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Sin pelos en la lengua

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Sin pelos en la lengua

Mensaje por Kefka Palazzo el Sáb Oct 01, 2011 10:58 pm

Sueños del pasado. Visiones referentes al fuego y el veneno invadieron la mente del arlequín del caos. La locura en su más puro aspecto. Gritos, muerte, sufrimiento, placer, sentimientos que surgían en el interior del elfo sexagenario el cual hacía mucho había perdido la cordura, pero seguía sin recordar algún motivo. Sus visiones se remontaban hasta la temprana edad de doscientos años aproximadamente. Una vida repleta de aprendizaje y destrucción sin sentido aparente. Solo en busca de infligir dolor a quienes menos disfrutaban de él y en busca de la destrucción total del mundo a su alrededor. Todo era gris y vacío para el elfo. Lo único que valía la pena era el poder. El poder era su ambición principal y lo único impulsó a Kefka a viajar por tantos lugares distintos. Siempre en busca del poder para destruirlo todo.

La noche continuó sin complicaciones. Había decidido pasar la noche en la posada del Rey y la Reina. Una posada de alto lujo y prestigio dentro de Malik-Thalish y donde usualmente descansaba. El edificio era enorme, siendo una construcción de tres pisos y una azotea donde se podía ver perfectamente la ciudad desde lo alto. Madera de pino y cedros tallados con caracteres élficos adornaban la estructura. Linternas de aceite alumbraban los pasillos de la misma y un gran candelabro mantenía alumbrado el recibidor y la sala de estar, en donde podías descansar sobre muebles de piel y algodón a la par de una gran chimenea. Un lugar donde descansar era un lujo más que una necesidad, pues si bien aquí se reservaban el derecho de admisión, sus costos eran cincuenta veces más costosos que la renta de una habitación ordinaria en cualquiera de las posadas de la ciudad.

Pero el dinero era algo de lo que no tendría que preocuparse el mago del caos. Su influencia y su mala reputación con los mercaderes de la zona eran de temer y de respeto. Si bien jamás había extorsionado a la pareja de elfos lunares que atendían el prestigioso negocio, ellos sabían muy bien que hacerle perder la paciencia con detalles molestos como la renta de una habitación era algo tonto de hacer. El mago maquillado estaba loco pero usualmente no cometía barbaridades con los comerciantes que sabían cómo tratarle.

Señor Kefka – Dijo una voz masculina mientras tocaba la habitación reservada exclusivamente para el mago del caos – Señor Kefka, ya han pasado ocho horas y, como usted solicitó, vengo a sacarle de su trance – El golpeteo de la puerta finalizó una vez que el posadero había tocado la puerta diez veces exactamente. Ni una vez más, como normalmente solicitaba el arlequín.

Kefka salió de su trance librándose así de las confusas visiones que le acosaban cada vez que su insomnio causado por su esquizofrenia le permitía descansar la mente. Cogió sus psicodélicas ropas de carnaval y tomó la charola de frutas de temporada que había en su mesa. Cerezas, manzanas, fresas y bayas varias sirvieron bien de alimento – Bueno – Se dijo a sí mismo una vez que se encontró listo para partir – Tengo una importante cita y no me gustaría que la joven Kristal pensara que me he olvidado de ella en estas horas de ausencia muejejeje – Su mirada transmitía sus pensamientos y su locura interna. Si alguien le hubiese podido ver de frente aquella fresca mañana hubiera podido presenciar el gesto de la maldad en su estado más puro.

Abandonó su habitación sin mirar por la ventana de aquel tercer piso, como normalmente hacía para contemplar el sol en el horizonte del mar. Odiaba tanto los amaneceres que presenciarlos siempre le ayudaba a mejorar su molestia matutina. Pero en esta ocasión no sería necesario un cambio de actitud. Su porte era el de un individuo ilusionado por alguna buena noticia. Era el gesto que un niño pondría al ver que su padre volvía de una guerra lejana. Kefka se mostraba alegre y tranquilo, algo demasiado extraño y raro de ver. En la sala de espera y la recepción solo estaba la esposa del posadero, Neere Lëafover, quien limpiaba los muebles con un trapo húmedo como todas las mañanas después de haber limpiado los suelos y abierto las hermosas cortinas de seda blanca y verde. La mujer no pudo ocultar su sorpresa al ver al mago descendiendo con un inusual gesto de gozo – Alassea Ree Kefka Palazzo – Saludó la elfa lunar al ver a su huésped más frecuente y el más temido – Tenga una buena mañana mi señor, esperamos su pronto regreso – El arlequín sonrió al ver a la mujer. Estaba tomando demasiada confianza hablándole tan directamente y podría ser castigada por tal acto, pero el ánimo de Kefka le impidió siquiera considerar corregir esa conducta inapropiada – Oh sí. Sera una buena mañana señora de Lëafover. Una buena mañana sin duda…



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Re: Sin pelos en la lengua

Mensaje por Kefka Palazzo el Dom Oct 09, 2011 6:46 pm

Las calles de Malik-Thalish parecen una ilusión celestial por las mañanas. La neblina salina proveniente del mar inunda las calles y los corredores con una blanquecina espesura. Los edificios de madera y roca muestran las gotas de agua aglomeradas en su estructura dando una impresión de frescura y tranquilidad. Los negocios que hacen más comercio por las mañanas, como las panaderías y las verdulerías, abren sus puertas con la esperanza de obtener mejores ganancias que el día anterior. Las gaviotas y los albatros sobrevuelan la ciudad en busca del agua y sus presas habituales. La paz y la tranquilidad de las mañanas de la ciudad negra era algo desconcertante. Como si no hubiesen ocurrido crímenes ni asesinatos la noche anterior. Era algo a lo que el arlequín psicópata no podía acostumbrarse. Así hubiesen pasado ya más de trescientos años desde su llegada a la ciudad.

Pero esta mañana era diferente para él. Kefka prestaba atención a todos los detalles. La neblina, las gotas de rocío, los negocios, las aves, todo en aquella mañana le parecía menos desagradable para él que en otros días. Saludaba con una gran sonrisa a quien se cruzara con él. Algunos respondían el saludo, otros huían volteando repetidamente hacia atrás temiendo que una flama les impactara. Pero este día ni el fuego ni las carcajadas del mago del caos harían presencia. Al menos en las calles de la ciudad.

El laboratorio de Kefka esperaba con ansias la llegada de su maestro. Oculto de bajo de los escombros de un viejo almacén venido a menos, era el lugar al que pocos habían entrado sin invitación y del que nadie había salido lo suficientemente vivo o cuerdo como para compartir sus experiencias. Era un lugar de torturas. Un lugar para experimentar. Un lugar de esparcimiento para el mago. El laboratorio contaba con una serie de túneles y habitaciones destinadas para distintos fines. Algunos para mantener conversaciones privadas poco ortodoxas, como le gustaba llamarle. Otras habitaciones estaban destinadas a mantener cómodos a sus inquilinos los cuales podrían describir a ese lugar como muchas cosas a excepción de cómodo. Y otras varias habitaciones estaban destinadas a la experimentación de químicos y toxinas, lo cual era una afición bastante importante dentro de la larga lista de aficiones del elfo maquillado. El laboratorio era testigo de los experimentos inhumanos que el arlequín desquiciado realizaba con sus prisioneros y de muchas cosas más. Algunos inocentes llevados ahí en contra de su voluntad, como también había bandidos y escoria sin valor para nadie, llevados ahí también en contra de su voluntad. Kefka no discriminaba a nadie. Para él cualquier individuo era un valioso recurso de investigación y experimentación. Una diversión que pocos podrían considerar necesaria o incluso didáctica.

El mago del maquillaje blanco atravesó las ruinas de su almacén e ingresó a su laboratorio en busca de la presencia de su más fiel servidor, el cual estaba ahí para recibir a su amo y señor – Las preparaciones están listas para cuando usted quiera comenzar – Dijo el asesino de las ropas azules mientras mantenía una rodilla apoyada al suelo y la vista baja, en muestra de respeto – Excelente – Una sádica sonrisa invadió el gesto del arlequín – Iré a verla en este preciso momento. Ya la he hecho esperar demasiado – Se tronó los dedos de las manos impaciente ante la entrevista que tendría lugar dentro de aquel lugar de muerte y tortura. El olor a sangre coagulada de las paredes. Los restos de huesos humanos esparcidos por los corredores y al interior de las habitaciones destinadas a guarecer huéspedes. Las goteras y el musgo que colgaban en el techo de aquella construcción en forma de cloaca. Los alaridos moribundos de las personas que yacían atrapadas en los calabozos inferiores. Todo en aquel ambiente incitaba a la matanza y la locura. Todo le exigía derramar sangre en aquella bonita mañana. Pero la sangre no se derrama en vano en el laboratorio de Kefka. La sangre solo se derrama cuando la diplomacia falla… y siempre lo hacía.



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