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El Mundo de los Sueños (Privada)

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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Sáb Oct 29, 2011 7:23 pm

El chico sonrió ante el comentario de la chica, referente a sus ropas, y se colocó a su lado, con la espada aún entre sus dedos, aferrada con fuerza, y lista para cualquier cosa.
Pequeños combates, unas reducidas batallas que acaban rápido, solo con un par de cortes lanzados a las bestias que emergían de las paredes o casi de cualquier lado.¿Peligrosas? por supuesto, como lo eran todas las cosas. Pero apenas les duraban. No eran nada comparados con lo que debían enfrentar. Y con lo que ya habían enfrentado. Pero llegado un momento, la chica le paró, colocando su mano como si de un muro se tratase, impidiendo al joven lupino continuare su camino. El chico se detuvo, mirando hacia delante, intentando descubrir que pasaba, que era lo que había obligado a la chica a pararle a el y a su destino. El obligarles hacer una pausa en su camino. Pronto lo descubrió. Se trataba de un extraño ente, similar a un lobo. Un familiar suyo... sin embargo, sus ojos rojos, como la sangre, a pesar de que el chico los viese grises muy oscuros, casi confundiéndose con su pelaje negro, como la misma noche y la oscuridad que se cernía sobre ellos.

Más que una bestia parecía una de aquellas horripilantes sombras del bosque que habían cobrado vida. Un extraño ser, que a pesar de su siniestralidad, no causaba pavor al chico de corazón de lobo. No por su valor, el cual poseía, a pesar de que lo escondía e lo más profundo de su ser, sin saber siquiera que lo tenía, y mostrándolo solo cuando la situación lo requería. Era por su determinación, y por el propio ser... Había algo en el... algo familiar.. ¿Que era? No lo sabía... Tantas cosas le eran familiares, tantas cosas había vivido para luego no recordarlas... su memoria, era una de las cosas que más valoraba en el mundo, sin embargo estaba repleta de lagunas, por eso quería descubrir más de su pasado. Si no entendió mal, la sirena le revelaría información de sus otras vidas. Información que muchas personas antes le habían negado. Apenas tenía leves trazos, diminutos fragmentos de memoria, recuerdos revividos a partir de una simple palabra. De un simple nombre... Eznio... No recordaba quien era, pero sabía que tenía que ver con su espada. Con estrella fugaz... Liester... Tampoco tenía ni idea de quien podía ser... Pero igual que Eznio parecía tener relación con la espada... Y un tercer nombre... Caída... ¿Que significaban? ¿Que eran? No tenía ni idea... Parecían palabras introducidas en su misma memoria, palabras extrañas que atacaban su cerebro... Y ahora ese lobo...

La bestia lanzó un aullido al aire, y de la nada, apareció un segundo de aquellos seres... ¿Uno para cada uno? El muchacho se adelantó, inclinando su cuerpo hacia delante. Y miró de reojo a Adeluna, lanzandole una sonrisa de medio lado junto a su mirada de seguridad y decisión.

-Adel, encárgate de uno, el otro es mío...-Le dijo con calma, para después mirar al primer lobo y hablar a la nada.Peleas... Combates... Guerras... Disputas... Riñas... Enfrentamientos... ¿Que sentido tienen? ¿Para que sirven? ¿Por que las continuamos? Solo una batalla merece la pena... Y solo hay un resultado posible... ¿POR QUE SE EMPEÑAN EN OBLIGARME A LUCHAR EN TODAS LAS GUERRAS?

La voz de Scart iba volviéndose más grave con forme avanzaba su frase, acabando con una profunda voz cavernosa y gutural, seguida de un rugido... Sus ojos se volvieron completamente amarillo, como si dos monedas de oro fuesen sus ojos. Los músculos de su cuello parecían tensados al máximo. Y sus dientes crecían de forma horrible. Un escalofriante aullido, que parecía la respuesta al del otro lobo salió de su garganta con dificultad, como si contuviese un grito de dolor. Tras unos instantes de dolor, el niño y su espada habían desaparecido, y solo quedaba en el suelo un gran lobo blanco como la misma nieve, con unos bellos ojos azules, y unas garras que parecían resplandecer en el mismo plateado que la espada.
Solo dio un ladrido, que más bien se asimilaba al rugido de un león, y empezó a correr hacia el otro lobo, que imitó el movimiento, para encontrarse en mitad del camino.

Una mordida de parte del oscuro fue dirigida al cuello del muchacho, que dio un salto hacia el lado, aprovechando el movimiento como si se tratase de un muelle, y saltando contra el lomo del otro, clavando sus garras en este, y sacándola un bramido de rabia. Se revolvió intensamente, lanzando a un lado a Scart, ahora convertido en un feroz lupino. Intentó un segundo ataque intentando alcanzar el rostro del muchacho con sus fauces, y aquellos dientes blancos que contrastaban con su fondo negro, mientras sus garras intentaban internarse como venganza en el costado del joven. Pero él, lejos de amedrentarse, se lanzó hacia delante con las zarpas extendidas y su mandíbula abierta, preparada para destrozar el cuerpo del lobo.
El encuentro fue feroz, y el muchacho recibió un fuerte zarpazo en el rostro, que le dejó una herida que por poco le daña el ojo, pero en su cólera, ignoró la herida, mordiendo el cuello del otro animal, que tras un gruñido de dolor, se zafó de su agarre con un poderoso zarpazo en el pecho al lobo blanco. Que se vio obligado a echarse hacia atrás.

Estiró sus cuartos traseros, mientras encogía los delanteros, mirando con sus ojos azules a los de la bestia, mientras la herida de su rostro teñía su blanco pelaje de carmín, pero sin inmutarse. Gruñía mostrando sus afilados caninos, preparandose para el segundo asalto.





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Finn, El Humano el Sáb Oct 29, 2011 9:37 pm

Ante el rugido de la bestia no pude hacer otra que cubrirme rápidamente los oídos, maldito lobo del demonio, bueno, no literalmente pero casi. Para cuando me quise dar cuenta ya teníamos delante un segundo can de sombras, con esa mirada de color gris oscuro que casi se confundía con las sombras de color negro tizón que emanaba de normal. Sus etéreas patas se hundieron en la tierra con fuerza y pude ver como con arrogancia mostraba un par de filas de colmillos para nada agradables de ver, blancas como la luna que no debía presenciar y tan afilados como espadas. Pese a que no había luz durante un momento me pareció ver un destello desde esos dientes como si pudieran producir su propio brillo, pero esto no duró en demasía, pues pronto el lupino sombrío se arrojó sobre mí con toda su fuerza. Intenté moverme, pero al momento en que su mirada se cruzó con la mía me quedé helada, paralizada ante el miedo que me había infundido. Durante unos segundos el tiempo pareció ralentizarse, los segundos eran minutos y los minutos horas, y en esa brecha temporal podía ver como la enorme mole de sombras se arrojaba sobre mí, con las fauces abiertas y listas para arrancarme de un solo mordisco la yugular. Dice mucha gente que el tiempo se detiene cuando sientes mucho miedo, que es como si fueras el único que puede moverse, pero lo que esa mucha gente no sabe es que cuando esa brecha en el espacio-tiempo se cierra la cuarta dimensión se acelera para poner de nuevo todo en orden, y eso fue lo que sucedió en esa ocasión. Como si todo hubiera estado en mi mente cuando abrí los ojos tras un pestañeo lo que tenía delante de mí no era el camino con una luz al fondo, muy al fondo, sino el enorme lobo sombrío con sus fauces abiertas, babeándome la parte plana del pecho su roja saliva y gruñendo para mostrar mejor su dos filas de blancas cuchillas.

Por un momento pensé que ese era el fin, y como no podía hacer nada me limité a apretar las manos, ambas, encontrándome para mi sorpresa con la empuñadura de mi espada en la diestra; ¡Claro! ¡La espada! La había olvidado por completo. Cuando el lobo lanzó su primer ataque a modo de dentellada me di prisa y con un único puñetazo de la zurda le desvié la boca golpeando con fuerza su mandíbula por el costado izquierdo, haciendo que su mortal mordida desembocara sólo en el arañazo de unos dientes en el hombro. Dolía mucho, tanto que noté como dentro de mí se revolvía mi bestia queriendo salir, notaba de nuevo esa sensación de calor por todo mi cuerpo y como mis manos se empezaban a romper, pero no se lo podía permitir, no esta vez; la que había hecho la promesa había sido yo, no la bestia. Con rapidez, y tras recuperarme del apenas segundo de aturdimiento por culpa de mi bestia interior, me hice de nuevo con el dominio de mi espada y traté de arrojar un único corte que sesgara el lomo de la criatura, pero lejos de eso, lo único que logré fue que la espada, al ser demasiado larga, cayera contra él por la parte sin filo y le fustigara la espalda cual báculo de un amo cruel, dejándole una blanca marca de fuego allí donde se había posado. Furiosa, el lobo negro se revolvió por el dolor que aquella cicatriz la causaba y retrocedió unos pasos aullando de puro dolor, pero lentamente tornándose esos aullidos rabia y odio puros. Sin perder el tiempo que él me brindó me puse en pie y empuñé bien la espada, con el filo por delante y el pie derecho adelantado al izquierdo, es estaba colocado en flexión tras el primero y listo a modo de muelle para impulsarme. El filo de la espada quedaba en diagonal hacia la derecha descendente respecto a mí, lo que vino genial para empezar el combate con un primer corte ascendente dirigido a la garganta de la todavía rugiente bestia negra, pero no bastó con esto para frenarla en su intento por devorarme, y antes de que el filo de la espada llegase a herirla de gravedad sus patas se posaron de nuevo en mi pecho de manera violenta, estrellándome contra el duro y frío suelo igual de negro que él y haciendo que de mis labios se escapara un gemido lastimero, cual perro herido.

La acerada rodó unos metros hasta encontrarse demasiado lejos como para que pudiera cogerla con las manos, así que cejé en ese empeño y rápidamente llevé sendas manos a las bocas del lobo en un intento por detener su mordida, cada vez más cercana a mi cara y que buscaba sin duda arrancarme al menos los ojos con sus caninos dientes. De milagro logré retener a la criatura lo suficiente como para que sólo me alcanzara a rozar, no llegando a dañarme realmente, pero era demasiado fuerte, y a cada segundo se acercaba más a mi rostro, estaba… ya está, ese era el fin. Scart estaba con su propio enemigo y no tenía tiempo de atenderme sin resultar herido o peor aún, muerto. Con todas las fuerzas de las que en ese momento pude hacer acopio traté de hacer desaparecer la espada para que luego reapareciese dentro de la criatura, pero únicamente logré lo primero. Los instantes que estuve esperando que la hoja de la acerada se volviera a materializar dentro de la bestia fueron en vano, únicamente reteniendo a esa criatura por una pequeña esperanza que al final se desvaneció, como lo había hecho la espada. De golpe, la bestia tiró hacia atrás de sus fauces y logró escapar de mi agarre, volviendo luego a bajar con mortal velocidad hacia mí. Cerré los ojos con fuerza, apretándolos y dejando que en lo que eran mis últimos instantes de vida en mi mente reinaran los recuerdos felices, mi primer beso, la vez que había perdido mi “inocencia” y toda aventura que había vivido, y en todas había algo común, Scart. Aquel pícaro se había convertido para mí en algo más que una pareja, en un hermano, en un protector y en toda mi vida. En ese momento sólo esperaba la muerte, pero en lugar de un ahogado grito proveniente de mi garganta lo que escuché fue el filo de una espada al salir de su vaina muy cerca de mi oído derecho, después del izquierdo y cuando abrí mis ojos observé estupefacta como cuatro espadas más idénticas a la que acababa de perder se adentraban sin piedad entre las costillas del animal arrancándole una innumerable cantidad de gemidos de dolor. Las hojas de los seis sables brillaban con fuerza, y las allí por donde había penetrado al animal este empezaba a desaparecer como si se tratar de una cerilla sumergida en agua. Finalmente de la criatura no quedó nada, sólo su saliva sobre mi pecho, el cual rápidamente limpié, ni sangre, ni nada, y en apenas un segundo cinco de las seis espadas totales que habían surgido desaparecieron para de nuevo dar forma a una única de larga hoja y gran mango negro recubierto de cuero que fue a parar a mis manos. No podía hacer más que mirarla sorprendida ¿Qué demonios acababa de pasar?



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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

Mensaje por Scart el Dom Oct 30, 2011 12:50 am

Estaba preparado para saltar sobre el lobo negro, para combatir con el hasta la misma muerte si era necesario, a pesar de saber perfectamente que una muerte en aquel mundo equivalía morir también en la realidad. Sin embargo, le despistó algo, algo que para el era más importante que su vida misma... Adeluna.
Alzó el rostro, perdiendo la concentración, mirando a la chica, que estaba tirada en el suelo, con el segundo lobo negro sobre ella. Lanzó un aullido lastimero... Un aullido, que a pesar de no ser más que eso... Cualquiera podría haber advertido en el la voz del muchacho de cabellos castaños. "¡Nooooooooooooooooooooo!"

Pero antes de que pudiese tan siquiera correr a salvarla, el lobo de pelaje negro sombras, aprovechó el descuido y saltó sobre el muchacho, anclandolo al suelo y colocando sus fauces en el cuello del muchacho.
El aullido que soltó fue uno de los más tristes que había lanzado nunca... Pero lejos de rendirse... Antes de dejar morir a la chica... No, no vendería su vida barata. Agitó sus patas como pudo, golpeando en una al otro lobo e hiriéndole de forma que se desequilibró y el fuerte agarre que ejercía sobre el cuello del muchacho se relajó, liberandole al fin. Furioso, y sin esperar ni un instante se arrastró para ponerse en pié de nuevo, y se abalanzó sobre el animal, atravesando su cuello con sus largos caninos.
La bestia solo lanzó un aullido, un único aullido antes de caer al suelo inerte.

Scart se alejó unos pasos, quedándose mirando el cuerpo, que rápidamente se desvanecía como la niebla. Como si solo hubiese sido una bruma condensada, y el lupino hubiese roto su envoltorio, dejándola al fin libre, permitiendole dispersarse.
Recordó entonces a la chica, y se giró, temiéndose lo peor. Pero en lugar de ello, descubrió a Adel, herida, jadeante, con la espada en su mano.
Rápidamente, corrió hacia ella, y al llegar a sus pies, empezó a crecer, mientras el cabello blanco que recubría todo su cuerpo desaparecía como si nunca hubiese existido, dejando solo un castaño color en su cabeza, y conservando el azul de sus ojos... Ahora empañados por el rojo carmín.

-Adel... Pensé que...-Casi entre lágrimas el chico abrazó a la ladrona, con fuerza, pero sin aplastarla. Para después alejarse y mirarla, sonriendo de medio lado... Sus ropas permanecían sobre el, como si nunca las hubiese roto al trasformarse. Pero había una diferencia entre ahora, y cuando apareció el lobo. Cruzando su ojo derecho, había un enorme corte rojo. Aquel zarpazo del lobo había permanecido en el mismo sitio. Y lo recordó en ese momento, al notar el calido tacto de la sangre sobre su piel.-Oh... Ah... Mi cara... Uff... Casi lo olvidaba... Bueno, no es nada... Continuemos, no te preocupes, sabes que dejará de sangrar... Mm... Aunque supongo que me dejará marca, pero da igual.

Tras aquella pequeña conversación, continuaron su camino, directos a la fuente de la negrura, allí donde la mancha de "nada" del cielo se creaba, dado que esta ya ocupaba casi toda la totalidad de la cúpula celeste, ahora, negra. No tuvieron más percances graves como el de aquellos lobos, simples combates pequeños como los que habían tenido antes, nada de verdadera preocupación hasta que llegaron...

Una parte del bosque, un claro justo antes de una montaña al revés, en la que la cima estaba pegando al suelo, y la base mirando al cielo, como si de un cono invertido se tratase. Delante de la montaña, ante ellos, se hallaba un enorme agujero de color negro, una mancha de la que salía un montón de oscuridad... Aquella que se extendía al cielo y lo cubría todo de negrura... En esa parte del bosque, los árboles se retorcían formando macabras figuras que parecían morir de dolor... Justo delante de aquella brecha, había un enorme saco. Una sonrisa en su rostro, y varios insectos saliendo de lo que hacía las veces de ojos... Llevaba dos dados rojos como la sangre en sus manos, pero de nuevo, los niños no podían distinguir esos colores, simplemente los veían de un gris casi negro. Pero enfrente del saco viviente, dándoles la espalda, estaba Alice, flotando en el aire envuelta en un tenue halo de luz blanca, con sus cabellos del mismo color ondeando cual bandera... La chica les dirigió una mirada... Su rostro estaba lleno de lágrimas negras verdaderamente horripilantes.

-No... ¿Por que vinisteis? ¡Os dije que os fueseis!

-¡Alice! Cállate... Tengo mis motivos para estar aquí, uno de ellos es que no te voy a dejar sola ¿Vale?-Respondió tajante el muchacho, y era cierto, a pesar de querer conocer su pasado... También quería ayudar a Alice.

-Pero... ¿Como vas a hacer algo contra Oogie... El es mucho más poderoso... Que...-Quedó mirando a Adel, que portaba aun en su mano la enorme espada.-Esa espada... La recuperaste... Entonces...

-¡Basta de cháchara! ¿Que pasa Alice? ¿Traes dos de tus sueños a que te ayuden? Eh... No, espera... A la rubia la reconozco... ¡TÚ! ¡Já! Mira que bien, al final siempre acaban volviendo a mi... Te me escapaste una vez, pero en esta ocasión no te dejaré marchar...

-¡Si le tocas un pelo vas a ver lo que es una paliza, saco de mierda!-Espetó Scart poniéndose delante, empuñando con fuerza a Estrella Fugaz, que parecía emitir un tenue brillo.

-¡Ja! ¿Que puede hacer un simple sueño contra el señor de las pesadillas?

-Oogie... No es un sueño... Es tu peor pesadilla... El joven sin pesadillas...-Comentó con una carcajada.

-¿Sin pesadillas? ¡Imposible!

-Eso es cierto, no es que no tenga pesadillas... Es que mi vida ya es una pesadilla...-Respondió seriamente el niño, haciendo retroceder a Oogie. Era cierto... Scart había tenido una horrible vida, era una pesadilla para el... El combate contra los dioses de la luz y la oscuridad... Jack Skeleton... La muerte de Adesa... En el mundo de los sueños no pasaban cosas peores... Todas las pesadillas que tenía, no eran más que recuerdos de lo que ya había vivido... O lo que vivió en otras vidas...

El saco miró seriamente a Scart y alzó una esquina de su cuerpo, la cual hacía las veces de mano, y en esta empezó a materializarse una espada, era similar a la de Scart, pero completamente negra. Al hacerlo, Estrella Fugaz empezó a brillar con fuerza entre sus manos, como si una verdadera estrella viviese en su interior. Un montón de imágenes de esa espada surcaron su cabeza a toda velocidad... Igual que los lobos, le era familiar... Pero de ella tenía un nombre...

-Caída... Estrella Caída...-Musitó mirando alternativamente esa espada y la suya... No recordaba bien, pero tenía un ligero enfoque... Era... La hermana de su espada... Su opuesta...

-¿Que sucede? ¿Te ha asustado la espada? Bah... No es mía, pero se la pido prestada a Jackye... El no la usa casi...

Alice se apartó, y el muchacho dio un paso, una mirada en su rostro le indicó que esperase ahí. El chucho no estaba al tanto de la promesa que había hecho la chica a sus pesadillas, pero estaba dispuesto a vencer a Oogie... Lanzó un grito de rabia, y la luz de la espada aumentó en intensidad, para brillar en su otra mano también una espada. De forma que al apagarse la luz, volviendo a quedar solo un leve brillo en ambas espada, pues parecían reaccionar ante Estrella Caída, el muchacho tenía dos espadas... Era el límite... Su ira había prendido la fuerza de las espadas... Las dos espadas se movían en la mano del muchacho con total habilidad, como si siempre hubiese combatido con ellas, con mayor maestría incluso que con una sola. El efecto debió pasarse a los pocos segundos de haber aparecido la segunda, pero Alice estaba manteniendolo... Era necesario que combatiese al máximo.

Las espadas del muchacho chocaban con la de oogie, que las paraba con facilidad al principio. Pero la velocidad del muchacho iba aumentando exponencialmente. Al principio iba casi caminando, pero después iba corriendo, cada vez más rápido... Su velocidad mucho mayor a la de un humano... Sus ojos centelleando mostrando su ira... Su sangre lunar... Y su mejor técnica de combate con espada... Acelerando cada vez más sus estocadas y cortes, atacando corriendo por todos los flancos, hasta convertir sus espadas en un simple borrón en sus manos, como lo haría un estoque en manos de un gran esgrimidor. Pero eran dos mortíferas espadas de doble filo en manos de un licántropo muy enfadado. Los toques que paraba al principio Oogie con una sonrisa, se convertían en una mueca de preocupación, cuando chispas grises saltaban de las espadas en cada choque, cada vez mas frecuentes, hasta que el saco perdió su paciencia.

-¡BASTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-Dijo en un potente grito, y como si fuese una bomba, una onda expansiva salió de su cuerpo tirando a Scart hacia atrás, el cual se vio obligado a protegerse usando sus dos espadas.-Eres... Muy fuerte... Eres muy rápido niño... Me he cansado de jugar contigo... Has sacado un dos en los dados, y yo un seis... Tu vida es mía... MUER...

Sus palabras quedaron cortadas, su espada estaba alzada, dispuesta a cortar al muchacho, pero algo había impedido al saco terminar su frase... En mitad de su cuerpo, una enorme espada le atravesaba... La empuñaba Adel. No tenía una katana... ¡No tenía comparación! Era igual de larga... Pero cinco veces más gruesa, y tenía doble filo... Era la espada más grande que el muchacho había visto nunca, pero ella la sostenía como si no pesase... Tenía lagrimas en los ojos, y Oogie miró por encima del hombro a la chica, sorprendido... Esta retorció la espada, y destrozó al saco, liberando a un montón de insectos por todas partes. El joven ladrón estaba tan sorprendido como el propio Oogie... Adel acababa de revelar el poder de su propio limite...

-¡OOGIE! No te escaparás, saco de bichos!-Dijo Alice, y alzó sus manos... Rápidamente, las dos espadas de Scart, y la enorme de Adel, se convirtieron en una luz que voló hacia las manos de Alice, condensándose en una flauta que se llevó a los labios, para tocar una única nota, aguda, que casi destrozó los oídos a los niños, pues su sentido auditivo era muy sensible...
Pero rápidamente, los bichos empezaron a ser arrastrados a la brecha, intentaban escapar... Pero todo rastro de oogie, de sus criaturas... La misma sombra que se extendía por los cielos volvió a donde debía... A aquella brecha, que tras entrar el último insecto, un gusano, se cerró.-Al... Al fin... Ya exterminé la plaga...

Con un simple gesto, la flauta de la diosa se desvaneció. El muchacho se levantó y caminó hacia Adel, ayudandola a levantarse, y juntos llegaron junto a Alice, la cual les miró con una sonrisa, y con un chasquido de dedos, regresaron al mismo punto donde habían empezado. Allí donde habían visto a Alice al llegar.

-Gracias por la ayuda... Uff... Me habéis salvado de nuevo... Pero esta vez también lo hizo una chica... Vaya, se me van amontonando las deudas... Tendré que devolveros el favor algún día... Bueno... Muchas gracias... Eh... Si queréis volver a despertar, solo lanzaros sobre el lago que tenéis detrás y ya está... Ahora os dejo disfrutar del resto de vuestro sueño lúcido... Ah... ahora que no está ese feo de Oogie puedo volver a mi trabajo... ¡Oh dios mio! ¡Ha puesto esa cascada cayendo al suelo! ¡No puede ser! Eso está mal, debe apuntar al cielo... En fin, voy a arreglar este caos... ¡ Adiós!-Y como llegó, se fue, desvaneciéndose antes de que pudiesen decir nada. Haciendo que el lupino se riese... Pero un nuevo ser apareció entre los árboles, la sirena, que avanzó hasta llegar ante ellos.

-Ah... Buen trabajo Scart... Has vuelto a salvar este mundo... ¿Te sigues empeñando en que no eres un héroe?

-No lo soy... Solo... Eh... ¡Da igual! ¿No ibas a decirme algo? ¡Cumple el trato!

-Oh... Que buena memoria... En fin, un trato es un trato... Scart, como ya sabes, has tenido varias vidas, en las que has tenido que cumplir una misión, y has repetido ese ciclo, buscando completarla en todas ellas... No es algo nuevo para ti... Lo que si es nuevo... Es que ya conociste a Adel y a Adesa en tus otras vidas... Así es... Ellas también forman parte de tu ciclo, por eso Adel puede usar esa espada... Igual que Veluzi. Esas armas las tenéis porque las obtuvisteis en el pasado. Scart Eznio ¿Te suena? Es el rey árbol... Es quien te entregó la espada cuando le ayudaste... Eras su elegido... En aquella vida comenzó todo, allí fue cuando empezaste tu bucle. Allí también conociste a Adeluna, a la cual también se le entregó una espada, la que ha portado en este viaje... Allí también conociste a Veluzi, quien tenía su curiosa arma... Jack Skeleton... También le conoces ¿No? Te habrá dicho, como siempre hace, que tu fuiste el que le convertiste en eso... Y es cierto, en otra vida, tu le convertiste en el demonio que ahora es... Antes se llamaba Jack Liester... Pero tras un percance que tuvisteis... El acabó convirtiéndose en lo que ahora es. Se empeña en culparte, pero el fue el culpable, tu solo fuiste el detonante. No te preocupes por el, juega un papel clave en toda la danza que bailasteis, bailáis, y bailareis... Scart, aun debes cumplir una misión. Tal vez no en esta vida, pero en algún momento la cumplirás... Espero que sea pronto, no mereces estar atrapado en este bucle, sufriendo una y otra vez todas las desgracias de tu vida...

-Es... Espera... Esos nombres... Ah... Mi cabeza... Me va a estallar... Mucha información... Wow... No... ¡AHG! -EL muchacho estaba muy frustrado, debía asimilar todos esos datos, y no era fácil... Tras unos instantes miró a Adel y le sonrió de medio lado.-Bueno, marchémonos ya de aquí... Hay que despertar... ¡A saber cuanto llevamos durmiendo!

Sonrió a la sirena, aunque era solo una máscara, intentando ocultar sus cavilaciones ante todo lo aprendido. Y juntos, de la mano, saltaron al lago, hundiéndose en las aguas, que les sumieron en la más absoluta oscuridad... Poco a poco, iban notando como se volvían más ligeros... Y cuando Scart pensaba que iba a despertar, escuchó una voz en su cabeza, algo que solo él podía oir.

-Gracias Scart... Siempre tan bueno... Aunque digas que no, tu siempre serás mi héroe...

-Alice... ¿Por que eres así? ¿Por que me tratas de esa forma...?

-Ah... Scart... Adesa y Adeluna no han sido las únicas que te amaron... Oh... Que curioso... Las tres "A"...


Y entonces despertó, tenía a Adel, a su cabeza más bien apoyada sobre su pecho, que parecía despertar también. El muchacho se estiró un poco, dando un bostezo... Con tranquilidad se acercó a un río que había cerca, tenía bastante sed... Pero al mirar el reflejo del agua, descubrió que su rostro estaba herido... El zarpazo... Lo conservaba... Miró rápidamente su capa, y efectivamente, allí estaba. O más bien, no estaba. La punta de la capa que había desaparecido en la oscuridad... Sonrió de medio lado... De nuevo... Sueño y Realidad, estaba unido...

Pero eso no es más que una historia pasada... Algo que sucedió hace tiempo... Otra vida del actual Scart que conocemos... Pero en algún momento volverá a enlazarse... Cumplir su destino...

Fin





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Re: El Mundo de los Sueños (Privada)

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