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El Banquete

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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Nov 11, 2011 5:22 pm

Mucha gente empezó a acercarse a mí cuando hice la corrección de mis palabras y otros muchos actos. Sonreí, ocultando mi sonrisa con el casco, pues con las palabras había logrado hacerme con parte del liderazgo de aquél navío. Como siempre, la chusma mercenaria, bien presionada y coaccionada podía ser extremadamente servicial, y sabía que, de lograr suficientes hombres a mi favor, incluso podría deshacerme del idiota de Rodrack.

Me fijé que algunos dudaban, ya fuera porque estaban decididos a mantenerse independientes o a irse con el bruto imbécil. Yo por mi parte, tenía las armas en la mano, y el zombi que había levantado escoltándome. Por suerte, tenía suficientemente entrenado aquél poder como para poder mantenerlo durante un rato bastante largo.

Firgus decantó su lealtad hacia mí, y empezó a dirigir el barco siguiendo mis instrucciones, aunque los disparos le dificultaban un poco la tarea. Le miré, viendo si necesitaría ayuda o si podía él solo. Por suerte, tenía aspecto de veterano, de modo que podría con la situación. En peores habíamos estado todos los presentes.

El retronar de los cañones llenaba ambos barcos, así como los impactos de las balas. Yo me situé en la cubierta, mirando por encima de la borda al barco enemigo. Un sonido de aplastamiento a mi lado me hizo recordar que aquello sería exponerse demasiado, al ver como mi zombi fue literalmente destrozado por una bala de cañón que pasó sobre la barandilla y le impactó justo en el pecho, para seguir su camino hasta caer al mar por la otra banda. No pude evitar soltar un comentario:

-Mejor tú que yo…-

De repente, sucedió algo que nos dejó a todos sorprendidos. Empezamos a escuchar un canto que surgía del mar, y se acompasaba, dándole un tono macabro y melódico a la situación, como si el ruido de los cañones fuera una sinfonía que se reproducía al ritmo de aquél cántico. De mientras, el hombre huevo sacó una especie de lanzallamas que disparaba contra el barco enemigo, que ya estaba ardiendo por dentro, dándole a la situación un toque más de melodía, como los violines cuando se unen a los tambores y una bella mujer canta con su dulce voz para darle más potencia a la serenata.

Surgieron entonces varias serpientes marinas, que se movían entre ambos barcos y nos atacaban de tanto en tanto, buscando hacernos volcar o algo. Mientras el hombre huevo seguía atacando al barco enemigo, los cañones del otro barco empezaron a abrir fuego contra las sierpes, y yo decidí empezar a idear un plan, gritando con mi poderosa voz, buscando alzarla sobre el estruendo de la batalla:

-¡Los del lanzallamas, en cuanto acabéis de achicharrar al barco enemigo, redirigid el fuego contra las sierpes! ¡Los otros ya están condenados, no vale la pena malgastar munición contra ellos! ¡Todo el que tenga un cañón, mantenedlos cargados y sólo disparad cuando sepáis que vais a obtener un blanco seguro! ¡De lo contrario, las serpientes aprovecharán cada momento de recarga para atacarnos, dejándonos expuestos! ¡Los que posean armas de proyectiles, lo mismo, no gastéis munición, disparadla sólo cuando estéis seguros que acertaréis!-

Me situé en la cubierta, en uno de los sitios donde había gente, rodeado por algunos de los hombres que me seguían a mí y que no estaban disparando los cañones. Mi intención era estar lo más lejos posible del ataque de las serpientes. De mientras, iba observando a los arcabuceros, arqueros y ballesteros bajo mi mando, los cuales demostraron ser inteligentes y obedecerme. Si bien todos tenían las armas cargadas, no disparaban sin ton ni son, si no que estaban todos apuntando, esperando al momento preciso para atacar. Los cañoneros, por su parte, también hacían lo mismo. Si una serpiente se acercaba demasiado, se tragaría un cañonazo directo. Si funcionaba, no debería recurrir al plan B… O mejor dicho, bocadillo explosivo…
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Re: El Banquete

Mensaje por Geak el Dom Nov 13, 2011 9:05 pm

El elfo, con una sonrisa amigable, estaba atento al movimiento que Sirio hacía con el sable; esperando ver en su tensa postura un signo positivo de que había entendido a Geak y que lo de la pelea la dejarían para más tarde, o no la harían, se dijo en elfo al ver como Sirio abandonaba su posición ofensiva y enfundaba su filo en una funda a la izquierda del cinto; la funda debía costar como dos veces todo el equipamiento que el elfo llevaba, pero eso no importaba, tanto Geak como Sirio había llegado a la conclusión de que una pelea en esos instantes -instantes, por cierto, en los que los ruidos de madera quebrada, explosiones y cortes del aire, se hacían presente por las pesadas bolas de metal de ambos barcos-. La situación...era difícil, mas el elfo, despreocupado como era, no le dio importancia a tales cosas, si no que se preocupo de indagar en el barco sobre algún tipo que supiese que hacer con un timón y un mapa...

En la cubierta muchos más hombres de los que Geak se imaginaba estaban correteando de un lado para otro; a simple vista se podría decir que era un anarquía, pero no, habían instaurado una especia de comisiones de trabajo, y por lo que el joven elfo pudo distinguir se dividían en grupos de cinco o menos, unos se encargaban de cargar cañones, otros de traer munición, otros de tratar de arreglar y apartar trozos del barco y otros de atender a los que habían sido heridos. No estaba mal para un grupo que ha primera hora de la mañana se peleaba por la comida, pero...ahora que el elfo avanzaba entre la gente, caía en la cuenta de lo que movía a esos hombres a trabajar así era por supervivencia.

-Al menos, no se matan los del mismo barco, si no que se matan de un barco a otro...- Se dijo para sí al pasar al lado de un rudo orco cargando un cañón que gritaba a uno de sus camaradas que había destrozado a un par de idiotas del otro barco.

El elfo avanzaba pro cubierta, preguntado de vez en cuando a tipos que aparecían piratas o marineros, tratando de encontrar a alguien capaz para manejar la nave, o por lo menos alguien que supiese que hacer para no estrellarse contra algo...

Nada, parecía imposible encontrar a alguien que supiese de navegación, y el elfo, aun que estaba relajado, sabía que podría tener problemas con Sirio si no llegaba ya...Para su suerte, encontró lo que necesitaba. En Proa, un viejo humano de blancas barbas estaba apoyado sobre la barandilla de madera del barco, con un gorro blanco, y una mano apoyada sobre la mejilla, con una triste expresión. El elfo se acercó a este, cruzando los dedos para que fuese un hábil con el timón.

El hombre, al escuchar la petición de un joven alegre, con unos extraños tatuajes en la cara y que bromeaba cada dos pro tres a pesar de la situación en el barco, accedió a coger el timón. Por lo que le contó el hombre a Geak en el trayecto a la cabina no le gustaban las peleas, y que él-Por cierto, se llamaba Ed- se había enamorado del mar, pro eso era un marinero comerciante, pero para su desgracia tuvo que subir al barco por que necesitaba el dinero que se prometía para tratar una enfermedad que tenía su mujer. A Geak le entristeció la historia, pero, a cambio de ver al hombre reír, decidió que, si él cobraba, le daría su parte a Ed, para que su mujer se pusiese bien.

Al marinero se le iluminaron los ojos, y cuando iba a abrazar al elfo, una bola de cañón paso a escaos centímetros de la singular pareja.

-Ed, lo mejor será que me lo agradezcas después, ahora, ahí que sacar el barco de aquí-

Ambos asintieron con la cabeza y recorrieron los cinco metros que les quedaban hasta la cabina. Una vez dentro el elfo le indicó donde estaba el mapa y le deseo suerte, para luego salir de golpe y encontrarse a Sirio dando órdenes por doquier.

-¡Solucionado!¿Que hacemos ahora?-

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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Miér Nov 16, 2011 9:11 am

El cantar de sus pasos metálicos recorría los pasillos angostos con un eco agudo que se ahogaba entre la marea descomunal del estrepito general. Therion Fortín de Acero avanzaba llevando a cuestas su perdición y la del barco entero, e ignorante como era de su desgracia ineluctable, se empecinaba en la premura. Pese a que el peso de aquel artefacto maldito no representaba un reto mayor para el orco de 3 metros, si era, por su forma, incomodo de cargar, al punto en que llegó el momento en que se deslizó de sus manos y se fue a estrellar contra el suelo de madera, donde dejó un testimonio de astillas. Therion se lamentaría de la decisión de perseverar que lo llevó a levantarlo una vez más.

Seguido por la comitiva que en apenas unos instantes habría de consumirse en las brasas voraces del fuego griego, el orco se abrió paso hasta la popa, desde donde contempló la extensión del costado derecho de la embarcación enemiga, que cada vez se hacía más grande conforme aumentaba la inminencia de su aproximación perpendicular. Se podía observar el apresto de aquellos enemigos espontáneos, que ya apuntaban sus propios cañones, y entonces Therion recordó las historias mil veces contadas por Samuel el Grajo, un viejo marinero que le había servido como mercenario antes de morir de cirrosis hacía un par de años, y que se jactaba de ser un descendiente de “los hombres del arpón” un supuesto linaje de guerreros marítimos, que probablemente no eran más que un montón de piratas, pero que, según contaba el Grajo, tenían la particularidad de robustecer sus embarcaciones de remos en la popa, con la que embestían a los barcos enemigos, abriendo un boquete perfecto para el abordaje que desembocaba en la batalla cuerpo a cuerpo, o directamente causando un naufragio inmediato. A Therion, por supuesto, le agradaba la primera opción, pero los silbidos pavorosos de las balas de cañón pasando sobre su cabeza le quitaron el tiempo para cualquier ensoñamiento, y fue entonces que se sucedió la explosión.

Inicialmente no pensó nada, sino que se limitó a volar por los aires, a sentir la ráfaga súbita de dolor. Después, pensó en lo evidente, que habían sido impactados por un proyectil enemigo, pero entonces sintió el impacto igualmente atronador de la incertidumbre, cuando los brazos gigantes y hambrientos de unas llamas del color de las esmeraldas se empezaron a apoderar de la parte frontal de la cubierta. Los hombres que habían solicitado su ayuda y que se habían encargado de accionar el arma, ahora sucumbían en una agonía sólo descriptible por el desgarro desesperado de sus gritos de alimañas, algunos se arrojaban por la borda y otros se ahogaban en la cubierta, utilizando sus últimos alientos para correr huyendo de lo insondable, y así propagaban el fuego con sus pasos de desespero. El fuego pronto reveló su naturaleza extraordinaria cuando varios hombres llegaron desesperados a verter varios baldes cargados con agua con la esperanza de extinguir un incendio que no hacía más que prosperar, y entonces Therion, que aún aturdido había estado retrocediendo a rastras, comprendió que se trataba de fuego griego y que la embarcación estaba condenada al naufragio.

El orco se reincorporó y corrió lejos de la popa, tratando de ordenar sus pensamientos, pero la sombra acechante de la muerte inminente no le dejaba hilvanar más que desvaríos de desespero, y nublaba tanto sus sentidos, que no presto atención cuando dos hombrecillos pasaron a su lado hablando a gritos de abordar uno de los botes salvavidas. Caminaba con pasos inciertos mientras se tomaba la cabeza en gesto errático, pero cuando vio la llamarada verde y mortífera llegar despedida desde el otro barco, comprendió que si bien el destino parecía ensañarse con él, había algo que si estaba en sus manos hacer, y dejaría de llamarse Therion Fortín de Acero si moría sin conseguirlo. Con la decisión que sólo insufla la ira, desenvainó su Bagburz y emprendió carrera en dirección de la cabina de mando, a donde llegó con una exaltación que por un instante le hizo olvidar el ardor incipiente de sus quemaduras. Geak apenas había alcanzado a salir y cerrar la puerta cuando Therion irrumpió con tal estrepito que se habría podido confundir con otro de los impactos de cañón que llovían en ambas direcciones, y machete en mano dio la orden al anciano que se encontraba frente al timón de corregir el rumbo de acuerdo a las maniobras enemigas con el propósito de seguir la dirección en la que venían encaminados por el azar mucho antes de que los primeros cañones fueran sacados de los sótanos, aquella que desde hacía mucho tiempo los encaminaba hacia la inminencia del choque mutuo.

Él mismo habría corregido el rumbo, porque a pesar de su escasa educación y su exuberante exaltación, comprendía que la dificultad de la navegación no estribaba en la sencilla lógica de los timones, sino en la sabiduría de aprovechar los vientos, conocer las mareas y las rutas para llegar a un destino sin perderse en la inmensidad del océano, y para llegar al destino que Therion deseaba, sólo bastaba con dar un vistazo al frente.

-¡¡Hijos de una hiena!! Vamos a ver si no se arrepienten de prender en llamas un trozo de madera que lleva una eternidad marchando en su dirección… ¡¡Hijos de una hiena, han escupido hacía el cielo!!-

Gritó con la certeza perturbadora de que eran aquellas palabras de desahogo algunas de las últimas que iba a pronunciar, con la certeza de que iba a morir, pero llevándose consigo a sus enemigos. Y se habría sentado a esperar el naufragio cuando en su cabeza retumbaron las voces chillonas de aquellos 2 hombres hablando de la esperanza redentora… “¡Mierda, hay botes salvavidas!”.

-Escucha viejo- Habló al anciano, confundiéndolo con el primero que él mismo había llevado, y que aún reposaba inconsciente sobre el suelo de la misma habitación- ¿Has escuchado sobre el fuego griego? ¡Los pastos enteros del mar de hierba se podrían consumir, y ese fuego de mierda no se extinguiría! Este barco está condenado, pero escuché un rumor sobre unos supuestos botes salvavidas, ven si quieres conmigo a buscar uno, y tal vez vivamos para contarlo-

Le dijo, como si le diera la opción de elegir, cuando en realidad ya le estaba tirando del brazo, pero antes se cercioró de que la embarcación continuara el rumbo de colisión, y entonces, con un golpe descomunal de su machete, desintegró al timón desde su base, para asegurarse de que nadie cambiaría nunca más el rumbo, para después salir corriendo con el viejo casi a rastras, sabiendo que si por alguna casualidad del destino lograba abordar un bote salvavidas, serían útiles los conocimientos de navegación que tenía aquel hombre para enfrentar la deriva estando tan lejos de la costa.
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Vie Nov 25, 2011 12:48 am

Una intensa bruma blanquecina se levantaría desde las profundidades del mar, igual como si las nubes hubieran descendido del cielo hasta situarse a escasos centímetros de las olas y sobrevolar sobre ellas. Aquella espesa neblina blanca comenzaría a consumir todo a su paso creando una incertidumbre visual en todo aquel que se viera rodeado por ella.

Probablemente ninguno de los barcos sobreviviese y sus integrantes solo podrían contar con la suerte de llegar a tener un naufragio exitoso. Entre sacudidas y ruidos secos de cañones que impactaban de lleno hacia el enemigo la imponente llamarada proferida por la máquina creada por Ivo y Bastian marchó en pos del objetivo por el cual había sido diseñada: la destrucción. Allí frente a ellos se dispuso el barco enemigo donde todos sus integrantes eran meros desconocidos, enemigos para algunos, rivales para otros, pero eso no importaba, estorbaban y por lo tanto debían de ser destruidos. Ahora aquel fuego griego mezclado con una fórmula antigua conocida por los magos como “esencia vitae” para otorgarle la capacidad de dirigirse a un destino concreto sin desviarse ni cometer errores pero sin llegar a darle una conciencia humana se impactó directamente contra las velas del navío enemigo y comenzó a rodearlo como si estuviera encantado al tiempo que soltaba una incómoda humareda que hacía imposible la visión y la respiración para muchos en el barco. Pero unos minutos antes en la embarcación misma Geak había logrado encontrar a alguien que supiera de navegación cuyo primer reto sería cambiar el rumbo del navío para que no se estrellara contra el enemigo. Ed, sería el supuesto nombre de aquel varón de mar quién le narró al elfo una de sus falaces historias que se inventaba para quedar bien con la gente, lo cierto es que se mantuvo alejado de la trifulca sencillamente para no salir herido puesto que era más de enviar a otros a combatir que meterse el mismo en problemas, por lo demás era cierto que tenía una mujer… aunque más bien, más de una mujer en cada puerto y era verdad también que sabía de navegación. Y al ver que su cháchara de hombre triste y enamorado convenció de tal manera al elfo que incluso este mismo se ofreció en darle parte suya del dinero ganado para que curase de aquella enfermedad a su esposa, –siempre y cuando llegase a cumplir semejante empresa, provocó que Ed se mordiera la lengua para no echarse a reír ahí mismo logrando sacarse unas cuantas lágrimas de los ojos que le daban el toque perfecto de hombre emocionado, y es que no evitaba sentir gracia socarrona de la amabilidad inusual del elfo, inusual si consideramos la clase de personas que se encuentran en estos navíos, y comenzar a pregonar en sus pensamientos “ingenuo, ingenuo”, una y otra vez, ahora tenía a un aliado consigo, se dijo al tiempo que trataba de cambiar el rumbo funesto en dirección al barco enemigo que el antiguo marinero había dejado fijado por mero descuido. Sin embargo no alcanzó a hacer mucho, más bien nada. Una vez que el elfo se marchó de la cabina la puerta misma por la que salió se abrió de súbito pero no sería Geak quien ingresase de nuevo, en su lugar apareció Therion pregonando con su voz impetuosa que mantuviera la dirección del barco tal y como estaba del principio, Ed al verle por supuesto no desobedeció, incluso asintió varias veces mientras volvía rápidamente el timón en tal dirección, no iba a ser tan estúpido como para llevarle la contraria a semejante mole, además según sus palabras si el fuego griego estaba arrasando con el barco no había nada que hacer más que tratar de escapar, y el hecho de que semejante orco fuese su aliado a excepción de aquel elfo que no hacía más que sonreírle a todo mundo le pareció evidentemente mucho más conveniente a Ed.

El entusiasmo del elfo nada usual en aquella circunstancia generó una gran extrañeza en Sirio Deneb que no evitó arquear una ceja, cosa extraña en su siempre inescrutable rostro, pero al menos Geak consiguió que dejara de verlo como una amenaza.

-Bien hecho, ahora mismo necesito que vayas por… mi esposa, yo trataré de solventar esta situación-Ordenó con voz grave justo a tiempo para moverse rápidamente hacia atrás en un salto y ver como una bola de cañón pasaba rozando en su dirección -¡Rápido no hay tiempo que perder, tráela y te compensaré! –Fueron sus últimas palabras para comenzar a correr en dirección al fuego, viendo irascible como el equipo contrario había logrado darle a las velas con aquel fuego verde que no dejaba de crecer y propagarse como si tuviera vida propia, el hombre rápidamente se agachó para inclinar una rodilla en el bamboleante madero de la embarcación, alzó su mano derecha mientras cerraba sus ojos y comenzaba dialogar en una lengua difícil de modular y completamente desconocida para cualquiera, de su mano extendida entonces surgió una ondulante neblina que se fue elevando hasta posicionarse sobre las llamas que consumían el telar de las velas, este halo de vapor se acumuló de tal manera que creó una extensa nube sobre la embarcación de la cual comenzó a caer una incesante lluvia que primero acabó con el incómodo humo que era el ingrediente extra que Bastian le había agregado a la malsana fórmula flamígera para luego tratar de calmar el fiero fuego que se agitaba como si se tratara de una criatura viva, el agua parecía que iba a lograr consumirlo más este mismo se acumuló de tal manera que liberó un torrente rabioso y se abrió en dos como si se tratara de fauces para “tragar” entre las llamas la nube creada por Sirio. El hombre al ver que su hechizo había fallado contra aquel fuego monstruoso se vio obligado a bajar la mano de golpe mientras respiraba agitado por el gasto mágico que había efectuado y que al final no había servido para nada, no obstante ese mismo fuego salió despedido hacia el mar aunque no sin antes dejar una hilera de fuego creciente en el barco acabando con la vida de unos cuantos tripulantes que tuvieron la mala fortuna de quedarse parados frente a su camino y esparciéndose como si estuviera en plan de venganza contra todos ellos. El fuego que había caído al mar le dio de lleno a una de las criaturas, la cual chilló desdichadamente, agitándose desesperada pero viéndose rodeada completamente por aquel fuego que fue acompañado de un cañonazo de parte del barco donde estaban los inventores de aquella bestia química, estos mismo escucharían ahora las indicaciones del tenebre que con el don del mando mantenía a una importante mayoría a su lado (para regañadientes de Rodrack) los cuales cuando se dispusieran a disparar nuevamente el fuego verde del arma verían que esta bajaría directamente hacia las sierpes rodeándolas completamente, convirtiendo sus cánticos en un funesto ruido de suplicio. Muchas de aquellas criaturas marinas se comenzaron a alejar de ambos barcos dejando a sus hermanas consumirse bajo aquel malsano fuego y quedar rígidamente humeantes sobre la mar. Los cañones también hicieron de lo suyo contra aquellas criaturas cuando los tripulantes que las manejaban vieron que el barco enemigo no iban a sobrevivir por mucho tiempo en vista de que el fuego se los tragaba igual que el hambre de un león salvaje, entonces los que disparaban hacia sus enemigos cambiaron el rumbo hacia las sierpes que todavía empujaban el barco logrando darle a varias y dejarlas levitando sobre el mar mientras que las otras escapaban despavoridas.

El barco triunfador tenía todo el derecho de celebrar pero caerían bajo su misma ambición. En efecto cambiar el rumbo de un barco de una forma tan abrupta era una tarea demasiado complicada por no decir imposible inclusive para alguien experto del mar como lo era Firgus. El barco enemigo ardiendo en llamas iba ya a caer sobre ellos de forma inminente y no había nada que pudieran hacer para cambiar el rumbo, no cuando el viento se portaba tan porfiado con ellos.

-Señor Khaelos –Dijo Firgus con mirada ansiosa –Lo lamento pero me fue imposible cambiar el rumbo, no a estas alturas, lo mejor será que nos vayamos de aquí, sé donde hay botes salvavidas y podremos salvarnos de este infierno, yo puedo guiarle en el naufra…Arrjjj-Pero sus palabras se vieron cortadas de golpe por un quejido de dolor cuando una flecha se impactó en la piel de su cuello a sus espaldas atravesando lado a lado su cuello y por ende quitándole la vida. El causante era un marinero cualquiera que haciendo oídos a la conversación entre ellos dos bastó solamente con escuchar la palabra botes salvavidas para envolverse en la euforia.

-Hay botes… hay botes…¡Hay que salir de aquí!-Comenzó a gritar mientras se ponía a disparar con su ballesta a diestra y siniestra todo aquel que estuviera cerca o lejos de él. Todos al escucharle enloquecieron y más de alguno rebanó con su espada la cabeza de algún vecino para comenzar a correr como desesperados hacia donde deberían estar los botes de emergencia, y es que era evidente de que si los había no alcanzarían para todos. Nuevamente el barco se convirtió en el infierno natural que era, todos disputándose entre ellos, algunos alcanzando a llegar a los botes, otros saltando sobre estos y acabando con los que estaban sentados ahí para hacerse dueños de los botes. Rodrack y cuatro de sus compañeros ya se habían zarpado a la mar con uno de los botes no sin antes por supuesto dejar una marea de muertos desparramados por donde sus pasos dejaron huella.
En tanto Baldur, el perro de Bastian, comenzó a ladrar y aullar para luego tirarse contra el suelo de madera y comenzar a retorcerse como si algo le causara daño por dentro, fue entonces ahí cuando a lo lejos todos verían una espesa neblina blanca que iba surcando el océano en su dirección, aquella neblina profundamente espesa y anti natura marchó raudamente contra ellos y envolvió a ambos navíos junto con aquellos que estaban en los botes salvavidas, no obstante no hubo cambio alguno desde su llegada y desaparición más que el desconcierto de muchos frente a aquella inusual neblina que como vino se marchó hasta perderse en la lejanía del horizonte a sus espaldas. Pero sería la propia mar quien les sorprendiera de nuevo porque desde el horizonte donde el sol menguaba se visualizaría una embarcación del mismo tamaño y modelo de ambas, aquella marchaba en dirección a ellos.

Entonces una voz sería escuchada por todos los presentes, hiciesen lo que hiciesen, aquellas palabras parecían ser dichas sobre sus oídos y les sería imposible ignorarlas, pero claramente por lo que diría debía provenir de aquel misterioso barco que iba hacia ellos. Bastian en tanto se fijaría de un detalle si le prestaba atención a su quejumbroso animal porque este dejaría de aullar y ladrar sin motivos para quedarse rígido de golpe, con los ojos abiertos y expectantes, y moviendo el hocico como si estuviera balbuceando cosas, pero evidentemente nada salía de su hocico.

-Debo felicitar a todos por haber logrado llegar a esta parte del trayecto…-La voz era muy ronca y sonaba algo distorsionada pero seguía siendo comprensible para sus oídos-Es momento de que les entregue las indicaciones para que la verdadera travesía comience de una buena vez, los que quieran venir y mantenerse a salvo por el momento deben traer consigo su primera cacería o serán ustedes la presa en este mar hostil. Sé muy bien por qué cada uno de ustedes está aquí, sé muy bien como recompensarles, ¿quieren mi oro?, ¿mis riquezas? ¿o cumplir alguna hazaña personal?, todo lo que ustedes quieran, todo lo que les ofrezco, lo tendrán, todo, solo si logran sobrevivir –

No faltó más. Todos al escuchar esas palabras se lanzaron a la mar, tratando de cortar con sus espadas algún trozo de las criaturas que sin vida flotaban sobre el mar, algunos que habiendo conseguido algo fueron asesinados por sus propios compañeros los cuales se apoderaron de la parte de sierpe que habían logrado conseguir, otros que se demoraron en cortar alguna parte del animal y fueron abandonados por sus compañeros que raudamente comenzaron a movilizar su bote salvavidas hacia el barco que se asomaba en el horizonte. La traición nuevamente había nublado la razón de muchos, y el miedo por conservar su vida fue el que los dominó por completo.

Los barcos ya estaban a una proximidad realmente peligrosa y el fuego salvaje del funesto barco donde estaba Geak y Therion marchaba en forma de espiral hacia el otro barco como si estuviera consciente de aquella nueva presa. En tanto, había otro personaje que ignorado completamente por el momento había logrado mantener su verdadera identidad en un completo misterio. La esposa de Sirio Deneb, o más bien, su supuesta mujer, se bajó lentamente la capucha que ocultaba por completo su rostro y le resultaba incómodamente sofocante, frente al espejo de su camarote contempló sus ojos ámbar y su cabello negro ébano, Inuwel cada vez estaba más hastiada de su situación y nueva aparente condición. Después de lo sucedido en las Llanuras de Eódhain donde aquella runa del demonio le había extirpado su esencia lupina haciéndole imposible convertirse y volviéndola un ser tan o más miserable que un humano, las cosas se habían tornado demasiado complicadas para ella por no decir que imposibles, pero bien sabía cómo recuperar lo que había perdido, suspiró alzando su mano derecha, quitándose el guante que la ocultaba y observando la pulsera que se cernía a su muñeca, aquel artilugio que la protegía de los daños era la forma de poder recuperar su licantropía, pero era evidente que no podía hacerlo sola, no en su condición actual, tampoco haría la búsqueda con Locrian a quien abandonó cuando tuvo la oportunidad después de la nefasta vivencia que había tenido que vivir, lo cierto es que le causaba mucha vergüenza su nueva condición y no soportaba la idea de verse debajo de su propio cachorro. Todo esto le enrabiaba de sobremanera pero debía de ser paciente y esperar, su plan por el momento había marchado bien, Sirio Deneb quién en estos momentos era su aliado le resultaría más adelante de suma importancia para poder capturar a su propia bestia de la cual se enteró que se hallaba perdida en el bosque de los engendros. Aquel humano que le acompañaba en esta ocasión sabía muchas cosas acerca de lo que ocurrió en la torre maldita en Eódhain que desapareció producto del derrumbe causado por su propio autor, Sirio como erudito que era siempre estuvo interesado por la leyenda de los diecinueve ojos de la pirámide del rey Bheronke, y al saber que Inuwel tenía consigo uno de esos ojos en una runa ambos hicieron un acuerdo. Él le ayudaría a recuperar el espíritu de la bestia que se había escapado del cuerpo de Inuwel a cambio de que ella una vez recuperando su licantropía le hiciera entrega de aquella valiosa runa. Sin embargo bien sabía la mujer que aquel que estaba detrás de todo esto seguramente era el mismo que se hizo pasar por Omoshiroi en la torre de Eódhain y si la descubría sabría de inmediato sus intenciones, así que lo mejor sería esconderse completamente y hacerse pasar por la esposa de su compañero. Pero ya no daba más, considerando que el traje era realmente caluroso y cada vez hacía más calor en dicha estancia, y si sus sentidos hubieran sido los de antes habría percibido de antemano el humo manifiesto que se internaba por todo el barco, tardíamente se dio cuenta de ello cuando los barrotes de su camarote comenzaron a desprenderse ardiendo en llamas, de inmediato partió rauda hacia la salida dando un salto largo pero como su condición ahora era completamente menguada no pudo hacer nada cuando parte del marco de la puerta cayó a sus espaldas causándole un profundo dolor en aquella zona y en su hombro derecho, pero lo peor de todo es que la tumbo de bruces contra el suelo donde el fuego comenzaba a caminar por su ancho traje oscuro, la mujer desesperada trató de quitárselo para poder salir de aquel infierno donde se encontraba, al tiempo que gritaba y maldecía su evidente mala fortuna.

En tanto el hombre de las espadas, Jack, tomó del hombro derecho de Bastian cuando ya la situación se había vuelto demasiado crítica en el barco y le dijo en voz baja su respuesta frente a la anterior interrogante del médico –Nos conocemos hace muchos años y él aún tiene una importante deuda conmigo, además que es mi hermano-Luego miró a Ivo y después al perro de Bastian, este último se había calmado y parecía estar como en transe –Será mejor que salgamos luego de aquí, ya escucharon a quién debe ser el dueño de esta cacería –Desenfundó entonces sus armas y les hizo señas a Bastian e Ivo de que le siguieran para escoltarles a ambos en dirección a los botes salvavidas como si fuera un guarda espaldas. Mientras tanto los pocos aliados de Khaelos que quedaban le hacían señas para que fuera a donde estaban los botes salvavidas y una vez que descendieran al bote uno de ellos se lanzaría contra las olas para coger un trozo de carne del animal y traerlo al bote.

Ed siendo empujado por el orco le iba hablando de ciertos asuntos para tratar de ganarse su confianza. Le contó que sabía muchas cosas acerca de Rhoder Thekner y sobre la recompensa principal de la misión, “al final” le dijo, “habrá que cocinar con talento lo ganado y la ignorancia de todos estos les hará perder la misión, yo en cambio soy muy bueno cocinando, además que tengo grandes cualidades de rastreo, vista de águila, entre otras impresionantes habilidades, y yo a ese hombre le conozco, haré que ganemos, soy un boleto a la victoria” le fue contando con expresión seria y haciendo movimientos con las manos. Fuera mentira o verdad, creer en lo que decía sólo estaba en manos del orco.

Inuwel por fin había logrado quitarse el fastidioso chador oscuro que ahora era consumido por las llamas quedando con un saree común y corriente de color pardo mientras dirigía sus pasos hacia fuera de su camarote que solo le había traído desgracias, llamaba una y otra vez a Sirio mientras bajaba las escaleras y su vista concebía el terrible espectáculo en el cual estaba inmiscuida, sería entonces la neblina misteriosa y la voz de quién era el dirigente de la cacería lo que helaría su sangre y la dejaría rígida por unos instantes…estaba segura que ya la habían descubierto.
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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Nov 26, 2011 1:37 am

Más de uno entre los que yo me incluía soltó un grito de alegría al ver cómo el fuego que había atacado al barco enemigo se redirigía contra una de las serpientes, abrasándola viva, para ser finalmente rematada por un cañonazo de nuestra tripulación, matándola definitivamente. Miré a mi alrededor y vi con satisfacción de que la mayoría de la tripulación estaba de mi lado, dejando al grupo de Rodrack en desventaja al mío. Las serpientes de mientras empezaron a morir por doquier por el lanzallamas que poseíamos, y algunas finalmente decidieron alejarse de ahí, las que no murieron claro. Los cañones siguieron eficazmente mis indicaciones, y sin mucha dificultad iban destrozando a las serpientes. Fue una gran victoria. Sin embargo, no me permití entonar tan pronto la victoria.

El barco enemigo y el nuestro se acercaban peligrosamente, y cada vez estaban más cerca. Si no se desviaba la ruta, chocaríamos, acarreando eso nuestro hundimiento. De repente, vi a Firgus acercarse a mí, y me dijo que deberíamos irnos en los botes salvavidas, cosa a la que acepté. Sin embargo, antes de que pudiera acabar, una flecha se clavó en su cuello. Cuando vi al marino, no evité ir corriendo hacia él y destriparlo de un tajo tras bloquear con el escudo un ballestazo que él me disparó. Le espeté con odio:

-Has acabado con un buen marino y un hombre leal, así que ahora te toca recibir la misma moneda.-

La gente empezó a correr, buscando los botes. Todos estaban enloquecidos, y los que no se mataban entre ellos eran los que caían muertos. Pude ver como Rodrack se abría paso a base de mandoble, matando a todo el que atraparan él y sus cuatro hombres para así asegurarse la salida. Iba a devolverle la jugada a ese hijo de puta en cuanto pudiera.

No me fijé en el resto de la tripulación, sencillamente estuve observando mientras me movía por el barco, dándole espadazos a todo aquél que intentara atacarme o que hubiera pertenecido a la banda de Rodrack. De repente, pudimos ver una niebla blanca que envolvió a los dos barcos. No pasó nada, aunque fue sin duda extraño, pues vimos como la niebla se perdió en el horizonte.

De repente, vimos como aparecía una embarcación igual que la nuestra, sorprendiéndonos. Desde el sitio donde el sol se ponía, el barco apareció. Yo hice visera con la mano, mientras un hombre fornido con una ballesta y un mandoble se situaba a mi lado. Al parecer, era de los que seguían siéndome leales. Se le veía un buen candidato para el ejército de Zhakhesh, si sobrevivía…

De repente, escuchamos todos una voz. Parecía que nos hablara al oído, pero se notaba claramente que provenía del barco que acababa de aparecer. Alcé una ceja, expectante para ver qué querían decirnos. ¿Una felicitación? En efecto… Aquello no era más que una macabra prueba… Seguí escuchando para saber qué había que hacer ahí. Por desgracia, tenía claro que la única opción para salir de esos juegos, era acatar órdenes y pasar las pruebas hasta lograr la cabeza del responsable. En el lugar donde perdí a Dalahak fue igual.

Escuché las indicaciones que aquél hombre nos dio, que no eran otras que lograr la carne de alguna de las serpientes. Así pues, me puse en marcha, justo en el momento en el que vi a algunos de mis leales haciéndome señas. El hombre que estaba a mi lado me acompañó. Subimos rápido al bote. En total éramos cinco personas, las justas y necesarias para el bote.

Uno de ellos se lanzó a las olas y cogió un pedazo de serpiente. Con la mano ordené a los que me acompañaban que esperaran al hombre, y una vez llegó, le cogimos y le levantamos, poniéndole en el bote de nuevo. Miré a los hombres y les dije, tras suspirar:

-Buen trabajo, chicos. Sois buenos en vuestro trabajo… Si salimos todos vivos a esto, tal vez podría ofreceros un trabajo.-

Los hombres sonrieron de medio lado, asintiendo al estar conformes con aquello. Empezamos a remar para llegar a la embarcación y en un momento vimos a los hombres de Rodrack situados a nuestro lado. En ese momento dejé el remo y cogí la ballesta de uno de los hombres que me acompañaban, aprovechando que todos llevaban espadas y ballestas. Apunté al imbécil de Rodrack con la ballesta. Iba a pagar el haber intentado faltarme al respeto. Con voz divertida, le grité:

-¡Eh, tú, Rodrack! ¡Hijo de puta! ¡Vas a saber lo que es el escupitajo de un zhakheshiano!-

El hombre me miró justo en el momento en el que disparé el gatillo. Un virote salió volando, clavándose en su boca, haciendo que muriera entre gorgoteos agónicos al haberle colado el disparo justo por la garganta. Antes de que sus compañeros pudieran reaccionar, los demás hombres de mi tripulación siguieron mi ejemplo, ensartando a los tripulantes del bote. Mis acompañantes miraron a los cadáveres con una sonrisa, y uno de ellos dijo, con una sonrisa más sádica que la de los otros:

-¡Já! ¡Matasteis a mi hermano, cabrones! ¡Ahora nos toca vengarnos a nosotros!-

Le devolví la ballesta a su propietario, y me quité el casco para sonreírle mientras asentía. Y tras eso, seguimos remando para llegar al barco que acababa de aparecer. Todos queríamos vivir, y afortunadamente, todos en aquél bote éramos fuertes, lo cual hizo que pudiéramos avanzar rápido, en parte por la desconfianza que nos daban aquellas aguas.
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Vie Dic 02, 2011 9:35 pm

“Si debes de morir
Y la lucha está perdida
Solo queda una opción
Llevarte a los que más puedas contigo”
Videojuego cabron en el cual morí 02 de diciembre de 2011

Mientras las piezas estaban montadas y el aparato escupiendo fuego arcano, por decirlo de una forma, ¿el hombre o quizás joven? En esos momentos era difícil saber, mas si parecía ingenioso, pronuncio su nombre, dirigiéndose al inventor como “maestro” un titulo que si bien, lo merecía aquel hombre, no lo aceptaba, ya que no se lo había ganado, de cualquier manera mientras inspeccionaba aquella maquina bajo el gran mostacho su voz se escucho.

-Doctor Ivo Robotnik joven Bastian y viendo sus habilidades, me alaga llamándome maestro-

Las cosas en el barco iban tranquilas o por lo menos eso parecía , el fuego comenzaba a consumir las velas con sus fauces ardientes, lamentablemente ni el mejor de los fuegos habría sido tan peligroso como aquel enorme barco con intenciones de embestir el del inventor, el problema estallo o mejor dicho, el caos estallo n el momento en que llegaron las palabras “bote salvavidas” a los oídos de los demás, un idiota había hablado demasiado alto y había terminado muerto por uno aun más imbécil que el anterior, de reojo el inventor como el conde se preparaba para asesinar al que comenzaba a disparar sin pensar, varios cayeron muertos, con virotes en su cuerpo, el inventor mantenía fija la mirada en el otro barco, era mejor prepararse para lo que se avecinaba, mas una extraña voz le hizo girarse hacia lo que parecía ser un perro moribundo, las palabras no eran más que una amenaza, una pista y a la vez una salvación, ya que no muy lejos una extraña niebla se levantaba del mar, llevando sobre las aguas saladas un barco muy similar al que estaba en ese momento todos, el caos se desato, cuando las espadas comenzaron a tajar el aire, las ropas y carnes de quien se pusiera por frente, quizás habían una veintena de botes, más que suficiente si uno se ponía a pensar, lamentablemente entre la desesperación muchos querían un bote únicamente para sí y asesinaban a quien se acercara, un hombre alto y tatuado se le acerco a Bastian, mientras el doctor seguía con la maquina, con lo poco que entendió aquel hombre tenía un bote y les seria de mucha utilidad, sin pensarlo dos veces, el inventor se levanto de la maquina, mas unos segundos después sonrió de forma macabra, hablándole a Bastian y al hombre.

-Caballeros, permítanme tres minutos, si no llego al bote, por favor, partan sin mi-

Sin más palabras tomo sus herramientas y comenzó a desarmas la maquina, o mejor dicho sacar varias de las piezas interesantes, en su mente una cuenta regresiva se había instalado en ella, en aquel momento que la llave de tuercas giraba, el numero retrocedía, contaba en retroceso por lo que llevaba casi treinta segundos haciendo aquello, mas fue suficiente, ya que el sistema de ignición fue desmontado y rápidamente guardado en la mochila, le quedaba cerca de dos minutos, mientras rápidamente bajaba las escaleras bajo la cubierta seguía una lucha inútil, lucha por barcos que quizás no lograrían ver en sus vidas o siquiera en otra, el inventor se dirigió a una habitación en particular, una completamente cerrada y que tenia aroma a pólvora, no era para menos ya que era el polvorín , rápidamente coloco una de sus bombas al lado de uno de los barriles, junto con una larga mecha, obtenida de ahí mismo, sin complicación fue encendida con el mechero y el inventor salió disparado, si aquel barco terminaría sus días, era mejor que se llevara al contrario también, con una rapidez inusual salió a la cubierta, y monto el barco de ambos hombres, mientras bajaban el inventor los miro a ambos, a la vez que dejaba su mochila a un lado y buscaba algún gancho para obtener carne, de esas serpientes marinas.

-Caballeros… les recomiendo que nos alejemos del barco… ya que serán muy bellos fuegos artificiales los que se verán-


Por fortuna, el hombre que acompañaba a Bastian tomo un gancho y arrastro parte de la carne de esas bestias al barco, ahora solo quedaba esperar, y ver qué sucedería… mas si había algo seguro, es que aquel barco… terminaría volando en pedazos llevándose al otro hasta las profundidades del océano.



~~
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Re: El Banquete

Mensaje por Geak el Vie Dic 02, 2011 11:36 pm

-¡Oído cocina!¡Yo me ocupo de encontrar a tu mujer!-

El elfo avanzó de un saltó hacia delante y comenzó a correr por cubierta. La madera crujía a cada paso y los cañonazos volaban por doquier, estampándose contra la madera del barco, había pequeños incendios por cubierta, a parte de muchos destrozos en el casco del barco y en la infraestructura. El mástil ardía, lo que hacía imposible poder cambiar el rumbo hacía el otro barco. Tanto el tiempo como las oportunidades de salir con vida de esa se iban convirtiendo en ceniza, como el barco. El elfo ya encarando las escaleras que bajaban a los cuartos vio como una bala de cañón paso a escasos centímetros de su cara, y salía por el lado contrario del barco, cayendo al mar.

-¡Uiii, ha estado cerca!-

Y con una sonrisa el elfo descendió las escaleras de tres en tres, estaba bastante emocionado a la vez que entusiasmado, pero ahora las cosas se ponían serias: Debía de encontrar a la esposa de Sirio y por lo que sabía llevaba una tela que le cubría todo el cuerpo, además de que le daba aspecto de fantasma, y si por si no llevaba el disfraz, era la única mujer que había visto el orejas puntiagudas en todo el trayecto, así que no sería difícil de localizar. El pasillo se encontraba lleno de...De todo: Había una gran cantidad de escombros, además de un pequeño fuego. Muchas paredes se encontraban destrozadas y astilladas a causa de las bolas de hierro que salían lanzadas de las bocas metálicas del otro barco. El elfo apretó las mandíbulas, el tiempo se acababa y necesitaba encontrar a la mujer cuanto antes, a saber que le podía haber pasado...

Camino a lo largo del pasillo, buscando en cada puerta que se encontraba abierta, tocando en otras varias, pero de ninguna recibía respuesta. El elfo, saltando de puerta en puerta notaba el calor que hacía en los pasillos y él se empezaba a poner nervioso al no encontrar a la mujer, pero debía seguir buscando. Un humo negro dificultaba la visión del elfo además que le obligaba a toser de vez en cuando, al inspirarlo. Geak se movía rápido por los pasillos, esperando encontrar a la mujer en ellos, ya que había dejado de rebuscar en las habitaciones por que el tiempo del que disponía era mínimo.

Un pasillo vacío, dos pasillos vacíos...Nada, esa zona estaba muerta, todo el mundo debía de estar en cubierta, ya que en los pasillos no había nadie, o bueno, casi nadie: A lo lejos Geak escuchó una voz femenina gritando el nombre de Sirio.-¡Es ella!- Pensó el elfo, mientras avanzaba corriendo y esquivando los escombros que caían por doquier. Geak escuchaba cada vez más fuerte la voz que gritaba el nombre de Sirio. Él, a su vez, comenzó a gritar para captar la atención de aquella persona, que esperase que fuese la mujer.

Tras girar un par de veces vio la figura de una bella mujer, era la única que había visto, pero no llevaba el disfraz de fantasma que decía Geak...Pero era la única mujer del barco, además de la única mujer del barco que gritaba el nombre de Sirio.

-Será ella, supongo.- Se dijo mientras se acercaba a la mujer, se presentó con una amplia sonrisa y le preguntó si era la mujer de Sirio. Ante sus respuestas, le dijo lo que el tipo del turbante le había dicho, y sin más se iban a poner en marcha hacía arriba cuando se escuhcó una voz que dejo de piedra a la mujer.

-¿Qué?¿Pasa algo?-
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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Sáb Dic 03, 2011 3:59 am

El crepitar de la madera siendo devorada por las ansias destructivas del fuego griego parecía menguar conforme Therion y el viejo marinero se aproximaban a la popa, y sin embargo el estruendo de la orgia sangrienta de la cubierta se dejaba escuchar con la misma claridad funesta con que la habían escuchado al momento en que abandonaron corriendo la cabina de mando, una vez hubieron sellado el destino trágico de aquella embarcación. Y se escuchaba porque en efecto la multitud misma corría a trompicones a través de los pasillos con la misma intención de escapar del infierno a bordo de la estabilidad redentora de un bote salvavidas.

El hombrecillo, que al menos durante buena parte del viaje había tenido a bien hacerse conocer como “Ed”, no paraba de farfullar en una retahíla inagotable a la que Therion apenas si puso atención, principalmente porque entre el ruido general, los alaridos de las bestias marinas y la diferencia insondable de sus estaturas, el sonido de su voz acababa por extraviarse, sin encontrar receptor en el orco, que más tarde se percataría de que el constante silbido sobre su oreja derecha no era un sonido exterior, sino la secuela pasajera de haber sido impactado por aquella explosión desafortunada.

Pronto la hilera de pequeñas embarcaciones se dejo ver, colgada a ambos lados de barco, como protuberancias inestables suspendidas sobre cuerdas y poleas, como frutos maduros y apetecibles a punto de desprenderse por el forcejeo desesperado de los hombres egoístas que pugnaban por abordarlos. Difícilmente Therion recordaría una situación tanto así caótica como la vivida en altamar sobre un barco en llamas, en el momento en que comprendió que su concepción de justicia como la supervivencia del más fuerte, estaba apenas a un nimio paso de convertirse en la supervivencia del más traicionero. Así pues se comprendió rodeado de toscas ratas cuando a donde fuese que mirara se encontraba con apuñalamientos por la espalda, gente arrojando al mar a aquellos que habían les habían extendido la mano para ayudarlos a subir o bastardos cobardes que navegaban tan lejanos que sólo podía significar que habían escapado antes de que la batalla hubiera comenzado.

Fue entonces que aquella extraña voz se dejó escuchar en su cabeza, y tuvo que contemplar la extrañeza generalizada para comprender que se trataba de una experiencia generalizada, y no de una jugarreta más de su oreja estropeada. Pero Therion estaba demasiado concentrado blandiendo su machete a través de aire y carne, y después llegó ese instante en el que no supo nada más del mundo, sino que se vio enfrentado a la turbación inmensa que le causaba la contemplación de aquel pequeño abismo que se contraía y ensanchaba, conforme el bote se mecía suspendido, y casi hubiera preferido saltar a las fauces de un dragón que tener que sortear el vértigo de contemplar al mar esperándolo allá abajo, pero por fin logró dar aquel pequeño salto en el que su instinto y sus piernas casi lo traicionan. El cuarto de tonelada de carne, músculo y metal cayendo pesadamente hizo crujir los cimientos de la polea y la cuerda pareció a punto de estallar por un instante, antes de paralizarse es un instante fugaz de estabilidad que se vio prontamente destrozado por la irrupción de otros 3 hombres, entre ellos el viejo navegante, cuyo peso hizo por fin rendir el mecanismo de sujeción, que se empezó a desintegrar conforme el bote se precipitaba hacía el agua al tiempo que su cuerda serpenteaba sin control enredando a 2 hombres que saldrían disparados hacía el agua.

El duro impacto hizo crujir la estructura del bote y por un instante todos creyeron que se hundirían junto a un montón de astillas. Therion habría estrangulado a aquel par de pasajeros imprevistos de haber estado menos espantado por aquella macabra sensación de vació que sintió mientras caía y que en ese momento lo tenía aferrándose tan fuerte a la estructura del bote como nunca había sujetado la empuñadura de una espada. Mientras tanto los demás trataban de acomodarse de tal manera que se enderezara el evidente desequilibrio producido por el peso del orco y que tenía la embarcación al borde de inundarse por el costado derecho, al tiempo que se repartían los remos que aún estuvieran completos y se proponían remar lejos, pues pese a que el barco se alejaba en su rumbo de colisión, aún caían infelices desde el cielo, y aquellos lo suficientemente afortunados para sobrevivir al impacto, se empecinaban en abordar los botes, y justo frente a ellos se presentaba la escena en que aquellas luchas de ahogados terminaban por volcar un bote.

-¡¡Córtalo!! ¡¡Córtalo y todos estaremos salvamos!!-

Los gritos de Ed sacaron entonces a Therion de su ensimismamiento de asustado, y vio primero como un hombretón de barba trenzada destrozaba la nariz de un Cite que trataba de prenderse por un costado, y pensó que le pedían de que se librara de aquella carga, cuando vio que a pocos centímetros de su brazo flotaba inerte una de aquellas grandes serpientes. Ya en el camino hacía el bote había tenido tiempo de escuchar sus canticos perturbadores, y su presencia sólo había conseguido aumentar el nerviosismo de tener que enfrentar al altamar, pero entonces recordó aquellas extrañas palabras en su cabeza, recordó la nueva embarcación acercándose y la petición ininteligible que ahora empezaba a cobrar sentido, había que cortar, y así lo hizo extendiendo sus brazos de coloso y su machete descomunal, abriéndose paso a través de las escamas, hasta que todos tuvieron que advertirle que "ya no hace falta añadir más peso".


Última edición por Therion Fortín de Acero el Sáb Dic 03, 2011 4:05 am, editado 1 vez
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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Sáb Dic 03, 2011 4:22 am

Repase mentalmente la maquina que acababa de tener entre mis manos, esa que había re-construido junto a Ivo Robotnik el sujeto con forma de huevo que educadamente respondió a mi pregunta la cual yo conteste con una sonrisa entre caballeros, ya que al parecer compartíamos uno que otro interés.
La sinfonía de fuego y acero que dirigía la muerte con un violín hecho de huesos y tendones remanentes humanos, extirpados por su propia mano a la hora de que estos debían pasar a otro plano existencial, sinfonía que perversamente disfrutaba, el fuego rápidamente se extendía por la otra embarcación, rápidamente consumiendo y acabando con cuanto enemigo encontraba en su camino, siendo parte de mi invención la causa de que mas de alguno aturdido y asfixiado por causa del fuego cayera por la borda o sin tener mayor herida visible, cayera intoxicado al suelo…y sonreí de medio lado… solo deseando dos cosas en lo profundo de mi corazón, la primera: que Diana, la Penélope de mi odisea, me esperara aun en Drunk Thrond, la segunda era: que el día en que llegara mi juicio ante los dioses, ellos me perdonaran por pensamientos tan frívolos como los que tenía en esos momentos.
Robotnik empezó a desarmar la maquinaria que acabamos de terminar, dejando las partes que parecían de mayor importancia bajo su poder, el resto quedo dentro de la maquina, yo no había participado de la reconstrucción del armatoste sino… solo la reformulación del combustible que usaba como munición, y fue cuando note que este tenía un segundo compartimento contenedor, más pequeño a donde estaba el que yo había usado, este me llamo la atención, siguiendo mis deducciones este no cumplía ninguna función, y una rápida inspección revelo que estaba lleno de un liquido extraño de un color verde fosforescente… interesante…
Sin pensarlo dos veces guarde dos muestras de este liquido en tubos de ensayos que guarde en los lugares más seguros dentro de mi mochila, estos serian analizados luego, quizás al estudiar podría desentrañar los secretos de alguna fórmula antigua y poderosa.
En el horizonte pude divisar otro barco que se acercaba en nuestra dirección, ¿amigo o enemigo?... no importaba, el caos parecía empezar a reinar nuevamente dentro de la embarcación ¿por qué? ¿Acaso esta escoria mercenaria no podía permanecer quieta por 5 minutos sin tener que matar a alguien?... la respuesta era otra y llego prontamente a mis oídos, ya que los gritos que escuche entre los tipos aquellos, fue de que existían botes salvavidas…
Mi línea de pensamiento fue abruptamente interrumpida cuando escuche los repentinos gemidos de mi animal… ¡demonios! Pensé mientras me daba cuenta que la solución que intente a los dolores de Baldur fue en vano, e intente sujetar el perro, abrazándolo y manteniéndolo en posición para que no se lastimara en sus aspamos… mas, pronto se detuvo, movía el hocico como deseando ladrar… o gemir… o hablar… esto ya era obra de poderes sobrenaturales.
Entonces… ese mensaje, estos ataba los últimos cabos, y todo el asunto con los dos barcos y las serpientes marinas no era más que una prueba para limpiar a los más débiles e ineptos de los que nos habíamos ofrecido a aceptar este trabajo.
Jack se dirigió a nosotros, el había asegurado un bote salvavidas para él, Ivo y yo, por lo tanto, lo único que tuve que hacer fue moverme desde e litio donde estaba hasta el bote, por un momento me preocupe de poder conseguir un trozo de la carne de la serpiente, mas, Jack aseguro un pedazo al arrastrarlo a la borda del bote con un gancho.
Esperamos a Ivo, y cuando este regreso, zarpamos tan rápido como pudimos, había dejado descansando a Baldur en la proa del bote, esperaba que mi amigo estuviera bien
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Sáb Dic 03, 2011 10:00 pm

El mar se agitaba nervioso como si fuera consciente de lo que estaba a punto de ocurrir, había un conteo regresivo que marcaba las posibilidades de todos los tripulantes de ambos barcos, lamentablemente el destino no permite que todos sean capitanes en sus vidas, el mundo no puede tener tantos vencedores, el mundo necesita seres secundarios que solo sirvan de complemento para los que están destinados a brillar, el mundo requiere de un patético papel terciario para que levante a los que nacieron para sobrevivir, y ahora el fuego iracundo se cargaba la vida de muchos, las devoraba y las consumía hacia un recuerdo irrelevante para la mayoría de los de allí presentes, sí, quizás muchos de los tripulantes eran amigos o viejos conocidos pero el valor de la conveniencia siempre sería más relevante que una vaga amistad, el mar sería testigo de la traición de muchos, de muchos que se prometieron darse la mano hasta el final y ahora se las escupían o a lo menos la ignoraban, el mar admiraría con todo su esplendor el estado más deprimente pero natural de los mortales, el mar enterraría por completo el recuerdo de la existencia de muchos, el mar borraría la prueba de lo ocurrido quién sabe por cuantos siglos. De todos modos no culpemos al mar, ¿no fueron acaso las propias armas de los mortales las causaron su propia destrucción?

El barco más afectado resultó como un escupitajo al cielo de parte de los agravantes, aquel fue finalmente la peor venganza para los que parecían que iban a tener la victoria, este marchaba como un misil mortal hacia el barco donde se encontraba el inventor, el médico y el conde tenebre, aquel peligroso barco estaba bañado en fuego y asfixiante humo, muchos incautos eran carbonizados por aquel fuego verde que los rodeaba celosamente en un abrazo cálidamente mortal. Inuwel se movía nerviosa inspirada a llevarse las manos a las sienes, alternando su visual en varios puntos del barco, vio como a un grupo de guerreros se daban puñetazos en la cara y como a sus espaldas aparecía otro grupo que armados acababan con la vida de los primeros que empezaron con el pleito, vio también como muchos eran atrapados por el fuego torrencial y se tiraban al mar como si fuera una forma de preservarse con vida, también observó a algunos que se inclinaban a rezar y luego terminaban con la cabeza cercenada por alguna espada recelosa de sus comportamientos, pero lo que a Inuwel realmente le interesaba era ver a su único aliado que le acompañaba en esta misión prácticamente suicida si es que consideramos su condición actual, puesto que en estos momentos era incapaz de defenderse por sí misma por culpa de la “maldición” que adquirió en el experimento desquiciado de la torre de Eódhain, solo tenía la oportunidad de contemplar como la muerte se le hacía más próxima, no ignoró la idea de que su compañero hubiese encontrado un destino fatal entre tanta matanza… y si así fuera… A ella le depararía lo mismo.

-“Maldita sea… no, no… ¡no!”-Se dijo comprimiendo con sus manos los barrotes de acero donde se aferraba hasta que una voz desconocida pero de un tinte afable completamente inusual para una circunstancia como aquella le hizo despertar de sus cavilaciones nacidas del miedo y el hecho de aferrarse profundamente a la idea de la supervivencia pero de no saber cómo realizarla convenientemente. Inuwel inmediatamente giró el rostro para percatarse de un elfo, el cual ¿sonreía?, que demonios…Habían cosas extrañas pero aquello rompía con lo normal, de todos modos tampoco le cobró demasiada importancia, después de todo lo único que importaba era que estuviera de su parte. Inuwel sacudió levemente la cabeza llevándose una mano a la frente mientras se incorporaba para seguir al elfo que había sido enviado por el mismo Sirio, y frente a la pregunta de Geak la mujer sencillamente negó con la cabeza dando a entender que no le pasaba nada o que realmente no le interesaba hablar de ello.

En tanto en el otro barco Khaelos Kohlheim se encontraba como líder de una banda de sobrevivientes de la lealtad, sentimiento que muchos habían olvidado y ahora lo convertían un juego de conveniencias, aquellos en que más confiaron resultaron ser sus peores enemigos, aquellos que iban de la mano ahora se habían encargado de cortar literalmente la del otro para alcanzar primero uno de los botes salvavidas, aquellos que dijeron “acepto, estoy contigo, trato hecho”, ahora hacían oídos sordos y se comían la lengua frente a sus promesas. El Conde tenebre tuvo suerte de tener gente leal consigo porque no solo le ayudaron a conseguir un barco si no que fueron el puente para cumplir su venganza, porque, honorable o no, no existe hombre en esta tierra que permita que un daño personal quede impune. Rodrick tuvo una muerte agónica ahogado en sangre y dolor a causa de un virote enviado por el tenebre, y sus compañeros tuvieron un destino parecido, algunos se lanzaron al agua pero el mar no fue escudo suficiente para evitar aquellos virotes que atravesaron sus cabezas. El tenebre era el más adelantado y prontamente llegaría al susodicho barco.

Tiempo regresivo: 00:44 segundos…

Ivo alcanzó a llevarse algunos implementos de la máquina de fuego, artilugios que le serían convenientes para un futuro no muy lejano, pero no satisfecho con eso dejó encendida una bomba que no tardaría en hacer sucumbir a ambas embarcaciones y a todo aquel infortunado que todavía permanecería cercano a ellas. Jack lo aguardó con una serenidad impresionante considerando que sus propios ojos fueron testigos de la muerte de su hermano, que merecida o no seguía siendo la muerte de su hermano, Jack centró por un lapsus de segundos sus ojos en el tenebre de una forma realmente profunda como si pudiera de esa manera leer sus pensamientos y ser conocedor de su interioridad para luego volver la vista a los trozos de sierpe que eran alcanzables con su gancho. Su bote salvavidas se comenzó a mover.

Tiempo regresivo: 00:20 segundos…

Sirio Deneb llegó corriendo a trompicones hacia Geak e Inuwel y le hizo rápidas señas de que fueran con él lo más rápido posible, el hombre habilidoso en su espada pero también de la magia se abrió paso entre sus oponentes agitando su arma la cual despedía una especie de ventisca que lograba potenciar sus ataques y hacer que todo enemigo fuera empujado metros de distancia si es que no era exterminado por el filo de su espada. Sirio logró entonces encontrar un bote salvavidas aunque no sin antes tener que acabar con la vida de dos sujetos que discutían entre ellos por alguna banalidad completamente fuera de lugar. El hombre ayudó a bajar a Inuwel en sus brazos y luego aguardó a que Geak descendiera para partir, las aguas turbulentas presagiaban un posible infortunio mucho mayor que un incendio causado por fuego griego, pero ninguno estaba en condiciones de perder el tiempo tratando de adivinar, Inuwel miró hacia atrás escuchando las maldiciones proferidas por los tripulantes aunque lo cierto era que no quería dirigir la visual hacia el barco donde debían dirigirse, y es que tuvo que soportar todo el viaje con ese horrendo e incómodo chador negro ocultando su cuerpo para poder pasar desapercibida y ahora estaba a la vista de todos como asimismo de su mayor enemigo.
Sirio Deneb ajeno a las preocupaciones de quién hacía el papel de su mujer logró atrapar un trozo de sierpe y se dispuso a dirigirse hacia el barco de la salvación una vez que Geak se subió al barco a tiempo y sin complicaciones.

Tiempo culminado: 00:00 segundos

Tuvo Therion la fortuna de encontrar un bote salvavidas y de juntar valor para hacerse de un trozo de sierpe marina, no obstante su demora en aquel labor consiguió que la explosión subsiguiente empujara su pequeño navío fuertemente haciéndole perder estabilidad, uno de los hombres cayó al mar siendo alcanzado por una ola y luego ahogado por aquel fuego verde que dejó varias hileras sobre el mar. El bote sin embargo tuvo la fortuna de dirigirse precisamente al barco que los aguardaba, no obstante varias astillas de madera se rompieron del pequeño navío y un desafortunado agujero presagiaba un pronto hundimiento, Therion tenía que atinar a alcanzar las cuerdas que el barco mayor les tendían para que subieran o lo más seguro es que terminaría como un pesado recuerdo en las profundidades.

El perro de Bastian de pronto se comenzó a poner muy bravo, se sacudió frenéticamente ladrando sin razón e incluso se atrevió a morder fuertemente el cuello de su amo, mas no significando una herida vital, para finalmente escapar de sus brazos y dar un salto largo e inexplicable que lo conduciría al mar, el perro sin embargo sabía nadar pero su trayecto lo derivó a un destino fatal. La bomba de Ivo sintió el contacto ardiente de la mecha al llegar a su destino y como si ambos pactaran con su unión traer el caos y la destrucción a los incautos que estaban cercanos a ella, una inmensa explosión sacudió completamente aquel barco, una oleada de fuego arrasó con la madera, con los cadáveres esparcidos en su cubierta y los pobres desdichados que fueron demasiado lentos para alcanzar algún bote salvavidas aunque de todos modos estos últimos tampoco se vieron libres de complicaciones porque el fuego fue tan inmenso que arrasó en un potente empujón destructivo el barco enemigo y se unió además con el fuego verde creando una segunda explosión que parecía un remolino en ascenso, aquel remolino verde se tragó a ambos barcos y subió tanto que cuando no pudo seguir ascendiendo formó una especie de ovalo el cual se abrió como una flor y explotó en el mismo firmamento empujando consigo pedazos de cadáveres, trozos de madera y de sierpe, armas rotas, etc a los más cercanos a la explosión. Bastian recibiría en pleno rostro los restos de su perro Baldur que terminó completamente descuartizado junto con unos enigmáticos hilos rojos pero lo más problemático para él sería recibir una astilla puntiaguda de madera en pleno ojo derecho que se incrustó en su pupila y atravesó completamente su ojo haciéndolo pedazos, de aquella cuenca vacía chorreó mucha sangre y le consumía un dolor inmenso, pero por si fuera poco un pedazo de espada fue disparada de la explosión misma y fortuitamente fue a detenerse en su brazo izquierdo justamente un poco más arriba del codo cortándolo hasta la mitad pero dejando unos pequeños tendones que le hacían quedarse con el brazo colgando de una forma muy incómoda. De todos modos habían logrado escapar a tiempo de la explosión, incluso esta misma fue un empuje que les permitió llegar más rápido al destino.


(…)

Una vez que todos hubieran abordado aquel barco que era exactamente igual a los otros, a excepción de no tener cañones ni armamentos de pesca en su interior como asimismo botes salvavidas, verían que no estaría solo abordado por marineros que hacían el labor mantener en orden aquella embarcación, sino que también habrían otras personas, todos varones armados hasta los dientes, muchos de ellos se encontraban en grupos y observaron de manera acusativa a los recién llegados, los analizaron de pies a cabeza y de vez en cuando murmuraban entre ellos, era como si el barco hubiese buscado también gente desde otras tierras.

-¡Atención!, escuchen muy bien todos panda de imbéciles, ya estamos completos así que ahora podremos partir hacia Theezeroth, aquí en este barco se encuentran todos aquellos que han pasado correctamente nuestras diversas pruebas de iniciación para ser capaces de embarcarse en esta travesía y postular como corresponde a los obsequios de mi señor- Diría de pronto una voz completamente humana en comparación a la que sintieron anteriormente sobre sus oídos la cual sucedió después de aquella misteriosa niebla, aquella voz se daría a presentar como un hombrecillo de no más de un metro sesenta, delgado y de ropa elegante, tenía su cabello oscuro tomado en una coleta y sus pequeños ojos miraban como buitre a los recién llegados, su expresión era tosca y de absoluto hastío, portaba en su mano con un pergamino el cual, una vez que se acercó al centro del navío extendió sobre sí mismo para comenzar a leer las indicaciones.



-Estas son las reglas que ahora en adelante deberán cumplir al pie de la letra si es que quieren mantener sus traseros en la embarcación. Primera regla, todos los muertos deben ser arrojados por la borda sin excepción al igual que los enfermos, segundo, los pleitos están prohibidos, en esta oportunidad hay suficientes camarotes para todos y si estoy equivocado compártanlos, tercero todos deben ayudar en la mantención del barco hasta que lleguemos a nuestro destino, cuarto, nadie, pero absolutamente nadie puede deambular por las noches en el barco, quinto cuando se les asignen los grupos será responsabilidad de ustedes ponerse de acuerdo para iniciar la cacería, sexto nadie puede alimentarse más de la porción de provisiones que le corresponde, y séptimo y último todo aquel que rompa con algunas de estas normas será arrojado por la borda sin excepción-El hombre al terminar de nombrar los mandamientos ordenados por su amo se relamió los labios y dobló el pergamino para agregar- Cuando lleguemos al final del destino se darán nuevas indicaciones así que espero que todos ustedes estén atentos a ellas, ahora mismo cada uno de ustedes recibirá un número, y dentro de unas semanas deberán estar aquí mismo para que se reúnan con sus respectivos grupos que tendrán relación al número que tienen además de recibir otra cosa. Ahora por favor hagan una fila aquí mismo-Indicó alzando su pie derecho y marcando con el talón un madero del suelo. Y sin esperarse demasiado una larga fila se armó la cual curiosamente estaba muy ordenada como si los anteriores tripulantes de aquel barco supieran las consecuencias de desobedecer alguna regla, cada uno de ellos recibió un pequeño trozo de madera con un signo. Ivo, Bastian, Therion, Geak, Khaelos y Sirio tuvieron el número dos mientras que Inuwel con el semblante horrorizado miró su trozo de madero que marcaba el número cinco.

-Tranquila, lo solucionaré, por ahora ocúltalo…-Le susurró Sirio al oído para luego volver la vista hacia Geak y darle la mano en un fuerte apretón- Le agradezco mucho su valentía por haber rescatado a mi esposa, tome, acepte esto como recompensa –Indicó sacándose uno de sus anillos de oro y dándoselo a Geak –Es de oro puro pero tiene otras facultades que usted mismo descubrirá más adelante si le acompaña el talento… bien, ahora con mi mujer nos marchamos a descansar, que tenga una buena noche, nos veremos mañana, gracias nuevamente- Y con gran cortesía se despidió para llevar a Inuwel de la mano hacia el pasillo de los camarotes.

Prontamente todos se dispersaron, había muchos camarotes desocupados, todos en condiciones deplorables pero era mejor que ir en el sótano o en el exterior. Cada uno podía dirigir sus pasos hacia donde quisiera aunque las órdenes dadas estaban más que claras. En tanto Inuwel avanzaba con Sirio maldiciendo su mala suerte al tener un número que lo separaba de la protección de su aliado.

-¿Y bien? ¿Qué piensas hacer?... estoy segura que lo hicieron apropósito, “él” debe saber que estoy aquí… es lo más seguro…-Comentó Inuwel evidentemente exasperada.

-Puede ser, pero eso no implica que por ello no podremos hacer nada, tu quédate tranquila Inuwel y confía en mí, hasta el momento he llevado esto perfectamente, mejor ve al camarote y espérame en él, ah, pero antes dame tu número-

-Vale…-Inuwel se sacó del bolsillo su número cinco y se lo pasó, Sirio lo tomó con cuidado y luego dirigió sus pasos hacia uno de los pasillos, la mujer sin tener ganas de averiguar cómo lo iba a conseguir se dirigió a su cuarto calibrando sus oportunidades de sobrevivencia mientras acariciaba su pulsera plateada que brillaba levemente, y una vez adentró se encerró con pestillo admirando desde una ventana circular la luna roja de Sanctra en toda su magnificencia.

Ahora el barco marchaba tranquilo hacia el punto inicial de la aventura, cada uno tendría ahora la oportunidad de reparar en sus heridas, planear qué hacer y descansar.
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Inuwel
Belleza letal

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Re: El Banquete

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