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Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Vie Dic 09, 2011 10:37 pm

Tras cruzar una de las calles se encontró en la plaza de la ciudad, y ante ella una gran torre con un reloj que se movía con lentitud. Su rítmico sonido le era una melodía, y es que la magia ya se había despertado en su interior... El poder del tiempo ya era parte de ella.
Y no era algo reciente. Apenas unas semanas después de los tres días narrados, el poder empezó a manifestarse en ella.
La habilidad de domar el tiempo como si se tratase de un simple can era algo que sorprendía a la mujer de cabellos azules. Algo muy difícil de comprender. Durante sus viajes había leído multitud de libros de cornomancia. Parecía tratarse de la magia menos exacta del mundo. No por que se conociese poco, dado que los cronomantes eran famosos, y raros eran los que no conocían estos poderes. Si no por el desconocer las consecuencias de los hechizos. El elementalismo jugaba con materia, la nigromancia manipulaba cadáveres. Incluso la extraña rama del espacialismo poseía una cierta exactitud, dado que se jugaba con materia conocida. Pero la cronomancia era muy extraña. Existían multitudes de teorías temporales. La de multiversos por ejemplo, que decía que cada decisión tomada te creaba un diferente universo, por lo que el simple echo de viajar al pasado podía cambiarte de multiverso, haciendo que todo tu mundo cambiase y pasases a vivir a uno donde nunca sabes que podía haber parado... Y como esa, miles de teorías e hipótesis, a cada cual mas compleja. Pero eso no hacía mas que sumarle encanto a los ojos de la Duelista.

Suspiró y continuó caminando, pasando por uno de las calles secundarias en busca de algo que hacer, cuando vio de reojo en un callejón una curiosa escena, un grupo de hombres armados rodeaban a una mujer. Por su pinta, ladrones, sin duda ¿Como lo sabía? Como os conté, llevaba días allí, se conocía a la mitad de los ladrones. Suspiró, estuvo a punto de dejarlos hacer lo que quisiesen, pero entonces recordó algo... No tenía nada que hacer. Y sin algo mejor que hacer... ¿Por que no salvar a una pobre damisela en apuros? Era mejor que ver como crecía un mechón de hierba en el arenoso suelo de la ciudad. Parecían cuatro, y uno en el suelo... Interesante... Sonrió y alzó un poco la mano, como si sostuviese una invisible copa entre sus delicadas manos, y chasqueó los dedos a la vez que desenvainaba su sable, haciendo resonar aquel sonido por las paredes de las calles, aprovechando el eco... Pronto, la gente pareció empezar a moverse más lento, y el reloj de la torre, detuvo su avance... Tick... Tack... Tick... Tack... Ti...

E movimiento de todo se vio detenido, e Illua avanzó hasta colocarse ante la mujer, a la cual ni miró, solo le importaban los maleantes, no era una buena mujer ayudando a otra. No directamente. Era solo una cazarrecompensas aburrida. Colocó su zurda, en la que portaba su katana en forma de "L" haciendo que la espada quedase diagonal con la punta hacia abajo, dispuesta a detener el golpe de la espada de no muy buena calidad que uno de esos tipos sostenía. Y en apenas unos momentos, todo volvió a moverse...
... ck... Tick... Tack...
Las chispas saltaron repentinamente cuando los aceros chocaron, iluminando tenuemente con su rojizo resplandor el rostro de la mujer, que contemplaba severamente a los hombres dándole la espalda a la mujer. Con un simple moca, Illua desvió el ataque del rival estirando su mano para dar su propio corte que obligó al bandido a retroceder.

-¡Que ven mis ojos! ... Y huele mi nariz... Un grupo de hediondos bandidos atacando a una pobre dama... ¿No os da vergüenza? No respondáis, al no haberos quemado esos espantosos rostros ya doy por supuesto que carecéis de vergüenza...

-L... La... Duelista...-Dijo retrocediendo un paso.

-... Una semana aquí y mi fama ya me precede, no se si sentirme alagada o preocupada... Bah, da igual...

-¡Espera! No... No irás a matarnos... ¿No? ¿Acaso no llamarás a los alguaciles para detenernos? No sois justa...

-... Jajajaja... Oh ese chiste si fue bueno ¿Llamar a los alguaciles? ¿Justa? Oh... Que mal me conoces... Nadie dijo que fuese justa, sucia cucaracha. Yo ya hice mi juicio individual, y por mi aburrimiento y tu ofensa a mi nariz te condeno a muerte. ¡Púdrete en el Void como lo haces en la tierra que piso!

Durante esa pequeña charla, los otros hombres habían aprovechado la "distracción" para armarse. Lo que no sabían es que Illua se lo había permitido. Se esperaba que fuese una patraña, y les había dejado actuar. Sabía perfectamente como defenderse, por lo que cuando el hombre dio un paso atrás, colocándose a la altura de sus compañeros y riendo tranquilamente, Illua lanzó una carcajada y estiró su mano, en la cual hubo un destello antes de que unas llamas azules se formasen en ella, arremolinándose como si fuese agua misma, y acabando por tomar la forma de una esfera de energía azulada. Los hombres la miraron con desconcierto, y un momento después aquella esfera fue lanzada a sus pies, donde explotó lanzando una onda expansiva que pareció agotar las energías de todos a los que alcanzó. La bomba temporal de la mujer, que con una simple patada lanzó en dirección a ellos un barril lleno de podredumbre hacia el grupo.

-Patético, como ratas a mis pies...- Y sin un momento más de espera avanzó hacia ellos con su sable en la zurda decapitando a dos de ellos. Puesto que del otro par se encargó la otra mujer.

Esos dos alzaron sus armas, bloqueando el tajo de la mujer, que pronto lanzó una patada a la mano de uno, secionandosela limpiamente. Su miembro cayó en el pecho de otro, horrorizandole al ver la extremidad de su compañero sangrando sobre el, pero pronto, la punta de la espada de la mujer se hundió en su diestra, y con una mueca sádica, la retorció en su interior, quebrando su hueso y convirtiéndolo en astillas. Una cruel tortura para el hombre que gritó, y se arrastró hacia atrás con su compañero intentando huir de la mujer.


Una vez se hubieron librado de esos bandidos, cada una de su forma, la cronomante salió del callejón para ver a la luz del día a la mujer que había salvado. No era por nada, simple curiosidad. Dado que no tenía nada mejor que hacer, ver su rostro era lo más interesante que tenía en ese momento. Y cuando esta salió de las sombras de los edificios y pudo ver su larga melena azulada, alzó una ceja con una mezcla de desconcierto y sorpresa. Le recordaba a una vieja amiga que tuvo... a la joven Lanna. Durante unos segundos la miró, pero después negó con su cabeza, pero... Tras unos instantes más la contempló de nuevo. Y unos segundos después, suspiró con pesadez.

-Es curioso, me recuerda usted a una persona...-Dijo llevándose la mano a una bolsa que colgaba al lado de su libro. Y extrajo la mitad de una talla de madera, bastante desgastada.-¿Reconoce por algún casual esto? Se que parecerá tonto, pero es algo especial. Si no es así no se preocupe, no la molestaré más, señorita.
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Sáb Dic 10, 2011 1:47 pm

Rodeada, y en mala situación, seamos sinceros. Pese a que tenía una espada en la mano, estaba rodeada por cuatro hombres armados, cada uno con más ganas de sangre que el anterior. Todos tenían un aspecto zarraspastroso, y pese al joven, la estupidez brillaba en sus ojos. Probablemente fuesen matones de poca monta criados en un mundo violento. Pero, pese a todo, la superaban en número, y estaban en mejor situación. No iba a poder defenderse de ellos a la vez, no si no lograba escabullirse por algún hueco.

¿Bueno...? ¿Quién va primero? -Dijo, tratando de mantener un tono arrogante y confiado. Si les envalentonaba, seguramente cometiesen alguna imprudencia y pudiese aprovechar para romper el cerco... Aunque tenía que mentalizarse de que probablemente no lo iba a lograr sin ningún corte. El joven contestó, con una sonrisa despreciable- ¿No tienes demasiada prisa por morir, perra? Aún ni siquiera nos has dejado divertirnos... -Aquel tipo no parecía dispuesto a picar. Definitivamente, pese a su aspecto repugnante, tenía más cerebro que sus compañeros.

Y entonces, saltaron sobre ella. El primero, el más impetuoso, fue un hombre corpulento y grotesco, con barba de varias semanas, mal cortada, y un pelo mugriento. Llevaba un cuchillo como los que usan los carniceros, de filo amplio. Con un movimiento de la espada, desvió su golpe y rechazó el ataque, pero justo en cuanto mostraba su costado, otro más, este muy delgado, casi enfermizo, y armado con una espada oxidada, relevó a su compañero, viniendo justamente por el lado desprotegido. No le dio tiempo a girar y defenderse... El acero iba a ensartar su cuerpo, y entonces podríamos darla por muerta... Pero...

De la nada, inesperadamente, surgió una figura, cubriéndola y bloqueando aquel arma dispuesta a dar muerte a nuestra joven. Su cabello azulado y corto le recordaba a alguien de su pasado, aunque en aquel tiempo, en tal caso, había crecido bastante. No le dio tiempo a analizarla en más detalle, pues de inmediato los hombres retrocedieron asustados, hablando con temor sobre ella, que les respondía con puyas y seguía intimidándoles. Momentos después, un destello mágico estalló, y los hombres parecieron quedar débiles. Sí, era magia. Estaba segura de ello, pues ya estaba familiarizada con esa sensación. Pero no había tiempo parar pensar en los viejos tiempos. La otra se abalanzó salvajemente, en una furia desmedida, contra dos de los hombres. Lanna quedó frente a otro par. El joven y el hombre grotesco.

Diablos... Que mal momento... ¡Vamos, retiraos! -Pronunció el líder, el joven, con temor. Cuando se giró para huir por el callejón, se encontró a Lanna de frente, cortándole el paso. A espaldas de los hombres, la otra mujer realizaba una carnicería- Perdonad que me entrometa en vuestros importantes asuntos, pero... ¿A dónde vais? Creo que hace un momento queríais divertiros conmigo... ¿Qué os parece si os enseño un juego muy entretenido? -Alzó su arma y les apuntó con ella, con una leve nota de ira marcada en su voz. Habían estado a punto de acabar con ella. No podía dejarles irse sin recibir un escarmiento- ¡Ja! ¡Solo nos corta el paso la debilucha! ¡Vamos, arrasa con ella! -Pronunció aquel al que confrontaba, cargado de confianza, mientras el hombre grotesco se abalanzaba sobre ella con todas sus fuerzas. Sus movimientos eran demasiado toscos, demasiado previsibles, y un instante después aquel cuchillo de carnicero salía disparado tras un certero mandoble. Justo después, lanzó un corte a la altura de la rodilla de aquel tipo, haciendo manar una leve salpicadura de sangre. Su rival se desplomó, sujetándose su pierna. Seguramente le quedase una buena cicatriz... Pero tampoco le podía importar mucho, porque momentos después la bota de la joven impactaba en su nuca, dejándole inconsciente por un buen rato. Otro dolor de cabeza más.

Oh... Nada mal... Nada mal... -El joven sonrió de nuevo y la encaró, empuñando su falcata. Sabía manejarla, claramente, pero también tenía ese toque tosco. Arremetió varias veces sobre ella, y pudo mantenerle a raya y reflejar sus embestidas. En un momento dado, el joven resbaló, y ella aprovechó para golpearle con el pie en su rodilla, haciéndole caer apoyado sobre la pierna y sobre el brazo libre. Instantes después, el hombre pudo distinguir zarcillos de energía purpúrea surgiendo alrededor de la mano izquierda de Lanna- Espera... ¿Qué vas a hacer...? Piensa un poco en el pobre Ray... Solo ha tenido una mala vi... -Una mano invisible cortó sus palabras y le hizo caer al suelo de cabeza, quedando extendido cuán largo era. A su alrededor, los adoquines del callejón temblaron. Tremendamente dolorido, aunque probablemente sin nada roto, solo pudo mirar hacía arriba antes de que la espada de su rival descendiera sobre él... Y se clavase justo al lado de su oreja. Seguramente pudo notar el frío metal rozándole el cabello. Quedó fuera de combate por puro terror, lanzando un grito ahogado, sin heridas de gravedad.

Levantó su espada, la sacudió para limpiar la sangre que había quedado tras cortar al otro en la pierna, y la guardó en su vaina. Después, por fin, se volvió hacía su auxiliadora. Se parecía tanto... Y luchaba con la misma seguridad y fiereza, o eso parecía dejar claro lo que ahora quedaba de sus rivales. Había sido un método mucho más brutal que el de Lanna, que no había acabado con la vida de los bandidos, pero sin duda igual de efectivo.

Os debo una... -O tal vez varias, llegó a pensar. Pero habría sido demasiada coincidencia que fuese aquella con la que estaba en deuda. El destino no suele dar tantas coincidencias, al fin y al cabo... ¿O sí? Y aquella mujer decía que también le recordaba a alguien... Pero... Demasiada coincidencia...

Y entonces, desvió su atención hacía la mano de la joven, que buscaba en un saquillo, para sacar algo. Junto a ella, envuelto en cadenas, había un libro. Los recuerdos de aquel día, de como se habían metido en la guarida de aquel tipo, y como habían salido con aquellas cosas, llegaron raudos a su mente. Y la talla de madera no dejó lugar a dudas.

Los ojos de Lanna emitieron un brillo nostálgico, mientras en su rostro se plasmaba una media sonrisa- Es curioso...Vos también me recordáis a alguien... A alguien de mi pasado con quién estoy en deuda... -En deuda, especialmente, porque ella se hubiese aventurado a salir de su pequeño mundo, y también en deuda por seguir viva aquel día. Llevó su mano al interior de la capa y rebuscó entre los bolsillos de sus ropajes, para sacar una talla de madera muy similar a la que la otra mostraba.

Os alegrará saber que ahora puedo vencer yo sola a un par de salamandras, si es necesario... -Dijo mientra mostraba claramente el objeto. Juntos, efectivamente, representaban la figura, no demasiado bien tallada, de una salamandra. Como aquella que había sido su último obstáculo durante aquellos días pasados. La media sonrisa creció- [color=darkgoldenrod] ¿Creéis en las coincidencias, Illua?

Y así fue como, en aquella extraña situación, la duelista volvió a salvar la vida de nuestra joven viajera, como la había salvado hacía tiempo, y como se reencontraron en los polvorientos callejones de una ciudad. La vida da muchas vueltas ¿No es cierto? Seguro que ninguno de vosotros hubiese creido posible encontrarse, después de tantos años, con una persona que salió a recorrer el ancho mundo, en una ciudad a la que ambos llegasteis sin razones de peso. Pero así es la vida. Nos da sorpresas a cada instante.




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Sáb Dic 10, 2011 10:43 pm

Illua sonrió cuando la otra sacó el otro fragmento de la salamandra, con el mismo aspecto viejo, pero igual de cuidado, y con cuidado los unieron, encajando a la perfección y formando la figura tosca de una salamandra. La duelista sonrió de medio lado a la otra, escuchando atentamente sus palabras para reír y posteriormente contestarle.

-Me alegra el mero hecho de veros de nuevo Lanna, créeme, que no he encontrado en todos estos años a alguien con quien pudiese tener tanta confianza como tuve, y sigo teniendo contigo, espero que no te moleste que te tutee, pero esos tres días que pasamos juntos... A pesar de ser poco creo que me enseñaron un par de cosas. Te abrazaría, pero mi imagen de mujer dura se evaporaría como el agua en verano-Dijo Illua riendo un poco, para después guardar su trozo de su salamandra.-Te debo confesar que me imaginé este reencuentro muchas veces, no creo en las coincidencias, y sabía que las posibilidades de reencontrarnos eran pocas, pero la esperanza es lo ultimo que se pierde, cariño. Y sin embargo, aquí te veo ¡El mundo es un pañuelo! Pero, como te dije, aunque imaginé nuestro reencuentro varias veces, te juro por Zomala que en ninguno de los escenarios portabas una espada en tu mano ¡Has cambiado mucho! Salvo el horrible peinado jaja... Es broma... No es feo... Pero no alcanza mi belleza... De todas formas... ¡Estás bastante descuidada! Vamos a la taberna, justo de allí venía, pero creo que mi estómago soportará un segundo zumo al lado de mi vieja amiga, y ni se te ocurra amenazar con pagar... La cuenta a mi costa... Conozco al tabernero, creo que sabrá hacer una oferta...

Y sin darle tiempo a que se resistiese, Illua la arrastró al bar ¿La misión? ¡Que le diesen a ese tipo! Las prioridades eran las prioridades.
Pronto Illua entró de nuevo por la puerta, sorprendiendo un poco a los que allí se encontraban, pues no solía entrar dos veces salvo en la noche para dormir. Y sin esperar un momento, se sentó en una mesa al lado de la barra, indicándole a su gemela que tomase asiento ante ella, y con una señal, le indicó al tabernero que trajese dos copas de néctar de multifrutas, para prestar atención completa a su clon de cabellos más largos, sonriendole con tranquilidad mostrando sus blancos dientes. Parecía tan contenta como el día en el que encontraron la ciudad.

-Bien, prepárate para un interrogatorio... Je... ¿Que ha sido de tu vida en este tiempo? Por cierto, espero que te guste el Néctar de Multifrutas. Aunque viéndote no creo que tomes nada demasiado más fuerte... Por cierto, querida, estás hecha un asco... ¿Te has peleado con unos Antoleones? Mm... Me recuerdas a cuando empecé a viajar, a mi tampoco me duraba la ropa limpia mucho... Pero bueno, con el tiempo aprendes a como ir siempre limpia... A menos que vayas a cazar trols... En ese caso salir limpia es un milagro... ... Creo que me estoy enrollando demasiado... Curioso, dicen que soy silenciosa, aunque no lo parece ahora. Aunque supongo que es porque tanto tiempo sin vernos hace que debamos contarnos mucho... Pero antes de ahogarte en más preguntas, te hablaré yo.
Salí de casa hace apenas unos años, no demasiado después de nuestra aventura, no creas. Como ves, cumplí mi sueño de viajar... Aún porto el libro que encontramos ese día ¿Ves? Es realmente importante para mi, me ha enseñado mucho. Aunque es irónico, dado que cuando lo encontré estaba en blanco, pero bueno, lo he ido rellenando. El caso es que por el momento todo me ha ido bien... Bueno, intentos de asesinado y misiones peligrosas, pero eso son meros detalles que puedo contarte mas claramente luego... Ahora quiero saber que hay de ti


Al momento de acabar de hablar, el tabernero llegó dejando dos vasos llenos de Zumo purpúreo que dejó ante ellas, y que Illua no dudó en probar tomando un pequeño trago, mientras miraba atentamente a Lanna. Tenía curiosidad pro saber como le había tratado la vida a su gemela, y también esperaba que ella le preguntase y para responderle. Quería hablar, hacía muchísimo que no hablaba con nadie, y era ya casi una obligación. Además, era una excusa para no tener que deambular por las calles sin hacer nada. Mataba dos pájaros de una pedrada.
Aunque sabía que tarde o temprano debería volver al trabajo, era inevitable, pero no importaba demasiado. No era una misión extra importante...
Pero apenas unos minutos después de que las mujeres se sentasen a hablar, entró a la taberna alguien encapuchado, ataviado con una capa marrón de cuero que se dirigió al tabernero, y después este le indicó las plantas superiores. Illua se quedó mirándolo extrañada. ¿Alguien que entraba tan oculto en la taberna? Lanna poseía una capa similar, pero la usaba de distinta forma, ese parecía que no quisiese que le vieran. Irónico, puesto que así, a los analíticos ojos de la duelista, solo llamaba más su atención. Pero cuando al llegar a las escaleras se dio la vuelta y miró la taberna, pudo contemplar su cara... ¡Era el hombre de su encargo! Contrajo un momento el pecho, tosiendo débilmente unos segundos para después mirar a Lanna.

-Perdona... Pero ese tipo... Digamos que me han encargado que lo "silencie" por eso llevo aquí varios días, buscando a esa rata que no ha salido... Interesante... Parece ser mi día de la suerte
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Lanna el Dom Dic 11, 2011 1:49 pm

La figura de madera, ahora completa, evocaba viejos tiempos. Aquel último día se habían jugado la vida a base de bien, igual que hoy la joven viajera se había apostado la suya en aquella batalla de la que no habría salido a salvo de no ser por una aparición tan casual. La mujer que tan similar era a ella comenzó a hablar de como no esperaba encontrarla en aquel lugar, de lo extraño que había sido verla. Y por supuesto, del desastrado aspecto que llevaba, y no era para menos, pues parecía que aquella capa, y sus ropajes, habían pasado tiempos mejores. Sin darle tiempo a responder, ni a siquiera protestar, la llevó hacía la taberna en la que decía haber estado.

La recibió el bullicioso ambiente de uno de esos lugares que siempre se encuentran atestados de gente. Todos los ojos se posaron sobre ellas en cuanto la puerta se abrió. No sabría decir si miraban a la otra mujer, a ella misma, o a ambas. Probablemente estuviesen murmurando sobre el radical parecido ¿Las creerían hermanas, tal vez? Posiblemente que aquella que se había labrado tal reputación en la ciudad hubiera tenido una hermana no habría sido recibido con gusto. O tal vez algunos tipos de baja calaña hubiesen temblado nada más oír la noticia. Cualquiera sabría.

Sorprendentemente, aquella que estaba frente a ella comenzó a hablar. Nunca le pareció el tipo de persona que se preocupa demasiado de hablar. Digamos que hay veces que nuestras propias opiniones nos forman imágenes sorprendentes e inesperadas. De nuevo, volvió a referirse a su aspecto. La mujer se miró de arriba abajo. Una capa polvorienta y de bordes deshilachados, guantes de tela áspera, para montar a caballo, y ropa de viaje bastante maltratada. Bueno, tenía derecho a decirle eso, después de todo. También le explicó que había salido de viaje poco después de su encuentro, y le mostró el libro. Hizo una ligera mueca de desconfianza. Aquel libro le resultó sospechoso desde el momento en que lo recogió, y ahora no dejaba de serlo, aunque se hubiese mostrado como un inofensivo trozo de papel durante años.

Cuando la otra terminó de hablar, el tabernero colocó sobre la barra un par de vasos con aquel líquido que la otra pedía constantemente. Lanna lo cogió y se lo llevó a los labios. Puede que demasiado dulce para su gusto, aunque hacía años le habría parecido poco azucarado. El camino curte los paladares, como aprendió en aquellos días lejanos- Bueno, la ropa... Ya sabéis, el polvo del camino es el peor enemigo que una persona se puede encontrar cuando va a caballo. Preciso, veloz... Una verdadera horda imposible de vencer. -Sonrió. Cualquiera que haya montado a caballo sabe que es imposible no mancharse si trotas sobre la tierra seca. Continuó hablando- Vos no me imaginabais espada en mano, aunque yo pensé que vos iría así en el futuro. Pero, sinceramente, ni siquiera yo fui capaz de creer que acabaría así, con estas ropas y enfrentándome a ladrones. Aunque claro, tampoco creí que fuese a ver una salamandra alguna vez en mi vida. -Se acomodó sobre la silla y se apartó un poco la capa, dejando al descubierto ropajes igual de ásperos y polvorientos, verdosos y marrones- No sabría decir que es lo que me impulsó a viajar, a dejar mi casa... Bueno, tal vez sí. Conocéis tan bien como yo como es la vida de una joven señorita de buena familia. Casarse, tener hijos... Esas cosas. Después de todo aquello que vivimos, mucho me temo que algo empezó a cambiar, y todo eso que veía como maravilloso comenzó a tornarse más y más aburrido, más y más monótono. Más y más terrible. -Hizo un gesto cortante con las manos, dejando claro que no le apetecía volver a ello- Y aquí me tenéis. Ensillé a Guardián y salí a los caminos con lo puesto. No hace demasiado tiempo de aquello. De hecho, lo recuerdo como si fuese ayer...

Había esperado a la noche, cerró su habitación con llave, vestida con un caro traje de jinete que demostró no poder soportar la dureza de los viajes, y fue a los establos. Allí el caballo la recibió como de costumbre. Un ejemplar fuerte y adiestrado, que con el tiempo se mostró totalmente fiel a la joven. Y así, salió de la ciudad, y nunca más volvió.

Un poco después me hice con una espada... -Señaló el acero que pendía a su costado- ...Y estoy orgullosa de decir que he aprendido bastante como controlarla en tan poco tiempo. También conocí a personas que me enseñaron... Unos cuantos trucos de magia. -Sonrió de nuevo. Estaba segura de que la mujer había visto el conjuro que había lanzado en el callejón. No, no había aprendido simple ilusionismo ni juegos de niños. Había aprendido hechicería real, y puede que de manos de algunos de los mejores.

La puerta se abrió de nuevo en aquel momento, y una figura embotada en una capa de viaje entró, ocultando su rostro. Era similar a la que la propia mujer llevaba, y puede que no le hubiera prestado más atención de no ser por su compañera. Ella miraba fijamente, alerta, como si esperase algo. Y cuando el hombre desapareció por las escaleras, le reveló el por qué de aquello.

Entiendo... Así que os ganáis la vida como mercenaria. -Afirmó, mientras, de nuevo, se reacomodaba en su sitio. En ocasiones, los asientos de aquellos lugares era terriblemente incómodos, sobretodo con tanta ropa encima.- No es mi estilo encargarme de cerrar el pico a la gente para que no se aireen los trapos sucios de otros... Pero supongo que vos sois especial... Tal vez pudiera echaros una mano, siempre y cuando voz misma os encarguéis de mancharos las manos... -Se ofreció.

Como había dicho, no le gustaba eso de matar a otros, y en una vida nómada había que matar para vivir, si su vida no estaba en juego. Y recordemos que en estos tiempo su fidelidad por la mujer aún no había llegado al punto de veneración que tiene hoy en día. Por tanto, se permitió el lujo de poner unas cuantas excepciones. Nunca, nunca se le habría ocurrido, en el presente, siquiera insinuar algo así.

Contadme... ¿Qué ha hecho este tipo de la capa? -Preguntó. Generalmente, había que hacer algo muy gordo como para que le buscaran hasta esos extremos. Estaba casi segura, por el cuidado que mostraba aquel hombre en sus acciones, que llevaba días oculto como una rata, en algún rincón. Había sido un craso error salir ahora, al parecer.

Se levantó y vació el cristal de un trago. Demasiado dulce para su gusto, definitivamente- Bien... ¿Qué vamos a hacer? ¿Operación relámpago o disimulo?




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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

Mensaje por Illua el Dom Dic 11, 2011 8:27 pm

Illua escuchó atentamente la historia que le narraba su gemela. Era interesante, parecía haberse hartado de ser una señorita y decidió buscar algo más excitante, decidiéndose por emprender un viaje a lomos de un caballo. Sin duda se parecían en algo más que el aspecto. Y ella también sabía usar magia, efectivamente, había visto como usaba un conjuro contra uno de los hombres. Aunque parecía ser de una escuela diferente a la de la cronomante. Pero no supo adivinar cual era.

-Comprendo... ¿Cual es el tipo de magia que usasteis en el callejón? Yo recibí el don de la cronomancia hace ya tiempo... Mm... Extrañamente empecé a notar como su poder me invadía apenas unas semanas después de nuestro encuentro. Es sorprendente lo que puede desencadenar un mismo acto ¿No crees?-Le comentó Illua en su amena conversación.

Pero pronto sucedió lo de aquel hombre, obligandolas a cortar su conversación durante unos momentos.
Pronto Lanna hizo sus propios comentarios en respuesta a las palabras de Illua, haciendo que esta se cruzase de brazos mirándola con una sonrisa.

-¿Mercenaria? Bueno, se me podría llamar así. Pero debo informarte que no es ese mi trabajo. No acepto cualquier misión que la gente me encarga. Al contrario, yo soy quien suele buscar mis misiones. Pero últimamente no hay muchos trabajos, y acabo quitandoles algo del suyo a los mercenarios. Me vendrá muy bien tu ayuda. Siempre ha sido así. Y no debes preocuparte por tus manos. Me gusta cumplir yo misma mis encargos, así pues permanecerán tan limpias como aho... Como si las llevases lavadas...-Respondió levantándose e Imitando a su clon, bebiendo el contenido de su copa de un solo trago.-Respecto a que hizo... La misión no decía mucho, solo que ese tipo es un desertor de una organización criminal de esta ciudad, y lleva un tiempo amenazándoles con contarlo todo si no se hace lo que el quiere, pero recientemente sus jefes se cansaron de seguirle el juego, y al percatarse de ello el tipo se escondió. Claro... No se ni por que desertó ni que hacen sus jefes. Ni siquiera se si la información del encargo es cierta. Pero no importa mucho... No por el momento. La cuestión... Seamos rápidas... No me gustaría que esa rata escapase por un agujero ¿Tu sabes lo pesado que es correr tras alguien para darle caza? Es horrible. Pero... Intentemos ser cuidadosas... Tampoco conviene echarnos a toda la guardia encima... Aunque también hice un par de trabajos para ellos... Si, como ves, me aburro mucho, pero... ¡Cualquier cosa antes que ver la hierba crecer!

Con tranquilidad, como si fuesen a sus habitaciones, subieron las escaleras, llegando arriba justo a tiempo de ver como la capa marrón del hombre desaparecía tras una puerta que cerró al momento. Illua sonrió a su gemela y colocó su zurda en la empuñadura de su sable, dispuesta a desenvainarlo nada más fuese necesario. ¿Estaría armado? ¿No? ¿ Poseería magia? ¿Que hacía allí? ¿Tal vez hablaba con amigos? ¿Habría al otro lado de la puerta varias personas armadas hasta los dientes dispuestas a defenderlo? ¿O al abrir la puerta descubrirían que el hombre había desaparecido, seguramente escapando por un pasadizo secreto? Miles de situaciones pasaron por la cabeza de la mujer durante los segundos que permaneció ante la puerta, preparándose para abrirla y acabar con su vida. Pero ninguna fue la que encontró.
En cuanto su mano abrió el picaporte de la puerta, haciendo que esta les dejase paso con un leve quejido, se encontró la cama del hombre, sobre la cual estaba tendida una mujer semi desnuda con claro aspecto de prostituta, sobre la cual estaba el hombre dándose un capricho por así decirlo... Illua contuvo sus ganas de llevarse las manos al rostro en una clara muestra de indignación, y avanzó al centro de la habitación sin pudor ninguno, haciendo que la mujerzuela y el hombre la mirasen sorprendidos lanzando un débil grito de sorpresa.

-¿Que coño pasa aquí? ¿Otra más para la cama?

-Ni lo sueñes, imbécil. En estos días creí que saldrías a por comida, a por agua, incluso a por ayuda. Pero no, no creí la razón por la que saldrías sería por lujuria...

El hombre se sorprendió de las palabras de Illua, y a pesar de no llevar calzones, saltó e la cama intentando escapar por la ventana. Pero pronto, Lanna la ayudó con su magia, evitando que escapase con un conjuro que invirtió su movimiento, llevándolo directo hacia Illua, la cual lo cogió del cuello sin cuidado. Y tras una burla en referencia a su desnudez y el frío del exterior, lo lanzo contra la pared y con un rápido desenvaine le decapitó, cumpliendo con ello la misión.
La prostituta salió corriendo entre chillidos, pero Illua la dejó, sabía que antes de que llegasen los guardias, ni Lanna ni ella estarían allí. Con velocidad salieron de la habitación por la ventana, directas a los tejados, y se alejaron de allí sobre los edificios. Volverían cuando las cosas se hubiesen calmado.
Pero mientras se alejaban, las dos se dedicaron a alargar más su narración, su explicación de los acontecimientos que se habían dado lugar entre su separación y aquel reencuentro, y cuando llegó la noche, y volvieron a por el caballo de la otra mujer, después de haber comido en otra taberna mucho mejor, y haber descansado bastante - Además de una ayuda por parte de Illua por mejorar el deprimente aspecto de su gemela - se dispusieron a marcharse de la ciudad. Pero no cada una por su parte... No aún... Antes de salir, la Duelista Sombría le hizo una oferta a su compañera.

-Lanna, ahora que ambas viajamos... ¿Que te parecería venir conmigo un tiempo? Verás... Tus habilidades me interesan, confío en ti, y eres buena defendiéndote por lo que he podido comprobar. Y me gustaría que te unieses a mi... A nosotros mejor dicho... Digamos que soy la propietaria de un grupo... Se llama Khamja y... Bueno, será mejor que lo hablemos mejor allí. Así podrás verlo con tus propios ojos... Si quieres... ¿Y bien?-Le dijo tendiéndole al final una mano.-Te propongo unirte a mi como mi mayor Subordinada... Alguien igual a mi... ¿Aceptas?

Por suerte, la joven gemela aceptó la propuesta, y juntas se encaminaron al lugar donde acabaría sirviendo por propia voluntad a su gemela. Como la primera Generala de Khamja. Donde acabaría uniéndose a Illua, y forjando la leyenda interna de la organización de las hermanas de pelo azul... Aquellas que eran invencibles unidas.

Las consecuencias de esos tres días, fue la forja de la amistad entre las dos jóvenes. Su relación de inseparable e inquebrantable amistad. Un cambio radical en las vidas de las dos mujeres... Lanna, volviéndose más fiera y fuerte, tomando parte del espíritu guerrero de Illua. Y esta ablandándose un poco, revelando que tenía sentimientos, a pesar de que Lanna era de las pocas que lo sabían...

Fin
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Illua
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Re: Los Tres Días Y Sus Consecuencias (Privada)

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