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La Isla de los Malditos

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La Isla de los Malditos

Mensaje por Franz Krieger el Dom Oct 23, 2011 3:11 pm


El alba palidecía conforme descendía en su trayectoria y se escondía en el horizonte, allá donde las miradas se perdían y los pensamientos subjetivos florecían en las cabezas de cualquiera.
Pero aún, unos pocos rayos del tenue Sol iluminaba el puerto de Phonterek, con todo su ajetreo antes de acabar la jornada: Trabajadores llevando las últimas cajas de víveres a los almacenes, los marineros y borrachos yendo a las tabernas y luego, la gente como Jack, que miraba el atardecer con una mirada perdida en sollozos del pasado, recordando cosas que se intentaban olvidar o por el contrario, aquello que nunca querrías.
Y antes de querer darse cuenta, la luna ya se alzaba en lo alto del cielo, iluminando pálidamente todo Phonterek que ahora disfrutaba de una relativa tranquilidad nocturna, apenas se oía el rumor de las olas impactar contra las paredes rocosas, y el júbilo lejano de alguna que otra taberna. Jack esbozó media sonrisa y empezó a andar por las calles de Phonterek, la taberna; “La princesa salvaje”, no quedaba muy lejos de allí, y era ciertamente su destino. Ésta taberna estaba situada entre dos almacenes de pescado y carne ahumada., por eso sus clientes podían gritar cuanto quisiera que nadie en unos dos cientos metros a la redonde les oiría, y por eso era el bar preferido por camorristas y borrachos pretendientes a cantar canciones a pleno volumen.
Normalmente en esa taberna se reunían buenos guerreros, lo suficientemente rudos o habilidosos en la batalla para llegar a ser útil. Después de que Titus le encomendara aquella misión, habían acordado colgar cientos de carteles en los que pusiera:

Todo aquel dispuesto a ganar una cuantiosa suma de dinero, reúnase en la taberna “La princesa salvaje”, para evaluar sus dotes y darle mayor información si se considera óptimo. Se requieren guerreros o al menos gente rápida con las manos. Abstengasen niños y mujeres.

Atentamente Titus Cerro, capitán de la guardia en Phonterek.

Obviamente el cartel lo escribió Titus. Titus no era un mal tipo, era alguien con un gran corazón, hábil con la espada pero algo tonto. Era prepotente pero aún así se sacrifícaria por cada uno de sus hombres. Era un tipo curioso y un gran amigo de Jack. Los carteles se colgaron toda la ciudad, en cada rincón, incluso el más insospechado. La princesa salvaje tenía una guarnición de doce hombres vigilandola, dispuestos a ayudar a Jack a evaluar a los candidatos. En la puerta, dos guardias. Una vez entrabas y veías todo el salón principal de la taberna, dos guardias en cada pared. Los otros dos que quedaban estaban junto a su capitán Titus, sentados en una de las mesas y bebiendo una jarra de pinta.


La taberna presentaba un aspecto rústico y muy acogedor. Aunque en el panorama actual no hubiese más que dos clientes sentados en la barra, que además, eran los más habituales.
Cuando Jack entró a la taberna, Titus le dió la bienvenida y ordenó al tabernero que le sirviera una pinta. Jack no pudó resistirse y se sentó en la mesa del Capitán.
Bebieron y charlaron sobre Eruanne mientras poco a poco, los candidatos iban llegando a la taberna: Primero fue un niño portando una armadura que le iba gigante, Titus ordenó a uno de sus hombres que lo llevasen a su casa.
Después fue un una adolescente con un tirachinas, Titus ordenó a otro de su hombres que la acompañasen a su casa. Y luego llegó “El capitán salami”, un curioso hombre encurtido en una malla de color rojo y azul y con capa celeste que claramente decía; “Repartiré salami hasta el fin del mundo, MUA-HA-HA”. Obviamente le rechazaron, pero se quedó tomando una pinta junto a Robb y Tom, los clientes en la barra.

Pero entonces empezaron a llegar los candidatos interesantes...
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Re: La Isla de los Malditos

Mensaje por Shuma Gorath el Dom Oct 23, 2011 11:43 pm

La belleza esta en el ojo que lo mire, quizás esa frase podría quedar perfecto en aquel amasijo de tentáculos y un gran ojo, aunque claro… eso no existe realmente, quien podría encontrar bello a aquel ser, a aquella monstruosidad que se ocultaba bajo las ropas de un hombre, es verdad … el no tenía la culpa de ser como era, tampoco la forma en que se comportaba, era alguien no algo, tenia personalidad y a la vez tenia ideales, diferente a los de todos, pero ideales al fin de todo, aunque claro … aquello también tenía ideales … aquello también tenía sueños … sueños de sangre y muerte … de huesos y cadáveres … pero aquello no tenia cuerpo, solo era una sombra, un recuerdo viviente que como voz taladraba aquel cerebro del monstruo.

El día había empezado como cualquier otro, el sol había salido e iluminaba la ciudad … la figura se ocultaba entre los pasajes, entre pequeñas callejuelas, lejos de la vista de curiosos y guardias, por que se ocultaba … no había hecho nada malo … no había asesinado a nadie, no robaba ni destruía … pero aun así … si su figura saliera a la luz del sol, intentarían matarlo, si … matarlo … como era posible que muchos seres, tanto orcos como antropomorfos, monstruos que caminaban como hombres fueran aceptados en ese lugar … como era posible que seres que solo buscaban su beneficio fueran tratados como iguales y el … fuera considerado una abominación … pronto una voz apareció en el pasaje … en aquella calle oscura, la figura no proyectaba sombra, no existía y aun así estaba frente a él, sus tentáculos colgando de su rostro, su frente gris y carente de cabello, sus garras largas y delgadas, con aquella túnica de cuero manchada de negro por la sangre seca, la abominación miraba con desprecio a la figura encapuchada, la miraba con desagrado e ira.

-¡¡¡VASTAGO IDIOTA!!! Como puedes estar aquí… ocultándote de aquellos patéticos inferiores… ¿acaso no te llaman monstruo? … ¿acaso no te intentan matar? … mátalos a todos de una vez y líbrate de sus miserables vidas… cadáveres… cadáveres sería mejor que fueran…-

Mas Shuma se negaba … podría ser fácil escuchar a ese ser, aquella memoria que no era suya si no que fluía por sus venas como la sangre que era, no … el no escucharía a esa voz … no mataría sin razón, Shuma no era un monstruo, mientras trataba de ver por donde poder salir a un lugar más calmado vio un extraño papel en el suelo, desde bajo de aquella túnica un largo tentáculo se estiro, tomando el papel y llevándolo hasta su pecho, entre sus ropas un pequeño destello se vio, mientras un ojo leía lo que decía aquel papel … él no era un niño, no era una mujer … ni siquiera era un hombre … tampoco necesitaba dinero … tenía sus monedas, pero si le interesaba salir de ese lugar, en silencio su cuerpo se movió con rapidez por las callejuelas, hasta desaparecer entre algún lugar derrumbado … y ahí espero, espero que el sol cayera muriera, cuando los últimos destellos de luz desaparecían, una figura extraña salió de las ruinas de una bodega, el camino hasta la taberna no fue largo en lo absoluto y era la única luz en ese lugar, los guardias hacían la patrulla y el en silencio tomo la mejor apariencia que podía, uno de sus tentáculos levanto la capucha, mientras que otros dos formaban los brazos, si no fuera porque el pecho era demasiado grande podría pasar por alguien “normal” pero no era así, los guardias pasaron por su lado mientras el caminaba, pronto vio algo extraño, dos guardias sacaban a dos personas, un muchacho que era casi un niño y una mujer, al parecer habían querido ir … pero el cartel decía que no.

Al final era mejor entrar, la puerta estaba abierta, ahí habían dos personas, junto con varios guardias mas, el silencio se hizo junto con su entrada, los segundos pasaban, Shuma no se movía, al parecer no era su fuerte conversar, pero uno de los hombres le grito que mostrara lo que supiera hacer, Shuma pensó unos instantes, si se mostraba lo más seguro es que pensaran que fuera un monstruo y lo intentaran matar, pero quizás si solo mostraba algo podría de ser de utilidad, Shuma levanto uno de sus “brazos” y como si fuera un látigo lo movió, su tentáculo se estiro varios metros, hasta donde estaba el hombre, con aquel movimiento la jarra que tenia le fue arrebatada de las manos, mientras el tentáculo se recogía y quedaba de su tamaño natural, la jarra estaba en “manos” de Shuma, con tranquilidad lo dejo en una mesa cercana, quizás aquello no sería suficiente … con el mismo movimiento el tentáculo de Shuma salió extendiéndose hasta el candelabro, elevándose un metro sobre el piso para dejarse caer en silencio, aquello seria todo …

-Eso es lo que Shuma saber ha-cer … shuma gustar ayu-dar.






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Re: La Isla de los Malditos

Mensaje por D. Monh el Jue Nov 03, 2011 1:41 pm

Mitos, historias y leyendas circulan diariamente por el mundo. Un mercader escucha a un borracho inventándose una historia, y luego viaja a las islas, y se la cuenta al desafortunado cliente que compra baratijas, éste no escucha bien, así que inventa algo más para llenar los vacíos, mientras se la cuenta a otro borracho en una cantina. Al final, llega a los oídos de los niños, quienes preguntan frenéticamente a sus padres, temiendo que la historia sea real y llegue por ellos el monstruo que extinguió a los demás pueblos.

Y ahí, es cuando Dhae hace acto de presencia. Es uno de estos casuales padres quien se acerca hasta él y, viéndolo como un sacerdote, como una persona de confianza, le cuenta los temores que tiene su hijo, y asegura que fue la persona más honesta quien le contó aquello.
-¡Se lo juro! Y mi niño no puede estar tranquilo, está aterrado… ¡Todos en la ciudad estamos aterrorizados!
-¿Y se lo vienes a contar a un completo desconocido, hijo?
-Sí… Usted… está vestido como un sacerdote… Creí que podría…
-¿Sacerdote…? Sí... Algo así –suspira.

Se lo reconozcan o no, sigue andando el camino que su señor le marca; y quizás esas historias son las palabras de su Dios, que corren entre la gente hasta llegar con él. Hasta hacerle saber de los males que azotan el mundo. Quizás esa es la manera en que su Dios actúa.
-Dime ¿de dónde viene esa historia?
-De los archipiélagos… ¿Irá? Tengo… conozco a alguien que tiene un navío. Es un mercante, planea viajar a Phonterek esta misma noche… Llegará mañana al amanecer.
-Me voy con ellos entonces.

Detrás de esa pinta de desinterés y fingido enojo, estaba contento de que las palabras del señor aún llegaran a sus oídos, y de que pudiese ser elegido para llevar a cabo los planes de su Dios; otro sentimiento sería si, tras escoger ese camino, las palabras divinas lo hubieran abandonado y dejado a su suerte.
Con la Akuma cargando a su espalda, el morral con su libro santo a la cadera y la cantimplora pendiendo de la mano, siguió a aquel hombre que le agradecía por acudir en ayuda de los necesitados.


Partieron según lo prometido, antes de que la luna incluso cayese, y entre mercantes, borrachos y fornidos estibadores, tuvo que viajar por horas; despierto ante los temores de lo que acecha en las oscuras noches. Y rezando por la salvación de las personas, porque aquella historia que le habían contado no fuese tan terrible como sonaba.
No habló para nada en el camino, aunque los marineros pasaban por su costado, hablándole o mirándole, él se quedaba totalmente quieto. Sólo rezando, con Akuma frente a sí, como si le rezase a ella, aunque la verdad fuera muy diferente. Rezaba para purificarla, para que el espíritu de aquel demonio encerrado en la espada quedase tranquilo por fin y abandonara aquella espada. Rezaba por eso, como cada noche.

Al amanecer, dejó de rezar y esperó la llegada a puerto; escuchó las historias que los marineros se contaban entre ellos, monstruos, pesares y lamentos. Tanto en tierra como en pleno mar, las tinieblas acechaban a todos los seres creados. Se lamentó porque hubieran tantos males, y aún así no bajó la cabeza dejando su camino. Al contrario, estaba más dispuesto que nunca a seguir ese andar y poder ofrecer ayuda a las personas que se encontraran malheridas.

Antes de tocar tierra dibujó tres veces, frente a sí, una cruz divina y recitó por fin en voz alta:
-Beatus vir, qui non abiit in consilio impiorum et in via peccatorum non stetit et in conventu derisorum non sedit, sed in lege Domini voluntas eius, et in lege eius meditatur die ac nocte.**
Los hombres quedaron callados ante las palabras que no entendieron, y asintieron aunque no sabían lo que escucharon; pero sentían una ligereza en el corazón.
-Que nuestro Creador acompañe sus pasos y los proteja.

Abandonó el barco y empezó a rondar por la ciudad, topándose inmediatamente con un cartel firmado por la guardia de la ciudad. Hablaba de dinero y de evaluar las habilidades… Ninguna de las dos era interesante para él, mas que la guardia buscara “ayudantes” le pareció digno de ir a mirarlo.
Preguntando y entre señales y agradecimientos, logró llegar a la taberna dicha, y al pasar la puerta y verla medio vacía, con tres borrachos al fondo, un puñado de soldados, y un encapuchado, se asomó más por curiosidad que por instinto.
-Alguien aquí se hace llamar… -bajó la mirada al papel que reposaba aún en sus manos- ¿Capitán Cerro? Quiero ofrecerme como voluntario a ayudarles.

Se acercó a la barra, alzó su cantimplora y la pasó al tabernero.
-Sólo llénala de agua y, si tu voluntad te alcanza, agradecería un poco de sal.

El tabernero quedó mirandolo con desprecio, y uno de los guardas que estaban allí presentes se giró a examinarlo de pies a cabeza y soltó:
-Demuéstranos qué sabes hacer...
-No puedo demostrar nada ahora mismo. Soy un ciervo del señor, y he escuchado historias terroríficas por estos lares. Yo soy la voz del Creador, y por mis labios resuenan sus palabras. Si se van a enfrentar a algo de las tinieblas, participaré así me acepten o no... Y por cierto, no quiero la paga.

Cuando la cantimplora estuvo llena de agua y el tabernero le trajo granos de sal en un plato, Dhaere los dispuso frente de sí en la barra, sin escuchar o bien ignorándo al caballero que le había pedido una demostración.
Dispuso frente de sí también el Albonomicón y lo abrió en una página aleatoria, pero justamente la que estaba buscando.
-Pater sancte, oculos super nos redemit Filii tui renatus fuerit ex aqua
et spiritu sancto in fonte baptismi, et praesta, quaesumus,
ut omnes qui recipiunt illa aspersio aquae in corpore est,
renovatur et serviant tibi et anima mundi vita.
Hoc admoneo aqua baptismi nos in Christo, liberati sumus per mortem et resurrectionem. Amen.***

Los signos de la cantimplora brillaron con una luz pulcra y los granos de sal parecían tan transparentes como el cristal. Unió la sal con el agua y tapó la cantimplora.


____________________________

** Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.

El libro de los Salmos, Cap 1 Versículo 1 y 2.

***
Padre Santo, dirige tu mirada sobre nosotros que, redimidos por tu Hijo, hemos nacido de nuevo del agua y del Espíritu Santo en la fuente bautismal; concédenos, te pedimos, que todos los que reciban la aspersión de esta agua queden renovados en el cuerpo y en el alma y te sirvan con limpieza de vida. Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección. Amén.

Usó la habilidad "Bendecir el agua" :3
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Re: La Isla de los Malditos

Mensaje por Franz Krieger el Vie Nov 04, 2011 6:09 pm

Y entonces, entre las carcajadas de uno y de otro se abrió la puerta. Y entró un encapuchado bastante curioso, a la luz de la hoguera no se distinguía más que el color de su túnica andrajosa. Haciendo gala de sus "habilidades" hizo que algunos de los guardias desenfundaran sus espadas y apuntasen con su filo a aquel engrendro, vástago de calaña y despojos a ojos de cualquiera. Titus estaba a punto de ordenar su ejecución, pero Jack se puso en pie y dió un fuerte puñetazo en la mesa, haciendo que la jarra con hidromiel se volcase.

- ¡Envainad vuestras espadas! - Jack alzó la voz, los hombres vacilaron y dudaron en hacerle caso, hasta que Titus confirmó la orden con un simple aspaviento.
- Eres bien recibido aquí, Shuma - Indicó Jack, ofreciéndole una silla a aquel monstruo. Le interesaba en desmedida, era un tío o tía, o cosa. Pero al menos era muy curioso y le interesaba saber de donde había salido.

Y luego entró otro tío, uno más común que al anterior, a menos aparentemente. Parecía rondar los cincuenta y sus primeras palabras fueron sencillas, preguntó sobre el capitán Titus y sobre el trabajo.
Titus se reincorporó en su asiento y alzó la voz:

- Titus Cerro, capitán de la guardia, guerrero de Phonterek y ahora a su servicio. - Se presentó a aquel tipo, que sin vacilar se fue a la barra y pidió agua y sal. Uno de los guardias se acercó y insistió en hacer que demostrase lo que sabía hacer, aunque recibió una negación como respuesta.
Cuando llegó el agua y la sal, sacó un libro bastante extraño y realizó que aparentemente era un conjuro, la cantimplora brilló. Y eso ciertamente, despertó la curiosidad de Titus, los guardias y de Jack.

- Nos será útil, Titus. Siendo alguien como él... - Musitó Jack, en voz baja. - Quien sabe lo que podríamos encontrar en esas islas. Nos lo llevamos - Finalizó con serio semblante.

-Amigo mío, si tú lo dices será cierto... pero la gente como él no me cae bien.- Respondió el Capitán, acto seguido poniendose en pie y acercandose a la barra. Se sentó al lado de aquel tipo cuyo nombre era desconocido.
- Si no quieres dinero estás dentro. Así sea, luego no vengas exigiéndolo. - Confirmó Titus, soltando una carcajada para sus hombres y los presentes de la taberna. - Pero dime, ¿Cuál es tú nombre? - Preguntó, más serio y neutro que hasta hace unos segundos. Esperó unos segundos la respuesta, y luego se puso en pie y desenfundó su espada, la alzó en el aire hasta dejarla en un perfecto vértice horizontal, señalando el cielo sobre su cabeza.
- ¡Sacad a esos tres borrachos de la barra! - Ordenó Titus, refieriéndose al capitán Salami y a los otros dos clientes. Unos cuantos guardias los agarron y sacaron a patadas de allí, luego cerraron las puertas y se volvieron a sentar.
- En nombre de Jarvan XII y su vástago el príncipe Konrad I, y en el de los siete reinos y Phonterek. Por nuestras tierras y patria y sobre todo, por la gloria y el honor, partiremos y volveremos como hombres. Por la luz y por la sombra, ¡Por Phönterek! - Espetó Titus, con un tono que llenaba los corazones de los presentes, o al menos los que tenían cierto patriotismo, que no era el caso de Jack. Luego, volvió a enfundar su espada y ordenó al tabernero servir otra ronda de cervezas. - Esta será la última ronda que tomemos antes de buscar gloria... ¡Darle una al monstruo también! - Vocífero con una sonrisa en su rostro de viejo perro.

Jack se levantó y soltó su mano sobre el hombro de Titus, se puso a su altura y le susurró:

- Sé más considerado con aquellos que lucharán a tu lado. - Luego, agarró su cerveza y se despidió de todos antes de subir al segundo piso, donde estaban las habitaciones y donde descansaría el resto de la noche.
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Re: La Isla de los Malditos

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