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Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Sáb Nov 26, 2011 5:46 pm

Flotaba... En la Nada... El Vacío... ¿Que era eso? Era... No, no podía ser Algo... Era Nada... Solo una inmensa oscuridad que la rodeaba ¿Que había a su alrededor? ¿Que tenía? ¿Que era? Nada tenía importancia. Es difícil de expresar con palabras, pero era como si no existiera, y a la vez si lo hiciese. No sabía que lugar era ese... No sabía ni siquiera quien era. O que era... Simplemente... Estaba.
Pronto, un sonido, primero casi imperceptible, pero que fue aumentando de sonido, hasta parecer que lo tuviese al lado, fue haciéndole ser consciente... Apartar la Nada para dejar paso a Algo... ¿A que? No sabía... aún no existía... Pero aquel rítmico sonido iba haciéndole "despertar" como si la hiciese existir... Le sonaba... Lo recordaba... Pero eso era imposible... ¡No existía! O tal vez... Si...

Tick, tack, tick, tack... Era un reloj, el rítmico sonido de las agujas de un reloj resonando en su cabeza. ¿Tenía cabeza? ¿Tenía cuerpo?. Iba recordando.
Era Illua Haruno, una joven, hija de importantes políticos. Estaba... Estaba perdida, en una gran inmensidad en medio de alguna parte. Estaba ¿Sola? No sabía. Pero el sonido del reloj se hacía más fuerte. Venía de todas partes, y a la vez de ninguna. Hasta que decidió mirar hacia abajo...
A sus pies, un enorme reloj. ¿Como no se había dado cuenta? El segundero iba directo a ella, y ahogando un grito, saltó para pasar por encima. Pero al caer al reloj de nuevo, este se quebró, y pronto calló en una lluvia de cristal y metal.
Una voz empezó a rebotar en su cabeza.

-Tómalo... Es tuyo... Cógelo... Te pertenece...-Retumbaba en su cráneo, mientras el cristal y el metal iban fusionándose ante ella, formando tres objetos... Un libro de portadas azules, una daga, y una pluma. El libro se abrió, y pasó dos hojas el solo, mostrando el título del libro, y unas palabras bajo el... Pidiendo el nombre de quien escribiría en el, rellenando sus blancas páginas...-Firma... Escribe tu nombre... Plasma tu huella... Y te pertenecerá... ¡Firma con tu sangre!

Illua miró la daga, y sin pensárselo, se hizo un corte en la mano, reprimiendo una mueca de dolor, para mirar la sangre que salía de la herida, y que comenzaba a desprenderse, cayendo por los lados de su mano hacia la infinita oscuridad. Impregnó la pluma de su fluido vital, y con una bella y pulcra letra escribió su nombre, con un trazo carmesí... "Illua Haruno"
Y en cuanto apartó la pluma, el libro se cerró de golpe, y la pluma desapareció de su mano izquierda, y la herida de su diestra. Mientras una luz envolvía Todo. Haciendo desaparecer la oscuridad... Sentía algo distinto, como si algo hubiese entrado en su herida justo antes de cerrarse, y hubiese empezado a fluir junto a su sangre, invadiendo su cuerpo de poder...

Cerró los ojos cuando la luz se hizo demasiado potente... Y todo terminó.


Pronto, Illua abrió sus ojos tranquilamente. La luz del día la había despertado. Dio un pequeño bostezo, incorporándose, aún con el libro en sus manos, de aquella improvisada e incómoda "cama" en la que había dormido. Que no era otra cosa que el propio suelo. Se encontraba en el mismo sitio que la noche anterior, junto con Lanna. La hoguera se había apagado, pero por el humo y el pequeño calor que aún salía de ella, parecía que hacía bien poco que lo había hecho. Sonrió al no encontrarse prisionera de ningún bandido, y se estiró un poco aún en el suelo.
Pero de pronto sintió un pinchazo en sus manos, y miró el libro que sostenía en ellas... Su mente le recordó el extraño sueño... Y decidió abrirlo... Pasó la primera página, como en cada libro, en blanco... y la segunda, donde la noche anterior había leído el extraño título del tomo... Y vio la tercera, donde debería estar el hueco par escribir el nombre... Pero ya no había hueco, solo su nombre escrito con tinta carmín y su propia letra. Reprimió un grito de sorpresa, y miró su mano derecha, buscando alguna herida, herida que no existía... No comprendió que había sucedido, pero decidió no darle más vueltas. Ya investigaría... Lanna parecía despertarse, así que cerró el libro con tranquilidad y se levantó, sintiendo un calambre en sus piernas. Le dolían bastante, agujetas. Las había tenido antes, tras los días de mucho esfuerzo en sus practicas con la Katana. Eran molestas, pero las había aguantado antes. Se tambaleó un poco mientras avanzaba, y torció el ceño en una mueca de dolor, mientras avanzaba hacia Lanna... Parecía llorar, si no estaba al borde del llanto. Ella preguntó por la muchacha, mientras alzaba su rostro, para encontrarse con el de Illua, serio, pero a la vez tranquilo.
Con firmeza, y a la vez cariño, extendió su mano hacia su clon, tendiéndosela y ayudándola a levantarse.

-Vamos... No conseguiremos desayunar si nos quedamos aquí... ¿O no tienes hambre? Yo llevaré un día entero sin llevarme nada a la boca...-Comentó Illua, sonriendo de medio lado e intentando animarla un poco. Nunca había tenido a alguien a quien darle muestras de afecto, pero esa muchacha... A pesar de todo, le gustaba. Perecía tener coraje, aunque no lo mostrase. Se llevó una mano al estómago. Llevaba rugiendole desde la noche anterior, pero había decidido ocultarlo para no mostrar debilidad... Siempre era así, fría como el mismo hielo, pero parecía ablandarse en compañía de la joven. Y después de muchos años, seguiría siendo así... Lanna sería la única capaz de sacar el lado humano de Illua.-Mm... Cazar con una Katana será ardua tarea... Necesitaré tu ayuda si queremos comer...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Jue Dic 01, 2011 10:48 pm

La negrura de unos párpados entornados pronto se transformó en la luminosidad de la pradera, del día. Y frente a ella, estaba la otra joven, la chica que tanto se parecía a ella, aunque sus almas fuesen totalmente distintas- ¿Te has... quedado? -Preguntó, con voz queda. Realmente no se esperaba que aquella chica la hubiese esperado, que no la hubiese abandonado con tal de salir con vida ella ¿Acaso no era un lastre? Pudo preguntarse mientras agarraba su mano y se ponía en pie. Unas lagrimas, no sabría decir si de temor pasado o de alivio, resbalaron por sus mejillas. Lanna lloraba mucho, muy a menudo, como joven malcriada y remilgada que era. Pero, por una vez, las lágrimas iban sin rabia o tristeza. Tal vez estuviese asustada, pero... Llorar en aquel momento sentaba bastante bien.

¿Hambre...? - Cayó en la cuenta en aquel momento, justo cuando la otra, esa que en el futuro sería su faro, habló de ello ¿Cuánto hacía que no tomaba nada? Había sido la mañana anterior, posiblemente, antes de salir al campo ¿Eso significaba que llevaba un día entero sin tomar nada? ¿Pero alguna vez había estado tanto tiempo sin comer? De repente, su estómago comenzó a rugir, y agachó la cabeza, avergonzada. Si no se lo hubiesen recordado, probablemente el miedo, la preocupación que sentía por su situación, se lo hubiese impedido. Ahora, sin embargo, se había convertido de repente en una necesidad. No se si lo sabréis, pero la mayoría de las personas no han experimentado la verdadera hambre. Lanna era una de esas, y aunque estar un día sin comer no podía definirse como esa verdadera necesidad de comer, para ella lo era como tal. Necesitaba algo, o caería exhausta. Después, ya podría preocuparse de seguir adelante, de volver a casa, Pero... ¿Cómo iban a cazar algo? Y entonces, la otra continuó hablando.

¿Mi ayuda...? Pero... Yo nunca he cazado... -Comenzó a decirse. Aunque... lo cierto es que tampoco jamás había vestido unos ropajes destrozados, ni había escapado por los pelos de un hombre siniestro, ni había dormido a la intemperie, ni había dejado fuera de combate a un humano... Diantres... Si en un día habían ocurrido tantas cosas... ¿Cómo podían cambiar tanto las cosas al dar un simple paso en falso? - Bueno... Supongo que algo puedo intentar... Pero... ¿Cómo? ¿Qué es lo que tengo que hacer, Illua?

Se sentía bastante desorientada, claro ¿Quién pensaría que en unos años aquella joven acabaría recorriendo el mundo, ella sola? Había muchas cosas que con el tiempo aprendería. Hacer una hoguera sería muy sencillo. Orientarse en aquella llanura también. No hace falta ni que hablemos de cazar, que era lo que se disponían a intentar.

La joven le explicó lo que iban a hacer. En las llanuras, la mayoría de animales eran pequeños, y se refugiaban en la hierba alta, en los matorrales. Eso lo sabía incluso Lanna, lo había leído en algún sitio, en algún momento que ya no recordaba. Así pues, buscaron un poco por la zona hasta dar con un montón de matojos espesos. Allí, su compañera no tardó en dar con una zona en la que la hierba estaba aplastada- Son... senderos naturales... Los animales suelen pasar por ellos para ocultarse y moverse rápidamente... -También había leído eso. Su compañera asintió, y le dijo lo que iban a hacer- E-Está bien... -Asintió, aunque no podría decirse que estuviese cargada de confianza.

El plan era el siguiente...

Illua se quedó en medio de aquel camino en la hierba, y mandó a Lanna a deambular cerca de la madrigera, si es que la encontraba. Fiel a aquella idea, la joven comenzó a caminar. Su vestido de seda, hecho jirones, ondeaba con la suave brisa. Al menos, ya no hacía frío, o al menos no tanto como en la noche- ¿D-Dónde podría estar? -Se preguntaba, mientras caminaba mirando al suelo con atención. En aquel momento se arrepentía de haber dejado sus zapatos en la cueva, porque el suelo raspaba, estaba duro y dolía. Las piedras le raspaban las plantas de los pies.
Y entonces, uno de esos pies que tanto estaban sufriendo se tropezó con algo, con un agujero en el suelo. La joven cayó cuan larga era, sin tiempo ni para sorprenderse, y el agujero se desmoronó. Antes de aterrizar, pudo ver como algún animal blanco salía de dentro y recorría aquel camino en el que la otra joven le esperaba.

Cuando se levantó y se dio la vuelta, pudo ver a Illua lanzando un preciso corte. Un chorro de líquido carmesí saltó hacía arriba, pero no pareció importarle, o al menos eso creyó notar Lanna. Su estómago seguía rugiendo, y esta vez lo que le pedía era que se diese prisa, ahora que tenían una presa- ¿Lo... tenemos? -Preguntó la joven, casi susurrando.

La otra asintió y levantó al animal por las patas. Un conejo blanco, de esos que tanto gustan como mascota a algunas jóvenes. En otro momento, seguramente habría sentido repugnancia, nauseas, y habría tenido que vomitar. En ese momento no podía preocuparse de esas cosas. Lo único que quería era encontrar su camino de vuelta de una vez, poder quitarse aquello jirones y todo el barro y la tierra que se le habían pegado...

Bueno, probablemente eso habría pensado en otro momento, si hubiera mantenido su actitud remilgada. Ahora mismo no podía permitirse eso. Dicen que las cosas cambian cuando las ves como protagonista.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Sáb Dic 03, 2011 4:48 pm

-Claro ¿Por que iba a dejarte aquí tirada? Me has ayudado, no seguiríamos con vida si no estuviésemos juntas.-Le respondió Illua alazando una ceja, como si no entendiese la reacción de la chica.

Pronto Lanna también recordó su hambre, pero a diferencia de la, aun aprendiz, espadachina, ella no tenía ni idea de como conseguir comida. Por suerte, la otra si tenía un plan para conseguir algo que echarse a la boca. En aquellas llanuras, los animales grandes no eran, ni demasiado abundantes, ni fáciles de cazar. Pero para comer entre ellas alguna cosa para calmar algo su hambre, no haría falta mucho, con un simple conejo tendrían bastante. No era demasiado, pero algo era algo.
El plan era simple, Lanna debía ir armando algo de ruido cerca de los matorrales para así asustar a las criaturas que allí vivían. Illua esperaría en esos caminos, y cuando el animal saliese asustado en su frenética carrera en la se encargaría de matarlo con un corte de su katana. Era una estrategia básica, simple, y muy eficaz cuando solo se tenía la espada de la chica.
Tras un rato de búsqueda, Lanna cayó al suelo tras tropezar con algo. Illua ció una mancha blanca salir disparada hacia ella como una exhalación. Pero pronto un certero corte al cuello de parte de la chica, hizo emerger la sangre del animal, al que con velocidad agarró pro sus largas orejas y lo degolló rápidamente con un tajo en el cuello.

Lanna le preguntó por la presa, e Illua se limitó a alzarlo con una sonrisa. Desayunarían esa mañana.
Regresaron al lugar donde habían dormido la noche anterior, y tras buscar más ramas secas encendieron un fuego de nuevo, donde cocinaron al animal y fueron comiéndoselo. No podía decirse que fuese la mejor comida de su vida, pero era algo, y como suele decirse, cuando hay hambre toda comida es un manjar.
Una vez hubieron saciado el apetito Illua miró al cielo. El sol brillaba fuerte, tapado solo por unas cuantas nubes que se movían en el firmamento con lentitud, movidas por una suave brisa que también corría por aquel lugar, refrescando el cuerpo de las chicas. Tal vez más de lo que deseaban, dado que sus ropas rasgadas no eran la mejor manta del mundo, pero aun así servían para cubrir el cuerpo y dar algo de calor.

-Me he fijado en el amanecer de esta mañana. El norte está por allí. Lo que no se es en que dirección está la ciudad-Dijo pensativa mirando las nubes. Pero pronto añadió algo más.-No obstante, estamos en Thonomer, eso implica que las ciudades están al norte, en dirección al mar. Sería mejor ir hacia allí, pero... Si nos hemos ido demasiado al oeste podríamos acabar en los glaciares... Aunque bueno, al menos podríamos orientarnos una vez allí, solo deberíamos fijarnos en el horizonte y cuidar de no llegar a ellos, solo vigilar si se alzan montañas nevadas, si nos acercamos mucho allí podríamos tener problemas. En resumen, al norte y al este, sin perder de vista ambos lugares, para no acabar en los glaciares, y buscar el mar con la mirada.

No era el plan más brillante, pero era lo más inteligente que podían hacer, era su única forma de orientarse, su única esperanza. Y tras recogerlo todo, se pusieron en camino. Avanzaron...

(...)

¿Cuanto tiempo? Horas, caminando sin perder de vista sus dos puntos de referencia, mientras el sol hacía su diario recorrido en la cúpula celeste, y la luz iba aumentando su intensidad, para poco a poco descender. Que tranquilos momentos, sin problema alguno, sin deber pelear, sin encontrarse bestias feroces que quieren acabar con ellas... Y pronto, a su derecha, pudieron atisbar el mar... Illua frenó en seco sus pasos, observando el horizonte... Al fin lo habían encontrado... El sol estaba descendiendo ya, habían usado casi un día para aquel trayecto. Sin duda era una dura vida, pero ambas parecían dispuestas a todo por volver a su hogar... La joven del pelo corto señaló el mar, que apenas se veía, pero ya se podía notar, a la otra joven, y aceleraron el rumbo. Illua ya daba por perdido aquel día para regresar a sus casas, pero tal vez en el tercero lo lograsen... Aunque aún les faltaba afrontar una noche más. Solas.
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Sáb Dic 03, 2011 8:14 pm

Tenían comida, aunque por el momento seguían perdidas. Y en ese momento, la joven remilgada tenía otro gran escalón que superar. Lo primero fue tarea fácil, y pudo participar de ella: Recoger ramas secas. Tal labor era sencilla de completar en una llanura como aquella, y Lanna no iba a quejarse después de todo lo que habían pasado. Ergo, después de unos minutos lograron revivir la hoguera. Sin embargo, después de aquello nuestra joven tuvo su primer encuentro con la cruda realidad de la supervivencia.

Espera... Para cocinar algo... ¿No hay que... prepararlo? -Por prepararlo, por supuesto, se refería a esa tarea que se realiza en toda cocina y que consiste en despellejar al animal y librarse de sus entrañas. La otra chica asintió, como era de esperar. Por supuesto, la imagen que pasó por su cabeza a continuación fue suficiente como para provocarle un súbito ataque de náuseas que no llegó a más- L-Lo siento... Yo no... Bueno... No creo que pueda ayudar con eso... -Se excusó, y se retiró a las proximidades de la hoguera, que comenzaba a crecer y a consumir la madera. Una oleada de aire caliente golpeó su rostro, mientras escuchaba como la otra joven se afanaba en su tarea. Los sonidos de tal labor eran tan desagradables como la imagen misma de lo que tenía a sus espaldas. Pese a todo lo vivido, nadie es capaz de quitarse de encima su personalidad, al fin y al cabo.

Pronto, el animal estaba sobre el fuego, cruzado por una rama fuerte. La imagen de su piel rosada le hizo mirar a otro lado, y no fue capaz de volver la mirada hacía él hasta que el fuego no se había encargado de tostarlo y darle “aspecto de comida.” Y pese a todo, la batalla continuó cuando nuestra joven trató de comenzar a comer y se quedó paralizada con la carne entre sus manos (Dicho sea, no estaba acostumbrada a comer con las manos, como era de esperar de una señorita de su condición) Hacía poco tiempo, había visto salir corriendo a aquel animal, lo había visto saltar de entre los matorrales y ser atrapado por la otra. Ahora, lo tenía delante, y ya no corría. Le habían quitado la vida para mantener la suya. Y esa sensación era muy impactante, tanto que no era capaz de dar un bocado... Hasta que el hambre ganó la batalla y un nuevo rugido de su estómago le recordó que debía comer- L-Lo siento. -Murmuró, y comenzó a comer. Y pese a que nunca le había gustado el conejo, posiblemente fue la comida más deliciosa que había probado, incluso más que todos aquellos manjares que se servían en la mesa de los grandes señores. Dicen que el hambre acentúa el gusto.

Cuando hubieron terminado, fue el momento de discutir como seguir a partir de ese momento. En un instante, la otra joven, como siempre, tenía todo controlado y había trazado un plan, que se encargó de explicarle- Está bien... -Respondió, para esbozar a continuación una sonrisa triste- Ahora mismo solo quiero llegar y encontrar otras ropas. Es demasiado incómodo moverse con esto... -Señaló con un gesto de sus manos los jirones de su vestido de seda, que ahora poco refugio contra el tiempo proporcionaba, hecho jirones como estaba. Aquel material no estaba fabricado para caerse por una sima y aguantar todo aquel esfuerzo que habían tenido que pasar.

Bueno... Pongámonos en marcha... -Comentó, mientras ambas se levantaban. Y así, reanudaron el camino. Fue largo, muy largo y terriblemente duro. La joven, descalza, sentía como los pies le ardían. Aunque fuese, tendría que haberles robado las botas a los goblins... Aunque no, en tal caso nunca se le hubiese ido aquel hedor a putrefacción de los pies. Era preferible seguir descalza a tener que llevar esas cosas.

Y al final, a medida que avanzaba el día, lograron ver el mar, a lo lejos... El mar, pero ninguna ciudad cerca. -Suspiró, mientras barría el horizonte con la mirada- Supongo que era muy optimista el pensar que esto se habría acabado antes de que el sol se pusiese. Tal vez deberíamos descansar...

Y de nuevo, otra noche más, establecieron aquel peculiar campamento. Ahora podían encender una hoguera sin miedo. Las orillas no solían ser rondadas por bandidos. A lo sumo, piratas, y en tal caso podrían verlos antes de tiempo. Además, seguían en medio de la nada. Ningún pirata decide hacer un pillaje en medio de la nada.

¿Crees que estamos muy lejos? Me duelen las piernas... ¿Podremos llegar a algún lado mañana, o seguiremos teniendo que andar mucho? -Preguntó, tumbada junto a la hoguera, con una nota de añoranza en la voz. Ella no estaba cortada para esos menesteres, a diferencia de la otra.

Pasado un tiempo, decidió probar a dormir. Solo esperaba que aquella noche, y el día que tenían que afrontar, también fuese pacífico.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Sáb Dic 03, 2011 9:32 pm

Illua y Lanna volvieron a prender una hoguera, a lo lejos se veía el mar, ningún signo de civilización, pero... Las ciudades de Thonomer estaban en la costa, eso significaba que pronto deberían encontrar una. Pero lo mejor era descansar un poco por el momento. No era cuestión de ir en la noche deambulando por las llanuras.
Tras volver a prender la llama, ambas se sentaron mirando el crepitante fuego, con sus danzantes e hipnotistas llamas.
Pero pronto Lanna hizo una pregunta, que Illua no dudó en responder.

-Pues... No lo se... Encontramos el mar, la cosa es... ¿Vamos hacia el norte o al sur? Si vamos al norte, podríamos habernos pasado ya la ultima ciudad, encontrarnos los glaciares, y tener que volver a retroceder. Pero si vamos hacia atrás. Puede que aun no llegásemos ni a la primera ciudad costera y acabaríamos en... Mm... ¿Que había al sur de Thonomer? Silvide al oeste... Los Glaciares al norte... Al este Eblumia y sus cordilleras creo recordar... Mm... Creo que era Uzuri... Si, eso es, Uzuri y Silvide están muy cerca, los separa una cordillera montañosa.-Respondió Illua, acabando por desviarse del tema, pero cuando se dio cuenta sonrió de medio lado mirando al mar con tranquilidad.-Si, ya se que no muchos conocen el mapa de Noreth de memoria con mi edad, pero es que me gustaría algún día viajar por todo el continente y descubrir lugares, vivir aventuras. Y bueno, se podría considerar que esto es un adelanto... No creo que puedas decir que esto es una situación aburrida... Aunque me habría gustado estar más preparada... Oye, me acabo de dar cuenta de algo. Llevamos como... ¿Dos días? Si, dos días juntas, enteros, ayudándonos. Pero no sabemos nada la una de la otra...

Mientras hablaba, se dedicaba a cocinar un poco de carne, mientras habían viajado, había cazado a más criaturas para poder comerlas, y prefería ir a dormir sin tener un agujero en el estómago.
Sacó los trozos de carne que había estado asando, y le dio uno a Lanna, cogiendo ella el otro y soplándolo un poco antes de darle un mordisco.

-Bueno, conozcámonos un poco... Soy Illua, hija de dos importantes políticos en mi ciudad. Ya lo se, me dirás que no tengo pinta de ser hija de gente importante, que no voy vestida como una "princesa" ni tengo sus modales, que voy por la calle con un arma, y que no me importa caminar por esta dura sin zapatos. Bueno, mis pies están acostumbrados, suelo hacerlo, toooodo el rato. Así tengo piernas fuertes. A mis padres les escandaliza, dicen que pienso como una salvaje, pero... ¿Acaso eso es malo? ¡ Fíjate! Todo eso que me recriminaban me ha servido. Decían que debía ir siempre arreglada, pero siempre llevo ropa cómoda y resistente, por eso ahora no voy en cueros... Que no tengo modales, y por eso soy capaz de cazar y cocinar sin sentir molestia. Que voy armada, y por eso me pude defender, y que ir descalza es de salvajes, pero ahora mis pies no se resiente tanto, porque para que negarlo... ¡Me duelen!-Lanzó una pequeña risa de alegría. No es que hubiese aparecido ante ella el mayor de sus deseos, solo que Lanna era la primera persona con la que se sinceraba, y le gustaba aquella situación. Había soñado con escaparse, con vivir aventuras, no creyó vivirlas tan pronto, ni en aquellas situaciones, y aunque desease volver a casa, disfrutaba.-No me gusta ser como las otras chicas de buena familia... Tan... Dependientes... Me gusta ser capaz de valerme por mi misma. Por tus ropas... O lo que quedan de ellas... Creo que tu también tienes familia adinerada. Estoy seguro de que alguna vez habrás pensado lo que te digo... ¿Verdad que a veces, cuando hablas con alguien que te presta mucha atención dudas de él? No sabes si verdad te quiere, o lo que quiere es tu dinero. Yo quiero que si alguien me respeta, si alguien me ayuda y presta atención, es por mis acciones, por mi misma, no por el dinero de mi familia o mi titulo.

Iba haciendo pausas en aquel discurso, comiendo tranquila y pacíficamente su parte de la comida con una sonrisa de medio lado, y al terminar, devoró el ultimo trozo y se estiró un poco, para posar su mirada en Lanna. Se la veía sonriente. Era una cosa que, aunque la chica de largos cabellos no supiese, Illua llevaba mucho sin hacer.

-Pero dejemos de hablar de mí... ¿Y tú? Cuéntame algo de tu vida...

(...)

Al poco de terminar la conversación, ambas jóvenes se fueron a dormir y volvieron a caer en sus sueños. Esta vez, el de Illua fue más tranquilo y relativamente normal, puesto que los sueños nunca son normales.
Y finalmente, cuando el sol salió, despertó. La joven decidió despertar a Lanna tranquilamente y recoger todo el improvisado campamento. Y en apenas unos minutos, llegaron a la playa, y al mar. Pero ahora quedaba una decisión por tomar... ¿Norte o Sur? Pronto, antes de lo que ninguna creía, la respuesta llegó. Vieron a lo lejos, un barco que se dirigía al sur... Eso significaba que había población en esa dirección... Illua vio en aquello una esperanza. Poca, pero la había, dado que era posible que se dirigiese al río Monzor, en cuyo caso solo estarían alejándose de las ciudades. Pero... Aquel barco daba más posibilidades a que hubiese algo por allí, y aferrándose a sus esperanzas, empezaron a caminar en esa dirección por la playa. La arena les calmaba un poco sus doloridos pies, y en ella podían limpiarse un poco. Era una buena opción seguir la costa.
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Dom Dic 04, 2011 5:24 pm

La noche había caído, y el fuego crepitaba frente a ellas. Las llamas danzaban un baile hipnótico, movidas por la suave brisa nocturna que se encargaban de calentar. El mar se extendía hasta el mismo limite del horizonte, como si fuese infinito. Era el segundo día de su vida en el que no dormiría en una cama cálida y cómoda. El primer día en el que no tenía mantas de seda, sino los jirones de lo que deberían haber sido sus ropajes. El primer día de otros muchos más que algún día vendrían, aunque ella no lo supiese. Mientras esperaban a tener lista la cena, la otra hablaba, planificaba lo que debían de hacer, con esa naturalidad que la caracterizaba. Parecía nacida para ello.

Creo... Creo que sería preferible ir hacía el sur... -Contestó, tras meditar por un instante. No era una experta en aquellas cosas, pero quería servir de algo, y había leído mucho en su vida- Siempre será más posible encontrar un pueblo o una ciudad si vamos hacía una región con un clima más suave, y no hacía los hielos del norte... O eso pienso... -Dicho sea, nuestra joven no acababa de comprender el punto de vista de la otra. Cierto, no podría decirse que la situación fuese aburrida... Pero sí demasiado dura ¿Cómo podía querer viajar por todos lados? ¿No era casi un suicidio recorrer aquel mundo tan peligroso?

En ese momento, la otra paró de hablar un breve instante, y le dio algo de la carne que habían estado cocinando a la hoguera. Esta vez no hubo remilgos. No podía permitírselo. Esa había sido una barrera que había tenido que superar antes. La mordió sin esperarse, sin dudar, y de nuevo sabían bien, mucho mejor que cualquiera de las comidas lujosas y los grandes banquetes. Y solo era carne de un animal cualquiera que se habían cruzado. Ni siquiera la había preparado ningún gran cocinero.

A medida que la otra hablaba, se daba cuenta de la enorme falla que las separaba. Era como si aquella viviese haciendo todo lo que Lanna veía como una locura, como algo que ella nunca vería. Como la mala situación que estaban pasando en aquel momento- Yo... Bueno, mi nombre es Lanna, como sabes... -Su voz había perdido el tono engreído que tenía cuando su posición social le servía de algo.- Nací en una familia acaudalada. Mis padres son dos importantes burgueses, tanto que ya no sé exactamente a que se dedican, si es que no controlan cada aspecto de la ciudad. Yo... Creo que he vivido como esas jóvenes adineradas de las que hablas. He hecho que todos se dedicasen a mí en cuerpo y alma, y me he escudado detrás de mi dinero y mi poder. Supongo que realmente ya no sé por qué la gente se acerca a mí. Tal y como me he comportado, seguramente sea por mi dinero. -Hizo una pausa. Dicen que la verdad duele, y eso era como verse reflejada en un espejo que escupía verdades- Como las dos caras de una moneda ¿No te parece? Supongo que todo esto no pudo haber sido una simple casualidad. Casi parece como si alguien estuviese hilándonos el camino.

Estuvieron charlando un rato, y al final decidieron irse a dormir de nuevo. Como decíamos, era el segundo día que pasaba en la intemperie, sola y sin otros que la escudasen. Los engranajes del destino giraban danzas azarosas, y esta vez la habían señalado a ella para enfrentarse a todo aquello que habría temido, odiado. En esos momentos, ya no estaba segura de cuanto lo odiaba. Era una sensación extraña. Lo aborrecía. Sabía que debía aborrecerlo. A la par, sin embargo, una voz muy tenue, en su cabeza, le decía que podría acostumbrarse, que no era tan horrible como esperaba, que no lo sería de no ser porque todo llegó de improviso.

Y entonces, el sol comenzó a brillar de nuevo ¿Ya había pasado la noche? Aquello había sido inesperadamente tranquilo. En cuanto estuvieron preparadas, reanudaron la marcha. Como era de esperar, las piernas le dolían, mucho. De hecho, todo el cuerpo le dolía, especialmente los pies, que ahora estaban cortados, sucios de sangre y tierra. No sabía cuantas heridas se había hecho. Había perdido la cuenta cuando se notó que ya no notaba los cortes.
Y cuando alcanzaron la playa, fue la primera en avistar aquello en la lejanía- ¡Es un barco! ¡Nos llevará a un lugar habitado! -Recordemos que por aquel entonces Lanna no sabía demasiado sobre geografía, no tenía ni idea de que aquel barco podría no ir hacía una ciudad cercana. Así pues, de repente estaba siendo recorrida por una oleada de ánimo... Y como no estarlo... ¡Podían salir de aquella! ¡Iban a salvarse!

¡Vamos! -Exclamó animada, sin llegar a barajar las posibilidades esta vez, mientras aligeraba el paso sobre la arena cálida. Cálida, pero no ardiente. Tenía una calidez mágica, calmante, que no había probado durante días. Hizo un gesto con la mano a la otra, llamándola- ¡Vamos, ya queda poco!

Estaban salvadas. Solo debían evitar los peligros un tiempo más, y estarían salvadas, en casa. Se atrevería a decir que incluso iba a echar de menos aquella pequeña aventura. Lo que ella no sabía es que todo eso, realmente, iba a dejar una marca profunda en ella. Una marca realmente profunda que algún día la incitaría a seguir adelante.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Jue Dic 08, 2011 12:15 am

Illua y Lanna corrieron por el arenoso suelo de la playa intentando alcanzar el barco. Pero ese deseo era como intentar alcanzar las lunas, y pronto disminuyeron su velocidad. Viendo como el navío de alejaba, pero no perdiendo su sonrisa de esperanza. No hacía falta alcanzar al barco, solo seguir el rumbo que tomó.
Tras un par de minutos de caminar, la joven de cortos cabellos se agachó y tomó un trozo de madera, y con su sable, mientras caminaba, fue cortando varios trozos pequeños de la madera. Intentando darle forma. Intentandolo, puesto que ni siquiera sabía la forma que darle. Se limitaba a quitar la parte exterior.

-Con suerte volveremos hoy a nuestras casas...-Dijo Illua sin apartar su mirada del madero.

Parecía algo pensativa, pero no dijo nada más, y simplemente continuaron avanzando. Pero no tardó mucho en suceder algo que ninguna de las dos jóvenes esperaban. Algo que les complicaría un poco más su viaje. Se escuchó un crujido , como si el suelo se estuviese quejando del paseo que las chicas se daban sobre él. Un siseo, un extraño sonido llegó a sus oídos desde las llanuras. Y al dirigir su visual hacia aquel sonido se toparon con la figura de un extraño lagarto negruzco de cerda de metro y medio de alto y dos de largo. Sus ojos brillaban con un resplandor rojizo como la misma sangre.
Resultaba una aterradora figura ante los ojos de las jóvenes. Illua dejó caer aquel madero a la arena de la playa y dirigió el filo de su arma hacia el cuerpo de aquella bestia, tomando así una posición defensiva.
El ser avanzaba con lentitud hacia ellas, arrastrando su pesado cuerpo impulsado por fuertes patas acabadas en garras de filoso aspecto.

-¿¡Que es eso!? ¡Por los dioses! ¿Cuantas bestias extrañas nos van a mostrar a este ritmo?-Preguntó retoricamentela joven de cortos cabellos.

Casi no podía creer lo que veía ¿Acaso los dioses estarían jugando con las dos muchachas? Aquella aventura parecía querer mostrarles varias bestias, enseñarles lo que era estar verdaderamente en peligro. Mostrarles que eran tan solo seres insignificantes comparados con la naturaleza.
El animal abrió sus fauces, exhalando un hálito flamígero que por falta de potencia, simplemente se deshizo en el aire, como si fuese simplemente una mera demostración de poder. Illua retrocedió un paso, amedrentada por la columna humeante que emergía de sus fauces, pero rápidamente se recompuso y recuperó su posición. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que aquello era un Dragón. Una de aquellas misteriosas y antiguas bestias de las que no se poseía mucha información. Pero era demasiado pequeña, y carecía de alas... Solo se le ocurrió una respuesta. No era un Dragón, si no una Salamandra.
¿Pero que hacía una de aquellas bestias allí? además, estaban cerca del mar ¡No tenía sentido! Pero no era momento de pensar en ello. Aprovecharían eso, si había cometido la imprudencia de atacar al lado del mar, ellas no dejarían escapar aquella oportunidad.

-¡Lanna! ¡Creo que es una Salamandra! Si la traemos al agua la debilitaremos ¡ Ayúdame a hacerlo!

Illua avanzó andando hacia la bestia, no corría en una estúpida carga, ni tampoco se detendría a esperarla. Se acercaba para tener una buena distancia, sin lanzar un ataque suicida.
El animal lanzó otro de sus alientos de fuego, que la joven pudo evitar echándose a un lado para rodar por el suelo. Sin esperar un momento, agarró un puñado de arena y se lo lanzó a los ojos a través de la nube de humo que se había formado y que no le dejó ver la arena directa a su rostro. Lanzó un extraño sonido, que se pudo interpretar como un quejido, mientras sacudía la cabeza intentando librarse de la arena. En ese momento, Illua dio un paso hacia delante, dando un corte a un lateral de su cara, enfureciendo a la bestia que empezó a correr a por ella, aunque de manera algo confusa dado su nublada visión.
La joven aprendiz de espadachina se limitó a correr hacia atrás, atrayendola hacia Lanna, la cual le tomó el relevo pronto.

(...)

Tras un poco de marear a la bestia entre las dos jóvenes, Lanna consiguió que esta se introdujese en el agua, y tras lanzar una especie de grito como queja, Illua clavó su espada justo tras la cabeza, seccionando su columna y dándole muerte...
Tras aquel combate, que había sido el más intenso de sus vidas, las dos se dejaron caer sobre la arena agotadas... La espadachina miró a su gemela y le sonrió con complicidad mientras se reincorporaba, tenía sed, mucha mucha sed... Desgraciadamente el mar no se podía beber, pero no importaba, ya encontrarían bebida al llegar.
Continuaron caminando, mientras la primera se dedicaba a seguir tallando, esta vez, con una forma clara en la mente... Aquella salamandra.
Y para su sorpresa, apenas media hora después, Lanna llamó la atención de la otra, señalando una ciudad costera que se veía relativamente cerca. Entusiasmadas, ambas empezaron a correr hacia ella, llegando rápidamente a ella, directas a la plaza, donde ambas bebieron de la fuente, saboreando el agua como nunca antes habían echo... Bien cierto era, que habían bebido de pequeños manantiales en las llanuras mientras cazaban, pero desde el último, había pasado mucho tiempo, y el combate contra el reptil ardiente.

Tras saciar su sed, se dirigieron a un grupo de personas, preguntando su localización actual, y la de sus ciudades. Estaban de suerte, al fin parecía que la fortuna había cambiado... ¡Estaban muy cerca! A apenas unas pocas horas a pie, pero estaban en direcciones algo opuestas... Por lo que debían separarse.
Ambas volvieron alegres a la salida de la ciudad, aunque Illua algo más pensativa, como si reflexionase sobre algo. Y cuando era el momento de marcharse, retuvo a su gemela unos momentos más.

-Perdona... Me gustaría que esperases un momento... Aguantamos tres días, supongo que podremos resistir sin nuestros hogares unos minutos más...-Dijo Illua con tranquilidad, sentándose en el suelo mientras miraba la dirección de su casa, y ofreciéndole a la otra un sitio a su lado.-Verás... Eres la primera con la que me sincero tanto en mucho tiempo... Veo en tus ojos, que a pesar de que te criaste de diferente manera que yo, me comprendes... Hemos estado tres días juntas, como una aventura, superando retos, y... ¡Por los dioses! ¡Somos idénticas! Solo nos diferencia mi precioso corte de pelo...-Y con la última frase rió un poco, mirando a Lanna alegre, algo que sin duda, era muy extraño en ella. Miró sus manos, y partió en dos la figura de la salamandra, muy mal tallada, pero se podía identificar vagamente su forma.-Y por eso... Quiero entregarte esto es una talla... Algo mala... Y cutre... Y fea... Y bueno, eso, horrible, de la salamandra... Un trozo para ti, otro para mí. Me gustaría que lo llevases siempre contigo. Tal vez, cuando tenga más edad cumpla mi sueño de viajar por el mundo, y tal vez, con suerte, nos volvamos a encontrar. En ese momento, a parte de por lo parecidas que somos... Esta talla partida nos identificará.

Con cuidado, le dio uno de los trozos, y se guardó el otro, junto al libro obtenido del hombre de negro. Y tras una breve charla más, ambas se levantaron y partieron en sus direcciones...

(...)

Illua llegó a su casa, su ropa desgarrada, su carácter reforjado con aquella nueva experiencia. Sus padres le preguntaron donde había estado, pero ella les ignoraba. No le contaría nunca a nadie lo que habían sucedido en esos Tres Días...
Así pues, sin esperar un momento más, se encerró en su habitación, y tras escribir los sucesos de ese tiempo, contárselos al libro como único espectador de aquella historia, lo ató a su propio cuerpo con cadenas, para nunca más desprenderse de él...
Nadie sabía, que pronto la vida de Illua cambiaría. Que en tan solo unos pocos años, verdaderamente viajaría por el mundo... Pero esa es la historia de sus comienzos. Otra historia que seguramente hayan leído ya...
¿¡Que!? ¿Que si acabó ya la historia? Ah no... Esto es la explicación... Los Tres Días... Lo que en ellos pasó... Aún queda narraros Sus Consecuencias...
No os creáis que os librareis tan pronto de mis historias, jovencitos...

Años después...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Jue Dic 08, 2011 2:37 pm

Bajaron el ritmo y continuaron caminando en aquella dirección. La otra llevaba razón... Aquel día podrían regresar... - ¡Podremos regresar! -Exclamó animada. Todo aquello le estaba dando fuerzas renovadas, suficientes como para seguir caminando varios días más... ¡Pero no necesitaría caminar tanto! De repente, su vestido destrozado, los pies doloridos o cualquier cosa que hubiera estado molestándola perdía su sentido. Después de todo, aquello iba a salir bien... ¡No! ¡Iba a salir perfecto!

En aquel momento, le llamó la atención que la otra recogiese un pequeño trozo de madera, probablemente arrastrado por las olas. Dicho sea, se cuenta que la madera de deriva es una de las mejores, porque el agua altera sus propiedades. Sintió el impulso de preguntarle, de no ser porque ella misma andaba perdida en otros asuntos, mirando el horizonte más allá de las horas. Resultaba mágico, y de paso muy esperanzador, después de caminar a lo largo de una llanura y una cueva húmeda durante varios días. Aún así, podría haberle preguntado. Lo habría hecho de no ser por aquel gran imprevisto... - ¿No has oído algo? – Preguntó Lanna justo entonces...

Sí... Espera... Se oye algo... Como... ¿No parece una especie de silbido...? No... Algo más... ¿Cómo una serpiente? – No tardaron en cruzar los ojos con el emisor de tal sonido. Al menos Lanna, tampoco tardó en quedarse blanca como la más pura cera... ¿Qué era eso? Era... Como un lagarto enorme. Negro, con potentes escamas. Y nuestra joven no conocía la fauna, así que solo pudo relacionarlo con lo que más se le parecía. - ¿Eso es... una cría de dragón? -Su pensamiento quedó reafirmado al verle escupir una columna de llamas que se dispersó en el éter- Pero...Pero eso es imposible... No puede haber un dragón aquí... ¿No, Ill...? -No le dio tiempo a preguntarle a la otra joven, que en un instante había dejado de tallar aquella madera y se preparó para afrontar lo peor. Parecía no haberle afectado aquel hálito flamígero con el que las amenazaba. Como siempre, parecía lista, preparada, tranquila. Ella, por su parte, poco tenía para defenderse. Su vestido rasgado no era precisamente una armadura, y no llevaba ningún arma encima, ni siquiera una piedra para dejar fuera de combate a la bestia. Al menos, según dijo la otra, no era un dragón, sino a lo sumo un pariente menor. Un pariente menor, pero que igualmente podía escupir fuego y destrozarlas con sus garras filosas y sus colmillos como dagas ¿Qué hacer...? Bueno, bien pensado... Si no hacía nada, se la iban a comer igual- A-Al agua... ¡Entendido! ¡I-Intentaré hace algo! -Aunque, dicho sea, no sabía el qué podía hacer.

La otra se acercaba con cuidado, midiendo las distancias como una verdadera experta. Atacaba por aquí y por allá, recurría a tretas y lanzaba el filo cuando era necesario, hiriendo a la bestia, aunque desgraciadamente no lo suficiente como para detenerla allí mismo. Tras un rato de danzar a su alrededor, mientras Lanna daba vueltas al combate, sin saber que hacer, la salamandra pareció fijarse en que ella estaba allí. La joven abrió los ojos de par en par, temiéndose lo peor, y comenzó a moverse lentamente, como esperando que pasase de ella. Pero no, en vez de pasar de ella, la bestia decidió escupirle. Y recordad que los escupitajos de salamandra suelen ser bastante... Ardientes.

Por suerte, la joven se arrojó a un lado, y las llamas fueron a morir al mar. Sin darle tiempo a reaccionar, su enemigo se abalanzó sobre ella, tratando de aplastarla contra el suelo con su garra. Lanna rodó como pudo, hundiéndose las afiladas uñas del animal en la arena y levantando una nube de polvo. Eso fue suficiente como para darle tiempo a levantarse. La otra joven volvió a unirse al combate, de nuevo haciendo danzar su hoja por todos lados, brillando fieramente. La salamandra no sabía en que dirección responder, si atacar a la presa fácil o defenderse de la agresión.

Desgraciadamente, incluso los más experimentados pueden fallar, y en un instante dado las garras de la bestia parecieron superar a su compañera, que comenzaba a verse abrumada. Sin saber bien que hacer, como así había sido todo el tiempo, Lanna se lanzó contra su cola y trató de agarrarla con fuerza, para detener a aquella cosa, o al menos para llamar su atención. Como si fuese un látigo, la salamandra la agitó y la joven salió disparada hacía atrás. Mientras se ponía en pie, descubrió que aquello había sido suficiente como para poner furioso al ser, que la miraba con aquellos terribles ojos de fuego. Y entonces, se lanzó sobre ella, con las garras por delante...

Posiblemente la joven hubiera sido despedazada y devorada nada más tocar el suelo. Por suerte, mientras volaba pudo notar como se zambullían en una masa de sabor salado y que hacía difícil respirar... ¡El mar! ¡Tanto la salamandra como ella habían caído al agua! Eso pareció afectar gravemente al movimiento de su rival, que no fue capaz de destrozarla con aquellas cuchillas. Necesitó de toda su sangre fría para lograr sacar la cabeza del agua y gritar- ¡Ahor...!- Y tampoco hizo falta que lo hiciese, porque antes de terminar la frase, el filo plateado de la espada brillaba sobre la salamandra, y un simple corte le dio rápida muerte. El cuerpo se desplomó sobre las aguas, y Lanna salió de debajo de él como pudo, arrastrándose hasta la arena y quedando allí tirada. Lo poco que quedaba de su vestido de seda estaba empapado, y apenas le servía ya para taparse sus vergüenzas, si es que no se rompía pronto. La seda no soporta bien el agua salada.

Pero le daba igual. De alguna forma, estaba viva. Dolorida en todo el cuerpo, tras un esfuerzo demencial como el que jamás hubiese hecho, pero viva. No sabía como, pero viva. La arena se humedecía bajo ella, pero tampoco le importaba. No pudo evitar echarse a reír, con una risa un poco nerviosa y maníaca, fruto de todos los nervios que había acumulado- ¡Estamos vivas! -Exclamó.

Recuperadas de todo aquello, o al menos todo lo recuperadas que podían estar, pronto echaron a caminar del nuevo. El camino ya no parecía duro. Después de aquello, era imposible que lo pareciese. Era como si su corazón se hubiese endurecido, forjado en la aventura. Dicen que las experiencias traumáticas, las más duras, refuerzan el ánimo, que te convierten en una persona diferente. Supongo que a eso debemos referirnos. Supongo que la aventura había cambiado a la joven a un nivel mucho más profundo de lo que siquiera ella pudiese imaginar en aquel momento. Y la joven no lo suponía, sino que dentro de ella, en un profundo nivel de su mente, enterrado y silenciado, lo sabía.

Fue después de caminar otro largo tiempo más cuando sus pupilas se dilataron ante aquella visión. Fue como ver el mismo paraíso, como si un dios le hubiese prometido las riquezas del mundo... Pero era una visión terrenal, terrenal pero insuperable- ¡Una ciudad! -Gritó. Sí... Allí a lo lejos se distinguían los inconfundibles muros de una ciudad. Sin pensárselo dos veces, las dos echaron a correr, atravesando las puertas sin siquiera preocuparse de guardias. Pronto, el familiar olor y bullicio de aquel lugar les invadió. Y fue casi hiriente, después de aquellos tres días en solitario. Pero no importaba, porque estaban a salvo... Lo primero que visitaron fue la fuente. Su sabor no era comparable al del agua que surgía de los manantiales puros, pero calmaba su sed, y eso era lo importante.

Durante todo aquel rato, dicho sea, la joven se vio obligada a pelear con las miradas que le dirigían, y las dirigían especialmente a ella. Supuso que era lo normal. Ella también se habría parado a mirar si alguien vestido con jirones, sucio y descalzo hubiera pasado por su lado. Y habría pensado “Mira, una pordiosera” Las cosas cambian mucho cuando tú te encuentras en la situación que has despreciado ¿Lo sabíais?

Pero bueno, sigamos. De alguna forma, lograron llamar la atención sobre unas cuantas personas, que fueron tan amables de orientarlas. Probablemente ese aspecto de pobreza que llevaba había servido de algo. Ahora... Solo debían regresar, y para ello regresaron a las puertas de la ciudad. Antes de emprender cada una su camino, la otra joven la paró un instante y comenzó a contarle algo. Cuando la otra terminó de hablar, tomó el trozo de aquella salamandra que le había entregado y lo guardó entre lo que quedaba de sus ropajes- De acuerdo. En otro momento, posiblemente te hubiese ignorado, te hubiese tratado de ilusa y me hubiese ido sin más. Supongo que después de pasar por todo esto, es imposible hacerlo, después de todo. Así pues, lo tomo, y espero que algún día nos ayude a reencontrarnos. -Se tornó pensativa por un instante- Desgraciadamente para tí, mi cabello es mucho más bonito que el tuyo. Ya lo verás en cuanto me haya quitado la suciedad del camino. -Y sonrió. Después de aquel viaje, resultaba increíble que aún conservase fuerzas para sonreír. Pero las tenía, sin duda, y de eso ella misma era testigo.

Tras un rato, se separaron, caminando cada una en una dirección. No volverían a encontrarse, seguramente. Pronto, sin duda alguna, la casarían con algún noble o viejo adinerado que potenciase la fortuna familiar. Pero eso era mejor no decírselo a la otra, o tal vez no tardaría en secuestrarla y llevársela lejos de aquel lugar. Y ella no estaba hecha para esas aventuras.

No fue sino tras un largo rato más que comenzó a avistar los muros de su ciudad en el horizonte. Pensaba en que escándalo se formaría cuando la vieran aparecer allí, cuando una patrulla la paró, aludiendo a su cabello y su aspecto. Habían sido enviados por sus padres para buscarla por los alrededores. La tomaron y la llevaron a la ciudad, y allí volvió a su vieja casa, donde hubo lágrimas y ropajes nuevos. No fue capaz de explicar todo lo que había sucedido, y volvió a ser, aparentemente, la joven malcriada que había crecido allí.

Sin embargo, en el corazón siempre quedan marcas indelebles. Marcas que van creciendo. Y cuando alcanzan cierto volumen, es imposible ignorarlas. Como ya sabréis, al igual que la otra joven, tiempo después un impulso viajero alimentó el corazón de Lanna. Y después de dos años de viaje, algo sucedió. Algo. Algo que cambiaría para siempre su destino.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Jue Dic 08, 2011 9:15 pm

Años después...
Una mujer se encontraba en la barra de un bar, ataviada con un extraño pero bello, y muy cómodo vestido. Sus cabellos eran cortos y azulados, al igual que las largas y afiladas uñas de sus manos, que sostenían con delicadeza un vaso de cristal relleno de jugo purpúreo con olor dulzón. Claramente un zumo de frutas. A su lado, colgando de un lado de su cadera colgaba un libro atado en férreas cadenas, mientras que del otro una gran y bella katana de vaina negra con adornos de plata.
Al lado de su mano descansaba una hoja de papel que parecía tener algo escrito en ella, pero no se podía leer dado que una de sus manos lo tapaban.
Con lentitud, se llevó el cristal a sus labios pintados de azul, y bebió un trago de este, para mirar de reojo al tabernero, con una mirada escalofriante que le hizo apartar su visual de ella. Se la conocía ya. Illua, la duelista sombría.

Pues si, la joven niña había logrado cumplir sus deseos de viajar hacía un tiempo. Seguía portando aquella katana con ella, aunque parecía que era mayor, era la misma, simplemente se la habían reforjado para volver a adaptarla a su tamaño actual.
Había cambiado bastante desde que era tan solo una niña. Poseía deseos mayores que simplemente viajar, se había hecho algo así como una cazarrecompensas solo buscando poder, aunque no se vendía fácilmente, simplemente ella elegía por lo general sus misiones. Incluso había fundado una pequeña banda, llamada Khamja.Sus deseos era hacerla crecer, que se expandiese su influencia por todo el continente. Pero apenas habían empezado con ella, no eran demasiado por el momento.
Finalmente, terminó de beberse su copa de néctar de multifrutas, y se levantó sin mediar palabra alguna más, llevándose ese papel. Había pagado nada más entrar, dado que era una conocida del bar, y con solo depositar las monedas en la barra de madera del local, el zumo le era servido. Aun en esos tempranos tiempos, Illua se hacía respetar, era bastante orgullosa.

Sin más dilación, se acercó a la puerta, y tras salir, la cerró tras ella, mirando sin mostrar sentimiento alguno a la ciudad, y al cielo que se alzaba entre los edificios, bastante despejado y sin apenas nubes. Un día estupendo. Suspiró y miró la hoja de papel una vez más. Era una misión de caza... Y no precisamente de una bestia. Al parecer alguien estaba molestando demasiado a unas personas. Para que me entendáis, alguien malo había hecho enfadar a unas personas aún más malas, y habían dejado un encargo para que la cabeza del pobre fuese disecada y colocada como adorno en una de las paredes de los más malos.
Se suponía que rondaba por esa ciudad, pero el tipo parecía haberse percatado de que lo querían seco como una uva pasa. Y no se decidía a asomar su trasero. La Duelista llevaba varios días en esa ciudad. Sin prisas, caminando por sus calles tranquilamente, sin llamar la atención, como una más. Mirando tiendas y los mercados por si había algo de interés. La misión no tenía limite de tiempo. Decían que querían verlo muerto, pero que no importaba cuanto se demorase. Al parecer, sabían que esa cucaracha se escondería y no se atrevería a salir, así que antes de mandar a un bruto reventando casas y llamando la atención, preferían alguien paciente, que fuese capaz de acabar el trabajo sin levantar mucho bulto.

Estiró un poco su cuello antes de ponerse a caminar de nuevo, en lo que ya parecía su costumbre de paseo diario por esa ciudad. Ya no sabía ni que ir a ver. Había recorrido toda la ciudad, el mercado, la biblioteca, la iglesia, cada una de las calles. Se había planteado incluso bajar al alcantarillado solo por ver algo nuevo, pero tras pensar un poco lo que podría haber allí, concluyó que no quería verlo por muy "novedoso" que fuese.
Había ido incluso a un pequeño museo que se había organizado en la plaza, y a los espectáculos de esta. Y ahora ya no sabía que hacer. Esa misión se empezaba a volver muy aburrida. Pero no podía abandonarla. aunque odiaba estar quieta, parada sin hacer nada de nada.
Incluso, en los dos últimos días había estado aceptando misiones menores dentro de esa ciudad con tal de encontrar algo que hacer. Había ido a ayudar a un mercader con su mercancía. Y, por sorprendente que pareciese, hasta se había molestado un par de veces en ayudar a los guardias a detener a algunos malhechores menores por puro y duro aburrimiento. Ya los soldados la saludaban con tranquilidad y algo de confianza... Era espantoso. Y se disponía a una nueva jornada de aquello, pues no parecía que ese día fuese a pasar nada interesante.

Pero se encontraba muy equivocada. Nada más lejos de la verdad. Aquel día sucedería algo que cambiaría su vida... De nuevo...
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Vie Dic 09, 2011 5:13 pm

Dicen que el tiempo hace cosas increíbles, que cambia a las personas de una forma que nadie podría esperar. Dicen que las cosas pueden ser totalmente diferentes si vuelves a esa vieja taberna que visitaste en tu infancia. Que la vieja casa de tu abuela ya no está cuando pasan unos cuantos años de que ella viviese ahí. Dicen que nunca verás dos veces a un río llevar la misma agua. Dicen que el tiempo pasa, y nos lleva por delante. Dicen que la gente cambia.

Un caballo brioso y ligero, un corcel purasangre criado para correr, se detuvo en medio de una de las calles. Sus cascos resonaron contra el suelo, haciendo ese sonido que todos tenemos en nuestra mente. Se notaba que era un animal caro, de esos que crían los grandes señores para su uso personal, de esos que no esperas ver más que en las grandes cacerías y las batallas que pasan a la historia. Y por eso, cualquiera pensaría que su jinete lo había robado, si se paraba a mirar su figura.

Llevaba una capa marrón, con los bordes raídos y rotos, con una capucha que le cubría parte del rostro, y manchada con el polvo del camino. Se notaba que había pasado tiempos mejores, como el resto de la vestimenta que se adivinaba bajo ella, casi toda ropa áspera, de viajero, hecha para resistir las largas jornadas. Detuvo al animal con un suave roce de las riendas, lo ató a un poste habilitado para ello, junto a otros caballos que poca competencia lograban hacerle, y desmontó. Al hacerlo, la vaina de una espada que posiblemente escapaba a su capacidad económica, emitió un destello. Sí, resultaba demasiado sospechoso que una joven con tal aspecto fuese capaz de poseer aquellas cosas si no las hubiese robado. Y eso llamaba mucho la atención.

Una vez en la calzada, se retiró la capucha, dejando ver una mata de pelo celeste y lleno de polvo después de una larga travesía. Sí, supongo que no hace falta que os diga quién es esta joven que acaba de aparecer en escena. Como era de esperar, Lanna finalmente se había dejado llevar por un sentimiento extraño que la había impulsado a viajar. Digamos que después de aquella aventura, la vida que le esperaba como esposa de un noble señor se antojaba, cuanto menos, aburrida, incómoda... Insoportable, absolutamente insoportable. Y a eso había acabado llevándole, al final. La historia de todo aquel periplo, pues viajó sin rumbo durante un tiempo hasta que llegó este día en el que estaba, la contaremos en otro momento, aunque algo de ella podríamos decir.

Había salido de aquella gran casa en la que vivía con lo puesto. No se había preocupado de coger nada más que algunas prendas, que pronto había desechado por inservibles, comida y un caballo. Al principio no sabía bien como iba a sobrevivir, aunque en aquel tiempo, como prometió, aprendió a orientarse. Lo demás se lo había enseñado el propio viaje, aquella experiencia en solitario que había vivido. En ese tiempo se había hecho con la espada que ahora pendía a su costado, en otro momento contaremos como. También con ropas aptas para un viaje, y no aquellos harapos de seda que tenía en su armario. También había comenzado a comprender los secretos del arte arcano, que habían acudido a ella de improviso, sin haberlos llamado. Cada vez era más consciente de cuan lejos podía llegar la magia, que en otros tiempos solo había sido un nombre lejano que aparecía en los libros.

Y ahora, allí estaba. No tenía razón para haber llegado, simplemente allí estaba. Era la siguiente parada de su viaje, sin más. Pese a todo, ciertos acontecimientos estaban por suceder.

Caminaba ahora por un callejón poco frecuentado, en dirección al mercado. Sus alforjas estaban vacías, y necesitaba algo para poder llenar el estómago durante los siguientes días. No debería haberle sorprendido que aquellos tipos le salieran al paso. La poca gente que pasaba por allí en ese momento se alejó al verlos. Dos hombres mugrientos y desagradables, uno por cada lado, encerrándola.

Hemos visto su caballo, señorita... Una hermosa pieza... -Dijo el hombre a su espalda. Llevaba una larga daga al cinto, y en su rostro lucía una desarreglada barba. El otro continuó hablando, aquel que estaba frente a ella- ...Y luce una bonita espada... Muy cara, seguro... -Este era más joven, un poco más alto, y doblemente hediondo. Sonreía mostrando unos dientes picados y estropeados. Desenvainó amenazadoramente la falcata, ese gran cuchillo curvo que caracteriza a algunos nómadas, y dejó que el otro continuase hablando- ...Así que nos preguntábamos si podría dejarnos ver que más lleva... Por si tiene más cosas bonitas... -Y sentenció su compañero- ...O resistirse... en cuyo caso tendríamos que tomar medidas... -Y agitó su arma, demostrando que sabía como utilizarla. Aunque lo hacía con cierta rudeza que evidenciaba ese estilo de los que aprenden a luchar en la calle. La joven les sostuvo la mirada un momento. El viaje le había enseñado una cosa muy importante- Y una vez miréis mis cosas, me mataréis. O bien os divertiréis conmigo. Conozco a los de vuestra calaña. -Les dijo. Sabía bien que esas eran sus intenciones, y se llevó la mano a la empuñadura de la espada.

El más joven rió, lanzando una estruendosa carcajada- Bueno... Nos has calado... ¿Quieres un premio...? ¡Ya sé! Me aseguraré de que no te duela mucho cuando te la meta... -Y se preparó para atacarla. Parecía muy seguro de sí, igual que su compañero. Y Lanna podía tenerlo un poco complicado. Aunque solo eran dos, tenían mucha más experiencia en el juego sucio, y también en el arte del combate.

Sin darle tregua, se abalanzaron sobre ella. Saltó a un lado, quedando con la pared a la espalda. Podía parecer acorralada, pero así no podrían atacarla tanto por el frente como por detrás. Aunque seguía siendo un serio problema... No importaba, tenía que salir de esa, así que desenvainó su arma y les plantó cara. Estaban tan juntos que se molestaban el uno al otro, y el hombre de la barba, más bajo y rudo, parecía mucho más torpe en sus arremetidas, cosa que aprovechó al instante.

En cuanto los dos se abalanzaron sobre ella, como era de esperar, chocaron, y pudo apartarse de la trayectoria del joven, a la par que desviaba el arma del otro con un mandoble. Ese movimiento dejó al descubierto su guardia, y golpeándole velozmente con el pomo de su arma, en la sien, le hizo caer al suelo. Despertaría más tarde, con un atroz dolor de cabeza, de los que duran meses. El joven vio a su compañero caer, y se irguió despreocupadamente, sin prestar atención a la espada que le apuntaba.

¿Así que la gatita sabe manejar un arma? Y seguro que está llena de confianza ahora que se encuentra sola frente a un tipo como yo. Siento decirle a la gatita que ahora solo ha logrado alargar su sufrimiento ¡Chicos! ¡Venid! -Y a un lado de la joven surgieron dos hombres más, mientras un tercero asomaba por el otro lado- Y siento decirte que estos no son como yo... No les importará que te duela. -Una sonrisa burlona dejó visible su fea dentadura de nuevo.

Genial... Esto va a ser largo... -Fue lo único que logró suspirar Lanna, rodeada y en tan mala situación como estaba. Le iba a tocar sudar sangre si quería salir viva de esa. Viva, pero no entera, eso parecía claro. Aferró con fuerza la empuñadura y trató de encontrar una salida. Parecía que la única posible estaría en derramar la sangre de esos tipos, demasiado encerrada como para dedicarse a conjurar un hechizo en esos momentos. Seamos sinceros... Después de tantos viajes, todo tenía pinta de que iba a terminar allí mismo, en manos de esos tipos desagradables. Solo podía esperar a un milagro, y los dioses no parecían tenerle especial aprecio a ella.

Aferró con fuerza la espada, y se preparó para luchar hasta quedarse sin sangre en el cuerpo. Aquel día debía haberse levantado por el lado equivocado de la cama, o quizás se le había caído la sal del desayuno.

Fuera lo que fuese... Aferró con fuerza la empuñadura de la espada y levantó la punta a la altura de su rostro, apuntando a sus rivales.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

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