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El Banquete

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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Ene 29, 2012 9:07 am

Theezeroth… Otra vez el bosque se alzaba frente a mis ojos… Sólo que esta vez mucho más cerca. Muchas historias se contaban acerca de él, y en la Academia Negra, sobretodo, lo que más se habían contado eran advertencias acerca del mismo. Aquél bosque era la mayor expresión de corrupción mágica que había sobre Noreth. Mostraba las consecuencias que tenían los rituales fallidos… Notaba el colgante vibrar ligeramente sobre mi pecho, y la esencia mágica que flotaba por el área era más que reconocible. No pude evitar susurrar algo:

-Esta cantidad de magia… Es abrumadora…-

Pude observar entonces, cuando me giré a los lados, que algunos de los grupos habían sido mermados o erradicados, y otros en cambio habían salido casi indemnes de todo. En otra situación les habría deseado suerte. En aquella… Una muerte rápida como mucho. En nuestro grupo las cosas no estaban muy bien. La chica estaba inconsciente, Ivo había perdido su arma, y creo que también le faltaba el índice, Bastian tenía algo clavado en el ojo… No pintaba especialmente bien la cosa, aunque en peores situaciones he estado.

El hombre de aspecto árabe se presentó como Sirio, y a su mujer la presentó como Zaahira. No hicimos hincapié en ese tema por el simple hecho de que ella estaba inconsciente. Yo por mi parte le respondí, haciendo una ligera reverencia:

-Mi nombre es Khaelos, Khaelos Kohlheim. Mis motivos… El dinero y la necesidad de hacerme más fuerte.-

Cuando nos fuimos adentrando en el bosque, yo me situé junto a Sirio, abriendo paso con la espada, usándola a modo de machete. Cuando él habló diciendo lo de seguir el río, yo asentí para mis adentros. Aquello era una decisión acertada. Cuando dijo lo del mapa le miré y le respondí, riendo ligeramente:

-Si yo me fiara de algo desde que entré en el barco en Phonterek sería un idiota… Esto en lo que estamos metidos no es más que un juego de ajedrez en el que nosotros somos los peones, estoy convencido… De momento, creo que podremos usar el mapa. Si mi suposición de que esto es un macabro juego es cierta… Bueno, supongo que no querrán acabar con la diversión tan rápido, ¿no?-

Poco a poco fuimos abriéndonos paso por el bosque, pasando días cálidos y noches gélidas. La niebla caía tras el atardecer, haciendo que nuestra visión se redujera considerablemente. Luciérnagas y otros seres se movían por el bosque, y los malditos mosquitos zumbaban por todos sitios. Di gracias de llevar ropa de cuero debajo de la armadura y una cota de mallas que me cubriera casi todo excepto los ojos. Ese es el sitio donde nunca pican. En cuanto a sus zumbidos… Los nigromantes solemos estar rodeados de cadáveres, y los cadáveres, de moscas. No zumbaban exactamente igual, pero uno se acostumbra. Esa misma noche les di algunas indicaciones acerca del bosque:

-Tened mucho cuidado… Aquí nada es lo que parece. La magia siempre cambia, y puede transformarlo todo. La senda de ayer puede convertirse en un barranco mañana. No debemos beber ni comer nada del bosque a no ser que sea absolutamente necesario, y en caso de hacerlo, siempre en las dosis justas y necesarias, nunca más que eso. Si la magia, flotando por el viento, es capaz de mutar a este sitio y sus habitantes… Imaginaros lo que puede haceros a vosotros si os la tragáis. Si se nos acaban las provisiones, antes de tocar algo de por aquí preguntadme primero. Así puedo ver qué riesgo ofrece el alimento en cuestión.-

Sirio y su mujer de tanto en tanto se aislaban del grupo para hablar de temas secretos, y aquello, la verdad, me incomodaba. Éramos un grupo. Se suponía que no podía haber secretos entre miembros del grupo de aquella manera, ¿no? Uno no está tan dispuesto a morir por otro si no sabe hasta qué punto puede confiar en él. Lo que tenía claro, es que Sirio era algo más de lo que aparentaba. Aún a pesar de la magia creciente del bosque, podía notar que él desprendía cierta esencia mágica. Yo no era lo suficiente poderoso como para saber de qué escuela era, pero su esencia era distinta a la de los demás. Debería hablar con él.

Durante la tediosa travesía por el bosque nos topamos con algunos de los bizarros seres que poblaban aquél bosque. No me entretendré en describirlos a todos, aunque puedo describir al más asqueroso que vimos. Vimos una especie de ser cuya forma era demasiado extraña. Tenía cuerpo y alas de mosca, cola de león, antenas de hormiga, y en lugar de patas poseía tentáculos, excepto en las dos patas de delante, sitio donde poseía un par de pinzas de cangrejo. Sin embargo, su cara era tal vez lo más desconcertante. Tenía un rostro perfectamente definido de bebé de tres meses humano, pero con ojos reptilianos y con lengua de serpiente. Raro, sin duda. Sin embargo, no fue especialmente difícil despacharlo. Apenas tuvimos que malgastar energías en él.

Al quinto día, el orco pareció tener un golpe de muy mala suerte, pues su piedra tembló y se partió, dejando de proteger a aquél ser. La mujer no fue la única en preocuparse, y yo no evité quitarme el casco y la capucha de mallas para poder apreciar mejor lo que había sucedido. Cuando ella acabó de hablar, yo dije:

-Sí, la presencia mágica se hace más y más evidente a medida que nos abrimos paso… A estas alturas, todos deberíais notarla ya de forma clara y no sólo por las piedras que llevamos… Orco, ten cuidado… Afortunadamente tu raza es resistente a la mutación, más que la de los humanos, pero… Ser resistente no te hace inmune. Avísame si en algún momento sientes algo raro. Generalmente, los primeros indicios de mutación se perciben en el cerebro. Paranoias, alucinaciones, impulsos homicidas, pérdida de control, mareos… Esto último va para todos. Debéis tener muy presente que la magia, para poder cambiar vuestro cuerpo, primero debe doblar vuestra mente. ¿Por qué os pensáis que los engendros son tan agresivos y brutales? No es por el trauma en sí… Es porque sus mentes están podridas...-

Al séptimo día, tras descansar entre los árboles, buscando ocultarnos de cualquier posible enemigo, hicimos un pequeño campamento. Yo decidí comer y beber un poco, aunque me había racionado lo mejor posible la comida que llevaba en la bolsa, pues quería evitar depender en lo posible de lo que ofrecía el bosque. Hice la primera guardia, la cual parecía que iba a ser más bien tranquilita. Sin embargo, un olor demasiado delicioso para ser verdad llegó a mis fosas nasales, haciéndome venir un hambre tremenda. Me desplacé sigilosamente hasta poder observar la escena. Un grupo de cinco engendros cocinando una de esas “gallinas”. ¡Y con ellos tenían a cinco de esas gallinas! Sin descubrir mi cobertura, me acerqué al grupo y empecé a despertarlos. Una vez estuvieron todos despiertos, les dije en susurros:

-Compañeros… Yo sugiero que ataquemos a los engendros… ¡Es nuestra oportunidad para obtener las gallinas! Este es el plan de batalla que propongo… Bastian, Ivo, si podéis disparar, abrid fuego contra los dos engendros más grandes que veais. Sirio, Therion, nosotros tres cargaremos por el frente. Zaahira, ¿crees que podrías aprovechar para robar las “gallinas” de forma sigilosa? Sé que son feas de cojones, pero no te preocupes, no muerden. Son más mansas que las gallinas normales. Y están mucho más ricas. Si tenemos suerte y matamos a los engendros antes de que se sirvan la cena, podremos aprovecharla nosotros.-
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Ene 31, 2012 5:06 pm

Se dice que en los errores esta la enseñanza
Que hay que aprender a caer antes de poder caminar
O que en la victoria no existe una lección
Pero muchas veces, un simple acto puede desencadenar
Una serie de hechos que nadie puede detener ya
¿Qué es más peligroso que el ego herido de un inventor?
O mejor dicho…
¿Hasta dónde puede llegar para demostrarse que puede hacerlo?

Christian Chacana 31 de enero de 2012

Quizás las cosas realmente no habían salido como uno esperaba, un simple acto había hecho estragos en el propio inventor, ya que el simple hecho de disparar se había llevado consigo tres cosas importantes o mejor dicho, tres cosas valiosas del inventor, unas más que otras, desde que había subido a ese barco las cosas … no eran lo que uno deseara, y en más de una ocasión el hombre del mostacho había arriesgado su vida por el simple hecho e seguir ahí, pero ahora las cosas eran peores, después de accionar el gatillo todo se convirtió en una hecatombe, el arma se hizo pedazos por la “magia” que había en ese lugar, aunque el inventor desconocía ese hecho, para el simplemente el arma había tenido un fallo … un desastroso fallo que le había costado no solo el anillo que había encontrado, si no una parte de su propia anatomía, como si fuera el costo de haber usado esa arma, la cual no era realmente la más apta para la situación, la detonación se llevo consigo el dedo meñique del inventor, este fue cortado limpiamente por una de las esquirlas, obsequiándole un agudo dolor en su propia carne, lo que hizo que tuviera que apretar la herida sangrante, después de ello el viaje continuo, no sin antes, vendarse aquella herida con fuerza, un pequeño torniquete por decirlo de alguna manera.

Ya en la orilla las cosas tampoco resultarían tan bien, estaban directamente en el bosque maldito como se le conocía, ya que por la tierra y la sabia de los arboles la magia fluía, de por si el lugar causaba malestar en cualquiera que estuviera ahí, pero en el inventor era aun peor, con su clara aversión a la magia, el desagrado aumento hasta límites casi intolerables y únicamente se mantenía impasible por su experiencia y por mantener las apariencias, en sus hombros venia colgada su “mochila” aquella caja de metal que contenía en su interior piezas y herramientas, suficiente como para construir armamento del más variado, pero en esos momentos el inventor estaba preocupado de otro asunto, la herida … esta no había dejado de sangrar y aun cuando ahora lo hacía menos, tenía posibilidades de que se infectara o de que el aroma a sangra atrajera a algún “invitado” indeseable, la ayuda llego de mano, ya que solo poseía una en esos momentos, del joven Bastian, el cual al parecer, poseía más conocimientos de alquimia que el propio inventor, y claro … en esos momentos cada uno llevaba una rama de perfección, el con su alquimia y el inventor con su ingeniería, de cualquier forma, un par de píldoras para apalear el dolor y bajar el sangrado y luego algo tan simple y a la vez doloroso, un poco de pólvora en el corte y una chispa, tan solo un segundo demoro el calor en cauterizar cada vaso sanguíneo, el dolor fue un poco más de lo anterior, ya que las píldoras lo disminuían en su mayoría pero no en su totalidad, un vendado limpio y el inventor ya estaba mejor, ahora venia lo siguiente que hacer … un arma.

Durante el primer día de viaje, las criaturas que miraban entre las sombras no eran de lo más reconfortante, seres sin ojos y con cuencas vacías, otros con demasiados para sus diminutos cuerpos y cuando el inventor pareció ver una simple lagartija, se fio cuenta de que esta simplemente era la punta de la lengua de una criatura semejante a una rana, no era el mejor lugar para estar sin armas, y aun cuando el inventor aun poseía cuatro de sus bombas, y su hacha arcabuz, había perdido demasiado ya, su ballesta modificada había sido destruida por las arpías y el prototipo de su nueva arma, hecha añicos por algo en el barco … no le quedaba más remedio que construir otra … cosa absolutamente insignificante para él, claro que si hubiera estado en su taller, en aquel ambiente salvaje, inhóspito y claramente contaminado con magia, las cosas se dificultarían en más de una ocasión, eso era algo irrefutable, durante los siguientes dos días el inventor comenzó una “recolección sistemática”, en al cual incluía trozos de madera seca de algún árbol , claro después de que algún idiota se acercara lo suficiente como para no morir por alguna trampa natural, piedras de formas curiosas e incluso algo de sabia de arboles completamente desconocidos para él, aunque sí con propiedades muy semejantes a un pegamento natural, pero de un aroma semejante a las plumas de gallina quemadas, durante dos días llevo a cabo esa recolección, trabajando en los materiales cuando descansaban un par de horas en el día o al anochecer cuando acampaban, lentamente, gracias a algunas piezas que habían sido astutamente guardadas en la mochila se pudo crear un sistema de disparo rudimentario, ya que en su origen, había sido de un arma de fuego, pero la carencia de algunos materiales como un tubo de metal, hacían imposible la tarea de crear un arcabuz o una pistola, pero en la mente del inventor otro plan se fraguaba, dos días demoro en juntar “algunos” materiales óptimos y otros quizás improvisados, mientras que otros dos días demoro en poder preparar los materiales, con cuchilla y sierra, con atornilladores y piezas de metal dio forma a la madera, trozos de metal que obtuvo de algunos de sus proto inventos, los cuales en ese lugar no tendrían ninguna utilidad, las cuerdas de repuesto de su antigua ballesta e incluso sus propios virotes, cuando la noche del quinto día, después de algunos encuentros con algunos antropomorfos, de las más diversas índoles y deformidades, después de ver como un hombre era devorado por un árbol lentamente, el arma estuvo lista, una simple ballesta, aunque esta era un tanto más pesada, que la anterior y no tenía la misma cadencia de disparo, tampoco tenía el mismo diseño, era un tanto más simple, por las condiciones debió de descartar una ballesta de repetición , ya que si se encontraban algún antropomorfo era preferible una mejor potencia a una mayor cadencia, ya que no importaba si quedara cubierto de virotes y con vida, si con uno o dos podría morir con algo más de fuerza.

El arma consistía en un doble arco de ballesta, estas eran independientes entre sí, pero eran accionadas por un mismo gatillo, el arco exterior era de mayor envergadura, siendo un total de 55 cm sin tensión y llegando a encogerse hasta los 35 cm con la tensión, el interior media 35 cm sin tensión y 20 centímetros tensado, el soporte era de madera reforzada con placas de metal y las cuerdas eran las de una ballesta simple, el gatillo era de una pistola modificada, la forma de cargar era muy similar a una ballesta normal, si no fuera por el aditamento inferior, una pequeña placa de madera y metal, la cual recorría casi toda la extensión del arma y la cual, tensaba ambas cuerdas con un movimiento, la carga no era extremadamente dificultosa, pero si cabía la posibilidad de que alguna de las cuerdas pudiera romperse y tener que reemplazarla, de cualquier forma, al poseer dos arcos, podía lanzar dos flechas, una de estas se cargaba por la parte superior, manteniéndose en su lugar por un pequeño “riel” trabajado en la propia madera, mientras que la otra se introducía por un agujero en la parte frontal, dejando la cabeza en el exterior, una obra maestra, aunque hubiera sido mucho mejor si el inventor hubiera estado en su taller.

Durante los siguientes dos días estuvo ajustando el arma, usando algún pequeño animal o árbol para probar, una y otra vez se ajusto la tensión del arco, mas de dos veces se cortaron las cuerdas por que estaban demasiado tensas, dos veces, debieron de volverse a hacer los rieles en la madera, ya que el virote se desviaba, en un principio cerca de diez centímetros y al final tan solo tres milímetros, el segundo virote siempre seguía al primero, pero este terminaba cinco centímetros bajo el primero, dándole una idea de donde caería el segundo, , aunque claro … había olvidado nombrar un pequeño detalle, después de todos los ajustes, el arma había fallado varias veces y había sido reconstruida con pequeñas modificaciones, recubrir la zona con placas de metal, tornillos y clavos, reforzar algunas zonas con sabia, para poder hacerla algo más resistente al trabajo a la cual sería sometida, mientras se trabajaba de vez en cuando pedía una o dos píldoras para el dolor al joven Bastian, ya que el constante trabajo hacia que la herida volviera a doler… pero al cabo de una semana las molestias del corte habían pasado, fue al cabo de una semana cuando sucedió aquel acontecimiento, el aroma a carne asándose, y un aroma bastante agradable porque no decirlo, Khaelos como noble y estratega comenzó a repartir instrucciones después de ver a un grupo de cinco antropomorfos y varias de esas desagradables y monstruosas criaturas que se buscaban desde un inicio las famosas “gallinas” los antropomorfos eran de lo más variado y a la vez, sus mutaciones a cada uno lo hacían aun mas monstruoso, pinzas de cangrejo, cabello de tentáculos o ¿habrán sido serpientes? Las instrucciones del joven conde eran simples, darle a los más grandes, cosa un tanto difícil, ya que entre tanta monstruosidad sería difícil de saber cual sería el más fuerte, ya que no siempre quien poseía mas músculos lo era.

-Al parecer joven … las cosas no serán sencillas … aunque su estrategia puede ser la mejor, permítame darle una idea *mientras tensaba las cuerdas* en estos momentos no sería recomendable perder a alguno de nuestro … variopinto grupo, mientras que podemos aprovechas la superioridad numérica de los demás, aunque quizás considere cobarde la idea, sería recomendable dejar que los demás actúen con mayor prontitud, es probable que más de uno caiga al desconocer las habilidades de los antropomorfos, mientras que nosotros podemos actuar cuando estos estén preocupados de los demás, una vez vistos sus habilidades o mutaciones con más atención, podremos derrotarlos con mayor facilidad *mientras cargaba la ballesta con los virotes* ¿acaso los generales no deciden probar las habilidades del enemigo con aquellos que son indeseables? Aunque sería algo cruel si se mirara de forma santa… mas simplemente era un consejo, viendo que es el estratega del grupo, podría considerarlo joven Khaelos-


Ballesta:
Spoiler:



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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Lun Feb 06, 2012 1:07 am

La roca resplandece con un rojo que atestigua vida propia, roja, caliente, roja… y de pronto se deja caer en la cuenca llena de agua, desatando una explosión de vapores aromatizados, y entre la bruma del agua volatilizada, toma forma el cuerpo desnudo de Grumma hija de Gromm. Lo siguiente que sabe, es que Grumma está encima suyo, con la monumentalidad de sus curvas presionándolo contra el suelo de piel de la carpa, de manera que se pierde entre la prominencia de esas tetas de orca grande, sintiéndolas, palpándolas, apretándolas; llevándolas a su boca después, para comprobar en un baño repentino de éxtasis, que del verde oscuro de sus pezones emana cerveza helada, y se hubiera prendido de ellas como el bebe más voraz del mundo, de no ser porque una mano metálica sobre su hombro lo fue a despertar del sueño. Era Khaelos, que llegaba con la noticia del avistamiento de un grupo de engendros, que según contaba, tenían con ellos una jaula conteniendo el objetivo inconcluso de aquella semana de travesía a través de la selva maldita.

Seducido ahora por el tacto de la contienda inminente, Therion Fortín de Acero se reincorporó de inmediato de su lecho hojas muertas, y primero que sus armas, tanteo hasta encontrar la vejiga de piel, de la cual bebió con efusión hasta que la última gota de ron aguado alcanzó a salir. Hacía días que venía guardando aquel último trago, y lo había reservado para los instantes posteriores a alguna batalla, pero aquella noche el aviso le llegó tan de improvisto, y se sintió tan adormecido, que decidió beberlo antes que después.

Therion había pisado las arenas mortecinas de aquella playa oscura sin apenas una gota de licor, y ya se había resignado a su destino adverso, cuando vio que uno de los grupos que arribaba a la playa cargaba con un barril mediano, que resultó contener un ron de mala calidad, pero ron al fin y al cabo. Para convencerles de que llenaran su vejiga, tuvo que ofrecerles oro de Thonomer, y por alguna extraña razón uno de los antropomorfos dio en exigir varios de los cráneos con que Therion adornaba su armadura. A lo que este se resignó con una pesadumbre que se extinguió conforme alimentaba su organismo de alcohol al momento de emprender la marcha.

Y entre la humedad, los insectos y el asedio de las bestias de mutaciones impensables, se le pasaron los días y se le fue vaciando el ron de la vejiga hasta que llegó el momento del último trago, pero cuando más listo estaba para armarse de su machete y encarar a la batalla, la propuesta impensable del Doctor Ivo Robotnik le fue a caer como un baldado de agua fría, y así de pronto recordó la afrenta de la batalla naval y el fuego griego, y el hecho de que hubo un instante en que él y el conde tenebre fueron sus enemigos a muerte. Aquel rencor, por supuesto, no era otra cosa que el desahogo de la frustración que estaba empezando a sentir, y tuvo que controlarse para mantener baja su voz de bestia portentosa al momento en que pronunció las siguientes palabras:

-Si aquello de verdad les parece una buena idea, entonces tendrían que haberse quedado en la playa, seguramente allá estarían más lejos del peligro, y más lejos del éxito, ya lo creo, carajo. ¿Sufrir bajas merma nuestras posibilidades frente a la victoria? Pues ser unos cobardes que aguardan mientras los demás actúan garantiza el fracaso. Pero aún si consideráramos esta alternativa… pusilánime… resulta a todas luces inviable. Llevamos varios días de marcha en direcciones azarosas, nadie puede asegurar que otro grupo se encuentre en las proximidades. Aún cuando una fogata en la noche es llamativa, nunca en la vida Therion Fortín de Acero había visto un bosque tan denso como este bosque de mierda. ¿De verdad alguno de ustedes tiene experiencia militar? Carajo, estamos en el maldito territorio de nuestro enemigo, ellos conocen sus secretos, y conocen sus ruidos, vaya si conocen sus ruidos. Pues resulta que nuestro centinela, que se acercó a espiarles, está cubierto de una armadura pesada, ¿El atuendo del sigilo no les parece? Lo más seguro es que aquellos cabrones ya se hayan percatado de nuestra presencia, así que alisten ya mismo sus jodidas armas, palpen sus pelotas en algún lugar entre sus entrepiernas, y prepárense para pelear…-
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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Mar Feb 07, 2012 6:02 am

Hay veces… en que considero que el día que muera tendré el gusto (o disgusto) de conocer a aquel ser que me creo, demonio, ángel, dios, fantasma, espíritu, negen o como quieras llamarlo, sin importar que o quien sea, e importando mucho menos que tan poderoso fuese, le daría una patada en el culo tan increíblemente poderosa que lo haría vomitar grasa de caballo, su dolor inspiraría leyendas por los próximos milenios y probablemente rompería mi pie al hacerlo… pero sería buena recompensa por dirigir mi vida como si se tratase de una mala broma.
Cuando desperté, Sirio me estaba zarandeando tratando de despertarme… en cuanto pude centrar mi vista la primera cosa que pude ver fue que Ivo está detrás de la puerta, había caído hacia atrás, luego de haber dicho la pequeña frase a Ivo, mi cabeza dolía mucho… en especifico en la zona de la cuenca de mi ojo faltante, me lleve la mano y la cara y note que sangraba de nuevo… no pensé, busque en mi bolsillo y saque dos de las pastillas contra el dolor que tenia y las comí como si fueran un par de caramelos empujándolas hacia mi estomago usando la saliva que estaba acumulada en mi boca.
Me levante tambaleante, ayudado por Sirio, pero una vez en pie no fue difícil empezar a moverme por mi mismo, aunque con cierta lentitud, avance hasta el médico quien encorvado y con su mano en el estomago en señal de dolor lloraba la pérdida de su arma en una explosión mecánica, la misma que causaría el dolor en mi ojo, lo cual solo atribuía a la fuerza de esta mismas más que al trozo de metal que ahora estaba incrustado en mi cuenca ocular.
-has torniquete en la herida con esta venda- le dije ofreciéndole una venda –lleguemos a tierra y te atenderé como es debido-
No tardamos demasiado en llegar a la orilla, y solo me di cuenta de que tenía algo clavado en el ojo cuando Khaelos, uno de mis compañeros remarco este hecho.
Que… brujería era esa, no solo bastaba con quitarme la vista en un lado de mi cara, ahora tenía algo clavado… mas el dolor, había desaparecido y no era solo un efecto de las píldoras que dopaban mi cuerpo para palear el dolor, ese trozo metálico parecía ser algo más que solo eso.
Llegamos a la playa, una de las primera cosas que hice, fue tras la conversación donde explique que mi motivo de estar ahí era contactar A Tekner, el hombre que ofrecía la recompensa por todo el asunto, mas no les explique la razón de querer hablar con el prominente cocinero, por lo demás, una de las cosas que hice fue escribir en la corteza de un árbol la palabra “Baldur” usando las púas de mi maza, no era lo que mi gran amigo merecía, pero serviría como monumento provisional hasta poder erigir uno más digno de quien recordaba en Drunk Thrond.
También di las pastillas prometidas a Ivo, además de aconsejarle que usara pólvora para cerrar su herida con el calor de la combustión.
A medida que avanzábamos por el rio, siguiendo el sabio consejo de Sirio, iba reuniendo esporádicamente muestras de las plantas y frutas que iba encontrando, pronto, tras revisar unas pocas veces el libro donde anotaba mis ingenios e invenciones, re-descubrí los ingredientes necesarios para variadas cosas que serian útiles en ese momento.
-Compañeros, si ven una planta azul con espinas rojas, un árbol con frutos purpuras con forma de estrella o un arbusto negro con bayas amarillo pálido, avísenme de inmediato, con ellas puedo hacer cosas que no serán tan útiles como pócimas que nos permitan resistir la magia de este bosque, una bebida que nos permitirá mantener nuestras fuerzas a pesar del cansancio, y veneno efectivo contra los engendros con el que poder untar nuestras armas-

A medida que iban pasando los días, recogía las muestras que podía y hacia la poca experimentación que podía en los momentos en que nos deteníamos a acampar durante la noche, en lo que respecta a mis heridas tanto de la explosión y del incidente con Ivo, pues… estaba extrañado, mi ojo no dolía después del segundo día de viaje y pude dejar de devorar las pastillas cual caramelos, lo cual ahorraba muchas en caso de realmente necesitarlas… por lo demás, al cuarto día tuve que reemplazar el vendaje que había puesto alrededor de mi cabeza y demasiada fue mi sorpresa al ver que un nuevo ojo crecía en su lugar, en cuanto a mi brazo, regenerar ligamentos es increíblemente difícil si no se pone en cabestrillo ni se tiene la formula correcta, mas… y por mucha suerte, yo la tenia, pensaba venderla pero debí usarla… pronto mi brazo estaría en forma y seria capas de usar mi ballesta nuevamente… eso era algo que ansiaba desde que tuve que dejar el jubilo de jalar el gatillo hace unas semanas.
Un día paramos a descansar durante la noche como era usual, tras revisar los alrededores del campamento en busca de plantas útiles a mi propósito y hacer unos pocos escritos en el libro de alquimia, eche a dormir en el suelo tras construir una cama con hojas cubierta por una manta.
Khaelos tomo el primer turno de vigilancia, y hubiera sido el segundo de no ser porque el tenebre nos despertó a todos y cada uno de nosotros, al parecer cerca había un campamento conteniendo a los condenados hijos de la magia del bosque de Thezeroth, los cuales tenían en un improvisado corral los objetivos de nuestra actual búsqueda: las suculentas gallinas de Thezeroth, premio de cazadores, del cual muchas veces había oído en partidas de cacería en la alta sociedad thonomeriana y enanica, más que nunca había tenido oportunidad de ver en la realidad.
Cada cual pronuncio su idea de estrategia… y hubiera seguido las ideas de un ataque frontal de Ivo y Khaelos de no ser por la intervención del orco, el que a pesar de estar supuesto a ser menos provisto de las artes militares que nosotros, tenía mucha razón:
-caballeros, Therion tiene razón, aunque realmente dudo que ellos podrían saber de nuestra presencia y aun así estar tan tranquilos, ellos tienen ventaja al conocer el terreno, y si nos aproximamos, la mayoría seriamos fácilmente descubierto debido al peso de nuestras armas… verán… tengo estas bombas, puedo usar mi ballesta para disparar una lejos del campamento de engendros, lo cual llamara su atención, dándoles espacio a ustedes para un asalto sorpresivo -

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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Mar Feb 14, 2012 12:52 am

El engendro sostenía entre sus portentosas manos los brazos de aquel infeliz horigue que terminó mutilado en vida para luego servir de alimento para su enemigo el cual mascaba y tragaba con ansías aquella carne fresca mientras a su alrededor se arremolinaban una pila de cadáveres de la misma procedencia que su comida.

El grupo número uno de la expedición conformado por horigues y humanos respectivamente habían logrado, por azares de la suerte quizás, capturar satisfactoriamente aquellas gallinas que eran su boleto para la victoria, pero el cansancio y el hambre hicieron mella en sus cuerpos hace ya una semana y no pudiendo soportar la tentación de caminar por el bosque cargando con aquellas horribles pero sabrosas criaturas decidieron pernoctar más tiempo del necesario para cocinar al menos dos de aquellas gallinas mientras amarraban a las otras en un corral para que no se escapasen, lamentaron profundamente haberse desprendido de aquel ron de mala calidad que les habría venido perfecto para celebrar aquella hazaña pero lo compensarían degustando el exquisito manjar que significaban aquellas gallinas.
Pero su imprudencia les resultaría perjudicial, porque el fuego y el olor que comenzó a desprenderse de aquellos animales no solo despertarían el apetito de las bestias nocturnas si no que llamaría la atención de un grupo de engendros de la tribu devoracorazones que pasaba por ese lugar como quién sale a vigilar el patio de su casa.
Los desafortunados exploradores tuvieron una muerte lenta y dolorosa. Kranatos, apodado el triturador de huesos (porque su fuerza es capaz de hacer pedazos la piel, los músculos y los huesos con sus propios dedos aunque por sus compañeros es conocido de esa forma al triturar los huesos de sus víctimas con sus propios dientes mientras los come) se encargó de embestir con su cuerpo a dos de los horigues del grupo que se habían alejado de la fogata aplastándolos con su peso sin darles tiempo ni siquiera de gritar en tanto que Zafinina conocida también como Colmillos Venenosos amarró con sus serpientes a los dos humanos que estaban cocinando a las gallinas, les amarró la boca, los brazos, las piernas y el torso viendo divertida como en silencio se retorcían de dolor mientras sus niñas apretaban con fuerza sus cuerpos hasta romper sus huesos y moler sus carnes. Uno de los horigues del grupo viendo estupefacto aquella escena se olvidó completamente de las gallinas y sus compañeros para comenzar a correr despavorido por el bosque para alejarse de aquellos engendros pero sus pies pisaron una sustancia blanquecina y pegajosa que le impedía avanzar. Desesperado movió sus pies tratando una y otra vez de zafarse hasta que una gota de saliva cayó desde los árboles sobre sus hombros y soltó un quejido de dolor al tiempo que sentía como aquella sustancia quemaba sus hombros haciendo desaparecer lentamente los tejidos de la piel, alzó el rostro casi por inercia para ver de dónde venía aquel líquido para abrir ampliamente los ojos de la sorpresa al ver a un engendro encorvado sobre sí mismo que babeaba constantemente mientras le observaba con la cabeza ladeada y sus pequeños ojos entrecerrados en su dirección. El infeliz no alcanzó a gritar siquiera cuando aquella criatura saltó ágilmente desde el árbol contra él y de un bocado le agarró con sus fauces la cabeza completa mientras su saliva iba destruyendo la piel para saborear lo que a Zheperat, conocido también Saca Pellejos, más le gustaba… los cerebros.


Khaelos no había divisado un grupo de engendros en torno a una hoguera con gallinas asadas compartiendo una convivencia nocturna. Khaelos en realidad había divisado un grupo de engendros que había interrumpido el botín del grupo número uno y ahora degustaban sus cuerpos mirando como cosa menor aquellas gallinas, porque si bien eran un manjar, para las criaturas de Theezeroth eran cosa común y de todos los días, pero criaturas de otras tierras… aquello si era toda una novedad, ¡una deliciosa novedad!

-Aquella comida enlatada no debe estar muy lejos aunque parece que no vienen con estos-Comentó Rorcrak, Rompe Cráneos con su particular voz autoritaria apretando sus nudillos mientras miraba fijamente al frente como si su vista fuera capaz de ver mucho más lejos de los matorrales que se interponían en torno suyo.

-Que curiosssho ya han sssido doss sshorpressass eshtranjeras que hemosss encontrado en esshtoss díasss-Siseó Zafinina viendo como sus serpientes se tragaban voraces a los infelices para luego arrastrarse por la tierra bañada en vegetación y volver al cuerpo de la engendra alimentándola al penetrar su cuerpo haciendo que la hembra se retorciera de placer de sentirse alimentada y satisfecha-Aunque yo ya essstoy ssatissfecha-Agregó restándole importancia al otro grupo de intrusos para sentarse frente a la hoguera indiferente de lo que hicieran sus compañeros mientras las serpientes salían más delgadas de su cuerpo al no cargar con comida siseando constantemente.

Pero de pronto el ruido de una explosión a unos metros del costado izquierdo de donde se encontraban hizo que Rreriktor, El Machaca Músculos, dejara de lado aquella gallina asada que estaba mascando y mirando a sus compañeros diera señal de ir a examinar quienes más se encontraban en los alrededores. Fue seguido por Rorcrak que era el único que cargaba con armas y tenía un extraño instrumento incrustado en su abdomen que brillaba levemente cada cinco segundos mientras que Zafinina y Kranatos se quedaban en el campamento en tanto que Zheperat volvía para ver si quedaba algo más de comida y al darse cuenta que solo estaban esas simples gallinas volvió a alejarse del sitio cubriéndose por medio del follaje. Sin embargo cuando Kranatos se tragó el último bocado aparte de eructar sonoramente se puso de pie pasándose el brazo por la boca con una sonrisa siniestra mientras sus pies se arrastraban por sobre la hierba húmeda del bosque dirigiendo sus pasos hacia el grupo número dos.


La primera parte del plan se había hecho. La bomba disparada por Bastian había logrado capturar la atención de dos de los engendros mientras que los otros tres que quedaban se dispersaron también. La engendra de cuerpo femenino cubierta por serpientes que salían desde su cabeza se quedó en el campamento donde estaban siendo asadas las gallinas mientras que Kranatos comenzó a avanzar rápido y salvajemente hacia el grupo topándose primero con Khaelos que a pesar de portar con su armadura no pudo evitar ser empujado varios metros hacia atrás hasta chocar de espaldas contra uno de los árboles por un golpe de brazos proferido por el engendro.

-KRANATOS TENER MUCHA HAMBRE, KRANATOS QUERER COMER-Exclamó el engendro mirando a todos los integrantes luego de haber empujado por los aires a Khaelos. Los examinó a cada uno descartando de inmediato a los más flacos hasta detenerse en Ivo y marchar en su dirección volviendo sus brazos en dos peligrosas pinzas.
-Carne, Kranatos querer mucha carne-

Quizás la mejor opción hubiera sido tratar de alejarse de ese sitio pero ya era demasiado tarde para intentarlo. Ahora Kranatos se dirigía a atacar de frente a Ivo y todas las armas que quisieran dañar su piel no le harían ningún daño, tenían que ingeniar algo o el engendro terminaría por hacer pedazos al inventor con sus pinzas si este no era lo suficientemente bueno esquivando. Pero la ventaja era que todavía los otros engendros no habían ido a por ellos… aunque tampoco faltaría demasiado para que sucediera.

Por lo demás, Zheperat ya le había echado el ojo a ese grupo y moviéndose ágilmente por sobre los árboles se detuvo sobre unas ramas que estaban encima de Khaelos dejando caer su baba espesa y ácida cerca de él, que cuando chocaba contra la tierra esta se ennegrecía y las plantas se morían.
-Zheperat querer tu cerebro…-
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Re: El Banquete

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Feb 17, 2012 2:04 am

El primero en responder a mi plan de batalla fue Ivo, el cual propuso un plan que, si bien no era malo, era inviable, debido a que no sabíamos de la posición de los demás grupos, ni sabíamos si seguían vivos o qué. Además, cabía la posibilidad de que el otro grupo triunfara y se llevara las gallinas, lo cual nos supondría una derrota cuando teníamos la victoria al alcance de la mano. El siguiente en hablar fue el orco, el cual con sus palabras lanzó varios ataques verbales contra Ivo y otro contra mí. Alcé una ceja y le respondí, manteniendo un tono que ellos escucharan pero que no fuera alto:

-Tú tampoco habrías sido el espía ideal, ¿sabes? Por lo demás, sí, es posible que se hayan dado cuenta de nuestra presencia, así que debemos ponernos en formación, o de lo contrario nos harán trizas. Ivo, acerca de lo que dijiste de que llegara otro grupo antes que luchara contra ellos para ver qué capacidades tienen… ¿Qué crees que estaban cenando esos engendros? Uno de los grupos ya está sirviendo para alimentar a los seres de este bosque. No seremos nosotros el segundo.-

Por último, habló Bastian, el cual habló con palabras cargadas de razón. Mirándole, asentí y me puse en pie, desenvainando la espada, mientras respondía, en voz baja:

-Me parece una buena idea, amigo mío. Acerca de los engendros, si se han dado cuenta de nuestra presencia, ahora mismo estarán tendiéndonos una emboscada o esperando a que les ataquemos. Esos seres son tremendamente peligrosos, básicamente porque nunca se sabe qué esperar de ellos. Fieros como bestias, astutos como humanos.-

El plan de ataque empezó cuando Bastian disparó un explosivo que cayó en un sitio alejado de nosotros. Si teníamos suerte, podríamos caer por sorpresa sobre alguno de los enemigos. Sin embargo, la segunda parte del plan no tuvo tanto éxito, pues antes de que pudiéramos ponernos en marcha, vi a una gran mole arrojarse contra mí. No tuve tiempo siquiera a apartarme, sólo a soltar un grito cuando salí volando, y a soltar otro en el momento en el que me estampé de espaldas contra un árbol. Quedé sentado por el golpe y aturdido. Notaba cómo mi cabeza pitaba, y durante unos instantes me temblaban las piernas. No pude evitar susurrar:

-Joder… Maldito hijo de… Puta…-

Di gracias a llevar la armadura y a que ésta me confiriese una buena resistencia física, pues de no ser así, muy posiblemente me hubiese roto la espalda, hubiese muerto, o hubiese caído inconsciente. Eso sí, el soltar algunos gemidos de dolor mientras intentaba levantarme con piernas temblorosas no me lo evité.

En ese momento escuché una especie de sonido de gotas cayendo al suelo, y cuando me giré a mirar, vi que la tierra se ennegrecía y las plantitas quedaban totalmente muertas. Finalmente, noté una gota caer sobre el brazal derecho de mi armadura, aunque imagino que el hecho de que fuera de mithril y que entre sus runas, una de ellas le confiriera una mayor resistencia de lo normal hicieron que no le pasara nada a mi armadura. O a lo mejor era un ácido que afectaba sólo a tejido vivo. Cojeando por el dolor, logré avanzar un paso y mirar hacia arriba en el momento en el que escuché un siseo, tras ver las gotas. ¿Qué coño era aquello? La sorpresa logró espabilarme un poco. Cuando habló, le respondí, mientras le observaba, canalizando mi esencia para así poder lanzarle el retorcer ligamentos:

-¿Cerebro…? Como mucho te vas a comer una polla, cabrón…-

En ese momento lancé el retorcer ligamentos, deseando de todo corazón que le alcanzara para poder hacer que se cayera del árbol. Si lograba que se cayera retorciéndose de dolor, aprovecharía ese momento para atravesarlo con la espada. Si lograba ambas cosas, a lo mejor podría intentar transformarle en un zombi y así usarle en beneficio del grupo. Afortunadamente, la magia del entorno era poderosa, y la esencia a muerte y a sentimientos negativos del lugar era bastante fuerte. Además, desde siempre había equilibrado mi resistencia y mi capacidad mágica para no matarme en momentos como aquél. Confiaba en mí mismo, aunque como debe hacer todo buen guerrero, no podía subestimar a mi enemigo ni bajar la guardia por ello.
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Re: El Banquete

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Feb 21, 2012 5:25 pm

Solo existen dos formas de morir en este mundo
La primera es a causa de la idiotez de los demás
La segunda, a causa de nuestra propia estupidez
Es lamentable cuando sin pensarlo… alguien te arrastra a la muerte.

Christian Chacana 21 de febrero de 2012

EL hecho de dar ideas era únicamente para lograr un concilio, obtener lo mejor de todas y de paso poder ver cómo podían solucionar aquel dilema … lamentablemente sucedió aquello, la presencia del orco que hasta ese momento había pasado desapercibida por su poca interacción con el grupo, irrumpió como un gran volcán de idiotez y estupidez … el inventor guardo silencio ante sus palabras, no por que tuvieran cierta razón hasta un punto ínfimo en comparación con otras palabras, si no porque sabía que racionalizar con bestias era una pérdida de tiempo, de paso varias preguntas surgieron en su amplia frente, entre ellas ¿Cómo seres tan estúpidos podían conseguir vivir lo suficiente como para convertirse en algo más que basura y despojos? Quizás la razón fuera su amplia variedad de rasgos autóctonos de bestias, o quizás esa forma de reproducirse como los conejos, con desesperación, únicamente pensando en la cantidad y no en la calidad … quizás la masa gris en sus diminutos cráneos estaba demasiado compactada y no dejaba que tuviera la zona de la razón, “morir con honor” como ellos decían, una patética excusa de estupidez que les corroída desde su nacimiento, era verdad que no había que menospreciar su cultura, lamentablemente estaba demasiado enfocada en la violencia y en el uso de la fuerza bruta, uno se podría preguntar ¿Qué sucedería cuando ….? Y uno se refiere a si como ellos desearían, eliminar a todos y únicamente dejar a los orcos en pie… no sorprendería de que en poco tiempo las ansias de sangre que les invaden tuvieran eco en su propia raza y que mejor que satisfacerla con barbarie y poca lógica, más que la de “mata y después razona” como hasta ese momento había demostrado aquel bruto presente.

El inventor solo miro y negó con su cabeza, no gastaría aliento en responderle a un animal, si el gustaba de arriesgarse contra enemigos desconocidos, que le superaban en número, que de paso eran antropomorfos y para ponerle punto final, se encontraban en su propio terreno, era cosa de él, pero lamentablemente con ello arriesgaba la vida de todos, como pensaba … aquel orco no media sus propias palabras ni tampoco sus consecuencias, prosiguiendo con la ronda de ideas, el joven Bastian dio una bastante buena, y al final fue aceptada como la más acertada, para alivio del inventor, ya que usar el plan del orco, era un suicidio, aunque lo más probable era que este ultimo lo considerara una “Muerte honorable o gloriosa” mientras que la mente lógica del inventor, tan solo sería una muerte a causa de la propia estupidez.

Como se había acordado, las bombas fueron lanzadas, llamando la atención del grupo y separándose, aunque a vista hasta ese punto todo era perfecto, hubo una pequeña y complicada situación, ya que sin previo aviso, el grupo fue descubierto, quizás por la voz de él orco inepto, o por el origen del lanzamiento de las bombas, de cualquier manera, una enorme masa de músculos y colmillos impacto de golpe contra el conde, haciéndolo volar por el aire hasta impactar contra un árbol, el inventor, con arma en mano, tuvo mejor suerte, no únicamente por su gran destreza, sino también por su agilidad, contraria a su propia apariencia, como si se tratara de un festín, la criatura comenzó a gritar por alimento y al parecer, a sus ojos, lo mejor era el amplio inventor, ya que por las palabras de la “bestia” o mutante, o mejor dicho, monstruosidad, daban aquella idea, lamentablemente, la irrupción de aquel ser había separado el grupo, y mas allá de ello no se podía hacer nada, masque esperar que pudieran derrotarlos antes de que el resto de abominaciones volvieran.

Lamentablemente, no había tiempo para preocuparse de los demás, el inventor tenía sus propios problemas, especialmente por la fuerza de los golpes de la criatura, la agilidad y destreza del inventor eran ampliamente superiores a de su contrincante y esto se hacía notar con cada movimiento, ya que la bestia cuando golpeaba podía verse como su propio cuerpo seguía el trayecto del golpe, sin detenerse, el inventor tenia cargada su ballesta y sin dudarlo, en tan solo un parpadeo había apuntado hacia los ojos de esa criatura, disparando, no se detendría ante ello, ya que mientras los virotes surcaban el aire, el volvía a cargar la ballesta, siempre moviéndose, hasta topar espaldas con espaldas con aquel joven alquimista, aunque claro, mientras colocaba la segunda carga, presto a disparar nuevamente, esta vez, a un blanco mas grande, la propia boca de la criatura, si tenía suerte … atravesaría el paladar y llegaría a ese diminuto cerebro de quizás poseía.



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Re: El Banquete

Mensaje por Bastian el Vie Feb 24, 2012 4:28 am

[justify]Como sugerí que fuese hecho, se decidió que debía arrojar una de las bombas concusivas lejos del campamento, como una distracción, sonreí de forma amenazante y lobuna, al fin podía darle uso a mi ballesta después de tanto tiempo, además de mi brazo, ya en un casi perfecto estado de salud y movilidad completa.

Mi corazón empezó a latir rápidamente, debido a la combinación de emoción, miedo y a la explosión de químicos varios que hacían hervir mi sangre, llevando los músculos, destrezas y sentidos hasta su máxima capacidad y mas allá, clavé el escudo en el suelo y usándolo como apoyo para el cuerpo de la ballesta, deje que una bomba concusiva ya encendida y preparada volara por el aire apenas jalar el gatillo.
Con el sonido de resortes acumulando la tensión en sus cuerpos, recargue la ballesta con gran velocidad, disfrutaba enormemente de poder volver a sentir la fuerza de la tensión en mis brazos, mas, note que a mi alrededor algo empezaba a salir mal, y mi primera conclusión fue que el humo de la mecha había delatado nuestra posición, pero deseche esa suposición en cuanto note que era solos 2 y no todo el grupo de engendros el que nos estaba atacando.

El Doctor Ivo, estaba jugando al gato y al ratón con el engendro que lo había elegido como su próxima cena, además que acaba de atacar a Khaelos, arrojándolo varios metros hacia atrás, contra un árbol, sabía que luego tendría que tratar algunos golpes en su espalda, pero primero teníamos que sobrevivir a la batalla, cosa sencilla con enemigos tan simples de mente y tácticas.

El primer enemigo, una enorme masa de músculos con escasa inteligencia que parecía solo seguir una línea recta al embestir… ya tenía un plan de combate contra esta masa de músculos.

El segundo enemigo se trataba de un ser extraño que se aferraba a las ramas de los arboles, mas, Khaelos debía se capas de encargarse de esta pequeña molestia por sí mismo, o al menos, aguantar hasta poder recibir nuestra ayuda.

Como lo decían mis especulaciones respecto del comportamiento del primer engendro, solo atacaba en líneas rectas, algo que era simple darse cuenta con los ataques que había lanzado en busca del Doctor Ivo… y en cuanto esta se acerco a mi espalda buscando mi apoyo, yo ejecute mi plan tan rápido como pude.

Me gire sobre los talones, desclavado el escudo en un movimiento fluido y practicado cientos de veces, abarcando la corpulencia de mi compañero, volví a hundir las clavijas en el suelo, ofreciendo protección con el corpulento escudo a mí y al hombre detrás de mí, encendí una bomba, y la deje en el suelo, justo debajo del escudo.

-Ivo, en cuanto el engendro se acerque, salta lo más lejos que puedas-


Espere la carga del engendro, apagar la mecha en caso de que fuera necesario sería tan fácil como usar algo de tierra del suelo húmedo del bosque para hacerlo, sino, saltaría tan lejos como podría de la explosión, y me cubriría con el escudo d esta, dejando que el engendro caminara sobre la bomba, la cual actuaria como una trampa temporizada en los pies de la bestia.
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Re: El Banquete

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Lun Feb 27, 2012 6:40 am

Off Rol:

Spoiler:
Si bien la master estaba al tanto, me gustaría contarle a mis compañeros que si tardé tanto en postear fue porque mi computador se murió de repente. Así que pido disculpas por las molestias.

On:


Pese a la astucia de provocar una explosión en una dirección remota, las suposiciones de Therion se confirmaron con la aparición súbita de un engendro, que a toda carrera mandó a volar por los aires al ténebre blindado. “Yo no soy un explorador”, le habría gustado responder antes de la irrupción repentina, que ya fuera porque habían detectado a Khaelos desde un principio, o porque el errático “consejo de guerra” terminó por develar su ubicación, el rumor de la batalla había terminado por encontrarlos, y el orco de las estepas se alegraba de estar despierto y con las armas empuñadas. Tal cómo había sugerido, no había forma de evadir la confrontación, y como si el destino se confabulara con la ironía, fue aquel que habría optado por escapar, el blanco de los embates de aquel engendro portentoso. Desde la distancia, Therion contemplaba como el Doctor Ivo Robotnik se enfrentaba tanto a los zarpasos, como al resentimiento pueril que habían causado sus palabras de franqueza arrebatada.

Con estoicismo inesperado, Therion contempló el enfrentamiento, jugando con la empuñadura de su machete entre sus manos mientras procuraba enterarse qué tanto eran capaces de hacer, tanto sus compañeros como la bestia, hasta que decidió que ante la tozudez y linealidad de sus embestidas, no sería difícil flanquearle, para introducirle por el costado 2 o 3 palmos de su acero oxidado. Sus botas de guerra se introdujeron en la arena humeda mientras flexionaba las piernas y preparaba la carrera súbita, cuando la voz de Khaelos, que acarreaba improperios a través de la humedad del aire, lo fue a poner sobrealerta. A las espaldas de todo el mundo un nuevo engendro acechaba desde los arboles. ¿Cómo habían sido capaces de rodearles con tal rápidez y sin asomo de ser percibidos?.

-¡Mierda mierda! Escucha mujer- Se dirigió a la Inuwel incógnita, que era la compañera más próxima – Mantente atenta a los arboles que nos rodean, ¡y si ves algo grita!, o silba… o lo que sea, Therion identifica, Therion destaja, pero presta atención, ¡que estos cabrones nos están rodeando!-

Y entonces empezó a girar sobre sí mismo, mientras retrocedía, con la vista clavada sobre la espesura insondable del bosque, mientras recordaba la descripción que había hecho Khaelos del grupo de engendros. Faltaban 3, y los cabrones no surgirían a la espalda de la bestia de las pinzas, sino que podrían aparecer desde cualquier dirección. –Mierda mierda, estamos en su territorio, estamos en su jodida casa-. Ante la irrupción de la incertidumbre, a Therion Fortín de Acero se le vino a ocurrir una única certeza, cuando la batalla augura varios frentes, se precisan varias vanguardias, y a la cabeza de las vanguardias se sobrevive mejor con un traje de metal pesado. –¡El humano de la armadura debe sobrevivir! – Con la presteza anteriormente interrumpida, puso rumbo en dirección del ténebre, mientras enfundaba el machete al cinto para descolgar de la espalda la monumentalidad de su espadón, y emprendiendo carrera lanzó un tajo alto y decidido, con intención de destrozar la rama sobre la que se sostenía el engendró, para desplomarlo al suelo, donde sería más fácil que cualquiera de los 2 le rematase.

-Acuerdate de gritar mujer del demonio, no quiero que algún cabrón me agarre desprevenido-
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Re: El Banquete

Mensaje por Inuwel el Lun Mar 05, 2012 4:25 pm

Zheperat soltaba aquel líquido espeso desde sus fauces que al chocar contra la humedad de la tierra de aquel bosque maldito, bosque que para todos durante aquella cansina travesía era un verdadero criadero de quimeras y de murmullos enajenados, se fijó en que su baba no tenía efecto alguno contra la armadura del tenebre por lo cual le sería imposible alimentarse de su contenido, o sea, su carne aunque mayormente su cerebro.
El engrendro siseaba molesto pasando su lengua por las comisuras de sus labios para mover el cuerpo en pos de brincar a otro árbol para irse a amonestar a otro incauto. Y hubiera sido rápido en su escape si no fuera porque su poca resistencia a los hechizos logró que recibiera un conjuro proferido por quién había fijado como víctima, conjuro que hizo que sus hombros se dislocaran y su espalda se enervara hacia atrás mientras chillaba de dolor sumando después el movimiento de Therion contra la rama donde la criatura a duras penas se sostenía como si su vida dependiera de ello lo cual consiguió que Zheperat callera pesadamente contra el suelo mientras apoyaba sus manos que parecían aletas contra la superficie y miraba aturdido a derredor sabiendo que ya era su fin, que estaba como un pez fuera del agua por lo cual alzó lo que debía de ser su barbilla para proferir agónico:
-Me iré pero antes se los van a cargar-
Estaba adolorido y perdido pero su lengua funcionaba perfectamente.

Inuwel en tanto no tenía otra opción que mirar. Observar y sacar nota de los movimientos de sus adversarios y ver como de aquella forma podría ayudar sus compañeros, mas no lo hacía por gusto, si fuera por ella seguramente estaría luchando junto con los demás y no haciendo el papel de alarma o informante como fue prácticamente lo que le ordenó que hiciera el orco. Se sentía inútil haciendo solamente esa tarea aunque eso no implicaba que le restara importancia, sus ojos aunque dañados por su condición actual vigilaban atentamente cada recodo de la espesura mientras escuchaba los gritos roncos y frenéticos del tosco y musculado oponente que acosaba a Ivo, mirar, tomar nota, avisar, era lo único que podía hacer en estos momentos para ser útil en la contienda por lo cual estaba decidida a hacerlo bien además que confiaba en que Sirio estaba presto a defender sus espaldas así que no debía de temer de su integridad.
Y de pronto el Bum, de otra bomba haría que las aves y los pequeños animales despejaran los árboles para irse a sobrevolar al cielo o largarse a otra zona pero atrayendo de ese modo a todos los engendros restantes.
Kranatos tenía literalmente una armadura por piel, una muy resistente, tanto que la bomba solo dejó magulladuras menores en sus pies y se podría decir que le causó más daño los virotes que fueron lanzados en zonas especificas viéndose como la criatura quedó con uno de sus ojos destrozado por el virote pero ni se inmutó a quitárselo, estaba cegado por una ira irracional y un apetito imparable, mas, lo curioso de la criatura es que aunque uno de los virotes le atravesó más allá de la garganta seguía moviéndose, incapaz de recibir dolor o molestarse por ello. Su cuerpo portentoso arrasó con el escudo que Bastian interpuso para no recibir la bomba corriendo a una velocidad mayor para detenerse de golpe en vista que sus oponentes se habían desviado de su camino. Rugió como bestia y movió con cuidado su cuerpo cambiando su objetivo.

En ese momento Zheperat luego de comentar aquello infló lo que debía de ser su estomago para vomitar en forma de escupitajo una masa blanquesina y espesa que fue a parar al pie derecho del orco subiendo hasta su rodilla e inmovilizando esa zona completamente. Therion sin saberlo no podría quitarse aquella sustancia de su pie si no usaba fuego contra ella pero el problema mayor era que le impedía moverse con libertad justo en el momento en que otro sonido interrumpía la relativa tranquilidad de los árboles.
-¡Cuidad…!-Trató de avisar Inuwel pero de pronto su boca quedó inmovilizada por una serpiente que trepó hasta su cuello y se cernió sobre su boca mientras que una segunda le sostenía las piernas de tal manera que cayó de rodillas completamente apresada sintiendo con dolor los apretujones que le conferían aquellas criaturas.
Zafinina a sus espaldas avanzó con elegancia mientras apoyaba su diestra sobre una de sus árboles mientras sus niñas bajaban por su cuerpo.
-Atrapen a esshoss dosss para que asssí Kranatosss sssacie sshu apetito-Siseó la mujer dando la orden a cuatro de sus serpientes para que avanzaran a rastras hacia Ivo y Bastian con objeto de cernirse sobre sus piernas e inmovilizarles.
Sirio en tanto se había mantenido ajeno al pleito para poder calibrar las habilidades de sus oponentes no evitando sobresaltarse al ver a su compañera en inminente peligro sin embargo se encontraba alejado de su dirección quedando dividido por una cerca formada por un engendro enfurecido y unas serpientes de prominente tamaño. El humano se adelantó para acercarse a la posición de Ivo y Bastian para blandir uno de sus sables sobre la serpiente más cercana con objeto de cercenarla al instante pero está era realmente veloz, bajaba y subía su cabeza para mostrar sus fauces y su lengua serpentina mientras que su cola entonaba un sonido de cascabeles a medida que esquivaba los cortes. Kranatos movió su cuerpo con cierta dificultad luego de frenar en seco para volver la vista y su ánimo persistente hacia Ivo nuevamente.

Zheperat estaba agotado y ardiendo en dolor además que sin estar sobre ninguna rama estaba completamente perdido. Khaelos o Therion podrían rematarlo sin problemas con un sencillo corte sobre su cuerpo.
Pero el problema real fue la llegada del cuarto engendro cuya presencia Inuwel no alcanzó a advertir en voz alta. Rreriktor conocido como El Machaca Músculos pasó entre medio del follaje de forma abrupta, era rápido, ágil y fuerte, una temible combinación que fijó su objetivo en el orco asestándole un golpe a su costado izquierdo con su brazo derecho que al igual que Kranatos tenían pinzas y eran duros como cualquier arma aunque de ella sobresalían ojos como si hubieran criaturas vivas sobresaliendo de sus muñones. Miró a sus adversarios y soltó un ruido ronco.
-Pobre infeliz… aunque les tocará hacerle compañía-Mencionó echándole un vistazo rápido al cuerpo de Zheperat mientras sus pies iban hacia atrás para esquivar cualquier respuesta que pudiera efectuar el orco en su contra dándose cuenta que estaba inmovilizado. Río sonoramente para luego extender sus brazos y bajarlos de un tirón impregnándose estos de un intenso fuego cuyas chispas cayeron sobre un resto de baba de Zheperat que estaba cercano a él la cual se derritió y esfumó al instante.
-¡Ahora iré por sus cabezas!-

El grupo estaba en una situación compleja ya que si bien Zheperat estaba prácticamente muerto y Kranatos no tardaría en perder la resistencia de su piel ahora se hallaban con el problema de tener más enemigos en su contra mientras que uno seguía siendo todo un misterio.

Sirio sacó su otra arma y decidió empuñar ambas para alejar a las serpientes de una ventisca para que así Ivo y Bastian pudieran moverse con mayor libertad sin embargo Kranatos ya marchaba en dirección a Ivo dispuesto a arrasar con todo aquel que se le cruzara por delante. Por lo demás, el médico comenzaría a ver distinto en su ojo dañado, si se concentraba podría ver el interior del cuerpo de sus compañeros y adversarios fijándose que Kranatos no tenía un cerebro como tal más bien una fuente de poder similar a un corazón en su pecho.
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