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Los cimientos del Imperio

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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Nov 09, 2011 10:44 pm

¿Qué secretos se pueden develar en una ciudad que fue olvidada por siglos y que estaba manchada por sangre y gritos?


Aquel lugar aprecia llamar a cada uno de esos aventureros, los llamaba a explorar, como si las almas del pasado necesitaran contar su vieja historia, un anhelo que los propios huesos parecían desear, los cuatro hombres que recorrían esa veja ciudad se dividieron, como anhelando algo encontrar y no estaba muy lejos, unos estaban por las reliquias que antaño habían sido poderosas y que ahora reposaban entre huesos y armas, otros deseaban el dinero, cosa natural para los mercenarios que no dudarían en aceptar un trabajo si la paga era aceptable o considerable … mas entre ellos había uno, uno solo que no buscaba riqueza, no buscaba reliquias de guerra, sino algo mucho más sutil, buscaba la razón de ese lugar, la razón del olvido y la maldición que había suscitado en aquellas rocas heridas.

Las ruinas enanas parecían hablarle a Zargum, parecían contarle mil historias de grandeza y batallas, era como si conociera a sus antepasados, aquellos enanos que lucharon con honor hasta el último instante y que no dudaron en dar hasta la última gota por lo que ellos creían, era una batalla digna de mencionar, digna de tener en honor aun cuando las únicas testigos eran las rocas ya muertas por el tiempo, aquel marco de puerta no tenía nada de extraño, era simplemente una ruina pero para Zargum era diferente, podría decirse que le llamaba como una madre llama a su hijo cuando esta por recibir un obsequio, el enano dio un paso dentro de ese lugar, tan solo debió de tocar el piso de roca para que algo sucediera, como si fuera una luz que lo envolvía las ruinas desaparecían, el suelo volvía a quedar pulido y el ruido del martillo enano resonaba, habían risas tras de sí y mientras se giraba podía ver como la ciudad mostraba su antigua gloria, como tantos humanos como enanos caminaban por las calles, niños de ambas razas jugaban tranquilamente pero algo lo hizo girarse con asombro ante el enano que incansablemente golpeaba un trozo de metal hasta que las chispas brotaban de este.

-Joven Zargum *mientras el enano se giraba hasta él y le sonreía* lo esperaba más arde… ¿su padre, Ruathim Ironhammer, le envía por su escudo?-

La boca de Zargum se abrió, como era posible que aquel enano le conociera y que había pasado, pero antes de que pudiera contestar algo lo atravesó, no fue una espada ni una lanza, fue un pequeño enano, muy joven y que no le llegaba hasta el mentón, aun así pudo reconocer su apariencia y como aquella barba comenzaba a crecer en su rostro, era el mismo… años atrás, cuando apenas era un muchacho rebelde, que se desligaba de obligaciones o incluso de responsabilidades.

-Si, mi padre me envía… desea saber cuándo estará listo su escudo, la batalla se acerca y debe de estar todo listo si queremos defender la gema de esas alimañas-


En aquel momento Zargum sabía que estaba delirando, ¿como era posible que viera todo eso? Como era posible que se viera a sí mismo , más joven, en un lugar que jamás había visitado, en una época que él no había nacido, mas ahí estaba, el enano herrero río ampliamente, mas en aquel momento Zargum escucho una campana, una simple campana y un cuerno de guerra, rápidamente el enano tomo su armadura y en un parpadear se armaba, la armadura ya mostraba algunas marcas recientes, al igual que el martillo que tenía en sus manos, habían vuelto y nadie se dejaría abatir por ellos, rápidamente el enano salió junto con la versión más joven de Zargum, literalmente atravesó a Zargum como si fueran fantasmas y cuando quiso girarse hacia ellos tan solo encontró las ruinas, el pasado y el presente, nuevamente se giro hacia el yunque, nada había cambiado, pero de pronto vio un destello entre las rocas, rápidamente comenzó a cavar, removiendo rocas y rozos de metal hasta verlo, un escudo reluciente, casi hecho de cristal y metal enano … el escudo era magnifico, pero algo le llamo la atención a Zargum, no era que aquel escudo no lo hubiera visto antes o que parecía haber sido puesto ahí adrede, lo que le llamo la atención y casi lo hizo caer de rodillas por la impresión era la inscripción en runas que había en el marco de metal, una traducción al humano habría sido “Que este escudo sirva para proteger tus ideales … tal como nosotros protegimos los nuestros, Zargum Ironhammer hijo de Ruathim Ironhammer, del clan Martillo de Acero”.

EL joven se había internado en la ciudad, con el dolor de su mano latiendo como lo haría un corazón, como sus compañeros parecía ser atraído por un lugar en especial, un pequeño punto en tan enorme ciudad, lentamente subió, por escaleras y calles repletas de recuerdos e historias, entre ruinas milenarias y que habían sido olvidadas, ahí estaba, no era más que una casa simple, las lozas pulidas no mostraban más que la arquitectura enana, pero la puerta era demasiado grande, con suavidad el invocador toco la puerta, una y dos veces, como esperando respuesta de parte de los esqueletos que ahí habían … pero solo el eco le respondió, como un niño que encuentra un nuevo escondite, el joven se deicidio a explorar, pero tan solo había dado un paso frente cuando todo cambio, ya no habían ruinas, ahora las antorchas ardían, el piso brillaba por lo pulido, el ruido del mercado abajo mientras se giraba para ver como toda la ciudad parecía recobrar la vida y se mostraba tal como hacia miles de años, mas la voz de alguien le hizo girarse súbitamente.

-Josef, cuida a mis hijos… son todo lo que me queda después de que mi mujer murió… por favor te lo pido, como amigo y compañero, defiéndelos por lo que más quieras, confió en ti-

En aquel momento un enano apareció desde otra puerta en aquella casa, seguida por un humano … un joven … alguien que de inmediato reconoció, Josef cayó de espaldas cuando lo vio, con la boca abierta, era el mismo, solamente que parecía algo mayor, más curtido, su mirada era más seria, portaba una armadura de cuero y en su espalda una ballesta, la cual brillaba con extraño fulgor, aun así la aparición aprecio hablarle aunque a los oídos de Josef solo el silencio estaba, el enano sonrió estrechando la mano del enano el cual agarrando su hacha salía lo más rápido que podía al ritmo de una campana y un cuerno que podían escucharse, dos niños enanos salieron para abrazar a el Josef mayor, el cual quitándose la ballesta de su espalda la cargo y apunto hacia la puerta, parecía que el tiempos se había adelantado por que la puerta estallo en mil pedazos y un orco sediento de sangre surgió del negro agujero, la ballesta fue disparada y una voz surgió de los labios de la aparición “No moriré en este lugar” los ojos de Josef se cerraron por un resplandor y cuando los abrió ya no había orco, ya no habían niños solo tres esqueletos que parecían defenderse mutuamente entre ellos … como si aun en el último instante aquel humano hubiera decidido sacrificarse por una promesa hecha.

Josef miro los tres esqueletos, sintió algo frio en su corazón en aquel instante, más un tenue resplandor bajo un montón de rocas parecía llamarle, comenzó a escavar aun con el dolor en su mano hasta que la madera se mostro, era la ballesta, pero esta no tenía la cuerda, aun así era asombroso que hubiera resistido aquel tiempo, con cuidado la tomo y la vio, esta tenía una pequeña inscripción, no era idioma enano, ni tampoco humano, era como si lo hubieran escrito en los caracteres antiguos que conocía tan bien Josef por sus lecturas, una traducción seria “No morirás en este lugar, no mientras sigas tus ideales y cumplas tus promesas Josef K”

El asesino enmascarado se había detenido en una casa … una casa extraña para lo que sería aquella ciudad, su alta puerta no estaba construida por los enanos, si no por los humanos, varios grabados en el marco parecían luchar contra el tiempo para no ser borrados, todo en su interior eran ruinas, el techo había caído sobre cualquier cosa que hubiera habido bajo este, y lo único que quedaba en pie eran los muros y un pequeño horno … un horno bastante conocido por B, el asesino pronto vio un esqueleto, el cual aun estaba apoyado en la pared y en sus brazos, fuertemente sujeto llevaba algo largo cubierto por telarañas o quizás un paño fino, de cualquier manera ahí había una reliquia, una de las que tanto había buscado él, dio dos pasos hacia el esqueleto, cuando una voz se hizo sonar.

-Quítate los zapatos, Hek Rakai-

B se giro hacia la voz, sorprendido y a la vez asustado, porque alguien mencionara su nombre y aun mas porque nadie en el grupo lo conocía, mas cuando se giro todo cambio, la casa pareció volver a como era antaño, las espadas finamente puestas en sus estantes, el piso de tatami suave, y un anciano, que parecía ser comido por las arrugas sentado tras una pequeña mesa con una aza d te, B se miro ya no traía sus ropas, si no unas mucho mas nuevas, pero algo le pareció extraño, podía ver mejor que antes y rápidamente se llevo las manos a su rostro, para no tocar la máscara su no su piel, rápidamente intento desenvainar, pero no tenia su arma, mas el anciano sonrió tranquilamente acercando la taza de té hacia él.

-Quítate los zapatos, Hek Rakai, que el tatami no soportara eso *el anciano tenía una espada a su lado, muy extraña* toma asiento necesitamos hablar-

B con dudas tomo asiento, había paz en ese lugar, mientras el pequeño horno ardía, el anciano le sonrió, guardando unos instantes de silencio, mas antes de que B se impacientara este hablo, casi con tono paternal, como si se hubieran conocido toda la vida y a la vez fuera la primera vez que se veían cara a cara.

-Buscas algo que te fue arrebatado … el calor de tu propio cuerpo *susurro* mas no lo encontraras aquí, pero … si quieres alguna alegría para tu corazón … deberás saber una cosa … lo que buscas está muy cerca, más de lo que piensas, pero para obtenerlo deberás sacrificar más de lo que posees y aun así deberás decidir entre tus anhelos y los que te rodean … el camino del asesino no es siempre recto, deberás de tomar decisiones que te llevaran al filo de la muerte y también al filo de tu cordura .. El corazón frio que ahora muestras no es nada para lo que tendrás que afrontar fuera de estos muros… … así que toma*el anciano tomo la katana y la dejo sobre la mesa* espero que con esto… puedas dar tanto piedad como la justicias que profesas… Hek Rakai… no cabes tu propia tumba buscando algo que no se encuentra en la oscuridad-

El asesino parpadeo y todo desapareció, la katana, la mesa e incluso el anciano, como si todo fuera una ilusión, pero aun el esqueleto estaba frente a si, a dos pasos, sin dudarlo avanzo y estiro su mano, tocando aquello oculto bajo el polvo y las telarañas, era la vaina de una espada con el filo en su interior, lentamente la desenvaino, mientras el filo brillaba rojizo ante sus ojos, mas una inscripción lentamente parecía ser escrita en la hoja “Yo daré justicia como piedad … porque yo no derramare sangre, solo vacio … Hek Rakai”

El ultimo que quedaba era quien había decidido llegar hasta ese punto, el inventor se había separado del grupo mientras seguía el viejo mapa, una amplia sonrisa en sus labios demostraba su felicidad, mientras sin preocuparse por esqueletos o ruinas iba hacia una única dirección, pronto algo muy parecido a un fortín surgió ante sus ojos, empujando la pesada puerta de esta pudo ver las runas que habían por todos lados, runas de protección, frente a si había una gran losa de roca y en su centro una piedra, el inventor extrajo una lámpara de aceite de su bolso e ilumino con este el oscuro lugar, los cadáveres de incontables enanos y humanos había regados por el piso, como también de otras criaturas, armaduras partidas en dos y virotes de ballesta clavado en huesos, el inventor camino hacia la loza de piedra y vio las runas que mantenían la piedra intacta, con una sonrisa el inventor dejo a un lado la lámpara y después saco un tubo de metal de su bolso, junto con un martillo, sin piedad comenzó a golpear las runas, lentamente entre chisas y quejidos de la roca a destruirlas, con cada golpe en aquel lugar podía escuchar las palabras de sacerdotes enanos implorando otros gritando “Detente”, “No lo hagas”, “Será tu muerte” mas el inventor simplemente tenía una misión en ese lugar y pronto lo vio cuando la ultima runa se deshizo como el martillo, ante si había algo muy parecido a un diamante o rubí, con cuidado abrió el tubo de metal y en su interior dejo ver una sustancia negra, tomando unas pinzas desde su bolso tomo la gema y la dejo caer en el oscuro liquido, el cual absorbió al gema en su interior, el inventor tenia lo que quería y era mejor mientras que no se supiera que era realmente, mantener a resguardo la gema, el inventor salió de aquel fortín, sonriendo ampliamente y observando el paisaje desolador de la ciudad … mas la sonrisa no duro mucho … se escucho una campana y un cuerno …



Fin primera parte.




OFF:
Spoiler:
Bueno caballeros terminamos la primera parte, gracias por que han participado en este mi segunda partida, espero que mi inexperiencia como máster haya sido leve y no arruinar la historia, no mandare a revisión la partida hasta el domingo 13, y tienen permiso y autorización para colocar un último post, con lo que gusten, pueden hacer hincapié en cómo han obtenido sus objetos, espero haber sido fiel a sus personalidades, nos veremos en la segunda parte de esta partida.

Spoiler:


Katana Filo sangre: Una katana llena de grabados, su filo es extremadamente mortal, mas su capacidad no es la de poder matar con facilidad si no de poder ser piadosa en su corte, su filo reacciona con la sangre, calentandose rapidamente hasta cauterizar el corte, por lo tanto cualquier corte hecha por esta espada no sangrera, si no que se cauterizara instantaneamente. Largo 120 cm de hoja, 20 cm mango, 1.8 kg



Ballesta De estrella fugaz: Una ballesta usada para defender a niños enanos, No parece muy diferente de una ballesta normal, pero quien la use, se sentira mucho mas diestro en su uso y a la vez mas rapido, en adicion cualquier virote lanzado con esta arma brillara tenuemente como si lanzara estrellas fugaces. Peso 3kg, puede alcanzar un rang de 500 metros. Da +2 de destreza y +1 de agilidad a su portador.



Muralla de Dum Bara Dum: Un escudo creado para la realeza guerrera de la ciudad perdida de Dum Bara Dum, es muy pesado y unicamente puede ser portada por la elite enana, quien lo porte sentira que su espiritu es drenado completamente, pero en adicion se sentira mas resistente, y con animos para enfrentarse a cualquier enemigo. Pesa 12 kg, Quien lo prote reducira su espiritu a 0 pero adicionara 2/3 de su espiritu a resistencia (siempre redondeando lo mas alto). Sera muy resistente fisicamente, pero muy fragil a la amgia



Gema de Dum Bara Dum: Una gema del porte de un puño cerrado, brilla tenuemente, fue la razon por la cual los enanos perecieron, defendiendola de los enemigos, para cualquiera solo sera una piedra sin ningun atributo, pero para el Doctor Ivo robotnik, es una fuente de energia optima, cualquier invencion a la que se le agregue esta gema funcionara indefinidamente, hasta que la gema sea removida de su mecanismo. Atributo Energia Ilimitada, unicamente para maquinas.




Como adicion, cada objeto solo puede ser lelvado apra su portador original, siendo imposible para cualquier otro usarlo, ya que sus atributos desaparecen en manos ajenas.
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Re: Los cimientos del Imperio

Mensaje por B el Vie Nov 11, 2011 11:11 pm

Un pálido esqueleto estaba apoyado en una pared. Sujetaba algo. Pensando que si era una reliquia debía de examinarla, el enmascarado se acercó y justo cuando estaba a punto de palparla, escuchó su nombre, su verdadero nombre. Increíblemente asustado, se giró con la mano en el mango de su katana, preparado para despellejar a su enemigo. Una especie de viaje a un mundo alternativo tuvo lugar, pues en un instante todo su alrededor se transformó. Seguía estando en el mismo sitio, pero a la vez era completamente distinto, como si hubiera retrocedido años atrás. Las ruinas, los cadáveres, las armas desperdigadas y las flechas malgastadas incrustadas sobre alguna estructura habían desaparecido para dar lugar a un tatami impecable, unas paredes portentosas y unas estatuas portentosas. En adición, se notaba más ligero. Su túnica había desaparecido, incluso toda su ropa. Ahora vestía un cómodo y elegante kimono negro como la noche. Para su sorpresa, su máscara también había desaparecido. Además de su nombre, ahora también iban a conocer su rostro y eso no debía suceder. ¿Qué diablos estaba pasando?

Junto al tatami, cubierto por una mesa, un anciano le pedía de nuevo que se quitara los zapatos y que se sentara. Su voz parecía muy tranquila y no dar razones para temerla, pero B no se fiaba. Aun así, decidió hacerle caso hasta que descubriera la realidad de todo aquello, no tenía otra opción mejor. B cogió la taza blanca de té que el anciano de tez rugosa le había ofrecido, intentando seguirle el juego para que pensara que era él quién tenía el control. Estaba a punto de llevársela a los labios cuando con un rápido movimiento la volvió a dejar en la mesa, provocando un seco impacto contra la madera que hizo que se derramaran algunas gotas sobre la mesa. Podía estar envenenado, no debía fiarse de ese desconocido hasta que le diera razones empíricas para pensar lo contrario. El horno repleto de cenizas que antes había visto, también estaba ahora recompuesto. De hecho, un rojo fuego se podía ver en él, masajeando el aire.

B trató de esperar a que el anciano hablase pero, al no abrir los labios ni un centímetro, decidió empezar él formulando una pregunta. Sin embargo, cuando estaba a punto de interrogarle, por fin el viejo se decidió a proceder con la explicación que B ansiaba que le dieran. Además de su nombre y su rostro, lo conocía todo sobre él. Sabía qué le paso, lo que estaba buscando, su objetivo, sus ideales…era como la propia voz de su conciencia. ¿Sería eso precisamente eso, su conciencia? Para que cumpliera con su objetivo de justicia, el anciano le acercó una katana envainada que tenía junto a él. Se la ofreció con ambas manos y cuando B casi la tenía, desapareció. Todo desapareció, en realidad, para volver a su mundo, al de siempre. Volvía a recuperar su máscara, su ropa. Todo estaba en un estado ruinoso otra vez, como si nada hubiera sucedido.

Frente a él, seguía estando el mismo esqueleto de antes y, con a él, la reliquia. Intento cogerla otra vez y ahora con éxito. Sacó de allí una vaina rojiza como la sangre que cubría una katana con un mango del mismo color. Era como la que el anciano le había ofrecido. Con esplendor, B la puso en alto y comenzó a estirar el mango, desenfundándola lentamente. Una hoja brillante comenzó a aparecer, reflejando paulatinamente su máscara en ella. Una vez la katana desenvaina por completo, B la inspeccionó. Tenía inscrita una frase en su hoja, rezaba “Yo daré tanto justicia como piedad, porque yo no derramaré sangre, sólo vacío. Hek Rakai”.

Al pasar sus dedos por la inscripción, se podía palpar el cuidado con el que esas letras habían sido talladas. La frase era perfecta y simbolizaba todo lo que B pretendía. Él no derramaba sangre, sus víctimas sólo contienen vacío y por ende, su espada solo derrama vacío. Lo más asombroso fue su nombre. Ahí estaba, su maldito nombre de verdad, el nombre al que había tenido que renegar. ¿Cómo es que estaba ahí? Esa espada parecía estar hecha a su medida. Era maravilloso. El mundo le había otorgado un arma para que siguiera cumpliendo la palabra de la justicia. Eso significa que de momento estaba haciendo bien su trabajo. Pero…¿por qué esa katana? Esperaba una reliquia mágica y no algo que ya tenía. Acariciando su hoja, pasó el dedo índice por el filo un segundo. Estaba tan afilado que le produjo un minúsculo corte. Con una exclamación de dolor, retiró la mano de sopetón. Había sentido un extraño dolor punzante, como si le acabaran de clavar una aguja en su corte. Al mirarlo, pudo contemplar que la herida estaba negra, se había cauterizado. No había sangre, solo cenizas. ¡Ese era el poder de la espada! ¡Cauterizaba con la sangre! Ahora lo comprendía. Ya sabía el por qué esa espada. Era diferente, mágica. Tenía la facultad de cicatrizar.

Una incontable gama de opciones de tortura se habría ante aquello. Ahora sus enemigos no se desangrarían, por no mencionar el dolor que causaría al cortar y quemar, mayor que el del simple derramamiento de sangre. La carne de sus víctimas se volvería a achicharrar y eso precisamente era lo mejor de todo. Ahora, de nuevo volvía a tener el fuego a su lado, aunque no aún como planeaba, pero por algo había que comenzar. Con su nueva espada no debía haber lugar para el temor, se superaría cada día. Ya no le haría falta el maestro Fuuten para sentirse seguro, sabiendo que algo de fuego residía junto a él, protegiéndole, le bastaba. Por primera vez después de cuatro años, podía afirmar que su retorno al mundo pírico acababa de comenzar.
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