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Los cimientos del Imperio

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Miér Nov 02, 2011 4:05 pm

Cada uno se defendía con las artes que podía. El enano golpeaba con su martillo, provocando añicos mientras hacía sonoros surcos en el aire, como si de una danza bárbara se tratase. El enmascarado blandía su pesado mazo metálico, al igual que su aliado invocador, que impactaba con determinación en la contextura cristalina de las arañas y acababa con ellas tan rápido como se elimina de un pisotón a una diminuta araña común. El Doctor Ivo, como de costumbre, empuñaba atípicos artilugios, como un arma de fuego que B pocas veces había visto y cuyos disparos hacían que retumbase toda la instancia. Paulatinamente las cristalinas criaturas iban siendo exterminadas. Sin exceso de problemas, los aventureros conseguían restar el número de arañas, que iba decreciendo conforme sus armas se confrontaban con sus cabezas o sus abdómenes.

Fueron retrocediendo, amparándose en la pila de huesos y armas sin dueño, como si ésta les brindara algún tipo de protección especial. Sus movimientos parecían coordinados. B no sabía si esa organización era fruto del miedo que les hacía huir juntas o que era debido a que esperaban algún acontecimiento. Ese acontecimiento resultó ser una nueva araña de cristal, algo que el enano se atrevió a intuir, pero mucho más grande y amenazante. Su cara, aún sin expresión, irradiaba odio y muerte. Sus brillantes ojos, de un rojo cegador e intenso, creaban un nuevo aro de luz que chocaba con la iluminación vista hasta ahora y aumentaban la inquietante inexpresión de la criatura. Debido a su tamaño, su composición se podía apreciar con mayor claridad. Era un ser completamente hecho de cristal. Sus patas, su cabeza…todo había dejado a un lado el tejido orgánico para pasar a formar parte del invisible material. En circunstancias normales, enfrentarte a algo de cristal era toda una suerte. Sin embargo, haciendo honor al nombre de las colinas donde estaba la mina, las criaturas allí presentes se protegían con un cristal de resistencia mayor.

Tomando la iniciativa del nuevo combate, la enorme araña asestó un duro golpe al enano. Par sorpresa de B, y seguramente de todos, el escudo se fragmentó cuando el enano trató de defenderse del ataque con él. Eso era una noticia realmente mala para el grupo. Hasta ahora el manto de defensa que les había ofrecido el escudo portado por el enano había sido de utilidad. Sin él, por ejemplo, quién sabe si seguirían vivos después de atravesar un pasillo repleto de trampas corriendo. Aunque el enano seguía vivo, seguía sin tener su preciado objeto defensivo y eso perjudicaría al grupo. En adición, si algo le pasaba al guía de corta estatura, se quedarían en la mina a su suerte. El jefe de la expedición, Ivo Robotnik, había demostrado aptitudes para encontrar el lugar y desenvolverse de varios problemas con un as en la manga, pero estaba claro que no tenía ni puta idea de cómo era la mina en su interior. El enano era el único guía y bajo ningún concepto debía morir, por eso debía de conseguir un escudo lo más rápido que le fuera posible.

El enmascarado se había dado cuenta de que el único miembro ofensivo físicamente era él con su espada. Josef e Ivo eran miembros más especializados en el combate a distancia y el enano era el encargado de la defensa en primera línea. Por eso, el encargado de cualquier ofensiva con contacto debía ser él. Comprendido esto, se acercó al Doctor Ivo y le pidió algún artefacto de los suyos con los que atacar a la araña. Éste le dio tres bombas que B cogió con precaución, nunca había manejado unas.
El único capaz de acercarse debería ser yo, así que esto es lo que haré: intentare atraer la atención de la araña para que no os ataque, le tiraré las bombas en sus patas más atrasadas del lado derecho que, con suerte y junto a vuestros lanzamientos en las delanteras, podría acabar con toda las piernas de ese lado y desestabilizarla. –dijo con calma, mirando fijamente a la araña y de reojo a sus compañeros –Zargum, si consigo atraer a la araña y lo ves factible, acércate a por un escudo a la pila de desechos. Si no crees que lo conseguirás intentaré traerte yo uno, pero temo que pesen demasiado para mi –el enmascarado se inclinó y tomó pose para salir en carrera, con el mazo en una mano y las bombas en la otra –Si estoy en apuros, espero que atraigáis su atención –con una rápida aceleración, sus pies se despegaron de la casilla de salida y comenzó a correr en dirección a la araña cristalina. Tiró el mazo metálica hacia ella y comenzó a dar gritos de llamada, provocando su atención. La araña intentó aplastarle con sus enormes patas, pero sus movimientos eran muy lentos y a B no le costó mucho empeño tratar de eludirlos con celeridad. Cuando vio la distancia adecuada recortada, lanzó las dos bombas a la pata trasera del costado derecho de la araña y la tercera a la penúltima pata. Si él y sus compañeros acertaban, debía ser suficiente con más de dos explosiones por pata, o eso creía.

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Miér Nov 02, 2011 8:18 pm

Las gráciles manos de Josef K, usualmente empeñadas a la labor de pasar las hojas de los libros o acariciar los cabellos de las doncellas, ahora se sentían arder en un palpitar constante que imitaba al ritmo de su corazón, al tiempo que aún sostenía el pesado mazo. Pese a su inexperiencia con aquel tipo de armas contundentes, el hechicero había encontrado los modos para deshacerse de las amenazas cristalinas, razón por la cual sentía una reconfortante complacencia, pese a las incipientes ampollas que empezaban a formarse en sus palmas.

Las arañas de pronto empezaron a replegarse, y por un instante Josef se dejó seducir por las mieles embriagantes de la victoria, que por supuesto, estaba lejos aún de llegar, pues era en aquel momento que, desde la montaña de restos, empezaba a surgir el más serio de los retos que habrían de enfrentar en lo transcurrido de su aventura. Una monstruosa criatura, que bien haría palidecer la estatura de un minotauro, emergió súbitamente de entre los escombros y de inmediato eligió como objetivo al grupo de invasores, que con premura silenciosa se agrupó tras la portentosa defensa que ofrecía el escudo de Zargum.

Josef estaba aterrado. Incluso los primeros arácnidos, que ahora sabía, eran apenas unas crías, superaban por mucho el tamaño de las tarántulas peludas del bosque de Tyffor, que le habían provocado pesadillas durante algunos de los días de su infancia, luego de que su padre le llevara a una expedición de cacería. Lo de aquella monstruosidad no tenía precedentes, y por un instante solo pensó en retroceder, y hacerlo cuán rápido pudiera hasta la protección del pasillo, hasta donde aquella bestia no pudiera alcanzarles debido a su tamaño, pero el resto de sus compañeros no parecían sentir el mismo impulso, y en cambio la araña se movía, con velocidad asombrosa además. De pronto estuvo sobre el enano, que se aprestó a recibir el impacto de aquella pata con el grosor de su escudo, el golpe resultó de una violencia inusitada y de pronto el eco del sonido, que produjo el poderoso metal enano al partirse en 2 partes, recorrió la amplitud de la recámara.

A Josef casi le costó reaccionar, no podía parar de pensar en que si hubiera sido él el objetivo de aquel ataque, probablemente su cuerpo también estaría partido a la mitad. Pero el enano y el doctor atacaban y era momento para hacer algo. Con premura entonces liberó el amuleto hasta dejarlo en la palma de su mano derecha, y apretando sus parpados entre sí, se vio susurrando las palabras arcaicas que le permitieron traer a Abrahel hasta la realidad desesperada de aquel salón subterráneo.

Para su tranquilidad pudo constatar que la demonio se había recuperado satisfactoriamente de sus heridas, aunque dado lo apurado de la situación, difícilmente se podría decir que pudiera sentir algún tipo de tranquilidad, en especial cuando constataba que el monstruoso golpe de mazo del enano apenas había afectado a la bestia. Su propio mazo resultaría entonces ridículo a la hora de enfrentar a la criatura, y las perspectivas de la utilidad del fuego de Abrahel parecían igualmente fútiles dada la naturaleza cristalina del enemigo. La huida hasta el pasillo volvía a aparecer como una opción temporalmente viable, pero entonces fue el asesino enmascarado el que dio en tomar la iniciativa, recibiendo algunos explosivos por parte del Doctor antes de lanzarse al frente haciendo gala de una agilidad maravillosa para hacerse con la atención de la araña gigante.

Josef se acercó hasta el Doctor para pedirle también algunos de aquellos explosivos, que bien parecían su única oportunidad para prestar algo de ayuda. Robotnik le entregó 3 extrañas bombas, y el hechicero, recordando el macabro final que había experimentado aquel antropomorfo a la entrada del bosque, se convenció de que debía deshacerse de ellas cuanto antes. Entregó 2 de las bombas a Abrahel, que casi parecía tentada a jugar malabarismos con ellas.

-Vamos, ¡a por las patas del lado derecho! Una vez que esta bastarda larguirucha pierda algunas de sus extremidades, le será imposible desplazarse dada su longitud desproporcionada- Dijo a su sometida, que casi empezaba a exasperarle dada la tranquilidad jovial que demostraba.

-¡Trata de mantenerla en un mismo lugar por un rato!- gritó entonces a todo pulmón hacía el asesino – ¡No sabemos cuánto tarden en estallar estos
artilugios demoniacos!
- Y entonces él y Abrahel se ubicaron a una distancia prudente, y desde ahí arrojaron los explosivos, buscando alcanzar las extremidades agrietadas.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Nov 02, 2011 9:03 pm

Las acciones tienen sus consecuencias, algunas pequeñas, otras enorme, y que mejor consecuencia que llevar el cuerpo al límite para sobrevivir, para así poder tener una nueva oportunidad de ver el sol y respirar el aire fresco, el enemigo que tenían por frente era imponente y a la vez titánico en ese lugar, para no decir que su misma presencia significaba que las arañas estaban luchando enserio y no simplemente jugando con sus presas, quizás el que tenia mejor opciones de sobrevivir en aquel momento era el asesino, no por sus dotes de poder acabar con sus enemigos, dotes que en esos momentos eran completamente inútiles, si no por su gran agilidad, lo que lo mantenía alejado de las enormes patas, que destruyendo el escudo enano con tanta facilidad, podría partir su cuerpo sin siquiera dar esfuerzo, por su lado el enano, enajenado por la pérdida de su tan amado escudo había entrado en aquella ira que los propios enanos temían, aquella ira guerrera que podía derrotar ejércitos con un solo enano para terminar muerto por el esfuerzo, mas Zargum mantenía la cabeza fría, años de experiencia y las propias enseñanzas de su padre y mentores, el invocador no tenia mejor suerte que los demás, por fortuna el contaba con su as bajo la manga, su bella Abrahel, la cual surgió desde el propio void para servirle completamente recuperada, mas antes de hablar de aquella batalla con tantos rasgos generales sería mejor hablar como sucedió.

El enano había sido inteligente usando una de las mitades rotas de su escudo a forma de proyectil lo había lanzado contra la pata lastimada de la araña, las grandes grietas eran más que notorias, aun así no se mostraba que le molestara en absoluto, mas el escudo se desvió un poco de su trayectoria original por lo irregular de su superficie y forma, cosa que fue más que provechoso, el escudo no iba directamente hacia la grieta, si no hacia las uniones ya articulaciones de la pata, como si se tratara de una moneda el escudo quedo incrustado directamente en la unión, un intenso chillido provino de la araña que retrocedió unos pasos , movía su pata erráticamente, pero era imposible, el escudo como si fuera una cuña había trabado el “mecanismo” por decirlo de una forma, el inventor aprovecho aquella oportunidad para tomar una de las ánforas de barro que llevaba, fuego griego como era su nombre, si quizás no la pudieran romper, por lo menos el fuego podría causarle alguna molestia, rápidamente saco una ballesta de su bolso, algo primitivo si consideramos el armamento que siempre llevaba encima, mientras modificaba la cuerda cambiando reemplazando algo parecido a una honda el enano llego, quizás por un consejo o para reagruparse, el inventor sonrió ampliamente mientras apuntaba directamente a la cabeza.

-Maese Zargum *mientras hacía puntería y sonreía de forma curiosa, como siempre lo hacía incluso en momentos tan desesperados como esos* cuando el fuego comience a cubrir a la raña, ataque la pata, debe estar muy resentida y debería de romperse en mil pedazos pronto… esperemos … y … una cosa más … siento lo de su escudo –

Rápidamente la mecha de esa bomba fue encendida con un yesquero y accionando el gatillo, fue impulsada por las cuerdas tensadas, la pequeña ánfora de barro surco el cielo, para estallar directamente contra la cabeza de la criatura, por otro lado el asesino había hecho muy bien al intentar tomar uno de los escudos para el enano, el cual podría volverse una pared nuevamente, lamentablemente los escudos enanos no son precisamente livianos y aquello mismo lo sabia este, mas aun así con señas intento llamar la atención de la araña, mas esta parecía algo confundida por el fuego que rodeaba su aveza, mas con ello no moriría, el asesino lanzo las tres bombas a sus patas traseras y antepenúltima, con la esperanza de que fuera suficiente para hacer caer a la mole de cristal, lamentablemente no fue así y las bombas aparte de hacer pequeñas grietas no tuvieron otro efecto más que mover a la araña, aun así había llegado a la pila, mas ahora se enfrentaba a otro problema, entre tantos problemas con la gran araña no habían recordado a las crías que ocultas en la pila de restos óseos y armaduras, veían al asesino como un suculento bocado, el asesino tuvo ante sí la visión de no menos de siete arañas, las mismas que habían sobrevivido en los momentos previos a la gran araña, rodearlo, la mole comenzaba a moverse de un lado a otro, intentando con sus patas quitarse el fuego que la enceguecía, lamentablemente esto lo único que lograba era que sus propias patas lentamente comenzaran a arder por el fuego griego.

-Malditas arañas*se pudo escuchar al asesino*-

Se pudo escuchar decir al asesino después de triturar una de las crías con su mazo, estas parecían mas agresivas que la vez anterior, por un lado por estar al lado de su madre y porque eran más contra solo un individuo, ahora el asesino no solo debía de preocuparse por las enormes patas que se comenzaban a mover con intención o no de aplastarle, sino que también por aquellas crías que lo miraban con sus carmesí ojos, sus patas parecían más afiladas que antes e incluso más amenazantes, comenzaban a rodearlo, atacarlo todas juntas parecía la mejor opción … para ellas.

El joven Josef había tenido oportunidad de pedirle bombas al inventor el cual gustoso alas había entregado, Abrahel fue invocada y provista de bombas, esta remonto el vuelo o mejor dicho la altura, mientras el invocador se lanzaba contra una de las patas o mejor dicho la única lastimada seriamente, la bomba lanzada por Abrahel dio directamente en “la rodilla” de esa pata, viendo como una larga grieta se extendía por toda la extremidad, la siguiente lanzada por ella no fue muy precisa, ya que dio entre el abdomen y el tórax, pero aquella única bomba hizo algo asombroso, todo el abdomen de la araña pareció agrietarse horriblemente, dejando que varios cristales se desprendieran de este, cayendo al suelo, aquella explosión izo que un grito aun mayor saliera de la araña, que retrocediendo apoyo todo su peso en la pata dañada, la cual no soporto aquella presión y como si fuera una rama seca se quebró, la araña perdió el equilibrio cayendo hacia un lado, el invocador lanzo la bomba, pero esta no tubo ocasión de tocar a la araña tirada, esta lentamente se comenzaba a levantar y la bomba dio contra el piso, haciendo una explosión que hizo a el propio túnel resentirse, mientras el suelo se agrietaba de forma incontrolable, el temblor del suelo hizo que la pila de restos comenzara a desmoronarse, haciendo que el asesino quedara cubierto y de paso llevándose al invocador que había sido cubierto hasta la cintura, ahora ambos tenían el problema de seis arañas que pensaban atacarlos y ellos apresados por huesos y pesadas armaduras.

El enano vio su oportunidad, con aquella agudeza mental que solo la edad podía dar vio como el abdomen de la araña estaba totalmente agrietado, una simple bomba había logrado eso, quizás con su mantillo el pudiera acabar con aquella enorme parte, era su oportunidad, pero también estaba el peligro de sus compañeros, había que escoger, dejar que ellos se enfrentaran en su clara desventaja a esas arañas o lanzarse contra la madre araña, destruyendo su abdomen con un fuerte golpe.


Off:
Spoiler:
Bueno un mastereo mas, cada vez nos acercamos mas al final, tres turnos mas ni uno más xD, ahora quiero decirles algunas cosas de este mastereo, quienes mayormente están en problemas son Josef y B, los cuales están cubiertos casi en su totalidad por los huesos y restos de armaduras, Josef está cubierto hasta la cintura, si hace algo de esfuerzo puede salir de ahí, perdió su arma, pero a su alrededor hay fémures que fácilmente podrían servir de maza, hay hachas también pero estas son demasiado pesadas o están muy lejos, B está cubierto casi en su totalidad, en esta ocasión su agilidad no le ayudara mucho, está cubierto hasta su pecho y uno de sus brazos está atrapado entre los huesos ya armaduras, tú decides cual brazo, hay un grupo de 6 arañas pequeñas (las mismas anteriores) serán tres para Josef y tres para B, como Josef has perdido tu maza, por lo que puedes usar los huesos como armas, las calaveras como proyectiles también.

Zargum tiene dos opciones, dejar que los humanos se enfrenten solo a las arañas y atacar el abdomen de la araña, que si golpeas un par de veces se romperá en mil pedazos o ayudar a los humanos para salvarlos, si es que se ven muy complicados.

Ahora la explicación de la araña, a perdido una pata la cual esta tirada en el suelo, aun tiene restos de llamas en su cabeza y patas, pero estos pronto se extinguirán, si no se apresuran la araña se levantara de nuevo y con ello se perderá la oportunidad de vencer a la araña o lastimarla seriamente este turno, Abrahel aun está dando vueltas por ahí, pueden usarla como gustes Josef.

Mastereo mañana del domingo 6 xD así que apresúrense, que podemos acabar muy pronto esta partida y ganar suculentos premios.

PD: Puede que en menos de 10 dias terminemos esta partida si seguimos a este ritmo
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Vie Nov 04, 2011 7:19 pm

La agilidad del asesino había logrado que el honorable enano sintiera respeto por su gran pericia de movimiento. Debía admitir que aquél humano era más confiable de lo que en un principio había demostrado. Su idea de bombardear las patas del costado derecho con los artefactos explosivos del doctor no era tan descabellada si un individuo tan rápido lo llevaba a cabo - ¡Eso es! ¡Demostradle a esta mole cristalina de que son capaces! - El grito del enano trató de infundir valentía en sus compañeros. Sobre todo en el joven Josef, el cual claramente se debatía entre la posibilidad de abandonar al grupo o quedarse a pelear. Por fortuna decidió lo segundo, invocando nuevamente a su demoníaca amistad. Zargum sentía repulsión de aquella mujer, pero dadas las circunstancias optó por no dar más que una rápida mirada de desprecio para después volcar toda su atención en la araña gigante. La demonio esbozó una sonrisa de burla hacia el enano, seguramente había sentido aquella muestra de desprecio por su parte y esto solo alimentaba el ego de la endiablada hembra alada.

El doctor había logrado acertar en su disparo. No sabía bien que clase de sustancia había disparado con su ballesta, pero un abrasador fuego rápidamente se extendió por la cabeza de aquella bestia y se esparció hacia sus patas, con las que había intentado eliminar aquella molesta flama pero sin éxito - Interesante fuego doctor. Usted esta lleno de sorpresas. - Era algo único en su tipo. Siendo un material tan poco flamable era destacable el hecho de que aquel fuego no disminuyera en intensidad a pesar de ser esparcido con sus patas. Sin embargo no era lo mejor de sus inventos, pues rápidamente una serie de explosiones a la altura de las patas traseras de la enorme araña hicieron que la cueva temblara y que la propia bestia sintiera como un par de patas más sufrían daños. No tuvo tiempo de voltear a ver a su agresor, pues una bomba más fue a dar directamente en su abdomen destrozando la delgada capa de cristales que le protegían la carne, siendo esta herida la más grave hasta el momento. Una bomba más fue a dar al suelo gracias a un torpe tiro del invocador. Esta explosión, aunada con la presión y el peso de la araña en suplicio, hicieron que el suelo se hundiera, dejando al asesino y al invocador parcialmente cubiertos por los restos de cadáveres. Algo demasiado peligroso al caer en cuenta que aquellas crías no habían abandonado la habitación y ahora acechaban a sus imposibilitados compañeros.

¡Resistan! - El enano gritó mientras veía como la pata que había herido, con su escudo despedazado, se rompía por la mitad como si se tratara de una rama seca. La araña cayó estrepitosamente al suelo, acompañada de un alarido de dolor propinado por la pérdida de su extremidad y la herida de su abdomen. Zargum corrió sin pensarlo dos veces. Empuñando aquel pesado martillo con ambas manos, y aprovechando la desorientación del arácnido, el enano giró su martillo utilizando toda la fortaleza de la que era capaz de extraer de si mismo y lanzó verticalmente su arma en dirección al desprotegido abdomen de la descomunal bestia. La potencia de aquel ataque tendría dos o tres veces el poder de la fuerza del enano gracias a la fuerza de gravedad y el vuelo que había generado al dar algunas poderosas vueltas. Sin duda sería un golpe que destrozaría rocas hasta sus cimientos, pero la verdadera preocupación del enano no era eliminar aquella amenaza si no llegar a tiempo hasta sus indefensos compañeros.

El martillo seguía en el aire mientras el enano corría lo más rápido posible hasta las cercanas losas de cadáveres y las crías que ahí se habían conglomerado. No había tiempo de coger arma alguna ni escudos. No había tiempo de ver si su frenético ataque acabaría con la vida del enorme arácnido. No había tiempo de contemplaciones ni dudas. En su mente solo estaba la enseñanza de su heroico padre y tutor. Las palabras sabias de un guerrero veterano y antiguo Rey de su clan - "...Tu cuerpo es tu arma... y tus armas son para proteger..." - Tanto Josef como B no dieron cabida a lo que sus ojos presenciaron. Claramente habían visto como el enano de al rededor de unos cien kilos de masa volaba horizontalmente hacia el grupo de arácnidos que les amenazaba. Zargum había dado un salto y con él había intentado sujetar a dos arañas por la cabeza y había aplastado a una de estas con su mole cubierta de placas de armadura. La intención del enano era quitar la atención de las arañas para que los humanos tuvieran oportunidad de salir de su prisión de huesos, pero había quedado desarmado y agotado por su anterior ataque y carrera. Poco podría hacer en aquella situación. Solo podía confiar en la resistencia de su armadura - ¡Intenten morderme bestias inmundas! ¡Experimenten la resistencia de un Martillo de Hierro!.

Spoiler:

Bueno, en resumen: Corrí, lancé mi martillo con dirección al abdomen de la araña gigante, y salté sin mucho control hacia el grupo de 6 arañas que amenazaban a B y Josef.
Tengo [o espero tener] a dos de estas arañas sujetadas fuertemente con mis manos. Además aplasté una con mi propio peso [teniendo en cuenta su posición y mi ataque sorpresa no creo que sea tan complicado aplastarla].. sin embargo estoy expuesto a las mordidas de al menos 2 de las arañas.
Con esto sacrifico mi integridad personal pero espero darles oportunidad a los otros dos de escapar a su prisión.
Te recuerdo que mi armadura es completa pero no es imposible que me hieran en piernas, brazos y cara.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Sáb Nov 05, 2011 5:17 pm

El enmascarado observó con asombro cómo, lejos de aprobar sus suposiciones, las bombas explotaron en las patas pero sin causar mayor daño que unas insignificantes grietas. Con esta reacción, su plan se iba al garete. Por suerte, como ya se hacía frecuente, el asombroso y variado Doctor Ivo Robotnik empleó un nuevo as en la manga. Esta vez resultó en una bomba incendiaria que prendió en llamas la cristalina cabeza de la portentosa araña. Mientras el enmascarado contemplaba sonriente cómo la translúcida criatura se agitaba desesperadamente, intentando en vano apagar su flameada cabeza, las pequeñas arañas de la pila comenzaron a rodearle. Ya ni se acordaba de ellas, la grande se había encargado de tomar el protagonismo hasta ahora, pero las crías habían decidido hacer una nueva actuación para recordar su incómoda presencia.

Como si trataran de hacer una premeditada emboscada, las crías le estaban rodeando, haciendo que los problemas de B aumentar. Mientras las maldecía, inspeccionó a su alrededor buscando alguna manera de salir airoso de allí. Como una divina señal del cielo, vio su maza metálica a escasos metros, la maza que segundos antes había lanzado contra la araña para su actual desgracia. El inconveniente es que estaba detrás de las arañas, pero eso no era más que una molestia que se podía salvar. Aún sin carrerilla, B fue capaz de pegar un brinco y salir de la trampa que las arañas poco a poco le estaban acometiendo. Aterrizó junto al mazo con una voltereta que le amortiguó la caída y lo agarró a la par que se levantaba.

Protegidas por el manto de su madre (aunque ahora ésta tenía sus propios problemas) las confiadas crías cambiaron velozmente de rumbo para dirigirse hacia la nueva posición de B. El enmascarado se protegió de la primera de ellas golpeándola con su mazo y haciendo que se dividiera en incontables fragmentos diminutos de cristal. Tenía su mirada fija en las demás y cuando estaba a punto de volver a atacar a otra, una fuerte explosión en la gigante atrajo su atención. La enorme araña empezó a mostrar signos de debilidad y derrota en su abdomen. Fuera quien fuese el que había ocasionado esa acción, había dado en el clavo. La pata débil terminó de romperse por el propio peso de la araña y entonces, una bomba mal lanzada creó una nueva explosión. La pila de desechos comenzó a precipitarse. El enmascarado advirtió su desmoronamiento y comenzó a correr, haciendo caso ajeno de las crías., pero únicamente consiguió dar dos pasos hasta que los huesos y las armas cayeron encima suya, aplastándole.

Con disgusto vio como el invocador también había sufrido el mismo acontecimiento, aunque él lo tenía más factible para escabullirse de allí. B, en contraposición, estaba enterrado casi en su totalidad. Sólo su cabeza y su brazo derecho se podían mover con soltura, su cuerpo restante estaba impedido por asquerosos huesos y varias armas y armaduras que no le permitían ni mover sus pies ni un milímetro. Estaba encajado. Ahora que parecía que por fin habían herido con gravedad a la araña y localizado su punto fuerte, un nuevo impedimento pedía su resolución inmediata. Con desesperación el enmascarado intentaba salir, moviendo su cuerpo sin destino con la esperanza de localizar huecos entre la pila, pero fue en vano.

Su mejor esperanza eran sus compañeros, pero era mejor que aprovechasen el momento para acabar con la araña de una vez por todas. El enmascarado cogió un hueso que tenía a mano y comenzó a dar golpes a las crías, que poco a poco se subían a la pila y se acercaban cada vez más a B y Josef. Estancado como estaba no era capaz de coger la inercia suficiente como para aplastar a las arañas, solamente conseguía alejarlas un poco de él. Tenía que salir de ahí ya. Demostrando nuevamente su heroísmo y su coraje propio de un buen enano, Zargum lanzó su martillo hacia la araña grande y enfocó su atención en sus compañeros. Corrió con ímpetu hacia ellos con ayudarles y salvarles como único pensamiento en mente. Sin escudo, sin arma, sólo con su cuerpo y su honor se tiró encima de una de las arañas y cogió a otras dos, intentando frenarlas. Maldito coraje enano. ¿No se daba cuenta de que si moría lo harían todos los demás también?

B no podía quedarse ahí pasmado, contemplando como el indefenso enano intentaba salvarles, sin hacer nada. Tanto ejercicio y tanto entrenamiento tenía que servir de algo.
¡Zargum! –gritó mientras otra vez intentaba salir de ahí –¡Aguanta! –el enmascarado se movía bruscamente. Cualquiera diría que estaba muy alterado, dados sus desesperados movimientos, pero no era así. Lo que le impulsaba era su voluntad de salvar al enano. Además de haber demostrado ser alguien digno de salvar, era su guía, y un buen guía del que habían llegado al punto de depender. Esto no lo podía consentir. Intentaba mover sus brazos, sus piernas, pero no podía. Estaba jodidamente encasillado en ese lugar. Tras su máscara, su rostro empezó a enrojecerse como consecuencia de la fuerza que empleaba. Apretó sus dientes tanto que se oían de lejos sus chirridos, intentando olvidarse del dolor que estaba sufriendo. Con su mano derecha empezó a golpear la pila como si se hubiera vuelto loco. Todo su esfuerzo fue resultando en objetos que finalmente se movieron brevemente de lugar, creando pequeños huecos. Esos huecos cada vez se hicieron más grandes y por fin, con un suculento desgaste, el enmascarado se consiguió salir.

Con el primer objeto contundente que estaba más cercano, golpeó a todas las crías que pudo. Primero apuntó a las que resultaban un mayor peligro y después intento hacer añicos las restantes. Prestó atención a Josef, por si necesitaba ayuda con las arañas o par salir de ahí y después se dirigió hacia el grupo.
Armaos. Vamos a acabar con ella de una vez –manifestó el enmascarado mientras miraba a la araña. Era la hora. Iba a morir. Estaba dispuesto a ir a por ella él solo si hacía falta y hacer que su abdomen terminara de reventar.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Dom Nov 06, 2011 7:52 pm

Off:

Spoiler:
Pido disculpas por la tardanza y agradezco la misericordia XD

Ahora bien, tengo que hacer una aclaración. Aunque Abrahel tenga alas, por el momento no tiene la capacidad de volar, ya que esta cuenta como una habilidad por aparte.

On:

Durante su vida, Josef K había participado de varias empresas que le pusieron bajo riesgo de muerte, decisiones que, al ser analizadas en retrospectiva, se antojaban imprudentes e insensatas. Alguna vez había cometido la temeridad de abofetear a la mujer de un guerrero de la tribu de los Tucú, que habían capturado junto al resto de la aldea para ser comerciados como esclavos, siendo necesarios 5 hombres para quitárselo de encima, y aún así, tan sólo dejó de presionar la faringe del hechicero cuando las heridas de los apuñalamientos en su espalda le arrebataron la vida. Más recientemente, en el extravío de la ebriedad, había terminado por danzar haciendo equilibrio sobre la borda de una embarcación que atravesaba por aguas enrarecidas. Y sin embargo, cuando tuvo tiempo de reflexionar, ninguna de estas situaciones parecía tan arriesgada como el peligro que significó utilizar explosivos en las profundidades de la tierra.

Los artilugios, sin embargo, habían resultado de suma utilidad. Los poderosos golpes del enano, el insólito fuego del inventor, y los explosivos arrojados por el enmascarado, Josef y Abrahel, tenían al cristalino arácnido de tamaño monstruoso a punto de sucumbir. Una de sus patas había cedido hasta desintegrarse y sobre el torso mismo de la bestia, las grietas empezaban a extenderse en una señal que bien podría haber despertado la esperanza de la victoria en el invocador. Sin embargo, y como bien repetía Abrahel en esos días en que su pesimismo cínico se exacerbaba, “siempre existe la posibilidad de que una situación que aparente marchar de buena manera, termine por irse a la mierda… y si las cosas ya están saliendo mal, entonces cabe la posibilidad de que empeoren”.

El tiro de Josef, arrojado con la intención de impactar sobre la araña caída, no contó ni con la precisión ni con la fortuna que si tuvieron los golpes de sus compañeros, la explosión cuya finalidad tendría que haber sido la de acrecentar los daños a la estructura de la araña, terminaron por causar tal temblor, que por un instante Josef llegó a pensar que el techo se vendría abajo hasta sepultarlos, y en efecto terminaría sepultado, aunque no por el techo, sino por la montaña de escombros que no resistió más erguida y terminó por venirse abajo, en avalancha de huesos y metal que, en su camino, también atrapó el cuerpo del asesino enmascarado. Con sus piernas apresadas, constató sobresaltado que las crías de araña volvían a significar una amenaza, atraídas por B, ahora les fijaban a él y al hechicero como objetivo.

Como si no hubiera bastado la consagración arrojada de Zargum a la protección de sus compañeros durante toda la aventura, ante la escena, el enano terminó una vez más por exponer su integridad en pro de la de sus acompañantes, esta vez arrojándose desarmado sobre el grupo de arañas. A Josef no le gustaba deber favores, y tampoco estaba dispuesto a cargar en su conciencia con la muerte de un noble atolondrado, de manera que valiéndose de todas sus fuerzas se propuso liberar sus piernas para así ayudar en el combate. Abrahel apareció pronto a su lado y se disponía a ayudarle en la lucha por liberar sus piernas aprisionadas, pero bien sabía Josef que aún estando libre, no iba a ser su ayuda la más valiosa en la lucha por la supervivencia.

-Corre, hermosa… corre y ayuda a salir al enmascarado-

Fue la orden que la demonio atendió de inmediato, escalando por sobre los escombros hasta la posición del asesino, donde se prestaría a retirar cuanto pudiera los huesos y armaduras, de tal manera que el asesino se liberase con mayor prontitud. Por su parte, la liberación resultó en una terea penosa, pues cuanto más luchaba, más daño parecían hacerle las púas de las corazas y los filos de los huesos fracturados, pero sobreponiéndose al dolor y a la fatiga, lo consiguió por fin y corriendo tan rápido como se lo permitía su agotamiento, se armó del fémur macizo que otrora hubiera pertenecido a un férreo enano, y se dispuso a aplastar con él a las arañas que amenazaban a Zargum.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Dom Nov 06, 2011 9:22 pm

Las maravillas de la antigüedad solo pueden ser vistas por aquellos que están dispuestos a derramar su sangre por estar cerca de aquella acumulación de recuerdos, de pasiones y anhelos, que aun antiguos son tan fuertes como para cambiar el presente, ¿quien ha visto la ciudad bajo el sol negro mas alla de las estrellas?¿quien a danzado entre los pilares de las ciudades devoradas por la arena y el viento?... solo los espiritus del pasado, los espiritus antiguos y que aun viven en sus recuerdos y anhelos, como si fueran su alimento eterno.

La situacion cada vez estaba mas y mas difícil, parecía que aquel lugar podría ser sus tumbas, pero lo mas probable era que la diosa fortuna les estaba sonriendo por primera vez en tanto tiempo, desde que habian terminado por caer en los blancos guantes de ese inventor, el cual siempre sonreia a pesar de la situación, siendo cada vez mas extraño, el enano habia girado como un trompo, una y otra y otra vez, lanzándolo su martillo, como los propios enanos del pasado lo habian hecho en ese mismo lugar, el martillo salió disparado, como un poderoso proyectil hacia el abdomen de la araña que intentaba recuperarse no solo de la perdida de su pata, si no de todos los ataques que habia sufrido … ella solo buscaba alimento, ¿acaso era un crimen?, mientras el enano habia saltado sin vacilar, sin dudar un instante contra las arañas, una de estas tubo la mala fortuna de estar en su camino, siendo literalmente pisada por mas de cien kilogramos compactos, su cuerpo no pudo soportar aquel embiste y como sus hermanas lo habian hecho antes se quebró en cientos de fragmentos, rápidamente con sus fuertes manos tomo como pudo a dos arañas mas, las cuales daban poderosos mordiscos a el aire, intentando agarrar algo incluso con sus patas.

El asesino estaba atrapado, solamente su cabeza y uno de sus brazos tenia libre y un asi sus intentos por liberarse parecían infructuosos,mientras veía como las arañas se acercaban con sus cristalinas fauses, prestas a devorar su carne, sus ojos rojos entonaban con aquel casi azul que se creaba en sus cuerpo, mientras sus patas se aferraban fuertemente a los huesos y armas que habian en su camino, el movimiento de su cuerpo no solo era infructuoso para salir, si no que también lo lastimaba, mas entre pequeños cortes de aquellas armas que después de mil años, aun podían lastimar como el dia que fueron forjadas, pudo liberar su cuerpo, este lleno de magulladuras y golpes no era el mejor presagio, pero tenia una oportunidad de vivir, rápidamente tomo un femur, el hueso mas cercano que tenia y comenzó a golpear las arañas, estas no podían contra aquella arma profana, un fuerte golpe hizo que el hueso vibrara en la mano del asesino causándole dolor, pero no mas que las tres patas que se hicieron añicos de una de las arañas.

Por su parte, el mas joven de todos tenia sus propios problemas, su propia bomba habia causado aquel alud de huesos y metal sobre el y el asesino, habia quedado cubierto hasta la cintura por los restos y como su compañero, no podía salir, su acompañante, la bella demonio aun estaba libre y escuchando las ordenes de su amo debió de obedecer, no sin mascullar palabras de que “era un idiota por preocuparse por los demas” lamentablemente la acción de su amo no fue de utilidad, ya que cuando la demonio estaba dispuesta a ayudar al asesino, este ya habia salido de su prisión, no sin penosos resultados, ya que se podía ver que en varias partes de su cuerpo habian diminutas manchas rojas, su propia sangre, el invocador no tuvo mejor suerte, como el asesino pudo salir de aquella pila de huesos, lastimando su propio cuerpo en el proceso, con fuerza estiro su mano para tomar un femur, un arma idéntica a la de su compañero, pero, o dioses oscuros, entre la oscuridad, entre la luz y la desesperación, el hueso que decidió tomar distaba mucho de haber sido el mejor, con fuerza lo tomo en su mano, y con ello la astilla de hueso se incrusto en su carne, casi saliendo del otro lado de su mano, su grito de dolor hizo eco en aquella sala, no habia sido la mejor fortuna, ni tampoco los mejores días para ese muchacho.

Zargum luchaba valientemente contra las arañas, su cuerpo podía ser pequeño pero era puro musculo, su armadura de metal evitaba que las patas de las arañas lastimaran su carne, aunque las dos estaban luchando con todas sus fuerzas, y el enano a pesar de todo era mortal, no habia dejado de luchar, y aquello era algo que pocas veces sentiría, las pequeñas arañas comenzaban a retorcerse para liberarse, con tan mala fortuna para el enano que sus patas se enredaron en su tupida barba, el orgullo de su raza ahora seria la fuente de un dolor que jamás habia conocido, sus patas tiraban y tiraban, arrancando los largos bellos de su baba, claro que no eran demaciados, pero lentamente su poblada barba se comenzó a reducir, con furia enana , Zargum comenzó a apretar aquellas dos diminutcas cabezas, un enorme chillido se escucho de sus atroces voces cuando su cristal se hacia trizas en las manos del enano, sus cuerpos cayeron sin vida al suelo, cualquiera que hubiera visto a Zargum antes y después de aquellos momentos hubiera estado de acuerdo que antes tenia mucha mas barba, quizás se habia reducido un tercio, mas aun asi habian herido su orgullo de enano, sin mediar palabra entro en algo semejante a una furia enana, agarrando la maza mas cercana y se lanzo a la batalla.

El asesino ya habia acabado con una de las arañas, golpeándola hasta que el propio femur se astillo en sus manos, terminando con un ultimo golpe, romperse en dos, Josef con la ayuda de su hermosa “asistente” habia acabado con dos mas, podría decirse que en ese momento la furia asesina del enano se calmo al no ver mas enemigos, los tres hombres estaban agotados, realmente agotados de tanta lucha, mas aun les deparaba mucho mas el destino, el sonido de un grito desgarrador se pudo escuchar, se giraron para ver como la enorme araña se tambaleaba y volvia a caer al suelo, el martillo de Zargum habia dado en su llastimado abdomen agrietándolo de forma salvaje, los trozos que caian de su cuerpo eran inmensos, al igual que lo eran sus patas que una a una comenzaban a desprenderse del cuerpo para caer al suelo, retorciéndose y convulsionando , como lo harían las de una mas pequeña, aquella visión debió de ser reconfortante, ya que a pesar de las heridas que sangraban en ambos humanos y la falta de vellosidad (Zargum perdió un tercio de su barba) en el rostro del enano una sonrisa se esbozo, el inventor se apoyo en su hacha, viendo como la araña dejaba de existir, para convertirse en un cadáver inmenso, el grupo se volvió a juntar, no solo por tratar de recuperar fuerzas, si no para encontrar una salida, el inventor extrajo el mapa de su enorme mochila, mientras eran vistas las salidas, al parecer habia un túnel que daba directamente hacia la ciudad.

Tanto el asesino, como el invocador comenzaron a ver sus heridas, no eran demasiado profundas, a escepcion del invocador que durante un tiempo no podría usar su mano sin sufrir fuertes dolores, todo gracias a una astilla de hueso incrustada en su carne, el enano aprovecho de recuperar su martillo del cadáver de la araña y lamentarse por su barba, aunque seria una buena historia en un futuro, aunque el descanzo no duro poco, un sonido les llamo la atención, y no era menos ya que ante sus ojos, los nidos de araña que habian en el techo comenzaron a desmoronarce, seria una veintena los que habian, pero a medida que los trozo de huesos y armadura caian como una lluvia, los cuerpos de mas arañas se dejaban ver, su tamaño era de la mitad de la hembra y no era de extrañar, ya que eran los machos, sus pesados cuerpos se dejaron caer al suelo, para aterrizar con sus patas, ahora tenían un problema mas serios que heridas en sus cuerpos, las arañas parecían furiosas.

-¡¡¡AL TUNEL AHORA!!!-

Se pudo escuchar la voz del inventor, el grupo sin dudar salió corriendo, era mejor decir “aquí corrió, que aqui murió” el grupo corria como podía, el inventor a su modo muy curioso llevando la mochila en su espalda, Zargum llevaba su maza y el asesino e invocador corrian como alma perseguida por el diablo, las arañas se agolpaban en el pequeño tunel, haciendo que sus cuerpos rozaran los muros y logrando que se desprendieran cristales de sus cuerpos, aun asi no aminoraban la carrera, estaban sedientas de sangre por la muerte de la hembra, el grupo giraba en las curvas abruptas del túnel, mas las arañas chocaban contra el nuevo muro que se presentaba, no importaba, si se estrellaban cinco las quince restantes pasaban por encima de las demás para continuar la persecucon, el sonido de los cristales era atronador y mas aun cuando las arañas comenzaron a acercarse al grupo, la única luz era el martillo de Zargum, el cual iluminaba a toda su capacidad y no era mas que para ver un par de emtros hacia adelante, el inventor llevo su mano hasta su cinto, le quedaban dos bombas, la poca luz que habia le pudo dejar ver dos grandes pilares, y mas alla la salida.

-¡¡¡SIGAN CORRIENDO … Y NO SE DETENGAN!!!-

Se escucho del inventor cuando pasaron los pilares y comenzaron a cruzar un largo puente de roca tallada, el inventor saco sus bombas y las lanzo a los pilares, a la parte mas delgada de estos, estos presas de las explopsiones y siglos de descuido se vinieron abajo, aplastando a dos arañas que habian bajo el arco y cerrando el paso a las demás, el sonido e las explosiones dejo sordo unos instantes al inventor el cual después de que sus oídos volvieran a la normalidad pudo escuchar el chillido de las arañas y su frentetica lucha por salir de ahí, de todas formas el inventor volvió al grupo que ahora miraban con la boca abierta lo que habia frente a ellos, ante sus ojos se levantaban ruinas, ruinas tan antiguas que todo rastro de madera habia desaparecido y solo quedaba el metal y la roca con la que fueron fundadas, torres a medio derrumbar, muros blancos y con almenas, era la ciudad … la ciudad enana de Dun Bara Dum.

Off:

Spoiler:
Bueno caballeros, este será su ultimo turno en esta aventura, espero que la hayan pasado bien con esta primera mitad, ahora creo que de este post no hay mucho que decir mas que lo siguiente.

Zargum: Tu has perdido un poco de tu barba, crecerá, aun asi de ahora en adelante sentiras una furia enana cuando veas arañas de cristal por el recuerdo de que te la arrancaron pelo a pelo, de todas formas ahora estas en la ciudad enana, y creo que eso será de gran ayuda a palear tu frustración xD.

B: Tienes heridas menores, ningún problema, lamentablemente te has dado cuenta de que tus dotes de asesino fueron de poca utilidad en la mina y que si no hubiera sido por Zargum, el doc o el femur habrias muerto, querras superarte como asesino, han llegado a la ciudad y ahora lo único que quieres es ver que reliquias se esconden en sus muros.

Josef: Te atrasaste el ultimo turno, y para colmo no te diste cuenta de que B ya se habia liberado, por ello has quedado con la mano lastimada, no la podras seguir usando durante un tiempo, ya que hay un pequeño trozo de hueso en su interior y sin los conocimientos médicos, el intentar sacarla podría acabar en lastimarte los tendones y nervios.

Ahora una pequeña cosa que deben hacer este turno xD, relaten lo de la huida y etc etc, las arañas y la felicidad y todo eso xD, la ciudad queda a libre elección, pueden nombrar desde un martillo enano hasta la maquinaria que aun exista, mas tengan en cuenta de que en la ciudad si hay esqueletos y si hay restos de cuerpos, encontraran enanos con hachas enterradas en su cabeza, como también esqueletos de ogros o ciclopes llenos de virotes de ballesta.
Se me había olvidado colocar, encontraran esqueletos humanos, pero estos tendrán puesto los escudos enanos, símbolo de que lucharon junto a estos últimos.

AVISO IMPORTANTE

Ademas quiero que hagan lo siguiente al finalizar su turno:

Zargum se sentirá extralñamente atraído por una construcción semi derrumbada, lo único que encontrara ahí aparte de restos será un yunque enano, no podras pasar mas alla de la puerta y ahí terminara tu post.

B, tu al igual que Zargum te sentiras atraído por una construcción totalmente ajena a lo que seria de un enano, pareciera ser que hubiera sido hecha para humanos, encontraras ahí un pequeño horno para hierro, nada mas, tu turno acabara en cuanto llegues a la puerta.

Josef, tu te sentiras atraído por subir a la parte mas alta, ahí habrá una casa enana, te encontraras tres esqueletos, uno que indudablmente fue humano, el cual pareciera proteger a dos esqueletos de niños enanos, tu turno terminara cuando llegues a la puerta.

NINGUNO puede entrar a los lugares que les mencione, lo que hagan antes de eso es asunto suyo, pero quien no ovedesca esto ultimo no recibirá su premio ni nada.

Mastereo el jueves 10 no quiero atrasos xD.

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Zargum Ironhammer el Mar Nov 08, 2011 8:36 pm

Pocas cosas molestaban a Zargum. La arena escurridiza dentro de sus grandes botas metálicas. La sensación del pútrido aliento orco cerca de su cara. La comida vegetariana de los elfos. El mar abierto. Las aberraciones mágicas como los minotauros, las gorgonas y otros muchos seres. Pero nada, nada se comparaba con la molestia que le propinaban las escurridizas arañas mientras forcejeaban con el enano y halaban su frondosa y orgullosa barba - ¡Aggg! ¡Malditas sabandijas! ¡La barba no! ¡La barba no! - El enano sujetaba con fuerza a dos de las arañas mientras que otras mas trataban de morderle y picar con sus patas el cuerpo del enano, sin embargo pronto pudieron descubrir que el acero enano no era algo fácilmente penetrable.

Las arañas en sus manos trataban frenéticamente de salir de la presión de las ásperas manos de Zargum. Trataban de agotar al enano, y lo estaban consiguiendo. Pero justo antes de que pudiesen alcanzar su libertad, enredaron sus patas con la barba y comenzaban a arrancarle el pelo de esta como si de una hilaza se tratara. El enano sentía como perdía sus cabellos que tanto orgullo le daban y sacando fuerzas de flaqueza, Zargum profirió un grito de furia y apretó con todas sus fuerzas a las alimañas que tenía en las manos, destrozando a ambas ante la presión de las fuertes extremidades enanas - ¡Barrünn! - Maldijo el enano al llevarse las manos a la cara y ver que casi la mitad de su frondosa barba ahora yacía enredada en las patas de las arañas y esparcidas por todo el suelo y los huesos de sus ancestros. En ese instante, la enorme araña madre se desplomaba sobre sí misma a sus espaldas. En parte por el contundente golpe propinado por el pesado martillo de Zargum. Una escena digna de alabanzas, pero en este momento el enano no tenía ánimos de celebrar. Aún habían pequeñas arañas a sus costados, y alguien debía pagar por la ofensa a la integridad de su barba. Cogió una maza oxidada y cegado por la sangre y el orgullo de su raza comenzó a machacar los frágiles cuerpos de las arañas que aún le rodeaban. Esquirlas de cristal fue lo único que quedó de aquellos pobres arácnidos sin madre.

El grupo se reunía al rededor del doctor, quien revisaba nuevamente su mapa. Habían acabado con una enorme gigante y sus crías, esto era sin duda un acontecimiento digno de relatar a sus hermanos del Martillo de Hierro acompañado con una espumosa cerveza.

Zargum revisaba constantemente su barba. Ya no era tan larga pero al menos no había perdido tanta como en un principio había pensado. Rebuscando entre los restos de la enorme madre, Zargum recuperó a Khazûn Tronnell. El martillo yacía incrustado dentro de los estos del abdomen de la araña gigante dejando ver lo catastrófica que había resultado aquella herida contundente - Bien hecho compañera - Zargum sujetaba al martillo apoyándolo sobre su hombro y enviando su mirada hacia el horizonte. Buscaba el siguiente punto a explorar o quizá un buen lugar para tomar un descanso. Pero sus posibilidades fueron reducidas a una, tras escuchar las estridentes caídas de un gran número de arañas de la mitad del tamaño que la que yacía ahora a sus pies. El grito del doctor solo puso palabras a los instintos de supervivencia del grupo entero. Tenían que salir de ahí, y rápido.

Corriendo hacia el túnel más al norte de aquella habitación, el grupo entero trataba de evitar la furia de las arañas que ahora les perseguían. Seguramente serían los machos de la hembra, o tal vez crías más desarrolladas. No lo podría saber con certeza hasta no verlas detenidamente. Cosa que no ocurriría esta vez.

El martillo del enano era la única fuente de luz del grupo, pero esta vez no podría ir a la cabeza del grupo, estaba muy cansado y las piernas no le alcanzaban. Pero en un gran movimiento del doctor Ivo, un par de pilares desgastados con el tiempo fueron echados abajo tras las explosiones de dos más de aquellas bombas que tanta ayuda le brindaban. Los pesados pedazos de roca y cuarzo sepultaron dos de las arañas más adelantadas y bloquearon por completo el único camino visible de aquel túnel. Estaban a salvo por fin, pero no sería lo más gratificante para el grupo. A escasos metros de distancia, adornado con el eco de los quejidos de las arañas sepultadas a sus espaldas, las ruinas de la ancestral ciudad de Dun Bara Dum permanecían inmutables después de tantos siglos de permanecer apartada de la vista de los enanos y del mundo exterior. Zargum no tenía palabras. Este era sin duda un descubrimiento que bien había valido la pena el tortuoso viaje y el riesgo de la exploración anterior. El enano miró fijamente al doctor, quien esbozaba su típica sonrisa de auto satisfacción - Bien hecho doctor, nos ha traído hasta las ruinas que prometió - Zargum se sentó sobre la roca más cercana y rebuscó en su mochila impaciente. Extrajo uno de sus barriles de cerveza y cuatro cigarros elaborados por la mañana de aquel día, los cuales repartió entre sus compañeros - Señores... al fin nos toca celebrar por nuestro descubrimiento... ¡Y que descubrimiento! ... Fumad el tabaco en honor a nuestra proeza y bebed de este barril en celebración por nuestra ardua campaña... ¡Por el Martillo de Hierro y vuestras casas y familias! - El enano brindó, bebió y fumó. Su gran humor y su carisma parecía contagiarse entre sus compañeros, quizá por el agotamiento generalizado o por el simple placer de beber algo o fumar un cálido tabaco en el interior de aquella fría caverna. Un merecido descanso a los pies de las ruinas de sus ancestros.

Pronto culminó el festejo y continuaron con la expedición. Las enormes paredes se mantenían en pié casi como si los años no hubiesen pasado por ellas. Como si el tiempo corriese más lentamente en aquel lugar. El grupo se dispersó por las ruinas, en busca de cualquier indicio de vida o cualquier artefacto de importancia. Los esqueletos de criaturas como temibles cíclopes y un sin fin de orcos yacían en los suelos empedrados de la ciudad. Además los esqueletos de enanos y humanos, los cuales bien sabía que habían colaborado en tiempos ancestrales yacían por doquier acompañando el eterno descanso de las demás criaturas que alguna vez lucharon hasta la muerte en este lugar - Tened cuidado con trampas o cualquier criatura desconocida que vean - El consejo de Zargum era acertado, no podrían bajar la guardia a pesar de haber descubierto la ciudad perdida - Sean discretos y abran bien los ojos, no hay necesidad de cometer insensateces.

El orgulloso enano del clan Martillo de Hierro exploraba por uno de los niveles inferiores mientras que sus compañeros permanecían a la vista explorando construcciones contiguas. Por un momento consideró explorar una de las construcciones de las más deterioradas que tenía a la vista. Sin duda antaño fue una forja o una herrería, sospecha que fue corroborada por la presencia de un gran yunque en el interior del cuarto. Una sensación de melancolía surgió en su pecho tras recordar las horas que había pasado durante su juventud al interior de una forja prácticamente idéntica a esta. Debía explorarla con mayor detenimiento...

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Josef K el Miér Nov 09, 2011 6:46 pm

Aturdido por el encarnizamiento de la batalla, Josef K, otrora dueño de una impavidez insolente, se había debatido con tal vehemencia sobre la coacción de su prisión de escombros, hasta el punto en que llegó a abrir nuevas fugas sobre la piel de sus piernas, pues cualquiera hubiera dicho que la sangre estaba ansiosa por escapar de su cuerpo, a cada vez más magullado. En tanto se liberó, lo primero que encontró fue el asedio de la mirada impertinente de Abrahel, pero la premura de los acontecimientos no le permitió comprender que si la demonio había atendido su orden infructuosa, había sido solo para ganarse el derecho de reprocharle su insensatez en cuanto tuviera oportunidad. En cambio, preso ahora de la emoción irreflexiva, el hechicero avanzaba desesperado por encontrar el arma, cualquiera fuera, que le permitiese integrarse al fragor del combate, tal vez deseando sin saberlo un poco de la gloria que cosechaba en esos momentos la valentía consagrada del enano.

Su impaciencia le condujo a atisbar y dirigirse hacia el arma que parecía adecuada, pese a que en efecto no lo era, pues su blancura y buena consistencia apenas ocultaban las astillas que, fruto de los siglos, terminaron por atravesar la carne de su mano una vez que Josef hubo apretado la base del hueso con arrebato. La oleada súbita de un dolor indescriptible se tradujo al instante en la cólera que materializó las frustraciones de aquel viaje de mierda con la sonoridad de un “¡¡¡ HIJO DE PUTAAAAAA!!!”. Y entonces se lanzó en pos de las crías de araña, que pese a que en realidad no tenían la culpa de nada, en su condición de enemigas terminaron por hacerse con el rol de culpables de todas sus desgracias, y lo mismo le hubiera dado destrozar sus nudillos en contra del cristal, si Abrahel no le hubiera entregado una barra de metal, que aparentemente era el mango de un hacha que había perdido sus hojas, y así, con la mano que le quedaba y la ira que le rebosaba, destrozo a una, y después a otra, y la siguió destrozando pues su muerte no parecía dejarlo satisfecho. Sólo viendo esa escena de ira y descontrol, hubieran podido comprender aquellos 2 niños, que horas después encontrarían en el bosque el cuerpo desfigurado del asesino de la taberna, las razones de tantas heridas.

Y mientras Abrahel trataba de calmar con sus comentarios burlones la ira de Josef, extinguiendo el fuego con combustible, la araña principal terminaba por desintegrarse fruto del resentimiento que sobre el cristal causaron todos aquellos impactos. Cuando se percató, el hechicero arrojo su arma sobre ella, queriendo finalizar con la profanación de aquel cadáver de una vez por todas el desahogo de sus infortunios, aunque en realidad, estaba tan agotado y estaban tan menguadas sus fuerzas, de por si modestas, que con dificultad el tiro recorrió apenas la mitad del camino. Entonces se dejó caer exhausto sobre sus rodillas, y apenas había logrado recuperar el aliento cuando desde el techo se desprendió un ejército de arañas de tamaño considerable y cantidad aterradora. El consenso sobre la imposibilidad de enfrentarse ante esos nuevos enemigos resultó ser inmediato, de manera que en la carrera por sobrevivir, Josef corría con la satisfacción de haber tomado la precaución sensata de no sentirse victorioso, pues si de algo influiría aquella aventura en los días que le quedaban por vivir, sería para cimentar en su vida la certeza de las ideas de su sometida respecto a que sí, siempre habrá espacio para que algo pueda marchar peor.

Aunque casi llegó a convencerse de lo escasos que serían los momentos que le quedaban por vivir cuando, en la premura de recorrer aquel nuevo túnel, empezó a constatar que sus pulmones llegaban al límite y que sus piernas cada vez respondían menos, al punto en que temió que en cualquier momento tropezaría y quedaría ahí, tendido a merced de aquellas bestias voraces que no paraban de acechar sus espaldas. Sin embargo, la pericia de Robotnik habría de hacerse presente una vez más, y vaya si en buena hora, cuando en el momento justo, provocó una explosión que bloqueó por completo el camino, separando de una vez y por todas a las arañas y a sus presas, que exhaustas, se tropezaron por fin con la ciudad oculta que habían llegado buscando.

Extenuado como estaba, Josef K dio en tumbarse sobre el suelo una vez el grupo se detuvo, contemplando el techo de roca, tan alto y remoto, que daba la impresión de ser el cielo de una noche nublada. Respiraba hondamente, inflando su pecho mientras se debatía para no desmayarse, y a través de su vista borrosa, contemplo una vez más la sonrisa de Abrahel, que lo estrechó en abrazo espontaneo mientras le susurraba al oído con su voz de alelí:

-Creía que eras muy marika para una aventura de estas… y lo he comprobado-

Por primera vez en mucho tiempo el hechicero se encontró con el sonido deleitable de su risa, y entonces se reincorporó para compartir gustoso la cerveza del enano. Si hasta ese día el hechicero sabía que no había nada más reconfortante que beber vino teniendo sed, tuvo que reconocer que ni aquello se igualaba con el placer reconstituyente de beber cerveza después de una batalla. Así que, pese a que en realidad no lo era, por un instante Josef se permitió sentirse ser un guerrero, un guerrero entre guerreros.

A Josef le gustaba fumar después de entregarse a las pasiones, y ciertamente nada más pasional que luchar y correr por salvar la vida. Sin embargo el tabaco no le resultó tan reconfortante como había esperado, pero no porque fuese mala la calidad o estuviera mal elaborado el cigarro, sino realmente porque su cuerpo había empezado a enfriarse, aún más rápido que el ritmo con que se enfrió su mente, y entonces el dolor de sus rasguños, magulladuras y golpes empezó a acrecentarse, pero sobre todo el dolor de la mano, que aún tenía incrustada la astilla, y empezaba a palpitar en ramalazos tan tortuosos y apreciables, que pronto Josef creyó que tenía un corazón desgarrado en lugar de una mano. En todo caso, el tabaco le ayudó a soportar el dolor.

Sin duda que la presencia de Aamon con su magia sanadora habría sido la solución pronta a su padecimiento, pero tan agotado estaba que se supo incapaz de manipular la suficiente esencia para invocarlo, de manera que se resignó a reanudar el camino junto al grupo sufriendo su dolor en silencio. En Josef el dolor menguaba al asombro que causaba la contemplación de aquella ciudad olvidada, y sin embargo llegó el instante en que hubiera deseado tener su mano sana, no para esquivar al dolor, sino para poder retratar la arquitectura agreste pero monumental de aquella magnifica ciudad subterránea, donde las edificaciones se mesclaban con la roca y los rostros gigantescos de enanos atávicos vigilaban desde la altura donde habían sido tallados al grupo de aventureros que, en ese momento, recorría caminos que no habían sido recorridos durante centurias.

Eran tantas y tan variadas las maravillas que había por observar, que lentamente y de manera inconsciente, el grupo se fue dispersando a través de las ramificaciones y los desniveles, mientras avanzaban dando vueltas sobre sí mismos para observar aquella estatua, aquel monumento, aquella puerta ornamentada, aquel esqueleto sobre su armadura… “aquel” lo que fuera. Y entonces, Josef K supo lo mucho que deseaba imprimir en su memoria todo aquello que observaba y a la ciudad en su conjunto, de manera que fue buscando posiciones cada vez más elevadas, hasta que ascendió a través de unas escaleras agrietadas hasta una zona de roca plana, desde donde se dominaba a buena parte de la ciudad, revelándose la organización intrincada de sus callejuelas, de sus puentes y escaleras. En medio de la planicie, como separada del resto de edificaciones por alguna suerte de autoridad ya extinta, se alzaba lo que parecía ser una casa, hecha de la misma roca sólida pero con la particularidad de un piso de mármol, extrañamente lustroso. Cerca de la entrada descansaban 3 esqueletos, uno más largo de los otros, acurrucados entre sí como si hubieran decidido protegerse mutuamente de una muerte que, por demás, les había llegado hacía ya mucho tiempo. Mientras Abrahel se entretenía contemplando los cuerpos, Josef avanzó hasta una puerta de remaches dorados, y de pronto, sin ningún motivo especifico, decidió ser el primer hombre en siglos en llamar a la puerta knock knock.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Miér Nov 09, 2011 9:08 pm

Un inventor armado con miles de sorpresas, un enano con su martillo, un enmascarado con su katana y un invocador. Había habido momentos críticos, pero finalmente habían demostrado no ser tan mal grupo. Gracias a la cooperación, todos habían salido vivos de aquél imponente enfrentamiento que acababan de superar. Se habían ayudado mutuamente para salir con vida y eso era lo importante. Era imposible sugerir que habían salido impunes de aquél desafío, pero con sus más y sus menos, ahora todos podían respirar el fatigante aire polvoso de la mina.

Una vez que las arañas habían pasado a formar una improvisada ornamentación en el suelo, el enmascarado, con la adrenalina y la rabia del momento en decrecimiento, miró su cuerpo para descubrir que varios cortes habían hecho mella en su piel al salir la pila, al igual que unas breves rajaduras en su túnica. Las heridas, aunque latosas, se curaban con el tiempo. Pero las tajaduras que los filos resquebrajantes de la inmundicia de la pila habían cortado en su túnica, no. Tendría que llevarla a alguna tienda textil o comprarse una nueva igual de útil.

Mientras B examinaba una pequeña incisión en su mano derecha, comprobando que la poca sangre que emanaba de ella ya había decidido detenerse, un retumbante alarido atrajo su atención. El grito de la araña gran precedió a su apesadumbrada caída. Con medio cuerpo descompuesto la araña yacía en el suelo como una nueva estatua decorativa, sólo que en medio del salón. ¿Tendría sentimientos o sólo era un ser destructivo y caótico creado mágica o rúnicamente? Tan imposible de saber para el enmascarado como irrelevante. Les había atacado, ellos se habían defendido matándola y ya está. B se sentó entre jadeos, intentando retomar la compostura. Había sido un duro combate, necesitaba unos segundos de tranquilidad. Cerró los ojos y miró hacia arriba, apoyado en una columna medio rota, mientras espiraba profunda y lentamente y soltaba sus músculos, tratando de olvidar dónde se encontraba.

Un hueso cayó a su lado, sacándole de un sobresalto de su preciado momento de paz. Con brusquedad abrió sus párpados para ver cómo incontables arañas de tamaño considerable bajaban a la par que más huesos y armas impactaban contra el suelo. Sus compañeros también lo advirtieron rápidamente y todos juntos echaron a correr nuevamente. La bolsa de tela llena de víveres estaba al otro lado de la sala. Demasiado lejos para cogerla sin excesivo riesgo, así que el torturador siguió corriendo. Sus exhaustos músculos hacían que la carrera fuera mucho más dolorosa y pesada que la anterior. Sus pulmones ya casi no procesaban oxígeno, pero nada era excusa para dejar de aletear las piernas con el primario propósito de sobrevivir. Los sonidos del cristal resonaban cada vez más a sus espaldas en boca de arañas desesperadas por cumplir una venganza, pero dejar que el agotamiento carcomiera sus energías era de perdedores, perdedores muertos.

El enmascarado ansiaba que algo sucediera y parase la carrera cuando, al cruzar un rocoso puente, el Doctor Ivo pareció escuchar sus plegarias y les cortó el paso a sus enemigos con unas explosiones en muestra de una nueva hazaña. ¿Qué había hecho B? Ivo había demostrado durante todo el trayecto, tanto en el viaje en el carromato como dentro de la mina, su habilidad para los artefactos extraños que parecían estar hechos a medida de la situación. El enano, además de ser un guía poderosamente recomendable, casi se había sacrificado para intentar ayudarles. El enmascarado, sin embargo, no había recibido tanto protagonismo como acostumbraba. Sus habilidades para la tortura y el rápido combate con la espada allí no le estaban siendo de utilidad. Necesitaba enemigos normales, de un tamaño inferior al gigantesco y, a ser posible, orgánicos. Entonces se iban a enterar de quién era B. Había pasado tres duros años recibiendo el entrenamiento de uno de los maestros más sabios y habilidosos de todo el continente, el maestro Fuuten, y lo iba a demostrar.

Sin más enemigos a sus espaldas de los que huir desesperadamente, la mina les mostró su parte más complaciente mostrándoles por fin la ciudad enana, hogar de unas reliquias antiguas que B ansiaba conseguir. El estado ruinoso en el que se encontraba Dun Bara Dum no apantallaba la magnificencia de la ciudad enana. El apedreado suelo estaba repleto de cadáveres centenarios de diversos tipos, tanto enanos y humanos como de las diferentes bestias y enemigos a los que tuvieron que hacer frente. La majestuosidad de sus paredes, sus columnas y sus estatuas desfiguradas era apabullante. Todos parecían estar felices de haber llegado.

Hace tiempo que no le doy una calada a ningún cigarro, pero no te haré el feo –le dijo al enano grave y amablemente. Cogió de buen gusto el cigarro que el barbudo le había ofrecido y colocó su dedo índice en el final del cigarro, tratando de encenderlo. Lo hizo sin pensar, de manera instintiva. Ninguna llama salió de su dedo. Con una estúpida sonrisa, el enmascarado recordó que ya no era ningún mago pírico y que de momento su mano no podía encender ningún mechero. El fuego…tan poderoso aliado y tan caluroso amigo. Lo echaba mucho de menos. La ardiente nostalgia habría hecho que cualquier sensiblón arrancara en lloros, pero B no era de esos. Además, estaba a punto de conseguir un arma antigua que quizás pudiera tapar esa herida, al menos esperaba que lo hiciera en un porcentaje.

Pidió fuego a sus compañeros y comenzó a fumar mientras bebía. La verdad es que el humo no le sentó muy bien. Sus fatigados pulmones estaban tan abiertos como la vagina de una embarazada a punto de parir y el humo entraba dolorosamente en ellos. Pero como B era alguien educado, conformista y que no quería dar razones para estar de malhumor al enano (y menos después de lo acontecido con su orgullosa barba), fumó sin más.

Cuando la pequeña bienvenida jolgoriosa acabó, cada uno examinó la ciudad por su cuenta, siempre atentos de la aparición de posibles trampas, por supuesto. Al enmascarado le llamó la especial atención una extraña construcción. Se acercó a ella, indagando en su esplendor y su curiosidad. Cabía destacar un horno situado en ella. ¿Qué era eso? ¿Es qué caso iba a salir de ahí algún arma? Una puerta se presentaba con la esperanza de respuestas. El enmascarado estaba dispuesto a abrirla y recibir alguna resolución.
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B

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Re: Los cimientos del Imperio

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