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Los cimientos del Imperio

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Sep 28, 2011 10:09 pm

Los engranajes metálicos comenzaban a girar, entrelazarse entre ellos y mover aquello que se le llama el gran destino, el primer engranaje había sido la leyenda de la ciudad, el segundo el viejo inventor que aparecía en una ciudad de mercaderes y nobles, el tercero habían sido ambos mercenarios, el cuarto los antropomorfos y el quito ahora era el asesino … uno podría decir que entre tantas palabras uno diría lo mismo una y otra vez, pero n es así, los engranajes del mundo comenzaban a moverse y habían llegado a un punto en que no se detendrían ante nada, el anciano había sido capturado por tres antropomorfos, sin saber cuál de los tres era más feo que el anterior, el inventor esperaba solamente, hubiera podido acabar con esos tres seres sin mucha dificultad, pero quería ver que tan buenos eran aquellos mercenarios que había contratado, el primero en salir fue el maese enano, aguerrido por la batalla, sin contemplación arrojo su martillo que atravesando el aire dio contra el blando cráneo del líder, si no hubiera sido por que su cuerpo era más gelatina que hueso hubiera terminado muerto con aquel potente golpe, más el enano no era un mero aprendiz, sin perder tiempo se coloco en posición defensiva con su escudo por delante, si alguien intentaba acercársele, se podía notar su experiencia, se podía ver aquellos aguerridos ojos que podían penetrar la propia valentía de quien se le enfrentara, había sido una buena adquisición para la pequeña excursión, cuando el calamar cayo soltó al inventor, que sin mucho problema se mantuvo en el mismo lugar, pacientemente y colocando sus manos tras su espalda para ver la obra que se presentaba ante él con una alegre sonrisa.

El joven Josef salió pronto de el carromato, alegando sobre la servidumbre del enano y de que el inventor era su padre, la promesa de oro era demasiado suculenta como para que unos amorfos pudieran resistirla, de reojo el inventor vio como estos bajaban sus armas ligeramente, craso error, algo surgió desde atrás de uno de ellos, específicamente aquel con cabeza de pez, dos bellas alas unidas a una piel tostada surgieron, desde sus labios el aliento de fuego dio contra el cuello del antropomorfo, el repentino calor junto con el aroma a pescado asándose fue notorio, mientras que el muchacho apoyaba su daga en su cuello listo para degollarlo si hacia algún movimiento, el pez dejo caer su espada levantando sus manos con miedo, mientras su boca se abría y cerraba como lo haría un pez fuera del agua, la bella mujer se reía mientras dejaba ver sus afilados dientes y aquella maldad tan profunda en sus ojos, aun así el inventor sonrió complacido, eran buenas herramientas en realidad, mas el sonido de las ramas quebrándose llamo su atención, frente a ellos apareció un hombre vestido con una capa y una máscara en su rostro, con palabras sabias hablo, dirigiéndose al enano antes de sin piedad ni misericordia separaba la cabeza del cuerpo al calamar, este había dado un grito cuando sintió la hoja cortar su carne, mas pronto solo fue un sonido gutural cuando la sangre llenaba su boca, lamentablemente aquella actitud no fue la mejor, ya que el enano con ceño fruncido miro con desprecio al enmascarado, era verdad que había intentado matar al inventor, pero el calamar no había podido defenderse y había muerto despreciablemente, había algo llamado código de rectitud que los enanos seguían, mas el enmascarado no lo seguía y aquello chocaba directamente contra su forma de ser.

Mas nos habíamos olvidado del último asaltante, aquel que simplemente tenía un par de antenas brotando de su frente, este al ver que sus compañeros e inclusive su líder eran tan fácilmente reducidos arrojo sus armas y corrió por entre los árboles, abriéndose paso por los matorrales, corría por su vida y para no terminar como los demás, el inventor miro como corría, y negó con su cabeza mientras sonreía, el inventor podría parecer un humano gordo y sin mucho interés, mas encabeza albergaba un brillante intelecto, llevo su mano a su cinto y saco una esfera negra, no mayor que su palma, estirando hacia atrás su brazos hizo puntería y arrojo aquella esfera contra el antropomorfo, quizás no tenía mucha fuerza pero si puntería, la esfera recorrió la distancia hasta dar de lleno contra la cabeza del antropomorfo, el inventor sonrió de mejilla a mejilla bajo el mostacho, girándose al enmascarado.

-Jojojo… vaya… vaya… eso ha sido interesante-


En ese preciso instante se escucho y a la vez se sintió, aquella esfera no era simplemente un trozo de metal, el golpe había sido el detonante y sin poderse defender el antropomorfo sucumbió ante la pequeña creación del inventor, la esfera exploto con una fuerza atronadora, los arboles se agitaron y las hojas cayeron cuando el estruendo hizo volar a todas las aves de estos, los animales huyeron ante aquella explosión, donde había estado el antropomorfo solo había una mancha negra y roja, mas si alguno se daba el lujo de mirar bien, podría encontrar el cuerpo despedazado de este regado entre los árboles y los arbustos, el inventor miro de arriba abajo al enmascarado, el cuchillo goteando sangre aun en su mano, después miro a la bella criatura demoniaca que estaba cerca para darle un ultimo vistazo con mirada seria a el muchacho, negando suavemente.

-Bueno … creo que tendré que mejorar el cristal, esta vez a demorado demasiado *hablando consigo mismo* quizás deba de cambiar la proporción de pólvora para que estalle con más fuerza *girándose al enmascarado* Ho… pero donde están mis modales, bueno joven *aunque no sabía la edad del enmascarado lo trataba de la misma forma que a Josef* simplemente vamos en excursión, mas agradezco su pronta aparición, ya que hubiera tenido que mancharme los guantes de sangre, mas … quizás le gustaría acompañarnos, sé que es una petición extraña para alguien como usted y de seguro a mis compañeros de viaje también les parecerá extraño que a un enmascarado le pida esto, mas nos vendría bien un par de manos extras en nuestra pequeña … faena –

Las palabras del inventor parecían tener algo de razón, mas solo el sabia que necesitaba a tres para aquello, la ciudad no aceptaría a menos, y parecía bastante capaz el enmascarado de enfrentarse a lo que habitaba esa ciudad, el inventor sonrió mientras caminaba hacia el pez mirándolo unos instantes, y negando, Ivo estaba cansado de aparentar tanta amabilidad y mas con simples entes de carne y hueso, se llevo la mano al cinto tomando otra de aquellas esferas negras y colocándola frente a el rostro del pez, cuando este la vio quedo paralizado, y a la vez vio de reojo como el muchacho también parecía nervioso con aquella bomba tan cerca de su persona, mas el inventor conocía sus creaciones y sabia manipularlas.

-Joven Josef, como veo que usted y su…. “amiga” fueron los responsables de esta “pesca” es de suponer que también serán los responsables de su descamado y eviscerado, queda a su entera disposición lo que desee hacer con aquel antropomorfo, por otra parte… *girándose hacia el enmascarado*aun no se su nombre jovencito ni tampoco si se nos unirá o no-

Si lo deseaban tanto el enano como el muchacho podrían revisar los bolsillos de aquellos antropomorfos ”enteros o relativamente enteros” si lo hacían podrían encontrarse más que unas pocas monedas de bronce, al fin y al cabo aquellos antropomorfos habían asaltado a varios viajeros antes y Phonterek no es conocida por sus personas pobres o de bajos recursos.

Después de aquella “extraña” forma de encontrarse el grupo volvió a ponerse en camino, era verdad, había perdido mucho tiempo con aquel imprevisto, el carromato tomo el camino de la derecha mientras se alejaba del camino principal para tomar uno no tan concurrido, la hierba crecía a ambos lados como también al centro de esta, el caballo cada cierto tiempo relinchaba quejándose, pero aun no era tiempo de que el corcel tomara un merecido descanso, el carromato no pararía hasta bien entrada la noche, el cielo había cambiado de aquel azul limpio a la oscuridad solo alterada por la luna y las estrellas, los campos verdes volvían a ser sombríos, mientras a lo lejos los lobos aullaban, en el carromato los frascos tintineaban rítmicamente, comenzaba a bajar la temperatura y con ello ya no era necesario aquel artilugio para mantenerse fresco, y el inventor deteniendo el carro unos instantes entro a este, los engranajes volvieron a girar al igual que las poleas a tensarse, las aspas del artilugio se detuvieron y una plancha de hierro cubrió estas para sellarla, el carro estaba oscuro y sacando un extraño artilugio de metal, saco un pequeño cristal de fuego de uno de los cajones, con tan solo colocarlo en una ranura un cristal transparente comenzó a brillar tenuemente para aumentar hasta iluminar aquel carromato.

-Según el mapa de este lugar *sacando de uno de los cajones un mapa gastado* estamos en este punto *señalando una pequeña marca* debemos de seguir este camino hasta llegar hasta este barranco y después estaremos a poco más de dos días de viaje hasta las colinas de cristal, mas el animal está cansado y debemos de descansar algo, si ninguno está en contra acamparemos en este lugar*acto seguido guardo el mapa en el cajón nuevamente*-


OFF

Spoiler:
Bueno otro turno mas, vamos bien xD, mas ahora B se nos une, a pesar de que el enano no lo ve con buenos ojos, Josef eres libre de hacer lo que quieras con el antropomorfo, sacar un interrogatorio si quieres, pero si quieres hacerle preguntas mándamelas por mp y te daré las respuestas, el carromato se volvió a colocar en camino, un mastereo mas y comenzaremos a llegar a las colinas de cristal, asi que son libres de decir lo que gusten de el campamento, en estos minutos están en el límite del bosque, y pueden ser libres de montar el campamento, Ivo dormirá en el carromato, como es natural xD por otra parte, pueden entablar conversación entre ustedes, si alguien busca en los bolsillos de los antropomorfos encontraran varias gemas robadas al igual que oro, mas Zargum revisara al calamar y Josef el pez, como siempre tienen tres días para responder, cualquier duda un mp o en el tag xD, así que buen rol a todos.



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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Vie Sep 30, 2011 6:25 pm

Un hombre pez, un hombre hormiga y un hombre calamar. Una extraña visión emplazada en medio de la nada a unas horas de una ciudad comercial. El grupo de asaltantes era como una broma mal contada por el destino y aún así tan real como la sangre que ahora decoraba el pacífico sendero del norte de Phonterek.

Zargum había empleado su pericia y su habilidad en el combate para asestar un contundente golpe en la cara del antropomorfo con cabeza de calamar. Dicho golpe hubiese matado a un ser humano ordinario, pero gracias a la cantidad de agua que recorría por su cuerpo simplemente le dejo semi-inconsciente tirado en el suelo. Tenía la situación controlada a pesar de la sorpresiva aparición de un habitante de los infiernos bajo el dominio del enclenque Josef. Durante el inicio de su viaje, el honorable enano había considerado al humano como un hombre sin fortaleza física ni mental. Zargum pensó que sería una simple carga llegado el momento de un combate real. Pero aún así guardaba cierta esperanza, esperando que el mozo tuviera dotes secretos. Y no fue decepcionado - ¿Una habitante de los infiernos? - Dijo Zargum sorprendido ante la aparición de la seductora mujer alada - Sabía que tenías cualidades ocultas joven Josef, pero no te acerques demasiado a mi con tu amiga traicionera o podría confundirla con un enemigo - La advertencia de Zargum no era ofensiva pero dejaba ver su desaprobación a compartir tragos con un demonio. Sin previo aviso, y quedando uno de los bandidos de pie aunque muerto del miedo, un hombre enmascarado entró en escena con una sutileza propia de asesinos. Zargum se cuestionó un momento sobre su parentesco con los asaltantes deformados, pero sus dudas se disiparon una vez que el humano dirigiera unas palabras al enano antes de cercenar con un cuchillo aserrado la cabeza del hombre calamar. Acto que enervó al enano defensor - ¡¿Que demonios haces humano?! - La pregunta sonó a grito y dejo conocer la desaprobación de lo que acababa de ocurrir - ¡Te apareces de repente y me quitas la presa! - Haciendo uso de su fuerza bruta, el enano azotó fuertemente su escudo contra el suelo dejando una grieta - Y no contento decides darle una muerte tan deshonrosa a un enemigo indefenso que no te pertenecía. Lo siento muchacho pero Zargum Ironhammer tendrá que limpiar esa sangre del suelo con tu horrenda máscara - La postura del enano pasó a ser una amenazante posición de guerra. La mirada del armado guerrero dejaba ver la furia en sus ojos ocasionada por la ofensa del humano enmascarado. Pero justo antes de que diera inicio un combate que mermaría la integridad física de alguno de los ahí presentes una explosión cercana interrumpió las intenciones del enano y la concentración de los otros dos humanos.

El doctor Ivo Robotnik había hecho gala de sus habilidades y sus extraños aparatos para la guerra. Una especie de bomba había aniquilado y esparcido al hombre hormiga por doquier. Algo demasiado ruidoso e impresionante como para estas horas del día, pensó Zargum. El doctor pareció haberse interesado en el humano de la máscara, cosa que no entendió del todo el enano y que reclamó una vez le ofrecieran viajar en la expedición las Colinas de Cristal - Es un asesino doctor. Un asesino sin ética ni principios. Si confiamos en esta clase de esperpentos nos cortarán el cuello al dormir o al empinar nuestras jarras de cerveza - La mirada del enano no se apartaba del humano enmascarado pero había abandonado su postura defensiva y su intención de hacer pagar por la insolencia de matar cruelmente a su presa. Ambos humanos platicaban cada quien con un interés particular ignorando las advertencias del orgulloso miembro del clan Martillo de Hierro, el cual había ido a recuperar a Khazûn Tronnell, su elaborado martillo de guerra - No puedo oponerme a la decisión que tome quien nos lidere - Continuó el enano anticipando la intención del humano por unirse ala expedición - Pero te advierto que si no mantienes tus "costumbres" al mínimo sentirás el mismo dolor que este desafortunado calamar logró conocer antes de tu intromisión - Zargum mostró el poderoso martillo interponiendolo entre el enmascarado y él para así devolverlo a su cinturón. Sin decir más palabras, El molesto enano se dirigió al carromato y tomó la posición más retirada de la entrada del mismo. Cogió su barril de ale y comenzó a beber de él nuevamente. Aquel encuentro había dejado un mal sabor de boca en el enano y ahora debía lavar esa sensación, pero sin dar la espalda a un asesino en potencia.

El viaje continuó a lo largo de aquellos pastizales verdosos. El silencio reinó la mayor parte del camino. No parecía que la confianza fuese algo que abundara en el grupo. El día fue cayendo y la noche comenzaba a dar indicios de aparecer cuando el doctor Ivo detuvo la carroza metálica para montar un campamento. El caballo estaba ciertamente agotado y debía descansar. Además, el estirarse no era una mala idea después de todo y Zargum no había comido nada desde aquella sabrosa carne picosa de la cual llevaba consigo un buen pedazo.

El doctor señaló la posición actual del grupo en un viejo mapa del reino. Estábamos a al menos dos días de nuestro objetivo final, lo cual era gratificante y a la vez preocupante, pues no sabía cuanto tiempo más duraría el licor.

Sin demoras Zargum recolectó algo de leña, la cual abundaba en el claro donde había decidido pasar la noche, y comenzó una fogata haciendo uso de la yesca y el pedernal que guardaba en su mochila de viaje. Sin demorar demasiado, y con el apetito a flor de piel, el enano había ensartado una de las jugosas carnes que llevaba consigo en una espada obtenida en el interior del carromato del doctor esperando que no le molestara a su extraño líder. El olor de la carne asándose era irresistible para los hambrientos viajeros - No se preocupen que hay para todos - Dijo el enano mientras dejaba ir una amplia sonrisa. La comida y la bebida siempre le alegraban el día, así estuviese acompañado de una persona poco grata o de completos desconocidos.


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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Vie Sep 30, 2011 8:16 pm

Todo había salido a la perfección, Abrahel se lanzó contra la espalda del antropomorfo abrazándolo con su fuego, las armas salieron despedidas, y aturdido como estaba, no fue difícil para Josef aprehenderlo, de tal manera que hiciera las veces de escudo de carne ante un eventual ataque del tercer asaltante. La daga del hechicero presionaba con firmeza contra esa garganta escamosa, al tiempo que una vertiginosa sucesión de eventos condujo a los otros asaltantes a enfrentar muertes espantosas, y mientras todo pasaba, él sostenía firme a su cautivo.

Cuanta repugnancia causaba aquel patético antropomorfo en Josef, el tufo del miedo era casi tan perceptible como el del olor nauseabundo de su piel chamuscada, Josef lo sentía y vaya si le desagradaba, estaba ahí, a pocos centímetros de su cuerpo, aturdido, temeroso, vulnerable, y entonces el impulso de acabar con su miseria casi le llevaba a realizar aquel corte, único, certero… pero después miraba al cuerpo decapitado que B el torturador había dejado, empapando la tierra con un manantial de sangre que parecía inagotable, y se convencía de que no quería mancharse con la sangre de un ser como ese. Tal parece que Abrahel adivinó su intención de perdonar aquella vida.

-Piedad por favor… ¡pueden tomar todo!- suplicó al tiempo que llevaba una de sus manos hasta el bolsillo de su pantalón, Abrahel sin duda habría de divertirse.

-¡¡Un arma!! ¡¡Está sacando un arma!!- Gritó la demonio extendiendo su pequeño dedo

Su actuar fue en realidad un reflejo, una acción casi involuntaria, motivada por el profundo temor a ser herido, al riesgo de perder la vida. Todos los músculos de su brazo se tensaron y apretó la empuñadura de su daga con tanta fuerza que durante unos segundos las formas geométricas esculpidas en el metal se plasmaron en la palma de su mano. El metal cortó profundamente, ahogando la última de las suplicas que no alcanzó a ser proferida, y entonces el asaltante con facciones de pez se desplomó al suelo para ahogarse en sus propios fluidos, al caer, de su mano se escurrieron 4 amatistas, no había rastro de algún arma.

Josef lo comprendió al instante, el antropomorfo había intentado negociar, pagar su vida con piedras preciosas, en una irónica inversión de los papeles. Y comprendió también cuanta malevolencia destilaba su sirviente, quien intentaba disimular su divertimento tapando su sonrisa con sus dedillos. A él también le pareció divertido, en cierto modo, aunque igualmente resultaba vergonzoso que le hubieran manipulado de esa manera, como vergonzoso resultó agacharse para recoger ese botín, imposible de despreciar. Fue entonces que K recordó que estaba acompañado de más individuos a parte de su, ahora víctima, y su sirviente.

Había estado tan concentrado sosteniendo la daga en la garganta del antropomorfo que casi no reparó en el nuevo integrante del grupo, sin duda le resultaba curioso que Robotnik confiara de manera tan arrojada en un desconocido, que además estaba enmascarado y que había realizado un acto de violencia tan innecesario. Esmerarse tanto por decapitar a un infeliz casi inconsciente y con el cráneo probablemente fracturado, si es que había un cráneo bajo ese rostro aterrador, a Josef le parecía un desperdicio de energías, una crueldad fútil. Pero al menos aquella… espontaneidad del Doctor en su trato con las personas había ocasionado que ni siquiera reparara mayormente en la presencia de Abrahel, casi parecía que hubiera visto en su vida a otro par de “Diviums” expulsando fuego por la boca.

Distinta había sido la reacción de Zargum el enano, quien había identificado la procedencia demoniaca de Abrahel al tiempo que advertía sobre la poca confianza que le inspiraban el hechicero y su acompañante. Igualmente notoria fue su reacción ante el comportamiento del enmascarado, Josef llegó a desear que la furia del enano realmente le llevara a asesinar al nuevo integrante de la comitiva, dormiría más tranquilo sin un individuo como ese cerca y, por lejos, prefería la compañía del enano, pese a que no le inspiraba ninguna empatía, comprobaba con aquella reacción que era un hombre con ciertos principios, de los que no degollan a un hechicero mientras duerme.

Finalmente el viaje tuvo que continuar, Josef prefirió hacerlo en compañía de su sometida, por mera prevención, de manera que volvió a tomar su lugar al borde de la cama, esta vez para entretenerse en retirar con un pañuelo todo rastro de sangre sobre la hoja de su daga, mientras, ella jugueteaba inquieta a su lado, curioseando alguno que otro libro del Doctor Ivo, observando atentamente a los acompañantes, y en algún momento burlándose a carcajadas de Josef cuando descubrió que una gota de sangre había manchado su camisón de seda. Todo esto al tiempo que el paso lento del caballo de tiro les condujo por un sendero cada vez más angosto, que a veces parecía haber sido devorado totalmente por la maleza, pero que finalmente volvía a surgir, alejándolos así de aquella bifurcación en la que habían abandonado el testimonio macabro de un asaltado fallido. Ya no se veían casuchas, ni campesinos labrando la tierra, ni siquiera el rastro de otros viajeros compartiendo la ruta, sólo la negrura del bosque a un lado del camino, y del otro, una solemne extensión de pastizales que casi llegaban hasta el horizonte, y que se fueron bañando de dorado conforme el sol se escondía, para formar un paisaje cuya majestuosidad capturó toda la atención de Josef durante buena parte del trayecto. La noche finalmente se apoderó del firmamento, y poco después el Doctor Ivo decidió que era momento de montar el campamento.

Josef se alegró de poder estirar las piernas, no le agradaba además compartir un espacio reducido con tantas personas, sin embargo la perspectiva de volver a dormir en el suelo no resultó tan gratificante después de haber pasado meses reposando en la comodidad de un colchón mullido. Caminó por la oscuridad con pasos lentos, observando la oscura planicie que se extendía más allá del final del bosque, tratando de adivinar entre la negrura el aspecto que tendría el paisaje una vez hubiera amanecido, después se aproximó en busca del calor que ofrecía la fogata de Zargum.

-No quiero abusar de tu generosidad enano, tengo mi propia comida- Le dijo, al tiempo que desenvolvía de una hoja un trozo seco de carne de cordero, que comió con calma en compañía de ese vino placentero. Abrahel se recostó a su lado y juntos hablaron sobre las perspectivas de aquella aventura, hasta que, sin darse cuenta, empezó a soñar con barcos e islas lejanas.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Vie Sep 30, 2011 11:12 pm

La intolerancia y la incredulidad son algo a lo que B estaba acostumbrado. A pesar de sus pocos años, su vida había estado marcada por ese tipo de cosas. Gritos de pánico de madre cuyos hijos B acababa de salvar, al comprobar que los criminales que casi eliminan a sus niños podían tener cierto parecido a una especie de pez leproso. Hombres que corrían, despavoridos, cuando B les había hecho el favor de cortar las extremidades a los malhechores que acaban de asaltarles. El mundo estaba lleno de gente desagradecida, que no entiende que alguien que obra mal no merece el derecho a la vida, ni siquiera a una muerte digna.

El enmascarado ya se había acostumbrado a ese tipo de cosas y no solía torturar delante de personas, como de pequeño solía hacer sin reparo alguno. Simplemente, había gente diferente, gente con otras ideologías que también pertenecían al bien y, por tanto, que eran igual de respetables. El torturador las comprendía y las toleraba aunque, si nadie fuese tan radical como él, el bien sería eliminado algún día, si es que no lo estaba siendo ya. Por desgracia, no todo el mundo es tan tolerante como el enmascarado. Hay gente que, cuando tiene sed, satisface su necesidad tragando un poco de agua. Otros, como B, cuando tienen ganas de matar, lo hacen, y punto. Si el enmascarado se hubiera dedicado a beber, nadie se habría enfadado, pero si decide satisfacer sus necesidades decapitando a alguien que sin duda merece tal acción, se le echan encima, y nadie negará que un litro de agua es mucho más respetable que un criminal.

No es justo. Él llevaba todo el día persiguiendo a unos indeseables asaltadores, con la esperanza de que cuando llegase el momento, pudiera torturarlos. Pero, para su sorpresa, después de una agotadora y mareante persecución, se encontró con que la tortura ya no sería el camino más adecuado, teniendo en cuenta el público que tendría. Llegado a ese punto ¿qué malo había en satisfacer mínimamente sus necesidades permitiéndose el pequeño lujo de cortarle la cabeza a un antropomorfo que apenas sentiría dolor? Si le hubiera torturado, como pensaba hacer en un principio, no quería ni imaginarse la reacción de aquél enano. Menos mal que había decidido permanecer tranquilo antes de conocer a sus nuevos amigos.

El pequeño aventurero no había comprendido sus motivos, que sin duda eran argumentables, pero ya tendría tiempo de explicárselos cuando la ira y la tozudez no controlasen sus movimientos. Mientras el enano le dedicaba una desagradecida riña, en la que el enmascarado permaneció quieto, escuchando e intentando no alterar más aún a la pequeña olla caliente, los otros tres presentes habían acabado con sus correspondientes enemigos. El gordo, con la ayuda de una extraña esfera oscura, provocó una explosión que parecía provenir de una fuente mágica oculta. Su víctima, el antropomorfo con antenas de hormiga, prácticamente se desintegró como resultado del ataque. Magnífico. Una forma tremendamente elegante de acabar con un enemigo, a B le recordaba a cuando, gracias a su majestuoso fuego, podía cometer acciones semejantes a aquella. Eran buenos tiempos.

El otro humano y la seraphi se encargaron del otro enemigo. La mujer había originado una preciosa llama que al impactar en su víctima provocó un olor a quemado nostálgico. El enmascarado añoraba su magia, su fuego, en aquellos tiempos en los que para acabar con alguien no era necesario ni desenvainar una espada, un pequeño movimiento de psique bastaba para acabar de sopetón con multitud de criminales, que gritaban y gritaban ante la inmunidad del fuego. Finalmente, el humano acabó asesinando al antropomorfo con cara de pez como resultado de una engañosa acción de la seraphi.

¿Una expedición? ¿A dónde? –preguntó B cuando, una vez finalizada la reyerta, el hombre obeso le dedicó la palabra. Praaecía el jefe. El anciano se limitó a responderle que iban a las Colinas de Cristal, hogar de unas antiguas reliquias, y después le enseñó una especie de contrato. En él, se hacía mención a una serie de puntos según los cuales, el gordo, que se llamaba Doctor Ivo Robotnik, se comprometía a mantener con vida a sus aventureros y a dejarles obtener cualquier tesoro que encontraran en las Colinas de Cristal, siempre y cuando no fuesen una serie de cosas que el Doctor quería para él. Vetas minerales, fuentes de energía…algunas cosas B no sabía ni lo que significaban exactamente, otras, no le importaban lo más mínimo. Lo que si pretendía eran esas antiguas reliquias. Eso sonaba muy interesante. De hecho, es lo que había estado esperando oír desde hace un tiempo…Inclusive sería capaz de arriesgar su vida en gran mesura con tal de llegar a las mencionas Colinas de Cristal, si es que lo que contaba el Doctor sobre ellas era cierto. Tal vez encontrara una gema neutralizadora de magia, un escudo absorbe hechizos o alguna espada con más aptitudes que la que el acero normal y corriente conllevaba.

Mi nombre es B. Si es cierto que en ese lugar hay reliquias, cuenta conmigo –contestó con su bajo tono, a la par que se aproximaba a un árbol para arrancar una de sus hojas y limpiar con ella su ensangrentado cuchillo.

Como cambian las cosas. El día había empezado con él, llegando a Phonterek, intentando avanzar en su investigación sobre el asesinato de Elexis. Tras fracasar estrepitosamente con su única posible fuente en la ciudad, su tío, había decidido perseguir a unos asaltadores para acabar con sus miserables vidas. Ahora, tras reencontrarse con estos en las afueras de la ciudad, había conocido a un grupo de aventureros y había decidido formar parte de su suculenta expedición. La venganza de su amigo podía esperar, pero las Colinas de Cristal no.

Siguiendo a sus nuevos compañeros, el torturador se adentró en una atípica carroza de metal. Su interior estaba repleto de curiosos libros, meticulosos frascos y cosas que B jamás sabría cómo utilizar correctamente. Definitivamente lo suyo era torturar y matar, en ese orden. Dentro del vehículo se estaba cómodo. La temperatura, por una razón que B desconocía, era buena. Sin embargo, el enmascarado podía observar cierto aire de hostilidad y rechazo en su interior. No se intercambiaron muchas palabras entre los viajeros. El humano y la seraphi, que parecían conocerse de antemano, sólo charlaban entre ellos. El enano, que ya había demostrado su rechazo hacia el torturador, no articulaba apenas palabras, simplemente bebía. Se podía palpar la tensión en sus ojos cuando estos se dirigían hacia las cuencas de la máscara de B. Ante tan incómoda situación, el humano de cabello oscuro aprovechó para permitirse unas pocas horas de sueño. Las necesitaba, había llegado a Phonterek muy temprano y no había descansado aún después de un día tan ajetreado.

Un parón le despertó. Los ojos entreabiertos de B se asombraron al ver cómo había aparecido una fuente lumínica en su ausencia. El jefe (definitivamente, lo era) decidió hacer una pausa, aconsejando acampar. El hecho de que había oscurecido y el terreno, diferente, daban a conocer que se habían desplazado bastante. Ivo creó una instantánea reunión en la que comunicó a sus compañeros sus planes de viaje. Que cruz, aún faltaba bastante camino por recorrer. La verdad es que, hasta ahora, B no se había planteado cuánto duraría el viaje o dónde estaban exactamente las Colinas de Cristal, se había limitado a pensar en objetos mágicos para matar a Knhel Mninteror y en dormir.

Mientras los demás daban una vuelta, el enmascarado, aún medio dormido, decidió apoyarse en un árbol, alejado del odio que imperaba en el carromato. Junto a él, sólo su espada y sus pensamientos. Una vez más, el mundo le había marginado, un mundo que no acostumbraba a personalidades como la suya. Al rato, los demás volvieron y comenzaron a comer. El enano, que se había encargado de coger leña para hacer un fuego, cocinaba un trozo de carne que B pudo oír cómo se lo ofrecía a los demás. La barriga le crujía desde hace rato, tenía que comer, no lo había hecho desde que salió de aquella taberna de Phonterek. Además, había llegado el momento de justificarse. No podía hacer una expedición con un enano que evocaba odio hacia él. Si las cosas se ponían mal en las colinas, todos debían de luchar juntos y protegerse las espaldas mutuamente.

Voy a sentarme, si me permitís –dudaba que el barbudo lo aprobase, pero no se volvería a ir sin articular unas palabras antes –Llevaba todo el día persiguiendo a esos asaltantes. Mi objetivo sólo era que dejaran de aprovecharse de inofensivos comerciantes, campesinos y viajeros que tenían la mala suerte de pasar por ese bosque. Al llegar, no pensé dos veces si debías de rematarlo tú o yo –dijo mirando al enano, intentando que sus compañeros le comprendieran –Simplemente acabé con él, aunque estuviera ya derruido. Mi maestro me enseñó que nunca te puedes fiar de nadie, hay que actuar rápido. Yo no sabía si era un poderoso mago que estaba haciéndose el muerto y planeaba atacarnos por sorpresa o algo similar. Pero ten esto en cuenta, enano –las justificaciones habían terminado. Llegó la hora de ponerse serios, aunque sin perder la cordialidad –puedes llamarme asesino, pero jamás digas que no tengo principios, pues son estos los que guían mi conducta por encima de todo –finalizó– Ahora, si me permites, señor enano, me gustaría pegarle algún bocado a esa carne tan suculenta–.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Sáb Oct 01, 2011 6:11 pm

Un engranaje mas comenzaba a girar, sin que nadie más que el inventor se diera cuenta, mientras los aventureros salían del carromato el entro con una sonrisa de lado a lado, las cosas hasta ahora iban resultando a la perfección, aunque el hecho de que el joven hubiera simplemente mentido sobre su relación con el tipo de magia era algo que le molestaba, admitía que mentir en situaciones era necesaria, aunque el inventor no lo aprobara completamente, con tranquilidad mientras fuera del carromato la conversación comenzaba, mientras el aroma a carne asada penetraba por aquella pequeña ventaba inundaba el carromato el inventor trabajaba, había ocupado una de sus bombas tontamente, hubiera sido mejor disparar mas no tenia su arma a mano y ahora debía de reemplazar la bomba utilizada, trabajo de no más de una hora, mas trabajo que debía de hacerse, buscando en uno de los cajones saco aquella esfera negra, completamente hueca en su interior, tomando varios productos químicos, comenzó a mesclar, aquel polvo amarillento claro, el potasio que siempre le era de utilidad, junto con el carbón y el azufre, era verdad que la mescla necesitaba tiempo para prepararse más con algo de paciencia se lograba, después de más de 45 minutos preparando aquella mescla estuvo preparada, la pequeña estancia estaba iluminada por aquel cristal transparente de mucha utilidad si uno no quería que los reactivos estallaran por el calor del fuego, pronto la pequeña esfera quedo a medio llenar y con cuidado el inventor coloco aquel que era la clave de esa bomba, un pequeño cristal rojizo cubierto de una extraña cera para evitar que se calentara, después de ello un poco mas de pólvora y sellarlo con un trozo de metal que encajara, estaba lista la bomba, mientras la dejaba en su cinto junto a las 4.

Después de ordenar la mesa de trabajo extrajo un pergamino hecho de piel desde uno de los cajones, era el mapa hacia la ciudad o por lo menos era lo que había podido averiguar, el entramado de los túneles era un verdadero laberinto y las marcas enanas estaban en todas partes, mas el mapa solo llegaba hasta un punto, donde solo estaba en blanco y con caracteres crípticos decía “Dum Bara Dum”, el podía ser un genio con las maquina y la tecnología, pero con aquella milenaria raza tenía poco contacto y realmente con su máscara de inventor amable aparte de el contacto con los patéticos nobles no había mucho mas … durante unos minutos estuvo meditando sobre que hacer, el camino a las colinas de cristal serian a lo sumo un par de días, pero quien sabe cuánto tiempo deberían de estar recorriendo esos oscuros túneles, si daban un giro errado terminarían no solo perdidos si no de seguro muertos por las criaturas que debían de habitar ese lugar, después de su meditación el inventor salió del carromato, al parecer los ímpetus se habían apaciguado algo ya que por lo menos se veía al enano más calmado.

-Maese Zargum, podría prestarme algunos minutos de vuestro tiempo si no le incomoda alejarse de la carne y la bebida unos instantes*mientras sonreía de oreja a oreja con esa clásica mirada en sus ojos*-

Ya dentro del carromato el inventor mostro aquel mapa a el enano, el cual después de ver el material en que estaba dibujad arrugo al nariz con desagrado, la piel de ogro no era muy agradable para los de su raza, Ivo comenzó a explicarle aquellos detalles que eran importantes, mientras buscaba otro pergamino para hacer una copia idéntica al original, si algo sucedía prefería mantener una copia ante cualquier cosa, incluso la grasa de la carne podía dañar el mapa, aunque de seguro si era creación enana no habría incluso fuego que pudiera dañar sus integridad.

-Maese Zargum, como vera, este es el mapa en el que he basado nuestra pequeña expedición, según esto la intrincada red de túneles se extiende durante varios kilómetros bajo las propias colinas de cristal, lamentablemente no estoy muy versado en caracteres enanos y como puede pensar sin su ayuda podríamos perdernos bajo la superficie y eso sería una trampa mortal, no deseo terminar mis días bajo toneladas de rocas, ni tampoco que mis huesos sean roídos quizás porque criaturas que habitan ese lugar, por ello le pido amablemente si me prestaría sus conocimientos sobre el terreno y no solo sobre este, si no que dentro de la propia mina sea nuestro guía *dejando salir un largo suspiro* lamentablemente, tanto el enmascarado como el joven no son de confiar lamentablemente, prefiero mantenerlos vigilados, no deseo que se me malentiendan mis palabras Maese, pero prefiero mantener la magia a raya y no inmiscuirme con ella o los que la practican, nada que no pueda explicar la ciencia debe de ser tratado con cuidado, y creo que usted puede pensar lo mismo que yo, por ende quisiera saber su opinión sobre este asunto-

El enano comenzó a hablar, sus palabras serian valiosas para el inventor, mas pronto surgió aquel nombre que con caracteres crípticos aprecia sobresalir de aquella piel, como si no solo hubiera sido escrita si no que hubiera sido tatuada en esta con hierro, el inventor guardo unos instantes de silencio mientras llevaba su mano a su mentón y meditaba.

-Dun Bara Dum, es la ciudad negra de los enanos, según las leyendas fue maldita hace muchos milenios por no seguir las doctrinas de su propia raza, mas estos eran enanos, según la leyenda la ciudad fue engullida por la tierra, y olvidada por los demás, o por lo menos eso dicen, por mi parte hay algo que me importa de aquella ciudad y fue la razón por la cual debieron de dejar el honor de lado, supongo que la historia puede parecerle conocida, pero créame que la primera vez que la oí me pareció simplemente una historia para dormir … mas cuando me mostraron esto cambie de opinión *sacando otro pergamino, este sin duda de otro material ya que parecía que con cada movimiento se desintegrara en sus manos, de seguro aquella sería la última vez que vería la luz antes de convertirse en polvo* esto me hizo pensar en montar esta expedición *desenrollando el pergamino podía verse la típica formación de los enanos, con sus enormes escudos y largas lanzas, tras de estas varios sacerdotes enanos, protegiendo lo que sería una gema que irradiaba luz*-

La conversación duro unos minutos más, mientras el inventor intercambiaba palabras con el enano, la luna seguía su camino ascendente y después de un tiempo el enano salió del carromato mientras el inventor guardaba todo, aunque era su taller debía de estar limpio si no quería un accidente por n simple descuido, la noche siguió mientras el inventor en su cama daba fuertes ronquidos que resonaban dentro del carromato, afuera los demás conversaban, y se prestaban a dormir, el día siguiente seria largo, ya que el camino debía de seguir, mas debían de tener cuidado, aquel lugar era famoso por sus animales y no precisamente de aquellos que eran inofensivos.

De amanecida el carromato volvió a ponerse en marcha y como siempre el relincho de desagrado del equino fue más que notorio, podría decirse que el camino de ese día fue más que tranquilo, algunos leñadores pudieron verse, mientras lentamente aquel verde de bosques y pastizales desaparecía por el terroso terreno, de vez en cuando algunas formaciones de cristal se podían ver, como si trataran de salir de la propia tierra atravesando todo a su paso, el clima comenzó a cambiar, de ese calor sofocante a uno más agradable, la brisa traía la frescura de las montañas y como si se elevaran desde la distancia una cadena montañosa se alzaba, sus enormes picos parecían colmillos de alguna bestia dormida mientras que el sol brillaba sobre estos con alguna nube pasajera y solitaria se presentara en el firmamento.

Off
Spoiler:
Bueno, este post no habrá mucha acción, así que pueden hacer lo que quieran, Zargum ya sabe mas menos la información que debería de saber, mas espero que no la comparta con los demás aventureros, aunque si lo desea ya es decisión de él, en la noche escucharan el aullido de los lobos, pueden aparecer uno o dos atraídos por el aroma de la carne, no creo que les dé demasiados problemas, este turno es para que se conozcan mejor y puedan ver si pueden trabajar juntos, al amaneces cuando nos hayamos puesto en camino estaremos a poco menos de día y medio de viaje, ustedes pueden relatar lo que pase hasta que cae la noche, cuando nos encontraremos una posada, después yo me encargare, disculpen la tardanza del post y como saben tres días o sea tienen hasta el martes para responder, pero si me responden antes mucho mejor, es mas xD, si me responden antes del martes (o sea antes del lunes a las 24:00) les podría dar algo para entretenerse o mejor dicho para que agreguen a sus fichas cuando termine la aventura, no soy un mal máster xD




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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Mar Oct 04, 2011 3:22 am

La carne de cordero asada era tan jugosa como esperaba. Sin embargo esta vez se había cerciorado de que no fuera una carne tan picosa como la que había tenido la fortuna de ingerir en Phonterek. Aquella sensación de fuego interno no se olvidaría fácilmente y seguramente alimentaría muchos relatos de cantina un vez que sus caminos le llevaran de vuelta a las tierras de su clan.

El joven Josef se había acercado a la abrazadora fogata del enano rechazando de buena manera su oferta de tomar un trozo del cordero que asaba aquella noche - Vale pues, pero no hagas que se me acerque demasiado tu compañera. Hace que se me ericen los pelos de la barba - Zargum hablaba con cierta gracia, posiblemente efecto de la fuerte bebida del viejo sauce que tanto le había agradado. Sus bocados de carne eran grandes y sonoros. No había necesidad de guardar la compostura pues no habían damas presentes a quien impresionar con buenos modales. Poco más de media hora había pasado desde que comenzaron a comer cuando el asesino enmascarado se acercó con cierta precaución al enano. habló sobre códigos propios que le impulsaban a hacer lo que hacía, cosa que no tuvo sentido para el enano de creencias distintas, pero respetó la intención del hombre - No apruebo tus métodos humano - Dijo Zargum utilizando un gesto poco amable y un tono de voz rígido - pero entiendo que cada quien tiene sus propios problemas y la forma de lidiar con ellos - Dijo mientras cortaba un pedazo grueso de carne y la ofrecía al enmascarado - Come todo lo que quieras hombre y bebe todo lo que gustes de este barril. Los enanos nunca negamos una buena comida a un compañero. Pero mientras viajes a mi lado te pediré que mantengas tu sadismo controlado para los momentos en el que no te pueda ver ni castigar con mi martillo - La advertencia del enano sonaba estricta pero perdió toda su fuerza cando intentó coger el martillo pues este cayó directo sobre su pié, generando un gesto de dolor en el enano.

No había terminado su comida cuando el líder de aquella expedición solicitó la presencia del enano dentro de su carromato. Parecía algo desconcertado, lo cual hizo pensar a Zargum que aquello tendría que ver con la expedición o algún tópico de mayor importancia. Una vez dentro del armatoste metálico, observó que el doctor tenía una gran cantidad de papeles de importancia desconocida y estaba ensimismado en alguna investigación - En que te puede ayudar un enano del Martillo de Hierro - Anunció Zargum mientras se acercaba al hombre.

El doctor parecía un poco confundido mientras mostraba el mapa de la ciudad enana que supuesta mente descubriríamos en el interior de aquellas montañas heladas. La impresión en los ojos de Zargum no se pudo esconder, pues ante sus ojos podía ver un mapa de una hermosa ciudad de su gente perdía hacía tantos años y que solo conocía a través de historias viejas del norte y rumores de dudosa credibilidad. Al humano le preocupaba perderse en los caminos mostrados en el mapa, los cuales sin duda eran difíciles de acceder y más aún teniendo en cuenta que había sido abandonada demasiado tiempo atrás - No te preocupes hombre - Dijo Zargum tratando de apaciguar las preocupaciones de su líder - Dudo mucho que los caminos interiores sean peligrosos de transitar, somos excelentes escultores y arquitectos no sé si recuerdes - Dijo con un poco de sarcasmo - Sin embargo, es seguro que nos topemos con más de un obstáculo. Una que otra piedra bloqueando un camino o incluso mejor, bestias y engendros de las profundidades. Pero una vez ahí sabré como guiar la expedición, no hay de que preocuparse. - Las palabras del humano tomaron cierta confianza gracias a la propia del enano. Pero la sorpresa de Zargum aumentó al ver el segundo pergamino en posesión del hombre de extraña apariencia - Valla, pero esto si es un descubrimiento importante - Los ojos del enano brillaban con cierta intensidad. Era como si viese un tesoro al alcance de sus manos. Un tesoro para su gente - La formació que ves ante tus ojos es una defensa total que solo los enanos defensores podemos dominar después de un largo poseso de aprendizaje - Dijo aquellas palabras dejando entre ver su orgullo de enano - Una defensa perfecta y un ataque imponente. Solo nuestra gente podría llegar a tal perfección. Sin embargo, la gema de la ilustración me es desconocida. Sin duda podría ser una runa utilizada por mis hermanos o algún mineral resistente y raro imbuido con magia. Adamantita posiblemente. No sería extraño conseguirla en las profundidades de la montaña y, en su estado natural, es una roca negra y pesada. Un tesoro para herreros ávidos como nosotros - La idea de conseguir tan raro mineral había despertado la curiosidad del humano y del maestro herrero - Sin embargo, son solo conjeturas. Tu papel es demasiado viejo y estas runas son difíciles de comprender, incluso para mí. Son viejas y algo ilegibles. Pero una vez estemos en la montaña o encontremos escritura de mi gente sin duda podré revelar más detalles y despejar mas dudas que surjan en tu extraña cabeza.

No sabía si le habían sido de utilidad sus palabras, pero la expedición ahora pintaba para ser más interesante y mucho más productiva e lo que en un principio sospecho. La idea de encontrarse con los vestigios de tan hermosa ciudad tenían a Zargum tan emocionado como la primera vez que consiguió destrozar el cráneo de un orco en batalla. Guardo lo poco que quedó del trozo de carne que había preparado. Había que salvar toda la comida posible. Se sentía impaciente por proseguir su viaje. Pero hasta un enano fuerte debía dormir. Necesitaría todas las energías posibles.

El viaje habría de reanudarse temprano al día siguiente. El camino era rocoso y algo difícil. La tensión del ambiente había descendido a cero después de la cena de anoche y ahora la esperanza de un gran descubrimiento abrazaba el robusto cuerpo del guerreo del Martillo de Hierrod.


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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Mar Oct 04, 2011 4:24 pm

La explicación consiguió apaciguar un poco al enano y su pobre concepto del asesino enmascarado. Aunque seguía sin compartir su manera de hacer las cosas, el grado de tolerancia respecto a su método había crecido. Todo gracias al poder de las palabras. La gente tiende a no darse cuenta de él y subestimarlo. B tampoco buscaba un compañero de torturas, simplemente trataba de no generar un ambiente hostil entre compañeros, pues eso perjudicaría sin duda a todos posteriormente. Sin embargo, no le gustó la orden del enano de no volver a repetir acciones como aquella. Malditos enanos cabezones. Cuando estuvieran en combate, ya cambiaría de opinión. B respetaba el amor incondicional de los enanos por el fragor de la batalla, que ellos respetaran el de B por la crueldad.

Muchas gracias, enano –de buen grado el humano aceptó la invitación del generoso barbudo. A esto se refería cuando pensaba en llevarse bien con todos, en los momentos extremos, la cooperación y la solidaridad son el principal punto para sobrevivir. No tenía ni idea de en qué consistían esas Colinas de Cristal, pero no dudaba que el camino no sería coser y cantar. Había reliquias antiguas, así que no le importaba la dificultad. Estaba decidido a llegar allí y salir con algún objeto de utilidad fuera como fuese.

La carne de cordero estaba sabrosa, y más teniendo en cuenta que era lo último que tragaba desde hace unas horas. Comer delante de gente le resultaba aparatoso, pues la máscara de B no tiene ningún tipo de apertura por la zona de la boca, sólo un par de orificios para que su vista pudiera pasar a través de ella. Por ello, debía de arrancar dificultosos trozos de carne con la mano y llevárselos a los ocultos dientes. Con cubiertos era más fácil. Pero merecía la pena, la carne se deshacía en su paladar al masticarla. El enano la había asado en un buen punto, se notaba su experiencia en estas artes.

Mientras los cuatro aventureros comían, el misterioso líder obeso llamó al enano. ¿De qué tendrían que platicar? Los enanos suelen tener bastantes aptitudes para las expediciones, quizás ese era el tema que iban a tratar. Tras devorar unos cuantos trozos, suficientes como para satisfacer su estómago pero no demasiados para ingerir una cantidad superlativa, el enmascarado se tumbó, descansando la comida. Estaban solos él, la mujer y el humano, con los que apenas había mantenido contacto. No sería mala idear conversar con ellos, hacer un poco de migas y conocerlos mejor. ¿Le verían también como a un sádico asesino? Quién sabe, incluso puede que ellos fueran así, desde luego la acción engañosa de la mujer no había sido del todo ética. Si matas a alguien, mátalo con decisión, no con dudas. La muerte es algo demasiado permanente como para permitirte vacilar a la hora de ejecutarla.

¿Y vosotros, sabéis algo acerca de las colinas de? –se decidió a preguntar al fin, una vez que se volvió a sentar, mirando a sus compañeros, cuyas caras se iluminaban como consecuencia del brillante fuego.

Súbitamente, un leve aullido se dejó entreoír en la lejanía. Lobos. Normal, era un bosque y además haber informado a todos sus habitantes de la presencia de los aventureros con el fuego, también lo hacían con el olor de la carne, que no pasaba desapercibida por el sensible hocico de los lobos. Con un rápido movimiento, el torturador se levantó. Desenvainó su katana y comenzó a dar pasos en la misma dirección de dónde parecían provenir los aullidos. ¿Por qué aullaban los lobos? No lo sabía. Puede que ahora mismo estuvieran llamando a toda una manada, anunciándoles que había un sabroso plato para ellos, que incluso había carne humana. B permaneció quieto, con la katana en ristre y todos sus sentidos pendientes del menor indicio de anormalidad. Al minuto, un grisáceo lobo hambriento apareció en escena. Corría hacia B con ansiedad, como si del último trozo de carne se tratara, mientras dejaba ver sus afilados dientes, entre los que caían pegajosas babas. ¿Sabría el lobo que eso metálico que el enmascarado portaba en su mano derecha podía atravesarle de un solo movimiento? Probablemente no, pues seguía moviéndose en línea recta, teniendo al torturador como marcado objetivo. El humano se puso en posición para efectuar una limpia estocada y, cuando llegó el momento y el lobo estuvo a un metro de distancia, atacó con su acero propinándole un corte transversal al animal, que cayó muerto.

B limpió su katana, arrancando nuevamente una hoja grande del árbol más cercano para ello, y volvió al campamento, situado a unos metros. Menudo acontecimiento tan aquel, debía de haber tenido que anticipar esa posible consecuencia al fuego y el olor de la carne antes. De todas maneras, no había originado demasiados problemas. De hecho, hasta le había venido bien calentar un poco. En breve iría a dormir, pero antes, el enmascarado se dispuso a hacer unas cuantas flexiones. Debía mantener su forma física y acostarse después de algo de ejercicio era un premio incentivador. Cuando termino con éstas, se encargó de que el fuego no llamase a más lobos y se echó a dormir, apoyado en un árbol.

A la mañana siguiente, todos los aventureros volvieron a la carroza para que el largo viaje continuase. Cuanto antes partieran antes llegarían.

Deberíamos conocernos mejor –manifestó B, intentando animar un poco la cosa en el interior del tranquilo carromato –¿Cuál es vuestra especialidad en combate? La mía la combinación de mi rapidez y mi katana –señaló mientras practicaba una breve caricia al mango de ésta.

El viaje de ese día transcurrió con menos imprevistos y sorpresas, aunque eso también quiere decir que fue más aburrido. Por ese motivo B trató de hablar en varias ocasiones con sus compañeros. Los viajes callados no son divertidos. El verde del paisaje pasó a convertirse a largo plazo en el marrón de la tierra y las montañas. El enmascarado no tenía ni idea de dónde estaban, ni siquiera de si seguirían en Geanostrum. En caso de que no fuera así, sería la primera vez que el torturador salía del continente en toda su vida. Esperaba que, al menos, la suerte que le había acompañado hasta ahora no se disipara el entrar en un terreno tan distante.


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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Mar Oct 04, 2011 8:19 pm

Josef K descansaba tan plácidamente sobre el regazo de su criatura, que ni siquiera el estruendo de los aullidos y la incursión que llevó al enmascarado a matar a un lobo, lograron extraerlo de su ensueño, sino que los lobos se integraron a la historia que moldeaba su subconsciente, paseando en carreras vertiginosas por sobre la cubierta del barco esclavista, que se tambaleaba sobre aguas rojas como la sangre, en cuyas profundidades se veía a un hombre con cara de pez flotar muerto a la deriva, Josef le contemplaba recostado sobre el mástil, con extraña impavidez, incapaz de sentir otra cosa que no fuera la calidez de Abrahel y Aamon, que se abrazaban a su cuerpo. Cuando se despertó contempló de inmediato el humo que aún se despedía de la hoguera extinta, unas pocas brasas persistían en el corazón de la leña carbonizada, irradiando un confortable calor, y sobre el cielo las lunas se abrían paso entre las nubes, formando ese triangulo sublime en el que Kring destacaba imponente, brillando tanto que Josef podía distinguir los rostros de sus compañeros dormidos.

Se levantó con cuidado para no perturbar ningún sueño, y con pasos lentos se dirigió hasta la base de un árbol cercano, casi tropezando con el cadáver del lobo en el trayecto, entonces recordó su sueño y recordó los aullidos. Se preguntaba si sería ese el único lobo que se acercó al campamento, lo que sería bastante extraño, pues según relataba el explorador Klasius D en su manuscrito autobiográfico, los lobos que había observado en los bosques boreales de las montañas de Thargund siempre atacaban en manada, y, decía, era el trabajo en equipo lo que garantizaba su éxito. De repente Josef ya no se sentía tan tranquilo, pues además, según veía, se había cometido el error de permitir que la fogata se extinguiera, siendo el fuego una de las herramientas más útiles a la hora de espantar animales salvajes. Palpó la daga sobre su cinto, y entonces contempló como desde el suelo se desprendían unos levísimos destellos, esforzó su vista hasta distinguir que se trataba de pequeños trozos de hojas acarreados por una procesión interminable de hormigas diminutas y rojizas, que de vez en cuando reflejaban la luz de la luna blanca, tal organización, y la capacidad para cargar objetos mucho más grandes que su cuerpo, le maravillaron al instante en que las meaba. Una vez satisfecho, regresó en busca de conciliar el sueño, esta vez usando su mochila a manera de almohada.

La siguiente vez que despertó, el sol brillaba tenue a través de la bruma del amanecer, y ya el Doctor Ivo Robotnik se encontraba preparando el carromato para reanudar la marcha, Josef se reincorporó algo adolorido de la espalda para comprobar que no había rastro de Abrahel, aun atontado por la somnolencia, no supo precisar si se había alejado, como cuando el incidente del niño noble en Phonterek, o si se había desvanecido para retornar a su mundo de tinieblas. Se puso de pie para estirar sus músculos y así tratar de despertar del todo, y se dirigió en silencio para contemplar al magnífico caballo de tiro mientras le volvían a unir con su dolorosa carga, habría sido una lástima si semejante animal hubiese sido herido por los lobos la noche anterior. Rebuscó en su bolsa para encontrar el pellejo de vino, y bebió dos tragos mientras sentía el frio de la mañana en sus mejillas.

Abrahel emergió desde el bosque justo antes de que carromato iniciara su marcha, caminando a saltitos pueriles mientras una sonrisa picara adornaba su rostro, se sentó al lado de Josef y le entregó una magnífica manzana casi carmesí, sin decir palabra alguna. Había mucho de aquella demonio que para Josef aún era un misterio, en cambio, ella parecía conocerle a él con una profundidad perturbadora, Josef se preguntaba qué era lo que había estado haciendo, o que pasaba por su cabeza, cuando sentada a su lado, parecía divertirse buscando la mirada del enano.

El viaje resultó mucho menos tenso aquel día, la desconfianza mutua había menguado, y el clima parecía cada vez más amable conforme ascendían a terrenos más elevados. El silenció imperó de nuevo, pero cada vez se fue interrumpiendo con más frecuencia, comentarios superfluos sobre el clima, el paisaje o breves anécdotas surgían de vez en cuando, especialmente gracias al enmascarado, que parecía interesado en conocer a sus compañeros, o tal vez, en simplemente evitar el tedio que suponía permanecer durante tantas horas en un espacio cerrado. En algún momento B llegó a preguntar acerca de las habilidades en combate que tuviese cada uno.

-Supongo que ya no tiene sentido mentir… como habrán comprobado, soy un hechicero invocador, no lo había confesado por mera prevención, ciertamente aquellos que practicamos las artes ocultas tenemos una facilidad tremenda para hacernos de enemigos espontáneos. Por cierto B el enmascarado, si no me falla la memoria respecto a tu presentación; mi nombre es Josef K.-

Una eternidad de tedio pareció pasar, mientras Josef transitaba entre el manuscrito de demonología y un pequeño libro que contenía la poesía mediocre de Karl el Bardo Escritor, de prosa tan recargada que el hechicero estuvo a punto de arrojar su compra por la ventana del carromato, antes de recapacitar en su utilidad como combustible para iniciar fogatas. La noche empezaba a caer de nuevo y el camino se sentía cada vez más duro bajo las ruedas del vehículo, hasta que el resplandor progresivo de una posada irrumpió en la oscuridad con la promesa de un plato de comida caliente y un lecho placentero.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Oct 05, 2011 2:43 pm

Los sueños son inquietantes a veces, uno olvida que está en su lecho descansando para entrar a un mundo donde no hay más poder que la propia imaginación y los deseos mas ocultos, ¿acaso el soñar en el pasado no era una puerta para ver el futuro? … o tal vez el interpretar sueños seria lo más recomendable cuando se sueña tan profundamente … mas dentro del carromato, sobre una dura cama la cual le agradaba al inventor, este soñaba, soñaba con un lugar no muy distante, un lugar cubierto de cristales tan altos que se perdían en la oscuridad de las alturas, podía ver al enano y al joven, al asesino y a sí mismo con sus armas firmemente empuñadas … sudor corrían por sus frentes, mientras el sonido de cristal chocando se acercaba, algo los miraba entra la oscuridad… en ese instante algo se abalanzo contra ellos, solo vio una mole de cristal con sus ocho ojos y largos colmillos, nada más, después su cuerpo aplastado … en esos momentos despertó de su cama sobresaltado, jadeando y con su frente sudando … había sido una pesadilla tan solo eso … ya que si era una premonición del futuro … debería de estar preparado.

El alba aun no había despuntado, se podía sentir el aroma a humedad de la hierba en el ambiente, mientras el inventor se lavaba el rostro y arreglaba su exuberante mostacho pensaba en lo que había acontecido en sus sueños … debía de estar preparado ante cualquier eventualidad si es que no deseaba perder aquel tesoro que le esperaba, el sol comenzó a iluminar desde la lejanía, y con él se escucho el sonido de pasos fuera del carromato, bostezos y el tintineo metalito de las armas, abriendo la puerta vio como la mayoría estaban despiertos, el camino que debían de seguir ahora estaba trazado, sin demora el grupo comenzó el largo recorrido que les quedaba, del día solo cabe mencionar un poco de conversación al interior del carromato, los pájaros que se peleaban por algún cadáver ocacional en ese lugar y por ultimo cuando caia la noche el surgimiento como por arte de magia de luces en la lejanía, luces que parecían invitar a quien estuviera cerca a entrar y calentarse en su fuego, una posada, el caballo relincho cuando detuvo el pesad armatoste, un pequeño trozo de madera colgaba con el nombre de la osada “El cordero de cristal” curioso nombre, pero era como un anillo al dedo aquella situación, no solo para el inventor sino también para el resto del grupo, una noche y quizás cuantas más durmiendo en el suelo, entre las hojas y el polvo, un cambio seria propicio para todos, mientras el inventor entraba al carromato con una amplia sonrisa miro a todos.

-Bueno … creo que esta noche será algo diferente a la anterior, estamos frente a una taberna, así que esta noche diviértanse, disfruten y descansen … porque con lo que nos espera … esta puede ser la última vez que puedan descansar así *mientras salía del carromato portando en su santo una pistola* ha y una cosa más …. Sean tan amables de comprar provisiones, las necesitaremos *dejando en la puerta del carromato una bolsa bastante pesada de monedas* no escatimen gastos… y diviértanse jóvenes y maese-

El inventor entro a la posada, esperando a los demás, mas el interior de esta no era precisamente de algarabía, a diferencia de aquella en Phonterek aquí no imperaban los canticos o las risas, si no el silencio y el aroma a sudor y trabajo, la mayoría de los que había eran antropomorfos, minotauros, engendros, algunos orcos que devoraban la carne de un cordero, algunos humanos de dudosa reputación y varios enanos oscuros con sus barbas blancas por la espuma de cerveza, el inventor sonrió, parecía complacido con aquella visión, su regordete cuerpo paso entre varias mesas, a veces golpeando sin querer a alguno de los que bebían ahí, ganándose las miradas de desprecio y una más que otra de odio, entre ellas uno de los humanos se levanto indignado por que el estomago del inventor lo había hecho mancharse de cerveza, rápidamente desenvaino su espada corta y apunto hacia el inventor.

-¡¡Maldito gordo de mierda, me manche por tu culpa!! Págame la cerveza maldito o te corto en dos-

El inventor al aparecer traía la desgracia para sí mismo, el inventor en respuesta le sonrió al humano, mientras se escuchaba un clic y el hombre sentía el metal contra su pecho, aunque su cuerpo era extraño si tenía una virtud, sus brazos eran largos al igual que sus dedos, contra el pecho del hombre estaba el cañón de la pistola firmemente incrustado entre sus costillas, listo para atravesar con su bala el corazón de quien lo importunaba.

-Lo siento… pero en estos momentos no poseo dinero y sinceramente, no pagaría por una cerveza derramada *mirándolo fríamente siempre sonriendo, aunque esta vez su sonrisa parecía mas sádica que otra cosa* le pido joven… que amablemente se retire, no desearía tener problemas y menos en esta noche… además creo que tampoco sería recomendable con mis compañeros de viaje *mirando a los jóvenes y maese enano*-

Una gota de sudor recorrió la sien de aquel hombre mientras envainaba su arma, cuando hubo eso hecho el inventor retiro el arma de su pecho guardándola en su cinto nuevamente, al parecer todo había vuelto a la tranquilidad, aunque eso estaría por verse, varios miraban con desprecio a aquel hombre con mostacho, mas cuando se sentó a la barra y el tabernero lo atendió todos volvieron a sus asuntos, por ahora… durante unos instantes el inventor y tabernero conversaron, el establo estaría abierto para que su caballo descansara mientras que el carromato estaría al lado de la posada, unas monedas relucientes fueron el pago, mientras le servía un jarro de cerveza oscura y amarga, el inventor bebió un par de sorbos, mirando a sus compañeros.

-Jóvenes, maese… hay tres habitaciones preparadas por si desean descansar esta noche, nos marcharemos al despuntar el alba, sean precavidos, en este lugar no hay mucha amabilidad que se pueda apreciar… -

Off

Spoiler:
Bueno en este turno habrá algo de acción, ya que el alba demorara dos turnos xD, veamos … para empezar la taberna cuenta con dos pisos, las habitaciones estarán en el nivel superior, el orden de las habitaciones es esta, la más cercana a las escaleras será de Josef, la del centro de Zargum y la del final de B, las puertas no tienen cerrojo, así que tengan cuidado con ello, el inventor dormirá en el carromato como siempre así que en el próximo turno tendrá poca acción.

Ahora lo interesante, Josef puedes relatar lo que desees de la habitación cuando estés durmiendo una bella mujer entrara a tu habitación y comenzara a seducirte, podrás o no rechazar sus “grandes” encantos, más cuidado es una trampa, si te entretienes demasiado dos asesinos surgirán desde las sombras para asesinarte, puedes eliminar a uno de ellos como gustes, pero cuidado con los dos restantes, si atacas a cualquiera de estos deja la acción abierta por favor.

Zargum, puedes relatar tu habitación si deseas, pero a diferencia de Josef no habrá mujer, si no dos orcos listos para matarte, extrañamente estos son silenciosos más de lo normal y solo despertaras por que huelen a carne asada con picante, un aroma que recuerdas muy bien desde Phonterek, tienes permiso para matar a uno de los orcos como gustes, al otro puedes dejarlo herido pero deja la acción abierta.

B, mi estimado asesino sanguinario y psicópata xD, para ti deje algo especial, es noche de luna llena por lo tanto los lobos salen de los bosques pero cuidado, tu acción de matar a la hembra de la manada a traído consecuencias, a tu habitación entrara un licano, extremadamente silencioso, tanto que te costara oírlo y solo lo notaras por el crujir de las tablas, el licano tendrá su forma hibrida así que cuidado, porta una armadura de cuero tachonada parcial en su pecho y muslos, puedes hacer dos ataques, no mortales claro, y dejar la acción abierta en un tercer golpe.

Cualquier duda un MP, espero que este turno acepten un poco de acción de este humilde máster, por cierto, los combates no solo tienen que ser en sus habitaciones, si gustan pueden ir a las habitaciones de los demás, en el pasillo o escaleras, si lo hacen no encontraran a nadie ni tabernero ni huéspedes, como siempre tres días, estamos a miércoles así que el sábado habrá mastereo xD, disfruten de sus acompañantes.



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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Miér Oct 05, 2011 8:55 pm

El día anterior había sido productivo para el honorable enano. No solo había degustado una carne tan deliciosa proveniente de la ciudad norteña de Phonterek, si no que había presenciado la majestuosidad de su arquitectura labrada por manos enanas y humanas. Además, había probado un delicioso ale de fuerte aroma e irresistible sabor del cual ya solo le quedaba un barril lleno para su desgracia. Y ya entrada la noche, había descubierto que su expedición a las Colinas de Cristal no solo era una promesa de aventura y descubrimiento del pasado, si no que cabía la posibilidad de encontrar una próspera ciudad enana enterrada en los anales de la historia de su gente. Sería un descubrimiento que enaltecería al clan Martillo de Hierro y llenaría de orgullo a su fallecido padre.

La mañana era joven y el ímpetu del enano se mostró cuando los primeros rayos de sol tocaron la arreglada barba cobriza del guerrero - ¡Levantaos humanos! - Gritó Zargum al ver que sus dos compañeros de viaje aún descansaban plácidos en el suelo, ignorantes del descubrimiento que les aguardaba - Solo un par de días nos separan del honor y la gloria - El enano hablaba por sí mismo, pues era obvio que los demás no asistían a esta expedición por honor ni gloria, si no por algo más superficial y tangible como las riquezas o los tesoros de la antigüedad.

Una vez retomado el camino, al interior del carromato se respiraba un cierto aire de tensión y silencio, aunque menor al del día anterior. Si bien, el mozo Josef era un ser inofensivo según los estándares del enano, el humano e la máscara no dejaba de preocuparle. Había tenido la oportunidad de hablar breve mente con él la noche anterior pero eso solo había limado algunas asperezas. A pesar de que a simple vista parecería ser una persona discreta, no fue sino él mismo quien incitaba a los demás a hablar durante aquel viaje. Tras escuchar la afirmación del mozo que se decía un mago Zargum no pudo si no contestar con una típica broma inocente mientras abría a su último barril de ale del viejo sauce que tanto había llegado a adorar - ¿Conque invocador eh.. ¿Y no podrías invocar un poco más de esta bebida en vez de gastar tus talentos en invocar seres del infierno como tu acompañante? - Miró repentinamente a la mujer alada quien no dejaba de acosarlo con la mirada - ¡Bueno que tengo en la cara mujer pájaro! Deja de verme así o si no yo... - En su molestia el enano dejó caer su preciado barril el cual rodó hacia el exterior del carro y se impactó de lleno con una roca filosa incrustada en el camino la cual rompió el recipiente de madera y derramo el amado líquido por doquier. El silencio procedente fue sepulcral. Algunas risas se alcanzaron a escuchar provenientes del hombre enmascarado pero fueron opacadas por la sonora burla de la acompañante de Josef el cual trató de tranquilizarla preocupado por encender la ira del enano innecesariamente. Los presentes quedaron a la expectativa del enano quien yacía hincado al borde del carro mirando hacia el exterior. Una mirada de melancolía y reflexión sostenía el enano mientras desviaba su vista hacia el cielo despejado de aquel desgraciado día en el que vio partir a un amigo invaluable. Zargum recordó la pregunta del enmascarado y retomó la conversación pasado un minuto de silencio absoluto - Soy Zargum Ironhammer del clan Martillo de Hierro, y por ahora solo soy un pobre enano sobrio apartado de su único placer - El enano se mantuvo en esa posición sin prestar mayor atención a sus acompañantes. Mirando hacia la nada. Perdido en sus pensamientos y en la melancolía de saber que pasaría mucho tiempo antes de volver a degustar una buena cerveza.

La noche llegó sin mayores complicaciones. Un viaje tranquilo pero desafortunado para el enano quien aún trataba de escapar al recuerdo de su amado ale. Pensaba que todo estaba perdido, pero el olor a comida en el ambiente y el anuncio de su líder llenaron de esperanza el marchito corazón del enano - ¡Taberna! - Gritó emocionado sacando un susto a los humanos quienes habían tenido que viajar sin escuchar ninguna palabra del guerrero. El doctor Ivo dejó un costal de monedas a disposición del grupo mientras anunciaba que pasarían la noche en este lugar. Zargum no dudo ni un segundo en tomar buena parte de aquel dinero dejando a un lado sus buenos modales y abandonó el carro como si de un niño queriendo entrar a un parque de diversiones se tratara - Doc, si fueras mas bello y yo estuviese más ebrio te besaría - El ánimo recién adquirido por Zargum y sus palabras sacaron más de una risa mientras éste se adentraba a la taberna en busca de una buena cantidad de cerveza para desquitar todo lo que no había podido beber aquel día. Pero grande fue su impresión al ver que el lugar estaba atiborrado de engendros y detestables orcos. El gesto el enano cambió bruscamente al de un duro y frustrado rostro el cual denotaba odio y fastidio. Odiaba a los orcos. Odiaba a los antropomorfos. Odiaba a los enanos oscuros, o Duergar como les llamaba su gente. Pero más odiaba a los orcos, los antropomorfos y los duergar juntos y en grandes cantidades. Cogió por las ropas al doctor mientras le devolvía el dinero que había tomado y le dirigía unas palabras con una voz muy tosca y molesta - Grrrr... hombre nos viniste a meter a un hoyo de engendros - Sus palabras fueron claramente escuchadas por un grupo de orcos que bebían cercanos a la puerta, los cuales desviaron sus miradas hacia el recién llegado grupo para escuchar con mayor atención - Hazme un favor, consígueme una habitación y pídeme unos barriles de su mejor cerveza y unos cinco kilos de carne ahumada empaquetada. Esperaré en las escaleras de las habitaciones a saber cual será mi cuarto y esperaré allá el pedido - Miró a su alrededor solo para encontrarse con la mirada curiosa de los orcos que había ofendido al entrar - Si me quedo aquí terminaré aplastando los asquerosos cráneos de todas estas pestes inmundas - Las palabras fueron claramente escuchadas por los orcos, quienes en un arrebato inicial se levantaron de la mesa para acallar las palabras del enano, pero repentinamente optaron por bajar su ímpetu y dejar pasar al enano al cual le dirigieron unas palabras - Que duermas bien enano... - Zargum trató de hacer caso omiso a las palabras. Deseaba aplastar sus cabezas con su enorme martillo, pero no quería causar problemas innecesarios para sus compañeros además de tener dos cosas más importantes en mente. La exploración de aquellas ruinas ancestrales y la obtención de nueva cerveza la cual no conseguiría de iniciar una trifulca.

El piso superior contaba con seis habitaciones, una frente a la otra. La habitación de Zargum era la del centro, siendo sus vecinos el joven mozo y el enmascarado. Las puertas no tenían cerrojo pero eso no importó al enano, el cual estaba inmerso una buena jarra de cerveza la cual había llevado hasta su habitación un mesero del local. Le había informado que sabía del viaje que reanudarían a la mañana siguiente y le dijo que la carne y los barriles de cerveza estarían listos para esa hora. Se trataba de una cerveza oscura conocida como Cerveza del Lobo, una marca conocida por todo el reino y de buena calidad. Aunque no superaba el fuerte ale que había tenido la desgracia de perder temprano ese día.

Zargum había bebido más de diez jarras de aquella cerveza. El mesero que le atendía hasta su recamara parecía algo fastidiado de tener que subir y bajar constantemente pero las propinas del maese eran lo suficientemente atractivas como para despreciarlo. La noche ya se había adentrado, y Zargum seguía bebiendo y ahora fumaba algo de tabaco que había pedido a su mozo personal. Era un tabaco común pero reconfortante, por lo que había añadido a su petición madrugadora dos paquetes del mismo tabaco que ahora fumaba con gran placer. El doctor había dicho que no se escatimaran en gastos por lo que supuso que un buen tabaco sería apreciado por todos en el grupo, a pesar de ser un lujo algo costoso.

Esperaba su onceaba jarra de cerveza del lobo mientras miraba por la ventana hacia el exterior. Los sonidos de la taberna claramente se habían ausentado y ahora reinaba el silencio en los pasillos de aquel local en medio del camino. Pero el rechinar de la madera floja a las afueras de su habitación le hicieron al enano dirigir su mirada a la puerta - Ah, por fin haz vuelto muchacho... ya comenzaba a perder el ritmo - Zargum suponía que el mozo vendría con su jarra de cerveza pero el fuerte impacto de la puerta en su cara le hizo descartar aquella posibilidad. Un par de orcos armados habían entrado a la habitación en busca de sangre enana. Eran los mismos orcos que había ofendido temprano esa noche y ahora buscaban acallar las palabras del ofensivo enano. Esperaban tomarlo desprevenido mientras dormía, pero al escucharle hablar supieron que un ataque frontal sería su único medio de ofensa. El enano cayó sentado al suelo tras quebrar la frágil puerta de madera con su dura cara y vio claramente los orcos en busca de su cabeza. Uno de ellos corrió adelantándose a su compañero con la intención de rematar al enano, pero poco preparado estaba ante las capacidades de combate del enano del clan Martillo de Hierro quien en un ágil movimiento giró sobre el suelo dejando que su enemigo incrustara su hacha en el suelo de madera y recetó una patada justo en la nariz del pobre orco. Tal patada hubiese roto una roca con facilidad, pero en vez de eso se topó con el tabique de la nariz del pobre humanoide, el cual cayó al suelo inconsciente y con la cara deformada. Rápidamente Zargum se levantó del suelo y cogió su martillo. No levaba la armadura ni su escudo. Los había dejado al lado de su cama, pero viendo al segundo de sus enemigos supo que no le harían falta - ¡Venga pues! ¿Querían probar la sangre de este enano no? Te informo que a ti solo no te será tan fácil pero ¿a que esperas? ... muéstrame de que es capaz tu asquerosa raza mal oliente - Las palabras de Zargum enfurecieron al segundo de los orcos, quien sin meditarlo demasiado corrió a enfrentarse al enano del martillo.

Spoiler:

Disculpa por cambiar un poco la forma en que iniciaría mi combate con esos orcos.. es solo que sentí más apropiado, hablando de orcos y enanos, lo que propuse en mi post.


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