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Colmillos en el Abismo

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Colmillos en el Abismo

Mensaje por Zyrxog el Dom Oct 16, 2011 4:41 pm

Mas allá de las tierras fértiles, mas allá de los bosques elfos, tras las llanuras donde los orcos luchan por el rojo sol, en lo profundo de los pantanos, donde el sol se oculta tras verdes nubes, sigue el agua cristalina, síguela hasta el abismo, donde los colmillos aguardan su alimento, donde su abrazo te quita el aliento, mas allá de la vida, cuando sientas que los millares de ojos te contemplan desde las paredes, paredes que no han visto la luz del sol en milenios, donde el agua gotea del techo, reflejando malsano fulgor de muerte y hambre … busca el corazón, busca aquel que late sin cesar, como canción a los dioses, dioses oscuros y antiguos, más que el propio mundo … escucha su canción… escucha su canción … porque esta solo te llevara a la muerte.

Bajo la sombra de los altos arboles, se extienden miles de ruinas a medio sumergir, antiguos reinos y civilizaciones que cayeron, mas de ahora solo quedan aquellas rocas mudas, que gritan en silencio sus recuerdos, recuerdos de dolor, de batalla y victorias … entre la bruma del tiempo, cuando los peces caminaban como hombres, cuando el cielo era color escarlata y la tierra era un vergel verde e infinito … cuando las branquias respiraban el aire impuro y malsano que emanaba la tierra, cuando ojos sin parpados contemplaban un mundo basto y peligroso … mas de aquel pasado no quedan más que rocas … ídolos profanos y adorados, antiguos ritos que cantan en las noches alrededor de la hoguera, orgia de sangre y gritos de desesperación, sacrificios para los colmillos mientras la campana negra es tocada una y otra vez, llamando a los seres del mar, a los seres que son elegidos para ser alimento, para que los colmillos roan sus huesos, trituren su carne con placer y desesperación.

Como si fuera un desfile, las figuras sombrías, en fila caminaban entre las paredes carcomidas por la humedad, sombras que danzaban contra los muros húmedos y brillantes, sectarios de dioses caídos, de bestias hambrientas, de seres de pesadilla, seres que uno deseara olvidar y aun así espera encontrar, con el tañido de una campana negra como sus corazones llaman a aquellos que deben de acudir, seres que buscan algo que desconocen, seres que no buscan un dios ni un señor, seres con una libertad efímera y cambiante, una libertad que se puede cambiar a una esclavitud tan real como las cadenas que en sus muñecas existirían, tan real como el aire que entra en sus pulmones o la sangre que recorre sus venas, el sonido de la campana … aquel metal más oscuro que la noche, más antiguo que las estrellas, entregado por dioses nefastos y pérfidos, aquel sonido horrendo y a la vez atrayente, resonaba por los pantanos, por el agua y el aire, entre los deformes arboles a medio podrir, mas allá de la tierra cubierta por el agua, mas allá de las montañas de roca, entre ciudades de hombres y monstruos, entre las palomas y ratas existentes, aquel tañido que resonaría en la mente de quienes fueran llamados, por antiguos señores, por seres de eones pasados …

Tras las pareces de la ciudad, tras el frio suelo de roca, donde ratas y podredumbre eran amo y señor, una figura se deslizaba por aquellos túneles, aquella túnica manchada de sangre, aquella mirada falta de piedad o cariño, sus tentáculos moviéndose como si fueran serpientes ansiosas de alimento, su caminar era lento, no había por que apresurarse, no importaba si demoraba un minuto o una hora en llegar, aquellos esperaban, un giro en la esquina e iluminado por las veas de cera se encontraba aquel taller de carne y hueso, las miradas en las paredes se levantaron, miradas apagadas, ojos que antaño habían tenido vivos colores ahora no eran más que tinieblas, las cadenas se escucharon con tu tintinear, seres famélicos, seres que habían sido rotos una y mil veces, que habían tenido las voces para insultar y gritar, voces que se iban apagando cada día mas entre la humedad, entre los horrores que sucedían en aquella mesa de medare y sangre, ¿acaso el cuerpo sobre esta no había estado vivo? ¿Acaso no jugaba y reía como lo debían hacer los niños? Mas de ese cuerpo no quedaba mucho, su mandíbula abierta, la piel que ya no existía en su rostro o cuerpo, el hueso limpio de tendones y carne, el vientre abierto como un cofre dejando ver su delicado corazón, uno que había latido hasta hace poco, las lagrimas se habían secado, los gritos se habían silenciado, solo estaba la cuchilla que se movía entre la carne cortándola y arrancándola … existía la crueldad, la inhumanidad, la locura y desesperación … mas la aberración causante de ese espectáculo iba mucho mas allá de esas palabras y definiciones …

Pero como un eco aquel sonido se escucho, aquel sonido que venía desde las profundidades de la tierra, dentro del agua y la roca, como si aquel sonido fuera el grito desesperado de una criatura moribunda, como si fuera el quejido del dolor aguantado durante tanto tiempo,¿ acaso ese no era el sonido de el paraíso? ¿Acaso no era ese el sonido que tanto deseaba escuchar de los labios de cada inferior en ese mundo? Lentamente cambio de opinión, era hora de seguir aquel sonido, aquella melodía que atraía tanto, como si se aferrara de sus deseos y ofreciera convertirlos en realidad, las cuchillas fueron guardadas y la estancia abandonada … mas aquellas voces volvieron a escucharse, durante cuantos días quien sabe … pero lentamente una a una se silencio, quizás algún día alguien encontraría ese lugar, la mesa carcomida por el tiempo, los huesos sobre la mesa, y encadenados, aquellas almas condenadas al olvido.

La abominación recorrió la tierra, día y noche, internándose en las sombras, internándose en los pantanos y bosques, el sonido seguía el tintinear de la campana, aquella melodía tan atrayente, tan fascinante, las alimañas se le acercaban como si fuera miel y ellas moscas, pero ninguna le ataco, no era por su aroma, si no por la muerte que portaba, como si con cada paso el pantano se pudriera aun mas, lentamente, pronto vio la campana y aquellos que la tocaban, seres amorfos, humanos cubiertos por túnicas y mascaras, seres que antaño habían tenido luz y ahora solo la repelían, siempre cantando en voz gutural, palabras antiguas y olvidadas, canticos profanos e impíos, la llamada de seres listos para el sacrificio, la tierra se hundía, el pantano resonaba, el monolito se alzaba lentamente como un colmillo desde la tierra, un monolito tan viejo como el mundo y aun así era joven, relieves oscuros … imágenes demoniacas, seres con tentáculos, peces que caminaban como hombres, serpientes antiguas, aquellos celtistas que enmascarados esperaban a los llamados, la abominación avanzo, pero no los ataco, la campana tocaba su tintinear, con sonido profundo, los huesos en su cuerpo resonaban, como si con cada nota estos desearan salir de su cuerpo, aquel sonido prometía y seguía prometiendo, prometía cumplir sus anhelos, sus sueños … convertir el mundo en un desierto sin vida, sin almas …
Off

Spoiler:
Bueno inicio del tema, hagan lo que hagan no podrán negarse a ser atraídos por el sonido de la campana, esta parece como si fuera una melodía, una melodía que promete cumplir sus más grandes anhelos, no importa la distancia o donde estén, escucharan la campana y no evitaran seguirla, no sé que mas podría agregar más que disfruten el tema y diviértanse.

PD: Tres dias entre mastereo y mastereo, asi que traten de postear a tiempo ^^ si no, tendremos merrow para comer

Tiempo de … Imágenes (como niño pequeño)

Cultistas


Campana:

Templo:







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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Moray el Dom Oct 16, 2011 5:46 pm

Spoiler:

Las suaves corrientes del río recorrían un valle reseco y terrible bajo la luz de la luna. Un valle antiguo que se adentraba poco a poco en un pantano que ocultaba una ciudad sin nombre, marchita, abandonada al paso del tiempo, que se hacía notar en las agrietadas paredes de sus ruinas, teñidas de verde por los musgos que las cubrían. Una ciudad que muchos, nada más poner un pie en ella, podrían pensar que está maldita, pues los susurros que traían el viento y las aguas parecían balbucear arcanas y prohibidas lenguas entre las mudas e inertes piedras erosionadas que guardaban secretos que ningún hombre debería conocer. Profecías de devastación, muerte y podredumbre, acompañadas por el tañido de una campana tan negra como el más oscuro de los cuervos.

¡Tong! ¡Tong!

Decía sin cesar, en una macabra melodía de solo una nota, profunda y arrasadora. Una voz que llamaba solo a los que eran dignos de escucharla. Y a esa voz le siguieron otras; otras que no podrían ser llamadas humanas, pues los individuos que entonaban aquellos mórbidos cánticos tampoco podrían ser considerados como tales, con máscaras de aspecto tan retorcido como su propia alma. Cual sombría procesión, peregrinaron hasta la envejecida estructura oculta en el rincón más recóndito de la ciudad caída, esperando a que aquellos que habían sido llamados acudieran a ellos para servir a una causa tan antigua como la misma tierra.

La voz viajó muy lejos de la desmembrada ciudad. Muchos la oyeron, pero muy pocos fueron quienes la escucharon. Bajo las embravecidas aguas del mar, la criatura de la antigua raza abisal pudo escuchar el coro de las figuras y el tañido de la campana negra, tan claro y penetrante que si cerraba los ojos podía imaginarse allí mismo. Podía ver la ciudad devorada por el tiempo, aunque jamás había estado allí, como si aquél sonido clavado en su mente susurrase evocadoras palabras a su oído y dispusiera nítidas imágenes frente a sus ojos sin párpados.

El Profundo emprendió entonces un largo viaje. ¿Hacia dónde? No lo sabía. No podía pensar en nada más que esa voz de la oscura liturgia, la cual le guiaba a través de las corrientes, a través del cauce de ríos, a través de junglas, bosques, llanuras y montes, hasta llegar a esa ciudad sin nombre oculta en el rincón más recóndito del lóbrego pantano. La profana y olvidada lengua del canto resultaba extraña y a la vez familiar, pues poseía connotaciones de la lengua de los suyos, a quienes había dejado atrás hace mucho. ¿Eran tal vez sus hermanos y hermanas? ¿Profundos que habían decidido habitar el mundo seco? Su llamada era fuerte, sus promesas agarraban su húmedo y frío corazón y lo arrastraban hacia el interior del lóbrego pantano, a través de sus negras aguas y su pútrida vegetación. Las criaturas no se atrevían a cruzar su camino con el de aquellos que habían sido reclamados por el Culto, limitándose a observar con sus ojos aguados e inexpresivos el desfile de las figuras por los dominios de los que eran guardianes.

La deformada figura surgió de entre las aguas, caminando por las calles inundadas de la ciudad sin nombre por las aguas verdes y llenas de algas, sapos y culebras. La criatura encontró a otro ser que había respondido a la llamada, en apariencia humano, pero con escamas brillantes y azuladas en su delicado y joven rostro. Ninguno de los dos prestó atención al otro, a pesar de que seguían el mismo camino hacia la siniestra estructura que se alzaba ante ellos, rodeada de marisma. A ambos lados de la calle embarrada, los cultistas entonaban sus pérfidos cánticos, mirando a las criaturas que acudían a la llamada a través de sus abominables máscaras. Otros dos seres se unieron a la marcha silente, una era una mujer de aspecto humano, pero su olor delataba que no se trataba de tal cosa. La otra figura estaba envuelta en una túnica con manchas de sangre seca y su apariencia era casi tan retorcida como la suya, con unos tentáculos moviéndose sin cesar en el lugar donde debería dibujarse su boca.

Al llegar al pie del templo, uno de los cultistas enmascarados, viejo, flaco, de hombros caídos y espalda arqueada recibió a los llamados por los cánticos y el tañido de la negra campana, dando un paso a un lado para permitirles entrar al interior del arcano templo. Su tiara de oro relucía incluso en la semi oscuridad del ambiente, reflejando su luz a medida que guiaba los pasos de la procesión.

Todos los “invitados” se sentían sumergidos en un estado soporífero que poseía sus mentes y les empujaba a seguir caminando hasta el centro de la construcción, rodeado por más figuras enmascaradas de hábitos oscuros como la noche. Sobre ellos, la campana negra seguía profiriendo su metálico tañido, penetrando en sus mentes y controlando sus movimientos, como si fuesen tan solo cascarones vacíos entregados al evocador sonido.

Otras dos figuras entraron en el templo, portando a un hombre joven e inconsciente, con un hilo de sangre brotando de su cabeza. El Culto no podía permitirse el lujo de tener curiosos merodeando cerca, y así quedaba demostrado.

El cultista que portaba la tiara se situó tras un altar de roca blanca con antiguos relieves de monstruos marinos devorando figuras humanoides, teñido por sangre reseca perteneciente a los muchos sacrificios que allí habían tenido lugar.

Sin que pudieran hacer nada para resistirse, sumidos aún en el sopor, los que habían sido llamados fueron colocados en torno a un agujero en el centro mismo de la estancia; un vacío del que no podía adivinarse ni el final ni lo que esperaba al otro lado, si es que lo había, pues daba la impresión de que comunicaría con las mismísimas entrañas de la tierra.

El cultista alzó sus manos, enormes, de color azul grisáceo y de dedos largos, unidos por membranas transparentes y llenas de venas palpitantes. En su atrofiada y gutural lengua, pronunciaron unas palabras indescifrables para todos menos para el Profundo, pues la semejanza con su propia lengua le hizo deducir el significado.

Dejad que los Antiguos juzguen si son dignos.
Dejad que los Grandes elijan a sus siervos
Que el Padre de los Mares acoja en su Abismo
Solo a aquellos que sirvan a sus designios

Spoiler:
Como veis, tenemos dos invitados. Un humano que rondaba por los alrededores y un antropomorfo joven. A continuación sus imágenes:

Antropomorfo


Humano



No soy española, así que por favor avisadme si veis alguna falta en mi escritura =)

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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Invitado el Lun Oct 17, 2011 3:12 pm

Mi plan era perfecto. Djali vigilaba entre las olas, previendo tanto que se acercara algún barco como que el humano con el que estaba tratara de escapar. El ni siquiera sabía que no se trataba de una isla desierta, ni se imaginaba que tras esas montañas escarpadas que rodeaban esa pequeña orilla se extendía toda la próspera isla de Thalis.

En su cabeza lo había perdido todo. El mismo estaba perdido, y estaría solo y olvidado de no ser por mi. Eso nos uniría, estaba segura, y en ese pedacito de isla teníamos todo cuanto necesitábamos para vivir. Agua, pesca, frutas..... el y yo, y si mi belleza no era suficiente para robarle el corazón jugaría mis mejores bazas. Cantaría para el, bailaría para el. Me aseguraría de que pensara en mi cada segundo durante el día... y que soñara conmigo cada noche.

En ello estaba. Sus ojos castaños me observaban mientras danzaba sobre la arena dorada frente a el. Veía en ellos la aprobación de su examen y el efecto que mi canto de sirena ejercía en el. Pronto lograría que se enamorara perdidamente de mi y el jamás me abandonaría. No lo permitiría.

Sin embargo, algo inesperado interrumpió mi plan perfecto. Detuve de golpe mis movimientos en mitad del baile y alcé los ojos al cielo, escuchando embrujada. No sabía de donde provenía, pero podía escuchar claramente el tañido dulce y cálido de una campana y distintas voces que se unían en una extraña oración al son del instrumento. Aquel sonido me hizo sentir como se hinchaba mi corazón y mi alma. Era como una llamada, una promesa dulce de compañía y amor, de todo aquello que siempre se me había negado.

Le di la espalda al confuso humano que ahora había perdido toda importancia para mí. Caminé hacia las olas como si estuviera atrapada en una cálida corriente marina y me dejara llevar por ella. La campana seguía sonando y no quería que se detuviera, al menos, no hasta que yo pudiera llegar a ella.

En pos de mi nueva obsesión ni siquiera me acordé de mi fiel Djali, que percibió confuso mi partida y me siguió fielmente a la espera de nuevas órdenes.

No se cuanto tiempo pasé sumergida en el profundo tañir de la campana, atravesando el mar todo lo rápido que mi cuerpo me permitía, buscando el origen de esa llamada, pero cuando por fin lo encontré sentí como si me cubriera un manto cálido que alejaba la desesperante soledad en la que había tenido que vivir tanto tiempo. Mi pobre Djali quedó atrás, incapaz de seguirme por según que sitios y aun así buscándome sin descanso, de forma que salí sola de entre las aguas.

Mis ropas estaban empapadas y algo estropeadas por culpa de la sal del mar, pero mi piel brillaba rejuvenecida, al igual que mis ojos cuando los dirigí a la oscura campana que me había guiado hasta allí. A mi alrededor había más gente, unos pocos más humanos, la mayoría con formas retorcidas, pero todos ellos carecían de importancia. Quise extender mi mano y tocar esa campana, imaginando su metal suave y cálido contra mi piel, pero no pude hacerlo. Alguien me dirigió hacia un oscuro agujero circular abierto en el suelo, en mitad de la estancia. Cuando bajé la mirada a la profunda oscuridad que se abría ante mí sentí miedo. Algo iba mal.... algo me decía que debía huir, alejarme.....pero era incapaz de moverme o de apartar mis ojos del abismo negro que se abría frente a mi.
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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Samael el Mar Oct 18, 2011 11:00 pm

Samael había vuelto a casa con las manos vacías. Se había pasado todo el camino de vuelta resoplando malhumorado y maldiciendo porque lo poco que había conseguido no parecían ser más que baratijas inútiles de las que no sacaba ningún partido. Consciente de que su madre sabía lo de su interés por progresar por cuenta propia en el conocimiento y dominio de las malas artes mágicas, su humor empeoraba a cada paso que daba, y que su pueblo, creciente a orillas del pantano amparado por los árboles tupidos y silenciosos, estaba cada vez más cerca.
Ya podía oír a aquella elfa ceñuda riéndose de él. ''Vuelves igual de inútil que la semana pasada.'' le diría. ''Humíllate un poco y permite que sea yo la que te enseñe, en lugar de robar en templos cosas de las que no sabes ni el nombre.''

Abrumado por la hartanza de aquella idea, evitó seguir el camino habitual que le llevaría al pueblo para tomar una ruta alternativa que en realidad le llevaba a rodear todo el pantano. Cruzaría por medio de la senda trazada entre los retorcidos árboles y con un poco de suerte se perdería y no volvería a casa. A decir verdad la idea de perderse allí le resultaba atractiva, pues aquella atmósfera espesa, con el aire enrarecido por la humedad casi opaca que amortiguaba todos los ruidos del exterior, más allá del arrullo quedo de las aguas estancadas. Lo que le molestaba era el ambiente de lo que su madre, de la forma más sarcástica e hiriente que podía, llamaba hogar.

De pronto, sus retorcidas cavilaciones de protesta se esfumaron junto con los vapores que emanaban de la tierra húmeda al pie de las aguas. Las orejas puntiagudas del elfo vibraron y se movieron al captar aquel llamativo sonido. Al principio resonaba en su cabeza como un repiqueteo desagradable, pero a medida que se acercaba se iba convirtiendo en una atractiva canción que surcaba entre las ramas, haciéndolas bailar como si de viento se tratase. No obstante Samael llevó con lentitud la decisión de sus pasos. Con cautela y siguiendo aquel mágico rastro caminó a través de la espesura donde se mezclaban ramas secas y piedras sumergidas hasta llegar a las ruinas.

Trepando por ellas se encaramó a lo más alto y de forma ágil fue columpiándose de roca en roca, persiguiendo el tañido de una campana. Una campana que no había oído desde casa nunca, y que ahora le parecía como una llamada de un mundo paralelo sumergido en sombras.
No tardó en dar con la fuente de aquel sonido. Subido a un pilastre derrumbado se agachó para mantener el equilibrio, apoyando las yemas de los dedos entre sus pies y llevó la otra mano a su costado, cerca de la vaina de la daga en posición de habitual guardia. Su piel cenicienta se confundía con las rocas, y sus ojos albinos y translúcidos vibraban con el reflejo de las aguas metros más abajo. Espectante fijó la vista en la lejanía, en las columnas, tratando de averiguar qué ocurría en aquel lugar.
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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Zyrxog el Miér Oct 19, 2011 5:21 pm

Era de suponerse que la campana no solo atraería a los seres del mar o con alguna afinidad al agua, sino también a curiosos, aquel elfo oscuro como encantado por aquella melodía había sido atraído como las moscas a la miel, desde lo alto de aquel pilar roto miraba como algo de movimiento sucedía a la distancia, lamentablemente, como todo había sido preparado la visita de extraños al culto no era tolerado, la melodía dulce de la campana comenzó a cambiar, imperceptible para cualquiera mas no para el Drow, acaso seria por su oído o por sus orejas, pero aquel delicado sonido comenzó a ser de lo más desagradable, tanto que dejando de lado su daga debió de llevarse las manos a sus oídos, cosa que de nada le sirvió, ya que el sonido parecía resonar en sus huesos, con cada instante que pasaba, cada segundo que avanzaba el dolor se acentuaba mas y mas, hasta que llego a un punto en que el Drow no pudo mantener el equilibrio.

La caída de varios metros solo hizo que el dolor se incrementara, ni siquiera el aterrizar entre aguas fétidas o lodo parecían sacar de su mente aquel dolor, pronto no pudo contenerse y dio un grito, con todas sus fuerzas, como si la vida se le extinguiera desde su garganta, aquel sonido ajeno a el pantano atrajo la atención del culto, rápidamente varios de sus miembros salieron del templo, siguiendo aquellos gritos desesperados y agudos, no tardaron en encontrar al Drow que se retorcía en el lodo, sin dudarlo y sacando de sus ropas dos bastones comenzaron a darle de golpes, literalmente lo estaban apaleando, cuando los sonidos se detuvieron revisaron si estaba vivo o muerto aquel inferior al culto, la alegría se marco en sus rostros cuando se percataron que solo estaba inconsciente, sin mucho tacto lo agarraron de sus piernas y lo arrastraron hacia el templo, un sacrificio mas para el señor.

Dentro del templo los elegidos por su señor estaban al borde de aquel oscuro abismo, cada uno como estatua mirando la oscuridad, tanto la abominación como el monstruo, la sirena como el marino e incluso un curioso que lamentaría haber despertado ese día, el abismo no dejaba ver su fondo, mientras el alto sacerdote se elevaba a un pequeño altar, una diminuta estatua había a su lado, una estatua de un ser repugnante, su cabeza de pulpo y sus largos tentáculos, sus garras que se aferraban a la base de la roca, ese cuerpo abultado que parecía respirar y esas alas de dragón plegadas, el sacerdote saco una daga de oro entre sus ropas, mientras el culto bajaba la cabeza y se arrodillaba, solo existía el sonido del pantano y una respiración … una respiración que provenía desde el abismo.

-Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn-

Comenzó a resonar con voz grave, los acólitos lo repetían una y otra vez al sonido de la campana, aquella campaña que había atraído tanto a elegidos como curiosos, en medio de aquel salmo repetido una y otra vez, dos acólitos entraron, arrastrando el cuerpo del curioso Drow, el alto sacerdote corto el aire con la daga dorado y el silencio se hizo, incluso la campana dejo de sonar y con ello el embrujo que mantenía a todos en aquel trance desapareció lentamente, la conciencia volvía a cada uno de los que estaban ahí, claro que solo había un problema, sus cuerpos no se movían, cada uno sentía que su cuerpo no respondía, simplemente estaban inmóviles, a centímetros de aquel oscuro agujero, los dos acólitos colocaron sobre una pequeña piedra plana a la orilla del abismo al elfo, el cual también comenzaba a despertar y como los demás no podría moverse por una extraña influencia que provenía de la oscuridad.

-Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn-

Nuevamente con un cantico monótono el culto volvió a su ritual, la abominación abrió sus ojos, sus tentáculos se movían violentamente, mientras veía la situación, malditos inferiores que lo mantenían en ese estado, sus ojos inhumanos se posaron en aquella campana negra, al cual había sido el origen de todo, los acólitos lentamente se movían colocándose tras cada uno de los sacrificios, mientras las palabras resonaban una y otra vez contra las paredes y los relieves de esta, la aberración trato de moverse, liberarse de esas ataduras invisibles, mas era imposible, algo muy superior a el controlaba ahora su cuerpo, la abominación sintió y también vio como cada acolito extendía su mano y la colocaba en la espalda del sacrificio, en esos instantes la abominación sacando fuerzas, no solo de la ira, si no del desprecio y la repugnancia que le daban aquellos inferiores seres.

-¡MALDITOS INFERIORES! SUELTENME… NO ME TOQUEN CON SUS DESPRECIABLES MANOS-

Mas todo fue inútil, los acólitos empujaron uno a uno a aquel agujero, el marino primero, el cual había comenzado a llorar por desesperación, el inferior de armadura el cual había profesado palabras de desprecio e ira, junto con de muerte y desmembramiento, el monstruo, el elfo oscuro, la sirena y por último la aberración, aquella caída … era como ser tragado por la oscuridad a medida que caía sentía que sus manos perdían esa fuerza con las que las aprisionaba, pero era muy tarde, no había nada con que sujetarse, solo era caer … caer … hasta que choco … el agua lo cubría completamente y desprendiéndose de aquella sensación de miedo y desesperación intento surgir a la superficie, nadando como podía, salpicando agua en la oscuridad, buscando algo a que aferrarse en la desesperación … cuantos minutos aquella sensación estuvo jamás lo supo, tampoco cuando toco aquella arena y como un patético ser se arrastro en cuatro aptas tosiendo esa asquerosa agua de sus pulmones.

OFF:
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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Moray el Miér Oct 19, 2011 6:33 pm

Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtag
Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtag


Aquél canto seguía resonando es su cabeza junto al sonido de la campana negra. Fueron precisamente estas palabras las que hicieron a Moray despertar de aquél mágico sopor, percatándose de la retorcida trampa en la que había caído junto a todos esos seres. Él era un Profundo joven, por lo que no sabía demasiado sobre el trasfondo de esas palabras, pero las historias de los ancianos estaban muy presentes en su memoria.

“En su morada de R'lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando”

Ese era el significado de los pérfidos y guturales cantos de los cultistas, adoradores de un dios tan antiguo como el tiempo, el mismo que, según contaban las leyendas, había condenado hace miles de años a su pueblo a vivir en las profundidades abisales, reduciéndolos a una simple mancha en el vasto mundo comparado con lo que una vez fueron. La furia crecía dentro de la criatura, haciéndole hervir la sangre. Los demás “invitados” a la ceremonia también parecieron despertar, y algunos optaron por maldecir e insultar a los cultistas, no obstante ninguno parecía poder moverse, como si estuviesen presos de un fuerte hechizo. Moray sufría también este estado, y ni siquiera podía usar su electricidad para resarcirse con el primer hombre que encontrase. No importaba cuánto se revolviera, sus cuerpo no respondía a ninguna de las órdenes que el cerebro enviaba. Lo único que podía hacer era rugir con todas sus fuerzas, con una aterradora ira en su mirada, mostrando sus filas de afilados dientes pero sin poder lanzarse a arrancar la carne de sus captores.

-¡Na Cthulhu krme phash’la grmak! *¡Que Cthulhu se pudra en su morada!*-bramó en su lengua natal, muy semejante a la de los cultistas.

Esto no agradó nada a sus captores, pues le arrojaron sin piedad a la negra inmensidad junto al resto de los capturados. Nada más cruzar el agujero, el influjo de la campana negra desapareció y todos pudieron volver a mover sus cuerpos, aunque en el caso del joven antropomorfo que lloraba fue solo para patalear en el aire y taparse la cabeza con ambos brazos. Moray, por su parte, ocultó su cabeza y su brazo de anguila en su caparazón instintivamente para evitar daños en estas partes más débiles de su cuerpo, aunque después de una caída tan larga sería difícil sobrevivir al golpe incluso con su duro caparazón.

Pero no fue el suelo lo que encontraron más abajo, sino agua. El frío líquido no causó daño alguno a Moray, quien al percatarse de lo favorable de la situación volvió a sacar su cabeza y su brazo y salió a la superficie, apartando la abundante masa de algas cuando su cabeza la rompió. Miró a su alrededor, pero no podía ver nada. Los demás no le importaban en absoluto, aunque podía escuchar un sonido de chapoteo y unas maldiciones, seguramente provenientes del guerrero. Más allá, en lo que sería la orilla, divisó la bioluminiscencia proveniente de unos hongos, y este rasgo le llamó increíblemente la atención. Sin perder el tiempo nadó con gran agilidad hasta allí, encontrando una figura tirada en el suelo, la del ser con tentáculos en su rostro. Moray pasó a su lado sin inmutarse, tomando uno de los hongos entre sus deformes manos. Era un espécimen pequeño, por lo que su luz comenzó a apagarse prácticamente nada más arrancarlo. Arrojó el hongo sin mayor interés y caminó hasta la afilada pared de roca que rodeaba toda la cueva. Pues eso era lo que parecía ese lugar en un primer vistazo: una enorme gruta que bien podría llegar a los 60 metros de altura. El lago subterráneo y lleno de algas al que habían caído ocupaba la zona central y las orillas de arena salpicadas de hongos brillantes se extendían a su alrededor.

La criatura tuvo que apoyarse en la roca, mareado después de haber sido liberado del influjo del hechizo y de haber caído desde tal altura. La experiencia también había sido demasiado fuerte para el pequeño y joven antropomorfo de escamas azuladas, quien se había acurrucado en la orilla junto a una roca rodeada de hongos, alejado de las dos abominaciones y totalmente aterrado. La visión que Moray no pudo soportar fue la de aquél guerrero que salía arrastrándose del agua. Había tenido que despojarse de su pesada armadura para poder salir del lago.

Humanos… odiosos humanos. Todos debían ser eliminados del mundo seco…

No era el momento más adecuado para comenzar una lucha, pero Moray no podía soportar a esa despreciable forma de vida, y estaba demasiado furioso como para dejar pasar la oportunidad de desahogarse. Con pasos algo erráticos debido al mareo, el Profundo se lanzó a embestir al guerrero, cargando electricidad en su cuerpo. El humano no se esperaba eso, pero aún así logró esquivarlo por muy poco, rodando a un lado.

-¡Detente monstruo!-bramó, pero fue en vano.

Moray se lanzó de nuevo contra el humano, sin ninguna intención de detenerse hasta que su sangre bañase la arena. O al menos eso quiso pensar. El cansancio que sufrían ambos les hizo caer al suelo agotados tras apenas un minuto del combate. La espada que el guerrero portaba había caído a su lado, al igual que su escudo metálico.

-¡Espera bestia! ¡No sé qué motivos tienes para atacarme, pero este no es momento para enfrentarnos!-anunció el hombre, poniéndose en pie.- Mi nombre es Gerard de Maine. No sé por qué estamos aquí, pero mi único interés es salir con vida. Y creo que este interés es común, ¿me equivoco?

-¡No escuchar palabras de tú!-exclamó Moray entre su agitada respiración.

No iba a escucharle, pero al menos había desistido en su intento de atacar, por ahora. Al menos hasta que recuperase sus fuerzas…



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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Invitado el Vie Oct 21, 2011 12:41 pm

Casi podía sentir sobre mi piel la sensación de sábanas cálidas y suaves, un lecho compartido, la mirada amorosa de un compañero clavada en mi piel allí donde luego irían sus manos.

Suspiré. Sabía que estaba sonriendo y no dejaba de imaginar como sería esa sensación de cariño constante. Y aun así, un amargo sentimiento se coló por entre mis fantasias junto a una pregunta. ¿Y si lo perdía? ¿Y si a causa de los estragos del tiempo, esa pareja que por ahora era ficticia me abandonaba? La amargura tiñó mi ser y miré alrededor, sintiendome aletargada pero pudiendo por fin apartar mis ojos de la oscuridad del abismo.

La campana... su canto se había apagado y me había dejado fría y sola de nuevo. Cerca de mi, todos alrededor del mismo hueco en el suelo, había varios seres en los que no había reparado hasta entonces.

Primero me fijé en aquel que poseía un cuerpo alargado y una cabeza de pulpo. Sus babosos tentáculos se agitaban y su sola visión me produjo una mueca de asco. El que estaba a su lado tampoco era demasiado agradable de mirar. Practicamente una bestia, como si un humano se hubiera fusionado con un fondo marino de coral, una de sus manos era amorfa y semejante a un tentáculo, y su cabeza me recordaba a una morena marina, asomándose con las fauces abiertas desde el interior de su cueva.

Junto al monstruo había un niño llorón y asustadizo y junto a el.... Oh, Diosa! Era mi fantasía hecha realidad! Armadura brillante, cabello largo y liso, barba recortada, porte de caballero. Un humano, en definitiva, bastante apuesto y que, estaba segura, estaría en muy buena forma bajo esa armadura.

Sin embargo pronto aparté mi atención de el. Unos extraños deformes y encapuchados trajeron a rastras a otro y lo colocaron frente al abismo, al igual que nosotros. Se trataba de un drow, un elfo, y su cabello largo blanquecino a juego con su piel negra cual obsidiana me parecieron más atractivas que el humano que examinara con anterioridad.

Los encapuchados deformes trataban con crueldad al elfo y traté de intervenir. Entonces exalé un respingo. ¡No odía moverme! Ni mis piernas ni mis brazos me respondían y apenas podía mover la cabeza.

-Que....¿que está pasando?- pregunté con voz temblorosa, vulnerable.- Por la Diosa, dejadme ir.

Vi como detras de cada uno de los presentes se colocaba uno de esos deformados, incluso sentí al que se colocaba a mi espalda. ¿Qué estaba pasando?

-Por piedad...- susurré girando la cabeza intentando mirar su feo rostro- Dejadme ir...

Ese bastardo acercó sus asquerosas manos a mi cuerpo... ¡y me empujó! Lancé un grito y agité mis brazos tratando de agarrarme a algo. Me sabía incapaz de frenar mi caída y me rendí a ella, dejando de gritar incluso antes de llegar al fondo. Tal vez era lo mejor. Tal vez el canto de la campana me había mostrado lo que jamas tendría. Tal vez la razón por la que ahora iba a morir era para ahorrarme el sufrimiento de perderlo.

Me quedé aturdida unos segundos cuando al caer me zambullí en agua fría en lugar de estamparme contra el suelo. Parpadeé y poco a poco empecé a moverme, nadando con gracilidad y regresando a la superficie. El lugar estaba oscuro, demasiado. No podía ver nada pero si que escuchaba el chapoteo de aquellos que habían sido lanzados conmigo.

Recordé al monstruo-morena y al de la cara de pulpo e hice un sonido de asco. Si alguno de ellos me tocaba en el agua le vomitaría encima. De pronto algo brilló en la oscuridad. El cuerpo del monstruo-morena se había iluminado de forma extraña y pude ver como atacaba al caballero humano. Corrían sobre tierra, así que me dirigí hacia ellos para escapar de esa asquerosa agua turbia. El monstruo parecía dispuesto a matar al humano... ¿Qué haría despues? ¿Me atacaría a mi?

En cuanto pisé la tierra arenosa me dejé caer en ella, sentada de medio lado. Tomé una larga bocanada de aire y extendí mi canto por la oscura gruta. Las paredes de roca y el agua estancada sirvieron para darle aun más embrujo a mi canto de sirena, el cual dirigí hacia aquellos que luchaban. Tenía que parar la batalla como fuera y tras unos momentos usando mi don, y una vez me aseguré de que no escuchaba más sonido de pelea, detuve mi canto.

-¿Podemos mantener la calma y tratar de averiguar porque nos han lanzado aquí antes de matarnos entre nosotros?
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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Zyrxog el Lun Oct 24, 2011 2:12 pm

Nadie había permanecido inmóvil en esos momentos, tanto el humano como la bestia habían comenzado a luchar, no era de extrañarse, los humanos eran de especial agrado a Moray … aunque claro que era cuando su carne era desgarrada por sus fauces, el combate tan singular se llevo en una penumbra malsana, pero aquellos dos seres no eran los únicos en ese lugar,, otro salió de las aguas, tosiendo la que tenía en los pulmones, era un elfo oscuro, ni más ni menos … el muchacho estaba en la orilla , tenía miedo … quizás demasiado, y ahora en el lugar donde se encontraban eso significaba ser alimento no solo para sus enemigos … sino también para alguno de sus aliados, la sirena … bendita sirena que con su canto desgarro el bello silencio … mas … la música no siempre es buena, y después de tanto tiempo en paz aquel lugar podía despertar con su voz … por ultimo estaba la abominación, había guardado silencio, mas esa compañía le resultaba demasiado desagradable, al punto de que se contenía para no ver sus patéticas y miserables existencias consumidas hasta las cenizas …

La cueva se extendía hasta donde la vista podía llegar, mas allá eran nieblas oscuras, nieblas que poseían lo innombrable, lo desconocido…. Quizás un paraíso de gemas y oro, tal vez un reino perdido antaño o tal vez simplemente las bestias esperando el alimento que los cultistas le proporcionaban … sus palabras no las había entendido … aquel lenguaje gutural … había sido el mismo que aquel monstruo había pronunciado, la abominación camino en silencio hacia ambos … tanto el humano como aquella criatura, mas antes de poder estirar su mano para obtener preguntas, la voz del humano fue escuchada tenía algo de razón, mas era un ser inferior algo patético …

-Inferior *mirando al caballero* estamos aquí por aquellos que nos arrojaron … de seguro quieren alimentar a algo con nuestros cuerpos … pero tienes razón muy a mi pesar … salir con vida es nuestro principal objetivo, no me importa si ustedes buscaran su salida o me acompañaran … me importa un ápice … pero no se metan en mi camino o terminaran sus días en esta cueva *su mirada se dirigió hacia la criatura* y tu monstruo … di lo que sepas de esto … te vi hablarles a los inferiores antes de que nos arrojaran … habla –

El muchacho se había quedado en la orilla, mirando hacia arriba, lentamente el agujero comenzó a hacerse más pequeño, y con mirada de miedo pudo comprobar que los cultistas cerraban la entrada de ese abismo con algo, en su interior sabía que estaba muerto, sabía que no volvería a ver a su familia … era joven, quería enamorarse, quería vivir mucho tiempo, llegar a viejo … varias lagrimas cayeron desde su ojos, en ese instante lo vio, era hermoso, era diferente y tan llamativo, desde el agua había surgido una preciosa esfera dorada, era como si estuviera para confortar al muchacho, el chico estiro sus manos, tratándola de atrapar, pero esta escapaba de sus manos como s danzara, como si quisiera jugar, el muchacho sonrió y se rio … cosa que atrajo la mirada de algunos, en aquel momento la expresión del humano cambio de la cansada hasta la del horror, la abominación retrocedió un paso por el asombro, mientras que la sirena solo se llevaba las manos a la boca para no gritar.

-Que hermosa eres…-

Pronuncio el muchacho, pero aquella luz … aquella dorada luz no dejaba que viera lo demás, sobre la luz un largo apéndice la sujetaba, un apéndice que salía desde un cráneo, un cráneo lleno de colmillos y ojos tan oscuros como las fosas abisales, era una serpiente ... una serpiente abisal, la criatura abrió sus fauces, tan grandes como para tragarse a un hombre completo, la luz seguía moviéndose, mientras el muchacho estaba embelesado con esta, aquella criatura había esperado durante tanto tiempo alimento, se le veía famélica, había sido la canción … si la canción de la sirena quien la había despertado, ahora tenía hambre, y aquellos deliciosos aperitivos, se veían suculentos … la luz se apaga y le muchacho miro cara a colmillos a aquella monstruosidad, pero ya era muy tarde, la criatura se lanzo hacia el muchacho atrapándolo en su boca, y “tragándolo”, la luz volvió a prender, mientras la criatura lentamente salía del agua hacia los demás … el agua mojo la oscura arena, mientras la masa presionaba esta, que tan grande era no se podía saber … solo se sabía que tenía hambre, la abominación estiro su brazo, no morirá en ese lugar … ya había pasado por demasiado para dejarse tragar por un ser sobre desarrollado, el caballero saco su espada, produciendo aquel sonido inconfundible del acero saliendo de su vaina … la monstruosidad retrocedió unos pasos, mirando a quien tenía un rostro similar, los tentáculos de la aberración se movieron algo, pero antes de que su conjuro pudiera ser pronunciado sucedió … un grito de dolor salió de la garganta de la serpiente, mientras comenzaba a toser como lo aria un animal, como si intentara sacar algo de su garganta, la criatura se retorcía e intentaba desesperadamente botar aquello … al final lo logro, junto con algo de sangre de su interior, un bulto salió disparado desde su garganta para aterrizar cerca de la sirena, era el muchacho que ahora parecía un erizo, varias docenas de púas salían de su espalda y pecho, mientras este temblaba aun con vida.

La serpiente estaba molesta, no solo había perdido su alimento, si no que estaba herida, nuevamente se lanzo contra la criatura, el conjuro de la abominación ahora tubo efecto, quizás una fortuna, aunque no precisamente para el nigromante, el cuerpo del monstruo era demasiado grande y el conjuro requería demasiada esencia de su cuerpo, como si fuera una esponja, aquella magia paso de ser una fuente a ser no más que una simple gota que caía, pero resulto, la criatura como si fuera quemada al rojo vivo comenzó a retorcerse, golpeando las paredes de la cueva, entre tantos golpes una luz surgió, un pasaje … lleno de aquellos mismos hongos luminosos … ahora podían decidir, si tomar aquel nuevo camino o luchar contra aquella monstruosidad.




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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Moray el Lun Oct 24, 2011 4:37 pm

Fue la canción.

Aquella canción que de pronto inundó cada rincón de la cueva entró en la cabeza de Moray, haciéndole desistir de un nuevo ataque, tranquilizándole a medida que avanzaba la bella melodía. Sus ojos de hielo buscaron la fuente, topándose con la mujer merrow. El sonido de su voz le hacía sentir como si estuviera de nuevo en el océano, rodeado solo por las suaves corrientes. Respirando ahora más calmado, se incorporó y recogió su cuello en su caparazón, dejando solo unos centímetros al descubierto, mostrando ahora una actitud menos agresiva y más defensiva. Puede que no escuchase las palabras del humano, pero la merrow era una criatura del mar, al igual que él. Solo por eso merecía algo de su respeto.

-¿Merrow no sabe?-preguntó sibilino.- ¿No conocer historias del mundo azul?

La criatura con tentáculos en su rostro tomó la palabra y mostró su conformidad con las palabras del humano. Era cierto que mientras se mantuviesen juntos tendrían alguna oportunidad de salir de allí con vida, pero la sola idea de colaborar con un humano le repugnaba. Podía soportar a la merrow, al antropomorfo llorón, al pulpo e incluso al elfo… pero no a la escoria humana. No iba a rebajarse a eso.

El ser con tentáculos le ordenó que contase lo que sabía, y esto le hizo producir un rugido siseante, dirigiéndole una mirada heladora. En todo caso, ese ser había llamado a los humanos “inferiores”, lo cual agradó a sus oídos. Al parecer no era el único al que le desagradaban esas asquerosas criaturas.

-Moray sabe.-dijo con un aterrador tono de voz arrastrado.- Historia larga, no contar.-explicó.- Historia sobre dioses antiguos, sobre ciudad sumergida, sobre sacrificios y engendros, sobre tratos con seres del mundo azul.-resumió, dirigiendo a continuación una mirada al humano y al elfo.- El Abismo devorar a los no dignos. Devorar a los seres del mundo seco…-miró ahora a la merrow.- Y a los que no someterse a su voluntad.-devolvió su atención al ser de los tentáculos.- Moray odiar dioses antiguos del mundo azul. Dioses envidiosos y mentirosos. Destruir hogar, condenar Profundos.-enroscó su tentáculo, que desprendía ligeros chispazos de electricidad, mostrando la furia de la criatura.- Moray arrancará corazón de dioses antiguos. Irá con grupo. Pero también matará humano.

El guerrero, aludido, asintió.

-Cuando salgamos de aquí, criatura, te prometo que tendremos un duelo digno.

-No. Humano no salir de aquí con vida.-respondió amenazadoramente.

Debido a la conversación, ninguno se dio cuenta de lo que hacía el joven antropomorfo hasta que su repentina risa les hizo girarse casi instintivamente hacia él. Un orbe de luz flotaba en el aire, produciendo una luz dorada y brillante ciertamente bella… pero Moray conocía ese truco demasiado bien como para caer en él.

El muchacho fue devorado por aquella enorme serpiente marina, que salió arrastrándose del lago y se enfrentó a ellos, hambrienta. El guerrero desenvainó su espada, el pulpo alzó su mano. Ambos estaban dispuestos a enfrentarse a ella, pero Moray sabía que aquél ser no debía ser subestimado. Era una criatura de los antiguos dioses y, además, el guardián de la entrada al Abismo, atraído por la dulce voz de la merrow.

Cuando parecía que iba a lanzarse sobre ellos, la serpiente se contrajo con dolor, regurgitando al chico antropomorfo que había demostrado tener una útil habilidad defensiva. No era un guerrero, era débil, pero si había logrado salir con vida después de que el monstruo se lo tragase era alguien a quien debería tener en cuenta. Ahora que conocía su habilidad, Moray tendría cuidado con él. Decidió mantenerse atrás, esperando a ver las demás habilidades de sus “compañeros” y así poder evaluar el peligro que podrían representar para él. Evaluándolos. Como un cazador precavido acechando a su presa.

Y gracias a esto, consiguió algo más de información sobre ellos. El humano parecía un simple guerrero, sin ningún poder mágico, versado en el combate con espada y cuerpo a cuerpo. La abominación de los tentáculos parecía ser el más peligroso, pues reveló disponer de conocimientos de la magia negra, una magia que Moray conocía muy bien al haber sido el siervo de un nigromante durante tantos años. El hechizo hizo que la serpiente se retorciera con violenta, chillando de dolor y golpeando todo lo que se topaba en su camino. Una de las paredes reveló un pasaje iluminado por los hongos al desmoronarse su fina capa de roca.

Moray solo pensaba por sí mismo, los demás no le preocupaban. Si decidían quedarse a luchar con la bestia, que así fuera, pero él no se arriesgaría a morir entre esas fauces furiosas. Menos aún cuando aquél hechizo de artes oscuras se disipó de su cuerpo a los pocos segundos, pues era demasiado grande como para ser afectado de gravedad por algo así. No, no podía perder el tiempo y esperar a morir. Ni siquiera sus descargas causarían más que un leve dolor a la bestia.

El joven antropomorfo pareció pensar igual y, al ver que Moray corría hasta el pasaje, no dudó en seguirle. El chico podría ser útil, así que permitió que le acompañara. Quién sabe cuándo podría ser de utilidad esa habilidad suya.

-¡Corred!

El grito fue del humano, quien poco podía hacer contra tal criatura. Aún así, se colocó frente a la merrow para protegerla de cualquier ataque.

-¡Rápido, por el pasaje! ¡Corre!



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Re: Colmillos en el Abismo

Mensaje por Zyrxog el Sáb Oct 29, 2011 8:56 pm

La idiotez de los inferiores puede llevar a ser aterradora, con cada movimiento de sus cuerpos están al límite de perder sus vidas … quien sabe que dios idiota los mantiene con vida o porque razón aun no se vuelve un desierto sin fin aquella tierra inútil … pero si sucedería algo … de todos los que habían sido lanzados a las profundidades de ese abismo, no todos saldrían y quienes lo lograran … quizás no saldrían de la misma forma en que habían despertado esa mañana … que le depararía a esos seres, algunos inocentes, otros crueles, algunos honorables y otros inhumanos … ¿el caballero perdería su honor?¿la sirena su belleza?¿el joven su vía?¿la abominación su magia?¿el oscuro elfo sus anhelos? O ¿la bestia sus ansias de consumir la vida? … quien sabría… solo aquel que mora en los abismos, donde el agua no se mueve ni se enturbia, donde los huesos son triturados para alimentar a las voraces bocas de la oscuridad.

La serpiente se movía con violencia, claro que con semejante masa y cuerpo aquel conjuro no duraría mucho tiempo y como si la arena del reloj de arena se hubiera agotado la serpiente miro al grupo que ahora corría hacia la abertura que se había mostrado, el nigromante estaba cansado, aquel esfuerzo había consumido casi toda su magia, cosa que jamás hubiera asado en otras condiciones, pero ahora estaba fatigado, pronto sintió unas manos que lo tomaban desde uno de sus costados y lo levantaban, la abominación miro a quien lo estaba agarrando, el rostro del humano fue lo único que encontró, sus tentáculos se movieron con molestia e intento zafarse profesando palabras de desprecio contra aquel miserable ser.

-Suéltame maldito inferior… no me toques con tus asquerosas manos-

Lamentablemente el caballero hizo omiso de las palabras del cefalópodo, el muchacho corría como podía ya que ser tragado no era algo fácil de superar, la hembra salió corriendo igualmente junto con la bestia, cada uno de ellos pudo ponerse a salvo o por lo menos era lo que había parecido, pronto un grito se hizo más que audible, el grupo se giro para encontrarse con la hembra, la serpiente era demasiado grande para pasar por el pequeño agujero y había usado su larga lengua para atrapar a la más lenta de sus presas, en ese momento había sido la hembra, la lengua se enrollo alrededor de su cuerpo, una lengua aun mas áspera que la de los gatos y con varias afiladas púas de pequeño tamaño, la mujer se aferro de lo que tenía cerca para no ser tragada, sin mucho cuidado el caballero dejo caer al nigromante para salir al rescate de la mujer, el muchacho hizo lo mismo, la criatura tiraba y tiraba, lastimando la delicada piel de la hembra, viendo que era inútil aquel forcejeo el caballero desenvaino su espada y comenzó a darle golpes a la lengua, como si intentara cortar un trozo de carne muy duro, por fin lo pudo lograr, dejando a la serpiente gimiendo de dolor al perder parte de su lengua, el resto cayo sin vida alrededor de la hembra, la cual ahora estaba con sus ropas hechas girones y cubierta de una asquerosa baba, las pequeñas heridas en su piel pronto comenzaron a picar, de una forma desesperante, e inevitablemente comenzaría a rascarse, lastimándose al abrir las propias heridas.

El grupo se mantuvo en ese lugar, por un lado porque la hembra era muy lenta en el estado en que estaba, y por otro por que la abominación debía de recuperar fuerzas, esto no gusto a Moray el cual sentía desprecio por la mayoría de los presentes, pero quizás por fortuna el grupo comenzó a avanzar, el túnel seguía y seguía cientos de metros, hundiéndose cada vez más en la tierra, las paredes estaban cubiertos por aquellos diminutos hongos, la hembra era llevada por el caballero, mientras el mocoso solo caminaba en silencio, con sus brazos protegiéndose, el túnel pronto comenzó a ensancharse, los hongos a crecer rápidamente hasta que el grupo se encontró con un campo inmenso, el techo tendría fácil unos veinte metros de altura, mientras que los hongos parecían verdaderos arboles, aquel lugar parecía un mundo totalmente diferente, ni los enanos podrían creer que algo así pudiera existir, el agua e filtraba por el techo, con su incesante gotear, era hora de encontrar alguna salida, a medida que caminaban algunas rocas parecían extrañas, con cortes totalmente antinaturales o ángulos que eran imposibles, habrían avanzado un poco en ese bosque de fungus cuando escucharon algo, el sonido se acercaba cada vez más rápido a ellos, parecían como si un caballo se les acercara, en ese instante se escucho, era el mismo sonido de un gruñido pero surgía desde sus cabezas, rápidamente se colocaron en guardia, en ese mismo instante surgía desde sobre uno de los grandes orcos un escarabajo … o era un insecto … realmente era algo imposible de describir, era una mescla extraña, pero si se podía decir algo con ciencia cierta … tenía hambre y había visto a esos seres como su alimento.




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