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El Banquete

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El Banquete

Mensaje por Inuwel el Miér Oct 05, 2011 5:07 am


Fragmento que circula en los diarios de Thonomer:

Bienvenido cazadores, mercenarios, amantes de la culinaria como asimismo del peligro, están todos invitados a este evento de gran magnitud para el paladar, mi nombre es Rhoder Thekner, hombre afamado y adinerado de Thonomer pero conocido principalmente por sus exquisitas creaciones degustadas por nuestros queridos nobles e incluso el mismísimo rey de Malik-Thalish.

Los he convocado queridos míos a una misión muy sencilla y necesaria para el ya olvidado mundo gourmet. Embarcaremos al afamado bosque de bosque de Theezeroth donde los peligros son tan comparables como las exquisiteces que se pueden hallar en determinados sitios de este reino natural y maldito, he de necesitar entonces guerreros hábiles, cazadores expertos, magos eruditos y cocineros experimentados aunque lo más importante es gente con las agallas de aventurarse a dicha travesía.

Pero vamos a lo importante, ¿las recompensas?, mi gigantesca morada situada en una de los archipiélagos de Thonomer junto con mi título de nobleza, allí encontrará usted un abastecimiento completo de cocina junto con enormes áreas verdes completamente privadas.

¿Y qué va a ser de mí?, pues yo sencillamente quiero tomar otros rumbos, sin un respaldo de riqueza, ir acompañado solamente con mis ánimos de aventura y aprendizaje en la escuela de la vida, pero bueno, a quienes no les interese lo anterior siempre está la sabrosa recompensa de adquirir toda mi fortuna que redondea los 30000 de oro



Dos gigantescas embarcaciones se asentarían primeramente en Phonterek para recibir a todo aquel interesado en ser parte de dicha travesía. Toda la ciudad estaba enterada de aquel acontecimiento, incluso fuera de ella, algunos puertos en Malik-Talish también estaban disponibles para recibir esos mismos barcos, e incluso el pequeño y sencillo puerto de Erenmios les daría la bienvenida, aunque claro, no sin su particular recelo y hostilidad frente a todos los desconocidos. No se había escogido un sitio único para recibir a todos los participantes debido a la rivalidad evidente entre dos ciudades que bien conocemos: Malik-Talish y Erenmios, el lugar más seguro para embarcarse era evidentemente Phonterek pero cada uno escogería el que más le acomodara tanto en tiempo como en cercanía. Por lo tanto ambas embarcaciones tendrían que hacer una media circunferencia entre aquellas ciudades para ir recibiendo más interesados de cada punta de Thonomer. Por lo tanto siendo Erenmios la última ciudad en visitar el verdadero viaje demoraría unos días más.

Un marinero en cada puerto leería en tres lenguas distintas (las más conocidas de aquella región) prácticamente lo mismo que decía la carta que se publicó en los periódicos, pero agregando que el barco tendría que pasar por otros puertos antes de iniciar la verdadera travesía y que las preguntas e indicaciones serían resueltas al final, o sea, una vez que se llegase al destino, y que por ahora solo debían subir y esperar.

Arriba de aquellos barcos no había diferencia social, los camarotes pertenecían a los más fuertes o los que llegaban tomarlos primeros, los que no alcanzaban y no querían causar conflictos debían asentarse a cubierta o en la parte del sótano lleno de ratas y barriles con agua. Por supuesto el viaje en barco no se pagaba, quién quería ingresaba pero una vez que el barco partía no había marcha atrás.

En Phonterek el día estaba nublado pero con chubascos, pero en Erenmios y Malik-Thalish caía una intensa lluvia y el ambiente estaba profundamente gélido, pero en todos los puertos sucedía lo mismo: una aglomeración inmensa de individuos de diversas razas, tanto extranjeros como habitantes de dichas tierras, algunos cargados de bolsos, otros con solo una bolsa de cuero, algunos en pareja o en grupos mientras que otros ingresaban de forma individual. Todos subían a bordo de las naves y otros al hacerlo después bajaban arrepentidos, había un sinfín de reacciones de parte de todos los individuos que ingresaban. A los alrededores se habían posicionado muchos puestos de venta aprovechando que la presencia de tanta gente, pero la gente prudente prefirió mantenerse alejada, y es que casi todos estaban armados y más de alguno trataba de insultos a algún vendedor amenazándole de muerte si no le daban cierta cosa.

Y arriba en los barcos no sería diferente. Allí la ley no existía, todo aquel que quisiera un espacio en particular en la embarcación tenía que luchar por él, no faltaban aquellos grupos que hostigaban a otros, las peleas eran cosa de cada día incluso unos cuantos fueron lanzados de cubierta hacia el mar por simple gracia de alguno, y no había nadie que les recriminara por sus acciones, y los marineros del barco no se preocupaban de mantener el orden, ellos solo hacían su trabajo, no les importaba en lo más mínimo lo que pasara con los invitados. Lo que sí, todas las mañanas un grupo de marineros dejaba en las cubiertas pesados sacos con alimentos y varios barriles con agua los cuales debían repartirse entre todo para pasar el día.

Fueron en total cinco días navegando por las costas de Thonomer hasta que al sexto día comenzó el verdadero viaje, los capitanes de ambas naves que por alguna razón nadie de los allegados había podido ver ni contactar enviaron a varios marineros a dar el aviso de la partida definitiva. El último puerto los despidió con una melancólica lluvia.

Sin embargo luego de que transcurrir seis días de viaje algo pasaría que dejaría desconcertados a todos los invitados. Esa misma mañana los marineros no dejaron los acostumbrados víveres que eran iluminados con los rayos del amanecer como regalos divinos ni siquiera los barriles de agua, y cuando todos quisieran registrar el barco se encontrarían con la sorpresa de que no había comida en ninguna parte, ni siquiera en las bodegas que firmemente estaban cerradas y custodiadas por los marineros puesto que estos también habían desaparecido inexplicablemente. Pero por suerte aún quedaba suficiente agua en barriles en los sótanos para soportar unos días más y quizás una semana, mas el problema no terminaba ahí, tarde o temprano alguien de ambos barcos que navegaban cercanos y en línea recta descubrirían que la cabina del capitán estaba vacía, incluso su camarote, el timón se movía sin dueño como asimismo sin sentido, solo encontrarían en ambas cabinas un libro de viaje, un mapa y una brújula.
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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Jue Oct 06, 2011 5:21 am

Malik-Thalish… Extraña ciudad. De clima húmedo, y de aspecto no precisamente acogedor para el visitante, a mi vista la ciudad resultaba peculiarmente hermosa. Aquél día estaba lloviendo lo suyo, lo cual fue un poco fastidioso, pero nada del otro mundo. Obviamente Malik-Thalish no es Zhak’Thrugond, pero no está mal para visitarla… Llegué de mañana, y decidí dirigirme al puerto, pues en las ciudades portuarias es la zona donde uno se puede informar de más cosas.

Una vez ahí, vi a un marinero leyendo en tres lenguas distintas, las tres de la región, que por suerte conocía. Si bien gran parte de lo que decía me parecía una soberana gilipollez, sobretodo porque entrar en el bosque de Theezeroth es una enorme temeridad, ya no me pareció tan idiota la recompensa. 30.000 monedas de oro… Eso es muchísimo dinero… Ideal para poder empezar a financiar un ejército… Valía la pena, o eso creía.

Decidí subir a uno de los barcos, y di gracias de que aún estuviera relativamente vacío. Pronto empezarían las peleas entre la gente por los camarotes, y yo no estaba dispuesto a quedarme sin uno, menos teniendo en cuenta que estaba lloviendo, y que la bodega estaría probablemente infestada de ratas, como en todos los barcos. Tras agenciarme un camarote individual, decidí sacar de mi mochila algo de mis provisiones. Por suerte, había comprado poco antes de embarcarme algo de comida para mantenerme estos días. No confío en la comida de barco. Como mucho confiaba en el agua que ahí repartían.

Pronto partimos. El viaje duró algunos días que yo no conté. En cada puerto, la gente se agolpaba para subir, y en más de una ocasión tuve problemas con mercenarios de tres al cuarto, a los cuales asusté cuando usé mi nigromancia en ellos, aunque en una ocasión tuve que degollar a un par de humanos demasiado osados pero no muy buenos con las armas. Afortunadamente logré mantener mi camarote sin problemas.

En el barco, la ley era un sueño de tierra, y en varias ocasiones hubo disputas, en las cuales murió más de uno. A mí personalmente, mientras no me tocaran los huevos no me importaba mucho, la verdad. Los marineros, por su parte, sencillamente hacían su trabajo, no mantenían el orden ni nada. No les importábamos para nada. Por las mañanas, los marineros dejaban sacos con comida y barriles con agua, de los cuales siempre lograba agenciarme en ambas ocasiones una buena tajada gracias a mis habilidades persuasorias.

Pasamos cinco días navegando las costas de Thonomer, y al sexto día los marineros avisaron que por fin marchábamos. El tiempo era bastante hermoso, pues llovía constantemente. Alcé una ceja para meterme de nuevo a mi camarote antes de que algún idiota me lo robara.

Al sexto día fue cuando sucedió algo que nadie en el barco se esperaba, y yo me encontraba entre los sorprendidos. Los marineros no dejaron víveres en esta ocasión sobre la cubierta y tampoco los barriles de agua. Si bien en la bodega descubrimos que quedaba aún agua, la comida se había esfumado. A mí me quedaba comida para dos o tres días en la mochila. Afortunadamente esa no había desaparecido.

También pasó algo aún más acojonante. Los marineros habían desaparecido con los víveres. Decidí que lo mejor sería ir a la habitación del capitán para ver qué coño pasaba. Fue entonces cuando reparé que no estaba. ¡También él se había esfumado! Decidí salir a la cubierta y situarme en algún lugar más o menos elevado. Carraspeé con fuerza para que la gente me prestara atención y entonces, con voz fuerte y tronante, grité, tras quitarme el casco:

-¡Guerreros, mercenarios y demás contratados! ¡Nos han abandonado a nuestra suerte! ¡Los marineros y el capitán han desaparecido! ¿¡Alguien tiene idea de gobernar un barco y leer cartas de navegación!? ¡Si no logramos manejar pronto este barco, nos estrellaremos contra la costa y moriremos todos! ¡Que todo el que sepa de navegación alce la mano! ¡Es urgente si queremos sobrevivir a este percance! ¡Deberemos colaborar si queremos salir vivos! ¡Estamos en un barco sin nadie que lo gobierne, y demasiado lejos de la costa para llegar a nado!-
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Re: El Banquete

Mensaje por Geak el Dom Oct 09, 2011 8:03 pm

-¿Tú, vas a subir?-

Phonterek, la ciudad de comercio, posiblemente la más grande de todo Noreth, había bastantes tipos de tiendas de alta gama repartidas por extensas avenidas, sobre las cuales solo unos pocos afortunados eran capaces de obtener algún extraño ítem de aquellas tiendas que reunían todos los productos dignos de ver en Noreth, sin duda era una gran base financiera para Thonomer, además de que a diferencia de las otras dos ciudades que formaban el país, esta ciudad no tenía ningún problema con ellas.

El día en la ciudad estaba nublado, aún así mucha gente salía con los bolsillos repletos de diamantes a pesar de los truenos que avisaban de la inminente llegada de los chubascos de esa mañana.

-¡Por supuesto!-

Una figura encapuchada afirmó con una gran sonrisa en la boca, contemplando dos grandes barcos que se alzaban imponentes ha unos metros más a ya de su posición, el marino, con la lengua elfa bien desarrollada, hizo gala de sus conocimientos, hablando de las condiciones de la embarcación con Geak, pero ha este ya le daba igual, sus ojos bajo la capa, su arco en la espalda, junto con el carcaj, su espada en el cinto, apuntaban hacia las dos grandes embarcaciones, el mar le entusiasmaba y le gustaba, le gustaba la libertad y el peligro de este ya que le recordaba a los elfos silvestres, libres por los bosques, y aún así si algún tipo con malas intenciones se adentraba en su bosque para dañar a este o a los elfos, podían ser más mortíferos incluso que algunas bestias marinas.

El grave sonido de la voz del marinero acabo y el elfo le dirigió una rápida mirada después de ponerse la capucha de una manera algo más cómoda, ahora dos pequeños bultos salían por la parte de atrás de la capucha, las orejas puntiagudas del elfo, sin duda alguna. A parte de eso la vieja túnica que usaba para cubrirse cuando no estaba en terreno elfo solo le tapaba hasta las rodillas, dejando ver claramente las botas las grebas color verde oscuro de cuero.

Tras la confirmación de Geak, el marinero le dejó pasar a través de una pasarela de madera, camino a los grandes barcos, mientras aquel marino entonaba otra vez el discurso, ahora, el elfo pensaba que sería humano, no sabía mucho al respecto, pero dominaba lo básico. Al llegar al cruce de los dos barcos, un marinero, con una camisa a rayas azules y blancas, le indicó por donde subir al barco. Geak, dando saltos por la pasarela que unía el barco y el puerto. Subió a bordo, no había mucha gente por ahí, era normal, aún debían pasar por diferentes ciudades del país, pero por el momento estaba bien que no hubiese demasiada gente a bordo, así aún quedaban camarotes libres.

El elfo se adentro por la popa, hacía un pasillo lleno de habitaciones, hasta que encontró uno de ellos y se alojó allí.


(...)


Los días en los que pasaron de puerto en puerto de Thonomer recogiendo gente fueron días amenos, el tiempo seguía nublado, y a veces llovía, el elfo se pasaba las horas en cubierta, salvo los últimos dos días de viaje, en los cuales demasiada gente en el barco tenía ganas de un camarote, y bajo su resignación, se quedo vigilando en su camarote, mirando por un ojo de buey las olas, eso era lo máximo que podía hacer, si no, tendría que dormir en cubierta, y el ambiente tan extraño que tenían los marineros no le inspiraba ninguna confianza, por eso estaba allí, intentando descifrar un libro escrito en humano, tampoco le interesaba aprender otros idiomas, pero el aburrimiento le podía, y necesitaba hacer algo.

No tuvo problemas con la gente, ya que muchos se iban cuando el elfo salia con cara de cabreo y frunciendo el ceño, lo que le daba al tatuaje de su cara un aspecto diabólico, un aspecto que cambiaba a gracioso en cuanto se iban corriendo de allí. El elfo riendo, se metía en el camarote y esperaba ansioso a poder bajar de allí.

Un marinero anunció que el viaje hacia los bosques de Theezeroth empezaría a partir de ese día.

-Así que es verdad eso que decía aquel tipo de puerto, ¿estará allí el tal Rhoder que tanto se mencionaba en lo que decía el marinero?-

(...)

Unos sonoros golpes en el pasillo lo avisaron de que ya era de día, y que era hora del desayuno.

El elfo, con todas sus pertenencias-no te podías fiar ni de tu propia sombra en aquel barco, en el cual la anarquía del más fuerte, era la que dominaba-salió disparado de aquel cuarto, y a medio empujones, consiguió llegar a la escalinata que daba a cubierta, arco al hombro trató de salir, pero un gran tipo cubría la estrecha salida que separaba al elfo de las pobres y escasas raciones que los marines dejaban. Todos los que estaban intentando subir por las escaleras como el elfo, escandalizaban y abucheaban, además de insultar a aquel tipo, hasta que el enorme saco de grasa se quito de en medio nadie pudo ver lo que el estaba contemplando: Los sacos blancos de tela en los que iba el desayuno no estaba, ni tampoco había un marinero dejándolo, al otro lado, un montón de gente hacía un semicírculo, mirando al sitio donde todas las mañanas tardes y noches estaban los suministros, esperando a que estos aparecieran como por arte de magia, pero no había nada allí...


Tras media hora de espera los hombres se empezaban a molestar, las primeras peleas y acusaciones sobre quién se había llevado la comida surgían por todos lados del barco, las palizas, peleas de todo tipo y búsquedas de alimento era lo que hacía de aquel barco un lugar más tranquilo, visto desde la ironía del elfo, que con una sonrisa y la capucha puesta fue al puente de mando, quería saber que pasaba, ya que allí solía haber un marinero. El elfo abrió la puerta, que con un crujido bastante irritante cedió y acabo cayéndose al suelo. Geak tras levantar una ceja y alabar a sus bíceps por la fuerza que habían echo-algo que era mentira claro, pero Geak era así-

Dentro de la pequeña habitación no había nadie, lo único que el elfo pudo distinguir fue un mapa, un libro, que no entendía y una brújula.

-Al menos los mapas no están echos de letras.-

Dijo el elfo tras ojear aquel trozo de papel, en él, lo que parecía la ruta hacia los bosques de Theezeroth. Según parecía no faltaba mucho para llegar, aún así, lo suficiente para que cualquiera de los animales de cubierta matase al elfo. Bueno, así será más divertido, pensó riendo el elfo, mientras apoyaba el arco sobre la mesita en la que estaban los objetos, que, al parecer, era lo único que quedaba de la tripulación. El elfo dejó el mapa sobre la mesa y puso la brújula sobre este, para saber en que dirección estaba su destino. Después ojeó otra vez el libre, pero nada, ni idea de lo que iba.

-¿Y ahora?-

El elfo miró el timón...no era buena idea maniobrar el solo el barco, puesto que no tenía ni idea. El elfo salió de allí, pensativo, hasta que paró en seco.-¡El otro barco!-

Corrió hasta la barandilla, y gritó, simplemente un <¡Eh!¿¡Qué está pasando!?> Gritó, ahora necesitaba que alguien le escuchase, con suerte un marino del otro barco, para que mandasen a alguien allí para normalizar la situación.

El elfo se dirigió hacía el centro de la embarcación, en la cuál la desesperación dominaba más que las peleas, y gritó de nuevo.

-¡Haber, hay que organizarse, no hay marineros, así que toca colaborar!¡Si alguien sabe como llevar barcos que vaya al puente de mando, donde el timón, y los demás: vamos a buscar a los marineros!-

Lo que se necesitaba era organizar, haber is había suerte y había alguien capaz de llevar barcos, ya que la probabilidad de encontrar a los marineros estaba desechada desde un principio para el elfo, pero por lo menos, así la tripulación estaría entretenida, y no matándose unos a otros.
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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Miér Oct 12, 2011 4:48 am

Thonomer la tierra que me vio nacer, que vio nacer a mi padre y a mi madre, y que vio nacer a los que alguna vez traicionaron a mis padres y a mi hace 3 años, y que algún dia, veria a los Valtar y a los Treulos, vencidos bajo el peso mi puño.

Tenia menos de 1 dia de haber llegado a las Costas thonomerianas desde Thalis Nertheliam, y no tenia pensado estar ahí mucho tiempo mas, sabia que aun contando la lejanía con las tierras centrales de Thonomer podía correr el riesgo de ser descubierto por uno de las familias que me había sumido en el exilio y por ende, ser asesinado por los cientos de matones que trabajaban para esa pandilla de bastardos.

Habia reemplazado la vieja y pesada armadura que llevaba antes por una mucho mas ligera y comoda, la vieja era demasiado pesada para el nivel de movilidad que necesitaba en un combate, asi que el antiguo trasto de hierro y compre un modelo de armadura que el Herrero que me atendió alardeaba de haber obtenido de un diseño muy muy antiguo, el diseño consistía en un par de hombreras que protegían todo el hombro, la espalda y los brazos, y dos partes que envuelta entre si, cubrían la totalidad del estomago y la espalda, dejando la cintura completamente libre y permitia movimientos agiles… y tras comprobar la resistencia de la armadura usando mi propia ballesta, la cual fue incapas de romper los armazones de metal, compre decididamente la armadura, además de un par de avambrazos y Grebas nuevas, el nuevo conjunto de armadura pesaba menos de 12 kilos, una pequeñes respecto a mi armadura anterior, y podía llevarse comodamente todo el dia, sin cansarse mas de lo necesario.

Lo cual dejaba mucho mas espacio para un cinturón de varios compartimientos en donde llevaba las multiples cosas que podía usar en caso de entrar en combate, aunque por el momento me conformaba con llevar vendajes y ungüentos medicinales hechos por mis manos, lo mismo contaba con bandoleras que acomobaba a piernas y brazos, sin siquiera intentarlo me hbia convertido en poco menos que un boticario ambulante.

Estaba yo en un pueblo porturario de esas que nadie sabe siquiera su nombre, este mantenía una conexión via bote con otro pueblo dentro de las fronteras de Zheroker, me entretenía esa mañana, mientra esperaba mi transporte bebiendo un poco de whisky en una taberna local, llena de marineros ruidosos, pero amistosos, quienes cantaban viejas canciones de perros de mar al son del alcohol que llevaban en el cuerpo, yo, quisas incapas de entender su alegría, bebía tranquilamente en la barra, sin molestar a nadie, sin que nadie me molestara.

Fue entonces que algo capto mi atención, el tabernero que acababa de venderme una botella de whisky tenia una conversación con alguien que recién había entrado al lugar, el recién llegado era el tipico sujeto que quería jugar a ser héroe, llevando una espada en la espalda y exponiendo unos musculos bestialmente desarrollados al llevar el torso desnudo, una lastima de tipo.

No entrate en detalles en su conversación, en parte por que no la escuche, y por que no me interesaba saber los affaires de un intento de segunda mano de mercenario… salvo por una cosa, un nombre que me era mas que familiar…

Rhoder Thekne

En cuanto el “soldadito” se marcho del lugar, pregunte al tabernero en que asunto se encontraba envuelto el Chef Thekner, y tras una corta conversación supe que estaba ofreciendo un ultimo trabajo antes de retirarse, y la paga era… absurda.

Malik Thalish… uno de los peores lugares para vivir, aunque en mi caso especifico, era uno de los sitios mas seguros para mi dentro de las fronteras de Thonomer, al menos, ahí las familias que me querían muerto no podrían alcanzarme.

Deambule por la ciudad por un tiempo en compañía de mi fiel can, no era necesario que buscara información, basto con comprar un diario en un pequeño garito en una esquina de las calles principales, el sitio era muy deprimente, lo esperable en una asquerosamente contaminada y sobrepoblada urbe como esta.

La lluvia y la atmosfera fría, opresiva y sucia de la ciudad no eran para nada agradables, pero que se podía hacer, todo era por dinero y por contactar a alguien que podía ser de utilidad en mi búsqueda por recuperar la grandeza perdida.

La hora se acercaba, asi que me dirigi al puerto para subir en la embarcación que nos debería llevar hasta nuestro destino, Thezeroth, un sitio al que prefería no acercarme, mas, por la recompensa ofrecida unos pocos riesgos valían la pena.

EL sitio era, similar a la ciudad, un desastre total y completo, mucha gente reunida, y muchos vendedores también, sabia que muchos de los que estaban ahí estaban robando a otros, y había muchos comerciantes siendo extorsionados por los mismos compradores que deseaban un objeto con un “descuento del 100%”, sujete fuertemente la mochila y revise los multiples bolsillos de mis cinturones y bandoleras… luego me arroje a la masa de gente hasta poder abordar los barcos, siempre seguido fielmente por el Foxhound.

Una vez atravesé la masa de personas que bloqueaba el paso, como siempre, era un caos bastante horrible como todo loque podía esperarse a la hora de originarse en malik Thalish, peleas, robos y desarmonía reinaban sobre la superficie del barco, lo primero que pensé era en que iba a necesitar un camarote, y asi mi primer destino fue dirigirme a asegurar un camarote en las profundiades del barco, donde a fuerza de puños y mordiscos de mi animal, consegui que un tipo se alejara de un camarote el cual acomode a mi antojo…

Por evitar el incesante caos de afuera solamente salía del camarote a batallar por la comida que dejaban los marineros en cubierta, dejando a Baldur en cargo del camarote, el animal gruñía y ladraba a todo aquel que no tuviera mi olor en cuanto este se acercara a la puerta, cada dia en el camarote había escondido algo de alimento y agua, temiendo que uno de los días que pasábamos en alta mar llegara demasiado tarde o fuera incapas de conseguir comida para el dia, calculaba que con eso podía pasar aproximadamente 4 dias alimentándome a mi y a mi perro con abundancia, 12 si decidia racionar.

Pase seis días casi permanentemente oculto en el camarote, dejando que fuera de los confines de ese pequeño y maloliente habitáculo la gente se matara, saliendo solo a buscar comida y a preguntar a un marinero sobre la situación actual de barco, hubo un dia en particular que uno de los marineros que me informaba dejo caer una gorra de marino desde su bolsillo, sumida su concentrasion en sus faenas, no se dio cuenta de esto, y antes de que pudiera regresarla a su legitimo dueño, este se alejo, llamado por el capitán de la embarcación a una importante labor, pensaba en devolvérsela, pero entonces, en el sexto dia las cosas empezaron a ponerse extrañas.

Primero, no había ningún marino en cubierta, una de las pocas personas con las que había hablado que no era un marino, seguía sentado en la esquina de la cubierta que se había asegurado desde que empezó el viaje, su cara de pocos amigos y gran cantidad de espadas repartidas por el cuerpo era algo de temer, además, parecía estar en trance la mayor parte del tiempo, apenas pestañaba sin importar cuanto tiempo lo mirases, y a menos que tomaras acción directa contra el, no hacia gesto alguno, y mas de una vez vi que en menos de un pestañeo desenvainaba sus espadas y daba una buena y mortal lección a quien se atreviera a molestarlo.

ME había acercado a el un dia en que note que mientras los demás brutos del barco se peleaban por comida, el se quedo ahí sentado, vigilante y siempre en guardia en su esquina, yo acababa de apartar pan y unas pocas galletas saladas, además de agua, mi corazón se ablando un poco a pesar de la mala cara y los multiples tatuajes faciales del sujeto, y arroje en sus piernas un trozo de pan.

El asintió y apenas murmuro un “gracias”, durante 4 dias, siempre le dejaba algo de comida, quisas era el único que había mostrado una cara mas amigable hacia el, ya que me devolvió el favor una vez que después de apartar mi racion, un sujeto se creyo demasiado listo y tras sorpresivamente coger comida de mis manos y salir corriendo, el hombre de las espadas le detuvo y me regreso mi alimento, el cual, por supuesto, comparti con el.

Le pregunte al hombre de las espadas si había visto a algún marino ese dia, este respondió moviendo la cabeza de lado a lado, agregando mientras lo hacia –hoy no he visto a ninguno, camarada, todos desaparecieron-
Asentí, mientras hablaba y tras agradecer su información me puse a revisar el barco tal y como otros lo habían hecho… mas yo tenia dos recursos que ellos no, un cerebro y un perro de caza.

Tambien habia un sujeto palido en armadura, notariamente era un nativo de Zhakesh tratando de organizar a la bola de inutiles que habia en cubierta para empezar a dirigir la nave, ¿sinceramente esperaba cooperacion de hombres que vendian su lealtad como si fuese dinero? vaya idiota.

Un barco de ese tamaño debía tener botes salvavidas en algún lado, si estos seguían en sus lugares, los marineros no habían dejado el barco aun, ademas, no podían simplemente desaparecer, asi que, a menos que hubiera alguna fuerza sobrenatural envuelta en este asunto, Baldur seria incapas de rastrear el olor de la gorra del marino hasta su dueño.

Basicamente regrese a mi camarote, que resguardado por el Fiel Foxhound permanecia a salvo, cogi todas mi cosas y oculte lo mejor que pude la comida, sabia que si dejaba objetos de valor a la vista estos serian robados y lo mejor era prevenir antes que curar.

Me arrodille, acercando la gorra al hocico del animal, mientras le daba la orden

-Baldur, ¡busca!-

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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Oct 12, 2011 5:11 am

Creo que estaba de mas dar las explicaciones por que alguien tan curioso como el doctor viajaba en aquel barco, mas para tener una razón debería de pensarse que la fortuna no significaban nada para el inventor, el dinero era tan efímero como las quimeras de utopías que soñaban los hombres, y aun así era tentadora, pero realmente la razón por la cual aquel tipo viajaba en ese barco era otra, necesitaba la tierra que prometía, no por el poder si no para estar cómodo trabajando sin tener que viajar constantemente entre Phonterek y Malik-Thalish, ya se había cansado de tener que viajar y tener que hospedarse en tabernas únicamente para dormir en una cama cómoda, aunque era verdad, su carromato tenía todo lo que necesitaba, pero muchas veces había necesitado los servicios de una forja y no todos los herreros estaban dispuestos a que un extraño entrara en su trabajo por muy delicado que fuera, pero nos hemos desviado de la historia principal, el inventor había tenido que hacerse con aquel camarote a punta de pistola, algo que no le desagrado pero tampoco era demasiado agradable tener que vigiar sus cosas por si algún idiota pensaba en robarlas o lanzarlas al mar, la alimentación y el agua estaban constantemente frescas, los marineros en ese largo viaje lo dejaban en la cubierta, aunque el inventor en aquel bolso rectangular hecho de metal llevaba alimento y agua para un par de días, junto a pergamino, tinta y pluma y una serie de piezas de metal, sus bombas y amas, e incluso sus preciadas herramientas las cuales jamás se separaban de el inventor.

No era de extrañarse el encontrarse a algunos sujetos interesantes en ese lugar, entre tanto marinero y aventurero lleno de cicatrices o noble que llevaba no solo sus criados si no prácticamente todo lo de su casa, el dinero era un gran incentivo, aunque había que pensar que no se dirigían a un día de campo, si no a una cacería y una muy particular, no en menos curioso lugar, lóbrego y peligroso, ¿acaso un noble que necesitaba que pelaran las uvas para poderlas comer soportaría más de dos pasos entre el fango y la tierra húmeda? Era curioso como poderosos guerreros le temían a cadáveres que caminaban solos, mientras uno de ellos al aparecer alguien de la nobleza, por los comentarios de tanto marineros como aventureros, de cualquier manera el inventor tomaba algo de agua y alimento diariamente, mientras los demás se peleaban por un trozo de carne o algo de vino, durante un par de días el viaje no tuvo más que uno o dos inconvenientes cuando algún aventurero o guerrero de poco seso intentaba sacar al inventor del camarote, en ambas ocasiones el pobre aventurero había terminado con la cabeza reventada después de un tiro de las armas del inventor, no era alguien a quien se le podía ordenar cosas a menos que estuviera de humor para jugar al humano débil o sumiso, de otra forma era mejor mantenerse alejado de él … claro si apreciabas tu vida.

Tras cierto tiempo navegando sucedió algo que quizás fue como si lanzaran un chorro de agua fría para despertar, un gran alboroto había en la cubierta, el inventor prefirió llevar sus cosas en su extraña maleta, aunque llevaba tantas cosas no era pesada en lo absoluto para la corpulencia del inventor, cuando salió desde su camarote, el ánimo estaba que ardía, muchos se echaban la culpa por la desaparición de la comida, o quizás esta no había sido dejada, los comentarios de que los marineros no estaban eran asombrosos, ¿acaso habían desaparecido en el mar o quién sabe? De cualquier manera con tranquilidad contra todo pronóstico el inventor fue a la cabina del capitán encontrándola vacía si no fuera por la brújula y mapa, durante unos instantes miro el pergamino y la dirección de la brújula, no era difícil de creer, después de unos instantes meditando salió de la recamara, mientras el noble daba un discurso y una petición, sus palabras eran ciertas, sin colaboración perecerían, si no encontraban forma de manejar aquel armatoste en medio del mar terminarían de tres formas … la primera seria chocando contra algún arrecife, lo que haría que el barco se hundiera en el peor de los casos, lo segundo podría ser no chocar si no seguir con la marea y corrientes hasta morir de hambre o sed y la tercera seria que se colocaran a pelear, lo que terminaría en una matanza de todos contra todos, de reojo el inventor vio que los del otro barco al parecer estaban sufriendo lo mismo, ya que había gran alboroto en la cubierta y más de uno estaba luchando.



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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Miér Oct 12, 2011 10:09 am

Pese a estar resguardado por la presencia armada de sus 2 hijos grandulones, el comerciante esclavista no se veía muy tentado a contradecir al orco en sus reclamaciones, en cambio, trataba de apaciguarle ofreciéndole suculentos descuentos, “pague 1 y lleve 2” o “llévese a esta doncella a precio de anciana”. Pero Therion Fortín de Hierro se comportaba de manera bastante testaruda en aquella tarde nublada de Phonterek, y no estaba dispuesto a aceptar otra cosa que no fuese la devolución de sus monedas, su día había resultado de suma frustración y estaba al borde de desahogarse y empezar a machacar cosas, cráneos incluidos.

Su día había empezado mal desde el amanecer, cuando se dirigió al muelle para recibir las primeras noticias en semanas del Lobo Marino, que confirmaban su naufragio sobre las costas al sur del archipiélago, sepultándose en el agua el cargamento de armas más costoso que había autorizado su organización en los últimos 8 meses, ahora por supuesto, debía lidiar con el tema de la consecución de un proveedor más confiable y del oro para pagarlo. Después regresó a la taberna para tomar un desayuno ligero sobre la barra, pero al momento en que devoraba el cuarto pernil de pavo, el taburete sobre el que estaba sentado sucumbió ante su peso y se desintegró, precedido por un sonoro crujido, de manera que Therion fue a caer duramente al suelo ante las carcajadas de los marineros y mercenarios, de tal suerte, que un hombrecillo de cabellos rubios y enmarañados se rió tan prolongado y tan alto, apuntando con su dedo al orco mientras la carcajada le arrancaba lágrimas de los ojos, que Therion se vio obligado a cortarle la lengua, después de dejarle inconsciente con un manotazo, aunque donde pretendía fabricar un mudo, solo termino por fabricar un muerto que se ahogó con su propia sangre.

Todo prometía mejorar con Zabahal, la mujer de piel tostada que había comprado en el muelle la noche anterior, de manera que se permitió entusiasmarse cuando, en la soledad de la habitación, la esclava se mostró muy diligente a la hora de extraerle las astillas que se le habían incrustado en las nalgas. Tal vez fuera por pasión contenida durante demasiadas lunas o porque en definitiva Therion se estaba haciendo un orco más fuerte, pero al poco tiempo en que agarró a la mujer y empezó a montarla con ímpetu violento, la mujer perdió la vida.

En efecto el vendedor le había prometido a una yegua resistente, y su yegua ahora reposaba sin vida en el fondo del mar, de manera que, para evitar problemas, accedió de mala gana a devolverle a Therion lo que había pagado. Casi frustrado por no tener que recurrir a la violencia, Therion empezó a vagar por el puerto pensando en cual debería ser el siguiente rumbo a seguir. Pasaba al lado de tenderetes atiborrados de los más heterogéneos tipos de pescados, de vendedores variopintos que ofrecían tanto telas y piedras preciosas como armaduras saqueadas y esclavos, o de marineros curtidos que hablaban en incontables idiomas sobre las maravillas que habían presenciado sobre aguas remotas. Y entonces, así de pronto, se encontró con una multitud congregada alrededor de las rampas de abordaje de 2 embarcaciones de gran tamaño, desde lo alto, varios marineros anunciaban a gritos lo que parecía ser una oferta jugosa para aventureros, sin embargo, Therion estaba tan lejos y el bullicio era tal, que resultó incapaz de comprender que era lo que anunciaban.

Eddard Caracortada tampoco escuchó, así que preguntó a Stanley Graham quien atentamente le contó que se trataba de una aventura financiada por el noble Rodher Therek y que involucraba un viaje a los bosques de Theezerot con una recompensa sin precedentes de 30.000 monedas de oro. La información se expandió hombre a hombre como en una cadena, de manera que aquellos más rezagados se fueron enterando de que era lo que acontecía, para cuando llegó el turno de Therion, el enano Thargud el Sordo había mediado en la comunicación, de manera que la versión que asimiló y por la cual decidió embarcar involucraba a un tal Claudio de apellido Theezerot que estaba dispuesto a repartir a sus hijas y a 30.000 monedas de oro entre el grupo de mercenarios que lograran a asesinar a un noble llamado Rodher Therek.

Lo único desagradable de emprender aquella aventura, era por supuesto el obligado viaje marítimo, Therion no era muy amigo del agua, menos aun del agua salada, y las noticias sobre naufragios no ayudaban a superar sus suspicacias. Su sentido común le indicaba que abordar embarcaciones vistiendo armadura era como caminar por la borda con una piedra atada a los pies, de manera que, cuando regresó a la taberna para alistar sus pertenencias, decidió salir cargando el baúl en el que guardaba su armadura. El tabernero sólo se animó a decirle 1 vez que el baúl no estaba en venta, a la segunda prefirió regalárselo.

El baúl, con sus bordes reforzados en metal, resultó un arma de suma utilidad a la hora de apartar estorbos del camino y ascender hasta la cubierta, donde un marinero de barba rojiza parecía llevar cierta contabilidad en una tabla e hizo cierta pregunta a Therion, hablando tan rápido que el orco no logro comprenderla.

-¡A por Rodher Therek!- Exclamó

-Oh si, por Rodher Therek- Respondió el marinero, antes de dedicarle su atención al siguiente individuo en la fila.

Una vez descendió hasta donde las cuantiosas filas de camarotes se extendían, monótonas y compactas, el orco se hizo de un camarote vacio y durante el resto del trayecto, sólo tuvo que luchar por el con una rata rabiosa. El mar, por supuesto, le ponía nervioso, de manera que procuraba permanecer encerrado, más aun cuando las aguas eran inquietas, sin embargo aquel tampoco era un lugar agradable, pues con apenas espacio para un catre no muy grande, resultaba un lugar demasiado estrecho para un orco de 3 metros. Las estaciones en otras ciudades de Thonomer eran bienvenidas, pues le daban la oportunidad de aprovisionarse con algo más suculento que la comida insípida que ofrecían sobre la cubierta.

Casi una semana tras abandonar Erenmios, Therion se estrelló con el rumor aterrador de la desaparición de la tripulación y, peor aún, del capitán. Si había algo peor que viajar sobre un barco en altamar, era viajar sobre un barco a la deriva en altamar. El orco, por supuesto, no estaba dispuesto a morir ahogado, así que de pronto se vio avanzando hasta un hombre de edad avanzada que tenía toda la apariencia de haber sido un pirata, y que se encontraba dormitando sobre la cubierta, le aprisionó con sus brazos enormes y entonces se dirigió avanzando cuán rápido le permitían sus pasos pesados hasta irrumpir en la sala del capitán con el grito de:

-¡traigo algo que nos puede ayudar!-
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Sáb Oct 15, 2011 2:19 am

La desesperación y el desconcierto se hicieron inminentes sobre ambas embarcaciones, el barullo de las peleas era demasiado intenso como para ser ignorado, ¿y cómo no?, si el capitán, los marineros y las provisiones de ambas embarcaciones habían desaparecido misteriosamente. Nadie había sido capaz de descubrir lo que había pasado, ni siquiera los que estaban en cubierta fueron capaces de saber si algún bote salvavidas había zarpado a la mar.

Ambas embarcaciones separadas por una distancia menor pero unida por el mismo problema afrontaban ahora diversos dilemas que necesitaban una pronta solución. En la embarcación situada en la derecha diferenciada de su hermana por el nimio detalle de que en la proa descansaba la figura de tres sirenas blancas abrazadas entre ellas mientras que la embarcación de la izquierda carecía de adorno alguno, Khaelos, el conde tenebre, alzaba intensamente la voz para llamar la atención de los tripulantes que desperdigados discutían entre ellos como si alguno fuera capaz de ocultar en su camarote tanta comida, sus palabras tenían peso de razón pero no fueron muchos los que le prestaron atención, a la mayoría la situación les había alterado de tal manera que comenzaron a pelear entre ellos siendo más de algún desdichado lanzado de la borda a las aguas funestas del mar, mas por suerte había un grupo de individuos que avanzaron hacia el conde tratando de encontrar una solución.

-Me llamo Firgus, y yo sé de navegación –Respondió por fin uno de los sujetos, dando un paso al frente y sacando un puro de su boca para hojear el libro de viaje y el mapa –Bien, por suerte no estamos tan lejos de las cosas de Thonomer, podremos devolvernos y resistir el regreso, o mejor, llegar a Zheroker por esta vía…-

-¡No!-Exclamó la voz de otro sujeto que había entrado empujando levemente el hombro de Ivo para abrirse paso hasta llegar a donde estaba Firgus para empujarle con molestia al tiempo que le apuntaba con el dedo índice y acriminándolo con la mirada -¿De qué mierda estás hablando?, ¿devolvernos? ¿Sabes acaso cuánto dinero está aquí en juego? ¡Ni una mierda de regresar!, escúchame bien, ¡tú nos conducirás hasta el bosque de los engendros! –Volvió ferozmente la vista hacia todos los presentes siendo acompañado a sí mismo por varios sujetos de alta estatura, musculatura marcada y armados hasta los dientes que acompañaron a aquel tipo como si fueran sus compañeros mientras este seguía exclamando –Y todo aquel que se ponga en contra será lanzado por la borda, ¡escúchenme bien!, ¿hemos de retroceder acaso luego de haber llegado hasta acá?, ¡Pues yo no estoy dispuesto!-

-¿Es que no te has dado cuenta?-

-¿Cuenta de qué eres un maldito cobarde?-

-No infeliz –Firgus presionó la colilla del puro contra la mesa de madera para luego saborear sus labios y mirar hastiado a aquel sujeto –Este viaje desde el principio que es una farsa, ¿por qué nos harían recorrer el viaje en barco cuando sale mucho más factible en tierra? –El hombre sonrío levemente mirando a todos los presentes, la mayoría ahora se callaba prestando atención a aquel sujeto-Pero claro, el dinero nos ciega bastante bien, yo acepté este viaje absurdamente largo pensando que tal vez se hizo de esta manera por simple gusto excéntrico de tal Rhod ese, ¡ya saben como son los nobles!, de todos modos quizás quería que pescáramos algo, quién sabe, pero luego de esta desaparición… -Se río secamente para apoyar con rudeza una mano contra aquel mesón mirando intensamente a los presentes –Marineros y capitanes que se esfuman como fantasmas, ¿qué quieren que piense?, ¡esto es una farsa, nos engañaron!, y según mi teoría ese tipo seguramente quería deshacerse de gente como nosotros, mercenarios, ladrones, asesinos, contrabandistas… –Comentó mirando de reojo al sujeto que anteriormente le había amenazado – O ex piratas como yo. Será mejor que volvamos, dudo que realmente exista tal recompensa, seguir solo nos llevará a la muerte-

-¡Cobarde! ¡Eso eres, un cobarde! Y bien, ¿quién está de mi lado?, ¡el oro nos espera al final de este viaje!, bien puede que esto sea una prueba, ¿por qué no?, no sé ustedes, ¡pero Rodrack nunca retrocede!-

Se habían creado dos grupos, unos que estaban de lado de Rodrack y sus compañeros en pos de continuar el trayecto estipulado, mientras que otro grupo estaba a favor del ex pirata en regresar o buscar prontamente un puerto.

Si no se llegaba a una solución pronta se armaría un pleito intenso entre ambos bandos.

Mientras tanto el perro de Bastian luego de oler aquella gorra avanzó por uno de los pasillos de la embarcación, avanzando lo más veloz que podía. Si bien resultaba difícil centrarse en un aroma tan vago como lo era el de aquella gorra considerando el olor intenso de todos los presentes se sintió atraído por un sitio en concreto, descendió por las escaleras para luego avanzar entre el mar de gente y descender por una de las bodegas, llegando a una completamente vacía pero cubierta de telarañas, sintió de pronto un aroma sumamente familiar y tomó un camino que lo llevo a encontrarse frente a varias prendas de marineros, todas amontonadas en aquel sitio. Eran las ropas de los mismos marineros que habían desaparecido. Pero también encontró varios hilos brillantes y de color rojo intenso enrolladas en las prendas, pero al acercarse a las ropas, los mismos hilos se moverían como serpientes y enroscarían los pies del animal impidiendo su movimiento, este aulló intensamente hasta que una oscuridad envolvente invadió su consciencia.

Pasado un tramo largo de tiempo el perro de Bastian regresaría, pero actuaba muy agreste y poco obediente.

***

Remontándonos al barco de la izquierda un elfo alzaba intensamente la voz para poder lograr calmar los ánimos en aquel barco, incluso había gritado en dirección al otro barco más nadie del barco aquel le prestó atención puesto que estos tenían ya sus propios problemas, pero al menos los allegados del barco donde el elfo se encontraba si tomaron atención a sus palabras, muchos se dividieron en diversos grupos tratando de encontrar a los marineros, pero lo único que lograron encontrar de ellos fueron las prendas de los marineros desperdigadas en distintos sectores del barco.

El pánico era inminente, parecía que nadie sabía utilizar el timón hasta que un portentoso orco entró en la cabina empujando consigo a un individuo viejo y medio borracho que miraba mal a los presentes por culpa de la resaca. Al menos la suerte había acompañado a Therion puesto que realmente aquel anciano sabía de navegación, el único detalle es que en su estado no sorprendería que cometiera algunos errores. El hombrecillo avanzo hacia la cabina, examinando lo que había sobre el mesón, tomó el mapa, luego hojeó el diario e viaje y por último se puso a jugar con la brújula guardándola después en su bolsillo.

-Uhmm…¿Qué prefieren volver o seguir?, yo vería más conveniente volver viendo que…-

-Seguir –Interrumpió una voz con ímpetu avanzando entre medio de la aglomeración de personas que estaba pendientes de lo que pasaba en la cabina, la voz provenía de una mujer que vestía un chador completo y de tonalidad oscura, la mujer prontamente se vio detenida por una mano gruesa de un individuo que osaba ropas holgadas junto con un turbante sobre su cabeza . Parecía ser su marido.

-Yo digo que seguir-Dijo aquel hombre compartiendo lo dicho por su mujer y mirando a los presentes con gesto hostil.

El anciano que antes había sido marinero simplemente se encogió de hombros como si cualquiera resolución le diera igual.

-De todos modos desde un principio que el viaje era un absurdo, la mejor ruta hubiera sido cruzar por el río Monzor atravesando así el bosque Silvide, y una vez de estar cercanos a las montañas Keybak tomar el río que cruza Erinmar y estaríamos llegando a mitad de tiempo al bosque de Theezeroth, pero en vez de eso, este viaje –Se dispone a mostrar el mapa a los presentes aunque no se daba cuenta que lo presentaba al revés –Da una semi circunferencia por todo el continente para poder llegar al bosque, siendo el doble o el triple de viaje… Yo la verdad acepté porque no me gustan los ríos-Contestó con una sinceridad nada apropiada para el momento mirando después a los presentes interrogante aunque con su característica actitud desganada. Varios intercambiaron miradas, algunos objetaron que sería conveniente regresar y buscar un puerto cercano mientras que otros se obstinaban en volver aunque poco argumento tenían para defenderse considerando la repentina desaparición de aquellos marineros junto con la comida.

-¡Hay que seguir!-Volvió a insistir el hombre del turbante posicionándose al medio mientras apoyaba su gruesa mano sobre el hombro del marinero -¿Cómo te llamas? –Le interrogó con altivez.

-Derok-

-Bien, Derok, yo soy Sirio Deneb-Luego volvió la vista en los presentes para continuar -Si no se dieron cuenta mientras recorrían la embarcación buscando provisiones notarán que aparte de quitarnos la comida nos dejaron otra cosa, arpones y balista en gran cantidad, si no me creen revisen bien las bodegas, y otro dato que me parece interesante… si no se fijaron, este barco posee cañones, extraño cuando se supone que es solo una embarcación de transporte, aunque claro, tampoco es de extrañar la idea de que quisieran darnos alguna defensa en caso de algún ataque pirata, pero no hay que olvidar lo que nos acaba de pasar, nos abandonaron sin suministros a nuestra suerte, así que dudo mucho que gastaran en cañones con sus municiones cuando les da igual nuestro destino, ¿creen entonces qué esto no tiene un por qué?, yo creo que sí lo tiene –Tomó la mano de su mujer y caminó hacia la borda acompañado por algunos sujetos armados que parecían ser su guardia- Hay que seguir, seguramente quieren que sobrevivamos de la pesca, o que usemos los cañones contra el otro barco, no hay que olvidar que el objetivo de este viaje es una cacería y dudo que la recompensa sea para todos, y bien, ¿qué me dicen?-

Algunos comenzaron a murmurar entre ellos, unos cuantos estaban de acuerdo en sus palabras mientras que otros estaban en contra, aunque a muchos les tentaba el usar los cañones contra los otros debido a que habían muchos grupos enemigos separados solo para ver quién era el mejor.

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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Oct 19, 2011 2:03 am

Suspiré profundamente al ver como la mayoría de la gente empezó a pelearse por pura desesperación y por el hecho de que cada uno creía que la culpa de aquello era del otro. Iba a bajar, espada en mano, a cortar algunas cabezas para hacer entrar a la pandilla de chusma que ahí había en razón, hasta que algunos grupos de individuos se me acercaron.

Primero se acercó un hombre que, fumando un puro, dijo que sabía de navegación. Asentí, sin ponerme el casco, que lo acababa de guardar en la mochila, y con las armas aún en la espalda, escuché sus palabras. Sin embargo, antes de contestar, otro hombre entró a la sala y se quejaba de las palabras del marino. Yo decidí escuchar las palabras de ambos antes de tramar nada.

Firgus proponía volver a Thonomer, o llegar a Zheroker por una vía que él sabía. En cambio, el otro hombre decía que no quería volver atrás por la cantidad de dinero que ofrecían por la misión, y le ordenó al marino que nos guiara hasta Theezeroth, para luego decir que al que se negara lo echaba por la borda. Tenía un grupo de fuerte musculatura para respaldarle, lo cual hizo sus palabras más pesadas, aunque a mí no me impresionaba ciertamente.

Entonces el marino empezó a rebatirle los argumentos, y lo cierto es que no pude evitar darle la razón. Sí, aquello era demasiado misterioso como para no ser otra cosa más que una trampa sucia en la cual habíamos caído. La vía que el marino proponía ciertamente era mucho mejor. Por tierra era más rápido y seguro, y la verdad es que por la cantidad de dinero, ciertamente era fácil pensar que había sido por excentricidad del noble, pero tras la desaparición, eso parecía una trampa. O algo peor.

No pude evitar pensar en aquella vivencia que tuve con Locrian y Zyrxog. Donde perdí a mi mejor amigo. Tal vez aquello que Firgus decía era verdad, y el barco era sencillamente una forma fácil de deshacerse de un montón de escoria mercenaria y demás… O a lo mejor aquello era semejante a la situación que padecí en aquella ocasión, y no era más que un enfermo juego macabro.

De mientras pensaba todo eso, Rodrack empezó a hablar para convencer a los demás de su postura acerca de lo del oro, y en un momento dijo algo que me hizo, no comprender pero sí encontrarle más relación acerca de aquella vez… ¿Si estaba en lo cierto o no? Ni idea, pero era la suposición que mi cerebro menos tardaría en aceptar. Había otra, y es que fuera un proceso de selección. Tanto el juego como la prueba eran válidas.

Ya se habían formado dos grupos, uno a favor de Firgus y otro a favor de Rodrack. Si no se ponían de acuerdo, acabarían por matarse y hacer el imbécil. De mientras, escuché de fondo una conversación que decía que el barco estaba armado con cañones y demás. Seguí pensando, dándole forma en mi mente al discurso que iba a darles tras haber reflexionado. Finalmente, me situé entre ambos grupos y di un fuerte golpe en la mesa que separaba a ambos “líderes”. Con tono lento pero alto, comencé a hablar:

-La cosa no es tan sencilla como la pintáis ninguno de los dos. Rodrack, probablemente tras esta aventura no haya oro, pero no podemos volver atrás, como bien dices. ¿Por qué? Sencillo. Firgus, dices que podríamos retroceder y volver a Thonomer pero piensa esto… Si han hecho esto para deshacerse de chusma mercenaria, antiguos criminales y demás, como se podría decir que somos nosotros, volver no es una opción. Es sencillo. Al ver aparecer estos barcos abrirían fuego y nos hundirían, matándonos a todos de forma inútil. Luego, lo de volver a tierra… Fíjate en la costa. Está llena de arrecifes. Tratar de desembarcar aquí nos llevaría a un naufragio… ¿Qué me parece a mí que es esto?-

Callé entonces, buscando ganar aún más la atención de ambos líderes para que se pusieran de acuerdo con mi diplomacia, y de paso tratando de ordenar mi mente, empezando a verme abrumado por los recuerdos que iba a abocarles. Finalmente, continué, mirándolos a ambos a los ojos con la mirada de alguien que ha vivido incontables horrores y ha sobrevivido:

-Una de dos. O un juego, o una prueba de selección ¿Por qué? Sencillo. Una jugosa recompensa a una misión difícil, ideal para gente sin escrúpulos ni piedad, codiciosa y con ansias de fama. No me lo neguéis, todos aquí reunimos al menos una de estas características. Un par de barcos armados, porque según he oído, nuestro barco tiene cañones, y estoy seguro que el otro también los tendrá, ambos repletos de mercenarios, asesinos, ladrones, contrabandistas, exiliados, fugitivos de la ley… Entonces son tres las posibilidades. Tal vez esto es una especie de proceso de selección, y quieren ver quienes en cada barco son capaces de alzarse con el mando y sobrevivir cooperando, con lo que si ahora logramos ponernos todos los de esta sala de acuerdo y acabar con todos los que no colaboren, habremos pasado la prueba. O a lo mejor quieren que ambos barcos peleemos, y que gane el mejor, de lo contrario, no me explico porqué tenemos cañones si en este trayecto no suelen haber piratas debido a lo impracticable de las costas.-

Volví a callar, dejando que el impacto de mis palabras no les sobrecargara y que les diera tiempo a digerir. Volví a mirar a todos los de la sala, y con el mismo tono lento y claro, seguí hablando, buscando la máxima atención:

-La última posibilidad… Es la peor de todas. Y es que esto no sea más que un macabro juego, y que nosotros seamos las marionetas. Yo viví una vez eso, y logré sobrevivir. Básicamente, nos cogieron a un grupo de personas y, tras mandarnos a no sé dónde, nos hicieron pasar una serie de pruebas para sobrevivir. Perdí ahí a mi mejor amigo. Esto entonces será un proceso de selección. Los que no cedan al hambre, a la sed y a la locura que se desatará si no ponemos orden, llegarán en un estado mental ya mermado al destino, o a dónde sea que logremos llegar. En caso de llegar, no será mejor… Jugarán con nuestros miedos, con nuestros cuerpos, nos harán pasar por muchas pruebas, y probablemente la mayoría mueran en ellas.-

Volví a callar, dejando que el resto de mis palabras calaran en sus mentes, mientras aprovechaba para enfriar mi mente al pensar en Dalahak, buscando seguir imperturbable en aquél momento. No debían ver signos de debilidad en mí. Debían ver a alguien frío como el acero. Tras unos segundos, y antes de que nadie me interrumpiera, reanudé mis palabras:

-¿Qué propongo? Sencillo. Primero de todo, que dejéis de discutir. Yo ya os he dicho lo que yo opino, y lo que opino es que hay que salir adelante, pero no porque haya dinero, si no porque aquí nos jugamos lo más valioso que tenemos. Nuestras vidas. Es sencillo. Si de veras buscan librarse de nosotros, volver sería condenarnos a muerte. Por ende, debemos seguir adelante, unirnos, y buscar pistas para saber qué tenemos que hacer.-

Tras decir eso, me giré hacia el expirata primero, cruzándome de brazos y mirándole a los ojos de forma comprensiva. Le hablé con el mismo tono claro, sólo que algo más bajo, pues aquello iba principalmente para él:

-De momento, Firgus, tú y tus hombres guiadnos hasta Theezeroth. Sé que no te hace gracia la idea, pero creo que me darás la razón a lo que antes dije sobre el volver, y yo no quiero arriesgarme a que sea la última opción a lo que nos enfrentamos. Nadie quiere perder la vida en este barco, así que mejor jugarnos la carta segura.-

Luego, me giré hacia Rodrack, desenvainando mi espada y le miré de forma fría. Sin embargo, mi postura denotaba que no iba a atacarle. Sencillamente le dije, en un tono tan gélido como mi mirada, sonando como el capitán que soy:

-Tú y tus hombres acompañadme. Debemos poner orden en este barco, y ambos sabemos que las simples palabras no serán lo que nos ayude a ganar el control de este sitio. Entre tus hombres, tú y yo, cogeremos a tres de los guerreros más imponentes que estén ahí fuera y que no acepten unirse a nosotros, los pondremos en un lugar visible, maniatados y de rodillas, y entonces les cortaremos la cabeza. Eso les debería hacer entrar en razón a los demás. Nosotros somos un grupo numeroso, y si colaboramos, uno bien cohesionado y capaz. Los demás no están organizados, y están asustados. Si ven un grupo unido, el miedo les empujará a unirse a él. Una vez logremos el control absoluto del barco, debemos ponernos en contacto con el otro barco, y adoptar posiciones defensivas. A lo mejor en el otro barco planean atacarnos, y en caso de que lo hagan, tendremos que presentar una defensa unida y fuerte. ¿Estás conmigo, Rodrack?-

Le tendí la mano izquierda, que aún tenía libre, y esperé a su respuesta. No sabía qué efecto causarían mis palabras en ambos líderes, pero estoy seguro de que sabrían ver la verdad de mis palabras. Sólo esperaba que la mayoría del barco compartiera mi postura. De lo contrario, tocaría una matanza indiscriminada. Sin embargo, mientras le tendía la mano al hombre, tuve que decirle algo más:

-No tiremos los cadáveres al mar. Sé que lo que diré ahora sonará fuerte, pero tocará hacerlo. No tenemos cañas de pescar, y aunque las tuviéramos, somos muchas bocas que alimentar. Estamos sin provisiones y no tenemos método alguno para conseguir alimento… Excepto el canibalismo. No sé cuánto tiempo nos llevará el viaje, pero será el suficiente para que el hambre pronto nos empuje a la locura. Por ende, lo mejor será mantenernos bien alimentados durante TODO el viaje. ¿Qué haremos? Sencillo. Cogeremos a los más débiles y a los que no acepten colaborar y los asesinaremos y despiezaremos como si fueran cerdos, para conservarlos y poder alimentarnos con ellos. Sí, sé que no te debe hacer ni pizca de gracia, pero respóndeme a esto… ¿Qué prefieres? ¿No alimentarte durante este tiempo y enloquecer hasta morir de inanición, o alimentarte de otras personas y estar bien nutrido para conservar las fuerzas durante el viaje hasta que encontremos otra manera de encontrar comida que no sea esa? Piénsalo.-

Esperé a una reacción por parte de todos. Me lo jugaba todo a la desesperada con aquellas palabras y discursos, pero en caso de salir bien, lograríamos sobrevivir, al menos durante unos días más, o incluso semanas. Mi cerebro elevó una plegaria a Elhías para que saliéramos vivos de la situación.
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Sáb Oct 22, 2011 7:47 pm

Es curioso como los engranajes del mundo a veces podían girar de forma incontrolable y a la vez maravillosa, como el simple hecho de la desesperación podía convertir hombre en animales, carne en cadáveres como también apetitos y ansias en miedo y terror, de cualquier forma las cosas no pintaban bien o mejor dicho, no instaban bien para ninguno de los presentes y aquello era peligroso, no hay que subestimar a un hombre ya que la desesperación puede convertirlo en una bestia, un ser que solo es guiado por sus más bajos instintos, sin pensar ni reflexionar sobre su actuar, el inventor estaba calmo, a diferencia de la mayoría el no le temía al hambre ni a la sed, tenía algo de alimento en su extraña mochila y si sus cálculos estaban en lo correcto, el hambre no aparecería hasta después de una semana si es que no racionaba … con tranquilidad se apoyo en el mástil, mientras los hombres se acusaban los unos a los otros, como algunos en su desesperación se comían sus uñas o sacaban sus armas en amenaza, la carne era débil y ante cualquier dificultad se doblaba hasta romperse, el inventor miro con una sonrisa a todos, tan patéticos eran aquellos que creaban su mundo en pilares que Vivian y morían, pronto escucho un barullo en la cabina y un hombre paso a llevar al inventor, mas este poca importancia le dio, lo que se podía escuchar entre los gritos de los mercenarios, asesinos, piratas y ladrones parecía ser de interés.

La mirada del inventor se poso en varios piratas, ya que no podían ser otra cosa, estaban amenazando a un muchacho y este parecía tan enclenque que podría quebrarse como una varilla de madera contra el viento, lamentablemente las apariencias engañan, y en un parpadear la situación había cambiado, el muchacho había sacado un largo alambre de sus mangas y este se había enroscado en el cuello del pirata musculoso, pronto se vio como el metal comenzaba a cortar la carne de aquel grueso cuello, y como si fuera mantequilla se rebano completo, el muchacho parecía sonreír sádicamente en un frenesí de sangre, y era natural, no precisamente aquel viaje era para débiles ni para cobardes, el inventor negó mirando nuevamente la cabina, con tranquilidad el inventor dejo su cómodo puesto en el mástil caminando hasta quedar apoyado en el marco de la puerta de la cabina.

La conversación era interesante, mas sabiendo que el barco poseía cañones y armas, una sonrisa se vislumbro en los labios del inventor mientras escuchaba, lamentablemente aunque concordaba con el noble en algunos aspectos en otros estaba en contra … simplemente matar a unos pocos no les daría la autoridad, si no que debía de mantenerse firme y quien no sabría que le podían traicionar con el filo de una daga, lo de comerse a los tripulantes casi le hace sacar una carcajada, ya que era algo tan descabellado que incluso sonó que el maldito payaso que conocía lo hubiera dicho, lamentablemente el inventor no era el único que estaba escuchando, varios más y no digamos algunos que estaban nerviosos por aquella reunión entre varios en el camarote del capitán, rápidamente el inventor vio como dos salían corriendo blancos como cadáveres hacia los demás, era obvio lo que sucedería.

Pronto sucedió aquello, varios hombres tomaron sus armas, algunos los arpones que habían a su mano y caminaban hacia donde se llevaba a cabo la reunión, el inventor negando suavemente entro interrumpiendo aquella conversación, profiriendo una pequeña inclinación a modo de saludo, cerrando la puerta con tranquilidad, y sacando una pistola de su cinto, el barullo empezaba a calentar el ambienta afuera, especialmente porque se escuchaba el sonido del metal chocando entre sí, mas el inventor miro a todos los presentes que no eran demasiados.

-Lamento el importunado momento en que he entrado pero … creo que han cometido una gran equivocación y realmente una muy peligrosa *mientras el inventor sonreía ampliamente* y ha sido no mantener un poco mas bajo el tono de voz mientras han conversado sobre el canibalismo y la matanza, por mi parte no soy puy proclive a tener que comer carne de humano, lamentablemente ese no es el problema, caballeros y joven, si no mejor dicho es que más de uno a escuchado su pequeña platica y sus palabras no le han agradado a muchos … si me permitieran hablar unas palabras en confianza … sería mejor que tomaran sus armas si las portan, ya que las cosas están que arden afuera-



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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Dom Oct 23, 2011 7:43 am

Rápidamente Baldur bajo la cabeza y levanto la cola mientras avanzaba absorbiendo por su sensible nariz hasta la mas mínima partícula de olor utilizable, yo le seguía lentamente a unos pasos detrás, había cazado en casi todas las partes del continente, tanto por deporte como por conseguir la comida para el día, aunque nunca me imagine usando a Baldur para cazar a otros hombres estando a bordo de una embarcación.
La máquina perfecta de rastreo que me servía de guía levanto las orejas, significando que había dado con un olor similar al que le había enseñado hace unos momentos, el animal acelero el paso ligeramente cogiendo la seguridad que caracterizaba su raza a la hora de fijarse en una presa y no dejarle escapar aunque la vida se le fuera en ello, yo, manteniéndome a la par del animal empecé con un ligero trote para no retrasarle.
Nos movimos por los camarotes por un momento, mi animal parecía bastante confundido en lo referente hacia dónde dirigirse, supuse que esto se debía a que el marinero había pasado mucho tiempo bajo cubierta en el área de los camarotes limpiando o atendiendo otras labores, lo seguí diligentemente entre los pasillos, llego un momento en que patee un objeto plateado que se deslizo por el piso unos metros, una rápida mirada revelo que era un encendedor, era un objeto caro, seguramente robado o de alguno de los pocos nobles que iban en el lugar, pues, yo tenía uno parecido pero este se había quedado sin carga, y como dice el dicho ¡el que lo encuentra se lo queda!
Era un invento sencillo, solo un contenedor de aceite acompañado de un pequeño pedernal que al girarse contra una superficie rasposa producía chispas que encendían la mecha empapada de un liquido combustible, sinceramente prefería la variedad rúnica de estos objetos que se encendía mucho más fácilmente, pero no podía ser exigente con un objeto que me encontré tirado ¿o sí?
En los poco segundos que demore en recoger el sortilegio, que quedo guardado en una de las múltiples bandoleras de mi cuerpo, (junto a los virotes y varios vendajes y ungüentos sanadores de baja ley) Baldur se había alejado un poco, y tuve que apresurar el paso para seguir al canido que me superaba en agilidad y rapidez.
Pronto subimos por las escaleras, donde por efecto de la muchedumbre que se acumulaba en la cubierta no fui capaz de seguir a mi animal por mucho tiempo, y este se perdió al bajar por una escalera que daba a un bodega de carga, le seguí hasta la escalera donde la oscuridad no me permitió avanzar lo suficientemente rápido por la escalera, y apenas llegue al fondo de esta, solo note que estaba todo terriblemente lleno de telarañas, curioso, en un barco que debía ocupar toda su capacidad de carga en alimentos y comodidades mercantilmente valiosas la formación de telarañas era casi imposible…
La bodega estaba notoriamente abandonada y las luces no estaban encendidas en ella, y de no ser porque Baldur regreso antes de que hubiera podido hacer uso de la llama del encendedor como fuente de luz, me hubiera internado con el animal entre las telarañas y la oscuridad en busca de los marinos, pero en cuanto regreso conmigo Baldur se sentó y bajo las orejas, señal de que el rastro que había seguido no guio a nada útil…
En menos de un segundo mi cerebro empezó a atar los cabos que necesitaba, era físicamente imposible para un humano desaparecer de súbito en una bodega cerrada y que no había sido usada hace mucho, ya que el solo paso de los marinos para ocultarse hubiera limpiado las telarañas además de haber dejado huellas en el polvo del piso del lugar, mi primera conclusión fue que había una fuerza sobrenatural involucrada en esto.
La segunda fue que esta estaba controlada, de haber sido alguna criatura maligna que habitaba en el mar y que había defendido su territorio, hubiera preferido destruir ambos barcos de un solo momento en vez de abandonarnos a la deriva, además era improbable que seres tan retorcidos existieran en una zona relativamente poco profunda y cercana a la costa, así que mi segunda conclusión fue que se trataba de algún juego maquiavélico que había tendido Tekner para limpiar a los postulantes a su misión de basuras de menor calaña antes de enviarnos en busca de cualesquiera que fueran las cosas que requería para sus excéntricos gustos culinarios.
Subí por la escalera, y mi primera reacción al notar que Baldur se había quedado atrás fue la de llamarlo, el perro de mala gana parecía obedecerme, inconcebible, ni en mil años Baldur estaría comportándose así, pero, por el momento mientras mi animal mascota solo me siguiera me sentiría feliz, luego podría corregir sus problemas de comportamiento.
Pues, si se había convertido en una prueba para decidir quiénes participarían de la misión de Tekner, iba a necesitar aliados que me ayudaran a superarla, aunque fuera a cambio de un precio, y lo primero que llego a mi mente fue el sujeto de los tatuajes y las espadas.
En cubierta la algarabía seguía siendo terrible, y cada quien parecía estar cuidando su propia espalda únicamente, vi a algunos mostrar sus armas de forma amenazante, mientras otros intercambiaban improperios con tal de imponerse sobre el otro, en cualquier caso y sin importar lo caótico de la situación, el semblante tatuado del sujeto de las espadas no cambiaba en lo mas mínimo, y mucho menos su posición que parecía ser la única parte ordenada de la cubierta, básicamente, por que el ya había cobrado suficientes vidas como para que toda la dotación del barco le temiera y respetara.
Me acerque a él nuevamente, y le tendí la mano diciendo –Señor, creo que he descubierto que esto se va a transformar en un baño de sangre si no se hace algo pronto, eres uno de los pocos que parecen ser más o menos de confianza en este lugar, así que te pido que me acompañes y cuidare de tu espalda como has cuidado de la mía en su momento-, no me gustaba sonar pomposo en el momento, pero cuando uno debía ser diplomático, uno debía serlo.
El hombre me miro por un segundo, su semblante duro y frio no pareció inmutarse ni por un segundo ante mi lenguaje y gestos amistosos, pero la gigantesca mole tomo mi mano y la uso para levantarse, imponiendo sus dos metros de altura y gran musculatura a todo aquel que pudiera verlo, desde su rostro nacían tatuajes que recorrían todo su cuerpo y desde su rostro hasta sus muñecas y pies, las manos la única zona libre de tatuajes.
-Está bien pequeño camarada- dijo refiriéndose a mi pequeña estatura en comparación a la suya, al aparecer, el era solo un gigante con el corazón de oro, uno capas de destrozar escuadrones de soldados thonomerianos sin ayuda más que la que prestaban sus confiables espadas, pero con un corazón calmo y pacifico si se le trataba de la forma correcta.

-¿Cual es tu nombre?
- pregunte rápidamente, el respondió que le decían Jack, yo correspondí su nombre revelándole a su vez el mio.
Jack me informo que los que parecían estar tomando riendas de la situación estaban en la cabina del capitán, subiendo una escalera que daba junto a la cubierta principal, y raudamente nos dirigimos ahí, nos ubicamos en un sitio en donde fácilmente se podía escuchar la conversación entre los que parecían ser Capaces de dirigir el barco, pues ahí estaba el tenebre que intentaba de nuevo conseguir colaboración y lo primero que pensé tras oír su discurso fue “consejo numero uno sobre el carisma: Jamás menciones canibalismo si quieres ganar credibilidad”, pero bueno el tenia unos cuantos puntos bastante limpios, aunque aun era necesario escuchar al si es que ellos también tenían una opinión o algo que objetar.

Me gire hacia Jack un segundo y le dije como comentario, algo silencioso –todos te temen, si ese sujeto se hace con el control del barco será mejor no oponerse a menos que tenga muy poco apoyo-. El silencioso tatuado, solo asintió.

Entre tanto, un sujeto cuyo cuerpo parecía un… huevo, entro en la cabina, y menciono lo más obvio que podía haber en ese momento, y era que las cosas se iban a poner difíciles de ese momento en adelante si es que el tenebre ganaba demasiado apoyo entre los tripulantes.
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