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Los cimientos del Imperio

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Oct 18, 2011 12:06 am

El doctor estaba complacido, altamente complacido, y no era para menos, por fin la entrada a las minas estaba despejada y su objetivo estaba aun más cerca de sus manos, el descenso fue lento y claro como no serlo si aquellos cristales parecían colmillos esperando cerrarse, gracias a la oportuna maniobra del maese enano, con su martillo, ayudo a que no hubiera tantas complicaciones en aquel lugar, claro si dejamos de lado que casi todo el grupo debía de estar agachado para no golpearse la cabeza, durante varios minutos la única luz que había era la del poderoso martillo junto con las chispas cuando los cristales eran reducido a poco más que astillas en el suelo, la mampostería enana era asombrosa, aun cuando la entrada no habían sido más que rocas y cristales, a medida que la oscuridad devoraba todo los destellos de luz que el martillo emitía dejaban ver las paredes lisas, las lozas de piedra e incluso algunas inscripciones que habían logrado sobrevivir durante tanto tiempo enterradas en la profunda roca, realmente la arquitectura enana era como ellos, resistente y solida … pero … hasta que punto lograría serlo … estar estático en el tiempo no era un problema, pero ahora habían cuatro extraños recorriendo las galerías que en silencio habían estado durante decenas de siglos, ¿acaso la roca podría seguir inmóvil mucho tiempo?

De todos el menos cargado había sido el enano, ya que aparte de su martillo, un barril de cerveza , carne y casi nada mas, pero veríamos si eran necesario más cosas que ello, tanto el enmascarado como el joven iban pendientes, y no era para menos, estaban ahora bajo cientos o quizás miles de toneladas de roca, roca que podía ceder bajo un movimiento errado y dejarlos sepultados hasta que sus huesos fueran desenterrados por alguien, el inventor sonreía simplemente, ya que sabía que con cada paso estaba más cerca de aquello, por fin el túnel comenzó a ensancharse, hasta que todos pudieron ponerse en pie, estirándose, claro maese enano simplemente siguió como siempre, el inventor se estiro hacia atrás y sus huesos crujieron con un suspiro de alivio y una amplia sonrisa, avanzo unos pocos metros para girarse hacia los aventureros.

-Bueno…. Bueno… como son las cosas, caballeros ahora comienza la verdadera aventura, no sabemos lo que se oculta en las profundidades de este lugar, tampoco lo que puede habitar durante tanto tiempo aquí, pero si hay una cosa segura… es que si superamos todo lo que se nos presente, obtendrán su recompensa y algo aun más importante… ver algo que durante decenios jamás han vuelto a ver ojos vivos… -

El avance era lento, principalmente por la oscuridad, pero pronto apareció algo curioso, el aroma a combustible, el inventor se alejo algo del grupo encontrando lo que parecía una antorcha, sin dudarlo saco un cristal de su mochila y haciendo un par de fricciones contra el metal de la antorcha saco chispas, estas encendieron como si hubiera estado empapado en aceite, aquel hallazgo era interesante, ahora tenían algo más de luz y principalmente algo que podía durar tanto tiempo como combustible, pero algo mas sucedió, aquella luz dejo ver las paredes mas claramente, no solo estaban cubiertas por runas enanas, o por relieves … también estaban marcadas con garras, el inventor ilumino algo encendiendo otra entorcha, fue ahí cuando vio las carcas en techos y paredes, la sonrisa se volvió a un rostro serio, dirigiéndose hacia el grupo.

-Y así Dun Bara Dum… cayó bajo las garras, olvidado por su raza y maldito por el mundo... ahora… esperemos que ninguno de esos horrores que vivieron los que crearon estos túneles aun exista en estos lugares-

El avance fue lento, especialmente por la oscuridad y el enrarecimiento del aire, a medida que mas y mas cámaras aparecían, los cristales comenzaban a ser menos comunes, pronto llegaron hasta una bifurcación, hacia un lado había un pasaje angosto, hacia otro un túnel labrado en la propia roca y por último el camino seguía hacia adelante … de cualquier manera el maese enano seria el guía, las runas serian la lengua que les indicarían a donde ir, aun así el inventor dejo su mochila en el suelo y sacando de esta el mapa lo coloco en el centro para poderlo ver mejor.

-Veamos… según esto… *apuntando hacia la derecha* en esa dirección existe un gran salón, al parecer seria el salón de recibimiento o de banquete… hacia allá *indicando el camino labrado en la roca* estaría la armería… si es que el túnel no ha colapsado… y si seguimos recto, nos encontraremos con un lugar donde convergen mas caminos, maese enano *mirando a Zargum* ¿que nos aconsejaría? … -

Cual camino se seguiría, las armas parecían una buena tentación, incluso el inventor estaba algo tentado a ir por ese lugar, pero un pasaje tan estrecho podría ser peligroso si se encontraban con algo, la sala de banquete podría ser una mejor opción, además según el mapa también había un camino más hacia la cámara central, y por último era seguir derecho… deberían de recorrer algunos laberintos pero llegarían…. Si es que no encontraban algo “mas”.

OFF
Spoiler:
Bueno un turno mas y aquí van las indicaciones, pueden tomar las antorchas que cada 10-15 metros hay en las paredes, las antorchas no son pesadas, así que pueden ser llevadas con una mano, si iluminan las paredes verán los surcos de garras y armas, como si hubiera habido una lucha en ese lugar, pero no quedan restos ni nada, en este turno no habrá mucho que hacer mas que describir o hacer cosas, Zargum dará el nuevo pie quedara a su disposición hacia dónde ir, aunque lamentablemente dependiendo de la acción habrá o no lucha, será una menor así que prepárense, como les di DEMACIADO tiempo esta vez, las criaturas les dejaran más de una marca, así que prepárense para tener el bono de trascendencia menor hasta este mundo (lo más probable es que se vuelva mayor mas adelante) el próximo mastereo será el viernes 21 no me fallen o perderán un ojo o una mano ^^




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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Mar Oct 18, 2011 5:45 pm

El angosto pasaje cubierto de cristales y cuarzos naturales se extendió por más de cien metros desde la entrada. El enano, haciendo uso de su gran martillo, se dispuso a destrozar los cristales más largos o afilados para evitar que sus compañeros de excursión sufrieran heridas por los mismos. A pesar de todo ya estaban batallando demasiado tratando de mantenerse encorvados. Las cuevas de los enanos no son para los hombres de la superficie, pensaba Zargum al ver el suplicio de sus compañeros pero no podía hacer más que tratar de facilitarles las cosas - Paciencia hombres - Decía mientras los pedazos destrozados de cristal sucumbían ante la potencia de Khazûn Tronnel - Les aseguro que no hace falta mucho para terminar este pasadizo tan angosto.

Las palabras del guía resultaron ser verdaderas, pues al cabo de poco más de cien metros lograron divisar como la cueva iba aumentando de tamaño y los cristales iban quedando atrás. El enano no se había equivocado. Aquellos muros labrados en la roca de la montaña superaban los cuatro metros de altura, dando un espacio más que agradable para sus largos compañeros - Estiren las piernas muchachos, pues hemos entrado a los túneles de Dun Bara Dum. Pero traten de no tocar nada, pues bien sé que mis hermanos eran expertos en colocar trampas para los ladrones y los goblins de la región - La impresionante construcción había dejado boquiabierto al enano. Si bien había visto trabajos en condiciones mejores, el simple hecho de ver algo que por siglos había estado perdido en la oscuridad ya era algo de alabanza. Examinó las paredes, en busca de alguna bienvenida o algún dato histórico de relevancia, encontrando un gran portón de madera podrido el cual estaba atrapado entre los cristales del túnel posterior. Era como si la gran puerta hubiese sucumbido ante la formación de aquellos resistentes cristales y hubiese quedado atrapada entre ellos. Zargum logró ver algo inscrito en la placa de hierro sobre la madera de la puerta, pero era prácticamente imposible leerlo por el estado del mismo metal el cual había sucumbido ante los embistes de los afilados cristales. Sería una frase de bienvenida o una advertencia. No lo podría saber. De pronto una luz poco más intensa que la del martillo iluminó el lugar. El doctor había localizado las antorchas y ahora miraba con detenimiento las runas enanas de las paredes, examinando con mayor interés las marcas de afiladas garras en la misma. Zargum no pudo evitar sentirse ofendido por ver como una criatura vil había osado arruinar el trabajo de sus hermanos - No guardes tantas esperanzas mi estimado doctor - Dijo el enano mostrando un gesto duro curtido. Al parecer sabía más sobre las criaturas que habían dejado semejantes marcas en las paredes de roca sólida - Los enanos siempre han tenido guerras en el interior de sus propias casas y minas, pues es en las profundidades donde habitan las bestias inmundas de la oscuridad. Goblins, orcos, trolls, ogros, drow, duergars y demás seres viles y despiadados - Acercándose a las marcas de las garras para examinarlas con mayor detalle, continuó - No podría decir si los causantes de estas marcas acabaron con mis hermanos, pero si puedo decirles que muchas de estas marcas son más viejas que otras. Esto es por las propias guerras territoriales que habrían tenido lugar aquí hace cientos de años - Zargum siguió avanzando, leyendo las runas una a una para tratar de comprender más sobre la historia de la ciudad y los acontecimientos que más relevancia habían tenido lugar, pero solo encontró información histórica y tácticas de guerra enana. Impresionante sin duda, pero no serviría para aclarar las dudas y las sospechas del grupo - Estas runas son más relatos históricos sin relevancia para nuestra búsqueda. Mencionan mucho una gran gema al interior de Dun Bara Dum y como las demás razas enanas sentían desprecio por los habitantes de esta ciudad, aunque no logro encontrar más detalles sobre eso. También hay algunos grabados que indican las tácticas que usaban mis hermanos para contrarrestar las hordas orcas de las profundidades - Señaló con su martillo un grabado de un grupo de siete enanos alineados hombro a hombro con grandes y pesados escudos y un grupo de goblins y orcos cayendo aplastados ante el choque de tales murallas - Son los enanos defensores de los cuales yo heredé las técnicas de pelea. Una táctica de ataque y defensa simultánea sin debilidades y sin misericordia. Matar a tus enemigos y proteger a tus seres queridos, esa es la idea - Zargum se quitó el casco en signo de respeto, para después proseguir con su charla - No encontraremos runas más relevantes en estos pasillos. Deberemos localizar la cámara principal o los cuarteles para poder descubrir información más detallada sobre este lugar y lo que aquí aconteció - No habían dejado de avanzar lentamente desde la entrada mientras los humanos encendían las antorchas del corredor y el enano iba buscando información relevante, aunque sin suerte. Pronto llegaron a una bifurcación. El doctor sostenía su antiguo mapa e indicaba los posibles caminos que se podrían explorar, a lo cual Zargum dió su opinión - Más de estas bifurcaciones veremos, pero la arquitectura enana siempre cumple con una simetría tal que todos sus caminos pueden ser recorridos tomando una sola ruta a la vez. No encontraremos callejones sin salida, pues en estos corredores todo fluye como agua en río - Zargum examinó las tres posibilidades y echó una mirada al mapa del inventor antes de dar su opinión - Ir hacia la sala de banquetes nos desviaría demasiado de nuestro objetivo. Esta cueva tiene demasiados años sin ser habitada y en esos corredores hay acceso a niveles inferiores. Posiblemente bodegas de granos y carne. Pero serían una madriguera excelente para las criaturas que ya mencioné, y no necesitamos llamar la atención - Miró hacia la opción de la izquierda. Un corredor en muy malas condiciones el cual había perdido gran parte de su estructura con el derrumbamiento de la tierra. Aunque aún parecía poder ser recorrida con extremo cuidado - La armería podría ser interesante, pero no me parece que este túnel resista el paso de cuatro personas. Podría ser muy arriesgado - Avanzando hacia el frente, Zargum dio su última opinión - Me parece que será más seguro continuar este camino hasta la siguiente bifurcación. Si tu mapa esta en lo correcto, uno de esos caminos nos llevaría directo a la armería y otro a la sala principal. Además, este túnel se encuentra en muy buenas condiciones. No podemos hacer confianza de las estructuras debilitadas con el tiempo. A pesar de que manos enanas construyeron estos corredores sabrán los dioses cuantas penurias se vivieron aquí y cuan debilitada esté la roca - Seguir de frente era la opinión del experto. dependería del grupo tomar la decisión que más viable les pareciera. De igual forma Zargum estaba a favor de cualquiera de las tres opciones, aunque tenía una preferida.



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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Miér Oct 19, 2011 11:37 pm

Haciendo una demostración de su talento como guía, Zargum acabó con la opresiva oscuridad gracias a una fuente lumínica que provino de su martillo. En adición, se valió de su arma para acabar con los cristales más tramposos tan pronto como su martillo pasaba por los costados. Gracias a su actuación, el recorrido de la entrada de la mina resultó más fácil para los demás. Sin embargo, eso no quitó que la senda siguiera siendo incómodamente estrecha. Al enmascarado le recordaba a sus días en la cárcel, llenos de roca, oscuridad y riesgo para claustrofóbicos. Por suerte su estancia como preso fue salvada por la liberación que le fue “otorgada” gracias a unos amigos. Esperaba que esta vez no tuvieran que rescatare de nuevo, pues la mina no tenía pinta de admitir a los perdedores. Hace ya cuatro largos años que su preciado fuego se esfumó de su ser y desde entonces su seguridad y confianza en sí mismo no han vuelto a ser las mismas; pero en su psique seguía sin haber cabida para la derrota ni la debilidad.

Cando pasaron unos minutos, un ensanchamiento del pasillo dio por terminado el incómodo trayecto. Antes estaba molesto, pero al menos la posibilidad de que una criatura apareciese de sopetón entre la oscuridad era reducida con tan poco hueco. Ahora, la probabilidad de que esto ocurriera aumentaba a medida que lo hacia el espacio de la nueva sala. Tras estirar y reordenar sus músculos, el enmascarado contempló como Ivo Robotnik descubría la nueva de que había antorchas. Con una personal acción, como ya iba acostumbrando a los viajeros, el inventor prendió su antorcha, propinado una nueva y fructífera luz. Siguiendo ejemplo, B cogió de la pared otra antorcha que había a unos metros y la prendió utilizando la del doctor.

Fuego. Aquella nostálgica sensación inundaba otra vez al torturador. Era consciente de que de ninguna manera podía manejarlo, pero el simple hecho de portar el cálido elemento a menos de un metro suya le otorgaba fe y convicción. Lo bonito del fuego es que su contextura se va desordenado continuamente, sin un orden que seguir más que el caos puro. Se puede describir el agua o la tierra, pero no el fuego, que además tiene la paradójica cualidad de ser tan capaz de crear como de destruir, dejando absolutamente siempre un rastro de cenizas tras de sí que fácilmente se ajetrea con el viento y se pierde en el mundo, volviéndose invisible para siempre. El enmascarado, además, era capaz de ver innumerables cosas a través de él. Momentos bellos como amor, amigos, lazos y otro tipo de momento hermosos pero con una belleza diferente, tales como pieles, cabezas, ojos y bocas que siempre han debido de estar cerrados, órganos, seres vivos y almas negras que arden y utilizan como banda sonora desencajados gritos desesperados.

Como una luciérnaga en el bosque nocturno, el aro de luz que las antorchas emitían les permitió ver rastros de guerra y muerte en las paredes. Agitadas marcas que anunciaban el inicio de un mal presagio; y es que cada vez que se adentraban más en la mina, crecía la incertidumbre. El enano les tranquilizó un poco cuando explicó que aquello no era tan dispar en un lugar como aquel, testimonio de constantes batallas. Estaban pues, y en realidad, en un cementerio. Numerosas muertes se habían producido en la estancia, incluso tantas que no sería de extrañar la presencia de antiguos espíritus que vagabundearan por las minas sin destino propio.

El enano inspeccionaba los registros que permanecían inmutables. Por desgracia no obtuvieron información interesante. No cabía duda de su capacidad como guía, había quedado sentenciada. Ahora quedaba ver si su habilidad con el martillo era igual a la de la sinhueso. Seguro que sí. B también deseaba ver a su otro compañero, Josef, y sus poderes invocadores en plena potencia. Todos habían hecho frente a las adversidades que se les opusieron la pasada noche, así que debían ser guerreros capaces de afrontar una mala situación. Inclusive, y nunca se puede rechazar esta opción, cabía la posibilidad de que tuvieran que hacer frente a una muerte. Por eso el enano no debía de caer de ninguna manera, le necesitaban, tanto para llegar a las reliquias, como para cogerlas y salir de ahí.

Al poco tiempo de una tranquila caminata, el camino único desapareció y presenció tres alternativas. Debían de escoger entre una de esas bifurcaciones. Según las palabras de sus compañeros, una conducía a la armería, otra a un gran salón, y la otra desembocaba en más caminos. Alegando al pobre estado de la mina, Zagrum señaló la tercera opción como más segura. –En ese caso, continuemos –contestó B, que deseaba ver que sorpresas la depararían los tesoros de la mina y para ello no le cabía duda de que había que seguir al enano.

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Lun Oct 24, 2011 8:44 pm

Ya desde el primer momento en que le conoció, y aún durante la mayor parte del viaje, Josef K había contemplado a Zargum Ironhammer con los ojos de la displicencia, no viendo más que a un individuo básico, cuyo limitado intelecto no le hacía merecedor de mayor respeto que el que le inspiraba el caballo portentoso que tiraba del carromato. Sin embargo ahora, a cada paso dificultoso que daba a través de la estrechez de aquel túnel, en el hechicero se asentaba la certeza de que su supervivencia dependía cada vez más de la experiencia y sapiencia del enano, que avanzaba a la cabeza, iluminando y despejando el camino.

El camino, como se dijo, no era cómodo. Siendo Josef el individuo más alto del grupo, tuvo que sufrir en silencio el dolor punzante pero efímero, cuando en un par de ocasiones su cabeza se encontró contra el bajo techo de roca. Pese a la diligencia de Zargum a la hora despejar el camino del filo amenazante de los cristales, uno delgado y traicionero le sobrevivió para romper la seda y la piel de K a la altura de su brazo izquierdo, aunque el hechicero no pensó tanto en el dolor como en la apariencia de pordiosero que debía tener al sumarse a sus ropajes una nueva mancha y un nuevo rasguño.

La inseguridad empezó a prenderle conforme sentía que el aire que inhalaba era cada vez más insuficiente, su cuerpo destilaba sudor frío que pegaba sus cabellos a su frente y su camisón a su pecho. La falta de aire y espacio empezaba a oprimirle, y pronto la perspectiva fascinante de dar con los vestigios pretéritos de una antigua civilización fue sustituida por completo por la amenaza espeluznante de la oscuridad que les envolvía, cerniéndose densa y turbadora más allá de los destellos del martillo del enano.

Cuando más le parecía que el techo empezaba a hacerse más bajo y que cada vez más amenazaba con venirse abajo y sepultarlo, el sendero de pronto se ensanchó y el techo se extendió tan alto que casi dio en perderse entre la penumbra. La posibilidad de estirarse cuan largo era calmó un poco la tensión y la impaciencia nerviosa que atravesaba Josef desde que se sintió encerrado, más aún le distrajeron de su nerviosismo las runas grabadas sobre los muros que empezaron a hacerse visibles en toda su estética y monumentalidad una vez que el Doctor Ivo Robotnik encendió el fuego en una antorcha que había encontrado. Situación que a Josef se le antojó por demás extraña, ¿Cuánto tiempo podía permanecer impregnado el combustible?

Comprendiendo la utilidad del fuego para alejar a las ratas y alimañas, Josef guardó la vara de ébano, cuyo brillo tenue se extinguió de inmediato, y siguió el ejemplo del inventor y el asesino, tomando por su cuenta otra de las antorchas, y valiéndose del fuego de sus 2 compañeros para encenderla. Aunque casi se arrepintió poco después, al notar que las llamas danzantes le arrebataban el oxigeno a sus pulmones y exasperaban su bochorno.

Sin embargo, dada la tranquilidad pasmosa de sus compañeros de viaje, el hechicero comprendió que debía haber una importante carga de irracionalidad en los nervios que sentía, y por tanto se obligó a ser valiente y demostrar sosiego. Con pasos más seguros, se acercó hasta donde el Doctor Ivo había extendido el mapa del complejo subterráneo y aunque guardó silencio y prefirió que la decisión corriera enteramente a cargo del enano, se propuso imprimir una imagen mental de los pasillos y salones, tal vez le vendría bien recordarlos en caso de tener que escapar.

-Continuemos entonces hasta la siguiente bifurcación-
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Lun Oct 24, 2011 10:11 pm

La roca … bendita roca que sin importar cuánto tiempo permanecía inalterable en esos oscuros laberintos enanos, oscura presencia que las sombras ocultaban y también alimentaban, el grupo estaba decidido, seguirían derecho, quizás el camino más seguro y rápido ... o tal vez era simplemente lanzarse a la boca de un lobo hambriento durante milenios, las antorchas danzaban ante aquella extraña calma, creando sombras lúgubres y terroríficas contra los muros silenciosos, de vez en cuando la llama cambiaba de un dorado a un rojizo, el combustible enano había soportado mas de mil años de encierro, pero quizás cuanto tiempo duraría, extrañamente, aun con aquellas palabras de Zargum, no había rastro de cadáveres, no habían huesos ni armas roídas por el tiempo, ni siquiera habían restos de ratas o algún otro animal … era como si con el tiempo se hubieran evaporado dejando únicamente las rocas y sus runas, con lentitud el grupo avanzaba , siempre liderados por el enano, no era de esperar de otra forma, quien mejor para explorar los oscuros pasadizos de aquella enorme tumba que uno de los descendientes e aquella raza que los creo, paso a paso los muros resonaban, mientras había que vigilar … trampas milenarias, trampas para aquellos incautos que deseaban saquear una tierra oscura y durmiente …

EL inventor solamente sonreía, mientras el grupo aprecia estar vigilantes, quien sabe que horrores habrían en lo profundo de la tierra, mas el avance se detuvo en un largo pasillo, no se veía bifurcación, ni tampoco signo de algo diferente … o bueno tal vez si … el piso estaba decorado con lozas irregulares, cada una con una runa tan vieja que era casi imposible de leer, el enano se agacho viéndolas con más detenimiento, no era difícil creer que era una trampa, con cuidado trato de ver si había algún mecanismo, pero las lacas parecían adheridas a la tierra, mas con aquella astucia dio un leve golpe con su martillo a la loza, como si se hubiera accionado un gatillo un hacha surgió de la propia roca, de un agujero que no había estado ahí y se incrusto a milímetros de donde el martillo había golpeado, podría decirse que el silencio se hizo … pero hubiera sido mentir, en realidad el sonido del hacha resonaba entre los muros, como un eco que se extendía mucho mas allá de la vista, no hubiera sucedido nada si no hubiera sido por aquello … el sonido de rocas cayendo y acercándose al grupo, rápidamente el inventor lanzo con todas sus fuerzas la antorcha hacia la oscuridad que habían dejado, únicamente para ver como el túnel donde habían estado caminando segundos antes comenzaba a desplomarse sobre sí mismo, rápidamente el enano se levanto y con voz autoritaria le hablo al grupo.

-¡¡CORRAN Y POR EL MARTILLO QUE NO SE DETENGAN, SOLO CORRAN!!-

Ahora habían dos opciones, lanzarse a correr por aquella trampa o dejar que las rocas los sepultaran vivos, la opción más lógica se hizo presente cuando tomando su pesado escudo el enano corrió como alma perseguida por el diablo, con cada paso se podía escuchar los dispositivos activándose, quizás por simple miedo el grupo l siguió, mientras hachas salían desde las paredes y golpeaban las lozas cercanas a sus pies, fue una fortuna o una bendición que aquel dispositivo hubiera sucumbido también al tiempo, ya que si alguien se daba cuenta muchas de las hachas quedaban atascadas entre la roca, evitando que salieran, el túnel se derrumbaba a sus pies, y simplemente actuaban por inercia, el enano se lanzo hacia un pequeño túnel que iba hacia el este, el grupo lo siguió instantes antes de que el túnel colapsara ante ellos, el polvo no dejaba ver, polvo de cientos de toneladas de roca, mientras todos tosían buscando algo de aire en sus pulmones, el enano solemne levanto su mazo emitiendo su luz, habían llegado a una convergencia de caminos, no era un cuarto demasiado grande, pero mientras el polvo se disipaba, empezaban los problemas, el camino estaba cerrado, no habría forma de volver por aquel túnel … el inventor se sentó en una roca que había rodado por el suelo, dejando su bolso a un lado, y meditando de algunas cosas, el camino estaba completamente bloqueado y si deseaban cavar tendrían que mover toda la montaña … el único camino que quedaba era seguir adelante, seguir hasta la ciudad y encontrar algún otro camino, los enanos no habrían sido tan ingenuos como para solo tener una entrada y salida.

-Estamos atapados en este lugar caballeros … y creo que la única solución sería seguir adelante … si llegamos a la ciudad podríamos encontrar algún mapa para otra salida … nos queda tan poco para poder pisar aquel lugar … además, cavar seria una pérdida de esfuerzo y tiempo … por otro lado ….-

En aquel momento se escucho, la voz del inventor se silencio mientras se giraba hacia uno de los túneles, rápidamente saco la interna de aceite de su bolso y la encendió, ya no tenía antorcha y prefería estar cerca de la luz, el enano estaba en silencio en la boca del túnel, aquel sonido no era de rocas, sino de algo mucho mayor … el grupo se coloco en marcha nuevamente, mientras se internaba en aquel túnel, la caminata no habría durado más de diez minutos cuando lo vieron, la cámara central, tan grande que fácilmente todo un pueblo podría caber ahí … y como uno podría preguntarse se podría ver tanto, y la respuesta eran los propios cristales, cristales tan altos como varios hombres que surgían de la propia roca, estos dejaban una luz bella pero que no dejaba ver nada más que restos, ahí estaban pilas de huesos, restos de armas, todo apilado en un gran montículo, en ese instante de nuevo se escucho el sonido … como si algo vibrara, fue cuando se percataron que desde el techo comenzaban a caer pequeñas criaturas, arañas para ser exactos, pero hechas de los mismos cristales, las arañas no eran más grandes que un gato o perro, pero se contaban por docenas, rápidamente el inventor saco un hacha de su espalda, y dejo el bolso hacia un lado.

OFF:
Spoiler:
Ok … perdón todos los inconvenientes que he dado con este mastereo, al igual que con su retraso, dejo algunas explicaciones del post, como ven deje una trampa que todos pasan, relaten lo que deseen en esos momentos, después de la carrera por nuestras vidas se darán cuenta que estamos atrapados en el túnel, no hay forma de salir, en el centro de esa sala hay una pileta, si alguno ve el interior de ella encontrara una pata de cristal más grande que un hombre, seguiremos adelante hasta llegar al salón central, el salón es lo suficientemente grande como para moverse adecuadamente, el techo no se puede ver, por lo que no saben de dónde salen las arañas, ahora sobre estas últimas, esta es una imagen de ellas.

http://panzerleader.files.wordpress.com/2010/07/crystal-spider.jpg

Prosigamos, son dos docenas las que caen, seis para cada uno, por lo que tendrán diversión, solo pueden matar cuatro, como gusten, sus cuerpos son hechos del mismo cristal por lo que las armas de filo no son exactamente útiles a menos que se golpeen en las articulaciones, las arañas pueden morder pero no tendrán veneno, más que anda intentaran arrancarles algún rozo, en el centro de la habitación habrá un gran montículo, huesos de muchos monstruos y de enanos lo formaran, junto con sus armaduras y armas, eso sería todo, cualquier pregunta un mp o en el tag, el mastereo será el viernes 28, así que no se atrasen, yo no matare pero si puedo desfigurar horriblemente si quiero xD.



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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Miér Oct 26, 2011 7:20 pm

Las paredes hermosamente labradas con runas y grabados ancestrales mantenían maravillado a Zargum. El enano del clan Martillo de Hierro sabía que ahora era parte de la historia y ansiaba con gran ímpetu el poder volver a casa para compartir los descubrimientos y las maravillas arquitectónicas que estaba presenciando. Las altas y resistentes paredes del gran corredor central que ahora recorría eran una herencia para su gente, pero bien sabía que aquel lugar podría ocultar más peligros de los que estaba dispuesto a averiguar - Traten de no tocar nada. Este lugar fue testigo de innumerables batallas y saqueos, no sabemos que trampas crearon mis hermanos ni si aún se mantienen vigentes después de tantos años - Las palabras del guía del grupo tomaron por sorpresa a sus compañeros. Era lógico pensar que los humanos tuviesen poca o nula sapiencia de las trampas de los enanos. Para ellos, la pequeña raza solo era capaz de edificar en las cuevas y beber hasta el cansancio. No conocían nada sobre lo maravilloso de su tecnología para la guerra y la defensa de sus hogares. Mucho menos sabían de los problemas en los que la comunidad enana se ve envuelta y que son causantes en gran medida de todas las formas de seguridad capaces de eliminar a los intrusos o sepultar por completo sus minas al verse superados o apabullados.

El camino había sido recorrido de forma semi-lenta. Zargum revisaba las runas y las marcas de garras y muescas en la piedra en busca de información relevante o trampas. Para sorpresa del grupo, localizó un par de trampas antiguas de saetas. Una serie de diez orificios en la pared y una losa visiblemente elevada le indicó que aquella era una trampa pensada para eliminar goblins, puesto que la altura de los orificios apenas si lograba superar las cinturas de sus compañeros humanos - Bien, parece que aún es funcional. Eviten pisar losas elevadas que no halla detectado yo. Y avisadme de cualquier cosa que no parezca normal, para darle una ojeada - No se podría decir que el enano estuviese preocupado. Por el contrario, parecía que con cada paso que daba hacia la oscuridad, iluminada por su gran martillo, rejuvenecía y volvía a ser un infante soñando con explorar las ruinas ancestrales de su gente y recuperando algún tesoro escondido. Como un niño con juguete nuevo se podría decir.

Cien metros pasaron cuanto menos y el grupo se volvió a detener. El enano había descubierto una serie de losas extrañas. Parecía como si hubiesen inscrito runas en el suelo, cosa que no era muy común. Algunas de estas losas de piedra sobresalían del resto y tenían inscripciones diferentes a las del resto, además de contar con un desgastado color rojizo. Trampas seguramente. Pero eran demasiadas como para simplemente evitarlas, por lo que el enano utilizó su martillo para meter presión sobre una de estas esperando ver la clase de trampa que les esperaba. No tenía la certeza de que fuesen funcionales después de tantos años, por lo que la confianza le invadió. Su gesto era de seguridad, pero rápidamente este gesto cambió al de sorpresa pues después de un sonido retorcido de resortes un hacha arrojadiza se incrustó con gran fuerza en el suelo de piedra - Increíble... - Fue lo único que logró decir ante tal efectividad y duración de aquella trampa anti asalto. Sin embargo el sonido de las rocas cayendo a sus espaldas no fue nada alentador. La antorcha del doctor iluminó breve mente el camino a sus espaldas para mostrar como el corredor que habían recorrido se venía abajo. Posiblemente a causa del desgaste de las paredes o por alguna trampa activada por accidente. Zargum gritó a sus compañeros. Debían correr hasta la bifurcación que tenían más adelante, pero debían esquivan en gran medida las trampas que tenían a sus pies. Posando su gran escudo sobre su cabeza, el enano corrió sin contemplaciones activando todas las trampas que le fuesen posible para que sus compañeros menos protegidos pudiesen seguir el mismo camino pero con menos peligro de ser asediados por una lluvia de filos mortales. Una tras otra, las hachas golpeaban fuertemente el escudo y la armadura del enano, dejando algunas grietas y ciertas abolladuras. Pero sin dejar heridas sobre su resistente piel.

Al llegar a la bifurcación el derrumbe terminó, sepultando por completo el camino hacia la entrada y dejando una gruesa capa de polvo y sedimentos. El martillo de Zargum iluminaba la oscuridad en vista de que las antorchas de sus compañeros habían sido extinguidas o simplemente abandonadas en aquella carrera. Algunos se preguntaban si aquello sería el fin. Si ya no tendrían una salida. Pero el enano sabía mejor que nadie que su gente es pequeña pero no taruga - No se preocupen - dijo limpiándose la tierra y la cara - Esta es una gran mina y aún no hemos llegado a Dun Bara Dum. Los enanos siempre tenemos más de cien formas de entrar en nuestras propias ciudadelas. No como los humanos, que se empeñan en amurallar sus ciudades y dejar solo un puñado de accesos posibles - No fue su intención insultar a sus compañeros, solo deseaba que no se generara el pánico ahora que su principal ruta de salida había sido bloqueada.

Una serie de sonidos extraños parecían provenir de la siguiente habitación. Sonidos que no provenían de goblins ni orcos, si no más bien de cosas más pequeñas y numerosas. Adelantándose al inventor, Zargum recobró su postura defensiva y se adentró en lo que claramente era la cámara central. Un gran espacio abierto cubierto por la negrura de la oscuridad y los incansables sonidos que le preocupaban en gran medida - ¿Que diablos... - La sorpresa del enano fue mayúscula al ver que al centro de la gran habitación se encontraban varias pilas de huesos, tanto de enanos como de goblins y orcos. Muchos aún portaban sus armaduras y sus armas, pero la mayoría de los huesos estaban esparcidos. Como si hubiesen sido mutilados antes o después de su muerte. De pronto, un sin fin de criaturas brillantes cayó desde el techo. Eran criaturas de las cuales había escuchado pero nunca había tenido la oportunidad de ver - ¡Arañas de cristal! ¡Tengan cuidado pues no son venenosas pero pueden cercenar las extremidades con facilidad! - Eran más de una veintena de estas criaturas. No podría contarlas gracias a la poca visibilidad y a la cercanía a la que estaba una con respecto de otra. Solo tenía una cosa clara, era hora de machacar cabezas - ¡Acérquense malditos insectos! ¡Sepan que Zargum Ironhammer, del clan Martillo de Hierro, es un hueso muy duro de roer! - De alguna manera, aquellas palabras infundieron valor en sus compañeros y en sí mismo. Eran superados en número, pero aquellas criaturas no eran por mucho las más resistentes ni las más peligrosas que se podrían encontrar en las profundidades de la montaña.

Haciendo uso de su gran escudo, Zargum repelió la embestida de tres arañas con gran facilidad, aplastando a una de un martillazo y a otra con un fuerte pisotón, el cual podría haber destruido el cráneo de un humano o un orco. La tercera araña se reincorporaba, pero dejando caer el martillo, Zargum cogió con ambas manos su escudo y aplastó la frágil cabeza del insecto cristalino esbozando un fiero rugido y apretando con fuerza los dientes. Entonces, una cuarta araña decidió atacar de frente. Esperaba sacar un trozo de carne de aquella amplia cara, pero se encontró con las manos de Zargum, quien en un poderoso movimiento logró sostener a la araña por el abdomen y la partió a la mitad separando ambas secciones de su cuerpo con su propia fuerza. Era como romper barriles, pero estas daban alaridos de dolor al ser destruidas.

Zargum volteó a ver si alguno de sus compañeros menos curtidos en la batalla necesitaba ayuda, y sin dar la espalda a las dos arañas que aún tenía frente a él, retrocedió hacia sus compañeros manteniendo su gran escudo y su martillo a la expectativa de cualquier ataque o movimiento de las alimañas de cristal a sus pies.


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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Vie Oct 28, 2011 12:19 am

Como hormigas buscando comida entre enredados caminos que sus propias compañeras exploradoras habían indicado, los aventureros dejaron la bifurcación, introduciéndose cada vez más en el seguro puzzle rocoso y laberíntico que era la mina, guiados por el contundente enano y la iluminación de las antorchas, pretendientes de aviar la insaciable oscuridad. El enmascarado trata de contemplar todos los detalles y observaba con asombro la grandilocuencia del monumento en el que se habían introducido, aunque para él el fin turístico del viaje carecía de importancia. Lo realmente importante era el incentivo de las reliquias. Quizás habría una máscara mágica con una boca flexible para comer, que fuera más como o que tuviera un mecanismo de adherencia más cómodo. Pero la verdad es que no podía quejarse de la suya, era una buena máscara y además B se acostumbraba rápida y sencillamente a todo. Incluso casi se había acostumbrado a la negrura que les envolvía.

El ritmo del grupo decreció, a turno de prudencia, cuando el barbudo guía señaló la posibilidad del hallazgo de alguna trampa que otra. Con cautela el torturador miraba de un lado a otro, esperando que el enano no hubiese pasado nada por alto, y así lo demostró cuando advirtió del descubrimiento de una trampa. Si hubieran pasado por allí con pisa o con un guía negligente, unas saetas originada desde la mismísima pared los habrían incrustado. El camino siguió despejado unos cuantos metros, hasta que una nueva trampa se figuró en el sucio suelo. El cebo seguía siendo sin duda evidente, pero en esta ocasión era unas runas inscritas en el suelo las que señalaban que allí había algo que no cuajaba. Como era insalvable, el enano trató de accionarla con su martillo, probablemente pretendiendo accionarla y que el camino quedara despejado.

Todo funcionó como había previsto. Un hacha salió de la nada con intenciones asesinas, no le dio a nadie y todo acabó sin mayores incidentes, aparentemente. Una musiquilla intranquilizante comenzó a sonar en la oscuridad. Tenía un ritmo irregular y un tono ascendente, anunciando que cada vez se acercaba más y más. Cuando el Doctor Ivo alumbró la parte trasera, todos pudieron ver cómo el túnel se derrumbaba sin piedad a sus espaldas. Las rocas del techo impactaban en el suelo con ganas aplastantes (y nunca mejor dicho), desperdigando nubes de polvo. Como sus compañeros, B comenzó a correr hacia delante con toda la fuerza que sus piernas le permitían. El paticorto enano, situado al frente, tenía un ritmo lento que el enmascarado fácilmente podía superar, pero con una nueva muestra de coraje y valentía se salvó de ese detalle cuando, defendido por su escudo, se encargó de atraer la atención de todas las trampas que les iban precediendo el paso. Con dos cojones, eso era un guía y lo demás son tonterías.

El enmascarado se había propuesta no abandonar su antorcha y la cálida comodidad que sentía junto a ella entre la oscuridad, pero en un momento de la carrera tuvo que elegir: o la antorcha o la bolsa con la comida. Claramente, los víveres eran más útiles para él y para el grupo, así que simplemente estiró sus dedos y la dejó caer. Seguro que se encontrarían otras en el camino. El fin del derrumbamiento llegó cuando una nueva bifurcación anunció su fin. En ausencia de las antorchas, la opacidad había reconquistado su visión, solo atacada levemente por la fuente lumínica del martillo del enano. Aunque prácticamente no se dejaba ver, el polvo se empantanaba en los pulmones de B, que tosía a través de su pálida máscara.

Cuanto menos accesos, menos sorpresas –contestó frente a las peyorativas declaraciones del enano. No es que los humanos le parecieran más inteligentes que los enanos, tampoco menos, pero era cierto que su afición a construir ciudades armadas con grandiosas murallas y pocas entradas respondía a un orden coherente para la defensa local.

Entraron en una nueva y grandiosa habitación, iluminada por unos brillantes cristales de gran tamaño. Por fin cesó la oscuridad. Su visión, sin embargo, les permitió observar la desagradable visión de huesos, armas y demás elementos poco pacíficos, apilados de manera seguramente concienciada. Alguien o algo debía haber pasado por allí, o puede que aún estuviere. Como instantánea respuesta a esa duda, unos nuevos sonidos extraños se dejaron escuchar. Eran arañas de cristal, que poético.

Hubiera preferido que se trataran de arañas de verdad. Podrían ser venenosas, pero al menos morían si les incrustabas una hoja de acero en la cara. Éstas, en contraposición, hacían de alguien con un arma así un tanto inútil en aquél momento. A pesar de eso, B no dudó en sacar su katana. Al fin y al cabo, el acero era su única arma. ¿Qué iba a hacer si no? Había muchas arañas y cada vez se acercaban más. Eran demasiadas, cada uno debería de encargarse de varias, sin opción al titubeo.

Dejando las provisiones aparcadas en el suelo, el enmascarado se preparó para la primera figura cristalina que se lanzó a atacarle con un portentoso salto. Utilizando su velocidad, B la esquivó sin dificultad para propinarle una patada y darse cuenta de que estaban muy duras para su pie. Con un segundo movimiento, intentó atravesar el abdomen de la araña con la punta de su katana, pero resultó en otro fallido intento. Para entonces, otra araña ya se había decidido a atacarle desde su espalda. Gracias a advertirla por pura suerte de reojo, fue capaz de batearla con el mango de su espada y hacer que ésta se partiera en añicos, reproduciendo un gratificante melodía. Golpear a todas con el mango iba a ser demasiado incómodo, debía de coger algo contundente de la pila de desperdicios. Pensando en aquello, corrió directamente hacia ella para darse cuenta de que una nueva araña había fijado en él su objetivo. Esta vez utilizó su katana para cortarle un par de patas y después machacarla con el mango de su espada con un topetazo vertical. Con vía libre, envainó su arma y cogió los dos primeros mazos de fuerte acero que encontró. Uno para él y el otro para el invocador. No tenía ni idea de cómo se estaba desenvolviendo él en el combate, pero seguro que no eran las mejores condiciones ante las que se había topado, tal vez necesitaría un poco de ayuda.

Volvió de nuevo hacia sus compañeros, protegidos por el siempre atento escudo de Zargum, aplastando una nueva araña cristalina con su nueva arma. Su gran pesadez le limitaba muchos movimientos, restándole una notable cantidad de velocidad, pero un golpe con él y la araña desapareció.
Toma –le dijo a Josef mientras le lanzaba desde un par de metros el mazo que había cogido para él.
Una araña yacía delante de él, despistado, con los ojos atentos a alguno de sus compañeros, momento que aprovechó para utilizar de nuevo el mazo y acabar con su vida, haciendo que éste chocara con el suelo y provocara un sonido sordo y seco.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Sáb Oct 29, 2011 10:28 am

La cadencia constante de los pasos empapaba la atmosfera del pasillo de un eco tan tenue y monótono que casi se confundía con el silencio. Al igual que sus compañeros, Josef K caminaba sin pronunciar palabra, tratando ensimismado de lidiar con sus miedos y con su curiosidad, que a veces le incitaban a dar media vuelta y correr en dirección a donde pudiera respirar aire fresco y contemplar sólo al cielo sobre su cabeza; y otras le hacían sentir el impulso de sentarse en el suelo, y dibujar sobre su libreta cuantas réplicas pudiera de las runas antiguas que ornamentaban las paredes.

En otra de sus iniciativas, Zargum el enano se vio rompiendo el silencio para comunicar una noticia que despertaría todavía más la curiosidad insegura del hechicero, se encontraban pues ante los vestigios de un antiguo sistema de defensa, que aparentemente activaba proyectiles u objetos contundentes desde diversas direcciones al hacer presión sobre una losa concreta. Para Josef aquel trozo prominente de roca sobre el suelo tenía cierto halo de fascinación aterradora, la certeza de que un simple movimiento bastaría para extinguir su vida lo transportó por un instante hasta aquella tarde remota cuando contempló la posibilidad del suicidio sosteniendo una ballesta entre sus manos. Por supuesto que, en aquel momento, Josef no deseaba en absoluto la activación de ningún mecanismo que pudiese matarlo, aún cuando consideraba del todo improbable que tales mecanismos continuaran siendo funcionales después de siglos o milenios de abandono. Zargum se encargó de despejar sus dudas.

No hubo tiempo para asimilar la sorpresa causada por ver el filo de un hacha aparecer de súbito para estrellarse duramente contra el suelo, pues pronto el suelo se sacudió y desde sus espaldas se dejo escuchar el clamor profundo y dilatado de la roca precipitándose hacia abajo. Sólo había una opción, correr, y hacerlo cuán rápido se lo permitiesen sus piernas, y eso fue lo que hizo, al menos en un principio. Pronto se encontró al borde de tropezar con la espalda de sus compañeros, que sin otra opción corrían al ritmo más lento del enano. Por un instante Josef sintió la impotencia de no poder sobrepasar a aquel que era más lento que él en la carrera por su vida, pero pronto el sonido del metal al impactar contra el metal le recordaron que había más trampas en el camino, y que aquel enano, en arrebato de valentía, procuraba activarlas todas para concentrar el daño sobre la resistencia de su escudo, evitando que fuese a parar a la fragilidad de los cuerpos desprotegidos de sus compañeros.

Devorado por una avalancha de polvo y asegurándose de que no había dolor presente que indicara que había sido aplastado por alguna de las rocas o cercenado por alguna de las trampas, Josef se permitió arrepentirse por haber tomado la decisión de ingresar a aquel complejo subterráneo, aunque, como bien lo mencionaba el Doctor Ivo, ya no quedaba otra opción que seguir adelante, así que hizo lo propio y avanzó hasta encontrarse con la monumentalidad de la gran sala principal, iluminada maravillosamente por incontables cristales.

-Si le ofreces a tus enemigos cientos de entradas a tu hogar, no es de extrañarse si tus huesos terminan apilados en una columna como aquella- Se permitió proferir con ironía, aunque la inseguridad que se filtraba en su voz le restó ponzoña a su mordacidad.

Al contemplar los cristales que iluminaban el gigantesco recinto, Josef recordó que aun sostenía la antorcha en su mano sudorosa, con todo y que su fuego se había extinguido hacía varios minutos en la premura de la carrera, de manera que la dejó caer sobre el suelo, para recogerla instantes después, cuando el extraño rumor de cientos de pequeños pasos se materializó en la belleza escalofriante de una muchedumbre de arañas de cristal, que avanzaban afanosas en dirección del grupo.

Retrocediendo lentamente y apretando con firmeza la madera de la antorcha, Josef levantó el trozo de madera por sobre su cabeza, y valiéndose de todas sus fuerzas lo dirigió en dirección del suelo, para interceptar a la más próxima de las arañas, que aunque no recibió el impacto de lleno, si quedó inutilizada al desintegrarse en pedazos las 4 patas de su costado derecho. La segunda lo sorprendió por un costado, y por escaso margen consiguió escapar de sus fauces, que bien se llevaron un pedazo de la tela de su pantalón. Reincorporándose, Josef decidió patearla fuertemente con su empeine, obteniendo un doloroso resultado, que además pareció exasperar el deseo destructivo del insecto de cristal, que arremetió de nuevo con pasmosa velocidad, no dejando al hechicero otra opción que arremeter, esta vez con la planta de su pie, de tal suerte que, pese al dolor, consiguió machacar la cabeza cristalina.

Convencido de la necesidad de invocar a Abrahel, Josef liberó el amuleto hasta la palma de su mano y se proponía recitar en su mente las palabras en lengua olvidada que le permitieran eliminar momentáneamente la barrera entre 2 dimensiones para realizar la invocación, sin embargo eran tantas las arañas que pronto otra de ellas le sorprendió. Esta vez, descolgándose desde el techo para caerle encima, dándole apenas tiempo para interponer el palo de la antorcha entre las fauces filosas y su rostro, la madera crugió y el palo fue cortado en 2 ante la mirada aterrada de Josef, que sólo atinó a agarrar al insecto de una de sus patas y dar una media vuelta para arrojarla tan lejos como le permitieron sus fuerzas, de manera que el impacto contra el suelo acabó con su vida.

Ahora sin embargo, no contaba más que con la ayuda poco pertinente de su daga al tiempo que 3 nuevas arañas le fijaban como objetivo. Su reacción fue correr presto en dirección de la pila de huesos y armas, con la esperanza de encontrar un objeto más útil, ahora que estaba convencido de que no tendría tiempo suficiente para realizar la invocación. Para su fortuna, B el enmascarado había tenido la misma idea, además de la consideración de cargar un arma extra que le entregó arrojándola por los aires. Con dificultad, Josef atrapó la pesada maza, e imitando el primero de sus movimientos, lanzó un golpe vertical hacía abajo, que esta vez falló por varios centímetros, dejándole con un dolor en la cabeza y sus muñecas y apenas unos instantes para esquivar un nuevo ataque. Reincorporándose, giró sobre la maza y esta vez usó el peso de su cuerpo para lanzar un ataque al ras del suelo, que si bien tenía por objetivo a la primera de las arañas, impacto de lleno sobre la segunda, desintegrándola en un crujido que sonó casi placentero.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Sáb Oct 29, 2011 4:39 pm

Cristal, aquella bella formación molecular que refleja todo el espectro de la luz, tan vivos colores formando un haz de luz blanca y pura … mas ahora el cristal era diferente, aquellas arañas que caían desde la propia oscuridad eran seres terribles, pero no dejaban de ser meras crías, aun así eran seres duros de matar, bajo el martillo del enano Zargum habían sido más que fragmentos de cristal que chillaban cuando eran trituradas por el pesado metal, para el asesino había sido más duro, su arma no era más que una mera molestia para aquellas criaturas, pero cuando pudo arrancarle de sus huesos enanos dos pesadas mazas, las cosas habían cambiado, no solo las arañas eran trituradas y resquebrajadas, si no que con cada movimiento hacían gemir a las criaturas, bajo la mano de Josef los cristalinos arácnidos no habían tenido mejor oportunidad, aun con sus ínfimos dotes guerreras había logrado apañárselas muy bien con su improvisada arma, mas cuando se vio en peligro mortal la ayuda del asesino fue presta, y antes de que la araña pudiera darse cuenta su cuerpo se rompía en mil pedazos, el inventor … el inventor que hasta ahora no había disparado ninguna de sus armas hizo gala de artilugios excéntricos, de su cinto dos armas de fuego surgieron, tan solo se necesito dos disparos, la bala de plomo surco aquella corta distancia impactando de lleno en la cabeza de la pequeña araña, el metal no tuvo problemas en atravesar la primera capa y alojarse en el cuerpo de ese ser, mientras cientos de grietas se formaban en su cuerpo, el cual se caía a pedazos, su compañera no tuvo mejor suerte, aun cuando la bala no dio directamente en su cabeza, si pudo golpear su abdomen, partiéndola en dos, si aquellas pobres criaturas pudieran hablar, estarían gritando con todas sus fuerzas, mas solo emitían un gruñido cristalino, como si dos trozos de ese material chocaran constantemente entre sí, dos arañas mas cayeron bajo la única arma que parecía normal en el arsenal del inventor, una pequeña hacha, una mescla entre hacha de mano y de leñador, aun cuando su filo era inútil contra esos pequeños monstruos no era así la parte trasera de la cabeza del filo, el cual como mazo destrozo patas y cuerpos por igual.

Los minutos pasaron, minutos que parecían eternos mientras el grupo intentaba salvar su vida, las arañas restantes comenzaron a retroceder hasta la pila en el centro, pobres criaturas estarían condenadas a terminar sus días como simples trozos de cristal desperdigados en ese lugar, o quizás no … las arañas comenzaron a chocar sus patas delanteras una contra la otra, provocando un tintineo rítmico, el grupo debió de juntarse, con el enano por delante con su enorme escudo, el inventor con su hacha a la mano y tanto el asesino como el invocador con los mazos robados, pronto algo más se escucho, mientras los huesos y armaduras caían de la gran pila, de entre el metal y el blanco de los restos una enorme pata salió, fácilmente superaba con creces cualquier altura de los presentes, cuatro metros de alto por lo menos poseía aquel apéndice cristalino, otra pata mas surgió aplastando a una de las pequeñas arañas, la pila temblaba mientras que tras de ella una enorme araña surgía, lo suficientemente grande como para hacer temblar a un orco o a un trol con tan solo verla, cuatro ojos rojos como la sangre iluminaron la oscuridad, estos se movían erráticamente pero no demoraron en posarse en los aventureros, una tras otra las patas surgieron de la pila de huesos, su pesado abdomen como un gran diamante brillante termino por derrumbarla, ahí estaba, la madre … la progenitora, las arañas anteriores no habían sido más que meras crías, crías recién salidas de su cascaron, con cuerpos frágiles.

-Demonios…-


Fue lo único que atino a decir en aquel momento el inventor el cual había dejado de sonreír y apretaba con firmeza su hacha, la enorme araña se comenzó a mover, sus patas caían con tal fuerza que se incrustaban en la roca misma, su cuerpo reflejaba la luz de los cristales luminosos, dejando ver el techo por primera vez, ahí estaban… nidos y nidos de arañas de cristal, hechos con huesos y restos de armaduras, cuerpos que aun podían verse sus últimos instantes de vida hacia cientos o miles de años, ahora se podía entender que aquellas galerías hubieran estado vacías, libres de cuerpos, huesos o restos … las arañas habían recorrido durante todo ese tiempo buscando alimento y llevándoselo a su madre, un largo gruñido salió de las dos fauces de aquella monstruosidad mientras que una de sus patas era levantada a modo de ataque, el enano levanto su escudo, listo para soportar cualquier embiste como la muralla enana que era, el guardián y protector del grupo, lamentablemente no era el momento ni tampoco el lugar, la pata se dejo caer sobre el enano que coloco su escudo por delante, como si fuera simple papel la madera y el metal se retorcieron quebrándose a la mitad, frente a sus ojos el escudo que había soportado los embistes de poderosas criaturas, de mortales trampas se había partido, dejando solamente la mitad del escudo colgando en su mano.

Quizás por furia, o porque simplemente tenia la pata cercana a su mazo, Zargum tomo la poca carrera que podía y descargo toda su fuerza con un único golpe de su mazo contra la pata … la destrucción que todos esperaban … no se produjo, el mazo apenas hizo que los cristales saltaran algo, pero tan solo una leve grieta fue todo lo que pudo hacer con su fuerza, un sudor frio recorrió el cuerpo de todos, si Zargum, el más fuerte físicamente tan solo había podido agrietar aquella mole … que le deparaba a los demás, el inventor sonrió a pesar de todo y con potente voz grito al enano.

-¡¡¡A UN LADO MAESE!!!-

Fue el grito, el inventor tomo su hacha y apunto con su mango hacia la pata que aun permanecía quieta, en ese momento cualquiera que hubiera con detenimiento mirado el hacha hubiera notado el gatillo, el inventor lo acciono, dejando ver que era un arma de fuego, la pólvora fue encendida mientras de el cañón la pesada munición de plomo salía disparada, como todas sus armas surco el aire impactando contra la misma grieta que instantes antes Zargum había hecho, esta se hizo aun más visible y debió de serlo, ya que la araña movió la pata con un grito levantándola y retirándola, el inventor miro bien a la araña, rápidamente lo entendió.

-Simplemente es más dura que las demás… hay que darle en las patas hasta que caiga… si es que la hacemos caer-

Off
Spoiler:
Bueno bueno … un turnito más, les deje algo difíciles las cosas esta vez, y si quieren saber por qué xD fue porque Josef me respondió un día tarde xD, castigo para todos incluyéndome, como ven la araña supera muchas veces nuestro tamaño,. Zargum ha perdido su escudo, el cual termino partido en dos y hecho trizas, su maza apenas a agrietado la pata de la araña y el arma de Ivo tampoco ha hecho mucho más que darle una ligera molestia, ahora la estrategia … háblenla por mp o tag, tienen tres días como siempre, cuatro si me colocan una buena estrategia entre dos o los tres personajes, ahora les daré algunos datos más, la araña es lenta para atacar, aun así el único que podrá esquivar sus ataques es B ya que es el único con más de 10 de agilidad xD, (en realidad 27), las patas son frágiles, pero un golpe de un mazo no hará mas que dañarla o agrietarla sin hacerle mayor daño, Ivo tiene una docena de bombas en su bolso, pueden pedirlas y el inventor las pasara, pueden pedirle un máximo de tres por personaje, otro punto es que dejen sus acciones abiertas por favor, no den nada por sentado ya que podría jugarles mal a la larga, este combate durara algo mas, por lo que mi plan de 2 mastereos mas lo más seguro serán de 3 o 4 , no se quejen, si lo hacen bien recibiremos mas exp, ustedes sus objetos de una forma que aparte les dará trascendencia mayor xD y de paso a mi me dará algo lindo xD.

PD: Como dije tres días para postear, así que considerare que postee el día domingo para darles hasta el miércoles xD, creo que es justo, por cierto xD, posteen a tiempo, o el próximo turno pueden pasarles cosas malas, cualquier duda mp o tag, les contestare a medida que pueda.

PD2: les dejo una imagen para que se guíen xD




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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Lun Oct 31, 2011 5:25 pm

La mirada del enano inspeccionaba sus flancos en busca de más arañas que demoler. Arañas de cristal sin resistencia ni oportunidad alguna al enfrentarse al acero enano del clan Martillo de Hierro. Zargum se enorgullecía de su gran pericia y su fortaleza, pero más orgulloso estaba de poder demostrar sus cualidades dentro de aquellas paredes centenarias pertenecientes a sus viejos antepasados.

El enano defensor retrocedió en busca de sus compañeros menos dotados. Las arañas que le amenazaban pronto comprendieron que aquel enano era demasiado duro de roer y, en un acto de conciencia auténtica, optaron por dejar tranquilo al hombre de la pesada armadura - ¿Están todos bien? ¿Asesino? ¿Mozo? ¿Doctor? - Buscaba con la mirada a sus compañeros quienes se habían visto asediados por los mismos arácnidos que él. Parecía que se las habían apañado mejor de lo que pensaba, pues solo algunas heridas superficiales eran visibles por debajo de las ropas de tela de sus compañeros. Sin embargo, el enano ya sabía que aquello estaba lejos de haber terminado - No se relajen demasiado jóvenes amigos, creo que la muerte de estas crías no saldrá desapercibido - Zargum lo sabía. No quiso decir nada para no preocupar a sus compañeros sin tener evidencia que sustentara sus sospechas. Pero bien sabía que las arañas de cristal siempre convivían juntas. Siempre bajo el yugo de su madre - Busquen una salida antes de... - No pudo completar su frase pues el temblor de la tierra y el rodar de los huesos de sus ancestros y las viles criaturas que yacían apiladas en grandes montículos rodaron hasta deshacerse, revelando el temor que había erizado la piel áspera del enano - Maldición... bueno chicos, habrá que desquitar la paga... - Trató de dar un poco de ánimo a sus compañeros con su pequeña broma, sin embargo no hubieron risas. Solo el estrepitoso sonido del cuerpo mineral de la araña gigante.

Una pata fue a dar cerca del enano, el cual casi pierde el equilibrio con el impacto. El enano elevó su escudo lo mas posible justo en el momento exacto para bloquear el potente pisotón de la afilada pata cristalina. El impacto fue tan potente que la aguda punta de las patas partió por la mitad el poderoso escudo enano mandando a Zargum por los suelos - ¡Arrggg! ... ¡Pagarás por esto bicho super desarrollado! - En un arrebato de furia por la pérdida de su escudo, el enano dio un poderoso golpe sobre la pata más cercana haciendo uso de su martillo, dejando solamente una grieta. Una grieta que fue bien aprovechada por el sofisticado armamento del doctor, el cual disparó un proyectil que hizo explosión al tocar la fría cubierta cristalina del insecto y logrando que el arácnido emitiera un alarido de dolor y perdiera la compostura. El enano ya sabía que para eliminarla tendrían que tirarla por partes. Pero no estaba dentro de sus cabales. La furia que sentía ante la pérdida del escudo que alguna vez fuese propiedad de su difunto padre era visible en el gesto del enano quien, ante el disparo del doctor y el retroceso de la araña, giró defensiva mente sobre sí mismo dejando a un lado su martillo y cogiendo del suelo una de las mitades de su pesado escudo con ambas manos - ¡Siente el metal de los Martillo de Hierro! - Gritó amenazante justo antes de realizar cuatro giros sobre su propio eje para lanzar el pedazo del escudo como alguna especie de proyectil giratorio directamente a la pata dañada tato por él como por el doctor. El escudo voló y giró de forma violenta. Cualquier hombre que hubiese tenido la des fortuna de cruzarse en el camino del gran escudo enano hubiese hallado la muerte sin lugar a dudas. Aquel metal tenía una buena trayectoria. Zargum tomó de vuelta su martillo, y sin dejar de mirar a la enorme amenaza, retrocedió hasta encontrarse a la par del doctor Ivo esperando recibir algún concejo o alguna clase de ayuda de su inteligente contratista. No habían muchas opciones, y en la mente del enano imperaba la idea de salir corriendo de ahí hasta una habitación aledaña o un corredor mas angosto. Algún lugar donde esta enorme bestia de cristal no pudiese atacarles o no pudiese entrar.


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Re: Los cimientos del Imperio

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