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El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

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El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Dom Oct 09, 2011 4:27 pm

El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego




Vaya, estoy ansioso por verlo.
Arderán. Todos.
Pero ándate con mucho ojo.



Año 996. Malik-Thalis. También conocida como la ciudad negra. Hogar de criminales, rufianes, oscuridad, suciedad, traiciones, asesinatos, odio, asco. Más de uno se sentía identificado con tales adjetivos, por esa razón en este lugar era recurrente la acumulación de mercenarios sin compasión, que acudían a buscar trabajo como el agricultor que madruga cada mañana para labrar sus huertas. Un lugar donde unos padres ejemplares no llevarían jamás a su pequeño hijo, y aún menos permitirían que se criase allí. Sin embargo, la ciudad negra no era sólo maldad. También había un reducido rincón reservado para la bondad y la justicia. Una justicia muy personal y ardiente que de vez en cuando llamaba a la puerta, dejando bocas atónitas.

El sol yacía en lo alto de un despejado cielo, iluminando el día y dirigiendo ardientes rayos que quemaban a los ciudadanos. En una pequeña y poco aseada taberna, tres desconocidos viajeros, que aparentaban alrededor de una treintena de años, cruzaron la puerta de madera que separaba el establecimiento de la calle, entrando en su interior. A simple vista, parecían unos extravagantes turistas más, como muchos hay, a pesar de que los desconocidos no son bien recibidos en la costera ciudad. Con el estómago vacío como el bolsillo de un vagabundo, comenzaron a degustar la sabrosa comida que el tabernero les sirvió.

Interesante…muy interesante –señaló uno de los viajeros al fin de la comida. Miraba con perplejidad uno de los muchos carteles que había colgado en el corchoso tablón de anuncios. El contenido de éste tenía algo anormal que lo diferenciaba de los demás trabajos simples y aburridos que solían ser ofrecidos.


Se requiere a todos los “héroes” dispuestos a “salvar” la valiosa vida de un importante e inocente noble que estorba los pasos de la criminalización de esta ciudad. Se solicita la presencia de todas las personas que quieren que esta situación mejore. Se recompensará cuantiosamente.
Para más información, nos reuniremos en la casa abandonada situada junto a la panadería de Ibor, al este de la ciudad, esta noche. Si veis algún guardia, matadlo.
Esto va a ser recordado, os lo garantizo.



A eso se le llama ser directo ¿no creéis? –dijo el que había hablado antes, soltando una tenebrosa risilla. Su excéntrica apariencia llamaba la atención. Vestía de negro y su demacrado rostro pintado de blanco y su larga cresta morena que tenía como cabello, acentuaban todavía más la sensación de locura que emanaba de él al observarle.
En vista de aquél llamamiento, sus compañeros también leyeron la destacada proposición.
Por lo visto, los mercenarios no se esconden en esta ciudad –opinó otro de los viajeros con un tono sabio y sereno. Era un elfo de tez dorada con un largo cabello oscuro. No tenía ningún arma, pero las breves protecciones de cuero que portaba en algunas zonas declaraban que no era un elfo pacífico.
Sí que es extraño, si… –dijo el tercer y último de los enigmáticos viajeros. Tenía una túnica azul que cubría su cuerpo y un largo y acicalado bigote oscuro que acompañaba a una morena perilla.
A ver qué sabe el tabernero –dijo mientras se dirigía hacia la barra.
Hola ¿os ha gustado la comida, mozos? –se adelantó el viejo y escuálido tabernero de blanco cabello.
Oh, sí, deliciosa –agradeció el hombre bigotudo intentando ser simpático –Una pregunta, tabernero. Mis compañeros y yo no dejamos de preguntarnos qué persona tan poco discreta ha dejado ahí ese anuncio. Seguro que sabes a cuál me refiero –dijo señalando el tablón de anuncios.

Spoiler:

El de la cara pintada


El elfo


El del bigote


Última edición por B el Jue Oct 20, 2011 2:17 pm, editado 2 veces
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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Dom Oct 09, 2011 5:26 pm

Sí, creo que sé cuál dices. Si te soy sincero, muchacho –el anciano agarró un trapo y una jarra sucia y comenzó a fregar –yo tampoco sé demasiado. Sin embargo, en vista de que eres un buen cliente, te diré que esta mañana vino un joven asustado y ebrio, diciendo cosas acerca del demonio, y colgó el anuncio. Durante el transcurso del día, varias personas se han quedado perplejas con él, y estoy seguro de que vosotros no seréis los últimos –sin duda, el elocuente tabernero sabía cómo tratar a forasteros y mercenarios de manera amigable.
¿Vino diciendo cosas del demonio, colgó el cartel y se fue, sin más? –.
Así es. Decía que había visto al demonio –dejó la jarra y pasó a fregar un plato con una extraña salsa amarillenta pegada –Pero no me extraña ¿sabes? A esas horas de la mañana aún hay borrachos locos que actúan sin sentido. Respecto al cartel, bueno, da igual, es parte de mi negocio, pero dudo que su contenido sea cierto. Más bien, parece una broma, pero no voy a arriesgarme a quitarlo. Ya hice algo parecido una vez y no quiero que se vuela a repetir lo que pasó… –.
De acuerdo –dijo el hombre mientras se acariciaba su cuidado bigote con dos dedos, uno afilando cada lado. –Pues gracias por la comida, y por el trato. Tome, se lo merece, amable tabernero –volvió a agradecer el viajero. Le pagó la comida e incluso unas monedas de más, como propina, y los tres hombres se marcharon.

¿Creéis que él irá? –.
No lo creo ¿no se supone que es un justiciero? – apuntó el elfo, mirando a la ciudad en busca de un lugar interesante.
Cierto Vel, pero quizás alguno de los que asistan sabe algo sobre su paredero –contestó el hombre del bigote. Parecía ser el líder.
Queda decidido, entonces
Tú mandas, Khnel ¿Qué hacemos hasta la noche? –preguntó el hombre extravagante, pensando en algo divertido con lo que matar al tiempo.
¿Alguna idea en particular? –a pesar de ser el jefe, parecía que el grupo no se basaba siempre en órdenes directas e irrechazables, sino en un consenso.
¿Matamos a alguien? Tengo sed –propuso. Sus palabras provocaron un gesto de desaprobación en sus compañeros, que negaron con la cabeza queriendo decir “no tiene solución”.
¡Pero si ya has bebido esta mañana! –se quejó Knhel, incomprensivo.
Si… ¡pero vuelvo a tener sed! –.
Si vais a ir a por alguien para que Kyrik se lo beba, yo iré a solventar un asunto, si no os importa –dijo Vel. Parecía el más callado y serio del grupo. Francamente era un elfo de pocas palabras.
¿Un asunto en Malik-Thalish? Bueno, haz lo que quieras. Nos veremos enfrente de esta misma taberna cuando el sol deje de verse en el horizonte
Gracias –el elfo asintió y se marchó.
Oye Kyrik…no me apetece mucho matar ahora –.
¿Cómo puede no apetecerte? –preguntó extrañado. Sus gestos rápidos, sus ganas de matar y su apariencia no engañaban, era un completo loco psicópata.
Me voy a dar un paseo –anunció Knhel mientras comenzaba a andar y a separarse de su perturbado amigo.
Adiós, osito de peluche –ironizó Kyrik. Al escuchar sus palabras, Knhel se giró y apuntó al psicópata con la palma de su mano –Hey hey, soy tu amigo ¿recuerdas? –.
Por eso te libras –respondió Knhel con una sonrisa burlona. Se volvió a dar la vuelta y anduvo hasta que desapareció tras la pared de una casa.
Nadie quiere al loco de Kyrik…ba ba ba…¡mejor! Así no me meten prisa –se dijo sí mismo antes de comenzar a reír en soledad como un auténtico demente.

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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Lun Oct 10, 2011 4:45 pm

Cada uno pasó la tarde con sus propios quehaceres. Knhel, a sabiendas de que con toda probabilidad librarían un combate en la ciudad, se dedicó a pasear por ella, examinándola y anotando mentalmente las ventajas y desventajas, lugares ocultos a vistas ajenas, zonas sin apenas salidas para emboscar… y también aprovechó para buscar algo de información sobre la persona que buscaban, aunque no obtuvo nada que no hubiera oído ya. Kyrik, el desalmado bebedor de sangre, se convirtió en el mal día de una apacible familia. Entró en su casa sin previo aviso y masacró a todos sus miembros, sin razón de género o edad, para después exprimir su fluido sanguíneo. Lo que hizo el apacible elfo Vel es un misterio. Cuando el último centímetro del esférico Sol dejó de ser visible, cubierto por el horizonte y las montañas, los tres extraños viajeros acudieron a la zona de reunión.

¿Todo bien? –preguntó Knhel, al que su puntualidad, como siempre, le había hecho llegar a la hora, cuando los dos miembros restantes del grupo llegaron con un ligero retraso.
El elfo asintió.
Muy producente –contestó Kyrik con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía sujeto un enorme vaso lleno de líquido rojo.
¿Aún sigues bebiendo? –preguntó el líder, anonadado.
Me ha costado un rato exprimir a toda esa familia. Llevo ya tres litros, y sumando. Lástima que no pudiera haberme traído lo demás –el perturbado humano estaba enormemente orgulloso de su perversa hazaña.
Maldito vampiro frustrado –susurró Knhel mientras resoplaba.
No me compares con esos chupasangre nocturnos –Kyrik comenzó a reír perturbadamente, de nuevo, para después darle un considerable trago a su sangrienta bebida.
¡Joder! ¡Menuda porquería, tienes trozos de carne en la bebida! –señaló Knhel mientras miraba detalladamente el vaso de su compañero con un rostro desagradable.
Son tropezones. No es fácil sacar la sangre limpia sin un filtro –le explicó.
Si seguimos hablando de esto voy a vomitar
Estoy con Vel. Vamos a cenar y después iremos a la discreta reunión de mercenarios a preguntar si saben algo de Vulcano. Además, tengo mucha curiosidad por ver que se cuece ahí. No creo que sea algo normal
Yo también estoy bastante intrigado

Tras buscar una taberna que no estuviera llena de mugre y borrachos, los viajeros encontraron una satisfactoriamente llamada “El Manjar de los Caballos”. Sin pensárselo dos veces, entraron y, con aprobación, Knhel y Kyrik degustaron ricamente los asados filetes que el tabernero les recomendó probar, el plato de la casa. Vel, que era vegetariano, se tuvo que compensar con unas rancias lechugas. La taberna no estaba hecha para comehojas como él. Sin embargo, los carnívoros viajeros se llevaron una desagradable sorpresa cuando, repletos de curiosidad, le preguntaron al tabernero de dónde había salido tan distinguida carne.

¡Diantres! Veo que sois forasteros –dijo riendo –Por supuesto, como señala nuestro nombre, la carne es de caballo. Es nuestro distintivo –respondió lleno de orgullo.
¿Qué? –se extrañó Kyrik mientras escupía en toda la mesa el sorbo de su propia bebida de sangre que se estaba tragando. –¿Nos has dado unos jodidos caballos?
No te ofusques, Kyrik. No puedes negar que están muy ricos –replicó Knhel provocando una ligera risa por parte del elfo.
Ser vegetariano no es tan malo…
¡Me cago en la puta! –gritó Kyrik mientras daba un duro golpetazo en la mesa con su mano. La taberna cambió a un ensordecedor silencio. Todos los que allí habían dejaron de comer para mirar el origen del golpe. El tabernero, extrañado, observaba al pintado psicópata con cierto tembleque. Había cabreado el hombre equivocado.
B-Bueno….e-es…..la especialidad de la c-casa señor…usted lo pidió…
¿Qué? ¿Acaso me has oído decir “tráeme un jodido caballo”? –a cada segundo que pasaba, Kyrik parecía más cabreado. Ni siquiera concebía la idea de no hablar a gritos.
N-noo….pero
¿Entonces por qué me traes uno? –el tabernero no sabía qué hacer. Sin duda muchos psicópatas habrían pasado por el aseado suelo de madera de aquella taberna, pero seguro que ninguno era tan irascible como nuestro lunático amigo. El tabernero, únicamente, temblaba.
Cálmate Kyrik, venga. ¿Te gusta la sangre con trozos de carne humana pero no los caballos? –intentó apaciguar Vel. Nadie en la taberna se atrevía a dar ningún bocado o decir palabra alguna, todos miraban con atención y preocupación la escena, excepto Knhel, que seguía mascando su carne de caballo con total serenidad.
¡Calla elfo! ¡Jodido tabernero! ¡Tráeme sangre humana si quieres desagraviar esta ofensa! –ordenó mientras tiraba su vaso al suelo, derramando el poco líquido bermellón que quedaba en su interior –a mí ya no me queda
¿C-cómo? –balbuceó el tabernero.
¿Estás sordo? –preguntó a gritos mientras le pegaba una bofetada al tabernero. La multitud de la taberna se llevó la mano a la boca, percatándose de la gravedad de la situación. Alguno intentó levantarse para salir de ahí, pero la amenazante mirada de Kyrik fue más que suficiente para que recapacitaran y volvieran a sentarse.
Van a venir los guardias –le susurró Vel a su líder.
¿Y tienes miedo?
Lo que quiero es comer tranquilamente –se quejó, molesto.

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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Lun Oct 17, 2011 4:02 pm

Ya basta –sentenció un hombre sentado en una mesa al fondo mientras se levantaba con el semblante serio. Su brillante armadura plateada y su larga y ornamentada espada guardada en su vaina anunciaban que sin duda era un guerrero. –Ya has humillado suficiente a este hombre
El lunático humano se desternilló con su habitual risilla perversa ante aquellas palabras.
Ya habéis cruzado la línea. No lo soporto más –un hombre más, sentado en la misma mesa que el primer guerrero, se opuso ante aquella tiranía y desenvainó su espada, desafiante. Otro grupo de tres hombres más se levantó en otra mesa, aunque estos no parecían tan armados, pues solo portaban pequeñas dagas y carecían de alguna armadura visible.

Cinco pequeños cuchillos se desenvainaron solos, provenientes del cinto de Kyrik, y comenzaron a girar en círculos teniendo como núcleo la cabeza del psicópata pintado. Los cinco hombres que se acaban de revelar se espantaron ante aquella revelación. El lunático era un mago. Ni siquiera tuvieron un margen de tiempo tolerable para esquivarlos cuando éstos, sin previo aviso, fueron lanzados mágicamente directos hacia sus cabezas. Los cinco hombres con el cráneo agujereado cayeron casi al unísono transformados en cadáveres. La gente comenzó a gritar y a llorar desconsoladamente. Estaban viviendo una auténtica pesadilla.

¡Ahhh…! –Knhel se tiró u eructo mientras se acariciaba su lleno estómago. –Muy rico todo –por fin había terminado de comer y la situación presente no parecía extrañarle lo más mínimo, prácticamente la ignoraba.
A mí se me han quitado las ganas –el elfo, en contraposición, sí que no se sentía nada cómodo.
¿Quién quiere ser el próximo en morir? –interrogó Kyrik mientras miraba con sus ojos totalmente abiertos e insanos a todos los presentes, uno a uno.
Vámonos antes de llamar más la atención. No podemos llegar tarde a nuestra cita –ordenó mientras se levantaba y se limpiaba la boca con un trapo. El elfo hizo lo mismo un segundo después que su jefe –¿Cuánto es, tabernero? –le preguntó, aunque éste no pudo articular palabra alguna. Estaba temblando, totalmente en estado de shock y con los ojos ausentes, sin mirar a ningún lado en concreto. –En ese caso…diamante más diamante menos… toma –le dejó unas cuantas monedas y los tres viajeros se marcharon del lugar.

Tras media hora de camino, llegaron a la zona prevista. A un lado, la “Panadería de Igor”, que más bien era un derruido establecimiento cuyo interior era la fuente de un mal olor a podrido que salía al exterior por sus rotos ventanales, conquistando todos los olfatos cercanos. En frente del grupo, tal y como indicaba la nota, había una casa en ruinas. Tenía dos pisos y su mal estado se advertía a kilómetros. Era allí. Por lo visto el proveedor del trabajo había decidido que el lugar de reunión fuera un sitio alejado y solitario, como lo era aquél barrio despoblado y repleto de escombros. No había ni un alma por la zona, aunque en el interior de la casa se dejaban oír algunos ruidos que señalan vida en su interior. ¿Llegarían tarde? La nota anunciaba que el encuentro sería por la noche, pero no especificaba en qué momento de ésta.

Sin dilación, los viajeros se aventuraron al interior. Dentro había alrededor de quince hombres, vestidos con harapos y baratamente armados, que se encontraban en una gran habitación, desprovista de mueblería, mientras charlaban ente sí. La mayoría parecía conocerse, pues el tono de sus conversaciones había sobrepasado el de formalidad y distancia propio de los desconocidos, aunque con lo descorteses que suelen ser la mayoría de mercenarios, nunca se sabe. Al preguntar al grupo más cercano a la puerta, los viajeros averiguaron que aún no era tarde, el proveedor no había llegado. No obstante, eso no era lo que les ocupaba. Habían acudido allí en busca de información sobre Vulcano, así que comenzaron a entrevistar a los presentes para obtener tan delicada información. Unos, se limitaban a contarles rumores sobre él (aunque al final descubrieron que todos eran, en realidad, versiones modificadas de dos o tres rumores distintos). Otros, ignoraron completamente a los viajeros, alegando posiblemente la falta de confianza. Kyrik estuvo a punto de hacerles pagar ese insulto, pero tuvo que ceder antes las advertencias de sus compañeros, que no querían que un lío disipara la congregación. Finalmente, algunos terceros les comunicaron que nadie sabía el paradero del mago Vulcano, pues nunca se quedaba en una zona fija, cambiaba constantemente de ciudad, cometiendo sus actos de justiciero intermitentemente por todo el país.

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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Jue Oct 20, 2011 2:13 pm

Con las manos vacías, los tres viajeros permanecieron en la ruinosa casa, preguntando a los mercenarios que paulatinamente iban llegando. Al cabo de una hora, se podían contar alrededor de hasta cincuenta criminales, sin embargo, de nuevo ninguno fue capaz de otorgar a los viajeros lo que necesitaban. Sin previo aviso, algo imprevisto sucedió. La temperatura de la casa comenzó a subir estrepitosamente. El interior pasó a convertirse en una olla hirviendo en pocos segundos y sus habitantes en filetes a punto de ser cocinados. El fuego comenzó a nacer en distintos puntos y a aumentar de tamaño considerablemente. A los quince segundos desde que la casa comenzó a calentarse, el fuego había crecido lo suficiente como para prender toda la instancia. Gritos desesperados de auxilio acompañaban armónicamente a la danza pírica. Cuerpos ardiendo corrían de un lado a otro, chocando entre sí, sin encontrar una solución que no fuera una muerte lenta y dolorosamente ardiente. Finalmente, una explosión ígnea acabó con la desesperación toda alma allí presente. Solamente quedaron cenizas.



Año 996. Malik-Thalish. Unas horas antes, durante la mañana. Un joven acicalado y de buen ver navega por las tempraneras calles de la ciudad negra. A simple vista no llamaba la atención, pero si alguien capaz lo observaba detalladamente, entendería que algo no encajaba: sus ropajes, marrones y sucios, entraban en conflicto con su impecable cabello oscuro; su portentosa figura, no era propia de alguien que de mala gana tiene que buscarse la vida cada día para poder alimentarse. Las malas lenguas dirían que era un miembro de la nobleza intentando ocultarse. Esta vez, tenían razón.

El camino del noble llegó a su fin cuando se topó ante una pequeña casucha de madera en mal estado (pero al menos era una casa). El joven tocó la puerta con un pensado ritmo, como si se tratara de una contraseña, y se abrió.
Buenos días, Hal –saludó un muchacho de no más de diecisiete años y corto cabello oscuro tras la puerta. Su frío rostro y su tono grave de voz le ejemplificaban con cierto tono oscuro.
Eso espero, Hek –contestó el noble disfrazado mientras practicaba una reverencia. Atravesó la puerta y se adentró en la casa.
Hola, Hal –saludó otro joven sentado en una mesa, aunque este aparentaba alrededor de una veintena. Poco más se podía decir de su rostro, pues se estaba tapando con una tela negra. Vestía como un ninja
¿De quién te ocultas ahora? –preguntó dirigiéndose al ninja.
Me iba ya. Tengo un poco de prisa –contestó.
¿Qué te traes entre manos esta vez, Hek? –miró al adolescente de la voz grave y se sentó en una silla junto a la mesa, al igual que él hizo.
Esto no va a ser un golpe cualquiera. Va a ser un golpe grande, pero necesitamos tu colaboración
El ninja seguía preparándose. Ahora estaba guardándose unas afiladas cuchillas con forma de estrella.
Sabes que puedes contar conmigo. Cuéntame
Chicos, yo me voy ya –anunció mientras ataba una vaina con una katana en su espalda –Lamento que no podamos hablar los tres de esto, pero no puedo arriesgarme a perder la mercancía
Claro, lo entiendo. ¿Seguro que no quieres que te ayudemos? –interrogó el joven, comprensivo.
No, esto tiene que hacerse con sigilo. Vuestro ruidosos movimientos serían lastre –respondió el ninja con una amigable burla. Fue hacia unas escaleras que desembocaban hacia arriba, abrió una pequeña madera que actuaba como techo y se marchó por la salida recién destapada.

¿Mercancías? –dijo extrañado Hal una vez que se quedaron los dos solos.
Cosas suyas, es igual. Hablemos de la misión. Te cuento: el objetivo es agrupar a todos los criminales que podamos en un espacio reducido. Cuando todos estén dentro, quemaré la zona y acabaremos con todos de un solo golpe –dijo esbozando una sonrisa
Interesante…pero es un poco precipitado hacerlo esta noche ¿no? Además de que resultará peligroso, cualquier fallo y nos pueden descubrir. A ti no te importará porque ya eres más que conocido, pero nosotros todavía nos mantenemos entre las sombras –el noble parecía preocupado.

Spoiler:

Hek (que es B o Vulcano, por si alguien no lo ha entendido)
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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

Mensaje por B el Sáb Oct 22, 2011 5:28 pm

Tranquilo, Hal, todo está pensando. Entraré en detalles. Verás, esta mañana han sido colgados unos cuantos anuncios en distintas tabernas de la ciudad. Estos anuncios llevarán a los criminales más tontos a una casa en ruinas que he localizado en uno de los barrios del Este de la ciudad.
¿El barrio en ruinas del Este de la ciudad? ¿Cómo? Sabes que desde que se hacen trapicheos allí está repleto de guardias –señalo Hal exaltado.
Exacto, y ahí es donde entráis vosotros dos. Sako creará una gran distracción en un punto relativamente cercano a la casa objetivo. Tú te encargarás de mandar a los guardias del barrio destruido a investigar lo que Sako habrá ocasionado. Obviamente, para que no sospechen de ti y como no puedes dejar una zona sin vigilancia, no podrás mandar a todos, pero sí a la mayoría. Los restantes serán neutralizados por Sako.
Neutralizados, no eliminados –trató de asegurar.
Eso he dicho, ¿es que aún no me conoces?.
Bueno… –el noble repasaba reflexivo toda la información en su cabeza, intentando evaluarla –debo admitir que es una buena estrategia de limpieza. Sin embargo, sigo pensando que es muy precipitado. Me lo estás contando ahora y será esta misma noche. Deberíamos de haberlo planeado con más tiempo
Tenemos todo el día, tiempo de sobra –dijo intentando convencer a su aliado.
Eres muy temerario, siempre lo digo.
La temeridad es sólo posible cuando hay riesgo. Con esto, no hay riesgo –de la mano de Hek salió una pequeña bola de fuego cuya luz rebotó en sus rostros.
Estás loco –aunque pudiera parecer un comentario de desaprobación, esto se negó rápidamente cuando el noble se echó a reír. –Es hora de que me marche antes de que se pregunten dónde diablos estoy –dijo Hal mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.
Hek asintió y acompaño a su amigo a la puerta.
Por cierto ¿de quién es esta casa? –preguntó el muchacho a la vez que le echaba un vistazo general a la estancia. –No tiene apenas muebles.
Eso es porque antes también era un piso franco. La diferencia es que los que la usaban antes no tenían el mismo fin que nosotros –le respondió con una sonrisa burlona. Las manchas negras de la habitación contigua, quemaduras en las paredes, aclaraban que fue Hek quien los mató.
Ya veo…
Esta noche saldrá todo bien. No temas..
Siempre he confiado en ti y nunca me has fallado. Hoy no será diferente –dijo el noble mientras abría la vieja puerta de madera.
La justicia ya ha fallado demasiado, no se puede permitir más errores.
Por un mundo más limpio –el noble y el enmascarado se dieron la mano en señal de despedida.
Ya sabes lo que tienes que hacer esta noche.
Si. En cuando vea algo que llame gran atención, ordenaré a casi todos los guardias apuntados en las ruinas del barrio del Este que acudan. Pero ¿qué es lo que tiene planeado Sako?.
No me lo ha dicho, quiere que sea una sorpresa. No nos decepcionará.
Vaya, sorpresas y todo. Somos unos justicieros muy prudentes –dijo con ironía mientras salía a la calle –Adiós –y desapareció entre el gentío. Aunque confiaba en Hek y en su plan, era evidente que seguía sin hacerle nada de gracia lo precipitado que resultaba todo. Hal estaba acostumbrado a una planificación meticulosa.

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Re: El Origen del Cambio: El Ladrón del Fuego

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