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El Banquete

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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Dic 05, 2011 4:48 am

Mirando hacia atrás mientras estaba en el bote, pude ver al barco enemigo cómo se estampaba en llamas contra el barco en el que hacía poco mis escasos ahora hombres y yo habíamos estado. Rodrack y sus hombres habían sido cruelmente ejecutados a base de ballesta cuando pasamos por su lado, falleciendo ensartados a virotes como perros sarnosos.

De repente, una gran explosión se escuchó a nuestras espaldas. Al mirar hacia atrás, pude ver como ambos barcos eran totalmente consumidos por una inmensa y espectacular deflagración que arrojó por todas partes cadáveres, astillas y armas. Si bien a nosotros no nos alcanzó la explosión, sí nos alcanzó la onda expansiva que fue propagada por las olas. Todos nos agarramos, preparados para el impacto, pero pude ver como a un hombre se lo tragaban las olas, hundiéndose como un peso muerto. Intentamos salvarle en un principio, pero desgraciadamente estaba demasiado lejos para cuando nos dimos cuenta. No pude evitar dedicarle unas palabras:

-Maldición… Otro buen hombre muerto… Descansa en paz, camarada.-

Los demás hombres me miraron con asentimiento, mostrándose de acuerdo con mis palabras. En ese momento me di cuenta de que su ballesta y su carcaj seguían en el barco, pues durante la remada se las había quitado para que no le molestaran. Decidí que sería buena idea darle un futuro uso.

Poco rato después, nos hallábamos subiendo al barco que había llegado para recoger a los que logramos pasar la primera “prueba” y sobrevivir a todo aquél caos marítimo. Una vez arriba, pude ver a varios grupos de personas armadas que nos miraban, como evaluándonos. Había más gente metida en el ajo, según parecía.

De repente, un hombre bajito y menudo empezó a decirnos cuáles eran las indicaciones para el resto del viaje, y se nos informó de que éramos los que habían pasado las pruebas de iniciación para aquella aventura… Al parecer, sólo querían a los mejores o a los más afortunados. Sin embargo, la forma de hablarnos me hizo pensar en que aquél hombre jugaba con fuego al llamarnos imbéciles. ¿Sería tan valiente si lo enganchara algún día con la espada?

Tras eso, empezó a explicarnos las reglas que deberíamos cumplir a rajatabla para poder seguir en el barco en lugar de ser arrojados al mar para alimentar a los peces. Nada de cadáveres ni enfermos, nada de peleas, todos deben ayudar, nadie puede caminar de noche por el barco, la organización del equipo depende de nosotros y nadie puede comer más de lo que le toca. No era mala normativa, ciertamente.

Tras eso, nos dijo que se nos indicarían más cosas cuando llegáramos a Theezeroth, y que participaríamos en un sorteo para ver quién iba en cada grupo, haciéndonos poner en una cola perfectamente ordenada y sin que se peleara nadie. Yo acabé en el grupo con Ivo, además de con un orco, un elfo, el hombre del barco que había acabado bastante mutilado y un hombre que parecía deseh y conocía a una mujer de cuerpo voluptuoso y al elfo.

Yo me acerqué a Ivo y al hombre mutilado, y empecé una conversación con ellos antes de irme a buscar un camarote vacío:

-Maese Ivo, al final parece que compartimos el honor de ir en el mismo grupo, lo cual viene bien para la alianza que establecimos en el barco. No sé usted, pero a mí cada vez me da más mala espina esta aventura… Y usted… ¿Necesita que le ayude con algo? Si no se le curan rápido las heridas, perfectamente podría acabar muriendo, ya fuera por infección o por pérdida de sangre.-

Tras acabar esa conversación y ver si podía ayudar al herido o no, decidí buscar un camarote, donde por fin pude descansar. Ahí encontré una especie de libro de viaje con las hojas vacías. Alcé una ceja ante ese hallazgo, pero por algún extraño motivo decidí guardármelo. Quién sabe. A lo mejor me daría por escribir algo acerca de mis viajes… Algún día. Ese momento no sería, desde luego, pues decidí tumbarme en la cama tras quitarme la armadura y quedar tan sólo con las botas, un chaleco y unos pantalones de cuero. Quería descansar un poco antes de que trajeran comida. Necesitaba recobrar fuerzas.
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Re: El Banquete

Mensaje por Geak el Lun Dic 05, 2011 3:00 pm

El elfo alzó los hombros:

-Como veas- Dijo con una sonrisa a la muchacha. El humo se hacía cada vez más intenso y oscuro, había que salir de allí cuanto antes.

-Movámonos o pareceremos salmones ahumados- Dijo riéndo, al imaginarse a sí mismo como un salmón. Comenzó a caminar con la joven pasillo alante, con el brazo tapando la nariz y la boca, tratando de respirar el menor humo posible. Pocos pasos más hacia delante Geak e Inuwel se encontraron con Sirio. Ahora, guiado por el hombre del turbante, el elfo se abría paso entre la multitud, hacia un bote que, como indicaba su nombre, les salvaría la vida. Mientras se movían por cubierta a por uno de esos barcos, un tipo humano-aunque por su aspecto parecía un orco- enganchó al elfo de un brazo. Geak viendo como se alejaban Sirio e Inuwel propino con la mano libre un golpe en la cara al tipo que lo agarraba, a la vez que exclamaba:

-¡Quita bicho!-

El elfo avanzó sorteando enemigos. No fue muy difícil, ya que todo el mundo se peleaba con todo el mundo, y Geak no tuvo que sacar sus armas, solo seguir el rastro de hombres que iba dejando Sirio. Al final Geak llegó a la altura de Inuwel, más alante, Sirio tumbaba a dos tipos con el sable. Los tres ya tenían bote, el tiempo se agotaba. Primero la mujer y después el elfo bajo de un salto a la embarcación.

-Pueees...¿Estamos todos no?- Dijo con una sonrisa.

Detrás suyo el barco ardía y aquellos que no estaban muertos se tiraban desesperados al turbulento mar o se mataban entre ellos por un bote como el que ahora tenía el grupo. La situación parecía desesperada y un tono de seriedad se reflejo en el elfo al ver como los barcos ardían. A pesar de su actitud a Geak le importaba la vida, y no le gustaba ver como los demás la perdían, por ello no solía matar, a no ser que fuese estricto hacerlo, o que lo que mata tenga la función de morir, como en la caza.

Algunas barcas se mantenían a flote, y se dirgían al barco indicado, cuando una gran explosión sacudió el mar...El tiempo se había acabado...

Geak se giró, ahora mirando a los dos acompañantes que tenía, con una sonrisa, tratando de ocultar la frustación que sentía. Pronto llegaron al barco acordado, allí Sirio entregó el trozo de sirpe y los tres subieron al barco, a reunirse con los pocos que había podido llegar.

Cuando todos estuvieron a bordo un pequeño hombre hablo con un tono despectivo, a lo que Geak carraspeó cuando menciono lo de los heridos. Aquel hombre le había caido mal al elfo por como menospreciaba a los presentes.

-¡Una prueba!¿Han muerto un montón por una selección?- Dijo en voz baja, negando con la cabeza, decepcionado, ya no le hacía tanta ilusión la aventura. Por suerte se le pasó cuando vio a aquel tipo irse. La seria voz de Sirio sonó en su espalda. El elfo estrechó la mano del hombre, con una gran sonrisa, y negando con la cabeza:

-Nada, Sirio, no hace falta que me lo agradezcas, hice lo que debía, lo abría echo por cualquiera-Dijo, sin perder su habitaul tono afable, y más tarde cuando Sirio le regalo uno de sus anillos, el elgo negó con las manos, incapaz de aceptarlo.-Eh, Sirio, no tienes que agradecerme nada, enserio, solo hablame de tu...El elfo entendió entonces que sería una falta de educación no tomar el anillo, así que lo cogió, y lo puso en el anular izquierdo.
-¡Muchas gracias!Le daré buen uso, ¡lo está dejando en malas manos!- Dijo contento por el anillo, mientras le devolvía el saludo.

-Sí, cuidaros, no me fio un pelo de estos tipos.-Acabó Geak, mientras le dirgía una mirada a uno de los marineros.Para luego despedirse con una gran sonrisa.El elfo le prestó atención a su número, el 2. Pronto se encontró con los mismos que tenían su número, parecían buenas personas a primera vista -todas se lo aprecían al elfo-

-¡Buenas!- Dijo, acercándose al grupo, y enseñando su tablón.-Bueno, soy Geak¡Encantado!- Dijo con la alegría y actitud propias en él. El grupo parecía fuerte, al elfo le gustaba la idea, pero se percató, caundo el tipo de la armadura habló, de que a uno de ellos, el cuál era humano, tenía un brazo mutilado, un aspecto bastante feo. Enseguida el elfo se quitó la capa, llena de hollín, bastante chamuscada y sucia, pero era lo único que tenía, y había decidido dejar de ocultarse tras ella, y se la tendió al hombre.

-Se que no es mucho, pero creéme mejor estó que la borda.-Dijo tendiéndosela para que ocultase su brazo, con una amplia sonrisa.-¿Somos un equipo,no?-

Después de una reunión breve, el elfo se despidió y se fue en busca de un camarote. No tardo en encontrar uno...Pero era muy pequeño, demasiado...El elfo no aguantaba estar encerrado, así que dejo sus armas encima de una cama y salió por la puerta, aún faltaba algo para la noche, y no quería morirse del aburrimiento, así que se fue a dar una vuelta por el barco.
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Lun Dic 05, 2011 10:16 pm

“Sangre y pólvora se entremezclan
Para dejar un rastro que solo
Los tiranos pueden seguir”

05 de diciembre de 2011

El aroma madera quemándose, a sal y agua, e incluso el de la carne quemada y la sangre derramada, el inventor no era tonto y tenía cierta noción de lo que pronto sucedería, con tranquilidad dejo su pesada mochila a sus espaldas, tratando de que todo su cuerpo fuera cubierto por esta, los segundos pasaban mientras bajo el amplio mostacho una sonrisa surgía, casi podía sentirse la cuenta regresiva … cuando estallo, casi se podía ver con el reflejo del agua aquella bella hecatombe, la explosión no solo hizo que el polvorín estallara, sino que también hizo que todo el barco saliera disparado por el aire, junto a su compañero el cual al estar literalmente apuñalándolo no tuvo mejor suerte, los cadáveres, leños y quien sabe …. Quizás algún infortunado que vivió lo suficiente como para mirar desde las alturas los demás barcos, aunque hubiera sido mejor que no hubiera nadie vivo, ya que cuando impactaran contra el agua, terminarían reventados o desmembrados, lamentablemente no todo fue tan bello, algunos leños y porque no decir, maderos salieron disparados en todas direcciones por la explosión, uno de estos objetos fue a impactar directamente al rostro de Bastian, clavándose donde debiera estar su ojo y por el peso de la madera el globo ocular fue arrancado de cuajo, siendo tan solo un trozo sangrante sobre la madera del bote, hubiera sido una fortuna que aquella herida, la cual era una sentencia de muerte para un inventor o tirador, hubiera sido la única, pero el destino era aun más cruel, un segundo madero impacto contra el brazo del joven, cercenándolo y tan solo dejándolo colgado de la piel y la tela de sus ropas, los gritos no se hicieron esperar y si aquellos por el ojo eran terribles, por el brazo eran desgarrador, el joven entraría en shock pronto si nos e hacia algo, el inventor dudo un instante en ayudarlo o no, mas de cierta forma podría serle útil vivo más adelante, con firmeza le hablo al otro hombre.

-Sujétalo fuerte, que no se vaya a caer del barco – mientras sacaba su arma y miraba si estaba cargada- escúchame Bastian… esto te dolerá, pero es mejor que morir desangrado-

Dándole un golpe al cañón, este dejo caer la pólvora en la mano del inventor y tomándola la presiono contra el brazo del joven, para encenderla con un yesquero, la pólvora se incendio y el aroma a carne quemada se hizo presente, mientras poco a poco la sangre dejaba de fluir, y la herida se cauterizaba, aun gritaba pero era normal, una herida así podría hacer que hasta un enano perdiera de cierta forma su cordura, la primera cauterización no fue suficiente y aun a pesar de los gritos el inventor nuevamente utilizo pólvora para cauterizar los restos de carne palpitante y la sangre, con la herida mas manipulable saco un trozo de tela de seda, y con fuerza amarro la herida, mientras miraba al hombre.

-Es lo mejor que podemos hacer ahora… si hubiéramos estado en el barco, lo más seguro es que te hubieran puesto la hoja de una espada al rojo vivo-

Pronto el otro barco les tendió una soga, y mientras el inventor subía, claro algo manchado de sangre por la herida de Bastian, el hombre musculoso lo ayudo a subir, ya que la pérdida de sangre y el dolor de la herida debían de ser insoportables, ya en el barco un hombre apareció, junto con los marineros desaparecidos y “otros” individuos, las palabras de un miserable el cual, al mirar al grupo mostro más que desprecio, de cualquier manera las palabras fueron escuchadas, y el numero sacado, al parecer habían sido casi todos seleccionados, o bueno todos los sobrevivientes de aquellos dos barcos, con tranquilidad sonrió mientras el conde se le acercaba.

-Quizás le visite en su camarote Joven Khaelos, ya que desearía hablar de negocios con usted *pronto un elfo se acerco al grupo, sus palabras parecían contrarias a la forma de expresarse de su propia raza, mas el inventor con una sonrisa le hablo* esperemos que el “grupo” no se reduzca mas… recuerde joven que cuando zarpamos… superábamos los doscientos-

El inventor hizo un amago de inclinación y se retiro, mientras dejaba las cosas en un camarote, bastante destartalado para ser sinceros, comenzó a limpiar sus armas, el golpe había terminado por sacar la pólvora restantes de sus armas y con cuidado comenzó a limpiarlas y porque no decirlo, revisar las piezas que había sacado del lanza llamas, algunas parecían de bastante utilidad, otras podrían serlo más adelante, después de unos minutos el inventor cerro su mochila y se llevo un arma a la cintura, jamás era bueno salir sin sus “pequeñas” .

Dos golpes fueron lo que fueron tocadas en la puerta, mientras el inventor entraba a esa habitación y veía al conde recostado sobre su cama, el inventor hizo un respetuoso saludo, mientras tomaba una silla cercana y se sentaba en ella.

-Joven Khaelos, disculpe que le trate con tanta familiaridad, pero quería tratar asuntos con usted, viendo que tenemos cierta alianza, por decirlo de una manera, me gustaría hablar sobre esta pequeña incursión que estamos haciendo … realmente desconfió de las intenciones de quien nos ha hecho venir hasta este lugar, por lo que quería proponerle un acuerdo de ayuda mutua, por lo que si se encuentra en peligro o con dificultades, tenga la seguridad que tendrá mi ayuda, al igual que esperare la suya, por ello dígame …. ¿Le parece bien este trato?-



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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Mar Dic 06, 2011 12:13 am

Mientras intentaba relajar a mi perro entre mis brazos sentí sus dientes tratando hundirse en mi cuello, la piel se rompió pero no se hundieron profundamente, solo constituyendo un raspón grave contra mi cuello, tras esto y dando unas fuertes patadas el animal consiguió liberarse de mi agarre, escapando del bote salvavidas desde donde había asegurado posición para poder zarpar prontamente, mas en desconocimiento de la existencia de ese aparato explosivo Salí del barco salvavidas para intentar alcanzar a Baldur, quien inocentemente se había echado al agua y empezado a patalear hacia las ruinas en llamas que empezaban a hundirse.
Entonces, la muerte sufrió un momento de inspiración, y decidió cobrar la vida del animal que me había servido fielmente durante años, además… de mi integridad física.
Una primera explosión quiso alertarme de lo venidero, mas… no consiguió prepararme para ello, y la segunda explosión ocurrió casi de forma inmediata gracias al fuego que yo mismo había perfeccionado: la ironía era sabrosa.
Las esquirlas saltaron en mi contra, yo pese a tener los reflejos mas afilados que un felino, proteger mi rostro usando el brazo no fue una idea muy lista de mi parte y además de inútil, una esquirla de madera se enterró en mi ojo, y ,tras dar un incomodo y doloroso giro dentro de este, lo arranco, siguiendo su camino y fue a dar al agua, otra esquila, esta proveniente de una espada rota, paso por la parte de mi brazo que solo estaba cubierta con armadura de cuero, esta paso por encima de mi codo, cortando profundamente… instintivamente supe que debía faltarme un tendón…
La desesperación inicial me hizo hiperventilarme por un momento, el dolor fue tan grande que no conseguí quejarme o gemir… pronto mis sistemas de defensa se iniciaron de forma absoluta y completamente perfecta y sincronizada…
Actué casi por instinto, y es que era la única forma de sobrevivir en ese infierno, el dolor dejo de existir, el pasado y futuro también… y mi voluntad de vida se convirtió en el único testamento que me permitiría salir de ahí para ver otro día, para verla a ella, y a ellos en el patíbulo.
No era que no sentía miedo, o dolor, cualquiera que pudiera verme notaria que mi dolor y heridas dificultaba ampliamente mis movimientos, y que mis piernas tiritaban frágilmente mientras mi ropa empezaba a llenarse de sangre, mas… los que pudieran leer mi mente, se encontrarían con un silencio casi sepulcral, y solo un conjunto de funciones primordiales trabajando.
Mi primer impulso fue tomar la mano del brazo que había sufrido el embate de las esquirlas, puede que hubiera perdido el movimiento de la extremidad por la falta de un tendón en esta, pero mi mano aun estaba en plenas funciones y capaz de moverse cómodamente, puse la mano contra mi hombro, y apreté fuertemente la correa que serbia para mantener unida la hombrera a mi cuerpo, con esto ya podía moverme de forma mas cómoda sin que la coyuntura funcionara en la dirección opuesta…
La segunda reacción fue casi instintiva, y rápidamente, saque de mi bolsillo un trozo de venda, que… pese a que era pequeño, cumpliría su función, y con este cubrí mi cuenca ocular sangrante y aullante, con lo cual empecé a caminar torpe y tortuosamente hasta el bote salvavidas… unos pocos pasos antes de llegar a este, colapse y caí de rodillas… mas, la gratitud de Jack seguía manifestándose nuevamente… y pronto estaba en el bote salvavidas sujetado por el musculoso espadachín… Ivo hablo algo que mis sentidos no se percataron… y cauterizo la herida usando pólvora… de haber estado consciente de mi mismo en ese momento, no habría dudado en pedirle el mismo favor…
Quede tendido sobre el barco… seguía actuando de forma automática… de forma tiritona mi brazo funcional se metió en los bolsillos de mis pantalones, los cuales estaban manchados de sangre por las lógicas razones que han de esperarse, primero saque una pastilla de color verde oscuro, la cual coloque en mi boca, mismo proceso sufrió una pastilla rojiza, ambas permanecieron en mi boca hasta que las hice bajar hasta mi estomago usando una gran cantidad del agua que llevaba en la cantimplora, la mayor parte de esta desperdiciada, ya que no podía coordinar bien mis movimientos.
Respectivamente eran un coagulante y un tranquilizante, los más potentes que tenía en ese minuto a mi alcance… con lo cual el sangrado del ojo debía parar, y el dolor disminuir lo suficiente como para poder llegar a un sitio con atención medica más especializada.
Subimos al barco mientras empezaba a recuperar parte de mi conciencia… aun seguía actuando como un autómata diseñado exclusiva y únicamente para tratar de sobrevivir ante cualquier situación que podía darse… mas a medida que los medicamentos surtían e efecto mi situación mental empezaba a normalizarse.
Un sujeto nos dio unas pocas instrucciones, como lo había pensando en un principio, era una prueba, al menos ya estaba más cerca de encontrarme con Tekner, quizás con su ayuda podría retomar los parajes de Thonomer que debían estar en mi posesión por mi derecho como Duque.
Prontamente, supimos que los que íbamos en los barcos que acaban de hundirse serian un mismo equipo, cosa conveniente gracias a la presencia de Ivo, Jack y el tenebre… mas no reconocí al elfo que se acerco más adelante.
El tenebre ofreció su ayuda… yo respondí, con voz entrecortada, aun afectado severamente por mis heridas.
- Puedes… ayudarme ofreciéndome protección mientras mis heridas sanan, y espero no sea una molestia compartir camarote conmigo, soy un doctor, y seré de gran ayuda al equipo mientras esté vivo, mi nombre es Bastian, y de estar sano, te saludaría con las formas de tu tierra, Tenebre-

El elfo repitió un gesto similar, respondí –agradezco tu ayuda elfo, mas, no es necesario, no sufro de enfermedad, y los heridos no son parte de esa regla-

Tras acordar las cosas suficientes, yo, y el tenebre nos encaminamos en busca de un camarote, el cual, en cuanto fue hallado, se dividió de forma equitativa, el tenebre podría descansar cómodamente en su lado, mientras yo podía limpiar y sanar mis heridas en el otro
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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Dom Dic 11, 2011 6:13 pm

Usted es un varón que se eleva sobre los 15 palmos, ha pasado la mayor parte de su vida cabalgando wargos y blandiendo espadas sobre una estepa infinita, plana… firme. Lo que al principio se antoja como una fatídica tribulación, de pronto termina conduciéndolo a una vida en la que lo ampara la certeza del dogma ideológico, y lo acompaña el tufo etílico de una vida de hedonismo placentero. El agua, por supuesto, sólo le gusta en pequeñas cantidades, y a ser posible con algún fermentado alcohólico. Tendría usted que ser un orco del mar de pasto, y no sólo eso, tendría que ser el mismísimo Therion Fortín de Acero, para comprender la magnitud de la incertidumbre y la impotencia que se desataban sobre su alma atormentada, al momento en que, hendiendo una ola gigante a bordo de un bote salvavidas, dio en preguntarse con el estruendo sordo de un grito ahogado por el vértigo:

¡¡¿PERO CÓMO MIERDA LLEGUÉ A PARAR A ESTA SITUACIÓN?!!

La explosión, por supuesto, lo fue a encontrar desprevenido, en un momento en el que inhalaba complacido el aroma entre pescado y polvora de la carne aún tibia de sierpe marina, olía… como a victoria. ¡Pero qué va! La victoria no era más que un recuerdo remoto en el pasado, o acaso una quimera emplazada en el futuro, lejana, lejana. Y la explosión se encargaría de dejarlo claro, de hacerle saber que todo era azar, todo era incertidumbre, ya nada estaba bajo su control, desde el momento en que dio en cambiar la simpleza de su vida de cazador guerrero por las marañas de la política, por esos ministerios tediosos del comercio, que le impelieron a esa fuga inconsciente que terminó por situarlo sobre las tablas bamboleantes de ese barco del carajo, que ahora volaba por los aires convertido en mil astillas, convertido en muerte… y abajo estaba el mar.

¿Cómo mierda había llegado a parar a esa situación? No lo sabía, su única certeza era que si terminaba en el fondo del mar, con los pulmones ahogados en el veneno salobre del agua del océano, aquella interrogante acabaría por perder su poco significado. Entonces, ¿Cómo mierda saldría de aquella situación? Por ahora subiendo al nuevo barco, abandonando cuanto antes a esa tumba móvil que los mantenía a flote, pero que profería a gritos la amenaza del naufragio conforme se inundaba y remplazaba con agua y sal el peso que había liberado aquel desdichado de barba trenzada, que todavía se debatía por sobrevivir flotando entre islas de fuego verde.

Desde lo alto les arrojaron 4 cuerdas gruesas como el mango de un mandoble, y que terminaban en 4 garfios herrumbrosos que con diligencia Ed y el orco fueron enganchando en las cavidades del bote destinadas a tal efecto. Todo, por supuesto, una vez hubieron comprobado que efectivamente cargaban con el trofeo apestoso que representaba aquella carne fibrosa. Entonces la fuerza de media docena de marineros se redireccionó con ese sistema mágico de las poleas, y termino por elevar al pequeño bote, que escurría muerte y agua por sus rendijas, para así hacer más fácil la labor de los que tiraban. Una vez arriba y aseguradas las ataduras, el orco sintió la confianza de la experiencia a la hora de dar aquel salto de fe, y lo habría hecho con la seguridad impasible de la rutina, de no ser porque la inestabilidad repentina de su superficie de apoyo alejó al bote del barco justo en el momento del salto, y una vez más se creyó desbarrancar por el abismo, hasta que el impacto de sus botas contra la madera de la cubierta le comunicaron que estaba ahora en superficie firme… ya sabe usted, el firme vaivén que tienen los barcos.

Una vez en la cubierta, Therion reparó en la estructura del barco, eran las mismas escaleras, los mismos mástiles y las mismas velas, parecía como si de pronto hubiera regresado el tiempo y una vez más se encontrara zarpando de Phonterek con la emoción de sus ideas malinterpretadas. Pero no era así, si lo fuera, habría salido corriendo a abordar de nuevo el bote salvavidas para remar hasta la costa, a la tierra estable de la que nunca debió salir. En cambio ahora un alfeñique insolente y respingón proporcionaba lo que hasta ese momento apenas si se había mencionado: Instrucciones. A Therion se le antojaba un poco absurda la mención de las supuestas “pruebas” que, según decía, ellos habían superado. Prueba era una palabra que para él evocaba organización, método… y todo lo que había presenciado hasta entonces era una orgía caótica de agua, fuego y sangre. ¿Pero qué más daba? Estaba demasiado agotado de toda esa basura, todo lo que quería era algo de quietud, que lo único que se moviera fuese su cabeza dando vueltas por el influjo del ron especiado.

Con la serenidad con que se vistió, una vez decidió mandar todo al carajo y dejarse llevar por la corriente, se formó en la fila que se organizó sobre la cubierta y apenas dio un vistazo a su ficha de madera antes de guardarla entre el revoltijo de su juego de cuchillos, para entonces dirigirse en busca de un camarote. Escogió el mismo que había tenido en la anterior embarcación, sin tener claro por qué, se quitó el yelmo que dejó descansar a un lado de la cama, y se dejó caer entonces cansadamente sobre el catre.

-Hola pequeña-

Saludó a la vejiga cargada con ron que estaba guardando para una ocasión especial, y se lamentó de que fuera la última y tuviera entonces que racionarla. Tomó un par de sorbos mientras fantaseaba con lo maravilloso que sería transgredir la entrepierna de aquella mujer del chador. ¿Habría sobrevivido?.
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Sáb Dic 17, 2011 8:25 am

Los días pasaban sin eventualidades perjudiciales para el grupo, podría decirse que por el momento el viaje marchaba calmo y monótono. Ya había pasado una semana y cada uno se había enfrascado en sus propias preocupaciones a lo largo del trayecto, los heridos atenderían sus malestares, los compañeros charlarían entre ellos y los recelosos de siempre se mantendrían al margen de los demás observando detalladamente todo cuanto hicieran los otros.

Las reglas estipuladas se cumplieron al pie de la letra, unos cuantos fueron arrojados por la borda, principalmente los enfermos, bastaba un sencillo resfriado para que algún tripulante del grupo contrario al suyo decidiera delatarlo para verlo caer y perecer bajo las aguas nefastas del océano, muchos compañeros hacían lo posible por esconder a los suyos ya sea por enfermedad o alguna pelea que hubiesen tenido con alguien y es que por culpa de las enfermedades o cualquier contratiempo que irrumpiera con las reglas los grupos se iban menguando hasta quedar demasiado pequeños y se desconocía si aquello pudiera ser un impedimento o algo perjudicial en el futuro de la supuesta cacería pero las sospechas frente a ese hecho y los rumores no dejaban de correr como el viento y ante la duda era mejor prevenir.

Puede que los pleitos no fueran visibles, revestidos estaban todos de una armoniosa hipocresía mas si alguien encontraba la forma de joder al otro no desaprovecharían en lo absoluto aquella oportunidad, razón por la cual Inuwel se mostraba molesta e insatisfecha mirando su pequeño madero con el número dos el cual Sirio Deneb había reemplazado de formas contrapuestas a la ley por el número cinco que realmente le había tocado a la licana.

-¿Qué tal si alguien se entera que lanzaste a ese tipo sin razón por la borda?-Inquirió la mujer entornando los ojos en su dirección mientras posicionaba su mano firmemente en una de las barandas del barco, ambos se encontraban en el exterior dando la impresión que admiraban la bastedad del mar, aunque lo cierto es que Inuwel ya no podía seguir soportando el viaje y todos los días salía a cubierta para ver si se divisaba tierra en el horizonte a pesar de tener consciencia de que quedaban unos días todavía para que el viaje se concretara.

-Nadie se va a enterar, lo hice cuando los grupos todavía no estaban conformados así que difícilmente alguien supiera a quién pertenecía ese sujeto, a menos claro que no te importara cargar con el número cinco…-

-Muy gracioso-Contestó con voz seca mirando hastiada al frente arañando constantemente la metálica baranda por cosa de la ansiedad. Inuwel en ausencia de aquel oscuro chador que en un principio se vio obligada a utilizar para ocultar su presencia se resignó en esta oportunidad solamente a usar el velo transparente sobre su rostro y su largo saree de tonalidad parda, gastada y algo cortada por culpa del fuego que alcanzó a dañar su telar. Si ella fuera como antes, antes de aquel desastroso momento en Eódhain no se sentiría así, tan insegura, temerosa y observada, miró su pulsera con extrañeza, aquel artículo le indicaba como una brújula donde estaba su bestia calag-meg pero al mismo tiempo se sentía vigilada y observada por la misma, amenazantes pesadillas la consumían en la inconsciencia durante las noches y la perseguían como espectros del recuerdo en el día, tenía ojeras, cansancio y su ánimo estaba por el piso, cualquier cosa que le dijeran le molestaba como si viviera con un constante dolor de cabeza.

A medida que el tiempo pasaba y caía el atardecer Inuwel divisó como un grupo de sujetos empujaban a un individuo de baja estatura, con hombreras metálicas y dos espadas en su cinto, en un principio daba la impresión que se iniciaría un pleito debido a los empujones y los intercambios de palabras altisonantes entre ellos, fue entonces la llegada de un marinero lo que interrumpió el conflicto, allí los sujetos le explicaron que descubrieron a ese hombre tosiendo, el individuo de nombre August rápidamente negó con la cabeza y las manos tratando de explicar que se trataba de una simple alergia, llegaron varios marineros para verificar sus palabras, dos le tomaron por los brazos mientras uno se encargaba de tocar su frente y garganta, y, para alivio de August, el marinero confirmó que no tenía fiebre pero que sería requisado nuevamente dentro de unos días por si se enfermaba. Los hombres se marcharon dejando solo al afortunado sujeto pero no se quedarían tranquilos hasta poder echar a alguien por la borda ese mismo día.

Therion desde los primeros días se sentiría atenazado por un sencillo resfriado que luego derivaría a un molesto dolor de cabeza y mareos continuos acompañado después de una intensa fiebre que le congelaba el cuerpo y le hacía hasta alucinar por las noches pero para su inusual suerte en todo ese tiempo nadie se había enterado de ello… hasta ahora.

-¡Eh revisen a ese orco, le he visto toser continuamente y caminar extraño!-Gritó de pronto un individuo cuando justo el orco tuvo la mala fortuna de salir del camarote hacia el exterior. Ese mismo día se iban a asignar los grupos y para desdicha del orco su fiebre durante todo ese tiempo no había hecho más que aumentar, pero justo cuando aquel chismoso había captado la atención de unos cuantos tripulantes se vio obligado a silenciarse frente a la presencia de aquel delgado individuo que fue la semana pasada el presentador de las reglas a cumplirse, esta vez lucía un elegante traje largo y ajustado de color escarlata con broches de oro y su coleta había sido reemplazada por una trenza bien ajustada además que se había dejado bigote, el hombre bajó las escaleras para posicionarse en el centro y extendió el mismo pergamino que antes usó para dar las instrucciones, aunque también le entregó a los marineros varios collares de cuero negro donde colgaba lo que parecía ser una piedra común y corriente.

-Los uno, los dos, los tres, los cuatro, los cinco, los seis y los sietes –Indicó apuntando con el dedo una determinada dirección para cada número -¡vamos, reúnanse los grupos!-
Todos entonces tendrían que ir a la dirección señalada por el número que les correspondía y verían entonces la desproporción de algunos grupos siendo el número siete el que más compañeros tenía y el cinco el que menos pero eso no parecía importarle al individuo que no hacía otra función que dar explicaciones.

-Y esos collares que algunos (destacó el algunos) de ustedes recibirá a continuación, ya que no alcanzaron para todos, sirve parcialmente como repelente para la influencia mágica del bosque de los engendros. Solo quedan cinco días para zarpar a nuestro destino… espero que se comporten correctamente en este intervalo de tiempo, de ahora en adelante tendrán que trabajar en equipo para las cacerías, una vez que lleguemos a la costa les daré otras instrucciones-

Cada uno del grupo numero dos recibiría uno de esos collares a excepción del orco, pero si le servía de consuelo no era el único con la misma suerte, se vio entonces como algunos sujetos de otros grupos discutían con los marineros al verse desprovistos de aquel importante collar.

Inuwel se amarró el collar en su muñeca con firmeza sobre el que ya tenía para evitar que se lo robaran al tiempo que miraba con desconfianza quienes serían sus compañeros, el único que tenía su confianza en esos momentos era el elfo de risueño carácter pero a los demás los desconocía completamente. No obstante no hubo mucho tiempo para las presentaciones porque cuando el bajito individuo se marchó todos los grupos miraron con desconfianza a los otros y fue entonces que el mismo sujeto que antes había acusado a Therion saldría entre medio del número cinco y volvería a señalarle ahora acompañado de sus compañeros -¡Ese orco tiene que ser echado por la borda está enfermo y nos contagiará a todos! –Gritó a viva voz llamando la atención de todo el mundo.

-¡Tus acusaciones no tienen ninguna prueba!-Bramó en respuesta Sirio Deneb en defensa de Therion haciendo amago de tomar su espada –Solo quieres quitarnos miembros por envidia, ¡y lo hará con todos ustedes!-Indicó mirando a los otros grupos-¡En su grupo solo tienen a tres sujetos y no descansarán hasta dejar a todos los grupos con la misma cantidad o inferior!- Si bien no conocía al orco en lo absoluto sabía que sería un instrumento importante en una cacería donde la fuerza era bastante necesaria para atrapar bestias además que no estaba dispuesto a perder a ningún compañero y quedar en desventaja frente a los otros grupos.

Lo normal en estos momentos sería que uno de los marineros fuera a verificar si aquel orco estaba o no en condiciones de continuar en el barco pero uno de ellos daría alerta de algo mucho más importante, de pronto un fuerte chillido se escucharía a la lejanía, aquel ruido se iba tornando cada vez más intenso pero también imprevisto, fue entonces que los cuadernillos de Ivo y Khaelos marcarían de súbito en una de sus hojas en blanco el dibujo de lo que a simple vista parecían ser patas de gallo pero cuando alzaran la vista hacia el cielo tendrían noción de a qué se refería. Ahí en el cielo una gran oleada de mujeres revestidas de plumas sobrevolaba el firmamento para descender en picada chillando con tanta intensidad que hacía dañar los oídos de los más sensibles.




Aquellas arpías que vivían en alguna de las islas inexploradas de aquella zona solían asaltar a los barcos que pasaban por esa parte de la costa, eran más de veinte, e Inuwel de pronto se agachó sobre sí misma llevándose ambas manos sobre los oídos, si bien había perdido la mayoría de sus capacidades raciales por la extirpación de su bestia todavía cargaba con las desventajas licantrópicas y su oído era demasiado sensible para tanto ruido viviéndose insoportable el aguantar a aquellos seres. Una de las arpías bajó en picada agarrando a un humano del grupo uno, tomó de su brazo mientras sus compañeras se acercaron para tomarle del otro brazo y de las piernas, después entre todas comenzaron a tirar para desmembrar a ese pobre infeliz que no dejaba de gritar por el dolor para finalmente tirarlo a la mar como si fuera escoria. Y para desdicha de Inuwel aquellas criaturas tenían un odio irracional y profundo con las mujeres, una banda de cinco arpías descendió contra ella empujándola contra el suelo con rudeza para luego comenzar a “picotearla” con las patas mientras Sirio Deben las combatía con su espada haciendo lo posible por asegurar la vida de su compañera. Nadie estaba libre de los ataques de aquellas arpías y si no se defendían terminarían con un destino peor que la muerte.

-¡Al ataque!-Gritó uno de los hombres arpándose de su ballesta y disparando con precisión contra una de esas malditas arpías la cual cayó en picada contra el agua al ser atravesada por esa flecha en la cabeza. Todos inmediatamente se pusieron a luchar contra aquellos seres, algunos fueron atrapados por aquellas siniestras criaturas teniendo un final fatal mientras otros iban contando como por diversión a cuantas de esas arpías se cargaban.
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Jue Dic 22, 2011 3:30 am

No importa si vuela o repta
Si camina o corre
Nada escapa de la muerte
De aquella bella doncella
Que con sus manos pálidas
Reclama lo que es de ella
La existencia de tanto
Mortales como dioses.

Christian Chacana 21 de diciembre de 2011

Que se podría decir, desde la muerte y el aroma a pólvora, el de la sangre y el metal, el sonido de las mechas sonando, y los gatillos detonando, música para el inventor, melodía angelical para sus oídos, su mente jamás se detenía y aun mientras permanecía en ese pequeño camarote miraba el techo y como si dibujara en su superficie ideaba nuevas creaciones, desechando las inservibles y almacenando en su mente las nuevas, más que hacer en todo ese tiempo … el inventor no estaba acostumbrado a permanecer simplemente acostado o sentado durante largo tiempo, con un largo suspiro y una sonrisa se levanto de la cama, cerrando la puerta tranquilamente, camino por el piso de madera, mirando por la pequeña escotilla que hacía de ventana, rápidamente se coloco a trabajar, con vigor desarmo la cama o mejor dicho aquel nicho, encontrando algunos clavos y madera, suficiente como para trabajar, la paja que hacía de colchón termino en el piso, en una esquina, mientras el inventor abría su mochila, desarmando algunos cierres que tenia y abriéndola en toda su extensión, parecía un pequeño taller, ahí estaban sus herramientas, las te un carpintero hechos en acero del mejor, tornillos, clavos martillos, sierras y pinzas, algunos frascos con productos químicos, otros con explosivos, pequeñas ánforas con fuego griego y algunas corrosivas, el inventor se saco su cinto y de este pequeñas divisiones se mostraron, dejando ver aun mas herramientas, estaba listo para trabajar, extrajo la ballesta de uno de los lados de la mochila, el arcabuz de su espalda, era tiempo de trabajar, mas el inventor también estaba nervioso, dentro de la mochila había una caja negra y dentro de esta algo demasiado complicado de explicar, de cualquier manera el inventor comenzó a trabajar.

La cama fue completamente destruida y su madera, aunque no era de la mejor calidad podía servir, durante dos días el inventor permaneció en su camarote, sin comer y bebiendo lo justo únicamente, ya que el vino que había no era de su gusto, en dos ocasiones el conde había tocado a su puerta y se había sorprendido realmente por lo que había dentro, en esos dos días el inventor había podido reformar su ballesta, ya no era necesario que lanzara los cuatro virotes de golpe, si no que por medio de una pequeña ranura los virotes eran introducidos y por una pequeña palanca y a la vez cuerda eran cargados, una de las piezas retirada de ese lanzallamas había sido idónea para el trabajo y en varias ocasiones había probado esa arma, aunque claro, únicamente contra la pared de madera , no era tan rápida como una ballesta de repetición, pero si podía lanzar mas virotes sin tener que recargar de inmediato, el conde y el inventor tuvieron varias charlas, algunas sobre su ejército, otras sobre sus creaciones y el futuro de su nación, el inventor en más de una ocasión, sin ofender hablaba mientras trabajaba, su sonrisa no cambiaba y las pequeñas piezas de metal y madera comenzaban a tomar forma entre sus dedos, piezas que debían de ser trabajadas con esos googles para hacerlas perfectas.

-Joven… sabe que las armas son un arte, no me comparo con un herrero o un artesano, pero un arma es una obra de arte *mientras instalaba el pequeño gatillo en la ballesta* por ejemplo … esta arma me ha tomado dos días en reacondicionarla y quizás mucho más tiempo en perfeccionarla, pero si hay algo mejor, créame que será desechada … todo tiene un límite, y la tecnología obsoleta no puede compararse con la actual … *de pronto miro la caja negra y se acicalo el amplio mostacho* dependiendo de esta aventura las cosas pueden dar un giro en el mundo … quizás sus ejércitos estén acostumbrados a las simples lanzas y espadas, e incluso a esa magia la cual me parece algo carente de importancia, dentro de una década … o quizás antes las espadas pueden quedar en desuso … la magia despreciada … pero eso quizás no sea visto por mis ojos o los suyos … de todas formas nuestro acuerdo sigue en pie y no se preocupe joven Khaelos si de esto saldrá vivo alguien … esos seremos nosotros, claro … mientras no se cometan estupideces o retrasos por los demás-

Aquella noche el inventor termino durmiendo en la silla, y con los primeros rayos del alba despertó, claro no muy bien, pero no había sido la peor noche que había pasado, llevando las tablas y leños del resto de su cama y de otra que hizo desarmar comenzó a construir algo en la cubierta, pasaron tres días hasta que estuvo completado, no era menos que una ballesta, pero de grandes proporciones, una ballesta fija con la cual se cazaba a las ballenas, mientras el inventor terminaba e calibrarla y ajustarla, sus herramientas estaban a su lado y como siempre se preocupaba de que todo estuviera perfecto, en aquel momento escucho el barullo y escándalo y de reojo vio como comenzaría un pleito, mas el inventor no le tomo mucha importancia tensando la cuerda y colocando un virote hecho de una pata de mesa, gruesa como un pulgar y tan larga como un brazo, mas el barullo se detuvo y mientras el inventor recogía sus cosas el hombre que les había entregado los números volvió a aparecer, esta vez con su voz totalmente desagradable comenzó a hablar y a entregar algunos collares, la mayoría de el grupo que había recibido el numero dos obtuvo el collar, a excepción del orco que parecía enfermo, pero el inventor prefirió guardar silencio, mientras ataba el collar a su brazo y no a su cuello, ya que le daba un mal presentimiento, de cualquier manera, miro hacia el mar y hacia las olas que parecían calmadas, nuevamente comenzó la discusión, esta vez uno de los de otro grupo atacaba al orco, mas la interferencia de un hombre con turbante hizo que se callara … lamentablemente las cosas estaban lejos de terminar.

Un sonido extraño surgió y rasgo el aire, como un chillido agudo y que se acercaba mas y mas, pronto vieron de que se trataba ya que varias criaturas repugnantes revoloteaban en el cielo, con cuerpos femeninos hasta la cintura, carentes de brazos y con alas en su lugar, mientras que desde la cintura para abajo tenían cuerpo de ave, eran arpías, el inventor había oído de ellas y el aroma a muerte les rondaba, ante los ojos del inventor una de las arpías agarro a un marinero o quizás aventurero, no quedaría mucho para identificarlo cuando entre sus hermanas lo desmembraban y lanzaban al mar, ahora querían mas y quien mejor que los del grupo, el inventor rápidamente se lanzo hacia la ballesta fija, mientras se podía escuchar el sonido del metal y los gritos, mas el inventor necesitaba un tiro ya que era todo lo que tenia, rápidamente apunto hacia una de las arpías, extrañamente sobrevolaba entre las velas y de un solo tiro y confiando en su creación el virote salió disparado, cortando el aire e impactando a la arpía en todo su pecho, un chillido agudo se escucho cuando el virote y la arpía quedaron clavados al mástil principal, la arpía chillaba llamando a sus hermanas mientras aleteaba y la sangre comenzaba a gotear del virote, no demoro más de cinco segundos en dejar de chillar, pero el inventor debió de correr por su vida ya que un grupo de tres arpías se lanzaron hacia la ballesta y antes de que pudiera hacer algo, el inventor vio como su creación era hecha trizas por esas criaturas.

Las cosas no se quedaron ahí, ya que después de hacer trizas aquella hermosa creación sus miradas se posaron en el hombre del mostacho, este vio que las arpías levantaban vuelo nuevamente pero ahora hacia su dirección, con rapidez inusual saco su ballesta y disparo, una de las arpías se movió, por lo que el virote dio contra su ala y debió de haber dado en el hueso ya que cayó como un plomo hacia la cubierta del barco aleteando desesperadamente mientras el inventor volvía a recargar y evitaba que las arpías le atacaran, cuando estuvo listo el nuevo tiro disparo, mientras el virote surcaba el cielo el impacto dio de lleno contra la frente de una de esas criaturas, incrustándose en su cabeza y haciendo que cayera al mar donde las olas la devoraron en segundos.

Lamentablemente las cosas no eran muy buenas para el inventor o cualquiera, una cuarta arpía se le lanzo, mientras la que parecía tener el ala rota había sido decapitada por el conde nigromántico, el inventor apretó sus dientes para golpear con la ballesta el cuerpo de la mujer, y tomando uno de los mismos virotes apuñalando su pecho, mas en esos instantes el aleteo cercano lo hizo retroceder, no pudiendo evitar que su ballesta cayera a la cubierta y en un parpadeo ser robada por una arpía y lanzada al mar, el inventor apretó los dientes y maldijo, había perdido dos armas en ese maldito combate y no tenía ninguna a mano … su hacha estaba a varios metros de él y las arpías estaban rodeándole, el inventor retrocedió hasta que su espalda dio con el muro de madera, las arpías chillaban desesperadamente, con furia e ira, mas el inventor dejo de sonreír y cerro sus puños.

-Ustedes me han obligado… no quería usarla aun… pero no me dejan mas opción alimañas… Prototipo Egg 0-13-

En aquel instante la mochila del inventor se abrió y la caja negra se desintegro, en las manos del inventor un arma de color negra y gris se materializo, y con un largo suspiro apretó el gatillo, la detonación no fue igual a la de un arma común, si no era el mismo sonido de un martillo golpeando un yunque, del cañón del arma salió disparada una lluvia de esquirlas de metal y balas, dos arpías cayeron muertas, con sus pechos horriblemente lacerados y sus rostros deformados por el tiro, una tercera cayó al suelo revoloteando con una de sus alas destrozadas, en ese momento el arma comenzó a girar, volviéndose a cargar, las manos del inventor temblaban, no era por miedo a esas criaturas, si no por el hecho de que con un simple disparo había hecho tanto daño, mas no había tiempo para pensar en eso, de reojo vio como el conde tenía problemas y corriendo algo apunto, mientras gritaba.

-¡¡¡KHAELOS AL PISO!!!-

El inventor vio al conde echarse al piso y sin dudar disparo hacia las cuatro arpías que habían unos metros sobre él, la primera ronda de disparo hizo lo mismo que la anterior, saliendo disparada por el arma, mas mientras que el arma volvía a girar corrió hacia las arpías, ya que si con ese disparo no murieran, haría nuevamente otro, cuando se escucho el clac del arma, acciono el gatillo de nuevo, disparando hacia las arpías que quedaran.



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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Dom Dic 25, 2011 5:57 am

Creo que podría considerarme un tipo afortunado… soy noble, listo, y tengo dinero para darme algunos lujos, nada mal para la situación en la que estaba: varios nobles thonomerianos querían mi cabeza y vivía en el exilio ya que mi familia estaba muerta… aun así, me consideraba afortunado, había sobrevivido el infierno y aun tenía fuerzas para seguir en pie como los muros de un bastión inexpugnable.
Quizás perdí un brazo y un ojo, pero aun tenía lo elementos más importantes para un hombre que está pasando penurias: su vida, su ingenio, y las ganas de usar estas dos cosas.
No era invulnerable, pero la única herida que me maldecía verdaderamente era la muerte de mi mascota, quizás, lo único que en ese momento mermaba mis fuerzas físicas y mentales era el recuerdo de Baldur… mas tenía esperanzas en las muestras de pelo y sangre que tenía en Drunk Thrond, el Fox hound permanecía vivo, solo que tendría que esperar a ser recreado como un homúnculo.
En el sitio donde antes estaba mi ojo, ahora se apreciaba un parche, mi brazo estaba en un cabestrillo, una de las muchas cosas que llevaba entre mi equipo médico.
Desde que empezó la semana aparte una mesa dentro del camarote que compartía con el tenebre, en ella instale los equipos necesarios para realizar pequeños experimentos alquímicos, debido a que estaba en recuperación por mis heridas tras la explosión me limitaba a escribir mucho y a hacer pequeñas cosas con el improvisado laboratorio.
Entre las cosas más destacables que hice fue algunas píldoras de nutrición, estas pequeñas maravillas alquímicas varios nutrientes y elementos importantes para el cuerpo, lo cual servía como arma de doble filo: evitando enfermedades y ayudando a su recuperación, como era mi parte del trato repartía estas pastillas entre el grupo, con ellas seria mas difícil contagiarse de algún enfermo que fuera suficientemente listo como para pasar desapercibido.
Secundariamente entre mis compañeros repartí pequeñas dosis de un remedio genérico contra el resfrió, probablemente no sería de gran poder en el orco y el elfo, mas podrían ocultar los síntomas de un resfrió por un día o dos, suficiente como para pasar desapercibido y si eran listos y se sentían mal, sabían que tenían a un medico en la cuadrilla.
Además de esto, hice un ungüento que debería lentamente ayudar a regenerar los tejidos perdidos en mi brazo, aunque poco podían hacer por mi ojo, quizás podría recuperar la movilidad en lo que llegábamos a Thezeroth
Hablando de compañeros de equipo, aunque pasaba la mayor parte del tiempo jugando con el laboratorio en el camarote, trataba de mantener buenas relaciones con todos, el maestro Ivo era un sujeto interesante, compartíamos variadas aficiones intelectuales, y aunque sabía que los hombres de ciencia no gustábamos de ser interrumpidos mientras trabajábamos, le di unas pocas visitas para entregarle las píldoras y medicinas que había hecho, hablábamos un poco, usualmente sobre alguna de las ramas intelectuales de nuestra preferencia, no tarde demasiado en pedir prestadas una de sus bombas y algunos de sus diseños armamentísticos a cambio de alguna de mis propias invenciones.
Basándome en los diseños que conseguí de Ivo, pude crear un arma que serviría mientras mi brazo sanaba, ya que la herida me impedía el uso de mi ballesta personalizada, se trataba de versiones pequeñas de las bombas de Ivo, contenidas dentro de envoltorios de papiro del algo más pequeñas que el tamaño de un puño, su forma redonda era excelente para arrojarse, y una vez consumida la mecha podía dependiendo de un agregado hecho por mí, producir un efecto concusivo* o lanzar varias esquirlas metálicas, aun retenía mi puntería en mi brazo derecho, con lo que esta arma aun podía llegar a ser mortífera usada de la forma apropiada.
EN cuanto a Khaelos, se dio una situación muy similar a Ivo, ya que compartíamos uno que otro tema en común, y debo decir que el tenebre tenía un genio militar que excedía el mío en varias situaciones, esto sumado a que compartíamos camarote, nos dio espacio para conversaciones de cuando en cuando mientras esperaba que el laboratorio rindiera sus frutos.
El elfo: Geak, era bastante amigable, además conocía su raza bastante bien, solía entablar conversación con él, más que nada cosas triviales, ya que nunca note ningún tema que pudiera unirnos de forma cercana mas allá de mi interés en la cultura elfica, sin embargo, hice todo lo posible por llevarme bien con él.
El orco era más intimidante, además de retraído, me limite a entregarle los medicamentos y a tratarle cordialmente según podía, no quería dejarlo atrás, pero no fui capaz de entablar conversaciones muy duraderas con él.
Sin embargo…
Cuando nos entregaron los collares anti magia, guardando el mío alrededor de mi cuello, pensé de inmediato en cómo no dejar al orco desprotegido, quizás si en tesoro pudiera encontrar muestras de esa planta podría preparar una pócima capaz de darle algo de protección mágica, al menos, para reducir el daño a largo plazo de la radiación energética del lugar…
Pero mi pensamiento se interrumpió cuando alguien acuso de estar enfermo al compañero piel verde, fui uno de los que salto en su defensa, dije con vos firme, señalando al orco y luego al acusador – Estas equivocado, soy doctor, y este orco ha estado bajo mi cuidado, si esta tosiendo o estornudando, es por otra cosa –
Poco o nada duro la discusión, para luego ser interrumpida por el ataque de unas arpías, las horrendas criaturas mujer ave flotaban en un círculo alrededor de la nave, como los buitres rodean un cadáver antes de lanzarse a devorarlo, sabia de historias de estas aves bestiales arrojando sus plumas como navajas hacia victimas incautas en el suelo, además de sádicas maneras de desmembramiento si te atrapaban con sus garras filosas como navajas de afeitar y poderosas como el fuego de un cañón.

Vagamente seria de utilidad en combate en esa situación, no podía disparar mi ballesta y mi mazo era inútil, fui realista, quedarme y jugar a ser héroe sería un suicidio o al menos una carga para los demás, escape a cubierto del combate, mas no pensaba tampoco en abandonar a mis compañeros, si lograba subir un poco, podría usar las bombas de esquirlas para romper las alas de las bestias voladoras…
Mas tuve oportunidad… una arpía se arrojo contra mí, viéndome como una presa fácil por mis heridas aparentes, ataco arrojándose contra mí en vuelo, tratando de cogerme con sus garras, no lo permitiría… así que me atravesé en el camino del que había acusado a mi compañero piel-verde de estar enfermo, seguí corriendo, la arpía fallo en su ataque, y supuse que cobro la vida del acusador, digno final para alguien así.
Entre por un pasillo, las arpías no podían seguirme hasta ese lugar… más aun tenía un plan, me arrodille, las bombas tenían mechas relativamente largas… puse en el suelo, para usar el encendedor rúnico que encontré en el barco hundido, prendí la mecha, la extensión de esta evito cualquier explosión antes de tiempo, con lo cual, pude salir de mi escondite por un instante para arrojar el arma tan alto como pude, en dirección de una parvada de arpías, si tenía suerte, el sonido las aturdiría lo suficiente como para que fueran blancos fáciles para los demás tripulantes.

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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Mar Dic 27, 2011 11:07 pm

Off: Perdón, sé que tenía plazo hasta el lunes, pero resulta que estoy en un maldito pueblillo en medio de los andes, y el internet ademàs de ser una porquerìa, a veces simplemente deja de funcionar.

On:

El primer presagio de la continuación de su desdicha, llegó una mañana en que el sol se imponía indemne a través de un cielo sin nubes de un azul inverosímil. Empeñado en su deseo de finalizar cuanto antes ese suplicio de atravesar el mar en un barco, Therion Fortín de Acero se había propuesto poner todo cuanto estuviera a su alcance para que el viaje continuara rápido y sin contratiempos, de manera que, cuando ofreció su ayuda a los marineros, estos le asignaron al grupo encargado de plegar y maniobrar esas velas gigantescas que se sostenían sobre los mástiles, según lo requirieran los designios del viento y del capitán. Como supusieron los hombres del mar, la fuerza del orco a la hora de tirar de las cuerdas gigantescas y atarlas en nudos sencillos a los soportes en la cubierta, terminó por agilizar el trabajo, y pronto terminaron integrándole a sus partidas de cartas y dados de los momentos de ocio, en los que su desenvoltura de apostador convencido, y de relator ferviente de anécdotas de sexo y guerra, por poco y terminan convenciéndole de que bien y podría pasar el resto de su vida siendo un marinero, de no ser porque el vértigo lo consumía con más voracidad que el mismo fuego griego cuando daba en asomarse por la baranda y se encontraba de frente con la inmensidad inconmensurable del mar, o cuando una ola demasiado grande impactaba al barco en las noches de tormenta.

Esa mañana, sin embargo, las fuerzas lo abandonaron, por un instante, pero de súbito, y la cuerda alcanzó a escaparse de sus manos, recorriendo vertiginosa un camino que revivió el ardor que había dejado en sus manos el fuego griego, conforme quemaban la piel con la fricción, y haciendo perder el equilibrio a un marinero en lo alto del mástil, que a punto estuvo de despeñarse para encontrar la muerte con el impacto de la madera. Con la ayuda de otros marineros sobresaltados, la cuerda por fin volvió bajo control y una vez puesta en su sitio, la vela volvió a hincharse de viento salado.

-Vaya a descansar señor Fortín de Acero, que no es buena idea trabajar con tanto ron en la sangre- Le dijo Martin Tres Esposas, un marinero de ánimos desequilibrados, del que no se sabía con certeza si se había hecho con el apodo por desposar a 3 mujeres, o por matarlas a las 3. Therion se mostró de acuerdo, pese a que en realidad no había tomado un solo sorbo de ron durante ese día, y una vez se sumió en la oscuridad de su camarote, se perdió en un sueño intranquilo de espasmos y sudor frío, y entre pesadillas se le pasó la hora de la repartición de las raciones de comida. Despertó al día siguiente, con el camisón empapado y la cabeza palpitando, como en las resacas de sus borracheras más insensatas. Desorientado por la fiebre, se vistió con las piezas de armadura que le quedaban, en un ritual de una parsimonia mecánica, y colgó machete y hacha al cinto, hasta que el tacto del pesado espadón le vino a recordar lo mermado de sus fuerzas y el hecho de que en realidad no tenía mucho sentido armarse de tal manera, para no más de ir a soportar el calor y el tedio de ese viaje interminable. Poco después, por supuesto, se alegraría de tener su equipo a mano, primero cuando se planteó la necesidad urgente de destripar, estrujar y reventar la maldita humanidad de ese entrometido del carajo que se atrevió a exigir su defenestración, y después cuando una turba de arpías voraces asaltó el barco desde el cielo.

Hasta ese momento Therion sólo conocía por compañero de grupo al alquimista lisiado, que le había entregado unos comprimidos nutritivos que el orco sólo ingirió cuando vio que Ed amaneció sano y bueno luego de que le obligara a probarlos. A partir de ese momento el orco decidió recibirlos agradecido, notando que en efecto le ayudaban a superar ese malestar incipiente, que en un principio atribuyó al mareo por el vaivén del barco, antes de que alcanzará ese climax de fiebre y congestión que volvió innegable la realidad de la enfermedad. De manera que al salir de su camarote y una vez logró ordenar sus ideas, el orco avanzaba en busca de Bastian y la ayuda de su conocimiento, cuando se sucedieron los eventos que lo condujeron a conocer al receptor de sus más ferviente odio primero, y al resto de sus compañeros de aventura después. Pero ni siquiera la presencia inusitada de aquella mujer que en el otro barco había logrado despertar sus instintos de abusador sexual logró distraer al orco de la rabia que estaba sintiendo. Y tuvo que valerse de un autocontrol que no era propio de sí, para contenerse de no envestir al maldito infeliz cuando una vez más cargó con sus acusaciones, a sabiendas de que matándole de manera tan notoria se condenaría también a sí mismo. Por fortuna 2 de sus compañeros de grupo estuvieron dispuestos a interceder en su favor, en los instantes en que el ataque de las arpías desviaría la atención de todo el mundo.

Consciente de que sólo con la ayuda de sus compañeros lograría ocultar y sanar su enfermedad, Therion se propuso demostrarles su valía en situaciones de peligro, para que ninguno tuviera dudas sobre la importancia de mantenerle en el grupo. De manera que no habían empezado a llegar los sonidos estridentes de las bestias aladas, cuando el orco ya estaba al frente con su machete desenfundado y su escudo en alto, con el dolor de cabeza exaltado y el sudor frío combinándose con la mucosidad sobre su labio superior, pero con el propósito firme de no permitir que ninguna de ellas se acercara a sus compañeros. Y así, entre los sonidos de las garras impactando contra el metal de su armadura y los huesos desintegrándose al contacto de su machete, cayeron 3 arpías. En un instante, en el que Therion trató de localizar a Bastian, a quien tenía por el más vulnerable, le observó introduciéndose por los pasillos de la embarcación, y mientras le seguía con sus ojos, terminó por encontrarse con aquel bastardo acusador, que aparentemente era amenazado por una arpía que en un principio hubiera centrado su atención en el alquimista. El orco vio con claridad la oportunidad de desahogar su rencor, y emprendiendo la carrera con intención de embestir a la arpía por la espalda, para así de paso llevarse por delante a aquel desgraciado. Vaya si sería un accidente desafortunado.
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Miér Dic 28, 2011 2:02 am


Un agudo sonido mermaba en el ambiente, las arpías chillando intensamente se lanzaban en picada contra sus adversarios siendo recibidas con hostilidad por los mismos; claramente se veía como entonces los tripulantes apuntaban con sus ballestas y arcos contra las arpías que sobrevolaban el firmamento, varias cayeron pesadamente contra la superficie del barco o se enterraban contra las impetuosas aguas del océano cuyas olas eran indiferentes al asedio ocurrido en el barco. Cada grupo había armado su propio plan de ataque, los que tenían armas a distancia disparaban contra las arpías mientras sus compañeros armados los defendían con el metal de sus espadas y lanzas, pero ninguno se quedaba sin combatir, excepto…

Inuwel de golpe se vio rodeada por aquellas arpías y aunque supiera bastante bien que su actual estado la dejaba inservible en batalla todavía cargaba consigo su orgullo y su cariño de sangre, y si bien no tenía consigo algún arma mas que un puñal femenino que le había prestado su compañero en caso de que algún hombre quisiera propasarse con ella, no dudo en enarbolarlo y tratar de al menos apuñalar a una de esas arpías pero bastó con que hiciera un solo movimiento en dirección a lo que debía ser al abdomen de la alada para que una de sus compañeras se lanzara furibunda al costado de Inuwel tumbándola contra el suelo paralizándola por culpa de su intenso e insufrible chillido que logró que Inuwel soltará su arma y se llevara ambas manos sobre sus oídos, posición favorable para que aquellas criaturas comenzaran a golpearla con sus garras mientras Inuwel se retorcía de dolor en el suelo hasta que una de aquellas arpías se dispuso a agarrarla del cabello para llevarla por los aires y darle un final parecido al del desconocido desmembrado aéreo pero justo apareció Sirio Deneb blandiendo su sable donde una intensa brisa que surgió de su hoja empujó contra una de las escaleras a dos de aquellas cinco arpías y luego con un giro veloz cortó la yugular de una de aquellas mujeres y luego se volvió en redondo contra la otra empujándola hacia un costado con una patada en el estómago, mas, esta misma alzó sus alas emprendiendo el vuelo para atacar desde arriba. Inuwel adolorida y moreteada por aquellos golpes y zarpazos se puso de pie de todas formas recogiendo su arma como si no hubiera pasado nada aunque temblase de dolor, Sirio Deneb la miró de reojo y antes de que a Inuwel se le ocurriese hacer algo, el hombre exclamó, mientras blandía su sable para apuñalar a una arpía que venía en descenso:

-¡Vete y escóndete, tu presencia solo es un estorbo!, ¡que te vayas he dicho! ¡Entiende eso maldita sea!-

Al escucharle, Inuwel gruñiría si su garganta hubiera estado capacitada para ello y al mismo tiempo se lanzaría a apuñalar a su propio aliado por insolente, y es que ¿¡que se creía ese mísero humano para venir a tratarla a ella de esa manera!?, y aunque la licana hubiese querido replicar frente a lo que dijo y permanecer en combate como le correspondía a los valientes las punzadas de dolor que palpitaban en todo su cuerpo y la poca maniobra de su puñal no hacían más que confirmar las órdenes de su compañero de que se retirase de la batalla ya que su presencia solo era un contratiempo para todos.
Resignada entonces frente a la veracidad de los hechos se dio la media vuelta para correr hacia las escaleras, comenzar a subirlas lo más rápido que podía viendo como algunos que le imitaban eran atrapados por aquellas mujeres y empujados hacia abajo, más la suerte en esta oportunidad le acompañó puesto que llegó sin contratiempos al pasillo, y respirando agitada cerró la puerta que lo cercaba y avanzó hacia su camarote para refugiarse, entrando y cerrando tranquilamente la puerta del mismo siendo testigo del silencio en su habitación completamente contrastada con el mar de sangre que se desataba allá afuera, en cubierta.
Con su rostro rígido avanzó a paso lento y errático por su pequeño cuartucho. No lloró, no se lamentó, aunque sentía un intenso ardor recorrer su garganta y con las mejillas coloradas bajó la cabeza apretando sus puños. Nunca en la vida había sentido tanta vergüenza como ahora.

Mientras tanto en la superficie del barco, el orco con un solo movimiento de su enorme arma había derribado sin dificultad a tres de aquellas arpías que tuvieron la mala fortuna de hacerle frente a su machete recibiendo un brutal corte de su hoja que las derribó de un tirón y las dejó desmembradas, agónicas y retorcidas con espasmos sobre el suelo de gastada madera. Therion luego e inmediatamente encaminaría sus pasos hacia otro de sus enemigas aunque al mismo tiempo convergía también con su punto de venganza.
El soplón agitaba su espadón no con mucha destreza sobre aquella arpía que le atacaba de frente no siendo consciente del orco que iba en su dirección con el ideal de “ayudarle” trayéndole al mismo tiempo una desgracia letal, no obstante más arpías cayeron desde arriba, una yendo a parar directamente al rostro de Therion cortando sus movimientos logrando que este solo pudiese hacer un corte en la espalda de la arpía que amenazaba al soplón, matándola, pero sin lograr un corte tan profundo para que acabase también con su enemigo jurado, el soplón al verse libre de su oponente sencillamente mostraría una sonrisa desdentada que de afabilidad nada tenía y que más bien era una sonrisa cargada de sorna hacia el orco. El hombre sin esperar respuestas de este mismo se dio rápidamente la vuelta para comenzar a correr en otra dirección y perderle de vista mientras Therion había sido rodeado por dos arpías, una que había chocado directamente a su rostro y la otra que le amonestaba por la espalda.

Geak en tanto disparaba con su arco a las arpías sin poder quitarse del rostro su eterna y graciosa sonrisa a pesar de que se encontraban todos en una situación no hecha para festejar, pero él indiferente de esas problemáticas se unía al combate con su aire risueño que inspiraba una inesperada confianza en quienes le tocaba trabajar a su lado. Sin embargo un barrido en grupo de aquellas mujeres que sobrevolando en alto se unieron para descender en picada contra quienes estaban cercanos al elfo tirándolos contra el suelo para luego agarrarlos en el vuelo con sus garras y tirarlos al mar desollados, pero por suerte el elfo se vio libre de aquel ataque inopinado de parte de las arpías sin embargo ya no quedaba nadie que le defendiese las espaldas mientras él disparaba con su arco a sus oponentes así que fue cuestión de tiempo para que una de aquellas mujeres lo atrapara por la espalda y se echara a volar con él, sus garras atravesaron la espalda de Geak logrando que este dejara escapar un grito de dolor, acto seguido la incompasiva criatura lo zarandearía por los aires dándose cuenta que sus garras se habían quedado atascadas en su piel, y mientras el elfo era movido de un lugar a otro en los aires el anillo de oro que Sirio Deneb le regaló se escapó de sus delgados dedos y fue a caer contra la madera del barco, el anillo rodaba de un lado a otro siguiendo el vaivén del barco pero al ser tan pequeño nadie se fijó en él ni mucho menos le prestó importancia.
En ese momento una de las arpías al ver el problema de su hermana, la cual por mucho que sacudía sus patas no podía quitarse de encima al elfo que quedó atascado en sus garras, emprendió el vuelo en su dirección y tomó con ambas manos cubiertas de afiladas y asquerosas uñas el rostro de Geak para comenzar a tirar de él para poder sacarlo pero solo consiguiendo desprender dolorosamente y de un tirón su cabeza del cuerpo ignorando el collar amarrado a una piedra que sujeto a su cuello cayó del mismo al ser desprendido y fue a caer directamente en la cabeza de Therion mientras este se encargaba de vencer a sus enemigas y quizás seguir la búsqueda de ese humano soplón.
Por lo demás la arpía finalmente pudo quitarse de sus patas el cuerpo muerto del elfo y fastidiada por el mismo lo lanzó a la mar para volver a chillar y descender en picada contra las velas recibiendo después un virote en pleno pecho dejándola colgada en el mástil. Ivo después de una serie de movimientos que harían caer a más de una arpía terminó por utilizar una de sus armas más extrañas pero asimismo peligrosa, el Prototipo Egg 0-13-, que al usarse desató un concierto de sangre y chillidos espeluznante para cualquier espectador de alma frágil, las dos arpías fueron completamente atravesadas por las esquirlas y las balas mientras el arma soltaba un sonido para nada desapercibido. Después el inventor usaría esa misma arma para defender a Khaelos aunque no evitaría que varias esquirlas fueran a parar en el casco del tenebre dejándole marcadas abolladuras. Dos de las arpías fueron inmediatamente atravesadas por las balas, mientras que otra se abalanzó sobre Khaelos aferrándose a él lo más que podía para que los ataque de Ivo dieran en ambos mientras que la cuarta alcanzó a alejarse a tiempo logrando escapar del segundo ataque viendo como aquel disparo era malgastado al no alcanzarla, sin embargo la veloz arpía que sobrevolaba hacia el firmamento no consideró que en su trayecto se encontraría con el lanzamiento de una bomba en manos del médico que soltando un estruendoso ruido abrió en el firmamento un espacio a causa de las arpías que se distanciaban del cielo.

Prontamente las arpías comenzaron a reunirse y remontar el vuelo lejos del barco al ver que habían sido reducidas con mucha facilidad, se vería como algunos hombres de cada grupo tenían consigo un diario de viaje idéntico al de Ivo y Khaelos, el cual lo iban revisando de vez en cuando mientras algunos cercenaban las patas de ave las arpías para amontonarlas a un costado, e incluso parecía una competencia entre quienes juntaban más patas de arpía.

Sirio Deneb por alguna razón se hallaba alterado y yendo hacia Bastian le pidió al oído su ayuda para con su esposa que había sido envenenada al ser arañada por las garras de las arpías pero como no sería bueno hacer público aquello le pidió completa confidencialidad mientras lo dirigía hacia el camarote donde Inuwel se hallaba postrada en el suelo con fiebre y alucinando junto con dos marcas severas sobre su vientre.
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Belleza letal

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