzársela al sombrero o la entrepierna, cualquiera de las dos harían que el tipo se llevara un susto de muerte.

-Y es así como el caballero pierde la rosa de su princesa y deja que el amor marchite su rojo corazón hasta volverlo un capullo negro. – dije por último, aprovechando el eco de las tumbas para que no supiera de donde venía el sonido, sería divertido jugar con él.
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Mensaje por Sirio de la Vega el Vie Sep 09, 2011 7:36 pm

Seguía allí recostado sin hacerle caso a los relinchos del caballo cuando escuché una voz arrastrada por el viento."Y es así como el caballero pierde la rosa de su princesa y deja que el amor marchite su rojo corazón hasta volverlo un capullo negro.". No sabía de donde venían aquellas palabras así que me levanté de golpe, desenfundando mis dos armas de fuego. Si había leyendas que hablaban de lugar, ¿por que no ivan a ser ciertas?. Lo más probable era que no fueran más que un par de bandidos de los que me desaría rápido o simplemente mis alucinaciones.

Comencé a caminar por el lugar sin más, con mis dos pistolas en las manos. Necesitaba saber de donde venía la voz así que me dirigí al centro del pueblo, o de lo que en su tiempo fue un pueblo. Allí grité mientras apuntaba con una de las armas a una de las calles y con la otra arme a otra calle.

-¡Mostraos y combatid conmigo en un duelo si es lo que deseais!
- no esperaba obtener respuesta, pero era una manera de aliviar tensión.

Esperé allí, en medio de la penumbra a que el asaltante, o lo que demonios fuese, apareciese ante mi y me atacase o hiciese lo que viese propio. Necesitaba que fuese rápido, o acabaría por deseperarme y tener que comenzar a rebuscar por todo el pueblo como un loco... Así que allí me quedaría un rato, con mis pistolas cargadas y esperando el momento de ser disparadas para provocar la muerte de mi enemigo. Tambien quedaba la opción de que no fuese un enemigo, pero era algo realmente imrpovable.
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Mensaje por Tira el Sáb Sep 10, 2011 7:33 am

Se creen más sabios los cazadores por perseguir al animal sin darse cuenta de que la bestia la tienen dentro. Observé la rápida reacción del tipo, bastante divertido eso de ponerse a buscar como un loco una pista que le diera un lugar donde apuntar. Divertida lo seguí usando los árboles verdes que había en el campo santo, irónico que la madre naturaleza decidiera dejar a sus hijos los robles crecer libres en mitad de un cementerio humano tan antiguo. ¿Pero qué mejor abono que la propia carne de aquellos que un día talaron sus raíces y pusieron fecha límite a sus vidas arrancando de raíz a quienes los había nutrido? Todavía oculta por el verdor de las ramas del roble me asomé un poco para mirar como sostenía sus patéticos juguetes entre las manos, apuntando con cada uno a una calle, como si esperase que saliera de alguna. No pude evitar una estridente risa que de nuevo rebotó entre mausoleos y lápidas inscritas con sangre para llegar a sus oídos, mucho menos desarrollados que los míos, que habían escuchado el tono quebrado de su voz. El olor a sudor que desprendía me hacía sentirme todavía más segura, hasta el momento no había sudado, pero ahora lo estaba haciendo, y además de manera abundante pese a que la noche era joven y fresca. Miedo.

Lentamente extraje otras dos dagas de sus fundas de cuero blando a los laterales de mis piernas y jugué un poco con las hojas. El afilado acero chocó contra mis uñas un par de veces y finalmente me decidí por lanzarlo con la endiablada puntería que me caracterizaba. Primero una, y luego la otra, ambas impactaron en las armas del hombre e hicieron que las soltara, bien por el susto, bien por el golpe, la cosa es que las pistolas cayeron al suelo y yo no desaproveché el momento para bajarme del árbol, dejando allí mi mochila con provisiones y mi aro junto con Thark, no había mejor guardián que ese cuervo de mal humor. Todavía con una sonrisa siniestra curvada en mi maquillado rostro me dejé caer con un sigilo felino sobre la removida tierra de una de las tumbas. Lentamente avancé hasta su espalda y como si nada le tomé las manos mientras todavía mantenía el gesto de sorpresa, todo había ocurrido muy deprisa. Pegando mi pecho a su espada salvé la distancia entre mis labios y su oreja y separé mis labios para dejar escapar unas finas palabras, las primeras de otras tantas que lo llevarían a la tumba, pero primero me gustaba jugar un poco con la comida: - Hola… - siseé a su oído mientras lo liberaba de mi agarrón, dado con bastante fuerza.

Si se giraba se encontraría con una inocente niña aparentemente desarmada gracias a que llevaba las dagas en la parte de dentro de la bota y el veneno quedaba por debajo del pantalón ajustado. Mi curiosa ropa de cirquense apenas llegaba a cubrir todo mi pecho, bastante desarrollado para la tierna edad con la que había sido mordida. Aun con el maquillaje en la cara para que no se notara lo pálido de mi gesto me adelanté hasta ponerme delante de él con las manos alzadas para que no me hiciera nada, tampoco hubiera tenido oportunidad, parecía un tipo más bien torpe y débil, seguramente recién empezando su vida. Manteniendo mi sonrisa ensayada en el rostro para que no me viera los colmillos me incliné con una suave reverencia cuyo movimiento de inclinación de cabeza aproveché para hablar presentándome ante él: - Me llamo Tira, señor. – pronuncié con voz infantil para derretir su estúpido corazón humano, que panda de necios que no se atrevían a atravesar la cabeza de una dulce niña de tez morena y pechos desarrollados. Me retiré unos pasos para demostrarle que no tenía por qué preocuparse por mí, al menos en apariencia, y lo miré a los ojos con una media sonrisa en la cual no se alcanzaron a ver mis colmillos: - Disculpe el asalto, pero este es mi hogar y me buscan por robar comida. – en parte era verdad, pero omitiendo el detalle de que la comida eran personas – Tenía que intentar asustarle, pero veo que no se asusta con facilidad señor. – me agaché de sobremanera dejándole ver mi escote supuestamente sin querer y verdaderamente queriendo y recogí sus pistolas para dárselas por el mango, quedando el cañón apuntando a mi pecho, ahora faltaba ver como reaccionaba el muy imbécil. En mi cabeza por lo pronto ya se diseñaban las ideas de su muerte, enterrado vivo, convertido en Gohul, ahogarlo en el río o tal vez, si se lo granjeaba bien, darle un poco de placer y luego convertirlo en vampiro, todo se andaría.
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Mensaje por Sirio de la Vega el Sáb Sep 10, 2011 7:57 pm

De repente algo golpeó mis pistolas, haciéndolas caer al suelo. Todo pasaba lentamente. Las pistolas revotaron unas cuantas veces antes de frenarse. Comencé a sudar e intenté cojer mi espada y mi daga, pero para cuando llegué al contacto con la empuñadura,algo me agarró por la espalda, apretando con fuerza. No me dió tiempo a reaccionar para desacerme de la presa, pero el tacto de la piel que me tocaba era frío y extraño. Todo era extraño. Mientras me mantenía agarrado me saludó conun misterioso "hola", siseante.

De repente me soltó con un empujón. Me volví de inmdiato y desenfundé la espada hasta la mitad, porque cuando la vi me percaté de que solo era una niña. Guardé la espada de todo esperando ver lo que hacía. Primero me explico por que estaba allí. Supuestamente la perseguían por robar comida. Para la edad que aparentaba, tenía un cuerpo muy desarrollado. Se agachó y recogió mis pistolas, tendiendomelas por el mango. No pude evitar fijarme en su escote, que estaba bastante a la vista. Cuando agarré las armas, puse un dedo en el gatillo apuntándole al pecho. La historia no me encajaba demasiado. Al final me dije a mi mismo que ella no era más que una joven chica y haciendo girar ambas pistolas por el gatillo, las guardé en sus respectivas fundas.

-No deberiais atacar a todo el mundo que se os acerque, no todos serán tan piadosos- sonreí levemente mirando a la chica y haciendo una reverencia mientras descubría la cabeza presenté-Soy Sirio de la Vega.

Luego me puse el sombrero otra vez. Una parte de mi seguía desconfiando de la joven chica, sería por su frío tacto, o por su cuerpo demasiado desarrollado,pero mi cabeza se negaba a creer que fuese peligrosa. Así que me senté en el suelo y le expliqué un poco de como había llegado allí.

-Yo tambien escapo. En el último pueblo en el que estuve me querían matar- reí un poco-Aunque no creo que te importe demasiado...
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Mensaje por Tira el Dom Sep 11, 2011 4:51 pm

Idiotas y necios son aquellos que escuchan las palabras de la muerte y dicen ser sus heraldos. Sonreí al ver cómo me amenazaba de dos formas distintas, primero con la espada, desenvainándola hasta la mitad y dejando que su filo destellara bajo la luna, idiota es lo que era si se creía que no me daría tiempo a esquivar a un estúpido humano con un trozo de alambre por espada, porque su acero no parecía otra cosa más que un alambre sucio. Al devolverle las pistolas, intencionadamente por el lado del cañón apuntándome para que me tomara por la idiota que no era, él posó la boca del arma sobre mi pecho y el dedo sobre el gatillo en un intento por disparar, pero por lo visto mi mirada de ojos morados y mis tintes infantiles con un cuerpo demasiado desarrollado fueron bastantes para que no soltara el gatillo, seguramente el hombre, más bien mocoso por la poca edad que tenía comparada con la mía, ya se hubiera fijado en que no era demasiado corriente, tenía un cuerpo desarrollado por encima de la media, así que ahora sólo faltaba ver como reaccionaba un poco de sutil excitación.

Como si no me diera cuenta de que mi ropa era muy ajustada, me agaché para recoger mis dagas, que habían quedado enterradas un poco en la tierra de dura arena compactada. Tras esto me levanté lentamente guardándolas en un lugar muy visible, muy distinto a donde realmente las llevaba, pero la cosa era causarle una impresión falsa, de una niña desportegida y débil para luego poder matarlo y enseñarle que no todo son las apariencias. Sus palabras me hicieron gracia una vez me hube puesto de nuevo a menos de dos metros de él – Oh… - dije como si me sorprendiese - ¿Le querían matar? ¿Y qué hizo si se puede saber? – dije mientras me acariciaba las coletas con aire distraído. Entre lo él hablaba y no yo oteé el paisaje que ya me hacía tan familiar. La noche todavía era joven entre las tumbas y los mausoleos, el olor a podredumbre subía desde la tierra hacia mis fosas nasales y me hacía expirarlo con un gusto interior que seguramente nadie hubiera comprendido. Al aroma de la muerte, siempre tan… relajante. Torcí una media sonrisa en mi interior y le tomé la mano con una delicadeza muy bien entrenada, tirando de él hacia el camino del bosque, si todo iba bien lo podría llevar al río y allí ahogarlo después de torturarlo un poco.

-¿Por qué no nos sentamos en algún lugar? – pregunté con una sonrisa amigable que me daba asco mantener – Sería mejor que quedarnos de pie en mitad de un cementerio de noche ¿No? – volví a inquirir mientras tiraba un poco de él haciendo mucha menos fuerza de la que en realidad podía. La tierra muerta de grava suelta se resentía bajo nuestros pasos, pisábamos las tumbas sin que a mí por lo menos me importara mucho, a él no tenía modo de saberlo. La luz de la luna era la única candela que alumbraba el camino con su tenue luz argéntea, un camino serpenteante a través de los nichos y las cruces de cada una de las tumbas que acababa en la apertura de dos o tres árboles que hacían las veces de entrada al bosque de pinos y abetos que había antes de llegar a la ciudad, todavía se notaba en sus cortezas que eran árboles jóvenes, pero servirían para ocultar el futuro cadáver del humano al que mataría ahogando en el río, la cosa ahora era llevarlo al río aunque… ya tenía una idea de cómo lo podría hacer, una idea muy acorde con mi cuerpo y muy discorde con la edad que se suponía que llevaba sobre mis hombros.
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Mensaje por Sirio de la Vega el Mar Sep 13, 2011 1:12 am

Ella se agachó a recojer las dagas de una forma un tanto probocativa. No pude evitar una mirada, aunque corta y discreta, no me gustaba mirar a las mujeres como un borracho de bar cualquiera. Luego ella cojió las dagas y se las guardó. Adopté una pose más relajada al ver que ella no parecía tener intención de atacar. Aun asi, discretamente y sin que se diese cuenta, para no parecer agresivo, mantenía mis manos en las cercanias de las empuñaduras de las armas. Me dirigió la palabra con un tono amable.

-Pues me contrataron para asesinar a un noble, y todo resultó ser una trampa porque necesitaban a alguien como cabeza de turco para acusar de unos crímenes.-le narréla historia con pocos detalles, tampoco era demasiado interesante -Ya sabeis como pueden a llegar a ser los nobles...

Luego ella me tomó la mano. Volvía a sentir aquella extraña frialdad en la piel de la muchacha. Era como si no tuviese temperatura corporal. Me parecía extraño, pero opté por dejarlo pasar. Miré al cielo. La noche era estrellada y se podía ver el precioso firmamento nocturno en pleno explendor. Ella tiró levemente de mi mano hacia el bosque. Yo me moví un poco, pero no demasiado tras el pequeño tirón.

-Como querais, es una buena idea. Yo os sigo-sonreí y me dejé llevar por el tirón un poco mas fuerte que me dió.

Camine de su mano por el camposanto, pisando sobre las tumbas. Nunca había sido religioso y eso del entierro ritual me parecia una bobada, pero tampoco me gustaba caminar sobre las lapidas, me parecía una falta de respeto. No dije nada y continuamos hasta llegar a la entrada del bosque. Luego seguimos avanzando bajo la luz de la luna dentro del espeso bosque. Era humedo y frondoso. Supongo que eso se debía a la cercanía del río. Tambien era bastante siniestro, como si allí hubiesen pasado cosas malas, tantas que ni los árboles querían recordarlas y por eso todo se mantenía en un sepulcral silencio.
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Mensaje por Tira el Miér Sep 14, 2011 10:33 pm

Los árboles ocultan aquello que las bestias hacen cuando el sol se oculta y las lunas salen a bailar. Con su mano tomada entre la mía, maquillada y fría como el tacto de un muerto, caminé por entre los árboles de espesas ramas bajo el amparo de la noche. Las copas altas tapaban la luz de la luna y las estrellas, en las medias los búhos hacían sus funciones de canto dando a la noche banda sonora propia, y por las bajas se movían los animales más pequeños y temerosos, ardillas, ratones de campo y otras alimañas semejantes. Los gruesos troncos nudosos dejaban ver que algunos de aquellos árboles tenían más años que yo, y las raíces que competían con el grosor de los troncos de otros árboles más jóvenes, se convertían en un obstáculo a salvar con el que intencionadamente iba tropezando de vez en cuando para que el estúpido del humano no notase mi perfecta visión en la oscuridad, además de que así hacía saltar mis pechos y lo preparaba un poco más para lo que tenía pensado hacerle, me divertiría primero con él, un rato tan sólo antes de envenenarlo de una manera cruel para luego beber de su sangre mientras se retorcía de dolor.

Mientras que por mi mente desfilaban las ideas para acabar con el idiota que llevaba de la mano de las maneras más dolorosas ante mis ojos apareció por fin lo que llevaba buscando, más bien siguiendo, un rato. Un claro en mitad del bosque que quedaba partido en dos al recibir el agua de un río bastante ancho y, por lo que parecía, profundo. La corriente no era demasiado fuerte, así que seguramente ese río acabara en algún lago o laguna que impedía su avance en masa, creando así una enorme corriente de calmadas aguas. Ahora sí se podía ver la luna reflejarse contra el agua creando una especie de escudo plateado en su superficie. La luz de la luna era suficiente para volver a iluminar mi cuerpo, que ahora me pedía de nuevo sangre antes de que despertara la bestia, sangre y algo más. Con una media sonrisa me giré hacia el tipo y di un fugaz vistazo a sus armas, por lo visto todas al cinto, aunque no descartaba la posibilidad de tener una daga entre los pantalones, las botas, la camisa, prácticamente cualquier parte de su maloliente ropa. Me acerqué un par de pasos y sonreí de medio lado al mirarlo, estirando un poco mis brazos para rodear su cuello y dejarme caer contra él.

-¿No es bonito el lugar? – pregunté con una voz suave cerca de su oído, que no me quedaba muy lejos gracias a que la diferencia de altura entre los dos era mínima. Todavía desde esa posición alargué un pequeño beso a su mejilla con intención de sonrojarlo, posando mis pintados labios carmesí sobre su rostro dejando un frío mortecino donde lo había besado. Ahora sólo quedaba una parte del plan: Dar pena. Ya lo había llevado hasta donde lo quería, así que sólo me faltaba darle un poco de lástima al tipo y caería rendido, pensando que sólo era una chica un tanto necesitada de sexo y de un hombre que la cuidara, como todos, las bajas pasiones seguramente fuera su punto débil – Te… tengo que decirle algo. – dije con una voz que en apariencia sonó quebrada y algo quejosa, como si no quisiera – La verdad… Es que no soy humana… No del todo. – añadí mientras sonreía de manera infantil, agachando luego la cabeza. Había tenido tiempo de sobra de ver mis colmillos, así que ahora quedaba esperar su reacción, pero antes, la guinda del pastel: - Por favor… No me haga daño, señor Sirio, no quiero morderle, ni alimentarme de usted, aun soy joven, apenas llevo… una semana convertida, ni he perdido el color de mi piel todavía, sólo… quería mostrarle este lugar ¿Le… gusta? – finalicé entonces, aquella pregunta podría el broche de oro a mi perfecta actuación desempeñada durante siglos.
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Mensaje por Sirio de la Vega el Sáb Sep 17, 2011 10:00 pm

Me llevó, agarrada a mi mano, a lo que parecía un claro en medio del bosque. Allí había un río, ancho y profundo por lo que parecía. Pero lento, debía de ser el tramo final del mismo. Su murmullo era agradable y junto con los sonidos de algunas aves nocturnas hacía que aquello resultase algo más acogedor, dentro de lo que cabía en un bosque tenebroso al lado de un pueblo abandonado. Los gordos troncos que habíamos dejado atrás habían sido sustituidos por una corta pradera con algún que otro arbusto. Seguía preguntándome el por que de la frialdad en el tacto de la hermosa chica. Aunque mi pregunta sería contestada pronto. Ella se agarró a mi cuello, pegando su pecho contra el mío de una forma un tanto provocativa. Aunque ella era demasiado joven para mi... Aun así correspondí a su gesto agarrándole suavemente la cintura con las dos manos.

-Si, es muy bonito. Aunque a la vez algo tétrico. El río es lo más hermoso...- Sonreí mirándola a sus ojos, tenían algo extraño, pero eran preciosos. Luego me besó, sus labios eran carnosos y suaves, pero también eran fríos, como todo su cuerpo. Se lo devolví, inconscientemente. Por un momento pensé en la diferencia de edad, pero mis pensamientos se diluían con los susurros que me dejaba al oído. -No os preocupéis...- le acaricié suavemente la mejilla, para darle a entender que no pasaba nada. Ahí estaba la respuesta de la frialdad de su piel. No me importaba que fuese vampiresa, nunca había sido racista. Aunque decían que esta raza era peligrosa, yo no lo creía así, sería un tópico. Nunca había tratado con ningún vampiro antes, por lo que lo poco que sabía era que se alimentaban de sangre humana.- Os creo. Nunca he tenido trato con vampiros antes, así que pondré mi confianza en vos. Si me quisieseis haber matado ya lo habíais podido hacer mucho más fácilmente- La miré a los ojos otra vez, sonriente. Volví a posar mis manos en su cintura. -Si, si que es hermoso

Observé los alrededores con determinación, alguien podría habernos seguido o alguna bestia podría acecharnos, pero parecía que allí no había nada. Mi conciencia estaba divida, la chica era muy joven, pero al fin y al cabo sería así para siempre. Además su cuerpo estaba muy desarrollado para los 15 o 16 años que aparentaba su rostro. Mientras pensaba eso, inconscientemente le di otro beso en la otra mejilla. Su rostro seguía frío, pero a mi me comenzaba a parecer cálido. Confiaba en ella por raro que pareciese, a lo mejor era debido a mi ignorancia respecto al mundo de los vampiros.
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Mensaje por Tira el Lun Sep 19, 2011 6:37 pm

No mires al diablo a los ojos o podré ver a través de tus mentiras cuando dancemos con él esta noche. Sonreí al notar como sus manos se deslizaban por mi cuerpo hasta mis caderas y besé lentamente su hombro, preparándolo lentamente para la mordida, debía de estar limpio, también mojado para evitar que la herida doliera demasiado. Lentamente lo fui arrastrando hasta llevarlo contra un árbol, no me resultó especialmente difícil, no parecía ser de esos otros humanos que eran verdaderos orcos de piel morena, sino más bien un pelele que había ido a caer en mis manos, pobre desgraciado. Con cortos besos en el cuello que subían hacia su rostro fui sellando su destino en aquella noche tan oscura donde la luna apenas aparecía en el cielo, cubierta por las nubes negras que había flotando en el aire, moviéndose por acción del viento hacia el sur. Todavía quedaban muchas horas sin sol, suficientes como para divertirme y saciar mi sed de sangre, pero tampoco lo mordería ahí mismo, sería estúpido, llevaba sus pistolas, su estoque y seguramente alguna que otra daga oculta, sin embargo… en el río no sería lo mismo, perdería sus armas y, por lo que había podido observar, toda defensa ante mi fuerza, muy superior.

Suavemente recorrí su torso con un dedo y llegué hasta su pantalón, deteniéndome ahí para luego subir de nuevo hasta su barbilla, deleitando su cuello tras la oreja con suaves y tiernos besos que no eran más que el recorrido que luego harían mis colmillos. El viento soplaba todavía entre las copas de los árboles y me hacía sentir el frío tacto de su mano incorpórea tras la nuca, como la espada de Damocles que se cernía sobre mí, no me gustaba esa sensación, pero estaba ahí, así que tenía que quitármela de encima como fuera. Con cada beso me pegaba más a él, dejándolo notar mis pechos contra el suyo y mis pezones algo erizados por el frío que chocaban contra la tela de su chaqueta, la forma más fácil de llevármelo al agua ya sabía cual era, no me gustaba, pero tampoco me desagradaba, era algo que cualquier mujer necesitaba después tanto tiempo como yo sin hacerlo, la mayoría morían antes de llegar a metérmela, a causa del veneno que antes ingerían. Pero con este sería diferente, no me atraída de ninguna manera especial ni tampoco sentía nada por él, simplemente quería desfogarme sexualmente, luego, pues como al resto, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Me separé un poco más las telas del vestido para dejarlo ver mi pecho y tiré de su camisa para rasgarla un poco, dejando ver también un poco de su asqueroso pecho humano, sudado y algo brillante de haber luz - ¿No te apetece… bañarte? – dije riendo mientras la mano que antes había acariciado el torso sobre la ropa se dedicaba ahora a entrar a su pantalón para rozar su miembro sobre el calzón que llevaba. Durante unos minutos lo rocé sólo por encima, pero después metí un dedo bajo la ropa interior y la bajé un poco para acariciar la delicada carne de su miembro con la mano que no tenía guante –Creo… que el agua no debe estar muy fría. – dije mientras sacaba la mano de esa zona tan privada, lamiendo el dedo que lo había tocado para luego girarme y rozar mi trasero contra su entrepierna, a más cachondo estuviera menos pensaría las consecuencias de meterse con una vampiresa al agua. Mientras me frotaba contra él para excitarlo me desbroché una de las anillas del traje, haciendo que el cobertor del brazo cayera a tierra - ¿Me ayudas? – pregunté mientras le señalaba la hebilla del centro de mi espalda, si quitaba eso mi traje caería hasta el suelo y me dejaría sólo con las bragas, dado que el sostén me lo había quitado en el árbol de antes, previniendo una situación así. Estúpido humano, que pronto me serviría de almuerzo.
Tira
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