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Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Jue Oct 13, 2011 7:28 pm

Illua corrió junto a Lanna, siguiendo el sabio consejo de su clon... ¡Escapar por cualquier lugar! No era importante por donde fuesen ni donde acabasen, podrían volver a guiarse con el mapa, la cosa era alejarse un poco de allí. Pero mientras corrían la chica fue memorizando hacia donde torcían para así poder seguir el rastro con el mapa.
Una vez pararon, se apoyó en una pared para reposar y descansar un poco de aquella carrera, jadeando por el cansancio, no era mala atleta, estaba bastante entrenada, pero aun así era una niña.

-¿Eh? Ah... Si, el mapa...-Dijo mientras intentaba no morir asfixiada por la carrera. Cogió el mapa y lo extendió, revisándolo y colocandolo correctamente, pero pronto la voz de Lanna volvió a sonar, preguntaba por el libro.-[color=cyan]¿Esto? ... Si... No se por que pero... Tenía que cogerlo... No me pude resistir, ahí tan solo... Desprotegido... Pero eso da igual... Mira, ven, creo que ya se por donde está la salida.

Señaló una zona del mapa, un pasillo que se abría y se difuminaba, mostrando lo que parecía ser la salida de la cueva. Y efectivamente, habría sido casi imposible salir de allí sin el mapa, pues ahí podían ver perfectamente el diseño laberíntico y errático que tenía la cueva... Solo había un problema... Estaba en el lado opuesto a donde ellas estaban... Muy lejos, y no tardaría el hombre en darse cuenta de lo que había sucedido. Aunque no llegase a notar la falta del libro, acabaría viendo al goblin, o este se despertaría y le avisaría...

----- Mientras, en la Sala Principal del Hombre -----

Abrió la puerta, y entró en su laboratorio, sin mirar nada, y con su severo rostro que no mostraba emoción alguna, volvió a su asiento, con una lupa entre sus manos, cuyo cristal era verde, a diferencia del transparente normal. Se sentó, y tomó el libro marrón que Illua había visto antes, y lo abrió, tomando una nota que había quedado bajo el libro. Con tranquilidad empezó a pasar la lupa por la nota, haciendo que las palabras escritas en esta brillasen y se recolocasen ante el cristal verde. Parecía que el artefacto descodificaba la parte de la nota que enfocaba, y en otro papel, el mago apuntaba aquello que leía.

"Los dos Grimorios son Gemelos, y como tales ligados están.
Es el legado que entrego a mis generaciones...

Cuando llegue el momento ambos completos estarán,
y sus palabras fuerzas entregarán a quien los sepa controlar,
ellos solos se rellenarán,
y su poder darán,
pero solo a quien el poder les diese antes.

El poder de sus paginas ligado está,
a lo que en ellas se escribirá.
Solo a quien la fuerza les dé,
la recompensa daré.

Mis últimos días llegaron...
Y esto es lo ultimo que escribiré...
Tras con mi tinta bañar el mundo,
la hora de descansar llegó.
Estas ultimas palabras las escribo con mi sangre.
Y cuando el ultimo punto plante...
Blanco será mi semblante.


Yegua del viento...
Erizo de la tierra...
Rana de las aguas...
Oso de las flamas...
Sombra de la muerte..."

Aquella nota parecía escrita por el gran escritor Yeros, lo revelaban su último párrafo, firmaba con el todas sus obras, y se podía leer su nombre con las iniciales de cada verso. No era poeta, pero había escrito esa nota intentándolo en esa forma literaria... No tenía tanta calidad como sus otras obras, pero... Eso no importaba ¿Por que lo hizo así? De todas formas, allí se veía que aquellos dos libros eran lo que pensaba... Fantástico.
Tomó el libro de portada marrón, y lo miró con cuidado, era sumamente idéntico al que había estado en la mesa, el que Illua había tomado, con solo una diferencia, el color de sus tapas.
Retiró el libro de su mirada, intentando posarla sobre el otro, pero no lo vio. Su sonrisa se desvaneció y se levantó ¿Donde estaba? Corrió a la mesa, y al ver que no estaba, se asomó por la puerta por la que habían escapado Illua y Lanna, viendo al goblin desmayado... Su grito de rabia fue estrepitoso, pero no llegó a los oídos de las jóvenes...

----- Con Illua y Lanna -----

Illua cogió en una mano el mapa, y en otra el libro, acariciándolo levemente y mirándolo mejor. Era extraño, tenía decoraciones metálicas con forma similar a la de una estrella de cuatro puntas, una en cada esquina, dentro de en un círculo doble.

-Estamos algo lejos, pero parece ser la única salida...-Dijo ajena a lo que ocurria lejos de ella...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Jue Oct 13, 2011 10:59 pm

¿C-Creeís que fue buena idea cogerlo...? -Preguntó, mientras miraba fijamente aquel libro de portadas azules. Tenía un diseño muy curioso, y sobre todo demasiado fastuoso, como para ser un volumen normal. Y para colmo, lo habían recogido en un lugar que a lo menos era sospechoso... - ¿Y-Y si es un libro... peligroso? -Entre tantas anotaciones y líquidos extraños, ese hombre debía ser, a lo menos, un mago... Y todos saben que el libro de hechizos de un mago puede volverte loco si eres poco precavido- Espero que realmente de igual... -Terminó, y se acercó al mapa.

Indudablemente, el lugar que el dedo de la joven aventurera señalaba, tenía el aspecto de ser la salida. Pero antes de llegar allí debían atravesar el laberíntico sistema de galerías, que se enroscaba por todos lados como si fuese una serpiente. Y para colmo... - ¿N-No tendremos que volver a pasar por aquella sala...? -Preguntó, recordando de repente lo asustada que estaba- Si ese hombre, o alguno de sus guardas, nos pilla... -No hacía falta decir más. El silencio cuenta lo que los labios callan. Y lo que la joven no sabía era que, en aquel momento, el oscuro personaje estaba a un paso de darse cuenta de su fechoría.

Después de unos momentos y de alguna palabra más, decidieron continuar caminando. Como siempre, la joven valiente llevaba el paso. Caminaba de manera firme y decidida. Siguieron dando vueltas por esas galerías repetitivas y húmedas, siguiendo como podían las crípticas líneas del mapa. Decididamente, en un futuro debía aprender a leer esas cosas, para no volver a acabar así. Aunque preferiría no tener que necesitar tal habilidad, por supuesto.

¿N-No creéis que a estas alturas el hombre ya se habrá dado cuenta...? Tal vez... deberíamos tener más cuidado... -Dijo en un momento dado, con voz temblorosa. Ni bien lo hubo dicho, su advertencia se materializó en peligro, pues unos ruidosos pasos comenzaron a sonar al doblar la esquina. Unas voces estridentes y grotescas charlaban ruidosamente. Creyó distinguir la palabra “Intrusos” entre su incomprensible diálogo.

Palideció de nuevo y no supo que hacer, pero un instante después fue arrastrada repentinamente hacía una habitación oscura. La joven valiente volvía a tomar cartas en el asunto, y justo a tiempo cerraban la puerta, pues los seres se pararon justo donde habían estado. Parecía que iban a tener que esperar un rato en aquel lugar...

¿Qué es este sitio...? -Susurró, mientras se daba la vuelta. Su voz se dispersó por una habitación cavernosa, enorme. Por unos momentos no fue capaz de ver nada. Cuando esos momentos pasaron y sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, habría preferido seguir sin distinguir las cosas que allí se guardaban...

P-Por todos los... -La voz le tembló y no pudo terminar la frase. Y es que estaba ante un espectáculo que habría sobrecogido al más valiente de los guerreros. Hacinadas contra las paredes, había jaulas por doquier. Y dentro de ellas... Lo más fácil y simbólico sería decir que eran intentos de jugar a ser un dios... Dentro de aquellas jaulas había seres deformados por la magia, pobres criaturas que habían caído en manos de un mago desalmado... Terribles quimeras, algunas de ellas que habían sufrido un cruel destino y ahora no eran más que engendros.

Escuchó a los goblins apoyarse sobre la pared, posiblemente ignorando sus órdenes, y se atrevió a dar un par de pasos más allí dentro. En el centro de la sala pudo distinguir un enorme símbolo taumatúrgico, en cuyo centro se podían distinguir manchas de sangre, y de algún líquido negro que prefería no conocer. Encadenados en varios puntos y extremos del símbolo, pudo ver a un par de perros callejeros y a un gran felino, una pantera, que estaba acurrucado.

Este lugar... es horrible... -Y para colmo, estaban atrapadas. Pero eso no fue lo peor. Lo peor llegó cuando distinguió el brillo de unos temibles ojos verdes...Tres ojos verdes que brillaban al fondo de la sala...

Su dueño era un ser que recordaba a un enorme león, cuya cabeza melenuda estaría al menos a dos metros del suelo. Su cuerpo era fuerte, de músculos prominentes y marcados. Su pelaje era corto y oscuro, y su cabeza recordaba a la de una horrible rata. Cuando la joven pensaba que no podía palidecer más, lo hizo...

¿Qué... diablos es eso...?




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Dom Oct 16, 2011 7:38 pm

-Tranquila, por suerte podemos tomar otro camino, que es más directo.-Contestó tranquilamente la chica, sonriendo de medio lado a Lanna. La verdad es que si tuviesen que pasar por aquella sala de nuevo se plantearía el abrir un agujero para salir con sus propias manos. Cualquier cosa menos volver allí y que las descubriesen.

Pero pronto, se escucharon voces y pasos. Illua palideció, y rápidamente buscó un lugar por donde esconderse. Halló una puerta, y sin fijarse en el mapa para ver que era tiró de Lanna, metiéndose junto a ella en una habitación, y una vez dentro cerró la puerta tan rápido y silenciosamente como le fue posible.
Permaneció ante la puerta, escuchando a los seres que habían al otro lado... Por su voz parecían estúpidos goblins... No había mucho que temerles, pero parecían varios... Mejor dejarlos.
Entonces escuchó la voz de Lanna, y se volteó para ver aquello tan asombroso que había dejado a la chica sin palabras.

Pero al ver el lugar, también se quedó sin palabras... Parecía... Una sala de experimentos, de horribles experimentos. Mutaciones de todo tipo... Seres que parecían gemir de dolor y horror. Algunas ni se movían, ni hacían nada... Posiblemente muertas de puro dolor. Quedó horrorizada al ver aquellas cosas. Siempre había demostrado ser fría, no asustarse ante nada... Pero todo tenía sus límites. Dio un paso hacia delante, intentando ponerse al lado de su clon, contemplando las criaturas con una mezcla de horror y terror.

-Co... Coincido contigo...-Respondió Illua asombrada por todo.

Miró el centro de la sala... Un círculo mágico se hallaba labrado en la misma roca, con manchas de sangre y otra sustancia. Algunos animales se hallaban cerca, pero uno de ellos sobresalía entre todos... Una enorme quimera.
Casi grita del susto al verla, pero no lo hizo porque no pudo hablar por el miedo.
Su rostro quedó blanco como la leche, y dio un paso atrás asustada... ¿Donde se habían metido?
La bestia dio un paso hacia ellas, y se escuchó un sonido metálico. ¡Estaba encadenada! Cada una de sus patas poseía unas fuertes cadenas que la anclaban al suelo. Al verlo, empezó a recuperarse, no llegaba a quedarse tranquila, pero apaciguó un poco a su corazón ver que la bestia estaba tan atrapada como ellas.

-La... Lanna... Vigílala... Si hace algo raro avísame... Vo... Voy a mirar el mapa, a ver si podemos salir por algún lugar.-Dijo la asustada chica.

Volvió a extender el mapa, y miró la sala en la que se encontraban, desgraciadamente, la única puerta era por la que entraron. Con un suspiro guardó el mapa, y miró la sala. Rápidamente le explicó la situación a su clon, y empezaron a registrar la sala, buscando alguna forma de salir o expulsar a los goblins.
Se pasearon por la sala, caminando entre bestias que les miraban con dolor, como si su sola presencia les dañase. Otras con temor... Pensando que les harían daño y huyendo al fondo de sus jaulas. Y otras fijamente... Relamiéndose los labios como si quisiesen comérselas.

Había una, colgando del techo a un metro del suelo, por unas cadenas que se perdían en la oscuridad de la parte más alta del lugar. Contenía una especie de humanoide. Cuando Illua se le quedó mirando, el ser se acercó. Su cara parecía triste, y sus ojos muy profundos y pensativos. Sacó una mano por los barrotes, la chica se sintió tentada a tomársela, pero de pronto, su estómago se abrió, mostrando una enorme boca que empezó a roer los barrotes con fuerza, intentando lamer con su larga lengua a Illua, que mediatamente se apartó repugnada y asustada. Golpeando con la espalda una jaula que tenía a la espalda, haciendo un ruido metálico que alteró a muchas cruciatas. Repentinamente estaban rodeadas de gritos y quejidos. Las bestias dando golpes molestas y asustadas.
Los goblins no tardaron en abrir la puerta alarmados y escandalizados por el jaleo.

-Demonios...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Vie Oct 21, 2011 10:53 pm

Aquellos terribles ojos verdes refulgieron en la oscuridad, mientras el rostro ratonil del enorme ser dejaba caer una baba repugnante al suelo, goteando desde su larga y puntiaguda lengua. Por un instante, la joven habría jurado que esos iris destellantes se habían posado sobre ella. Su rostro cobró el tono del marfil, y no fue capaz de moverse del sitio... Ni siquiera cuando el ser amenazó con moverse... Ni tampoco cuando se movió... Y entonces, un sonido delató su cautiverio- C-Cadenas... Estamos... Salvadas... ¿No? -Preguntó en susurros, sin estar del todo segura de si era preferible estar allí con la... cosa... o fuera, con los goblins...

La...vigilaré... -Asintió lentamente, aceptando aquella orden que por nada del mundo le habría gustado cumplir. Ni las mejores sedas y perfumes del mundo podrían tapar en su mente lo mucho que le iba a afectar aquella situación. El terrible aspecto del ser dejaría una cicatriz indeleble en su mente, como grabada con un fuego cruel e irremovible. El pánico le hacia sentir una sensación terrible de vacío en el estómago, como si de un momento a otro las nauseas fueran a vencer a su voluntad.

En todo aquel tiempo, la quimera trató de vencer a las enormes cadenas sin éxito. Seguramente tratase de alcanzarlas para darse un festín, pero mientras el frío metal aguantase, al menos estarían a salvo. La joven de cabello azulado recibió con indescriptible alivio la idea de buscar por la habitación... Cualquier cosa con tal de seguir mirando a la bestia.

Con paso cauteloso, comenzó a caminar alrededor de las hileras de jaulas, temblando ante su contenido. Algunas criaturas parecían desear poner sus manos en ellas con el mismo fin que aquella enorme... ¿Rata? Sin embargo, otros...

Su mirada... está llena de pavor e infinita tristeza... ¿Lo habéis notado? Es como si nos rogasen que pusiésemos fin a su desdicha... ¿Quién puede crear semejantes seres? Es como si jugase... No... Sin duda, disfruta jugando con la vida... -Dijo a su gemela en una de las ocasiones en las que sus pasos se cruzaron. Ya no sabía si sentir terror o pena por los seres.

Precisamente estaba frente a una jaula cuando todo sucedió. Dentro de ella había un ser de una forma tan humana que no sabría decir si se trataba de un primate o un humano... Y entonces, un sonido metálico, como un golpetazo, resonó en la sala, y pronto todo se convirtió en una orquesta de dantescos gritos y lastimosos quejidos. La gran quimera se mantuvo silenciosa, expectante- Oh, no... ¡C-Callaos! ¡Nos vais a condenar! -Ni bien hubieron pasado unos segundos de aquel escándalo, las puertas se abrieron y entraron los dos guardias.

¡Están aquí! -Grito uno de ellos, con una casi incomprensible voz, entre gutural y aguda, si eso fuera posible. Y el otro, con el mismo tipo de tono estúpido y horrendo- ¡Tu a por una, yo a por otra! Seguro que al amo no le importa si nos divertimos un poco con ellas... -Y las miró con ojillos perversos, relamiéndose. Y sin más palabras, se acercaron a ellas con paso lento, acorralándolas.

Perdió de vista a la otra cuando se centró en aquel humanoide. Llevaba una espada de forja tosca, oxidada, y se acercaba encorvado sin quitarle ojo de encima. La joven retrocedía como podía, cada vez más cerca de la gran quimera, que les seguía con sus ojos verdes y brillantes- D-Diablos... Esta vez estoy sola... -La otra joven estaría ocupada en su propia liza, y Lanna no tenía otra que intentar salir de la suya como pudiese. Y entonces...

Antes de haberse dado cuenta, una enorme zarpa cayó a su lado, tan cerca que pudo sentir el aire siendo rasgado. Tanto ella como su perseguidor levantaron la mirada, para encontrarse un rostro alargado y con una mandíbula llena de dientes. Aquellos ojos negros relampaguearon siniestramente antes de lanzarse sobre la joven.
Todo fue como un relámpago. Tanto ella como el goblin se habían quedado estupefactos por un segundo, y después la joven se había logrado salvar de alguna forma, dejando a la quimera de espaldas del ser que la perseguía, y ella a su otro lado... Y entonces, la boca plagada de dientes que aquella criatura de ojos verdes se abalanzó sobre el goblin, que grito impotente, mientras aquella espada oxidada caía al suelo...

La joven cayó al suelo de rodillas, sin fuerzas en las piernas. Estaba tan aterrorizada que no podía ni hablar, ni levantar los ojos. Definitivamente, aquello se quedaría grabado para siempre en su cabeza. Y mientras tanto, la otra joven...




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Miér Oct 26, 2011 9:00 pm

Mientras tanto, la otra joven... Se encontraba con sus propios problemas.
Maldijo a aquel bicho, y a todos los que habían provocado el ruido por alertar a los goblins que les buscaban, lamentablemente, esos repugnantes seres las encontraron con una facilidad que sorprendió a la misma Illua, que vio como al poco, se había separado de la otra chica. Ella luchaba contra uno de aquellos seres, pero le tocaba a la otra joven enfrentarse a por el que tras ella iba. "Menos mal que son solo dos... Estas cosas son como las cucarachas... Inútiles, pero abundantes." Pensó la joven Illua, que con su ropa muy desgarrada parecía más bien una pordiosera, a pesar de ser una hija de políticos. El goblin la recorría un una mirada lasciva y blandiendo su penosa hoja.
Finalmente la chica lanzó un suspiro, y con un simple movimiento, el acero de su espada salió de su vaina. No quería haberla usado, pero... No le dejaban otra vez.

-¡Deja esa cosa! Podrías hacerte daño-Dijo con su aguda e irritante voz, que no hacían si no molestar a la chica.

Pero Illua no se movió, permaneció impasible e inamovible, en su posición defensiva, esperando que se acercase aquella criatura. Su camisa estaba descosida, y mostraba más de lo que en un principio le habría gustado al esperar en aquella posición. Sin embargo, le fue muy útil. Puesto que cuando el Goblin corría hacia ella con su oxidada espada... - o más bien sierra, pues con tantas melladuras era difícil considerarla una espada verdaderamente - se distrajo un instante, en el cual Illua se limitó a girar sobre sí echándose a un lado, como si bailase, evitando con gracilidad el ataque, que al momento, el desconcertado goblin repitió, con el mismo resultado. Una tercer vez, demostrando que los humanos no eran los únicos que tropezaban tres veces con la misma piedra, pero allí no hizo más. Al evitar de nuevo, Illua lanzó un corte en parábola ascendente, aprovechando su giro, y haciendo un profundo corte en la espada al goblin. Un encadenamiento le prosiguió, compuesto de un nuevo corte ascendente diagonal, pero desde la otra dirección, uno nuevo, pero esta ver descendente le siguió, para finalizar con un nuevo giro, usando todo su cuerpo para un corte dirigido a la espada del goblin, que saltó por los aires, desarmándolo con una bella muestra del talento que tenía con la katana, el cual iría perfeccionando aún más. Al terminar el giro, el sable de la joven quedó en el cuello del goblin, no incrustado, si no en el exterior. Illua lo había parado en un acto de piedad.

-Siempre me he preguntado por que la gente utiliza goblins... ¿Mano de obra barata? ¡Yo COBRARÍA por tener a uno de sirviente!-Dijo Illua suspirando.

Pero en ese descuido, el ofendido ser se avalanzó sobre la chica, que no tuvo tiempo de reaccionar, y solo pudo interponer su diestra para evitar el ataque... Que no era más que un desesperado mordisco.
Dio un grito, no demasiado fuerte, pues contuvo el dolor, para no alertar a más, pero sin poder retenerlo todo. Sin pensárselo dos veces, lanzó un corte con su zurda por debajo de su mano derecha, decapitando al goblin y dejandoselo de postre a la quimera, que acababa de devorar al anterior.
Una maldición contra el ya muerto salió de su boca, mientras cortaba un trozo de su camisa con el sable y lo usaba para vendarse la herida rudimentariamente.

-Agh... Malditos... ¡ Larguémonos de aquí antes de que lleguen más!-Comentó Illua, aunque lo ultimo más que una recomendación fue una orden.

Y sin esperar más corrió hacia la puerta, quería marcharse de allí lo antes posible. Su estancia en aquella cueva ya había durado suficiente, y más que una excitante aventura era una endemoniada prisión.
Pero mientras corría, las imágenes de las horribles mutaciones que había en la sala recorrían su memoria, atacándola como si fuese un virus mismo... Y aun muchos años después, la mujer seguía teniendo pesadillas con aquellos seres... Sin duda era lo más horrible que había visto nunca...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Jue Nov 03, 2011 8:46 pm

Podéis imaginaros el estado de una joven que acaba de ver tan dantesca escena. De rodillas en el suelo, frente a aquel ser horrible que estaba devorando a su captor, su mente se encontraba totalmente congelada. Como si un hierro candente la grabara, aquella imagen poco a poco se fijaba en sus retinas, y durante mucho tiempo iba a repetirse a cada instante. Era la primera vez que veía morir a alguien con sus propios ojos... Y para colmo de aquella forma...

Definitivamente, sentía como su mente se había congelado. Un sonido, como si un melón cayese al suelo, se escuchó cerca de ella. Pero en aquel momento sus ojos no podían aún apartarse del espectáculo, mirando aún sin mirar nada. Solo una voz firme e imperativa fue capaz de rasgar a través de su mente- ¡V-Voy! -Pudo responder ante aquella orden, levantándose y girando a duras penas. A su espalda, escuchó el sonido de unas cadenas al alcanzar su límite, y un gruñido descontento. La bestia habría querido que se hubieran quedado allí, más cerca de ella...

Atravesó a la carrera el lugar, siguiendo a la otra joven. Al parecer, cuando su voz había traído de vuelta su mente, también había hecho otro tanto con sus lágrimas. Sus ojos estaban empañados, anegados, tal vez intentando lavar lo que acababan de presenciar. Y sin embargo, no pudo emitir ya ningún sollozo ¿Será cierto aquello de que cuando algo terrible ocurre frente a ti, a veces no puedes explicarlo con palabras?

¿Q-Qué era esa sala? ¿Quién diablos puede hacer esas cosas? -Preguntó de repente, limpiándose las lágrimas que había ido derramando mientras corría. Por lo poco que sabía de la magia y las artes arcanas, solo podía decir que aquellos seres eran quimeras, engendros creados mezclando el cuerpo de otros seres vivos. Pero... - ¿Para qué... se hace algo así...? ¿Solo por el placer de jugar a ser dios...?

Continuaron corriendo un poco más, sin descanso, asediadas por el temor de que los sirvientes de aquel hombre estuvieran tras sus pasos. Hasta que la joven Lanna recordó algo que parecían haber dejado de lado en la frenética carrera- ¡El mapa! ¡Rápido, busca la salida! -Exclamó de repente. Y tras unas corta espera, mientras la otra revolvía el pergamino, e intentaba dominarlo sin frenar la carrera, recibió una respuesta positiva que le ayudó a recuperar los ánimos... ¡Estaban cerca!

¡V-Vamos...! -Dijo con dificultad, pero con fuerzas renovadas para mantener su carrera. En aquel momento no le importaba todo el polvo y el barro que se hubiera pegado a ella, lo sucio que tenía el pelo, que no tuviese zapatos o que la seda de su vestido se hubiese desgarrado. Ya nada de eso importaba, salvo salir de allí. Era una de esas situaciones que te cambian, que te vuelven más duro. Al fin y al cabo, si no hubiera sido así, ahora sería pasto de aquella quimera, o estaría en las zarpas de un goblin maloliente. Pero no, estaba viva, y...

¡Una luz! Sí... ¡Justo lo que buscaban! A medida que recorrían el túnel, un fuerte resplandor iba alimentando las paredes. Y no era la luz de las antorchas... No tenía nada que ver... ¡Luz natural! ¡La luz del sol!- Ya casi estamos...

Cruzaron en ese momento junto a un túnel secundario, pequeño, pero no se detuvieron... O al menos no se detuvieron al principio, porque justo cuando alcanzaban la salida, el sonido de unos pasos lentos las dejó paradas en el sitio. No sabría decir por qué no continuaron corriendo... Tal vez fuera el sonido, que evidenciaba una presencia maligna. Puede que solo fuese esa extraña presión en el aire, como si se fueran a encontrar con algo que no era natural. Solo podía decir que no logró seguir corriendo, que ambas se quedaron allí paradas por unos momentos.

Hola, jovencitas... -Escucharon una voz susurrante, que pertenecía a aquella figura que pronto se presentó ante ellas. Tenía un tono aterciopelado, muy suave, pero que a la vez auguraba algún tipo de peligro, como si no se pudiesen descifrar las intenciones de aquella voz. Aun hoy día, sin embargo, la joven no podía traer a su mente el rostro de aquel hombre. Recordaba su voz y su túnica, negra como la noche, pero nada más.

Jovencitas, jovencitas... Deberíais saber que en esta cueva hay muchos más caminos de los que aparecen en los map... ¡CORRE!-Interrumpió su grito, más fuerte que el que jamás hubiera dado, a la charla tranquila del hombre. Sacando fuerzas de donde quisiera que tuviera, y más voluntad que fuerza física, giró y corrió hacía la luz.

La sensación al zambullirse en el baño de calidez fue indescriptible. De repente, el aire no estaba viciado como en el interior del lugar. No era húmedo. El frescor del día no era humedad que calaba los huesos. Podríamos usar muchas palabras para describirlo, pero lo más importante que decir es que...

Ambas jóvenes siguieron corriendo. Corriendo como si les fuera la vida en ello, y probablemente les iba. No pararon a mirar si les perseguían. Solo... Siguieron corriendo...




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Vie Nov 04, 2011 2:35 pm

-Jugar a ser dios... Probar el poder que se tiene.,.. Intentar conseguir más... O simplemente aburrimiento... Nunca se sabe cuando se trata con... Esto...-Respondió Illua a la pregunta de Lanna mientras corrían por los húmedos pasillos de piedra de la cueva. Sin mirar el mapa, simplemente huyendo, no se acordaba ya de él. Solo sentía el libro entre sus brazos, aferrándolo en un fuerte abrazo, intentando conseguir confianza en si misma con el libro.

Aún después de tanto tiempo, Illua se negaba a presenciar los experimentos con criaturas que realizaban en Khamja, y nunca, absolutamente nunca, permitía que los experimentos con bestias fuesen demasiado lejos, tenía unos limites, tenía un cierto trauma con aquellas criaturas. Pero, poco a poco iba superándose... No sabía que en un futuro ella tendría bajo su poder una criatura que ridiculizaba a aquella bestia que había devorado un goblin.
Y es que... El poder lo corrompe todo. Y tras un tiempo, la misma Illua vería, y comprobaría, aquello que sentía el mago en su cueva al hacer aquellas monstruosidades y quimeras. Aunque eso no quería decir que lo superase... Aunque las usase, seguía viéndolas como abominaciones. Útiles, herramientas muy eficientes, pero... Seguían siendo bestias que nunca debieron existir... Aunque si podía usarlas, no se negaría. Pero... No avancemos acontecimientos, eso es otra historia.
Las palabras de su gemela la hicieron reaccionar, y la mujer asintió, cogiendo el mapa con dificultad por la carrera y por el libro que se negaba a abandonar aunque la vida le fuese en ello. Y tras un vistazo a su tinta, sonrió a Lanna y le respondió con alegría.

-¡Vamos! Ya queda poco, estamos llegando, sígueme-Dijo volviendo a plegar el mapa sin detener su carrera, sin cuidado, pero sin romperlo, aún seguía siendo lo único que les permitía encontrar la salida.

Continuaron corriendo un poco más, hasta que al girar una esquina, vieron que el túnel... ¡Terminaba! A unos metros la luz natural, blanca y bella del sol entraba por la cueva. Pero algo que no pudieron predecir ni ellas mismas, debido a la emoción por ver al fin su salida, las paralizó, obligandolas a pararse en seco. Unos pasos a sus espaldas, lentos, pausados, sin prisas, y una voz, dulce, suave, melodiosa... Parecía de un hombre. La joven de cabellos cortos se paró, igual que su genela, tragando saliva, y notando como el sudor caía como perlas por su frente, muestra de la carrera que habían tenido y del miedo que están pasando.
Las palabras del hombre resonaban las paredes, Illau ya pensaba que estaba perdida, que sus días acabarían allí, algo que la avergonzaba en el futuro... ¿Ella? ¿Darse por vencida? ¿Tan fácilmente? Era una niña, pero seguía sin perdonarse haber pensado así, no obstante... Lanna la salvó por segunda vez. Su voz rompió su estado mental, cualquiera habría dicho que era un conjuro del hombre de la túnica negra, pero no, era solo miedo, únicamente el medo que atenazaba sus piernas... Sus manos... Sus pulmones... Pero la voz de la chica, de la clon... Su gemela, la sacó de sus horror y corrió tras ella ¿Sería tan débil para morir allí mientras esa chica escapaba? ¡Jamás! Dio un sprint, poniéndose al lado de su gemela, y ambas salieron por la puerta, sintiendo bajo sus pies la fresca y verde hierba de las llanuras de Thonomer, corriendo, a pesar de ya haber salido de la cueva, de que aquel hombre se hallaba apoyado contra las paredes de la cueva, sin llegar a salir, solo contemplando como las chiquillas escapaban como si les fuese la vida en ella, alejándosre hacia el horizonte. Un goblin se puso al lado del hombre, y con su aguda, chillona y molesta voz, dirigió su palabra al hombre de negro.

-¿Quiere que vayamos por ellas y trigamos de nuevo el libro, señor?

-No... Que se lo lleven... Jeje... Me harán el trabajo... Cuando llege el momento lo recuperaré, pero primero... Debo esperar a que rellenen sus páginas con poder...-Dijo, con una sonrisa macabra, para después mirar con desprecio al goblin y añadir unas palabras.-Y ahora tengo un trabajo para ti, espero que lo cumplas mejor... Toma el segundo libro, el marrón, llévatelo a otra parte... a Physis por ejemplo, y deja este libro allí... Alguien lo cogerá y lo rellenará al igual que harán con el azul... Cuando llegue el momento los recogeré... ¿Crees que serás capaz de hacerlo? ¿Inutil?


Mientras, Illua y Lanna pararon a la sombra de un árbol, cuando ya se habían alejado tanto que no se veían ni las cuevas a sus espaldas, jadeando por el cansancio. Illua se dejó caer en el suelo para tomar aliento, mirando a su alrededor... No parecían estar cerca de casa, ni mucho menos, parecían las llanuras de Thonomer, peor no se veía ningún rastro de civilización cerca, ni ninguna forma de saber donde estaban sus casas... Estaban perdidas...

-Y... y ahora... ¿Que...?-Preguntó Illua cuando se hubo recuperado un poco de aquella maratón.

El sol empezaba a caer... Parecía que iba a anochecer... Algo que complicaba mucho más las cosas, en la oscuridad... Sin protección, podrían encontrarse conm todo tipo de bestias salvajes, lobos por ejemplo, que no durarían un segundo en lanzarse a su cuello para cortar el hilo de su vida de una ve por todas. Tal vez acampar sería buena idea, pero no deberían hacer una fogata... Caminar en la oscuridad también podría haber sido un error, andando hasta perderse aún más, o descubriendo una ciudad por las luces de sus antorchas. En todos los casos todas parecían malas elecciones. Pero deberían tomar una decisión, y pronto, o las lunas saldrían junto a las estrellas, mientras el sol les abandonaría a la intemperie de la oscuridad.
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Sáb Nov 19, 2011 12:33 am

¡Sentaba tan bien el aire fresco! No importaba que aquella fuese una carrera por sus vidas. De alguna forma u otra, abandonar la oscura cueva, recorrida por el aire viciado y la humedad, y salir al mundo exterior, y sentir los cabellos azulados ondear al viento, era sin duda una sensación inigualable. Mientras corría, acostumbrada a la oscuridad, el sol la cegaba, aunque ya se acercaba a su puesta.

La vista de las llanuras y los esporádicos bosques, en la lejanía, era recibida con tanto placer que difícil era explicarlo con palabras. No importaba que la seda de su vestido hubiese sido convertida en jirones ¡Era libre! ¡Estaban con vida! ¡Solo necesitaba aguantar el aliento un poco más y lo lograría! En aquel momento, nuestra joven no pudo reparar en lo lejos que estaba de casa. Su mente estaba totalmente centrada en la idea de que había logrado salir de aquella, y nada más.

La carrera se alargó hasta haber dejado atrás, muy atrás, aquellas cavernas en las que se habían visto atrapadas de improviso, por las buenas, sin ninguna razón en particular. Seamos sinceros, aquella había sido una de las mayores y más dichosas jugarretas que el destino podría haberles hecho. Finalmente, ambas jóvenes se dejaron caer bajo un árbol. La otra joven, Illua, se dejó caer y observó los alrededores. Lanna, criada entre algodones, y nada acostumbrada a aquellas emociones y esfuerzos, directamente se desplomó sobre la hierba, respirando pesadamente. Todas las delicadezas y remilgos habían quedado atrás. No le importaban la tierra, el polvo o los bichos que pudiese haber.

La primera bocanada de aire fue como ambrosía, como néctar delicioso tomado directamente de los estanques supracelestes. El tacto de la tierra y la hierba fue como caer sobre el más mullido colchón. Todo el cansancio sufrido a lo largo del día cayó sobre su cuerpo en aquel mismo momento. Y entonces, la voz de la otra joven la devolvió a la realidad. Era cierto. Estaban allí, habían huido, pero... Perdidas... En la más absoluta nada... -Murmuró. Nunca antes había salido sola de la ciudad, y cuando lo había hecho acompañada no había ido demasiado lejos. Y ahora estaban en un lugar salvaje, despoblado y peligroso, a saber rodeadas de qué tipo de bestias.

Estoy... cansada... -Contestó débilmente- No me grites por eso... Estoy segura de que también para ti han sido demasiadas emociones, demasiados peligros... Descansemos... Intentemos pasar la noche... Tal vez mañana alguien nos encuentre... No quiero pensar en lo que ocurriría si nos cruzamos con depredadores nocturnos... -Acabó por decir. La otra joven acabó por aceptar su petición, aunque aconsejó que no debían hacer un fuego. Ella, que nunca había acampado a la intemperie, no sabía en su carne cuan vital podría ser la llama de la vida en la fría noche.

Y así, el astro rey fue a dormir para dejar paso a los satélites que resguardaban aquel planeta. El breve tiempo que pasó antes de que todo se quedara en penumbra transcurrió en silencio, demasiado cansada para hablar, demasiado ocupada en asimilar la situación en la que se encontraba. Se envolvía en lo que le quedaba de vestido, en posición fetal, para no dejarse vencer por aquel frío que recorría las llanuras en la noche. Tiritaba.

¿D-De veras no podemos hacer una hoguera? T-Tal vez mantuviese a los animales alejados... -Susurró, temblándole la voz por culpa de la brisa. Claro que no reparó en que el fuego no ahuyentaba a los mayores peligros que pudieran rondar, y que de paso, al menos ella, no sabía hacer fuego. Se preguntaba si tal talento estaría entre las capacidades de la otra joven. Diantres... Estaba tan acostumbrada a que se lo hicieran todo que no tenía ni idea de como actuar. Seguro que un avezado aventurero habría sabido como refugiarse del frío, o como ocultar el resplandor de una hoguera, que por supuesto sabría encender. Pero una niña remilgada, tan débil y cobarde en comparación a la otra que estaba con ella, no había aprendido a hacer esas cosas. Claro que tampoco había tenido oportunidad de pensar en que iba a verse en esa situación.

Giró y se quedó tumbada sobre su espalda, mirando hacía el cielo. Las tres lunas le devolvían la mirada, rodeadas de una miriada de puntitos brillantes, lejanos- ¿Qué estará más cerca? ¿Las lunas, o nuestras casa? Los sabios dicen que están lejos, tan lejos que no podemos llegar a ellas. Pero desde aquí parece que podamos cogerlas con las manos. -Había una paz extraña en el ambiente, aunque se sentía desamparada, sola, y sabía que sus padres estarían removiendo cielo y tierra, mucho más nerviosos que ella.

¿Sabes? Cuando vuelva, aprenderé a leer mapas y a encender una hoguera.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Sáb Nov 19, 2011 9:11 pm

La joven quedó mirando a su gemela, severamente, como si la estuviese analizando, como si hubiese dicho alguna cosa sin sentido, pero finalmente cerró los ojos y sonrió de medio lado, asintiendo tras un segundo. Todo lo contrario, tenía mucho sentido, sería mejor acampar allí. Tenía miedo de encender una hoguera y que aquel mago les encontrase. Podría espantar a lobos, o atraer a bandidos, que al ver a unas "indefensas" niñas no dudarían en atraparlas y venderlas como esclavas. O quizás algo peor...
La noche fue cayendo, y la jóvenes tumbadas en el suelo contemplaban las estrellas que poco a poco iban apareciendo en la bóveda celeste, como pequeños ojos que las contemplaban desde las alturas. Como polvo caido del sol que se esparcía por el manto negro, acompañando al resplandor de las tres lunas, que causaba bellos reflejos en aquella pradera, tintando la del rojo carmen, el azul brillante y el blanco puro, creando un bello lugar, que cualquier pintor hubiese querido retratar, y que llenaba el corazón de Illua. No era empalagoso como un campo de flores, era místico y bello a su manera...

El silencio se rompió cuando la joven volvió a hablar... La brisa fría corría por aquel prado implacable, sin sentir piedad por dos pobres jóvenes. Illua paso unos segundos en silencio, sopesando las opciones, atendiendo a las palabras de Lanna. Ella también tenía un poco de frío. Aunque menos, dado que sus ropas habían aguantado mejor que las de la otra joven. Finalmente suspiró y cogió un par de ramas secas que habían allí, y las amontonó cerca de ellas. Después quedó mirándolas, pensando una forma de encenderlas.
Tras unos segundos miró su katana... Si cogía una piedra y la frotaba, saltarían chispas... Pero no lo haría, jamás. Ese arma le importaba demasiado, jamás la dañaría.
Suspiró frustrada, necesitaba algo para encenderlo, el metal la habría ayudado... Y de pronto se percató de la cinta que sujetaba su arma a su cadera... Tenía un cierre de acero. Repentinamente se lo desabrochó y lo colocó sobre las ramas, cogiendo una piedra y frotándola contra el pulido acero. Sin hacerse esperal, varias chispas saltaron del meta, pero no prendieron hasta que la joven dio unas cuantas pasadas. Con una sonrisa, miró la fogata y se tumbó a su lado, pero a cierta distancia, para no quemarse.

- Túmbate aquí, así no pasarás frío... Solo espero que nadie se percate del fuego... A saber a quien podemos atraer. Pero al menos con el calor de las llamas tenemos una mínima oportunidad de vivir...-Dijo la joven a Lanna, mirando las llamas danzar en la pila de ramas.

Pasó... ¿Cuanto? ¿Segundos? ¿Minutos? No sabía cuanto tiempo, hasta que se percató de que aún tenía entre sus manos el libro que le había arrebatado al hombre. Lo abrió por la primera página... En el se podían leer unas palabras, parecía el título del libro...

-El... Grimorio de la... Grieta...-Susurró Illua, el nombre de aquel libro.

No era una inculta, pero... ¿Que era un grimorio? Era normal que no lo supiese, hasta aquel momento no se había molestado mucho en la magia. Algo que cambiaría a partir de aquellos días, pero eso ya lo narraré.
Pasó la hoja, y descubrió una pagina en blanco casi. Se repetía el nombre del libro, pero debajo aparecían oras palabras nuevas. "Escribe aquí el Nombre de aquel que rellenará las Páginas en Blanco de este Libro:" Y a su lado, una linea de puntos donde se debería colocar el nombre, pero no había nada escrito... Frunció el ceño y continuó pasando las hojas, pero no había nada más escrito allí, estaba todo en blanco. Suspiró. Deseaba haber tenido allí una pluma y tintero, o un lápiz al menos, para haber escrito su nombre, y haber comenzado a escribir cosas allí. El libro parecía pedírselo. Esta vez no con palabras, si no... Simplemente lo parecía. Como cuando te sientes tentado a continuar por un camino, sintiendo como si este te llamase. Aquella extraña sensación.

Finalmente, abrazó aquel tomo, y cerró los ojos, durmiéndose bajo el amparo de las lunas y sus estrellas.
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Dom Nov 20, 2011 2:40 am

Una suave brisa barrió la llanura. Las hojas de los árboles se mecieron con el viento, y aquel gélido aliento recorrió su piel, expuesta a través de los ropajes destrozados. Tuvo un escalofrío terrible, y se volvió a acurrucar en posición fetal, buscando calor ¿Cómo podía cambiar tanto la temperatura entre el día y la noche?

¿Qué haces? -Preguntó cuando vio que la otra joven se dedicaba a amontonar ramas secas. Bueno, no hacía falta ser demasiado espabilado para saberlo, pero le resultó extraño, después de la negativa a la hora de hacer un fuego. Aunque, bien pensado... Sin un fuego, la noche sería larga y penosa... Sí, y sobre todas las cosas, terriblemente dura. Tal vez demasiado para una joven que no estaba acostumbrada a la crudeza del camino.

¿Crees que podrás? -Preguntó, dubitativa ¿Cómo lograría hacer fuego? ¿Rozaría dos ramas, como solían contar los aventureros? ¿O se daría cuenta de que en realidad nunca había hecho una hoguera, desistiría y tendrían que enfrentarse al frío? Su respuesta pronto quedó contestada.

Con unos hábiles golpes, su compañera hizo saltar chispas que pronto dieron forma a la llama. Las ramas secas ardieron como si fueran de carbón, y en cuestión de momentos una cálida hoguera estaba frente a ellas. Una ola de calor inundó el ambiente, arrancando el frío que había tratado de asentarse en sus huesos. De nuevo, igual que al respirar el aire fresco, eso fue como ambrosía divina.

No se esperó ni a que su compañera se lo dijera. Momentos después ya estaba pegada a la hoguera, estirando las manos para tratar de calentarlas. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que ya había dejado de sentirlas y que le dolían mucho, pero en cuanto las acercó, una sensación extraña, una especie de cosquilleo, las recorrió. Era la sangre volviendo a moverse con normalidad. Fue como volver a vivir- R-Realmente lo necesitaba... -Dijo, aún temblando un poco. En una noche como esa, la chimenea del gran salón de su casa ardería con llamas rojas y anaranjadas, y el fuego alimentaría sus almas. Resguardados tras las gruesas paredes, ni el frío ni las amenazas podrían alcanzarlos.

Y ahora, sin embargo, la remilgada joven estaba sola. Sin paredes. Con un débil fuego. Con su ostentosa ropa hecha jirones y la larga melena llena de polvo y barro. Pero no importaba... No, después de todo lo que ocurrió, esas cosas ya no importaban... Tenía un fuego y una vida. Se sentía tan afortunada como si estuviese en el palacio de un gran príncipe, rodeada de los mayores lujos que pudiese jamás existir. En las peores situaciones, la simplicidad era regalo de los dioses.

Se acurrucó junto al fuego crepitante, y lo último que vio fueron las llamas danzar en una llanura iluminada por las lunas. Sin fuerzas, sus párpados no pudieron aguantar y se cerraron irremediablemente. Aquel día había sido el más duro de su vida. Y entonces, abrió los ojos de nuevo, cuando un rayo de sol juguetón le dio en los ojos.

¡Diablos! ¿Es que el ama de llaves no se había encargado de cerrar las contra-ventanas aquella noche? ¡Se enteraría de lo que era bueno! ¿Y que diantres ocurría con aquel colchón tan incómodo y con sus ropas? ¿Por qué había tanta brisa en su dormitorio, y su cama parecía empapada por el rocío de la mañana? Oh...

No... No era un sueño ¿Verdad? -Preguntó al aire, o a la otra joven, mientras se levantaba y quedaba de rodillas sobre la hierba. El sol de la mañana lucía desde hacía poco tiempo. Tal vez fueran las seis o las siete de la madrugada. La hierba estaba cubierta de aquella capa de finas gotas, de relente, que se liberan por las noches. Y estaban a salvo. Su hoguera se había apagado, pero ya no hacía tanto frío, y por suerte no había atraído a nada que pudiera haberles hecho daño. Todo el cansancio sufrido se había atenuado sobremanera, pero a pesar de ello el cuerpo le dolía incluso en sitios que no sabía que existían. Oh, y las piernas... Las piernas ya siquiera le dolían. Gracias a las carreras, habían superado el umbral del dolor, y ahora las sentía dormidas, como si no fuesen a poder dar un paso más.

Y sin embargo, pese a que mucho de esto pudiera sonar esperanzador, la joven estaba blanca como el mármol, iluminada su piel por los suaves rayos del astro. Entonces... ¿No había sido una pesadilla? La mañana tranquila... La caída... La cueva...Su joven gemela... Los goblins... La celda... El mapa... El hombre... El libro...La quimera... Todo... ¿Todo cierto? Las fuerzas la abandonaron de repente, y dos líquidas perlas resbalaron por sus mejillas. Estaba en medio de la nada, sin saber en que dirección podría estar su hogar. No tenía siervos. Ni mayordomos, ni criadas, ni sus padres... ¡Su vestido estaba arruinado! ¿Y el dinero? ¿De qué le servía? O su nombre, su apellido... ¿Sobre quién podía usar el poder que le concedía? ¿Cómo iba a salir de esa?

¡Ah! ¡Illua! -Cayó repentinamente en cuenta, mientras se giraba para buscar con sus ojos a la otra, sin saber siquiera si seguía allí. Ella era tan resuelta e independiente... que podría sacarlas de esa con facilidad... Pero... También era tan independiente que tal vez... ¿Y si la había dejado sola allí? Al fin y al cabo, Lanna no era más que un lastre en aquellos momentos, un lastre que tal vez le impidiese salir bien parada...

Respiró, cerró los ojos un momento, y los volvió a abrir, esperando encontrarse aquella cabellera azulada junto a ella- ¿Illua?




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