Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)
por Vanidad Mar Abr 17, 2018 9:24 pm

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
por Croatoan Lun Abr 16, 2018 11:05 pm

» Escucha el Llamado de los Caídos.
por Strindgaard Dom Abr 15, 2018 9:48 am

» Buenos dias y, por si no los veo, buenas tardes, buenas noches.
por Señorita X Sáb Abr 14, 2018 11:40 am

» Un caballero, un enano, una bruja y un demonio entran en un bar...
por Margaret Orgaafia Sáb Abr 14, 2018 1:00 am

» hola vengo a presentarme y conocer a pjs y divertirme
por Skurk Äsping Vie Abr 13, 2018 1:21 pm

» Ficha Jasper Lisbone(en proceso)
por Jasper Lisbone Jue Abr 12, 2018 4:20 am

» Huli está de vuelta!!!!
por Evelyn Blake Vie Abr 06, 2018 9:55 pm

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Alegorn Vie Abr 06, 2018 5:22 pm

» Hyaku Monogatari
por Huli Vie Abr 06, 2018 4:26 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


El Banquete

Página 5 de 9. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9  Siguiente

Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Ene 14, 2012 7:28 am

El tiempo pasaba lento en aquél barco, y yo me dedicaba principalmente a hacer poca cosa, básicamente ingerir los comprimidos que Bastian nos repartía, estirar las piernas por el barco, comer, entrenar en cubierta para no perder la práctica, dormir, y lo que me resultó más gratificante, las conversaciones con Ivo y con Bastian.

Por una parte, Bastian me hablaba de los temas comunes que hacían referencia a gente nacida en ambientes de alta alcurnia, pero lejos de ser un noble prepotente, era un hombre muy inteligente, además de un hombre de ciencia, materia en la que yo no poseía gran conocimiento, pero siempre era interesante saber más. Además, tenía un buen genio militar, aunque imaginaba que no se había visto inmerso en tantas batallas como yo, pero eso no le restaba mérito. Además, mantenerse lúcido en su estado… Ya era algo admirable.

Por otra parte, Ivo y yo hablábamos de temas más concretos, pues ambos explicábamos nuestras visiones de la guerra, de los inventos, tratados y el futuro de Zhakhesh. Recuerdo en especial cuando él me hablaba acerca de sus visiones del futuro, las cuales no eran muy descabelladas, aunque por mi parte, habían puntos en los que no concordaba, como le hice saber:

-Ciertamente, espadas y lanzas puede que en un futuro se vuelvan armas obsoletas e inútiles en la mayoría de situaciones, pero es el deber de todo ejército el adaptarse a los cambios del mundo. En cuanto a lo de la magia, dudo mucho que quede en desuso, puesto que hasta el momento aún no se ha hallado ninguna tecnología capaz de superar el poder de la magia… De todos modos, yo considero que magia y tecnología, lejos de ser opuestas o que una se convierta en superior a la otra, más bien podrían considerarse como dos ramas distintas del progreso que podrían unirse. Por ejemplo, ingenios que no necesitaran combustibles convencionales, si no la simple esencia de la magia que hay por todo el mundo, o armas que usaran la magia usando solamente ingenios tecnológicos. Realmente, las posibilidades que ambas ramas ofrecen son, sin duda, inacabables.-

Así siguió transcurriendo el tiempo, y mientras con Ivo y Bastian me llevaba francamente bien y me encantaba el poder mantener conversaciones enriquecedoras con gente inteligente. Con el resto del grupo no mantuve mucha relación, algunas palabras cordiales con el elfo, y algún que otro saludo cordial con el resto.

Se sucedieron algunas peleas entre los diversos grupos de marineros, porque algunos querían reducir el número de otros grupos y, por qué no, joder a los demás. ¿Por qué? No querían competencia. De hecho, me asombré al darme cuenta de que nosotros éramos el único grupo que aún no había padecido ninguna baja. O estábamos más unidos que los demás, o éramos más eficientes a la hora de joder a los demás sin que nos jodieran.

El día en el que se asignaban los grupos, un hijo de puta decidió delatar a nuestro orco, el cual ciertamente estaba acatarrado, y eso no podíamos permitirlo. Sin embargo, antes de que sucediera algo más, el hombre del primer día nos reunió según los grupos. Por lo que pude ver, los grupos no eran uniformes, mostrando así el grupo siete como el más nutrido, y el cinco el más reducido. Aquello me hizo alzar una ceja. ¿Deberíamos reducir el número del grupo siete o dejar patente que nosotros, siendo menos, éramos superiores? Contaba con el poder que mi armadura y mi anillo me conferían… Además de la ayuda de una vieja amiga alada que no tardaría en reunirse conmigo en cuanto llegáramos a la costa.

El hombre delgado empezó a repartir collares que repelían la influencia mágica del bosque de los engendros, lo cual era un alivio, y sumado a mi anillo y mis capacidades mágicas de por sí, me concedía suficiente tranquilidad como para saber que no me iban a surgir cuatro brazos, dos cabezas, siete dedos, dos penes… Aunque… Mmm… Esa última mutación no sería tan mala… Bueno, mejor no arriesgar. Las mutaciones siguen siendo algo incontrolable, por desgracia.

Yo me até el collar al cuello, para seguidamente volver a colocarme la capucha de malla y el casco, mostrando por unos minutos mi rostro a los presentes, para seguidamente ocultarlo de nuevo bajo el acero que evitaría que alguien echara mano a ese collar. De repente, uno de los miembros del grupo cinco empezó a gritar cosas contra el orco, buscando que le echaran por la borda. Bastian y otro de los miembros de nuestro grupo empezaron a defender al orco, y al igual que hizo el hombre cuyo nombre desconocía, yo también situé mi mano en la empuñadura de mi espada, mientras apoyaba las palabras de ambos, con alguna que otra mentira, ciertamente, pero qué demonios, lo importante era evitar que lo mataran. Un orco es un ariete perfecto:

-¡Es imposible que un orco se resfríe! ¡Sé de las características de su raza y sé que un orco es el ser más resistente a las enfermedades! ¿Y si fueras tú el que está enfermo y culpa al orco sólo en tu propio beneficio?-

Pareció que la suerte le sonrió al orco de una extraña manera, y también al hombre porque algo tenía pensado para él, pues a la vez que en mi cuaderno aparecían una especie de patas de gallo, en la lejanía se escuchó una especie de grito cada vez más fuerte y cercano. Al alzar la vista al cielo, pude ver una bandada de seres infames. Arpías. Sin dudarlo, desenvainé mi espada y agarré mi escudo con firmeza. Golpeé mi escudo con la espada, mientras gritaba:

-¡A por ellas!-

La hermosa mujer de nuestro grupo había sido atacada por un grupo de arpías, pero el que parecía su amigo la salvó de una muerte que habría sido con toda probabilidad horrible de haberles dado más margen a las arpías. No tuve tiempo a seguir mirando a mis compañeros, pues me atacó un grupo de arpías, haciéndome soltar una maldición. Me fui defendiendo con el escudo, hasta que escuché el grito de Ivo. La tardanza entre su grito y mi reacción fue de apenas una milésima de segundo, y pronto pude escuchar el cómo un par de arpías eran brutalmente evisceradas sobre mí, además de que algunas esquirlas rebotaron contra mi casco. En ese momento agradecí que la armadura no fuera normal y corriente.

Cuando me levanté, pero, otra de las arpías se aferró a mí para así evitar ser disparada. ¡La muy cabrona me usaba como escudo humano! Aprovechando que se agarraba a mi espalda, decidí hacer un par de rápidos movimientos. Un giro del brazo izquierdo y se llevó un codazo en el costillar, y una media vuelta igual de rápida y elegante, y mi espada atravesaba de lado a lado a la mujer alada. Antes de seguir combatiendo, grité por encima del estruendo:

-¡Gracias Ivo!-

Una segunda arpía, queriendo vengar a su hermana, se lanzó en picado contra mí, pero yo, ya prevenido, y al ver la velocidad con la que se lanzaba contra mí, decidí usarla en su propia contra, de modo que cuando estuvo suficientemente cerca, levanté el brazo izquierdo y la golpeé con el borde del escudo. El impacto fue tan brutal que se desgarró el costado contra el borde, estrellándose contra la cubierta de forma brutal y partiéndose el cuello en la caída. Otras dos querían venir a por mí, y me hostigaban con sus zarpas, pero mi escudo las bloqueaba eficazmente, y finalmente, cuando vi que ambas retiraban las garras, fue el momento en el que, abriendo violentamente el brazo del escudo escudo, efectué un potente barrido con la espada, seccionando por la mitad a ambas arpías, las cuales murieron en pocos segundos.

En ese momento de respiro observé el resto del campo de batalla, y no pude evitar sonreír. ¡Habíamos ganado a esas zorras! Las arpías se estaban batiendo en retirada, y una de ellas cometió el tremendo error de pasar por mi lado izquierdo. Yo, aprovechando mis reflejos, escurrí el escudo para que mi mano quedara libre, y entonces agarré la pierna de esa mujer alada y chillona para tirar con fuerza de ella hacia el suelo. El golpe la dejó aturdida, momento que aproveché para clavarle la espada en una ala, dejándola estacada contra el suelo y chillando de dolor. Agarrando con ambas manos el escudo, y aprovechando que su extremo inferior acababa en punta, lo dejé caer sobre su cuello. Un crujido, y todo acabó para ella.

Cuando vi que los grupos empezaban a cortar patas de arpía, yo decidí no perder tiempo, y tras cargar mi escudo en mi espalda, me quité la capa, y con esta en una mano y la espada en la otra, empecé a cortar las patas de las arpías, usando como un saco aquél manto ya viejo y algo roído, pero aún resistente, y no paré de poner en él todas las patas de arpía que pude, mientras les decía a Ivo y al orco:

-¡Orco, ayúdame a conseguir más patas de arpía, Ivo, tú evita que algún aprovechado intente robar alguna de nuestro montón! ¡A ver si somos los que más logramos!-
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Sáb Ene 14, 2012 11:31 pm

Y el metal fluyo como la sangre en las venas de la tierra
Mientras que su corazón, como un horno, lo mantenía corriendo
Ya que la tierra está viva y como tal sufre
Sufre mientras la carne camina por su superficie
Y no rinde honores a la sangre que pisan
Sangre de armas y maquinas, de sueños y esperanzas
De un imperio que lentamente se levantara

Dr. Ivo Robotnik 14 de enero de 2012
Y la muerte llego en masa, dejando manchada la madera de sangre y plumas, de carne y esperanzas, de sueños y anhelos, todos rotos entre espadas y garras, entre colmillos y pólvora, ¿Qué misterios hubieran resuelto? ¿Qué maravillas hubieran creado? Mas ahora solo eran del pasado, recuerdos que no podían volver a la vida, ni mirar nuevamente al sol, que no sentirían la cálida brisa acariciando la piel, ahora el aroma a pólvora rodeaba al inventor, los cuerpos mutilados de las arpías cubrían la cubierta y los jadeos de cansancio se escuchaban, no dejaba de ser extraño, había tenido que usar un arma que repartía muerte, un arma que no se había atrevido a usar antes por extraños motivos, mas ahora su cañón esperaba nuevamente dejar escapar la munición, poder repartir aquel frio y doloroso beso para llevarse la existencia de esas monstruosas criaturas, el inventor miraba por si había alguna otra cerca, mientras se lamentaba por la pérdida de sus amadas creaciones, la ballesta le había sido de utilidad en más de una ocasión, y tan solo había podido utilizar aquella enorme ballesta tan solo una vez, mas había sido un tiro preciso …

El conde comenzó a dar órdenes, se notaba que no solo era un noble, sino también un general, el inventor sonrió con tranquilidad, mientras colocaba el arma en su hombro y se quedaba quieto cerca de él, las arpías lentamente se retiraban, muchas lastimadas, otras simplemente furiosas, de cualquier manera aun habían algunas rezagadas, el inventor levanto su arma y apunto, bueno en realidad aquella arma no era de un gran rango, no podía lastimas a nadie que estuviera a cien metros, pero si estaban cerca … era otra historia, tres arpías comenzaron un vuelo frente a la amplia vela principal, y sin dudarlo el inventor apunto con precisión y disparo, nuevamente aquel sonido se escucho, como si un pesado mazo de metal hubiera golpeado un yunque, las esquirlas y balas salieron disparadas del cañón, recorriendo la corta distancia hacia los cuerpos de las arpías, estas dejaron escapar un lastimero grito cuando sus alas fueron lastimadas y sus cuerpos casi mutilados, como tres bultos cayeron al suelo, aleteando, gritando, y sangrando por cada nuevo agujero que había hecho el disparo, claro que el inventor hubiera ido a recoger las famosas “Patas de pollo” … pero había surgido un problema, cuando los cuerpos aun vivos de las arpías cayeron a la cubierta, los hombres que aun estaban vivos se lanzaron contra ellas, con espadas y hachas en mano, la carnicería era más de lo que hubiera sido necesario, ya que sus cuerpos, aun con vida fueron machacados, triturados a golpes y cortes, lo único que deseaban eran sus patas.

La carnicería siguió, con cualquier arpía que hubiera aun con patas y más aun cuando comenzaron a discutir y luchar por que algunos habían escondido algunas, el Khaelos, había hecho un pequeño morral con su capa, y con su espada cortaba limpiamente las patas de aquellas criaturas, mas la cantidad que comenzaba a aumentar en posesión del grupo atrajo más de una mirada de malicia y más aun de envidia y codicia de muchos, el inventor miraba desde cierta distancia, cuando un grupo de hombres, extrañamente formado por aquel hombre que había intentado echar al orco por la borda, y sus “amigos” o compañeros, se acercaban por la espalda del conde, el filo de sus armas era más que notable, ya que en su posesión tenían unas pocas patas, pero eran las mínimas, a simple vista tres y media, ya que al ultima estaba tan destrozada que no servía ni para hacer un caldo con ella, el inventor camino hasta quedar frente al pequeño grupo, el cual pareció no gustarle la actitud del hombre bigotudo.

-Caballeros … caballeros creo que no deberían de estar pensando en aquello *simulando que les leía la mente* no desearía tener que hacerles lo mismo que a esas arpías que han visto, pero si intentan lastimas a alguno de mi grupo, tendré que irremediablemente, terminar con sus existencias … *mirando al que había causado el problema con el orco* caballero … le aseguro que nuestro orco se encuentra en perfectas condiciones de salud, mas si desea conversarlo en privado, no tendré ningún problema en hacerlo, claro, con su presencia y la de mi pequeña creación *sonriendo ampliamente* por ello les pido amablemente … aléjense … si no quieren terminar muertos o quizás peor … mutilados y con vida.-

El inventor no dejaba de sonreír, mientras las pocas arpías que quedaban con patas eran disputadas por los grupos, mientras dejaban que hablaran sus espadas y hachas, el inventor dejo escapar un suspiro, mientras no dejaba de sonreír y esperaba que el grupo se marchara de una vez por todas.



~~
avatar
Doctor Ivo Robotnik
Artifice Mecanico

Mensajes : 301
Edad : 52
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Lun Ene 16, 2012 4:40 am

La perspectiva de la venganza se dibujó tan próxima, justo al frente, que Therion Fortín de Acero se permitió el goce de saborear sus mieles de desahogo antes de tiempo, justo al instante en que el aleteo estentóreo de una arpía imprevista le sacó de su delirio de represalias, con un golpe de garras sobre el yelmo que terminó por llevarse el equilibrio de su movimiento, para recordarle que hacía rato que nada salía según sus planes, y que aquella ocasión no sería la excepción. Desorientado, el orco terminó por asestar un corte torpe sobre la espalda de aquella mujer alada, dejando a su verdadero objetivo no sólo indemne, sino además fuera de todo peligro. La herida que no pudieron hacer las garras de aquella arpía impertinente, cuando en un nuevo embate se fueron a encontrar con el metal del escudo, la vino a propinar la sonrisa mordaz del acusador, que aprovechó para deslizarse fuera del alcance del orco, al momento en que una segunda arpía le embestía por la espalda.

Con impotencia, Therion comprendió que la oportunidad se le había escapado, y no tuvo otra opción que descargar su cólera en los cuerpos alados de sus agresoras. Incorporándose cerca a la puerta de la entrada a los pasillos, para no ser atacado otra vez por la espalda, levantó su escudo para resistir a un nuevo ataque aéreo, pero cuando la arpía tomó impulso y descendió en picada para repetir el ataque, Therion no la esperaba con la cara exterior del escudo, sino con ese borde mortífero del que se desprendían 2 filosas cuchillas, y en el que las patas de garras amenazantes se fueron a incrustar profundamente, justo debajo de las espuelas, dejando a la bestia alada atrapada, al tiempo en que aleteaba con más vehemencia para tratar de liberarse. Para ella era demasiado tarde, al instante ya el machete descomunal del orco silbaba a través del aire antes de encontrarse con el abdomen desnudo, que por poco secciona en 2 partes, de no ser porque su filo tosco se fue a enredar con los nervios enmarañados de la columna vertebral. La fémina se desplomo al instante, y tan rápido como se escapaba su vida, se escapaban los gases nauseabundos de sus intestinos, que brillaban sanguinolentos a la luz de día.

La compañera, atemorizada antes que vengativa, se batió en retirada, dándose media vuelta para emprender vuelo lejos de tanta muerte. Y habría escapado, de no ser porque el estruendo de la explosión que sacudió al cielo la obligó a perder altura. Lo justo para que sintiera sobre su pata el frío metálico del guantelete del orco, que la apretó con decisión antes de dar un tirón violento, que la llevó a estrellarse de bruces contra el suelo. Sin soltar aquella pata fibrosa, Therion dio un giro al mango de su arma, y con un movimiento vertical, impactó sobre la espalda de la harpía con el lado sin filo de su machete. Pronto el plumaje violeta de la mujer alada empezó a oscurecer, conforme y se empapaba del manantial de sangre que surgía a borbotones de su cabeza. Con un movimiento de muñeca, Therion libero el asta de su arma, que dejaba por testimonio un pequeño abismo de muerte sobre el cráneo de la arpía.

Las arpías sobrevivientes ahora escapaban de las consecuencias nefastas de su ataque irracional, y sólo entonces Therion se pudo explicar el impacto seco sobre su yelmo, se trataba de uno de aquellos amuletos de protección, de los que su mala fortuna se había encargado de dejarle desprovisto, y que ahora, desde el otro extremo de las “improbabilidades”, venía a caerle del cielo. Therion lo recogió, pero no intento ponérselo, sino que se recostó sobre la pared de madera, para contemplar desde sus 3 metros de altura, el tremendo tapiz de muerte que se había extendido sobre la cubierta. Pasado el candor de la batalla, ahora volvía a sentir el malestar de su condición de enfermo, y habría matado por tener un poco de aguamiel y tabaco a mano.

Pese a todo, la actividad en la cubierta seguía siendo desenfrenada. Y todo estuvo claro cuando aquel humano, que aunque desconocido en la práctica, se había ganado el respeto de Therion por compartir la insensatez de navegar usando una armadura pesada; exhortó a sus compañeros a cercenar y recoger las patas de las arpías. Con estoicismo, Therion enfundo su machete, empuñó su hacha de hueso de escudón, y con cortes únicos y limpios, cortó las 6 patas de las arpías que había matado, y las fue guardando en su bolsa de cuero, una vez escurriera la poca sangre que pudiera derivar. Una vez completó la labor, y tras decidir desechar una por estar casi seccionada en 2 partes debido al corte de su cuchilla, el orco se reincorporó para buscar a sus compañeros. Fue entonces que presenció incrédulo la presencia de aquel delator impertinente, que junto a sus compañeros acechaban al Doctor Ivo Robotnik y al conde ténebre. Con la poca cautela que le era posible a su cuarto de tonelada haciendo crepitar un suelo de madera, se acercó por las espaldas del dicho grupo, apenas para comprobar que se descargaban en amenazas verbales contra el inventor. La intención de robar el botín era evidente, y se vio culminada cuando los hombres se descargaron en un movimiento explosivo para atacar al reducido grupo con la ficha número 2.
Delatando su condición de cobarde empedernido, el hombrecillo delator permitió que sus compañeros fueran a la cabeza en el ataque. Pero cuando se dispuso a cargar levantando su espada, comprobó horrorizado que algo impedía su movimiento. Era el vasto orco del mar de pasto, que le tenía agarrado por el cuello de su camisa de lana, y que antes de que pudiera reaccionar, le propinó tal manotazo a la altura de la sien, que la conmoción de su pequeño cerebro rebotando entre las paredes de su cráneo, le dejó inconsciente al instante. Tal como lo indicaba la multitud de arpías destrozadas y la pequeña montaña de patas, Therion supo que Robotnik y Khaelos eran más que suficientes para encargarse de aquel grupo de pusilánimes, de manera que cargó en sus brazos a su enemigo alfeñique, y avanzó presto en dirección al interior de la embarcación.

-¿A dónde vas con ese hombre en brazos?- Inquirió de pronto una voz, a la entrada del pasillo.

-Este hombre está herido y conozco a un med…- empezó la explicación Therion, temiendo que un marinero frustrara sus intenciones vengativas. Antes de comprobar que en realidad se trataba del viejo Ed, que como era evidente, había pasado el combate escondido en los pasillos.

-Lárgate Ed, o tal vez compartas el destino de este infeliz- Reconvino finalmente el orco. Con una voz tan cargada de furia que no admitió réplica alguna.

-Espera- recapacitó entonces- quiero que me entregues tu camisón, o un trozo grande de tela, ¡ahora mismo!- Sobresaltado, Ed se despojó del camisón, dejando a la vista una prominente barriga, que daba cuenta de lo lejanos que estaban los mejores años de aquel marinero alcohólico.

Una vez en la profundidad de las entrañas de la embarcación, y sabiéndose solo, Therión dejó caer al suelo al hombrecillo, y comenzó a arrastrarlo de los cabellos, un cruce, una escalera, un pasillo, hasta llegar al cuarto donde en la embarcación anterior había encontrado el cañón de fuego griego. Sujetó el cráneo de su víctima, y lo elevó hasta dejarlo a la altura de su propio rostro. Comprobó que aún seguía inconsciente, entonces tocó, con los golpes huecos de esa cabeza. Toc toc toc. Nadie respondió. Se decidió entonces a entrar. No había cañones, no había nada. Una habitación apenas poblada por el eco de sus pasos.

Extendió el cuerpo boca arriba, y dejó sus brazos abiertos. Entonces, con una parsimonia perturbadora, acomodó en el suelo sus herramientas de cacería. 3 cuchillos y 1 hacha de mano. – Te ruego que no te mueras- susurró a la marioneta inconsciente, y clavó el cuchillo a través de la mano hasta la madera. El hombre despertó vomitando un grito de dolor, y de inmediato el orco le llenó la boca desdentada con la tela del camisón, hasta el punto de desencajarle la mandibula. Los gritos ahora eran sordos, se ahogaban en la garganta de venas brotadas. Entonces Therion se percató de su error, había tenido la intención de clavar la mano a la madera, para dejarla atrapada, pero se había excedido en la fuerza, la herida resultó demasiado amplia, y en los sacudidas del infeliz por liberarse, había terminado por desgarrarse la mano, dejándola libre nuevamente. Optó entonces por clavar el antebrazo entero, lo sujetó con una mano, y con la otra asestó un golpe perpendicular, que incrustó la hoja del cuchillo a través de los huesos (Radio y Cúbito). Lo había conseguido, pero la sangre brotaba en tal cantidad, que Therion temió no tener tiempo suficiente para completar su obra maestra. Se apresuró pues a repetir la maniobra en el otro brazo, aunque con un corte menos limpio que fracturó uno de los huesos. Pese a todo, lo había conseguido, el hombre estaba clavado a la madera, con gritos extintos, con unos ojos que destilaban terror a través de las lágrimas.

Ahora con premura, Therion se dejó caer sobre las piernas del hombre, dislocando los omoplatos dada la torpeza del movimiento, las piernas estaban atrapadas, así que era tiempo de usar el más pequeño de sus cuchillos. Realizó un corte poco profundo de lado a lado de la cintura, justo debajo del ombligo, y entonces subió por los costados, hasta la altura de las axilas. Entonces tiró de la piel, y empezó a liberarla de su prisión de grasa blanca con cortes rápidos. Exasperado por el terror de aquellos ojos azules, cubrió el rostro bañado en sudor y lágrimas con la piel palpitante de su propio abdomen, se levantó, sacó de la bolsa una de las garras de arpía, se la clavó hasta las entrañas, y se marchó para dejarlo morir, sintiéndose más tranquilo, y con apenas una idea en mente:

-Carajo, como tengo ganas de aguamiel y tabaco-
avatar
Therion Fortín de Acero

Mensajes : 46
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Lun Ene 16, 2012 5:00 am

Tan pronto como arroje la bomba hacia el cielo, una incauta ave voló hacia ella, al acabarse la mecha ocurrió lo que debía ocurrir, y una fuerte explosión y un fuerte sonido rasgaron el aire como el acero de una espada rasga la carne y rompe el hueso a su paso.
Mis oído dolían levemente tras la terrible sinfonía de fuego y acero que se había dado hacia pocos momentos sobre la cubierta del navío… fue cuando, y muy para mi pesar note que una de las arpías llevaba en sus garras al elfo que correspondía nuestro grupo.
Laitale Lisse oloori-
dije en mi interior… “descansa en paz” en lengua elfica, sabiendo que cualquier cosa que pudiera hacer no serviría de nada para el compañero que acababa de morir, y es que para cualquier hombre que entienda una o dos cosas sobre tácticas de equipo era una de las peores cosas posibles saber que uno de sus compañeros había mordido el polvo, con lo que ello implicaba.
Tan pronto vi que las vencidas arpías se retiraban magulladas y diezmadas por el infierno de flechas y balas, sonreí ligeramente, probando el sabor de la victoria, mas, mis responsabilidades aun no acababan, y pronto me encontraba en camino hacia mi equipo, un nivel abajo cerca de los mástiles.
No estaba tan maltrecho como ellos, bueno, a mi manera… al menos no había recibido el groso del combate esta vez.
-Therion!-
dije acercándome al orco, y de forma disimulada le entregue varias píldoras del remedio para el resfrió, sabía que si tomaba dos o tres veces la dosis necesaria para un humano, seguramente podríamos ocultar sus síntomas hasta que pasase la emergencia, -si realmente estás enfermo, tomate todas estas, y bebe toda el agua que puedas antes de que te revisen, esto tapara tus síntomas-
Una vez hube atendido mis deberes médicos con el orco, me dirigí a los demás, quienes estaban vivos mas tenía que cerciorarme –Khaelos, Ivo, ¿están bien? Cualquier herida que tengan podre atenderla- tras dar una rápida mirada a ambos note que el casco de Khaelos tenía varias abolladuras –Khaelos, toma- le dije entregándole una píldora distinta a las otras, esta era para el dolor -te dieron fuerte en la cabeza, esta es para el dolor, no pareces estar muy dañado por esos golpes así que deberías sobrevivir-
En Ivo solo note que estaba bañado de sangre, pero solo necesitaba pedírmelo y atendería cualquier cosita que el necesitara.
Tras verlos trabajar un momento, en algo que yo no podía ayudar más que como guardia de las patas de arpía, sirio Deneb se me acerco, el miembro más enigmático del equipo, de quien no sabía nada mas allá de su nombre y la existencia de su esposa, mujer que para mi permanecía como un misterio.
-necesito tu ayuda…. Es mi esposa- levante una ceja, intrigado -Guíame- respondí rápidamente, con la tonalidad de la seriedad marcada en la voz.
No tardamos en llegar a un cuarto con una mujer, bueno, peluda, aunque bastante bonita, por lo demás –veras… ese brazalete de su muñeca hace que sus heridas cierren muy rápido, y el veneno de las arpías quedo dentro de ella al cerrarse los cortes que le hicieron… ¿puedes hacer algo?-


-vera… es lógico que si no extraemos el veneno podría morir, no sé qué tan profundos son los cortes, lo cual nos deja dos opciones, dame unas horas y cuando sepa qué tipo de veneno tienen las arpías puedo tratar a tu esposa con una fuerte dosis de antídoto, la cual tendrá que tomar durante varios días hasta que la hinchazón y todos los síntomas desaparezcan, por lo demás… debemos abrir las zonas inflamadas y limpiar cualquier suciedad que hayan dejado las garras de las arpías -
avatar
Bastian

Mensajes : 135
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Jue Ene 19, 2012 4:55 pm

Dejaremos atrás el vasto mar azul de horizontes eternos para poner pies en la tierra, para avanzar con firmeza en un terreno que no te consumirá hacia la profundidad del abismo húmedo si no que te desollará sobre la flora y la tierra para ser alimento de otros si no eres un cazador lo suficientemente astuto y poderoso para defenderte.
Aquí no hay depredadores ni presas, solo sobrevivientes.
El título de depredador solo se lo ganará el más fuerte.



Capítulo I: Depredador y presa.


Una bomba en el firmamento soltó un estrepitoso ruido que coincidió con la despedida de las arpías que escapaban desesperadas por el cielo, mientras la brisa marina sacudía los cabellos de los aventureros que enarbolaban sus espadas, disparaban sus flechas y se defendían de las enemigas con todo medio que hallasen posible.

Mientras tanto en la aparente tranquilidad de su habitación Inuwel de pronto se vio sujetada por la espalda y con la boca tapada por una gran garra, tragó el aire y con los ojos bien abiertos trató de girarse y comprobar quién era aquel que había osado entrar de incógnita a su pieza y esconderse para atacarle, pero no sería necesario cavilar sobre su presencia ya que la intrusa no demoró en darse a conocer al dejar escapar un profundo chillido que cercano al oído de Inuwel logró dejarla media aturdida por la sensibilidad de sus oídos para luego tironear de su cabello y tirarla contra el suelo con rudeza como si se tratara de un estropajo y apoyar un pie sobre su vientre. La afectada se zarandeo no dispuesta a dejarse morir y menos de una forma tan absurda, pero, ¿cómo es qué ingresó aquella arpía a su cuarto?, o más bien… ¿cómo supo que era su cuarto? De todos modos pudo haber sido cosa del azar, quizás ingresó a cualquier camarote buscando a alguna víctima cobarde que estuviera oculta y por cosa de la suerte halló a Inuwel. Pero lo que sería más extraño y misterioso sería que en vez de matarle le daría un zarpazo en el vientre con su pata dejándole dos marcas que por cosa de la pulsera de lobo que Inuwel portaba se comenzó a cicatrizar inmediatamente pero hubiese sido mejor que así no fuera ya que las garras de su oponente tenían un enigmático veneno, veneno que comenzó a viajar fácilmente por su sangre a causa de la cicatrización esporádica.
-El amo ya vendrá por los otros-Espetó aquella arpía sonriendo de una forma perniciosa como si supiera perfectamente bien lo que hacía. Entonces Inuwel comenzó a sentirse mal de pronto, pegó un grito enervando la espalda hacia atrás sintiendo arder su vientre y respirando agitada sus ojos fueron testigos del último movimiento de su enemiga antes de perecer en la inconsciencia de una terrible e inmediata fiebre, lo último que ella hizo le sería imposible de olvidar antes de que esta misma saliera del cuarto y abandonara la estancia…

Las arpías se marcharon al darse cuenta que el grupo a pesar de no superarles en número estaban realmente armados así que no tenía sentido buscar diversión en algo que terminaría en un final letal para ellas, y es que sus patas eran ahora codiciadas por todos los grupos, tan así, que a muchos les importó un comino las reglas y no dudaron de conseguir aquellas patas de formas poco éticas, como robarles a otros grupos. Algunos lo hicieron de forma prudente, mientras que otros fueron verdaderamente insensatos como fue en el caso del grupo del soplón, donde este último desapareció de la escena de batalla arrastrado en manos del orco para una “entrevista” en privado. Fue así entonces que el grupo número cinco, el menos numeroso y el que menos había cazado se acercó a asediar a Khaelos e Ivo, e ignorando las advertencias de este último el que tenía una ballesta disparó hacia las piernas del inventor mientras el otro se cruzaba a espadazos con Khaelos en tanto que el tercero y último que se hallaba un poco alejado conjuraba un hechizo que incrementaba la fuerza y destreza de sus compañeros.

En tanto Bastian había sido conducido por Sirio Deneb hacia su habitación para encontrarse frente a su supuesta esposa que se encontraba semi adormilada aunque retorciéndose de dolor y con una alta fiebre, entre ambos intercambiaron un par de palabras hasta que Sirio Deneb se cruzó de brazos y asintió levemente.
-Me parece bien, te daré el tiempo que necesites y espero que ella lo pueda resistir… mmm, mira, es una mujer muy débil, bastante, pero ha resistido bien hasta ahora… me parece, en fin, no sé como agradecerte tu ayuda, si pudiera pagarlo de alguna forma…-Agregó esperando alguna respuesta de su interlocutor, eso, hasta que pasado unos segundos Inuwel se alzó de pronto abriendo los ojos y aún con el calor en el cuerpo trató de propinarle un puñetazo a Sirio Deneb como si estuviera bajo una rabia injustificada mientras gritaba incoherencias, pero evidentemente su compañero no tuvo problema en agarrarle rápidamente de las muñecas antes de que ella pudiera hacer algo y volverla bruscamente hacia el suelo de madera como si tratase de sujetarla para que no se moviera.
-Hágalo rápido, doctor-Insistió Sirio Deneb tratando de evitar que Inuwel diera patadas, aunque estas iban dirigidas solo hacia su compañero, a Bastian solo le gritó “lárgate”.
Sin embargo pasado unos minutos una voz repercutiría como parlante por todo el barco mientras una intensa neblina igual que la anterior opaco la vista de muchos pero se extinguió rápidamente para dar paso a esa voz desconocida. Nuevamente sentirían ese constante zumbido sobre sus oídos, mas lo que se dijo a continuación fue realmente un alivio para muchos.
“Guardad las energías para la cacería que es momento de desembarcar, aquellos que interesados estén en la recompensa final es momento de demostrar su valía cazando las siguientes criaturas que se manifestarán frente a ustedes en el libro de viajes, por lo demás, reitero que es momento de bajar, tienen 10 minutos para descender a tierra firme, si pasado ese plazo no se encuentran fuera del barco serán comida de tiburones”
La neblina se difuminó y todos verían en el horizonte algo que por mucho tiempo habían anhelado y esperado incansablemente, ¡tierra a la vista! El barco se aproximó a la arena que dejaba una larga sombra de enormes árboles retorcidos dando paso a la profundidad y exuberancia del bosque de los engendros, sentirían además que los extraños collares que les entregaron comenzarían a temblar levemente frente a la esencia mágica que provenía de esos árboles. En tanto los marineros se pusieron a recibir las cacerías, mas ninguno le prestó esta vez importancia a quienes cazaron más o menos, a excepción del grupo siete, que fue el que más cazó, ya sea por su mayoría numérica o estratégica, estos mismos recibieron de parte de los marineros un objeto que nadie supo de que trataba realmente, pero debía ser algo pequeño ya que se entregó de mano en mano.

Por lo demás, no pasó mucho tiempo para que algunos para llegar a la orilla usaran los botes que habían empleado anteriormente para llegar al barco luego de aquella inopinada explosión causada por Ivo ya que aquella embarcación carecía de botes propios, por lo demás el barco estaba a una distancia muy corta de tierra, pero las instrucciones eran precisas, debían todos llegar a tierra en menos de 10 minutos indiferente si el barco llegaba a o no a aproximarse a tierra antes de ese lapso, e incluso, este mismo se detuvo como si no fuera a seguir avanzando hacia la orilla. Así que los grupos que quedaban se reunieron para planificar algunas cosas mientras algunos ya se aventuraban en llegar a la orilla con los botes que se salvaron de los otros barcos que terminaron haciendo kabúm, fue también de este mismo modo como nacieron las primeras peleas grupales, ya que algunos no habían ayudado en nada en la batalla ni en cacería, o peor, ahora su demora hacía tardío el llegar a tierra.
-Las reglas siguen en pie-Dictaminó una voz conocida en dirección a un sujeto que sacaba su espada para abrirse paso hacia los botes logrando que la bajara y solo se abriera paso por sus portento brazos y hombros, la voz provenía del bajito individuo del pergamino que al fin, después de todo ese largo viaje, mostraba lo más parecido a una sonrisa.

El único problema era que Bastian, Inuwel y Sirio se hallaban rezagados, quién sabe en qué sitio. Y es que cuando Sirio avanzó hacia la puerta y trató de girar el pestillo este lo impulsó hacia atrás haciendo que chocara contra la pared, y entonces tres imágenes surgieron en línea recta sobre la puerta junto con símbolos rúnicos rodeando todas las paredes.


-Genial… nos atraparon-Comentó el sultán mirando al médico como si esperara alguna respuesta de su parte.
Todas las paredes tenían gravados rúnicos de color rojo indescifrables para todos, sin embargo había unos que Bastian comprendería a la perfección a pesar de serle desconocido ese lenguaje tan arcano y antiquísimo, aquel código sobre los dibujos decía lo siguiente:
“Y es el depredador más poderoso de todos, domina muchas artes, puede con las llamas de sus fauces codiciosas destruir toda la humanidad por simple caprichoso y afán de poder, y no duda en hacerlo. El segundo y el tercero son los que mayores daños han recibido del primero por sus cualidades naturales, solo que uno de ellos dos, el tercero, no suele atacarle si se encuentra solo. El último se caracteriza por su gran inteligencia y autoridad, y aunque similar al primero lo que a diferencia es su prudencia.”

Por lo demás, la primera criatura que se vio dibujada en ambos libros de viaje era completamente horripilante, su nombre destacado era gallina de Theezeroth. Salía explicada información básica de esa criatura dejando en claro que para conseguirla tendrían que ir hacia el dominio de los devoracorazones:

(mas información en este tema: http://www.cuentosdenoreth.com/t677-bestias-g-h#5986 )

Y junto con eso en el libro de viajes se dibujó un mapa del bosque con un punto rojo titilando en lo que era la costa, que se movía si el portador del libro lo hacía. Claramente se veía que debían cruzar un afluente para llegar a ese sitio no sin antes pasar por los diversos obstáculos naturales que les tenía preparado aquel bosque maldito. Era ya momento de tomar decisiones importantes, pero principalmente de no perder el tiempo. Todo aquel que no bajara de la embarcación en el plazo fijado le depararía un destino fatal.
avatar
Inuwel
Belleza letal

Mensajes : 470
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Jue Ene 26, 2012 7:34 pm

Y con un nuevo girar
El mundo despertó,
Un nuevo día
Una nueva ilusión
Un sueño efímero que como castillos de arena
Son derrumbados por el viento implacable
No importa el origen, no importa el futuro
Si no lo que se crea día a día por la sangre de las manos
El sudor de las espaldas y las vidas que son cobradas
Con cada respirar.

Christian Chacana 26 de enero de 2012
Sangre y gritos era lo único sobra la cubierta, sangre y sudor era lo único que podía olerse, los jadeos de los hombres, las luchas por una simple pata de arpía, las heridas eran mutiladas sin piedad, las muertas destrozadas por machetes y hachas, por espadas y dagas, sus cuerpos terminaban abiertos en canal sobre la madera, dejando que su sangre se filtrara hasta más abajo, ¿acaso los humanos no eran más monstruos que los demás? … la humanidad era tan voluble como lo era la vida, una simple palabra, el errático brillo del oro pueden convertir a un gran paladín en un mero asesino sin escrúpulos… existe un dicho muy antiguo y con cada día se refleja más en los seres humanos “Con la moneda que pagas serás pagado” ¿acaso aquellos hombres desesperados… terminarían como esas arpías? … matándose por simples migajas, por ilusiones y sueños efímeros hechos de arena y polvo… quizás habría que ver más en el interior, donde existen las almas y ver con qué color se visten, con qué color cubren sus actos, sus pasiones y sueños, sus deseos mas ocultos, aquellos que dejan de ser humanos y se convierten en perversiones del corazón… ¿pero se les podría culpar? Quizás si … quizás no, ya que quien lo hiciera debería de mirar dentro de sí mismo y no dar vuelta el rostro cuando las púas se mostraran y sin piedad ataran su mundo a un simple hecho … que nadie era puro y que cada uno tiene actos que ocultar.

Las palabras no fueron escuchadas, las advertencias fueron arrastradas por el viento hasta mas allá de los oídos de hombres, como si la mano del destino lo deseara hicieron oídos sordos … pero era el juego de la muerte al final, era el juego de la vida que danzaba con su contraparte, sonrisas y sueños que desaparecerían, carne que alimentaria a monstruos y peces, por el aire surco una saeta, buscando la piel suave y la carne bajo esta, pero no llegaría a toca aquello que desea, no llegaría a acariciar la sangre con la cual intentaba bañarse, un simple movimiento, un movimiento diestro y rápido, ajeno a su apariencia, ajeno a su sonrisa y esos ojos que no mostraban sentimientos de perdón o piedad, tras unos cristales oscuros como la noche, la saeta recorrió la distancia que debía y como un dardo se clavo en la dura madera, con un sonido sordo y seco, la madera crujió, el inventor rio, el hombre tembló cuando el cañón apunto hacia su rostro, lentamente los cilindros comenzaron a girar, uno tras otro, como si se tratara de un macabro juego, el hombre ya no podía recargar, sus días se habían acabado y el verdugo venia en busca de su cuello, los botones de oro relucieron bajo el ardiente sol, la negra arma se detuvo y un “clack” se pudo escuchar, era tiempo de que la parca cobrara lo que había esperado, una sonrisa mas, un “jojojo” de risa y el gatillo que se apretó.

Durante una fracción de segundo el hombre vio su vida, vio desde su nacimiento, el esfuerzo de sus padres, su primera lucha, como si viviera nuevamente vio aquello que lo había convertido en lo que era, vio el reflejo en los cristales de la pequeña iglesia, veía la sonrisa de esa mujer que le había prometido amor eterno y como en menos de un año todo se había esfumado, como la plaga se la había llevado, como se había llevado a aquella criatura que crecía en su vientre y que jamás había podido ver la luz del día, recordó la taberna, tan roñosa como un perro callejero y tan sucia como un pordiosero, se vio ahí, solo, frente a la barra, con una jarra de cerveza barata, con dos monedas de cobre en el bolsillo y sin sueños o esperanzas, recordaba cómo había visto aquel pergamino y como si la suerte le sonriera veía ante él un nuevo futuro, una nueva vida, pero ahora todo desaparecía, no por sus deseos, no por sus actos, si no por no hacer oídos sordos a un hombre, a un hombre que decía que podía hacerlo rico, que decía que si le seguían podría mostrarles el oro que deseaban … ahora moriría … cerro sus ojos y espero … espero que el dolor surgiera en su carne y como esta, un instante después desaparecería como su vida, pero … no sucedió, no se escucho la detonación, no apareció el dolor, no surgió la sangre ni la muerte, con lentitud abrió sus ojos y vio el inventor sonriendo, divertido, el hombre sudaba frio, ¿no le mataría?, el inventor solo rio, y con una carcajada negó con su cabeza.

-¿Tan poco valoras tu vida? … márchate, te lo advertí una vez… mas esta vez será diferente… no te pienso matar… no pienso gastar una munición en ti… no vales la pena… pero aun así me eres una molestia-

Una voz surgió de la nada, una nueva voz que dictaminaba el nuevo camino a seguir, el inventor sonio cuando le dio la espalda al hombre y casi en un susurro le dijo unas últimas palabras “Despídete de tus amigos …. No creo que vean un nuevo amanecer” mientras caminaba … tenía diez minutos, ni uno más, mas el inventor de pronto piso algo, y levantando su pie vio el un anillo común en el suelo, sin dudarlo lo tomo y se lo coloco en su meñique, le quedaba perfecto… pero debía de seguir el tiempo no esperaba a nadie, el inventor volvió a entrar al barco, debía de buscar varias cosas y diez minutos eran precisos, tan solo demoro dos en encontrar lo que necesitaba, sus herramientas y algunos trozos de metal que le habían sobrado, mas cuando pasaba por los camarotes desde uno le pareció escuchar sonidos y la voz de alguien conocido, ¿acaso no era el joven Bastian? Rápidamente intento abrir la puerta, pero esta se mantenía trancada, ¿los gritos del inventor se podrían escuchar desde el otro lado de la madera? No sabría… pero si no fuera así seria más que notorio cuando hiciera aquello, sin pensarlo saco su arma y apunto a donde estaría la cerradura, la acción del gatillo hizo que se consumiera uno de los extraños cilindros, haciendo estallar la cerradura en mil pedazos y abriendo la puerta de un golpe

-Quedan 7 Minutos, apresúrense *viendo a la mujer* llévenla cargando, debemos de apresurarnos si deseamos llegar antes a la orilla de que el tiempo se acabe-

Rápidamente el inventor miro a los que quedaban, varios para ser exactos, algunos botes se mantenían listos para abordar, el inventor se acerco a uno y saco su arma, esta vez mas que usarla sería útil como disuasión para cualquiera que intentara arrebatárselo… esperaría un minuto… si no partiría, ya que por la distancia que quedaba hasta la orilla… podrían demorar entre tres y cinco minutos en poder lograr llegar a la orilla.



~~
avatar
Doctor Ivo Robotnik
Artifice Mecanico

Mensajes : 301
Edad : 52
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Jue Ene 26, 2012 10:54 pm

Estúpidos perros sucios y traicioneros… ¿Qué demonios tramaban? El grupo cinco trató de arrebatarnos las patas de arpía, las cuales yo había estado cosechando de forma rápida y eficaz, y tuvieron el descuido de no fijarse en cómo era nuestro grupo. Ivo se “peleó” contra uno, el cual no pareció ser rival del inventor, mientras que el orco, según parecía, había enganchado al hombrecillo que antes le había intentado delatar. Así pues, sólo debía hacerle frente a dos… Era momento de aprovechar la energía que el sello familiar me otorgaba…

Empecé a luchar con una mano contra el hombre que se había puesto delante de mí, atacando de forma marcial con mi espada, haciéndole retroceder. Al principio parecía que iba a ser una victoria fácil, pero entonces noté como un hechicero conjuraba un encantamiento de vigor, cosa que se tradujo en que mi oponente pudo contraatacar e igualarse a mi nivel. Contrariado, busqué el momento oportuno para atacar, momento que apareció cuando el espadachín hizo un fallo defensivo, el cual aproveché para darle una patada en la entrepierna.

El hombre cayó al suelo, retorciéndose de dolor con lágrimas surgiendo de sus ojos, mientras el hechicero me miraba con miedo… Le miré y le dije, tras notar que mi fuerza mágica, gracias a mis posesiones, era muy superior a la de él:

-Ese hechizo te habría venido bien si tus compañeros no fueran tan inútiles, amigo…-

Reí ligeramente de forma maníaca, para repentinamente apuntar mi espada hacia el enemigo que yo había derribado, el cual trabajosamente intentaba ponerse de pie. Convoqué el retorcer ligamentos, empleando una dosis letal de esencia. El hombre empezó a chillar de dolor, retorciéndose espasmódicamente mientras soltaba el arma, y tal fue la brutalidad del dolor y la subida de su presión sanguínea, que empezó a sangrar por la nariz y la boca. Finalmente, su cerebro colapsó ante el shock de dolor, y junto al brutal aumento de la presión que sufrían sus arterias, padeció un derrame cerebral. Dejé de convocar el hechizo, mientras el hombre se retorcía en sus últimos espasmos de vida. Miré entonces al hechicero, que resultó ser un hechicero de apoyo, y le dije, riendo ligeramente:

-¿De veras crees que con tus truquillos de apoyo puedes rivalizar contra un nigromante? Huye y salva tu vida… O lucha, muere, y ponte a mi servicio.-

El hombre temblaba de miedo, y no tardó mucho en salir corriendo, lleno de puro pavor. Ojalá le tiraran al mar y así acabaran de una maldita vez con él. De repente, todos pudimos escuchar como la misma voz de antes nos indicaba que podíamos desembarcar, y que debíamos cazar las criaturas que saldrían en el libro de viajes, además de que teníamos que estar fuera del barco en un tiempo de 10 minutos. Empecé a contar los segundos por dentro, mientras observaba a Ivo irse, aunque no en dirección a los botes. Seguramente iría a buscar a los otros miembros del grupo. Yo decidí ir rápidamente a los botes y asegurar uno justo después de dejar las patas de arpía en manos de uno de los marineros. Tras eso, me abroché de nuevo la vieja capa que en tantos viajes me había acompañado y descargué de mi espalda el escudo, cogiéndolo de nuevo con la mano. Ya me sentía seguro de nuevo.

El collar en mi cuello temblaba levemente, demostrando que ya empezaba a actuar contra las energías mágicas del bosque, y en ese momento decidí elevar una plegaría a Elhías:

-Por favor, no dejes que mutemos…-

Tras eso, me situé justo al lado de uno de los botes suficientemente grandes como para poder llevarnos a todos, el orco incluido, sin hundirnos. Precisamente era el que yo había usado para llegar a aquella embarcación. Observé el cuaderno de viaje, a la vez que esperaba a mis compañeros, mientras mantenía en mi mente el contador. Esperaba que se dieran prisa… No me hacía gracia quedarme solo en el bosque de Theezeroth.

Lo que pude ver en el cuaderno de viaje resultó ser nada más y nada menos que la cena de los intrépidos. Sí, como militar veterano, conocía a aquél animal, y sí, yo había sido de los intrépidos que habían consumido su deliciosa carne. Fue hace tiempo, cuando ataqué con mi escuadrón un campamento de engendros que se había establecido en Zhakhesh. Traían a esos seres con ellos, y el cocinero del escuadrón conocía a esos bichejos.

Guardé el diario rápidamente en la mochila y tras eso, observé la gran figura de Ivo dirigiéndose a por un bote, cercano al que yo estaba, así que decidí acercarme a él rápidamente y decirle, apresurado, mientras le ayudaba a fletarlo:

-¿Quiénes vienen, Ivo? Debemos darnos prisa o no llegaremos…-
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Sáb Ene 28, 2012 3:42 am

Di un paso atrás cuando la mujer de sirio se levanto embravecida del suelo, con intenciones que no debían ser muy distintas a las de las arpías que morían en la cubierta al perder sus patas, y que para el momento ya no debían ser demasiadas, el marido de la paciente fue intrépido con sus movimientos tal y como siempre lo había sido, y redujo a su esposa en menos de lo que parpadeaba, de no haber estado yo herido como lo estaba probablemente le hubiera ayudado… pero ahora eso no era del todo importante ,mas si lo eran mis habilidades como médico y la fuerza de la espalda de Sirio.
Sirio se había colocado en una posición bastante… ridícula encima de su esposa, mantenía sus piernas aplastados bajo su peso, mientras sujetaba sus muñecas con las propias, su cuerpo arqueado de una manera extraña me dejaba un ligero espacio para trabajar… algo incomodo pero lo suficiente como para yo poder realizar algunos cortes y poder realizar la limpieza.
Solo llevaba conmigo algunos de los equipos médicos que llevaba el groso del tiempo, y tras buscarme un momento note que no tenia ninguna herramienta del tipo que sirviera para abrir heridas en la carne… note que en el cinto de la mujer estaban ocultas varias dagas, llego la hora de improvisar… aunque lamentaba no tener tiempo de limpiar apropiadamente las cosas que usaría, durante un segundo la chica pareció estar más tranquila… quizás se había agotado tras los primeros pataleos, aproveche el momento, primero rociándola con el liquido traslucido y blanquecino hecho a base de cocá, con lo cual ella debió perder gran parte de la sensación en su estomago a la altura de la heridas… ya estaba anestesiada.
Con la daga hice lentamente algunos cortes sobre las heridas rojizas, en cuanto abrí las carnes note algunas manchas negras y un poco de pus, el veneno de las arpías debía ser muy efectivo, rápidamente, ya que el daño pese a solo haber sido unos pocos minutos era extenso… bueno, extenso para el tiempo que tuvo.
Tras limpiar las heridas con vendajes que llevaba conmigo a todos lados, de un baño del destilado de un hongo que tenía un efecto bastante potente en mantener las heridas libres de infecciones, luego la herida empezó a cerrar por sí sola, debido a la magia de la pulsera.
Me levante tras acabar de tratar a la esposa de Sirio… entonces sonó el mensaje del sujeto pequeño que dirigía todo el asunto, bueno, teníamos menos de 10 minutos así que no teníamos tiempo que perder.
Sirio comprendiendo eso tan bien como yo, se aproximo a la puerta y trato de abrirla… mas una fuerza invisible le arrojo contra la pared contraria… -¿sirio, estas bien?- pregunte mientras el hombre sacudía su cabeza levemente y decía lo obvio…
Era… una acertijo… podía entender una parte, estaba escrito en una forma de rúnico que me era desconocida, mas… similar a los que si sabía, tenía que ordenarlo supongo…
Primero puse la figura del hombre
Seguida de la de oso
Tercero iba el lobo
Por último el dragón…

Supuse que estuve en l correcto, ya que en cuanto di unos pasos atrás esperando una demostración de magia o brillitos lindos típicos de esas artes tan… erráticas, simplemente la cerradura exploto, tras ella estaba Ivo, y su extraña creación.

-Quedan 7 Minutos, apresúrense llévenla cargando, debemos de apresurarnos si deseamos llegar antes a la orilla de que el tiempo se acabe-

-no hay tiempo que perder- dije obedeciéndole… hice recuento, llevaba casi todo lo que era mío salvo por el laboratorio que iba a perderse si todas las puertas estaban cerradas así además de algunos de mis equipos médicos, mas… llevaba lo que tenía antes de subir al barco.
avatar
Bastian

Mensajes : 135
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Sáb Ene 28, 2012 6:40 am

Therion Fortín de Acero avanzaba por los pasillos de madera, con esa parsimonia suya de los momentos de sosiego, avanzaba pues, sin el peso del rencor a cuestas, habiendo cobrado su afrenta. Pese a que le aguardaba una ardua lucha por la sobrevivencia entre la espesura de un bosque corrupto, no tenía otra preocupación que no fuera la funesta perspectiva de un futuro próximo sin licor. Había olvidado el hecho de que navegaba a través de las aguas venenosas de un mar inagotable, como había olvidado al apetito insaciable del fuego griego y a los gritos estridentes de las mujeres arpía, y había olvidado también a su delator, que se encontraba agonizando bajo su propia piel, y cuya sangre limpiaba de sus cuchillos con el desdén de la inconsciencia. Se había transportado a alguno de sus tantos festejos posteriores a alguna batalla venturosa: El suelo firme, el calor del fuego, la proeza de guerra relatada por un bardo, un grupo de valientes exhaustos brindando ron e hidromiel, y la presencia cálida de 2 putas grandes y gordas. Entonces una voz salida de la nada lo vino a sacar de golpe de su añoranza.

Tuvo que volverse y comprobar que estaba solo, para comprender de nuevo que la voz tenía un origen sobrenatural, y que probablemente todos la estaban escuchando al tiempo. De vuelta a su realidad de fortín embarcado, el orco hubo de preguntarse sobre la suerte de sus compañeros en aquella batalla de perspectiva cómoda, y apresuró por fin el paso, para encontrarse con una cubierta en la que apenas y quedaban los cuerpos inertes y mutilados de un montón de arpías desafortunadas, entre los que pululaba alguno que otro rezagado en busca de los compañeros extraviados.

Con más premura esta vez, Therion se dirigió hasta el lugar de los botes salvavidas, y entre tanta agitación temió que su grupo le hubiese dejado atrás, pero entonces reconoció la forma inverosímil del cuerpo del Doctor Ivo Robotnik, que ya se encontraba a bordo de un bote, junto con el resto de supervivientes del grupo número 2, y corrió a través de un mar de hombretones que iban y venían para enfrentarse una vez más a ese salto aterrador de abordar una embarcación sostenida por cuerdas a decenas de metros de la superficie. Tal vez porque avistar la proximidad de la tierra firme le infundió un coraje súbito, esta vez Therion llevo a cabo el abordaje con mucho menos estrépito y torpeza, y pronto estuvo sentado entre sus compañeros para iniciar un descenso que careció de la espectacularidad catastrófica de su predecesor del anterior barco.

En efecto, y gracias a la ayuda de los marineros en la operación del sistema de poleas, el descenso se completó lento y seguro, y una vez sobre las aguas del mar no quedó más que remar. Con un avance pausado que se fue acelerando conforme se empezaban a formar las olas que les daban un empujón alentador desde la espalda. Hasta que estuvieron tan sobre la playa que ya no pudieron avanzar más, porque el impulso que daban las olas y los remos se revertía por la misma agua, que regresaba al mar arrastrada por la gravedad, y entonces Therion comprendió que no tenía más opción que mojarse las piernas. De manera que descendió y se tomó el trabajo de arrastrar el bote hasta que quedó encallado sobre la arena, para que así les fuera más fácil bajar a aquella pajarita enferma, cuyos atributos había tenido tiempo de ojear mientras remaba.

Y entonces caminó hasta salir de las aguas lóbregas de esa playa apagada, y fue dejando sus huellas sobre la arena gruesa y oscura para empezar a contemplar la imponencia perturbadora de ese bosque maldito. Sobre su bolsa de cuero, el collar caído del suelo palpitaba, y con una prudencia impropia de él, Therion se lo puso al cuello.
avatar
Therion Fortín de Acero

Mensajes : 46
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Dom Ene 29, 2012 7:38 am

Sintieron sus pies húmedos deslizarse sobre la arena, el sol tibio sobre la piel y la perturbadora panorámica del gigantesco bosque de los engendros cuya influencia mágica hacía vibrar tanto las pulseras entregadas por las marineros de la tripulación como sus corazones embutidos bajo el instinto de aventura.
Todos los grupos fueron llegando poco a poco a la deriva mientras a sus espaldas la gran embarcación se mantenía suspendida sobre las aguas, silenciosa y misteriosamente lejana, como si en un parpadeo pudiera desaparecer de la vista de los presentes.
Ahora claramente podía observarse el tamaño final que manifestaban los grupos junto con su afortunada o desafortunada situación. El grupo número cinco y número tres estaban ausentes, los sobrevivientes del primero luego del enfrentamiento con el grupo número dos no llegaron a tiempo a ningún bote y tendrían que aguardar el destino advertido que les deparaba sobre la embarcación mientras que los miembros del grupo número tres simplemente fueron consumidos bajo las garras de aquellas desquiciadas arpías.
A diferencia del grupo número siete, que era el que más gente tenía, todos los otros grupos se manifestaban ligeramente equitativos. El grupo número uno poseía cinco miembros en total, tres de ellos eran horigues y el resto humanos con espadas y lanzas, pero lo curioso de ese grupo es que tuvieron la ocurrencia de cargar consigo uno de los barriles de la embarcación, según los rumores descubrieron que en su interior en vez de agua había alcohol, por lo demás, el grupo número cuatro y seis tenían conjuntamente seis miembros conformados por horigues, merrow crusdi, humanos y destacándose un enano en el grupo número cuatro. Sin embargo el grupo que de verdad destacaba por creces era el número siete tanto por su cantidad numérica como por su variopinta presentación puesto que tenían como integrantes a dos portentosos engendros que fueron criados fuera del bosque de Theezeroth por los alrededores del bosque de Silvide, también poseían un elfo arquero, un divium, un enano, dos guerreros humanos, entre ambos destacándose el enigmático espadachín Jack y como último adherente el cobarde pero afortunado marinero Ed. Mientras que en el grupo número dos, uno de los integrantes había recibido un desafortunado altercado a causa de su imprudencia y ahora se lamentaba una gran pérdida…

Cuando quedaban tan solo siete minutos para salir Bastian había ido con Sirio para atender a su esposa que se encontraba gravemente envenenada, mas cuando sonó la alarma advirtiendo de que debían salir lo antes posible del sitio el portón del cuarto se cerró por una fuerza misteriosa que no permitiría que ninguno de los atrapados saliera si uno de ellos no descubría armar correctamente el acertijo. Todo aquello funcionaba mediante una runa de gran calibre enganchada en el pestillo de la puerta, por lo tanto, luego de que Bastian ordenara correctamente los diseños del acertijo despertando aquella runa incógnita la puerta estaba presta a liberarse más un impacto desde el exterior fue a dar directamente donde se encontraba aquella runa la cual se sobrecargó en vista de que el artefacto empleado para dispararle era funcional mediante runas y ocurrió una pequeña explosión en manos de Ivo que aparte de destrozarle el dedo índice junto con el anillo que era de Geak sucedió que su apreciada arma modificada, el Egg 0-13, se hizo literalmente pedazos y las runas aledañas que le otorgaban ciertas cualidades se anularon y luego se destruyeron permanentemente.
Ivo sería testigo de cómo su maravilla metálica desaparecía bajo una explosión para convertirse en una pila de trozos que ya no servían para nada además que la fuerza del conjuro que mantenía cerrada aquella puerta fue lo suficientemente poderoso para destruir todas las runas que nunca más podría volver a recuperar.
Por lo demás, la explosión dispararía un extraño metal que partiría rauda hacia el frente y se enterraría en la cuenca vacía y mal herida del médico. Bastian recibiría directamente en su ojo vacío la runa que había despertado al resolver correctamente su acertijo, pero por el momento solo sangraba y dolía intensamente y por más que tratase no podría arrancársela.
Pero al menos estaban con vida lo cual no dejaba al grupo en desventaja numérica sobre los demás.

Los grupos se echaron entre ellos sus últimas miradas de inspección, ya que por mucho que algunos se conocieran de antemano ahora que los grupos estaban formados quedaba claro quién trabajaba con quién. Ahora eran todos rivales y por ende enemigos, solo un grupo de todos ellos tendría que sobresalir. Sin embargo, a pesar de las miradas furtivas no ocurrieron roces entre los grupos, al parecer todos decidieron que sería mejor centrarse en realizar bien la labor, preocuparse únicamente de los suyos y en sumergirse bajo la enorme y húmeda extensión de bosque que era Theezeroth para ir a buscar aquellas gallinas cuya fealdad era tan grande como su exquisito sabor.

Sirio Deneb se presentó al grupo como un ex comerciante de Akdhar que ahora se dedicaba a lo militar, también presentó a Inuwel como su esposa pero con el nombre falso de Zaahira aunque no se habló mayor detalle de ella ya que estaba profundamente dormida en brazos de su marido.
-Mis razones de realizar este viaje son los mismos que la mayoría, el dinero y el título-Fue comentando pasado unos minutos de camino sobre la arena y cuando ya se encontraban frente a la entrada del bosque que los recibía con una puerta de tupida maleza el humano comenzó a abrirse paso cortando con su sable que sostenía con una mano, ya que la otra la mantenía ocupada en cargar a Inuwel la cual estaba recostada sobre su hombro de espaldas ya que seguía adormilada a causa de la fiebre, mientras conversaba con su equipo, el número dos.
-Lo mejor será hallar el río y seguir su curso sin perderlo de vista, mucha gente pierde la orientación por la espesura de este bosque y se someten a la desesperación hasta morir a pesar de encontrarse a pocos metros de una posible salida. Usar el río como referencia nos ahorrará esos problemas, y frente al mapa –Agregó mirando a Khaelos e Ivo alternativamente luego de que uno de ellos diera manifiesto de la existencia de dicho artículo –No negaré que es bastante útil pero nunca se sabe cuando le dé por dejar de funcionar, no sé ustedes pero por todo lo que ha ido pasando no me fio del todo de eso y prefiero no confiarme… las sorpresas llegan a cada momento-Finalizó prestando atención a los sonidos del bosque que opacaban el ruido de las olas del mar a sus espaldas.

Entre todos fueron creando un camino a través de la voluptuosa vegetación sintiendo los intensos aromas y la vibrante orquesta natural de ruidos de aves y criaturas desconocidas recorrer cada resquicio de los árboles y palpitar sobre la superficie como asimismo sintieron el aire espeso y el ambiente en permanente humedad. Y si bien durante el día el clima era cálido mas no sofocante por las noches se tornaba profundamente helado además que la visión se hacía complicada a causa de una espesa neblina blanca que abrazaba los árboles y los suspendía como en un escenario de ensueños, sin embargo, a veces asaltaban en bandas una gran cantidad de luciérnagas y entre medio de la hojarasca podían verse permanentes luceros colorados brillantes como si fueran varios ojos que les espiaban constantemente. De todas maneras era más cómodo que las constantes nubes de mosquitos que atacaban durante el día principalmente cuando se encontraban frente a un claro que permitía la entrada directa del sol, algunos mosquitos se metían en la nariz y otros significaban incomodas picaduras acompañadas de constantes zumbidos que al final del día terminaban siendo irritantes.

Inuwel en la tarde del primer día de viaje despertó sintiéndose mejor e incluso admitió sentirse más saludable y fuerte, además que como curiosidad las marcas rojas que tenía sobre su vientre se deshincharon para borrarse pero tomaron la forma de dos líneas tribales como tatuajes colorados. De vez en cuando se le veía intercambiar palabras bajas con Sirio como si entre ambos hubieran temas que no podían ser compartidos por los demás, a veces se volvían para mirar a algunos del grupo y luego proseguir con sus misteriosas pláticas.
En total transcurrió una semana aproximadamente de viaje a pie donde el grupo tuvo tiempo de sobra para conocerse mejor e incluso contar diversas anécdotas para hacer el transcurso de la excursión algo menos trivial, aunque de todas formas tampoco estuvieron libres de altercados, en contadas ocasiones peligrosas y salvajes criaturas surgían desde la maleza para amonestarles y hubo días en que una banda de aves se abría a través del cielo mientras se escuchaba con claridad alaridos de socorro de parte de integrantes de grupos rivales demostrando que si no habían tenido pérdidas mortales era solamente por cosa de la suerte. Al quinto día Therion se sentía de maravilla en salud pero como si el destino pareciera estar confabulado en no vaticinar a su favor la piedra que lo protegía de la influencia mágica del bosque en un momento a otro tembló más fuerte de lo normal y se quebró en dos dejando inmediatamente de ser funcional. Aquello preocupó profundamente a Inuwel la cual no tenía intenciones de convertirse en horigue o quién sabe qué otra cosa deforme por lo cual no dejaba de mirar su collar que tenía firmemente sujeto a su muñeca como si fuera a desaparecer en cualquier momento, y lo más probable es que aquello mantuviera preocupados a todos.
-Probablemente mientras más nos aproximemos la energía que se vuelve más poderosa hace que las piedras no puedan resistir bien y si se llegan a sobrecargar se rompen-Comentó Inuwel con voz sombría mientras alzaba la cabeza escuchando el sonido de la naturaleza como si entonara una música funeraria.

Llegó la tarde del séptimo día y como ocurría la mayor parte de las veces Sirio y su supuesta esposa se alejaron un poco para platicar con mayor privacidad.

Inuwel se encontraba agitando algo entre sus manos de forma efusiva y exagerada aunque con un tono extremadamente serio en su voz.
-¡Te juro que estaba cantando! ¡e incluso bailó!, ¡por poco y alguna criatura me descubre por su ruido! –Insistió la mujer sosteniendo entre ambas manos una pequeña rana verde común y corriente que tenía la vista al frente pero sin ningún brillo particular proveniente de sus ojos que le otorgara alguna posible facultad de inteligencia. Sirio la dejó desahogarse evitando echarse a reír por lo que su compañera decía considerando que debía encontrarse media trastocada por el cansino viaje en ausencia de su licantropía, e incluso le dio en el gusto al examinar de manera breve al animal para confirmar si realmente tenía la facultad de siquiera pronunciar palabra alguna, pero lo único que llegó a salir de la boca del animal fue un común y corriente croar mientas inflaba su garganta.
-Si ya veo que canta…-Afirmó ya no aguantando lo risible que le resultaba aquella situación. Inuwel captando la ironía soltó un gruñido leve para arrojar la rana a lo lejos evidentemente molesta, de verdad que había visto anteriormente a ese animal cantar y bailar, aunque quizás se confundió... De todos modos sacudió la cabeza llevándose una mano a la frente, quizás si le estaba haciendo mal la ausencia de su bestia.
-No le veo la gracia... estoy cansada y no precisamente por el viaje-
-Me imagino, una semana, y todavía no hallamos a esas malditas gallinas, pero de todos modos quiero hablarte de otra cosa... retomar cierto tema –Agregó después poniéndose serio –Tengo una pregunta, una realmente importante que hacerte…-
-¿Qué?, habla-
-¿No te parece raro qué aquella arpía no te diera muerte cuando puso hacerlo?, eso me parece tan extraño… además de los tatuajes, ¿comenzaste a sentirte mejor desde que los tienes, no es así?, y volviendo a lo de la arpía, ¿todavía no recuerdas lo qué hizo antes de irse? ¿A dónde fue? ¿Qué más dijo?-
-No sé –Respondió secamente con gesto hastiado cruzándose de brazos ignorando que aquella rana daba un brinco para internarse sobre su morral y refugiarse en su interior –Ya te he dicho que no recuerdo absolutamente nada desde que me atacó en el vientre y yendo más lejos tampoco recuerdo que Bastian me tratara ni lo que me contaste tu acerca de aquel enigmático encierro, pero me pareció bastante extraño ciertamente, si mal no recuerdo Locrian, de quién ya te hablé antes, me contó que pasó algo parecido en la torre de Eódhain cuando nuestro compañero el enano tuvo que golpear una runa con su hacha para salir de cierto sitio…-
-Interesante, y dime, ¿tuvo este por casualidad adivinar algo?-
-Hummm… Sí, algo así me contó Locrian, aunque justamente no estaba en sus plenas facultades así que mucho no me dijo, pero parece que el enano debía escoger una de tres signos que resultaron ser runas…-
-¿Y qué pasó después con esas runas?-
-Una se la quedó Locrian, otra me llevo a tener esta maldición y la otra… no sé, no recuerdo haberla visto en lo absoluto…-
-Pues calza perfectamente con lo que tuvo que enfrentar Bastian en el camarote, nos pidieron resolver un acertijo para salir, habían unas figuras que ordenar, pero no pude entender absolutamente nada del lenguaje rúnico presentado en la puerta, y en cambio él no tuvo problema en entender qué hacer a menos que lo hiciera todo al azar, cosa que dudo-
-Ya veo... ¿Y viste la runa después?-
-No. Cuando la puerta iba a liberarse Ivo interrumpió con su arma…. Que se hizo pedazos por una fuerza que me dio la impresión que vino desde la cerradura-
-Uhmmm… podría ser que… Si Locrian se quedó con una runa, yo con otra, quizás la que no vi se la llevó el enano o el otro humano que iba con nosotros en esa misión-
-Entonces comparándolo con esta situación Bastian o Ivo han de tener esa otra runa-
-Eso significaría que tendremos que…-
-Shhh… hablemos eso después...-
Inuwel asintió mirando a todos lados y ambos al darse cuenta que se habían retrasado demasiado optaron por regresar del descanso para proseguir el viaje con el grupo.

Ya en la noche el grupo decidió descansar ocultos entre los árboles, donde uno de ellos se vio obligado a hacer la vigilancia puesto que habían decido hacerlo por turnos, al principio todo estaba calmo, el ruido de los insectos y animales nocturnos parecían querer chocar con el ruido de los ronquidos de algunos, y pasado unas horas cuando el clima se ponía algo frío, el vigilante escogido sería entonces testigo de un apetitoso aroma que ingresaba por sus fosas nasales y hacia repercusión en su estómago de forma inmanente, y si agudizaba la vista distinguiría que más al frente, entre medio de los matorrales, titilaba una luz fatua donde unas altas sombras se movían a su alrededor. Allí precisamente un grupo de cinco engendros estaban asando una de las gallinas de theezeroth manteniendo en un pequeño corral improvisado cinco más de ellas.

Luego de que el vigilante despertara al grupo estos tendrían dos opciones: alejarse de ahí para evitar problemas o ir sigilosamente a explorar para saber de que se trataba.
avatar
Inuwel
Belleza letal

Mensajes : 470
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Banquete

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 5 de 9. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9  Siguiente

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.