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El Mundo de los Sueños (Privada)

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El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Miér Sep 28, 2011 10:24 pm

-Jejeje... Lentos...-Dijo Scart a si mismo corriendo entre la multitud de un guardia que le había descubierto robando dos manzanas que llevaba en el bolsillo. El pequeño se enorgullecía de su habilidad para robar sin ser descubierto, pero siempre había algún punto muerto y se tenía un fallo. Así pues su lema es "Roba sin que te vean..." Pero habría que añadirle "Pero si te ven, que no te cojan". Y era sumamente difícil atrapar al muchacho. A pesar de su gran altura para su edad, y su oficio, el muchacho era muy ágil, era más del doble de veloz que un humano normal, y tenía una ventaja sobre ese guardia que le perseguía... El no llevaba una gran armadura pesada e incómoda.

Un puesto se aproximaba - Desde el punto de vista del muchacho - A toda velocidad, pero con un grácil salto pasó por encima la lona del tenderete y dobló un callejón, perdiéndose de la vista del guardia, pero sabiendo que aun no se hallaba a salvo, continuó corriendo hasta el fondo del callejón, desgraciadamente, sin salida. Una maldición salida de la boca del muchacho fue lo único que salió de esta al detenerse. Contempló todo el callejón, buscando una forma de salir o escabullirse. Encontró una ventana abierta en aquel piso bajo, y se asomó un poco por ella. Más que abierta, estaba rota, y el interior destartalado mostraba que posiblemente se hallase abandonada.

Con cuidado, entró en el interior de la vivienda, para poco después, salir a la calle por el lado contrario, cubierto con su capa gris para no llamar la atención, se fue alejando lentamente, oculto al fin de los guardias. Finalmente llegó a donde había dejado a Adel, en las puertas de la ciudad, y juntos abandonaron aquel lugar para alejarse por los verdes campos.

-Bueeeno... Aquí está la comida, no es mucho, pero no pude hacer mucho con los estúpidos guardias.-Dijo dándole una manzana mientras se alejaban de las murallas de la ciudad para internarse en un espeso bosque.

Pero al meter la mano, descubrió algo en sus ropas. Aquellas ropas eran nuevas, las había robado el día anterior tras tener un pequeño problema al transformarse... Al meter la mano, descubrió cuatro hojas de color purpura al lado de las manzanas. Pero las dejó dentro de sus ropas, hasta que se alejaron bastante, internándose en el bosque. Dejando eso para después de comer algo.
Pero como es natural, tras comerse las manzanas, olvidaron las hojas, y continuaron viajando, hasta que se pararon a descansar a los pies de un gran árbol. En ese momento, el crujido de las hojas se lo recordó.

-¡Cierto! Mira Adel, me encontré esto en la ropa...-Dijo tendiéndole una de las hojas a la chica, y quedándose el con otra.-Nunca había visto unas hojas así...

Tenían un tono purpúreo azulado, con toques de verde brillante. Se la acercó a la nariz, y su olor era dulzón y muy suave. Era muy muy extraña.
Teniéndola entre los brazos y oliéndola, fue asegurándose de que no tenían ningún peligro. Sin duda no parecían tratarse de plantas venenosas. No era experto, pero tenía entendido algo, el veneno de las plantas es defensivo, por lo que lo usaban para evitar que se las dañase, con ese aroma, solo atraían, por lo que no debía ser perjudicial. O al menos eso parecía. "Bueno... lo que no me mata me hace más fuerte." Pensó el chico un momento antes de darle un mordisco a la punta. Ese olor dulzón era lo que parecía indicar, y era difícil resistir la tentación. El sabor amargo y ácido del principio fue casi repugnante, pero casi al instante, su boca empezó a llenarse de dulzón, y miró la hoja sorprendido, metiéndosela a la boca entera y mordiéndola.

-¡Pruebala! Está rica... Mm...-Se quedó mirando a la nada, sintiéndose cansado, y finalmente quedó dormido, así como Adeluna también.-Dul... ah... ce...

[...]

El muchacho despertó tiempo después, se encontraba bastante aturdido, en una primera pasada con la mirada le pareció ver que los árboles estaban al revés, setas del tamaño de un caballo, lobos volando... Pero tras mirar más afondo, llevándose una mano a la cabeza como si intentase apaciguar el ligero dolor de cabeza que sentía, vio que... Efectivamente, eso era lo que sucedía. Y habría visto más cosas raras, si su visión nictalope le hubiese permitido distinguir colores.
Algo asustado y sobretodo muy confuso, empezó a mirar a todos lados, buscando algo con sentido, pero nada. Hasta que vio a una chica de cabellos blancos, una niña que recordó al momento, y la cual al verlo mostró una cara de sorpresa increíble.

-¡Alice!-Exclamó el joven levantándose y corriendo hacia la niña de blanco por aquellos extraños prados de hierba naranja.-¡Que sorpresa tan agradable!

-S... ¿Scart? ¡Benditos los ojos! ¡Y los oídos! ¡Me recuerdas! Cuando te vi no me lo creía... Pero imagínate al reconocerme... ¿Como? ¡Hace mucho que no te veo! Pensé que era otra de tus vidas muchacho... ¿O lo es y te han hablado ya de todo?-Comentó la chica sin dejar de flotar, pero de repente continuó hablando.-Ah... Entiendo, ya veo, solo han pasado unos meses desde la ultima vez que nos vimos, por eso me recuerdas... Vaya... Creo que es la primera vez que nos encontramos dos veces en la misma vida, muchacho. Pero aprovechemos... El tiempo aquí pasa a una velocidad distinta a la de Noreth.

-¡Ja! Como siempre... ¿Algún día dejarás de leerme la mente? Mm... ¿A distinta velocidad? Curioso... ¡Ah! Pero tiene lógica... Por eso mientras duermes parece no haber pasado ni un segundo... Entiendo...

-Tan perspicaz como siempre... Es uno de los rasgos que te caracterizan, Scart... A parte de ser siempre igual... ¡Chico! ¡ Podrías cambiarte la imagen un poco! ... O dejarme a mi que lo haga.-Comentó con tono de burla.-Oh, y veo que traes a tu amigita... Mm... No, no es tu amigita... Jeje... A un amigo no se le hace lo que le haces tu a ella... ¡Y no me refiero solo a convertirla en una lupina!





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Jue Sep 29, 2011 4:37 pm

-¡¿Que qué?! – gritó la rubia, exasperada con su joven pareja, mientras daba un paso más hacia él, teniéndolo casi acorralado contra un árbol. Sería unos centímetros más baja que él, pero desde luego el mal humor en la relación lo llevaba ella con todas las de la ley. Era comprensible que el pícaro quisiera proteger a su pareja, pues ésta aún se acostumbraba a los latidos de su corazón lupino, la nueva sangre que corría por sus venas y que tan fácilmente podía derramarse con una mala transformación, pero aquello no le daba a derecho, según ella, a querer dejarla fuera del “negocio” o lo que era lo mismo, prohibirle hurtar en grandes urbes -¡No soy ni manca ni nada parecido! – volvió a bramar mientras ya casi lo tenía con la espalda dando con el árbol. Sí, estaba muy cabreada, aunque por suerte para el chico no lo suficiente como alcanzar a despertar a la bestia, que ahora dormía plácidamente en su interior. De nuevo alzó la voz para decir algo, pero esta vez fue al aire, pues en el momento en que había cerrado los ojos el chico de cabellos marrones ya se había dado a la fuga -¡¡No hagas eso!! – gritó una tercera vez, y aunque no había nadie el agudo grito seguramente hubiera llegado a los perrunos oídos del chico. Luna, como se hacía llamar por los extraños, apretó con fuerza suficiente sus puños como para hincarse a sí misma las uñas en la carne, le daba rabia aquello, mucho rabia el sentirse de nuevo una inútil y tener que depender de otros, pero más que por impotencia era por miedo; cuando era pequeña siempre había estado dependiente de sus hermanos, los cuales, por un motivo u otro, habían acabado bajo tierra y no precisamente en una cueva con tesoros, y ahora todo lo que tenía de ellos no era más que una daga que guardaba como oro en paño. Si había algo que la rubia temía era quedarse también sin Scart. Posiblemente lo quisiera más que a sus difuntos hermanos, era extraño lo que sentía por el chico, cariño, aprecio, seguridad con él cerca, latidos acelerados, y una fuerte atracción física. En resumidas cuentas: Amor.

-Arg… me las pagará… - dijo mientras se mordía el labio tratando calmarse. Había que añadir que además de estar preocupada también se hallaba mortalmente aburrida, y como para no, en los lindes de un bosque, a las puertas de una ciudad y sin poder acercarse para no correr el riesgo de meter en más líos a Scart, y es más porque ella ya sabía que estaba metido en alguno, le era imposible no estarlo. Tras dar muchas vueltas en círculos como un perro que busca donde dejarse caer muerto de cansancio volvió a gritar, nada coherente como es obvio, sólo estaba furiosa mucho. El crujir de una pequeña ramita llamó su atención, esos nuevos oídos de loba eran muy útiles, pues apenas tenía que hacer esfuerzos para escuchar todo lo que la rodeaba en un amplio cerco. También se había incrementado su olfato, el cual ahora parecía poder oler el miedo, el miedo de un animal ante la presencia de lo que obviamente era un depredador (los inconvenientes de haberse transformado hacía apenas un día). En la cara de Adeluna se curvó una macabra sonrisa mientras lentamente llevaba sus manos a las dagas, no era otra cosa que una pobre cabra que había escapado de su rebaño la que iba a pagar el pato. El pobre animal se había desviado de un grupo de unas cuarenta reses que pastaban por un prado a no más de un kilómetro. Era un ejemplar enorme de retorcidos cuernos, cara alargada típica en esas bestias. Con un pelaje blanco que caía cubriendo su lomo y sus patas en sucias trenzas formadas por el tiempo sin un baño, pues eran más bien enredos de las nuevas matas con las viejas las que le daban esa forma de trenzas. Su mirada, ahora atemorizada a l haber perdido de vista a la pícara en apenas un parpadeo, mostraba un par de ojos grises con manchas marrones típicos en esos animales. Su pequeña boca repleta de dientes para machacar los vegetales y la hierba se abrió un par de veces con nervios, emitiendo un pequeño “bee” que hizo moverse su perilla formada por el pelo, larga y de aspecto sedoso. No duró mucho más desde ese momento. Pronto algo saltó sobre su espalda, y cuando sus labios se separaron de nuevo lo hicieron para siempre, pues dos hojas rojas como la sangre se hincaron en sendos costados de su cuello, muerta ahogada en su propia sangre.

La sangre salpicando sus dagas con esa nueva tonalidad casi negra con la que ahora Adeluna percibía el carmesí líquido de la vida, el sonido de las gotas contra una piedra de forma redondeada que había debajo y el olor a muerte, cosas nuevas para ella, nuevas relativamente, pues si bien antes había visto la sangre tanto o más cerca que esa vez ahora la olía mucho mejor, olía a algo más que a metal en proceso de oxidación, un olor dulzón e incluso molesto que al cabo de unos momentos se tornó más agrio, pero no era eso lo que le importaba. Sin piedad alguna por el cuerpo del animal lo rajó por completo con una de las dos dagas carmín que llevaba con ella. La sangre brotó con más fuerza, como lo haría el agua de una fuente recién descubierta. Manchó casi por completo a la chica, que por suerte llevaba una capa robada por encima, la capucha evitó que su pelo dorado como el oro quedara ensuciado por el elixir del cual otras razas vivían, y el resto de la ahora sucia prenda también quedó embrutecida por el pequeño y macabro baño que se dio la chica antes de cortar un filete de la carne y comérsela; sí, cruda, pues como licana necesitaba muchas proteínas y vitaminas que se eliminaba cocinando la carne. Las enfermedades no eran un problema, su nuevo sistema inmunológico estaba preparado para eso y mucho más, aunque ella no se apoyaba en una base tan científica, su motivo para engullir aquella carne sin más había sido un simple: “El cabreo me abre el apetito” repitió eso un par de veces más, engullendo hasta tres chuletas el pobre animal que ahora, con la vista perdida en un horizonte que no contemplaba y los ojos en blanco, descansaba en paz tras una vida de pastar felizmente por el campo.

No tardó demasiado en llegar Scart con lo que para ella sería el postre. La rubia se había adelantado unos metros al cadáver del animal para que el chico no lo viera, seguramente se cabreara o cosas peores, claro, que ella no había caído en la cuenta de que, aunque se había deshecho de la capa manchada de sangre y se había encargado de limpiar sus dagas en el pelaje del animal, el chico perfectamente podría notar el sabor de la carne en su lengua, o el olor agridulce de la sangre flotando en el aire – Oh… que buena pinta. – dijo de mucho mejor humor justo antes de darle un mordisco a la manzana y luego otro al chico en el cuello, aunque el segundo mucho más suave, terminado en un beso sonoro – Perdón por gritarte… - dijo mientras le rodeaba la cintura con una mano, acariciando esta – Es que… me molesta que me quieras proteger… tanto… - alargó un suspiro y un nuevo beso, esta vez en los labios de él para con su lengua arrebatarle un trozo de manzana que el chico tenía en su boca. Con total descaro se lo mostró en su propia lengua y sin pudor alguno (Para lo que habían hecho como para tener remilgos con un trozo de manzana a medio mascar) lo tragó con una amplia sonrisa - ¿Pero ves? Soy mejor que tú. – añadió luego con una sonrisa amplia que dejó ver una pequeña mancha de sangre en una de sus muelas – Por ahí… - iba a decirle que había una cabra a medio comer no demasiado lejos, puede que los sentidos de su novio no estuvieran tan desarrollados como los de ella, pero antes de poder continuar el chico la interrumpió dándole un par de hojas con diferentes tonalidades.

Los bordes parecían brillar con una tonalidad de gris encendido que rozaba el blanco, y según se acercaban al centro las gamas entre el gris y el negro se reducían hasta el punto de que al llegar al mismo punto central de la hojuela esta era ya casi negra, de un color que ella ya no percibía como púrpura. Vio como Scart se la llevaba a la boca y lentamente bostezaba - ¡Já! – exclamó mientras ella también masticaba un buen pedazo de dicha hoja –No aguantas… - la frase entera era “No aguantas nada”, pero se vio cortada por el pesado sueño que la invadió en el momento. Scart estaba sentado en ese instante, así que no importó mucho que se quedara dormido, pero el letargo de Adel comenzó cuando estaba en pie, así que, tras un errático tambaleo en el que cualquiera hubiera dicho que estaba borracha, cayó junto con su pareja al suelo, su cabeza quedó apoyada en el vientre de él y sus manos oportunamente colocadas alrededor de su cintura, podría parecer que se había colocado así a posta, pero sólo había sido una casualidad del destino que quedara en tan romántica pose.

Tardón un poco más que el ladrón adolescente en despertar por culpa de que había comido unos centímetros más de hoja que él. Se encontraba en un mundo… ¿Extraño? No, ese término se quedaría muy corto para la descripción del lugar. Los árboles flotaban en el cielo como si este fuera su suelo dejando a las leyes de la gravedad como un montón de tonterías escritas por un niño, las setas se burlaban de la vista de cualquier visitante a ese extraño mundo con su grotesco tamaño que dejaba atrás al de un caballo y para rematar las manadas de lobos no corrían por el bosque, si es que a ese lugar se le podía llamar así, como en un mundo normal, sino que flotaban por el cielo a toda velocidad como si algo propulsara a sus integrantes caninos –Ya… - dijo para sí misma la chica tras abofetearse un par de veces para comprobar que no era un sueño, y si lo era desde luego era uno muy pesado. Repasó con la vista el lugar de hierba de color oscuro (azul realmente) y por fin encontró en su campo de visión a quien buscaba. No le importó que estuviera hablando con otra chica, no le importó que esa supiera de sus cosas y tampoco le importó lo maleducada que pudo haber parecido en ese instante, sólo le importaba cerciorarse de que estaba bien y lo más importante, que no era parte de aquel psicodélico escenario de sueño -¡¡Scart!! – voceó al tiempo que se le colgaba a la espalda como una percebe se pega a un risco de mar para soportar la fuerza de las olas. Con prisas cerró sus piernas alrededor de la cintura del chico y sus manos sobre su pecho, besando con fuerza su cuello y buscando luego sus mejillas para acabar por último en sus labios -¿Estás bien? ¿Nos hemos… dormido? Este lugar no parece especialmente real… - miró después a la chica de pelo blanco que flotaba, para lo que había visto aquello ya no le extrañaba en absoluto - ¡Hola! – dijo con una sonrisa y el mismo tono de ánimo que de costumbre mostraba, que fuera un sueño no le quitaba la posibilidad de moverse por él como un mundo más, y es que su hiperactividad cruzaba esferas de realidades completas.



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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Jue Sep 29, 2011 6:59 pm

Cuando la joven muchacha se agarró a su espalda como si fuese una pulga, el joven muchacho estuvo a punto de caer por el peso de su espalda, pero tras recobrar el equilibro bruscamente fragmentado por la rubia, consiguió mantenerla en su espalda, al fin y al cabo, había que recordar que la fuerza de un hombre lobo no era la misma que la de un humano, y Scart ya sabía controlarla bastante, al menos mejor que su pareja, pues tenían un mes de diferencia entre la contaminación de uno y del otro, y la chica aun no había tenido tiempo de acostumbrarse del todo, a diferencia de Scar, que aunque aún tenía algunos problemas no eran ya demasiados.

Sonrió al sentir el cálido cuerpo de Adel en su espalda... E interiormente se abofeteó... ¡Se había olvidado de la joven! Pero era algo comprensible, hacía mucho tiempo que no veía a esa gran amiga suya, antes de conocer a Adel... Antes de conocer a la misma Adesa, la muchacha que le había convertido a el justo antes de morir. La chica que robó el corazón del pícaro por primera vez.

-Tranquila Adel, estoy bien, no te preocupes por este lugar... Acertaste en algo y te equivocaste en lo otro. Estamos dormidos, si, pero esto es real... Bienvenida al Mundo de los Sueños, dirigido por Alice, esta chica. Por mas que sea el mundo de los sueños esto es todo real, solo que... Aquí las cosas son diferentes... Como los árboles... o los animales o... ¡Oye! ¿ Sigue estando el lago aquel del día y la noche? Mm... De todas formas podrías volver a ponerlo... Eh... Perdón, me voy por las ramas. Te explico, por alguna razón acabamos aquí, en el mundo de los sueños, donde Alice es la diosa de todo. Este es un lugar formado por la aglomeración de muchos sueños. Básicamente aquí no hay reglas. Si ella quiere algo, sucede, si no, no sucede. ¡Como si quisiésemos tener alas cual Divium!-Dijo tranquilamente, sin percatarse de la enorme explicación que había dado. No era chico de muchas palabras, pero la emoción de haber vuelto a ver a una vieja amiga le invadía e impedía que se comportase como de costumbre.

La chica asintió y descendió al suelo con gracilidad y sencillez, sonriendo a la chica y saludandola con la mano alegremente.

-Hola... Como ha dicho soy Alice... Adeluna ¿No es cierto? Oh... Es tan tierno veros juntos aquí, como veros en vuestros sueños... Aunque aquí al menos podéis ser conscientes de vuestros actos.

El joven ladrón se quedó mirando a todas partes con una sonrisa, recordando la ultima visita a Alice, aquella que había hecho junto a Veluzi cuando ayudaron a Narme, una extraña visita, pero parecía que todo iba muy bien. Ya no estaban las Sombras. De pronto, recordó algo... ¡Estrella Fugaz! Aquella espada que le había acompañado en aquella aventura, anterior incluso al encuentro con Adesa... Habían pasado tantas cosas que costaba recordar todo. La espada había dejado de poder ser invocada cuando regresó a su mundo tras el fallido combate contra la Luz y la Oscuridad por impedir la producción de más Sombras. No siempre se ganaba... Pero al perder la espada se sintió algo vacío, sentía una conexión especial con ese arma, y es que encerraba muchos recuerdos, recuerdos de sus vidas pasadas. Y se preguntó, si ahora que volvían a estar en el mundo onírico podía recuperar su espada, volver a invocarla. Visualizó la espada en su cabeza, intentando traerla, hacerla aparecer, tal y como Narme le había enseñado a hacer, y en un pequeño fogonazo, la espada apareció en sus manos.

Pero aquello trajo consecuencias... Alice dió un paso atrás, asustada al ver que el muchacho había invocado la espada, y le señaló asustada. Estaba pálida, claramente aquello era otra sorpresa más, pero esta no había sido bien recibida.

-¿¡Como lo has hecho!? ¿¡Como invocaste la espada!?

-¿Eh? ¿Que sucede? ¿Es algo malo? Perdona... no creí... Solo probaba a ver si me era posible volver a empuñarla...-Contestó el muchacho algo asustado por la reacción de Alice, mirando aquel filo plateado con cara de preocupación.

-¡No deberías poder! Tu mismo lo has dicho, nada sucede sin mi permiso ¡Pero eso no lo pude impedir! ¡Has invocado la espada ajeno a mi propia fuerza! Esto es muy raro... ¿Como llegaste al mundo? No deberías de haber despertado en este mundo... Ni deberías poder invocar a la espada.

-¿Llegar...? Pues... lo ultimo que recuerdo es que estaba comiendo una hoja extraña, y después... me dormí... ¿Pero por que preguntas? Si podrías verlo tu misma...

-Hojas... Usasteis hojas oníricas... Como no... ¡Que sorpresa! Ahora entiendo todo...-Respondió asintiendo, ignorando por completo la pregunta del muchacho.-Esas hojas nacen de un árbol, un árbol cuya copa crece en vuestro mundo, pero las raíces profundizan hasta este, sus hojas son capaces de dormir a las personas, y masticándolas, se obtiene un sueño lúcido... Un sueño donde eres consciente de tu sueño... De esa forma, al saber que estás dormido, se puede manipular el mundo en pequeñas medidas. ¡Claro! Por eso la chica se percató de que estaba en un sueño tan rápido... Normalmente y con sueños más irreales ni se percata...

La chica empezó a caminar, adentrándose en el bosque. Y empezando así a alejarse de los chicos, que si no la seguían, la perderían. La chica parecía estar cavilando profundamente, dejando solos a los chicos. ¿Que hacer? Era su elección, bien podían seguir a la niña, o más bien diosa, pues a pesar de su aspecto de niña de ocho años, poseía muchos siglos de vida.
O también podrían ir a dar una vuelta por el mundo. Scart sabía, pues ya conocía a aquel sueño antropomórfico, que llegado el momento, aunque se separasen, volvería con ellos. Ara Alice, le era imposible resistirse a hacer una de sus entradas explicando las cosas. Es más, podía ser incluso que les hubiese dejado solos a propósito para ello. ¿Quien sabía? Tratándose de la diosa, nunca se sabía.





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Sáb Oct 08, 2011 11:39 pm

Adel se bajó de su espalda mientras escuchaba las explicaciones del muchacho, mirando alternativamente a los dos que había ante ella, tanto la niña de cabellos albinos como al chico de cabellos más oscuros, deteniéndose más tiempo en este último para cerciorarse de que realmente era él y no un producto de su exagerada pero enamorada imaginación que la forzaba a verlo incluso en sueños. Con una amplia sonrisa miró a la chica a la cual Scart le había presentado - ¿Alice? – preguntó curiosa mientras mordía la mejilla del niño, sonriendo de medio lado para luego besarlo - ¿Y… de qué la conoces? – inquirió de nuevo riendo, quería hacer ver que era una broma, pero también hacer sufrir un poco al chico que todavía no le había enmendado haberla dejado sola en el bosque, prohibiéndole además robar. El viento que soplaba en ese mundo era agradable, fresco además, y removía los rubios cabellos de Luna de uno a otro lado desordenándolos y haciendo sonar las cuentas de su flequillo, cuentas que hacía tiempo que habían perdido su color para ella pero que seguía llevando como un recuerdo de cuando era humana. La bufanda daba demasiado calor y sin importarle mucho el hecho de que la chica estuviera hablando se la quitó del cuello para ponérsela a la cintura, a modo de cinturón perdiendo entonces a la niña de su visual, pero no porque hubiera desaparecido, sino porque ella ya ni la miraba –Ah… - dijo luego, devolviendo la mirada a la pequeña niña y sonriendo - ¿Entonces puedes hacer que Scart sea más divertido? – le preguntó con un tono bromista pero a la vez deseando que hiciera algo con él. El chico le gustaba mucho, demasiado incluso, pero siempre era seco con todos, tenía poco sentido del humor y demasiadas responsabilidades para ser un niño; no sería la primera vez que Adeluna le daba un tortazo por hablar como un adulto y tratar de dejarla a ella como una cría.

Tras unos momentos de simple contemplación de los árboles celestes que colgaban del cielo como los hilos colgarían de una aguja. Las manadas de animales iban de un lado a otro por ese mismo cielo… volando, algo increíble. Los cerdos salvajes lamían musgo de rocas que flotaban por aquí y por allá, mientras que los chivos y las cabras que deberían saltar por entre los ricos hacían ahora sus cabriolas en el aire seguidas de veloces lobos propulsados por una magia que para la niña era conocida y a la vez desconocida; La magia de los sueños. Esa misma magia fue la que hizo aparecer una espada corta en manos del chiquillo y con ello la sorpresa en las caras de ambas féminas. La de Alices era por el hecho de que alguien hubiera podido domar la magia de su mundo, si existía alguien más con esos poderes podía traer problemas, y la de la rubia por algo evidente. Scart podía hacer magia en ese mundo, y eso significaba que las leyes que muchas veces la ataban al mundo real estaban… ¡Rotas! Completamente destrozadas, por una parte le alegraba eso, pero por otra le daba miedo mucho miedo, aunque ella siempre había querido hacer algo que su hermano mayor sabía hacer a la perfección, crear fuego de la nada. Extendió sus manos con una sonrisa y se concentró como pudo en aquella escena que sólo había visto un par de veces, su hermano en esa misma posición, sudando por el esfuerzo para que finalmente de sus manos saliera una bola de fuego, pequeña, pero con un enorme poder que era capaz de hacer explotar una casa entera. Pero en este caso, no surgió ni calor -¡No es justo! – bramó enfurruñada como sólo una niña lo haría - ¡Él puede hacer magia y yo no! – añadió luego, cruzándose de brazos de inflando los mofletes, lo cual provocó una carcajada por parte de la sorprendida niña albina, con una sonrisa se acercó al oído de la rubia mientras el chico observaba su espada - ¿Quieres lanzar fuego como tu hermano? – preguntó entonces la dueña del mundo, ante lo cual Adeluna sólo asintió, ignorando el detalle de que sabía sobre su hermano y que sabía que podía lanzar fuego -¡¡Sííí!! – gritó a modo de respuesta, sacando al niño de su ensoñación, pero no le importó demasiado –A ver… prueba ahora. – repitió la infante. Luna, sin dudarlo ni un momento, puso de nuevo rectos sus brazos morenos típicos de los isleños, concentrándose luego en la misma pelota de fuego denso y que rotaba lentamente entre sus manos. Sudaba como nunca lo había hecho y tenía los ojos tan fuertemente cerrados que cualquiera hubiera dicho que le iban a estallar, pero finalmente lo logró, y una pequeña pelota de incandescente carmesí salió desde sus manos hasta una roca que flotaba por las inmediaciones, haciéndola estallar en mil pedacitos que no la dañaron al golpearla. Poco después esa misma chica se adentró en el bosque, pero la verdad es que eso no le importaba lo más mínimo a Adeluna, que aprovechó ese momento de supuesta soledad para darle un fuerte beso en los labios a Scart y abrazarse a él - ¿Y qué más se puede hacer en este mundo? – inquirió juguetona mientras le hacía presión en una mejilla con el dedo, sabía que eso le gustaba a él, y también a ella, que ahora estaba mordisqueando su otra mejilla juguetonamente, sólo buscando un rato amigable con él.



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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Dom Oct 09, 2011 12:16 am

Mientras Adel jugaba con el nuevo poder que le había dado la diosa mientras estuviese en los sueños, Scart practicaba con Estrella Fugaz. Movía la mano en el aire, dando tajos y estocadas, y haciéndola aparecer y reaparecer en aquel haz de luz una vez tras otra, demostrando que el ya tenía soltura con aquel arma, al fin y al cabo no era la primera vez que empuñaba aquel arma que le pertenecía desde hacía mucho tiempo... Desde hacía varias vidas, es más.
Finalmente se puso el filo plateado al hombro y miró a Adel sonriendo, para después darle un beso en el cuello y otro en los labios para después responderle.

-Alice y yo nos conocemos porque... Bueno, digamos que le salvé la vida en dos ocasiones. Una hace muuuucho tiempo, y otra hace tan solo un año.-Respondió mientras daba un abrazo a la chica.-¡Y yo no hago magia! Es la espada... Me la dio un amigo hace mucho, puedo hacer que aparezca en mis manos y que desaparezca gracias al poder de la propia espada... Pero por alguna razón, en Noreth no puedo hacerla aparecer aún... ¿Recuerdas a Jack? La ultima vez que me lo encontré pude llamar a la espada. Pero... Después volvió a irse... Me gustaría poder llamarla siempre.

Se quedó mirando todo... Todo era tan raro, pero le gustaba, ese caos, ese descontrol, el que todo pueda pasar allí dentro. Era divertido, aunque lo que no le gustaba era que Alice se enfadase... Desde luego eso no era divertido. La diosa se ponía muy rara cuando se enfadaba, y el mundo estaba ligado a ella... Más bien el mundo era una extensión de ella. Recordó la ultima vez, con Veluzi... Todo el mundo se había convertido en un mundo de pesadillas, un cielo rojo como la sangre, lleno de nubes negras y de retorcidos y siniestros árboles que parecían querer devorarles... Y las Sombras... Era escalofriante... Pero de pronto se percató de algo... ¡No había explorado ese mundo entero! Solo había ido al castillo derruido la vez anterior, y por los recuerdos que volvió a obtener, fue el castillo en el que murió una de las chicas que debía salvar cuando conoció a Alice...

Aquel día... Alice le secuestró junto a tres más, un juego macabro que tenía como objetivo que los tres recordasen a Alice para siempre, para que no muriese y cayese en el olvido. Poniéndoles pruebas para mantenerles allí atrapados... Según recordaba, la suya era encontrar a los demás y darles unas llave mientras escapaba de las bestias que Alice le ponía... Una estaba en ese castillo, pero murió antes de poder hacer nada... La asesinaron, todo el harén la asesinó mientras estaban... Otro, murió asesinado por su propio cadáver... Algo realmente extraño, que al abrir un ataúd se encontrase su cadáver, y este acabase con su vida... Y al ultimo... Llegó a salvarle justo a tiempo, antes de que quedase atrapado en el bosque... Y Alice le dejó libre tras la promesa de que la recordaría toda su vida... Así fue, no solo toda su vida, si no que la recordaba en todas las vidas... ¿Como? Tan simple, como que aquel secuestro, aquella aventura que vivió, la soñaba en cada una de sus vidas... Algunas sabiendo que significaba, otras, pensando que era solo un sueño, pero manteniendo el recuerdo de la diosa. Que acabó fortaleciéndose y convirtiéndose en lo que era ahora.

Y sin embargo, apenas había explorado ese mundo...

-¿Que podemos hacer? ¡Todo! Todo lo que seamos capaces de imaginar, este mundo está compuesto por nuestros sueños, y los sueños de todas las personas. Hay sueños que se repiten ¿Sabes? Varias personas que tienen el mismo sueño. Entonces, una parte de el, se convierte en parte de este mundo. Podemos encontrarnos cualquier cosa, y hacerla... Pero sabes... Jamás exploré todo este sitio... ¿Que tal si investigamos? ¡Tranquila! Yo te protegeré... Pero no te enfades... Tu me ayudas ¿Vale?-Dijo Scart, añadiendo aquello al final recordando lo que habían dicho antes de ir a aquel mundo... Debía empezar a dejar de tratar a Adel así... No podía evitar ser protector con ella, pero... Tampoco quería que se enfadase porque pensaba que no era capaz de cuidarse.





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Dom Oct 09, 2011 4:50 pm

La verdad es que no, que la chica no recordaba demasiado a ese tal Jack, puesto que cuando Scart hablaba por lo general Luna se podría decir que “no estaba en el mismo plano de existencia”, pues dejaba vagar su mente por libre muchas veces, estando físicamente pero como una especie de autómata que sólo caminaba y asentía, mientras realmente pensaba en la cantidad de trastadas que podría hacer en la siguiente ciudad, un problema de la hiperactividad es que por lo general va ligada a la falta de atención hacia todo lo que no represente acción, mucha acción. Con una enorme sonrisa recibió la noticia de que podían hacer cuanto quisiera, abrazándolo con fuerza en ese momento para responder a los dos besos que él le había dado, mordiendo suavemente su labio con una sonrisa e imaginando cuál sería su siguiente paso en ese mundo en el cual podía hacer lo que le diera la real gana. -¡Vamos! ¡Sígueme! – dijo empezando a correr por un bosque opuesto al que había tomado la niña pequeña que, por lo visto, era dueña y señora de aquel extraño mundo. Sin pensárselo dos veces se internó en lo que parecía a simple vista un bosque de robles color caramelo y con las hojas en varios tonos de negro y desapareció de la vista del chico. Alegremente iba saltando una y otra raíz, evadiendo las ramas más bajas que casi le golpeaban la cabeza y disfrutando del viento en su cara, un viento que, como no, olía a dulces, dado que al poder oler a lo que ella quisiera no perdió el tiempo en deleitarse aunque sólo fuera con el dulce aroma del chocolate y la nata, un aroma que ahora notaba mucho más gracias a sus desarrollados sentidos.

En su desenfrenado avance hacia ningún lugar tropezó con una raíz que no tuvo tiempo de poder evitar, dando varias vueltas de campana en el aire antes de que sus pequeños pero resistentes huesos dieran de nuevo con la mullida alfombra de hierba, rodando así varios metros hasta que un árbol más grande de lo normal detuvo su avance -¡Aaaaaauuuuuu! – fue lo que gritó antes de ponerse de nuevo en pie, con varias rascaduras en piel pero nada grave. La sangre goteaba de estas lentamente, muy lentamente, así que no era algo por lo que ella se tuviera que preocupar -¡Estúpido árbol! – exclamó al tiempo que le daba una patada al árbol de tronco anormalmente negro, pero fue eso lo que llamó su atención, y es que el árbol fuera tan distinto a los demás. Rápidamente alzó su vista para ver si encontraba algún motivo por el fuera tan grande. Pero mayor que el supuesto árbol fue su sorpresa cuando se encontró con que no era precisamente el tronco de un roble de esos tan extraños con lo que había chocado, sino con una criatura de unos diez metros de altura. Era completamente negra, a excepción de una máscara de lo que parecía ser hueso en su cara -¿Qué… demonios…? – inquirió mientras llevaba ambas manos a la espalda, tratando de coger sus dagas todavía algo dolorida por el golpe. La criatura negra como la noche avanzó lo que serían unos diez pasos para Adeluna, arrastrándose como si estuviera falta de pies, y cuando la pícara trató de herirla con sus dagas no pasó sino que esta atravesó al monstruo como si se tratase de una sombra ¿Por qué? ¿Acaso era una de aquellas sombras de las que le había hablado Scart? Le había oído hablar una vez de un sueño extraño donde debía enfrentar sombras, muchas sombras ¿Sería una de esas?

Tal y como había iniciado su carrera hacia dentro del bosque comenzó el recorrido a la inversa, corriendo cuán rápido le permitían sus ágiles piernas evitando casi de milagro lo que había tenido que evadir en la ida. Pero lo peor no era que el aire ya no olía a chocolate como a ella le agradaba, sino que ahora apestaba a muerto, a algo antinatural que ese olor la perseguía, saliendo obviamente de la criatura -¡¡Scart!! – gritó cuando lo vio, y como un perro que busca cobijo tras su amo ella se escondió a espaldas del chico temblando de miedo, sí, miedo, ante algo que no podía dañar con sus dagas y que no tenía conocimiento de que era -¡Haz algo! – gritó después, viendo como de nuevo el enmascarado ser caminaba todavía con ese paso lento, pero ahora no sólo caminaba consumiendo a su paso los árboles como si fuera la noche personificada, sino que además en su boca se concentraba una luz roja que, si tenía tiempo de cargar un poco más, saldría a modo de rayo hacia los dos jóvenes.
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Off: Cambiaré a primera persona en el próximo post, no me es posible narrar bien en tercera u.u, espero que no afecte a la calidad de la partida [que por mi parte ya está siendo bastante cutre]
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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Dom Oct 09, 2011 5:24 pm

Adel se puso terriblemente feliz al escuchar como Scart le daba permiso para hacer lo que quisiese, y es que en ese mundo no existían restricciones, todo era posible mientras Alice lo permitiese, y la diosa normalmente no se preocupaba en poner límites, le gustaba el caos y las complicaciones que se producían. Y que ella misma creaba.
La joven corrió hacia el lado opuesto por el que la chica de cabellos azules había ido, perdiéndose rápidamente de la vista de Scart, que suspiró y sonrió, haciendo desaparecer la espada entre sus manos para mayor comodidad... Era curioso... Cuanto tenía a Estrella Fugaz sentía como si una parte de su ser se completase, sin embargo, a la vez sentía como si le faltase algo. Había pensado en muchas ocasiones, que podría deberse a que Estrella Fugaz era solo una de las cosas que había perdido en sus otras vidas. Pero... ¿Que sería lo que le faltaba aún? Daba igual, lo importante ahora era disfrutar de ese sueño lúcido... ¡No siempre se tenía un control sobre el mundo! Algo curioso... El había podido invocar a Estrella, mientras que Adel necesitó ayuda para traer las llamas... Tal vez las leyes de Noreth también les afectasen allí, pero podían romper algunos limitadores... Era extraño, peor a la vez divertido ¿Que más cosas podrían hacer sin permiso de la diosa?

Sin esperar más, abrió las aletas de su nariz, e intentó seguir el olor de la chica, no fue difícil encontrar su rastro, y empezó a seguirlo corriendo. Hasta que un grito le sacó de su rastreo. Vio a la rubia corriendo hacia el, seguida de... ¿Que demonios era aquello? Parecía un enorme ser de altura increíble, que se arrastraba lentamente por el suelo, dejando una estela de muerte a su paso. ¿Una sombra? En el mundo onírico... ¿De nuevo? ¿Acaso Jack estaría intentando atacar de nuevo? No... Cuando las sombras entraron en el mundo onírico no las controlaba Jack, estaban en estado salvaje, y aquello no parecía una sombra, parecía más bien una bestia de más poder... ¿Pero que?

Adel se escondió tras el, y rápidamente invocó su espada plateada, que brillaba en sus manos... Podía sentir el poder de la bestia... No, no era una sombra, era más poderoso que las sombras, pero sin llegar a ser una fusión... Aún recordaba a la Necrosanguijuela, aquello si era una bestia horrible.
Sin esperar un momento corrió hacia aquella bestia, con la espada en la mano, realizando una serie de cortes, mientras corría a su alrededor. ¡Funcionaba! La espada atravesaba su cuerpo dejando una marca. Tras varios cortes, la bestia se deshizo en un montón de partículas negras, como hacían las sombras... Parecían de una estructura similar... Pero estaba seguro de que no era lo mismo, había luchado contra demasiadas sombras como para no saber identificar una.

-¡Adel! ¿Que hiciste? ¿De donde...? ¿De donde ha salido eso?-Inquirió algo asustado Scart.

Temía tener que enfrentarse otra vez a aquellos seres, la ultima vez que se enfrentó a sombras en el mundo onírico, esta poseyó su mente llevándole a una pesadilla ilusoria... Fue horrible. Y temía que pasase algo así de nuevo, y sobretodo que le pasase a Adel. Aquella experiencia era horrible, no debería vivirla.
Pero escuchó algo que le sacó de sus pensamientos, una melodía a lo lejos, cerca de los árboles... Una bella canción, no podía resistirse a ella... Adel sentía algo similar... Una música parecía atraerles de nuevo al bosque... De pronto la música fue acompañada de una voz... Inconfundible... Era Alice cantando.





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Dom Oct 09, 2011 7:44 pm

Tras esconderme a espaldas de Scart me quedé mirando horrorizada como la criatura seguía avanzando en su cejo de destruirnos impasible ante todo ¿Es que acaso no podía estar tranquila ni en un maldito sueño? Respiré agitada pero a la vez tratando de calmarme y esperé a que la mágica espada de Scart hiciera de las suyas, cortando una y otra vez la negra túnica del gigantesco ser que parecía resentirse con las cuchilladas. No tardó mucho más de unos segundos en desvanecer por completo a ese oscuro títere que desapareció en una nube oscura que parecía haber sido tragada por el propio aire -¡No he hecho nada! – le grité mientras lo miraba asustada, si ya me gustaba poco el hecho de que los lobos volaran mucho menos eso de que hubiera criaturas de ese tipo. No era capaz de decir nada, sólo quedarme abrazada a él mientras escuchaba la dulce música que lentamente fui inundando el aire hasta llegar a mis, ahora, perceptivos oídos. Nota a nota la melodía endemoniada iba perforando mi cerebro y reclamándome a su lado, me pedía ir hacia el bosque que tenía enfrente y del cual había salido semejante monstruo que ahora estaba, en apariencia, muerto y desaparecido. Di un paso para adentrarme en la maleza junto con Scart y de nuevo reapareció el condenado espíritu negro que trató de cernir su roja energía sobre mi cuerpo. Calor, mucho calor fue lo que noté cuando aquel rayo impactó directo en mí, pero pronto dejé de sentir tal sensación de sofoco para notar como una lluvia de algo parecido al aceite me golpeaba, era una lluvia negra proveniente de la cara del monstruo que ahora sin máscara de hueso en su inexistente rostro se deshizo esta vez sí para siempre. No sabía que estaba ocurriendo, sólo que necesitaba acudir al origen de esa deliciosa y mágica música que me reclamaba.

Avancé a paso lento entre los árboles dejando que aquella dulce voz de cantora me atrajese junto con la suave y fina melodía de un arpa acariciada con delicadeza ¿Por qué? ¿Por qué ahora no podía resistirme a tal embrujo? ¿Qué tenía aquella música? Pronto dejé atrás las ramas de los árboles multicolores y las raíces que parecían danzar alegremente con la melodía y llegué junto con Scart a un claro en el bosque, o al menos así lo parecía. El agradable murmullo del agua se mezclaba con las notas perfectamente “lanzadas” hacia mi oído mientras que el viento que antes había olido a chocolate se volvía fresco y revitalizante, como una brisa de verano en mitad de una colina. Delante del río había una mujer sentada y tocando el arpa con cuidado, tenía la voz de la niña, pero su cara era diferente. Era ya toda una mujer, de cabellos prácticamente blancos, que supuse que eran rubios por como percibía ahora yo el dorado de los rubios. Su figura esbelta y con poco pecho me hizo pensar que sería una elfa, pero sus orejas redondeadas y sus ojos para nada avellanados me hicieron cambiar esa idea, pese a que su piel parecía ser fina y delicada no tenía rasgos elfinos. Su hermoso cuerpo esaba cubierto por una túnica blanca decorada con motivos algo más oscuros cuyo tono se correspondía con el de su cabello. Las piernas parecían ser largas e inacabables, pero no tenía modo de saberlo, pues el vestido blanco como la nube más pura las ocultaba, dejando ver de estas sólo los tobillos lisos y sin magulladuras y los pies engalanados con unos zapatos tejidos con tiras de un material oscuro aunque no negro, posiblemente marrón claro. Su dulce voz cada vez me reclamaba más a su lado y no podía hacer nada por resistirme, sólo sentarme a su lado y disfrutar de aquel glorioso concierto que parecía ofrecido por un ángel.

Mientras ella tocaba yo miraba como una idiota el arpa entre sus manos, pequeña pero que sonaba como una de las grandes, con las cuerdas vibrando ante las caricias de sus perfectos dedos y dejando escapar las notas como si fueran gemidos de placer. El armazón del instrumento parecía ser de oro por su color blanco y el cómo relucía ante los rayos del curioso sol de ese mundo, pero pese a ella, no sentía ganas de robarlo ni de apropiarme de ella, era… extraño, demasiado tal vez, y fue esa sensación de extrañez la que hizo que junto con la calma que me producía su melodía anidara en mi corazón y mi cuerpo también el miedo, el miedo a un ataque sorpresa, o peor, a perder a Scart.
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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Lun Oct 10, 2011 10:43 pm

Poco a poco, la música fue penetrando en su cabeza, resonando en su interior impidiéndoles resistirse. Y fueron adentrándose en el interior del bosque. Llegando a un claro donde se vio a una mujer, que nada tenía que ver con Alice... Sin embargo, su voz... Era la misma. Tocaba un arpa bellamente, con sus delicados dedos tañía las cuerdas, haciéndolas vibrar junto a su voz, que se extendía por todo el aire... Pero de pronto, todo empezó a deformarse el bosque desapareció y se mostró a su alrededor un prado hasta donde les alcanzaba la mirada, sin rastro alguno de aquel lugar donde empezaron.
Las plantas se movían al son de la música, que repentinamente cambió, de una bella y tranquila melodía a una más rápida y alegre, aunque daba algo de miedo.

Los niños recuperaron al fin su conciencia, viendo ante ellos a la mujer, que había hecho desaparecer el arma, y solo se dedicaba a mover sus dedos por el aire, haciendo sonar invisibles instrumentos, que aun así llegaban a sus oídos. Las plantas empezaron a cantar repentinamente. Para sorpresa de ambos, emulando igual que la mujer, la voz de Alice. Scart finalmente reconoció a la mujer... ¡Era la sirena!
Ahogando un grito se arrastró hacia atrás en el suelo, dado que se había sentado ante la mujer. ¡La recordaba! ¿Como olvidar su rostro? Aquella mujer casi le mató cuando Alice le secuestró.

-Oh... Si es el niño... Hace taaaanto tiempo... Me recuerdas... ¿Verdad? Si no no habrías huido de mi al verme... Pero tranquilo... No te haré daño, no tienes nada que yo quiera. Solo quería volver a verte de nuevo...-Dijo la mujer, pero aquella música, aquel cántico de las plantas, parecía no detenerse por nada. Había cambiado mucho desde la ultima vez que la había visto...

-¿Qu...e? Verme... ¿Por que?

-Para avisarte... Alice parece demasiado ensimismada en sus cosas como para explicarte las cosas... Verás... Como deberías recordar, si mueres aquí, mueres en la realidad... Si, eso deberías saberlo de cuando conociste a la pequeña y a mi. Por eso siempre te despiertas antes de morir, tu y todos, Alice te saca del sueño. Sin embargo, si la diosa no te saca, mueres y se acabó todo... Y ahora más que nunca este mundo es un peligro

-... ¡Alto! Demonios, estoy cansado de que siempre me cuenten las cosas a medias... Dime que sucede ahora mismo. ¿Por que quieres decirme eso? ¿Que le pasa a Alice? ¿Y QUE COJONES ERA ESA COSA NEGRA?-Gritó Scart finalmente, bastante enfadado, había sucumbido a la frustración, ya no aguantaba más que hiciesen aquello de contarle la mitad de las situaciones, y cuando ya era muy tarde contarle la otra mitad. Sorprendió tanto a la sirena como a Adel, que nunca lo había visto así. El muchacho resoplaba lleno de rabia, empuñando con fuerza la espada ¿Por que ese cambio tan brusco?

La última vez que habían hecho algo así había acabado recorriendo varios mundos buscando a Narme, para que finalmente le diesen una paliza. No había sido un viaje nada agradable, y no quería aquello de nuevo. Ya estaba cansado, siempre le habían hecho lo mismo, ya se consideraba suficientemente mayor como para que le explicasen las situaciones. La música se había detenido por completo cuando el joven gritó, dejándolo todo sumido en un intenso silencio.

-Veo... Veo que no soy la única que ha cambiado aquí...-Dijo, para después mirar a Adel y sonreír de medio lado.-¿Quieres saberlo todo? Está bien, te lo explicaré, no me culpes después si es demasiado para que tu joven cerebro pueda asimilarlo... Te recuerdo como te pusiste cuando Alice te contó lo que te había pasado... Pero allá tu... Quiero decírtelo porque como te dije hace mucho, me caes bien... Alice está muy preocupada, ya hace mucho manteniendo en... Su ordenado caos este mundo. Y esa cosa negra... Era un siervo de Oogie. Antes de que preguntes maleducadamente de nuevo, te explicaré.

"Alice, no es la única dueña de los sueños, existe un paralelo... Un ser nacido de los sueños al igual que ella, pero su alter ego fue alimentado con energía del miedo, mientras que Alice fue alimentada más lentamente, con energía de imaginación, alegría, caos, esperanza... Todo eso dio lugar a una pequeña mota rosa que formó a Alice, pero... Esa mota estaba rodeada de una enorme oscuridad, que formó a Oogie... El hombre del saco...

Oogie creció rápido, y tomó forma física, apodeandose de los sueños de los niños y llenándolos de su ser... De miedo, de terror, se convirtió en una pesadilla viviente. En el dios de las pesadillas. Por otro lado, Alice creció débilmente, con lentitud. Oogie no pensó que supusiese mucho problema, pero Alice, que en un principio solo se alimentaba del caos imaginativo de los niños, de sus alegrías y esperanza, de aquello que tenían en su mente justo antes de dormir, decidió que para hacerse fuerte y perdurar debería tomar también el miedo. Y este acabó extendiéndose por ella, la hizo crecer y le dio un poder, menor que el del señor de las pesadillas, pero que le permitía vivir. Aquel poder la fue corrompiendo lentamente, reducido por la luz que la cubría, pero proliferando, y poco después, ella misma empezó a alimentar esa oscuridad sin saberlo, con su propio miedo. El miedo a desaparecer... Esa parte la recuerdas... ¿No? Fue cuando te tomó... Fuiste tu quien la salvó de convertirse en la oscuridad que secundaría a Oogie. Tu creatividad le dio una fuente de poder que le aseguraba la vida.

Y entonces creó este mundo, donde a partir de poco, empezó a crecer. Expulsando con lentitud a Oogie del mundo onírico y quedandoselo ella. Por eso Alice puede convertir esto en un páramo del terror... Posee una pizca de oscuridad.
Pero Oogie, no estaba conforme con vivir separado con sus pesadillas... Y ha empezado a atacar el mundo onírico. Eso que visteis antes era uno de los soldados. Alice consigne contener a Oogie, pero le cuesta mantener a raya a todos sus soldados. La única manera de matarlos, es destrozando la máscara que tienen, en eso os ayudé un poco. Os lo digo para que no os pillen desprevenidos. Alice ahora mismo no tiene poder para sacaros del mundo. Eso supone un gran esfuerzo, y si lo desvía hacia vosotros, Oogie se apoderaría del mundo onírico. Y me preguntaría... ¿ Seriáis capaces de ayudar a nuestra diosa? ¿Salvar su mundo? Os lo pido como un favor y como una ayuda a vosotros mismos, pues si se apodera de el, no podréis volver a descansar... A cambio de vuestra ayuda... Scart, te revelaré una parte de tu pasado que aún desconoces... Y Adel... A ti también te la mostraré, tiene que ver contigo..."


La voz de la sirena era irresistible, aunque lo deseasen, no podían dejar de escuchar, de prestar atención, incluso la mente de la lupina estaba fuertemente pegada a las palabras que la mujer recitaba...

Canción y música de la Sirena:





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Mar Oct 11, 2011 6:05 pm

Pronto el bosque dejó de ser real para nosotros, o al menos para mí, pues no sabía lo que estaba viendo Scart. Los árboles se replegaron en la tierra y las hojas de variopintos colores fueron tragadas por la misma como si estuviera hambrienta, dejando ante nosotros sólo un llano y eliminando lo que había sido un bosque. Mi cuerpo, aun ligero como una pluma por culpa de tan dulce melodía que llegaba a mis oídos, pronto comenzó a notar mi propio peso, me sentía pesada y torpe, como si no pudiera moverme con la agilidad de siempre ni tampoco apuntar como de costumbre, y es que estaba recuperando de golpe la conciencia, o algo parecido, pues era difícil saberlo al encontrarnos en un sueño. Cuando de nuevo era yo, por decirlo de algún modo, y me fijé en que la mujer ya sólo cantaba, pues de sus manos el harpa había volado. Sus dedos finos y largos, así como de aspecto suave y que brillaban con un leve resplandor de mortecino marfil se movían en el aire como si siguiera acariciando las cuerdas de dicho instrumento, acuchillándolas con sus cinco mágicas espadas, pero no era así, y sólo su voz inundaba el ambiente junto con la de las flores, que pronto crecieron del fértil suelo para acompañarla con esa misma voz dulce y armoniosa que me mantenía pegada al suelo, pero no sólo a mí, sentía algo dentro de mí que también se “acomodaba” como una espectadora más para contemplar el espectáculo: Increíble, esa mujer había domado a mi bestia tan sólo con una melodía coral. La mujer empezó a hablar con Scart con total claridad, y este le respondía con…con ira, lo podía ver en su manera de actuar. El hecho de que empuñara de ese modo la espada y que gritara tales improperios me hacían querer abrazarlo, pero no podía, la música me mantenía quieta, demasiado.


-¿O…Oogie? – pregunté para asegurarme de haber oído bien aquel nombre –Oogie… Boogie… - rematé justo antes de que la mujer comenzara su relato sobre dicho personaje. No sé por cuanto estuvo hablando, pues su voz era tan armoniosa que me perdí en sus palabras sobre la creación del mundo onírico y sobre la formación de las pesadillas. Pero poco importaba eso, en mi mente todavía resonaba un nombre: “Oogie Boogie” –Espera… - dije para interrumpirla, haciendo para ello un enorme esfuerzo y luchando contra mí misma – Yo... Sé quién es él… Boogyeman… El Hombre Del Saco. – dije mientras me estremecía, buscando el abrazo de Scart como un perro buscaría los brazos de su amo en una noche de frío y duro invierno bajo la intempestiva cúpula celestial teñida de negro. –Es… La pesadilla en sí, recuerdo cuando cada noche me iba a dormir con el miedo a ese ser en la cabeza por culpa de mis hermanos, lloraba y lloraba con sus historias, pero ellos no dejaban de contármelas… O al menos no hasta que una noche sucedió algo muy extraño. – dije mientras me estremecía de nuevo, acomodándome a la vez al lado de Scart –Era… era una noche cercana a la fiesta de los regalos, donde el hombre del traje rojo entrega a los niños buenos premios. Yo ese año había sido buena, no había llorado por los golpes o las riñas, tampoco había robado nada más que lo justo para comer y seguir un día más… Mis hermanos… me contaron de nuevo la historia de la casa de Oogie… la casa donde una vez se había llevado a tres niños y allí se los había comido de dentro a fuera, pues según dicen… no es humano. – tragué saliva, temblorosa como un limo y sólo queriendo olvidar el relato, pero ya era imposible, debía acabar de contarlo o Scart se enfadaría también conmigo: - Me fui a la cama temprano para dormirme cuanto antes, pero… cuando desperté no estaba en mi casa, sino en una peor, mucho peor. Las paredes mugrientas, las alfombras raídas y las ventanas rotas, todo un caos. Fuera de la casa llovía y tronaba, y yo, por culpa de mi fobia a los truenos… lloraba, lloraba mucho… - me abracé con más fuerza al ladrón y continué – pero pronto descubrí que no estaba sola, allí estaban Tay y Karina… dos amigos míos de Thalis. Comenzamos a jugar con los objetos de la casa, lanzándonos las cosas y riendo, pero pronto cambió todo… Tay… Tay empezó a elevarse en el aire mientras que sus manos querían quitarse algo del cuello, algo que en un principio no vi. Murió. Luego fue Karina, mi mejor amiga, la que pereció tras ser arrastrada a un armario donde algo le devoró las entrañas y hasta los ojos. Tiré y tiré de la puerta del guardarropa, pero hasta que ella no hubo muerto no pude abrir la puerta y cuando lo hice… sólo su cadáver golpeó el suelo… El interior de la hoja tenía marcas de uñas, trozos de carne y sangre que todavía goteaba fresca… Ella… - tuve que parar para no echarme a llorar, pues casi estaba por hacerlo, pero debía ser fuerte, debía superarlo. – No… no se detuvo ahí La Pesadilla… Siguió, la siguiente era yo. Detrás de mí apareció él; Oogie Boogie… Era un simple saco de esparto del cual salía un horrible zumbido que me ensordecía… Me… me tomó de la muñeca y… desperté… Pensé que todo había sido un sueño pero… Tenía la marca en mi brazo. Al día siguiente fui a por Tay y Karina para ir al mercado a jugar con otros niños pero ellos… ha… habían… - el nudo que tenía en la garganta no me dejaba seguir, quería pero no podía, aunque lo que me faltaba por decir era obvio para todos: “Habían muerto del mismo modo que en el sueño”. Tras finalizar mi relato no me pude contener y me desmoroné abrazándome a Scart con todas mis fuerzas, no quería vivir de nuevo esa pesadilla, no deseaba volver a encontrarme con ese ser de esparto –Yo… no quiero volver a verlo… - dije al final, ocultado mi rostro en el hombro del muchacho para desfogarme llorando, desfogarme como nunca antes lo había hecho, pues ese sueño nunca se lo había contado a nadie y nunca más lo volvería a hacer.



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